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SUMMARY:Viernes de la VII semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Eclesiástico (6\,5-7): \nUNA palabra amable multiplica los amigos\ny aleja a los enemigos\,\ny la lengua afable multiplica los saludos.\nSean muchos los que estén en paz contigo\,\npero tus confidentes\, solo uno entre mil.\nSi haces un amigo\, ponlo a prueba\,\ny no tengas prisa en confiarte a él.\nPorque hay amigos de ocasión\,\nque no resisten en el día de la desgracia.\nHay amigos que se convierten en enemigo\,\ny te avergüenzan descubriendo tus litigios.\nHay amigos que comparten tu mesa\ny no resisten en el día de la desgracia.\nCuando las cosas van bien\, es como otro tú\,\ne incluso habla libremente con tus familiares.\nPero si eres humillado\, se pone contra ti\ny se esconde de tu presencia.\nApártate de tus enemigos\ny sé cauto incluso con tus amigos.\nUn amigo fiel es un refugio seguro\,\ny quien lo encuentra ha encontrado un tesoro.\nUn amigo fiel no tiene precio\ny su valor es incalculable.\nUn amigo fiel es medicina de vida\,\ny los que temen al Señor lo encontrarán.\nEl que teme al Señor afianza su amistad\,\nporque\, según sea él\, así será su amigo. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 118\,12.16.18.27.34.35 \nR/. Guíame\, Señor\, por la senda de tus mandatos \nV/. Bendito eres\, Señor\,\nenséñame tus decretos. R/. \nV/. Tus decretos son mi delicia\,\nno olvidaré tus palabras. R/. \nV/. Ábreme los ojos\, y contemplaré\nlas maravillas de tu ley. R/. \nV/. Instrúyeme en el camino de tus mandatos\,\ny meditaré tus maravillas. R/. \nV/. Enséñame a cumplir tu ley\ny a guardarla de todo corazón. R/. \nV/. Guíame por la senda de tus mandatos\,\nporque ella es mi gozo. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Marcos (10\,1-12): \nEN aquel tiempo\, Jesús se marchó a Judea y a Transjordania; otra vez se le fue reuniendo gente por el camino y según su costumbre les enseñaba.\nAcercándose unos fariseos\, le preguntaban para ponerlo a prueba:\n«¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?».\nÉl les replicó:\n«¿Qué os ha mandado Moisés?».\nContestaron:\n«Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla».\nJesús les dijo:\n«Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre\, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.\nDe modo que ya no son dos\, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido\, que no lo separe el hombre».\nEn casa\, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.\nÉl les dijo:\n«Si uno repudia a su mujer y se casa con otra\, comete adulterio contra la primera\, Y si ella repudia a su marido y se casa con otro\, comete adulterio». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\n\n\nViernes de la VII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nDespués de referirse a la presunción\, que es interior\, el autor pasa al hablar\, que es manifestación exterior de lo que hay en el interior de la persona\, y da consejos al respecto teniendo como línea la rectitud personal y la consideración hacia el otro (cf. Sir 5\,9-6\,1). Luego da una recomendación genérica sobre la pasión\, que destruye al que la abriga y perjudica el respeto que puedan tenerle los demás. En cambio\, el texto griego habla del orgullo\, no de la pasión (cf. Sir 6\,2-4).\nEnseguida pasa a referirse a los efectos del bien hablar. Así como la maledicencia daña la propia reputación y la convivencia\, el bien hablar favorece la convivencia. El hombre que habla mal se confina al aislamiento\, se excluye de la convivencia social. La maledicencia perjudica la relación del individuo con sus semejantes\, y también daña la convivencia entre los demás. En cambio\, el hombre que controla su lengua y piensa lo que va a decir tiene amigos y genera convivencia.\nEl autor habla en concreto de la amistad. En el mundo antiguo la amistad solo se daba entre personas de la misma condición social; era impensable entre amos y esclavos. El autor sublima ese requisito al manifestar que la verdadera amistad se da entre los que respetan al Señor.\n\nSir 6\,5-17.\nTras establecer la relación entre la amistad y el bien hablar\, y luego de advertir que no hay que precipitarse\, distingue la falsa amistad de la verdadera.\n1. Sabiduría y amistad.\nEl bien hablar comienza por el timbre de la voz: «Una voz suave aumenta los amigos»\, y se confirma con la amabilidad de las palabras: «…unos labios amables\, los saludos». El hombre que es manso y amable multiplicará sus amigos y obtendrá muchas manifestaciones de aprecio. Los efectos del bien hablar son visibles\, porque mejora la calidad de la convivencia social. Esto es positivo y deseable\, sin embargo\, el autor\, sin duda basado en su propia experiencia\, recomienda la cautela\, sin dejarse llevar de la euforia. Distingue entre la actitud abierta a «muchos» y el trato íntimo\, confidencial\, que debe ser cuidadoso y electivo. No hay que precipitarse en la amistad\, la confianza ha de ser resultado de un proceso\, gradual.\n2. Amistades de ocasión.\nLa razón de ser de ese tacto es que la amistad necesita ser verificada\, porque «hay amigos de un momento»\, es decir\, no todas las amistades son de la misma índole. Para determinar la calidad de la amistad\, el autor propone un criterio universal: la capacidad de resistir y superar la prueba. Luego distingue tres casos de amistades de ocasión:\n• Las amistades temporales: las que solo existen por un tiempo\, puesto que no resisten la llegada del momento del peligro\, porque se acaban.\n• Las amistades traidoras: son los amigos que se truecan en enemigos\, negando la amistad que declaraban al traicionar la confianza que se les dio.\n• Las amistades interesadas: los amigos que comparten el bienestar (la mesa)\, pero desaparecen cuando más se los necesita («la hora de la desgracia»).\nY señala tres características generales de esas amistades de ocasión:\n• son buenos compañeros en las buenas\, pero ausentes en las malas.\n• son solidarios en el bienestar\, pero desaparecen en el infortunio.\n• son los que se esconden del amigo cuando lo alcanza la desgracia.\nEl autor tiene una vasta experiencia en el tema (cf. 9\,10; 12\,8-18; 22\, 19-26; 37\,1-6)\, por eso se permite aconsejar apartarse del enemigo y ser cauteloso con el amigo.\n3. Amistad y temor del Señor.\nPero no todo es negativo. Lo que quiere decir es que la verdadera amistad no brota silvestre\, y hay que saberla cultivar debidamente. Hay que aprender a descubrir al que sabe ser amigo (y en eso consiste la cautela)\, porque ser amigo requiere de esa sabiduría que supone el respeto por el Señor. Y entonces describe las características del «amigo fiel» (que se opone al amigo de ocasión).\n• Ante todo\, es un «refugio seguro»; dar con él es encontrar un tesoro.\n• Además\, es inapreciable\, invaluable\, no se compra\, él se da a sí mismo.\n• Por último\, es un «talismán» (?????? ?????????\, ???????? ????)\, el modismo hebreo se refiere a que la posesión más preciosa se protegía y ocultaba en una bolsa: así valora y protege el amigo la vida de su amigo (cf. 1Sm 25\,29); la traducción griega compara al amigo con un elixir de vida. La idea es que quien tiene un amigo fiel está seguro\, protegido como un tesoro\, y tiene su vida asegurada.\nEse tipo de amistad es consecuencia del respeto y amor al Señor. En este respeto y amor fragua y se ofrece la verdadera amistad\, la que realmente hace iguales a los seres humanos en lo que es más importante\, la sabiduría que comienza por ese respeto y amor: «su camarada será como él\, y sus acciones como su título».\n\nEn esta primera de las cinco reflexiones que hace el autor sobre la amistad deja ver su convicción de que la sabiduría genera amistad y favorece la convivencia social. Pero da un paso más cuando distingue la verdadera amistad de las falsas\, y afirma que la amistad verdadera nace\, como la sabiduría\, del respeto y amor al Señor; por lo tanto\, la verdadera amistad es sabiduría. Y establece para esta amistad un fundamento más sólido que el convencional\, porque este se basaba en la igualdad de condición social\, ya que se pensaba que la verdadera amistad solo podía darse entre hombres libres. Lo que el autor da a entender es que el respeto y amor al Señor otorga verdadera libertad y constituye un mejor criterio de igualdad y una base más firme para la amistad.\nLa amistad cristiana tiene como base la igualdad que supera la servidumbre (cf. Jn 15\, 14-15) y derriba las barreras de enemistad (cf. Mt 5\,44) y hostilidad (cf. Ef 2\,14). Esta amistad se da entre hermanos\, porque su fundamento es el Espíritu de Jesús\, que es el Espíritu del Padre\, infundido en nosotros para que seamos «uno». Esta amistad\, hermandad y unidad se renueva y refuerza en la festiva celebración de la eucaristía\, en la cual asumimos la misión de ser constructores de la unidad y creadores de un mundo nuevo\, el reino de Dios.\nFeliz viernes.
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SUMMARY:Lunes de la VIII semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Eclesiástico (17\,20-28): \nA los que se arrepienten Dios les permite volver\,\ny consuela a los que han perdido la esperanza\,\ny los hace partícipes de la suerte de los justos.\nRetorna al Señor y abandona el pecado\,\nreza ante su rostro y elimina los obstáculos.\nVuélvete al Altísimo y apártate de la injusticia\ny detesta con toda el alma la abominación.\nReconoce los justos juicios de Dios\,\npermanece en la suerte que te ha asignado\ny en la oración al Dios altísimo.\nEn el abismo ¿quién alabará al Altísimo\ncomo lo hacen los vivos y quienes le dan gracias?\nPara el muerto\, como quien no existe\, desaparece la alabanza\,\nsolo el que está vivo y sano alaba al Señor.\n¡Qué grande es la misericordia del Señor\ny su perdón para los que retornan a él! \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 31\,1-2.5.6.7 \nR/. Alegraos\, justos\, y gozad con el Señor \nV/. Dichoso el que está absuelto de su culpa\,\na quien le han sepultado su pecado;\ndichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito\ny en cuyo espíritu no hay engaño. R/. \nV/. Había pecado\, lo reconocí\,\nno te encubrí mi delito;\npropuse: «Confesaré al Señor mi culpa»\,\ny tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R/. \nV/. Por eso\, que todo fiel te suplique\nen el momento de la desgracia:\nla crecida de las aguas caudalosas\nno lo alcanzará. R/. \nV/. Tú eres mi refugio\,\nme libras del peligro\,\nme rodeas de cantos de liberación. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Marcos (10\,17-27): \nEN aquel tiempo\, cuando salía Jesús al camino\, se le acercó uno corriendo\, se arrodilló ante él y le preguntó:\n«Maestro bueno\, ¿qué haré para heredar la vida eterna?».\nJesús le contestó:\n«Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás\, no cometerás adulterio\, no robarás\, no darás falso testimonio\, no estafarás\, honra a tu padre y a tu madre».\nÉl replicó:\n«Maestro\, todo eso lo he cumplido desde mi juventud».\nJesús se quedó mirándolo\, lo amó y le dijo:\n«Una cosa te falta: anda\, vende lo que tienes\, dáselo a los pobres\, así tendrás un tesoro en el cielo\, y luego ven y sígueme».\nA estas palabras\, él frunció el ceño y se marchó triste porque era muy rico.\nJesús\, mirando alrededor\, dijo a sus discípulos:\n«¿Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas!».\nLos discípulos quedaron sorprendidos de estas palabras. Pero Jesús añadió:\n«Hijos\, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja\, que a un rico entrar en el reino de Dios».\nEllos se espantaron y comentaban:\n«Entonces\, ¿quién puede salvarse?».\nJesús se les quedó mirando y les dijo:\n«Es imposible para los hombres\, no para Dios. Dios lo puede todo». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\n\nLunes de la VIII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nDespués del v. 15\, hay otra adición (v. 16)\, otra más después del v. 17 (v. 18)\, otra después del v. 20 (v. 21)\, y otra después del v. 22. Por eso\, el texto propuesto para este día tiene dos posibles notaciones numéricas\, según que se siga la del texto latino\, más largo\, o la del texto hebreo.\n\nEn su discurso\, Ben Sirá constata que hay dos posibles comportamientos humanos: el bueno y el malo. Así como hay quienes caminan rectamente en presencia del Señor\, también hay quienes cometen injusticias. Pero\, al mismo tiempo\, el autor es consciente –por experiencia– de que el ser humano puede cambiar\, salirse del mal camino y volver a Dios. Tras afirmar que Dios es remunerador justo\, porque conoce con certeza el camino de cada ser humano\, afirma ahora su clemencia. Por eso\, hace una doble invitación: al arrepentimiento y a la enmienda de vida\, de un lado\, y a la conversión del corazón\, del otro (cf. Sir 17\,13-19\, o 17\,15-23\, omitido).\n\nSir 17\,20-28 (17\,24-29).\nParte de una afirmación genérica que deja sobreentendido que el hombre puede salirse del mal camino y retornar al Señor\, que siempre lo acogerá: «a los que se arrepienten les permite volver\, y reanima a los que pierden la paciencia»\, que serán los que desconfían de la misericordia divina\, incluso estando dispuestos a arrepentirse. Mientras viva\, nadie está definitivamente condenado.\n\nPara volver al Señor hay que dar tres pasos:\n1. En general\, abandonar el pecado. En términos generales\, Ben Sirá concibe el pecado como una perversidad que brota de dentro del hombre (cf. Sir 10\,13) que se convierte en desgracia que él mismo se inflige (cf. Sir 3\,27) al destrozar su vida (cf. Sir 21\,2) y volverse insolidario\, por lo que la solidaridad se convierte en el remedio contra el pecado\, tanto en el ámbito doméstico (cf. Sir 3\,30) como en el social (cf. Sir 3\,30). Aquí se vale de una imagen para sugerir la vuelta por tierra a un punto de partida\, que es el Señor. Esto entraña la oración de petición del perdón\, la cual va acompañada de la remoción del obstáculo para volver que implican las propias faltas.\n2. Apartarse de la injusticia. Se vale ahora de una imagen marítima\, para significar el alejamiento de la costa. Específicamente\, Ben Sirá concibe la injusticia en el horizonte forense y de las relaciones de convivencia reguladas por la costumbre\, no propiamente como infracción la Ley\, sino\, sobre todo\, como la negación irracional del derecho del semejante (cf. Sir 10\,7). Es la codicia que nunca se sacia y que «reseca» (esteriliza) la vida (cf. Sir 14\,9)\, la iniquidad que tiende a multiplicarse (cf. Sir 7\,3) y una de las causas de las más grandes perturbaciones sociales (cf. Sir 10\,8). La injusticia y el pecado están a la vista de Dios (cf. Sir 17\,20). Por eso\, la tarea del juez es erradicarla (cf. Sir 7\,6)\, pues todo soborno y toda injusticia serán suprimidos (cf. Sir 40\,12).\n3. Detestar de corazón la idolatría. Esta detestación es propiamente la conversión al Señor. El autor llama «idolatría» (????????: «abominación») a ese respeto a Dios que es «tesoro» para el sabio y «asco» para el pecador (cf. Sir 1\,25)\, así como al orgulloso le repugna la condición humilde y al rico le repugna el pobre (cf. Sir 13\,20). El pecado\, en general\, y la injusticia\, en particular\, llevan a la idolatría proceden de ella (cf. Sir 10\,13). Por eso\, el «temor del Señor» es incompatible con la idolatría (cf. Sir 15\,13)\, porque la conversión al Señor la suprime (cf. Sir 49\,2s).\n\nEste arrepentimiento es una oportunidad que tiene un límite\, la vida presente. Una vez muerto\, el hombre no puede alabar al Señor ni darle gracias (cf. Sl 6\,6; 30\,10; 115\,17; Is 38\,18). Solo el que está vivo y sano alaba al Señor (cf. Sl 115\,18; Is 38\,19). Esta existencia temporal\, histórica\, es la ocasión para arrepentirse. En la mentalidad del autor\, tanto los buenos como los malos van a parar al «reino de la muerte» (???????)\, donde comparten una existencia sombría (sin vida) y son inhábiles para alabar al Señor (cf. Sal 6\,6; 30\,10). La injusticia acarrea una muerte prematura\, en tanto que la justicia alcanza una dichosa longevidad.\n\nY cierra su exhortación con una exclamación que pondera la magnitud tanto de la misericordia del Señor como de su perdón para los que vuelven a él (cf. Sl 103\,8-10; 111\,4; 145\,7-9). El que es sabio y justo por excelencia no es menos compasivo y misericordioso. La combinación de la «misericordia» (??????????) con otorgar el «perdón» (???????????) había aparecido antes (cf. Sir 3\,30) en una vigorosa metáfora de enorme fuerza expresiva: «el agua apaga el fuego ardiente y la misericordia expía el pecado». El autor expresa su admiración por la potencia de la misericordia divina\, en paralelo con la capacidad de la apacible agua para apagar el torbellino del fuego. Este asombro de Ben Sirá es fruto de su experiencia\, no deducción especulativa. Él también conoce la misericordia del Señor y su suave potencia liberadora y salvadora.\n\nRespetar al Señor para hacerse sabio es una posibilidad abierta para el justo y también lo es para el pecador\, sea el que ha conculcado el derecho de su prójimo («injusticia»)\, o el que ha renegado del Señor («idolatría»). Mientras el hombre viva\, tiene la posibilidad de rectificar y de rehacer su vida. La sabiduría conduce a darse cuenta de esa oportunidad y a aprovecharla. Siempre que el ser humano se reconoce perfectible y se decide a mejorar la calidad de su vida\, está rindiéndole homenaje a su propia condición de imagen de Dios y mostrando que su capacidad de superación es ilimitada. El estancamiento\, incluso cuando se disfraza de arrogancia y presunción\, entraña un amargo fracaso y una lamentable mediocridad.\n\nReconocer en el otro esa capacidad de rectificación y ponerla ante sus ojos como una posibilidad siempre abierta es mirar al otro con los ojos del sabio\, del que ha aprendido a respetar al Señor y que\, por eso\, en vez de desahuciar a su semejante\, lo estimula para que se desarrolle y crezca humanamente.\n\nJesús no vino a hacernos sentir vergüenza por nuestro pecado\, ni indignidad o culpa ante Dios\, sino a hacernos sentir que la posibilidad de rectificar permanece abierta\, incluso para quienes se comporten hostilmente\, porque Dios cree en el hombre\, aunque el hombre no crea en él. Al fin de cuentas\, él es el sabio y conoce a su creatura mejor que la creatura misma\, como ya lo afirmó atinadamente san Agustín de Hipona: «Dios está más dentro de nosotros que nosotros mismos». Hasta esa profundidad interior llega el Espíritu de Dios para despertar la bondad que Dios vio cuando nos creó (cf. Gen 1\,31). Allí es donde se verifica la comunión con Jesús en la eucaristía.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la VIII semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro del Eclesiástico (35\,1-12): \nQUIEN observa la ley multiplica las ofrendas\,\nquien guarda los mandamientos ofrece sacrificios de comunión.\nQuien devuelve un favor hace una ofrenda de flor de harina\,\nquien da limosna ofrece sacrificios de alabanza.\nApartarse del mal es complacer al Señor\,\nun sacrificio de expiación es apartarse de la injusticia.\nNo te presentes ante el Señor con las manos vacías\,\npues esto es lo que prescriben los mandamientos.\nLa ofrenda del justo enriquece el altar\,\nsu perfume sube hasta el Altísimo.\nEl sacrificio del justo es aceptable\,\nsu memorial no se olvidará.\nGlorifica al Señor con generosidad\,\ny no escatimes las primicias de tus manos.\nCuando hagas tus ofrendas\, pon cara alegre\ny paga los diezmos de buena gana.\nDa al Altísimo como él te ha dado a ti\,\ncon generosidad\, según tus posibilidades.\nPorque el Señor sabe recompensar\ny te devolverá siete veces más.\nNo trates de sobornar al Señor\, porque no lo aceptará;\nno te apoyes en sacrificio injusto.\nPorque el Señor es juez\,\ny para él no cuenta el prestigio de las personas. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 49\,5-6.7-8.14.23 \nR/. Al que sigue buen camino\nle haré ver la salvación de Dios \nV/. «Congregadme a mis fieles\,\nque sellaron mi pacto con un sacrificio».\nProclame el cielo su justicia;\nDios en persona va a juzgar. R/. \nV/. «Escucha\, pueblo mío\, voy a hablarte;\nIsrael\, voy a dar testimonio contra ti;\n—yo soy Dios\, tu Dios—.\nNo te reprocho tus sacrificios\,\npues siempre están tus holocaustos ante mí». R/. \nV/. Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza\,\ncumple tus votos al Altísimo.\n«El que me ofrece acción de gracias\, ése me honra;\nal que sigue buen camino\nle haré ver la salvación de Dios». R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (10\,28-31): \nEN aquel tiempo\, Pedro se puso a decir a Jesús:\n«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».\nJesús dijo:\n«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa\, o hermanos o hermanas\, o madre o padre\, o hijos o tierras\, por mí y por el Evangelio\, que no reciba ahora\, en este tiempo\, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras\, con persecuciones— y en la edad futura\, vida eterna. Muchos primeros serán últimos\, y muchos últimos primeros». \nPalabra del Señor \n\n\n\n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nMartes de la VIII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nUn nuevo salto largo nos lleva del capítulo 17 al capítulo 35\, en un contexto en donde el sabio aborda la relación entre culto y justicia\, tema recurrente en las denuncias de los profetas (cf. Is 1\,10-20; Jr 7; Am 5\,21-25). Después de referirse con dureza al culto financiado con recursos mal habidos\, juzga con severidad las faltas de solidaridad y las de coherencia\, lo mismo que el culto superficial. Ofrecerle a Dios bienes mal adquiridos equivale a una burla; negarle la solidaridad al pobre es hacerse cómplice de quienes los oprimen\, la injusticia es una forma de homicidio; quien maldice al pobre oprimido anula su propia oración; el que ayuna por sus pecados y reincide en ellos hace inútil su propia mortificación (cf. Sir 34\,18-26).\n\nEl autor –como es obvio– se mueve en la comprensión cultual propia del Antiguo Testamento\, que concede grande importancia a las ofrendas y a los dones\, ya que se consideraban como una demostración de la propia adhesión al Señor\, pues al ofrecerle los productos de la tierra estaban reconociendo que él les había dado esa tierra y la fertilidad de la misma.\nEl texto hebreo tiene una división diferente\, por eso aparecen menos versículos en él que en el otro texto.\n\nSir 35\,1-15 (35\,1-13).\nBen Sirá reclama la coherencia de las prácticas rituales del culto con la observancia de la Ley de Moisés. El culto sirve para afirmar el valor propiamente religioso de la vida moral. Esto prueba que él valora positivamente los ritos cultuales\, pero\, al mismo tiempo\, afirma que la materialidad de los sacrificios es ineficaz ante Dios\, porque él exige la rectitud moral de quien le rinde culto.\n\nEn este fragmento pueden distinguirse tres aspectos: el primero relaciona la observancia de la Ley con el culto\, el segundo evalúa el culto ritual según las exigencias de la Ley de Moisés\, y el tercero relaciona al que rinde culto con el Señor.\n\n1. La espiritualidad del culto.\n«El que observa la Ley hace una buena ofrenda…». Observar la Ley es ya hacerle una ofrenda al Señor\, y su equivalente\, «guardar los mandamientos»\, es un sacrificio de acción de gracias. La fidelidad a la alianza por la observancia de la Ley es la esencia del culto. Lo demás constituye manifestaciones externas\, que el autor valora\, pero que desestima si falta esa observancia. Ben Sirá no hace propiamente una crítica del sistema sacrificial en sí mismo\, sino de las disposiciones puramente exteriores con las que algunos hacían sacrificios. Del mismo modo\, la solidaridad que suscita el agradecimiento es ofrenda de primicias (sacrificio de paz)\, y la beneficencia (la limosna) es un sacrificio de alabanza. El culto fundamental de la alianza es la observancia de la Ley.\nSe aprecian aquí en síntesis las «dos tablas» del decálogo: amor al Señor y amor al prójimo. Pero Ben Sirá tiene en cuenta la otra posibilidad: la del pecador. Apartarse del mal es agradar a Dios; desvincularse de la injusticia\, sacrificio de expiación. La rectificación moral implica más que un mero retorno a la legalidad\, ya que\, en sí\, es adherirse a Dios y distanciándose de la injusticia. Y esa desvinculación del pecado también es culto aceptable al Señor.\n2. La legalidad del culto.\n«No te presentes a Dios con las manos vacías…». Fiel a su visión\, el autor aconseja juntar la observancia de la Ley a la práctica ritual\, por eso continúa ahora urgiendo las exigencias de la ley cultual. Y como la Ley manda ofrecer dones\, el hombre respetuoso del Señor hace caso de dichas prescripciones. Pero aquí Ben Sirá trata exclusivamente de la ofrenda «del justo»\, que es la que constituye honra sobre el altar del Señor. Puesto que expresa la fidelidad a la alianza y la justicia con el prójimo\, esa ofrenda consigue su cometido: ella sube como un agradable perfume a la presencia del Altísimo. La imagen es sobria y sumamente expresiva; quiere significar que esa ofrenda salva la distancia entre la tierra y el cielo\, entre el hombre y Dios. El sacrificio del justo es incontaminado\, por eso es totalmente aceptable. El «memorial» de dicho sacrificio era la parte de esa oblación que se separaba para ser consumida por el fuego\, es decir\, la que se destinaba a «aplacar» a Dios\, es decir\, para reconciliarse con él (cf. Lv 2\,1-3). Lo que hace incontaminado este sacrificio es la «justicia» del justo\, no tanto el cumplimiento de las prescripciones rituales. Ben Sirá asigna más importancia a las disposiciones interiores que a las observancias exteriores.\n3. El carácter personal del culto.\n«Honra al Señor con generosidad y no seas mezquino en tus ofrendas». Termina el fragmento con un tono de prevalente calor parenético. El culto realiza y expresa una relación personal entre el israelita y el Señor\, que en nada ha de parecerse a las relaciones entre los paganos y sus ídolos. Las perentorias órdenes de arrasar los santuarios de los pueblos paganos\, más que valor histórico\, tienen valor teológico; pretenden inculcar en el pueblo la radical diferencia del culto entre ellos y el Señor en relación con el culto entre los paganos y sus dioses (cf. Dt 12\,2-7).\n\nLa primera exhortación es a la generosidad para darle gloria\, es decir\, reconocer su amor en favor del pueblo y del oferente\, en particular. No hay que ser mezquino al ofrecer las primicias del trabajo. La segunda\, a la buena gana\, es decir\, a mostrar con la expresión facial la alegría de quien agradece\, de quien considera que es justo ese décimo («diezmo») que la Ley le pide como muestra de reconocimiento al Señor. Y la tercera\, a la proporcionalidad\, es decir\, teniendo en cuenta la medida de los dones recibidos y de las propias capacidades. La motivación última de esta triple exhortación es la munificente retribución que otorga el Señor a los que son generosos: «te dará siete veces más»\, cantidad que indica algo en grado superlativo (cf. Sir 7\,3; 20\,12; 40\,8).\n\nAunque la comprensión del culto es diferente para el cristiano\, porque Jesús nos enseñó que no hay que ofrecerle a Dios cosas –que él no necesita–\, sino entregarnos nosotros mismos a realizar su designio de amor (cf. Hb 10\, 5-10)\, y de él aprendimos que los sacrificios en los que Dios se complace son el testimonio que damos de su nombre\, el bien que hacemos a los demás y la solidaridad con todos\, ante todo con los que sufren (cf. Hb 13\,15-16)\, y aunque también nuestra comprensión de la alianza y del sacerdocio sea diferente\, las reflexiones de Ben Sirá nos estimulan a examinar cómo está nuestro culto a Dios.\n\nNosotros\, como Jesús\, damos gracias a Dios porque nos ha dado «un cuerpo»\, es decir\, nos ha hecho personas capaces de entrar en libre relación de generosidad\, gratuidad y gratitud con los demás\, capaces de amar. Jesús entregó su «cuerpo» por nosotros\, nos hizo «un solo cuerpo» con él\, y al comulgar con él actualizamos esa unidad y nos comprometemos a prolongar su entrega\, porque\, unidos a él\, nos integramos a su solo «cuerpo entregado». Y esa entrega es nuestro culto. Recibir la eucaristía no es un mero acto piadoso: es compromiso con el más grande amor.\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de Ceniza
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la profecía de Joel (2\,12-18): \nAHORA —oráculo del Señor—\,\,\nconvertíos a mí de todo corazón\,\ncon ayunos\, llantos y lamentos;\nrasgad vuestros corazones\, no vuestros vestidos\,\ny convertíos al Señor vuestro Dios\,\nun Dios compasivo y misericordioso\,\nlento a la cólera y rico en amor\,\nque se arrepiente del castigo.\n¡Quién sabe si cambiará y se arrepentirá\ndejando tras de sí la bendición\,\nofrenda y libación\npara el Señor\, vuestro Dios!\nTocad la trompeta en Sion\,\nproclamad un ayuno santo\,\nconvocad a la asamblea\,\nreunid a la gente\,\nsantificad a la comunidad\,\nllamad a los ancianos;\ncongregad a los muchachos\ny a los niños de pecho;\nsalga el esposo de la alcoba\ny la esposa del tálamo.\nEntre el atrio y el altar\nlloren los sacerdotes\,\nservidores del Señor\,\ny digan:\n«Ten compasión de tu pueblo\, Señor;\nno entregues tu heredad al oprobio\nni a las burlas de los pueblos».\n¿Por qué van a decir las gentes:\n«Dónde está su Dios»?\nEntonces se encendió\nel celo de Dios por su tierra\ny perdonó a su pueblo. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 50\,3-4.5-6a.12-13.14.17 \nR/. Misericordia\, Señor: hemos pecado \nV/. Misericordia\, Dios mío\, por tu bondad\,\npor tu inmensa compasión borra mi culpa;\nlava del todo mi delito\,\nlimpia mi pecado. R/. \nV/. Pues yo reconozco mi culpa\,\ntengo siempre presente mi pecado.\nContra ti\, contra ti sólo pequé\,\ncometí la maldad en tu presencia. R/. \nV/. Oh\, Dios\, crea en mí un corazón puro\,\nrenuévame por dentro con espíritu firme.\nNo me arrojes lejos de tu rostro\,\nno me quites tu santo espíritu. R/. \nV/. Devuélveme la alegría de tu salvación\,\nafiánzame con espíritu generoso.\nSeñor\, me abrirás los labios\,\ny mi boca proclamará tu alabanza. R/. \n\n\n\nSegunda lectura\n\nLectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5\,20–6\,2): \nHERMANOS:\nActuamos como enviados de Cristo\, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.\nAl que no conocía el pecado\, lo hizo pecado en favor nuestro\, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.\nY como cooperadores suyos\, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice:\n«En el tiempo favorable te escuché\,\nen el día de la salvación te ayudé».\nPues mirad: ahora es el tiempo favorable\, ahora es el día de la salvación. \nPalabra de Dios \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (6\,1-6.16-18): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos:\n«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial.\nPor tanto\, cuando hagas limosna\, no mandes tocar la trompeta ante ti\, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.\nTú\, en cambio\, cuando hagas limosna\, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre\, que ve en lo secreto\, te recompensará.\nCuando oréis\, no seáis como los hipócritas\, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas\, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.\nTú\, en cambio\, cuando ores\, entra en tu cuarto\, cierra la puerta y ora a tu Padre\, que está en lo secreto\, y tu Padre\, que ve en lo secreto\, te lo recompensará.\nCuando ayunéis\, no pongáis cara triste\, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.\nTú\, en cambio\, cuando ayunes\, perfúmate la cabeza y lávate la cara\, para que tu ayuno lo note\, no los hombres\, sino tu Padre\, que está en lo escondido; y tu Padre\, que ve en lo escondido\, te recompensará». \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\nMiércoles de ceniza. \n1. Generalidades.\nLa traducción del término griego ???????? («enmienda») por la palabra latina «pænitentia» (pesar\, arrepentimiento) no parece haber sido afortunada\, y sus repercusiones duran hasta el presente.\nHabría sido más afortunado traducirlo «emendatio»\, que se aproxima más a la doble connotación de ????????. Este término connota la detestación del mal hecho («arrepentimiento» o pænitentia)\, así como la firme decisión de corregirlo («rectificación» o iustificatio). Sin embargo\, se produjo un desplazamiento posterior\, cuando se entendió la «pænitentia» en el sentido de «mortificatio»\, en griego ??????\, que aparece solo una vez en el Nuevo Testamento (Col 3\,5)\, y referido a los bajos impulsos. Eso llevó a la errónea concepción de que Dios quiere el sufrimiento humano\, o que\, al menos\, lo exige para perdonar el pecado. En realidad\, ???????? significa que Dios nos pide un cambio de mentalidad para que cambiemos también nuestras actitudes y acciones\, y así seamos capaces recibir la gracia del Espíritu Santo\, que cancela de raíz nuestro pecado.\n2. Particularidades.\nLos tiempos de adviento y de cuaresma giran en torno a dos actitudes diferentes: la «enmienda» (????????) y la «conversión» (?????????)\, pero con énfasis diversos. En adviento predomina la exigencia de la enmienda; en cuaresma\, la de la conversión. En efecto\, la cuaresma\, más allá de creer en Dios\, nos exige creer en el Padre\, que se revela en la vida\, pasión\, muerte y glorificación de Jesús\, su Hijo. Hay quienes dicen creer en Dios\, y en homenaje a su dios excluyen y eliminan seres humanos\, lo cual jamás harían quienes conozcan al Padre y a su Hijo (cf. Jn 16\,2s). No da lo mismo creer en Dios que creer en el Padre que revela Jesucristo. \n1. Primera lectura (Jl 2\,12-18).\nEl profeta convoca dramáticamente al pueblo a convertirse al Señor mediante una liturgia de penitencia que se exprese en manifestaciones interiores y sinceras de duelo (rasgar el corazón\, ayuno\, llanto\, luto)\, en la purificación de una asamblea general\, en la renuncia voluntaria a los placeres lícitos (como expresión de duelo)\, y en la súplica insistente de los sacerdotes.\nEsa conversión de corazón (cf. Jr 4\,4) ha de hacerse «al Señor Dios de ustedes»\, el que los sacó de Egipto\, que es descrito con cinco notas: compasivo y clemente\, paciente y misericordioso\, y que se arrepiente de las amenazas (cf. Ex 34\,6; Sl 86\,15; 103\,8; 145\,8; Jon 4\,2; Neh 9\,17). La duda respecto de la respuesta del Señor («quizá se arrepienta…») deja entrever que no basta el solo rito penitencial\, que\, si no se da la conversión real\, se engañan (cf. Os 6\,1-3). La respuesta del Señor se verá en la bendición que le permita al pueblo seguir dándole culto y disfrutando de la tierra que le dio en heredad. El peligro amenaza la existencia de la sociedad entera\, por eso las muestras de duelo y las súplicas deben ser por parte de todos. \n2. Segunda lectura (2Co 5\,20-6\,2).\nDios toma la iniciativa de la reconciliación por medio del Mesías\, y no solamente nos reconcilia consigo\, sino que nos hace embajadores del Mesías para que también nosotros invitemos a esa reconciliación. Se trata de una exhortación afectuosa\, no de un grito de amenaza. El amor de Dios por la humanidad es tan grande que no se reservó a su propio Hijo (cf. Rm 8\,31)\, sino que lo entregó hasta dejar que fuera considerado un malhechor y un maldito («al que nada tenía que ver con el pecado\, por nosotros lo cargó con el pecado…»). Y Jesús\, al morir en la cruz\, nos entregó el Espíritu Santo «para que nosotros\, por su medio\, obtuviéramos la rehabilitación de Dios». El «abandono» de Jesús en la cruz por parte de Dios muestra que Dios «se niega a sí mismo» por amor a la humanidad.\nAhora se trata de secundar su obra. Es gracia de Dios haber recibido al Hijo como modelo y al Espíritu como capacidad para configurarnos interiormente con ese modelo. No hay violencia a la libertad\, no impone obligación de hacer: urge a la acción por la fuerza del amor. Tan grande demostración de amor no solo invita a la respuesta positiva\, sino a hacer a los demás partícipes de la misma demostración. Y este es el tiempo apropiado\, ahora es «el día de salvación»\, el que antes era temido cuando lo llamaban «el día del Señor». \n3. Evangelio (Mt 6\,1-6.16-18).\nLa relación con Dios no se exterioriza para llamar la atención de «los hombres»\, ni tampoco con la pretensión de «dar ejemplo». Lo primero sería fingimiento; lo segundo\, ambición de dominio. La «religión del espectáculo» es una farsa vacía que nada tiene que ver con la fe. Por eso\, Jesús re-interpreta las tradicionales «obras de justicia» (manifestaciones de piedad) privilegiadas por los fariseos:\n3.1. La limosna. La solidaridad con los pobres no es para catapultarse a sí mismo al pináculo de la fama\, publicitando lo que se hace a favor de ellos\, sino para contribuir en lo que esté al propio alcance con el fin de lograr una sociedad equitativa y justa.\n3.2. La oración. La comunicación con Dios no es para presumir de piadoso\, con un evidente exhibicionismo que obtenga fama de santidad\, sino para sintonizar con él en el amor y secundar con el mismo amor la realización de su designio en la tierra.\n3.3. El ayuno. La privación de alimentos no es para agradar a un supuesto dios que se complace en el sufrimiento humano\, ni menos para conmoverlo\, sino el impulso gozoso de quien comparte su pan con el que no tiene\, para que nadie sufra hambre.\nJesús no establece obligación alguna de dar limosna\, de orar o de ayunar; lo deja a la libertad de su discípulo («cuando des… ores… ayunes…»)\, pero sí se opone a que dichas expresiones de piedad u otras –cualesquiera que sean– se usen para cebar la propia vanidad y para posicionarse por encima de los demás. En todos los casos\, pone de presente que la relación con el Padre debe ser interior. En particular\, respecto del ayuno\, dice que\, además de discreta\, debe ser una práctica gozosa\, no luctuosa\, porque el cristiano vive en la alegría de la nueva alianza. \nLa cuaresma es\, ante todo\, un período para recuperar nuestra autenticidad ante el Padre y ante «los hombres». Podrían resumirse sus exigencias en estas tres:\na) Sinceridad. La hipocresía religiosa es el primer enemigo del verdadero espíritu de la cuaresma: permite ser malo y obrar mal con la presunción de ser bueno y benefactor.\nb) Escucha. Para ser sinceros\, necesitamos escuchar al Señor y su buena noticia. Es preciso hacer nuestro éxodo personal\, salir de nosotros mismos y acercarnos a los demás.\nc) Conversión. El éxodo de la escucha nos conducirá a abandonar nuestros «ídolos» (o sea\, nuestras falsas representaciones de Dios) para volvernos al Padre revelado por Jesús.\nEl fruto de la cuaresma será hacernos testigos del Señor resucitado. La ceniza que recibimos nos recuerda nuestra condición mortal\, pero la eucaristía nos certifica nuestra vocación a heredar la vida eterna por la comunión de fe con Jesús\, comunión que nos proponemos estrechar con los ejercicios de la cuaresma.\nFeliz cuaresma.
