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SUMMARY:Solemnidad de Santa María\, Madre de Dios
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de los Números (6\,22-27): \nEL Señor habló a Moisés:\n«Di a Aarón y a sus hijos\, esta es la fórmula con la que bendeciréis a los hijos de Israel:\n“El Señor te bendiga y te proteja\,\nilumine su rostro sobre ti\ny te conceda su favor.\nEl Señor te muestre tu rostro\ny te conceda la paz”.\nAsí invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 66 \nR/. Que Dios tenga piedad y nos bendiga. \nV/. Que Dios tenga piedad nos bendiga\,\nilumine su rostro sobre nosotros;\nconozca la tierra tus caminos\,\ntodos los pueblos tu salvación. R/. \nV/. Que canten de alegría las naciones\,\nporque riges el mundo con justicia\ny gobiernas las naciones de la tierra. R/. \nV/. Oh Dios\, que te alaben los pueblos\,\nque todos los pueblos te alaben.\nQue Dios nos bendiga; que le teman\ntodos los confines de la tierra. R/. \n\n\n\nSegunda lectura\n\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (4\,4-7): \nHermanos:\nCuando llegó la plenitud del tiempo\, envió Dios a su Hijo\, nacido de mujer\, nacido bajo la Ley\, para rescatar a los que estaban bajo la Ley\, para que recibiéramos la adopción filial.\nComo sois hijos\, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: «¡“Abba”\, Padre!». Así que ya no eres esclavo\, sino hijo; y si eres hijo\, eres también heredero por voluntad de Dios. \nPalabra de Dios \n\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (2\,16-21): \nEN aquel tiempo\, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José\, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo\, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.\nTodos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María\, por su parte\, conservaba todas estas cosas\, meditándolas en su corazón.\nY se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto\, conforme a lo que se les había dicho.\nCuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño\, le pusieron por nombre Jesús\, como lo había llamado el ángel antes de su concepción. \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto. \n1 de enero: Maternidad divina de María.\nOctava de Navidad. \nLa vocación de Abraham implicaba un «éxodo» (salir de su tierra nativa) en busca de una tierra que Dios le mostraría\, y una promesa de pujante futuro (hacer de él un gran pueblo)\, sobre todo\, de expansiva bendición. La bendición\, en sí\, entraña el don y la conservación de la vida\, y es tan generosa que hará famoso a Abraham por la forma como otros percibirán su bendición\, hasta el punto de que su nombre se convertirá proverbialmente en fórmula de bendición\, algo así como: «¡Que seas bendito como lo fue Abraham!»\, o «¡Que Dios te bendiga como bendijo a Abraham!». Era de tal magnitud la bendición de Abraham que maldecirlo equivalía a maldecirse a sí mismo. Pero no solo es modelo de hombre bendecido\, sino portador de bendición para las naciones.\nEl nacimiento del Mesías es el cumplimiento pleno de la bendición para Abraham (cf. Lc 3\,34) y para todas las naciones (cf. Lc 24\,47). Y acontece como el nacimiento de Isaac\, en virtud de la promesa\, no por generación legal (cf. Lc 1\,32-37). \n1. Primera lectura (Nm 6\,22-27)\nEsta breve lectura nos remonta al relato de la creación (cf. Gen 1\,22.28) para recordarnos que desde que existe la vida –y sobre todo la vida humana– la creación está bendecida por Dios. Cuando Dios bendice\, da vida y da la capacidad de transmitirla. Esta bendición invoca tres veces el nombre del Señor (en el leccionario se omite una)\, lo cual confiere un carácter de plenitud a dicha bendición. Por origen\, antes que todo\, el pueblo del Señor es bendito. Y no hay maldición que valga. El uso de la segunda persona del singular para referirse al pueblo («te bendiga») es característico del estilo litúrgico tradicional\, sobre todo del Deuteronomio.\n«El Señor te bendiga y te guarde». Más importante que la bendición es la fuente de la misma. Si su origen es el Señor\, se refiere al Dios que sacó a Israel de Egipto; esto implica que la vida que se invoca con la bendición y que es el contenido de misma\, es una vida libre y feliz. El Señor es capaz de darla –eso está históricamente comprobado– y capaz de «guardar» al israelita en ella.\n«El Señor te muestre su rostro radiante y te conceda su favor». El «rostro radiante» equivale al «rostro sonriente»\, y desea su mirada complacida\, es decir\, el beneplácito del Dios de la alianza\, el que dio a Israel normas de vida y de convivencia para que fuera ante todos los pueblos testigo de una sabiduría (saber vivir y convivir) que causara admiración a las naciones.\n«El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz». El «rostro vuelto» hacia alguien implica dos cosas: mirar con simpatía y acoger con empatía. El Señor se complace en quien vive y convive con los demás de acuerdo con las exigencias de la alianza\, lo reconoce como auténtico miembro de su pueblo\, y le otorga la paz\, la armonía plena\, la felicidad. \n2. Segunda lectura (Gal 4\,4-7)\nLa bendición se fue dando a lo largo de los siglos\, pero tenía un plazo para entrar en pleno vigor: hasta el momento en que la humanidad se hiciera del todo adulta. Ese plazo se cumplió cuando Dios envió a su hijo en nuestra condición de humanos («nacido de mujer») y de esclavos («nacido bajo la Ley») para llevarnos a la condición de libres («para que rescatase a los súbditos de la Ley») y de hijos suyos («para que recibiéramos la condición de hijos»). Se trata de una acción liberadora y salvadora. No somos hijos de manera formal –por adopción de carácter legal\, externa–; somos realmente hijos\, porque Dios nos infundió su vida («el Espíritu de su Hijo»)\, y así quedamos facultados para llamar «Padre» a Dios. Ya no somos «esclavos»; en aquellas sociedades\, los hijos menores se equiparaban a los esclavos\, sino que somos plenamente hijos\, con derecho a heredar la riqueza del Padre: la vida eterna. Esto sugiere que el cumplimiento de la promesa nos conduce a la plena adultez como hijos de Dios. El Espíritu nos hace maduros al capacitarnos para amar.\nLa bendición de Dios toma doble forma. Primera\, nos bendice con el Hijo\, en el cual nos acoge plenamente como nos encuentra\, y se hace uno como nosotros para estimularnos a ser como él. El papel de la madre («nacido de mujer») es decisivo\, porque garantiza que Dios asume nuestra condición humana concreta\, sin idealizaciones. Segunda\, nos bendice con su Espíritu\, con el cual nos infunde su vida para transformar\, desde dentro y radicalmente\, nuestra condición humana. El papel del Espíritu es definitivo\, porque en él se realiza la promesa\, ya que por él recibimos la vida en plenitud\, que es la máxima expresión de la bendición de Dios.\nEn definitiva\, al enviarnos al Hijo (v. 4) y al Espíritu (v. 6) Dios se da a sí mismo haciéndonos como él (el «hijo» es igual al padre)\, y partícipes de su riqueza: la vida en plenitud. \n3. Evangelio (Lc 2\,16-21)\nEsa vida\, que se nos da por Jesús\, nos viene por María. Y de manera asombrosa. Tras el anuncio de los ángeles\, los pastores van a verificarlo\, y a dar testimonio de lo que se les anunció: el amor de Dios da vida de modo muy asombroso. La primera reacción es de sorpresa general («todos los que lo oyeron quedaron sorprendidos»). En particular\, la madre siente que hay algo más que lo que dejan ver las primeras impresiones\, por eso se da a la tarea de «guardar» y «meditar» aquello («María\, por su parte\, conservaba el recuerdo de todo esto\, meditándolo en su interior»). Este hecho no se agota en su primer impacto: hay que profundizar para captar mejor sus alcances. La segunda reacción (la más destacada\, ya que va en el centro de las tres) es\, sin duda\, la de la madre. La tercera reacción es la de los pastores: como los ángeles\, ellos dan gloria (le dan la razón) y alaban a Dios porque lo anunciado se cumplió tal como lo dijeron los ángeles. La salvación (vida) se hace presente en el niño rodeado del amor de su familia (o «envuelto en pañales») y excluido por la sociedad («recostado en el pesebre»).\n«A los ocho días»\, cuando tocaba hacer el rito religioso de la circuncisión\, «le pusieron de nombre Jesús». Esta imposición del nombre aparece aquí aceptada por todos\, pero el evangelista recuerda que ese fue el nombre que había indicado el ángel antes de su concepción\, y precisamente a su madre\, que quedó encargada de asignarle ese nombre (cf. Lc 1\,31). La madre\, pues\, ha cumplido un papel activo en la aceptación del nombre con el cual habrá de ser conocido el Mesías enviado de Dios. Esto resalta aún más el valor del nombre de «Jesús»\, que significa «el Señor salva». \nTodavía muchos andan temerosos y angustiados por suposiciones supersticiosas (maldiciones\, «entierros»\, «espíritu de ruina» …)\, olvidando que su vida es ya una bendición de Dios\, y que es anterior y superior a cualquier daño que les quieran infligir. Otros permanecen en la esclavitud de la Ley y no logran conocer la autonomía y la libertad de los hijos de Dios ni experimentar el don del Espíritu que los hace herederos del Padre. Pero otros\, como María\, comprenden que la obra de Dios va más allá\, y que su asombroso amor todavía tiene muchas gratas sorpresas para sus hijos\, y no solo reciben esa vida\, sino que la transmiten a los demás. Al celebrar la octava de Navidad en coincidencia con el comienzo del año civil\, podemos invitar a la confianza\, porque en el futuro\, como en el pasado\, el Señor estará bendiciéndonos y cuidándonos\, y su sonriente rostro nos infundirá serenidad y nos dará la paz.\nEn la eucaristía recibimos el pan de vida\, y contraemos libre y gozosamente el compromiso de hacer lo mismo que Jesús\, dar vida comunicando el Espíritu a través de nuestro amor cristiano\, acordándonos así de él\, como María\, que en su corazón guardaba todo lo referente a él.\nFeliz Navidad. Feliz año nuevo en el Señor. Dios está con nosotros.
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SUMMARY:Miércoles antes de la Epifanía
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la primera carta del apóstol san Juan (2\,22-28): \n¿Quién es el mentiroso\, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ése es el Anticristo\, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre. Quien confiesa al Hijo posee también al Padre. En cuanto a vosotros\, lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros. Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio\, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre; y ésta es la promesa que él mismo nos hizo: la vida eterna. Os he escrito esto respecto a los que tratan de engañaros. Y en cuanto a vosotros\, la unción que de él habéis recibido permanece en vosotros\, y no necesitáis que nadie os enseñe. Pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas –y es verdadera y no mentirosa– según os enseñó\, permanecéis en él. Y ahora\, hijos\, permaneced en él para que\, cuando se manifieste\, tengamos plena confianza y no quedemos avergonzados lejos de él en su venida. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 97 \nR/. Los confines de la tierra han contemplado\nla victoria de nuestro Dios \nCantad al Señor un cántico nuevo\,\nporque ha hecho maravillas:\nsu diestra le ha dado la victoria\,\nsu santo brazo. R/. \nEl Señor da a conocer su victoria\,\nrevela a las naciones su justicia:\nse acordó de su misericordia y su fidelidad\nen favor de la casa de Israel. R/. \nLos confines de la tierra han contemplado\nla victoria de nuestro Dios.\nAclama al Señor\, tierra entera;\ngritad\, vitoread\, tocad. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Juan (1\,19-28): \nÉste fue el testimonio de Juan\, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?»\nÉl confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.»\nLe preguntaron: «¿Entonces\, qué? ¿Eres tú Elías?»\nÉl dijo: «No lo soy.»\n«¿Eres tú el Profeta?»\nRespondió: «No.»\nY le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado\, ¿qué dices de ti mismo?»\nÉl contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”\, como dijo el profeta Isaías.»\nEntre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces\, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías\, ni Elías\, ni el Profeta?»\nJuan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis\, el que viene detrás de mí\, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.»\nEsto pasaba en Betania\, en la otra orilla del Jordán\, donde estaba Juan bautizando. \nPalabra del Señor\n\n\n\nReflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n2 de enero. \nLa promesa que Jesús encarna y propone no solo sorprende\, sino que también decepciona. Los círculos de poder esperaban un Mesías conforme a sus esquemas mentales\, a lo que ellos venían proponiendo e inculcándole al pueblo. Ellos esperaban que el Mesías llegara a acreditar lo que le enseñaban al pueblo como mensaje divino y que los certificara como representantes de Dios. No dudaban de que les ratificaría sus privilegios y legitimaría su predominio. Pero cuando Juan hizo sus exigencias de «enmienda» –que no les parecieron religiosas\, sino impertinentes– se sintió su reacción de desagrado e inconformidad. Y entonces «los violentos» optaron por oponerse al cumplimiento de la promesa (cf. Mt 11\,12-13).\nDel mismo modo han reaccionado dentro de las comunidades cristianas los que solapadamente alimentaban ambiciones de dominio y control y esperaban convertir la nueva fe en instrumento para lograr sus fines. Cuando el Espíritu de Jesús liberó interiormente a los hombres del miedo y de la culpa\, surgieron los «anticristos»\, con intenciones de amordazar al Espíritu. \n1. Primera lectura: cumplimiento (1Jn 2\,22-28).\nProsigue la confrontación con el embustero\, es decir\, con el falso profeta\, «el anticristo». El autor lo presenta corporativamente\, como si fuera único\, aunque él advierte que son muchos (cf. 2\,18).\nEste «anticristo» colectivo niega que entre Jesús y el Padre se da una relación de igualdad en la conducta (Padre-Hijo) y\, por tanto\, en la común condición divina. Negarle al Hijo esa relación con el Padre es negar al Padre. No es una tesis académica («teológica»)\, es algo crucial: si la obra de Jesús no es atribuible a Dios como su fuente (cf. Jn 5\,18-20)\, entonces Jesús es un farsante y no hay salvación –por un lado–\, y –por el otro– Dios no es Padre ni tampoco respalda a Jesús. Quien reconoce a Jesús como Hijo acepta a Dios como Padre. No existe Dios diferente a como lo presenta Jesús. O sea\, que el falso profeta («anticristo») cree en un ídolo cuando se representa a Dios de un modo diferente a como lo reveló Jesús.\nLo que el autor afirma no es una opinión teológica\, sino una experiencia. Los destinatarios de la carta han experimentado el don del Espíritu y la vida nueva que él comunica; por eso afirman la realidad de esa vida como algo comprobado\, de tal modo que negar que Jesús es Hijo de Dios es negar su propia verdad vivida. En cambio\, si la comunidad permanece en el mensaje del amor comprometido que asimiló «desde el principio»\, conservará su unión con el Padre y con el Hijo por medio del Espíritu-amor\, el cual es garantía de vida eterna. Esta praxis certifica también la unción-consagración interior que mantiene en la verdad al creyente y su comunidad (verdad que es el amor) y\, por tanto\, en la unión con el Hijo. Así\, cuando la comunidad sea visitada por el Señor (se refiere a la venida salvadora del Señor en el caso de una persecución\, por ejemplo)\, se sentirá segura delante de él porque ha sido fiel en el amor. \n2. Evangelio: promesa (Jn 1\,19-28)\nJuan\, en cuanto precursor del Señor\, se presenta como un profeta auténtico:\n1. Se niega a usurpar el puesto de Mesías. Tres negaciones\, cada vez más breves y tajantes de su parte\, descartan que él pretendiera ser tenido por el Mesías. No se identifica con las figuras de la expectativa de salvación que abrigaban los judíos\, porque él no se atribuye función salvadora.\n2. Se define a sí mismo como «una voz» que tiene carácter transitorio\, pero alternativo («desde el desierto») y que interpela a los personajes que lo interrogan (los dirigentes) acusándolos de ser los responsables de que el camino del Señor esté torcido («enderecen el camino del Señor»).\n3. Da testimonio a favor de Jesús explicando:\n• que su bautismo en agua era –ciertamente– símbolo de muerte\, por medio del cual la gente se declaraba muerta para el orden injusto y\, por tanto\, rompía radicalmente con la institución judía.\n• que el Mesías ya está presente\, pero ellos no lo conocen; que ese desconocido por ellos tiene derecho a ser el «esposo» del pueblo\, es decir\, va a pactar una nueva alianza\, y Juan no lo discute.\n• que Juan es solo su precursor\, pero como tal tiene la misión de invitar a la gente a anhelar y a buscar una mejor calidad de vida\, signo de lo cual es su localización fuera del territorio judío.\nLogrando que la gente crea que nació para disfrutar la vida en plenitud (felicidad)\, Juan despierta o provoca en las multitudes este deseo\, y con ese bautismo quiere liberarlas de las instituciones que le cierran el camino hacia Dios. Declarar que él no es quién para desatarle las sandalias a ese enviado de Dios con función liberadora y salvadora (nueva alianza) entraña una advertencia para los dirigentes. Por eso Juan bautiza «al otro lado del Jordán»\, por fuera de la institución infiel. \nEl verdadero profeta se propone emancipar a la gente de sus opresores; el falso\, por el contrario\, pretende integrarla a un sistema de dominación que es idolátrico. Criterio de vital importancia en todo tiempo: imposible ser precursor del Señor y aliado de sistemas explotadores\, opresores y envilecedores del ser humano. El autor de la carta –al presentar como un solo personaje a los que él sabe que constituyen un colectivo– quiere dar a entender que todos los «anticristos» van tras el mismo objetivo: imponerse\, imponer sus criterios\, imponer sus costumbres\, y deslegitimar lo que no se avenga con su postura. No los mueve el amor\, sino el interés. Pero aducen razones religiosas para proceder como lo hacen\, como los dirigentes que tuercen el camino del Señor.\nTambién esto estaba previsto y anunciado por el Señor (cf. Jn 16\,1-4). Por eso\, quien comulga con él debe amar con un amor semejante al de su Señor\, que es liberador y salvador.\nFeliz Navidad. Dios está con nosotros.
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SUMMARY:3 de enero. Jueves antes de la Epifanía
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la primera carta de Juan (2\,29;3\,1-6): \nSi sabéis que él es justo\, reconoced que todo el que obra la justicia ha nacido de él. Mirad que amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios\, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos\, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que\, cuando él se manifieste\, seremos semejantes a él\, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esperanza en él se purifica a sí mismo\, como él es puro. Todo el que comete pecado quebranta también la ley\, pues el pecado es quebrantamiento de la ley. Y sabéis que él se manifestó para quitar los pecados\, y en él no hay pecado. Todo el que permanece en él no peca. Todo el que peca no le ha visto ni conocido. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 97\,1.3cd-4.5-6 \nR/. Los confines de la tierra han contemplado\nla victoria de nuestro Dios \nCantad al Señor un cántico nuevo\,\nporque ha hecho maravillas;\nsu diestra le ha dado la victoria\,\nsu santo brazo. R/. \nLos confines de la tierra han contemplado\nla victoria de nuestro Dios.\nAclama al Señor\, tierra entera\,\ngritad\, vitoread\, tocad. R/. \nTañed la cítara para el Señor\nsuenen los instrumentos:\ncon clarines y al son de trompetas\naclamad al Rey y Señor. R/.\n\n\nEvangelio\nLectura del santo Evangelio según san Juan (1\,29-34): \nAl día siguiente\, al ver Juan a Jesús que venía hacia él\, exclamó: «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Trás de mí viene un hombre que está por delante de mí\, porque existía antes que yo.” Yo no lo conocía\, pero he salido a bautizar con agua para que sea manifestado a Israel.»\nY Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado el Espíritu que bajaba del cielo como una paloma\, y se posó sobre él. Yo no lo conocía\, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él\, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.” Y yo lo he visto\, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n3 de enero. \nNegar que Jesús es «el Hijo de Dios» no es refutar un aserto teológico\, es el intento de dejar sin piso una experiencia de vida. Como Hijo\, Jesús reveló al Padre\, que es el único Dios que merece ese nombre: el Dios que no solo da el ser a las cosas\, sino que le comunica su vida al hombre y lo eleva a la condición de «hijo»\, también. Esta realidad se vive dándole adhesión a Jesús de modo definitivo\, adhesión que obtiene\, como respuesta divina\, el don del Espíritu Santo\, que Dios da a través de Jesús. El Espíritu establece la sintonía del hombre con Dios a través de Jesús\, por lo que el hombre no solo vive como el Padre (es hijo)\, sino que convive con los demás al estilo de Jesús (es su hermano y servidor). Esto es lo que quieren suprimir los «anticristos» al negar que Jesús es Hijo de Dios. \n1. Primera lectura: cumplimiento (1Jn 2\,29-3\,6).\nConociendo rectamente al Mesías\, se puede deducir quién es verdaderamente seguidor suyo\, no por lo que dice\, sino por el modo como vive y convive.\nLa relación con Dios también tiene un sello característico: ser «hijo» suyo. Esta filiación es fruto de un amor sin igual\, porque no se trata de una mera reputación\, sino de una auténtica realidad: somos realmente hijos\, porque él\, por amor nos infundió su vida (el Espíritu).\nAhí radica la razón por la que «el mundo» rechace a los hijos de Dios como rechazó al Hijo. Es que «el mundo» rechaza también a ese Dios que se revela como Padre y que quiere la plenitud de la vida para sus hijos.\nLa alegría\, la libertad y la rectitud muestran a las claras que ya se goza de esa condición de hijo. Sin embargo\, esa condición es dinámica\, en cierto modo inagotable; aún no se ha manifestado plenamente lo que significa ser «hijo de Dios»\, ya que la meta definitiva es ser semejantes a él\, a través de la experiencia directa de su ser. Ser hijo de Dios es una realidad con mucho futuro\, y esa esperanza es la que dinamiza el propósito de identificarse con él\, para parecerse cada vez más a él. Esa configuración se logra siguiendo a Jesús.\nEl pecado\, en cuanto se opone al éxodo\, es «rebeldía» contra Dios\, porque él quiere que el ser humano alcance la plenitud de la vida. Jesús se manifestó para quitar el pecado\, por consiguiente\, él nada tiene en común con el pecado (cf. Jn 8\,46). Estar en comunión con él es ruptura radical con el pecado\, y andar en el pecado es no conocer a Jesús \n2. Evangelio: promesa (Jn 1\,29-34).\nEl «testimonio a favor de la luz» (Jn 1\,7) se consigna primero de manera sintética (cf. Jn 1\,15) y ahora se desarrolla. En ambos casos\, el horizonte es universal y aplicable en todo tiempo y lugar\, abierto a toda la humanidad a lo largo de la historia y a lo ancho de la tierra. Este testimonio se data «al día siguiente» del interrogatorio a Juan (v. 29)\, y conecta con su síntesis (v. 30)\, en donde aparece como un eco permanente del mismo en la comunidad cristiana. Para destacar cuál es el testimonio de Juan en sí mismo\, el redactor se vale de una estructura narrativa concéntrica que los especialistas han determinado\, y que sitúa en su centro la medula de dicho testimonio:\na) Afirmación respecto de Jesús (v. 29).\nb) Alusión a una afirmación anterior (v. 30)\nc) Reconocimiento de desconocimiento previo (v. 31)\n• Contemplación de la bajada del Espíritu sobre Jesús (v. 32)\nc’) Reconocimiento de desconocimiento previo (v. 33a)\nb’) Alusión a una afirmación anterior (v. 33b)\na’) Afirmación respecto de Jesús (v. 34).\nLa expresión «el Cordero de Dios que va a quitar el pecado del mundo» formula la misión de Jesús en clave de éxodo; alude al cordero cuya carne les sirvió a los israelitas de alimento para salir de Egipto\, y cuya sangre los libró del exterminio. Jesús realiza el designio de Dios por su muerte liberadora y salvadora. «El pecado del mundo» consiste en la aceptación pasiva de «la tiniebla»\, es decir\, en adherirse a esa actitud que impide la búsqueda de la propia plenitud\, sea negando la posibilidad de lograrla (la ideología embustera) o haciéndola imposible (la praxis de violencia) Y esto no es invento de Juan\, sino revelación que él recibió del Dios que lo envió a invitar al pueblo a romper con la injusticia de la sociedad («el que me envió a bautizar»).\nJuan declara que esa misión de Jesús corresponde a una unción del Espíritu Santo directamente conferida por Dios («desde el cielo»)\, de lo cual él –como enviado de Dios– da testimonio. Esa unción tiene un significado único\, sugerido con la comparación del descenso de la paloma: Jesús es el «lugar» en el que el Espíritu se siente a sus anchas. La «contemplación» de Juan desentraña un significado más\, dado que los rabinos comparaban el cernirse del Espíritu de Dios sobre las aguas (cf. Gn 1\,2) con el aleteo de la paloma sobre su nido: Jesús es el hombre nuevo\, con él se da comienzo a la nueva creación\, la del hombre-espíritu (cf. Jn 3\,6). Él es el hombre-Dios.\nJuan insiste en que\, al igual que sus oyentes\, él llegó a reconocer a Jesús por revelación de Dios\, quien –al mandarlo a bautizar con agua– le anunció que su Enviado no solo estaría ungido por el Espíritu Santo\, sino que lo comunicaría\, y que de esa manera quitaría el pecado del mundo\, o sea\, su acción consistiría en darles a las personas la capacidad de emanciparse interiormente del dominio de «la tiniebla»\, tanto en su aspecto ideológico embustero como su praxis violenta. Ese es el testimonio que deja: que Jesús es «el Hijo de Dios»\, así entendido. \nEl creyente tiene los pies puestos en la tierra y la mirada fija en Jesús. No está entusiasmado por una idea (o ideología) ni por una ilusión (o ficción)\, sino por una persona. No lo imita\, como se hace con los personajes de moda\, sino que lo sigue\, identificándose con él en el ser y el quehacer\, en el vivir y el convivir. Y esto es posible gracias al Espíritu que él comunica\, Espíritu que le da la experiencia directa del amor del Padre y lo capacita para amar del mismo modo que es amado.\nY mientras se mantenga arraigado en esa experiencia\, al creyente no le interesan las discusiones de palabras ni las disputas de eruditos. Solo le interesa la experiencia de seguir al Señor. Esto es lo que entusiasma su vida y la dinamiza con la esperanza de un futuro ahora inimaginable.\nPor lo pronto\, renueva su decisión de configurarse con el Señor mediante la escucha fiel de su mensaje y la comunión expresada sacramentalmente con la eucaristía.\nFeliz Navidad. Dios está con nosotros.
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SUMMARY:4 de enero. Viernes antes de la Epifanía
DESCRIPTION:4 de enero. Viernes antes de la Epifanía \nPalabra del día \nPrimera lectura\nLectura de la primera carta del apóstol san Juan (3\,7-10): \nHijos míos\, que nadie os engañe. Quien obra la justicia es justo\, como él es justo. Quien comete el pecado es del diablo\, pues el diablo peca desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo. Todo el que ha nacido de Dios no comete pecado\, porque su germen permanece en él\, y no puede pecar\, porque ha nacido de Dios. En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo el que no obra la justicia no es de Dios\, ni tampoco el que no ama a su hermano. \nPalabra de Dios \nSalmo\nSal 97 \nR/.Los confines de la tierra han contemplado\nla victoria de nuestro Dios \nCantad al Señor un cántico nuevo\,\nporque ha hecho maravillas:\nsu diestra le ha dado la victoria\,\nsu santo brazo. R/. \nRetumbe el mar y cuanto contiene\,\nla tierra y cuantos la habitan;\naplaudan los ríos\, aclamen los montes. R/. \nAl Señor\, que llega para regir la tierra.\nRegirá el orbe con justicia\ny los pueblos con rectitud. R/. \nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Juan (1\,35-42): \nEn aquel tiempo\, estaba Juan con dos de sus discípulos y\, fijándose en Jesús que pasaba\, dice: «Éste es el Cordero de Dios.»\nLos dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y\, al ver que lo seguían\, les pregunta: «¿Qué buscáis?»\nEllos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro)\, ¿dónde vives?»\nÉl les dijo: «Venid y lo veréis.»\nEntonces fueron\, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés\, hermano de Simón Pedro\, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»\nY lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón\, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).» \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n4 de enero \nSe llama «pecado» a la injusticia desde el punto de vista de Dios. Y consiste en oprimir\, reprimir o suprimir la vida en el ser humano. Quienes solo conocen la injusticia\, quieren que desaparezca de su vida personal y de la convivencia social. Quienes\, además\, conocen a Dios y saben que la injusticia es «pecado»\, tienen motivos más profundos para erradicarla.El interés auténtico por la persona de Jesús comienza con el deseo de erradicar la injusticia\, o el «pecado del mundo». Hay que conocer en qué plano se mueve él\, porque hay muchas propuestas para suprimir la injusticia social. Y hay que vivir la experiencia del Padre a través del Espíritu del Hijo para conocer la propuesta de Dios. No se trata de ideología\, sino de vida. \n1. Primera lectura: cumplimiento (1Jn 3\,7-10). \nLos «anticristos» extravían a la gente separando la doctrina de la conducta\, pero resulta que esta es la que exterioriza lo que hay dentro del hombre\, sus convicciones\, sus valores\, sus adhesiones. Quien practique la justicia se asemeja a Jesús; quien comete el pecado es del «diablo» (????????)\, el embustero\, el calumniador. El «diablo»\, que es el inspirador de los «anticristos»\, es embustero desde el principio (cf. Jn 8\,44; Gen 3\,1ss; Ap 12\,9). Ellos se disfrazan de profetas\, pero lo que los mueve es el interés egoísta de riqueza\, de dominio o de vanagloria (cf. 1Jn 2\,16)\, y pronuncian el nombre del Señor Dios en falso (cf. Ex 20\,7). El Hijo de Dios se manifestó precisamente para deshacer las obras del diablo\, denunciando la mentira («tiniebla») y la violencia (sus «obras»). El alcance de esta afirmación hace ver que la obra liberadora y salvadora de Jesús aniquila ese orden injusto en sus propias raíces\, en el «corazón» humano. No se refiere a la mera superstición\, aunque la incluye\, porque la superstición\, por ser mentira\, es «tiniebla»\, sino a todo lo que implique a la vez mentira y violencia. Y el orden injusto apela a ambas para establecerse y consolidarse. \n\nPor consiguiente\, el que vive como hijo de Dios («quien vive como nacido de Dios») no comete pecado\, porque el Espíritu de Dios\, el «germen» de vida divino\, lo libera del poder del pecado\, y lo hace de manera tan radical que le resulta imposible hacerse cómplice del pecado del mundo. Así se puede establecer quién es «hijo» de Dios y quién es «hijo» del diablo. Practicar la justicia es amar al hermano; no amar al hermano es practicar la injusticia y\, por tanto\, no ser de Dios. \n2. Evangelio: promesa (Jn 1\,35-42). \nUna nueva determinación temporal («al día siguiente») data la narración ya en el tercer día de una «semana» que evoca la de la primera creación. En tanto que la figura de Juan se describe estática\, la de Jesús aparece dinámica (Juan «estaba»\, Jesús «caminaba»)\, indicio de que ya este último dio comienzo a su andadura\, su misión está en progreso. \nCon Juan estaban «dos de sus discípulos»\, a los cuales dirigió su testimonio respecto de Jesús\, el mismo que el día anterior dio sin destinatarios determinados; y así provocó que sus discípulos siguieran a Jesús. El precursor cumple su misión. Ha despertado en sus seguidores el ansia de la plenitud de vida\, y ahora les señala al que va a satisfacerla.Hay un trecho del recorrido sin contacto. Jesús tomó la iniciativa preguntándoles por el objetivo de su búsqueda tras él\, y ellos manifestaron interés por conocer su morada permanente\, el lugar de su reposo. La respuesta de Jesús a esa inquietud es una invitación a «venir» y a «ver»\, es decir\, a seguirlo y\, en el seguimiento\, conocer por experiencia la respuesta a su inquietud. Ellos lo han llamado «Maestro»\, y se encuentran con un maestro que enseña en el camino y en la praxis. Su enseñanza es procesual y vital\, no teórica y abstracta. Desde el principio quedan notificados de que sin compromiso activo no hay discipulado posible. Hecha la experiencia del seguimiento y del conocimiento directo\, deciden quedarse con él\, cuando ya estaba para declinar ese día\, o sea\, cuando la historia de la primera alianza está llegando a su final. Pasaron de Juan a Jesús. \nAndrés («varonil»\, en el sentido de «adulto») es uno de los dos; el otro permanece innominado y\, después\, será identificado como «el discípulo predilecto»\, siempre sin nombre. Andrés salió a compartir su experiencia con su hermano de sangre\, e identificó a Jesús como «el Mesías». Pero Simón no reaccionó\, simplemente se dejó llevar. Jesús se fijó en él y lo identificó de dos modos: primero\, como «el hijo de Juan»\, es decir\, como el «discípulo de Juan» por excelencia; segundo\, por el sobrenombre con el que será conocido: «Cefas» (arameo ???????\, que significa «piedra»\, en el sentido de «duro»\, «testarudo»). Simón todavía no da el paso. La condición de discípulo de Juan Bautista se concreta en dos hechos: la fe dada al «testimonio a favor de la luz» (cf. Jn 1\,6-7) y el compromiso por «enderezar el camino del Señor» (cf. Jn 1\,23). Esto entraña el anhelo de plenitud de vida y la exigencia de justicia. El evangelio presenta a tres discípulos de Juan en relación con Jesús: Andrés\, dispuesto a compartir para crear solidaridad y lograr la igualdad que responda a las necesidades básicas de la sociedad (cf. Jn 6\,8-9); Simón\, el hermano de Andrés\, que apelará a la violencia para reclamar justicia (cf. Jn 18\,10-11)\, que por lo mismo será desautorizado por Jesús; por eso Simón se decepcionará de Jesús y lo negará (cf. Jn 18\,15-27)\, aunque finalmente aceptará su amor (cf. Jn 21\,15-19); y el discípulo innominado\, luego llamado «el discípulo predilecto»\, que acompañó a Jesús hasta la cruz (cf. Jn 13\,23; 18\,15; 19\,26). \nEl paso de Juan a Jesús no es cronológico\, sino espiritual. Hay que «nacer de nuevo» (cf. Jn 3\,7) para dar ese paso. «El pecado del mundo» no se erradica con mentira\, ni con ira ni indiferencia\, sino con un amor activo\, dispuesto al don de sí mismo\, como lo hace Dios\, no exterminando a los pecadores\, sino ofreciéndoles su Espíritu por medio del Hijo\, para que cada uno tenga en sí mismo la libertad y la capacidad para romper con ese pecado\, y libremente lo decida. «La ira del hombre no realiza la justicia de Dios» (St 1\,20)\, sino que lo hace «hijo del diablo». \nEsa diferencia es la que Jesús quiere mostrarnos\, y por eso en el sacramento de la eucaristía nos invita a solidarizarnos con él. Desde fuera no podemos captar dicha diferencia. Feliz Navidad. Dios está con nosotros.
