Como lo hace todos los días en la sección Palabra y vida de nuestra página diocesana, el padre Adalberto Sierra Severiche, vicario general de la Diócesis de Sincelejo y párroco en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, interpretará la Palabra durante esta Semana Santa.

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La reflexión de los Evangelios que el Magisterio establece para estos dos primeros días de Semana Santa.

Reflexiones de la Palabra – Evangelios del Domingo de Ramos en la pasión del Señor

Primera reflexión (Evangelio que se proclama en la procesión de ramos)

Domingo de ramos en la pasión del Señor 01. Ciclo B
Hoy conmemora la Iglesia la entrada de Jesús en Jerusalén y la pasión del Señor, sobre todo para los fieles que no podrán participar de las celebraciones de los días jueves y viernes.
En la procesión de ramos, se lee el evangelio que narra la entrada en Jerusalén; en la celebración de la eucaristía, el que narra la pasión del Señor, en su versión extensa o resumida.
Mc 1,1-10 (Procesión).
Con la subida a Jerusalén, Jesús llega al final del «camino» y replantea su concepción del reinado prometido a David, que no corresponde a la expectativa popular. Esto se aprecia en el relato, el cual consta de tres partes:
1. Aproximación a Jerusalén y misión de dos discípulos.
Acercarse a Betfagé y Betania es una manera de afirmar la proximidad a Jerusalén, porque estas localidades («aldeas») pertenecen a su órbita de influjo. De este modo afirma que Jesús, más que a la ciudad, se aproxima al pueblo sometido al dominio de los círculos de poder, que residen en la capital. La indicación «en dirección al Monte de los Olivos» sugiere que este monte es un lugar que Jesús alcanzará después de pasar por los anteriores. Como «el monte» representa la esfera de Dios, es figura del destino glorioso a donde Jesús se encamina. El envío de los dos discípulos «a la aldea de enfrente» sugiere a Jerusalén, como «aldea», o sea, dominada por la idea del Mesías guerrero, que se enfrenta a la condición del discípulo. Ellos deben constatarlo. Para eso deberán darse cuenta del «borrico» públicamente atado «en que ningún hombre ha montado. Esto señala el hecho de que el proyecto del reino de paz no ha sido, ensayado por hombre alguno. Se refiere a los textos que hablan del mesías de paz, atados por los escribas. Jesús hará uso transitorio del mensaje de esos textos, pero no piensa instalarse en ellos
2. El desfile y el griterío popular.
El borrico pasa al primer plano con Jesús. Una parte de sus acompañantes echan sobre el animal sus mantos, señal de que se adhieren al rey de paz. Otros alfombran el camino con sus mantos, hecho que recuerda la aceptación de la realeza d Jehú (cf. 2Ry 9,13); pero estos –además de darle su adhesión personal a Jesús, como los anteriores– se la dan también al camino de Jesús lo cual indican tendiendo sus mantos (exponen su vida). Otros, por fin, le rinden homenaje a Jesús con un signo universal de paz, ramas y hojas verdes; son también simpatizantes suyos. Pero sucede una suplantación: Jesús iba a la cabeza del grupo (cf. 10,32a), y ahora otros se adelantan, de modo que «los que seguían» ya no lo siguen a él, sino un camino no marcado por él. Van con él, pero no tras él. El griterío (como el de los espíritus inmundos) aclama a Jesús contrariamente a como él quiso presentarse: lo llaman rey «hijo de David», no «hijo de Dios». Piden a Dios la salvación («¡Hosanna!»), pero por el reinado de David (impuesto), no como el de Jesús (propuesto).
3. El ingreso a la ciudad y al templo.
Jerusalén engloba tres espacios: Betfagé y Betania («la aldea») y, ahora, el templo. El evangelista sugiere así que los dirigentes no solo manipulan al pueblo («la aldea»), sino también a Dios («el templo»). Pero Jesús decepciona a los enardecidos manifestantes al no emprender acción alguna encaminada a tomarse el poder. El gentío quedó atrás, Jesús está solo; ni la ciudad sintoniza con él ni él con ella. Al no usar el nombre sacro de la ciudad (??????????), sino su nombre profano (??????????), el evangelista da a entender que es una ciudad como cualquiera, que no reconoce al Enviado. Fuera de sus muros, un griterío; dentro, total indiferencia. Jesús inspeccionó todo el templo, y se dio cuenta de que «era ya tarde», nada se podía hacer. Esa institución carecía ya de futuro. Así que salió de allí y se dirigió a la periferia social («Betania», «la aldea»), en donde estaban los oprimidos por ese sistema, particularmente en Betania («casa del pobre»), barrio de galileos. La ciudad, con sus muros, más parece una cárcel que un refugio para salvar la vida.

