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SUMMARY:Lunes de la IV semana de Cuaresma.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de Isaías (65\,17-21): \nESTO dice el Señor:\n«Mirad: voy a crear un nuevo cielo\ny una nueva tierra:\nde las cosas pasadas\nni habrá recuerdo ni vendrá pensamiento.\nRegocijaos\, alegraos por siempre\npor lo que voy a crear:\nyo creo a Jerusalén “alegría”\,\ny a su pueblo\, “júbilo”.\nMe alegraré por Jerusalén\ny me regocijaré con mi pueblo\,\nya no se oirá en ella ni llanto ni gemido;\nya no habrá allí niño\nque dure pocos días\,\nni adulto que no colme sus años\,\npues será joven quien muera a los cien años\,\ny quien no los alcance se tendrá por maldito.\nConstruirán casas y las habitarán\,\nplantarán viñas y comerán los frutos». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 29\,2.4.5-6.11-12a.13b \nR/. Te ensalzaré\, Señor\, porque me has librado \nV/. Te ensalzaré\, Señor\, porque me has librado\ny no has dejado que mis enemigos se rían de mí.\nSeñor\, sacaste mi vida del abismo\,\nme hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R/. \nV/. Tañed para el Señor\, fieles suyos\,\ncelebrad el recuerdo de su nombre santo;\nsu cólera dura un instante;\nsu bondad\, de por vida;\nal atardecer nos visita el llanto;\npor la mañana\, el júbilo. R/. \nV/. Escucha\, Señor\, y ten piedad de mí;\nSeñor\, socórreme.\nCambiaste mi luto en danzas.\nSeñor\, Dios mío\, te daré gracias por siempre. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Juan (4\,43-54): \nEN aquel tiempo\, salió Jesús de Samaría para Galilea. Jesús mismo había atestiguado:\n«Un profeta no es estimado en su propia patria».\nCuando llegó a Galilea\, los galileos lo recibieron bien\, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta\, pues también ellos habían ido a la fiesta.\nFue Jesús otra vez a Caná de Galilea\, donde había convertido el agua en vino.\nHabía un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea\, fue a verlo\, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.\nJesús le dijo:\n«Si no veis signos y prodigios\, no creéis».\nEl funcionario insiste:\n«Señor\, baja antes de que se muera mi niño».\nJesús le contesta:\n«Anda\, tu hijo vive».\nEl hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando\, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron:\n«Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre».\nEl padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nLunes de la IV semana de cuaresma.\n\nPensemos en el alcance que tiene la promesa de Dios. Cuando él habla\, su palabra no se limita a lo que el hombre inicialmente entiende\, se abre a un futuro insospechado. La revelación muestra que la primera captación de las promesas se quedó corta ante la verdad de lo que Dios cumplió después. Las ópticas humanas resultan siempre miopes ante la perspectiva divina.\n\nLa promesa de liberación contenida en la Ley y los profetas es muy superior a lo que esperaban los depositarios de la misma. Esta semana vemos la actividad liberadora de Jesús\, quien corrige las expectativas para abrir los corazones a una realidad más allá de lo pensado. Hoy comienza con la desmitificación del poder. La idea de que el atributo fundamental de Dios es el poder les hizo pensar a los antiguos que la promesa estaba garantizada porque el poder del Señor brindaba la seguridad de que él la pudiera cumplir.\n\n1. Lectura (Is 65\,17-21).\nEn esta sección\, el autor presenta a los siervos de Dios colmados de bienes. Antes de que ellos clamen a él\, él se adelanta a sus clamores; antes de que ellos se dirijan a él\, él los escucha\, puesto que ellos respetan el monte santo (el templo) y no hacen daño alguno al prójimo.\n\nEl Señor anuncia la instauración de una nueva creación\, que se constatará en la vida histórica del pueblo y consistirá en gozo y alegría. Esta acción sepultará en el olvido el recuerdo doloroso del pasado –tanto la lejana esclavitud en Egipto como la reciente cautividad en Babilonia–\, les dice que no lo evoquen más\, que ni siquiera les venga al pensamiento. Enseguida\, pregona la alegría por la nueva creación que notifica: él transformará la ciudad de Jerusalén en alegría y su población se llenará de gozo. La nueva creación superará con creces el pueblo que el Señor mismo fundó. La vida histórica y terrena del pueblo se vislumbra en un horizonte de plenitud.\n\nÉl\, por su parte\, se gozará por el cambio de la suerte de su pueblo: no más gemidos ni llanto\, no más niños malogrados ni adultos frustrados. La longevidad\, una de las bendiciones que conlleva la promesa\, será efectiva para todos sus habitantes\, porque esos serán tiempos de bendición\, no de maldición. La prosperidad será para todo el país y para cada uno de sus habitantes. La vida y la convivencia exitosas serán señal del amor del Señor: libres de la necesidad y la dependencia.\n\nEsta visión muestra que el designio del Señor consiste en la vida para su pueblo en conjunto y para cada uno de sus habitantes en particular. Y esta plenitud de vida le complace al Señor.\n\n2. Evangelio (Jn 4\,43-54).\nTras haber abierto el horizonte de la fe a los «herejes» samaritanos\, Jesús vuelve al lugar donde anunció la nueva alianza\, y es acogido con simpatía por sus paisanos\, que habían interpretado mal la expulsión de los vendedores del templo. Ahora abrirá el mismo horizonte de la fe para todos los seres humanos\, enemigos incluidos. El nuevo éxodo no implica «subversión».\n\nUn representante del poder político está en problemas con un «hijo» (????: igual a él) «enfermo» (???????: debilitado)\, y le pide a Jesús que «baje» y lo sane (??????: sanear\, restablecer) antes de que muera. La crisis del poder consiste en no poder salvar\, dar vida. Jesús le hace un reproche: «ustedes (la gente del poder)\, si no ven señales portentosas\, no creen»: los hombres de poder no están dispuestos a creer sino en el poder. Consideran que la «liberación» (el «éxodo») se da por un acto de poder. El funcionario insiste en su petición\, y\, ante su insistencia\, Jesús lo despide dándole la garantía de que su «hijo» está vivo. Él se fía de las palabras de Jesús\, se pone en camino y «baja». Al bajar\, se encuentra con sus «siervos» (??????)\, que le dan la noticia de que su «chico» (????) vive\, noticia que él relaciona con la palabra de Jesús. Ahora la adhesión de fe se extiende a toda la «familia» (?????: incluye los siervos). Un grupo pagano es «saneado» por Jesús.\nEn el relato hay que advertir tres cosas:\n1. La forma de referirse al enfermo (???????):\n• El narrador y Jesús lo llaman «hijo»\, y subrayan así su igualdad con el padre.\n• El funcionario lo llama «mi chiquillo»\, lo cual resulta ambiguo (???????: hijo o siervo)\, aunque el posesivo «mi» y el diminutivo «chiquillo» son afectuosos\, indicios de buena relación.\n• Los siervos lo llaman «chico» (?????)\, lo cual también resulta ambiguo (hijo o siervo). Los hijos menores se equiparaban socialmente a los siervos\, y los súbditos a hijos.\n2. La forma de referirse al personaje:\n• Se comporta como el«funcionario» que es cuando llama «chiquillo» a su igual (subrayando así la relación de dependencia). La burocracia lo despersonaliza\, y con él a y sus relaciones.\n• Se comporta como «hombre» (ser humano) cuando se fía de lo que le dice Jesús. La confianza en Jesús hace emerger su humanidad. La fe lo conduce al logro de su plenitud humana.\n• Se comporta como «padre» cuando finalmente cree. Ya puede dar la vida que\, como poderoso («funcionario real»)\, no podía dar. La vida del hijo (hombre libre) se da a causa de su fe.\n3. La «fiebre»(???????):\n• Es consecuencia de una enfermiza relación de subordinación entre dos iguales\, relación que necesita ser «saneada» (??????). La fe en Jesús restaura las relaciones de convivencia.\n• Cuando el funcionario se «baja» de su pedestal a hombre por la confianza y la fe\, finaliza esa relación de dominio\, se restablece así la libertad y se da paso a la vida plena del «hijo» (pueblo).\n• Esa «fiebre» cesó después de la hora sexta\, la de la muerte de Jesús\, cuando entregó el Espíritu (cf. Jn 19\,30.45). En esa hora quedó terminado el hombre nuevo: el ser humano liberado de toda atadura y capaz de amar.\n\nLa actividad de Jesús para cumplir la promesa del Padre\, que es promesa de vida digna y libre y de la capacidad para comunicarla\, no consiste en algo exterior al ser humano\, no es una acción de poder\, es la infusión de una fuerza interior de vida que libera el propio potencial de amar para que el ser humano evolucione de «funcionario» a «hombre»\, y como tal se convierta en «padre»\, es decir\, para que reciba y transmita el Espíritu liberador. Ese Espíritu lo recibe uno por la fe y lo transmite por el amor. Así se experimenta la liberación del pecado y la libertad para amar.\n\nY a eso es a lo que nos comprometemos en la eucaristía: el Señor nos infunde su vida\, su Espíritu Santo\, y nos da libertad interior para hacernos capaces de amar libre y universalmente\, como él\, haciendo auténticamente humanas nuestras relaciones de convivencia. En eso consiste «sanar»\, es un acto de amor\, no de poder. Y eso es lo que Jesús pone a nuestro alcance.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la IV semana de Cuaresma. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la profecía de Ezequiel (47\,1-9.12): \nEN aquellos días\, el ángel me hizo volver a la entrada del templo del Señor.\nDe debajo del umbral del templo corría agua hacia el este —el templo miraba al este—. El agua bajaba por el lado derecho del templo\, al sur del altar.\nMe hizo salir por el pórtico septentrional y me llevó por fuera hasta el pórtico exterior que mira al este. El agua corría por el lado derecho.\nEl hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia el este\, midió quinientos metros y me hizo atravesar el agua\, que me llegaba hasta los tobillos. Midió otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua\, que me llegaba hasta las rodillas. Midió todavía otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua\, que me llegaba hasta la cintura. Midió otros quinientos metros: era ya un torrente que no se podía vadear\, sino cruzar a nado.\nEntonces me dijo:\n«¿Has visto\, hijo de hombre?»\,\nDespués me condujo por la ribera del torrente.\nAl volver vi en ambas riberas del torrente una gran arboleda. Me dijo:\n«Estas aguas fluyen hacia la zona oriental\, descienden hacia la estepa y desembocan en el mar de la Sal\, Cuando hayan entrado en él\, sus aguas serán saneadas. Todo ser viviente que se agita\, allí donde desemboque la corriente\, tendrá vida; y habrá peces en abundancia. Porque apenas estas aguas hayan llegado hasta allí\, habrán saneado el mar y habrá vida allí donde llegue el torrente.\nEn ambas riberas del torrente crecerá toda clase de árboles frutales; no se marchitarán sus hojas ni se acabarán sus frutos; darán nuevos frutos cada mes\, porque las aguas del torrente fluyen del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 45\,2-3.5-6.8-9 \nR/. El Señor de los ejércitos está con nosotros\,\nnuestro alcázar es el Dios de Jacob \nV/. Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza\,\npoderoso defensor en el peligro.\nPor eso no tememos aunque tiemble la tierra\,\ny los montes se desplomen en el mar. R/. \nV/. Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios\,\nel Altísimo consagra su morada.\nTeniendo a Dios en medio\, no vacila;\nDios la socorre al despuntar la aurora. R/. \nV/. El Señor del universo está con nosotros\,\nnuestro alcázar es el Dios de Jacob.\nVenid a ver las obras del Señor\,\nlas maravillas que hace en la tierra. R/. \n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Juan (5\,1-16): \nSE celebraba una fiesta de los judíos\, y Jesús subió a Jerusalén.\nHay en Jerusalén\, junto a la Puerta de las Ovejas\, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales\, y allí estaban echados muchos enfermos\, ciegos\, cojos\, paralíticos.\nEstaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.\nJesús\, al verlo echado\, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo\, le dice:\n«¿Quieres quedar sano?».\nEl enfermo le contestó:\n«Señor\, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo\, otro se me ha adelantado».\nJesús le dice:\n«Levántate\, toma tu camilla y echa a andar».\nY al momento el hombre quedó sano\, tomó su camilla y echó a andar.\nAquel día era sábado\, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano:\n«Hoy es sábado\, y no se puede llevar la camilla».\nÉl les contestó:\n«El que me ha curado es quien me ha dicho: “Toma tu camilla y echa a andar”».\nEllos le preguntaron:\n«¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?».\nPero el que había quedado sano no sabía quién era\, porque Jesús\, a causa del gentío que había en aquel sitio\, se había alejado.\nMás tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice:\n«Mira\, has quedado sano; no peques más\, no sea que te ocurra algo peor».\nSe marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado.\nPor esto los judíos perseguían a Jesús\, porque hacía tales cosas en sábado. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general
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SUMMARY:Miércoles de la IV semana de Cuaresma.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (49\,8-15): \nESTO dice el Señor:\n«En tiempo de gracia te he respondido\,\nen día propicio te he auxiliado;\nte he defendido y constituido alianza del pueblo\,\npara restaurar el país\,\npara repartir heredades desoladas\,\npara decir a los cautivos: “Salid”\,\na los que están en tinieblas: “Venid a la luz”.\nAun por los caminos pastarán\,\ntendrán praderas en todas las dunas;\nno pasarán hambre ni sed\,\nno les hará daño el bochorno ni el sol;\nporque los conduce el compasivo\ny los guía a manantiales de agua.\nConvertiré mis montes en caminos\,\ny mis senderos se nivelarán.\nMiradlos venir de lejos;\nmiradlos\, del Norte y del Poniente\,\ny los otros de la tierra de Sin.\nExulta\, cielo; alégrate\, tierra;\nromped a cantar\, montañas\,\nporque el Señor consuela a su pueblo\ny se compadece de los desamparados».\nSion decía: «Me ha abandonado el Señor\,\nmi dueño me ha olvidado».\n¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta\,\nno tener compasión del hijo de sus entrañas?\nPues\, aunque ella se olvidara\, yo no te olvidaré. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 144\,8-9.13cd-14.17-18 \nR/. El Señor es clemente y misericordioso \nV/. El Señor es clemente y misericordioso\,\nlento a la cólera y rico en piedad;\nel Señor es bueno con todos\,\nes cariñoso con todas sus criaturas. R/. \nV/. El Señor es fiel a sus palabras\,\nbondadoso en todas sus acciones.\nEl Señor sostiene a los que van a caer\,\nendereza a los que ya se doblan. R/. \nV/. El Señor es justo en todos sus caminos\,\nes bondadoso en todas sus acciones.\nCerca está el Señor de los que lo invocan\,\nde los que lo invocan sinceramente. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Juan (5\,17-30): \nEN aquel tiempo\, Jesús dijo a los judíos:\n«Mi Padre sigue actuando\, y yo también actúo».\nPor eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado\, sino también llamaba a Dios Padre suyo\, haciéndose igual a Dios.\nJesús tomó la palabra y les dijo:\n«En verdad\, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este\, eso mismo hace también el Hijo\, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace\, y le mostrará obras mayores que esta\, para vuestro asombro.\nLo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida\, así también el Hijo da vida a los que quiere.\nPorque el Padre no juzga a nadie\, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio\, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo\, no honra al Padre que lo envió.\nEn verdad\, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio\, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.\nEn verdad\, en verdad os digo: llega la hora\, y ya está aquí\, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios\, y los que hayan oído vivirán.