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SUMMARY:Jueves después de Ceniza
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Deuteronomio (30\,15-20): \nMOISÉS habló al pueblo\, diciendo:\n«Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien\, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor\, tu Dios\, seguir sus caminos\, observar sus preceptos\, mandatos y decretos\, y así vivirás y crecerás y el Señor\, tu Dios\, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla.\nPero\, si tu corazón se aparta y no escuchas\, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les sirves\, yo os declaro hoy que moriréis sin remedio; no duraréis mucho en la tierra adonde tú vas a entrar para tomarla en posesión una vez pasado el Jordán.\nHoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra. Pongo delante de ti la vida y la muerte\, la bendición y la maldición. Elige la vida\, para que viváis tú y tu descendencia\, amando al Señor\, tu Dios\, escuchando su voz\, adhiriéndote a él\, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres\, Abrahán\, Isaac y Jacob». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 1 \nR/. Dichoso el hombre\nque ha puesto su confianza en el Señor \nV/. Dichoso el hombre\nque no sigue el consejo de los impíos\,\nni entra por la senda de los pecadores\,\nni se sienta en la reunión de los cínicos;\nsino que su gozo es la ley del Señor\,\ny medita su ley día y noche. R/. \nV/. Será como un árbol\nplantado al borde de la acequia:\nda fruto en su sazón\ny no se marchitan sus hojas;\ny cuanto emprende tiene buen fin. R/. \nV/. No así los impíos\, no así;\nserán paja que arrebata el viento.\nPorque el Señor protege el camino de los justos\,\npero el camino de los impíos acaba mal. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (9\,22-25): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos:\n«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho\, ser desechado por los ancianos\, sumos sacerdotes y escribas\, ser ejecutado y resucitar al tercer día».\nEntonces decía a todos:\n«Si alguno quiere venir en pos de mí\, que se niegue a sí mismo\, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\nJueves después de ceniza.\n\nCuando Jesús advierte: «el que no está conmigo\, está contra mí; y el que no reúne conmigo\, dispersa»\, lo hace en un contexto bien preciso. Aclara que no es posible neutralidad alguna cuando se trata de la liberación del ser humano. Él encarna en sí la acción liberadora de Dios\, en tanto que la institución político-religiosa que se le enfrenta encarna la actividad represora del «fuerte» (Satanás). Así que solo caben dos opciones: o con él\, a favor de la libertad humana\, o contra él\, a favor de la opresión del hombre. De eso realmente se trata.\n\nUna vez planteada la exigencia de sinceridad\, escucha y conversión que reclama este tiempo de cuaresma\, sale a relucir la disyuntiva fundamental. El hombre es libre para decidir su destino\, pero su libertad puede verse limitada por la mentira y por la violencia del sistema sociocultural que lo envuelve. Toca revisar criterios.\n\n1. Primera lectura (Dt 30\,15-20).\nDos pares de opuestos sirven para expresar que Dios reconoce al ser humano libertad para que decida su propio futuro. Y un tercer par desempeña un papel notarial. La vida y el bien se oponen a la muerte y el mal; y la tierra y el cielo sirven de testigos.\n1.1. La vida y el bien.\nObedeciendo los mandatos del «Señor tu Dios» (el que los sacó de Egipto)\, los que se resumen en amar al Señor liberador y salvador\, seguir sus caminos (de éxodo) y guardar sus preceptos (el mandamiento aceptado: cf. 30\,14)\, el pueblo obtendrá la vida\, el crecimiento y la bendición para sí y para la tierra que habrá de poseer como espacio de libertad.\n1.2. La muerte y el mal.\nSi su corazón se aparta del Señor y no le obedece\, sino que les rinde homenaje a los ídolos (que servían de pretexto a los paganos para justificar la opresión)\, el futuro es sombrío: muerte sin remedio. El cumplimiento de la promesa de Dios (pasar el Jordán y entrar en la tierra prometida) no impedirá que ese mal los alcance.\n1.3. Los testigos.\nEl cielo y la tierra\, es decir\, el universo\, la creación entera\, son testigos de que el Señor ha dado al hombre esa libertad y ha dejado su futuro en sus propias manos. La exhortación a elegir la vida ateniéndose a lo antes dicho\, y la mención de los tres primeros patriarcas\, Abraham\, Isaac y Jacob\, deja ver que ese testimonio del cielo y la tierra se verifica en la historia.\n\n2. Evangelio (Lc 9\,22-25).\nJesús anuncia su muerte como consecuencia de su praxis liberadora. Contrario a lo previsible\, va a ser rechazado y condenado por «los buenos»\, es decir\, los representantes del pueblo y de Dios (senadores\, sumos sacerdotes\, letrados)\, porque ellos apartaron su corazón del Señor. Pero Dios lo reivindicará anulando la sentencia de muerte. Así quedará claro quién estaba de parte del Dios liberador y salvador\, y quién en contra suya.\n\nAhora se dirige «a todos». Siempre lo hace\, aunque hable directamente a un grupo\, ya que él no tiene enseñanzas ocultas. Pero\, cuando se precisa que habla «a todos»\, se pone mayor énfasis en la validez universal de sus palabras. Jesús hace una invitación y da sus razones para justificarla. La invitación contiene tres elementos\, y la justifica con tres argumentos de orden racional\, no con argumentos de autoridad (el leccionario omite el tercero).\n\n2.1. La libertad.\nJesús se dirige a hombres libres\, a los que pueden decidir porque están en capacidad de hacerlo: «si alguien quiere…». La actitud que se adopte en relación con él y con su propuesta no es forzada: ni por engaño\, ni por miedo\, ni por halago\, es interior y exteriormente libre.\n2.2. La opción.\nNegarse a sí mismo consiste en enfrentarse a los propios miedos\, al egoísmo y a la intimidación para asumir los valores de Jesús. El inconsciente que no razona\, el que les teme a los poderosos\, o el que prospera a su sombra\, no es libre para optar\, no es dueño de sí mismo.\n2.3. Las consecuencias.\nAdherirse a Jesús es asumir como propio su destino: por un lado\, comprometido con el Dios liberador; por el otro\, rechazado por los causantes del sufrimiento y de la opresión. Y esto debe ser fuente de felicidad\, porque así la persona siente que se realiza.\nExigencias tan radicales pudieran parecer irracionales\, arbitrarias o idealistas\, nada ceñidas a la realidad concreta de los seres humanos en este mundo\, en donde la supervivencia es tan difícil. Por eso él da tres razones:\n\na) Intentar poner a salvo la vida lejos de él es como confiarle al ladrón el más preciado tesoro. Solo Jesús puede garantizar la vida de modo definitivo\, lo demás resulta ilusorio.\nb) Las riquezas\, el poder y la gloria humana se alcanzan al costo de la propia vida. Pero no hay riqueza\, ni poder ni prestigio que restituyan la vida perdida. Él\, en cambio\, sí la restituye.\nc) Quien se desvincule de él por vergüenza ante los poderosos\, se avergonzará de sí mismo al ver a Jesús reivindicado por el Padre. Ningún fracaso mayor que ese (v. 26\, omitido).\nPorque Jesús no da abrumadores argumentos de autoridad\, sino de razón\, deja en libertad al ser humano para seguirlo\, para decidir su propio futuro y alcanzar así la verdadera vida.\n\nLa decisión más importante que debemos tomar es qué hacer con nuestra propia vida. Y\, aunque la tomemos de una vez para siempre\, necesitamos verificarla cada cierto tiempo para confirmarla o para rectificarla\, porque está en juego nuestro más preciado valor. Ese es el objetivo de este tiempo de cuaresma: verificar que –luego de haber optado por seguir a Jesús– seguimos en su camino. Y\, como es posible que nos engañemos a nosotros mismos o nos dejemos engañar\, nos sometemos con sinceridad a una rigurosa verificación\, escuchando su mensaje y mirándonos en él\, como en un espejo\, para comprobar si\, como él\, nos parecemos al Padre.\n\nLos sacramentos nos sirven para abandonar los atajos o para recuperar el camino perdido. Las prácticas de piedad\, particularmente la via crucis\, deben estimularnos al seguimiento libre y alegre del Señor. Y la frecuente celebración de la eucaristía nos dará fuerza para afianzar los pasos que vayamos dando en el camino de la vida.\nFeliz jueves.
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SUMMARY:Viernes después de Ceniza. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de lsaías (58\,1-9a): \nESTO dice el Señor Dios:\n«Grita a pleno pulmón\, no te contengas;\nalza la voz como una trompeta\,\ndenuncia a mi pueblo sus delitos\,\na la casa de Jacob sus pecados.\nConsultan mi oráculo a diario\,\ndesean conocer mi voluntad.\nComo si fuera un pueblo que practica la justicia\ny no descuida el mandato de su Dios\,\nme piden sentencias justas\,\nquieren acercarse a Dios.\n“¿Para qué ayunar\, si no haces caso;\nmortificarnos\, si no te enteras?”\nEn realidad\, el día de ayuno hacéis vuestros negocios\ny apremiáis a vuestros servidores;\nayunáis para querellas y litigios\,\ny herís con furibundos puñetazos.\nNo ayunéis de este modo\,\nsi queréis que se oiga vuestra voz en el cielo.\n¿Es ese el ayuno que deseo en el día de la penitencia:\ninclinar la cabeza como un junco\,\nacostarse sobre saco y ceniza?\n¿A eso llamáis ayuno\,\ndía agradable al Señor?\nEste es el ayuno que yo quiero:\nsoltar las cadenas injustas\,\ndesatar las correas del yugo\,\nliberar a los oprimidos\,\nquebrar todos los yugos\,\npartir tu pan con el hambriento\,\nhospedar a los pobres sin techo\,\ncubrir a quien ves desnudo\ny no desentenderte de los tuyos.\nEntonces surgirá tu luz como la aurora\,\nenseguida se curarán tus heridas\,\nante ti marchará la justicia\,\ndetrás de ti la gloria del Señor.\nEntonces clamarás al Señor y te responderá;\npedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 50\,3-4.5-6a.18-19 \nR/. Un corazón quebrantado y humillado\,\ntú\, Dios mío\, no lo desprecias \nV/. Misericordia\, Dios mío\, por tu bondad\,\npor tu inmensa compasión borra mi culpa;\nlava del todo mi delito\,\nlimpia mi pecado. R/. \nV/. Pues yo reconozco mi culpa\,\ntengo siempre presente mi pecado.\nContra ti\, contra ti sólo pequé\,\ncometí la maldad en tu presencia. R/. \nV/. Los sacrificios no te satisfacen:\nsi te ofreciera un holocausto\, no lo querrías.\nEl sacrificio agradable a Dios\nes un espíritu quebrantado;\nun corazón quebrantado y humillado\,\ntú\, oh\, Dios\, tú no lo desprecias. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (9\,14-15): \nEN aquel tiempo\, os discípulos de Juan se le acercan a Jesús\, preguntándole:\n«¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y\, en cambio\, tus discípulos no ayunan?».\nJesús les dijo:\n«¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo\, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo\, y entonces ayunarán». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\n\nViernes después de ceniza.\n\nLas prácticas de piedad adolecen de una lamentable ambigüedad: así como expresan la fe pueden camuflar la hipocresía religiosa. Y\, cuando se las constituye en valores absolutos\, pueden llegar a sustituir la fe. Es deplorable el espectáculo de personas despiadadas que posan de piadosas\, porque su conducta descalifica la piedad que aparentan\, y hasta desacredita el nombre mismo de Dios. Por eso los profetas\, tanto los de la antigua como los de la nueva alianza\, rechazan con energía la hipocresía religiosa.\nEn este tiempo de cuaresma hay que examinar sinceramente la coherencia entre las expresiones de la vida de fe y la convivencia con los demás. La fe verdadera se refleja en el hecho de hacer justas y más humanas las relaciones de convivencia social.\n\n1. Primera lectura (Is 58\,1-9a).\nLa trompeta que ayer sonaba para convocar al pueblo a pedir perdón resuena hoy en la voz del profeta para denunciar los delitos del pueblo.\n\nEs un pueblo que manifiesta mucha religiosidad: consulta la palabra del Señor\, da muestras de querer conocer su camino\, pide instrucción en la justicia\, como quien está interesado en ser justo y fiel a la alianza para estar cerca de Dios. No solo eso: se atreve a reclamarle a Dios porque\, al parecer\, es él quien no está cumpliendo el pacto. En concreto\, se trata del ayuno que se practicaba «una vez al año» (Lv 16\,34)\, el día de la expiación (cf. Lv 16\,29.31; 23\,27.29.32; Nm 29\,7).\n\nDios reconoce su práctica de piedad\, pero la contrasta con su vida y su convivencia: los mueve el propio interés y acosan a sus sirvientes; ayunan entre riñas y disputas\, golpeándose sin piedad unos a otros. Ese ayuno\, acompañado de un griterío (que no es oración)\, se escucha\, pero no se acoge en el cielo. No han entendido cuál es el ayuno que el Señor desea; no comprenden cuál es la penitencia que Dios espera. No se trata de ceremonias rituales ni de auto-infligirse castigos\, eso no es lo que le agrada al Señor.\n\nEl ayuno que Dios estableció para expiar los pecados consiste en restituirles su libertad a los injustamente encarcelados y a los oprimidos\, a todos los cautivos; en vez de privarse del alimento\, que lo compartan\, para que todos coman; en vez de reñir los unos contra los otros\, socorrer a los que han desamparado. En síntesis\, abrirse al semejante. Eso es lo que expía el pecado.\n\nEse ejercicio de misericordia\, que humaniza la convivencia\, hace que el ser humano sea justo y refleje la gloria de Dios (cf. Sl 12\,4)\, el hombre viviente\, cuando se hace mejor conviviente\, le da calidad a su propia vida («carne sana»): en su vanguardia va su propia justicia\, y en su retaguardia la gloria del Señor (cf. Sl 85\,9-14; 97\,2.11). Así la oración no encuentra tropiezo. No es preciso gritar (oración clamorosa)\, basta llamar (oración sosegada)\, y la respuesta del Señor será pronta.\n\n2. Evangelio (Mt 9\,14-15).\nPara los tiempos de Jesús\, la práctica anual del ayuno se había convertido en una práctica habitual de los fariseos (cf. Lc 18\,12: «dos veces por semana»)\, pero esto no los hacía más incluyentes ni compasivos (cf. Mt 9\,10-13). Sin embargo\, gracias a la fama de santidad que cultivaban con sus expresiones de piedad\, ejercían enorme influjo sobre el pueblo. Tanto\, que lograron absorber el movimiento que suscitó Juan Bautista. No pudieron implicar a Juan (cf. Mt 3\,7-9)\, pero sí a muchos de sus seguidores\, que no se hicieron discípulos de Jesús. Estos se le acercan a Jesús (deja dicho el evangelista que están distantes de él) para hacerle un reproche: mientras ellos y los fariseos ayunan\, los discípulos de Jesús no lo hacen en absoluto. Aquí se entiende la distancia entre ellos y Jesús: este no les parece piadoso.\n\nLa respuesta de Jesús se remite a la experiencia de Dios. Él y sus discípulos tienen otra relación con Dios. Se trata de la nueva alianza\, la fiesta de bodas\, que excluye toda tristeza y manifestación de duelo. El ayuno es eso\, expresión de duelo\, lo cual es incompatible con la nueva relación con Dios\, que es de alegría\, la alegría de la salvación. Por eso no pueden hacer duelo (ayunar). Sin embargo\, señala «un día»\, el día de su muerte («cuando les arrebaten el novio»)\, en el que sus discípulos sí harán duelo. Pero solo será un día\, porque él no permanecerá muerto\, resucitará.\n\nLas expresiones de piedad deben atenerse al viejo aforismo según el cual la praxis de la oración debe ser coherente con la vida de fe («lex orandi lex credendi»). Esto vale no solo para los diferentes ejercicios de piedad\, sino\, sobre todo\, para su contenido. Es lo que se deriva de la respuesta de Jesús. A pesar de la exigencia de solidaridad y de justicia que aparece en el texto de Isaías\, los evangelistas nunca echan mano de él para justificar el ayuno\, porque la concepción misma de ese ejercicio no es acorde con la nueva relación con Dios. El ayuno\, pues\, tiene valor como ejercicio humano para fortalecer la voluntad y el dominio de sí\, como praxis sanitaria para conservar o defender la salud física\, y\, sobre todo\, como expresión de solidaridad con los que sufren (huelga de hambre\, protesta contra la injusticia\, lucha contra el hambre)\, pero no cualifica la relación del hombre con Dios\, «porque al fin y al cabo no reina Dios por lo que uno come o bebe\, sino por la honradez\, la paz y la alegría que da el Espíritu Santo» (Rm 14\,17). «No será la comida lo que nos recomiende ante Dios: ni por privarnos de algo somos menos\, ni por comerlo somos más»(1Co 8\,8). Pero sí el amor y sus manifestaciones\, a mayor amor\, más «hijos» de Dios.\n\nEl ayuno propuesto para la cuaresma debe ser de inspiración y de expresión acorde con la buena noticia y la nueva alianza. Por eso\, además de libre e interior\, debe ser alegre (cf. Mt 6\,17-18)\, con la dicha de las bienaventuranzas.\nFeliz viernes.
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SUMMARY:Sábado después de Ceniza. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (58\,9b-14): \nESTO dice el Señor:\n«Cuando alejes de ti la opresión\,\nel dedo acusador y la calumnia\,\ncuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo\ny sacies al alma afligida\,\nbrillará tu luz en las tinieblas\,\ntu oscuridad como el mediodía.\nEl Señor te guiará siempre\,\nhartará tu alma en tierra abrasada\,\ndará vigor a tus huesos.\nSerás un huerto bien regado\,\nun manantial de aguas que no engañan.\nTu gente reconstruirá las ruinas antiguas\,\nvolverás a levantar los cimientos de otros tiempos;\nte llamarán “reparador de brechas”\,\n“restaurador de senderos”\,\npara hacer habitable el país.\nSi detienes tus pasos el sábado\,\npara no hacer negocios en mi día santo\,\ny llamas al sábado “mi delicia”\ny lo consagras a la gloria del Señor;\nsi lo honras\, evitando viajes\,\ndejando de hacer tus negocios y de discutir tus asuntos\,\nentonces encontrarás tu delicia en el Señor.\nTe conduciré sobre las alturas del país\ny gozarás del patrimonio de Jacob\, tu padre.\nHa hablado la boca del Señor». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 85\,1-2.3-4.5-6 \nR/. Enséñame\, Señor\, tu camino\,\npara que siga tu verdad \nV/. Inclina tu oído\, Señor\, escúchame\,\nque soy un pobre desamparado;\nprotege mi vida\, que soy un fiel tuyo;\nsalva\, Dios mío\, a tu siervo\, que confía en ti. R/. \nV/. Piedad de mí\, Señor\,\nque a ti te estoy llamando todo el día;\nalegra el alma de tu siervo\,\npues levanto mi alma hacia ti\, Señor. R/. \nV/. Porque tú\, Señor\, eres bueno y clemente\,\nrico en misericordia con los que te invocan.\nSeñor\, escucha mi oración\,\natiende a la voz de mi súplica. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (5\,27-32): \nEN aquel tiempo\, vio Jesús a un publicano llamado Leví\, sentado al mostrador de los impuestos\, y le dijo:\n«Sígueme».\nÉl\, dejándolo todo\, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa\, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos de Jesús:\n«¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?»\nJesús les respondió:\n«No necesitan médico los sanos\, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos\, sino a los pecadores a que se conviertan». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nSábado después de ceniza.\n\nLa función principal de la Ley es propiciar una convivencia armoniosa. Eso significa que\, en una hipótesis ideal\, ella sobra en donde los hombres convivan en paz. Esa posibilidad no es utópica\, pero requiere de «hombres nuevos»\, aptos para convivir sin necesidad de exigencias exteriores a ellos mismos\, dirigidos por un principio de amor autónomo. Esa es la realidad que el cristiano tiene a su alcance\, gracias a la libertad interior y al impulso vital del Espíritu Santo.\nSin el Espíritu Santo\, el hombre es «viejo» y\, a la vez\, «infantil» porque necesita que le digan lo que tiene que hacer\, que le prohíban lo que no debe hacer\, y que le premien su buen trato o que le castiguen el maltrato u otro mal proceder\, porque\, como no sabe comportarse con autonomía\, se hace daño a sí mismo o se lo hace a los demás. El Espíritu Santo renueva y madura al hombre.\n\n1. Primera lectura (Is 58\,9b-14).\nLa experiencia del destierro llevó al pueblo a valorar su libertad. El profeta apela a esa experiencia para reiterar la exigencia de retirar los cepos (cf. Is 58\,9) y lo que lleva a perder la libertad: la sindicación o acusación injusta («señalar con el dedo») y las maledicencias o calumnias.\n\nA la recomendación de no cerrarse a su semejante (cf. Is 58\,7) corresponde ahora la de abrirse al necesitado hasta satisfacer sus anhelos. En la eventualidad de que el pueblo acepte respetar la libertad y dar vida\, marcará la diferencia entre la luz y las tinieblas\, entre la noche y el día\, es decir\, entre el caos original y la creación: hará un mundo nuevo. Ese será el éxodo permanente\, la satisfacción total. El hombre y el pueblo serán fuertes y estarán lozanos\, como manantial de vida verdadera. Esto sí conducirá a la restauración nacional\, así sí lograrán reconstruir el pueblo arruinado.\n\nSe inserta aquí una exhortación a la observancia de la alianza a partir del respeto por el sábado: abstenerse de viajes con propósitos de negocios egoístas para dar prioridad al «día consagrado al Señor»\, día de descanso en memoria de la liberación (cf. Dt 5\,12-15). Esta aceptación lleva a descubrir al Señor con deleite\, a la exaltación del hombre y del pueblo\, a su saciedad definitiva\, al cumplimiento de las promesas.\n\n2. Evangelio (Lc 5\,27-32).\nLa mirada del Señor que se fijó en Israel cuando estaba en Egipto y en el desierto (cf. Dt 7\,7-8; Os 9\,10) es ahora la mirada de Jesús que se fija en el ser humano que necesita vida y que\, en vez de integrado y saciado\, ha sido excluido en razón de su actividad («recaudador»)\, y que\, pese a estar consagrado al Señor desde su origen («llamado Leví»)\, ahora está al servicio del invasor ocupante («sentado al mostrador de los impuestos»). Por eso Jesús lo llamó\, para darle vida. Leví reaccionó con determinación: «lo abandonó todo» (los recaudadores eran ricos)\, levantándose de la postración en la que estaba («sentado»)\, y emprendiendo su éxodo («empezó a seguirlo»). Se advierte en esta respuesta más decisión que en la de los primeros llamados (cf. Lc 5\,11).\n\nSiguiendo a Jesús participa del banquete de la vida\, la amistad y la alegría. Incluye a otros como él\, que también ven en Jesús la aceptación y la acogida por parte del Dios que se suponía que los rechazaba. Su postura a la mesa («recostados») manifiesta su experiencia de libertad. Jesús les hace accesible a Dios y los acerca a él\, y les ofrece una nueva oportunidad a los que rompen con su pasado injusto y se deciden a seguirlo.\n\nLos que se consideran guardianes de la Ley («los fariseos y sus letrados») se sienten en el deber de mantener la barrera de la exclusión y llaman al orden a los discípulos de Jesús: hay que guardar distancia con respecto de los recaudadores y los descreídos. La réplica es de Jesús: el «médico» (dirigente preocupado por su pueblo: cf. Lc 4\,23; Jr 8\,22) solo les hace falta a los excluidos («los que se encuentran mal»: cf. Ez 34\,4; Lc 7\,2)\, no a los que están integrados a la sociedad injusta («sanos»: cf. Lc 7\,10; 15\,27). Los «justos» no sienten necesidad de salvación (vida)\, por eso no admiten la urgencia del cambio interior\, pero los «pecadores» sí; y Jesús les abre el camino a estos invitándolos a cambiar. Las barreras entre «justos» y «pecadores» son artificiales: vuelven duros e inhumanos a los que se creen justos\, y les cierran toda posibilidad de realización a los que son sindicados como pecadores. En ese mundo cerrado\, el perdón de Dios es desconocido.\n\nLa Ley es una realidad más compleja de lo que a simple vista aparece. Ante ella hay dos posibles actitudes: reconocerla o desconocerla. No obstante\, hay dos formas de reconocerla y dos de desconocerla. Se la puede reconocer subordinándola al bien del hombre\, o subordinándole el ser humano. También se la puede desconocer quebrantándola o superándola.\n\nJesús la reconoce subordinándola al bien del hombre (cf. Lc 6\,1-11) y la desconoce superándola. También dota al ser humano de autonomía\, por la fuerza del Espíritu Santo\, para que la supere definitivamente por la fuerza del amor (cf. Lc 6\,27-38).\n\nLa cuaresma es tiempo para verificar y rectificar nuestra postura ante la ley (cualquiera que sea). El discípulo de Jesús no puede darse por satisfecho por el solo hecho de observar las leyes civiles y ser un concienzudo ciudadano; tampoco puede darse por realizado adecuando su conducta a las llamadas «leyes de la naturaleza» (físicas\, biológicas\, psicológicas\, etc.); y mucho menos puede contentarse con la ética racional o con la moral cultural. Está llamado y dotado para llegar más alto y mucho más lejos\, rompiendo límites\, hasta la altura de su condición de «hijo de Dios».\n\nNuestra libertad no debe ser solo de acción (hacer lo que queramos) sino\, ante todo\, de opción (escoger sin condicionamientos)\, es decir\, libertad exterior fruto de nuestra libertad interior. Y esta\, definitivamente nos la da el Espíritu Santo\, que procede del Señor crucificado y resucitado. Él nos renueva\, y nos da su Espíritu de vida en la eucaristía.\nFeliz sábado en compañía de María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:I Domingo de Cuaresma. Ciclo C
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Deuteronomio (26\,4-10): \nDijo Moisés al pueblo: «El sacerdote tomará de tu mano la cesta con las primicias y la pondrá ante el altar del Señor\, tu Dios. Entonces tú dirás ante el Señor\, tu Dios: “Mi padre fue un arameo errante\, que bajó a Egipto\, y se estableció allí\, con unas pocas personas. Pero luego creció\, hasta convertirse en una raza grande\, potente y numerosa. Los egipcios nos maltrataron y nos oprimieron\, y nos impusieron una dura esclavitud. Entonces clamamos al Señor\, Dios de nuestros padres\, y el Señor escuchó nuestra voz\, miró nuestra opresión\, nuestro trabajo y nuestra angustia. \nEl Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido\, en medio de gran terror\, con signos y portentos. Nos introdujo en este lugar\, y nos dio esta tierra\, una tierra que mana leche y miel. Por eso\, ahora traigo aquí las primicias de los frutos del suelo que tú\, Señor\, me has dado.” Lo pondrás ante el Señor\, tu Dios\, y te postrarás en presencia del Señor\, tu Dios.” \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 90\,1-2.10-11.12-13.14-15 \nR/. Está conmigo\, Señor\, en la tribulación \nTú que habitas al amparo del Altísimo\,\nque vives a la sombra del Omnipotente\,\ndi al Señor: “Refugio mío\, alcázar mío\,\nDios mío\, confío en ti.” R/. \nNo se te acercará la desgracia\,\nni la plaga llegará hasta tu tienda\,\nporque a sus ángeles ha dado órdenes\npara que te guarden en tus caminos. R/. \nTe llevarán en sus palmas\,\npara que tu pie no tropiece en la piedra;\ncaminarás sobre áspides y víboras\,\npisotearás leones y dragones. R/. \n“Se puso junto a mí: lo libraré;\nlo protegeré porque conoce mi nombre\,\nme invocará y lo escucharé.\nCon él estaré en la tribulación\,\nlo defenderé\, lo glorificaré.” R/.\n\n\nSegunda lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (10\,8-13): \nLa Escritura dice: “La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón.” Se refiere a la palabra de la fe que os anunciamos. Porque\, si tus labios profesan que Jesús es el Señor\, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos\, te salvarás. Por la fe del corazón llegamos a la justificación\, y por la profesión de los labios\, a la salvación. Dice la Escritura: “Nadie que cree en él quedará defraudado.” Porque no hay distinción entre judío y griego; ya que uno mismo es el Señor de todos\, generoso con todos los que lo invocan. Pues “todo el que invoca el nombre del Señor se salvará.” \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (4\,1-13): \nEn aquel tiempo\, Jesús\, lleno del Espíritu Santo\, volvió del Jordán y durante cuarenta días\, el Espíritu lo fue llevando por el desierto\, mientras era tentado por el diablo.\nTodo aquel tiempo estuvo sin comer\, y al final sintió hambre.\nEntonces el diablo le dijo: “Si eres Hijo de Dios\, dile a esta piedra que se convierta en pan.”\nJesús le contestó: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre”.\nDespués\, llevándole a lo alto\, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: “Te daré el poder y la gloria de todo eso\, porque a mí me lo han dado\, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mi\, todo será tuyo.”\nJesús le contestó: “Está escrito: Al Señor\, tu Dios\, adorarás y a él solo darás culto”.\nEntonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios\, tírate de aquí abajo\, porque está escrito: “Encargará a los ángeles que cuiden de ti”\, y también: “Te sostendrán en sus manos\, para que tu pie no tropiece con las piedras”.\nJesús le contestó: Está mandado: “No tentarás al Señor\, tu Dios”.\nCompletadas las tentaciones\, el demonio se marchó hasta otra ocasión.\nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nI Domingo de Cuaresma. Ciclo C.\n\nEl tiempo litúrgico de cuaresma nos remite anualmente al relato de las tentaciones de Jesús\, que constituye el marco de referencia y el principio inspirador de dicho tiempo. Este relato condensa la vida pública de Jesús\, plasma en síntesis el compromiso adquirido por él en su bautismo\, y es una sinopsis anticipada de su propuesta. Como Israel fue tentado en el desierto\, Jesús lo es en la sociedad judía; como el pueblo tentaba al Señor en el desierto (cf. Exo 17\,2.7; Num 14\,22)\, ahora Jesús es tentado por «el diablo». La tentación es como una «prueba de calidad» donde el tentado saca a relucir sus capacidades para superarla\, o\, por el contrario\, descubre su incapacidad ante la misma y sucumbe.También el Señor tentó al pueblo\, pero para que no pecara (cf. Exo 20\,20).\n\nLc 4\,1-13.\nEl relato se compone de una introducción\, tres tentaciones y una conclusión. El número tres es símbolo de una totalidad homogénea\, indica todas las tentaciones posibles. En el caso de Jesús\, las tentaciones tienen que ver con la vida\, la convivencia y la supervivencia humanas.\n\n1. Introducción.\nLa mención del Espíritu Santo\, del Jordán y del desierto conectan este relato con el del bautismo de Jesús. Los «cuarenta días» aluden a los «cuarenta años» de Israel en el desierto\, el nombre del antagonista –«diablo»– significa «embustero»\, «calumniador»\, y el hambre de Jesús «al final» hace referencia a su vehemente deseo de manifestar al término de su vida terrestre el amor del Padre por la humanidad (cf. Lc 22\,8.15).\n2. Primera tentación: la vida.\nLa tentación en sí insinúa que Jesús demuestre su condición de hijo de Dios convirtiendo una piedra en pan. Es la invitación a afirmar su propia vida mediante alardes de poder; o sea\, a que se convierta en el «macho alfa» de la manada humana. Con su respuesta\, Jesús explica que él se atiene al designio de Dios\, que él es el «hombre alfa» de la nueva humanidad\, y que\, por eso\, la afirmación de su vida no constituye la anulación o la subordinación de las vidas de los demás.\nLa vida humana no se reduce a la mera satisfacción de necesidades biológicas. Esto conduciría al ser humano a un raquitismo existencial (cf. Lc 10\,38-42).\nLas solas metas terrenas no colman los anhelos de vida que apremian al género humano. El ser humano desborda los límites del tiempo y del espacio (cf. Lc 12\,13-21).\nLa abundancia de pan no procede del poder\, sino del amor generoso que parte y reparte y\, de esa manera\, el hombre realiza el gratificante don de sí mismo (cf. Lc 9\,10-17).\n3. Segunda tentación: la convivencia.\nEsta tentación afirma que Jesús no desvincula su éxito personal de la suerte de la humanidad. La tentación le propone a Jesús como ideal de convivencia humana el modelo del imperio romano. Sugiere que Jesús acepte «la autoridad» y «la gloria» del mismo\, a condición de rendirle homenaje al diablo. Es decir\, el ejercicio de ese poder es contrario al designio de Dios. Consiste en darle proporciones de imperialismo mundial a la doctrina nacionalista de los letrados. La respuesta de Jesús recuerda que el compromiso de la alianza\, que constituyó a Israel en pueblo de Dios\, fue pactado con un Dios específico\, el verdadero; los demás son inventos humanos para favorecer intereses mezquinos. Al insistir Jesús en lo «escrito» denuncia la perversión de dichas tentaciones.\n«El Señor tu Dios» es el que sacó a Israel de Egipto\, el que no quiere que un pueblo sea dominado por otro. Los ídolos son los que legitiman esa dominación.\nEl homenaje a Dios consiste en procurar la liberación de la humanidad; el homenaje al diablo\, en contribuir a la opresión y explotación de la humanidad.\nEl antiguo culto o servicio a Dios «en santidad y justicia» (Lc 1\,74) se basaba en «ayunos y rezos» (Lc 2\,37); el nuevo\, en la adhesión a su designio liberador.\n4. Tercera tentación: la supervivencia.\nEsta tentación toma nota de que Jesús no desvincula su éxito personal y social del designio de Dios. Por eso\, el diablo la disfraza con ropaje y lenguaje religioso. Si la primera apela al poder personal y la segunda al poder político\, ésta apela al poder divino para garantizar la supervivencia humana. Ahora se observa como un «duelo» en el uso de argumentos de la Escritura. El diablo la conoce y la cita con habilidad maliciosa. Esto indica que el «diablo» embustero manipula esas Escrituras para desviar a los hombres con argumentos supuestamente piadosos.\nHay un uso diabólico de la Escritura\, que consiste en fragmentarla suprimiéndole sus exigencias de compromiso. La institución que manipula la Escritura encarna el diablo.\nDetrás de ese uso diabólico de la Escritura hay la intención de distorsionar ideológicamente la realidad de Dios: se cambia sutilmente el Dios del amor por el ídolo del poder.\nJesús se atiene a la experiencia: el amor conocido no se pone en duda ni a prueba. El amor de Dios da vida\, y vida eterna; suficiente garantía de supervivencia.\n5. Conclusión.\nEl evangelista advierte que así quedaron «acabadas todas las tentaciones»\, lo que indica que esas tres las abarcan «todas»\, y que la victoria de Jesús es indiscutible. Sin embargo\, como este relato es un anticipo sintético de toda la existencia terrena de Jesús (significado de los «cuarenta días»)\, añade que «el diablo se alejó de él por un tiempo». En lo sucesivo del evangelio\, el diablo estará encarnado por seres humanos (cf. Lc 11\,16). Y la victoria definitiva contra el diablo será en el Monte de los Olivos (cf. Lc 22\,39-46).\n\nLas tentaciones\, así entendidas\, no son exclusivas del Mesías ni tampoco cuestiones de carácter meramente religioso. Son trampas para todo ser humano\, independientemente de si éste cree en Dios o no. La fidelidad ante la tentación es coherencia con las aspiraciones fundamentales del ser humano: la vida\, la convivencia y la supervivencia.\n\nEn el fondo\, la tentación consiste en adherirse al poder renunciando al amor creador\, liberador y salvador del Padre. Por eso\, la tentación es instigación a traicionar a Dios y a la humanidad.\nA lo largo de toda la historia\, cada uno\, la convivencia social en la cual estamos insertos\, y nuestra Iglesia vivimos bajo una continua y sutil seducción del poder presentado como «salida».\n\nSí hay una «cultura cristiana»\, y la creamos en la medida en que damos testimonio del sentido cristiano de la vida\, la convivencia y la supervivencia humanas.\n\nLas comunidades cristianas tienen el compromiso de proponerles a las sociedades en las que se hallan insertas su propia comprensión de la vida\, de la convivencia y de la supervivencia como aporte a la construcción social. Y las asambleas dominicales son ocasión para celebrar lo logrado en ese sentido y para estimular el compromiso en seguir permeando la cultura local con la fuerza de la buena noticia de la vida\, del reino de Dios presente\, y del futuro reino del Padre.\n¡Feliz día del Señor!