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SUMMARY:5 de enero. Sábado antes de la Epifanía
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la primera carta del apóstol san Juan (3\,11-21): \nÉste es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros. No seamos como Caín\, que procedía del Maligno y asesinó a su hermano. ¿Y por qué lo asesinó? Porque sus obras eran malas\, mientras que las de su hermano eran buenas. No os sorprenda\, hermanos\, que el mundo os odie; nosotros hemos pasado de la muerte a la vida: lo sabemos porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte. El que odia a su hermano es un homicida. Y sabéis que ningún homicida lleva en sí vida eterna. En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos. Pero si uno tiene de qué vivir y\, viendo a su hermano en necesidad\, le cierra sus entrañas\, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios? Hijos míos\, no amemos de palabra y de boca\, sino de verdad y con obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él\, en caso de que nos condene nuestra conciencia\, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo. Queridos\, si la conciencia no nos condena\, tenemos plena confianza ante Dios. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 99 \nR/. Aclama al Señor\, tierra entera \nAclama al Señor\, tierra entera\,\nservid al Señor con alegría\,\nentrad en su presencia con vítores. R/. \nSabed que el Señor es Dios:\nque él nos hizo y somos suyos\,\nsu pueblo y ovejas de su rebaño. R/. \nEntrad por sus puertas con acción de gracias\,\npor sus atrios con himnos\,\ndándole gracias y bendiciendo su nombre. R/. \n«El Señor es bueno\,\nsu misericordia es eterna\,\nsu fidelidad por todas las edades.» R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Juan (1\,43-51): \nEn aquel tiempo\, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: «Sígueme.»\nFelipe era de Betsaida\, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas\, lo hemos encontrado: Jesús\, hijo de José\, de Nazaret.»\nNatanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?»\nFelipe le contestó: «Ven y verás.»\nVio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad\, en quien no hay engaño.»\nNatanael le contesta: «¿De qué me conoces?»\nJesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara\, cuando estabas debajo de la higuera\, te vi.»\nNatanael respondió: «Rabí\, tú eres el Hijo de Dios\, tú eres el Rey de Israel.»\nJesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera\, crees? Has de ver cosas mayores.»\nY le añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n5 de enero.\n\nLa comprensión de la promesa a veces tropieza con dificultades de tipo mental. Los prejuicios alimentados acríticamente confinan al hombre en sus propias ideas y le impiden ver la novedad de lo que Jesús revela de Dios. Los judíos contemporáneos\, imbuidos en su nacionalismo\, ven a Jesús como un liberador nacional\, y los que lo rechazan lo hacen en nombre de ese nacionalismo. Jesús pretende ensanchar el horizonte mental de sus compatriotas haciéndoles ver que el amor del Padre supera sus limitadas expectativas\, sin dejar por eso de colmarlas en lo positivo.\n\n1. Primera lectura: cumplimiento (1Jn 3\,11-21).\nEl mensaje de Dios ha sido siempre el mismo («desde el principio»)\, la convivencia humana en el amor fraterno. Desde Caín en adelante\, los partidarios del «Malo» han practicado las «obras malas» oprimiendo\, reprimiendo y suprimiendo la vida de los que practicaban las «obras justas».\nPor eso\, los «hermanos» no deben extrañarse de que haya anti-hermanos que odian («el mundo»). La experiencia de los hermanos es haber pasado de la muerte a la vida –todo un éxodo– porque aman a los hermanos. No amar es permanecer muerto en vida; odiar a otro es privarlo de la vida y privarse a sí mismo de la oportunidad de vivir verdaderamente. Del «mundo»\, la organización social opresora y represora\, no se puede esperar otra cosa que el odio asesino; no soporta que se haga el bien\, porque entonces su perversidad queda al descubierto (cf. Jn 3\,20). La conducta es el criterio para determinar quién está con Dios\, no las palabras\, ni las ideas.\nEl amor no es un sentimiento vago\, se hizo concreto en la entrega de Jesús\, y se autentica entre los hermanos prolongando esa entrega. Y este amor se verifica en la disposición de hacer el bien al que padece la exclusión por parte del «mundo». El amor de Dios\, manifestado en Jesús Mesías\, se manifiesta\, primero\, en la capacidad de «ver» a las víctimas del «mundo»\, después\, en despertar en sí mismo la sensibilidad y la compasión («entrañas») hacia ellas y\, finalmente\, en solidarizarse con ellas de manera efectiva\, con desprendimiento y generosidad. El amor es de obras palpables y sinceras\, no de discursos y refranes. Ese es el criterio que le permite al creyente sentirse seguro de estar en el amor de Dios («la verdad»)\, incluso cuando la propia conciencia atiza el sentimiento de indignidad o de culpa\, porque Dios\, que es amor\, está por encima de la conciencia.\nHay que notar que el amor del cual aquí se habla no se refiere al «prójimo»\, sino al necesitado. Es decir\, no se limita al «próximo» (cercano\, en cualquier sentido)\, sino que es universal.\n\n2. Evangelio: promesa (Jn 1\,43-51).\n«Al día siguiente» (cuarto día de la primera semana de la nueva creación)\, desde «el otro lado del Jordán\, donde Juan estaba bautizando» (Jn 1\,28)\, Jesús se dirigió a Galilea «a buscar a Felipe». Su nombre (????????: «amigo de los caballos») no tiene que ver con la equitación\, y puede sugerir cierta simpatía con los movimientos libertarios\, abundantes en Galilea (el caballo está asociado a la guerra). Siendo coterráneo de Andrés y Pedro\, no pertenecía al círculo de Juan y\, por provenir de Galilea\, es probable que no fuera practicante. Respondió de modo decidido a la invitación de Jesús\, y le habló de él a Natanael («regalo de Dios») con las categorías de la expectativa popular de la época\, presentando a Jesús como el que describió Moisés en la Ley y del que hablaron los profetas\, e identificándolo como «hijo de José\, el de Nazaret». Esa fue su percepción inicial. La reacción de Natanael fue escéptica\, basado en los prejuicios en boga respecto de los movimientos libertarios de Galilea. Felipe lo invita a hacer personalmente la experiencia («ven y ve»).\nNatanael fue acogido elogiosamente por Jesús\, quien lo declaró israelita modelo\, para sorpresa suya. Natanael le preguntó a Jesús por el origen de esa opinión y este le respondió con una cita del profeta Oseas (9\,10 LXX)\, que se refiere al amor de la elección de Israel\, y a continuación lo contrasta con la idolatría del pueblo. En medio de la infidelidad generalizada\, Jesús le garantizó el amor fiel de Dios. Su reacción entusiasta expresó también las expectativas populares\, viendo en Jesús al intérprete de la Ley\, rey mesiánico (cf. Sl 2\,2.6-7) y sucesor de David (cf. 2Sm 7.14).\nJesús afirma que la declaración del amor fiel de Dios a Israel no agota la fe\, porque la promesa de Dios llega más allá («cosas más grandes verás»): el amor de Dios es universal. La fe se realiza plenamente cuando se «ve» el designio de Dios («el cielo abierto») por medio de sus auténticos mensajeros («los ángeles de Dios»)\, que se referirán a él como el Hombre pleno\, heredero de la condición divina («subir y bajar por el Hijo del Hombre»: cf. Gn 28\,12). La promesa se realizará en la cruz en donde el amor de Dios se ofrecerá a toda la humanidad\, no solo a Israel.\n\nDescubrir la universalidad del amor del Padre es ver «el cielo abierto» por medio del mensaje de Jesús. Pese a que esto es en sí buena noticia\, siempre encuentra resistencia. En algunos casos\, la resistencia se abre a la evidencia manifestada por Jesús; en otros\, el apego a los propios prejuicios es tan fuerte que se cierra a toda posibilidad de «ver». El drama no está en la ceguera mental de los nacionalistas (sobre todo de los dirigentes)\, sino en el rechazo del amor y\, por consiguiente\, en la opción por el odio como única forma de concebir la fidelidad a las propias convicciones.\nLa aceptación auténtica del mensaje de Jesús no es cuestión de convicciones\, sino de una vida coherente con la fe que se traduzca en una convivencia según el amor del Padre\, volcado hacia los excluidos por «el mundo». Ese es el impulso misionero que anima al que se abraza a Jesús en el sacramento de la eucaristía: recibir vida para crear una convivencia alternativa al «mundo».\nFeliz Navidad. Dios está con nosotros.
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SUMMARY:Solemnidad de la Epifanía del Señor
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (60\,1-6): \n¡LEVÁNTATE y resplandece\, Jerusalén\,\nporque llega tu luz;\nla gloria del Señor amanece sobre ti!\nLas tinieblas cubren la tierra\,\nla oscuridad los pueblos\,\npero sobre ti amanecerá el Señor\,\ny su gloria se verá sobre ti.\nCaminarán los pueblos a tu luz\,\nlos reyes al resplandor de tu aurora.\nLevanta la vista en torno\, mira:\ntodos ésos se han reunido\, vienen hacia ti;\nllegan tus hijos desde lejos\,\na tus hijas las traen en brazos.\nEntonces lo verás\, y estarás radiante;\ntu corazón se asombrará\, se ensanchará\,\nporque la opulencia del mar se vuelca sobre ti\,\ny a ti llegan las riquezas de los pueblos.\nTe cubrirá una multitud de camellos\,\ndromedarios de Madián y de Efá.\nTodos los de Saba llegan trayendo oro e incienso\,\ny proclaman las alabanzas del Señor. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 71 \nR/. Se postrarán ante ti\, Señor\, todos los pueblos dé la tierra. \nV/. Dios mío\, confía tu juicio al rey\,\ntu justicia al hijo de reyes\,\npara que rija a tu pueblo con justicia\,\na tus humildes con rectitud. R/. \nV/. En sus días florezca la justicia\ny la paz hasta que falte la luna;\ndomine de mar a mar\,\ndel Gran Río al confín de la tierra. R/. \nV/. Los reyes de Tarsis y de las islas\nle paguen tributo.\nLos reyes de Saba y de Arabia\nle ofrezcan sus dones;\npostrense ante él todos los reyes\,\ny sirvanle todos los pueblos. R/. \nV/. Él librará al pobre que clamaba\,\nal afligido que no tenía protector;\nél se apiadará del pobre y del indigente\,\ny salvará la vida de los pobres. R/. \n\n\nSegunda lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (3\,2-3a.5-6): \nHermanos:\nHabéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor de vosotros\, los gentiles.\nYa que se me dio a conocer por revelación el misterio\, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos\, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos\, miembros del mismo cuerpo\, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo\, por el Evangelio. \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (2\,1-12): \nHabiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes\, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:\n«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».\nAl enterarse el rey Herodes\, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país\, y les preguntó dónde tenia que nacer el Mesías.\nEllos le contestaron:\n«En Belén de Judea\, porque así lo ha escrito el profeta:\n“Y tú\, Belén\, tierra de Judá\,\nno eres ni mucho menos la última\nde las poblaciones de Judá\,\npues de ti saldrá un jefe\nque pastoreará a mi pueblo Israel”».\nEntonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella\, y los mandó a Belén\, diciéndoles:\n«ld y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y\, cuando lo encontréis\, avisadme\, para ir yo también a adorarlo».\nEllos\, después de oír al rey\, se pusieron en camino y\, de pronto\, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.\nAl ver la estrella\, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa\, vieron al niño con Maria\, su madre\, y cayendo de rodillas lo adoraron; después\, abriendo sus cofres\, le ofrecieron regalos: oro\, incienso y mirra.\nY habiendo recibido en sueños un oráculo\, para que no volvieran a Herodes\, se retiraron a su tierra por otro camino. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\nSolemnidad de la Epifanía del Señor.\n\nCelebramos a Jesús Mesías\, «luz grande» que vio el pueblo que habitaba en tinieblas y brilló para los que habitaban en tierra y sombras de muerte (cf. Mt 4\,16). Quizás por influjo del salmo 72 (vv. 10-11.15)\, desde finales del siglo VI se ha supuesto que los «magos» de los que habla Mateo eran «reyes». Y\, por los tres dones que enumera\, se ha supuesto que eran tres: Melkon (Melchor en Occidente)\, que reinó sobre los persas; Baltasar\, que reinó sobre los indios\, y Gaspar\, que fue dominador de los países árabes. Pero la realidad del relato es otra\, y su mensaje\, como siempre\, sorprendente.\nEn el pueblo hebreo los «magos» eran considerados lo peor de la raza humana\, porque tenían fama de embaucadores y mentirosos\, así como en la sociedad judía los «pastores» también tenían mala reputación. Lo que Lucas dice de los excluidos en la sociedad judía es lo que afirma Mateo de los mismos en la sociedad humana.\n\nMt 2\,1-12.\nEl relato\, después de una breve noticia introductoria\, presenta tres escenas y una breve noticia conclusiva.\n1. Noticia introductoria.\nDespués de haberse extendido en el modo del nacimiento de Jesús Mesías\, Mateo informa el lugar de este hecho y su datación aproximada. Por un lado\, nace como estaba anunciado\, en la aldea de Belén; por el otro\, nace en tiempos en que reina en Judea un rey idumeo\, rey ilegítimo\, porque no desciende del rey David.\n2. La presencia de los magos.\nMateo señala con énfasis (????) la súbita presencia de personajes aún más extraños que Herodes: unos magos\, hecho desconcertante y molesto no solo en Judea\, sino sobre todo en Jerusalén\, la ciudad santa de los judíos. La magia era una actividad condenada en la Biblia\, y los magos eran despreciados porque\, además de paganos\, eran corruptos\, tenían fama de charlatanes y ladrones. La incomodidad que causa su irritante presencia estalla como una bomba cuando explican lo que hacen allí: ¡buscan al rey de los judíos que acaba de nacer para rendirle homenaje! Es natural que el rey Herodes\, tan celoso de su poder\, se sobresaltara. Pero también se sobresaltó la ciudad que padecía su dominio\, en vez de alegrarse. Tal vez porque presentía lo que Herodes sería capaz de hacer para salvaguardar su permanencia en el trono. Pero era posible que hubiera intereses en conflicto: el rey temía perder su trono; el pueblo presentía la purificación del templo.\n3. La reacción de los dirigentes.\nHerodes controla todo. Convoca a los sumos sacerdotes (el poder religioso) y a los letrados del pueblo (el poder ideológico) como si fueran ministros suyos\, y les hace una consulta: dónde tenía que nacer el Mesías. Prescinde de los «senadores»\, tercer componente del Consejo\, tal vez porque el asunto es de carácter religioso\, o\, al menos\, eso quiere hacer pensar él. Es claro que todos ellos entienden que ese rey recién nacido por el que preguntan los magos es el Mesías que anunciaron los profetas\, pero ellos ya no lo esperaban\, aunque sí los pobres del pueblo.\nLa respuesta a la consulta tiene precisión geográfica y solvencia académica. Con la cita precisa de la Escritura le indican al rey el lugar –que a partir de este hecho adquiere valor inusitado– y explicitan dos rasgos que les preocupan del Mesías: un «jefe» (?????????\, ??????\, cf. Mt 10\,18)\, que se pensaba que iba a suplantar a Herodes\, y «pastor» (??????\, cf. 2Sam 5\,2) en acción\, que desplazaría a los dirigentes religiosos\, Su misión será reunir el pueblo para Dios.\nEl poder puso en marcha sus recursos para protegerse. Herodes se informó sobre la fecha del nacimiento y trató de utilizar clandestinamente a los magos para llegar hasta el niño\, declarando la falsa intención de rendirle homenaje. Los magos lo escucharon con intención de hacerle caso.\n4. La búsqueda de los magos.\nLa estrella brilló en el Oriente\, pero su brillo no se percibía en Jerusalén. El dato de la Escritura\, a pesar de su precisión\, no movió ni al «jefe» político ni a los «pastores» religiosos. Los magos siguieron su búsqueda después de escuchar al rey. Era costumbre en Oriente viajar de noche. Saliendo de Jerusalén\, la estrella vuelve a guiarlos hasta pararse encima de donde estaba el niño. En ese momento\, la estrella y el niño se identifican: «Ver la estrella les dio muchísima alegría»\, la que no sintieron en Jerusalén. «La casa» en la que ingresan es la comunidad donde él reina. Y\, como se acostumbraba en Israel\, la pareja real está formada por el rey y su madre (el hijo-rey\, la madre-reina). El homenaje es primero gestual: postración de rodillas; después\, es simbólico: le ofrecieron dones. Los dones explicitan el sentido del homenaje ritual como signo de acatamiento y alianza de amor (cf. Ct 3\,6-11):\n• El oro\, reconocimiento de su realeza (cf. Is 60\,1-6).\n• El incienso\, homenaje a «Dios con nosotros» (cf. Lv 2\,1-16).\n• La mirra\, metáfora del amor de alianza matrimonial (cf. Ct 1\,13; 5\,1.5).\nLo que hasta entonces había sido privilegio exclusivo de Israel\, el «pueblo santo»\, y vedado a los «profanos» paganos e «impuros» magos\, de ahora en adelante queda abierto a toda la humanidad; por muy indignos que se los juzgue\, todos los pueblos podrán rendirle homenaje a Dios en Jesús.\n5. Noticia conclusiva.\nDios interviene para liberar de un posible engaño a los que tenían reputación de embaucadores. No deben volver a Herodes. Así\, Dios manifiesta el cuidado de su amor tanto por el Mesías como por los que lo reconocen como tal.\nLa expresión «otro camino» se encuentra en 1Ry 13\,10\, en donde un hombre de Dios denuncia a un rey asesino en el santuario de Betel\, y después no acepta las dádivas del rey\, porque el Señor le había prohibido volverse «por el mismo camino» (13\,9). Es decir\, los magos reciben aviso de distanciarse de Jerusalén y del rey Herodes.\n\nEl misterio de la epifanía es la manifestación del amor universal de Dios; universal no solo en extensión\, sino también en calidad: para todos los pueblos\, y para toda clase de seres humanos. Esta noticia les resulta escandalosa a los hombres religiosos. Por eso los simples magos pudieron haber sido transformados en reyes\, para desviar la atención del estigma que pesaba sobre ellos como magos\, pero al precio de negar la universalidad del amor de Dios. Es frecuente escuchar salvedades o excepciones al amor de Dios. En teoría\, se admite que él ama a todos; pero\, en la práctica\, suelen hacerse distinciones\, o se ponen limitaciones\, o se establecen condiciones que\, a la larga\, restringen el alcance universal del amor de Dios.\nCelebrar la cena del Señor sin recordar que al banquete de bodas de su Hijo el Padre invitó a todos los excluidos de la sociedad\, a los excluidos de la humanidad y a los que se sentían indignos de ser invitados (cf. Lc 14\,21-23) para que se enmendaran y participaran de dicho banquete (cf. Lc 5\,29-32)\, es olvidar la universalidad del asombroso amor del Padre. No podemos permitirnos ese olvido\, porque oscureceríamos el misterio y suprimiríamos la misión.\n¡Feliz solemnidad de Epifanía!
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SUMMARY:Lunes después de Epifanía
DESCRIPTION:Lunes después de la Epifanía \n  \nColor blanco \n \nPrimera lectura\n \n\nLectura de la primera carta del apóstol san Juan (3\,22–4\,6):\n\n \n\nCuanto pedimos lo recibimos de Dios\, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo\, y que nos amemos unos a otros\, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios\, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio. Queridos: no os fiéis de cualquier espíritu\, sino examinad si los espíritus vienen de Dios\, pues muchos falsos profetas han salido al mundo. Podréis conocer en esto el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios: es del Anticristo. El cual habéis oído que iba a venir; pues bien\, ya está en el mundo. Vosotros\, hijos míos\, sois de Dios y lo habéis vencido. Pues el que está en vosotros es más que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan según el mundo y el mundo los escucha. Nosotros somos de Dios. Quien conoce a Dios nos escucha\, quien no es de Dios no nos escucha. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error.\n\n \n\nPalabra de Dios\n\n \nSalmo\n \n\nSal 2\,7-8.10-12a\n\nR/.Te daré en herencia las naciones\n\n \n\nVoy a proclamar el decreto del Señor;\nél me ha dicho: «Tú eres mi Hijo:\nyo te he engendrado hoy.\nPídemelo: te daré en herencia las naciones\,\nen posesión\, los confines de la tierra.» R/.\n\n \n\nY ahora\, reyes\, sed sensatos;\nescarmentad\, los que regís la tierra:\nservid al Señor con temor\,\nrendidle homenaje temblando. R/.\n\n \nEvangelio de hoy\n \n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (4\,12-17.23-25):\n\n \n\nEn aquel tiempo\, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret\, se estableció en Cafarnaún\, junto al lago\, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí\, camino del mar\, al otro lado del Jordán\, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte\, una luz les brilló.»\nEntonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos\, porque está cerca el reino de los cielos.»\nRecorría toda Galilea\, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino\, curando las enfermedades y dolencias del pueblo. Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores\, endemoniados\, lunáticos y paralíticos. Y él los curaba. Y le seguían multitudes venidas de Galilea\, Decápolis\, Jerusalén\, Judea y Trasjordania.\n\n \n\nPalabra del Señor\n\n \n\n\n\n \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\n \n\n7 de enero.\n\nO lunes después de Epifanía.\n\n \n\nComienzan los relatos de las manifestaciones (o «epifanías») de Jesús. En la tradición cristiana se conocen tres grandes epifanías: la manifestación a los magos venidos de oriente (cf. Mt 2\,1-12)\, que es la más universal; la manifestación a Juan Bautista\, y por medio de él a todo el pueblo de Israel (cf. Jn 1\,29-34); y la manifestación a sus discípulos (cf. Jn 2\,1-11). Todas tratan de mostrar a Jesús como el Enviado de Dios y comunicador del Espíritu Santo. O sea que la exhortación a la enmienda que hizo Juan no tenía la finalidad de proponer un escape a un supuesto castigo de Dios a la humanidad\, sino la de invitar a esa humanidad a quitar el obstáculo de la injusticia para que pudiera abrirse al don amoroso de Dios.\n\n \n\nNo obstante\, después de narrar el bautismo de Jesús\, los primeros relatos de los evangelistas son «epifanías» en el sentido de que manifiestan la realidad de Jesús y su propuesta.\n\n \n\n1. Primera lectura: discernimiento (1Jn 3\,22-4\,6).\n\n \n\nEl autor se refiere a tres tipos de relaciones:\n\n \n\n• La relación con Dios: centrada en el amor. «Sus mandamientos» (no los de Moisés) nos inducen a hacer lo que él más valora. Esos «mandamientos» (plural) se resumen en un único «mandamiento» (singular): la fe en su Hijo Jesús Mesías y el amor fraterno como él lo mandó. El término «mandamiento» se usa aquí en el sentido de exigencia interior de coherencia con la experiencia que uno tiene de Dios. Si la experiencia es auténtica\, esa conducta se da. Este mandamiento es uno y doble: creer en Jesús exige el amor fraterno.\n\n \n\n• La relación con los otros: la fe vivida. «El mandamiento» es\, pues\, la opción de fe por Jesús\, que implica el compromiso con su obra y la fidelidad a su mensaje. «Los mandamientos» son las formas concretas en las cuales se actualiza dicha opción en las variadas circunstancias de la vida. Guardando fidelidad a sus mandamientos se garantiza el hecho de permanecer en Dios y de que él permanezca en nosotros: por el don del Espíritu.\n\n \n\n• La relación con los «inspirados»: discernimiento. La lealtad al Jesús histórico («Jesús Mesías venido en carne») es fundamental. No hay que fiarse de todo el que diga estar inspirado por el Espíritu Santo\, porque hay falsos profetas. El criterio es confesar (con obras y palabras) la praxis histórica de Jesús (acogida a los pecadores\, liberación de los oprimidos\, apertura a los paganos). El que (con obras y palabras) desconoce esta realidad es «anticristo» (falso profeta).\n\n \n\nLa comunidad\, por la presencia en ella del Espíritu de amor\, tiene experiencia de Dios y es más fuerte que el embustero (anticristo). En cambio\, los que pertenecen al «mundo» escuchan al falso profeta porque se entienden con él\, ya que él los invita a desentenderse del necesitado.El que conoce a Dios escucha a los auténticos profetas\, los que reconocen a Jesús como «el Mesías venido en carne»\, y no hace caso de mentiras. En eso se distinguen la verdad del error\, no en cuestiones académicas\, sino en la fidelidad al Jesús del evangelio.\n\n \n\n2. Evangelio: manifestación (Mt 4\,12-17.23-25).\n\n \n\nAl detener a Juan Bautista\, el poder exhibió su talante represor y ya dejó entrever su amenaza de muerte. La exhortación a la enmienda hecha por Juan causó incomodidad en los círculos de poder no solo por el eco que ella encontró en la población descontenta y por la respuesta positiva que esa misma población le dio a su exhortación\, sino porque esa respuesta permitió ver más claro quiénes estaban a favor del cambio y quiénes en su contra (cf. Mt 3\,5-6). Esto provocó una maniobra por parte de «muchos fariseos y saduceos» (antagónicos entre sí)\, que trataron de aparentar ante el pueblo ser partidarios de la enmienda\, pero Juan los denunció como asesinos («camada de víboras»: Mt 3\,7) y les exigió demostraciones visibles de cambio («el fruto que corresponde a la enmienda»)\, sin alegar privilegios para negarse a enmendarse.\n\n \n\nJesús no se enfrentó con el poder. Se retiró y se puso lejos de su alcance\, y al mismo tiempo se dirigió a las periferias («dejó Nazaret y se estableció en Cafarnaún»)\, en donde la población judía convivía con paganos. Cafarnaún era la capital judía de Galilea\, en tanto que Tiberíades\, la residencia real\, era la capital pagana (debía su nombre al emperador Tiberio) y admitía unas costumbres inadmisibles para los judíos. Además\, por haber sido construida sobre un antiguo cementerio\, los judíos la consideraban una ciudad «impura». Cafarnaún\, en cambio\, a pesar de ser lugar de cruce de caravanas y de encuentro de diversos pueblos\, era de mayor talante judío. Situada a orillas del lago o mar de Galilea (Genesaret)\, era puerta hacia los paganos.\n\n \n\nPara los efectos de su relato\, el narrador relaciona esta región con las tierras correspondientes al antiguo reparto (cf. Jos 19\,10-16.32-39; Is 8\,23)\, preparando así la cita de Isaías que piensa hacer para declarar su cumplimiento. El pueblo de Dios habitaba en «tinieblas»\, símbolo de caos; «en tierra y sombra de muerte» equivale a cementerio. El profeta se refiere a las tierras de Israel que se anexó el imperio asirio (734-732)\, que dio fin al Reino del Norte.\n\n \n\nAhora la presencia de Jesús hace resplandecer allí la luz sobre esa población como un primer día de la creación\, pero se proyecta al «camino del mar» (de Egipto a Mesopotamia)\, es decir\, a tierras de paganos\, porque el mundo entero gime bajo la mortal opresión. Esa luz brilla con la exhortación a la enmienda ante la inminencia del reinado de Dios.\n\n \n\nAunque sus palabras son las mismas de Juan (cf. Mt 3\,2; 4\,17) tienen un diferente contenido: Juan proclamó desde el desierto para Judea; Jesús\, desde el interior de la sociedad judía para la humanidad entera. Juan refiere la enmienda a la observancia de la Ley; Jesús\, a la gracia de Dios; más que rectificar injusticias para «escapar del castigo inminente» (Mt 3\,7) se trata de abrirse al don que Dios quiere hacer de sí mismo. Juan concibe ambiguamente el reinado de Dios; Jesús\, de forma totalmente positiva. La luz o vida que él irradia restaura el pueblo y alcanza al pueblo de Siria\, más allá de la frontera\, restaurando también a los paganos. A menudo varias comunidades y muchas personas se declaran desconcertadas ante mensajes y acciones que se presentan como obra del Espíritu Santo a través de individuos que se dicen inspirados o dirigidos por él. Discernir no debe ser difícil si se tiene en cuenta lo que muestra el evangelio cómo praxis histórica de Jesús\, que es el criterio para determinar si tales obras o mensajes provienen de él. Aunque el evangelista usa un lenguaje que recurre a metáforas comunes en el antiguo testamento\, puede interpretarlas alguien familiarizado con toda la tradición bíblica\, y conocedor del género «evangelio». Pero el criterio se hace más claro para quien viva el compromiso del amor al Señor a través del amor a su semejante. Y ese amor se cultiva\, nutre y acrecienta en la celebración de la eucaristía.\n\n \n\nFeliz día.
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SUMMARY:8 de enero o martes después de Epifanía
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la primera carta del apóstol san Juan (4\,7-10): \nAmémonos unos a otros\, ya que el amor es de Dios\, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios\, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único\, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios\, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 71\,1-2.3-4ab.7-8 \nR/. Que todos los pueblos de la tierra\nse postren ante ti\, Señor \nDios mío\, confía tu juicio al rey\,\ntu justicia al hijo de reyes\,\npara que rija a tu pueblo con justicia\,\na tus humildes con rectitud. R/. \nQue los montes traigan paz\,\ny los collados justicia;\nque él defienda a los humildes del pueblo\,\nsocorra a los hijos del pobre. R/. \nQue en sus días florezca la justicia\ny la paz hasta que falte la luna;\nque domine de mar a mar\,\ndel Gran Río al confín de la tierra. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (6\,34-44): \nEn aquel tiempo\, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos\, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.\nCuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en despoblado\, y ya es muy tarde. Despídelos\, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer.»\nÉl les replicó: «Dadles vosotros de comer.»\nEllos le preguntaron: «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?»\nÉl les dijo: «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.»\nCuando lo averiguaron le dijeron: «Cinco\, y dos peces.»\nÉl les mandó que hicieran recostarse a la gente sobre la hierba en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de ciento y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces\, alzó la mirada al cielo\, pronunció la bendición\, partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron\, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\n8 de enero.\nO martes después de Epifanía.\n\nEl autor ha dicho repetidamente que el amor es el criterio fundamental para determinar quién es «hijo» de Dios\, o sea justo\, y que el odio identifica a los cometen la injusticia y\, por tanto\, son «hijos» del diablo. También ha dicho que el amor da vida y que el odio es homicidio. En esta disyuntiva aparecen también los profetas\, auténticos testigos de Dios\, y los «anticristos»\, falsos profetas que extravían a los inexpertos. El profeta auténtico está «ungido» (consagrado) por el Espíritu Santo\, es decir\, interiormente guiado por la experiencia del amor de Dios; el «anticristo» está impulsado por una falsa inspiración\, es decir\, poseído por una ideología que se resiste a reconocer que «Jesús es el Mesías venido en carne».\nPara la fe cristiana este es un asunto vital\, porque el cristiano no considera el amor como un afecto de carácter emotivo\, sino como una experiencia que le sale al paso\, que transforma su vida y su mundo de valores\, y que lo hace capaz de amar del mismo modo como se siente amado por Dios (cf. Jn 1\,6). Porque ese amor «existió por medio de Jesús Mesías» (Jn 1\,17).\n\n1. Primera lectura: discernimiento (1Jn 4\,7-10).\n«El amor viene de Dios» significa que Dios es el origen\, la fuente\, del amor. Esta afirmación es importante\, porque las ciencias humanas pueden explicar cómo se verifica el acto de amar\, pero no pueden explicar el origen mismo del amor. Y es porque el origen del amor está fuera del ser humano. El amor entre los humanos es experiencia de Dios. Por eso el autor establece tres afirmaciones:\n• Todo el que ama ha nacido de Dios\, es hijo de Dios. Esto se comprende de dos maneras: el amor da vida e imprime carácter. Es decir\, el amor que procede de Dios es comunicación o donación de Dios mismo; cuando Dios nos ama\, se nos da por medio de su Espíritu. Esta auto donación de Dios infunde su propia vida en el ser humano\, e imprime un dinamismo consecuente\, de modo que quien experimenta ese amor se comporta como Dios.\n• Todo el que ama conoce a Dios\, aunque no lo sepa. En consecuencia\, la relación de amor que se da entre los seres humanos es ya «conocimiento» experimental de Dios\, incluso si la persona es indiferente en cuestiones religiosas o de fe. El que ama está movido por el Espíritu de Dios\, y en la medida en que se abre al amor más generoso en esa medida se abre a Dios y va creciendo en el conocimiento de Dios.\n• El que no ama no tiene ni idea de Dios\, aun si alardea de saber mucho de él. El problema del «ateísmo»\, desde el punto de vista del autor\, no es cuestión ideológica\, sino vital. No amar es desconocer (no «conocer» y no querer «reconocer») al «otro» como objeto de respeto y de benevolencia\, y eso es odiarlo; y «quien odia a su hermano está en las tinieblas y camina en las tinieblas sin saber a dónde va\, porque las tinieblas le han cegado los ojos» (1Jn 1\,11).\nEl amor de Dios se manifestó en el don de sí para dar vida. Él tomó esa iniciativa «enviando al mundo a su Hijo único para tuviésemos vida». En esto consiste este amor\, no en que nosotros hubiéramos amado antes a Dios –que es lo que define la religión–\, sino en que él nos demostró su amor enviándonos a su Hijo con el fin de dar al ser humano la libertad para amar («para que expiase nuestros pecados»). El amor no es un aspecto de Dios\, lo es todo.\n\n2. Evangelio: manifestación (Mc 6\,33-44).\nEl amor cristiano no es un sentimentalismo de estilo romántico. Es algo muy concreto.\nEl ir y venir sin sentido de la gente conmueve a Jesús\, quien se pone a enseñarle. Pero sus discípulos no sintonizan con él y pretenden que Jesús se desentienda de la multitud. Él\, al contrario\, quiere que ellos se involucren y se den a la gente. Partir y compartir el pan es signo del don de sí para dar vida. Cuando hay egoísmo\, hay temor; cuando amor\, hay generosidad. Jesús tiene que vencer cierta resistencia de los discípulos («les ordenó») para dar paso al amor.\n• Lo primero es hacer «recostar» a todos: comer recostado es propio de hombres libres (los esclavos lo hacían de pie). Se trata de reconocer la común libertad que posibilita la amistad.\n• La hierba verde es símbolo de abundancia en la era del Mesías (cf. Sl 72\,16): donde ellos ven escasez\, Jesús ve abundancia. Los temores hacen imposible el ser generoso y dadivoso.\n• Los corros significan la igualdad entre los integrantes de cada grupo\, pero la gente se forma en cuadros\, como pidiendo un jefe. Se requiere la responsabilidad de cada uno para cambiar.\n• La «bendición» es una acción de gracias a Dios por sus dones\, y el compromiso de partir y compartir con los demás. Quien sabe agradecer es capaz de compartir lo suyo con los demás.\n• El resultado es la satisfacción plena de todos y la posibilidad de invitar todavía a un pueblo entero («12 cestos llenos»). La generosidad genera sobreabundancia; el miedo\, escasez.\n• Esta generosidad del amor no solo sacia\, sino que realiza al ser humano llevándolo a su madurez: «5000 hombres adultos»\, es decir\, personas aptas para el compromiso del amor.\nJesús se revela como el que puede llevar el ser humano a su plenitud personal y comunitaria. Y lo hace infundiendo su Espíritu para que nos sintamos amados por Dios y dispuestos a amar nosotros a los demás de la misma forma en que nos sentimos amados.\n\nEl amor entre nosotros es mucho más que un sentimiento\, es una actitud de entrega de uno mismo que brota de la experiencia de haber sido beneficiario de una entrega personal (sentido de la «bendición») con generosidad desbordante («hierba verde») y con propósito liberador («recostarse») para formar comunidades de iguales («corros») en las que se comparte el don de Dios para la vida («panes»\, «peces») a fin de lograr la propia plenitud y el propio desarrollo humano. Ese amor viene de Dios. El pan que partimos y compartimos en la eucaristía es memoria de la entrega por amor que Jesús hizo de sí mismo\, entrega de la cual nos invita a tomar parte por la comunión con él para hacer lo mismo en conmemoración de él.\nFeliz día.