Segunda reflexión (Evangelio que se proclama la Eucaristía que sigue a la procesión de ramos)

Domingo de ramos en la pasión del Señor 02. Ciclo B.
Mc 14,1–15,47 (Pasión del Señor)
En resumen, la pasión del Señor según Marcos tiene un esquema sencillo y, al mismo tiempo de una gran profundidad significativa. Comienza con tres escenas, en forma de tríptico, que hacen de introducción, sigue con dos secuencias, y tiene su conclusión en el pregón de la resurrección. Obviamente, esa conclusión se reserva para el próximo domingo.
Las dos secuencias son como planos superpuestos que narran hechos que suceden el mismo día, pero vistos desde dos perspectivas, en donde uno explica lo que sucede en el otro.
1. Tríptico introductorio (14,1-11).
a). Decisión de los dirigentes. El dato temporal («dos días») alude a la Pascua, incluida su cena, fiesta que conmemoraba la liberación de la servidumbre sufrida en Egipto. Los dirigentes habían decidido matar a Jesús, pero sentían miedo del pueblo, que lo escuchaba con gusto.
b). Decisión de Jesús. La comunidad de Jesús manifiesta dos actitudes respecto de la decisión de entregarse declarada una y otra vez por Jesús. La mujer representa la actitud del discípulo que le responde a Jesús con la entrega de sí, en clave de amor nupcial. Los que protestan –aduciendo a los pobres como motivo– consideran que la limosna es la solución a la pobreza; están dispuestos a dar cosas, pero no a entregarse a sí mismos como Jesús. Este avala la postura de la mujer, que es el verdadero testimonio del evangelio. La comunidad no debe ser benefactora de los pobres, sino su hogar. En el fondo, se rehúsan a la entrega porque no creen en la resurrección.
c). Decisión de Judas. Al ver que Jesús va a la muerte, Judas regresa a buscar cobijo y seguridad en el sistema, de cuyos valores no se ha distanciado. El dinero es para él más importante que la fidelidad a la amistad. Así que decidió entregarlo apenas se presentara la oportunidad.
2. Primera secuencia (14,12-26).
Es de carácter teológico. Está formada por un tríptico:
a). Preparación de la cena de Pascua. Los discípulos proponen celebrar la Pascua judía. Jesús los remite al mensaje de Juan (el hombre con el cántaro de agua) que los conduce a él y a su Pascua («mi posada») al final de su camino, lugar de su reposo; («en alto»), alude a su cruz. Esta Pascua ya está «preparada» –en el caso de Jesús–; ellos, por su parte deberán prepararla exhortando a la «ciudad» a la enmienda con la propuesta del Mesías crucificado. Dado el fracaso del primer envío, a la «aldea» (11,1), ahora deberán ir a «la ciudad», que domina sobre la aldea.
b). Denuncia del traidor. La penumbra se cierne sobre el grupo («caída la tarde»). Comen como hombres libres («reclinados») y, sin embargo, hay un traidor entre los invitados, cosa grave. Sin mencionar nombre, declara su condición de traidor, su pertenencia al grupo y su relación con él. Le da la oportunidad de rectificar. Cunde la inseguridad en el grupo, cualquiera podría ser. Él se limita a insistir en que es uno de los Doce, muy cercano, y se lamenta por él, porque su traición se vuelve contra él. ¡Mejor le hubiera ido si nunca hubiera nacido!
c). La cena del Señor. Después de la bendición, Jesús explica el pan (cosa inusual) como «cuerpo» suyo. El «cuerpo» es la persona en cuanto identificable, presente y activa: es la persona entera en su dimensión (social) de «conviviente». En contexto judío, metafóricamente significaba la Ley o norma de convivencia del pueblo de la alianza; Jesús es el nuevo código de la nueva alianza. Los discípulos son invitados a aceptar su entrega de amor y a apropiársela. No dice que comieran. Enseguida toma una copa y da gracias a Dios por su amor generoso; esta copa se relaciona con su muerte y su bautismo (cf. 10,35-40) y es signo de su vida entregada por la liberación de toda la humanidad (cf. 10,45). Todos bebieron de ella, sin que se diga que él se las ofreció. Significa esto que la invitación («tomen») y que la aceptación es la misma, y que beber de la (misma) copa y comer del (mismo) pan es participar voluntariamente de su vida y de su muerte. Interpreta la copa como «la sangre de la alianza mía, que va a ser derramada por todos». La «sangre» es la vida interior, es la persona entera en cuanto «viviente» autónomo, es signo del Espíritu «derramado» sobre toda carne a través de su libre entrega de amor generoso y desprendido hasta el don de sí. Ese es el vino nuevo, de calidad superior, que se derramará cuando irrumpa el reino de Dios por la admisión de los paganos, gracias al amor universal testimoniado por él y los suyos.