\nPorque\, igual que el Padre tiene vida en sí mismo\, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. Y le ha dado potestad de juzgar\, porque es el Hijo del hombre.\nNo os sorprenda esto\, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal\, a una resurrección de juicio.\nYo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo\, juzgo\, y mi juicio es justo\, porque no busco mi voluntad\, sino la voluntad del que me envió». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMiércoles de la IV semana de cuaresma.\n\nLa liberación de la esclavitud en Egipto y del cautiverio en Babilonia son «éxodos» (cada uno a su manera) que revelan una verdad histórica indiscutible: Dios libera a Israel de sus opresores. Cualesquiera que fueran las imágenes usadas\, Dios se muestra siempre a favor de la libertad del pueblo que lleva su nombre.\n\nEsta libertad tuvo como antagonistas\, en los casos mencionados\, a dos potencias extranjeras. Eso es entendible. Lo que resulta pasmoso es que el antagonismo surja dentro del mismo pueblo\, por parte de sus dirigentes\, e invocando la tradición del éxodo (la Ley de Moisés). La que debió ser garantía de convivencia justa fue pervertida en instrumento de dominación y opresión.\n\n1. Primera lectura (Is 49\,8-15).\nEl oráculo\, dirigido a los cautivos en Babilonia\, es un anuncio de liberación. Dios declara «tiempo de gracia» y «día propicio» una oportunidad concreta de salvación. Esa intervención responde al clamor del pueblo oprimido. Él ofrece la salvación en la historia del pueblo\, no por fuera de ella\, y desde adentro\, no desde afuera. Es el Dios que «interviene» la historia de los hombres sin por eso coartar las libertades ni violentar los procesos mismos.\n\nEl Siervo del Señor es mediador de una alianza (como lo fue Moisés) abierta a «la multitud». En hebreo\, este término («multitud») designa un grupo cuyos miembros son parientes\, sea un pueblo cualquiera\, sea el mismo pueblo de Israel\, o incluso la entera población de la tierra (cf. Is 42\,5-6; 44\,7; 53\,8). El Siervo es también «restaurador y repartidor de tierras» (como lo fue Josué). Evoca la realización de un nuevo éxodo a favor de los cautivos («¡salgan!»)\, de los que están en tinieblas («¡salgan a la luz!»).\n\nNo se repite la historia\, se renueva la acción liberadora y salvadora del Señor. Ellos recorrerán indemnes su camino –como otrora el pueblo rescatado de Egipto– porque el que los conducirá es compasivo\, y les allanará ese camino para reunirlos\, por muy lejos que estén. Los cuidados del Señor se renuevan\, las circunstancias han cambiado. Ahora vienen de lugares distantes\, y él está allí para reconfortarlos y manifestarles su ternura.\n\nEl Señor consuela a su pueblo –que se siente a la vez esposa y madre–\, y se compadece de los desamparados. No hay riesgo de que él los abandone o se olvide de ellos. Su amor por ellos es más entrañable que el amor de una madre por el hijo de sus entrañas. Estas palabras recuerdan el mensaje de los profetas Oseas y Jeremías\, así como el del Deuteronomio (cf. también Is 54\,7-8; Lm 4\,3-4; 5\,20). Definitivamente\, el Señor libera a su pueblo porque lo ama sin medida.\n\n2. Evangelio (Jn 5\,17-30).\nJesús es juzgado por el «mundo» –encarnado ahora en la sociedad judía–\, cuyo pecado acaba de denunciar con hechos\, liberando al hombre sometido por ese mundo. Los rabinos palestinenses distinguían la actividad creadora de Dios\, concluida el séptimo día (cf. Gn 2\,2)\, y su permanente actividad de juez soberano que conduce el mundo de los hombres a su destino. Pero suponían que esa actividad estaba determinada por la Ley. No en el sentido de que la Ley condicionara al Señor\, sino en el supuesto de que la Ley contenía fielmente su designio. Jesús presenta su propia actividad al mismo nivel y en sintonía con la actividad permanente del Padre.\n2.1. Principio fundamental: la creación no es cerrada\, no está concluida. Mientras el ser humano no haya logrado su plenitud\, el Padre y el Hijo trabajan incesantemente. La Ley que les prescribe el descanso se opone a la esclavitud\, no justifica la opresión.\n2.2. Por su condición de «Hijo»\, Jesús es igual al Padre en su actividad de amor para que todo ser humano pase de la muerte a la vida (el amor que salva\, da vida). Él es libre para amar\, por ser Hijo de Dios\, y porque está lleno del Espíritu Santo.\n2.3. Reconocer a Jesús como «Hijo» de Dios implica:\n• Aceptar que Dios es y se comporta tal como lo revela Jesús con su vida.\n• Darle adhesión de fe a Jesús\, haciendo de él el guía para imitar a Dios.\n• Hacer de Jesús el propio modelo de conducta en la convivencia social.\n2.4. La misión de Jesús. Consiste en llamar a los muertos en vida a que vivan plenamente por el don del Espíritu Santo\, que el Padre y el Hijo poseen y comunican como propio. Las obras de la vida pública de Jesús serán superadas por los acontecimientos posteriores a la Pascua: del don del Espíritu –la vida eterna– y el consiguiente juicio de los hombres. Por eso\, desde ahora:\n• Los que escuchen la voz de Jesús\, aunque estén en el sepulcro (muertos en vida)\, se levantarán y saldrán de él (éxodo fuera del «mundo»); los que no lo escuchen (los opresores)\, se pondrán de pie (como los acusados) para escuchar su propia sentencia.\n• Jesús escucha al Padre\, no actúa por propia iniciativa\, sino que busca hacer realidad el designio del Padre. Por eso su juicio es justo\, porque él comunica la vida (el Espíritu)\, «a quien él quiere»\, es decir\, por amor y con toda libertad.\n\nLa misión del Hijo consiste en hacer que los hombres pasemos de condiciones de vida menos humanas a condiciones cada vez más humanas. Por eso\, ningún orden social puede considerarse hecho y definitivo\, porque\, si solamente hubiera un ser humano sufriendo\, él sería motivo más que suficiente para cambiar ese orden social por uno que elimine dicho sufrimiento. Ese es el empeño liberador que anima a Jesús y que debe animarnos a sus discípulos.\n\nQuitar el pecado del mundo significa eso\, eliminar la injusticia que perjudica la convivencia social y hace imposibles las relaciones de fraternidad entre los hombres. Esa tarea no admite descanso\, ni hay ley alguna que pueda prohibirla legítimamente. Y\, si alguna ley se atreviera a hacerlo\, sería contraria al designio divino\, porque para Dios es primero la vida humana que el orden legal.\n\nLa eucaristía nos invita y nos capacita para ir asimilando la realidad de Jesús por la fuerza de su Espíritu\, y asemejándonos más a él como hijos de Dios. Esto –claro está– nos compromete a trabajar unidos con él por la libertad interior y exterior de todos los seres humanos.\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Jueves de la IV semana de Cuaresma.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Éxodo (32\,7-14): \nEN aquellos días\, el Señor dijo a Moisés:\n«Anda\, baja de la montaña\, que se ha pervertido tu pueblo\, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un becerro de metal\, se postran ante él\, le ofrecen sacrificios y proclaman: “Este es tu Dios\, Israel\, el que te sacó de Egipto”».\nY el Señor añadió a Moisés:\n«Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso\, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo».\nEntonces Moisés suplicó al Señor\, su Dios:\n«¿Por qué\, Señor\, se va a encender tu ira contra tu pueblo\, que tú sacaste de Egipto\, con gran poder y mano robusta? ¿Por qué han de decir los egipcios: “Con mala intención los sacó\, para hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra”? Aleja el incendio de tu ira\, arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo. Acuérdate de tus siervos\, Abrahán\, Isaac e Israel\, a quienes juraste por ti mismo: “Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo\, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre”».\nEntonces se arrepintió el Señor de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 105\,19-20.21-22.23 \nR/. Acuérdate de mí\, Señor\, por amor a tu pueblo \nV/. En Horeb se hicieron un becerro\,\nadoraron un ídolo de fundición;\ncambiaron su gloria por la imagen\nde un toro que come hierba. R/. \nV/. Se olvidaron de Dios\, su salvador\,\nque había hecho prodigios en Egipto\,\nmaravillas en la tierra de Cam\,\nportentos junto al mar Rojo. R/. \nV/. Dios hablaba ya de aniquilarlos;\npero Moisés\, su elegido\,\nse puso en la brecha frente a él\,\npara apartar su cólera del exterminio. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Juan (5\,31-47): \nEN aquel tiempo\, Jesús dijo a los judíos:\n«Si yo doy testimonio de mí mismo\, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí\, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí.\nVosotros enviasteis mensajeros a Juan\, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba\, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.\nPero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo\, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado.\nY el Padre que me envió\, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz\, ni visto su rostro\, y su palabra no habita en vosotros\, porque al que él envió no lo creéis.\nEstudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí\, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además\, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros.\nYo he venido en nombre de mi Padre\, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio\, a ese sí lo recibiréis.\n¿Cómo podréis creer vosotros\, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre\, hay uno que os acusa: Moisés\, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés\, me creeríais a mí\, porque de mí escribió él. Pero\, si no creéis en sus escritos\, ¿cómo vais a creer en mis palabras?». \nPalabra del Señor\n\n\nLa Palabra del día y la reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\nJueves de la IV semana de cuaresma. \nSi se tratase de establecer en dónde radicaba la resistencia de los dirigentes a la acción liberadora de Dios concretada en el éxodo\, la respuesta estará en la idolatría\, o sea\, en preferir representarse al Señor con la figura de un poder opresor\, negando así la experiencia del Dios que los sacó de Egipto\, de la esclavitud.\nDe manera semejante\, la resistencia de la dirigencia judía a la acción liberadora del Padre a través de Jesús se basa en otra forma de idolatría –y esta más perversa–\, la de justificar su oposición en nombre de Moisés y de la Ley que el Señor les dio para garantizarles una convivencia digna de personas libres. \n1. Primera lectura (Exo 32\,7-14).\nDios tuvo que lidiar siempre con la inclinación del pueblo a la idolatría\, es decir\, a ser esclavos de la riqueza y del poder (cf. Exo 32\,1-6). El culto al ídolo es opción por la opresión\, y abandono del Señor que lo sacó de Egipto. Dando culto a un ídolo fabricado por sus propias manos\, Israel renuncia a ser pueblo del Señor\, aunque la confesión de fe siga siendo –palabra por palabra– totalmente ortodoxa («Este es tu Dios\, Israel\, el que te sacó de Egipto»: Exo 32\,4.8).\nPor eso el Señor le dice a Moisés: «se ha pervertido tu pueblo\, el que tú sacaste de Egipto»\, como lo decían ellos mismos (cf. Exo 32\,1: «Ese Moisés que nos sacó de Egipto»). El pueblo no tiene memoria de quién lo sacó de la esclavitud a la libertad\, y por eso desconoce el beneficio recibido y a su benefactor. Asigna tan poco valor a la liberación alcanzada\, que se la atribuye a cualquiera.\nEl autor del relato quiere hacer ver la gravedad de ese hecho atribuyendo a Dios la intención de cambiar de pueblo y poniendo su decisión en manos de Moisés. Con este modo de hablar quiere dar a entender que Moisés enfrentó la difícil deliberación de abandonar el pueblo y ser él mismo padre de un pueblo que fuera fiel al Señor. La expresión «sacaré de ti un gran pueblo» alude a la promesa hecha a Abraham (cf. Gn 12\,2)\, lo que sugiere que Moisés sería el nuevo patriarca. Esto implicaba volver a comenzar\, haciendo a un lado las promesas hechas a Abraham\, a Isaac y a Jacob. La «ira» del Señor\, de la que aquí se habla (cf. Exo 32\,10) –cuya ejecución depende de que Moisés lo permita («…déjame»)– consiste en la reprobación de la idolatría y\, como consecuencia de esa reprobación\, en el rechazo del pueblo y la creación de uno nuevo.\nPero Moisés asume su papel de intercesor en favor del pueblo alegando la promesa de Dios y su fidelidad a la misma como argumento para que perdone al pueblo infiel. Es decir\, Moisés captó lo que estaba en juego y asumió su papel como Siervo del Señor. Aplacar la ira del Señor significa minimizar las consecuencias de la idolatría: primero\, por parte de sí mismo\, reconociendo delante del Señor\, en la oración\, lo absurdo que sería el proyecto de rechazar ese pueblo; luego\, llevando el pueblo a volver al Señor. Al rehusarse a abandonar el pueblo pecador\, Moisés actúa como un verdadero profeta. Las palabras de su oración muestran la toma de conciencia que él realiza en relación con la promesa juramentada del Señor a «Abraham\, Isaac e Israel»\, y de cómo esa toma de conciencia lo condujo a ponerse de nuevo al servicio de la promesa del Señor.\nEl Señor perdona por fidelidad a sí mismo y por lealtad a las promesas hechas en otro tiempo a «Abraham\, Isaac e Israel». Esa fidelidad suya es su título de gloria. \n2. Evangelio (Jn 5\,31-47).\nEl juicio continúa: Jesús vs la Ley. La cuestión que se plantea es cuál de los dos puede alegar que goza de autoridad divina. Surge así la pregunta por los testigos o testimonios de parte y parte:\n1. Testigos o testimonios a favor de Jesús.\n• Juan Bautista. Aunque él testificó a su favor\, Jesús no se apoya en él; y si lo trae a colación es por causa de sus oyentes. Él no depende de testimonio humano alguno.\n• Las obras que el Padre le encargó realizar. Por ser «del Padre»\, son obras a favor de la vida del ser humano. Quien reconozca a Dios como «Padre» tendrá que admitir que ese es un testimonio valedero. Es\, en definitiva\, el único testimonio que Jesús aduce: su identidad con el Padre.\n• Las Escrituras. Los oyentes no acogen este testimonio\, porque\, si lo acogieran\, le harían caso dándole su adhesión personal a Jesús\, pues ellas testifican a su favor.\n2. Testigos o testimonios a favor de la Ley.\nLos dirigentes y sus acciones\, a los cuales él les reprocha:\n• Nunca le han hecho caso a Dios\, ni han guardado la alianza\, ni guardado «entre» ellos (en su convivencia) el mensaje de la justicia. Por eso rechazan a Jesús\, por no tener que admitir que es legítimo que\, en nombre de Dios\, les dé vida y libertad a los hombres.\n• Por no tener el amor de Dios\, buscan gloria humana (poder\, riqueza y rango)\, y son opresores del ser humano; solo se entenderían con otro como ellos. No les resulta posible la fe porque no buscan la gloria de Dios (realizar su designio liberador).\n• El que los acusa ante Dios no es Jesús\, es el mismo Moisés\, en quien ellos alegan apoyarse\, porque si estuvieran comprometidos con la obra realizada por Moisés ya se habrían dado cuenta de que Jesús vino a dar cumplimiento a lo que les anunció Moisés. \nEs evidente que el juicio hecho contra Jesús es resistencia a su actividad liberadora. La dirigencia esgrime contra él la Ley\, a la cual despojan de su originaria intención liberadora para volverla un instrumento de opresión. Jesús\, a pesar de que tiene a favor suyo el testimonio de la Ley y los profetas\, no se apoya en ese testimonio\, sino que aduce como testigos suyos las obras liberadoras que él realiza por encargo del Padre\, el Dios de la vida. No cita palabras\, sino obras.\nEl argumento decisivo que podemos ofrecer los cristianos a favor de Jesús consiste en nuestra libertad interior (libres de las codicias de riqueza\, poder y rango) y en nuestro compromiso por la libertad de los seres humanos. Eso sí convence. El Espíritu de Jesús nos hace interiormente libres de temores\, halagos y apegos y\, por el amor que él nos infunde\, nos impulsa a hacer las mismas obras liberadoras de Jesús a favor de la humanidad sometida\, explotada y humillada.\nBusquemos y encontraremos en el pan de la eucaristía esa fuerza doblemente liberadora de la comunión con Jesús: nos hace libres y nos hace liberadores.\nFeliz jueves.