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SUMMARY:Lunes de la I semana de Cuaresma. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro del Levítico (19\,1-2.11-18): \nEL Señor habló así a Moisés:\n«Di a la comunidad de los hijos de Israel:\n“Sed santos\, porque yo\, el Señor\, vuestro Dios\, soy santo.\nNo robaréis ni defraudaréis ni os engañaréis unos a otros.\nNo juraréis en falso por mi nombre\, profanando el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor.\nNo explotarás a tu prójimo ni le robarás. No dormirá contigo hasta la mañana siguiente el jornal del obrero.\nNo maldecirás al sordo ni pondrás tropiezo al ciego. Teme a tu Dios. Yo soy el Señor.\nNo daréis sentencias injustas. No serás parcial ni por favorecer al pobre ni por honrar al rico. Juzga con justicia a tu prójimo.\nNo andarás difamando a tu gente\, ni declararás en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor.\nNo odiarás de corazón a tu hermano\, pero reprenderás a tu prójimo\, para que no cargues tú con su pecado.\nNo te vengarás de los hijos de tu pueblo ni les guardarás rencor\, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor”». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 18\,8.9.10.15 \nR/. Tus palabras\, Señor\, son espíritu y vida \nV/. La ley del Señor es perfecta\ny es descanso del alma;\nel precepto del Señor es fiel\ne instruye a los ignorantes. R/. \nV/. Los mandatos del Señor son rectos\ny alegran el corazón;\nla norma del Señor es límpida\ny da luz a los ojos. R/. \nV/. El temor del Señor es puro\ny eternamente estable;\nlos mandamientos del Señor son verdaderos\ny enteramente justos. R/. \nV/. Que te agraden las palabras de mi boca\,\ny llegue a tu presencia el meditar de mi corazón\,\nSeñor\, Roca mía\, Redentor mío. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (25\,31-46): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos:\n«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre\, y todos los ángeles con él\, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones.\nÉl separará a unos de otros\, como un pastor separa las ovejas de las cabras.\nY pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.\nEntonces dirá el rey a los de su derecha:\n“Venid vosotros\, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.\nPorque tuve hambre y me disteis de comer\, tuve sed y me disteis de beber\, fui forastero y me hospedasteis\, estuve desnudo y me vestisteis\, enfermo y me visitasteis\, en la cárcel y vinisteis a yerme”.\nEntonces los justos le contestarán:\n“Señor\, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos\, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos\, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”.\nY el rey les dirá:\n“En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos\, mis hermanos más pequeños\, conmigo lo hicisteis”.\nEntonces dirá a los de su izquierda:\n“Apartaos de mí\, malditos\, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer\, tuve sed y no me disteis de beber\, fui forastero y no me hospedasteis\, estuve desnudo y no me vestisteis\, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”.\nEntonces también estos contestarán:\n“Señor\, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed\, o forastero o desnudo\, o enfermo o en la cárcel\, y no te asistimos?”.\nÉl les replicará:\n“En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos\, los más pequeños\, tampoco lo hicisteis conmigo”.\nY estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna». \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nLunes de la I semana de cuaresma.\n\nLa superación de la «prueba» implica dos exigencias: por un lado\, apartarse del «pecado» a través de la enmienda; por el otro\, convertirse a Dios por la fe en la buena noticia de Jesús. El primer día de la primera semana\, la «enmienda» se expresa en términos de amor\, y la «conversión» en términos de santidad. La coincidencia de ambas realidades –la santidad consiste en vivir el amor– muestra que\, para los seguidores de Jesús\, no hay enmienda sin conversión\, ni viceversa.\n\nLa tentación de «salvar la responsabilidad» limitando el alcance de la misma lleva siempre a la exclusión con la conciencia tranquila. Jesús nos enseñó que el «prójimo» no está definido\, sino siempre por definir (cf. Lc 10\,29-37)\, dilatando con su enseñanza las fronteras del amor hasta alcances insospechables. De hecho\, la Ley consideraba el caso del inmigrante de manera abierta y acogedora (cf. Lv 19\,33-34).\n\nDel amor «al prójimo» (entendido este como el compatriota y correligionario) hay que pasar al amor «a todos» (amor universal)\, comenzando por la periferia\, por los excluidos\, por los que más sufren. Se trata de crear la alegría allí donde hay dolor. Eso certifica nuestra conversión al Padre por la fe en el Hijo y con la fuerza del Espíritu Santo.\n\n1. Primera lectura (Lv 19\, 1-2.11-18).\nLa santidad se entiende de dos maneras en el Antiguo Testamento:\n• Separación física. Dios es santo porque está separado de este mundo. Israel es un pueblo santo porque ha sido puesto aparte por el Señor.\n• Distancia ética. Dios es santo porque no comete la injusticia ni la tolera. Israel es un pueblo santo porque observa la Ley del Señor.\nLa santidad es\, en primer lugar\, una exigencia colectiva\, y se concreta en una convivencia justa («la asamblea de los hijos de Israel») de conformidad con la santidad del Dios que los liberó de la esclavitud. El pueblo de Dios es «santo» porque se distancia de toda práctica inhumana de convivencia y se atiene al código de la alianza pactada con el «Señor su Dios» (el que lo sacó de Egipto). Primero prohíbe a todos lo que daña las relaciones de convivencia: el robo\, la mentira y el engaño\, sobre todo invocando en falso el nombre del Señor liberador. Esta prohibición está rubricada por el mismo Señor («Yo soy el Señor»). Enseguida\, prohíbe a cada uno la opresión y la explotación del prójimo\, sobre todo la explotación de su fuerza de trabajo; esto exige también el trato humano y compasivo con los físicamente discapacitados («sordo»\, «ciego»)\, prohibición igualmente rubricada por el Señor. A continuación\, le exige a cada uno la justicia en los juicios de los tribunales y la exclusión de toda calumnia y todo falso testimonio\, exigencia rubricada del mismo modo por el Señor. Finalmente\, llega al «corazón» para prohibir el odio\, la venganza y el rencor\, e inculcar la reprensión (contra la indiferencia) y el amor al prójimo como a sí mismo. Y esto también es rubricado por el Señor\, es decir\, son exigencias del Dios liberador.\n\nPero como se trataba de distanciarse del modo de ser de los otros pueblos\, dichas exigencias se formulan como prohibiciones (16 en total: vv. 4.11-19.26-29.31.35) más que como exhortaciones (8 en total: vv. 2.3.5-10.20-25.33-34.36).\n\n2. Evangelio (Mt 25\,31-46).\nLa separación física («derecha»-«izquierda») expresa una distancia ética en relación con el amor al necesitado (afirmativo o negativo). Pero el criterio de «santidad» es otro: no está en la ubicación ni en la mera actividad\, sino en el horizonte en que se sitúan las personas:\n• Horizonte universal: «todas las naciones»\, sin exclusiones.\n• Horizonte fundamental: la vida y la convivencia humanas.\n«Benditos del Padre» y herederos de su reino son todos los que apoyan indiscriminadamente a quienes les sirven a todas las personas en situación de necesidad y de desdicha («estos hermanos míos más pequeños»). Los habitantes de las naciones son juzgados como sociedades (obsérvese el uso del plural) que apoyaron a los discípulos de Jesús en su misión liberadora y salvadora. Los discípulos\, a su vez\, se presentan identificados con Jesús («hermanos») y como servidores de la humanidad («pequeños»).\n\n«Malditos» (de sí mismos) y excluidos (por sí mismos) de dicho reino por el mismo juicio que «al diablo y sus ángeles» (cf. Mt 4\,5-6) son los que\, por no apoyar a los benefactores de la humanidad\, se hicieron cómplices de los causantes de la indigencia y de la desdicha de otros seres humanos. También aquí el juicio se enfila a sociedades que se rehusaron a reconocer o secundar la misión liberadora y salvadora de los discípulos de Jesús y se negaron a ser solidarias con las víctimas de la indiferencia aduciendo para ello falsos argumentos de providencialismo religioso.\n\nEn el horizonte universal\, el valor fundamental es la vida humana. Justo es el que\, con obras de misericordia\, apoya a los que se dedican a servir la vida humana. El que apoya el orden injusto y sin rostro humano\, y condena a la miseria a los hombres\, carece de nombre\, es decir\, de entidad\, de vida. Su condena es la ratificación de las consecuencias de su opción contra la vida.\n\nSanto\, en lenguaje cristiano\, no es «el que no se mete con nadie»\, sino el que se dedica a servir a la humanidad\, sea que encuentre apoyo o que se quede solo. Cuando llegue el momento\, Jesús lo reivindicará ante Dios y los hombres. Es farisaica esa concepción de santidad que se vive en el distanciamiento con respecto de los demás\, aduciendo el pretexto de que «los otros» –porque son pecadores– contaminan. Ese es el razonamiento de muchos cristianos que justifican el hecho de «no meterse en política» alegando la corrupción de las costumbres políticas o de dirigentes de la vida política. Esa irresponsabilidad no puede llamarse santidad\, porque no es fidelidad a Dios ni amor al prójimo. La «fuga mundi» (huida del mundo) de la que hablaban los antiguos no es una cobarde marginación de la historia\, sino la resuelta actitud de Jesús quien se sustrajo a los criterios de ese mundo\, insatisfecho con lo que lo circundaba («sintió hambre»: Mt 4\,2)\, e impulsado por el Espíritu Santo\, enfrentó la tentación y venció el tentador.\n\nLas sociedades son santas –lo mismo que los individuos– en la medida en que se esfuerzan por superar las exclusiones y\, como opción social\, apoyan la labor de quienes trabajan a favor de los excluidos\, siempre en busca de una mayor equidad. Esto debe ser una exigencia que se hagan a sí mismas las sociedades de mayoría cristiana\, si quieren llamarse así. No basta con orar por los hambrientos\, los sedientos\, los enfermos\, o los refugiados\, endosándole exclusivamente a Dios la responsabilidad que como sociedad nos compete de construir una convivencia fraterna.\n\nLa conversión que hay que hacer en la cuaresma exige cambiar el concepto y la praxis de santidad\, es decir\, de identificación con Dios. Jesús es modelo de santidad\, y las sociedades humanas solo podrán ver a Jesús a través de los discípulos que estén en verdadera comunión con su maestro.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la I semana de Cuaresma. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de Isaías (55\,10-11): \nESTO dice el Señor:\n«Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo\,\ny no vuelven allá sino después de empapar la tierra\,\nde fecundarla y hacerla germinar\,\npara que dé semilla al sembrador\ny pan al que come\,\nasí será mi palabra que sale de mi boca:\nno volverá a mí vacía\,\nsino que cumplirá mi deseo\ny llevará a cabo mi encargo». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 33\,4-5.6-7.16-17.18-19 \nR/. El Señor libra de sus angustias a los justos \nV/. Proclamad conmigo la grandeza del Señor\,\nensalcemos juntos su nombre.\nYo consulté al Señor\, y me respondió\,\nme libró de todas mis ansias. R/. \nV/. Contempladlo\, y quedaréis radiantes\,\nvuestro rostro no se avergonzará.\nEl afligido invocó al Señor\,\nél lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R/. \nV/. Los ojos del Señor miran a los justos\,\nsus oídos escuchan sus gritos;\npero el Señor se enfrenta con los malhechores\,\npara borrar de la tierra su memoria. R/. \nV/. Cuando uno grita\, el Señor lo escucha\ny lo libra de sus angustias;\nel Señor está cerca de los atribulados\,\nsalva a los abatidos. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (6\,7-15): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos:\n«Cuando recéis\, no uséis muchas palabras\, como los gentiles\, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos\, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros orad así:\n“Padre nuestro que estás en el cielo\,\nsantificado sea tu nombre\,\nvenga a nosotros tu reino\,\nhágase tu voluntad en la tierra como en el cielo\,\ndanos hoy nuestro pan de cada día\,\nperdona nuestras ofensas\,\ncomo también nosotros perdonamos a los que nos ofenden\,\nno nos dejes caer en la tentación\,\ny líbranos del mal”.\nPorque si perdonáis a los hombres sus ofensas\, también os perdonará vuestro Padre celestial\, pero si no perdonáis a los hombres\, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas». \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nMartes de la I semana de cuaresma.\n\nLa palabra que Dios le dirige a su pueblo pretende provocar un diálogo fructífero con él\, no una comunicación vacía. Dios no habla por hablar\, sino para entablar un diálogo liberador y salvador a favor del ser humano al cual se dirige. Desde su punto de vista\, comunicarse es darse. Esta que llamamos «palabra» de Dios es lo que se llama «revelación». No es una mera dicción divina\, sino verdadera apertura de Dios al ser humano\, oferta de relación personal.\nDe modo semejante\, el ser humano es invitado a dirigirse a Dios con un propósito constructivo. La oración cristiana no es para generar una dependencia infantil de la creatura con respecto del creador\, sino para establecer sintonía en torno a un designio común. Tiene dos objetivos:\n• Avivar el compromiso de los «hijos» que quieren dar a conocer a su «Padre»\, no simplemente a «Dios» (primera parte del padrenuestro)\, y\n• Apoyarse con filial confianza en el Padre y pedirle lo necesario para cumplir dicha misión con toda propiedad (segunda parte del padrenuestro).\nLo demás es palabrerío inútil\, «oración» pagana.\n\n1. Primera lectura (Is 55\,10-11).\nDespués de marcar la distancia entre el cielo y la tierra\, y entre el camino de Dios y los caminos de los hombres (cf. Is 55\,9)\, el profeta salva esa distancia por la mediación activa de la palabra divina. Este oráculo fue pronunciado en un momento particular de la historia del pueblo\, cuando estaba en condición de desterrado y con las esperanzas debilitadas a causa de los sufrimientos que venía padeciendo por su extrañamiento y por las dudas de fe con las que debía lidiar. Sentirse huérfano del Dios que lo sacó de Egipto era un dolor intolerable.\n\nEl pueblo tiene la experiencia de esta acción de la palabra de Dios. Pero las circunstancias en las que se encuentra parecen desmentir esa esperanza. El profeta le asegura que la promesa hecha a Abraham sigue vigente\, y que su palabra realizará su designio y cumplirá su misión.\nLa experiencia muestra que la lluvia y la nieve bajan del cielo y a él vuelven\, pero antes de volver cumplen una misión vivificadora. El hombre que siembra no pierde su tiempo ni su esfuerzo\, ya que su labor le procura alimento. Así también la palabra (?????) de Dios tiene eficacia creadora de vida\, o sea\, es salvadora. No es pronunciada para rebotar\, sino para incidir de forma positiva en la vida humana\, haciéndola fecunda y fructífera. Eso significa que la palabra infunde vida a quien la escucha\, y al mismo tiempo lo capacita para transmitir vida. Esta circulación de vida constituye el agrado (?????) de Dios y es la «misión» de dicha palabra.\n\n2. Evangelio (Mt 6\,7-15).\nEl cristiano no pide como mendigo que suplica\, sino como hijo que solicita. No siente necesidad de convencer a su Padre\, y por eso considera inútil la cháchara y toda forma de adulación. Alaba por admiración\, reconoce con gratitud y pide con confianza. La oración es diálogo. La oración propia del cristiano refleja su experiencia del Padre (el Dios que le infunde la vida) y pone de manifiesto su compromiso para que esta experiencia se generalice. La alabanza y la acción de gracias son más espontáneas. El modelo de su petición es el padrenuestro\, que tiene dos partes:\n1. Primera parte.\nLa primera parte del padrenuestro se refiere al Padre en relación con toda la humanidad a través de la comunidad de hijos suyos que ora. Tiene tres peticiones:\n• que su «nombre» –es decir\, su realidad de Padre– sea reconocido por la humanidad gracias al testimonio filial de la comunidad que lo invoca. Es visto como rey si es aceptado como Padre. Esto entraña la disposición de tomarlo como modelo de vida.\n• que el reinado del Padre se haga efectivo para toda la humanidad. El padre\, como rey\, actúa transmitiendo su propia vida\, que es el Espíritu. El ejercicio de su realeza es liberador y salvador. Esta es la raíz de la buena noticia del reinado de Dios.\n• que se realice en la tierra el designio concebido por el Padre en el cielo\, es decir\, que se cumpla en la historia humana\, en las personas y en los pueblos\, su proyecto de libertad y de vida. Esto abre paso al hombre nuevo y a la nueva convivencia humana.\nLas primeras tres peticiones se refieren\, pues\, a las tres principales acepciones del término griego ????????? en relación con el Padre: su realeza\, su reinado\, y su reino. La comunidad cristiana\, que conoce la vida del Padre\, quiere compartir esa dicha con el resto de la humanidad.\n2. Segunda parte.\nLa segunda parte se refiere a la misma comunidad que ora\, la cual pide lo que precisa con el fin de lograr lo anterior. También tiene tres peticiones:\n• que el Padre le anticipe el banquete de los últimos tiempos\, es decir\, la alegría\, la amistad\, la plenitud\, para que ella dé gozoso testimonio de realización y felicidad. En la historia se vive ya el amor universal y se anticipa la vida definitiva. Esto se relaciona con la eucaristía.\n• que el Padre perdone a la comunidad\, porque ella se ejercita en el perdón a sus deudores; es decir\, la comunidad transmite el amor universal (por el perdón a los enemigos) y lo pide para seguir transmitiéndolo. Esto lo viven el cristiano y su comunidad en el día a día.\n• que el Padre\, con su amor\, libere a la comunidad de caer en la seducción («la tentación»)\, y del perverso seductor («el Malo»: diablo\, Satanás\, tentador). La comunidad quiere afirmar el designio del Padre\, asumir su responsabilidad histórica\, y rechazar las ambiciones mezquinas.\n\nOrar es abrirse a la vida que procede del Padre y comprometerse a transmitir esa vida a toda la humanidad. No es una práctica ascética de piedad\, sino el fruto espontáneo del don del Espíritu. Tampoco es una técnica elaborada\, como si hubiera que sujetarse a cierto protocolo para hablar con Dios\, sino un impulso de unión de amor con Jesús y con el Padre a favor de la humanidad. Por eso se habla de «oración continua» que es conciencia viva y activa de esa unión bienhechora\, incluso sin necesidad de palabras. Con palabras\, puede expresarse como:\n• alabanza y admiración por el amor del Padre\, experimentado como insondable\, generoso y leal.\n• acción de gracias por sus bendiciones y dones\, que alegran y aquilatan la vida de sus hijos.\n• petición de lo necesario para dar testimonio y cumplir la misión en las circunstancias difíciles.\nPorque hay que rechazar las tentaciones de la oración hecha espectáculo y del palabrerío vacío\, Cuaresma es tiempo de rectificar asumiendo la oración al estilo de Jesús\, de abandonar la oración de estilo farsante o de estilo «pagano»\, y de volver al diálogo filial con el Padre.\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la I semana de Cuaresma. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la profecía de Jonás (3\,1-10): \nEL Señor dirigió la palabra a Jonás:\n«Ponte en marcha y ve a la gran ciudad de Nínive; allí les anunciarás el mensaje que yo te comunicaré».\nJonás se puso en marcha hacia Nínive\, siguiendo la orden del Señor. Nínive era una ciudad inmensa; hacían falta tres días para recorrerla. Jonás empezó a recorrer la ciudad el primer día\, proclamando:\n«Dentro de cuarenta días\, Nínive será arrasada».\nLos ninivitas creyeron en Dios\, proclamaron un ayuno y se vistieron con rudo sayal\, desde el más importante al menor.\nLa noticia llegó a oídos del rey de Nínive\, que se levantó de su trono\, se despojó del manto real\, se cubrió con rudo sayal y se sentó sobre el polvo. Después ordenó proclamar en Nínive este anuncio de parte del rey y de sus ministros:\n«Que hombres y animales\, ganado mayor y menor no coman nada; que no pasten ni beban agua. Que hombres y animales se cubran con rudo sayal e invoquen a Dios con ardor. Que cada cual se convierta de su mal camino y abandone la violencia. ¡Quién sabe si Dios cambiará y se compadecerá\, se arrepentirá de su violenta ira y no nos destruirá!».\nVio Dios su comportamiento\, cómo habían abandonado el mal camino\, y se arrepintió de la desgracia que había determinado enviarles. Así que no la ejecutó. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 50\,3-4.12-13.18-19 \nR/. Un corazón quebrantado y humillado\,\ntú\, Dios mío\, no lo desprecias \nV/. Misericordia\, Dios mío\, por tu bondad\,\npor tu inmensa compasión borra mi culpa;\nlava del todo mi delito\,\nlimpia mi pecado. R/. \nV/. Oh\, Dios\, crea en mí un corazón puro\,\nrenuévame por dentro con espíritu firme.\nNo me arrojes lejos de tu rostro\,\nno me quites tu santo espíritu. R/. \nV/. Los sacrificios no te satisfacen:\nsi te ofreciera un holocausto\, no lo querrías.\nEl sacrificio agradable a Dios\nes un espíritu quebrantado;\nun corazón quebrantado y humillado\,\ntú\, oh\, Dios\, tú no lo desprecias. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio segun san Lucas (11\,29-32): \nEN aquel tiempo\, la gente se apiñaba alrededor de Jesús\,\ny él se puso a decirles:\n«Esta generación es una generación perversa. Pide un signo\, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Pues como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive\, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.\nLa reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y hará que los condenen\, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón\, y aquí hay uno que es más que Salomón.\nLos hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás\, y aquí hay uno que es más que Jonás». \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nMiércoles de la I semana de Cuaresma.\n\nLa tentación del poder es reiterativa y asume diversos disfraces. La generación del éxodo (cf. Sl 95\,10) se resistió a ser liberada\, y pidió muchas pruebas al Señor.\n\nEl «diablo» ha inducido en el pueblo la concepción según la cual el atributo propio del Mesías y de Dios es el poder (cf. Lc 4\,3.9-11) y que\, por tanto\, son necesarias «señales prodigiosas» para reconocer a Dios y a su enviado. Los dirigentes judíos\, en especial los letrados fariseos\, así lo entendían y así lo enseñaban. Jesús descalificó esa idea y esa enseñanza como algo opuesto a la realidad divina\, e indicó que para reconocer y aceptar a Dios no se requiere más que el mensaje que\, de su parte\, exige justicia y rectificación de toda forma de injusticia.\n\n1. Primera lectura (Jon 3\,1-10).\nPor segunda vez envía Dios al profeta Jonás a anunciar el mensaje a la ciudad cruel\, agresora e injusta (cf. Nah 3\,1.4). Jonás va esta vez y cumple a cabalidad su misión con notable éxito: «los ninivitas creyeron» y dieron reales muestras de arrepentirse «de su mala vida y de sus acciones violentas». El plazo de 40 días no tenía el propósito de intimidarlos; es un término que señala un período de tiempo homogéneo\, de calamidad o de paz. Se trataba de darles tiempo a la enmienda. Era como decirles: «pasado este período de prosperidad\, Nínive sucumbirá». La forma de revertir la catástrofe era la oportunidad de enmienda que Dios les ofrecía. Y Dios\, en vista de que ellos dieron marcha atrás\, declaró nula la catástrofe que los amenazaba. El lenguaje usado por el autor del libro («Dios se arrepintió de la catástrofe con que había amenazado a Nínive y no la ejecutó») quiere subrayar el papel protagónico de Dios\, pero lo que en realidad significa es que\, a causa de la conversión y de la enmienda de vida de los ninivitas\, la catástrofe no sobrevino.\n\nSorprende la celeridad con la que responden los ninivitas ante el mensaje de Jonás\, porque marca un contraste visible entre estos paganos –considerados crueles e inhumanos– y la lentitud de los israelitas para responder a ese mismo mensaje. Esa es una de las finalidades del escrito\, poner a los israelitas a reflexionar en su propia respuesta al llamado de Dios a la rectificación.\n\nSorprende también la convocación de los animales al ayuno. Era natural que los seres humanos se preocuparan por los animales (Jr 14; Jl 2)\, pero es imprevista esta participación de los animales en el ayuno de los hombres para impetrar la compasión de Dios. Esto se debe a la convicción de fe de que «el Señor socorre a hombres y animales» (cf. Sl 36\,7). De hecho\, todas las creaturas sufren igualmente las consecuencias de la injusticia de los hombres\, y\, de modo semejante\, se benefician de la paz en entre los pueblos.\n\n2. Evangelio (Lc 11\,29-32).\n«Para tentarlo» (cf. Lc 11\,16)\, sus contemporáneos le exigen a Jesús «una señal que venga del cielo» como requisito para creerle que es enviado de Dios. Esta exigencia entraña el concepto de que Dios se define y manifiesta como poder. Así\, ellos encarnan al tentador. Jesús declara que la generación que hace esa exigencia es «perversa»\, y advierte que la única «señal» (o signo) que «se le dará» (voz pasiva\, que remite a Dios) será «la señal de Jonás»\, es decir\, la «señal» que fue Jonás para los habitantes de Nínive. Así como Jonás fue «señal» para los ninivitas\, el Hijo del Hombre lo será para esta generación. Por consiguiente\, excluye las señales de poder.\n\nJonás fue enviado a una sociedad opresora y el Hijo del Hombre es enviado a una generación perversa. El mensaje es claro: la sociedad judía debe enmendar sus relaciones de convivencia si quiere ver la acción de Dios. La «señal» es el mensaje\, que se identifica con el mensajero y que exhorta a la sociedad a la enmienda. Esto aparece como una provocación de su parte\, porque los israelitas se consideran superiores a los ninivitas\, pero también implica decepción de parte de ellos\, porque esperan que el Mesías les dé «señales» como las que se le atribuían a Moisés. Por eso aduce dos testimonios que favorecen a los paganos (cf. Lc 4\,25-27; 10\,13-15): la reina del sur será testigo de cargo en contra de «esta generación» y pedirá su condena\, pues ella vino a buscar sabiduría en Salomón\, y Jesús ofrece mayor sabiduría que Salomón (experiencia del misterio de Dios); los mismos habitantes de Nínive también lo harán\, porque ellos le creyeron a un Dios del cual no habían oído hablar y enmendaron sus relaciones de convivencia\, pero el llamado de Jesús a la enmienda tiene un motivo superior al de Jonás (la amenaza)\, que es la misericordia de Dios (cf. Lc 13\,6-9)\, conocida por los israelitas a lo largo de su historia.\n\nEn el Nuevo Testamento la conversión se expresa en términos de fe en Jesús. Esto entraña la aceptación de Dios como Jesús lo encarna y presenta. Desconocer que Dios es Padre y que exige un amor que se traduzca en justicia y que llegue más allá de la justicia significa negarse a creer. La fe es libre\, no obligada\, por eso no puede basarse en señales portentosas (en manifestaciones de poder)\, porque\, perdida la libertad\, el hombre es incapaz de dar fe a Dios. La relación que se entabla por el acto de fe es una relación de amor\, no de dominio; ese amor excluye toda sujeción de uno de los que se aman con respecto de otro u otros de ellos.\nLas relaciones de dominio pervierten las relaciones humanas porque impiden la convivencia y la libertad para amar. Esa perversión se manifiesta al máximo cuando\, para justificar el dominio\, se recurre a la divinización del poder. Presentar a Dios como un poder humillante\, y hacer pensar que esa humillación favorece a los seres humanos\, es una perversidad que\, al mismo tiempo daña la relación del hombre con Dios e impide relaciones sanas entre las personas.\n\nConvertirse a Dios es entablar libremente con él esa relación de amor que propone Jesús. Esa relación exige la decisión de romper espontáneamente con toda forma de injusticia para entablar con los demás una relación semejante a la que Dios\, por medio de Jesús\, entabla con nosotros. Ese es otro de nuestros propósitos en esta cuaresma\, y vamos afianzándolo en la aceptación de la entrega de amor de Jesús que conmemoramos en la celebración de la eucaristía.\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Aniversario de nombramiento episcopal de monseñor José
DESCRIPTION:El 14 de marzo de 2015 el papa Francisco nombró obispo de Sincelejo al presbítero José Crispiniano Clavijo Méndez\, de la Diócesis de Valledupar. Su posesión canónica se produjo el 27 del mismo mes\, en Sincelejo.