3. Segunda secuencia (14,27–15,47).
Es de carácter narrativo, y expone los hechos de la pasión y muerte de Jesús.
1. Tríptico inicial (14,27-52).
a). Jesús anunció la deserción de sus discípulos y los citó en Galilea después de resucitar. Pedro aseguró ser diferente, y Jesús le replicó que el mal triunfaría sobre él. Por cantar en la oscuridad, el gallo se consideraba un ser de las tinieblas.
b). Jesús invita a sus discípulos a enfrentar lo que le espera. Enfrenta la gran tentación de si vale la pena morir como criminal, respetando la libertad de la gente y prodigándole amor incansable. En contraste, la indiferencia de los discípulos, que se duermen.
c). El odio de los dirigentes se descara, la oposición del sistema social a la persona de Jesús llega al límite: lo quiere muerto. Jesús, después de su oración, se ratifica en su identidad con el designio del Padre, y no se resiste. Los discípulos huyen. Jesús, y sus verdaderos seguidores, simbolizados por el «joven» (cf.16,6) que se fuga desnudo, se anuncia vencedor a pesar del despojo.
2. Primera sección (14,53-72).
Juicio ante el Sanedrín y negaciones de Pedro. Jesús es conducido ante sus enemigos (los sumos sacerdotes, los senadores y los letrados); mientras, Pedro se junta los sirvientes de los enemigos de Jesús. Los falsos testigos no sirven, Jesús se declara Mesías y les anuncia el juicio de Dios. Lo condenan por blasfemo y lo torturan. Pedro se decepciona de él y lo niega
3. Segunda sección (15,1-21).
Juicio ante Pilato y condena a muerte. Las autoridades judías lo entregan en manos de paganos. El gobernador, al no poder condenarlo, propone canjearlo por un sedicioso, pero las autoridades judías convencen al pueblo de preferir al sedicioso y pedir la crucifixión de Jesús. Los soldados paganos lo sometieron a burla y a torturas antes de conducirlo al patíbulo. Simón de Cirene es un seguidor de Jesús que es «padre» de pueblos (Alejandro es nombre griego; Rufo, latino), por eso «lo forzaron a cargar la cruz». Es símbolo del discípulo misionero, solidario con su Señor.
4. Tercera sección (15,22-47).
Crucifixión, muerte y sepultura de Jesús. Jesús rechazó el «anestésico» de sus verdugos, entregó su vida libre y voluntariamente, con plena conciencia, a pesar del dolor. Su despojo fue total, sus enemigos se ensañaron en él. Fue declarado «rey de los judíos» entre insultos y burlas de la gente en general, los dirigentes en particular, y los dos «bandidos» (rebeldes) ejecutados con él. Jesús, en vista de que su muerte podía considerarse un fracaso, con plena confianza en el Padre, pide explicación del fin de su abandono. La burla continúa, y el ensañamiento de sus enemigos se manifiesta con el vinagre, que simboliza odio. El grito («voz») de Jesús y la efusión del Espíritu («expiró») recuerdan su bautismo, el cielo queda abierto y Dios se muestra en él. El pagano cree, las mujeres guardan distancia, su «servicio» no fue un verdadero seguimiento. José de Arimatea no es –en Mc– discípulo de Jesús, sino alguien que siente que se frustró otra esperanza de que llegara el reino de Dios, concebido este según la doctrina de los letrados. Esa esperanza queda sepultada. Y dos mujeres verifican que realmente está muerta esa esperanza. A pesar de que eran acompañantes de Jesús, se mantuvieron a distancia de él, y no vislumbran la esperanza de la vida.
Lunes Santo
El triduo formado por los llamados lunes, martes y miércoles santos, triduo previo al llamado «triduo pascual», nos sitúa en un ambiente definido por los siguientes rasgos:
• La figura de Jesús a la luz de la figura del «Siervo del Señor».
• El ambiente de cena.
• La relación entre Jesús y los suyos, particularmente con Judas.