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SUMMARY:9 de enero. O miércoles después de Epifanía
DESCRIPTION:Palabra del día \nPrimera lectura\nLectura de la primera carta del apóstol san Juan (4\,11-18): \nSi Dios nos amó de esta manera\, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amarnos unos a otros\, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él\, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios\, Dios permanece en él\, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor\, y quien permanece en el amor permanece en Dios\, y Dios en él. En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del juicio\, pues como él es\, así somos nosotros en este mundo. No hay temor en el amor\, sino que el amor perfecto expulsa el temor\, porque el temor mira el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor. \nPalabra de Dios \nSalmo\nSal 71\,1-2.10-11.12-13 \nR/.Se postrarán ante ti\, Señor\, todos los pueblos de la tierra \nDios mío\, confía tu juicio al rey\,\ntu justicia al hijo de reyes\,\npara que rija a tu pueblo con justicia\,\na tus humildes con rectitud. R/. \n\n\n\nQue los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo.\nQue los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones;\nque se postren ante él todos los reyes\,\ny que todos los pueblos le sirvan. R/. \nÉl librará al pobre que clamaba\,\nal afligido que no tenía protector;\nél se apiadará del pobre y del indigente\,\ny salvará la vida de los pobres. R/. \nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según San Marcos (6\,45-52): \nDespués que se saciaron los cinco mil hombres\, Jesús en seguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida\, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos\, se retiró al monte a orar. Llegada la noche\, la barca estaba en mitad del lago\, y Jesús\, solo\, en tierra. Viendo el trabajo con que remaban\, porque tenían viento contrario\, a eso de la madrugada\, va hacia ellos andando sobre el lago\, e hizo ademán de pasar de largo. Ellos\, viéndolo andar sobre el lago\, pensaron que era un fantasma y dieron un grito\, porque al verlo se habían sobresaltado.\nPero él les dirige en seguida la palabra y les dice: «Ánimo\, soy yo\, no tengáis miedo.»\nEntró en la barca con ellos\, y amainó el viento. Ellos estaban en el colmo del estupor\, pues no habían comprendido lo de los panes\, porque eran torpes para entender. \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n  \n9 de enero.\nO miércoles después de Epifanía.\n\nLa «epifanía» está en función de la misión. Ella consiste en la revelación del designio que por siglos permaneció oculto para la humanidad a causa de los prejuicios humanos. Ese designio parte de la manifestación del amor universal de Dios\, que abraza a todos los seres humanos y los hace destinatarios de su auto donación. Ni siquiera los israelitas escaparon al prejuicio de una divinidad excluyente\, y por eso Jesús encontró resistencias a este designio divino.\nLa celebración de la epifanía llama la atención sobre el hecho de que el amor de Dios no deja por fuera a hombre alguno. Ese es el mensaje que los discípulos de Jesús descubren tanto en la visita de los pastores como en la de los magos a Jesús recién nacido. No hay excluidos\, ni dentro del pueblo de Israel («pastores») ni fuera de él («magos»). La nueva alianza incluye en el amor de Dios a todos los seres humanos.\n\n1. Primera lectura: discernimiento (1Jn 4\,11-18).\nEl amor no produce otra reacción diferente de amor\, ni el que ama espera respuesta distinta a la reciprocidad. El amor manifestado (amor de identificación) impulsa al amor comunicado (amor de entrega). Quien se ha sentido amado por el Padre –que lo hace hijo infundiéndole su Espíritu– se siente impulsado a amar al otro para hacerlo hermano de un modo semejante a lo que hizo Jesús. Cuando afirma que «si Dios nos ha amado así\, es deber nuestro amarnos unos a otros»\, no se refiere a un deber legal\, sino a una deuda de reciprocidad.\nEl amor no es etéreo\, sino concreto; el ser humano ama lo que conoce\, e identifica el amor en sus manifestaciones. Pero en la relación del ser humano con Dios esto no es directamente posible\, ya que «a Dios nadie lo ha visto nunca» (cf. Jn 1\,18). El amor de Dios se hizo realidad «por medio de Jesús Mesías» (Jn 1\,17). Así que la condición para que el amor de Dios se haga «histórico» es que se manifieste «en carne» (cf. 1Jn 4\,2)\, o sea\, «si nos amamos mutuamente\, Dios habita en nosotros y su amor se hace realidad entre nosotros». Ese amor hace accesible a Dios y permite al hombre lograr su plena realización\, porque participar del Espíritu de Dios es hacerse hijo suyo\, lo que equivale a ser y actuar como él.\nA tal experiencia interior se suma la exterior\, la de los testigos de la vida histórica de Jesús\, conservada en la unidad en el amor de la comunidad\, que es su responsabilidad en el tiempo\, responsabilidad por la cual va a ser juzgada: ser presencia de Jesús en el mundo. Ese amor se desarrolla en plenitud eliminando el temor. La comunidad que ama no teme el juicio (cf. 1Jn 3\,19-20) porque se siente identificada con Jesús por vivir en el mismo amor\, es decir\, por la misma praxis histórica que él encarna («lo que es él\, también lo somos nosotros»).\nInsiste en que tal amor no es iniciativa de la comunidad\, sino de Dios. Pero dicho amor\, para dirigirlo a Dios\, debe pasar a través del hermano; solo así se muestra verdadero. Presumir de amor a Dios sin amor al prójimo es pura ilusión\, es mentira.\n\n2. Evangelio: manifestación (Mc 6\,45-52).\nLa exitosa repartición de los cinco panes y los dos peces corría el riesgo de ser tergiversada. Por eso Jesús alejó a sus discípulos de la multitud y los forzó a embarcarse en dirección a un país pagano (misión universal). Betsaida estaba situada en la orilla norte del lago de Genesaret y más allá del Jordán\, por fuera de los límites geográficos de Israel. Él acogió la multitud y se puso a enseñarle (cf. Mc 6\,34); la multitud recogió los excedentes\, como «hombres adultos»\, aceptando la propuesta de Jesús y disponiéndose ahora a compartirlo con el pueblo de Israel («doce cestos»). Por eso Jesús los despide\, para que sigan viviendo y compartiéndolo.\nMientras tanto\, él oraba por el éxito de este envío; ellos tenían la tentación de ver y proponer a Jesús como un caudillo de masas (cf. Mc 1\,35). Pero en el lugar de éxodo («el mar») el grupo («la barca») no estaba cómodo; había un mal espíritu que lo frenaba («viento en contra») y le dificultaba asumir la misión: ellos se resistían a desaprovechar la oportunidad de popularidad que –según ellos– Jesús estaba desperdiciando\, para dirigirse a tierras paganas. Ni les interesó la multitud antes\, ni les interesa el mundo pagano ahora; solo piensan en la gloria de Israel.\nJesús se les hizo el encontradizo en el mar. En una «epifanía» semejante a la que el Señor le concedió a Moisés («pasar»: cf. Ex 33\,22-23; 34\,6) y mostrándose como igual a Dios («andar sobre el mar»: cf. Job 9\,8; 38\,16)\, los urgió a completar el éxodo y a aceptar su condición de Hombre-Dios (cf. Mc 1\,11; 9\,7)\, pero ellos optaron por negar la realidad de los hechos para interpretarlos supersticiosamente («pensaban que era un fantasma»)\, como un mal presagio. Los gritos que ellos dan expresan miedo (cf. Mc 1\,239\, porque ellos suponen que aceptando la condición divina de Jesús renuncia a su fe en el Dios de Israel.\nJesús los exhortó a no temer\, les sugirió con palabras el mismo contenido de la visión («soy yo\, no tengan miedo»)\, ahora revelándoseles como lo hizo el Señor a Moisés («soy yo»). Solo cuando se sumó al grupo ellos se calmaron. Definitivamente\, no habían entendido que Jesús no es un Mesías de poder sino de amor\, por eso fracasaron la visión y la misión. No llegaron a tierra pagana\, sino que regresaron a territorio judío.\n\nJesús se manifiesta como quien envía a los misioneros y les da la fuerza interior para vencer sus miedos. La confianza y la alegría en la misión son «epifanía» del Señor.\nEl temor es enemigo de la misión porque:\n• Delata un vacío de amor\, y sin amor no hay autoridad para dar el testimonio cristiano de Dios y de su Hijo. Quien se siente culpable e indigno ante Dios se incapacita para la misión.\n• Cuando el temor parte de la suposición del rechazo por parte del destinatario de la buena noticia\, hay un prejuicio («viento contrario») en su contra\, y ese prejuicio bloquea al enviado.\n• Manifiesta inseguridad. Como estableció C. G. Jung (1875-1961)\, «somos agresivos porque nos sentimos inseguros». El temor es raíz de fanatismo\, y no permite ni favorece la misión.\nEl amor expulsa el temor e impulsa la misión porque:\n• El amor recibido se manifiesta como amor entregado\, y eso es la misión.\n• El amor se dirige al otro para hacer de él un hermano\, y a eso tiende la misión.\n• El amor abre espacios de simpatía para la acogida y el diálogo\, y favorece la misión.\nEn la eucaristía celebramos el amor que se nos manifestó en Jesús\, que nos amó primero y que nos enseña a tomar la iniciativa de amar como fuimos amados. Lo acogemos diciéndole «amén»\, nos comprometemos a ser en el mundo presencia («cuerpo») de Jesús.\nFeliz día.
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SUMMARY:10 de enero. O jueves después de Epifanía
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la primera carta del apóstol san Juan (4\,19–5\,4): \nNosotros amamos a Dios\, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Amo a Dios»\, y aborrece a su hermano\, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano\, a quien ve\, no puede amar a Dios\, a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: Quien ama a Dios\, ame también a su hermano. Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Dios que da el ser ama también al que ha nacido de él\, En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues en esto consiste el amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no\, son pesados\, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 71\,1-2.14.15bc.17 \nR/. Se postrarán ante ti\, Señor\, todos los pueblos de la tierra \nDios mío\, confía tu juicio al rey\,\ntu justicia al hijo de reyes\,\npara que rija a tu pueblo con justicia\,\na tus humildes con rectitud. R/. \nÉl rescatará sus vidas de la violencia\,\nsu sangre será preciosa a sus ojos.\nQue recen por él continuamente\ny lo bendigan todo el día. R/. \nQue su nombre sea eterno\,\ny su fama dure como el sol;\nque él sea la bendición de todos los pueblos\,\ny lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según San Lucas (4\,14-22a): \nEn aquel tiempo\, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas\, y todos lo alababan. Fue a Nazaret\, donde se había criado\, entró en la sinagoga como era su costumbre los sábados\, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y\, desenrollándolo\, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí\, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres\, para anunciar a los cautivos la libertad\, y a los ciegos\, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.» Y\, enrollando el libro\, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él.\nY él se puso a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.» Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\n10 de enero.\nO jueves después de Epifanía.\n\nEl «mundo» con el cual rompe Jesús comienza en la sinagoga en donde no hay sintonía con el designio de Dios. De él se esperaba fidelidad a la tradición\, pero él subordinó esa tradición al amor universal de Dios. Ese «mundo» se extiende a la sociedad entera en cuanto está basada en criterios egoístas y no da cabida al amor ni en las variadas expresiones de la cultura\, ni en las instituciones sociales. Y\, en particular\, se afirma de modo escandaloso cuando se presenta bajo la forma de fanatismo religioso\, que practica el mal recurriendo al nombre de Dios.\n\n1. Primera lectura: discernimiento (1Jn 4\,19-5\,4).\nEl ser humano puede amar si antes ha sido amado. Para amar como Dios\, es preciso primero haber experimentado su amor\, experiencia que se tiene cuando –después de haberle dado fe a Jesús– se recibe el don del Espíritu Santo; y la autenticidad de esa experiencia se define en la calidad del amor al hermano\, porque esta es la única forma de corresponder al amor divino. Es decir\, el amor de Dios no confina al ser humano en una relación cerrada\, sino que lo abre a la relación con sus semejantes. El amor de Dios se muestra verdadero cuando el amor a él se traduce en entrega de sí mismo al «hermano». La «verdad» del amor de Dios está en juego en la realidad del amor a los semejantes. Sin este amor\, el amor a Dios es mentira\, ya que se basa en una ilusión: «no ama a su hermano a quien esta viendo\, a Dios\, a quien no ve\, no lo puede amar». Por eso Jesús planteó esa exigencia\, que es el apremio interior que brota de la experiencia del Espíritu (cf. Jn 13\,34-35). Más que mandato\, es impulso interior irreprimible.\nLa adhesión a Jesús como Ungido o Enviado de Dios hace hijo de Dios al creyente porque este recibe el Espíritu\, que le infunde nueva vida\, y él lo lleva a amar a los otros hijos de Dios. La autenticidad del amor a los hijos de Dios se determina en el hecho de aceptar las exigencias del amor de Dios\, las cuales no son imposiciones exteriores\, sino reclamos interiores ante las urgencias de justicia que tienen las personas\, urgencias que son atendidas teniendo en cuenta las notas propias del amor de Dios (universalidad\, gratuidad\, fidelidad). Esto no es difícil si se rompe de veras con los valores del mundo por coherencia con la adhesión de fe a Jesús. En eso consiste la victoria sobre el mundo: en romper con él\, en «salirse» de él (nuevo éxodo): «Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. No amar es quedarse en la muerte…» (cf. 1Jn 3\,13).\n\n2. Evangelio: manifestación (Lc 4\,14-22a).\nEsta «epifanía» de Jesús manifiesta de forma gozosa\, franca y valiente el designio eterno del Dios a quien Israel llamaba «el Señor» desde la salida de Egipto.\nLo que impulsa a Jesús es «la fuerza del Espíritu»\, es decir\, el irresistible amor del Padre\, que desde joven era su prioridad indiscutible (cf. Lc 2\,49) y que le había sido ratificado después de su bautismo (cf. Lc 3\,22); amor que él puso por encima de todo interés personal\, porque su decisión es realizar en la tierra el designio del Padre (cf. Lc 4\,1-12).\nLa manifestación que tiene lugar consiste en afirmar que el Padre cumple la promesa de vida y libertad que hizo a Abraham en términos de «descendencia» y «tierra». Inicialmente\, todos reaccionaron con desconcierto a sus propuestas (cf. Lc 2\,47)\, pero\, en términos generales\, la opinión pública le era favorable (cf. Lc 2\,52; 4\,15). Así que su presencia en la sinagoga de la población en la que creció generó expectativas. A todos les pareció bien que hiciera la lectura y dirigiera la exhortación correspondiente. Él escogió el texto de Is 61\,1-2\, que se consideraba anuncio mesiánico de «el Profeta»\, anunciado por Moisés (cf. Dt 18\,15-19).\nSin embargo\, Jesús no leyó el texto tal como estaba escrito. Evitó mencionar los «corazones desgarrados» (Is 61\,1c)\, que eran los castigados por haber abandonado al Señor (cf. Is 65\,14)\, e insertó en su lugar la misión de «poner en libertad a los oprimidos» (cf. Is 58\,6d)\, en abierta oposición al culto ritual (cf. Is 58\,6abc) y suprimió el anuncio del «día del desquite de nuestro Dios» (Is 61\,2b)\, evidente amenaza contra los paganos. O sea\, nada de venganza del Señor\, ni contra los impíos de dentro\, ni contra los paganos de fuera; pero sí el mayor énfasis posible en la liberación humana. Jesús se presenta como epifanía del Señor (Dios de Israel)\, y excluye del todo los rasgos de venganza y rencor con los que ellos se lo representaban.\nEl Mesías no es solo liberador de los judíos sino de todos los oprimidos: la nueva sociedad (profetizada como «el año de gracia del Señor») es incluyente. Esa era la promesa de Dios\, y Jesús anuncia su cumplimiento. Para todos es una gracia\, no hay oráculo de desgracia. Y este distanciamiento de la larga tradición sinagogal causa extrañeza y le trae la reprobación general. Pero él está animado por el Espíritu Santo\, y –como ninguno en la sinagoga– conoce bien al Padre (cf. Lc 10\,24). No le preocupa perder su aceptación social con tal de dar testimonio del Dios verdadero. Para él\, lo primero son los asuntos de su Padre (cf. Lc 2\,49).\n\nEl amor de Dios solo se le hace posible al que le da su adhesión sincera a Jesús. Esa adhesión permite «vencer» el mundo (cf. 1Jn 5\,5)\, es decir\, superar el apego a los valores egoístas que producen «el pecado del mundo» (cf. Jn 1\,29)\, y «nacer de Dios» (cf. 1Jn 4\,7; 5\,1) por el don del Espíritu Santo (cf. Jn 3\,5-6). La victoria sobre el mundo tiene algo de paradójico: cuando el mundo cierra el cerco sobre los discípulos de Jesús y los aprieta hasta asfixiarlos\, parecería que el mundo vence\, pero es entonces cuando confirma su fracaso\, porque\, así como Jesús venció el mundo\, así también lo vencen los suyos: resucitando (cf. Jn 16\,33).\nLa experiencia del amor de Dios conduce al seguidor de Jesús por un camino que no transita la mayoría\, porque la mayoría sigue el «espíritu del mundo»\, tiene espiritualidad mundana. La espiritualidad mundana ha sido denunciada repetidamente\, y en muchos círculos eclesiásticos esta denuncia no ha sido recibida con simpatía. Esa reacción es antigua. Ya se produjo contra Jesús en la sinagoga\, y no es de extrañar que se produzca contra los suyos en alguna iglesia.\nLos peores fanatismos son los que pretenden justificarse invocando el nombre de Dios\, o su palabra\, o la «recta doctrina» o las «sanas costumbres»\, porque nada es tan perverso como el hecho de legitimar el atropello al ser humano apelando a una supuesta autoridad divina.\nLos que celebramos la eucaristía tenemos el desafío de la coherencia con el amor de Dios tal como él es\, como se manifiesta en la cruz de Jesús: en fidelidad al Padre y con feroz rechazo por parte del mundo.\nFeliz día.
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SUMMARY:11 de enero. O viernes después de Epifanía
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la primera carta del apóstol san Juan (5\,5-13): \n¿Quién es el que vence al mundo\, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Éste es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No sólo con agua\, sino con agua y con sangre; y el Espíritu es quien da testimonio\, porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los testigos: el Espíritu\, el agua y la sangre\, y los tres están de acuerdo. Si aceptamos el testimonio humano\, más fuerza tiene el testimonio de Dios. Éste es el testimonio de Dios\, un testimonio acerca de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios tiene dentro el testimonio. Quien no cree a Dios le hace mentiroso\, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y éste es el testimonio: Dios nos ha dado vida eterna\, y esta vida está en su Hijo. Quien tiene al Hijo tiene la vida\, quien no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Os he escrito estas cosas a los que creéis en el nombre del Hijo de Dios\, para que os deis cuenta de que tenéis vida eterna. \nPalabra de Dios \nSalmo\nSal 147\,12-13.14-15.19-20 \nR/.Glorifica al Señor\, Jerusalén \nGlorifica al Señor\, Jerusalén;\nalaba a tu Dios\, Sión:\nque ha reforzado los cerrojos de tus puertas\,\ny ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/. \nHa puesto paz en tus fronteras\,\nte sacia con flor de harina.\nÉl envía su mensaje a la tierra\,\ny su palabra corre veloz. R/. \nAnuncia su palabra a Jacob\,\nsus decretos y mandatos a Israel;\ncon ninguna nación obró así\,\nni les dio a conocer sus mandatos. R/. \nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (5\,12-16): \nUna vez\, estando Jesús en un pueblo\, se presentó un hombre lleno de lepra; al ver a Jesús cayó rostro a tierra y le suplicó: «Señor\, si quieres puedes limpiarme.»\nY Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero\, queda limpio.» Y en seguida le dejó la lepra.\nJesús le recomendó que no lo dijera a nadie\, y añadió: «Ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés para que les conste.»\nSe hablaba de él cada vez más\, y acudía mucha gente a oírle y a que los curara de sus enfermedades. Pero él solía retirarse a despoblado para orar. \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto \n12 de enero. O sábado después de Epifanía.  \nJesús es «epifanía» del señorío divino sobre la historia. Con él se manifiesta una nueva época\, y acogerlo implica aprender a aceptar ese cambio de época\, a dejar con tranquilidad la época anterior y a abrirse al futuro ignoto con absoluta confianza en el amor y en la providencia de Dios. Lo que nos relaciona con Dios no es un contrato de cláusulas innegociables\, sino una alianza de amor que nos permite esperar siempre y únicamente la luz que procede de él (cf. 1Jn 1\,5). El surgimiento del hombre nuevo\, el hombre-espíritu\, aunque implica mengua del hombre viejo\, el hombre-carne\, no entraña merma alguna de lo humano; por el contrario\, en Jesús alcanza el ser humano la cima de su humanidad\, y en él halla la gloria de la divinidad \n1. Primera lectura: discernimiento (1Jn 5\,14-21). \nEl objetivo de este escrito es certificarles a sus destinatarios –los seguidores de Jesús como Hijo de Dios– que tienen la plenitud de la vida\, «vida eterna» (cf. 1Jn 5\,13\, omitido). Tenerla es ser hijo de Dios\, conocerlo\, y\, por tanto\, ser objeto de su amor (cf. 1Jn 4\,7). La presencia del Hijo en la historia es manifestación («epifanía») del amor de Dios (cf. 1Jn 4\,8). \nEsta manifestación («epifanía») infunde\, ante todo\, una doble «seguridad» en la relación con Dios: primera\, la conformidad con su designio de amor nos garantiza su escucha benevolente cuando le pedimos algo relacionado con el cumplimiento de ese designio; segunda\, la certeza de ser escuchados nos permite contar con lo que pedimos incluso desde antes de que se haya realizado (cf. Jn 2\,3-5). La «hora» de Jesús es la de su muerte\, es decir\, la de la manifestación («epifanía») de la gloria del Hijo del Hombre (cf. Jn 12\,23)\, que es la misma gloria de su Padre (cf. Jn 1\,14; 12\,27-28): su amor inmenso por la humanidad (cf. Jn 19\,30). \n\nEse designio de amor abraza al pecador y suscita la oración confiada con intención de salvarlo («le dará vida»). Obviamente\, esta intención cuenta con que el pecador desee la salvación\, ya que\, cuando se rehúsa a recibir la vida (el amor de Dios\, su Espíritu)\, es él mismo el que no permite la acción salvadora de Dios. «Toda injusticia es pecado»\, pero no todo pecado lleva a la obstinación y al rechazo de la vida («salvación»). Cuando se da esta obstinación\, el pecado «acarrea la muerte». Hay injusticias que\, una vez reconocidas y rectificadas\, son perdonadas. El hijo de Dios sabe que la oración por le pecador puede llevarlo a la enmienda de su vida.La experiencia de ese amor manifestado se traduce en un «saber» comprobado:\n\n• Jesús\, el nacido de Dios\, preserva de todo pecado a los que viven como él\, nacidos de Dios. El Malo\, personificación de los valores del «mundo»\, no puede hacer presa de él. La defensa del que «nació de Dios» consiste en mantenerlo como «hijo» por el don del Espíritu. \n• El cristiano tiene conciencia y experiencia de pertenecerle a Dios\, en tanto que el «mundo entero» (no una parte del mismo) está bajo el dominio del Malo. «Quien no practica la justicia\, o sea\, quien no ama a su hermano\, no es de Dios» (cf. 1Jn 10). \n• Jesús\, el Hijo de Dios\, permite conocer por experiencia al verdadero Dios y a permanecer en él por la fidelidad a su Hijo\, Jesús Mesías. No hay más Dios que el que se revela en Jesús. Él es la verdadera «epifanía» de Dios. Los demás son ídolos. \n2. Evangelio: manifestación (Jn 3\,22-30). \nJesús avala la ruptura con la sociedad injusta propuesta por Juan el Bautista. Por eso también sus discípulos bautizan (cf. Jn 4\,2)\, y en tanto que Juan ha debido mudarse a Enón a causa de la persecución que ya comenzó en su contra\, Jesús y los suyos ganan adeptos en número mayor y creciente (cf. Jn 4\,1). Aunque Juan se presentó como precursor del Mesías\, sus discípulos\, sin haber hecho la debida ruptura con la institución judía (la polémica sobre ritos de purificación)\, ahora pretenden establecer conflicto entre Juan y Jesús. Sienten celos por su maestro\, no han comprendido o no quieren aceptar su papel de precursor. Juan reacciona aclarando la diferencia entre él\, como precursor\, y Jesús como Mesías: \n• Cada uno tiene un don concedido por Dios\, y nadie puede usurpar un don distinto del propio. Él ha declarado no ser el Mesías sino su precursor\, y de eso ellos son testigos. Esa declaración suya concretó el testimonio atribuido a él (cf. Jn 1\,6-7)\, cuya finalidad era justamente que «todos llegasen a creer» en la luz. Así que su declaración ha sido pública\, y no solo les consta a sus discípulos y a las autoridades\, sino al pueblo entero. \n• El que viene a pactar la alianza de amor (el Mesías-esposo) tiene todo el derecho a que el pueblo lo siga. Juan se declara preparador de la boda-alianza («el amigo del esposo») y manifiesta su alegría ocupando su puesto («a su lado») y escuchando su voz\, alusión a Jr 30\,10-11: «todavía se escucharán la voz alegre y la voz gozosa\, la voz del esposo y la voz de la esposa»\, señal de la restauración\, señal de la nueva alianza. De allí su alegría. \nLa expresión final de Juan\, que tiene como trasfondo Gn 1\,28: el precursor declara la suerte de las dos alianzas: la antigua\, representada por él\, por ser provisional y preparatoria\, tiene que ir desapareciendo\, como el sol en el ocaso; la nueva\, representada por Jesús\, porque es definitiva\, goza de la bendición de Dios\, y su futuro es crecer y multiplicarse\, fecundidad propia de la alianza del Mesías-esposo. Esa bendición incluye la vida física pero no se limita a ella; por eso\, la progenie prolífica y la longevidad no cumplen la promesa; ahora debe crecer la esperanza de la vida eterna\, que es la que se colma en la nueva alianza\, por las «bodas» de Jesús\, ya que él infunde el Espíritu Santo y garantiza al ser humano la plenitud de la vida. El designio de Dios se realiza en «la alianza nueva y eterna»\, en «las bodas del Cordero». Pero la alianza antigua se resiste a dejarle libre el paso\, no por sí misma\, sino porque hay quienes no admiten su papel transitorio y se empeñan en mantenerla vigente. Por ese empeño\, las certezas del cristiano no se concretan en las vivencias que podrían transformar este «mundo» en reino de Dios. Por eso se siguen adorando ídolos\, con el agravante de llamar a algunos de ellos con los nombres del Dios de los cristianos. Faltan amigos del esposo\, que se alegren oyendo su voz y se decidan a menguar como hombres viejos para que él crezca en ellos y los haga hombres nuevos.Celebrando la eucaristía podemos escuchar su voz y vivir en la alegría de «la alianza nueva y eterna». \nFeliz día.