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SUMMARY:Jueves de la I semana de Cuaresma. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de Ester (14\,1.3-5.12-14): \nEN aquellos días\, la reina Ester\, presa de un temor mortal\, se refugió en el Señor.\nY se postró en tierra con sus doncellas desde la mañana a la tarde\, diciendo:\n«¡Bendito seas\, Dios de Abrahán\, Dios de Isaac y Dios de Jacob! Ven en mi ayuda\, que estoy sola y no tengo otro socorro fuera de ti\, Señor\, porque me acecha un gran peligro.\nYo he escuchado en los libros de mis antepasados\, Señor\, que tú libras siempre a los que cumplen tu voluntad. Ahora\, Señor\, Dios mío\, ayúdame\, que estoy sola y no tengo a nadie fuera de ti. Ahora\, ven en mi ayuda\, pues estoy huérfana\, y pon en mis labios una palabra oportuna delante del león\, y hazme grata a sus ojos. Cambia su corazón para que aborrezca al que nos ataca\, para su ruina y la de cuantos están de acuerdo con él.\nLíbranos de la mano de nuestros enemigos\, cambia nuestro luto en gozo y nuestros sufrimientos en salvación». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 137\,1-2a.2bc.3.7c-8 \nR/. Cuando te invoqué\, me escuchaste\, Señor \nV/. Te doy gracias\, Señor\, de todo corazón\,\nporque escuchaste las palabras de mi boca;\ndelante de los ángeles tañeré para ti\,\nme postraré hacia tu santuario. R/. \nV/. Daré gracias a tu nombre:\npor tu misericordia y tu lealtad\,\nporque tu promesa supera tu fama.\nCuando te invoqué\, me escuchaste\,\nacreciste el valor en mi alma. R/. \nV/. Tu derecha me salva.\nEl Señor completará sus favores conmigo.\nSeñor\, tu misericordia es eterna\,\nno abandones la obra de tus manos. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (7\,7-12): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos:\n«Pedid y se os dará\, buscad y encontraréis\, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe\, quien busca encuentra y al que llama se le abre.\nSi a alguno de vosotros le pide su hijo pan\, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado\, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros\, aun siendo malos\, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos\, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!\nAsí\, pues\, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros\, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nJueves de la I semana de Cuaresma.\n\nLa petición es la forma de oración que más aparece en el evangelio escrito. Y esto obedece a su carácter ocasional. La oración permanente (comunión con el Padre o con Jesús por el Espíritu) y las oraciones de alabanza y de acción de gracias son más espontáneas. Pedir es circunstancial\, depende mucho de la necesidad. A esta oración se refiere la palabra que escuchamos hoy.\n\nLa oración de petición\, que no consiste en manejarle la agenda a Dios\, expone ante él la situación que contradice su designio\, y ofrece el propio concurso\, el don de sí mismo para que ese designio se realice. Este concurso es lo que se conoce en el Nuevo Testamento como «sacrificio»\, en vez de los «sacrificios y ofrendas»\, y de los «holocaustos y víctimas expiatorias» que mandaba ofrecer la Ley (cf. Heb 10\,4-10). Esta oración pide la capacidad para hacerlo con valor\, acierto y fruto\, al mismo tiempo que declara la propia ruptura con la situación cuyo cambio se está pidiendo.\n\n1. Primera lectura (Est 14\,1.3-5.12-14) (Est 4\,17n.p-r.aa-aa.gg-hh).\nTercera adición al texto hebreo del libro\, que consta de las oraciones de Mardoqueo y Ester.\nLa reina\, avisada del riesgo de extinción que amenaza a su pueblo y presionada para que actúe en su favor\, se encierra en sus aposentos y se apoya en el Señor. Primero hace un rito penitencial despojándose de sus vestiduras de reina y vistiéndose de luto\, echándose polvo y ceniza en la cabeza\, en vez de perfumes\, y desentendiéndose del todo su presentación personal. De esa forma manifiesta su ruptura interior con el reino inicuo en el que está inserta. Esto demuestra desapego y menosprecio de los lujos de la corte en los que antes se complacía.\n\nSu oración comienza con un tono muy personal («Señor mío»)\, pero reconociéndose miembro del pueblo amenazado («rey nuestro») para dirigirse al único que reconoce como Dios y rey («tú eres único»). Esta doble declaración resume su fe personal y su solidaridad con el pueblo elegido.\n\nAl mismo tiempo que se reconoce sola y desprotegida\, busca apoyo en él\, pues ella ha decidido exponerse por su pueblo (cf. Est 4\,16). Hace memoria de su educación familiar en la tradición israelita y reconoce que\, en tanto el Señor ha sido fiel\, el pueblo pecó dando culto a otros dioses\, y por eso le sobrevinieron tantos males (cf. Est 14\,6-7\, omitido). Pero el enemigo\, el pueblo que les debía servir de «castigo» para reflexionar\, se ha pasado de la raya y se ha ensañado en contra de Israel con la intención\, jurada ante sus ídolos\, de «invalidar el pacto» hecho por Dios y silenciar la alabanza del pueblo que lo alaba como liberador y salvador\, dándole la razón a los que adoran ídolos y siguen a un rey humano (cf. Est 14\,8-10\, omitido).\nY pide al Señor que no ceda su gloria real ni permita la humillación de su pueblo (cf. Est 14\,11\, omitido)\, que el Señor se muestre en la tribulación que padecen\, que le dé valor\, él que está por encima de dioses y poderosos («rey de los dioses y señor de los poderosos»)\, que le dé acierto para hablarle al tirano con el fin de que\, de enemigo\, se vuelva amigo de su pueblo\, y que –en cambio– aborrezca al enemigo que pretende aniquilarlo y a sus cómplices. Pide la intervención liberadora del Señor para el pueblo y su protección para ella\, porque él conoce su corazón y lo mucho que ella aborrece los honores de la corte real. Invocándolo como «Dios de Abraham» da fin a su súplica apelando a la promesa de Dios (cf. Est 12\,19\, omitido).\n\n2. Evangelio (Mt 7\,7-12).\nEl discípulo es invitado por el Maestro a pedir con libertad y confianza\, seguro de que así será atendido. Esta seguridad tiene como fundamento la realidad misma de Dios\, que es «Padre»\, es decir\, fuente inagotable de vida\, de quien solo se puede esperar lo que favorezca la vida. De antemano se da por descontado que quien hace uso de esa libertad de hijo\, con la confianza puesta en el amor del Padre\, recibirá lo que pide\, encontrará lo que busca y se le abrirán caminos cerrados. Los tres verbos («pedir»\, «buscar» y «llamar») definen la oración de petición.\n\nJesús recurre a la experiencia de paternidad de sus oyentes para explicarles el sentido y la eficacia de la oración de petición:\na) El «pan» representa la vida y la convivencia (cf. Mt 6\,11) y el don de sí mismo (cf. Mt 14\,17; 15\,34; 16\,7-12; 26\,26); la «piedra»\, el engaño que no da vida y pone tropiezo en el camino del Señor (cf. Mt 4\,3.6). Ningún padre humano le negaría a su hijo lo necesario para la vida ni le frustraría su convivencia con los demás.\nb) El «pescado»\, acompañamiento del pan\, es metáfora del don de sí mismo y del fruto de la misión universal (cf. Mt 4\,18-22; 13\,47-48; 14\,17; 15\,34); la «serpiente»\, aunque sea astuta (cf. Mt 10\,16)\, es metáfora de hipocresía ponzoñosa y criminal (cf. Mt 23\,33). Ningún padre humano le envenenaría la vida a su hijo ni le aprobaría que atentara contra la vida de los demás.\nc) La paternidad. Si así tratan a sus hijos los padres humanos –incluso siendo malos– dándoles cosas buenas\, con mayor razón hay que esperarlas del Padre\, que es solamente bueno. Por eso\, la oración de petición es libre y confiada. Puesto que se refiere a la oración de petición tanto del individuo como de la comunidad\, la respuesta del Padre favorece la vida y la convivencia.\nEsa actitud totalmente positiva del Padre se convierte en norma de conducta para sus hijos\, no por obligación\, sino por admiración\, porque quieren parecerse a él. Se trata de darse a sí mismos con el fin de darles vida a los demás. Esa es la pauta de conducta universal\, síntesis de la Ley y los profetas: tomar la iniciativa de hacer el bien que quisieran recibir de parte de los otros.\n\nLa oración de petición se funda en el amor que quiere comunicarse\, más que en la necesidad que requiere de satisfacción. La circunstancia que motiva la petición se convierte en ocasión para ofrecerse a sí mismo como agente de su solución. La reina Ester\, al mismo tiempo que pide la ayuda y la protección del Señor\, se ofrece a sí misma para lograr la liberación de su pueblo. Jesús nos enseña que para pedir hay que aprender a dar generosamente como da el Padre (cf. Mt 5\,42; 14\,16)\, para encontrar\, hay que aprender a buscar afanosamente como él (cf. Mt 18\,12s)\, y para llamar\, hay que aprender a abrir ampliamente como él (cf. Mt 3\,16; 9\,30).\nEsto se aprende y se vive en la celebración de la Eucaristía\, en donde el Señor se nos entrega y\, al mismo tiempo\, nos pide que imitemos su entrega\, pero no nos pide reciprocidad (que nosotros nos entreguemos a él)\, sino que prolonguemos del don\, que nos entreguemos como él. El amor de Dios no nos encierra en autocomplacencias\, sino que nos abre para busquemos el bienestar de todos (cf. Rom 15\,1-3).\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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SUMMARY:Viernes de la I semana de Cuaresma. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la profecía de Ezequiel (18\,21-28): \nESTO dice el Señor Dios:\n«Si el malvado se convierte de todos los pecados cometidos y observa todos mis preceptos\, practica el derecho y la justicia\, ciertamente vivirá y no morirá. No se tendrán en cuenta los delitos cometidos; por la justicia que ha practicado\, vivirá. ¿Acaso quiero yo la muerte del malvado —oráculo del Señor Dios—\, y no que se convierta de su conducta y viva?\nSi el inocente se aparta de su inocencia y comete maldades\, como las acciones detestables del malvado\, ¿acaso podrá vivir? No se tendrán en cuenta sus obras justas. Por el mal que hizo y por el pecado cometido\, morirá.\nInsistis: No es justo el proceder del Señor. Escuchad\, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que es injusto?\nCuando el inocente se aparta de su inocencia\, comete la maldad y muere\, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia\, él salva su propia vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos\, ciertamente vivirá y no morirá». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 129\,1-2.3-4.5-7a.7bc-8 \nR/. Si llevas cuenta de los delitos\, Señor\,\n¿quién podrá resistir? \nV/. Desde lo hondo a ti grito\, Señor;\nSeñor\, escucha mi voz;\nestén tus oídos atentos\na la voz de mi súplica. R/. \nV/. Si llevas cuenta de los delitos\, Señor\,\n¿quién podrá resistir?\nPero de ti procede el perdón\,\ny así infundes temor. R/. \nV/. Mi alma espera en el Señor\,\nespera en su palabra;\nmi alma aguarda al Señor\,\nmás que el centinela la aurora.\nAguarde Israel al Señor\,\ncomo el centinela la aurora. R/. \nV/. Porque del Señor viene la misericordia\,\nla redención copiosa;\ny el redimirá a Israel\nde todos sus delitos. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (5\,20-26): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos:\n«Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos\, no entraréis en el reino de los cielos.\nHabéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”\, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil” tendrá que comparecer ante el Sanedrín\, y si lo llama “necio”\, merece la condena de la “gehena” del fuego.\nPor tanto\, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar\, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti\, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano\, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.\nCon el que te pone pleito procura arreglarte enseguida\, mientras vais todavía de camino\, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil\, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nViernes de la I semana de Cuaresma.\n\n«El Dios de los dioses\, el Señor\, habla» (Sal 50\,1)\, no es como los ídolos\, que tienen boca y no hablan. Él faculta («inspira») a los que hablan «en su nombre» (enviados por él)\, pero no tiene problemas en rectificarlos cuando sobre su mensaje pesan más los prejuicios culturales que la experiencia del amor del Señor. Por eso la lectura del Antiguo Testamento resulta tan difícil para quienes «por observar un árbol no aprecian el bosque»\, y asumen posturas unívocas\, equívocas o fanáticas. Pero\, cuando el que habla es Jesús\, el Padre puede decir «¡escúchenlo a él!» (Mc 9\,7) sin restricciones\, porque «al Hijo lo conoce solo el Padre y al Padre lo conoce solo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (Mt 11\,27). El profeta Ezequiel\, en su tiempo\, tiene que rectificar la doctrina de la retribución\, sin importar que Moisés haya dado pie para que se forjara la doctrina tradicional. Jesús afirma mucho más que el profeta la responsabilidad de cada uno en las relaciones interpersonales y en las relaciones de convivencia social.\n\n1. Primera lectura (Ez 18\,21-28).\nEl capítulo entero es una afirmación de la responsabilidad personal. Cada uno es responsable de sí mismo y se atiene a las consecuencias de sus actos. Ni el padre responde por el hijo\, ni viceversa (cf. 18\,19-20). La doctrina en sí es novedosa y hasta heterodoxa.\n\nSe afirma esto en tono polémico\, incluso contra lo tenido por verdades admitidas por todos: era común afirmar que Dios castigaba «la culpa de los padres en los hijos\, nietos y bisnietos» (cf. Ex 20\,5; 34\,7; Nm 14\,18) e\, incluso\, se presentaba la actitud de Dios como recíproca\, o sea\, se decía que su conducta dependía de la del hombre (Dt 7\,9-15); pero había también dichos en contra de esa concepción vindicadora\, prohibiendo que unos tuvieran que responder por las culpas de los otros\, y responsabilizando a cada uno de sus acciones (cf. Dt 24\,16).\n\nRazón última de esa afirmación de la responsabilidad individual: Dios quiere salvar\, no condenar; «sobre el justo recaerá su justicia\, sobre el malvado recaerá su maldad». Por eso\, el Señor deja paso al arrepentimiento\, para que cualquier persona cambie en relación con él («se convierte de los pecados cometidos y guarda mis preceptos») y con el prójimo\, de acuerdo con las exigencias de la alianza con el Señor («practica el derecho y la justicia»). Si lo hace\, tiene asegurada la vida.\n\nEl malvado es un muerto en vida\, pero puede volver a la vida y «no se le tendrán en cuenta los delitos que cometió\, por la justicia que hizo vivirá»; el justo vive\, pero puede hacerse malvado y morir; «no se tendrá en cuenta la justicia que hizo: por la iniquidad que perpetró y por el pecado que cometió morirá». Por su parte\, el Señor quiere que todos vivan.\n\nEl Señor es justo reconociendo y respetando la libertad humana. Cada uno decide su vida\, nadie es heredero de culpas o de méritos ajenos; tampoco la propia culpa impide el cambio\, ni la justicia vivida exime para siempre de responsabilidad. Pero esto no significa que maldad y justicia estén en igualdad de fuerzas en el corazón humano\, porque en este prevalece el designio salvador del Señor\, que quiere que el hombre viva\, y no que perezca.\n\n2. Evangelio (Mt 5\,20-26).\nEn el Antiguo Testamento se considera «justo» al hombre cumplidor de la Ley de Moisés. El discípulo de Jesús tiene un criterio superior: «justo» es el que va más allá de la Ley\, guiado por el Espíritu de Dios. Por ejemplo\, no basta con respetar la vida ajena\, evitando matar\, hay que evitar todo lo que daña las relaciones humanas.\n\nJesús propone una gradación de condenas que va en ascenso según la gravedad del daño causado a la relación con el semejante. No se deben entender sus palabras como la formulación de una nueva casuística\, sino como valoración de las actitudes que favorecen o entorpecen la relación fraternal. La ira contra el otro\, el desprecio o la exclusión del semejante afectan la convivencia y\, por eso\, ameritan la intervención de los tribunales de la comunidad. El que excluye a otro termina excluyéndose a sí mismo.\n\nEs preciso ver claro que la reconciliación con Dios pasa a través de la reconciliación con el prójimo. Hasta tal punto es esto cierto\, que reconciliarse con el «hermano» tiene prioridad sobre el culto ritual\, porque la reconciliación es culto vital. Por eso hay que hacerse creativo\, hábil y experto en zanjar diferencias legales\, antes de que los pleitos arruinen sin remedio la propia vida y la convivencia con los demás. La ley no alcanza para crear las relaciones humanas propias de la nueva sociedad\, «el reino de los cielos».\n\n2. Evangelio (Mc 14\,53-64).\nJesús\, llevado a juicio por los tres poderes: el religioso («sumos sacerdotes»)\, el laico («senadores») y el ideológico («letrados»)\, es conducido ante el sumo sacerdote\, el jefe político de Judea y jefe religioso de todas las comunidades judías. Pedro\, después de abandonarlo\, lo sigue\, aunque «de lejos»\, por interés\, con afecto\, pero sin implicarse; no se solidariza con su suerte. De hecho\, se junta con los incondicionales de los que encausan a Jesús\, pero abrigando la esperanza de que él reaccione en contra de ellos.\n\nEl juicio no busca justicia\, sino condena\, así haya que recurrir a falsos testimonios; pero estos testimonios se neutralizan entre sí\, de manera que buscan que Jesús se auto incrimine\, pero él no se defiende. No tiene caso\, porque el juicio es ilegítimo por donde se lo mire. Él no legitima la falsedad ni la mala fe.\n\nComo Pedro esperaba\, él se declara Mesías\, pero\, en contra de sus expectativas\, Jesús no procede contra sus acusadores. No obstante\, esa respuesta les basta a los acusadores para presentarlo como subversivo y agitador ante Pilato. Pero Jesús les advierte que rechazándolo a él se exponen a rechazar a Dios y a arruinar su nación\, en tanto que a él lo favorecerá la Fuerza (de vida)\, insinuando así su resurrección. Por injusto que el juicio sea\, el resultado le será favorable. Él\, por amor\, intenta salvarlos de la auto condenación. Pero ellos insisten en condenarlo incluso a costa de sí mismos. Al declarar su muerte y comenzar a ejecutarla deciden su propia suerte.\n\nLa diáfana afirmación de la responsabilidad personal es un paso importante para el logro de la madurez humana. La ausencia de dicha responsabilidad es muestra clara de infantilismo. Por eso muchos recurren al expediente de responsabilizar de sus acciones a los astros\, a los espíritus\, a los demonios… a lo que sea\, con tal de no asumir ellos su responsabilidad. Es preciso superar esa superstición para superarse a sí mismo asumiendo la propia y personal responsabilidad.\n\nPero eso no basta\, porque es necesario cultivar actitudes positivas\, creativas\, generadoras de unas nuevas relaciones interpersonales\, maduras\, fundadas en el amor. Esto es lo que el Espíritu de Jesús hace posible en todo el que le dé su adhesión. Hacer que el hombre se responsabilice y sepa respetar al otro\, es tarea de la ley; lograr que el hombre construya una nueva convivencia\, cada vez más grata\, es la obra del Espíritu. Por la Ley respeta la vida ajena; por el Espíritu pone su vida al servicio de los demás. A eso nos compromete Jesús cuando se nos entrega él mismo para darnos vida. Y nosotros le respondemos: «¡Amén!» («¡De acuerdo!»).\nFeliz viernes penitencial.
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SUMMARY:Sábado de la I semana de Cuaresma. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Deuteronomio (26\,16-19): \nMOISÉS habló al pueblo\, diciendo:\n«Hoy el Señor\, tu Dios\, te manda que cumplas estos mandatos y decretos. Acátalos y cúmplelos con todo tu corazón y con toda tu alma.\nHoy has elegido al Señor para que él sea tu Dios y tú vayas por sus caminos\, observes sus mandatos\, preceptos y decretos\, y escuches su voz. Y el Señor te ha elegido para que seas su propio pueblo\, como te prometió\, y observes todos sus preceptos.\nÉl te elevará en gloria\, nombre y esplendor\, por encima de todas las naciones que ha hecho\, y serás el pueblo santo del Señor\, tu Dios\, como prometió». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 118\,1-2.4-5.7-8 \nR/. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor \nV/. Dichoso el que\, con vida intachable\,\ncamina en la ley del Señor;\ndichoso el que\, guardando sus preceptos\,\nlo busca de todo corazón. R/. \nV/. Tú promulgas tus mandatos\npara que se observen exactamente.\nOjalá esté firme mi camino\,\npara cumplir tus decretos. R/. \nV/. Te alabaré con sincero corazón\ncuando aprenda tus justos mandamientos.\nQuiero guardar tus decretos exactamente\,\ntú no me abandones. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (5\,43-48): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos:\n«Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo”.\nPero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen\, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial\, que hace salir su sol sobre malos y buenos\, y manda la lluvia a justos e injustos.\nPorque\, si amáis a los que os aman\, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y\, si saludáis solo a vuestros hermanos\, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto\, sed perfectos\, como vuestro Padre celestial es perfecto». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nSábado de la I semana de cuaresma.\n\nLa tentación de superioridad\, que tanto abunda en el mundo\, se suele infiltrar en la Iglesia para hacernos presuntuosos y engreídos\, y muchas veces inclinados a hacer sentir nuestra supuesta superioridad tratando de humillar o de hacer sentir inferiores a otras personas. Es una tentación perversa que ataca sutilmente a los hombres religiosos\, aunque no a los de fe.\nA menudo se plantea la pregunta de cuáles son las ventajas que tiene ser persona de fe en un mundo tan plural y relativista. Lejos de una actitud triunfalista y despectiva\, el creyente tiene que afirmar serena y humildemente su vocación como algo abierto\, accesible a todos\, porque está destinada a todos. Esta es la prerrogativa del discípulo de Jesús: que él\, por la experiencia que tiene del Padre\, con su testimonio de vida puede enseñar a otros a ser semejantes al Padre y a actuar como él. Si llegara a faltar ese testimonio\, no habría tal prerrogativa.\n\n1. Lectura (Dt 26\,16-19).\nDespués de reconocer la gesta liberadora y salvadora del Señor\, con ocasión de las primicias\, el israelita repartía el diezmo al levita\, al emigrante\, al huérfano y a la viuda como estaba estipulado y entonces podía dirigir su oración al Señor\, dar gracias por la tierra recibida en heredad y pedir la protección divina sobre su pueblo (cf. Dt 26\,1-15\, omitido). Y sigue una exhortación.\n\nTres veces aparece en este texto «el día» (???????)\, la primera vez determinado\, «este» (??????)\, dándole solemnidad a las declaraciones que siguen: la presentación del documento de la alianza como contrato y los compromisos de cada parte.\n• Como en Dt 4\,4\, se trata de la actualización de la gesta salvadora del Señor a favor de Israel. Primero\, presenta la alianza hecha con «el Señor tu Dios» (el que lo sacó de Egipto) como una propuesta del Dios liberador. Si él tiene facultad para darle al pueblo «leyes y decretos»\, es en virtud de esa liberación de la que el pueblo ha sido objeto. La corresponde al pueblo guardarlos y cumplirlos «con todo el corazón» (por convicción y amor) y «con toda el alma» (como criterio de vida y de convivencia). «Guardarlos» implica valorarlos; «cumplirlos»\, ponerlos por obra.\n• El pueblo se comprometió a aceptar esa alianza con el Señor: reconocerlo a él como su Dios y andar por sus caminos\, guardar sus mandatos y escuchar su voz. Se observa que la opción (inicial) por el Señor se concreta luego en la prolongación del pacto con él («que él sea tu Dios»)\, en el seguimiento de sus caminos («éxodo») y en la permanente atención a su palabra viva («su voz»). Era de esperar la formulación: «él será tu Dios y tú serás su pueblo»\, pero esto último se explicita a continuación\, ahora solo se enfatiza la relación de Israel con el Señor.\n• El Señor se compromete a aceptar lo que el pueblo propone. Se atribuye al pueblo la propuesta de que a continuación se explicita. Ser pueblo del Señor\, como él lo había prometido (cf. Exo 19\,5)\, es ahora un compromiso (promesa de Dios\, co-promesa del pueblo) que implica guardar «todos sus preceptos»\, darle prelación por encima de los otros pueblos –que también son obra suya–\, y hacer de él su pueblo «santo» (aparte). Finalmente\, se observa que el privilegio del pueblo radica en su elección y en su santidad.\n\nDicho privilegio se expresa en términos de reconocimiento\, renombre y reputación. Estos son consecuencias de su elección\, su alianza y su fidelidad en relación con el Señor. Los otros pueblos lo reconocerán\, Israel gozará de renombre entre ellos\, y crecerá su reputación.\n\n2. Evangelio (Mt 5\,43-48).\nEl amor conocido por los antiguos era de alcance restringido por varios motivos: la diversidad étnica\, las leyes\, los usos y las costumbres\, los cultos religiosos\, las disputas territoriales\, el afán de predominio\, las luchas por los medios de subsistencia\, etc.\, generaban más hostilidades que acercamientos entre los pueblos.\n\nEl privilegio del discípulo de Jesús consiste en su posibilidad de ser como el Padre celestial:\n• La condición de «hijos» suyos se demuestra amando por igual a todos los seres humanos y comunicando el Espíritu Santo\, que transmite calidad y fecundidad a la vida humana. Ni siquiera el enemigo declarado queda por fuera del alcance del amor del Padre y de sus hijos. Este amor universal lo compara Jesús con la luz del sol y el agua de la lluvia\, en el sentido de que favorece el desarrollo humano. Es preciso tener en cuenta que\, en toda cultura agraria\, el sol y la lluvia son factores determinantes para que las plantas germinen y fructifiquen. Cuando Jesús compara el amor del Padre celestial con el influjo benéfico del calor del sol y de la fecundidad de la lluvia\, no solo piensa en que ambos hechos se dan para todos\, sino también en ese influjo. Los odios y los rencores impiden el crecimiento humano\, el amor universal lo impulsa.\n• La perfección como la del Padre del cielo los hace distintos no por distanciarse de los otros en expresiones de odio\, o de desprecio o por la exclusión social o religiosa\, sino por su capacidad de amar\, por la valoración y por su acogida de alcance universal. El ideal de perfección que Jesús propone no aparta de los demás\, sino que remite a ellos. Más adelante advierte que esa perfección conduce al desarrollo pleno de la persona\, a su madurez humana\, desarrollo que se exterioriza en su libertad\, en su desprendimiento y en su capacidad de hacerse solidario con los demás\, en particular con los excluidos por las sociedades injustas (cf. Mt 19\,21).\n\nLa actitud arrogante de los fanatismos religiosos no cabe en el seguimiento del Señor Jesús. La santidad no es pretexto para apartarse de los demás\, sino eficaz estímulo para acercarse a ellos sin ínfulas de superioridad\, con simpatía y espíritu de servicio. La condición de hijo de Dios se autentica en el impulso que se le dé al crecimiento humano y a la inclusión en la convivencia social. El privilegio de ser cristiano consiste en haber descubierto con alegría y sin temores que todos somos iguales\, que el servicio engrandece a las personas\, que el amor las ennoblece y les permite alcanzar su propia plenitud. Los demás dejan de ser vistos como enemigos o rivales para convertirse en estímulo a la propia realización personal.\n\nComulgar con Jesús compromete a «lavar los pies» (servir) a los demás como Jesús nos los lava a nosotros. Esto nos engrandece a todos\, y nos da la seguridad de que el Señor está con nosotros.\nFeliz sábado en compañía de María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:II Domingo de Cuaresma. Ciclo C
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Génesis (15\,5-12.17-18): \nEn aquellos días\, Dios sacó afuera a Abrán y le dijo: «Mira al cielo; cuenta las estrellas\, si puedes.»\nY añadió: «Así será tu descendencia.» Abrán creyó al Señor\, y se le contó en su haber.\nEl Señor le dijo: «Yo soy el Señor\, que te sacó de Ur de los Caldeos\, para darte en posesión esta tierra.»\nÉl replicó: «Señor Dios\, ¿cómo sabré yo que voy a poseerla?»\nRespondió el Señor: «Tráeme una ternera de tres años\, una cabra de tres años\, un carnero de tres años\, una tórtola y un pichón.»\nAbrán los trajo y los cortó por el medio\, colocando cada mitad frente a la otra\, pero no descuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáveres\, y Abrán los espantaba. Cuando iba a ponerse el sol\, un sueño profundo invadió a Abrán y un terror intenso y oscuro cayó sobre él. El sol se puso y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados.\nAquel día el Señor hizo alianza con Abran en estos términos: «A tus descendientes les daré esta tierra\, desde el río de Egipto al Gran Río.» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 26\,1.7-8a.8b-9abc.13-14 \nR/. El Señor es mi luz y mi salvación \nEl Señor es mi luz y mi salvación\,\n¿a quién temeré?\nEl Señor es la defensa de mi vida\,\n¿quién me hará temblar? R/. \nEscúchame\, Señor\, que te llamo;\nten piedad\, respóndeme.\nOigo en mí corazón:\n«Buscad mi rostro.» R/. \nTu rostro buscaré\, Señor\,\nno me escondas tu rostro.\nNo rechaces con ira a tu siervo\,\nque tú eres mi auxilio. R/. \nEspero gozar de la dicha del Señor\nen el país de la vida.\nEspera en el Señor\, sé valiente\,\nten ánimo\, espera en el Señor. R/.\n\n\nSegunda lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (3\,17–4\,1): \nSeguid mi ejemplo\, hermanos\, y fijaos en los que andan según el modelo que tenéis en nosotros. Porque\, como os decía muchas veces\, y ahora lo repito con lágrimas en los ojos\, hay muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero es la perdición; su Dios\, el vientre; su gloria\, sus vergüenzas. Sólo aspiran a cosas terrenas. Nosotros\, por el contrario\, somos ciudadanos del cielo\, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo humilde\, según el modelo de su cuerpo glorioso\, con esa energía que posee para sometérselo todo. Así\, pues\, hermanos míos queridos y añorados\, mi alegría y mi corona\, manteneos así\, en el Señor\, queridos. \nPalabra de Dios\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (9\,28b-36): \nEn aquel tiempo\, Jesús cogió a Pedro\, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña\, para orar. Y\, mientras oraba\, el aspecto de su rostro cambió\, sus vestidos brillaban de blancos. De repente\, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías\, que\, apareciendo con gloria\, hablaban de su muerte\, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y\, espabilándose\, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.\nMientras éstos se alejaban\, dijo Pedro a Jesús: «Maestro\, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti\, otra para Moisés y otra para Elías.» No sabía lo que decía.\nTodavía estaba hablando\, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo\, el escogido\, escuchadle.»\nCuando sonó la voz\, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y\, por el momento\, no contaron a nadie nada de lo que habían visto. \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nII Domingo de Cuaresma. Ciclo C.\n\nEl primer domingo nos dejó el mensaje de que para vencer la tentación necesitamos escuchar la Palabra de Dios\, y nos dejó la advertencia de que\, en relación con la supervivencia\, el diablo sabe manipular esa Palabra y disfrazarse de religión para hacer caer a los creyentes incautos. Por eso\, este domingo nos aclara quién es el auténtico portavoz de Dios y a quién podemos escuchar con seguridad y tranquilidad. La conversión a Dios\, que es el objetivo de la Cuaresma\, se concreta y verifica en la aceptación de Jesús como «Hijo» de Dios\, es decir\, como fiel reflejo suyo. Así que no se trata simplemente de convertirse a Dios\, sino de convertirse al Padre que se revela en Jesús.\n\nLc 9\,28-36.\nEn el relato íntegro se pueden distinguir una breve introducción\, la oración de Jesús\, la reacción de Pedro y sus compañeros\, la intervención del Padre\, y una breve conclusión.\n1. Introducción.\nEl acontecimiento se fecha como al «octavo día» de que Jesús hubiera hablado de su destino y del destino de sus seguidores. Si el «sexto día» alude a la creación del hombre\, y el «séptimo día a la creación de todo el mundo visible\, el «octavo día» se refiere al mundo futuro. Por tanto\, este relato responde a la inquietud por la supervivencia del creyente. Jesús se lleva consigo al monte el grupo al que ha hecho testigo del triunfo de la vida (Pedro\, Juan y Santiago: cf. Lc 8\,51).\n2. Oración de Jesús.\nEl único que ora en el monte es Jesús; sus discípulos no oran con él (cf. Lc 9\,18; 11\,1)\, aunque también están allí\, o sea\, en relación con el Dios de Israel. Esta oración suya deja ver claramente su gloria\, expresada por la transfiguración de su rostro y el blanco refulgente de sus vestidos.\nLa súbita e inesperada presencia de Moisés y Elías como «dos hombres» (cf. Lc 24\,4) tiene unos rasgos que la definen muy bien. «Dos» es el número mínimo de testigos fiables; al conversar con Jesús\, muestran que se subordinan a él (cf. Exo 34\,35) a pesar de su visible condición gloriosa («resplandecientes»); y el tema del que hablaban\, «su éxodo\, que iba a completar en Jerusalén»\, se refiere a la muerte de Jesús a manos de las autoridades judías\, ya anunciada por él (cf. Lc 9\,22)\, tema del que los discípulos preferían no hablar (cf. Lc 9\,44-45; 18\,31-34). Esto deja dicho que él está por encima de la Ley\, representada por Moisés\, y los profetas\, representados por Elías\, que Jerusalén representa a Egipto\, y que la muerte de Jesús es un «éxodo»\, una salida.\n3. Reacción de Pedro.\n«Pedro y sus compañeros» no estaban interesados en esa oración\, como tampoco lo estarán en la oración de Jesús antes de su pasión\, porque dicha oración no encaja con sus expectativas (cf. Lc 22\,45); y por eso se desentendieron\, «amodorrados por el sueño»\, pero la presencia de Moisés y Elías los despabiló. Se sintieron respaldados por la Ley y los profetas para disentir de Jesús.\nSin embargo\, al ver que ellos se alejaban para dejarle libre el paso a Jesús\, «Pedro» formuló una propuesta para asegurar la permanencia de ellos dos; se resistía a aceptar el destino que proponía Jesús con su «éxodo» y que Moisés y Elías aceptaban. La propuesta de «Pedro»\, de manera sutil\, situó a Moisés por encima de Jesús\, en abierta contradicción con lo que acababan de presenciar. Este hecho concreta la tentación de buscar la supervivencia interpretando la promesa de Dios como si su principal objetivo fuera la preservación de la vida física. Definitivamente\, Pedro «no sabía lo que decía». Por su boca hablaba la doctrina de los letrados\, no el Espíritu de Dios.\n4. Intervención del Padre.\nAnte tanta resistencia\, provocada por esa doctrina que había sido presentada como avalada por Dios\, se hizo necesario que Dios mismo interviniera para dirimir la cuestión. Los discípulos no creían que Jesús estuviera hablando en nombre de Dios\, porque consideraban que los letrados sí lo hacían. Era preciso que Dios dijera quién era su auténtico portavoz.\nEsa intervención se produce desde «una nube» que «los fue cubriendo con su sombra». Esto no es un hecho amenazante\, al contrario\, la «nube» revela y vela la presencia liberadora y salvadora de Dios (cf. Exo 13\,21)\, evoca la alianza con él (cf. Exo 19\,16) y asegura la presencia de su gloria en medio del pueblo (cf. Exo 40\,34-38).\nDesde la nube hubo una voz que decía: «Este es mi Hijo\, el Elegido. Escúchenlo a él». Cuando se produjo esa voz\, «Jesús estaba solo»\, ya no estaban con él Moisés y Elías; por tanto\, la voz se refería únicamente a él. El sentido de esta locución referida a Jesús es manifiesto:\n• «Mi Hijo»: indica que Dios se reconoce reflejado íntegramente en Jesús; él es y actúa como su Padre\, por consiguiente\, la persona misma de Jesús es revelación de Dios como Padre.\n• «El Elegido»: declara a Jesús como el Mesías prometido\, aunque no corresponda a la figura de poder y dominio que han venido enseñando los letrados con su doctrina triunfalista.\n• «Escúchenlo a él»: exhorta a aceptar a Jesús como el único portavoz autorizado por Dios\, por encima de la Ley y de los profetas\, que ya no tienen mensaje propio; el mensaje es Jesús.\n5. Conclusión.\nLos discípulos\, invitados a ser testigos del triunfo de la vida\, decidieron silenciar el sentido de la visión que habían presenciado\, porque esta contradecía sus expectativas de triunfo terreno. Una confabulación de silencio\, motivada por sus intereses ideológicos\, prevalece sobre el mensaje de Dios y oculta el sentido cristiano de la supervivencia.\n\nTodavía muchos discípulos están «en el monte»\, es decir\, creen en Dios\, pero se resisten a creer en el Padre que revela Jesús. Por eso se aferran a la Ley y los profetas del Antiguo Testamento\, porque la buena noticia de Jesús no termina de convencerlos. No han aceptado al Hijo de Dios o\, por lo menos\, no lo escuchan\, siguen mezclando su mensaje con el de Moisés y Elías\, a veces subordinándolo\, y se privan de la grandeza y belleza del Evangelio.\n\nLas comunidades cristianas están llamadas a dar testimonio de la fuerza de vida que contiene la buena noticia\, sin acobardarse de anunciar Evangelio (cf. Rom 1\,16). Esto tiene que verse en el desprendimiento generoso\, en la disponibilidad para el servicio y en el amor fraternal. Pero\, ante todo\, debe verse en la valentía para amar con libertad cristiana y asumir la causa de los excluidos de todas las sociedades\, sin dejarse acobardar por ese «mundo» que despoja\, oprime y desacredita a quienes se oponen a sus ambiciones de riqueza\, poder y prestigio. Solo así seremos testimonio creíble de una vida que vence la muerte\, y que por eso la enfrenta\, como nos enseñó Jesús.\n¡Feliz día del Señor!