En estos días se presenta una confrontación entre Jesús y Judas:
• El lunes, en medio de la comunidad.
• El martes, entre los tres discípulos más señalados.
• El miércoles, Jesús y Judas cara a cara.
Hoy contrasta la relación entre el discípulo, el dinero y Jesús, y sale a relucir la relación con los pobres, que en el planteamiento de Jesús es muy diferente a la hasta entonces canonizada en la piedad judía. Nada de asistencialismo, sino integración.
1. Primera lectura (Is 42,1-7).
Siervo del Señor es el hombre libre que libremente coopera con el Señor (????), el Dios del éxodo. Aquí es presentado como amado y elegido por el Señor, y objeto de su complacencia personal, en quien él ha puesto su Espíritu para traer justicia «a las naciones (paganas)».
• Su misión es de carácter universal.
• No recurrirá a la violencia, ni con sus palabras ni con sus hechos.
• Trabajará por la justicia constante y firmemente, hasta lograrla.
Dios (???: su nombre universal), el Señor (????: el nombre del Dios del éxodo), como creador, liberador y salvador declara:
1.1. El Siervo, llamado, guiado y formado por el Señor está «puesto como alianza de Israel y luz de las naciones».
1.2. Su misión es netamente liberadora y salvadora en relación con el ser humano:
• «abrir los ojos a los ciegos»: libertad interior.
• «sacar de la cárcel a los presos»: libertad de acción, independencia.
• «(sacar) del calabozo a los que viven en tinieblas»: garantizar su supervivencia.
Este oráculo se cumple inicialmente en el retorno de los deportados a Babilonia, pero queda pendiente de su pleno y definitivo cumplimiento.
2. Evangelio (Jn 12,1-11).
Según los historiadores, Betania era un barrio marginal de Jerusalén, habitado por galileos. De ahí ese nombre. «Seis días antes de la pascua» es un dato que tiene intención teológica: el «sexto día» es el de la creación del hombre. Jesús está en Betania, la comunidad que tiene experiencia de la nueva vida. Por eso, la cena ofrecida a Jesús por la comunidad sustituye el banquete fúnebre; él es el homenajeado, pero Lázaro, el muerto viviente (resucitado) está «con él», y no con sus hermanas. Los tres expresan el ser mismo de su comunidad en relación con Jesús desde tres puntos de vista (visión integral):
• Marta expresa la dimensión servidora de la comunidad, que es el rasgo que la define hacia afuera;
• María, expresa la inefable comunión de amor de la comunidad con Jesús, amor de rasgos esponsales; y
• Lázaro, a su vez, expresa a la misma comunidad en cuanto ha recibido de Jesús la vida que venció la muerte, y por eso participa con él del banquete de la vida.
El rasgo distintivo común es la amistad (cf. Jn 11,3.5.11; 15,13-15).
María hace un derroche al demostrarle su amor a Jesús, y este espléndido amor satura la comunidad entera («la casa se llenó de la fragancia del perfume»).
Judas reacciona estableciendo oposición entre el amor a Jesús y el amor a los pobres, pero no por amor a los pobres, sino por amor al dinero. Jesús responde:
• No hay contradicción entre el amor a él y el amor a los pobres. Puede haber pobres y no estar allí Jesús, pero nunca puede estar Jesús sin que estén con él los pobres.
• De hecho, la comunidad de Jesús se define como el «hogar de los pobres»: Betania (????? ????????) significa eso «casa del pobre».
• La comunidad no es «benefactora» de los pobres, porque estos no están fuera de ella, ya que ella está integrada por los que eligen ser pobres.
Esto último parecen no haberlo captado los discípulos, a juzgar por la conjetura que se hacen al respecto (cf. Jn 13,28-29).
Esta cena refleja el clima de gratitud, amor y alegría en que la Iglesia celebra (o debe celebrar) la eucaristía. Ella es el ideal que deberían alcanzar las llamadas «misas por los difuntos»: verdaderas celebraciones con gratitud a Jesús por el don de la vida a favor de nuestros hermanos que ya celebraron su pascua personal y ahora participan con él del banquete de la vida eterna. Obvio, sigue siendo válido orar por la plena remisión de los pecados de los difuntos, pero esta no debe ser la única línea, ni la definitiva. Sustituir el banquete fúnebre, que todavía subsiste en algunas culturas, por la cena del Señor es un logro de la fe cristiana; pero hay que ir más lejos aún: hacer de esta cena una verdadera acción de gracias por la vida que creemos y confesamos que han recibido nuestros hermanos que murieron «en el Señor» (Ap 14,13).