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SUMMARY:Viernes de la IV semana de Cuaresma
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de la Sabiduría (2\,1a.12-22): \nSE decían los impíos\, razonando equivocadamente:\n«Acechemos al justo\, que nos resulta fastidioso:\nse opone a nuestro modo de actuar\,\nnos reprocha las faltas contra la ley\ny nos reprende contra la educación recibida;\npresume de conocer a Dios\ny se llama a sí mismo hijo de Dios.\nEs un reproche contra nuestros criterios\,\nsu sola presencia nos resulta insoportable.\nLleva una vida distinta de todos los demás\ny va por caminos diferentes.\nNos considera moneda falsa\ny nos esquiva como a impuros.\nProclama dichoso el destino de los justos\,\ny presume de tener por padre a Dios.\nVeamos si es verdad Jo que dice\,\ncomprobando cómo es su muerte.\nSi el justo es hijo de Dios\, él lo auxiliará\ny lo librará de las manos de sus enemigos.\nLo someteremos a ultrajes y torturas\,\npara conocer su temple y comprobar su resistencia.\nLo condenaremos a muerte ignominiosa\,\npues\, según dice\, Dios lo salvará».\nAsí discurren\, pero se equivocan\,\npues los ciega su maldad.\nDesconocen los misterios de Dios\,\nno esperan el premio de la santidad\,\nni creen en la recompensa de una vida intachable. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 33\,17-18.19-20\,21.23 \nR/. El Señor está cerca de los atribulados \nV/. El Señor se enfrenta con los malhechores\,\npara borrar de la tierra su memoria.\nCuando uno grita\, el Señor lo escucha\ny lo libra de sus angustias. R/. \nV/. El Señor está cerca de los atribulados\,\nsalva a los abatidos.\nAunque el justo sufra muchos males\,\nde todos lo libra el Señor. R/. \nV/. Él cuida de todos sus huesos\,\ny ni uno solo se quebrará.\nEl Señor redime a sus siervos\,\nno será castigado quien se acoge a él. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Juan (7\,1-2.10.25-30): \nEN aquel tiempo\, recorría Jesús Galilea\, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas.\nUna vez que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta\, entonces subió él también\, no abiertamente\, sino a escondidas.\nEntonces algunos que eran de Jerusalén dijeron:\n«¿No es este el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente\, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías? Pero este sabemos de dónde viene\, mientras que el Mesías\, cuando llegue\, nadie sabrá de dónde viene».\nEntonces Jesús\, mientras enseñaba en el templo\, gritó:\n«A mí me conocéis\, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo\, yo no vengo por mi cuenta\, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco\, porque procedo de él y él me ha enviado».\nEntonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano\, porque todavía no había llegado su hora. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\n\nViernes de la IV semana de Cuaresma.\n\nUno de los interrogantes de actualidad permanente y de respuesta siempre pendiente es la razón por la que es perseguido el justo. Obviamente\, hay quienes quieren suprimirlo porque él se opone a los mezquinos intereses individuales o grupales. Al respecto\, Jesús aclara dos cosas pertinentes:\n• Quien quiera realizar el designio divino (es decir\, favorecer el logro de la plenitud humana) está en capacidad de ver que lo que él enseña está de acuerdo con lo que Dios es.\n• Quien busca su propio prestigio habla en nombre de sus excluyentes intereses\, no en nombre de Dios (cf. Jn 7\,17-18)\, por tanto\, es un falso profeta o un falso maestro.\nEl justo es insoportable porque les quita la máscara a los que buscan sus fines particulares a costa del bien común. Y esa es la razón última por la que el justo es perseguido.\n\n1. Primera lectura (Sab 2\,2a.12-22).\nLa existencia\, la conducta y las palabras del justo no sólo contrastan con el estilo de vida de los impíos\, sino que estos las consideran un reproche insoportable. La forma como conciben la vida los impíos parte de una visión sombría (cf. Sab 2\,1-5: Jn la llamará «tiniebla») y se expresa en una frívola ansia individual de presente sin futuro (cf. Sb 2\,6-9) y en una convivencia fundada en la fuerza como norma de derecho (cf. Sab 2\,10-11).\nEl justo les resulta incómodo por estas razones:\n• Se opone a las acciones de los impíos: con su vida\, deslegitima la conducta de ellos.\n• Les reprocha sus faltas contra la Ley: los declara infieles a la alianza con el Señor.\n• Los reprende por su infidelidad a la educación recibida: no son «hijos» de sus padres.\nPor otro lado\, en contraste con ellos\, el justo se presenta a sí mismo como el que:\n• «Conoce» (por experiencia) a Dios\, por tanto\, no es propenso a aceptar ídolos en su lugar.\n• Es «hijo» (imitador de las obras) del Señor\, por eso no imita las acciones de los impíos\, y\n• Llama a Dios su «padre» (modelo inspirador de su conducta) y no se ciñe a otro como a él.\nLa vida del justo –más que sus palabras– reprocha tanto las acciones como las convicciones de los impíos; su diferente conducta («se aparta de nuestras sendas…») los hace sentir mal («…como si contaminaran»). Los impíos sienten que los considera de mala ley. Y\, con su esperanza\, declara dichoso el destino del justo. Es un reproche viviente que los inquieta continuamente.\nEntonces deciden ponerlo a prueba con el fin de desacreditarlo\, ya que suponen que Dios no lo va a librar de sus manos. Será como un juicio en el tribunal de la historia\, en el que al justo tendrá que demostrar que su confianza en Dios está fundada y que\, por consiguiente\, su vida y sus obras estaban apoyadas por Dios. No los preocupa declararse enemigos del justo y de Dios\, no sienten escrúpulo alguno en recurrir a la violencia y la muerte. Tanto los ofusca («ciega») su maldad y tan lejos están de los secretos designios de Dios porque viven sin esperanza (en la «tiniebla»\, diría el evangelista)\, ya que no esperan la retribución de la virtud ni el premio a la honestidad.\n\n2. Evangelio (Jn 7\,1-2.10.25-30).\nHay un enorme contraste en el trasfondo de esta narración: la fiesta de «las Chozas» era la más alegre; la gente construía enramadas y aparentaba vivir como sus antepasados en el desierto\, con la expectativa de la liberación definitiva. En cambio\, Jesús debe tomar precauciones\, porque las intenciones en su contra son ominosas.\nLa amenaza de muerte se cierne sobre Jesús y él actúa cautelosamente. No le van a quitar la vida; él la va a entregar libremente. El ambiente en Jerusalén es de represión por parte de los dirigentes. Por eso\, él procede precavidamente. No busca entrar en conflicto\, no es hombre de contiendas\, pero\, si se presentara conflicto por la oposición de los dirigentes a que él realice el designio del Padre\, él no lo se rehusaría a dar testimonio del amor de su Padre.\nAnte la enseñanza de Jesús se dan tres reacciones diferentes:\n• Sorpresa de unos\, dudando si los jefes lo habrán reconocido como Mesías\, porque\, según ellos\, las autoridades no proceden a arrestarlo y matarlo.\n• Negativa de otros\, porque ellos esperan un Mesías de origen desconocido y que llegue de modo repentino y victorioso sobre sus enemigos.\n• Adhesión de otros\, que no esperan que el Mesías haga más signos que los que Jesús ha hecho (v. 31\, omitido por el leccionario).\nLa contrarréplica de Jesús consiste en lanzar un «grito» –como el de la Sabiduría–\, que enseña a los inexpertos (cf. Pv 1\,21-22; 8\,1-3):\n• Declara que lo que ellos presumen de saber es irrelevante\, porque a él no lo definen ni su origen familiar ni su procedencia local.\n• Afirma que lo esencial es que él haya sido enviado por Dios\, y que no procede por su propia cuenta\, sino por una misión que Dios le confió.\n• Señala que\, mientras ellos no saben quién lo envió\, él sí lo conoce\, porque procede de él\, y su misión también tiene en él su origen.\nEn tanto que el saber del que alardean sus opositores carece de importancia y pone de manifiesto su insensatez\, el conocimiento de Dios que Jesús declara no es teórico\, sino vital\, y resulta ser un reproche\, porque ellos debieran conocerlo por experiencia e identificarlo por sus obras.\nLa ideología embustera («tiniebla») que los dirigentes le han inculcado al pueblo le impide aspirar a su propia plenitud y reconocer a Jesús como enviado divino. Por eso los que Jesús ha puesto en evidencia intentan prenderlo\, pero su intento resulta vano: la vida de Jesús no les pertenece\, le pertenece a él\, él es dueño de su vida y él la dará cuando llegue su hora.\n\nLa falta de libertad interior comienza en los criterios que se admiten sin verificar su veracidad. Esa es «la tiniebla»\, es decir\, la mentira del tentador\, el engaño del anticristo\, la tentación de la serpiente antigua lo que les permite a los opresores de las conciencias dominar a las personas y llevarlas a pensar y a actuar en contra de sí mismas y a favor de los intereses de esos opresores. El mesianismo de los líderes inescrupulosos se afianza en la falta de pensamiento crítico. Jesús no acepta esa pasividad mental y libera a la gente porque desafía el «orden» injusto\, propone el bien del ser humano como valor supremo y actúa en consecuencia. Los dirigentes del pueblo lo dominan a causa al control que ejercen sobre el mismo mediante creencias que la multitud acata de manera acrítica\, por pura credulidad\, persuadida previamente de que tales dirigentes le hablan con la verdad. Esa mentira institucional constituye lo que el evangelista llama «la tiniebla»\, o sea\, la ideología del sistema que «ciega» a la masa\, la despersonaliza y la manipula. Esa es la tiniebla a la cual se opone Jesús con la luz de su existencia entregada por amor a dar libertad a las personas.\nAl comulgar con él\, permitimos que nos libere interiormente y nos comprometemos a prolongar y realizar su obra liberadora en nuestra convivencia social.\nFeliz viernes.
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SUMMARY:Sábado de la IV semana de Cuaresma.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Jeremías (11\,18-20): \nEL Señor me instruyó\, y comprendí\,\nme explicó todas sus intrigas.\nYo\, como manso cordero\,\nera llevado al matadero;\ndesconocía los planes\nque estaban urdiendo contra mí:\n«Talemos el árbol en su lozanía\,\narranquémoslo de la tierra de los vivos\,\nque jamás se pronuncie su nombre».\nSeñor del universo\,\nque juzgas rectamente\,\nque examinas las entrañas y el corazón\,\ndeja que yo pueda ver\ncómo te vengas de ellos\,\npues a ti he confiado mi causa.\nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 7\,2-3.9bc-10.11-12 \nR/. Señor\, Dios. mío\, a ti me acojo \nV/. Señor\, Dios mío\, a ti me acojo\,\nlíbrame de mis perseguidores y sálvame;\nque no me atrapen como leones\ny me desgarren sin remedio. R/. \nV/. Júzgame\, Señor\, según mi justicia\,\nsegún la inocencia que hay en mí.\nCese la maldad de los culpables\,\ny apoya tú al inocente\,\ntú que sondeas el corazón y las entrañas\,\ntú\, el Dios justo. R/. \nV/. Mi escudo es Dios\,\nque salva a los rectos de corazón.\nDios es un juez justo\,\nDios amenaza cada día. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Juan (7\,40-53): \nEN aquel tiempo\, algunos de entre la gente\, que habían oído los discursos de Jesús\, decían:\n«Este es de verdad el profeta».\nOtros decían:\n«Este es el Mesías».\nPero otros decían:\n«¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David\, y de Belén\, el pueblo de David?».\nY así surgió entre la gente una discordia por su causa.\nAlgunos querían prenderlo\, pero nadie le puso la mano encima.\nLos guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos\, y estos les dijeron:\n«¿Por qué no lo habéis traído?».\nLos guardias respondieron:\n«Jamás ha hablado nadie como ese hombre».\nLos fariseos les replicaron:\n«También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la ley son unos malditos».\nNicodemo\, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo\, les dijo:\n«¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?».\nEllos le replicaron:\n«¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas».\nY se volvieron cada uno a su casa. \nPalabra del Señor\n\n\nLa Palabra del día y la reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\n\nSábado de la IV semana de Cuaresma.\n\nLas metáforas de «la luz» y «la tiniebla» confrontan –en Juan– dos realidades distintas: la vida humana («luz»: 1\,4) y una ideología contraria a ella («la tiniebla»: 1\,5)\, que busca suprimirla o\, al menos\, reprimirla. La vida es un hecho\, la ideología es un sistema de pensamiento convertida en patrón de pensamiento\, y que puede perpetuarse de forma acrítica. En eso se basa el juicio que Juan hace de «la tiniebla». Los letrados se instalaron como maestros del pueblo de Israel\, pero no para transmitirle el espíritu de la Ley\, sino para inculcar en él unas ideas que lo sometieran a su control. La tragedia de esto consiste en que el pueblo\, cegado por «la tiniebla»\, rechaza su propia liberación. Esto viene de antiguo\, y sin «la luz de la vida» (Jn 8\,12) puede perpetuarse de manera indefinida y en diferentes formas. Hoy el mensaje nos presenta «la tiniebla» en acción en contra de Jeremías y en contra de Jesús. Los ejemplos se pueden multiplicar.\n\n1. Primera lectura (Jer 11\,18-20).\nMás que notas personales\, las llamadas «confesiones» de Jeremías forman parte de su mensaje\, y dan testimonio de lo mucho que le exige ser profeta del Señor. Lejos de ser el resultado de una ambición personal\, esta vocación aparece como totalmente dependiente del designio de otro. El profeta no se presenta como dueño de la situación\, sino como servidor de la decisión divina. Se conjetura que\, por haber apoyado la reforma de Josías\, que prohibió los cultos locales\, las gentes de Anatot\, su ciudad\, y sobre todo los sacerdotes del lugar\, se sintieron afectados\, y reaccionaron en contra del profeta. Pero también pudo ser que\, en tiempos de Joaquín\, luego de denunciar el culto del templo de Jerusalén (Jer 7 y 26)\, vino a refugiarse en Anatot\, perseguido por eso.\nDespués del v. 18\, algunos traductores insertan 12\,6 («También tus hermanos y tu familia te son desleales\, también ellos te calumnian a tus espaldas; no te fíes\, aunque te digan buenas palabras»). Enseguida de esa advertencia\, sigue la atormentada toma de conciencia del profeta y su súplica al Señor. Después del v. 20 insertan 12\,3 («Tú\, Señor me examinas y me conoces; tú sabes cuál es mi actitud hacia ti; apártalos como a ovejas de matanza\, resérvalos para el día del sacrificio»). En definitiva\, el fragmento que se lee hoy contrasta la fidelidad del profeta\, aun a riesgo de su vida\, y la deslealtad del pueblo –incluyendo a su círculo más cercano– al cual él intenta salvar.\nEl profeta\, lleno de buenas intenciones\, ignora los planes que traman contra él y las conjuraciones a muerte de aquellos a quienes él pretende servir. Se acoge al «Señor de los ejércitos» (el Dios de la creación y de la historia)\, a quien él le ha encomendado su causa\, y usa el lenguaje de castigo («…que logre desquitarme de ellos») para pedir la justicia divina. Es su manera de pedirle al Señor que lo libere de las conjuras de sus enemigos\, y que a estos les muestre su reprobación.\n\n2. Evangelio (Jn 7\,40-53).\nEl sentir popular respecto de Jesús no es unánime. El evangelista reporta tres opiniones para sugerir la totalidad de las mismas: dos (la mayoría) son positivas: «el profeta» (cf. Dt 18\,18) y el Mesías; la tercera vuelve sobre el argumento de que el origen de Jesús y su lugar de nacimiento no concuerdan con las expectativas que ellos tienen\, sin preguntarse qué fundamento tiene ese prejuicio. Refieren «el Mesías» al esperado descendiente de David (cf. 2Sam 7\,12; Miq 5\,2) que\, por eso\, debía proceder de Belén. El evangelista le resta importancia a la cuestión\, porque lo que realmente importa es la misión divina de Jesús (cf. Jn 7\,28-29)\, por eso no zanja el asunto. Tal división de opiniones los lleva al enfrentamiento entre ellos\, pero los más hostiles manifiestan intenciones de detener a Jesús (cf. 7\,30); sin embargo\, nadie procede.\nLas autoridades se involucran en el proceso que conducirá a la muerte de Jesús\, urgidas por la actitud favorable de la multitud en relación con él. Los guardias del templo\, al mando del sumo sacerdote\, habían sido enviados por los sumos sacerdotes y los fariseos a arrestar a Jesús (cf. Jn 7\,32). Pero los guardias\, impresionados por el mensaje de Jesús\, no lo hicieron\, y esto provocó la ira de los fariseos\, los cuales tildaron a Jesús de impostor (hablan de «engañar») y adujeron el argumento de que «los jefes» y «los fariseos» no le habían dado su adhesión a Jesús. Suponen que su conducta debe ser normativa para el pueblo\, y los desespera ver que el influjo de Jesús libera al pueblo de su dominio y logra que se les salga de las manos. Por eso manifiestan su desprecio por el pueblo\, al cual tachan de ignorante («esa gente que no conoce la Ley») y lo consideran también despreciado por Dios («gente maldita»).\nA propósito del conocimiento de la Ley\, Nicodemo les recuerda que no se atienen al trámite legal\, porque están condenando a una persona sin escucharla y sin investigar sus acciones. La reacción contra Nicodemo es elusiva: pretenden insultarlo («galileo»)\, porque no pueden llamarlo «maldito»\, y también lo tratan de ignorante («estudia y verás…»). En realidad\, son ellos los que ignoran la Escritura\, ya que sí consta que hubo un profeta en Galilea (cf. 2Ry 14\,25: Jonás\, hijo de Amitay\, de Gatjéfer)\, pero ellos la ignoran culpablemente\, porque\, arrastrados por su odio\, quieren negar los hechos. Pero Nicodemo tampoco rompe con ellos\, porque no toma conciencia de que los fariseos han convertido la Ley en instrumento de opresión y de muerte (cf. Jn 19\,7).\nEl v. 53 corresponde a otro relato\, y no es relevante aquí.\n\nLa «opinión pública» no necesariamente refleja la verdad –ni siquiera mayoritaria–\, porque puede suceder que ella sea producto de una «opinión dominante»\, convertida en pública por favorecer los intereses de quienes detentan el poder\, y porque los perjudicados por ella carecen del espíritu crítico para distanciarse de la misma\, o el temor les impide disentir. Pero el criterio para valorar si una opinión\, mayoritaria según las estadísticas\, es verdadera o falaz\, reside en su relación con la vida humana\, no en sus índices de popularidad. Es falsa si es contraria a la vida humana\, y es verdadera si le es favorable\, porque «la vida es la luz de la humanidad» (cf. Jn 1\,4).\nHacer de la vida la verdad del hombre es pasar de la tiniebla a la luz\, de la esclavitud a la libertad. Jesús nos libera llevándonos a esa certidumbre interior. Su Espíritu Santo nos hace capaces de descubrir el valor excelso de la vida humana más allá de su aspecto o de las circunstancias que puedan determinarla. Y él es quien nos impulsa a salirnos del «mundo»\, rompiendo de manera decidida con «la tiniebla» que pretende extinguir «la luz» (cf. Jn 10\,39).\nEn la eucaristía esa luz «brilla» en la entrega de Jesús\, e «ilumina» el sentido de la nuestra (cf. Jn 1\,5.9)\, porque entregándonos con él y como él damos vida sin perderla (cf. Jn 8\,12).\nFeliz sábado con María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:V Domingo de Cuaresma. Ciclo C