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SUMMARY:Lunes de la II semana de Cuaresma. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la profecía de Daniel (9\,4b-10): \n¡AY\, mi Señor\, Dios grande y terrible\, que guarda la alianza y es leal con los que lo aman y cumplen sus mandamientos!\nHemos pecado\, hemos cometido crímenes y delitos\, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos. No hicimos caso a tus siervos los profetas\, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes\, a nuestros príncipes\, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra.\nTú\, mi Señor\, tienes razón y a nosotros nos abruma la vergüenza\, tal como sucede hoy a los hombres de Judá\, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel\, a los de cerca y a los de lejos\, en todos los países por donde los dispersaste a causa de los delitos que cometieron contra ti.\nSeñor\, nos abruma la vergüenza: a nuestros reyes\, príncipes y padres\, porque hemos pecado contra ti.\nPero\, mi Señor\, nuestro Dios\, es compasivo y perdona\, aunque nos hemos rebelado contra él. No obedecimos la voz del Señor\, nuestro Dios\, siguiendo las normas que nos daba por medio de sus siervos\, los profetas. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 78\,8.9.11.13 \nR/. Señor\, no nos trates\ncomo merecen nuestros pecados \nV/. No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres;\nque tu compasión nos alcance pronto\,\npues estamos agotados. R/. \nV/. Socórrenos\, Dios\, Salvador nuestro\,\npor el honor de tu nombre;\nlíbranos y perdona nuestros pecados\na causa de tu nombre. R/. \nV/. Llegue a tu presencia el gemido del cautivo:\ncon tu brazo poderoso\, salva a los condenados a muerte. R/. \nV/. Nosotros\, pueblo\, ovejas de tu rebaño\,\nte daremos gracias siempre\,\ncantaremos tus alabanzas de generación en generación. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (6\,36-38): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos:\n«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis\, y no seréis juzgados; no condenéis\, y no seréis condenados; perdonad\, y seréis perdonados; dad\, y se os dará: os verterán una medida generosa\, colmada\, remecida\, rebosante\, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\n\nLunes de la II semana de Cuaresma.\n\nEsta semana se concretan las exigencias de la conversión. Comienzan por la imitación del Padre siguiendo al Hijo. Ser discípulo de Jesús no es una mera afiliación legal\, consiste en entablar una relación filial con un Dios al cual\, desde esa perspectiva\, solo es posible llamarlo «Padre». Esa relación implica el deseo espontáneo de parecerse al Padre\, de ser como él y de actuar como él en la relación con los demás. Después de exhortar a sus discípulos a mostrar una calidad de amor más allá de la correspondencia (cf. Lc 6\,27-34)\, Jesús los invita a amar gratuitamente para ser «hijos del Altísimo»\, es decir\, del Dios universal (cf. Lc 6\,35). Y es entonces cuando propone la imitación del Padre siendo «compasivos» (?????????) como él. La compasión expresa un amor siempre disponible\, sobre todo en circunstancias difíciles para el ejercicio del amor.\n\n1. Primera lectura (Dan 9\,4b-10).\nLos acontecimientos se desarrollan en la época de la rebelión macabea (cerca de los años 167 a 164)\, en tiempos de Antíoco IV Epífanes\, pero el autor los retrotrae a la época de la cautividad en Babilonia para mostrar las semejanzas de las dinámicas de la historia y\, ante todo\, suscitar la confianza en la fuerza liberadora y salvadora del Señor.\n\nLa desgracia sobrevino a la nación judía por no escuchar la voz del Señor a través de Moisés y los profetas. Esa negativa a escuchar se dio en todos los estratos sociales\, y se produjo con las obras\, perpetrando crímenes y delitos. El profeta intercede por el pueblo (como ya lo habían hecho antes Moisés\, Amós\, Jeremías…) pronunciando una oración que consta de dos partes: primera\, confesión de los pecados; segunda\, súplica de perdón.\n\nSe sitúa en la historia\, queriendo entenderla a la luz de las profecías de Jeremías y pidiéndole al Señor en actitud de penitencia (cf. Dan 9\,1-3). Daniel interpela al Dios del éxodo\, porque él es compasivo. El texto que hoy se lee corresponde al comienzo de la primera parte\, la confesión de los pecados del pueblo.\n\nLa confesión comienza por el reconocimiento de que Dios es fiel a su alianza y que es leal con los que lo aman y cumplen sus mandamientos. La desgracia\, por tanto\, no se debe a infidelidad alguna de su parte; la explicación de la misma hay que buscarla fuera de él\, y el autor la insinuó al precisar para quienes está asegurada la lealtad del Señor. La razón de la desgracia está en que el pueblo ha sido infiel. Esto condiciona la lealtad del Señor\, pero al autor no le preocupa.\n\nSigue entonces el reconocimiento del pecado\, que se concreta en la «rebeldía» (negativa a dejarse liberar) manifestada en la renuencia a escuchar a los profetas y en la inobservancia de la Ley. La justicia (fidelidad) del Señor contrasta con la vergüenza del pueblo a causa de sus delitos.\n\nEl autor expresa sus ideas en el esquema pecado-castigo\, que en nuestro modo de hablar equivale a pecado-consecuencia\, y\, además de contrastar la justicia del Señor con la infidelidad del pueblo\, contrasta también la rebeldía (obstinación) del pueblo con la compasión del Señor. Reconoce la «desobediencia» del pueblo –que es su negativa a escuchar– manifestada en el hecho de no haber hecho caso de las pautas que el Señor le daba por medio de los profetas.\n\n2. Evangelio (Lc 6\,36-38).\nReconocer que Dios es Padre es la raíz de la conversión que realiza el «éxodo» de la religión a la fe. Esta conversión germinal se realiza a plenitud en un proceso en que el discípulo de Jesús se propone imitar libremente al Padre. Si se llega a la experiencia de que el Padre es «compasivo» (?????????)\, no se trata de guardar esto solo en la esfera de las convicciones personales\, sino\, ante todo\, de llevarlo a una praxis vital: ser compasivo como el Padre lo es. Esta compasión se expresa en su benevolencia universal (Jon 4\,2; Sl 103\,8; 111\,4)\, no solo con respecto de Israel (cf. Ex 34\,6). La compasión divina tiene sus exigencias:\na) Renunciar a censurar a los demás. Es legítimo juzgar actitudes\, pero es incoherente juzgar las personas\, puesto que ninguno es del todo inocente y la razón última del comportamiento de las personas a menudo se nos escapa.\nb) Ser indulgente con todos. La injusticia es injusticia\, pero todo ser humano puede cambiar de injusto a justo\, nadie debe ser declarado moralmente desahuciado\, porque la fuerza del amor en el corazón humano es más efectiva que la del mal.\nc) Perdonar. La falta comprobada no es razón para estigmatizar al prójimo ni para excluirlo del trato o de la convivencia social. Si así fuera\, sobre cada uno pesaría su propio estigma\, y sería del todo imposible construir relaciones sociales.\nd) Ser generoso. La mezquindad de alma limita las propias posibilidades; la generosidad\, por lo contrario\, amplía el propio horizonte. La generosidad implica dar desde la propia precariedad\, y esto entraña la superación de sí mismo.\n\nEsas exigencias son expresiones del amor como respuesta a una situación en la que se ha negado el amor. Al comportarse así\, en esas circunstancias\, el discípulo supera la lógica del «dame que te doy» («do ut des») y se abre a un amor ilimitado\, lo que no solo autentica su experiencia de Dios\, sino que lo hace más «capaz de Dios»\, es decir\, se hace más receptivo al Espíritu Santo\, se «llena» más de Dios y puede manifestarlo cada vez mejor.\n\nCuando se tiene claro –más por experiencia que por convicción– que el amor es el atributo que define a Dios («Dios es amor»: 1Jn 4\,8)\, no hay duda de que parecerse a él es cuestión de amar como él (cf. Jn 13\,34). Y cuando la relación que se entabla con Dios es decididamente filial\, el deseo de ser como él y actuar como él es espontáneo\, no impuesto. En las relaciones humanas esto se observa en la infancia\, hasta cuando el niño empieza a descubrir incoherencias en sus padres y comienza su proceso de auto-afirmación. En la relación con Dios Padre es a la inversa: cuanto más madura el hijo\, tanto más se identifica con el Padre\, porque el amor hace crecer y conduce a la plena adultez humana; y cuanto más se auto-afirma\, más libre es\, porque el amor libera al hijo y lo hace liberador.\n\nPero este amor se somete a su propia prueba de calidad cuando se manifiesta como un amor «compasivo». Y se muestra efectivo cuando\, además\, es «misericordioso». El tiempo de cuaresma nos invita a ir más allá de donde hemos llegado: a convertirnos al Padre creciendo en el amor compasivo. Esta conversión nos hace más humanos.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:19 de marzo. Solemnidad de san José
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del segundo libro de Samuel (7\,4-5a.12-14a.16): \nEn aquellos días\, recibió Natán la siguiente palabra del Señor:\n– «Ve y dile a mi siervo David: “Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres\, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas\, y consolidaré su realeza. El cons¬truirá una casa para mi nombre\, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre\, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.” ». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 88\,2-3.4-5.27.29 \nR/. Su linaje será perpetuo \nCantaré eternamente las misericordias del Señor\,\nanunciaré tu fidelidad por todas las edades.\nPorque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno\,\nmás que el cielo has afianzado tu fidelidad.» R. \nSellé una alianza con mi elegido\,\njurando a David\, mi siervo:\n«Te fundaré un linaje perpetuo\,\nedificaré tu trono para todas las edades.» R. \nEl me invocará: «Tú eres mi padre\, mi Dios\,\nmi Roca salvadora.»\nLe mantendré eternamente mi favor\,\ny mi alianza con él será estable. R. \n\n\nSegunda lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (4\,13.16-18): \nHermanos:\nNo fue la observancia de la Ley\, sino la justificación obtenida por la fe\, la que obtuvo para Abrahán y su\ndescendencia la promesa de heredar el mundo.\nPor eso\, como todo depende de la fe\, todo es gracia; así\, la promesa está asegurada para toda la descendencia\, no solamente para la descendencia legal\, sino también para la que nace de la fe de Abrahán\, que es padre de todos nosotros. Así\, dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos.»\nAl encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que\, no existe\, Abrahán\ncreyó.\nApoyado en la esperanza\, creyó\, contra toda esperanza\, que llegaría a ser padre de muchas naciones\, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.» \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (1\,16.18-21.24a): \nJacob engendró a José\, el esposo de María\, de la cual nació Jesús\, llamado Cristo.\nEl nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:\nMaría\, su madre\, estaba desposada con José y\, antes de vivir juntos\, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.\nJosé\, su esposo\, que era justo y no quería denunciarla\, decidió repudiarla en secreto. Pero\, apenas había tomado esta resolución\, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:\n– «José\, hijo de David\, no tengas reparo en llevarte a María\, tu mujer\, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo\, y tú le pondrás por nombre Jesús\, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»\nCuando José se despertó\, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor. \nPalabra del Señor\n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n19 de marzo\nSolemnidad de San José.\n\n El nombre hebreo José (??????? \,????????) procede de una combinación de la abreviación del nombre divino (????) con el verbo «añadir» (???) y significa «el Señor añada (otro hijo)» (cf. Gn 30\,24). Como nombre del esposo de María\, la madre de Jesús\, aparece 14 veces en el Nuevo Testamento (7 en Mt\, 5 en Lc y 2 en Jn).\n\nEn Mt aparece asociado a la figura del patriarca homónimo (Dios se le revela en sueños) y personificando al israelita fiel que se siente perplejo ante las figuras de Jesús y María\, él como Mesías\, y ella como personificación de la comunidad cristiana. En Lc aparece como el garante de la ascendencia davídica de Jesús\, pero solo de manera legal\, y carece de todo papel activo en la narración. En Jn aparece como entronque de Jesús en la historia del pueblo\, pero afectado por un cierto escepticismo\, dado que los que creen conocerlo no perciben su condición de «Hijo de Dios».\n\n1. Primera lectura (2Sm 7\,4-5a.12-14a.16).\nLos planes del rey\, apresuradamente aprobados por el profeta de la corte\, tienen que ser rectificados por la revelación del Señor al profeta. La «noche» de la revelación a Natán puede aludir o a un sueño o a la confusión en la que se encuentran el rey y el profeta con respecto del designio del Señor.\n\nEl Señor le promete al rey un descendiente legítimo que consolidará perpetuamente su trono real. La relación del Señor con dicho rey será como la de un padre con su hijo. Es una confirmación de la promesa hecha a Abraham\, pero con la novedad de la relación paternal del Señor con dicho descendiente.\n\nLa casa (familia) y el reino (pueblo) de David están destinados a durar para siempre. Su trono (gobierno) también permanecerá por siempre.\n\n2. Segunda lectura (Rm 4\,13.16-18.22).\nEl apóstol aclara que la promesa hecha a Abraham y a su descendencia\, la de heredar el mundo\, no fue en virtud de la observancia de la Ley (que aún no existía) sino en virtud de la rehabilitación obtenida por la fe. Es decir\, el cumplimiento de la promesa no depende de la observancia de la Ley\, sino de la voluntad soberana de Dios.\n\nPor tanto\, es una promesa gratuita\, no condicionada por méritos de los beneficiarios\, y así queda asegurado su cumplimiento no solo para los que observan la Ley\, sino también para los que siguen la fe de Abraham\, que se convierte así en «padre» (o sea\, antepasado común y ejemplo de vida) tanto para los israelitas como para los paganos\, es decir\, para «todos los pueblos» (Gn 17\,5). Abraham creyó cuando se encontró con el Dios que da vida rompiendo las cadenas de la muerte\, que muestra su amor por la humanidad rompiendo los determinismos que aprisionan al ser humano\, por eso él le dio a Dios su adhesión de fe cuando no había esperanza de vida\, y por eso Dios lo hizo «padre de todos los pueblos».\nEsa es precisamente la razón por la que su fe le valió la rehabilitación.\n\n3. Evangelio (Mt 1\,16.18-21.24a).\nDespués de 39 veces de repetirse el verbo «engendrar» (??????)\, la 40ª vez\, que es la que corresponde a la generación del Mesías\, se da un hecho sorprendente: el verbo se predica de una mujer («…María\, de la que fue engendrado Jesús\, llamado el Mesías») en vez de predicarse de José\, que es el primer sorprendido con esta actuación divina.\n\nJosé\, a pesar de su inquebrantable fidelidad a la Ley\, tiene que dar el salto de la fe y admitir que el Espíritu Santo ha intervenido para crear un hombre nuevo. Esta fe es como un éxodo personal para él\, y se manifiesta en el hecho de acoger a María y a Jesús como cumplimiento de la promesa de Dios.\n\nY la fe de José se manifiesta en que\, contra todo pronóstico legal y cultural\, acoge el mensaje del ángel del Señor llevándose a su casa a María con un niño que no es hijo suyo. Rompió también los determinismos para manifestar amor y dar paso a la vida.\n\n3. Evangelio (Lc 2\,41-51a).\nJosé y María cumplen su misión parental con toda normalidad\, según lo establecido por la Ley y las costumbres de su pueblo. Jesús todavía no había cumplido la edad de su autonomía legal\, y los reconocía como progenitores para efectos de crianza. Pero comienza a dar señales de autonomía antes de que la Ley se la reconozca.\n\nCuando se supone que todo marcha como debiera\, no se advierte la acción de Dios en la historia. El «niño» (cf. 2\,17.27.40) se convirtió en «joven» (2\,43) e hizo uso de su autonomía\, para desconcierto de José\, María\, sus parientes y conocidos.\n\nJesús se ha quedado en una de las escuelas del templo\, escuchando y cuestionando a los maestros del pueblo. Cuando lo interrogaban\, sus respuestas mostraban no solo conocimiento de la tradición de Israel\, sino\, sobre todo\, su postura crítica frente a la misma. A todos los deja desconcertados e impresionados.\n\nEs su madre la que le reprocha su comportamiento con ella y con José. La madre es personificación de la nación; el padre\, de la tradición. Jesús se ha separado de ambos y manifiesta una actitud crítica\, y eso los angustia. Jesús puntualiza que su Padre (su modelo de conducta) es Dios\, y que\, al ocuparse de la interpretación que le dan a la Escritura y a la tradición\, él está ocupándose de los asuntos de su Padre. Ellos no comprenden por qué Jesús se distancia críticamente de la tradición\, pero él regresa a su hogar y sigue subordinado a ellos como hijo de familia.\n\nEl cumplimiento de la promesa hecha a David solo se da plenamente en Jesús\, pero no de manera genética ni legal. En efecto\, Jesús no es «hijo» de José\, y tampoco hereda el trono de David\, sino que el Señor Dios se lo da (cf. Lc 1\,32-33). La fe que hace posible el cumplimiento de la promesa es una fe audaz\, se atreve a esperar que se cumpla lo que\, aparentemente\, no hay esperanza humana de que se cumpla. La fe de José imita la acción liberadora y salvadora de Dios cuando\, por amor\, decide ir más allá de la Ley y acoger al que ha de salvar al pueblo de sus pecados\, por más que las apariencias sugieran que ese salvador es fruto de un pecado\, a causa de la presunta inobservancia de la Ley por parte de María. José le cree a Dios\, en contra de todas las evidencias que perciben sus ojos. La fe de José se vuelve escucha incluso cuando falta la comprensión de los hechos. La independencia de Jesús con respecto de la tradición de Israel lo angustia\, pero reconoce que no es dueño de Jesús\, y deja que Dios actúe\, respetando la libertad de ese «joven» que llama a Dios Padre suyo.\n\nLa comunión con Jesús no es fácil cuando se tiene apego a los propios principios y a las propias leyes y costumbres. José era un hombre «justo»\, de principios\, y de moral arraigada en las tradiciones de su pueblo. La entrada de Jesús en su vida le cambió su mundo y sus valores. Pero José le dio fe a Dios aceptando a su Hijo. Así también nos corresponde darle nuestra adhesión a Dios aceptando a Jesús y cambiando nuestras costumbres y tradiciones para recibirlo en nuestras vidas.\nFeliz solemnidad.