Demos gracias por la vida eterna dada a nuestros seres queridos y a todos los que ya han sido definitivamente salvados por Jesús.
Feliz lunes santo.
Martes Santo
La vocación y la misión le dan sentido y permiten al ser humano lograr su plenitud. Quien ignora su razón de ser en este mundo, es decir, para ser quién y para hacer qué, carece de unidad y de propósito en su vida. Pero el asunto no se resuelve con tener una meta, es preciso que la meta sea digna de un ser humano, para que la vida tenga calidad humana. Jesús se propone él mismo como ideal de vida y de convivencia, y asegura la supervivencia definitiva a sus seguidores. Invita a la propia realización.
Pero Jesús no es el único que habla de plenitud, ni su oferta para alcanzarla es la única conocida. Incluso, se da el caso de que las otras ofertas tengan una presentación más halagadora, seduzcan más por su apariencia, y hasta se vean como más acordes con la razón. Esto indica que alcanzar la plenitud humana implica elegir el modo correcto de hacerlo, porque no basta con desearla.
1. Primera lectura (Is 49,1-6).
El Siervo del Señor habla de su vocación y de su misión. Llamado para ser enviado, él ve su misión en estos términos:
• En el comienzo de su existencia está la raíz de su vocación: existe para ella. El Señor lo llamó por su nombre, es decir, de forma permanente y muy personal.
• Es vocación universal para la palabra: su misión es radicalmente profética. Las imágenes de la espada y la flecha se complementan para sugerir el sentido de esa palabra.
• El Señor lo protege, porque lo reserva para el golpe certero, a pesar de que él, por momentos, se sienta derrotado. A través de su vida, manifestará el Señor su gloria.
El Señor confirma el horizonte universal de la vocación y la misión de su Siervo:
• Es «poco» que su condición de Siervo del Señor se limite a restaurar la unidad del pueblo de Israel: restablecer las tribus y convertir el resto que quedó después del destierro.
• Su misión consiste en ser luz de las naciones, de modo que la salvación de Dios llegue a todos los pueblos de la tierra. Al Señor le interesan todos los seres humanos.
• Él revelará de forma inesperada la gloria del Señor: el Siervo del Señor ha venido siendo objeto de desprecio y reducido a condición de siervo de tiranos paganos; el Señor cambiará su suerte.
La obra que se anuncia es a favor del Siervo, no en contra de los dominadores. El Señor cambiará de tal modo la suerte de su Siervo que esta acción suya provocará el respeto de los reyes y hará que los príncipes se postren: asombro y admiración por la lealtad del Santo de Israel. El Señor actúa generosamente en favor de quienes se fían de él.
2. Evangelio (Jn 13,21-33.36-38).
En este relato se encuentran tres maneras de sentarse a la mesa con Jesús:
1. El discípulo predilecto.
No es designado con nombre propio, sino por su relación con Jesús, pero desde la perspectiva de Jesús. Es el discípulo «predilecto» de él, su discípulo ideal, el paradigma de discípulo:
• Conoce, acepta y responde al amor de Jesús. La relación entre ellos es de amistad.
• Es cercano a Jesús y lo trata con total confianza e intimidad. Se porta como amigo suyo.
• Tiene acceso libre a Jesús y goza de la confianza del Señor. Lo trata como a un amigo.
2. El discípulo inmaduro.
Es llamado por su nombre y por su sobrenombre, Simón Pedro, se singulariza con estos rasgos:
• No comprende el amor de Jesús ni le responde apropiadamente.
• Está lejos de Jesús, por eso no conoce su intimidad ni comprende su amor.
• Pretende ser más amigo de Jesús que los demás, y de estar dispuesto a morir por él.
• Separa el amor a Jesús del amor a la humanidad, no los vincula.
3. El discípulo traidor.
Llamado con tres nombres: Judas de Simón Iscariote:
• Por oposición a Jesús, responde con hostilidad a su amor, interiorizando los valores del sistema que le rinde culto al dinero («entró en él Satanás»).
• No come el «trozo» (¿de pan, de carne?) que le da Jesús, sino que sale con él en la mano: decide entregar a Jesús en manos de sus enemigos.
• Al alejarse de Jesús se interna en la noche, en la zona de «la tiniebla», es decir, en la ideología embustera y en la praxis de violencia (cf. Jn 8,44), zona de la que nunca se había desvinculado.
Uno de ellos se muestra realizado; otro, tiene la posibilidad de lograrlo; el tercero se niega dicha posibilidad por afirmar y ponerse al servicio de intereses mezquinos.