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de Isaías (43\,16-21): \nEsto dice el Señor\, que abrió camino en el mar y una senda en las aguas impetuosas; que sacó a batalla carros y caballos\, la tropa y los héroes: caían para no levantarse\, se apagaron como mecha que se extingue. «No recordéis lo de antaño\, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando\, ¿no lo notáis? Abriré un camino por el desierto\, corrientes en el yermo.\nMe glorificarán las bestias salvajes\, chacales y avestruces\, porque pondré agua en el desierto\, corrientes en la estepa\, para dar de beber a mi pueblo elegido\, a este pueblo que me he formado para que proclame mi alabanza». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 125\,1-2ab.2cd-3.4-5.6 \nR/. El Señor ha estado grande con nosotros\, y estamos alegres \nCuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión\,\nnos parecía soñar:\nla boca se nos llenaba de risas\,\nla lengua de cantares. R. \nHasta los gentiles decían:\n«El Señor ha estado grande con ellos.»\nEl Señor ha estado grande con nosotros\,\ny estamos alegres. R. \nRecoge\, Señor a nuestros cautivos\ncomo los torrentes del Negueb.\nLos que sembraban con lágrimas\ncosechan entre cantares. R. \nAl ir\, iba llorando\,\nllevando la semilla;\nal volver\, vuelve cantando\,\ntrayendo sus gavillas. R. \n\n\n\nSegunda lectura\n\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (3\,8-14): \nHermanos:\nTodo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús\, mi Señor.\nPor él lo perdí todo\, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él\, no con una\njusticia mía\, la de la ley\, sino con la que viene de la fe de Cristo\, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe.\nTodo para conocerlo a él\, y la fuerza de su resurrección\, y la comunión con sus padecimientos\, muriendo su misma muerte\, con la esperanza de llegar a la resurrección de entre los muertos.\nNo es que ya haya conseguido o que ya sea perfecto: yo lo persigo\, a ver si lo alcanzo como yo he sido alcanzado por Cristo.\nHermanos\, yo no pienso haber conseguido el premio. Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante\, corro hacia la meta\, hacía el premio\, al cual me llama Dios desde arriba en Cristo Jesús. \nPalabra de Dios \n\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Juan (8\,1-11): \nEn aquel tiempo\, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo\, y todo el pueblo acudía a él\, y\, sentándose\, les enseñaba.\nLos escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio\, y\, colocándola en medio\, le dijeron:\n– «Maestro\, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú\, ¿qué dices?».\nLe preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.\nPero Jesús\, inclinándose\, escribía con el dedo en el suelo.\nComo insistían en preguntarle\, se incorporó y les dijo:\n– «El que esté sin pecado\, que le tire la primera piedra».\nE inclinándose otra vez\, siguió escribiendo.\nEllos\, al oírlo\, se fueron escabullendo uno a uno\, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús\, con la mujer en medio\, que seguía allí delante.\nJesús se incorporó y le preguntó:\n– «Mujer\, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?».\nElla contestó:\n– «Ninguno\, Señor».\nJesús dijo:\n– «Tampoco yo te condeno. Anda\, y en adelante no peques más». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nV Domingo de Cuaresma. Ciclo C.\n\nEn esta quinta semana de Cuaresma se anuncia el efecto salvador propio del amor de Dios\, que también es universal. El evangelio de este quinto domingo constituye una vigorosa defensa de la vida humana –incluso la más condenable– y una firme oposición a la pena de muerte.\nPara comprenderlo mejor\, es preciso tener en cuenta que el matrimonio judío tenía dos etapas: los esponsales\, cuando le mujer había cumplido doce años y un día\, y el varón dieciocho años; y las bodas\, que se celebraban un año después de los esponsales. Si cometían adulterio después de los esponsales\, se condenaban a muerte por lapidación; si lo hacían después de las bodas\, la pena de muerte era por estrangulación. Aquí piden lapidación; por tanto\, es una menor de 13 años.\n\nJn 8\,1-11.\nEste texto no pertenece ciertamente al evangelio de Juan\, donde se encuentra actualmente\, sino –según una tradición– al evangelio de Lucas. Se pueden considerar en él tres partes: enseñanza de Jesús al pueblo\, interrupción de la enseñanza por parte de los letrados y fariseos e interacción de Jesús con ellos\, y diálogo de Jesús con la «mujer».\n1. Enseñanza de Jesús al pueblo.\nCon un vocabulario propio del evangelio de Lucas\, el narrador refiere la enseñanza de Jesús en el templo de Jerusalén al «pueblo en masa»\, que acudió a él apenas se presentó en el lugar. Esta enseñanza no se explicita porque ya se sabe su contenido: el amor universal de Dios.\n2. Interrupción de la enseñanza.\nEn este momento se pueden constatar estos pasos: el planteamiento del caso y sus motivaciones\, la respuesta de Jesús\, la insistencia de los acusadores y la persistencia de Jesús\, y la reacción del grupo acusador.\nPrimer paso: el planteamiento del caso y sus motivaciones:\nDe manera brusca\, «los letrados y los fariseos» le plantearon el caso de una mujer «sorprendida» en flagrante adulterio\, convirtieron este asunto en el tema central de su enseñanza\, y lo urgieron a tomar posición frente a un dilema –según ellos– basado en la Ley de Moisés (cf. Lev 20\,10; Dt 22\,22-24): o declararla rea de muerte\, u oponerse a su lapidación.\nJesús no es juez\, lo que buscan no es una sentencia\, sino que opine para tener pretexto contra él. Es síntoma de injusticia que\, si la niña fue «sorprendida»\, ellos no hayan traído a su cómplice.\nSegundo paso: la respuesta de Jesús:\nAl escribir en la tierra\, Jesús alude a lo escrito en Jer 17\,1.13: «El pecado de Judá está escrito con punzón de hierro\, con punta de diamante está grabado en la tabla del corazón… Tú\, Señor\, eres la esperanza de Israel\, los que te abandonan fracasan\, los que se apartan de ti serán escritos en el polvo\, porque abandonaron al Señor\, manantial de agua viva». Así da a entender que todos los acusadores de la niña son pecadores empedernidos («corazón») y que están contados entre los muertos («escritos en el polvo») porque son idólatras («abandonaron al Señor»). Dando culto a un «Dios de muertos» (Lc 20\,38)\, están inmolando a los demonios sus hijos y sus hijas (cf. Sal 106\,37); y\, por ser partidarios de la muerte\, son muertos en vida.\nTercer paso: insistencia de ellos y persistencia de Jesús:\nLos acusadores ignoraron la insinuación de Jesús e insistieron en que se pronunciara de manera explícita. Entonces\, él los desafió a que le diera el golpe mortal a la niña el que de ellos estuviera libre de adulterio\, «e inclinándose de nuevo siguió escribiendo en el suelo». Teniendo en cuenta el texto de Jeremías\, es posible que estuviera escribiendo los nombres de los presentes.\nCuarto paso: reacción de los acusadores:\nLas palabras de Jesús impactaron sus conciencias. Cuanto más viejos\, más culpables de adulterio (cf. Dan 13\,52-59). Por eso\, fueron abandonando el lugar «uno a uno\, empezando por los más viejos»\, hasta dejarlo solo con la niña\, que seguía siendo el tema central de la enseñanza («allí en medio»)\, enseñanza que no acababa todavía. Ellos plantearon el asunto con una actitud hipócrita\, y por eso no fueron capaces de resolverlo. Pero el asunto sigue planteado.\n3. Diálogo de Jesús con la mujer.\nEl interrogatorio de Jesús es diferente\, y conduce a un juicio de salvación\, no de condenación. A la niña casadera la llama «mujer»\, haciéndola tomar conciencia de su responsabilidad personal\, y le pregunta por el paradero de sus acusadores y por el resultado de su acusación. La respuesta sobre el paradero de los acusadores remite de nuevo al oráculo de Jeremías: «escritos en el polvo»\, es decir\, han perdido su carácter de autoridad para acusarla. Por eso\, no hay respuesta para esta pregunta. En cambio\, respecto del resultado de la acusación\, sí hay respuesta: no hubo condena.\nLos culpables no la condenaron. Jesús\, el inocente que se atrevió a desafiarlos\, tampoco lo hace. La exonera de la pena de muerte\, la deja marcharse y continuar su vida\, le abre la posibilidad de una nueva oportunidad. Eso sí\, la exhorta a que no vuelva a cometer adulterio.\nEn ningún momento se habla de arrepentimiento de ella o de perdón de parte de él. Se habla de que él la libra de la condena a muerte y de que tampoco él la condena a morir. Se trata\, pues\, de la deslegitimación de la pena de muerte en nombre de Dios.\n\nHay muchos modos de matar en nombre de Dios. Pero eso siempre será culto a los demonios. El que es Hijo de Dios por excelencia\, Jesús\, nos enseñó a honrar al Padre dando vida\, no dando muerte\, y poniéndonos al servicio de la vida humana. Los que se figuran dar culto a Dios dando muerte a los que ellos mismos excluyen actúan así porque no han conocido al Padre ni tampoco a su Hijo (cf. Jn 16\,2-3). Las personas y las sociedades que matan –cualquiera que sea la forma en que lo hagan– podrán ser «religiosas»\, pero jamás podrán llamarse cristianas\, aunque apelen a un ordenamiento legal\, porque la vida humana está por encima de toda ley\, incluso la religiosa.\nQuienes celebramos la eucaristía\, memorial de la vida entregada de Jesús para darnos vida eterna\, celebramos de verdad el banquete de la vida comprometiendo toda nuestra existencia al servicio de la vida de los demás. Las comunidades que comparten el pan de la vida jamás legitimarán el recurso a la pena de muerte después de considerar esta firme postura de su Maestro.\n¡Feliz día del Señor!
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SUMMARY:Lunes de la V semana de Cuaresma
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Daniel (13\,1-9.15-17.19-30.33-62): \nEN aquellos días\, vivía en Babilonia un hombre llamado Joaquín\, casado con Susana\, hija de Jelcías\, mujer muy bella y temerosa del Señor.\nSus padres eran justos y habían educado a su hija según la ley de Moisés. Joaquín era muy rico y tenía un jardín junto a su casa; y como era el más respetado de todos\, los judíos solían reunirse allí.\nAquel año fueron designados jueces dos ancianos del pueblo\, de esos que el Señor denuncia diciendo:\n«En Babilonia la maldad ha brotado de los viejos jueces\, que pasan por guías del pueblo».\nSolían ir a casa de Joaquín\, y los que tenían pleitos que resolver acudían a ellos.\nA mediodía\, cuando la gente se marchaba\, Susana salía a pasear por el jardín de su marido. Los dos ancianos la veían a diario\, cuando salía a pasear\, y sintieron deseos de ella.\nPervirtieron sus pensamientos y desviaron los ojos para no mirar al cielo\, ni acordarse de sus justas leyes.\nSucedió que\, mientras aguardaban ellos el día conveniente\, salió ella como los tres días anteriores sola con dos criadas\, y tuvo ganas de bañarse en el jardín\, porque hacía mucho calor. No había allí nadie\, excepto los dos ancianos escondidos y acechándola.\nSusana dijo a las criadas:\n«Traedme el perfume y las cremas y cerrad la puerta del jardín mientras me baño».\nApenas salieron las criadas\, se levantaron los dos ancianos\, corrieron hacia ella y le dijeron:\n«Las puertas del jardín están cerradas\, nadie nos ve\, y nosotros sentimos deseos de ti; así que consiente y acuéstate con nosotros. Si no\, daremos testimonio contra ti diciendo que un joven estaba contigo y que por eso habías despachado a las criadas».\nSusana lanzó un gemido y dijo:\n«No tengo salida: si hago eso\, mereceré la muerte; si no lo hago\, no escaparé de vuestras manos. Pero prefiero no hacerlo y caer en vuestras manos antes que pecar delante del Señor».\nSusana se puso a gritar\, y los dos ancianos\, por su parte\, se pusieron también a gritar contra ella. Uno de ellos fue corriendo y abrió la puerta del jardín.\nAl oír los gritos en el jardín\, la servidumbre vino corriendo por la puerta lateral a ver qué le había pasado. Cuando los ancianos contaron su historia\, los criados quedaron abochornados\, porque Susana nunca había dado que hablar.\nAl día siguiente\, cuando la gente vino a casa de Joaquín\, su marido\, vinieron también los dos ancianos con el propósito criminal de hacer morir a Susana. En presencia del pueblo ordenaron:\n«Id a buscar a Susana\, hija de Jelcías\, mujer de Joaquín».\nFueron a buscarla\, y vino ella con sus padres\, hijos y parientes.\nToda su familia y cuantos la veían lloraban.\nEntonces los dos ancianos se levantaron en medio de la asamblea y pusieron las manos sobre la cabeza de Susana.\nElla\, llorando\, levantó la vista al cielo\, porque su corazón confiaba en el Señor.\nLos ancianos declararon:\n«Mientras paseábamos nosotros solos por el jardín\, salió esta con dos criadas\, cerró la puerta del jardín y despidió a las criadas. Entonces se le acercó un joven que estaba escondido y se acostó con ella.\nNosotros estábamos en un rincón del jardín y\, al ver aquella maldad\, corrimos hacia ellos. Los vimos abrazados\, pero no pudimos sujetar al joven\, porque era más fuerte que nosotros\, y\, abriendo la puerta\, salió corriendo.\nEn cambio\, a esta le echamos mano y le preguntamos quién era el joven\, pero no quiso decírnoslo. Damos testimonio de ello».\nComo eran ancianos del pueblo y jueces\, la asamblea los creyó y la condenó a muerte.\nSusana dijo gritando:\n«Dios eterno\, que ves lo escondido\, que lo sabes todo antes de que suceda\, tú sabes que han dado falso testimonio contra mí\, y ahora tengo que morir\, siendo inocente de lo que su maldad ha inventado contra mí».\nY el Señor escuchó su voz.\nMientras la llevaban para ejecutarla\, Dios suscitó el espíritu santo en un muchacho llamado Daniel; y este dio una gran voz:\n«Yo soy inocente de la sangre de esta».\nToda la gente se volvió a mirarlo\, y le preguntaron:\n«Qué es lo que estás diciendo?».\nÉl\, plantado en medio de ellos\, les contestó:\n«Pero ¿estáis locos\, hijos de Israel? ¿Conque\, sin discutir la causa ni conocer la verdad condenáis a una hija de Israel? Volved al tribunal\, porque esos han dado falso testimonio contra ella».\nLa gente volvió a toda prisa\, y los ancianos le dijeron:\n«Ven\, siéntate con nosotros e infórmanos\, porque Dios mismo te ha dado la ancianidad».\nDaniel les dijo:\n«Separadlos lejos uno del otro\, que los voy a interrogar».\nCuando estuvieron separados el uno del otro\, él llamó a uno de ellos y le dijo:\n«¡Envejecido en días y en crímenes! Ahora vuelven tus pecados pasados\, cuando dabas sentencias injustas condenando inocentes y absolviendo culpables\, contra el mandato del Señor: “No matarás al inocente ni al justo”. Ahora\, puesto que tú la viste\, dime debajo de qué árbol los viste abrazados».\nÉl contestó:\n«Debajo de una acacia».\nRespondió Daniel:\n«Tu calumnia se vuelve contra ti. Un ángel de Dios ha recibido ya la sentencia divina y te va a partir por medio».\nLo apartó\, mandó traer al otro y le dijo:\n«Hijo de Canaán\, y no de Judá! La belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. Lo mismo hacíais con las mujeres israelitas\, y ellas por miedo se acostaban con vosotros; pero una mujer judía no ha tolerado vuestra maldad. Ahora dime: ¿bajo qué árbol los sorprendiste abrazados?».\nÉl contestó:\n«Debajo de una encina».\nReplicó Daniel:\n«Tu calumnia también se vuelve contra ti. el ángel de Dios aguarda con la espada para dividirte por medio. Y así acabará con vosotros».