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SUMMARY:Miércoles de la II semana de Cuaresma. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de Jeremías (18\,18-20): \nELLOS dijeron:\n«Venga\, tramemos un plan contra Jeremías porque no faltará la ley del sacerdote\, ni el consejo del sabio\, ni el oráculo del profeta. Venga\, vamos a hablar mal de él y no hagamos caso de sus oráculos».\nHazme caso\, Señor\,\nescucha lo que dicen mis oponentes.\n¿Se paga el bien con el mal?\,\n¡pues me han cavado una fosa!\nRecuerda que estuve ante ti\,\npidiendo clemencia por ellos\,\npara apartar tu cólera. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 30\,5-6.14.15-16 \nR/. Sálvame\, Señor\, por tu misericordia \nV/. Sácame de la red que me han tendido\,\nporque tú eres mi amparo.\nA tus manos encomiendo mi espíritu:\ntú\, el Dios leal\, me librarás. R/. \nV/. Oigo el cuchicheo de la gente\,\ny todo me da miedo;\nse conjuran contra mí\ny traman quitarme la vida. R/. \nV/. Pero yo confío en ti\, Señor;\nte digo: «Tú eres mi Dios».\nEn tu mano están mis azares:\nlíbrame de los enemigos que me persiguen. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (20\,17-28): \nEN aquel tiempo\, subiendo Jesús a Jerusalén\, tomando aparte a los Doce\, les dijo por el camino:\n«Mirad\, estamos subiendo a Jerusalén\, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas\, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles\, para que se burlen de él\, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará».\nEntonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.\nÉl le preguntó:\n«¿Qué deseas?».\nElla contestó:\n«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino\, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».\nPero Jesús replicó:\n«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».\nContestaron:\n«Podemos».\nÉl les dijo:\n«Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo\, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».\nLos otros diez\, al oír aquello\, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos\, Jesús les dijo:\n«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros\, que sea vuestro servidor\, y el que quiera ser primero entre vosotros\, que sea vuestro esclavo.\nIgual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos». \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\nMiércoles de la II semana de cuaresma.\n\nLa atribución de «poder» –así\, sin más– a Dios\, y la consiguiente ambición del mismo\, es muy peligrosa por la perversidad que allí se esconde. El «poder» es la capacidad que alguien tiene para imponer su criterio o su voluntad. Por eso anula la libertad e impide la realización de la persona sometida. Ese poder no es cristiano\, ni podrá serlo. Atribuirle a Dios tal poder no es evangélico. Ambicionar ese tipo de poder es incompatible con el seguimiento del Señor. Pero para percibir esto con claridad no hace falta «saber»\, hay que «conocer». El conocimiento experimental de Dios\, a través de Jesús conduce a la conclusión de que tal poder se opone a la acción del Espíritu Santo\, por más que afirmen lo contrario los «sabios y entendidos» (Mt 11\,25).\n\nLa conversión a Dios nos exige hoy renunciar a esa ambición de poder y aceptar al Mesías que se nos entrega en el servicio voluntario y por amor. Opuesto al poder\, en términos cristianos\, es el servicio al estilo del Hijo del Hombre.\n\n1. Primera lectura (Jer 18\,18-20).\nLas denuncias del profeta Jeremías suscitan en su contra una confabulación por parte de los círculos de poder a los cuales denuncia. Curiosamente\, dichos círculos de poder no son políticos\, sino del ámbito religioso: sacerdotes\, maestros y profetas. Ellos traman un plan\, convencidos de que\, si faltara Jeremías\, el pueblo nada perdería\, porque siempre habrá sacerdotes\, maestros y profetas entre ellos. Saben que los sacerdotes\, maestros y profetas que existen son sumisos al poder político\, con el cual se entienden bien. Jeremías les resulta perturbador porque le advierte a la gente que ellos están llevando el país a la ruina.\n\nSe proponen silenciar al profeta como tal («herirlo en la lengua»)\, porque este les resulta molesto\, y desacreditarlo no dándole importancia a lo que dice\, o sea\, desconocer su condición de profeta del Señor no reconociendo sus oráculos como mensaje divino. Se imaginan que pueden rechazar sin problemas al profeta\, y la falsificación les parece un recurso válido. Lo que se advierte es que van a apelar a su posición oficial y al ascendiente institucional que ejercen sobre el pueblo a fin de deshonrar a Jeremías como profeta\, con la ilusión de que sus mentiras sustituirán las verdades que Jeremías propone en nombre del Señor. Esta sustitución es un engaño consciente motivado por el afán de proteger sus intereses\, que están siendo afectados por la predicación de Jeremías.\n\nEl profeta\, puesto que ha hecho caso de lo que el Señor le mandó\, le pide al Señor que le haga caso\, o sea\, que se declare a su favor (cf. Jer 1\,8)\, que lo acredite como su profeta en oposición a lo que pretenden sus rivales. En el fondo de esta súplica está la persuasión de Jeremías de que el Señor nada tiene en común con esos círculos de poder\, que ellos no lo representan ante el país y que ellos defienden una causa perdida en razón de su infidelidad a la alianza (cf. Jer 1\,16-19).\n\nY se lamenta por la ingratitud de su pueblo: en tanto que ellos lo condenan a la tumba\, él no ha hecho más que orar por ellos\, para que Dios los perdone y los libre de las consecuencias de sus extravíos (el «furor» de Dios). El pueblo se ha dejado conducir por sus dirigentes a la infidelidad y a la injusticia\, y ahora los siguen rechazando a Jeremías\, que ha sido su benefactor.\n\n2. Evangelio (Mt 20\,17-28).\nJesús desveló la confabulación que estaba por organizarse en Jerusalén: los tres círculos de poder\, dos judíos (los sumos sacerdotes y los letrados) y uno pagano\, se unirán para matarlo\, pero Dios lo va a resucitar. Como si nada hubiera dicho\, los discípulos muestran que lo siguen por otros motivos\, ellos buscan posiciones de poder.\n• Al indicar que es «la madre» (sin nombre) de «los hijos de Zebedeo» la autora de la petición\, Mateo deja claro que esta es una ambición de origen nacional (aquí la «madre» representa a la nación)\, de acuerdo con la tradición popular («hijos de Zebedeo»).\n• La respuesta de Jesús indicó que ellos no lo habían entendido\, que él no busca el poder sino entregarse\, darse a sí mismo\, incluso al precio de su propia vida.\n• La réplica de ellos mostró que estaban dispuestos a pasar por una prueba dolorosa\, pero pasajera\, es decir\, entendían que se trataba de triunfo terreno difícil\, pero seguro.\n• Pero lo que Jesús les anunciaba era que su muerte sería para ellos una prueba muy dolorosa\, pues verían derrumbarse sus aspiraciones de triunfo terreno.\n• Y\, además\, les aseguró que los puestos a su derecha y a su izquierda son para los que estén dispuestos a morir con él y como él.\nPero\, como los otros también ambicionaban el poder\, afloró la lucha por el poder en el grupo de los discípulos. Entonces Jesús les aclaró:\n• Su comunidad\, que es abierta y universal\, no es como los reinos de las naciones paganas\, que entablan relaciones de dominación y sumisión.\n• El título de grandeza en su comunidad es el servicio\, que reviste dos formas:\nPrimera: servidor (?????????)\, que es el servicio libre\, que se da entre amigos o iguales\, que se presta sin contraprestación\, por amistad y afecto.\nSegunda: siervo (??????)\, que es el servicio obligado\, propio de los esclavos; hacerse esclavo por voluntad propia es un servicio liberador en favor de los últimos de la escala social.\n• Él mismo se propone como modelo:\nPorque vino como servidor (?????????) a favor de quienes enseña a llamarse «hermanos» (cf. Mt 23\,8)\, no para ser servido como lo eran los amos por sus esclavos.\nPorque da su vida en «rescate» por todos. Aquí alude a su muerte en la cruz\, que era para los esclavos rebeldes (??????)\, y al carácter liberador de la misma («rescate»).\n\nEn la eucaristía se sintetiza el servicio de Jesús:\n• El pan partido es el sacramento de su «cuerpo entregado por ustedes»: signo de su entrega personal en el servicio libre histórico concreto prestado a sus amigos.\n• La copa compartida es sacramento de su «sangre derramada «por ustedes y por todos para el perdón de los pecados»: signo del Espíritu derramado «sobre toda carne» (Joel 3\,1) para dar la libertad interior\, la libertad para amar\, que es la expresión de la liberación cristiana.\nEse carácter de totalidad («por todos») aparece como un modismo arameo en 19\,30\, en 20\,28 y en 26\,28: El adjetivo griego «muchos» («??????») no significa «varios\, pero no todos»\, sino «todos en contraposición a uno solo». Jesús no excluye a ser humano alguno.\n\nCompartir el cuerpo del Señor nos compromete a ser servidores fraternos unos de otros; beber su sangre del mismo cáliz nos compromete a transmitir\, con nuestro amor\, el Espíritu Santo\, fuente de libertad y de vida\, y a ser todos servidores de la dignificación de los excluidos.\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Jueves de la II semana de Cuaresma. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Jeremías (17\,5-10): \nEsto dice el Señor: \nESTO dice el Señor:\n«Maldito quien confía en el hombre\,\ny busca el apoyo de las criaturas\,\napartando su corazón del Señor.\nSerá como cardo en la estepa\,\nque nunca recibe la lluvia;\nhabitará en un árido desierto\,\ntierra salobre e inhóspita.\nBendito quien confía en el Señor\ny pone en el Señor su confianza.\nSerá un árbol plantado junto al agua\,\nque alarga a la corriente sus raíces;\nno teme la llegada del estío\,\nsu follaje siempre está verde;\nen año de sequía no se inquieta\,\nni dejará por eso de dar fruto.\nNada hay más falso y enfermo\nque el corazón: ¿quién lo conoce?\nYo\, el Señor\, examino el corazón\,\nsondeo el corazón de los hombres\npara pagar a cada cual su conducta\nsegún el fruto de sus acciones». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 1\,1-2.3.4.6 \nR/. Dichoso el hombre\nque ha puesto su confianza en el Señor \nV/. Dichoso el hombre\nque no sigue el consejo de los impíos\nni entra por la senda de los pecadores\,\nni se sienta en la reunión de los cínicos;\nsino que su gozo es la ley del Señor\,\ny medita su ley día y noche. R/. \nV/. Será como un árbol\nplantado al borde de la acequia:\nda fruto en su sazón\ny no se marchitan sus hojas;\ny cuanto emprende tiene buen fin. R/. \nV/. No así los impíos\, no así;\nserán paja que arrebata el viento.\nPorque el Señor protege el camino de los justos\,\npero el camino de los impíos acaba mal. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (16\,19-31): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a los fariseos:\n«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal\, cubierto de llagas\, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico.\nY hasta los perros venían y le lamían las llagas.\nSucedió que murió el mendigo\, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán.\nMurió también el rico y fue enterrado. Y\, estando en el infierno\, en medio de los tormentos\, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán\, y a Lázaro en su seno\, y gritando\, dijo:\n“Padre Abrahán\, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua\, porque me torturan estas llamas”.\nPero Abrahán le dijo:\n“Hijo\, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida\, y Lázaro\, a su vez\, males: por eso ahora él es aquí consolado\, mientras que tú eres atormentado.\nY\, además\, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso\, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo\, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”.\nÉl dijo:\n“Te ruego\, entonces\, padre\, que le mandes a casa de mi padre\, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas\, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”.\nAbrahán le dice:\n“Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”.\nPero él le dijo:\n“No\, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos\, se arrepentirán”.\nAbrahán le dijo:\n“Si no escuchan a Moisés y a los profetas\, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nJueves de la II semana de cuaresma.\n\nAntiguamente (y todavía)\, sacando de su contexto textos bíblicos del Antiguo Testamento\, y con intención de escuchar más a Moisés (la Ley) y a Elías (los profetas) que al Hijo\, se concluyó de manera apresurada que «el hombre de bien es el hombre de bienes». Se pensó (y se predicó) que la riqueza es bendita por sí misma\, y signo de la bendición de Dios a sus elegidos; se prometió que la prosperidad económica individual garantizaría la vida futura y plenamente feliz. Pero no es eso lo que enseñó Jesús. La riqueza no es señal de que el acaudalado está con Dios y Dios con el acaudalado. La buena noticia nos invita a convertir nuestro corazón y cambiar esa idea.\n\nLa tentación de la riqueza\, para ser más efectiva\, se reviste –cómo no– de ropaje religioso\, y se presenta con lenguaje religioso. Así se habla de la «teología de la prosperidad»\, que es una burda sacralización de la codicia de riqueza\, disfraz con el que seduce a fieles y pastores.\n\n1. Primera lectura (Jr 17\,5-10).\nA raíz de la corrupción generalizada en el país\, el profeta declara de parte del Señor una maldición y una bendición:\na) La maldición.\n• «Maldito el hombre (?????: hombre fuerte) que confía en el hombre (?????: ser humano)». Declara la frustración de quien se fía de lo que él mismo es: caducidad. Se refiere a la confianza puesta en lo que ofrecen otros seres humanos (saber\, riqueza\, poder\, fama)\, todos valores inestables e inciertos\, y a menudo engañosos.\n• «… y busca su apoyo en la carne (??????)». Apoyarse en lo que es física y moralmente débil es insensato\, porque el hombre cifra su estabilidad en su propia precariedad. Se refiere al apoyo en lo humano contrapuesto al apoyo en el Señor (cf. Sal 118\,8-9; 146\,3-7ab)\, que es el único estable y seguro.\n• «… apartando su corazón del Señor (????)». Esta es la consecuencia final de dicha elección: separarse «de corazón» del Dios liberador\, lo cual entraña volver a la esclavitud. Por otro lado\, esta separación de Dios implica la negación del derecho del prójimo\, lo que afecta la convivencia social.\nLa maldición consiste en:\n• una vida infructuosa («será como un cardo estepario»)\n• una existencia sin bendición («no llegará a ver la lluvia»)\n• una convivencia estéril («desierto abrasado\, tierra salobre e inhóspita»).\nb) La bendición.\n• «¡Bendito el hombre (?????: hombre fuerte) que confía en el Señor (????) y en el Señor busca su apoyo!». La absoluta confianza en el Señor liberador y salvador\, y el hecho de fundamentar su vida en él\, hacen al hombre firme\, fuerte en sí mismo\, porque el apoyo del Señor es interior.\n• «Será como árbol plantado al borde de la acequia…». La vida del hombre que decide confiar en el Señor permanece asegurada en las circunstancias más adversas\, no tiene miedos que anulen su confianza o le induzcan sobresaltos respecto de su futuro.\n• «No deja de producir frutos»: La bendición no solo consiste en una vida asegurada\, sino que le garantiza su futuro. Decir que es una vida fructífera significa que tendrá prole y que su nombre no solo perdurará biológicamente\, sino que su recuerdo será honroso.\nLa bendición consiste en que:\n• La fuerza del que confía en el Señor es la misma de Dios.\n• La vida del que confía en el Señor está garantizada por Dios.\n• El que confía en el Señor permanecerá en una vida fructuosa.\nEl corazón humano (??? = mente + sentimiento) es engañoso; solo Dios puede entenderlo y hacer verdadera justicia. También nuestro propio corazón es retorcido.\n\n2. Evangelio (Lc 16\,19-31).\nEsta parábola se la dirige Jesús a los fariseos\, «amigos del dinero» (Lc 16\,14)\, que se burlaban de él y de su enseñanza\, y se expresa en los términos en que ellos pensaban\, con el propósito de hacerlos recapacitar para que se enmendaran y se convirtieran al verdadero Dios.\n\nEl evangelio les pone nombre a los que el profeta Jeremías señala genéricamente:\n• «El que confía en lo humano y pone su apoyo en la carne» es un ser sin nombre (indicio de despersonalización)\, se define por las cosas que lo tienen a él («rico»). Su relación primaria es con las cosas\, no con las personas\, y eso lo despersonaliza. Es un «cardo estepario» en el desierto (está solo\, no hay personas con él). Su existencia vacía es como una maldición que se prolonga después de su muerte.\n• «El que confía en el Señor y busca en él su apoyo» se llama Lázaro (?????????: «Dios ayuda»). Excluido en la «tierra salobre e inhóspita» del «rico»\, es acogido por Abraham (el modelo de los hombres de fe) y su causa es tutelada por Moisés y por los profetas (voceros del Dios liberador y salvador). Su existencia confiada es bendecida con una vida que supera la misma muerte.\n• Los perros\, tenidos como animales impuros y malos (cf. Sal 22\,17.21; Prv 26\,11)\, a los que eran comparados los paganos\, muestran más compasión que el «rico» indolente. Es como si afirmara que entre los paganos se encuentra mayor compasión que en los «ricos».\n• Jesús no invita a sus discípulos a escuchar a Moisés y a Elías\, porque el Padre ha dicho ya que es Jesús su único portavoz (cf. Lc 9\,35); pero\, dado que los fariseos no quieren escucharlo a él\, que escuchen a Moisés (el liberador) y a los profetas (defensores de los excluidos). Es decir\, que se enmienden\, para que puedan convertirse a Dios.\n\nJesús muestra que la muerte física es una barrera determinante\, y que las decisiones importantes se toman durante la vida terrena\, según la convivencia con los demás.\n\nLa insensata e ingenua confianza en las riquezas frustra a la persona y divide la sociedad humana\, no produce el bienestar y la felicidad que promete\, pero sí aísla a las personas hasta el punto de que se desentienden de sus semejantes. La codicia de riqueza es una forma de idolatría (cf. Ef 5\,5); cambia al Dios vivo\, liberador y salvador por un ídolo inerte y alienante. No hay manera de estar al servicio de Dios y al servicio del dinero (cf. Lc 16\,13)\, son servicios excluyentes. No solo porque el servicio a Dios libera y el servicio al dinero esclaviza\, sino también porque el servicio a Dios personaliza\, en tanto que el servicio al dinero despersonaliza\, y además el servicio a Dios crea solidaridad\, en tanto que el servicio al dinero confina en el egoísmo. En el plano social\, el servicio al dinero es el origen de las estructuras injustas. La economía\, la política\, la convivencia social\, e incluso las religiones\, se pervierten por esta codicia de riqueza. Eso constituye es lo que el papa Pío XI llamó «imperialismo internacional del dinero» (Q. A. 109).\n\nComulgar con Jesús implica compartir con él el mismo pan y el mismo Padre\, la misma copa y el mismo Espíritu. Y esta comunión –que nos lleva a darnos a los otros– no nos permite explotar a los otros ni desentendernos de ellos.\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro del Génesis (37\,3-4.12-13a.17b-28): \nISRAEL amaba a José más que a todos los otros hijos\, porque le había nacido en la vejez\, y le hizo una túnica con mangas. Al ver sus hermanos que su padre lo prefería a los demás\, empezaron a odiarlo y le negaban el saludo.\nSus hermanos trashumaron a Siquén con los rebaños de su padre. Israel dijo a José:\n«Tus hermanos deben de estar con los rebaños en Siquén; ven\, que te voy a mandar donde están ellos».\nJosé fue tras sus hermanos y los encontró en Dotán. Ellos lo vieron desde lejos y\, antes de que se acercara\, maquinaron su muerte. Se decían unos a otros:\n«Ahí viene el soñador. Vamos a matarlo y a echarlo en un aljibe; luego diremos que una fiera lo ha devorado; veremos en qué paran sus sueños».\nOyó esto Rubén\, e intentando salvarlo de sus manos\, dijo:\n«No le quitemos la vida».\nY añadió:\n«No derraméis sangre; echadlo en este aljibe\, aquí en la estepa; pero no pongáis las manos en él».\nLo decía para librarlo de sus manos y devolverlo a su padre.\nCuando llegó José al lugar donde estaban sus hermanos\, lo sujetaron\, le quitaron la túnica\, la túnica con mangas que llevaba puesta\, lo cogieron y lo echaron en un pozo. El pozo estaba vacío\, sin agua.\nLuego se sentaron a comer y\, al levantar la vista\, vieron una caravana de ismaelitas que transportaban en camellos goma\, bálsamo y resina de Galaad a Egipto. Judá propuso a sus hermanos:\n«¿Qué sacaremos con matar a nuestro hermano y con tapar su sangre? Vamos a venderlo a los ismaelitas y no pongamos nuestras manos en él\, que al fin es hermano nuestro y carne nuestra».\nLos hermanos aceptaron.\nAl pasar unos mercaderes madianitas\, tiraron de su hermano; y\, sacando a José del pozo\, lo vendieron a unos ismaelitas por veinte monedas de plata. Estos se llevaron a José a Egipto. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 104\,16-17.18-19.20-21 \nR/. Recordad las maravillas que hizo el Señor \nV/. Llamó al hambre sobre aquella tierra:\ncortando el sustento de pan;\npor delante había enviado a un hombre\,\na José\, vendido como esclavo. R/. \nV/. Le trabaron los pies con grillos\,\nle metieron el cuello en la argolla\,\nhasta que se cumplió su predicción\,\ny la palabra del Señor lo acreditó. R/. \nV/. El rey lo mandó desatar\,\nel señor de pueblos le abrió la prisión\,\nlo nombró administrador de su casa\,\nseñor de todas sus posesiones. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (21\,33-43.45-46): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:\n«Escuchad otra parábola:\n“Había un propietario que plantó una viña\, la rodeó con una cerca\, cayó en ella un lagar\, construyó una torre\, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.\nLlegado el tiempo de los frutos\, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores\, agarrando a los criados\, apalearon a uno\, mataron a otro y a otro lo apedrearon.\nEnvió de nuevo otros criados\, más que la primera vez\, e hicieron con ellos lo mismo. Por último\, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.\nPero los labradores\, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid\, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.\nY agarrándolo\, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron.\nCuando vuelva el dueño de la viña\, ¿qué hará con aquellos labradores?”».\nLe contestan:\n«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».\nY Jesús les dice:\n«¿No habéis leído nunca en la Escritura:\n“La piedra que desecharon los arquitectos\nes ahora la piedra angular.\nEs el Señor quien lo ha hecho\,\nha sido un milagro patente”?\nPor eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».\nLos sumos sacerdotes y los fariseos\, al oír sus parábolas\, comprendieron que hablaba de ellos.\nY\, aunque intentaban echarle mano\, temieron a la gente\, que lo tenía por profeta. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nViernes de la II semana de Cuaresma.\n\nDios siempre ha tenido un designio de vida: libertad\, amor y alegría para todo su pueblo. Algunos lo han captado y se lo han apropiado como su ideal; otros lo han considerado peligroso para sus propios intereses\, y se le han opuesto. El Padre no es pasivo frente a estos hechos\, pero tampoco recurre a aniquilar a sus opositores\, ya que él tiene su propia alternativa.\nConvertirse al Padre significa optar por la vida en cualquier circunstancia\, incluso ante el eventual enemigo\, porque es hermano\, hijo del mismo Padre. Y\, ni siquiera si el enemigo es mortífero\, el hijo se exime de esa opción por la vida\, porque tiene claro que el Padre da vida\, no la quita\, y su decisión de ser como su Padre del cielo lo lleva «hasta el fin» (cf. Jn 13\,1).\nPor eso\, la conversión implica una nueva manera de relacionarse con los demás\, un estilo propio de convivencia. El israelita tenía claro que la alianza con el Señor no solo los constituía creyentes hijos de Abraham\, sino pueblo de Dios\, convivencia social compatible con la fe en el Señor que los liberó de la servidumbre que padecieron en Egipto.\n\n1. Primera lectura (Gen 37\,3-4.12-13a.17b-28).\n«José tenía 17 años y pastoreaba el rebaño con sus hermanos…»\, y era ante su padre el fiscal de sus hermanos (cf. Gen 37\,2). El autor lo presenta como el hijo preferido de Jacob\, porque era el hijo de su ancianidad\, y por eso lo vistió de príncipe. El muchacho tenía sueños que provocaron la desconfianza y la malquerencia de los hermanos\, pues estos sospechaban que José pretendía imponerse sobre ellos; al menos\, así interpretaban ellos sus sueños (cf. Gen 37\,5-11\, omitido).\nJacob envió a José a enterarse del bienestar (??????) de sus hermanos; iba en «misión de paz». Pero ellos lo recibieron con ánimo hostil\, lo tildaron de «soñador» y decidieron matarlo para que no se cumplieran esos sueños\, que ellos consideraban amenazas a su independencia familiar y tribal. El relato muestra dos opciones: Rubén propuso echarlo en una fosa\, con el propósito de sacarlo después\, pero cuando vino a rescatarlo ya los madianitas se lo habían llevado. Por su parte\, Judá propuso venderlo a los ismaelitas\, para evitar mancharse las manos con la sangre de su hermano.\nNo llegaron a un acuerdo\, así que decidieron despojarlo de su túnica y arrojarlo en un pozo seco. Y se sentaron a comer (signo de comunión o complicidad) hasta cuando se les dio la oportunidad de venderlo a precio de esclavo. Su idea era deshacerse de él de cualquier modo\, a fin de impedir el cumplimiento de sus sueños. El relato continúa refiriendo que tiñeron con sangre la túnica de José (signo de la discordia) y se la presentaron a su padre haciéndole deducir que una fiera había atacado y dado muerte a su hijo preferido.\n\n2. Evangelio (Mt 21\,33-43.45-46).\nLa parábola (recurso habitual de Jesús para dar su mensaje respetando la libertad del interlocutor) muestra con un lenguaje alegórico la realidad del pueblo en manos de sus dirigentes. Recuerda la alegoría de Isaías (5\,1-7). El pueblo\, como totalidad\, fue representado con una «higuera» que no da fruto (cf. Mt 21\,18-19). Ahora\, con una viña confiada a unos «labradores». Los frutos a los que se refiere («justicia» y «derecho») no se dieron porque los labradores (o sea\, la clase dirigente) eran abusadores y asesinos («agarraron a los siervos\, apalearon a uno\, mataron a otro\, y a otro lo apedrearon»). Los círculos de poder\, en vez de propiciar el reinado de Dios\, se opusieron a él.\nEl hijo-heredero está en la plenitud de la edad para representar a su Padre. Pero los labradores\, al querer apoderarse de la viña (el pueblo de Dios) para prolongar así su régimen de dominio y explotación\, deciden matar al hijo-heredero con ese fin. El orden de los hechos («lo agarraron\, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron») corresponde a los ritos que regulaban las ejecuciones de los condenados a muerte\, principalmente a los blasfemos (cf. Lev 24\,14-16; Hch 7\,58). El hijo amado (cf. Mt 3\,17; 17\,5) es rechazado con el cargo de faltarle el respeto al Padre.\nPor su culpa\, la «viña» ha dejado de ser «reino de Dios»\, porque\, sin los «frutos» que Dios exige\, se rompió la relación con él. Pero Dios no fracasa\, fracasan los dirigentes asesinos y el pueblo que los siguió; el reino de Dios pasará a manos de «un pueblo que produzca sus frutos»\, los del reino\, es decir\, los de una convivencia basada en la justicia y el derecho. Se trata de la Iglesia\, el pueblo formado por muchos. Lo que se oponga a ese reino fracasará como ellos (cf. Mt 16\,18).\nSin percatarse\, ellos mismos condenan su propia traición. Jesús confirma su condena basándose en el hecho de que Dios quiere frutos\, y si no los dan ellos\, hay quienes lo hagan. Los dirigentes caen en la cuenta de que han sido puestos en evidencia\, pero no pueden proceder contra Jesús mientras el pueblo lo respete y lo respalde. Jesús es la esperanza del pueblo\, y ellos no quieren que el pueblo se dé cuenta de que lo es\, para no perder su liderazgo.\n\nLos sueños de José\, paradójicamente\, se comenzaron a cumplir cuando él fue entregado por sus hermanos. Fue así como llegó a la corte egipcia\, se hizo visir del faraón\, fue encumbrado sobre sus hermanos\, y se convirtió en su «tabla de salvación». De modo semejante\, la propuesta del Padre se cumple a pesar del rechazo de su Hijo por parte de los poderes mundanos\, porque este\, resucitado de la muerte\, fue constituido fuente perenne de salvación para todos sus hermanos. La alternativa del Padre se fundamenta en su propio ser: él es la fuente inagotable de la vida.\nPor eso\, el arma de todos los tiranos (el miedo a la muerte) fracasa frente a él\, porque él derrota la muerte sin matar ni destruir. Jesús ofrece vida a todos\, amigos y enemigos\, cumpliendo así el sueño ancestral de la humanidad: vivir feliz\, convivir en paz y sobrevivir a la muerte. Y eso lo conmemoramos en la eucaristía: que la muerte de Jesús es causa de vida para la humanidad\, porque pone a disposición de todos su Espíritu Santo. Quien acepta su propuesta recibe de él su Espíritu y entra en el reino. Esa aceptación comienza por la fe y se expresa públicamente por medio de los sacramentos\, en particular por la eucaristía.\nFeliz viernes.
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SUMMARY:Sábado de la II semana de Cuaresma. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la profecía de Miqueas (7\,14-15.18-20): \nPASTOREA a tu pueblo\, Señor\, con tu cayado\,\nal rebaño de tu heredad\,\nque anda solo en la espesura\,\nen medio del bosque;\nque se apaciente como antes\nen Basán y Galaad.\nComo cuando saliste de Egipto\,\nles haré ver prodigios.\n¿Qué Dios hay como tú\,\ncapaz de perdonar el pecado\,\nde pasar por alto la falta\ndel resto de tu heredad?\nNo conserva para siempre su cólera\,\npues le gusta la misericordia.\nVolverá a compadecerse de nosotros\,\ndestrozará nuestras culpas\,\narrojará nuestros pecados\na lo hondo del mar.\nConcederás a Jacob tu fidelidad\ny a Abrahán tu bondad\,\ncomo antaño prometiste a nuestros padres. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 102\,1-2.3-4.9-10.11-12 \nR/. El Señor es compasivo y misericordioso \nV/. Bendice\, alma mía\, al Señor\,\ny todo mi ser a su santo nombre.\nBendice\, alma mía\, al Señor\,\ny no olvides sus beneficios. R/. \nV/. Él perdona todas tus culpas\ny cura todas tus enfermedades;\nél rescata tu vida de la fosa\,\ny te colma de gracia y de ternura. R/. \nV/. No está siempre acusando\nni guarda rencor perpetuo;\nno nos trata como merecen nuestros pecados\nni nos paga según nuestras culpas. R/. \nV/. Como se levanta el cielo sobre la tierra\,\nse levanta su bondad sobre los que lo temen;\ncomo dista el oriente del ocaso\,\nasí aleja de nosotros nuestros delitos. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (15\,1-3.11-32): \nEN aquel tiempo\, se acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:\n«Ese acoge a los pecadores y come con ellos».\nJesús les dijo esta parábola:\n«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:\n“Padre\, dame la parte que me toca de la fortuna”.\nEl padre les repartió los bienes.\nNo muchos días después\, el hijo menor\, juntando todo lo suyo\, se marchó a un país lejano\, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.\nCuando lo había gastado todo\, vino por aquella tierra un hambre terrible\, y empezó él a pasar necesidad.\nFue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían ¡os cerdos\, pero nadie le daba nada.\nRecapacitando entonces\, se dijo:\n“Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan\, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré\, me pondré en camino adonde está mi padre\, y le diré: Padre\, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.\nSe levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos\, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y\, echando a correr\, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.\nSu hijo le dijo:\n“Padre\, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.\nPero el padre dijo a sus criados:\n“Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete\, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”.\nY empezaron a celebrar el banquete.\nSu hijo mayor estaba en el campo.\nCuando al volver se acercaba a la casa\, oyó la música y la danza\, y llamando a uno de los criados\, le preguntó qué era aquello.\nEste le contestó:\n“Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado e! ternero cebado\, porque lo ha recobrado con salud”.\nÉl se indignó y no quería entrar\, pero su padre salió e intentaba persuadirlo.\nEntonces él respondió a su padre:\n“Mira: en tantos años como te sirvo\, sin desobedecer nunca una orden tuya\, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio\, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres\, le matas el ternero cebado”.\nEl padre le dijo:\n“Hijo\, tú estás siempre conmigo\, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse\, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”». \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nSábado de la II semana de Cuaresma.\n\nAntes de Jesús\, se consideraba el pecado como una rebelión contra Dios y como una ofensa a su majestad soberana. Por consiguiente\, se pensaba que la reacción de Dios ante el pecado eran la ira y el castigo. Esa concepción de pecado fue superada por él\, quien nos enseñó que el pecado es un fracaso del ser humano y causa de sufrimiento para la sociedad\, y que la reacción del Padre ante nuestro pecado no es la ira que castiga\, sino la compasión que perdona.\n\nLa conversión a la que nos invita la cuaresma es conversión al Padre\, no a cualquier Dios. La representación de un Dios justiciero\, rencoroso\, castigador y vengativo no es compatible con el Padre que Jesús nos revela. Pero esa conversión no nos exige por la fuerza un perdón que no queremos dar; es que la fe en el Padre nos llena del Espíritu Santo y nos estimula a perdonar como nos sentimos perdonados\, sin enfado\, con alegría\, incluso tomando la iniciativa. Perdón a regañadientes no es perdón.\n\n1. Primera lectura (Miq 7\,14-15.18-20).\nUna súplica confiada y un oráculo que pondera la misericordia y la compasión del Señor son los componentes de este fragmento de la oración que cierra con esperanza el libro de Miqueas.\n• La súplica pide que el Señor renueve los prodigios del éxodo: que vuelva él a conducir el pueblo como un pastor que vela por su rebaño. Este pueblo se siente ahora «solitario»\, abandonado; el dominio asirio pesa sobre él con crueldad y está exterminando el Reino del Norte.\n• El oráculo pregunta\, afirma y anuncia:\nPregunta (se pregunta\, e invita a sus conciudadanos a hacer lo mismo) si hay Dios que perdone la culpa y el pecado tal como el Señor lo hace con lo que queda del diezmado pueblo («el resto de su heredad»). La división en dos reinos está produciendo la extinción de uno de ellos.\n\nAfirma que su reprobación («ira») tendrá un límite\, porque él ama la misericordia (se complace en ayudar al abatido). La misericordia del Señor jamás se agota\, y triunfa sobre su «ira». O sea\, el pecado produce consecuencias desastrosas\, pero el Señor no abandona su pueblo.\nY anuncia tres grandes certezas:\n\nPrimera\, que él volverá a compadecerse del que sufre\, como ya lo ha hecho antes. Si una vez se compadeció de ellos cuando eran esclavos en Egipto\, esa compasión es su esperanza de que el Señor volverá a intervenir a su favor\, por pura compasión.\n\nSegunda\, que tratará la culpa y el pecado de Judá como Moisés trató los ejércitos del faraón: los arrojará al fondo del mar; muestra la culpa y el pecado como una realidad opresora\, comparable a las tropas egipcias\, y presenta el perdón como la renovación del éxodo.\nTercera\, que esa actuación ratificará la fidelidad del Señor a su promesa. Dios es leal a Abraham y a sus descendientes porque él es Dios\, y no hombre\, y su promesa\, aunque exige reciprocidad («compromiso»)\, depende de su fidelidad\, no de la de los hombres.\n\n2. Evangelio (Lc 15\,1-3.11-32).\nLa religión excluyente e hipócrita de los letrados y los fariseos se escandaliza al ver la amplia acogida que da Jesús a los recaudadores y descreídos. El concepto que ellos tienen de Dios se ve incompatible con la actuación de Jesús. Este apela a argumentos de razón para darles a entender que Dios se alegra cuando encuentra y recobra al perdido. Ellos deben convertirse a Dios\, y no Dios acomodarse a ellos. Y escenifica en una parábola la realidad que ellos cuestionan:\n\n• Dios es representado por un Padre al cual le importan más las personas que las cosas\, el amor que la Ley\, la libertad que su fortuna\, la dignidad que el prestigio.\n• Los publicanos y descreídos aparecen en la figura del hijo menor (inexperto e irreflexivo) que dilapida sus bienes de forma irresponsable\, pero que\, pese a todo\, no olvida que tiene un padre.\n• Los fariseos y letrados\, representados por la figura del hijo mayor\, se sienten mejores que los publicanos y descreídos\, porque los juzgan autores o cómplices del delito\, y piensan que tienen derecho a distanciarse de ellos.\nLa alegría del Padre es inexplicable para estos últimos\, que reprueban su conducta acogedora en relación con los pecadores. El Padre no solo perdona y celebra; también invita a compartir esta alegría suya por recuperar lo que había perdido:\n• Lo conmueve el fracaso del hijo menor y sale a rescatarlo del mismo\, sin que le preocupen ni la reprobación de su conducta ni el prestigio de su propia dignidad como padre.\n• Le restituye su dignidad de hijo para reintegrarlo a la familia (el calzado\, el anillo y el vestido simbolizan su investidura de hijo)\, indicando así el alcance de su perdón.\n• Sale e invita al hijo mayor a sumarse a la dicha que él siente\, y a abandonar la actitud de siervo que este aduce para justificarse\, procurando así la reconciliación entre los hermanos.\n\nLa conversión al Padre pasa por la aceptación del hermano. El hermano mayor no niega que el menor sea hijo de su padre\, pero se resiste a llamarlo hermano suyo. El padre le hace ver que\, si lo reconoce a él como padre\, tiene que llamar «hermano» al menor. Alegar la propia justicia para negar la fraternidad es pretender limitar la paternidad de ese padre. No podemos pretender ser «santos» individualmente si no aceptamos ser familia santa\, pueblo santo de Dios.\n\nDonde los seres humanos cerramos una puerta\, Dios abre dos. Ambos hijos son objeto de su misericordia\, a ambos les ofrece su ayuda. Pero solo uno reconoce su culpa y su pecado\, y este comprueba que el amor del Padre es ilimitado. Puede darse el caso de que al celebrar la eucaristía el espíritu legalista del letrado\, o el espíritu pietista del fariseo nos induzcan a juzgar y a condenar al hermano que consideramos que está extraviado. Pero\, si al llegar a la fiesta eucarística sentimos que tampoco nos merecemos ese banquete y lo celebramos apoyándonos en la gracia de Dios\, nuestra vida cambiará con cada eucaristía en la que participemos.\nFeliz sábado con María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:III Domingo de Cuaresma. Ciclo C
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Éxodo (3\,1-8a.13-15): \nEn aquellos días\, Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró\, sacerdote de Madián; llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb\, el monte de Dios. El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse.\nMoisés se dijo: «Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable\, a ver cómo es que no se quema la zarza.»\nViendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar\, lo llamó desde la zarza: «Moisés\, Moisés.»\nRespondió él: «Aquí estoy.»\nDijo Dios: «No te acerques; quítate las sandalias de los pies\, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.»\nY añadió: «Yo soy el Dios de tus padres\, el Dios de Abrahán\, el Dios de Isaac\, el Dios de Jacob.» Moisés se tapó la cara\, temeroso de ver a Dios.\nEl Señor le dijo: «He visto la opresión de mi pueblo en Egipto\, he oído sus quejas contra los opresores\, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos de los egipcios\, a sacarlos de esta tierra\, para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa\, tierra que mana leche y miel.»\nMoisés replicó a Dios: «Mira\, yo iré a los israelitas y les diré: “El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros.” Si ellos me preguntan cómo se llama\, ¿qué les respondo?»\nDios dijo a Moisés: «”Soy el que soy”; esto dirás a los israelitas: `Yo-soy’ me envía a vosotros”.»\nDios añadió: «Esto dirás a los israelitas: “Yahvé (Él-es)\, Dios de vuestros padres\, Dios de Abrahán\, Dios de Isaac\, Dios de Jacob\, me envía a vosotros. Éste es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación”.» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 102\,1-2.3-4.6-7.8.11 \nR/. El Señor es compasivo y misericordioso. \nBendice\, alma mía\, al Señor\,\ny todo mi ser a su santo nombre.\nBendice\, alma mía\, al Señor\,\ny no olvides sus beneficios. R/. \nÉl perdona todas tus culpas\ny cura todas tus enfermedades;\nél rescata tu vida de la fosa\ny te colma de gracia y de ternura. R/. \nEl Señor hace justicia\ny defiende a todos los oprimidos;\nenseñó sus caminos a Moisés\ny sus hazañas a los hijos de Israel. R/. \nEl Señor es compasivo y misericordioso\,\nlento a la ira y rico en clemencia;\ncomo se levanta el cielo sobre la tierra\,\nse levanta su bondad sobre sus fieles. R/.\n\n\nSegunda lectura\nLectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (10\,1-6.10-12): \nNo quiero que ignoréis\, hermanos\, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual\, pues bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo. Pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios\, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto. Estas cosas sucedieron en figura para nosotros\, para que no codiciemos el mal como lo hicieron aquéllos. No protestéis\, como protestaron algunos de ellos\, y perecieron a manos del Exterminador. Todo esto les sucedía como un ejemplo y fue escrito para escarmiento nuestro\, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. Por lo tanto\, el que se cree seguro\, ¡cuidado!\, no caiga. \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (13\,1-9): \nEn una ocasión\, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.\nJesús les contestó: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos\, porque acabaron así? Os digo que no; y\, si no os convertís\, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé\, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y\, si no os convertís\, todos pereceréis de la misma manera.»\nY les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña\, y fue a buscar fruto en ella\, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: “Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera\, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?” Pero el viñador contestó: “Señor\, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol\, a ver si da fruto. Si no\, la cortas”.» \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nIII Domingo de Cuaresma. Ciclo C.\n\nEl culto que se le tributa a Dios depende de la forma como se lo concibe. Confundirse en relación con Dios equivale a desacertar en el culto que se le quiere dar. Pero también es posible conocerlo y conocer su designio y\, al mismo tiempo\, pretender darle un culto inapropiado. Por ejemplo\, el pueblo contemporáneo de Jesús tenía claro que el Señor quiere una convivencia justa\, en la que no haya opresión\, ni explotación ni humillación del semejante. Sin embargo\, se debatían entre el ocupante romano\, que los oprimía\, explotaba\, y humillaba\, y el connacional indolente\, que hacía lo mismo y\, para colmo\, se presentaba como respaldado por el Señor y sus leyes.\n\nLos habitantes de Judea se preguntaban cómo darle culto al Señor que los sacó de Egipto: si con la sumisión\, o con la rebelión. Jesús viene a mostrarles la falsedad de ese dilema.\n\nLc 13\,1-9.\nEl texto propuesto para este domingo tiene dos partes: el planteamiento de la situación política de Judea y Galilea\, y una parábola de Jesús que se refiere a dicha situación.\n1. La situación de Galilea y Judea.\nJesús acabó de exhortar a las multitudes a resolver creativamente los conflictos en vez de atenerse a la ley\, y entonces unos de los presentes se refirieron a un hecho de sangre ocurrido en Galilea: unos galileos rebeldes fueron tan salvajemente reprimidos por las tropas romanas que la sangre de las víctimas que ofrecían como sacrificio a Dios se mezcló con la de ellos mismos\, degollados por soldados vestidos de civil. Era una manera de insinuar que Jesús podría tener el mismo final.\nLa cuestión de fondo consiste en determinar si es más fiel a Dios el que se rebela contra los tiranos de turno o el que se les somete. Jesús se refiere a las dos posibilidades:\na) Los galileos.\nPregunta si los galileos que murieron de esa forma tan atroz a manos del ocupante eran «más pecadores que los demás» por haber padecido esa muerte. Y se responde afirmando que no\, y advirtiendo que si sus oyentes no se enmiendan todos perecerán «de modo parecido» (??????). Su respuesta deja dicho que los rebeldes no eran «más pecadores» que el resto de los galileos\, y su advertencia notifica a sus informantes que les espera una suerte semejante si no rectifican las injusticias que se dan entre ellos.\nb) Los jerosolimitanos.\nPero Jesús alude a otro hecho\, y este acaecido en Jerusalén: dieciocho personas perecieron bajo los escombros de la desplomada torre de Siloé. Y pregunta si estos eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén\, la ciudad santa\, en donde los sumos sacerdotes\, los letrados y los fariseos se sometían al gobierno romano a cambio de que los dejara realizar su culto. Responde también afirmando que no\, y advirtiendo que si sus oyentes no se enmiendan todos perecerán «igualmente» (???????). No eran «más pecadores»\, pero para estos los resultados de rehusarse a la enmienda parecen más graves.\nEn definitiva\, tanto los que se rebelan como los que se someten son responsables de injusticia\, y deben enmendarla para evitar la ruina de su sociedad. Tanto el culto de los galileos como el de los jerosolimitanos estaban tranquilizando las conciencias de los que cometían esas injusticias.\n\n2. La parábola de la higuera estéril.\nSi no hay enmienda\, la ruina de la sociedad es inevitable\, no por castigo de Dios\, sino porque la sociedad misma\, con su injusticia se priva de vida. Esto lo ilustra Jesús con una parábola.\nEl «hombre» que «tenía una higuera plantada en su viña» es Dios\, y la «viña» es su pueblo (cf. Is 5\,1-7; Ez 17\,6-10; Sal 80\,9-11). La «higuera» simbolizaba la época de la elección del pueblo y la fidelidad de su respuesta (cf. Os 9\,10)\, antes de la época de la apostasía idólatra. En este caso\, la «higuera estéril» simboliza el aparato político-religioso que traicionó el designio de Dios\, y que le impide a la «viña» dar su fruto\, porque le está menoscabando sus posibilidades («esquilmando la tierra»). Ese aparato será rechazado\, y la viña le será entregado a «otros» (los paganos: cf. Lc 20\,16-19). El «viñador» es Jesús\, quien expresa la misericordia del «hombre» propietario (Dios) más allá del tiempo previsto para que la viña diera frutos («tres años»). El nuevo «año» de plazo es una última oportunidad\, representada en la exhortación a la enmienda («abono») que Jesús les está haciendo. Si las autoridades religiosas del templo no responden a ese llamado\, Dios «cortará» definitivamente su relación con ellas\, porque él no es cómplice de la injusticia.\n\nLa violencia activa de los opresores\, la violencia reactiva de los oprimidos y la pasividad cómplice de los sometidos están arruinando la sociedad. La alternativa es producir frutos de enmienda\, es decir\, el compromiso activo con la justicia\, que cada uno corrija su conducta y deje de señalar a los otros como «más pecadores que los demás»\, que cada uno asuma su responsabilidad y corte su relación con las estructuras de violencia y de indiferencia\, para cultivar su relación con Dios.\n\nEste tiempo de Cuaresma nos invita a cultivar nuestra relación con Dios\, y a revivirla\, si está en período de resequedad espiritual. Este «culto»\, o «cultivo» de dicha relación consiste en hacernos mejores seres humanos para mejorar así nuestra convivencia social. El verdadero culto al Dios liberador y salvador es el compromiso por la libertad y la vida de la humanidad.\nEsa liberación comienza por nuestro interior: liberarnos de las iras que nos hacen fanáticos y de los miedos que nos vuelven sumisos. La salvación se efectúa también en nuestro interior cuando nos abrimos al amor de Dios\, que supera el resentimiento\, y nos da una nueva vida\, que supera el temor a la muerte. Así podemos cultivar nuestra relación de libertad y felicidad con Dios.\n\nCelebramos el domingo como seres libres\, liberados por el Espíritu de Jesús vertido en nuestros corazones\, que nos capacita para amar con libertad\, sin ataduras interiores ni imposiciones desde fuera. Esta libertad para amar así es nuestro mejor homenaje a Dios\, y es el empeño que anima todo el tiempo a las comunidades cristianas\, particularmente en Cuaresma.\nFeliz día del Señor.