La vocación, la vida y la misión del cristiano se definen por su relación con Jesús. Él llama, infunde el Espíritu y envía. Y todo ello es fruto de su amor: Llama a salir de «la tiniebla» (ideología embustera) y del «mundo» (sistema social injusto), transmite el Espíritu/amor para dar libertad y experiencia de salvación, y envía a los liberados y salvados a compartir su libertad y su vida con el resto de la humanidad.
Jesús se estremece al ver que, a pesar de su amor, uno de los suyos va hacia la muerte por seguir leal al sistema que le rinde culto al dinero. Reafirma su amor poniéndose en sus manos, dándose a él para que vuelva, responde con amor a la hostilidad de Judas, pero este ya ha decidido que lo va a abandonar. A Pedro lo invita a futuro, cuando comprenda el sentido de su entrega, pero ese momento está lejos por la inmadurez y el engaño que dominan a este discípulo. Solo el discípulo que lo conoce y lo sigue está en capacidad de acompañarlo hasta la cruz. Este es el que de verdad comulga con él, el que realmente come su carne y bebe su sangre. Este es el discípulo modelo.
Al sentamos a la mesa con Jesús, a menudo, nos sentimos habitados por actitudes encontradas: la amistad sincera del discípulo predilecto, la presunción infundada del discípulo inmaduro, y la distancia interior del discípulo traidor. A todos nos ofrece su don, pero solo nos aprovecha en la medida en que respondemos a su amor con uno igual. Solo así nos realizamos como personas y como discípulos suyos.
Feliz martes santo.
Miércoles Santo
La misión implica una disposición para cumplirla y la determinación para superar los obstáculos que se le opongan. Si esa misión es del más grande alcance (universal), exige que una disposición generosa hasta el don total de sí mismo, y que la determinación no se arredre ni siquiera ante la muerte. El Siervo del Señor, encarnado por Jesús, muestra esa disposición y esa determinación.
Es fácil cumplir una misión que goce de la aprobación general –o, por lo menos, de la mayoría–pero no lo es cuando se está rodeado de desaprobación e incomprensión. Jesús, como Siervo del Señor, encuentra oposición cerrada por parte de los dirigentes, porque sus obras y su mensaje los desenmascaran y vulneran sus intereses; la gente, dominada ideológicamente por ellos, oscila entre la experiencia que tiene de la bondad de Jesús, sus obras y su mensaje, y las ideas inculcadas por los dirigentes, que le exigen desconfiar de él. Su círculo más cercano, el de sus discípulos, es reflejo de ese mundo en el cual él cumple su misión.
1. Primera lectura (Is 50,4-9a).
El Siervo se declara preparado para su misión y confiado en el Señor, al cual se siente vinculado por la mutua fidelidad.
1.1. En primer lugar, se refiere a su preparación:
• Como aprendiz de discípulo, declara haber recibido de parte del Señor «una lengua de iniciado» para alentar a los abatidos. Tiene un mensaje de consolación.
• También como discípulo, madruga a escuchar y aprender como corresponde a los iniciados. Su aprendizaje es continuo para que su mensaje se mantenga actual.
• El Señor le «abrió» el oído (metáfora de liberación) a despecho del sufrimiento y del maltrato, que no logran convencerlo de que el Señor se haya desentendido de él.
1.2. En segundo lugar, testifica que su confianza se basa en la fidelidad del Señor, quien le da la valentía suficiente para hacer frente a la injusticia con resolución:
• El Señor es su abogado defensor, por eso no lo acobardan sus acusadores, sino que se mantiene firme en el cumplimiento de su misión.
• El Señor permanece cerca de él y lo ayuda frente los tribunales injustos, por eso él se atreve a desafiar a sus querellantes.
• El Señor persevera, y su ayuda también. Los tribunales que lo enjuician hoy son y mañana ya no existirán. La causa justa tiene garantía de supervivencia.
1.3. Por último, si el Siervo no les ofrece resistencia, no es por debilidad o por reconocimiento de culpa, sino porque así pone él de relieve su confianza en el Señor, que es su defensor.
2. Evangelio (Mt 26,14-25).
La confrontación entre Jesús y Judas va más allá de las personas, se extiende a lo que cada uno personifica:
• Jesús representa el reinado de Dios y su designio liberador y salvador.