\nEntonces toda la asamblea se puso a gritar bendiciendo a Dios\, que salva a los que esperan en él. Se alzaron contra los dos ancianos\, a quienes Daniel había dejado convictos de falso testimonio por su propia confesión\, e hicieron con ellos lo mismo que ellos habían tramado contra el prójimo. Les aplicaron la ley de Moisés y los ajusticiaron.\nAquel día se salvó una vida inocente. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 22\,1-3a.3b-4.5.6 \nR/. Aunque camine por cañadas oscuras\,\nnada temo\, porque tú vas conmigo \nV/. El Señor es mi pastor\, nada me falta:\nen verdes praderas me hace recostar;\nme conduce hacia fuentes tranquilas\ny repara mis fuerzas. R/. \nV/. Me guía por el sendero justo\,\npor el honor de su nombre.\nAunque camine por cañadas oscuras\,\nnada temo\, porque tú vas conmigo:\ntu vara y tu cayado me sosiegan. R/. \nV/. Preparas una mesa ante mí\,\nenfrente de mis enemigos;\nme unges la cabeza con perfume\,\ny mí copa rebosa. R/. \nV/. Tu bondad y tu misericordia me acompañan\ntodos los días de mi vida\,\ny habitaré en la casa del Señor\npor años sin término. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Juan (8\,1-11): \nEN aquel tiempo\, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo\, y todo el pueblo acudía a él\, y\, sentándose\, les enseñaba.\nLos escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio\, y\, colocándola en medio\, le dijeron:\n«Maestro\, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú\, ¿qué dices?».\nLe preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.\nPero Jesús\, inclinándose\, escribía con el dedo en el suelo.\nComo insistían en preguntarle\, se incorporó y les dijo:\n«El que esté sin pecado\, que le tire la primera piedra».\nE inclinándose otra vez\, siguió escribiendo.\nEllos\, al oírlo\, se fueron escabullendo uno a uno\, empezando por los más viejos.\nY quedó solo Jesús\, con la mujer en medio\, que seguía allí delante.\nJesús se incorporó y le preguntó:\n«Mujer\, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?».\nElla contestó:\n«Ninguno\, Señor».\nJesús dijo:\n«Tampoco yo te condeno. Anda\, y en adelante no peques más». \nPalabra del Señor \nEVANGELIO (opcional para el año C) Jn 8\, 12-20 \nLectura del santo Evangelio según san Juan. \nEN aquel tiempo\, Jesús habló a los fariseos\, diciendo:\n«Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas\, sino que tendrá la luz de la vida».\nLe dijeron los fariseos:\n«Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es verdadero».\nJesús les contestó:\n«Aunque yo doy testimonio de mí mismo\, mi testimonio es verdadero\, porque sé de dónde he venido y adónde voy; en cambio\, vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie; y\, si juzgo yo\, mi juicio es legítimo\, porque no estoy yo solo\, sino yo y e! que me ha enviado\, el Padre; y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo doy testimonio de mí mismo\, y además da testimonio de mí el que me ha enviado\, el Padre».\nEllos le preguntaban:\n«Dónde está tu Padre?».\nJesús contestó:\n«Ni me conocéis a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí\, conoceríais también a mi Padre».\nJesús tuvo esta conversación junto al arca de las ofrendas\, cuando enseñaba en el templo. Y nadie le echó mano\, porque todavía no había llegado su hora. \nPalabra del Señor.\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nLunes de la V semana de Cuaresma.\n\nEsta semana nos anuncia la acción «salvadora» (vivificadora) del Padre por medio de su Hijo. El ser humano no solo se arrogó el hecho de matar a su hermano (cf. Gen 4)\, sino que creó la pena de muerte (cf. Gen 4\,23-24) y luego la justificó presentándola como legislación divina. Una de las cláusulas de la alianza es «no matarás» (Exo 20\,13)\, lo que indica que para ser pueblo de Dios hay que respetar la vida humana. Pero esa exigencia tendrá que esperar mucho tiempo antes de ser aceptada. Incluso\, se ha llegado a matar en nombre de Dios (cf. Jn 16\,1)\, por desconocer al Padre y a su Hijo (cf. Jn 16\,2). Hoy es una exigencia por atender. Esta semana la escucharemos una vez más\, con el propósito de apropiárnosla.\n\n1. Primera lectura (Dan 13\,1-9.15-17.19-30.33-62).\nSusana («Azucena»: ????????\, ???????????) es imagen de Israel (cf. Os 14\,6; Mt 6\,28; Lc 12\,27). El relato\, que es uno de los añadidos griegos al libro de Daniel\, se data en los días del cautiverio babilónico\, en una anónima y pequeña comunidad que gozaba de una cierta autonomía y era gobernada por jefes locales. Susana encarna el ideal de esposa bella y fiel que confía en el Señor. Más allá del personaje\, ella personifica a Israel. Es posible distribuir la narración en las siguientes partes:\n1. Introducción (vv. 1-4).\nJoaquín (???????????: «el Señor edificará»)\, el esposo de Susana\, era un hombre muy rico\, y Susana\, hija de Jelcías (????????????: «el Señor está de mi parte»)\, era una mujer muy bella y religiosa\, educada en la Ley de Moisés. Su casa era lugar habitual de reunión de los «ancianos» (concejales)\, y estaba dotada de un parque (??????????). Allí se resolvían los pleitos de los lugareños.\n2. Los dos «ancianos» (vv. 5-14).\nDos concejales corruptos\, que hacían de jueces\, se enamoraron de Susana\, cada uno por su parte\, y\, cuando se dieron cuenta de su común pasión\, se pusieron de acuerdo para acceder juntos a ella. La cita que se aduce\, en la cual se designa a Dios como «Dueño»\, es de origen desconocido.\n3. La «tentación en el paraíso» (vv. 15-27).\nTendiéndole una trampa\, la amenazaron con acusarla de adulterio si no lo cometía con ellos. El adulterio estaba castigado con pena de muerte (cf. Lev 20\,10; Dt 22\,22). Susana se negó\, se armó un gran alboroto\, y los créditos fueron para los ancianos corruptos. La duda sobre la integridad de Susana se basó en la credibilidad institucional de ellos.\n4. El juicio de los «ancianos» (vv. 28-41).\nImpávidos y haciendo gala de cinismo\, cumplieron su promesa de venganza: Susana fue sometida a un juicio injusto\, con todas las de la Ley\, por los que tenían la misión de administrar justicia. Con base en su credibilidad\, Susana fue condenada a muerte. En la lapidación intervenía toda la comunidad\, después de imponerles las manos a la acusada.\n5. La apelación de Susana (vv. 42-44).\nSusana había decidido caer en manos de Dios y no en manos de esos jueces. Por eso\, confiando en el Señor\, apeló a él alegando lo que solo él podía saber\, que ellos habían dado falso testimonio contra ella. Y el Señor la escuchó e intervino.\n6. Daniel\, el juicio de Dios (vv. 45-62).\nDios suscitó a Daniel (???????????: «Juicio de Dios»)\, quien denunció el juicio y la sentencia\, y luego cuestionó la ligereza del mismo\, juzgando a los jueces con un interrogatorio sencillo\, que dejó al descubierto su perversidad. En los vv. 54.58-59 se halla en el texto griego un juego de palabras para designar el árbol y el castigo correspondiente: acacia (??????)\, partir (?????); encina (??????)\, despedazar (????????). El relato quiere mostrar que la perversidad es «insensata» (estúpida)\, y el insensato se condena a sí mismo. La asamblea los condenó a partir de esa auto condena.\n7. Conclusión (vv. 63-64).\nLa asamblea bendijo a Dios\, «que salva a los que esperan en él»\, y la entera familia de Susana alabó a Dios porque esta fue hallada totalmente inocente. Y Daniel gozó de un gran prestigio entre los habitantes de aquella población.\n\n2. Evangelio (Ciclos A y B: Jn 8\,1-11).\nQue Dios salve la vida del justo\, es algo que parece lógico a la razón humana\, pero el hecho que rescata este relato va contra esa razón: Jesús defiende el derecho a la vida de una persona que es a todas luces culpable.\nLos letrados y los fariseos invocan el «mandato» de Moisés en la Ley para pedirle a Jesús que se pronuncie a favor de la pena de muerte contra una mujer sorprendida en adulterio\, pero de cuyo cómplice no hacen mención. Si Jesús lo llegara a hacer\, no solo se contradiría\, sino que sellaría su propia sentencia de muerte por usurpar el poder que los invasores romanos reclamaban como de su exclusiva competencia: sentenciar a muerte. Los «ancianos» que abogan a favor de la pena de muerte quieren eso\, la muerte.\nLa acción de Jesús hace alusión a lo escrito en Jer 17\,1a.13b: «El pecado de Judá está escrito con punzón de hierro… los que se apartan serán escritos en el polvo\, porque abandonaron al Señor\, manantial de agua viva». Se trata de un pecado que lleva a la muerte («polvo»)\, y que consiste en la idolatría (cf. Jer 2\,11-13) de cambiar al Dios de la vida («manantial de agua viva») por los ídolos de la muerte (cf. Lc 20\,38).\nNo les preocupa ser tildados de idólatras; tienen sed de sangre y urgen que Jesús se pronuncie. Este los enfrenta con su propia conciencia\, acusándolos de adulterio\, y vuelve a su denuncia. Por lo menos\, les queda un mínimo de decencia\, o su culpa es tan evidente que resulta innegable\, porque todos desisten.\nJesús salva la vida de una persona culpable. Ella no ha manifestado arrepentimiento ni ha pedido perdón. Él la salva porque él es «el salvador del mundo» (Jn 4\,42)\, de todos.\n\n2. Evangelio (Ciclo C: Jn 8\,12-20).\nJesús se declara «luz del mundo»\, lo que equivale a «vida de la humanidad»\, e implica la libertad y la alegría para todos. Él cumple así la promesa de Dios (cf. Is 42\,6-7; 49\,6.9). Ahora concreta más la promesa asegurando: «el que me sigue no camina en tinieblas\, sino que tendrá la luz de la vida». Así se presenta como el guía que conduce el nuevo éxodo sacando de la zona de la tiniebla (la mentira y la violencia) y llevando a la nueva tierra prometida («la luz de la vida»). Dios cumple la promesa de vida dando a su Hijo para que la humanidad viva (cf. Jn 3\,16-17; 6\,51).\nDesde la zona de la tiniebla\, los fariseos intentan neutralizar la declaración de Jesús alegando que él no puede dar testimonio a favor de sí mismo. En realidad\, lo que sucede es que Jesús se ofrece en sustitución de la Ley –y sobre todo de la interpretación que de ella hacen ellos– erigiéndose como expresión del designio divino\, como ideal de vida y como norma de convivencia\, cosa que les arrebata su capacidad de someter a la gente y detentar el control de la sociedad. El testimonio de Jesús\, sin embargo\, «es válido» porque se fundamenta en su experiencia personal del amor de Dios que es su origen y quien le asignó su misión («sé de dónde he venido y a dónde me dirijo»). Se refiere al amor del Padre que le da vida y lo envía (cf. Jn 6\,57)\, pero como ellos están cerrados al Espíritu no tienen capacidad para entenderlo.\nEl criterio de los fariseos\, por consiguiente\, es de corto alcance\, solo se atiene a miras humanas\, es decir\, al proyecto de hombre (el Mesías) y al proyecto de convivencia nacionalista que ellos le inculcan al pueblo\, que excluye a los otros pueblos de la salvación. Jesús no excluye a nadie («yo no doy sentencia contra nadie»)\, y\, si lo hiciera\, sería respaldado por el testimonio del Padre\, con el cual suman dos testigos\, lo que es conforme a la Ley de Moisés (cf. Dt 17\,6; Num 35\,30). De hecho\, son ellos quienes se excluyen de la «luz» con su perverso modo de actuar (cf. Jn 3\,19). O sea\, su testimonio es válido porque está respaldado por el Padre; él a nadie excluye\, pero si ellos se consideran excluidos\, es porque prefieren sus obras perversas a la salvación de Dios.\nLa pregunta de los fariseos es mordaz; le piden a Jesús que les diga «dónde está» su Padre\, para cerrar la posibilidad de entendimiento entre ellos y él. Pero Jesús les denuncia la raíz profunda de su pregunta: al no reconocer que cuando él da vida actúa en nombre de Dios\, manifiestan su desconocimiento del Dios de Israel\, que así se reveló por medio de Moisés y que\, por medio de Jesús va más lejos revelándose como Padre. Verlo a él basta para ver al Padre (cf. Jn 12\,45).\n\nLa vida es sagrado derecho de todo ser humano\, justo o injusto\, santo o pecador. Nadie se puede arrogar la facultad de reprimir\, oprimir o suprimir la vida humana\, y mucho menos invocando el nombre de Dios Padre. En su nombre solo se puede dar vida\, es decir\, comunicar su Espíritu a través de la donación de sí mismo en el servicio. Jesús nos enseña que este respeto por la vida no consiste simplemente en «no matar». Es\, además\, exigencia de convivencia pacífica\, respeto por la honra ajena\, y voluntad de inclusión social (cf. Mt 5\,21-22). El efecto salvador del amor del Padre se manifestó inicialmente en la obra liberadora de Moisés\, pero resplandece en la obra liberadora y salvadora de Jesús\, quien infunde su Espíritu Santo en el ser humano.\nCuando él nos ofrece su «cuerpo» (su personal entrega de amor)\, nos invita a aceptar esa entrega prolongándola\, haciendo también nosotros lo mismo. Y eso es lo que declaramos aceptar con el «amén» que pronunciamos al recibir el sacramento de la eucaristía.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la V semana de Cuaresma.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de los Números (21\,4-9): \nEN aquellos días\, desde el monte Hor se encaminaron los hebreos hacia el mar Rojo\, rodeando el territorio de Edón.\nEl pueblo se cansó de caminar y habló contra Dios y contra Moisés:\n«¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua\, y nos da náuseas ese pan sin sustancia».\nEl Señor envió contra el pueblo serpientes abrasadoras\, que los mordían\, y murieron muchos de Israel.\nEntonces el pueblo acudió a Moisés\, diciendo:\n«Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes».\nMoisés rezó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió:\n«Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla».\nMoisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien\, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 101\,2-3.16-18.19-21 \nR/. Señor\, escucha mi oración\,\nque mi grito llegue hasta ti \nV/. Señor\, escucha mi oración\,\nque mi grito llegue hasta ti;\nno me escondas tu rostro\nel día de la desgracia.\nInclina tu oído hacia mí;\ncuando te invoco\,\nescúchame enseguida. R/. \nV/. Los gentiles temerán tu nombre\,\nlos reyes del mundo\, tu gloria.\nCuando el Señor reconstruya Sión\ny aparezca en su gloria\,\ny se vuelva a las súplicas de los indefensos\,\ny no desprecie sus peticiones. R/. \nV/. Quede esto escrito para la generación futura\,\ny el pueblo que será creado alabará al Señor.\nQue el Señor ha mirado desde su excelso santuario\,\ndesde el cielo se ha fijado en la tierra\,\npara escuchar los gemidos de los cautivos\ny librar a los condenados a muerte. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Juan (8\,21-30): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a los fariseos:\n«Yo me voy y me buscaréis\, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros».\nY los judíos comentaban:\n«¿Será que va a suicidarse\, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?».\nY él les dijo:\n«Vosotros sois de aquí abajo\, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo\, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues\, si no creéis que Yo soy\, moriréis en vuestros pecados».\nEllos le decían:\n«¿Quién eres tú?».\nJesús les contestó:\n«Lo que os estoy diciendo desde el principio. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me ha enviado es veraz\, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él».\nEllos no comprendieron que les hablaba del Padre.\nY entonces dijo Jesús:\n«Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre\, sabréis que “Yo soy”\, y que no hago nada por mi cuenta\, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo\, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada».\nCuando les exponía esto\, muchos creyeron en él. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMartes de la V semana de cuaresma.\n\n«Salvar» es infundir vida. «Amar» es entregar libremente la propia vida. La «salvación» es amor en acción. Dios es «salvador»\, como Padre que es\, comunicando su propia vida como don\, para que los salvados por él tengan vida eterna (cf. Jn 3\,16-17). La salvación exige la libertad\, porque el amor solo puede darse en libertad. Por eso\, después de meditar en la actividad liberadora de Dios\, meditamos ahora en su actividad salvadora.\nJesús no «salva» (da vida) por una acción de poder\, exterior al hombre\, sino por la acción interior de su entrega\, que provoca la fe\, adhesión de parte del hombre\, y permite la infusión del Espíritu Santo en el «corazón». El hombre ha de enfrentar sus miedos\, sobre todo el miedo a la muerte\, y mirar al crucificado como fuente de vida definitiva\, como lo hacemos los cristianos.\nQuienes miran la cruz con horror y pavor se quedan solo en la superficie del asunto\, su mirada es exterior\, no percibe la verdad integral. Es verdad que la cruz de Jesús muestra con espanto el extremo al que es capaz de llegar el odio del mundo. Pero no es menos cierto que ella manifiesta hasta dónde es capaz de llegar el amor de Dios\, y no en abstracto\, ni con romanticismo\, sino en su capacidad de derrotar el odio y de superar el dolor.\n\n1. Primera lectura (Nm 21\,4-9).\nPara comprender mejor este relato hay que tener en cuenta que en hebreo se da un parentesco entre «serpiente» (??????) y «bronce» (????????) con el verbo «adivinar» (????); y\, también\, recordar que «rebelarse» contra Dios\, en el Antiguo Testamento\, no significa oponer resistencia a una tiranía\, sino resistirse a la iniciativa liberadora del Señor.