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SUMMARY:Lunes de la III semana de Cuaresma. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (7\,10-14;8\,10): \nEn aquel tiempo\, el Señor habló a Acaz: «Pide una señal al Señor\, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.»\nRespondió Acaz: «No la pido\, no quiero tentar al Señor.»\nEntonces dijo Dios: «Escucha\, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres\, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor\, por su cuenta\, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo\, y le pondrá por nombre Emmanuel\, que significa “Dios-con-nosotros”.» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 39\,7-8a.8b-9.10.11 \nR/. Aquí estoy\, Señor\, para hacer tu voluntad \nTú no quieres sacrificios ni ofrendas\,\ny\, en cambio\, me abriste el oído;\nno pides sacrificio expiatorio\,\nentonces yo digo: «Aquí estoy.» R/. \n«Como está escrito en mi libro\npara hacer tu voluntad.»\nDios mío\, lo quiero\,\ny llevo tu ley en las entrañas. R/. \nHe proclamado tu salvación\nante la gran asamblea;\nno he cerrado los labios:\nSeñor\, tú lo sabes. R/. \nNo me he guardado en el pecho tu defensa\,\nhe contado tu fidelidad y tu salvación\,\nno he negado tu misericordia\ny tu lealtad ante la gran asamblea. R/.\n\n\nSegunda lectura\nLectura de la carta a los Hebreos (10\,4-10): \nEs imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados. Por eso\, cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas\, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: “Aquí estoy\, oh Dios\, para hacer tu voluntad.”» Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas\, holocaustos ni victimas expiatorias»\, que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.» Niega lo primero\, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo\, hecha una vez para siempre. \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (1\,26-38):\nA los seis meses\, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret\, a una virgen desposada con un hombre llamado José\, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.\nEl ángel\, entrando en su presencia\, dijo: «Alégrate\, llena de gracia\, el Señor está contigo.»\nElla se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.\nEl ángel le dijo: «No temas\, María\, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo\, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande\, se llamará Hijo del Altísimo\, el Señor Dios le dará el trono de David\, su padre\, reinará sobre la casa de Jacob para siempre\, y su reino no tendrá fin.»\nY María dijo al ángel: «¿Cómo será eso\, pues no conozco a varón?»\nEl ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti\, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel\, que\, a pesar de su vejez\, ha concebido un hijo\, y ya está de seis meses la que llamaban estéril\, porque para Dios nada hay imposible.»\nMaría contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»\nY la dejó el ángel. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nLunes de la III semana de Cuaresma.\n\nLa tercera semana de Cuaresma nos invita al nuevo culto\, el que corresponde a la nueva alianza. Se usa el mismo lenguaje\, casi la misma terminología\, pero con diferente contenido. Los primeros cristianos se dieron cuenta de que los antiguos conceptos cambiaron de significación\, pero a los de hoy puede resultarnos difícil hacer la distinción. En esta semana nos ejercitaremos en eso.\n\nNi la sumisión ni la rebelión armada dan al Dios de Jesús el culto que él quiere\, porque producen víctimas\, y Dios no quiere sacrificios de seres humanos. El culto que se le debe al Dios liberador y salvador consiste en respetar y promover la igual dignidad\, las libertades\, los derechos y deberes de las personas y de los pueblos\, para que Dios tenga en todas partes pueblos dignos\, libres y felices\, es decir\, para que llegue su reinado y se realice en toda la tierra su designio celestial.\n\n1. Primera lectura (2Ry 5\,1-15a).\nEsta historia se desarrolla en dos planos paralelos: el de los hombres de poder y el de las personas de servicio.\n• El general Naamán\, el rey de Siria y el de Israel se desenvuelven en el plano del poder. Naamán es uno de los favoritos del rey de Siria\, autorizado a hablarle al rey mirándolo a los ojos; busca la protección de su rey\, el cual\, por haber obtenido una victoria sobre Israel\, se siente facultado para exigir la curación de su general al rey de Israel\, pero este reconoce que eso está fuera de su competencia y declara así el fracaso del poder ante la enfermedad y la muerte.\nEntre los hombres de poder\, un problema doméstico de salud cutánea puede estallar en conflicto internacional. La enfermedad de Naamán no es «lepra» en el sentido que hoy tiene dicho mal\, ya que eso lo habría inhabilitado para la convivencia social y para el ejercicio de cargos públicos. El rey de Siria no pide un favor\, da una orden y halaga para que se cumpla. El rey de Israel entiende los hechos como una provocación del rey de Siria para demostrar su superioridad.\n• La sierva israelita\, la mujer y los siervos de Naamán\, y Eliseo y su criado\, se mueven en el plano del servicio. Ninguno de ellos apela a su propia capacidad\, sino que todos se remiten a otro\, el Señor. Ellos no llenan los requisitos exigidos por los que confían en que el poder es lo que les garantiza la presencia y actuación de Dios\, en cuyas manos están la vida y la muerte. El profeta no solo habla\, sino que también actúa en nombre del Señor\, transmitiendo vida.\nEntre las personas de servicio\, un favor se le ofrece incluso al enemigo\, un buen consejo se da a cualquiera que lo necesite; quien está en capacidad de hacer el bien\, se ofrece espontáneamente sin reparar en el favorecido\, sino pensando en el honor del Señor. Las personas de servicio hacen el bien y desaparecen de la escena\, sin reclamar méritos ni usurpar el protagonismo del Señor\, y no se lucran personalmente\, aprovechándose de la gratitud de los beneficiados.\nEl general sirio\, que podía hablarle de tú a tú a su rey\, no se atreve a ingresar en la casa de Eliseo. Solo después de curado se atreve a entrar en la casa del profeta\, cuando va a agradecerle. Deponer su orgullo personal y nacional para hacerles caso al mensajero servidor de Eliseo y a sus propios servidores lleva a Naamán a la vida satisfactoria que estaba buscando\, porque no sólo recupera su salud\, sino que descubre al verdadero y único Dios\, y así lo declara.\n\n2. Evangelio (Lc 4\,24-30).\nJesús anuncia el amor universal de Dios y eso provoca la extrañeza de la gente de la sinagoga. Ellos han sido educados con la ilusión de que un día dominarán el mundo\, y no entienden por qué Jesús los quiere igualar a quienes los ha venido sometiendo y explotando. Aquí encontramos también dos planos:\n• El de los históricamente sometidos\, resentidos que quieren invertir el esquema de poder en vez de anularlo: buscan pasar de dominados a dominadores\, y se imaginan que cuentan con el apoyo de Dios para lograr ese cometido. Su resentimiento pesa tanto que no se dan cuenta de que ese dominio es igualmente indeseable para los otros como para ellos. No piensan en una alternativa a ese esquema de poder (dominadores-dominados)\, que resulte satisfactoria para todos\, porque el deseo de desquite ciega su razón. Les parece intolerable que Jesús haya suprimido en el texto de Isaías la amenaza del «día del desquite de nuestro Dios» (cf. Is 6\,2 con Lc 4\,19).\n• Jesús\, el hombre libre y liberador\, no depende de condicionamiento alguno de tipo nacionalista o cultural\, porque procede movido por el Espíritu Santo\, es decir\, lo guía el amor universal del Padre\, por eso busca la salida en la inclusión y la igualdad. Según Jesús\, el amor del Padre no es compatible con ese esquema de poder\, porque todos los seres humanos son objeto de su amor (cf. Lc 2\,14). Por eso\, desautoriza la idea del Dios vengativo y excluyente\, aunque se encuentre en los escritos de los profetas\, ya que esa idea es de origen cultural\, y no pertenece a la revelación divina. Él lo sabe por experiencia directa de Dios\, no por educación en la escuela de la sinagoga\, pues «quién es el Hijo\, lo sabe solo el Padre; quién es el Padre\, lo sabe solo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (Lc 10\,22). Por eso\, afirma con autoridad que el Padre ama a los paganos\, y que no se lo puede honrar con odios y exclusiones.\nEs curioso que los hombres religiosos de la sinagoga se nieguen a admitir esa presentación de Dios y\, en pleno culto\, la rechacen violentamente.\n\nLos planos paralelos de la historia de Naamán se tocan cuando los hombres de poder deponen sus exigencias y se allanan a la condición de seres humanos corrientes. En cambio\, los hombres fanáticos jamás renuncian a su deseo de revancha. Para ellos es más fácil renunciar a Dios y a su amor universal\, que renunciar a satisfacer sus deseos de venganza. Por eso Jesús no tiene cabida entre ellos y lo expulsan a empujones.\nEsto nos pone a pensar que nuestras celebraciones eucarísticas no pueden ser espacios para el fanatismo y\, al mismo tiempo\, para acoger a Jesús. Razón tenía Pablo cuando les advirtió a los corintios que\, en esas circunstancias\, «les resulta imposible comer la cena del Señor» (1Co 11\,20). No es el simple acto ceremonial el que realiza la cena del Señor\, es el amor fraterno y universal en el cual se desarrolla esa cena. Cuidemos que en nuestras asambleas Jesús no sea rechazado de hecho. Démosle culto a Dios con asambleas fraternas y abiertas a la fraternidad universal.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la III semana de Cuaresma. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la profecia de Daniel (3\,25.34-43): \nEN aquellos días\, Azarías\, puesto en pie\, oró de esta forma; alzó la voz en medio del fuego y dijo:\n«Por el honor de tu nombre\,\nno nos desampares para siempre\,\nno rompas tu alianza\,\nno apartes de nosotros tu misericordia.\nPor Abrahán\, tu amigo; por Isaac\, tu siervo;\npor Israel\, tu consagrado;\na quienes prometiste multiplicar su descendencia\ncomo las estrellas del cielo\,\ncomo la arena de las playas marinas.\nPero ahora\, Señor\, somos el más pequeño\nde todos los pueblos;\nhoy estamos humillados por toda la tierra\na causa de nuestros pecados.\nEn este momento no tenemos príncipes\,\nni profetas\, ni jefes;\nni holocausto\, ni sacrificios\,\nni ofrendas\, ni incienso;\nni un sitio donde ofrecerte primicias\,\npara alcanzar misericordia.\nPor eso\, acepta nuestro corazón contrito\ny nuestro espíritu humilde\,\ncomo un holocausto de carneros y toros\no una multitud de corderos cebados.\nQue este sea hoy nuestro sacrificio\,\ny que sea agradable en tu presencia:\nporque los que en ti confían\nno quedan defraudados.\nAhora te seguimos de todo corazón\,\nte respetamos\, y buscamos tu rostro;\nno nos defraudes\, Señor;\ntrátanos según tu piedad\,\nsegún tu gran misericordia.\nLíbranos con tu poder maravilloso\ny da gloria a tu nombre\, Señor». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 24\,4-5ab.6.7bc.8-9 \nR/. Recuerda\, Señor\, tu ternura \nV/. Señor\, enséñame tus caminos\,\ninstrúyeme en tus sendas:\nhaz que camine con lealtad;\nenséñame\, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/. \nV/. Recuerda\, Señor\, que tu ternura\ny tu misericordia son eternas;\nacuérdate de mí con misericordia\,\npor tu bondad\, Señor. R/. \nV/. El Señor es bueno y es recto\,\ny enseña el camino a los pecadores;\nhace caminar a los humildes con rectitud\,\nenseña su camino a los humildes. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (18\,21-35): \nEN aquel tiempo\, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:\n«Señor\, si mi hermano me ofende\, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».\nJesús le contesta:\n«No te digo hasta siete veces\, sino hasta setenta veces siete.\nPor esto\, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas\, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar\, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones\, y que pagara así. El criado\, arrojándose a sus pies\, le suplicaba diciendo:\n“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.\nSe compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar\, perdonándole la deuda. Pero al salir\, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y\, agarrándolo\, lo estrangulaba diciendo:\n“Págame lo que me debes”.\nEl compañero\, arrojándose a sus pies\, le rogaba diciendo:\n“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.\nPero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.\nSus compañeros\, al ver lo ocurrido\, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:\n“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero\, como yo tuve compasión de ti?”.\nY el señor\, indignado\, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.\nLo mismo hará con vosotros mi Padre celestial\, si cada cual no perdona de corazón a su hermano». \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nMartes de la III semana de Cuaresma.\n\nEl «culto» a Dios puede ser ocasión –como de hecho lo es– para ser juzgados y condenados por «los hombres» en la medida en que dicho culto implique una amenaza para la estabilidad de sus costumbres y tradiciones\, o simplemente cuestione sus valores y su mundo de relaciones.\n\nEl ser humano tiene dos maneras de glorificar a Dios:\n1. «Confesando» (reconociendo) sus obras –la creación\, la liberación y la salvación– en favor de la humanidad\, y dándole gracias(«bendiciéndolo») por ellas.\n2. «Confesando» (reconociendo) los propios pecados como infidelidad a la alianza y como causa de los propios males\, y dándole la razón a Dios («glorificándolo»).\nEl culto «en espíritu y verdad»\, propio de los verdaderos adoradores del Padre (cf. Jn 4\,23-24)\, consiste en vivir y convivir teniendo como criterio de juicio y norma de conducta el amor que el Padre nos ha manifestado por medio de su Hijo.\n\n1. Primera lectura (Dan 3\,25.34-43).\nDaniel y sus compañeros fueron preparados para el servicio del rey\, sin tener en cuenta que ellos eran «servidores» del Señor. Daniel («Dios es mi juez»)\, Ananías («el Señor da gracia»)\, Misael («¿quién como Dios?») y Azarías («el Señor es mi ayuda») recibieron otros nombres que delatan la intención de ponerlos al servicio de otro: Daniel\, Belzasar («¡Protege la vida del rey!»); Ananías\, Sidrac («Iluminado por Aku»\, dios acadio); Misael\, Misac («¿Quién como Aku?»); y Abdénago («Siervo de Nebo»\, dios babilonio).\n\nSidrac\, Misac y Abdénago están a punto de ser sometidos a la «la prueba del fuego»\, al juicio de aniquilación («fuego»: pena de muerte) por no admitir el culto al poder\, simbolizado por la efigie del rey (cf. Dan 3\,1-21). Ellos declaran que el culto al Dios vivo no se negocia\, ni siquiera al costo de la propia vida; tienen la promesa de que Dios los protegerá (cf. Is 43\,2)\, pero\, incluso si no lo hiciera\, no rendirán culto al poder.\n\nSometidos a la prueba\, experimentan la protección del Señor. Y entonces Azarías ora al Señor haciéndose vocero de todos los israelitas. Su oración pasa de la confesión de los pecados a la petición de misericordia\, y de esta al propósito de enmienda\, y al final lanza una imprecación contra el enemigo.\n\nLa confesión de los pecados\, basada en las exigencias de la alianza\, reconoce que Dios es justo e inocente\, mientras que al pueblo lo abruman la culpa y la vergüenza. Para pedir la misericordia divina\, apela al honor de Dios\, a su fidelidad a la alianza\, a las promesas hechas a los patriarcas y\, ante todo\, a la triste situación del pueblo. Dado que no tienen oportunidad de ofrecer un culto ritual\, le propone el culto que a él le agrada: «un corazón quebrantado y un espíritu humillado» (cf. Sl 51\,19)\, es decir\, sus designios hechos trizas y su ímpetu dominado por el opresor\, que los han llevado a la conclusión de que Dios tenía la razón. El propósito de enmienda es consecuente: en adelante\, seguirlo de corazón\, respetarlo y buscarlo solo a él.\n\n2. Evangelio (Mt 18\,21-35).\nEl anunciado reinado de Dios se manifiesta como una sorprendente manifestación de inmerecida e inesperada generosidad. Esta experiencia conduce al hombre a no fijarle límites a la generosidad humana\, es decir\, a no anteponer a dicha experiencia sus leyes o sus costumbres. La generosidad de Dios se convierte así en criterio de juicio y norma de conducta: ser generoso como él lo es.\n\nLa parábola que Jesús propone contrasta dos deudas y las actitudes de los respectivos acreedores:\nUna de «diez mil talentos» (más o menos 360.000 kg de plata)\, cifra deliberadamente exagerada que pretende dar la idea de una deuda impagable. Representa la «deuda» del hombre con Dios\, deuda que\, ante todo\, es de gratitud por la vida y todas sus demás bendiciones. De hecho\, una deuda tan considerable corresponde a una generosidad que jamás tuvo en cuenta la capacidad de reembolso del deudor. Así pondera Jesús la magnitud de la gracia divina.\n\nOtra de «cien denarios». El denario era el valor de un día de trabajo (cf. Mt 20\,2). En números cerrados: tres meses y diez días de jornal\, una deuda razonable. Representa la deuda del hombre con su prójimo\, es decir\, el debido respeto por el derecho ajeno según las exigencias de la alianza con Dios. Esto es lo que todo ser humano le «debe» a su semejante. En la perspectiva cristiana\, esta «deuda» se expresa en términos de amor (cf. Rom 13\,8; 1Jn 4\,11).\nEl término «deuda» denota una obligación que una persona contrae libremente con otra\, sin que esto implique sentimiento alguno de hostilidad entre ellas\, distinto de «ofensa»\, que indica que\, al menos\, una de las partes se siente injuriada. Esto no siempre se tiene en cuenta en la traducción del padrenuestro\, en donde se habla de «deudas» y no de «ofensas» (cf. Mt 6\,12).\nDespués\, Jesús contrasta la ilimitada generosidad del «rey» (el Padre: cf. v. 35) con la insensible mezquindad del «compañero» (su «hermano»: v. 35)\, haciendo ver que la culpa de este consiste en no haber reproducido y prolongado la compasión de la que fue objeto.\nEl culto que el Padre «busca» y quiere encontrar es la imitación de su amor por parte de sus hijos\, no la elaboración de una casuística que le ponga límites a ese amor.\n\n«Perdón»\, en español\, es un término compuesto por un prefijo («per») y un sustantivo («don»). En este caso\, el prefijo indica intensidad\, como en «perdurar» o «perseguir». Por consiguiente\, «perdonar» denota la acción de hacer un don y connota la calidad exuberante de ese don\, porque perdonar no es solo dar\, sino también darse. Este don de sí mismo es lo que hace que el perdón sea culto «en espíritu y verdad»\, digno de un discípulo de Jesús y de un hijo de Dios.\nNegarse a perdonar es negarse a comunicar el amor desbordante de Dios y\, por eso mismo\, a recibirlo; quien se rehúsa a perdonar se priva de ser perdonado\, porque se cierra al amor\, de modo que se condena a sí mismo a la cárcel en la que confina a los demás. Abrirse a ese perdón es prestarse para que el amor de Dios llegue a otros a través nuestro.\n\nAl recibir a Jesús en la eucaristía\, después de orar con el padrenuestro y de darnos el abrazo de la paz\, tenemos eso presente. Recordamos que la reconciliación con Dios pasa por la paz con el hermano (cf. Mt 5\,23-24).\nFeliz martes.