• Judas, el reinado del dinero y su apetencia de dominio y de muerte.
a) Judas no ha aceptado la propuesta de Jesús, no encaja en «Betania», por eso no ha optado por la pobreza. Su opción por el dinero lo lleva a ser infiel a Dios y a vender al ser humano (el «Hijo del Hombre») como una mercancía, en complicidad con los intereses de los opresores («treinta monedas de plata», precio de un esclavo: Ex 21,32; Zac 11,12). Se opone al éxodo liberador y salvador del Mesías. Miente, porque se sienta entre los amigos consciente de ser un traidor. Pero traicionando a Jesús se frustra a sí mismo hasta el punto de anular el valor de su propia existencia («más le valdría no haber nacido»). La traición de Judas es paradigma de todas las traiciones, ya que ella entraña la prevalencia de intereses ajenos en contra de sí mismo y de su pueblo. Judas no solo frustra el designio de Dios sobre sí mismo, sino que, al ponerse al servicio de los líderes opresores, se opone al cumplimiento de la esperanza de su pueblo.
b) Jesús encarna el designio liberador y salvador del Padre, y compromete a los suyos a celebrar su Pascua, pensando en que ya está cerca el momento de su muerte. El cordero que se va a inmolar es él mismo con su entrega. El anuncio de su muerte les hace temer, en primer lugar, que cualquiera de ellos lo puede traicionar; por eso él afirma que es uno del círculo íntimo («uno que ha mojado en la misma fuente»). Y precisa aún más con la oposición entre «ese hombre» (el que no tiene el Espíritu de Dios) y «el Hijo del Hombre» (el portador y dador del Espíritu de Dios). La oposición se cifra en la actitud del «Iscariote» contra la de Jesús. El sobrenombre de Judas (??????????) –creado por el evangelista Marcos y adoptado por la tradición evangélica–, procede de dos palabras hebreas (????? ????????), y significa «el hombre de la aldea». Define a Judas como representante de todos los que siguen ciegamente la doctrina inculcada por los letrados al pueblo. Finalmente, Jesús identifica al traidor ante él mismo, no lo denuncia ante los otros. Es su último intento por salvarlo, tratando de que tome conciencia de su perfidia y rectifique.
A la hora de la verdad, caben dos alternativas: el reinado de Dios y el «imperialismo internacional del dinero» (Pío XI: Quadragesimo anno, 109). Uno libera y salva, el otro oprime y arruina la vida hasta hacerla miserable. Jesús es el abanderado del reinado de Dios; Judas, el cómplice paradigmático del reinado del dinero. Ambos están en la cena, pero Judas es enemigo entre los amigos. Lo que cuenta, pues, no es solo asistir a la cena, sino el espíritu con el que se está en ella.
Vayamos a nuestra celebración eucarística como amigos y como hermanos.
Feliz miércoles santo.
Jueves Santo
Resulta inevitable comparar en este día la Pascua judía y la Pascua cristiana. En ambas se pasa de la servidumbre al servicio, de la experiencia de muerte a la experiencia de salvación, del peligro a la seguridad. Pero hay contrastes entre ellas. Resumamos así:
• De la liberación por el poder (plagas) a la liberación por el amor (servicio).
• De la salvación de morir a la salvación de la muerte.
• De la cena pascual «memorial» a la cena pascual también «sacramental».
En su Pascua, los judíos comen la carne del cordero que cada familia se procura; en la Pascua cristiana, el «cordero» es provisto por Dios.
En resumen, pasamos de la Pascua-promesa a la Pascua-cumplimiento. Las promesas hechas en otro tiempo a Abraham y su descendencia, contenidas en la Ley y los profetas, continuadas por le descendencia de David, el reinado de Dios en la historia humana, se cumplen definitivamente.
1. Primera lectura (Ex 12,1-8.11-14).
La Pascua se presenta como memorial de la salida liberadora (éxodo) de Israel desde la opresión hacia la libertad.
1. La historia vuelve a comenzar a partir del éxodo («primer mes del año»).
2. El cordero para la cena comunitaria debe llenar estos requisitos:
• Integridad: «sin defecto (físico)».
• Vitalidad: «macho» (fuente de vida).
• Novedad: «de un año» (joven).
3. La carne se ha de compartir:
• «asada»: fuego que cuece y purifica.
• «con pan ázimo»: no fermentado (incorrupto y nuevo)
• «con verduras amargas»: conmemoración del amargo pasado.
4. Se utiliza la sangre para distinguir a los israelitas de sus enemigos y así salvar sus vidas.
5. Se come en estas condiciones:
• «Cintura ceñida»: presteza para la salida, alimento para el camino
• «Sandalias»: condición de libertad, un largo viaje por hacer,
• «Bastón»: deberán enfrentar peligros a lo largo del viaje.