\nEl relato se sitúa en el desierto. El pueblo rescatado se desanima\, siente extenuante el camino y se pone a difamar la liberación de la que está siendo beneficiario. En vez de un camino de vida\, ve una «trampa» de muerte\, el maná le parece miserable. No ve el amor que lo libera y lo lleva a la tierra de la vida\, tierra espaciosa\, que mana leche y miel.\nEl relator le atribuye a Dios las consecuencias de la maledicencia del pueblo: surgen en medio del pueblo «las serpientes\, los serafines» (literalmente: ??????????? ???????????)\, seres mitológicos de origen egipcio\, representados como serpientes con alas\, que engalanaban el trono del faraón. O sea\, la maledicencia genera el pánico supersticioso de que los dioses protectores del faraón van a llevar al fracaso el éxodo del Señor. La mordedura de «los serafines» se entiende mejor cuando se tiene en cuenta que «serafín» (??????) evoca un nombre\, «jefe» (????)\, que se predicaba de un general que representaba al rey (en este caso\, al faraón)\, y\, además\, está emparentado con el verbo «quemar» (??????)\, que aquí describe el tormento del veneno de las serpientes. Se trata\, entonces\, del miedo no superado a los ejércitos del faraón.\nEsto hace que muchos «mueran» (caigan en el engaño) y desistan. Cuando el pueblo reconoce su pecado y recurre a la intercesión de Moisés\, el Señor le indica a este que haga para sí un serafín (??????) y lo coloque en un estandarte (hebreo\, ???; griego\, ???????: cf. Lc 2\,34) para que todo el que sea mordido viva al verlo inerte. Moisés\, sin embargo\, hace una serpiente (??????) de bronce\, que cumple ese cometido. Aquí se trata de enfrentar («ver») el propio miedo con fe en el Señor y con confianza en la guía de Moisés. Esto le dará vida al pueblo. Y lo que era causa de muerte\, por esa fe y esa confianza\, se convierte en causa de vida.\n\n2. Evangelio (Jn 8\,21-30).\nJesús les advierte a los judíos que van a eliminarlo que su verdadero problema no es él\, sino el odio que sienten contra él\, ya que –al contrario– él es quien los puede salvar. El pecado que los llevará a la muerte («el pecado del mundo») es la actividad de ellos encaminada a reprimir o a suprimir la vida humana\, oponiéndose así al proyecto de Dios. Jesús les explica que pertenecen a dos esferas distintas: él es de la esfera «de arriba» (el reino de Dios); ellos\, a la «de abajo» (el «mundo»). Él posee el Espíritu\, ellos carecen de él. Por eso no son capaces de seguirlo: son incapaces de darse (amar) porque no conocen al Padre y no son libres.\nLa muerte de Jesús les mostrará su amor\, porque él es desapegado y libre de dar la vida para que los demás tengan vida. Jesús habla de su muerte como de un éxodo voluntario («yo me voy»)\, y se les propone para que crean en su condición divina («yo soy»). La partida (muerte-glorificación) demostrará que dicha condición divina no es una pretensión infundada. Cuando ellos lo levanten a él –como Moisés la serpiente en el desierto (cf. Jn 3\,14-15; 8\,25)– comprenderán que él actuaba y hablaba guiado por el amor del Padre\, y que el Padre no lo abandona en la muerte\, sino que lo acoge consigo. Ellos verificarán que él no es su enemigo\, sino que todo lo que ha hecho es por encargo del Padre y con su respaldo. Él\, «levantado»\, los atraerá a todos hacia sí (cf. Jn 12\,32). «Levantado» se refiere a la vez a su crucifixión y a su resurrección o exaltación.\nSus palabras provocan nuevas adhesiones.\n\nMirar con fe al crucificado no es fijar la mirada en un fetiche. Es considerar la muerte de Jesús\, coherente con el amor que ha testimoniado\, como camino de la plenitud definitiva. El verdadero amor da vida\, y la da cuando es entrega de sí mismo\, y no mero suministro de cosas. Jesús en la cruz desafía tanto el odio asesino como la muerte. Quien lo mira con fe se adhiere a ese desafío del mismo modo que él\, amando hasta el don total de sí mismo.\nLos miedos intoxican la vida y la convivencia llenando de desaliento a los individuos y los grupos; actúan como un fuego que reduce a cenizas hasta los más preciados sueños de libertad y de vida de las personas. Ese es el veneno que inoculan las distintas «serpientes» (mentiras) que intentan neutralizar el éxodo. La superstición del poder potencia esos miedos hasta el punto de hacerlos insoportables\, obligan a ceder. El mayor de esos miedos es el miedo a la muerte. Jesús\, libre para amar\, por la libre entrega de su vida al servicio liberador supera ese miedo y nos invita a que lo hagamos nosotros como lo hizo él\, confiando en el amor salvador del Padre.\nEn la eucaristía\, Jesús se da a sí mismo\, no nos promete cosas que nosotros podríamos alcanzar con nuestro esfuerzo. La eucaristía es el don de sí mismo como culto al Padre\, dador de vida; es decir\, es acción de gracias por el don de la vida recibida\, y el que la recibe entra de modo libre en esa dinámica de donación para hacerse solidario con Jesús. Por eso hablamos de «comunión eucarística»\, comulgamos con Jesús en esa entrega que es gratitud por la vida recibida.\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la V semana de Cuaresma.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la profecIa de Daniel (3\,14-20.91-92.95): \nEN aquellos días\, el rey Nabucodonosor dijo:\n«¿Es cierto\, Sidrac\, Misac y Abdénago\, que no teméis a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he erigido? Mirad: si al oír tocar la trompa\, la flauta\, la cítara\, el laúd\, el arpa\, la vihuela y todos los demás instrumentos\, estáis dispuestos a postraros adorando la estatua que he hecho\, hacedlo; pero\, si no la adoráis\, seréis arrojados inmediatamente al horno encendido\, y ¿qué dios os librará de mis manos?».\nSidrac\, Misac y Abdénago contestaron al rey Nabucodonosor:\n«A eso no tenemos por qué responderte. Si nuestro Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido\, nos librará\, oh rey\, de tus manos. Y aunque no lo hiciera\, que te conste\, majestad\, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido».\nEntonces Nabucodonosor\, furioso contra Sidrac\, Misac y Abdénago\, y con el rostro desencajado por la rabia\, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre\, y ordenó a sus soldados más robustos que atasen a Sidrac\, Misac y Abdénago y los echasen en el horno encendido.\nEntonces el rey Nabucodonosor se alarmó\, se levantó y preguntó\, estupefacto\, a sus consejeros:\n«¿No eran tres los hombres que atamos y echamos al horno?».\nLe respondieron:\n«Así es\, majestad».\nPreguntó:\n«Entonces\, ¿cómo es que veo cuatro hombres\, sin atar\, paseando por el fuego sin sufrir daño alguno? Y el cuarto parece un ser divino».\nNabucodonosor\, entonces\, dijo:\n«Bendito sea el Dios de Sidrac\, Misac y Abdénago\, que envió un ángel a salvar a sus siervos\, que\, confiando en él\, desobedecieron el decreto real y entregaron sus cuerpos antes que venerar y adorar a otros dioses fuera del suyo». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nDn 3\,52.53.54.55.56 \nR/. A ti gloria y alabanza por los siglos \nV/. Bendito eres\, Señor\, Dios de nuestros padres.\nBendito tu nombre\, santo y glorioso. R/. \nV/. Bendito eres en el templo de tu santa gloria. R/. \nV/. Bendito eres sobre el trono de tu reino. R/. \nV/. Bendito eres tú\, que sentado sobre querubines sondeas\nlos abismos. R/. \nV/. Bendito eres en la bóveda del cielo. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Juan (8\,31-42): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él:\n«Si permanecéis en mi palabra\, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad\, y la verdad os hará libres».\nLe replicaron:\n«Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”?».\nJesús les contestó:\n«En verdad\, en verdad os digo: todo el que comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre\, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace libres\, seréis realmente libres. Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo\, tratáis de matarme\, porque mi palabra no cala en vosotros. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre\, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre».\nEllos replicaron:\n«Nuestro padre es Abrahán».\nJesús les dijo:\n«Si fuerais hijos de Abrahán\, haríais lo que hizo Abrahán. Sin embargo\, tratáis de matarme a mí\, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios; y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre».\nLe replicaron:\n«Nosotros no somos hijos de prostitución; tenemos un solo padre: Dios».\nJesús les contestó:\n«Si Dios fuera vuestro padre\, me amaríais\, porque yo salí de Dios\, y he venido. Pues no he venido por mi cuenta\, sino que él me envió». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMiércoles de la V semana de Cuaresma.\n\nEl poder necesita ser venerado para que los sometidos a él permanezcan como sus súbditos. Por eso se erige como objeto de culto\, revestido con su capacidad de matar la vida ajena\, circundado por la aureola del temor que infunde en sus vasallos\, dejando de lado todo escrúpulo para exigir la exclusiva\, y suprimiendo así la libertad.\nPero la libertad que merece ese nombre no es la mera libertad de acción\, porque esta llega más allá de la libertad de opción. La simple condición social\, la mera afiliación a un grupo\, no bastan; se requiere un nuevo nacimiento (cf. Jn 3\,3-7)\, o sea\, la nueva condición\, la del hombre-espíritu\, el hombre renacido del Espíritu Santo (cf. Jn 7\,39). Ese es el que da vida entregando la propia\, a imitación del «salvador del mundo» (Jn 4\,42).\nEsta libertad es la libertad de opción purificada y potenciada por el Espíritu Santo\, de tal forma que hace al ser humano partícipe del señorío de Jesús\, quien se constituye en Señor de personas libres y nos capacita para amar hasta el don total de nosotros mismos\, y este amor nos realiza como hijos de Dios.\n\n1. Primera lectura (Dan 3\,14-20.91-92.95).\nLos tres jóvenes enfrentan la disyuntiva de idolatrar el poder y vivir\, o de morir por ser fieles al Dios del éxodo\, que se opuso a ese poder. El tirano recurre a su «arma» favorita: la amenaza de muerte. El «horno encendido» es como la prueba del fuego (cf. Is 43\,2)\, es decir\, un juicio en el cual el reo\, si pasa la prueba\, es inocente\, y si sucumbe\, culpable. El rey enfrenta su poder de dar muerte con la capacidad de salvar de cualquier dios («¿qué dios los va a librar de mis manos?»: cf. Jdt 6\,2). Esa es justamente la apuesta que está en juego: si la capacidad mortífera del poder es superior a la capacidad salvadora del Señor. El poderoso rey se siente por encima de todos los dioses\, y por eso se imagina que es superior al Señor\, Dios de Israel.\nLa innecesaria enumeración de los instrumentos musicales parece destinada a preparar la burla al poder: toda su parafernalia solo servirá para orquestar el fracaso del poder ante el Señor Dios. Los tres jóvenes no discuten\, solo dan testimonio su adhesión al «Dios que veneramos»\, no por temor\, por engaño o por halago\, sino solo por fidelidad\, sin ponerle condiciones al Señor («si no lo hace…»). Se ratifican en su decisión de no adorar ni a los dioses del rey ni a él como figura de poder. Y esta negativa\, expresión de libertad ante el temor\, exaspera al rey.\nEl poder recrudece sus amenazas; la libertad de los jóvenes ante la muerte lo lleva al paroxismo y a hacer alardes de su capacidad de matar. La descripción de la cólera del rey reviste un carácter típico; así el lector asocia la resistencia que le oponen los mártires a los poderosos con la crueldad que estos desarrollan en su persecución. Pero el Señor interviene y salva a los tres jóvenes de la furia del tirano\, furia que es miedo a admitir que haya alguien más grande que él. La descripción que el rey hace de los condenados contrasta la acción de sus hombres con la del Señor. En lugar de tres\, hay cuatro hombres en el horno\, en vez de estar atados\, están libres\, en vez de calcinados por el fuego\, caminan a través de él sin daño alguno\, y el cuarto tiene aspecto de ángel (cf. vv. 49.92). El éxodo se renueva\, el primero fue a través del Mar Rojo; ahora\, a través de un mar de fuego. El rey tiene que reconocer que los tres jóvenes veneran al «Dios Altísimo» (sobradamente por encima de él)\, y que –por eso– son hombres a prueba de fuego No le queda más remedio que aceptar que el «Dios Altísimo» es salvador\, y que se justifica resistirse a las pretensiones del poder para permanecer fieles a ese Dios.\n\n2. Evangelio (Jn 8\,31-42).\nEl discípulo fiel guarda el mensaje de Jesús\, y así conoce la verdad de Dios (su amor) que lo hace libre de la complicidad con la «tiniebla». Dicho mensaje\, puesto en práctica\, obtiene el don del Espíritu\, «verdad» y «vida» de Dios\, que conduce a la ruptura con el «mundo». El Espíritu es la fuente de la libertad y de la madurez cristiana\, que hace al hombre «señor» (dueño) de sí mismo\, y le permite superar la condición de servidumbre. Ser «hijo» implica ser miembro permanente de la familia\, gozar de libertad y actuar como el padre. No es suficiente la comunidad de raza para sentirse «hijo». Una cosa es ser «descendiente» (??????)\, y otra muy distinta es ser «hijo» (????).\nLa «descendencia» es una condición biológica; la «filiación» es una opción existencial. El hijo se parece a su padre y hace lo que le ve hacer a su padre (cf. Jn 5\,19-20). Los judíos se decían «hijos de Abraham»\, e incluso de Dios\, pero se portaban como hijos de otro\, porque trataban de matar\, y esa conducta no podían atribuírsela ni al uno ni al otro. Sienten que Jesús los tilda de idólatras («nacidos de prostitución») y por eso protestan con ira\, en nombre de su origen como miembros del pueblo de Dios; pero si fueran hijos de Dios\, en vez de odiar\, amarían\, pues el odio da muerte\, en tanto que el amor da vida. Jesús adujo sus obras («yo hago siempre lo que le agrada a él»: Jn 8\,29)\, su mensaje («les he estado proponiendo la verdad que aprendí de Dios») y su misión («yo estoy aquí procedente de Dios… fue él quien me envió») como prueba de su filiación divina.\n\nLa acción salvadora de Dios se manifiesta a través del amor\, y este se concreta en el don de su Hijo para que nosotros\, por él\, recibamos el Espíritu y tengamos vida.\nEsa acción salvadora excluye la esclavitud\, porque solo puede amar el que es libre. El ser humano es esclavo de sus miedos\, principalmente del miedo a la violencia y a la muerte. Por eso mismo\, esa acción salvadora descarta el odio\, porque este esclaviza\, niega el amor y se cierra al Espíritu.\n«Hijo» de Dios no es un simple título de abolengo\, es un modo de ser que entraña la valoración de la vida humana como «luz» (cf. Jn 1\,4)\, es decir\, como el criterio teórico-práctico de la propia existencia\, y que\, en consecuencia\, compromete esa existencia en la procura de la propia plenitud de vida dándole vida a los demás. Jesús es el modelo de «Hijo»\, porque él\, con la entrega de su vida\, manifiesta y hace creíble el amor del Padre\, y se convierte así en mediador del mismo para otorgar el Espíritu a quienes quieran lograr esa misma plenitud.\nEsto es lo que conmemoramos en la eucaristía y a lo que cada uno se compromete libremente cuando la recibe diciendo «amén» de corazón. Jesús no solo nos hace partícipes de la salvación\, sino también de su propia acción salvadora. Cuando les damos nuestra vida a los demás\, somos «salvadores» con él. Así prolongamos su don a través del don que hacemos de nosotros mismos.\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Jueves de la V semana de Cuaresma.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro del Génesis (17\,3-9): \nEN aquellos días\, Abrán cayó rostro en tierra y Dios le habló así:\n«Por mi parte\, esta es mi alianza contigo: serás padre de muchedumbre de pueblos.\nYa no te llamarás Abrán\, sino Abrahán\, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos. Te haré fecundo sobremanera: sacaré pueblos de ti\, y reyes nacerán de ti.\nMantendré mi alianza contigo y con tu descendencia en futuras generaciones\, como alianza perpetua. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros. Os daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas\, la tierra de Canaán\, como posesión perpetua\, y seré su Dios».\nEl Señor añadió a Abrahán:\n«Por tu parte\, guarda mi alianza\, tú y tus descendientes en sucesivas generaciones». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 104\,4-5.6-7.8-9 \nR/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente \nV/. Recurrid al Señor y a su poder\,\nbuscad continuamente su rostro.\nRecordad las maravillas que hizo\,\nsus prodigios\, las sentencias de su boca. R/. \nV/. ¡Estirpe de Abrahán\, su siervo;\nhijos de Jacob\, su elegido!\nEl Señor es nuestro Dios\,\nél gobierna toda la tierra. R/. \nV/. Se acuerda de su alianza eternamente\,\nde la palabra dada\, por mil generaciones;\nde la alianza sellada con Abrahán\,\ndel juramento hecho a Isaac. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Juan (8\,51-59): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a los judíos:\n«En verdad\, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre».\nLos judíos le dijeron:\n«Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió\, los profetas también\, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán\, que murió? También los profetas murieron\, ¿por quién te tienes?».