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SUMMARY:12 de enero. O sábado después de Epifanía
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la primera carta del apóstol san Juan (5\,14-21): \nEn esto está la confianza que tenemos en él: en que si le pedimos algo según su voluntad\, nos escucha. Y si sabemos que nos escucha en lo que le pedimos\, sabemos que tenemos conseguido lo que le hayamos pedido. Si alguno ve que su hermano comete un pecado que no es de muerte\, pida y Dios le dará vida -a los que cometan pecados que no son de muerte\, pues hay un pecado que es de muerte\, por el cual no digo que pida-. Toda injusticia es pecado\, pero hay pecado que no es de muerte. Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca\, sino que el Engendrado de Dios lo guarda\, y el Maligno no llega a tocarle. Sabemos que somos de Dios\, y que el mundo entero yace en poder del Maligno. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al Verdadero. Nosotros estamos en el Verdadero\, en su Hijo Jesucristo. Este es el Dios verdadero y la vida eterna. Hijos míos\, guardaos de los ídolos. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 149\,1-2.3-4.5-6a.9b \nR/. El Señor ama a su pueblo \nCantad al Señor un cántico nuevo\,\nresuene su alabanza en la asamblea de los fieles;\nque se alegre Israel por su Creador\,\nlos hijos de Sión por su Rey. R/. \nAlabad su nombre con danzas\,\ncantadle con tambores y cítaras;\nporque el Señor ama a su pueblo\ny adorna con la victoria a los humildes. R/. \nQue los fieles festejen su gloria\ny canten jubilosos en filas\,\ncon vítores a Dios en la boca;\nes un honor para todos sus fieles. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Juan (3\,22-30): \nEn aquel tiempo\, fue Jesús con sus discípulos a Judea\, se quedó allí con ellos y bautizaba. También Juan estaba bautizando en Enón\, cerca de Salín\, porque había allí agua abundante; la gente acudía y se bautizaba. A Juan todavía no le habían metido en la cárcel.\nSe originó entonces una discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación; ellos fueron a Juan y le dijeron: «Oye\, rabí\, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán\, de quien tú has dado testimonio\, ése está bautizando\, y todo el mundo acude a él.»\nContestó Juan: «Nadie puede tomarse algo para sí\, si no se lo dan desde el cielo. Vosotros mismos sois testigos de que yo dije: “Yo no soy el Mesías\, sino que me han enviado delante de él.” El que lleva a la esposa es el esposo; en cambio\, el amigo del esposo\, que asiste y lo oye\, se alegra con la voz del esposo; pues esta alegría mía está colmada. Él tiene que crecer\, y yo tengo que menguar.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\n12 de enero.\nO sábado después de Epifanía.\n\nJesús es «epifanía» del señorío divino sobre la historia. Con él se manifiesta una nueva época\, y acogerlo implica aprender a aceptar ese cambio de época\, a dejar con tranquilidad la época anterior y a abrirse al futuro ignoto con absoluta confianza en el amor y en la providencia de Dios. Lo que nos relaciona con Dios no es un contrato de cláusulas innegociables\, sino una alianza de amor que nos permite esperar siempre y únicamente la luz que procede de él (cf. 1Jn 1\,5). El surgimiento del hombre nuevo\, el hombre-espíritu\, aunque implica mengua del hombre viejo\, el hombre-carne\, no entraña merma alguna de lo humano; por el contrario\, en Jesús alcanza el ser humano la cima de su humanidad\, y en él halla la gloria de la divinidad\n\n1. Primera lectura: discernimiento (1Jn 5\,14-21).\nEl objetivo de este escrito es certificarles a sus destinatarios –los seguidores de Jesús como Hijo de Dios– que tienen la plenitud de la vida\, «vida eterna» (cf. 1Jn 5\,13\, omitido). Tenerla es ser hijo de Dios\, conocerlo\, y\, por tanto\, ser objeto de su amor (cf. 1Jn 4\,7). La presencia del Hijo en la historia es manifestación («epifanía») del amor de Dios (cf. 1Jn 4\,8).\n\nEsta manifestación («epifanía») infunde\, ante todo\, una doble «seguridad» en la relación con Dios: primera\, la conformidad con su designio de amor nos garantiza su escucha benevolente cuando le pedimos algo relacionado con el cumplimiento de ese designio; segunda\, la certeza de ser escuchados nos permite contar con lo que pedimos incluso desde antes de que se haya realizado (cf. Jn 2\,3-5). La «hora» de Jesús es la de su muerte\, es decir\, la de la manifestación («epifanía») de la gloria del Hijo del Hombre (cf. Jn 12\,23)\, que es la misma gloria de su Padre (cf. Jn 1\,14; 12\,27-28): su amor inmenso por la humanidad (cf. Jn 19\,30).\n\nEse designio de amor abraza al pecador y suscita la oración confiada con intención de salvarlo («le dará vida»). Obviamente\, esta intención cuenta con que el pecador desee la salvación\, ya que\, cuando se rehúsa a recibir la vida (el amor de Dios\, su Espíritu)\, es él mismo el que no permite la acción salvadora de Dios. «Toda injusticia es pecado»\, pero no todo pecado lleva a la obstinación y al rechazo de la vida («salvación»). Cuando se da esta obstinación\, el pecado «acarrea la muerte». Hay injusticias que\, una vez reconocidas y rectificadas\, son perdonadas. El hijo de Dios sabe que la oración por le pecador puede llevarlo a la enmienda de su vida.\nLa experiencia de ese amor manifestado se traduce en un «saber» comprobado:\n\n• Jesús\, el nacido de Dios\, preserva de todo pecado a los que viven como él\, nacidos de Dios. El Malo\, personificación de los valores del «mundo»\, no puede hacer presa de él. La defensa del que «nació de Dios» consiste en mantenerlo como «hijo» por el don del Espíritu.\n• El cristiano tiene conciencia y experiencia de pertenecerle a Dios\, en tanto que el «mundo entero» (no una parte del mismo) está bajo el dominio del Malo. «Quien no practica la justicia\, o sea\, quien no ama a su hermano\, no es de Dios» (cf. 1Jn 10).\n• Jesús\, el Hijo de Dios\, permite conocer por experiencia al verdadero Dios y a permanecer en él por la fidelidad a su Hijo\, Jesús Mesías. No hay más Dios que el que se revela en Jesús. Él es la verdadera «epifanía» de Dios. Los demás son ídolos.\n\n2. Evangelio: manifestación (Jn 3\,22-30).\nJesús avala la ruptura con la sociedad injusta propuesta por Juan el Bautista. Por eso también sus discípulos bautizan (cf. Jn 4\,2)\, y en tanto que Juan ha debido mudarse a Enón a causa de la persecución que ya comenzó en su contra\, Jesús y los suyos ganan adeptos en número mayor y creciente (cf. Jn 4\,1). Aunque Juan se presentó como precursor del Mesías\, sus discípulos\, sin haber hecho la debida ruptura con la institución judía (la polémica sobre ritos de purificación)\, ahora pretenden establecer conflicto entre Juan y Jesús. Sienten celos por su maestro\, no han comprendido o no quieren aceptar su papel de precursor. Juan reacciona aclarando la diferencia entre él\, como precursor\, y Jesús como Mesías:\n\n• Cada uno tiene un don concedido por Dios\, y nadie puede usurpar un don distinto del propio. Él ha declarado no ser el Mesías sino su precursor\, y de eso ellos son testigos. Esa declaración suya concretó el testimonio atribuido a él (cf. Jn 1\,6-7)\, cuya finalidad era justamente que «todos llegasen a creer» en la luz. Así que su declaración ha sido pública\, y no solo les consta a sus discípulos y a las autoridades\, sino al pueblo entero.\n• El que viene a pactar la alianza de amor (el Mesías-esposo) tiene todo el derecho a que el pueblo lo siga. Juan se declara preparador de la boda-alianza («el amigo del esposo») y manifiesta su alegría ocupando su puesto («a su lado») y escuchando su voz\, alusión a Jr 30\,10-11: «todavía se escucharán la voz alegre y la voz gozosa\, la voz del esposo y la voz de la esposa»\, señal de la restauración\, señal de la nueva alianza. De allí su alegría.\nLa expresión final de Juan\, que tiene como trasfondo Gn 1\,28: el precursor declara la suerte de las dos alianzas: la antigua\, representada por él\, por ser provisional y preparatoria\, tiene que ir desapareciendo\, como el sol en el ocaso; la nueva\, representada por Jesús\, porque es definitiva\, goza de la bendición de Dios\, y su futuro es crecer y multiplicarse\, fecundidad propia de la alianza del Mesías-esposo. Esa bendición incluye la vida física pero no se limita a ella; por eso\, la progenie prolífica y la longevidad no cumplen la promesa; ahora debe crecer la esperanza de la vida eterna\, que es la que se colma en la nueva alianza\, por las «bodas» de Jesús\, ya que él infunde el Espíritu Santo y garantiza al ser humano la plenitud de la vida.\n\nEl designio de Dios se realiza en «la alianza nueva y eterna»\, en «las bodas del Cordero». Pero la alianza antigua se resiste a dejarle libre el paso\, no por sí misma\, sino porque hay quienes no admiten su papel transitorio y se empeñan en mantenerla vigente. Por ese empeño\, las certezas del cristiano no se concretan en las vivencias que podrían transformar este «mundo» en reino de Dios. Por eso se siguen adorando ídolos\, con el agravante de llamar a algunos de ellos con los nombres del Dios de los cristianos. 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SUMMARY:Fiesta del Bautismo del Señor. Ciclo C
DESCRIPTION:Fiesta del Bautismo del Señor. Ciclo C \n \n\nColor blanco\n\n \n\nLa Palabra del día\n\n \nPrimera lectura\n \n\nLectura del libro del profeta Isaías (42\,1-4.6-7):\n\n \n\nMirad a mi Siervo\,\na quien sostengo;\nmi elegido\, en quien me complazco.\nHe puesto mi espíritu sobre él\,\nmanifestará la justicia a las naciones.\nNo gritará\, no clamará\,\nno voceará por las calles.\nLa caña cascada no la quebrará\,\nla mecha vacilante no la apagará.\nManifestará la justicia con verdad.\nNo vacilará ni se quebrará\,\nhasta implantar la justicia en el país.\nEn su ley esperan las islas.\n«Yo\, el Señor\,\nte he llamado en mi justicia\,\nte cogí de la mano\, te formé\ne hice de ti alianza de un pueblo\ny luz de las naciones\,\npara que abras los ojos de los ciegos\,\nsaques a los cautivos de la cárcel\,\nde la prisión a los que habitan en tinieblas».\nPalabra de Dios\n\n \nSalmo\n \n\nSal 28\n\nR/.El Señor bendice a su pueblo con la paz\n\n \n\nV/. Hijos de Dios\, aclamad al Señor\,\naclamad la gloria del nombre del Señor\,\npostraos ante el Señor en el atrio sagrado. R/.\n\n \n\nV/. La voz del Señor sobre las aguas\,\nel Señor sobre las aguas torrenciales.\nLa voz del Señor es potente\,\nla voz del Señor es magnífica. R/.\n\n \n\nV/. El Dios de la gloria ha tronado.\nEn su templo un grito unánime: «¡Gloria!»\nEl Señor se sienta sobre las aguas del diluvio\,\nel Señor se sienta como rey eterno. R/.\n\n \nSegunda lectura\n \n\nLectura del libro de los Hechos de los apóstoles (10\,34-38):\n\n \n\nEn aquellos días\, Pedro tomó la palabra y dijo:\n«Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas\, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia\, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel\, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo\, el Señor de todos.\nVosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea\, comenzando por Galilea\, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret\, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo\, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo\, porque Dios estaba con él».\n\n \n\nPalabra de Dios\n\n \nEvangelio de hoy\n \n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (3\,15-16.21-22):\n\n \n\nEN aquel tiempo\, el pueblo estaba expectante\, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías\, Juan les respondió dirigiéndose a todos:\n«Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo\, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego».\nY sucedió que\, cuando todo el pueblo era bautizado\, también Jesús fue bautizado; y\, mientras oraba\, se abrieron los cielos\, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo:\n«Tú eres mi Hijo\, el amado; en ti me complazco».\n\n \n\nPalabra del Señor\n\n\n\n \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\n \n\nFiesta del Bautismo del Señor. Ciclo C.\n\n \n\nEl término «bautismo» admite una gran cantidad de matices en su significación\, aunque a simple vista no lo parezca. Ante todo\, se trata de un rito de muerte que se usaba desde antes de Juan\, el precursor del Señor; tanto en el ámbito civil como en el religioso\, implicaba una ruptura radical\, definitiva como la muerte. Así se usaba para expresar el paso de la condición de esclavo a hombre libre\, o de pagano a «prosélito»\, o sea\, simpatizante de la religión judía.\n\n \n\nLc 3\,15-16.21-22.\n\n \n\nEn relación con Juan\, hay tres conceptos de bautismo\, y en relación con Jesús hay tres alcances del bautismo. Todo depende de la manera de entender a Dios y su vinculación con el ser humano.\n\n \n\n1. El bautismo en relación con Juan.La impresión de la población en general\, la conciencia que Juan tenía de su misión\, y la manera como él entendía la misión del Mesías ofrecen tres perspectivas diferentes sobre el bautismo:\n\n \n\n1.1. La concepción popular.\n\n \n\nSegún «el pueblo»\, el bautismo de Juan Bautista era una exigencia de enmienda para que todos acataran la Ley de Moisés. El «pueblo» entendía al Mesías como reformador de las instituciones para que estas cumplieran su objetivo y así Israel pudiera reinar sobre el mundo. Aunque Juan se situó por fuera de la institución religiosa –«en el desierto»–\, sus oyentes lo encasillaron en ella.\n\n \n\n1.2. La conciencia de Juan.\n\n \n\nJuan explicó que su bautismo era provisional\, porque tenía un carácter preparatorio. Su bautismo «en agua»\, lavaba exteriormente las consecuencias de la injusticia\, pero no suprimía la raíz de la misma. Él preparaba el pueblo para una alianza de amor. El Mesías será «el novio» (Lc 5\,34s)\, y ocupará el puesto de Dios en esa alianza. Y Juan no le disputará ese derecho.\n\n \n\n1.3. El Mesías\, según Juan.\n\n \n\nLos mismos que Juan ha bautizado «en agua» tendrán que ser bautizados por el Mesías. Y Juan anuncia que el bautismo del Mesías será doble: «en Espíritu Santo»\, es decir\, en el amor de Dios\, para los que acepten el llamado a la enmienda y produzcan fruto; «en fuego»\, es decir\, un juicio de destrucción total\, para los que no acepten ese llamado y no produzcan frutos de enmienda.\n\n \n\n2. El bautismo en relación con Jesús.\n\n \n\nEl evangelista distingue entre el bautismo general y el de Jesús. Y nosotros todavía tenemos que distinguir el bautismo de Jesús del bautismo de sus seguidores.\n\n \n\n2.1. El bautismo del «pueblo».\n\n \n\nComo Lucas lo presenta\, el bautismo del pueblo tiene un carácter masivo («el pueblo entero») y motivado por la búsqueda de fidelidad a la Ley de Moisés con el fin de «escapar del inminente castigo» (Lc 3\,7). La expresión\, «el pueblo entero» no incluye a los dirigentes\, que rehusaron el bautismo de Juan y su exhortación a la enmienda de vida (cf. Lc 7\,29-30).\n\n \n\n2.2. El bautismo de Jesús.\n\n \n\nLucas reporta por aparte el bautismo de Jesús («su bautismo»)\, ni siquiera dice que fue bautizado por Juan; de hecho\, sitúa el bautismo de Jesús después del encarcelamiento de Juan (cf. Lc 3\,20). Jesús ora después de que se bautiza\, no antes\, porque su bautismo tiene otro sentido: él viene a «bautizar en Espíritu Santo»\, que es el fuego del amor universal del Padre (cf. Lc 12\,49; Hch 2\,3-4)\, no un juicio de aniquilación (cf. Lc 3\,16)\, corrigiendo así a Juan (cf. Hch 1\,4-5); sin embargo\, ese bautismo en Espíritu Santo va a provocar en su contra una persecución a muerte («tengo que ser sumergido por las aguas»)\, es decir\, un «bautismo en agua» para aniquilarlo (cf. Lc 12\,50).\n\n \n\nEl bautismo de Jesús en agua significa que él aceptó la muerte que iba a padecer por el hecho de bautizar «en el Espíritu Santo». Y su oración posterior indica que él pidió la fuerza divina para cumplir esa misión. La respuesta a esa oración fue inmediata\, «mientras oraba»:\n\n \n\nEn primer lugar\, «se abrió el cielo»\, es decir\, se restableció la comunicación entre los hombres y Dios\, comunicación que estaba rota porque el pueblo se hizo cómplice de los que asesinaron a los profetas\, los portavoces de Dios (cf. Lc 3\,19s; 11\,47-51; 13\,34). Pero ya no se volverá a cerrar.\n\n \n\nEn segundo lugar\, «bajó sobre él el Espíritu Santo de manera sensible\, como paloma». El Espíritu Santo –en su totalidad (doble artículo en griego) y excelencia («Santo»)–\, procedente del «cielo» abierto («bajó»)\, expresa una relación diferente entre Dios y Jesús\, no como la inspiración de los profetas antiguos\, ya que en él se manifiesta de manera palpable («sensible») y es comprobable en la forma como descendió\, «como paloma». Entre los hebreos se consideraba que la paloma\, al bajar sobre su nido\, mostraba complacencia en hacerlo; esto significa que el Espíritu Santo se manifiesta a gusto habitando en Jesús. Pero\, por otro lado\, los rabinos comparaban el aleteo del Espíritu de Dios sobre las aguas primordiales (cf. Gn 1\,2) con el descenso de la paloma sobre su nido\, lo que sugiere que Jesús es el hombre nuevo\, el comienzo de la nueva creación.Por último\, «hubo una voz del cielo». El texto de esta comunicación varía. Unos manuscritos la identifican con la de Mc 1\,11; otros traen una que es propia –aunque no exclusiva– de Lucas (cf. Hb 1\,5; 5\,2): «Hijo mío eres tú\, yo hoy te he engendrado». En su centro están los pronombres «tú» y «yo»\, y adosados a cada uno los términos de la relación entre ambos: filiación («hijo mío») y paternidad («te he engendrado»). El día señalado («hoy») es el que inaugura el reinado del Mesías (cf. Sal 2\,7)\, que comienza con su bautismo y culmina con su resurrección (cf. Hch 13\,33).\n\n \n\n2.3. El bautismo del cristiano.\n\n \n\nEl bautismo que Juan administraba\, signo de enmienda\, lo recibían los que querían ser «justos»\, aún sin ser hijos De Dios\, eran «hijos de Abrahán» (cf. Lc 3\,8). El bautismo con el cual se bautizó Jesús\, signo de compromiso hasta la muerte por amor a la humanidad\, lo asume él por ser hijo De Dios\, para revelar al Padre. El bautismo que luego practicarán los discípulos de Jesús\, signo de adhesión a la persona y la obra del Maestro y de fidelidad a su mensaje\, lo recibirán para ser hijos De Dios; por eso la efusión del Espíritu Santo es inherente al bautismo cristiano. Esta no es una ocasión para referirse al bautismo cristiano (ni de adultos ni de niños)\, sino para explicitar la experiencia que Jesús manifiesta de Dios\, la conciencia que tiene de su misión\, su aceptación del designio del Padre y su disposición para secundar ese designio. Con su bautismo\, Jesús revela que Dios es Padre\, pone en evidencia que su misión\, como hijo suyo\, es dar vida a la humanidad\, deja testimonio público de que él está dispuesto a «iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte» para guiar sus pasos por el camino de la paz (cf. Lc 1\,79)\, y ofrece su vida para llevar a cabo esa misión.\n\n \n\nCon este anuncio inauguramos el «tiempo ordinario»\, que nos invita al seguimiento de Jesús\, a vivir su pascua y emprender la misión con la seguridad de que la esperanza que nos anima jamás será defraudada. Las comunidades cristianas están invitadas a emprender el camino del Señor y a transitarlo con alegría y confianza\, gozando de la fuerza de vida que su Espíritu nos infunde.\n\n \n\n¡Feliz fiesta!
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SUMMARY:Lunes de la I semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nComienzo de la carta a los Hebreos (1\,1-6): \nEN muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas.\nEn esta etapa final\, nos ha hablado por el Hijo\, al que ha nombrado heredero de todo\, y por medio del cual ha realizado los siglos.\nÉl es reflejo de su gloria\, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y\, habiendo realizado la purificación de los pecados\, está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues ¿a qué ángel dijo jamás:\n«Hijo mío eres tú\, yo te he engendrado hoy»;\ny en otro lugar:\n«Yo seré para él un padre\,\ny él será para mí un hijo?».\nAsimismo\, cuando introduce en el mundo al primogénito\, dice:\n«Adórenlo todos los ángeles de Dios». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 96\,1.2b.6.7c.9 \nR/. Adorad a Dios todos sus ángeles \nV/. El Señor reina\, la tierra goza\,\nse alegran las islas innumerables.\nJusticia y derecho sostienen su trono. R/. \nV/. Los cielos pregonan su justicia\,\ny todos los pueblos contemplan su gloria.\nAdoradlo todos sus ángeles. R/. \nV/. Porque tú eres\, Señor\,\nAltísimo sobre toda la tierra\,\nencumbrado sobre todos los dioses. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Marcos (1\,14-20): \nDESPUÉS de que Juan fue entregado\, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:\n«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».\nPasando junto al mar de Galilea\, vio a Simón y a Andrés\, el hermano de Simón\, echando las redes en el mar\, pues eran pescadores.\nJesús les dijo:\n«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».\nInmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.\nUn poco más adelante vio a Santiago\, el de Zebedeo\, y a su hermano Juan\, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó\, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él. \nPalabra de Dios\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nLunes de la I semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nEl escrito comúnmente conocido como «carta a los hebreos» no es «carta»\, porque no encaja en el género epistolar\, ni se dirige a «hebreos»\, ya que el interpela a destinatarios cristianos. Se trata de un «discurso de exhortación» (????? ??? ???????????: Hb 13\,22) que se orienta a cristianos expuestos a influencias judaizantes y quizás tentados por ellas. El escrito tiene este esquema:\nExordio (1\,1-4)\n1. El Hijo Mediador (1\,5–2\,12)\n2. Las cualidades del Mediador (3\,1–5\,10)\n3. El sacerdocio del Mesías (5\,11–10\,39)\n4. La fe y la esperanza en Dios (11\,1–12\,13)\n5. Amor y convivencia cristiana (12\,14–13\,21)\nFinal (13\,22-25).\nEl texto de hoy abarca el exordio y se extiende al comienzo de la primera parte.\n\nHeb 1\,1-6.\nEs evidente desde el principio que este «discurso de exhortación» (sermón) se propone distinguir y deslindar la antigua alianza de la nueva. Por eso comienza diferenciando la revelación antigua de la nueva. Después se refiere al Mediador\, cuya excelencia ponderará a continuación.\n1. La revelación.\nEn primer lugar\, el autor establece dos épocas: «antiguamente» y «ahora».\nLa época antigua tiene como características las «múltiples ocasiones» en las que Dios «habló» a los «padres» y las «muchas maneras» de las que se valió para hacerlo. Esa locución de Dios no se refiere a escritos\, sino a palabra viva\, a comunicación de viva voz. El revelador es el «Dios vivo» (Jos 3\,10) que se ha hecho presente en la historia «en múltiples ocasiones»\, porque él está por encima del tiempo\, no es un dios inerte (un ídolo) ni reciente. Los «padres» a los que se dirigió Dios son «antepasados» y precursores en la fe\, y como tales los reconoce el autor\, aunque no los llama «nuestros padres»\, lo que supone cierta distancia con respecto de ellos. La comunicación de Dios se hizo a través de «los profetas»\, evidente alusión a los portavoces cuya inspiración se atribuye al «Espíritu del Señor» (cf. Is 61\,1)\, es decir\, los profetas de la antigua alianza.\nLa época actual («ahora») se caracteriza por ser la «etapa final»\, es decir\, definitiva. La «antigua» era transitoria\, la actual tiene carácter permanente\, aunque sigue siendo histórica. Esto indica que lo que caracteriza ambas épocas es la «alianza» que se da en cada una\, o sea\, la relación entre los seres humanos y Dios (cf. Hb 8\,13). Así pues\, el carácter definitivo o «permanente» no es de la época en sí –que sigue sujeta a la mutabilidad del tiempo–\, sino de la alianza que se da «ahora». Este cambio de época se da por la muerte y resurrección de Jesús\, ya que en su «sangre» se pacta esta nueva alianza (cf. Hb 9\,11-22).\n2. El Mediador.\nLa locución de Dios ahora se da por medio de «un Hijo al que nombró heredero de todo». Dios no solo se comunica por medio de «un hijo»; esa indeterminación permite suponer que él tiene más de un hijo\, y que cualquiera podría hablar en su nombre. Y esta afirmación es válida\, porque Dios tiene «muchos hijos» y se propone conducirlos «a la gloria» (cf. Hb 2\,10). Por eso\, añade la determinación (un Hijo) «al que nombró heredero de todo»\, lo que equivale a «hijo único»\, y está en aparente contradicción con la afirmación anterior. Así que esta condición de «hijo único» ha de entenderse en el sentido de «un hijo singular». De hecho\, por este Hijo había creado Dios «los mundos y las edades». El término griego ???? significa «edad» y «mundo» (tiempo y espacio). A Dios se le atribuye la creación de la historia y del cosmos en simultánea por medio de ese Hijo.\nLa condición de «Hijo» se contrapone a la de «profeta» por su relación con el Dios que se revela. En tanto que el «profeta»\, inspirado y todo\, es «amigo» o «siervo» de Dios\, el Hijo es igual a su padre. En efecto\, el Hijo es «reflejo de su gloria» (la de Dios) e «impronta de su ser». Estas dos expresiones relacionan al Hijo con la Sabiduría divina que\, además de partícipe de la creación del universo (cf. Prv 8\,29-31; Sab 7\,21; 9\,9; Heb 11\,3)\, tiene una relación tan estrecha con Dios que el autor la expresa con los términos más audaces y casi sin antecedentes (cf. Sab 7\,25-26).\n3. El Mediador-Hijo.\nEl Hijo\, además de su singular relación con Dios tiene también una relación particular con todo lo creado: lo sostiene «con su potente palabra (la de Dios)». La palabra pronunciada por el Dios creador (cf. Gen 1\,3ss) tiene tanta eficacia que ella sola basta\, sin esfuerzo alguno\, para mantener los seres en su existencia: es suficiente con que él lo haya dicho (cf. Sal 33\,9). El lenguaje parece sugerir que Dios «dijo» y el Hijo «cita» lo que dijo Dios\, y así «sostiene todo»\, haciéndole eco.\nDe modo semejante\, el Hijo tiene una relación mucho más personal con la humanidad\, ya que realizó en su favor «la purificación de los pecados»\, lo cual implica una gesta liberadora de hondo calado y gran alcance\, por cuanto eliminó las injusticias que impedían la deseada relación de Dios con los seres humanos\, y así hizo posible que estos pudieran abrirse al don de Dios y recibirlo. Después de esa «purificación»\, el Hijo «se sentó a la derecha de la Majestad en las alturas»\, o sea\, asumió la condición real al lado de Dios –rey del espacio y del tiempo (cf. Sal 93\,1)–\, de manera estable (cf. Sal 110\,1)\, con una victoria garantizada a perpetuidad y más capaz que los ángeles de comunicar con Dios a los hombres\, por cuanto es superior «el título que ha heredado»\, es decir\, el nombre mismo de Dios (cf. v. 2: «un Hijo… heredero de todo»).\nSu condición de Hijo de Dios es superior a la de los ángeles: estos son cortesanos\, el Hijo es lo mismo que el Padre-rey (vv. 5-6); ellos son subordinados\, el Hijo es Dios y Señor (vv. 7-12); los ángeles son sus agentes\, el Hijo es rey entronizado (vv. 13-14). Así que hay que perseverar fieles al Hijo según lo aprendido para recibir la excepcional salvación que trae el Hijo (cf. Heb 2\,1-4).\n\nEl escrito tiene actualidad en un mundo con tantas ofertas religiosas\, científicas y culturales como es el caso actualmente. Aunque –en una suposición hipotética– fuera abolido el calendario actual y no se contaran los años antes de Cristo y después de Cristo\, la realidad de la nueva alianza no sufriría merma\, porque esta pervive en nuestra relación con Dios a través de su Hijo\, y no en las hojas del calendario. Aunque nos dieran plausibles explicaciones científicas sobre el origen del universo\, ninguna de ellas podrá probar que el tiempo y el espacio no son dones de Dios para que nos realicemos en su presencia haciendo historia con Jesús en cualquier lugar del mundo. Y aunque surjan «ángeles» que pretendan sustituir al Hijo –y aun al Padre–\, ninguno podrá darnos la experiencia de libertad («purificación») y vida feliz («salvación») que encontramos en el Hijo.\nPermaneciendo fieles a él\, seremos fieles a nosotros mismos y a nuestras más caras aspiraciones. Comulgando con él viviremos esa libertad y disfrutaremos de esa vida nueva.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la I semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Martes de la I semana del Tiempo Ordinario. Año I \n \nPrimera lectura\n \n\nLectura de la carta a los Hebreos (2\,5-12):\n\n \n\nDIOS no sometió a los ángeles el mundo venidero\, del que estamos hablando; de ello dan fe estas palabras:\n«¿Qué es el hombre\, para que te acuerdes de él\, o el ser humano\, para que mires por él?\nLo hiciste poco inferior a los ángeles\, lo coronaste de gloria y dignidad\,\ntodo lo sometiste bajo sus pies».\nEn efecto\, al someterle todo\, nada dejó fuera de su dominio. Pero ahora no vemos todavía que le esté sometido todo.\nAl que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles\, a Jesús\, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte. Pues\, por la gracia de Dios\, gustó la muerte por todos.\nConvenía que aquel\, para quien y por quien existe todo\, llevara muchos hijos a la gloria perfeccionando mediante el sufrimiento al jefe que iba a guiarlos a la salvación.\nEl santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos\, pues dice:\n«Anunciaré tu nombre a mis hermanos\,\nen medio de la asamblea te alabaré».\n\n \n\nPalabra de Dios\n\n \nSalmo\n \n\nSal 8\,2a.5.6-7.8-9\n\nR/.Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos\n\n \n\nV/. ¡Señor\, dueño nuestro\,\nqué admirable es tu nombre en toda la tierra!\n¿Qué es el hombre\, para que te acuerdes de él\,\nel ser humano\, para darle poder? R/.\n\n \n\nV/. Lo hiciste poco inferior a los ángeles\,\nlo coronaste de gloria y dignidad\,\nle diste el mando sobre las obras de tus manos. R/.\n\n \n\nV/. Todo lo sometiste bajo sus pies:\nrebaños de ovejas y toros\,\ny hasta las bestias del campo\,\nlas aves del cielo\, los peces del mar\,\nque trazan sendas por el mar. R/.\n\n \nEvangelio de hoy\n \n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (1\,21-28):\n\n \n\nEN la ciudad de Cafarnaún\, el sábado entra Jesús en la sinagoga a enseñar; estaban asombrados de su enseñanza\, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo y se puso a gritar:\n«¿Qué tenemos que ver nosotros contigo\, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».\nJesús lo increpó:\n«¡Cállate y sal de él!».\nEl espíritu inmundo lo retorció violentamente y\, dando un grito muy fuerte\, salió de él. Todos se preguntaron estupefactos:\n«¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen».\nSu fama se extendió enseguida por todas partes\, alcanzando la comarca entera de Galilea.\n\n \n\nPalabra de Dios\n\n \n\n\n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\nMartes de la I semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nLos «ángeles» son mensajeros de Dios. De alguna manera\, los profetas también son ángeles (cf. Lc 7\,26-28); así que la denominación «ángeles» abarca a todos los portadores de la palabra divina dirigida a la humanidad. El autor de este escrito mostró la preeminencia de Jesús con respecto de los anteriores mensajeros divinos\, sobre todo los de la corte celestial\, subrayando su condición de Hijo\, de Dios y de Rey. Ahora va a explicar las prerrogativas de Jesús respecto del mundo por venir. Sin embargo\, estas afirmaciones de supremacía no pretenden aislar a Jesús en un pináculo inaccesible\, sino mostrar cómo él se solidarizó con la humanidad para elevarla al máximo.\n\nEse «mundo por venir» es la historia de la tierra habitada\, ahora bajo el influjo de la resurrección del Hijo\, quien «se sentó a la derecha de la Majestad en las alturas». Así como se dio un cambio de alianza\, se está produciendo también una transformación del mundo. El Señor anuncia una «salvación» que es certificada por las primeras comunidades que tuvieron noticia de ella\, a lo que se suma el testimonio de Dios con señales liberadoras y salvadoras\, con proezas –como un nuevo éxodo– y con la participación de su Espíritu Santo\, de acuerdo con su voluntad salvadora (cf. Hb 2\,1-4\, omitido).\n\nHeb 2\,5-12. \nEl autor afirma que «no fue a los ángeles a quienes Dios sometió el mundo (?????????) futuro de que hablamos». El término «mundo» (?????????)\, que significa «tierra habitada» (cf. Ex 16\,35)\, había aparecido antes (Heb 1\,6) denotando el ámbito en donde Dios introdujo al «primogénito» para que fuera adorado como él –alusión a la presentación de Jesús ante «todos los ángeles» en su bautismo\, probablemente–. Ahora ese «mundo» (distinto de ??????) es calificado de «futuro» y puesto en relación con «el ser humano» (la Biblia hebrea dice «el hijo de Adán»)\, refiriéndose a la raza humana y a Jesús\, indistintamente. Hay una aparente incongruencia: el ser humano\, hecho «por un poco inferior a los ángeles»\, resulta coronado por Dios de gloria y dignidad y con todo sometido «bajo sus pies»\, sin excepción\, incluidos los ángeles. Esto se verifica en Jesús: el título divino que heredó (cf. Heb 1\,4) lo puso «durante un tiempo» (?????) por debajo de los ángeles\, a su servicio\, antes de elevarlo por encima de ellos como su Señor.\n\nEste señorío del Hijo no se entiende como dominio\, sino como liberación y como posibilidad de autorrealización; en el caso del ser humano\, implica la liberación para la libertad (no para caer bajo otra esclavitud) y la salvación\, es decir\, la comunicación del Espíritu de amor y de vida que procede de Dios. El ser humano todavía no es señor del universo. Unas veces es su esclavo y otras su depredador. Pero en Jesús\, muerto y resucitado\, ese objetivo ya está logrado. Y él\, tras haber recibido así el señorío de la creación\, del mismo modo se lo ofrece a los seres humanos.\n\nA la pregunta por la razón de la muerte de Jesús\, el autor responde que convenía que Dios\, que es meta y origen del universo\, puesto que tenía la intención de «conducir muchos hijos a la gloria» (cf. Sal 8\,6; Heb 2\,6.9)\, condujera al «pionero de su salvación» a esa meta y lo llevara a su total consumación «por el sufrimiento»\, es decir\, por el amor probado en el dolor (pasión y muerte). Este «sufrimiento» (??????)\, cuya máxima expresión es la muerte del Hijo (cf. Heb 2\,9) –muerte cruel y deshonrosa–\, tiene relación con la persecución a causa del testimonio cristiano\, sometidos públicamente a escarnios y vejaciones\, como también con la solidaridad que los cristianos daban\, incluso con alegría\, a otros hermanos suyos que eran tratados de ese modo (cf. Heb 10\,32-34). No se trata ni de un sufrimiento autoinfligido ni tampoco buscado\, sino de una consecuencia de su compromiso bautismal («recién iluminados»: Heb 10\,32).\n\nEl Hijo y los «muchos hijos»\, o sea\, «el consagrante y los consagrados» tienen en mismo origen\, Dios –que es también su meta–\, por eso el Hijo se inserta en la humanidad («hermanos»)\, hecho uno con ella\, y convierte su «sufrimiento» en instrumento de realización humana. El autor apela al salmista para afirmar esa inserción del Hijo en la humanidad en el trance del sufrimiento y en la experiencia de la salvación (cf. Sal 22\,23: «mis hermanos»). Del mismo modo\, apela al profeta para confirmar la solidaridad del Hijo con la humanidad –también en el sufrimiento que pone a prueba la fe– cuando se refiere a sus «discípulos» (Is 8\,16) e «hijos» (Is 8\,18)\, que el autor relaciona con el Hijo como «pionero de su salvación»\, y que se resisten a abandonar al Señor aunque pasen por duras pruebas en medio del aparente silencio de Dios (cf. Is 8\,19-20). De esta forma\, afirma que el Hijo es plenamente humano y\, por eso\, apto para representar a la humanidad ante Dios y ser su personero más calificado (cf. también v. 13\, omitido).\n\nLa preeminencia de Jesús sobre «los ángeles» no le confiere prerrogativa alguna de dominación\, sino carácter ejemplar de servicio para lograr la propia realización. Esto tiene repercusión en las relaciones interpersonales\, pero\, sobre todo\, en las relaciones de convivencia que construyen ese entramado que es la sociedad humana\, «la tierra habitada». La muerte y resurrección del Hijo de Dios no constituye una amenaza para el «mundo» que lo condenó a morir\, sino el anuncio de la renovación que las comunidades cristianas experimentan por seguir al Hijo viviendo como hijos\, en busca de realizarse como tales y asumiendo el señorío del Hijo en relación con la creación y con la entera «tierra habitada».\n\nUna cosa es clara: no hay otro camino que el recorrido por el Hijo\, es decir\, la autorrealización por el amor capaz de superar el sufrimiento. La calidad que esta misión requiere es humana. Esa calidad humana\, es decir\, un amor decidido y valiente\, capaz de la más firme solidaridad con las víctimas del «mundo»\, y dispuesto a afrontar la muerte más dolorosa e infamante\, es la que nos permite presentarnos con el Hijo\, para que él nos presente como «hermanos» y «discípulos» ante Dios\, su Padre\, y para que así también nosotros logremos nuestra consumación.\n\nAsí es como Jesús quiere encontrarnos en la celebración de la eucaristía; primero\, al presentar los dones eucarísticos\, y después\, cuando vayamos a recibir el pan de vida.\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la I semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la carta a los Hebreos (2\,14-18): \nLO mismo que los hijos participan de la carne y de la sangre\, así también participó Jesús de nuestra carne y sangre\, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte\, es decir\, al diablo\, y liberar a cuantos\, por miedo a la muerte\, pasaban la vida entera como esclavos.\nNotad que tiende una mano a los hijos de Abrahán\, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos\, para ser sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que a Dios se refiere\, y expiar los pecados del pueblo. Pues\, por el hecho de haber padecido sufriendo la tentación\, puede auxiliar a los que son tentados. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 104\,1-2.3-4.6-7.8-9 \nR/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente. \nV/. Dad gracias al Señor\, invocad su nombre\,\ndad a conocer sus hazañas a los pueblos.\nCantadle al son de instrumentos\,\nhablad de sus maravillas. R/. \nV/. Gloriaos de su nombre santo\,\nque se alegren los que buscan al Señor.\nRecurrid al Señor y a su poder\,\nbuscad continuamente su rostro. R/. \nV/. ¡Estirpe de Abrahán\, su siervo;\nhijos de Jacob\, su elegido!\nEl Señor es nuestro Dios\,\nél gobierna toda la tierra. R/. \nV/. Se acuerda de su alianza eternamente\,\nde la palabra dada\, por mil generaciones;\nde la alianza sellada con Abrahán\,\ndel juramento hecho a Isaac. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (1\,29-39): \nEN aquel tiempo\, al salir Jesús de la sinagoga\, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.\nLa suegra de Simón estaba en cama con fiebre\, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó\, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.\nAl anochecer\, cuando se puso el sol\, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían\, no les permitía hablar.\nSe levantó de madrugada\, cuando todavía era muy oscuro\, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y\, al encontrarlo\, le dijeron:\n«Todo el mundo te busca».\nÉl les responde:\n«Vámonos a otra parte\, a las aldeas cercanas\, para predicar también allí; que para eso he salido».\nAsí recorrió toda Galilea\, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nMiércoles de la I semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nEl autor considera que la solidaridad entre «el consagrante y los consagrados» es vital para lo que va a exponer. Primero afirmó que «son todos del mismo linaje»\, ya que forman esa multitud de «hijos» que Dios quiere conducir a la gloria. Esto habla de la comunidad de destino y de origen.\n\nDestino y origen que solo pueden estar en Dios mismo (cf. Heb 2\,10)\, porque él no les asigna a sus creaturas una finalidad distinta de sí mismo. Hasta ahora ha hablado de «un Hijo singular» y de «muchos hijos»\, sin asignar nombres\, subrayando la común condición humana\, sin perjuicio de afirmar netamente la condición divina de ese Hijo singular.\n\nEsta simultánea afirmación de la solidaridad del Hijo con los muchos hijos y de la singularidad del Hijo está en función de la misión del Hijo como «consagrante» de los muchos hijos que han de ser «consagrados». La solidaridad habilita al Hijo para esta misión. Dicha «consagración» se concreta en el hecho de santificar (??????)\, introducir a los hombres en la realidad divina\, lo que equivale a hacerlos también partícipes de la misma condición divina que él «ha heredado» (Heb 1\,4). Esa es la «gloria» a la cual Dios quiere conducir a sus «muchos hijos».\n\nHeb 2\,14-18.\nAhora se dedica a exponer el modo de esa solidaridad para tender el puente entre el destino y el origen\, de modo que se vea que la solidaridad lo abarca todo\, origen\, camino y destino.\nComienza explicitando lo del común «linaje» (?? ???? ??????: «todos proceden de uno») y afirma que «los suyos tienen todos la misma carne y sangre». Ese «uno» del que proceden todos\, incluido Adán\, es Dios. Así que el «linaje» no se refiere a una etnia\, sino a la raza humana\, y así es como hay que entender esa «carne y sangre» común. El autor está interesado en mostrar la solidaridad del Hijo con la humanidad entera\, no con un solo pueblo.\nA continuación\, afirma que el Hijo asumió «una como la de ellos». La insistencia en la unidad de la humanidad y de la solidaridad del Hijo con la misma supera el nacionalismo religioso y prepara para el universalismo del amor salvador de Dios.