• «A toda prisa»: aprovechar la ocasión del «paso» del Señor.
6. Se entiende como confrontación entre el Señor que libera y salva, y los ídolos que legitiman la esclavitud y la muerte, batalla que los ídolos tienen perdida, porque la victoria del Señor es más que segura, no solo porque su causa es la justa, sino porque responde al anhelo del pueblo.
2. Segunda lectura (1Co 11,23-26).
El apóstol presenta la eucaristía como el memorial de la muerte salvadora de Jesús para que los discípulos renovemos así la memoria de su entrega y nos asociemos a ella (renovando así también la opción del bautismo, que es irrepetible).
• El pan partido para ser compartido es signo del «cuerpo» (la persona) del Señor. Comerlo es asimilarlo como norma de sana convivencia, rompiendo así con los valores de una sociedad que, por ser injusta, frustra las aspiraciones con las cuales los seres humanos se asocian para convivir. El «cuerpo entregado» es signo del don de sí mismo para ponerse al servicio de la vida de otros, lo que genera una convivencia humana, solidaria y en la que todos pueden realizarse.
• La copa para ser compartida expresa la nueva y definitiva relación de todos con Dios, basada en la «sangre» (el Espíritu de Jesús). Beberla es interiorizar el Espíritu, y este elimina el pecado en su raíz y genera el hombre nuevo y definitivo, el hombre-espíritu. La «sangre derramada» es signo del don del Espíritu, que se transmite por ese servicio generoso, universal y perseverante, que parte del interior de la persona y genera una nueva humanidad.
3. Evangelio (Jn 13,1-15).
La nueva Pascua consiste en pasar de la caducidad y la injusticia («de este mundo») a la vida nueva y definitiva por amor («al Padre»). Ese paso entraña conflicto:
1. La idolatría del dinero, que desplazó del templo al Padre (cf. Jn 2,16), impuso su satánico dominio de violencia y de mentira (cf. Jn 8,44), y que incapacita a los judíos para oír el mensaje de Jesús. El dinero esclaviza más que el dominio del faraón.
2. Judas ya decidió entregarlo, dado que él seguía leal al «mundo», ese ámbito social basado en el dinero, y nunca quiso romper esa lealtad (cf. Jn 12,6). La cercanía de Jesús a él no le bastó para darle su adhesión por encima de los valores en los que siempre había creído.
3. Simón Pedro vivía en la ambigüedad: decía amar al Señor, pero no aceptaba que había que dar la propia vida en el servicio a los demás. Por eso se rehusaba a que Jesús le expresara su amor en forma de servicio; prefería los criterios de la sociedad estratificada (amos-siervos).
4. Jesús, por fidelidad al Padre, quiere mostrar que el amor es servicio a la vida, y que esto no es negociable:
• Él es «el maestro», y en tal condición sirve; quien lo acepte como maestro se hará su discípulo aceptando y siguiendo su ejemplo de servicio. No es posible ser discípulo suyo («tener parte con él») sin aceptar el servicio de Jesús y prolongarlo.
• Él es «el Señor» (hombre libre), y desde su libertad sirve; quien quiera participar de su señorío ha de hacerlo sirviendo con libertad y a favor de la libertad. La dicha del discípulo consiste en la libertad con la que procede, sin necesidad de que le impongan una norma de conducta.
• La Pascua nueva y definitiva implica, sí, el antagonismo del Señor con los ídolos, pero no la destrucción de sus rivales. Él está dispuesto a entregarse por todos, para darles –también a sus rivales– la oportunidad de ser libres y tener verdadera vida (salvarse).
Jesús crea una comunidad de hombres libres («señores») e iguales («discípulos»), y establece el principio de que no es feliz el que domina sino el que ama. Y que no se trata de ser superiores a los demás, sino iguales como hermanos. Así es el verdadero amor. El ministerio cristiano no es título de superioridad ni garantía de privilegio, es servicio por amor entre iguales («hermanos») al estilo del Maestro y Señor de todos, Jesucristo. La cena pascual cristiana es profecía de la nueva humanidad y compromiso de fe para construir la nueva sociedad. La eucaristía es alimento y norma de vida para el discípulo. Hacerla solamente objeto de culto, sin referencia alguna con la vida, es desvirtuar su sentido y profanar su realidad. Por eso, al recibir el sacramento, decimos «amén» para significar nuestra comunión de vida con Jesús.
Feliz jueves santo.
 

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