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DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la profecia de Daniel (3\,25.34-43): \nEN aquellos días\, Azarías\, puesto en pie\, oró de esta forma; alzó la voz en medio del fuego y dijo:\n«Por el honor de tu nombre\,\nno nos desampares para siempre\,\nno rompas tu alianza\,\nno apartes de nosotros tu misericordia.\nPor Abrahán\, tu amigo; por Isaac\, tu siervo;\npor Israel\, tu consagrado;\na quienes prometiste multiplicar su descendencia\ncomo las estrellas del cielo\,\ncomo la arena de las playas marinas.\nPero ahora\, Señor\, somos el más pequeño\nde todos los pueblos;\nhoy estamos humillados por toda la tierra\na causa de nuestros pecados.\nEn este momento no tenemos príncipes\,\nni profetas\, ni jefes;\nni holocausto\, ni sacrificios\,\nni ofrendas\, ni incienso;\nni un sitio donde ofrecerte primicias\,\npara alcanzar misericordia.\nPor eso\, acepta nuestro corazón contrito\ny nuestro espíritu humilde\,\ncomo un holocausto de carneros y toros\no una multitud de corderos cebados.\nQue este sea hoy nuestro sacrificio\,\ny que sea agradable en tu presencia:\nporque los que en ti confían\nno quedan defraudados.\nAhora te seguimos de todo corazón\,\nte respetamos\, y buscamos tu rostro;\nno nos defraudes\, Señor;\ntrátanos según tu piedad\,\nsegún tu gran misericordia.\nLíbranos con tu poder maravilloso\ny da gloria a tu nombre\, Señor». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 24\,4-5ab.6.7bc.8-9 \nR/. Recuerda\, Señor\, tu ternura \nV/. Señor\, enséñame tus caminos\,\ninstrúyeme en tus sendas:\nhaz que camine con lealtad;\nenséñame\, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/. \nV/. Recuerda\, Señor\, que tu ternura\ny tu misericordia son eternas;\nacuérdate de mí con misericordia\,\npor tu bondad\, Señor. R/. \nV/. El Señor es bueno y es recto\,\ny enseña el camino a los pecadores;\nhace caminar a los humildes con rectitud\,\nenseña su camino a los humildes. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (18\,21-35): \nEN aquel tiempo\, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:\n«Señor\, si mi hermano me ofende\, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».\nJesús le contesta:\n«No te digo hasta siete veces\, sino hasta setenta veces siete.\nPor esto\, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas\, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar\, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones\, y que pagara así. El criado\, arrojándose a sus pies\, le suplicaba diciendo:\n“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.\nSe compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar\, perdonándole la deuda. Pero al salir\, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y\, agarrándolo\, lo estrangulaba diciendo:\n“Págame lo que me debes”.\nEl compañero\, arrojándose a sus pies\, le rogaba diciendo:\n“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.\nPero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.\nSus compañeros\, al ver lo ocurrido\, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:\n“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero\, como yo tuve compasión de ti?”.\nY el señor\, indignado\, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.\nLo mismo hará con vosotros mi Padre celestial\, si cada cual no perdona de corazón a su hermano». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMiércoles de la III semana de Cuaresma.\n\nLos descendientes de Abraham sabían que el cumplimiento de la promesa estaba vinculado de por sí al culto exclusivo al Señor y al consiguiente abandono de los ídolos (cf. Dt 4\,3-4). De ahí la urgencia de ser fieles a la alianza\, y de no tratar de acomodar sus exigencias a gustos particulares (cf. Dt 4\,2). La idolatría –la prostitución ritual en particular–\, provoca la reprobación del Señor y la muerte de los idólatras\, es decir\, una guerra intestina y externa (cf. Dt 4\,3; Nm 25\,1-18). Las cláusulas de la alianza no son para saber sino para vivir.\n\nPero la Ley era provisional\, para el estadio inmaduro de la humanidad. Cumplidas las promesas\, comienza otra etapa\, la del hombre maduro\, en la que el culto no es ritual sino existencial\, vital; no por una exigencia exterior\, sino por un impulso interior; no por temor\, sino por amor.\n\n1. Primera lectura (Dt 4\,1.5-9).\nLa promesa hecha a los antepasados de heredar la tierra «que mana leche y miel» se cumplió. El pueblo se define por la escucha de la palabra del Señor\, y esta escucha se verifica en la práctica de la misma; así el pueblo tendrá vida y poseerá la tierra.\nTodo lo que el Señor mandó guardar es garantía para una convivencia justa en la tierra prometida.\n• Cumpliendo sus mandatos y decretos\, los israelitas serán un pueblo famoso por su sabiduría y por la prudencia de su conducta. Es notable el énfasis que se pone en la praxis de los «mandatos y decretos»\, que es la síntesis de las cláusulas de la alianza\, exigencias de convivencia. Sabiduría y prudencia son cualidades valoradas en el entorno internacional\, cultivadas y apreciadas por los pueblos. Israel exhibirá una sabiduría y una prudencia recibidas del Señor que le darán renombre entre las naciones y lo harán admirable a los ojos de los otros pueblos.\n• Ningún pueblo tiene con sus ídolos una relación tan íntima y efectiva como los israelitas la tienen con el Señor. El Señor está cerca de Israel (cf. Dt 30\,14) y su palabra es accesible. Pueden conocer sus designios\, recibir sus orientaciones\, obtener respuesta a sus peticiones\, escucharlo y hablarle\, porque él no está lejos\, está en medio de su pueblo (cf. Dt 6\,15; 7\,21). Él es diferente de los dioses de los pueblos\, porque Israel mantiene permanente comunicación con él.\n• Ninguna nación exhibe una legislación tan justa para convivir como la que les dio el Señor por medio de Moisés. Las acciones liberadora y salvadoras del Señor son el argumento convincente para urgir la observancia de esos «mandatos y decretos»\, ya que «esta ley» no solo regula de modo admirable las relaciones del pueblo con su Dios y de los miembros del pueblo entre sí\, sino que establece un vínculo imprescindible entre el culto a Dios y la justa convivencia entre ellos.\n\nPero la elección no es un privilegio para presumir\, es una responsabilidad de los contemporáneos y de los futuros miembros del pueblo. Los sucesos que constituyeron el pueblo muestran que el Señor es un Dios que no tolera la opresión. Eso no hay que olvidarlo\, sino recordarlo. Y por eso deben cuidarse de caer en la idolatría (cf. Dt 4\,10-20).\n\n2. Evangelio (Mt 5\,17-19).\nJesús declara que no vino a echar abajo «la Ley y los profetas» (entendidos como un todo)\, o sea\, no vino a defraudar la promesa de liberación y salvación contenida en el Antiguo Testamento\, sino a cumplir en plenitud dicha promesa. Él no habla de «observar» la Ley\, sino de «cumplir» plenamente la promesa de Dios. Y el cumplimiento de la promesa depende de la aceptación de esos «mandamientos mínimos» que son las bienaventuranzas.\n• Quien se exima de ellas y les enseñe a otros a eximirse de ellas\, será irrelevante para la nueva y definitiva humanidad («el reino de los cielos»\, el reino universal). La acción liberador y salvadora de Dios no se realiza por una intervención de dominio\, sino por la aceptación libre de su reinado amando –como él– a los excluidos de la sociedad humana y poniéndose de su parte. Quien no asuma esta actitud se niega a aceptarlo como rey\, y\, por consiguiente\, no entra en su reino. No se trata de que Dios excluya\, es el hombre el que se excluye a sí mismo.\n• Quien les dé cumplimiento y les enseñe a otros a cumplirlas\, será relevante para formar la nueva humanidad. La aceptación de Dios como Padre no es teórica sino vital\, haciéndose «hijo» suyo\, es decir\, imitador de su conducta. Esto entraña el profundo y gozoso anhelo de realizar siempre el designio del Padre: la humanidad libre y dichosa. Por eso\, acepta su reinado\, entra en su reino y se dedica a construirlo en el espíritu de las bienaventuranzas\, los «mandamientos mínimos» de la nueva alianza\, es decir\, las exigencias mínimas de la nueva relación con Dios.\n\nEl paralelo que la celebración de la palabra hoy establece entre estas palabras de Jesús y el texto del Deuteronomio propuesto como primera lectura nos induce a pensar que hay una idolatría que se opone a la praxis de las bienaventuranzas. En general\, esa idolatría consiste en el legalismo de los letrados y en la piedad exhibicionista de los fariseos (cf. Mt 5\,21-6\,18). En concreto\, es la idolatría de la riqueza\, «servir al dinero» (Mt 6\,24). Esa idolatría arruina la vida y la convivencia humanas (cf. Mt 6\,25-34).\n\nSi el pueblo de Abraham se distinguía por su alianza con el Señor\, y lo honraba con la observancia de la Ley\, la Iglesia de Jesús se distingue por su relación con el Padre por medio del Hijo\, y le da culto viviendo su reinado y construyendo su reino en el fiel cumplimiento de la promesa por la praxis de las bienaventuranzas\, transmitiendo esta nueva vida a todos los pueblos\, bautizándolos el nombre del Padre\, y del Hijo\, y del Espíritu Santo\, y enseñándoles a guardar todo lo que Jesús nos «mandó» (cf. Mt 28\,19-20). Así que esos «mandamientos mínimos» son la «sabiduría» de los cristianos y nuestra forma de vivir la intimidad con Dios y de convivir como pueblo de la alianza.\n\nSin las bienaventuranzas\, la fe cristiana no se distinguiría de las religiones paganas\, la comunidad cristiana no sería diferente de cualquier sociedad de mutua ayuda\, y la santidad cristiana no sería mejor que el narcisismo autorreferencial que cultivan algunas espiritualidades de corte farisaico. Las bienaventuranzas le dan sentido al reinado de Dios y contenido al reino que formamos.\n\nEsa es nuestra identidad cristiana\, y nuestra propia forma de darle culto al Padre. La eucaristía nos configura con Jesús y nos fortalece con su Espíritu para darle al Padre ese culto «auténtico»\, distanciándonos del «mundo este» por nuestro cambio de mentalidad (cf. Rom 12\,1-2; Col 3\,3).\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Jueves de la III semana de Cuaresma. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de Jeremías (7\,23-28): \nESTO dice el Señor:\n«Esta fue la orden que di a mi pueblo:\n“Escuchad mi voz\, Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo. Seguid el camino que os señalo\, y todo os irá bien”.\nPero no escucharon ni hicieron caso. Al contrario\, caminaron según sus ideas\, según la maldad de su obstinado corazón. Me dieron la espalda y no la cara.\nDesde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy\, os envié a mis siervos\, los profetas\, un día tras otro; pero no me escucharon ni me hicieron caso. Al contrario\, endurecieron la cerviz y fueron peores que sus padres.\nYa puedes repetirles este discurso\, seguro que no te escucharán; ya puedes gritarles\, seguro que no te responderán. Aun así les dirás:\n“Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor\, su Dios\, y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad\, se la han arrancado de la boca”». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 94\,1-2.6-7.8-9 \nR/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:\n«No endurezcáis vuestro corazón»  \nV/. Venid\, aclamemos al Señor\,\ndemos vítores a la Roca que nos salva;\nentremos a su presencia dándole gracias\,\naclamándolo con cantos. R/. \nV/. Entrad\, postrémonos por tierra\,\nbendiciendo al Señor\, creador nuestro.\nPorque él es nuestro Dios\,\ny nosotros su pueblo\,\nel rebaño que él guía. R/. \nV/. Ojalá escuchéis hoy su voz:\n«No endurezcáis el corazón como en Meribá\,\ncomo el día de Masá en el desierto;\ncuando vuestros padres me pusieron a prueba\ny me tentaron\, aunque habían visto mis obras». R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (11\,14-23): \nEN aquel tiempo\, estaba Jesús echando un demonio que era mudo.\nSucedió que\, apenas salió el demonio\, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada\, pero algunos de ellos dijeron:\n«Por arte de Belzebú\, el príncipe de los demonios\, echa los demonios».\nOtros\, para ponerlo a prueba\, le pedían un signo del cielo. Él\, conociendo sus pensamientos\, les dijo:\n«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si\, pues\, también Satanás se ha dividido contra sí mismo\, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero\, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú\, vuestros hijos\, ¿por arte de quién los echan? Por eso\, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero\, si yo echo los demonios con el dedo de Dios\, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.\nCuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio\, sus bienes están seguros\, pero\, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence\, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín.\nEl que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama». \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nJueves de la III semana de cuaresma.\n\nEl culto «en espíritu y verdad» (Jn 4\,23.24) se basa en la fe y se manifiesta en un amor universal\, gratuito y fiel que imita el de Dios (lunes\, martes y miércoles). Dicha fe\, a su vez\, se basa en la escucha atenta\, reflexiva y responsable de la palabra de Dios.\n\n«¿Quiere el Señor sacrificios y holocaustos\, o quiere el Señor que lo escuchen?» (1Sm 15\,22). Contraponer el culto ritual a la escucha implica subordinar el primero a la segunda. Esa es la regla de la fidelidad establecida y reiterada por los profetas. En el Nuevo Testamento se resuelve ese dilema haciendo ver que el culto consiste en escuchar\, y que la escucha se verifica llevando a la práctica la palabra del Señor.\n\n1. Primera lectura (Jer 7\,23-28).\nEl capítulo 7 es un largo oráculo en l que el profeta denuncia la perversión de juntar injusticia y culto como si no fueran realidades recíprocamente excluyentes. Y hace ver que el Señor se opone a que el profeta interceda por el pueblo\, porque este lo disgusta con el culto a los ídolos que les sirve de pretexto para atropellar a sus semejantes (cf. Jer 7\,1-20).\n\nEste fragmento pertenece a un oráculo en el que El Señor advierte: «…cuando saqué a sus padres de Egipto no les ordené ni hablé de holocaustos y sacrificios» (Jer 7\,22; cf. Is 1\,11; Am 5\,25; Sal 51\,18). El profeta contrapone culto e injusticia. No se puede cometer la injusticia so pretexto de que el culto la subsana. Por eso aclara:\n• La orden que dio el Señor fue que escucharan y siguieran el camino señalado por él (el camino del éxodo: cf. Jr 11\,4); así serían él su Dios y ellos su pueblo. Siguiendo ese camino serían felices. Esta escucha se verifica en la puesta en práctica de la palabra del Señor.\n• Pero ellos no escucharon\, siguieron sus planes y le dieron la espalda al Señor en vez de darle la cara. «Dar la espalda» significa apartar de la vista\, ignorar; «dar la cara»\, entablar una relación leal y transparente. No escuchar implica traicionar la alianza pactada.\n• Ha sido inútil el envío constante de profetas: nunca quisieron escuchar. Después de que él los liberó de la esclavitud\, el Señor les ha venido hablando incesantemente por medio de los profetas; no hay razón para no escuchar\, pero ellos han sido más tercos que sus antepasados.\n• Incluso ahora siguen empeñados en no escuchar. No escucharán ni si el profeta les repitiera sus oráculos\, no responderán ni si les gritara. En vez de ser el pueblo que se caracterizara por la escucha de la palabra que los hace sabios\, se obstinan en su insensatez.\n• La sinceridad ha sido extirpada de su boca. Sin palabra del Señor en los oídos\, no hay verdad en sus labios. Ya no se podrán presentar como el pueblo de la escucha y de la praxis de la palabra del Señor. Por eso su culto carece de valor y es inaceptable.\nEn síntesis\, el pueblo\, en lugar de avanzar\, ha retrocedido. En tanto que los dioses de los pueblos son mudos\, el Señor habla\, pero eso de nada ha servido\, porque ellos se volvieron a los ídolos y no escucharon la voz del Señor.\n\n2. Evangelio (Lc 11\,14-23).\nEl Antiguo Testamento llama «demonios» a ídolos a los que se les ofrecen sacrificios humanos (cf. Sal 106\,36-37). «Demonio» connota\, así\, idolatría y violencia. La violencia («demonio») anula la capacidad de diálogo («mudo»). Jesús libera al hombre de la violencia (expulsa el demonio) y lo capacita para el diálogo («habló el mudo»). Entonces surgen las reacciones ante este hecho:\n• Las multitudes se admiran. El pueblo raso reacciona positivamente a la acción de Jesús. Esto ya implica un cierto «plebiscito» a favor suyo. La mayoría del pueblo mira con aprobación esa actividad liberadora de Jesús. Los necesitados de libertad y vida reconocen que las obras de Jesús cumplen la esperada promesa del Dios del éxodo.\n• Pero algunos «de ellos» no quieren admitir que el Señor\, el Dios del éxodo\, actúa por medio de él\, y por eso le atribuyen a magia («Belcebú») la acción de Jesús. La actividad liberadora de Jesús lesiona sus intereses\, y por eso ellos lo descalifican. No pueden permitir que en el pueblo se abra paso la idea de que Dios actúa ahora a través de este incómodo profeta.\n• Otros reconocen que dicha acción es –ciertamente– liberadora\, pero piensan que no tiene las características de poder que los letrados atribuían a las «proezas» de Moisés. Por eso lo «tientan» pidiéndole una señal –según sus exigencias– «de origen celestial». Según ellos\, no basta la acción liberadora\, se requiere\, como garantía divina\, una demostración de poder.\nJesús descubre sus intenciones (??????????: aquí no se trata de pensamientos abstractos). Dado que él con su actividad lesiona sus intereses\, se proponen que el pueblo lo mire como opuesto a Dios. Hay que hacer una distinción para comprender mejor: «Belcebú» es el nombre del dios de los cananeos; significa «señor de la morada (alta)»\, pero los judíos lo llamaban en arameo con un nombre que sonaba parecido\, y que significaba «señor de las moscas»\, o «señor del estercolero». «Satanás» es un nombre hebreo que significa «acusador»\, y a veces «fiscal»\, asignado al enemigo del hombre. Por eso\, Jesús replica primero la acusación central\, la de que él recurre a la magia:\n• Es absurdo conjeturar que el adversario de Dios y del hombre («Satanás») esté en contra de sí mismo\, eso lo debilitaría. No tiene sentido que Jesús\, practicando magia («Belcebú»)\, se ponga al servicio del poder adversario («Satanás») debilitando así su influjo sobre las personas.\n• La acusación de magia se vuelve en contra de ellos\, porque ellos tienen discípulos que también combaten la violencia (expulsan «demonios»). Si Jesús lo hace recurriendo a la magia\, entonces también ellos y sus discípulos hacen lo mismo.\n• Si –como lo hicieron las multitudes– se hubieran dado cuenta de que en Jesús está la fuerza misma de Dios («el dedo de Dios»: cf. Ex 8\,15) que desacreditó a los magos egipcios\, tendrían que admitir que el reinado de Dios ha llegado por medio de él.\n• El «hombre fuerte» (???????) que cuida su «patio» (????: cf. Lc 22\,55) representa el estamento dirigente que se fía del dominio ideológico que ejerce sobre el pueblo. En cambio\, el «más fuerte» (???????????: cf. Lc 3\,16) es Jesús\, que inutiliza ese dominio ideológico y «pone en libertad a los oprimidos» (cf. Lc 4\,18).\n• No estar de parte de Jesús es oponerse a los valores que él encarna\, y\, por tanto\, renunciar a la plenitud humana que él ofrece; no recoger con él la cosecha (cf. Lc 3\,17) es oponerle resistencia a la obra de Dios\, y\, por tanto\, exponerse al fracaso.\n\n«Escuchar» va más allá de «oír». Es tener la apertura suficiente para descubrir la obra liberadora y salvadora de Dios más allá de las apariencias\, interpretando de forma correcta que Dios actúa donde el amor desacredita cualquier poder opresor. Ese amor «escucha» al Señor. En cambio\, no «escucha» ese culto que se usa como coartada para eximirse del amor\, o para hacerse cómplice del poder opresor; es signo de que la sinceridad ha sido extirpada. Llamar «obra de Dios» a lo que es obra del diablo\, porque engaña y violenta al ser humano\, o viceversa\, llamar «obra del diablo» lo que libera al ser humano\, es otra manera de negarse a escuchar.\n\nCelebrar la eucaristía es una ocasión propicia para escuchar la palabra de Dios; recibir la eucaristía es una forma privilegiada de escuchar\, porque así nos hacemos solidarios («un solo cuerpo») con Jesús\, que es la Palabra encarnada\, hecha hombre. Dios habla en Jesús\, y al acoger a Jesús con fe escuchamos al Padre.\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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SUMMARY:Viernes de la III semana de Cuaresma. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\n\n\n\n\nLectura de la profecía de Oseas (14\,2-10): \nESTO dice el Señor:\n«Vuelve\, Israel\, al Señor tu Dios\,\nporque tropezaste por tu falta.\nTomad vuestras promesas con vosotros\,\ny volved al Señor.\nDecidle: “Tú quitas toda falta\,\nacepta el pacto.\nPagaremos con nuestra confesión:\nAsiria no nos salvará\,\nno volveremos a montar a caballo\,\ny no llamaremos ya ‘nuestro Dios’\na la obra de nuestras manos.\nEn ti el huérfano encuentra compasión”.\n“Curaré su deslealtad\,\nlos amaré generosamente\,\nporque mi ira se apartó de ellos.\nSeré para Israel como el rocío\,\nflorecerá como el lirio\,\nechará sus raíces como los cedros del Líbano.\nBrotarán sus retoños\ny será su esplendor como el olivo\,\ny su perfume como el del Líbano.\nRegresarán los que habitaban a su sombra\,\nrevivirán como el trigo\,\nflorecerán como la viña\,\nserá su renombre como el del vino del Líbano.\nEfraín\, ¿qué tengo que ver con los ídolos?\nYo soy quien le responde y lo vigila.\nYo soy como un abeto siempre verde\,\nde mí procede tu fruto”.\n¿Quién será sabio\, para comprender estas cosas\,\ninteligente\, para conocerlas?\nPorque los caminos del Señor son rectos:\nlos justos los transitan\,\npero los traidores tropiezan en ellos». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 80\,6c-8a.8bc-9.10-11ab.14.17 \nR/. Yo soy el Señor\, Dios tuyo: escucha mi voz \nV/. Oigo un lenguaje desconocido:\n«Retiré sus hombros de la carga\,\ny sus manos dejaron la espuerta.\nClamaste en la aflicción\, y te libré. R/. \nV/. Te respondí oculto entre los truenos\,\nte puse a prueba junto a la fuente de Meribá.\nEscucha\, pueblo mío\, doy testimonio contra ti;\n¡ojalá me escuchases\, Israel! R/. \nV/. No tendrás un dios extraño\,\nno adorarás un dios extranjero;\nyo soy el Señor\, Dios tuyo\,\nque te saqué del país de Egipto. R/. \nV/. ¡Ojalá me escuchase mi pueblo\ny caminase Israel por mi camino!\nLos alimentaría con flor de harina\,\nlos saciaría con miel silvestre». R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (12\,28b-34): \nEN aquel tiempo\, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:\n«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».\nRespondió Jesús:\n«El primero es: “Escucha\, Israel\, el Señor\, nuestro Dios\, es el único Señor: amarás al Señor\, tu Dios\, con todo tu corazón\, con toda tu alma\, con toda tu mente\, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».\nEl escriba replicó:\n«Muy bien\, Maestro\, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón\, con todo el entendimiento y con todo el ser\, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».\nJesús\, viendo que había respondido sensatamente\, le dijo:\n«No estás lejos del reino de Dios».\nY nadie se atrevió a hacerle más preguntas. \nPalabra del Señor \n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general
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DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la profecía de Oseas (6\,1-6): \nVAMOS\, volvamos al Señor.\nPorque él ha desgarrado\,\ny él nos curará;\nél nos ha golpeado\,\ny él nos vendará.\nEn dos días nos volverá a la vida\ny al tercero nos hará resurgir;\nviviremos en su presencia\ny comprenderemos.\nProcuremos conocer al Señor.\nSu manifestación es segura como la aurora.\nVendrá como la lluvia\,\ncomo la lluvia de primavera\nque empapa la tierra».\n¿Qué haré de ti\, Efraín\,\nqué haré de ti\, Judá?\nVuestro amor es como nube mañanera\,\ncomo el rocío que al alba desaparece.\nSobre una roca tallé mis mandamientos;\nlos castigué por medio de los profetas\ncon las palabras de mi boca.\nMi juicio se manifestará como la luz.\nQuiero misericordia y no sacrificio\,\nconocimiento de Dios\, más que holocaustos. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 50\,3-4.18-19.20-21ab \nR/. Quiero misericordia\, y no sacrificios \nV/. Misericordia\, Dios mío\, por tu bondad\,\npor tu inmensa compasión borra mi culpa;\nlava del todo mi delito\,\nlimpia mi pecado. R/. \nV/. Los sacrificios no te satisfacen:\nsi te ofreciera un holocausto\, no lo querrías.\nEl sacrificio agradable a Dios\nes un espíritu quebrantado;\nun corazón quebrantado y humillado\,\ntú\, oh\, Dios\, tú no lo desprecias. R/. \nV/. Señor\, por tu bondad\, favorece a Sión\,\nreconstruye las murallas de Jerusalén:\nentonces aceptarás los sacrificios rituales\,\nofrendas y holocaustos. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (18\,9-14): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:\n«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro\, publicano. El fariseo\, erguido\, oraba así en su interior:\n“Oh\, Dios!\, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones\, injustos\, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”.\nEl publicano\, en cambio\, quedándose atrás\, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo\, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “Oh\, Dios!\, ten compasión de este pecador”.\nOs digo que este bajó a su casa justificado\, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado\, y el que se humilla será enaltecido». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nSábado de la III semana de cuaresma.\n\nEsta semana nos ha conducido a preguntarnos por qué la insistencia en poner a un lado el falso culto y al otro el auténtico. La respuesta está en que lo mismo que sucede con la hipocresía y la sinceridad. La hipocresía destruye las relaciones humanas\, en cambio la sinceridad las cultiva y las hace crecer. El falso culto genera la engañosa impresión de que todo está bien en la relación con Dios y con la humanidad. Y resulta que esa falsedad disfraza de piedad el vacío de Dios y pretende legitimar la injusticia social.\n\nEl gran problema de la hipocresía religiosa es su persistente ceguera. El «fariseo» de todo tiempo vive engañado pensando que es un ser perfecto\, y por eso los demás deberían tenerlo como un modelo de conducta\, y Dios está en permanente deuda de reconocimiento con él. Este «fariseo» se siente incluso con derecho a reclamarle a Dios el reconocimiento de su perfección\, y el premio que corresponde a su ilusoria rectitud.\n\n1. Primera lectura (Os 6\,1-6).\nEl profeta acaba de anunciar que Dios se repliega hasta que el pueblo declare su culpa y lo busque (cf. Os 5\,15). Es una manera de hacer ver el respeto de Dios por la libertad del pueblo\, y que la relación entre ambos es consensual\, no forzada.\n\nEl pueblo\, impactado por el anuncio de abandono\, declara volver al Señor\, pero no manifiesta intención de convertirse a él\, sino que espera que Dios reaccione de una manera mecánica\, como los ciclos naturales. Da la impresión de no creer en el Señor (el Dios de la historia) sino en los cultos de la naturaleza propios de los paganos\, o\, al menos\, parece que esos cultos han influido tanto en el pueblo que este terminó pensando del Señor lo mismo que los paganos de sus dioses:\n• «Él nos despedazó y nos sanará…» parece que hablara de la acción de Dios como conciben las cosas los cultos del eterno retorno. Piensan que no se precisa cambio alguno de parte del pueblo; todo se hace solo\, mecánicamente\, o Dios solo se encarga de todo.\n• «En dos días nos hará revivir…» expresión que suena a «en un dos por tres» (o sea\, «¡en un ya!») él nos restablecerá». Las cosas suceden por inercia\, es cuestión de aguardar\, nada más. Si lo anterior era la mecánica\, esto se refiere al tiempo del ciclo natural.\n• «Esforcémonos por conocer al Señor». El conocimiento del Señor ya no consiste en la práctica del derecho y la justicia\, sino el ritmo previsible de los fenómenos de la naturaleza. No se percibe aquí una relación personal\, sino una cuestión de erudición escolar.\nDios –por medio del profeta– responde en los términos que ellos entienden:\n• El amor que ellos declaran es superficial y efímero\, porque le falta consistencia.\n• Por eso les resultan hirientes la palabra de los profetas y el juicio claro del Señor.\n• Él prefiere la lealtad al culto ritual\, la práctica del derecho y la justicia a los holocaustos.\n\n2. Evangelio (Lc 18\,9-14).\nNo se trata de que Dios rechace el culto\, de lo que se trata es de que no llama «culto» a cualquier rito religioso. La parábola que refiere Jesús está motivada en la falacia de quienes se consideran intachables\, exhiben su presunta impecabilidad y desprecian a los demás\, porque los consideran inferiores a ellos\, pensando que los otros son los únicos pecadores; se contraponen a quienes sí se sienten pecadores\, se avergüenzan de su pecado\, lo reconocen y esperan el perdón de Dios.\n2.1. El falso culto (el fariseo).\nParte de la suposición de que tiene derecho a despreciar a los demás\, porque él es mejor. Además:\n• Su actitud es arrogante\, altanera\, indicada por su postura («se plantó»).\n• Dios resulta ser mero espectador de sus pretensiones de santidad.\n• Su piedad (ayuno\, diezmo) es «excesiva»\, va más allá de lo exigido\, para presumir de ella.\n2.2. El culto auténtico (el recaudador).\nToma conciencia de su propia realidad ante Dios sin compararse con los demás. Por eso:\n• Reconoce que el santo es Dios\, por lo que guarda su distancia con respecto de él.\n• Admite y declara su injusticia\, de la cual se vergüenza\, sin atreverse a mirar a Dios.\n• Se arrepiente y confía en el amor compasivo de Dios\, y espera ser perdonado por él.\nSegún Jesús\, el culto auténtico entabla relación con Dios\, el falso no; el falso culto no reconoce responsabilidad ante el prójimo; el auténtico no puede prescindir de dicha responsabilidad. Pero Jesús deja entender que el fariseo está tan engañado que ni siquiera puede darse cuenta de que su relación con Dios es ficticia mientras persista en su actitud despectiva frente al otro. Porque el soberbio se condena a no crecer y vive confinado en sí mismo\, pero el humilde se abre a esa posibilidad\, cree y crece.\n\nSegún Jesús\, hay dos maneras de concebir el culto a Dios que son totalmente opuestas entre sí. Y la oposición no radica en la actitud más o menos positiva del hombre frente a Dios\, sino a la mayor o menor responsabilidad el hombre ante sus semejantes. El sello de autenticidad del culto –no podía ser de otra manera– es el amor al ser humano\, y tanto más auténtico será el culto que se le tribute a Dios cuanto mayor compromiso de amor refleje a favor de la humanidad.\n\nEl culto auténtico «cultiva» una positiva relación con Dios mediante una relación de convivencia humana justa y cada vez más constructiva. La oposición que hace el profeta entre misericordia y sacrificio\, o la que hace Jesús entre bajar rehabilitado y bajar sin rehabilitación\, se basan en lo mismo: el culto solo resulta aceptable por Dios cuando se traduce en compromiso de «enmienda» (respeto por el derecho del prójimo).\n\nEl modelo de culto es la entrega de Jesús por los demás. Por eso\, la eucaristía celebra la máxima expresión de nuestro culto a Dios\, porque ella significa la entrega de Jesús para el perdón de los pecados y para que la humanidad rebose de vida. La misma celebración tiene diferentes acentos para los que de ella participan: unos como ministros\, con la entrega total de sí mismos a realizar el designio de Dios en el pueblo; otros como esposos o como progenitores\, entregados a edificar la iglesia en el ámbito doméstico; otros como ciudadanos\, en los múltiples quehaceres que exige la construcción de la convivencia social humana; otros como consagrados\, comprometidos a dar el gozoso testimonio de que la convivencia desinteresada\, basada en las bienaventuranzas\, es del todo posible. De dicha entrega nos hacemos partícipes\, y con ella nos hacemos solidarios en la comunión eucarística\, la cual renueva nuestras fuerzas para continuar dándole ese culto al Padre.\nFeliz sábado con María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:IV Domingo de Cuaresma. Ciclo C
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Josué (5\,9a.10-12): \nEn aquellos días\, dijo el Señor a Josué:\n– «Hoy os he quitado de encima el oprobio de Egipto.»\nLos hijos de Israel acamparon en Guilgal y celebraron allí la Pascua al atardecer del día catorce del mes\, en la estepa de Jericó.\nEl día siguiente a la Pascua\, comieron ya de los productos de la tierra: ese día\, panes ácimos y espigas tostadas.\nY desde ese día en que comenzaron a comer de los productos de la tierra\, cesó el maná. Los hijos de Israel ya no tuvieron maná\, sino que ya aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaán. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 33\,2-3.4-5.6-7 \nR/. Gustad y ved qué bueno es el Señor \nBendigo al Señor en todo momento\,\nsu alabanza está siempre en mi boca;\nmi alma se gloria en el Señor:\nque los humildes lo escuchen y se alegren. R \nProclamad conmigo la grandeza del Señor\,\nensalcemos juntos su nombre.\nYo consulté al Señor\, y me respondió\,\nme libró de todas mis ansias. R. \nContempladlo\, y quedaréis radiantes\,\nvuestro rostro no se avergonzará.\nEl afligido invocó al Señor\,\nél lo escucha y lo salvó de sus angustias. R. \n\n\nSegunda lectura\nLectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5\,17-21): \nHermanos:\nSi alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado\, ha comenzado lo nuevo .\nTodo procede de Dios\, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encargó el ministerio de la\nreconciliación.\nPorque Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo\, sin pedirles cuenta de sus pecados\, y\nha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación.\nPor eso\, nosotros actuamos como enviados de Cristo\, y es como si Dios mismo exhortara por medio de\nde nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado\, para que nosotros\, unidos a él\, recibamos la justificación de Dios. \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (15\, 1-3.11-32): \nEn aquel tiempo\, solían acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:\n– «Ese acoge a los pecadores y come con ellos.»\nJesús les dijo esta parábola:\n– «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre\, dame la parte que me toca de la fortuna.”\nEl padre les repartió los bienes.\nNo muchos días después\, el hijo menor\, juntando todo lo suyo\,se marchó a un país lejano\, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.\nCuando lo había gastado todo\, vino por aquella tierra un hambre terrible\, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos\, pero nadie le daba nada.\nRecapacitando entonces\, se dijo:\n“Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan\, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré\, me pondré en camino adonde está mi padre\, y le diré: Padre\, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros. ”\nSe levantó y vino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos\, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y\, echando a correr\, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.\nSu hijo le dijo: “Padre\, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo\, ”\nPero el padre dijo a sus criados:\n“Sacad en seguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete\, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido\, y lo hemos encontrado.”\nY empezaron a celebrar el banquete.\nSu hijo mayor estaba en el campo.\nCuando al volver se acercaba a la casa\, oyó la música y la danza\, y llamando a uno de los criados\, le preguntó qué era aquello.\nEste le contestó:\n“Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado\, porque lo ha recobrado con salud.”\nEl se indignó y no quería entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.\nEntonces él respondió a su padre:\n“Mira: en tantos años como te sirvo\, sin desobedecer nunca una orden tuya\, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio\, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres\, le matas el ternero cebado.”\nEl padre le dijo:\n“Hijo\, tú estás siempre conmigo\, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse\, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido\, y lo hemos encontrado”». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nIV Domingo de Cuaresma. Ciclo C. \nEl mensaje propuesto para la meditación de este domingo es susceptible de variados enfoques\, y prueba de ello son los diferentes nombres que se le han dado a la parábola que lo contiene. En el tiempo de Cuaresma\, se propone en la semana en que se anuncia el efecto liberador que tiene el amor de Dios. A esa luz meditaremos la parábola\, sin pretender agotar su contenido. El amor paternal de Dios\, manifestado por Jesús\, libera al ser humano y lo hace capaz de ser hermano. \nLc 15\, 1-3.17-21.\nEl texto tiene dos partes que el leccionario distingue: la primera\, presenta las circunstancias en las que Jesús propone la parábola; la segunda\, la parábola en cuestión.\n1. Circunstancias de la parábola.\nDespués de que Jesús hubiera expuesto razonadamente las condiciones para ser su discípulo\, se dirigió a todos con una exhortación: «¡Quien tenga oídos para oír\, que escuche!» (Lc 14\,35). Así indicó el destino universal de su mensaje y\, al mismo tiempo\, reconoció la libertad de sus oyentes para escucharlo o rechazarlo.\nLa primera reacción que constata el evangelista es la de «todos los recaudadores y descreídos»\, que iban acercándose a él precisamente a escucharlo. Las condiciones puestas por él suscitaron interés de parte de ellos. La segunda reacción se deriva de la primera: «por eso tanto los fariseos como los publicanos lo criticaban». Las dos categorías de gente sin religión hallaron interesante su propuesta; las dos categorías de hombres religiosos lo censuraron «por eso». Es decir\, por el hecho de atraer a los excluidos\, los piadosos lo consideraron sospechoso de mala conducta.\n2. La parábola.\nJesús explica que un «padre» de «dos hijos» dispares se comporta como padre de ambos\, porque los ama y los reconoce como hijos. En aquella sociedad\, la condición de «hijo» adulto implicaba la libertad –por oposición a la del esclavo\, que nunca era libre– y el carácter de heredero\, del que tampoco disfrutaba el esclavo. Pero la herencia solo se recibía después de la muerte del padre.\n2.1. El padre y el hijo menor.\nAl solicitar el hijo menor su parte de la herencia\, implícitamente rompió su relación con su padre\, lo declaró muerto para él. El padre no protestó ni se negó a entregarle su parte. El hijo ratificó la ruptura alejándose de su padre y derrochando su parte de la herencia\, sin mostrar respeto por la vida y la educación que recibió.\nLejos del padre y sin los medios de vida que él le transmitió\, experimentó una cruel insatisfacción («hambre terrible») y un agobiante desamparo («pasar necesidad»); ya no inspiraba respeto\, y tuvo que reconocer que ya no era considerado «hijo»\, y aceptar vivir como jornalero en circunstancias humillantes\, tanto en lo social («guardar cerdos») como en lo humano («nadie le daba de comer»). Su soledad llegó a extremos que él jamás imaginó.\nPero\, a pesar de su ruptura\, nunca se sintió huérfano; siempre sintió tener un padre a cuyo lado había vida en abundancia. Sin embargo\, lo angustiaba el doble sentimiento de culpa e indignidad\, y pensó que reconociendo su «pecado» y admitiendo su vergüenza podría ser tratado\, al menos\, como los jornaleros de su padre\, que recibían un trato digno.\nEl padre esperaba su retorno. Él sabía que en ningún otro ámbito el hijo encontraría lo que él le brindaba\, por eso lo esperaba. Por muy harapiento y maltrecho que lo hubiera dejado su andanza\, él lo distinguió\, sus entrañas paternales se conmovieron y se apresuró aliviar tanto sufrimiento\, más allá de los asuntos legales pendientes. Y el hijo hizo su confesión de culpa y humillación.\nEl padre impidió la propuesta que seguía e indicó lo contrario: ¡vístanmelo de hijo! El vestido le restituyó su dignidad\, el anillo renovó la relación\, y el calzado le declaró su libertad. Y sorprendió a todos convirtiendo este hecho en motivo de fiesta.\n2.2. El padre y hijo mayor.\nLo primero que se señala del hijo mayor son sus «obras» estaba en las tareas del campo. Para él\, es inconcebible una fiesta en casa\, de ahí que no se dirija al interior a preguntarle a su padre por el motivo de la misma\, sino que lo indague cautelosamente entre los criados\, mostrando así más confianza y cercanía con ellos que con el padre.\nEl regreso del hermano provocó su indignación\, porque él nunca olvidó y jamás perdonó\, pero tampoco pensó volver a compartir la casa paterna con su hermano menor. Por eso se negaba a entrar\, como si en la misma casa no cupieran los que antes habían cabido. En vano intentaba el padre persuadirlo con buenas razones\, él siempre encontraba otras para reargüirle y ratificarse en su negativa. De ninguna manera estaba dispuesto a compartir la casa con el otro.\nSus argumentos muestran la opacidad y el corto alcance de su visión. Toda su vida ha concebido la relación con su padre como una esclavitud («tantos años como te sirvo») y en condiciones de sometimiento («sin saltarme nunca un mandato tuyo»). Nunca se sintió con libertad de disponer\, como si habitara en casa ajena («jamás me has dado un cabrito…»)\, por lo que considera como una traición que le haya devuelto la condición de hijo («libre») a ese desagradecido e irrespetuoso a quien nunca llama «hermano»\, sino «ese hijo tuyo». Jamás se sintió dueño\, porque no consideró suyo lo del padre\, sino que\, en vez de heredero\, se sentía un criado más.\nLa parábola concluye con las palabras del padre insistiéndole al hijo mayor en que la fiesta tiene pleno sentido\, porque se trata de celebrar la recuperación del hermano. Y esas palabras parecen un eco lejano llevado por el viento\, ya que nos quedamos sin saber si el hijo mayor entró o no. \nEsta parábola nos hace ver que la reconciliación es proporcional a la libertad. El padre reaccionó ofreciendo la reconciliación porque él es soberanamente libre. El hijo menor buscó reconciliarse con su padre porque\, a pesar de todos sus desaciertos\, nunca olvidó que tenía un padre\, y prefirió volver a él\, aunque fuera como jornalero. El mayor quedó atrapado en su maraña de prejuicios y resentimientos\, atribuyéndoles a los demás sus equivocadas decisiones. Un hijo siente que ya malgastó su herencia\, y que solo le queda el padre\, por eso nunca deja de llamarlo así; el otro no se siente heredero\, pero tampoco hijo: en su boca nunca se escucha la palabra «padre». Y solo el padre da la condición de «hijos»\, es decir\, libres y herederos (cf. Rom 8\,15-17; Gal 4\,1-7).\nCada uno de nosotros debe decidir si entra en la fiesta de la reconciliación o se queda por fuera de ella. No es suficiente con que los domingos nos reunamos en asambleas festivas y llamemos «hermanos» a los que se reúnen con nosotros. Esa podría ser una ilusión engañosa. Es necesario verificar que construimos convivencia: una familia\, una sociedad\, un país\, en donde hay cabida para todos en igualdad de condiciones\, sin rencores ni descalificaciones. Sobre todo\, los que nos reunimos a celebrar la cena del Señor debemos asegurarnos de que cuando le decimos «amén» a Jesús también se lo decimos al hermano. Con libertad interior tendremos reconciliación.\n¡Feliz día del Señor!
URL:https://diocesisdesincelejo.org/calendario/iv-domingo-de-cuaresma-ciclo-c/
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