\n\nDe la solidaridad en la vida pasa a la solidaridad en la muerte. Si «todos tienen la misma carne y sangre»\, todos son igualmente mortales; pero si la experiencia de la vida produce satisfacción y alegría\, la sola posibilidad de la muerte causa desazón y temor. La condición de «hijos» connota la vida; la muerte niega la vida y\, por tanto\, anula esa condición de hijos. El Hijo asumió también la muerte\, llevando así al colmo su solidaridad con la humanidad\, pero no para sucumbir a ella\, sino «para con su muerte reducir a la impotencia al que tenía dominio sobre la muerte\, es decir\, al diablo». Esta afirmación alude a Sab 2\,23-24: «Dios creó al hombre para la inmortalidad\, y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entró en el mundo por envidia del diablo y los de su partido la experimentan»\, texto que hace referencia al relato de Gen 3\,1ss.\n\nDicha «envidia» del diablo (????????) está relacionada con «calumnias» (????????) en un texto de la versión de los LXX (3Mac 6\,7)\, y consiste en la intriga que incita el mal contra del hombre con el fin de eliminarlo (cf. 2Mac 14\,27). Así fue como «entró la muerte en el mundo» (cf. Gen 3\,1-19; 4\,1-15)\, y la muerte se convirtió en instrumento de dominación por temor\, e hizo presa por igual de la víctima y de su verdugo.\n\nEl Hijo asumió la muerte «para reducir a la impotencia al que tenía dominio sobre la muerte… y liberar a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vida entera como esclavos». Murió\, y así redujo a la impotencia ambos miedos\, el de la víctima y el del verdugo\, liberándolos a ambos no solo del miedo\, sino de la indignidad de vivir sometidos o sometiendo\, pensando que esa era la única forma de sobrevivir. Asumió la condición de víctima\, aceptó la muerte más dolorosa y deshonrosa –solidario con los últimos– y desmintió que la muerte suprimiera la vida y anulara la relación de «hijos» entre los seres humanos y Dios.\n\nEn este momento\, el autor llama la atención sobre el hecho de que el Hijo «tiende la mano a los hijos de Abraham» (cf. Is 41\,8-9 LXX)\, y no a los ángeles\, para insistir en la solidaridad con todos los seres humanos\, ya que Abraham es el destinatario de la promesa de vida para todos (cf. Gen 12\,1-3; 17\,4). Dicha promesa se cumple por medio del Hijo\, así que no solo es representante de los hombres ante Dios\, sino representante de Dios ante los hombres.\nEsta solidaridad con Dios\, como Hijo suyo\, y con los hombres\, como hermano suyo\, constituye al Hijo «sumo sacerdote»\, es decir\, máximo mediador\, «compasivo»\, es decir\, manifestador de la generosidad divina «con todas sus creaturas» (cf. Sal 145\,8-9)\, y «fidedigno en lo que toca a Dios»\, es decir\, leal a Dios como él lo es con el ser humano. Esto es lo que lo hace capaz de reconciliar a los hombres con Dios\, o sea\, de «expiar los pecados del pueblo» (cf. Hb 1\,3). Pero no solo eso\, además de mediador compasivo y fidedigno que intercede por los pecadores\, es ayuda eficaz en la prueba del dolor\, porque él mismo la superó. Al asumir la más atroz de las muertes\, el Hijo se aseguró de que ningún sufrimiento humano quedara por fuera de su capacidad de compasión ni más allá del alcance de su solidaridad. Él puede auxiliar a todo ser humano que sufre.\n\nLa muerte ha sido siempre el arma más poderosa de los tiranos\, y su más temible amenaza. Pero\, al mismo tiempo\, también los tiranos le han temido a la muerte y han tomado precauciones para evitarla. Los cuerpos de seguridad\, los ejércitos con toda clase de pertrechos\, las más sofisticadas armas de guerra… nunca les han bastado. Algunos tiranos\, como vemos en la Escritura\, tenían a su servicio catadores de bebidas y probadores de alimentos ante el temor de ser envenenados.\n\nCon el miedo a la muerte se han construido imperios\, y por el miedo a la muerte se han caído. La humanidad ha vivido desde siempre sometida por temor a la muerte\, incluso sospechando de que sus dioses les fueran a arrebatar la vida como castigo. La revelación de Dios como Padre\, la victoria del Hijo sobre la muerte\, y el don del Espíritu como prenda de vida eterna constituyen la noticia que libera la humanidad de ese temor supersticioso a la muerte.\nLa celebración de la cena del Señor\, banquete de vida eterna\, nos llena del gozo de esta libertad que nos permite mirar de frente la muerte y sentirnos seguros\, a pesar de que nuestros temores todavía persistan\, pero el amor que el Padre nos manifiesta por medio de su Hijo y nos garantiza con el don de su Espíritu expulsa día tras día ese temor.\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Jueves de la I semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta a los Hebreos (3\,7-14): \nHERMANOS:\nDice el Espíritu Santo:\n«Si escucháis hoy su voz\,\nno endurezcáis vuestros corazones\ncomo cuando la rebelión\,\nen el día de la prueba en el desierto\,\ncuando me pusieron a prueba vuestros padres\, y me provocaron\,\na pesar de haber visto mis obras\ncuarenta años. Por eso me indigné contra aquella generación y dije: Siempre tienen el corazón extraviado; no reconocieron mis caminos\,\npor eso he jurado en mi cólera\nque no entrarán en mi descanso».\n¡Atención\, hermanos! Que ninguno de vosotros tenga un corazón malo e incrédulo\, que lo lleve a desertar del Dios vivo.\nAnimaos\, por el contrario\, los unos a los otros\, cada día\, mientras dure este “hoy”\, para que ninguno de vosotros se endurezca\, engañado por el pecado.\nEn efecto\, somos partícipes de Cristo si conservamos firme hasta el final la actitud del principio. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 94\,6-7.8-9.10-11 \nR/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:\n«No endurezcáis vuestro corazón». \nV/. Entrad\, postrémonos por tierra\,\nbendiciendo al Señor\, creador nuestro.\nPorque él es nuestro Dios\,\ny nosotros su pueblo\,\nel rebaño que él guía. R/. \nV/. Ojalá escuchéis hoy su voz:\n«No endurezcáis el corazón como en Meribá\,\ncomo el día de Masa en el desierto;\ncuando vuestros padres me pusieron a prueba\ny me tentaron\, aunque habían visto mis obras». R/. \nV/. Durante cuarenta años\naquella generación me asqueó\, y dije:\n«Es un pueblo de corazón extraviado\,\nque no reconoce mi camino;\npor eso he jurado en mi cólera\nque no entrarán en mi descanso». R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Marcos (1\,40-45): \nEN aquel tiempo\, se acerca a Jesús un leproso\, suplicándole de rodillas:\n«Si quieres\, puedes limpiarme».\nCompadecido\, extendió la mano y lo tocó diciendo:\n«Quiero: queda limpio».\nLa lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio.\nÉl lo despidió\, encargándole severamente:\n«No se lo digas a nadie; pero para que conste\, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés\, para que les sirva de testimonio».\nPero cuando se fue\, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho\, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera\, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\n\n\nJueves de la I semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nPor primera vez\, el autor llama al Hijo por su nombre\, Jesús\, y precisamente para contrastarlo con Moisés teniendo en cuenta qué tan «fidedigno» (??????) es cada uno. Se trata de establecer cuál de los dos goza de mayor confianza\, y por qué. El tono de esta segunda sección es casi del todo exhortatorio\, y comienza con el llamado a los «hermanos consagrados» a mirar a Jesús\, «el enviado y sumo sacerdote de la fe»\, depositario de la confianza de Dios como lo fue Moisés en su momento\, «entre todos los de la casa de Dios» (Num 12\,7). Y afirma que Jesús tiene un honor mayor que el de Moisés porque él es el «constructor de la casa» (cf. Hb 1\,2)\, en tanto que Moisés era miembro de esa «casa». Además\, Moisés fue objeto de esa confianza en cuanto «cuidandero» (???????)\, es decir\, «criado» encargado de transmitir instrucciones.\n\nPor primera vez\, llama también «Mesías» al Hijo\, justamente para subrayar su condición de Hijo\, «al frente de la casa» –se entiende del hijo adulto–\, e identifica la «casa» ahora con la comunidad cristiana («esa casa somos nosotros»). Se pasa así de una «casa» a otra\, es decir\, de una familia a otra\, en la cual hay «libertad»\, en relación con la Ley de Moisés\, y «orgullo» de pertenecer a ella. Este «orgullo» se funda en el don de la nueva alianza\, que hace de los cristianos «hijos» de Dios (cf. Heb 2\,10) con la esperanza de ser también sus herederos (cf. Heb 1\,4) por ser sus hijos. A la condición de hijo adulto corresponde la libertad\, y el orgullo a la de digno de toda confianza.\n\nHeb 3\,7-14.\nLa comparación del Hijo\, Jesús Mesías\, con Moisés conduce a la comparación de sus respectivas obras: el éxodo de Moisés y el éxodo de Jesús. Tomando pie del salmo 95\, y teniendo en mente la posibilidad de desaliento por parte de los cristianos\, los exhorta a la fidelidad y los advierte del peligro de caer en la apostasía\, como sucedió con los que salieron de Egipto.\n\nEl autor comienza atribuyéndoles inspiración del Espíritu Santo a las palabras del salmo que les cita (Sal 95\,7-11)\, cuyo texto hebreo –mejor que el griego– remite al episodio de Meribá y Masá\, en el cual la actitud recelosa del pueblo se llamó «riña» (meribá: ????????)\, o «contienda» con Moisés\, y esto significó «tentar» (masá: ?????)\, o «poner a prueba» al Señor. Luego de que el Señor sacó a Israel de Egipto\, ante las primeras dificultades (cf. Ex 16; 17\,1-7)\, el pueblo manifestó desconfiar de las intenciones de su liberador y comenzó a exigirle pruebas para creer en él.\n\nEl Espíritu Santo (por medio de los profetas cristianos) actualiza el mensaje del salmo. Ese «hoy» no se refiere a la época de los acontecimientos\, ni a la época de la redacción del salmo\, sino a la época en que el autor escribe su sermón. En el Antiguo Testamento «escuchar su voz» se refería al Señor que los sacó de Egipto y a la Ley que concretaba la alianza. En el «hoy» del autor\, Jesús es el Señor\, y lo que hay que escuchar es «la buena noticia» (Heb 4\,2). «Endurecer el corazón» es obstinarse en una actitud de «rebelión» que evoca «el día de la tentación» en el desierto. Rebeldía significa aquí resistirse a ser libre\, sentir añoranza de la esclavitud\, intentar desandar el camino. Esta fue la rebelión de los «padres» (Heb 1\,1) que «en el desierto» dudaron del amor del Señor.\n\nEl autor se toma la libertad de cambiar la puntuación del texto. El v. 9 dice en hebreo: «…cuando sus padres me pusieron a prueba y me tentaron\, aunque habían visto mis obras»\, en evidente alusión a las «señales prodigiosas» de la salida de Egipto. En cambio\, el mismo v. 9 en este escrito dice en griego: «…cuando sus padres me pusieron a prueba y me tentaron\, aunque había visto mis obras durante cuarenta años»\, en alusión a la generación que\, por haber desoído la voz de Moisés\, vagó cuarenta años en el desierto y no entró en la tierra prometida (cf. Num 14\,26-35).\n\nLos vv. 10-11 aluden con toda claridad a la misión de reconocimiento de la tierra prometida y a su correspondiente informe (cf. Num 13)\, a la reacción del pueblo ante la campaña de descrédito por parte de un grupo (cf. Num 14\,1-10) y a la intervención del Señor\, que reprobó duramente el hecho y anunció que ninguno de los que dudaron entraría en esa tierra (cf. Nm 14\,11-25).\n\nEl propósito del autor es llevar a los oyentes del sermón a comprender que los que se resistieron al éxodo de Moisés a causa de las dificultades que se presentaron en el camino fracasaron a pesar de que ese éxodo logró su cometido\, y que\, del mismo modo\, sería lamentable que los cristianos se resistieran al éxodo del Mesías y fracasaran de un modo más estruendoso por desmoralizarse a causa de las dificultades que se oponen al camino del Señor.\n\nA partir de allí\, el autor insiste en su exhortación a la fidelidad. El «corazón endurecido» equivale a «corazón dañado por la incredulidad»\, que arrastra a la apostasía. Al contrario\, en tanto resuene ese «hoy»\, la comunidad debe ser fuente de ánimo recíproco y permanente para cada uno de sus miembros\, cuidando cada uno de los demás\, para que ninguno sea engañado por el pecado. Pero\, sobre todo\, los cristianos «somos compañeros del Mesías siempre que mantengamos firme hasta el final la actitud del principio»\, ya que su compañía es estimulante.\nEl fracaso de los que salieron de Egipto radicó en su «corazón endurecido» que se tradujo en la «rebeldía» y que provocó la reprobación de Dios a toda una generación («durante cuarenta años») por su falta de fe\, y fueron muriéndose en el desierto (cf. Heb 3\,15-18\, omitido).\n\nEl camino del éxodo\, con Moisés o con Jesús\, es exigente. Las «señales prodigiosas» que vemos (el don del Espíritu Santo\, la libertad interior\, la alegría de la salvación\, la ilimitada capacidad de amar…) no nos dispensan de «confiar» y «caminar». La fe implica confianza absoluta en que el Señor tiene las mejores intenciones con respecto de nosotros\, por eso nos exige fidelidad en los momentos en que las circunstancias o las personas pretendan hacernos dudar de esas intenciones e inducirnos a pedirle pruebas de su amor\, pruebas que ya tuvimos viendo las señales prodigiosas con las que comenzó este éxodo. Hay que proseguir la marcha\, recorrer el camino sin rebelarnos por el hecho de que el «desierto» sea hostil y a veces peligroso. La muerte no está en el desierto\, sino en la falta de confianza\, en la vacilación de la fe.\nLa eucaristía es nuestro «viático»\, alimento para el camino a través del desierto. Hay que evitar a toda costa que se nos vuelva rutinaria y que añoremos nuestras viejas esclavitudes\, como sucedió con el maná a los que caminaban con Moisés por el desierto (cf. Num 11\,4-5). Caminar hasta la meta es responsabilidad de cada uno\, así como mantener el buen ánimo; y no solo eso\, cada uno puede desbordar entusiasmo para animarnos unos a otros mientras dura ese «hoy».\nFeliz jueves.
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SUMMARY:Viernes de la I semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la carta a los Hebreos (4\,1-5.11): \nHERMANOS:\nTemamos\, no sea que\, estando aún en vigor la promesa de entrar en su descanso\, alguno de vosotros crea haber perdido la oportunidad.\nTambién nosotros hemos recibido la buena noticia\, igual que ellos; pero el mensaje que oyeron no les sirvió de nada a quienes no se adhirieron por La fe a los que lo habían escuchado.\nAsí pues\, los creyentes entremos en el descanso\, de acuerdo con lo dicho:\n«He jurado en mi cólera\nque no entrarán en mi descanso»\,\ny eso que sus obras estaban terminadas desde la creación del mundo.\nAcerca del día séptimo se dijo:\n«Y descansó Dios el día séptimo de todo el trabajo que había hecho».\nEn nuestro pasaje añade:\n«No entrarán en mi descanso».\nEmpeñémonos\, por tanto\, en entrar en aquel descanso\, para que nadie caiga\, imitando aquella desobediencia. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 77\,3.4bc.6c-7.8 \nR/. No olvidéis las acciones de Dios \nV/. Lo que oímos y aprendimos\,\nlo que nuestros padres nos contaron\,\nlo contaremos a la futura generación:\nlas alabanzas del Señor\, su poder. R/. \nV/. Que surjan y lo cuenten a sus hijos\,\npara que pongan en Dios su confianza\ny no olviden las acciones de Dios\,\nsino que guarden sus mandamiento. R/. \nV/. Para que no imiten a sus padres\,\ngeneración rebelde y pertinaz;\ngeneración de corazón inconstante\,\nde espíritu infiel a Dios. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (2\,1-12): \nCUANDO a los pocos días entró Jesús en Cafarnaún\, se supo que estaba en casa.\nAcudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Y les proponía la palabra.\nY vinieron trayéndole un paralítico llevado entre cuatro y\, como no podían presentárselo por el gentío\, levantaron la techumbre encima de donde él estaba\, abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían\, le dice al paralítico:\n«Hijo\, tus pecados te son perdonados».\nUnos escribas\, que estaban allí sentados\, pensaban para sus adentros:\n«¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados\, sino sólo uno\, Dios?».\nJesús se dio cuenta enseguida de lo que pensaban y les dijo:\n«¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil\, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados” o decir: “Levántate\, coge la camilla y echa a andar”?\nPues\, para que veáis que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados -dice al paralítico-:\n“Te digo: levántate\, coge tu camilla y vete a tu casa”».\nSe levantó\, cogió inmediatamente la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios\, diciendo:\n«Nunca hemos visto una cosa igual». \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\n\nViernes de la I semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nLa promesa de Dios a Abraham consiste en una vida libre y feliz. Esta realidad se plasma en las Escrituras en términos de «una tierra fértil y espaciosa\, tierra que mana leche y miel» (Exo 3\,8). La tierra no es simple propiedad\, es ámbito de libertad\, porque en ella el hombre ejerce señorío. Ese señorío responde a la vocación original del hombre\, a quien el Señor «colocó en el parque del Edén para que lo guardara y lo cultivara» (Gen 2\,15). La tierra «fértil y espaciosa\, tierra que mana leche y miel»\, es\, a la vez\, espacio de vida y de convivencia (la tierra se posee en familia) y ambiente en donde poder expandir la propia libertad.\n\nSalir de Egipto solo muestra un aspecto de la liberación\, su punto de partida («liberación de…»); dirigirse a la «tierra prometida» muestra el otro aspecto\, su punto de llegada («liberación para…»). Moisés sacó a los israelitas de Egipto basado en la promesa del Señor\, y los israelitas lo siguieron esperando el cumplimiento de esa promesa. Y ya el autor dejó dicho lo que sucedió después.\n\nAhora se refiere al éxodo del Mesías\, que saca del «mundo» para conducir al «reino de Dios». O\, en el lenguaje de Pablo\, «el Mesías nos liberó para que seamos libres» (Gal 5\,1). Como punto de partida\, «el pecado»\, la más radical de las esclavitudes\, la interior\, origen de todas las otras; como punto de llegada\, «el cielo»\, la nueva tierra prometida\, la vida eterna y la libertad plena.\n\nHb 4\,1-5.11.\nEsa definitiva tierra prometida –continuando con el lenguaje del salmo 95– la denomina el autor el «descanso». La noción de «descanso» tiene aquí doble sentido. El primer sentido se refiere al «descanso» de Dios al coronar su propia obra creadora (cf. Gen 2\,1-3); el segundo\, al «descanso» sabático del pueblo como homenaje al Señor que lo sacó de Egipto (cf. Exo 20\,8; 23\,13; Dt 5\,12-15). El primero connota consumación\, el segundo libertad.\n\nEl autor lanza su voz de alerta: «Cuidado\, no sea que mientras está en pie la promesa de entrar en su descanso\, resulte que uno de ustedes se quede rezagado». La promesa\, por parte de Dios\, sigue vigente\, todavía hay posibilidad de alcanzar la definitiva tierra prometida\, y\, para lograrlo\, es preciso «escuchar hoy su voz» (Heb 3\,7). Los israelitas fueron invitados a entrar en la «tierra prometida» (cf. Num 13\,30; 14\,7-9; Dt 1\,21.29); a esa invitación se parece la buena noticia dada a los cristianos para invitarnos a entrar en el reino de Dios. Pero\, así como a los que no entraron en la antigua «tierra prometida» por no escuchar\, así puede sucedernos también a los cristianos por la misma razón. Después de dicha advertencia\, viene la exhortación: puesto que ya le hemos dado crédito a la buena noticia\, entremos en ese descanso.\n\nDe ese descanso solo quedan excluidos los que son objeto de la «cólera» del Señor (cf. Sal 95\,11)\, es decir\, los que se querellaron contra Moisés y pusieron a prueba el amor del Señor. La «cólera» se entiende como el enérgico rechazo que el Señor hace de una conducta injusta\, no como enojo temperamental de su parte. En el caso presente\, esa «cólera» se concreta en la reprobación de la idea de que el trayecto hacia la tierra prometida («desierto») debe ser un camino libre de esfuerzo y de dificultades para quienes lo recorren. Esa idea hace que los invitados a recorrer ese camino se sientan defraudados y con derecho a protestar («querella») cuando se presentan los conflictos\, y por eso exigen pruebas extraordinarias de amor por parte de Dios («tentación»)\, lo que implica poner en duda ese amor. Dios no acepta esa pretensión\, porque él está educando hijos (cf. Heb 12\,8-9) para conducirlos a la misma gloria del Hijo (cf. Heb 2\,10).\n\nLa relación del descanso con el relato de la creación permite que el autor desentrañe otro sentido de ese término en el salmo; no se trata de un mero bienestar terrestre otorgado por Dios\, sino del proyecto mismo de Dios en su integridad\, desde la creación hasta la resurrección\, lo que ya había expresado al hablar de «vocación celeste» (cf. Heb 3\,1). Así completa el sentido que tiene para el cristiano hablar del «descanso»: consiste en el perfeccionamiento de la creación humana que se da a través del éxodo del Mesías\, es decir\, de la participación en su muerte y resurrección.\n\nEn resumen\, el «descanso» consiste en la coronación del cristiano con la vida eterna y la libertad total después de haber recorrido el «desierto» de esta vida compartiendo voluntariamente la vida\, la pasión\, la muerte y la resurrección del Señor. En esto consiste la fe cristiana\, en escuchar «la buena noticia»\, aceptarla y vivirla fielmente\, afrontando las dificultades\, sin declararse defraudado por el Señor\, y sin reclamar otras pruebas del amor de Dios diferentes de las «señales» recibidas cuando fuimos «iluminados» (cf. Heb 10\,32)\, es decir\, al dar nuestra adhesión de fe.\n\nLos rebeldes no entraron en ese «descanso» que fue la tierra prometida\, pero Dios ofrece ahora un nuevo «hoy»\, una nueva y mejor oportunidad que no es lícito despreciar. De hecho\, la entrada en la tierra prometida\, bajo la guía de Josué\, no agotaba la promesa de Dios; él tiene mucho más para ofrecer\, ya que quien entra en este descanso es porque ha completado del todo sus tareas. Así que hay que empeñarse en entrar en este descanso (el leccionario omite los vv. 6-10).\n\nLa palabra de Dios\, vehículo de esa invitación y cuyo contenido es «buena noticia»\, será el criterio por el que habremos de ser juzgados (vv. 12-13\, omitidos).\n\nSin embargo\, lo que nos mueve no es el temor al juicio\, sino el estímulo que se deriva de saber que Jesús ha hecho de manera definitiva lo que los sacerdotes antiguos hacían una vez al año: el paso a través de la cortina hasta el lugar santísimo para hacer la expiación por el pueblo. Porque Jesús «atravesó los cielos» hasta el trono mismo de Dios para reconciliarnos con él. Ese estímulo nos da seguridad de que podemos entrar en su descanso (v. 14\, omitido).\n\nEs costumbre hablar entre cristianos del «descanso eterno»\, o incluso de pedir para los difuntos dicho descanso\, a veces sin claridad sobre lo que pedimos. En realidad\, avizoramos el futuro de vida eterna («luz perpetua») y libertad definitiva («perdón de los pecados») que Jesús conquistó para nosotros. Cuando deseamos que un difunto «descanse en paz» expresamos nuestro anhelo de que su bondadoso salvador los conduzca al descanso en donde logren su plenitud como seres humanos creados por Dios\, y en donde alcancen la libertad de los hijos de Dios. Nosotros vamos más allá de desear «paz sobre su tumba»\, deseamos la paz para ellos.\nEl Espíritu Santo\, a través de los profetas\, certifica la dicha de los que mueren como cristianos: «Cierto –dice el Espíritu– podrán descansar de sus trabajos\, porque sus obras los acompañan» (Ap 14\,13). Esas obras con las cuales afrontaron las dificultades\, sin querellas ni tentaciones\, son el testimonio vivo y perdurable de su fe\, la fe que les permite entrar en el descanso de Dios.\n\nLa celebración de la eucaristía nos nutre con el pan de vida eterna para que\, unidos al Mesías en su éxodo\, tengamos fuerzas para atravesar el desierto y llegar a la definitiva tierra prometida.\nFeliz viernes.
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SUMMARY:Sábado de la I semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta a los Hebreos (4\,12-16): \nHERMANOS:\nLa palabra de Dios es viva y eficaz\, más tajante que espada de doble filo; penetra hasta el punto donde se dividen alma y espíritu\, coyunturas y tuétanos; juzga los deseos e intenciones del corazón.\nNada se le oculta; todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.\nAsí pues\, ya que tenemos un sumo sacerdote grande que ha atravesado el cielo\, Jesús\, Hijo de Dios\, mantengamos firme la confesión de fe.\nNo tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades\, sino que ha sido probado en todo\, como nosotros\, menos en el pecado.\nPor eso\, comparezcamos confiados ante el trono de la gracia\, para alcanzar misericordia y encontrar gracia para un auxilio oportuno. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 18.8.9.10.15 \nR/. Tus palabras\, Señor\, son espíritu y vida \nV/. La ley del Señor es perfecta\ny es descanso del alma;\nel precepto del Señor es fiel\ne instruye a los ignorantes. R/. \nV/. Los mandatos del Señor son rectos\ny alegran el corazón;\nla norma del Señor es límpida\ny da luz a los ojos. R/. \nV/. El temor del Señor es puro\ny eternamente estable;\nlos mandamientos del Señor son verdaderos\ny enteramente justos. R/. \nV/. Que te agraden las palabras de mi boca\,\ny llegue a tu presencia el meditar de mi corazón\,\nSeñor\, Roca mía\, Redentor mío. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Marcos (2\,13-17): \nEN aquel tiempo\, Jesús salió de nuevo a la orilla del mar; toda la gente acudía a él y les enseñaba.\nAl pasar vio a Leví\, el de Alfeo\, sentado al mostrador de los impuestos\, y le dice:\n«Sígueme».\nSe levantó y lo siguió.\nSucedió que\, mientras estaba él sentado a la mesa en casa de Leví\, muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos\, pues eran muchos los que lo seguían.\nLos escribas de los fariseos\, al ver que comía con pecadores y publicanos\, decían a sus discípulos:\n«¿Por qué come con publicanos y pecadores?»\nJesús lo oyó y les dijo:\n«No necesitan médico los sanos\, sino los enfermos. No he ven do a llamar a justos\, sino a pecadores». \nPalabra de Dios\n\n\n\n\nSábado de la I semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nEl autor ha insistido mucho en la escucha de la «voz» del Señor y se refirió a la potente «palabra» de Dios\, por la que el Hijo sostiene el universo creado por medio de él. Ahora se va a referir a la «palabra de Dios» en relación con sus destinatarios.\n\nLa «voz» del Señor denota la comunicación de su designio a los hombres\, generalmente a través de los profetas inspirados por el Espíritu Santo. Es una voz que resuena con tanta fuerza como para sacudir los cimientos de la tierra y conmover las conciencias humanas. De ahí la insistencia del autor para que el pueblo la escuche\, es decir\, le haga caso (cf. Heb 3\,7.15; 4\,7; 12\,19.26).\n\nA su vez\, la «palabra» del Señor denota su potencia creadora de existencia y generadora de vida y convivencia (cf. Heb 1\,3; 13\,7). Cuando es comunicada por mensajeros divinos\, se multiplica (cf. Heb 2\,2); sin embargo\, su eficacia opera a través de la escucha con aceptación\, porque cuando hay poco interés en dicha escucha resulta difícil exponerla y entenderla (cf. Heb 5\,11.13)\, y sin consentimiento tampoco se da provecho (cf. Heb 4\,2). Esa palabra es de suyo eficaz\, pero esta eficacia se afirma con mayor énfasis cuando va acompañada de un juramento (cf. Hb 7\,28).\n\nHeb 4\,12-16.\nLa palabra dirigida tanto a los israelitas como a los cristianos\, cuyo contenido es «buena noticia» (cf. Heb 4\,2)\, tiene\, además\, estas otras características:\n\n«La palabra de Dios es viva (???)». Este atributo entraña dos propiedades: poseer la vida y tener la capacidad de comunicarla (cf. Heb 7\,25). Por ser «viva»\, no es palabra vacía\, sino que contiene vida (cf. Dt 32\,47). Por ser «vivificadora»\, infunde vida (cf. Sal 119\,25.107). La condición de viva o «viviente» se manifiesta en su actividad liberadora y salvadora (cf. Jos 3\,10). Es decir\, se muestra viva en el hecho de que transmite la vida que posee.\n\n«(La palabra de Dios es) enérgica (???????)». Además de no ser vacía\, tampoco es inerte. La vida que se le atribuye es propia del Dios de quien esa palabra procede\, y deriva de él su eficacia y su aptitud. Así como la palabra comunica y crea comunidad entre los hombres\, la ausencia de ella puede incomunicar y distanciar a los humanos (cf. Gn 11\,1-9). Por esa misma razón\, la palabra de Dios crea la «alianza» entre Dios y los hombres\, y su ausencia provoca ruptura de la misma.\n\n«(La palabra de Dios es más tajante (?????????) que daga de dos filos». El doble filo se atribuye a la «daga» (o «puñal»\, o\, incluso\, «machete»: ???????) y a la «espada» (???????). En cualquiera de los casos\, es un arma mortal\, generalmente usada contra los enemigos del pueblo (cf. Jue 3\,16; Sal 149\,6)\, o\, en sentido figurado\, contra los miembros del pueblo (Pv 5\,4; Si 21\,3). Es evidente que aquí tiene sentido figurado y que se refiere a la supresión de los propios enemigos internos.\n\nCon esas características\, la eficacia de la palabra de Dios se manifiesta de dos maneras:\n«Penetra hasta la unión de alma y espíritu\, de órganos y de médula». Esta tan profunda capacidad incisiva de la palabra se deriva de su carácter tajante\, y se refiere a la facultad que tiene de poner en evidencia lo que está oculto en el interior del hombre. Pero no se trata de una denuncia\, pues su penetración no hace más que revelarle al propio hombre lo que lleva por dentro. La primera frontera que alcanza es la más profunda\, la unión de la vida física (????: «alma») y su más íntimo impulso (??????: «espíritu»); y también asciende hasta la más superficial\, la unión de «órganos» (?????) y «médula ósea» (??????)\, unión sutil\, en donde cabe el pecado (cf. Si 27\,2).\n\n«Juzga sentimientos (??????????) y pensamientos (???????)». Ambas realidades se guardan en el «corazón» (cf. Mt 9\,4; Pv 23\,19). Generalmente\, los «sentimientos» entrañan juicios o prejuicios interiores que\, incluso sin llegar a exteriorizarse\, pueden ser percibidos como hostiles o errados (cf. Mt 9\,4; 12\,25; Hch 17\,29). Este término nunca aparece en la traducción griega del Antiguo Testamento. Los «pensamientos»\, por lo contrario\, aparecen casi exclusivamente en el Antiguo Testamento\, catorce de dieciséis veces\, pero solo cinco veces traduce el término hebreo ???????\, y dos veces está en griego (Dan 13\,28; Sab 2\,14). Se entiende por «pensamiento» la deliberación que discierne para llegar a convicciones que se traducen en propósitos o actitudes. En el Nuevo Testamento aparece en Heb 4\,12 y 1Pd 4\,1.\n\nLa palabra de Dios permite al hombre ser consciente de sus pensamientos y\, al mismo tiempo\, ponderarlos. Toda creatura es transparente a la mirada de Dios\, ante él todas están puestas en evidencia y sin capacidad de contradecirlo\, ya que es a él a quien hemos de rendirle cuentas.\nSin embargo\, lo que nos mueve no es el temor al juicio\, sino el estímulo que se deriva de saber que Jesús ha hecho de manera definitiva lo que los sacerdotes antiguos hacían una vez al año: el paso a través de la cortina hasta el lugar santísimo para hacer la expiación por el pueblo. Porque Jesús «atravesó los cielos» hasta el trono de Dios para reconciliarnos con él. Esa glorificación en la presencia misma de Dios le da plena autoridad (libertad) para disponer de los bienes del Padre\, de los cuales es heredero universal (cf. He 1\,2)\, y darles total apoyo a sus seguidores. Ese estímulo nos da seguridad de que también nosotros podemos alcanzar la misma gloria (cf. Heb 3\,1).\n\nLa palabra no es solo comunicación con Dios\, sino\, sobre todo\, comunicación de Dios. Dios se da por su palabra. Por esa palabra nos transmite su vida: «por su propia iniciativa nos engendró con la palabra de la verdad\, para que fuéramos en cierto modo primicias de sus criaturas (cf. St 1\,18)\, y así nos salva. Por medio de esa misma palabra crea nuestra comunión con él y también la comunión entre nosotros\, pero no dándonos un conjunto de norma de convivencia\, sino por la comunicación de su Espíritu\, que nos libera del pecado y nos enseña a amarnos unos a otros como hermanos. Este Espíritu es el don de Dios a los que dan fe a su palabra siguiendo a Jesús como discípulos y aprendiendo de él a ser hijos de Dios.\n\nEsa palabra produce en nosotros lo que dice\, nos transforma haciéndonos hombres nuevos\, nos constituye en reino para Dios y en causa de esperanza para la humanidad. El constante ejercicio de escucha de la palabra nos renueva y nos hace más auténticos\, más dueños de nosotros mismos y de nuestros pensamientos\, sentimientos y decisiones.\n\nEs por la palabra del testimonio y por la sangre de Jesús que nos convertimos en «linaje real y sacerdotes para su Dios y Padre» (Ap 1\,6; 5\,9-10). Por eso\, cuando celebramos la eucaristía nos sentamos primero a escuchar su palabra y\, después\, comemos con alegría esa palabra hecha pan de vida eterna\, con el propósito de salir a «partir» ese pan con los que nos encontremos.\nFeliz sábado\, en compañía de María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:II Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta a los Hebreos (4\,12-16):\n\nHERMANOS:\nLa palabra de Dios es viva y eficaz\, más tajante que espada de doble filo; penetra hasta el punto donde se dividen alma y espíritu\, coyunturas y tuétanos; juzga los deseos e intenciones del corazón.\nNada se le oculta; todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.\nAsí pues\, ya que tenemos un sumo sacerdote grande que ha atravesado el cielo\, Jesús\, Hijo de Dios\, mantengamos firme la confesión de fe.\nNo tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades\, sino que ha sido probado en todo\, como nosotros\, menos en el pecado.\nPor eso\, comparezcamos confiados ante el trono de la gracia\, para alcanzar misericordia y encontrar gracia para un auxilio oportuno.\n\nPalabra de Dios\n\nSalmo\nSal 18.8.9.10.15\n\nR/. Tus palabras\, Señor\, son espíritu y vida\n\nV/. La ley del Señor es perfecta\ny es descanso del alma;\nel precepto del Señor es fiel\ne instruye a los ignorantes. R/.\n\nV/. Los mandatos del Señor son rectos\ny alegran el corazón;\nla norma del Señor es límpida\ny da luz a los ojos. R/.\n\nV/. El temor del Señor es puro\ny eternamente estable;\nlos mandamientos del Señor son verdaderos\ny enteramente justos. R/.\n\nV/. Que te agraden las palabras de mi boca\,\ny llegue a tu presencia el meditar de mi corazón\,\nSeñor\, Roca mía\, Redentor mío. R/.\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Marcos (2\,13-17):\n\nEN aquel tiempo\, Jesús salió de nuevo a la orilla del mar; toda la gente acudía a él y les enseñaba.\nAl pasar vio a Leví\, el de Alfeo\, sentado al mostrador de los impuestos\, y le dice:\n«Sígueme».\nSe levantó y lo siguió.\nSucedió que\, mientras estaba él sentado a la mesa en casa de Leví\, muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos\, pues eran muchos los que lo seguían.\nLos escribas de los fariseos\, al ver que comía con pecadores y publicanos\, decían a sus discípulos:\n«¿Por qué come con publicanos y pecadores?»\nJesús lo oyó y les dijo:\n«No necesitan médico los sanos\, sino los enfermos. No he ven do a llamar a justos\, sino a pecadores».\n\nPalabra de Dios\n\n\n\n\n\n \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\n \n\nII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.\n\n \n\nEl suceso de la epifanía se prolonga de hecho con las primeras manifestaciones de Jesús cuando da comienzo a su actividad pública. El relato de este domingo dice explícitamente que con este acontecimiento Jesús «manifestó su gloria». Este relato es uno de los tres que en la tradición de la Iglesia se celebran como «epifanía» del Señor. Toda manifestación deja algo al descubierto\, es decir\, revela algo para que sea conocido. Esta se presenta «como principio de las señales»\, tiene como destinatarios a «sus discípulos»\, y su objetivo es la adhesión de los mismos a Jesús.\n\n \n\nJn 2\,1-11.\n El relato se introduce con la indicación de unas circunstancias\, prosigue con una iniciativa de la madre de Jesús\, continúa con una imprevista intervención de Jesús\, a la cual reacciona huraño el maestresala\, y concluye declarando el hecho como señal reveladora que invita a la fe en Jesús.\n\n \n\n 	Introducción: circunstancias.\nLa indicación «al tercer día» supone una referencia anterior\, tres días mencionado antes (cf. Jn 1\,29.35.43)\, lo que fija la narración en el «sexto día» a partir del principio\, pero llama la atención sobre este día también como «tercero». El sexto día es el de la creación del ser humano (cf. Gen 1\,26-31) y «el tercer día» es el de la alianza (cf. Ex 19\,11.15.16); pero también «el tercer día» hace alusión a la promesa de la resurrección (cf. Os 6\,2). Así que el relato se sitúa en el horizonte de la creación\, la alianza y la pascua.\nSe trata de «una boda» –que era la forma preferida por los profetas para referirse a la alianza– en la cual estaba la madre de Jesús\, y a la cual fueron invitados Jesús y sus discípulos.\n 	Iniciativa de la madre de Jesús.\nEn la boda falta el «vino»\, que es causa de alegría (cf. Jc 9\,13; Sal 104\,15; Qo 10\,19; Si 40\,20)\, un signo de la amorosa bendición de Dios (cf. Dt 27\,13) y metáfora del amor (cf. Ct 1\,4; 2\,4 hebreo; Si 40\,20). Lo que falta\, pues\, es la alegría de amar. La boda o alianza no es alegre porque le falta el amor. Esto alude al hecho de que la religión judía se ha convertido en un conjunto de leyes y costumbres sin vida\, sin capacidad de estimular ni entusiasmar a sus observantes.\nAl presentarle su madre esa necesidad\, Jesús le responde que eso no es incumbencia de él ni de ella\, invitándola así a romper con el pasado para esperar su «hora»\, en la que él manifestará su «gloria» (cf. Jn 12\,23) entregando su Espíritu (cf. Jn 19\,30). Ante ese anuncio\, su madre invita a los servidores a hacer cualquier cosa que él les diga\, como prometió hacer el pueblo en la primera alianza (cf. Ex 19\,8; 24\,3.7).\n 	Intervención de Jesús.\nA estas alturas\, se hace alusión a la antigua alianza\, sin nombrarla. Se mencionan seis «tinajas de piedra» destinadas a «la purificación de los judíos»\, de enorme capacidad\, pero vacías. El número de las tinajas\, «seis»\, es una cifra que califica lo imperfecto\, inacabado. Ofrecen una purificación que no se da. Jesús indica que las llenen de agua\, y es preciso observar que no se trata de simple agua\, sino del agua contenida en las tinajas supuestamente «destinadas a la «purificación».\nEl hecho de que las tinajas sean «de piedra» las pone en relación con las «losas de piedra» en las que estaban escritas las cláusulas de la antigua alianza (cf. Exo 31\,18; 32\,15-16; Dt 4\,13; 5\,22)\, y esto es lo que califica el agua contenida en ellas. Es agua para purificar\, pero las tinajas vacías no ofrecen purificación alguna; el agua que Jesús ofrece –por fuera de las tinajas– significa que la «purificación» que Jesús brinda no es exterior (agua para lavar)\, sino interior (vino para beber) y que es independiente de la Ley. Este vino es bendición de Dios (vida)\, amor y alegría: el Espíritu Santo\, que no se recibe por observar la Ley\, sino por dar fe a Jesús.\nPor fuera de esas tinajas\, ya no es agua\, es vino. Es decir\, por fuera de la Ley de Moisés\, Jesús le manifiesta al pueblo «la gloria que un hijo único recibe de su padre»\, y de su propia plenitud de amor y lealtad (cf. Jn 1\,14) le transmite la capacidad de amar como él (cf. Jn 1\,16; 13\,34)\, a fin de que la alegría de los suyos sea completa (cf. Jn 15\,11).\n 	Reacción del maestresala.\nEl «maestresala» (?????????????) es distinto de «los amigos del novio» (cf. Mc 2\,19). Es el jefe del servicio de un banquete\, o el presidente del mismo; en todo caso\, es una figura institucional\, sin carácter familiar. Representa a los «jefes» responsables de la primera alianza. El reproche que le hace al novio es\, en el fondo\, contra Jesús. No puede dejar de reconocer que la oferta de Jesús es superior\, pero se muestra en desacuerdo porque «el vino de calidad» (el Espíritu Santo) se le ofrece a la gente después de que pensaban que habían bebido el mejor (la Ley). Según él\, lo mejor debe ser lo anterior\, así que\, en nombre de la antigua alianza\, rechaza la nueva.\n 	Conclusión: repercusiones.\nLas «señales» son signos de que Dios libera de la esclavitud y salva (da vida) a su pueblo. Esta es «el principio de las señales» de Jesús; vendrán otras más\, semejantes a esta. Así manifiesta él «su gloria»\, es decir\, el Espíritu que habita en él (cf. Jn 1\,32-34)\, y por eso sus discípulos le dan fe a su persona\, se fían de él.\n\n \n\nLa figura del maestresala se ve antipática y provoca rechazo. Sin embargo\, muestra la dificultad de pasar de un estilo reglamentado de vida y de convivencia\, con responsabilidades delimitadas al detalle\, en el que todo está previsto\, al estilo libre\, alegre y espontáneo de relaciones humanas que se fundan en la experiencia del ilimitado amor de Dios\, y que siempre quiere ir más lejos en el propósito de hacer el bien.\n\n \n\nLa nueva alianza no se encierra en «tinajas de piedra»\, sino que se guarda en corazones «de carne» (cf. Ez 36\,26-27). Por eso\, cuanto más se valoren las estructuras y las instituciones tanto menos se valoran las personas y sus aspiraciones. En las sociedades abundan maestresalas que quieren a toda costa mantener el viejo orden\, como si ya se hubiera agotado el amor de Dios.\n\n \n\nJesús nos invita a entablar con Dios y entre nosotros relaciones basadas en ese amor universal\, gratuito y fiel que nos hace experimentar el Espíritu Santo\, amor que los discípulos cultivemos con esmero y pasión\, sin regateos ni mezquindades\, hasta el don de nosotros mismos\, como él lo hizo históricamente y como nos invita a hacerlo en cada eucaristía que celebramos.\n¡Feliz día del Señor!
