Su pronunciamiento de cara a las elecciones
El obispo de Sincelejo: “La vocación política es una llamada al bien común”

Monseñor José Clavijo Méndez sonríe la mayor parte del tiempo. Saluda con gusto, tiene fama de humilde, noble y prudente. Pero cuando tiene que llamar la atención de sus fieles lo hace sin eufemismos, sin rayar en el regaño. Una faceta que a propósito de las elecciones que se avecinan ha marcado con fuerza el discurso pastoral del obispo de Sincelejo.

El domingo 11 de febrero, en una misa en la Catedral San Francisco de Asís, el pasaje del leproso que le dice a Jesús que si quiere puede sanarlo, le dio para pedirles a los fieles “abrir bien los ojos para no elegir ladrones que no les importa el país”.

En sus tres años como guía de los católicos de Sucre esta ha sido una de sus más fuertes expresiones sobre política, y por lo visto, no será la última porque entre sus planes no está renunciar a la misión del profeta, que anuncia, pero también denuncia.

AL DÍA dialogó con él en su despacho de la Curia y le preguntó por su fuerte mensaje a la gente de no llevar al poder a corruptos, de votar, y de escoger al menos malo, en caso de que ninguno sea bueno.

“No lo dije por el departamento de Sucre, lo dije por una realidad que hay a nivel nacional, de esa sensación de que se han elegido personas que luego se aprovechan de los dineros públicos para hacerse ricos ellos y, por supuesto, para no adelantar ninguna de las tareas que hay que adelantar por el bien común, especialmente en el campo de la salud. Lo dije, precisamente, el día de la Jornada Mundial del Enfermo, pensando en el estado tan lamentable en que está la salud en Colombia. ¿Por qué está en ese estado? Porque la han venido robando, robando y robando y no hay derecho a que las cosas sean así”, sostiene.

fuerte discurso
El pastor asegura que la cercanía de las elecciones lo ha llevado a hablar así y atribuye a su investidura el hecho de que sus palabras hayan causado revuelo. “Lo que pasa es que cuando uno habla fuerte y está muy arriba, se oye más; cuando uno habla fuerte y está abajo, se oye menos, a no ser que se acompañe de piedras o de bombas o eso”, explica sonriente.

Al prelado, de 66 años, le duelen mucho la pobreza y el abandono en el que se encuentra Sucre, departamento que ha recorrido con intensidad desde que asumió como obispo y en el que se dio a la tarea de visitar las 57 parroquias de su diócesis, sin contar capillas de corregimientos y veredas, territorios en los que, si algo abunda, son las carencias sociales.

“No estoy diciendo con esto que hay que echarles la culpa a los dirigentes. Por lo menos, no toda. Ciertamente, también las comunidades tienen en esto una gran responsabilidad como comunidades. Lo que tenemos que hacer es ayudar a esas comunidades a crecer, a aprender, a buscar cómo gestionar sus propios recursos, cómo presentar sus proyectos de crecimiento e, incluso, ayudarles a crecer humanamente como comunidad para pensar en su propio bien. Cuando una comunidad se relega al simple hecho del asistencialismo, que el político vaya y le haga, pienso que se le hace un daño. Lo más importante es –la política griega así lo dice y los griegos fueron los que inspiraron la verdadera política—que de adentro de las comunidades salga la gestión y la capacidad”, considera.

La Iglesia en Sucre trabaja en ello y está “sacando de donde no hay para invertir en el crecimiento de las comunidades”. “A mí sí me duele ver esa pobreza, ese estado de postración en muchos sitios, sobre todo, en los más alejados. Ver los niños desnutridos, ver que el servicio de salud es pésimo, ver que no tienen agua potable, que en muchos sitios no hay agua en épocas de sequía. ¡Cuántas cosas habría que hacer y en cuántas cosas habría que invertir prioritariamente!”, lamenta.

Y es que parte de estas necesidades básicas insatisfechas se deben a promesas incumplidas, a palabras que se las lleva el viento, y los fieles de los lugares más pobres que él ha visitado así se lo han manifestado.
“Que así como (los políticos) van a las comunidades, porque ellos callejean la política, vuelvan a responder a todas las necesidades que la gente les ha planteado. La gente lo dice y eso no es solamente en Sucre, es una mala maña de nuestro país que da la idea de que la política es eso, que el político es alguien que va y promete y luego se olvida, cuando ya está montado en su ‘curubito’, de lo que prometió”, comenta.

Que los fieles voten
Clavijo aclara que la jerarquía de la Iglesia, los que visten cuello clerical, no está llamada a meterse en política y a sugerir que se vote por este o por aquel, pero la Iglesia, que son los laicos, sí está llamada a ello.

“La jerarquía somos el 1%, el 99% son los laicos, la gente que vive en las parroquias, que vive en las veredas, que vive en los campos. Ellos tienen que hacer política. Algunos la hacen directamente, metiéndose en la contienda, otros la hacen con su voto. Y por eso una de las primeras cosas que les dice la Iglesia a ellos es: «Voten, porque es un deber». No se queden en sus casas, simplemente porque están desanimados, porque llevan tantos años votando y no respondieron su inquietud. No. Eso es un mal, porque el que no vota está dejando que el país vaya por mal camino”, señala.

También pide no votar a cambio de dádivas, “porque eso es negociar, vender o comprar la propia conciencia. En eso un miembro de la Iglesia no se debe meter o entrar. Y lo otro es el voto responsable, es decir, si yo voy a votar, no voy a dar mi voto a cualquier campaña. Lo voy a dar a aquella que esté de acuerdo con mis principios y valores cristianos y no por como se suele hacer: por un sentimentalismo, o por un parentesco, o por un compadrazgo. Como es mi comadre la que se lanzó, voto por ella, aunque mi comadre sea una corrupta. Es también ver si el programa es realizable y está de acuerdo con mis principios”, advierte.

Para Monseñor, el político ideal es aquel que se sacrifica a sí mismo por el bien de las comunidades que lo eligieron, se da a querer de su pueblo, busca y se afana por esa comunidad que lo eligió y trata de responder.

“En el campo humano y en el campo de los negocios es recomendarse a sí mismo. El buen político se recomienda a sí mismo por su gestión, por su amor a la comunidad y porque respondió a las promesas que hizo. Promete lo que realmente se puede hacer y busca la manera de cumplirlo”, define.

A los fieles les reitera abrir bien el ojo para saber a quién se va a elegir y por qué, que para él, deben ser los mejores y bloquear a los que se presenten con otros intereses diferentes que serían deplorables en el futuro.

“Una persona que se hace elegir tiene como prioritario mandamiento el bien común. La vocación política es una llamada al bien común y al bien de la sociedad. La política, en ese sentido, viene de Dios, porque Dios es quien construye la comunidad humana y es él quien nos manda que la comunidad humana sea una convivencia pacífica, progresista, fraterna, donde todos tengan cabida, donde todos experimenten el amor, donde todos sean respetados en su dignidad y en sus derechos. Entonces, cuando se elige un egoísta, que solo piensa en sí mismo, en su éxito o enriquecimiento personal, se le está dando la espalda a Dios”.

Texto: Redacción del periódico Al Día Sincelejo.