\nJesús contestó:\n«Si yo me glorificara a mí mismo\, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre\, de quien vosotros decís: “Es nuestro Dios”\, aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco\, y si dijera “No lo conozco” sería\, como vosotros\, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán\, vuestro padre\, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio\, y se llenó de alegría».\nLos judíos le dijeron:\n«No tienes todavía cincuenta años\, ¿y has visto a Abrahán?».\nJesús les dijo:\n«En verdad\, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera\, yo soy».\nEntonces cogieron piedras para tirárselas\, pero Jesús se escondió y salió del templo. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nJueves de la V semana de Cuaresma.\n\nDios impulsa la historia humana sin violentar la libertad. Él infunde un dinamismo positivo a los procesos históricos a través de su promesa\, que está inscrita en el corazón de cada ser humano y que Jesús estimula con su actividad\, con su mensaje y\, sobre todo\, con el don del Espíritu\, de modo que la esperanza impulse siempre a la humanidad en busca de una vida plenamente feliz. Así revela Dios su designio de salvación\, incluso a quienes no lo conocen.\nLa esperanza de la humanidad es reacción a la promesa inscrita por Dios en el corazón humano. De este modo se asegura Dios que\, en cualquier circunstancia\, su promesa permanezca\, incluso si el ser humano se olvidara de él. Es tan grande su amor y tan decidida su voluntad salvadora que no permite que su designio de amor esté sujeto a las variaciones de la veleidad humana. La promesa de una vida plena (digna\, libre y feliz) seguirá alentando siempre a todo ser humano.\n\n1. Primera lectura (Gen 17\,3-9).\nLa comprensión de la promesa de Dios es dinámica. El cambio del nombre del patriarca expresa la realidad nueva que acontece en él por el encuentro con Dios. En realidad\, entre Abrán (???????) y Abraham (?????????) no hay más diferencia que la que tiene el mismo nombre en dos dialectos de la misma lengua. Pero el segundo de ellos hace asonancia con «padre de multitud (de naciones)» (Gen 17\,4: ??? ?????? ???????). El nombre «Abrán» en sí –quizás inicialmente referido al dios protector del clan– significa «el padre es elevado» o «el padre ama». El término «multitud» (??????) designa un grupo cuyos miembros están emparentados: sea un pueblo cualquiera\, sea el pueblo de Israel\, sea la entera población humana\, como en este caso y otros (cf. Is 40\,7; 42\,5-6; 44\,7; 49\,8; 53\,8?). De todos modos\, ahora la promesa es comprendida en tres bendiciones\, cuyo significado va más allá de lo que a simple vista aparece:\n• La descendencia: es la seguridad de la continuidad de la vida. La perpetuidad del «nombre» del patriarca es certidumbre de la bendición y del favor de Dios.\n• La tierra: es el espacio propio para afirmar ejercer la libertad. El hombre desarrolla su señorío y ejercita su libertad llenando la tierra y cultivándola.\n• La alianza: es la garantía de la permanente protección divina. La honrada relación con el Señor le asegura al ser humano la fecundidad y la libertad.\nLas tres aseguran la vida feliz y las bases de su sostenibilidad. El uso aquí del término «naciones» (??????) le asigna a la paternidad del patriarca un horizonte universal: incluye todos los pueblos\, sin excepción. La promesa de la vida plena hecha a Abraham es –como luego lo afirmará Pablo– para todos los seres humanos. Por eso\, el Señor derramará su Espíritu «sobre toda carne» (Jl 3\,1)\, «y se revelará la gloria del Señor y la verá toda carne» (Is 40\,5).\nLa universalidad de la promesa de vida\, libertad e intimidad con el Señor pertenece a la esencia de dicha promesa. Desde el primer momento\, la vocación del patriarca implica la «bendición» de «todas las familias del mundo» (cf. Gen 12\,3). Esa universalidad es inseparable de la promesa.\n\n2. Evangelio (Jn 8\,51-59).\nCumplir el mensaje de Jesús (practicar su amor\, que infunde vida) hace crecer y\, porque implica experiencia del Espíritu\, excluye del todo la muerte. Esta no existe para el seguidor de Jesús (cf. Jn 8\,12)\, la muerte física no elimina la vida (cf. Jn 11\,4). Sus adversarios no aceptan su invitación a la vida\, sino que se reafirman en su postura; dicen que Jesús está loco\, que los hombres más cercanos a Dios están muertos\, que esa pretensión suya es irracional\, que la muerte sí es el final. Le preguntan por su identidad\, pero él no invoca títulos para justificar su afirmación\, sino que se remite al amor del Padre que brilla («gloria») a través de él.\nEllos lo declaran su Dios\, pero no lo conocen –conocerlo es practicar el derecho y la justicia: cf. Jr 22\,15-17; Os 4\,1-2–; y no lo conocen porque ni respetan el derecho ajeno ni andan con rectitud en presencia de Dios. Jesús les explica que él sí conoce a Dios –y lo prueban sus obras–\, y que si él pensara de Dios como lo hacen ellos sería tan embustero como ellos. Él conoce a Dios\, y eso queda patente en que él cumple su mensaje liberador y salvador.\nEllos se dicen hijos de Abraham\, pero no se alegran como él con el cumplimiento de la promesa. Jesús afirma que Abraham vio su día (revelado por Dios)\, y ellos lo mal interpretan como si él hubiera afirmado que vio a Abraham; pero Jesús va más lejos y afirma que él estaba al principio y que mediante él existió todo (cf. Jn 1\,1-3). Sin argumentos para replicar\, recurren a la violencia: quieren matar al que les ofrece vida inmortal. El templo en donde se da culto al dinero no es ya un lugar seguro para el Hijo de Dios. Por eso Jesús sale de allí. Si bien la salvación es para todos\, no todos la reciben\, porque algunos tienen compromisos adquiridos con la muerte.\n\nEl sistema opresor («el mundo») adora el dinero y le ofrece sacrificios humanos. Se encarna en un círculo de poder y se legitima mediante una ideología que el evangelista denomina «la tiniebla»\, o sea\, recurso a la mentira y a la violencia para retener el poder. La injusticia resultante de dicho recurso es lo que el evangelista denomina «el pecado del mundo». Pero este «orden» perverso no es original\, porque no pertenece a la creación; es posterior a la «luz»\, y aunque trata de extinguir la luz\, nunca lo logrará\, porque la promesa de Dios\, que sí pertenece a la creación\, se lo impedirá. Por mucho que opriman a los individuos o a los pueblos\, estos jamás renunciarán a su esperanza de vida y libertad\, y\, mucho menos\, a la relación con Dios.\nDios\, en cambio\, ama al hombre y lo llama a ser hijo suyo como Jesús\, quien es «encarnación» suya. Se manifiesta como servidor y declara ser «luz» (vida) para toda la humanidad mediante el don del Espíritu\, amor que da vida. El fruto de la fe\, la aceptación de Jesús\, es el hombre nacido de nuevo\, que forma con otros el reino de Dios (la nueva convivencia humana) en donde cada ser humano colma sus ansias de plenitud.\nLa eucaristía es estímulo y anticipo de esa realidad\, es prenda de vida plena. La sangre «derramada por muchos» (??????: Mt 26\,28; Mc 14\,24) hace alusión a la rehabilitación de los «muchos» (Isa 53\,11-12)\, cuyos pecados cargó el Siervo del Señor («la muchedumbre»). Dicha sangre es efusión del Espíritu de Jesús (cf. Jn 19\,34)\, que se derrama «sobre toda carne» (Jl 3\,1; Hch 2\,17). Sea que se traduzca literalmente («muchos»)\, o según el sentido («todos»)\, no se puede restringir el alcance universal de la sangre del Señor como cumplimiento de la «promesa de mi Padre» (cf. Lc 24\,49)\, que es para toda la humanidad.\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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SUMMARY:Viernes de la V semana de Cuaresma.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Jeremías (20\,10-13): \nOÍA la acusación de la gente:\n«“Pavor-en-torno”\,\ndelatadlo\, vamos a delatarlo».\nMis amigos acechaban mi traspié:\n«A ver si\, engañado\, lo sometemos\ny podemos vengarnos de él».\nPero el Señor es mi fuerte defensor:\nme persiguen\, pero tropiezan impotentes.\nAcabarán avergonzados de su fracaso\,\ncon sonrojo eterno que no se olvidará.\nSeñor del universo\, que examinas al honrado\ny sondeas las entrañas y el corazón\,\n¡que yo vea tu venganza sobre ellos\,\npues te he encomendado mi causa!\nCantad al Señor\, alabad al Señor\,\nque libera la vida del pobre\nde las manos de gente perversa. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 17\,2-3a.3bc-4.5-6.7 \nR/. En el peligro invoqué al Señor\, y me escuchó \nV/. Yo te amo\, Señor; tú eres mi fortaleza;\nSeñor\, mi roca\, mi alcázar\, mi libertador. R/. \nV/. Dios mío\, peña mía\, refugio mío\,\nescudo mío\, mi fuerza salvadora\, mi baluarte.\nInvoco al Señor de mi alabanza\ny quedo libre de mis enemigos. R/. \nV/. Me cercaban olas mortales\,\ntorrentes destructores me aterraban\,\nme envolvían las redes del abismo\,\nme alcanzaban los lazos de la muerte. R/. \nV/. En el peligro invoqué al Señor\,\ngrité a mi Dios:\ndesde su templo él escuchó mi voz\,\ny mi grito llegó a sus oídos. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Juan (10\,31-42): \nEN aquel tiempo\, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.\nElles replicó:\n«Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?».\nLos judíos le contestaron:\n«No te apedreamos por una obra buena\, sino por una blasfemia: porque tú\, siendo un hombre\, te haces Dios».\nJesús les replicó:\n«¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios\, y no puede fallar la Escritura\, a quien el Padre consagró y envió al mundo\, ¿decís vosotros: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre\, no me creáis\, pero si las hago\, aunque no me creáis a mí\, creed a las obras\, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí\, y yo en el Padre».\nIntentaron de nuevo detenerlo\, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán\, al lugar donde antes había bautizado Juan\, y se quedó allí.\nMuchos acudieron a él y decían:\n«Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad».\nY muchos creyeron en él allí. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nViernes de la V semana de cuaresma.\n\nEn todos los tiempos\, pero sobre todo en los tiempos de persecución\, acucia la pregunta de en dónde está Dios cuando sus hijos son deshonrados\, vistos con sospecha o perseguidos. No faltan quienes se pregunten si él presencia ese atropello «impasible e inmutable»\, como dicen algunos pensadores. Hay que preguntarse y responder con honradez si le importa la vida de sus fieles. Sí le importa\, él no se desentiende\, pero actúa movido por amor a todos\, «pues él quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1Tm 2\,4).\nLa percepción de ausencia o indiferencia por parte de Dios corresponde a una visión equivocada de él. Quienes esperan intervenciones divinas aplastantes para condenar a los culpables muestran que no conocen al Dios del cual hablan\, ni tampoco su forma de actuar. Es decir\, no conocen (por experiencia) a Dios y su obra. No conocen al salvador\, se imaginan un poderoso tirano.\n\n1. Primera lectura (Jer 20\,10-13).\nLa expresión que Jeremías había usado por mucho tiempo («terror por doquier»: cf. 6\,25; 20\,4; 46\,5; 49\,29) la parodian ahora sus enemigos cuchicheando contra él. Sus compatriotas esperan la oportunidad de desquitarse de él por sus denuncias. Ellos aguardan a que la «ingenuidad» del profeta –esperando que Dios lo protegerá– les va a permitir actuar en su contra y obtener la revancha: hacerle violencia y desquitarse. El Señor lo ha expuesto a las iras de la multitud\, y él se encuentra desprovisto frente a ella. El que antes infundía miedo con sus oráculos ahora siente miedo de sus enemigos\, a pesar de la promesa del Señor (cf. Jer 1\,8.17). El profeta\, sin embargo\, siente que el Señor está cerca y se apoya en él como su firme defensor («el Señor está conmigo como fiero soldado») y confía en el fracaso de sus perseguidores («mis perseguidores tropezarán y no me vencerán»). A la larga\, serán ellos los que hagan el ridículo ante la historia («sentirán la confusión de su fracaso\, un sonrojo eterno e inolvidable»). No obstante\, reconoce la capacidad asesina que ellos exhiben.\nEl único apoyo del profeta es el Señor. Jeremías tiene claro que todo crimen entraña su propio castigo\, y que toda mala acción tiene como consecuencia mucho sufrimiento. En la convivencia humana hay como un principio de equilibrio que se restaura a sí mismo. Por eso no procede él personalmente a castigar a sus perseguidores. Él espera a que ellos fracasen\, como consecuencia de sus actos\, y por eso se dirige al «Señor de los ejércitos» (el Dios de la creación y de la historia)\, para pedirle que lo defienda; se abandona en las manos del Señor\, en quien encuentra censura el mal y retribución el bien (cf. Dt 32\,35). Detrás de esta plegaria están la preocupación por la gloria del Señor\, que es justo y no apoya la injusticia (cf. Sir 36\,1-17)\, y el afán de alabarlo por sus obras en favor de su pueblo fiel (cf. Est 13-14\, griego).\nY se anticipa a cantar agradecido\, dando por seguro que será escuchado\, porque «el Señor de los ejércitos» es salvador. Se declara «pobrecillo» (????????)\, probado por «los malvados» que lo hacen sufrir\, pero confiado en el Señor que le garantiza su acompañamiento («yo estoy contigo»: 1\,19).\n\n2. Evangelio (Jn 10\,31-42).\nComo los dirigentes intentan de nuevo matarlo\, Jesús los enfrenta ahora a las «obras excelentes» que él hace y les pregunta por cuál de ellas intentan apedrearlo. Las obras de la creación fueron valoradas por Dios como sobradamente excelentes (cf. Gen 1\,31 LXX). Al referirse a las suyas como «excelentes»\, Jesús las relaciona con las del Padre.\nLa Ley prescribía la lapidación en numerosos casos\, uno de ellos era la violación del precepto sabático\, otro\, la idolatría. Jesús es acusado por los dirigentes de ambas cosas. Ellos se escudan en su presunta ortodoxia y acusan de blasfemia a Jesús porque él se hace Dios. Pero él aduce un texto de la ley –aunque se distancia de ella («la Ley de ustedes»)–\, texto que llama «dioses» a los jefes del pueblo (cf. Sal 82\,6)\, a quienes la Ley les adjudica el encargo de hacer justicia\, es decir\, personas cuyo oficio les asigna una particular semejanza con Dios. Pero la exégesis judía también le asignaba esta condición al conjunto de los israelitas. Y no había razón para eliminar tal texto de la Escritura. Con mayor razón puede decirlo él de sí\, porque es consagrado por la unción del Espíritu de Dios y enviado al mundo por el Padre\, ya que la semejanza con Dios no radica en el poder de juzgar y condenar\, sino en su amor que «salva» (da vida)\, razón por la cual participa de un modo privilegiado de la santidad divina.\nY vuelve a insistir en sus obras como su credencial de ser Hijo\, Consagrado y Enviado del Padre. Las otras credenciales (las jurídicas que ellos ostentan\, el mensaje que él anuncia) no cuentan\, sino las obras; ellas los van a llevar a conclusión de que\, por estar identificados el Padre y Jesús\, su objetivo es el mismo: dar vida. Ya han reconocido que las obras de Jesús son «excelentes»\, así que los remite a esas obras: si lo que Jesús hace (liberar y salvar) no es lo propio del Padre\, ellos tendrían razón para no creerle. Reconocer que sus obras son las del Padre los conduciría a aceptar la unión de propósito y de obra que hay entre él y el Padre. Pero ellos\, una vez más\, insisten en detenerlo para matarlo\, pero Jesús se les escapó de las manos.\nPor eso Jesús\, después de romper con la institución opresora\, pasa el Jordán\, como Josué\, pero en dirección contraria\, fuera de Judea\, a donde muchos lo siguen; ahora la «tierra prometida» es otra\, y «allí» (lejos del templo y de Jerusalén)\, se forma la nueva comunidad por la adhesión a él. Nuevamente se hace mención del testimonio de Juan Bautista a favor de Jesús (cf. 1\,15.19-35; 3\,22-30; 5\,33-36)\, mención que sumada a las anteriores arroja un total de cinco\, lo que certifica que las Escrituras (o Moisés: el Pentateuco) dan testimonio a favor de él (cf. 5\,39-40.46).\n\nMientras se siga pensando que el mayor atributo de Dios es el poder\, el atropello y la muerte seguirán ejecutándose en su nombre. Cuando se admite que Dios es amor\, y que este es su atributo capital\, entonces no queda más camino que seguir a Jesús realizando obras de amor para darle vida a la humanidad. Lo que importa no es la teología teórica\, que puede ser clara o confusa\, sino la experiencia del amor del Padre\, que es la «luz de la vida». A esta experiencia se llega por un solo camino\, Jesús\, quien nos revela la «verdad» de Dios.\nLas grandes obras del Padre son la creación\, la liberación y la salvación. Son las «obras excelentes» que los seguidores de Jesús podremos mostrar para certificar nuestra condición de hijos de Dios. El empeño por restaurar el orden de la creación e instaurar el reino de Dios trabajando en favor de la libertad humana y ofreciendo la mejor calidad de vida al género humano mostrará nuestra identificación con el Padre\, como lo hizo Jesús.\nPor eso\, en la celebración de la eucaristía lo más importante es la «comunión» espiritual con el Señor\, de modo que pudiéramos decir: «Jesús y yo somos uno». No basta recibir la hostia\, hay que asimilarse a Jesús.\nFeliz viernes.