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SUMMARY:Lunes de la II semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta a los Hebreos (5\,1-10): \nTODO sumo sacerdote\, escogido de entre los hombres\, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados.\nÉl puede comprender a los ignorantes y extraviados\, porque también él está sujeto a debilidad.\nA causa de ella\, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados\, como por los del pueblo.\nNadie puede arrogarse este honor sino el que es llamado por Dios\, como en el caso de Aarón.\nTampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote\, sino que la recibió de aquel que le dijo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy»; o\, como dice en otro pasaje: «Tú eres sacerdote para siempre según el rito de Melquisedec».\nCristo\, en los días de su vida mortal\, a gritos y con lágrimas\, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte\, siendo escuchado por su piedad filial. Y\, aun siendo Hijo\, aprendió\, sufriendo\, a obedecer. Y\, llevado a la consumación\, se convirtió\, para todos los que lo obedecen\, en autor de salvación eterna\, proclamado por Dios sumo sacerdote según el rito de Melquisedec. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 109\,1.2.3.4 \nR/. Tú eres sacerdote eterno\, según el rito de Melquisedec \nV/. Oráculo del Señor a mi Señor:\n«Siéntate a mi derecha\,\ny haré de tus enemigos\nestrado de tus pies». R/. \nV/. Desde Sión extenderá el Señor\nel poder de tu cetro:\nsomete en la batalla a tus enemigos. R/. \nV/. «Eres príncipe desde el día de tu nacimiento\,\nentre esplendores sagrados;\nyo mismo te engendré\, desde el seno\,\nantes de la aurora». R/. \nV/. El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:\n«Tú eres sacerdote eterno\,\nsegún el rito de Melquisedec». R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Marcos (2\,18-22): \nEN aquel tiempo\, como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando\, vinieron unos y le preguntaron a Jesús:\n«Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?».\nJesús les contesta:\n«¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo\, mientras el esposo está con ellos? Mientras el esposo está con ellos\, no pueden ayunar.\nLlegarán días en que les arrebatarán al esposo\, y entonces ayunarán en aquel día.\nNadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto —lo nuevo de lo viejo— y deja un roto peor.\nTampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres\, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo\, odres nuevos». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nLunes de la II semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nDespués de advertir a los cristianos sobre la posibilidad de no escuchar la «voz» del Señor como la generación que Moisés sacó de Egipto –lo cual haría fracasar el nuevo éxodo– el autor animó a sus destinatarios haciéndolos tomar conciencia de la fuerza liberadora y salvadora que tiene la «palabra» de Dios. Los cristianos\, al dar fe a esa palabra\, transmitida por Jesús\, que es «un sumo sacerdote extraordinario»\, pueden sentirse seguros\, porque él\, identificado con los hombres\, nos representa ante Dios y disipa todo temor garantizándonos misericordia tanto para el pasado (por el perdón) como para el futuro\, con la gracia de una ayuda oportuna.\nAhora se va a extender en las calificaciones de Jesús como «sumo sacerdote extraordinario»\, para lo cual se valdrá de las calificaciones que debía ostentar el sumo sacerdote judío\, como punto de referencia. No obstante\, la realización de este ideal en Jesús desborda los moldes convencionales\, desbordamiento que justifica la calificación de «sumo sacerdote extraordinario» que le ha dado.\n\nHeb 5\,1-10.\nSe pueden apreciar claramente dos partes en esta exposición: los rasgos del sumo sacerdote judío (vv. 1-4) y los rasgos del Mesías como sumo sacerdote (vv. 5-10).\n\n1. El sumo sacerdote judío.\nEl sacerdocio del Antiguo Testamento tiene estos principales rasgos genéricos:\n• El sacerdote es el hombre de la casa de Dios\, admitido de privilegio a acercarse al Altísimo (cf. Ex 28\,43; 29\,30; Num 18\,1-7).\n• Le corresponde bendecir el pueblo y a sus miembros\, es decir\, asegurarles del don de la vida de parte del Señor (cf. Num 6\,22-27).\n• Es el encargado de consultar a Dios y de hacerles conocer a los hombres las decisiones y las leyes de Dios (cf. Dt 33\,8-10; Lev 10\,11; Mal 2\,7).\n• También ejerce una función judicial y emite sentencia en los casos difíciles\, en que los sencillos vecinos no tengan suficiente claridad (cf. Dt 17\,8-13).\n• Es el responsable de ofrecer los sacrificios de toda índole y las ofrendas que los israelitas hacen al Señor su Dios (cf. Lev 1-7\, etc.).\nEl autor se fija de preferencia en este último rasgo\, y lo refiere a la figura de Aarón.\nEl sumo sacerdote judío debía pertenecer a una casta\, era escogido siempre «entre los hombres» como miembro de ciertas familias y tenía que ser designado públicamente\, por medio de un ritual determinado\, para el ejercicio de sus funciones («se le establece»). Su encargo consistía en anudar buenas relaciones entre Dios y los hombres\, como representante de estos ante él; en caso de que estas relaciones se rompieran\, era tarea suya reconciliar a los hombres con Dios («ofrezca dones y sacrificios por los pecados»).\nDada su condición humana\, podía comprender la fragilidad ajena a partir de la propia\, rodeado como está de sus propias debilidades; esto lo capacita para «ser indulgente con los ignorantes y extraviados»\, lo que indica que el sumo sacerdote no se erige como juez por encima de los otros\, ni siquiera de los que no conozcan la Ley («ignorantes»)\, o de los que\, de hecho\, la desconozcan («extraviados»)\, sino que\, consciente de la debilidad humana\, hace uso de su potestad para llevar de nuevo a los hombres a Dios. Y no solo reconcilia al pueblo con Dios\, también se reconcilia él mismo\, porque también se reconoce pecador (cf. Lev 9\,7; 16\,6.11).\nEsta dignidad no se deriva de una decisión o conquista humana\, «nadie puede arrogársela»\, sino que es conferida por Dios\, que es quien lo designa. Así sucedió con Aarón (cf. Ex 29; Lev 8). El arrogante y el ambicioso no son aceptados por el Señor para el sacerdocio (cf. Num 16-17).\n\n2. El Mesías\, sumo sacerdote.\nEl Mesías no se constituyó a sí mismo sumo sacerdote. El mismo que lo engendró como «Hijo» y lo constituyó rey es el que lo ha constituido sacerdote\, pero con algunas notas características y diferenciantes con respecto del sacerdocio aaronita. Hay aspectos semejantes y otros totalmente opuestos\, cosa que subraya la originalidad de este sacerdocio del Mesías:\n• El sacerdocio del Mesías no pertenece a la línea aaronita\, sino a la «línea de Melquisedec» (cf. Sal 110\,4)\, que tiene la perpetuidad como característica principal. Ya en Heb 1\,3 el autor había aludido al primer versículo de ese mismo salmo para referirse a la glorificación del Hijo después de haber realizado «la purificación de los pecados»\, y en Heb 1\,13\, referido a su entronización y presentación como rey\, poniendo así las bases para la doctrina del mesías sacerdote y rey (antes lo presentó superior a los profetas: cf. Heb 1\,1-2); esta doctrina tiene un papel importante en el sermón (cf. Heb 5\,6.10; 6\,10; 7\,11-28; 10\,12-13). Así que su otra característica es la realeza.\n• «En los días de su vida mortal ofreció oraciones y súplicas a gritos y con lágrimas al que podía salvarlo de la muerte; y Dios lo escuchó\, pero después de aquella gran angustia». El Mesías hizo la experiencia histórica de la debilidad humana hasta el límite\, presentó oraciones y peticiones a Dios\, acción propia del sacerdote\, «y Dios lo escuchó»\, lo que indica la eficacia de sus plegarias. Sin embargo\, advierte el autor\, fue escuchado «después de aquella gran angustia». Esto significa que sí lo salvó de la muerte\, pero no de morir. Aquí se hace alusión a la entera pasión de Jesús\, a partir de su oración en el huerto de Getsemaní\, donde él aceptó incluso la muerte si ese era el designio del Padre (cf. Mc 14\,36\, par.). Su oración deriva su eficacia del hecho de subordinarse con toda confianza al designio del Padre\, fiándose como Hijo de su amor de Padre.\n• «Sufriendo aprendió a obedecer». A través de la experiencia de sus límites y de la muerte misma\, se perfeccionó como Hijo («aprendió a obedecer») llevando el amor más allá del límite\, haciendo así real su igualdad («hijo») con el Padre al mostrar un amor sin límites\, a prueba de dolor. Esta «consumación» (v. 9) lo convirtió en «causa de salvación definitiva para todos los que le obedecen a él». Así como él «obedeció» aceptando sin reservas el designio del Padre\, fiándose de su amor\, así también\, quienes le «obedecen» a él\, viviendo el amor hasta más allá del límite\, se perfeccionan como «hijos» y entran en la gloria de Dios (cf. Heb 2\,10)\, donde el Mesías reina proclamado por Dios «sumo sacerdote en la línea de Melquisedec».\n\nCuando el libro del Apocalipsis presenta a Jesús como el Cordero que puede desentrañar para la humanidad el sentido de la historia\, relaciona también la pasión del Señor con la adquisición de «hombres de toda raza\, lengua\, pueblo y nación» para hacer de ellos «linaje real y sacerdotes para nuestro Dios\, y serán reyes en la tierra». Esto significa que el sacerdocio del Mesías comunica a los cristianos el secreto de la historia y les confiere el señorío de Jesús sobre la misma\, incluso ya en esta vida mortal («en la tierra»). El culto a Dios ensancha su horizonte (cf. Ap 5).\n\nEste «sermón» pretende hacer tomar conciencia a sus oyentes no solo del cambio de sacerdocio\, sino del cambio de culto y de las repercusiones que estos dos cambios tienen incluso para toda la humanidad. La ofrenda que el Mesías hace de sí mismo\, confiado en el designio y en el amor del Padre\, y su experiencia del dolor y de la muerte en la ignominia han de servir de inspiración\, estímulo y fuerza para quienes\, queriendo ser hijos de Dios y entrar en su gloria\, comprenden la necesidad de «obedecer» al Mesías y al Padre para alcanzar la transformación de la historia.\n\nEsa es la ofrenda de Jesús\, que renovamos en la eucaristía\, y que pone a prueba nuestra fe. Con el «amén» que le damos al Hijo\, nos comprometemos a aprender también a ser hijos.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la II semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la carta a los Hebreos (5\,1-10): \nTODO sumo sacerdote\, escogido de entre los hombres\, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados.\nÉl puede comprender a los ignorantes y extraviados\, porque también él está sujeto a debilidad.\nA causa de ella\, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados\, como por los del pueblo.\nNadie puede arrogarse este honor sino el que es llamado por Dios\, como en el caso de Aarón.\nTampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote\, sino que la recibió de aquel que le dijo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy»; o\, como dice en otro pasaje: «Tú eres sacerdote para siempre según el rito de Melquisedec».\nCristo\, en los días de su vida mortal\, a gritos y con lágrimas\, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte\, siendo escuchado por su piedad filial. Y\, aun siendo Hijo\, aprendió\, sufriendo\, a obedecer. Y\, llevado a la consumación\, se convirtió\, para todos los que lo obedecen\, en autor de salvación eterna\, proclamado por Dios sumo sacerdote según el rito de Melquisedec. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 109\,1.2.3.4 \nR/. Tú eres sacerdote eterno\, según el rito de Melquisedec \nV/. Oráculo del Señor a mi Señor:\n«Siéntate a mi derecha\,\ny haré de tus enemigos\nestrado de tus pies». R/. \nV/. Desde Sión extenderá el Señor\nel poder de tu cetro:\nsomete en la batalla a tus enemigos. R/. \nV/. «Eres príncipe desde el día de tu nacimiento\,\nentre esplendores sagrados;\nyo mismo te engendré\, desde el seno\,\nantes de la aurora». R/. \nV/. El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:\n«Tú eres sacerdote eterno\,\nsegún el rito de Melquisedec». R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (2\,18-22): \nEN aquel tiempo\, como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando\, vinieron unos y le preguntaron a Jesús:\n«Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?».\nJesús les contesta:\n«¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo\, mientras el esposo está con ellos? Mientras el esposo está con ellos\, no pueden ayunar.\nLlegarán días en que les arrebatarán al esposo\, y entonces ayunarán en aquel día.\nNadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto —lo nuevo de lo viejo— y deja un roto peor.\nTampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres\, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo\, odres nuevos». \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\n\n\nMartes de la II semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nDespués de comparar el sacerdocio del Mesías con el sacerdocio aaronita\, el autor manifiesta su desazón porque lo que ha expuesto es apenas comienzo de todo lo que hay que decir al respecto\, pero considera que sus destinatarios se han vuelto «indolentes para escuchar»\, lo que hace difícil profundizar más allá. En su opinión\, los destinatarios del «sermón» ya tenían tiempo como para ser «maestros»\, y\, en cambio\, necesitan volver a los rudimentos\, al primer anuncio. Se comportan como niños en la fe\, y por eso no son capaces de digerir «alimento sólido»\, el que es propio de adultos\, los que con la práctica están entrenados para distinguir lo bueno de lo malo.\n\nAsí que decide prescindir de «los prolegómenos al Mesías»\, dejando atrás el Antiguo Testamento y los rudimentos de la fe cristiana. Tuvieron una auténtica experiencia de la fe\, pero decayeron; esa es una situación arriesgada\, porque no puede devolverse la historia para que el Mesías vuelva a morir por ellos. Si la tierra produce fruto\, es por la lluvia que recibe; si el cristiano da frutos\, es porque goza de la bendición de Dios; pero si da frutos malos\, es porque le opone resistencia a Dios. No obstante\, el autor confía en que ellos serán buena tierra (cf. Heb 5\,11–6\,9).\n\nHeb 6\,10-20.\nAunque\, en su comparación\, el autor había entrevisto dos posibilidades (cf. Heb 6\,7-8)\, él remitió a sus destinatarios a la positiva (cf. Heb 6\,9). Pero no se trata de una estrategia para captarse la benevolencia de ellos\, sino de no perder de vista que Dios es justo y que los destinatarios dieron en el pasado testimonio de esmero y amor que se tradujo en servicio a otros cristianos\, situación que continúa en el presente. La confianza\, pues\, se apoya parcialmente en esa conducta\, y él los exhorta a mantenerse firmes y fieles «hasta que esta esperanza sea finalmente realidad».\n\nSin embargo\, el verdadero apoyo de la confianza del cristiano radica en la promesa de Dios\, que es la que le da fundamento a la esperanza. Por eso\, el autor los exhorta ahora a vencer lo que les enfría la esperanza\, que es la indolencia\, y los invita a imitar la conducta de quienes «por la fe y el aguante van heredando las promesas». La «fe» los remite a la fidelidad al Señor; el «aguante»\, a la resistencia frente a las adversidades exteriores y a los desalientos interiores. Esta herencia la están recibiendo en el presente; esto indica que la fidelidad al Señor produce fruto de inmediato\, incluso en el caso de tener que entregar la vida por él.\n\nEnseguida se extiende a hablar de la promesa y del compromiso del creyente. El «compromiso»\, en este caso\, no se entiende como una obligación impuesta\, sino como reciprocidad a la promesa recibida como un don. Este es el punto de apoyo fundamental de la fe y la esperanza cristianas. La promesa de Dios es tan solemne como segura. En efecto\, además de la palabra que promete\, Dios le añadió un juramento a la promesa que le hizo a Abraham\, de modo que Dios prometió\, y también se comprometió con juramento. En este caso\, «compromiso» sí significa obligación: Dios se impuso ese deber. Y «como no hay nadie superior a él por quien jurar\, juró por sí mismo».\n\nLa promesa de Dios («te bendeciré copiosamente») implica el don de la vida: Dios bendice dando vida (cf. Gen 1\,20-22). Y la promesa a Abraham consiste en una vida «sin medida». Al principio\, esta promesa se entendió en términos de descendencia\, y así la vio cumplida Abraham en su hijo Isaac\, cuando ya parecía que no había esperanza humana\, pero Abraham se fio de Dios y esperó «con paciencia» hasta cuando obtuvo el cumplimiento de la promesa.\n\nEl autor da importancia al juramento –en relación con las costumbres humanas– para enfatizar la solemnidad y seriedad de este compromiso de Dios. El juramento ofrece garantías y establece certezas sólidas; por eso\, como Dios quería que quedara constancia del carácter irrevocable de su decisión\, «interpuso un juramento» como garantía para los herederos de la promesa.\n\nDios se constituye\, a la vez\, en testigo y garante de su propia promesa. Es testigo\, porque declara haberla hecho; garante\, porque juró cumplirla. Como es imposible que Dios mienta\, esa promesa se convierte en el acicate y la fuerza del creyente que camina en la esperanza.\n\nAsí que\, si Abraham se aferraba a la promesa y al juramento para creer\, el cristiano tiene un tercer apoyo\, que es la esperanza que viene del Señor. Porque esta esperanza es como el vislumbre del futuro cierto\, y\, más que un centelleo lejano –que podría ser un espejismo–\, la esperanza creada por la promesa es el norte cierto de la vida\, ya que no es una ilusión abstracta\, sino una persona. La esperanza «es para nosotros como un ancla de la existencia\, sólida y firme». Esto significa que la vida cristiana está «anclada» en el futuro anunciado y asegurado por la promesa de Dios. Dicha promesa «penetró al otro lado de la cortina»\, al lugar de la presencia de Dios\, de acceso prohibido y solamente permitido una vez anualmente (cf. Lev 16\,2). Esta cortina es ahora la humanidad de Jesús (cf. Heb 10\,20). El autor junta en Jesús las imágenes del «ancla» y de la «cortina» y afirma que él «como precursor\, entró por nosotros» a la presencia misma de Dios en su calidad de sumo sacerdote\, «perpetuo en la línea de Melquisedec».\n\nEl sumo sacerdote judío tenía prohibido traspasar la cortina\, bajo pena de muerte. Jesús\, como sumo sacerdote\, murió antes de penetrar más allá de la cortina\, y\, una vez penetró\, se convirtió en garante de vida para los que él precede como precursor. Esta vida que él garantiza cumple de manera desbordante la promesa que impulsaba a Abraham.\n\nLa esperanza\, incluso a escala meramente humana\, es el motor del crecimiento personal y social de la humanidad. El ser humano parte de una actitud de confianza: en sí mismo\, en su capacidad de conocer y transformar la realidad\, en sus posibilidades de prever\, planear y realizar el futuro\, en su convicción de que lo aguarda un futuro mejor. A medida que constata que su confianza es razonable\, desarrolla mayor confianza y se aventura a correr riesgos mayores para conquistar el futuro que sueña para sí y para los demás.\nLa esperanza cristiana surge de la irrupción de Dios en la historia de los hombres por la persona de Jesús\, hombre entre los hombres\, partícipe de todo lo humano –excepto del pecado\, porque es inhumano– y testigo y garante de una promesa de vida de parte de Dios. Esta promesa\, motor de la vida cristiana\, se funda en la confianza puesta en la persona de Jesús\, confianza que se ve confirmada por la experiencia del don del Espíritu Santo (cf. Rom 5\,3-5)\, por el cual el hombre se hace nuevo y renovador\, y se abre a un futuro cierto: la plenitud de la vida. La certeza de este futuro la verifica el cristiano por su experiencia de que el Señor Jesús está vivo\, «hoy\, mañana y siempre» (cf. Heb 13\,8). Y esa es la plenitud de vida a la que aspira como hijo de Dios.\n\nLa «comunión» con Jesús es nuestra fiel respuesta a la «encarnación» de Jesús: él asumió nuestra condición humana y nosotros nos adherimos a él para asumir su condición divina. La comunión con él es promesa de vida eterna que dinamiza nuestra esperanza y fortalece nuestro compromiso de amar como él\, seguros de que esa calidad de amor nos garantiza esa calidad de vida.\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la II semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la carta a los Hebreos (7\,1-3.15-17): \nMELQUISEDEC\, rey de Salén\, sacerdote del Dios altísimo\, salió al encuentro de Abrahán cuando este regresaba de derrotar a los reyes\, lo bendijo y recibió de Abrahán el diezmo del botín.\nSu nombre significa\, en primer lugar\, Rey de Justicia\, y\, después\, Rey de Salén\, es decir\, Rey de Paz.\nSin padre\, sin madre\, sin genealogía; no se menciona el principio de sus días ni el fin de su vida.\nEn virtud de esta semejanza con el Hijo de Dios\, es sacerdote perpetuamente.\nY esto resulta mucho más evidente si surge otro sacerdote a semejanza de Melquisedec\, que no ha llegado a serlo en virtud de una legislación carnal\, sino en fuerza de una vida imperecedera; pues está atestiguado:\n«Tú eres sacerdote para siempre\nsegún el rito de Melquisedec». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 109\,1.2.3.4 \nR/. Tú eres sacerdote eterno\, según el rito de Melquisedec \nV/. Oráculo del Señor a mi Señor:\n«Siéntate a mi derecha\,\ny haré de tus enemigos\nestrado de tus pies». R/. \nV/. Desde Sión extenderá el Señor\nel poder de tu cetro:\nsomete en la batalla a tus enemigos. R/. \nV/. «Eres príncipe desde el día de tu nacimiento\,\nentre esplendores sagrados;\nyo mismo te engendré\, desde el seno\,\nantes de la aurora». R/. \nV/. El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:\n«Tú eres sacerdote eterno\,\nsegún el rito de Melquisedec». R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (3\,1-6): \nEN aquel tiempo\, Jesús entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando\, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo.\nEntonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada:\n«Levántate y ponte ahí en medio».\nY a ellos les pregunta:\n«¿Qué está permitido en sábado?\, ¿hacer lo bueno o lo malo?\, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?».\nEllos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón\, dice al hombre:\n«Extiende la mano».\nLa extendió y su mano quedó restablecida.\nEn cuanto salieron\, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nMiércoles de la II semana del Tiempo Ordinario. Año I. \nEl autor ha venido aplicándole al Mesías Jesús títulos propios de la cultura religiosa judía\, pero mostrando que en él se realiza de manera excelente e inigualable lo que cada uno de ellos señala. Como portador de la palabra de Dios\, es superior a los profetas\, como rey\, no lo es en relación con David\, sino por ser Hijo de Dios\, y como sacerdote\, es muy superior a los sumos sacerdotes del pueblo\, porque él sí reconcilia con Dios. Pero queda una objeción por superar.\nAunque David en algunas ocasiones asumiera funciones sacerdotales (cf. 2Sam 6\,12-13.17-18)\, no existía en Israel la institución de rey-sacerdote\, dado que los reyes eran de la tribu de Judá y los sacerdotes de la tribu de Leví; por consiguiente\, el autor tiene que justificar su presentación del Mesías como rey-sacerdote. Eso es justamente lo que hace a continuación\, después de haber afirmado que Jesús fue hecho por Dios «sumo sacerdote perpetuo en la línea de Melquisedec». \nHeb 7\,1-3.15-17.\nEn el Antiguo Testamento hay dos claves: la figura de Melquisedec\, rey-sacerdote\, que aparece en relación con el patriarca Abraham\, y el hecho de que el salmista hable de un sacerdocio eterno «en la línea de Melquisedec». Son dos menciones\, únicas en su género\, pero suficientes para este autor\, que se muestra versado en el manejo de las escrituras al mejor estilo rabínico.\nEl autor se refiere de entrada (vv. 1-10) al relato de Gen 14\,17-20\, y reserva para la segunda parte de su exposición (vv. 11-28) el comentario del Salmo 110\,4. El título divino «Altísimo» aparece en Num 24\,16; Dt 32\,8 como denominación universal de Dios.\nMelquisedec aparece en primer lugar como «rey de Salem» y\, además\, como «sacerdote del Dios Altísimo»; en segundo\, lugar\, en relación con el patriarca Abraham\, Melquisedec «lo bendijo»\, y Abraham «le adjudicó el diezmo de todo». Todo esto ocurre después de una victoria militar del patriarca\, lo que indica que el «diezmo» que le adjudica es un tributo de acción de gracias.\nEn su exégesis\, el autor señala que el nombre de Melquisedec significa «rey de justicia»\, en tanto que el título de rey de Salem significa «rey de paz». El silencio del relato respecto de la familia y la genealogía\, del nacimiento y de la muerte de Melquisedec lo interpreta como sugerencia de su inmortalidad\, lo cual lo asemeja al Hijo d Dios\, con un sacerdocio que permanece para siempre\, distinto del sacerdocio aaronita\, ya que los sumos sacerdotes lo eran hasta su muerte (cf. Num 20\,24-28)\, en tanto el sacerdocio de Melquisedec permanece (cf. Heb 7\,8\, omitido).\nMelquisedec no era\, pues\, de la tribu de Leví\, y ni siquiera de la descendencia de Abraham; esto lo hace tipo de Jesús\, pues –sin origen humano– ostenta un sacerdocio universal («sacerdote del Dios Altísimo») que lo establece por encima del sacerdocio levítico. Esa superioridad se confirma en la adjudicación de los diezmos que Abraham le hizo a Melquisedec\, hecho que el autor aplica a los levitas\, descendientes de Abraham; además\, Melquisedec fue quien bendijo al patriarca\, lo cual también redunda en la superioridad de Melquisedec sobre Abraham y sus descendientes\, los levitas incluidos (cf. vv. 4-10\, omitidos).\nEl autor se pregunta qué falta hacía que surgiese otro sacerdote\, en la línea de Melquisedec\, y no en la de Aarón\, si el sacerdocio levítico estaba realizando la función para la cual fue instituido y cuya existencia era parte de la legislación dada al pueblo\, ya que cambiar el sacerdocio implicaba forzosamente cambiar también la Ley. Más extraño resulta este planteamiento si se tiene presente que\, así como Melquisedec no perteneció al pueblo de Abraham\, Jesús no era de la tribu de Leví\, sino de la de Judá\, que nada tenía que ver con el sacerdocio. Esto conlleva un cambio social muy profundo\, ya que la sociedad israelita descansaba sobre la distinción entre la casta sacerdotal y el pueblo raso\, distinción que ahora desaparece\, porque de un sacerdocio se pasa a un sacerdote\, y este era socialmente un miembro más del pueblo\, no uno de la casta sacerdotal. Su calidad ya no depende de la institución jurídica (o sea\, de una disposición sobre el linaje)\, sino de la fuerza de una vida indestructible\, según el oráculo divino (11-14\, omitidos; 15-17).\nY la respuesta que encuentra a su pregunta es que el sacerdocio levítico\, con toda su legislación cúltica\, no logró transformar a las personas (llevarlas a su «consumación») ni otorgarles el libre y pleno acceso a Dios\, lo que sí logra el sacerdocio de Jesús\, que se basa en ese sacerdocio cuya institución reposa en la «fuerza de una vida indestructible»\, alusión al Espíritu Santo que se recibe por la adhesión de fe a Jesús. Ese sacerdocio deroga la disposición anterior\, «por ser ineficaz e inútil»\, pues «la Ley no consiguió transformar nada»\, pero\, a cambio de la Ley\, se introduce una esperanza más valiosa\, «por la cual nos acercamos a Dios». La promesa de «vida indestructible»\, alude al Espíritu Santo e introduce esa «esperanza más valiosa por la que nos acercamos a Dios» (cf. vv. 18-20\, omitidos). \nEn la antigua alianza el sacerdocio y la realeza era recíprocamente excluyentes. Es cierto que hay un texto en el que se conjugan estas dos nociones: «Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes» (????????? ????????? cf. Ex 19\,6). Esa expresión la entienden unos como «un pueblo formado por reyes y sacerdotes»\, y otros como «un reino gobernado por sacerdotes»\, que es la realidad que se dio después del exilio. En todo caso\, no significa lo mismo que lo que el predicador que escribe este «sermón» quiere significar cuando habla del Mesías rey-sacerdote.\nEl apóstol Pedro cita ese texto para aplicarlo a la comunidad cristiana entera\, como explicación del efecto que produce en ella la infusión del Espíritu Santo (cf. 1Ped 2\,9). El carácter sacerdotal atribuido al pueblo\, no a una casta\, implica que la cercanía a Dios\, la capacidad para acercar a los hombres a Dios\, y la facultad de ofrecer «sacrificios espirituales» (1Ped 2\,5) son atribuciones del nuevo pueblo. Este nuevo pueblo es universal\, consagrado por el Espíritu Santo como propiedad de Dios («adquiriste para Dios»)\, partícipe de la condición real de Dios («linaje real»)\, que goza de libre acceso a Dios («sacerdotes para nuestro Dios») y tiene la promesa de libertad y señorío en la historia («reinarán sobre la tierra»): es el pueblo de la nueva alianza (cf. Ap 1\,6; 5\,9-10).\nEl sacerdocio real tiene que ver con el culto a Dios en la historia\, no con el culto ceremonial y ritual del Antiguo Testamento. Quienes participamos de la eucaristía la empobreceríamos si la redujéramos a una bella ceremonia sin trascendencia vital e histórica. El «amén» implica nuestra propia transformación en hijos de Dios y el empeño por transformar el mundo en reino de Dios.\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Jueves de la II semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta a los Hebreos (7\,25–8\,6): \nHERMANOS:\nJesús puede salvar definitivamente a los que se acercan a Dios por medio de él\, pues vive siempre para interceder a favor de ellos.\nY tal convenía que fuese nuestro sumo sacerdote: santo\, inocente\, sin mancha\, separado de los pecadores y encumbrado sobre el cielo.\nÉl no necesita ofrecer sacrificios cada día como los sumos sacerdotes\, que ofrecían primero por los propios pecados\, después por los del pueblo\, porque lo hizo de una vez para siempre\, ofreciéndose a sí mismo.\nEn efecto\, la ley hace sumos sacerdotes a hombres llenos de debilidades. En cambio\, la palabra del juramento\, posterior a la ley\, consagra al Hijo\, perfecto para siempre.\nEsto es lo principal de todo el discurso: Tenemos un sumo sacerdote que está sentado a la derecha del trono de la Majestad en los cielos\, y es ministro del Santuario y de la Tienda verdadera\, construida por el Señor y no por un hombre.\nEn efecto\, todo sumo sacerdote está puesto para ofrecer dones y sacrificios; de ahí la necesidad de que también Jesús tenga algo que ofrecer.\nAhora bien\, si estuviera en la tierra\, ni siquiera sería sacerdote\, habiendo otros que ofrecen los dones según la ley.\nEstos sacerdotes están al servicio de una figura y sombra de lo celeste\, según el oráculo que recibió Moisés cuando iba a construir la Tienda:\n«Mira»\, le dijo Dios\, «te ajustarás al modelo que te fue mostrado en la montaña».\nMas ahora a Cristo le ha correspondido un ministerio tanto más excelente cuanto mejor es la alianza de la que es mediador: una alianza basada en promesas mejores. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 39\,7-8a.8b-9.10.17 \nR/. Aquí estoy\, Señor\, para hacer tu voluntad \nV/. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas\,\ny\, en cambio\, me abriste el oído;\nno pides sacrificio expiatorio\,\nentonces yo digo: «Aquí estoy». R/. \nV/. «—Como está escrito en mi libro—\npara hacer tu voluntad.»\nDios mío\, lo quiero\,\ny llevo tu ley en las entrañas. R/. \nV/. He proclamado tu salvación\nante la gran asamblea;\nno he cerrado los labios:\nSeñor\, tú lo sabes. R/. \nV/. Alégrense y gocen contigo\ntodos los que te buscan;\ndigan siempre: «Grande es el Señor»\nlos que desean tu salvación. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Marcos (3\,7-12): \nEN aquel tiempo\, Jesús se retirá con sus discípulos a la orilla del mar y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea.\nAl enterarse de las cosas que hacía\, acudía mucha gente de Judea\, Jerusalén\, Idumea\, Transjordania y cercanías de Tiro y Sidón.\nEncargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca\, no lo fuera a estrujar el gentío.\nComo había curado a muchos\, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo.\nLos espíritus inmundos\, cuando lo veían\, se postraban ante él y gritaban:\n«Tú eres el Hijo de Dios».\nPero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\n\n\nJueves de la II semana del Tiempo Ordinario. Año I. \nA lo antes dicho respecto de la ineficacia del sacerdocio «de la línea de Aarón» confrontado con el sacerdocio «en la línea de Melquisedec» (cf. Heb 7\,11)\, el predicador añade otra diferencia que pondera la calidad del segundo: este fue establecido con garantía de juramento\, en tanto que el primero no fue avalado de esa forma. Esto es «señal de que él\, Jesús\, es garante de una alianza más valiosa». Esta es la primera afirmación que hace de la superioridad del nuevo sacerdocio en relación con el antiguo (Hb 7\,20-22\, omitidos).\nA continuación\, anota los otros dos títulos de superioridad (vv. 23-28) antes de abordar lo que él considera «el punto capital» de su exposición.\nDicho «punto capital» afronta honradamente otro interrogante: dado que Jesús glorificado está a la diestra de Dios en los cielos (cf. 1\,3: «a la derecha de su majestad en las alturas»)\, de acuerdo con lo que pregona el salmo (110\,1: «siéntate a mi derecha…»)\, es preciso explicar de qué forma puede él ejercer su sacerdocio en favor de los hombres que están en la tierra. \nHeb 7\,25–8\,6.\nLa segunda nota de superioridad del nuevo sacerdocio «en la línea de Melquisedec» consiste en el contraste entre la muchedumbre de sacerdotes que exigían las condiciones del sacerdocio «en la línea de Aarón» –puesto que su oficio cesaba con la muerte– y la condición de Jesús glorioso\, quien permanece para siempre\, y por eso tiene un sacerdocio «exclusivo»\, que elimina la urgencia de sustitutos planteada por la muerte\, y le permite «salvar hasta el final» a todos lo que por medio de él se van acercando a Dios\, ya que\, por estar siempre vivo\, está siempre disponible e intercede continuamente por ellos. Esta intercesión se entiende como el modo de proceder que quien está plenamente acreditado –pues «tiene la confianza del que lo nombró» (Heb 3\,2)– para intervenir en favor de aquellos que están a su cargo. Su intercesión privilegiada se funda en su entronización para siempre a la diestra de Dios (vv. 23-25).\nLa tercera nota de superioridad del nuevo sacerdocio (tres es una totalidad homogénea) consiste en la unicidad de su sacrificio. Es «único» en el sentido de «excelente»\, y en el sentido de que es «irrepetible». En efecto\, el «sacrificio» de Jesús es la entrega de sí mismo para realizar del designio de Dios. Esto es lo que «consagra» verdaderamente al hombre. «Sacrificio» significa eso\, «hacer sagrado»\, «consagrar». El acento está puesto en el don de sí mismo\, más que en las consecuencias de dicha donación (rechazo\, exclusión\, muerte). Esa entrega de sí mismo se concreta en su vida de rectitud personal («santo\, inocente\, sin mancha») y en su distancia respecto de la injusticia de la sociedad («separado de los pecadores»). Este «sacrificio»\, específicamente\, suprime el pecado. No es el caso de Jesús (cf. Heb 4\,15)\, pero es el de toda la humanidad. Los antiguos sacerdotes eran «hombres débiles»\, en tanto que el Hijo de Dios es el hombre realizado de por vida.\nEl ejercicio del sacerdocio del Mesías\, «en la línea de Melquisedec»\, implica un culto nuevo\, pues el culto antiguo es insuficiente. De esa insuficiencia va a tratar el autor a continuación\, y advierte que así hemos llegado al meollo de la cuestión.\nEn desarrollo de ese «punto capital» se fija el autor en estos asuntos: el ámbito en donde se debe desarrollar el culto (la tierra\, o el cielo)\, el lugar santo (el santuario y el tabernáculo)\, el sacrificio (la víctima ofrecida) y la alianza a la que pertenece este sacerdocio «en la línea de Melquisedec».\nPuesto que el Mesías es un sumo sacerdote «que en el cielo se sentó a la derecha del trono de la Majestad» (cf. Heb 1\,3)\, se supone que ese es el ámbito en donde ejerce su sacerdocio y presenta su culto; y\, dado que está en el cielo\, entonces se deduce que él está oficiando «como celebrante del santuario y del tabernáculo verdaderos\, erigido por el Señor\, no por hombres». La exclusión de «mano humana» entraña la pertenencia al mundo celestial. Así que el ámbito y el lugar santo en donde el Mesías ejerce su sacerdocio no son «de este mundo creado» (cf. Heb 9\,11.24).\nLo mismo hay que decir de los «dones y sacrificios» que se supone tiene de ofrecer todo sumo sacerdote. Al referirse al hipotético culto terrestre\, el autor no profiere nombre o título alguno para referirse la persona de la que habla; apenas usa el pronombre «él». Parte de una especie de principio general: «a todo sumo sacerdote se le nombra para que ofrezca dones y sacrificios». Al aplicarlo\, admite que «él» debía tener algo que ofrecer. Pero si «él» estuviera en la tierra\, ni siquiera sería sacerdote\, porque ni él ni su ofrenda se ajustan al sacerdocio antiguo\, que se rige por la Ley. Sin embargo\, el culto antiguo es apenas «un esbozo (?????????) y sombra (????) de lo celeste»\, ya que el modelo en el que se basa está en el cielo. Así consta en las instrucciones que le dio Dios a Moisés al ir a construir el tabernáculo: «Ten cuidado de hacerlo todo conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte» (Ex 25\,40). La formulación del autor entraña cierta complejidad. En una perspectiva estática\, las realidades terrestres\, anteriores y más perfectas\, sirven de modelo a sus reproducciones terrestres (cf. Heb 9\,24); en una perspectiva dinámica\, el «esbozo» terrestre se encamina a su posterior realización definitiva en el cielo (cf. Heb 10\,1).\nEl cambio de sacerdocio y de culto\, con la correspondiente invalidación de la Ley\, abre paso al planteamiento de la validez de la alianza la nueva alianza\, y\, por consiguiente\, a la nueva relación entre Dios y la humanidad. Solo así las relaciones entre Dios y los hombres se establecerán sobre mejores bases (cf. Heb 7\,12.18-19). \nEl sacerdocio celeste del Mesías sentado a la diestra de la Majestad en las alturas corresponde al nuevo sacerdocio\, «en la línea de Melquisedec»\, que es perpetuo y establecido con juramento de parte de Dios (cf. Heb 7\,17.20-21). Este sacerdocio tiene la capacidad de «salvar» (cf. Heb 7\,25)\, es decir\, comunicar vida eterna. A este sacerdocio le corresponde «una liturgia muy diferente» a la del sacerdocio aaronita; la «liturgia» aaronita era ceremonial y ritual\, la «liturgia» del Mesías es existencial y vital\, es decir\, el Mesías le da culto a Dios con su vida entregada por amor\, y esa es la ofrenda (o «sacrificio») que él hace\, la donación de sí mismo para dar vida («salvar») a otros.\nLos seguidores del Mesías que entregaron su vida por la causa del reinado de Dios\, reivindicados ahora por no haberse dejado amedrentar por las amenazas del poder asesino\, los que fueron muertos y están con vida –como el Cordero que fue degollado pero sigue en pie (cf. Ap 5\,6)–\, ellos\, que dieron testimonio de Jesús\, ya antes de la segunda resurrección «tuvieron vida y fueron reyes con el Mesías »\, y también fueron «sacerdotes de Dios y del Mesías»\, es decir\, participan de la gloria del resucitado y son elegidos intercesores que actúan en favor de la sociedad humana en «la primera resurrección»\, o sea\, antes de la resurrección general se hace sentir la presencia activa de ellos desde el cielo con el Mesías en la historia (cf. Ap 20\,4-6).\nLas celebraciones de la fe nos estimulan a vivir nuestro sacerdocio bautismal en la historia para prepararnos a vivir después nuestro sacerdocio de resucitados con el Mesías en el cielo.\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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SUMMARY:Fiesta de la conversión de san Pablo\, apóstol
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de los Hechos de los apóstoles (22\,3-16): \nEn aquellos días\, dijo Pablo al pueblo: «Yo soy judío\, nací en Tarso de Cilicia\, pero me crié en esta ciudad; fui alumno de Gamaliel y aprendí hasta el último detalle de la ley de nuestros padres; he servido a Dios con tanto fervor como vosotros mostráis ahora. Yo perseguí a muerte este nuevo camino\, metiendo en la cárcel\, encadenados\, a hombres y mujeres; y son testigos de esto el mismo sumo sacerdote y todos los ancianos. Ellos me dieron cartas para los hermanos de Damasco\, y fui allí para traerme presos a Jerusalén a los que encontrase\, para que los castigaran. Pero en el viaje\, cerca ya de Damasco\, hacia mediodía\, de repente una gran luz del cielo me envolvió con su resplandor\, caí por tierra y oí una voz que me decía: “Saulo\, Saulo\, ¿por qué me persigues?” Yo pregunté: “¿Quién eres\, Señor?” Me respondió: “Yo soy Jesús Nazareno\, a quien tú persigues.” Mis compañeros vieron el resplandor\, pero no comprendieron lo que decía la voz. Yo pregunté: “¿Qué debo hacer\, Señor?” El Señor me respondió: “Levántate\, sigue hasta Damasco\, y allí te dirán lo que tienes que hacer.” Como yo no veía\, cegado por el resplandor de aquella luz\, mis compañeros me llevaron de la mano a Damasco. Un cierto Ananías\, devoto de la Ley\, recomendado por todos los judíos de la ciudad\, vino a verme\, se puso a mi lado y me dijo: “Saulo\, hermano\, recobra la vista.” Inmediatamente recobré la vista y lo vi. Él me dijo: “El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conozcas su voluntad\, para que vieras al Justo y oyeras su voz\, porque vas a ser su testigo ante todos los hombres\, de lo que has visto y oído. Ahora\, no pierdas tiempo; levántate\, recibe el bautismo que\, por la invocación de su nombre\, lavará tus pecados.”» \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 116\,1.2 \nR/. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio \nAlabad al Señor\, todas las naciones\,\naclamadlo\, todos los pueblos. R/. \nFirme es su misericordia con nosotros\,\nsu fidelidad dura por siempre. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (16\,15-18): \nEn aquel tiempo\, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean\, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre\, hablarán lenguas nuevas\, cogerán serpientes en sus manos y\, si beben un veneno mortal\, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos\, y quedarán sanos.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\n\n\n25 de enero.\nLa conversión del apóstol San Pablo.\n\nEs frecuente confundir «enmienda» (griego ????????) y «conversión» (griego ?????????)\, pero se trata de dos realidades diferentes:\n• La «enmienda» (????????) es ética.\n• La «conversión» (?????????) es teológica.\n• La enmienda se refiere al ser humano: es exigencia de rectitud en relación con el semejante.\n• La conversión se refiere a Dios: es exigencia de abandonar las falsas representaciones de él.\n• La enmienda corrige una vida injusta en relación con el prójimo.\n• La conversión abandona los ídolos (falsas representaciones de Dios) para abrazar al verdadero.\nPablo\, desde el punto de vista de la justicia –según la ley– era irreprochable; pero tenía un falso concepto de Dios en el que se apoyaba para excluir y atropellar personas.\nEsto nos lleva a dos consideraciones más:\n• La conversión exige e incluye la enmienda.\n• La enmienda puede darse sin conversión.\n\nIntroducción a las dos alternativas para la primera lectura.\nLa conversión de Pablo se narra tres veces en el libro de los Hechos (9\,1-19; 22\,3-21; 26\,9-23). De esta forma se señala que Pablo va tomando conciencia cada vez más clara lo que aconteció en el camino de Damasco. Y esto significa que la conversión tiene dos momentos:\n• Uno puntual: la ruptura inicial y el abandono del ídolo (de los ídolos) o de la falsa representación (o de las falsas representaciones) que la persona tiene de Dios.\n• Uno procesual: la comprensión cada vez más clara del misterio de Dios y de las exigencias y de las repercusiones que implica la relación personal con él.\n\n1. Primera lectura (Hch 22\,3-16).\nEn este segundo relato (primera alternativa) se declaró judío\, y narró su conversión (en 9\,1-19 la refirió el narrador). Cada vez va tomando mayor conciencia de la universalidad del amor de Dios. Pero aún no toma nota de la advertencia de Jesús de no hacer «defensa» de sí mismo\, sino dejar que hable el Espíritu Santo a través suyo (cf. Lc 12\,11; 21\,14). Saulo hizo una «defensa» de sí mismo y reveló que\, justamente en el templo de Jerusalén\, el Señor lo apremió a salir de Jerusalén\, porque allí el testimonio no iba a encontrar eco\, y dirigirse a los paganos. Ahora tiene conciencia de que Ananías le habló de su misión como una actividad «ante todos los hombres» (cf. vv. 14-15). Pablo adujo que su testimonio como perseguidor convertido –e incluso como uno de los que aprobaron la muerte de Esteban– podría ser eficaz\, pero el Señor insistió en enviarlo a la misión universal («…lejos\, a naciones paganas»).\n\n1. Primera lectura (Hch 9\,1-22)\nEl primer relato (segunda alternativa) presenta la conversión de Saulo vista desde afuera\, desde la perspectiva del narrador (Lucas). La motivación inicial de Saulo es el odio intransigente a los cristianos de lengua griega\, los seguidores del «camino» (de Jesús)\, por eso los persigue inclusive en el exterior (Damasco\, Siria). Pero\, cerca de su destino\, la revelación del Señor lo sorprendió («una luz celeste lo envolvió de claridad»)\, y él se desmoronó interiormente («cayó a tierra»). No podía creer lo que veía\, ni admitir lo que eso significaba. El Jesús crucificado como malhechor y maldito de Dios ahora le habla desde el cielo\, y resulta que los sumos sacerdotes se equivocaron\, o mejor\, cometieron injusticia cuando lo crucificaron. Y el crucificado se identifica con todos los perseguidos por Saulo. La voz que lo interpela lo llama «Saúl»\, recordándole que\, así como el rey Saúl persiguió sin éxito a David\, ahora Saulo persigue al que cumple las promesas hechas por Dios a David. Sus compañeros oyen a Pablo\, pero no a su interlocutor. Saulo está cegado por su obstinación a aceptar la revelación. Ananías fue enviado para vencer esa resistencia y para que Saulo se dirija a los paganos después de reobrar la vista y llenarse del Espíritu Santo. Saulo dio su asentimiento\, se liberó de su ceguera\, se bautizó\, comió y recuperó fuerzas.\n\n2. Evangelio (Mc 16\,15-18).\nEl envío misionero universal se da después de un reproche por la renuencia de los discípulos a dar fe a los mensajeros de la resurrección. La insistencia se pone en la fe (equivalente evangélico de la conversión):\n• La fe personal\, profesada públicamente en el compromiso bautismal\, causa la salvación (vida) del creyente.\n• La renuencia a creer causa la condenación (privación de la vida).\nLa fe (que es la conversión) se manifiesta con estas «señales» (signos del éxodo) en todo creyente:\n• Expulsión de demonios (erradicación de la violencia por fanatismo religioso) apoyándose en la persona (el «nombre») de Jesús.\n• Hablar en lenguas nuevas (no «extrañas»\, ni recién inventadas): apertura universal de la buena noticia a todos los pueblos.\n• Coger serpientes en las manos: lidiar con éxito los oráculos de los falsos profetas\, sin ceder a la ponzoña de su engaño.\n• Beber sin daño algún veneno: convivir en cualquier ambiente espiritual sin dejarse influenciar por sus perversidades.\n• Aplicar las manos a los «postrados» para que se pongan buenos: trabajar por la eficaz liberación de los hombres oprimidos.\nNo hay conversión verdadera sin profunda repercusión social.\n\nLa confusión de enmienda con conversión no es una cuestión meramente académica. Es algo más profundo.\nHay muchas personas de vida éticamente admirable\, que pueden considerarse ejemplares como ciudadanos\, pero no por eso son creyentes\, y mucho menos «conversos».\nHay muchas personas religiosas\, como Pablo\, de ánimo excluyente\, celosas de sus tradiciones\, e incluso fanáticas. Pero no se puede suponer que\, por eso\, su conducta legal sea justa\, y mucho menos que se hayan convertido al Dios de Jesucristo.\nY hay creyentes que se dejan encontrar por Dios en Jesús\, lo aceptan como él se revela\, y lo manifiestan con las «señales» anotadas arriba. Esos son los conversos\, como Pablo.\nQue la eucaristía nos ayude a romper con los ídolos y a identificarnos cada día más con Jesús en su entrega de amor liberador.\nFeliz fiesta.
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SUMMARY:Sábado de la II semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (1\,1-8): \nPablo\, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios\, llamado a anunciar la promesa de vida que hay en Cristo Jesús\, a Timoteo\, hijo querido; te deseo la gracia\, misericordia y paz de Dios Padre y de Cristo Jesús\, Señor nuestro. Doy gracias a Dios\, a quien sirvo con pura conciencia\, como mis antepasados\, porque tengo siempre tu nombre en mis labios cuando rezo\, de noche y de día. Al acordarme de tus lágrimas\, ansío verte\, para llenarme de alegría\, refrescando la memoria de tu fe sincera\, esa fe que tuvieron tu abuela Loide y tu madre Eunice\, y que estoy seguro que tienes también tú. Por esta razón te recuerdo que reavives el don de Dios\, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde\, sino un espíritu de energía\, amor y buen juicio. No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor y de mí\, su prisionero. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio\, según la fuerza de Dios. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 95\,1-2a.2b-3.7-8a.10 \nR/. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones \nCantad al Señor un cántico nuevo\,\ncantad al Señor\, toda la tierra;\ncantad al Señor\, bendecid su nombre. R/. \nProclamad día tras día su victoria.\nContad a los pueblos su gloria\,\nsus maravillas a todas las naciones. R/. \nFamilias de los pueblos\, aclamad al Señor\,\naclamad la gloria y el poder del Señor\,\naclamad la gloria del nombre del Señor. R/. \nDecid a los pueblos: «El Señor es rey\,\nél afianzó el orbe\, y no se moverá;\nél gobierna a los pueblos rectamente.» R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo Evangelio según san Marcos 4\, 1-20\nEn aquel tiempo\, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al mar. Acudió un gentío tan enorme\, que tuvo que subirse a una barca y\, ya en el mar\, se sentó; y el gentío se quedó en tierra junto al mar.\nLes enseñaba muchos cosas con parábolas y les decía instruyéndoles:\n«Escuchad: salió el sembrador a sembrar; al sembrar\, algo cayó al borde del camino\, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso\, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda\, brotó en seguida; pero\, en cuanto salió el sol\, se abrasó y\, por falta de raíz\, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; los abrojos crecieron\, lo ahogaron\, y no dio grano. El resto cayó en tierra buena: nació\, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno». Y añadió:\n«El que tenga oídos para oír\, que oiga».\nCuando se quedó a solas\, los que lo rodeaban y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas. Él les dijo:\n«A vosotros se os ha dado el misterio del reino de Dios; en cambio a los de fuera todo se les presenta en parábolas\, para que “por más que miren\, no vean\, por más que oigan\, no entiendan\, no sea que se conviertan y sean perdonados”». Y añadió:\n«¿No entendéis esta parábola? ¿Pues\, cómo vais a conocer todas las demás? El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero\, en cuanto la escuchan\, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la simiente como terreno pedregoso; son los que al escuchar la palabra enseguida la acogen con alegría\, pero no tienen raíces\, son inconstantes y\, cuando viene una dificultad o persecución por la palabra\, enseguida sucumben. Hay otros que reciben la semilla entre abrojos; éstos son los que escuchan la palabra\, pero los afanes de la vida\, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden\, ahogan la palabra\, y se queda estéril. Los otros son los que reciben la semilla en tierra buena; escuchan la palabra\, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno».\nPalabra de Dios\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nSábado de la II semana del Tiempo Ordinario. Año II.\n\nEl predicador se explaya ahora en la descripción del culto ritual y del templo de la antigua alianza basándose en la Ley de Moisés (cf. Ex 25–26; 30\,1-6; 36–37; 40). No se interesa en el templo construido por Salomón (cf. 1Rey 6–8). Usa el nombre de «tienda»\, la cual más que un acceso expedito a Dios constituía una barrera.\nLa capilla central (o «santuario») del templo de Jerusalén se componía de dos salones:\n• El (lugar) «Santo»\, abierto al patio\, que solamente permitía el acceso de los sacerdotes para los ritos propios de la purificación exterior. Este lugar «fuera de la cortina»\, contenía tres muebles: en la parte norte\, la mesa para los panes presentados; en la parte sur\, el candelabro\, frente a la mesa; y\, frente a la cortina\, el altar de oro para quemar el incienso (cf. Ex 40\,22-27).\n• El (lugar) «Santísimo»\, delimitado por una cortina con respecto del anterior; era el espacio en el que se consideraba que estaba la presencia de Dios y en el que se decía que estaba el arca de la alianza\, en la cual reposaba el documento de la alianza (cf. Ex 25\,16.21; 26\,33). A este lugar solo podía entrar una vez al año el sumo sacerdote para el rito de la expiación (cf. Lev 16).\n\nHeb 9\,2-3.11-14.\nEl predicador argumenta dos cosas a partir de la disposición arquitectónica del culto (???????) y del santuario terrestre (????? ????????): la construcción misma del templo y la accesibilidad de Dios que se puede deducir a partir de esa disposición.\n1. La construcción en sí.\nEl predicador se fija concretamente en la primera tienda\, el (lugar) «Santo»\, del cual destaca dos de los muebles: el candelero y la mesa con los panes presentados\, aunque eran tres; falta el altar para la ofrenda del incienso (vv. 2-3).\nEl candelabro de los siete brazos (????????) era un lampadario que permanecía ardiente día y noche\, y el sacerdote debía velar porque tuviera suficiente provisión de aceite y mecha para continuar ardiendo. Se decía que la llama original había sido encendida por Dios mismo. El lampadario representaba la zarza ardiente que vio Moisés; y\, después\, simbolizaba el Espíritu del Señor.\nLa mesa de los «panes de la proposición»\, o «de los panes presentados»\, contenía doce panes\, en representación de las doce tribus de Israel\, que eran reemplazados semanalmente\, y cuyo objetivo era manifestar que el pueblo dependía de Dios para vivir y sostenerse. Estos panes presentados solo podían ser consumidos por los sacerdotes.\nEl altar para la ofrenda del incienso tenía la función de representar las oraciones del pueblo con el humo y el agradable olor de esta resina. Cuando se quemaba el incienso\, el humo ascendía y se filtraba a través de la cortina hasta llegar al lugar «Santísimo»\, que era el trono de la misericordia divina\, ya que esas oraciones eran\, sobre todo\, las de los pecadores arrepentidos.\nDespués\, se fija en el (lugar) «Santísimo». Construido como un cubo perfecto\, solo contenía el arca de la alianza\, en la que se tenían las reliquias del éxodo: las losas de la Ley\, la vara florecida de Aarón\, y el maná.\nNo es claro a qué se refiere el autor cuando ubica en el (lugar) «Santísimo» un «altar de oro para el incienso»\, ya que según las descripciones de Ex 30\,6 y 40\,26 este se encontraba en el «Santo» y no en el «Santísimo»\, pero la traducción de los LXX usa allí una palabra (????????????) que no es la misma que está en este escrito (???????????). Por eso se piensa que el autor se refiere a una mesa de perfumes o a un incensario\, que es símbolo del sacerdocio (cf. Lev 10\,1-3; Num 16).\nPor encima del arca\, cubriéndola\, estaba una placa d? oro con dos querubines cincelados en sus extremos; desde encima de esa placa el Señor le comunicaba a Moisés sus mandatos para Israel (cf. Ex 25\,17-22). Esa placa era «el lugar de la expiación». Pero el autor considera que todo esto es «perderse en detalles»\, y declara que no hay tiempo para ello (vv. 4-5\, omitidos).\n2. El simbolismo de la construcción.\nEl acceso a Dios queda prácticamente vedado: en el (lugar) «Santo» solo los sacerdotes a celebrar el culto «continuamente»\, y en el (lugar) «Santísimo» solo una vez al año entra el sumo sacerdote\, y llevando sangre para ofrecerla por él mismo y por las faltas del pueblo.\nEl Espíritu Santo\, por medio de los profetas cristianos\, da a entender que esa primera tienda\, en la que se mantiene viva la conciencia del pecado que separa al hombre de Dios\, se cierra el paso hacia él. Y\, como el culto antiguo reforzaba dicha conciencia de indignidad y de culpa (cf. Nm 18\,2-7; Lev 16\,2)\, al valerse de medios ineficaces para borrar los pecados (cf. Lev 16\,11-34)\, deja ver que la religión judía no tenía verdadera solución al problema del pecado y\, por consiguiente\, no conocía de qué manera tener libre acceso a Dios. Pero\, por otro lado\, la experiencia viva del Espíritu Santo sí permite a los profetas cristianos mostrar ese camino del perdón de los pecados y del libre acceso a Dios. Los dones y sacrificios que se ofrecen en el ceremonial del templo no pueden transformar interiormente a los que practican ese culto\, por eso el Espíritu advierte que los tabúes sobre alimentos\, bebidas o abluciones son observancias exteriores cuyo valor caducó\, porque ya llegó la oportunidad de tener acceso a Dios (vv. 6-10\, omitidos).\nEn contraste con lo anterior\, el verdadero tabernáculo –o lugar del encuentro con Dios– está en la humanidad de Jesús glorificado\, verdadero sumo sacerdote\, cuya sangre derramada en la cruz no solo le permite entrar él en la presencia de Dios\, sino llevar a esa presencia a todos los que se fían de él\, hasta el punto de otorgarles «una liberación definitiva»\, es decir\, el perdón del pecado. La sangre es símbolo de la vida. La sangre de Jesús es el Espíritu Santo\, que purifica la conciencia humana de las obras de muerte para que el hombre pueda dar culto al Dios vivo y vivificador\, es decir\, al Padre (vv. 11-14).\n\nTambién hoy la disposición arquitectónica de los lugares de reunión del pueblo de Dios\, en los que se celebra la fe\, pueden ser más o menos aptos para expresar la fe que celebramos. Pero\, por encima de todo\, el entramado de relaciones entre los que nos reunimos para celebrar facilita o dificulta el acceso a Dios. Los diversos ministros\, los ceremoniales y rituales y los miembros de las asambleas necesitamos tomar conciencia de que nuestra misión es permitir el acceso a Jesús\, para que él pueda conducir hasta el Padre a aquellos que\, por darle fe a él\, reciban el Espíritu.\nEl amor manifestado por Jesús entregando su vida hasta morir como criminal y maldito de Dios\, rechazado por autoridades civiles y religiosas hechas cómplices del pecado\, es lo que nos puede dar la liberación definitiva que es fruto del Espíritu Santo. Ese amor es el que nos da libre acceso a Dios y nos permite ofrecerle el verdadero culto\, como el de Jesús.\nFeliz sábado en compañía de María\, madre del Señor.
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SUMMARY:III Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de Nehemías (8\,2-4a.5-6.8-10): \nEN aquellos días\, el día primero del mes séptimo\, el sacerdote Esdras trajo el libro de la ley ante la comunidad: hombres\, mujeres y cuantos tenían uso de razón. Leyó el libro en la plaza que está delante de la Puerta del Agua\, desde la mañana hasta el mediodía\, ante los hombres\, las mujeres y los que tenían uso de razón. Todo el pueblo escuchaba con atención la lectura de la ley.\nEl escriba Esdras se puso en pie sobre una tribuna de madera levantada para la ocasión.\nEsdras abrió el libro en presencia de todo el pueblo\, de modo que toda la multitud podía verlo; al abrirlo\, el pueblo entero se puso de pie. Esdras bendijo al Señor\, el Dios grande\, y todo el pueblo respondió con las manos levantadas:\n«Amén\, amén».\nLuego se inclinaron y adoraron al Señor\, rostro en tierra.\nLos levitas leyeron el libro de la ley de Dios con claridad y explicando su sentido\, de modo que entendieran la lectura.\nEntonces\, el gobernador Nehemias\, el sacerdote y escriba Esdras\, y los levitas que instruían al pueblo dijeron a toda la asamblea:\n«Este día está consagrado al Señor\, vuestro Dios: No estéis tristes ni lloréis» (y es que todo el pueblo lloraba al escuchar las palabras de la ley).\nY añadieron:\n«Andad\, comed buenas tajadas\, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene\, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes\, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 18\,8.9.10.15 \nR/. Tus palabras\, Señor\, son espíritu y vida. \nV/. La ley del Señor es perfecta\ny es descanso del alma;\nel precepto del Señor es fiel\ne instruye al ignorante. R/. \nV/. Los mandatos del Señor son rectos\ny alegran el corazón;\nla norma del Señor es límpida\ny da luz a los ojos. R/. \nV/. La voluntad del Señor es pura\ny eternamente estable;\nlos mandamientos del Señor son verdaderos\ny enteramente justos. R/. \nV/. Que te agraden las palabras de mi boca\,\ny llegue a tu presencia\nel meditar de mi corazón\,\nSeñor\, roca mía\, redentor mío. R/. \n\n\n\nSegunda lectura\n\nLectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (12\,12-30): \nHermanos:\nLo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros\, y todos los miembros del cuerpo\, a pesar de ser muchos\, son un solo cuerpo\, así es también Cristo.\nPues todos nosotros\, judíos y griegos\, esclavos y libres\, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu\, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.\nPues el cuerpo no lo forma un solo miembro sino muchos.\nSi el pie dijera: «No soy mano\, luego no formo parte del cuerpo»\, ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el oído dijera: «No soy ojo\, luego no formo parte del cuerpo»\, ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el cuerpo entero fuera ojo\, ¿cómo oiría? Si el cuerpo entero fuera oído\, ¿cómo olería? Pues bien\, Dios distribuyó el cuerpo y cada uno de los miembros como él quiso.\nSi todos fueran un mismo miembro\, ¿dónde estaría el cuerpo?\nLos miembros son muchos\, es verdad\, pero el cuerpo es uno solo.\nEl ojo no puede decir a la mano: «No te necesito»; y la cabeza no puede decir a los pies: «No os necesito». Más aún\, los miembros que parecen más débiles son más necesarios. Los que nos parecen despreciables\, los apreciamos más. Los menos decentes\, los tratamos con más decoro. Porque los miembros más decentes no lo necesitan.\nAhora bien\, Dios organizó los miembros del cuerpo dando mayor honor a los que menos valían.\nAsí\, no hay divisiones en el cuerpo\, porque todos los miembros por igual se preocupan unos de otros.\nCuando un miembro sufre\, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado\, todos se felicitan.\nPues bien\, vosotros sois el cuerpo de Cristo\, y cada uno es un miembro.\nY Dios os ha distribuido en la Iglesia: en el primer puesto los apóstoles\, en el segundo los profetas\, en el tercero los maestros\, después vienen los milagros\, luego el don de curar\, la beneficencia\, el gobierno\, la diversidad de lenguas.\n¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos las interpretan? \nPalabra de Dios \nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (1\,1-4;4\,14-21): \nIlustre Teófilo:\nPuesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros\, como nos los transmiteron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra\, también yo he resuelto escribírtelos por su orden\, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio\, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.\nEn aquel tiempo\, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas\, y todos lo alababan.\nFue a Nazaret\, donde se había criado\, entró en la sinagoga\, como era su costumbre los sábados\, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y\, desenrollándolo\, encontró el pasaje donde estaba escrito:\n«El Espíritu del Señor está sobre mí\,\nporque él me ha ungido.\nMe ha enviado a evangelizar a los pobres\,\na proclamar a los cautivos la libertad\,\ny a los ciegos\, la vista;\na poner en libertad a los oprimidos;\na proclamar el año de gracia del Señor».\nY\, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba\, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él.\nY él comenzó a decirles:\n«Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». \nPalabra de Dios \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto \n\n\n\n\nIII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.\n\nLa manifestación de Jesús se prolonga en su vida pública\, que es toda ella revelación del Padre. Su presencia\, su palabra y sus acciones transmiten la realidad de Dios. Solo él conoce al Padre y puede revelarlo\, pero esta revelación suya puede chocar con otras representaciones de Dios que favorecen los intereses de quienes así lo presentan\, aunque esas representaciones aleguen basarse en las Escrituras. Jesús deja constancia de que ninguna Escritura está por encima de él cuando de revelar a Dios se trata. Él es la verdadera palabra de Dios para la humanidad.\n\nLc 1\,1-4; 4\,14-21.\nEl texto propuesto para este domingo contiene dos partes netamente distinguibles: el «prólogo» del evangelio de Lucas y la enseñanza de Jesús en la sinagoga de Nazaret.\n\n1. El prólogo del evangelio.\nLucas comienza su narración de la vida\, obra y enseñanza de Jesús reconociendo que «muchos» otros lo han intentado y que él se apoya en la tradición oral\, es decir\, en el testimonio de quienes al principio fueron testigos oculares y después llegaron a ser garantes del mensaje de Jesús.\n\nAsegura que ha investigado «con nuevo rigor» todo lo que ha escuchado\, y ha decidido ponerlo por escrito «de forma conexa» para que el destinatario de su libro compruebe la solidez de las enseñanzas con las que ha sido instruido.\n\nEl destinatario se llama Teófilo. Algunos piensan que se trata del sumo sacerdote Teófilo\, tercer hijo de Anás\, cuñado de Caifás\, que ejerció entre los años 37-41 después de Cristo. Pero otros\, ateniéndose al significado del nombre («el querido por Dios»)\, piensan que así llama Lucas a toda una comunidad a la que se dirige.\n\n2. La enseñanza en Nazaret.\nDespués de su bautismo y de vencer las tentaciones del diablo\, «regresó Jesús a Galilea». Estos hechos debieron de tener sus repercusiones sociales\, porque la noticia de su presencia se difundió por toda la comarca como un acontecimiento notable. Antes estuvo en Cafarnaún (cf. Lc 4\,23)\, y venía precedido por la buena impresión que en todos causaba su enseñanza en las sinagogas.\n\nLo que impulsa a Jesús es «la fuerza del Espíritu»\, o sea\, el irresistible amor del Padre\, amor que desde joven era su prioridad indiscutible (cf. Lc 2\,49) y que Dios le había ratificado después de su bautismo (cf. Lc 3\,22); amor que él puso por encima de todo plan o interés personal\, porque su decisión era realizar en la tierra el designio de su Padre (cf. Lc 4\,1-12).\n\nDesde el principio\, todos reaccionaron con desconcierto a sus propuestas (cf. Lc 2\,47)\, pero\, en términos generales\, la opinión pública le era favorable (cf. Lc 2\,52; 4\,15). Por eso\, su presencia en la sinagoga de la población en la que creció generó expectativas. A nadie le extrañó que hiciera la lectura y dirigiera la exhortación correspondiente\, porque él solía enseñar en las sinagogas «de ellos» (cf. Lc 4\,15.16). Él escogió leer el texto de Is 61\,1-2\, que se consideraba anuncio mesiánico de «el Profeta»\, anunciado por Moisés (cf. Dt 18\,15-19). Escogencia que produjo expectativa.\n\nPero Jesús no leyó el texto tal como estaba escrito. Evitó mencionar los «corazones desgarrados» (Is 61\,1c)\, que eran los castigados por haber abandonado al Señor (cf. Is 65\,14)\, lo sustituyó con la misión de «poner en libertad a los oprimidos» (cf. Is 58\,6d)\, en abierta oposición al culto ritual (cf. Is 58\,6abc)\, y suprimió el anuncio del «día del desquite de nuestro Dios» (Is 61\,2b)\, evidente amenaza contra los paganos. O sea\, nada de venganza del Señor\, ni contra los impíos dentro del pueblo\, ni contra los paganos\, fuera del mismo; pero sí el mayor énfasis posible en la liberación humana. Jesús se presenta como profeta del Señor (Dios de Israel)\, y excluye de tajo los rasgos de venganza y de rencor que antes le atribuían.\n\nDe lo que leyó se deduce cómo entiende él su misión. Ante todo\, es respuesta a una consagración (o «unción») –por medio del Espíritu Santo– de parte del «Señor»\, el Dios liberador y salvador. Los destinatarios de privilegio son\, en primer lugar\, «los pobres»\, a quienes lleva la buena noticia de parte del Señor. Aquí omitió el envío a «vendar los corazones desgarrados».\n\nEnseguida viene una doble proclamación: «proclamar la libertad a los cautivos» es algo fácil de entender\, pero «proclamar la vista a los ciegos» necesita explicación. Los «cautivos» y los «ciegos» son categorías tradicionales para designar a los oprimidos (cf. Is 29\,18-19; 35\,5;42\,7).\nContinúa con una inserción: «poner en libertad a los oprimidos»\, palabras tomadas de otro lugar (Is 58\,6) y que expresan cuál es el culto que Dios quiere que se le dé.\n\nY\, finalmente\, declara la tercera proclamación: «proclamar el año favorable del Señor»\, que es el año jubilar\, en el que se recobraba la propiedad\, se condonaban las deudas y se ponía en libertad a los esclavos (cf. Lev 25). Y aquí suprimió la mención del «día del desquite de nuestro Dios».\n\nEl Mesías no es solo liberador para los judíos sino para todos los hombres oprimidos. La nueva sociedad\, profetizada como «el año de gracia del Señor»\, es incluyente; en adelante\, él la llamará «el reino de Dios». Esa era la verdadera promesa de Dios\, y Jesús anuncia su cumplimiento. Para todos es una gracia\, no hay oráculo alguno de desgracia. Dios es totalmente positivo.\n\nLa unción con el Espíritu del Señor capacita y compromete a anunciar el amor universal de Dios proclamando la liberación de cadenas exteriores («cautivos») e interiores («ciegos»)\, individuales y sociales («el año favorable del Señor»). Este amor es buena noticia para «los pobres»\, entre los cuales sobresale la Virgen María (cf. Lc 1\,46-50)\, pero mala noticia para los arrogantes poderosos de todos los tiempos\, cuyos planes desbarata el Señor (cf. Lc 1\,51-53).\nA veces se pregona como «amor de Dios» un sentimiento de privilegio y superioridad respecto de otros seres humanos con base en una supuesta rectitud que diferencia a unos seres humanos de otros; los unos se dicen «justos»\, y llaman «pecadores» a los que no son como ellos. Anunciar el amor universal de Dios en esos contextos sociales polarizados requiere verdadera unción del Espíritu Santo\, y coraje para no amoldarse a los criterios de ese mundo inicuo.\n\nLas comunidades cristianas están llamadas a vivir y anunciar ese amor universal con la fuerza del Espíritu Santo\, fija su mirada en Jesús\, que es la palabra viviente de Dios\, sin admitir autoridad alguna por encima de él. Y esto hay que recordarlo en todas las asambleas dominicales.\n¡Feliz día del Señor!
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SUMMARY:Lunes de la III semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la carta a los Hebreos (9\,15.24-28): \nHERMANOS:\nCristo es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna.\nCristo entró no en un santuario construido por hombres\, imagen del auténtico\, sino en el mismo cielo\, para ponerse ante Dios\, intercediendo por nosotros.\nTampoco se ofrece a sí mismo muchas veces como el sumo sacerdote\, que entraba en el santuario todos los años y ofrecía sangre ajena. Si hubiese sido así\, tendría que haber padecido muchas veces\, desde la fundación del mundo. De hecho\, él se ha manifestado una sola vez\, al final de los tiempos\, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo.\nPor cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez; y después de la muerte\, el juicio.\nDe la misma manera\, Cristo se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos.\nLa segunda vez aparecerá\, sin ninguna relación al pecado\, para salvar a los que lo esperan. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 97\,1.2-3ab.3cd-4.5-6 \nR/. Cantad al Señor un cántico nuevo\,\nporque ha hecho maravillas \nV/. Cantad al Señor un cántico nuevo\,\nporque ha hecho maravillas.\nSu diestra le ha dado la victoria\,\nsu santo brazo. R/. \nV/. El Señor da a conocer su salvación\,\nrevela a las naciones su justicia.\nSe acordó de su misericordia y su fidelidad\nen favor de la casa de Israel. R/. \nV/. Los confines de la tierra han contemplado\nla salvación de nuestro Dios.\nAclama al Señor\, tierra entera;\ngritad\, vitoread\, tocad. R/. \nV/. Tañed la cítara para el Señor\,\nsuenen los instrumentos:\ncon clarines y al son de trompetas\,\naclamad al Rey y Señor. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (3\,22-30): \nEN aquel tiempo\, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían:\n«Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios».\nÉl los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas:\n«¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo\, para hacerse la guerra\, no puede subsistir\, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar\, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.\nEn verdad os digo\, todo se les podrá perdonar a los hombres:\nlos pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás\, cargará con su pecado para siempre».\nSe refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\n\nLunes de la III semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nEl «sacrificio» del Mesías consiste en la entrega de sí mismo para realizar el designio de su Padre\, a sabiendas de que ese designio podía encontrar rechazo por parte de la misma humanidad. Pero su entrega era necesaria para que se vieran los alcances del amor liberador y salvador de Dios.\n\nLa «sangre» es signo de vida: donde la sangre circula hay vida; el «pecado» es signo de muerte\, y donde el pecado prevalece hay muerte. Así que la vida física en pecado es una muerte con disfraz de vida. El ritual antiguo intentaba anular esa muerte del pecado con sangre ajena\, la de animales «sacrificados» o\, incluso\, la de seres humanos inmolados. El Mesías demuestra que lo que quita el pecado es la propia sangre\, es decir\, entregar la propia vida a realizar el designio de Dios.\n\nLa «sangre» del Mesías no fue derramada para purificarlo de pecado alguno\, porque él no cometió pecado (cf. Heb 4\,15)\, pero su entrega hasta la muerte da testimonio del amor del Padre y hace experimentar ese amor\, ya que él le infunde su Espíritu Santo a quien cree en él. Recuérdese que el Espíritu Santo es «derramado» (cf. Joel 3\,1-5) y eso mismo se dice de la «sangre» del Mesías\, «derramada por todos» (cf. Mc 14\,23) «para el perdón de los pecados» (Mt 26\,28); la «sangre» que el Mesías derrama es su Espíritu\, que\, «dado a beber» (cf. 1Cor 12\,13)\, purifica a los suyos.\n\nHeb 9\,15.24-28.\nDado que la sangre de animales solo confería una pureza externa\, legal (cf. Heb 9\,13)\, la antigua alianza con sus ritos de purificación no liberaba del pecado y\, por consiguiente\, no capacitaba al ser humano para heredar la promesa de Dios. Se hacía necesaria una alianza nueva que liberase a los hombres de los delitos cometidos durante el antiguo régimen para que pudieran recibir la herencia definitiva\, la vida eterna\, que era el objeto de la promesa. El verdadero alcance de esta promesa solo se conoce a través del Mesías\, así como solo a través de él se entiende que Dios sí la quiere otorgar\, pero que el ser humano no la concibe ni tampoco entiende que las exigencias para recibirla no son requisitos arbitrarios. Es que para heredar la promesa hay que ser como el que la otorga\, es decir\, ser hijos de Dios\, iguales a él\, para ser sus herederos.\n\nA continuación\, el autor juega con el doble significado que tiene la palabra griega ???????\, que\, de un lado\, significa «alianza»\, y\, del otro\, «testamento». En cuanto testamento\, para disponer de la herencia es preciso que conste la muerte del testador\, ya que así es como el testamento adquiere su plena validez; en vida del testador todavía no tiene vigencia\, y puede ser cambiado. Esta es la razón por la cual hay efusión de sangre (símbolo de muerte) en la primera alianza. Moisés roció tanto el libro de las cláusulas de la alianza como al pueblo entero con sangre de becerros y cabras explicitando que esa era la sangre de la «alianza» entre Dios y el pueblo (cf. Exo 24\,6-8)\, y luego también la tienda y los utensilios del culto\, ya que\, según la Ley\, casi todo tiene que ser purificado con sangre (cf. Lev 8\,15: el altar; 8\,24\,30: los levitas; 12\,7-8: la puérpera; 16\,19: los sacerdotes); y esta «purificación»\, en el caso del santuario\, terrestre o celeste\, no implica mancha previa\, sino consagración o inauguración. Pero\, concretamente\, en el caso del pecado\, «sin derramamiento de sangre no hay perdón». Esa era la praxis con esos «esbozos de las realidades celestes» (cf. Heb 9\,19-21); la «purificación» de las realidades celestes requiere sacrificios de mayor valor que esos. Ellos sirven para las realidades terrestres\, pero para anular el pecado al estilo de la nueva alianza se necesita algo que no solo simbolice\, sino que realice una renovación (vv. 16-23\, omitidos).\n\nEfectivamente\, esos ritos no permiten expresar la nueva realidad\, ya que el Mesías «no entró en un santuario hecho por hombres» (cf. Heb 8\,2)\, que a lo sumo sería «copia del verdadero»\, sino al único auténtico santuario\, «el mismo cielo»\, en donde tiene acceso expedito a la presencia de Dios «en favor nuestro» (cf. Heb 7\,25). Además\, él no entra una y otra vez\, como sucedía con el sumo sacerdote antiguo\, año tras año\, con sangre ajena\, lo cual –además de ser lo mismo que en la antigua alianza– habría exigido que él muriera muchas veces desde la creación del mundo. De hecho\, él se sacrificó una sola vez\, con la total entrega de su vida; y su muerte\, que es expresión de su amor llevado hasta el extremo\, bastó de una vez por todas para abolir el pecado\, «ahora\, en esta etapa final» (Heb 1\,2). El autor sugiere que la muerte de Jesús inauguró la etapa final de la historia\, los tiempos definitivos\, los del cumplimiento de la promesa. Eso indica que la «vida eterna» es una realidad misteriosamente (secretamente) presente y que tiende a un cumplimiento total más allá de la muerte física. El «testador»\, Dios\, murió en la persona de su Hijo para que el «antiguo testamento» surtiera efecto a través de la «nueva alianza» (o «nuevo testamento»)\, por la que recibimos la herencia de hijos\, la promesa del Padre\, el Espíritu Santo que nos hace hijos y herederos de la vida eterna. El mundo futuro está presente en este mundo perecedero.\n\nEl ser humano no muere muchas veces\, sino una sola\, y tras esa muerte viene el juicio que define el destino definitivo de la vida humana. La multitud de los pecados (injusticias) de la humanidad convirtieron la muerte y el juicio en fuentes de temor ante la incertidumbre; tanto más cuanto a ese temor se le añadía la supuesta amenaza por parte de Dios para los pecadores. La muerte del Mesías mostró que Dios ama a la humanidad y que quiere darle vida (salvarla)\, y que por eso el Hijo dio su vida ofreciéndola por todos\, para eliminar los pecados y facilitar la «alianza» (relación) de la humanidad con Dios. De este modo\, si su «manifestación» fue para abolir con su sacrificio el pecado\, en el futuro\, sin relación alguna con el pecado\, se manifestará «a los que lo aguardan» para salvarlos\, es decir\, para darles la vida definitiva.\n\nLa muerte que acarrea el pecado priva de sentido la vida presente y anula la posibilidad de vida futura. No se trata de un castigo. Ese lenguaje es inapropiado. El pecado es injusticia\, perjudica la propia vida y la de otras personas. En el fondo\, el pecador es\, a la vez\, suicida y homicida. La exhortación de Dios a la enmienda es una amorosa invitación a abandonar esa conducta dañina con el fin de que\, superado ese obstáculo\, podamos asemejarnos a él\, que es el benefactor de la humanidad\, y de esa manera acoger el don que él quiere hacernos de sí mismo.\nComo el pecado mismo nos «seduce»\, es decir\, nos engaña con una falsa percepción de nuestra realidad\, y nos conduce a pensar y sentir que en él –en el pecado– hay vida y libertad\, nos cuesta mucho trabajo romper con esa perniciosa realidad. Por eso el Hijo asumió nuestra carne mortal y se hizo igual a nosotros en todo\, excepto en el pecado\, para enseñaros a ser hijos como él. Y no solo eso; él murió como nosotros\, por nosotros (por causa nuestra y a favor nuestro) y para nuestra salvación\, porque con su muerte nos enseñó a amar de forma universal\, gratuita y fiel\, y así a superar el egoísmo y el pecado solo con la fuerza del amor de Dios (el Espíritu Santo).\n\nCuando celebramos la eucaristía conmemoramos (no repetimos) esa muerte\, y actualizamos sus frutos de salvación (vida)\, porque el sacrificio del Mesías tiene valor permanente.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la III semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la carta a los Hebreos (10\,1-10): \nHERMANOS:\nLa ley\, que presenta solo una sombra de los bienes futuros y no la realidad misma de las cosas\, no puede nunca hacer perfectos a los que se acercan\, pues lo hacen año tras año y ofrecen siempre los mismos sacrificios.\nSi no fuera así\, ¿no habrían dejado de ofrecerse\, porque los ministros del culto\, purificados de una vez para siempre\, no tendrían ya ningún pecado sobre su conciencia?\nPero\, en realidad\, con estos sacrificios se recuerdan\, año tras año\, los pecados. Porque es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados.\nPor eso\, al entrar él en el mundo dice:\n«Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas\, pero me formaste un cuerpo;\nno aceptaste\nholocaustos ni víctimas expiatorias.\nEntonces yo dije: He aquí que vengo\n—pues así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí—\npara hacer\, ¡oh\, Dios!\, tu voluntad».\nPrimero dice: «Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas\, ni holocaustos\, ni víctimas expiatorias»\, que se ofrecen según la ley.\nDespués añade: «He aquí que vengo para hacer tu voluntad».\nNiega lo primero\, para afirmar lo segundo.\nY conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo\, hecha una vez para siempre. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 39\,2.4ab.7-8a.10.11 \nR/. Aquí estoy\, Señor\, para hacer tu voluntad \nV/. Yo esperaba con ansia al Señor;\nél se inclinó y escuchó mi grito.\nMe puso en la boca un cántico nuevo\,\nun himno a nuestro Dios. R/. \nV/. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas\,\ny\, en cambio\, me abriste el oído;\nno pides holocaustos ni sacrificios expiatorios\,\nentonces yo digo: «Aquí estoy». R/. \nV/. He proclamado tu justicia\nante la gran asamblea;\nno he cerrado los labios\,\nSeñor\, tú lo sabes. R/. \nV/. No me he guardado en el pecho tu justicia\,\nhe contado tu fidelidad y tu salvación\,\nno he negado tu misericordia y tu lealtad\nante la gran asamblea. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (3\,31-35): \nEN aquel tiempo\, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y\, desde fuera\, lo mandaron llamar.\nLa gente que tenia sentada alrededor le dice:\n«Mira\, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».\nÉl les pregunta:\n«¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?».\nY mirando a los que estaban sentados alrededor\, dice:\n«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios\, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre». \nPalabra del Señor \n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\n\n\n\nMartes de la III semana del Tiempo Ordinario. Año I. \nSin perder la perspectiva de la «expiación» por los pecados\, y en particular del llamado «día de la expiación»\, el autor\, después de haber valorado los sacrificios expiatorios y de haberlos declarado abolidos por inútiles y por el cambio de sacerdocio\, se refiere ahora directamente a la Ley misma\, y en concreto a la manera como ella regulaba la vida religiosa del pueblo judío: sus ceremonias y sus ritos. No es\, pues\, un resumen de lo dicho\, sino avance hacia lo medular.\nPrimero hace una rápida valoración global de la Ley para luego concentrarse en la reiteración de los sacrificios de expiación y en una valoración de los mismos. Pero también en esto el autor se mantiene en la tradición\, y así lo hace notar apelando nuevamente a la Escritura\, pero su postura resulta más radical que la de los antiguos profetas.\nLa libertad de Jesús para interpretar las antiguas Escrituras les ha dejado a todos sus seguidores la convicción de que es cierto que nadie está tan autorizado para hablar de Dios como lo está él por su condición de Hijo único (cf. Heb 1\,2; Mt 11\,27; 17\,5). Esa misma libertad la asume ahora el autor para citar e interpretar la Escritura y conducir así a sus oyentes hasta ese Hijo singular que habla con autoridad en nombre de su Padre. \nHeb 10\,1-10.\nLa valoración inicial de la Ley la sitúa en las coordenadas espaciotemporales: pertenece a la tierra y a la historia. Como tal\, solo posee «una sombra (????) de los bienes que habían de venir». Este término\, «sombra»\, ya había aparecido en otro texto en referencia con el culto (cf. Heb 8\,5). Se entiende que es una proyección\, sin consistencia propia\, de una realidad iluminada. Es la luz que ilumina esa realidad la que proyecta esa sombra. Los «bienes» de los que aquí habla son aquellos de los que el Mesías se presenta como sumo sacerdote (cf. Heb 9\,11) y que son la herencia eterna del creyente\, cuyo disfrute actual capacita para el cumplimiento de la misión (cf. Heb 13\,21). La Ley\, pues\, no contiene «la copia de la realidad» (o «la imagen misma de lo real»)\, y por eso no es capaz de realizar el designio de Dios en el hombre ni de capacitarlo para que este lo realice. Por consiguiente\, los sacrificios expiatorios\, aunque prescritos por la Ley\, por mucho que se repitan son incapaces de transformar a quienes recurren a ellos.\nLa inutilidad y la ineficacia de los sacrificios de animales había sido afirmada ya por los profetas antiguos (cf. Is 1\,11-13; Jer 6\,20; 7\,22; Os 6\,6; Am 5\,21-25; Miq 6\,6-8)\, sin embargo\, esos textos dejan ver que ellos no pretendían abolir el culto sacrificial\, sino denunciar la falta de sinceridad delante de Dios. El autor de este «sermón» asume una postura más radical: solo tiene eficacia un sacrificio verdaderamente personal\, con decisión irrevocable (cf. Heb 9\,14).\nLa repetición de los sacrificios es prueba de que no han dado la experiencia del perdón\, porque la conciencia de pecado persiste en quienes rinden culto con ellos. Es importante advertir que el autor habla de «conciencia de los pecados» (??????????????????) en contraposición a «memoria de los pecados» (?????????????????). La primera mantiene vivo el sentimiento de culpa por los pecados cometidos\, lo que indica que nunca ha habido experiencia del perdón; la segunda\, abre la posibilidad de una «amnistía» (?-???????)\, es decir\, un «no-recuerdo» (cf. Heb 8\,12; 10\,17)\, que se experimenta como una «gracia» de Dios. El hombre\, obviamente\, sigue siendo pecador\, pero se siente pecador perdonado\, no continuamente acusado\, porque Dios «no recuerda» el pecado.\nEl autor desarrolla ahora lo que afirmó antes (cf. Heb 9\,14): «es imposible que la sangre de toros y cabras quite los pecados»\, porque el pecado no se «quita» desde afuera. El único sacrificio que puede consagrar al ser humano y apartarlo del pecado es el don de sí mismo por amor para hacer realidad el designio amoroso de Dios. Y lo explica apelando al salmista (Sal 40\,6-8):\nParte de la insatisfacción atribuida a Dios con respecto de sacrificios y ofrendas\, no en el sentido de que Dios los rechace\, sino de que él prefiere la escucha libre («obediencia») al mero culto (cf. 1Sam 13\,9-14; 15\,22). A continuación\, da un giro. El salmista escribió: «…pero me has abierto el oído»; en su lugar\, el autor escribe «…pero me has dado un cuerpo». Esta licencia se explica a partir de dos puntos de vista: el salmista quiere ponderar la «obediencia»\, el predicador pondera el amor\, que se manifiesta en la entrega de sí mismo (el «cuerpo»). Antes\, en el santuario celeste\, se habló de la «sangre»\, pero aquí\, en el escenario histórico-terrestre\, se habla del cuerpo\, lo cual es muy apropiado\, ya que el «cuerpo» es la visibilidad histórica por la que la persona se identifica y actúa. Enseguida\, vuelve al salmo para insistir en la inconformidad atribuida a Dios respecto del culto ritual: «holocaustos y víctimas expiatorias no te agradan»\, abarcando así las principales cuatro formas de dicho culto. Y propone la alternativa para satisfacer a Dios: «aquí estoy yo…». El personaje que habla en el salmo es el justo salvado; en el «sermón» es indudablemente Jesús\, de quien «está escrito» que viene para hacer realidad el designio de Dios. Finalmente\, el autor da su interpretación del salmo: las cuatro principales formas del culto ritual prescritas por la Ley\, al no ser queridas por Dios ni gratas a él\, quedan derogadas; en cambio\, la entrega para realizar el designio divino queda aceptada en lugar de ellas.\nEn virtud de dicho designio\, quedamos «consagrados» (santificados)\, es decir\, introducidos en la esfera divina mediante la ofrenda del «cuerpo» de Jesús. La entrega de Jesús nos reconcilia con Dios y\, al mismo tiempo\, nosotros lo podemos seguir\, entregándonos también nosotros como él a realizar en la tierra el designio de Dios. \nLa conciencia de pecado paraliza\, la certeza del perdón de Dios\, por el contrario\, dinamiza. Ese perdón no es inaccesible\, ya que la vida histórica de Jesús («cuerpo») es la clave para obtenerlo. La vieja mentalidad religiosa hace pensar en diferentes maneras de obtener el perdón\, y a menudo se observa la manipulación del sentimiento religioso de multitudes deseosas de comunión con Dios que son explotadas\, sometidas y envilecidas de forma inescrupulosa por mercaderes de lo sagrado. Generalmente\, se recurre al expediente de hacer que la gente se sienta indigna\, culpable y desagradable a los ojos de Dios\, para así ejercer total control sobre ella.\nLa entrega histórica de Jesús («cuerpo») a la realización del designio de Dios nos asegura no solo el perdón\, sino el camino para alcanzarlo. Y el Espíritu de Jesús («sangre derramada») nos ayuda a ir superando el pecado y fortaleciendo la experiencia de la gracia de Dios. En la celebración de la eucaristía recitamos el padrenuestro y pedimos que se realice en la tierra el designio que Dios concibió en el cielo\, y conmemoramos la muerte de Jesús (entrega por amor) y su resurrección (entrada al santuario del cielo con su sangre) para que vivamos la nueva alianza con Dios.\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la III semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la carta a los Hebreos (10\,11-18): \nCualquier otro sacerdote ejerce su ministerio\, diariamente\, ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios\, porque de ningún modo pueden borrar los pecados. Pero Cristo ofreció por los pecados\, para siempre jamás\, un solo sacrificio; está sentado a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies. Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados. Esto nos lo atestigua también el Espíritu Santo. En efecto\, después de decir: Así será la alianza que haré con ellos después de aquellos días dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones y las escribiré en su mente; añade: Y no me acordaré ya de sus pecados ni de sus crímenes. Donde hay perdón\, no hay ofrenda por los pecados. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 109\,1.2.3.4 \nR/. Tú eres sacerdote eterno\,\nsegún el rito de Melquisedec \nOráculo del Señor a mi Señor:\nSiéntate a mi derecha\,\ny haré de tus enemigos\nestrado de tus pies. R/. \nDesde Sión extenderá el Señor\nel poder de tu cetro:\nsomete en la batalla a tus enemigos. R/. \nEres príncipe desde el día de tu nacimiento\,\nentre esplendores sagrados;\nyo mismo te engendré\,\ncomo rocío\, antes de la aurora. R/. \nEl Señor lo ha jurado y no se arrepiente:\nTú eres sacerdote eterno\,\nsegún el rito de Melquisedec. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (4\,1-20): \nEn aquel tiempo\, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago. Acudió un gentío tan enorme que tuvo que subirse a una barca; se sentó\, y el gentío se quedó en la orilla. Les enseñó mucho rato con parábolas\, como él solía enseñar: «Escuchad: Salió el sembrador a sembrar; al sembrar\, algo cayó al borde del camino\, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso\, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda\, brotó en seguida; pero\, en cuanto salió el sol\, se abrasó y\, por falta de raíz\, se secó. Otro poco cayó entre zarzas; las zarzas crecieron\, lo ahogaron\, y no dio grano. El resto cayó en tierra buena: nació\, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno.»\nY añadió: «El que tenga oídos para oír\, que oiga.»\nCuando se quedó solo\, los que estaban alrededor y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas.\nÉl les dijo: «A vosotros se os han comunicado los secretos del reino de Dios; en cambio\, a los de fuera todo se les presenta en parábolas\, para que por más que miren\, no vean\, por más que oigan\, no entiendan\, no sea que se conviertan y los perdonen.»\nY añadió: «¿No entendéis esta parábola? ¿Pues\, cómo vais a entender las demás? El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero\, en cuanto la escuchan\, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la simiente como terreno pedregoso; al escucharla\, la acogen con alegría\, pero no tienen raíces\, son inconstantes y\, cuando viene una dificultad o persecución por la palabra\, en seguida sucumben. Hay otros que reciben la simiente entre zarzas; éstos son los que escuchan la palabra\, pero los afanes de la vida\, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden\, ahogan la palabra\, y se queda estéril. Los otros son los que reciben la simiente en tierra buena; escuchan la palabra\, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno.» \nPalabra del Señor \n\nMiércoles de la III semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nLa excelencia del sacerdocio del Mesías\, afirmada en sí misma por oposición a la Ley de Moisés\, se confirma ahora por oposición a la multiplicidad de los sacerdotes y de los sacrificios que esa misma Ley establecía. El autor abandona el horizonte del día de la expiación y se sitúa en el de la cotidianidad del culto ritual (cf. Exo 29\,38-41).\n\nSe trata ahora del sacrificio diario\, aunque no obligatorio para el sumo sacerdote (cf. Heb 7\,27)\, cuya indefinida repetición solo «recordaba» los pecados\, pero no los «quitaba» (es decir\, había «anamnesis»\, pero no «amnistía»). Lo esencial del sacrificio no es la ofrenda en sí\, sino el hecho de que sea aceptado por Dios\, lo cual le garantiza el «favor» de Dios al oferente.\n\nEste culto dejaba la impresión de que Dios era difícil de agradar\, que ninguna ofrenda satisfacía sus requerimientos\, dado que los pecados seguían allí\, interpuestos\, interfiriendo en la relación armoniosa de los hombres con Dios. En la cotidianidad se experimentaba aún más un rechazo de parte de Dios que era descorazonador para los que ofrecían esos sacrificios.\n\nHeb 10\,11-18.\nLa postura en que los sacerdotes diariamente celebran el culto («de pie»\, cf. 2Cro 5\,12; 7\,6; Jer 28\,5) denota su comparecencia y su condición de testigos del hecho de que esos sacrificios que ellos mismos ofrecen «son totalmente incapaces de quitar los pecados». Esa necesidad de tener que ofrecerlos «cada día» y la comprobada ineficacia de los mismos los hace testigos privilegiados de que ese culto es inútil\, y de que ellos mismos desempeñan una función improductiva.\n\nEn cambio\, el Mesías Jesús ofreció un sacrificio único por los pecados\, su «cuerpo»\, es decir\, su entera existencia histórica para realizar el designio de Dios (cf. Heb 10\,7). Esta afirmación tiene un alcance muy novedoso. En primer lugar\, el «sacrificio» ya no consiste en suprimir una vida\, sino en llevarla hasta su plenitud\, porque se trata de «consagrarse» a sí mismo comportándose a la altura de Dios\, como hijo suyo\, es decir\, actuando como él. En segundo lugar\, el culto que le agrada a Dios no consiste en dones exteriores a la persona misma\, sino en la entrega de sí\, pero no a Dios\, sino a la humanidad\, realizando a favor de los hombres el designio divino\, que consiste en dar vida\, y vida definitiva. En tercer lugar\, esa ofrenda de sí mismo elimina de raíz el pecado y hace al ser humano partícipe de la gloria misma de Dios. Jesús\, «después de ofrecer un sacrificio único por los pecados\, se sentó para siempre a la derecha de Dios». En vez de estar «de pie»\, está «sentado»\, postura que indica estabilidad\, generalmente después de haber llevado a cabo la tarea encomendada. Recurriendo nuevamente al salmista\, el autor presenta a Jesús «sentado en espera de que pongan a sus enemigos por estrado de sus pies».\n\nEl triunfo de Jesús tiene así dos fases: la primera es su triunfo sobre el pecado que lo condenó a morir. En vez de perder la vida\, la aseguró eternamente\, y en vez de fracasar en su empeño\, «se sentó para siempre a la derecha de Dios» y heredó la misma gloria divina. Pero falta la segunda\, que está en curso\, y para cuyo logro no necesita hacer esfuerzo adicional alguno\, le basta esperar sentado a que «pongan a sus enemigos por estrado de sus pies». Los enemigos de Mesías son los enemigos del hombre y de Dios: el pecado y la muerte. Jesús\, «después de realizar la purificación de los pecados\, se sentó a la derecha de la Majestad en las alturas» (cf. Heb 1\,3) y ahora espera a que su obra rinda frutos a favor de la humanidad en todos los pueblos a lo largo de la historia. De manera que su única ofrenda «dejó transformados para siempre a los que va consagrando»; su «sacrificio» tiene eficacia perpetua\, y esta eficacia se va haciendo realidad en las generaciones que él «va consagrando». Esta consagración sucesiva se refiere a quienes le van dando adhesión de fe a su persona y entregan también su «cuerpo» a realizar el designio de Dios como él. De ese modo\, la historia se convierte en el escenario en el que el Mesías no solo manifestará la eficacia de su sacerdocio\, sino que llevará a los hombres a participar del mismo sacerdocio y de la misma eficacia hasta lograr la victoria de «todos sus enemigos».\n\nEl Espíritu Santo\, ahora valiéndose de los profetas de la nueva alianza\, interpreta las Escrituras antiguas y descubre el sentido pleno de los oráculos de los profetas. El profeta Jeremías\, movido por el Espíritu\, habló en nombre del Señor anunciando\, en primer lugar\, esta nueva alianza que ahora es una realidad; en segundo lugar\, el cambio interior –de corazón y razón– de los hombres beneficiados por esta nueva relación con Dios\, y\, en tercer lugar\, la generosa y amorosa amnistía de Dios al no hacer memoria de los crímenes de los hombres. El Espíritu Santo precisa que:\n\nAhora no se anuncia una alianza «con la casa de Israel» (Jer 38\,33.34 LXX)\, sino «con ellos». Esta designación supera el particularismo en favor de la universalidad. Ya no se trata de un «oráculo del Señor» (????? ??????)\, sino de lo que actualmente «dice el Señor» (????? ??????). La promesa de futuro (?????? ????) es ahora un hecho presente (??????). La transformación interior se da primero en el corazón (??? ???????) y después en la razón (??? ??? ????????)\, lo que sugiere que el cambio más profundo repercute en el modo de razonar. La ley ya no se escribirá (?????)\, sino que se inscribirá (????????). La promesa no se refiere a las injusticias (????????) y a los pecados (????????)\, ahora pone de relieve los pecados y cambia las injusticias por crímenes (???????)\, es decir\, se refiere solo a la maldad cometida contra los seres humanos. Por último\, no habrá que esperar a un momento en que Dios ya no se acuerde (?? ?? ??????)\, sino que él promete no acordarse en el futuro (?? ?? ???????????)\, es decir\, olvidar por su propia decisión los pecados y los crímenes. Por tanto\, si de tal modo han sido perdonados\, ya no se necesitan sacrificios por los pecados. El ser humano puede acceder libremente a Dios con la seguridad de ser acogido.\n\nLa buena noticia no solo nos anuncia el paso de un culto ineficaz a uno eficaz y de sacerdotes ineficientes a uno plenamente eficiente. Nos da la alegría del acceso confiado a Dios por medio del Mesías Jesús\, en quien encontramos la posibilidad de entablar con Dios una relación nueva y gratificante\, que nos brinda seguridad frente al temor y confianza ante el futuro.\n\nLa nueva alianza nos permite experimentar que nuestra vida es grata a Dios\, y que no tenemos necesidad de ofrendarle cosas para agradarle\, porque él nos ama y nos otorga gratuitamente su favor. Sin embargo\, nos ofrece la oportunidad de identificarnos con su Hijo\, para que tengamos la dicha de ser sus hijos\, y nos muestra a través del Hijo que\, con la ofrenda de nuestro «cuerpo»\, o sea\, por nuestra existencia histórica dedicada al bien de la humanidad\, podemos lograr la dicha y\, como el Hijo\, sentarnos también a la derecha de su Majestad para ser testigos de la victoria del amor de Dios por encima del pecado y del crimen que hay en el mundo.\n\nY\, para que hagamos fielmente esa ofenda\, nos invita a unirnos a la ofrenda del Hijo por medio del «sacrificio» eucarístico\, que es conmemoración del sacrificio eficaz del Mesías y\, a la vez\, la forma privilegiada de «comulgar» con el «cuerpo» del Mesías para darle vida al mundo.\nFeliz miércoles.
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