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SUMMARY:Sábado de la V semana de Cuaresma.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la profecía de Ezequiel (37\,21-28): \nESTO dice el Señor Dios:\n«Recogeré a los hijos de Israel de entre las naciones adonde han ido\, los reuniré de todas partes para llevarlos a su tierra. Los hará una sola nación en mi tierra\, en los montes de Israel. Un solo rey reinará sobre todos ellos. Ya no serán dos naciones ni volverán a dividirse en dos reinos.\nNo volverán a contaminarse con sus ídolos\, sus acciones detestables y todas sus transgresiones. Los liberaré de los lugares donde habitan y en los cuales pecaron. Los purificaré; ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.\nMi siervo David será su rey\, el único pastor de todos ellos. Caminarán según mis preceptos\, cumplirán mis prescripciones y las pondrán en práctica. Habitarán en la tierra que yo di a mi siervo Jacob\, en la que habitaron sis padres: allí habitarán ellos\, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre\, y mi siervo David será su príncipe para siempre.\nHaré con ellos una alianza de paz\, una alianza eterna. Los estableceré\, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre; tendré mi morada junto a ellos\, yo seré su Dios\, y ellos serán mi pueblo. Y reconocerán las naciones que yo soy el Señor que consagra Israel\, cuando esté mi santuario en medio de ellos para siempre». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nJr 31\,10.11-12ab.13 \nR/. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño \nV/. Escuchad\, pueblos\, la palabra del Señor\,\nanunciadla a las islas remotas:\n«El que dispersó a Israel lo reunirá\,\nlo guardará como un pastor a su rebaño. R/. \nV/. Porque el Señor redimió a Jacob\,\nlo rescató de una mano más fuerte».\nVendrán con aclamaciones a la altura de Sión\,\nafluirán hacia los bienes del Señor. R/. \nV/. Entonces se alegrará la doncella en la danza\,\ngozarán los jóvenes y los viejos;\nconvertiré su tristeza en gozo\,\nlos alegraré y aliviaré sus penas. R/. \n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Juan (11\,45-57): \nEN aquel tiempo\,muchos judíos que habían venido a casa de María\, al ver lo que había hecho Jesús\, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.\nLos sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:\n«¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir\, todos creerán en él\, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».\nUno de ellos\, Caifás\, que era sumo sacerdote aquel año\, les dijo:\n«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo\, y que no perezca la nación entera».\nEsto no lo dijo por propio impulso\, sino que\, por ser sumo sacerdote aquel año\, habló proféticamente\, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación\, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.\nY aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos\, sino que se retiró a la región vecina al desierto\, a una ciudad llamada Efraín\, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.\nSe acercaba la Pascua de los judíos\, y muchos de aquella región subían a Jerusalén\, antes de la Pascua\, para purificarse. Buscaban a Jesús y\, estando en el templo\, se preguntaban:\n«¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?».\nLos sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo. \nPalabra del Señor\n\n\n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\nSábado de la V semana de Cuaresma.\n\nDespués del ambiguo reinado de Salomón\, el pueblo se dividió en dos reinos\, el del Norte\, que siguió llamándose Israel\, y el del Sur\, que se llamó Judá. Primero\, el reino del Norte se enfrentó al destierro al que lo condujeron los asirios; después\, el reino del Sur sufrió la misma suerte por parte de los caldeos. Hermanados en la desgracia\, ahora tienen que buscar la reconciliación y la recíproca reintegración.\nJesús viene a realizar esa unidad muriendo por todos. Su actividad a favor de cuantos han sido excluidos por el «mundo» (el régimen político-religioso) logra que ese sistema de injusticia entre en crisis y se cuestione; pero\, por obra de sus dirigentes\, en vez de abrirse a la acción salvadora de Dios\, se encierra en sus intereses mezquinos y opta por eliminar a Jesús. Así esa institución político-religiosa judía pierde su razón de ser en el designio salvador de Dios.\nPero también la humanidad está dividida en pueblos con intereses divergentes e irreconciliables. Y entre judíos y paganos –en la época de Jesús– hay un «muro de hostilidad» (Ef 2\,14) que solo será derribado por el amor de Jesús que\, en su persona\, por su amor universal que abolió la Ley\, creó en sí mismo un hombre nuevo y abrió la posibilidad de una nueva humanidad reconciliando a todos en un solo «cuerpo» y acabando con la recíproca hostilidad entre ellos.\n\n1. Primera lectura (Ez 37\,21-28).\nEl oráculo es la segunda parte de un fragmento en el cual la unificación del pueblo se presenta como obra del Señor\, ya que los esfuerzos de los reyes han sido insuficientes. En las dos partes (vv. 15-24a; 24b-28) se repite diez veces el término «uno» (?????): siete en la primera y tres en la segunda. Ese es el núcleo de la cuestión.\nEl profeta hace un gesto simbólico (vv. 15-19) y enseguida procede a explicarlo. Se trata de un anuncio profético: El Señor los va a recoger: poniendo remedio a la dispersión\, los va a repatriar\, poniendo fin al destierro\, los reunirá\, poniendo término a la división\, los gobernará un solo rey. Esta re-unificación excluye la idolatría y supone la consiguiente purificación del pecado\, como una renovación de la alianza\, ahora con la figura de David como referente.\nLa reposición de la tierra implica la recuperación de la libertad de manera definitiva (la expresión «para siempre»\, ??? ??????\, se repite 5 veces)\, gobernados por David. La anunciada alianza será también definitiva\, y la vida\, prolífica; habrá asimismo un santuario «para siempre»\, que será señal de la consagración de Israel y de la permanencia del Señor en medio de su pueblo. No es preciso decir que el santuario será único\, pero sí se presenta este como factor de unidad.\nLa salvación se expresa aquí en términos de re-unificación y reconciliación\, lo que entraña una renovación de la alianza\, renovación que tiene doble connotación: la consagración del pueblo al Señor y la presencia del mismo Señor en medio del pueblo\, y la recuperación de la libertad\, con la consiguiente exclusión de la idolatría y de la injusticia («pecado») que ella trae.\n\n2. Evangelio (Jn 11\,45-57).\nLa actividad «salvadora» (vivificadora) de Jesús tiene dos consecuencias: la fe en él y el temor de los que siguen fieles al régimen opresor.\nEl Consejo se reúne a deliberar. Y\, muy a su pesar\, tienen que admitir que Jesús realiza muchas «señales» (??????). Este término tiene una doble connotación: se trata de un hecho que procede de Dios y que está encaminado a la liberación del pueblo. A ellos les preocupa sobremanera lo segundo\, porque si la gente se adhiere a Jesús como el liberador\, temen que los romanos\, al reconocer la inspiración religiosa del mesianismo judío\, tratarán de arrasar el soporte de este\, que se encuentra el templo (??????)\, y la nación (???????).\nLa intervención de Caifás (????????: «el opresor») es tan brusca como descortés\, trata de ignorantes a sus pares y afirma la calculada conveniencia de sacrificar un hombre en lugar de todo el pueblo para salvar «la nación entera». El «pueblo» es el conjunto que se relaciona con Dios por la alianza; la «nación»\, la organización sociopolítica de tipo teocrático que ellos han puesto a girar en torno al templo. En ese orden de ideas\, los sumos sacerdotes\, según opina Caifás\, deben atender a sus intereses de grupo y protegerlos\, incluso por encima del bien del pueblo de Dios. Si es preciso sacrificar a uno de los miembros del «pueblo» con tal de tutelar los intereses de su «lugar» y de su «nación»\, hay que proceder sin escrúpulos. Sin darse cuenta\, Caifás reconoce el designio divino y anuncia («profetizó») que Jesús va a morir por la «nación» (Israel es ahora uno más entre las naciones) y por todos los hijos de Dios «dispersos» sobre la faz de la tierra.\nLa vida de Jesús está bajo amenaza cierta de muerte. Él guarda distancia yéndose a la región de Samaría («Efraín»). La tierra del hijo de José\, el que fue vendido por sus hermanos\, es lugar que le ofrece más seguridad a Jesús\, a pesar de ser considerada tierra de herejes. No solo se alejó del templo\, sino también ahora de Judea. La expectación de los campesinos que suben al templo en peregrinación consiste en saber si Jesús asistirá a esa Pascua o no. Pero ya los sumos sacerdotes tienen orquestado su plan de delación y prendimiento. No pueden soportarlo más.\n\nEl designio de Dios es un pueblo unido\, libre y en alianza perpetua con él\, que supere la división\, la sumisión y la idolatría. El sistema dominante (el «mundo») sustituyó este designio y por medio de la ideología que lo sostenía (la «tiniebla») se presentó como encarnación del designio salvador de Dios. Jesús lo denunció con sus obras\, haciendo ver que la plenitud de vida del ser humano es el criterio para reconocer la verdad («luz») y determinar con certeza de qué lado está Dios; a la ideología opuso sus obras\, y ese sistema\, al verse puesto en evidencia\, determinó matarlo.\nEl «salvador» es rechazado por el sistema de muerte. Pero ese sistema de muerte tiene una lógica a la vez perversa y suicida. Eliminando a Jesús suprimió su propio futuro y se condenó a ser su última víctima\, porque Jesús se presentó ante ellos como la encarnación del Padre\, el Dios de la vida inagotable e invencible\, contra el cual fracasa la muerte. El futuro le pertenece a la vida\, no a la muerte. La salvación procede de Dios y es inevitable\, aunque puede ser rechazada.\nJesús sigue ofreciendo «salvación». Y esta salvación pasa por el respeto a la dignidad\, la vida y la libertad y los demás derechos de las personas. Aceptarlo a él\, que es lo que significamos con la comunión eucarística\, es asumir como norma de vida ese respeto. Si no\, «resulta imposible comer la cena del Señor» (1Co 7\,20).\nFeliz sábado en compañía de María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:Lecturas del Domingo de Ramos. Ciclo C
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de Isaías (50\,4-17): \nEl Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído\, para que escuche como los discípulos.\nEl Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban\, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes ni salivazos.\nEl Señor me ayuda\, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal\, sabiendo que no quedaría defraudado. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 21\,2a.8-9.17-18a.19-20.23-24 \nR/. Dios mío\, Dios mío\, ¿por qué me has abandonado? \nAl verme\, se burlan de mí\,\nhacen visajes\, menean la cabeza:\n«Acudió al Señor\, que lo ponga a salvo;\nque lo libre si tanto lo quiere». R. \nMe acorrala una jauría de mastines\,\nme cerca una banda de malhechores;\nme taladran las manos y los pies\,\npuedo contar mis huesos. R. \nSe reparten mi ropa\,\nechan a suertes mi túnica.\nPero tú\, Señor\, no te quedes lejos;\nfuerza mía\, ven corriendo a ayudarme. R. \nContaré tu fama a mis hermanos\,\nen medio de la asamblea te alabaré.\n«Los que teméis al Señor\, alabadlo;\nlinaje de Jacob\, glorificadlo;\ntemedlo\, linaje de Israel». R. \n\n\n\nSegunda lectura\n\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2\,6-11): \nCristo Jesús\, siendo de condición divina\, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario\, se despojó de si mismo tomando la condición de esclavo\, hecho semejante a los hombres.\nY así\, reconocido como hombre por su presencia\, se humilló a sí mismo\, hecho obediente hasta la muerte\, y una muerte de cruz.\nPor eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo\, en la tierra\, en el abismo\, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor\, para gloria de Dios Padre. \nPalabra de Dios \n\n\n\nEvangelio\nPasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (22\,14–23\,56): \nEn aquel tiempo\, los ancianos del pueblo\, con los jefes de los sacerdotes y los escribas llevaron a Jesús a presencia de Pilato.\nNo encuentro ninguna culpa en este hombre\nC. Y se pusieron a acusarlo diciendo\nS. «Hemos encontrado que este anda amotinando a nuestra nación\, y oponiéndose a que se paguen tributos\nal César\, y diciendo que él es el Mesías rey».\nC. Pilatos le preguntó:\nS. «¿Eres tú el rey de los judíos?».\nC. El le responde:\n+ «Tú lo dices».\nC. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:\nS. «No encuentro ninguna culpa en este hombre».\nC. Toda la muchedumbre que había concurrido a este espectáculo\, al ver las cosas que habían ocurrido\, se volvía dándose golpes de pecho.\nTodos sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea se mantenían a distancia\, viendo todo esto.\nC. Pero ellos insitían con más fuerza\, diciendo:\nS. «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea\, desde que comenzó en Galilea hasta llegar aquí».\nC. Pilato\, al oírlo\, preguntó si el hombre era galileo; y\, al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes\,\nque estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días\, se lo remitió.\nHerodes\, con sus soldados\, lo trató con desprecio\nC. Herodes\, al vera a Jesús\, se puso muy contento\, pues hacía bastante tiempo que deseaba verlo\, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hacía muchas preguntas con abundante verborrea; pero él no le contestó nada.\nEstaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco.\nHerodes\, con sus soldados\, lo trató con desprecio y\, después de burlarse de él\, poniéndole una vestidura blanca\, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos entre sí Herodes y Pilato\, porque antes estaban enemistados entre si.\nPilato entregó a Jesús a su voluntad\nC. Pilato\, después de convocar a los sumos sacerdotes\, a los magistrados y al pueblo\, les dijo:\nS. «Me habéis traído a este hombre como agitador del pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas de que lo acusáis; pero tampoco Herodes\, porque nos lo ha devuelto: ya veis que no ha hecho nada digno de muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».\nC. Ellos vociferaron en masa:\nS. «¡Quita de en medio a ese! Suéltanos a Barrabás».\nC. Este había sido metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.\nPilato volvió a dirigirles la palabra queriendo soltar a Jesús\, pero ellos seguían gritando:\nS. «¡Crucifícalo\, crucifícalo!».\nC. Por tercera vez les dijo:\nS. «Pues ¿qué mal ha hecho este? No he encontrado en él ninguna culpa que merezca la muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».\nC. Pero ellos se le echaban encima\, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo su griterío.\nPilato entonces sentenció que se realizara lo que pedían: soltó al que le reclamaban (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio)\, y a Jesús se lo entregó a su voluntad.\nHijas de Jerusalén\, no lloréis por mí.\nC. Mientras lo conducían\, echaron mano de un cierto Simón de Cirene\, que volvía del campo\, y le cargaron la cruz\, para que la llevase detrás de Jesús.\nLo seguía un gran gentío del pueblo\, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él.\nJesús se volvió hacia ellas y les dijo:\n+ «Hijas de Jerusalén\, no lloréis por mí\, llorad por vosotras y por vuestros hijos\, porque mirad que vienen días en los que dirán: “Bienaventuradas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado”. Entonces empezarán a decirles a los montes: “Caed sobre nosotros”\, y a las colinas: “Cubridnos”; porque\, si esto hacen con el leño verde\, ¿que harán con el seco?».\nC. Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.\nPadre\, perdónalos\, porque no saben lo que hacen\nC. Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera»\, lo crucificaron allí\, a él y a los malhechores\, uno a la derecha y otro a la izquierda.\nJesús decía:\n+ «Padre\, perdónalos\, porque no saben lo que hacen».\nC. Hicieron lotes con sus ropas y los echaron a suerte.\nEste es el rey de los judíos\nC. El pueblo estaba mirando\, pero los magistrados le hacían muecas diciendo:\nS. «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo\, si él es el Mesías de Dios\, el Elegido».\nC. Se burlaban de él también los soldados\, que se acercaban y le ofrecían vinagre\, diciendo:\nS. «Si eres tú el rey de los judíos\, sálvate a ti mismo».\nC. Había también por encima de él un letrero: «Este es el rey de los judíos».\nHoy estarás conmigo en el paraíso\nC. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:\nS. «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».\nC. Pero el otro\, respondiéndole e increpándolo\, le decía:\nS. «¿Ni siquiera temes tú a Dios\, estando en la misma condena? Nosotros\, en verdad\, lo estamos justamente\, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio\, este no ha hecho nada».\nC. Y decía:\nS. «Jesús\, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».\nC. Jesús le dijo:\n+ «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».\nPadre\, a tus manos encomiendo mi espíritu\nC. Era ya como la hora sexta\, y vinieron las tinieblas sobre toda la tierra\, hasta la hora nona\, porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús\, clamando con voz potente\, dijo:\n+ «Padre\, a tus manos encomiendo mi espíritu».\nC. Y\, dicho esto\, expiró.\nTodos se arrodillan\, y se hace una pausa\nC. El centurión\, al ver lo ocurrido\, daba gloria a Dios diciendo:\nS. «Realmente\, este hombre era justo». \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\nLectura de antes de la procesión\nDomingo de ramos en la pasión del Señor 01. Ciclo C.\n\nAunque Lucas indica que Jesús sube a Jerosólima (??????????) –nombre profano de la ciudad–(cf. Lc 19\,28)\, señala tres acercamientos de Jesús sin decir finalmente que entró en ella: «a Betfagé y Betania» (cf. Lc 19\,29)\, «a la bajada del Monte de los Olivos» (cf. Lc 19\,37) y a la ciudad misma (cf. Lc 19\,41)\, pero finalmente indica que «entró en el templo» (cf. Lc 19\,45)\, que es su objetivo.\nEs costumbre hablar de «la entrada triunfal» de Jesús\, pero nada tiene de triunfal; no se escuchan las aclamaciones a un general que viene victorioso de la guerra. Es una entrada tensa\, eso sí\, por el contraste entre las aclamaciones de los discípulos y la reacción de «unos fariseos».\n\nLc 19\, 28-40.\nEl relato que se lee antes de la procesión comprende los dos primeros acercamientos de Jesús: a Betfagé y Betania\, y a la bajada del Monte de los Olivos.\n1. Primer acercamiento.\nHay una triple indicación local: Betfagé y Betania\, como lugares de paso\, y el Monte de los Olivos como indicador de dirección\, no de destino. Betfagé (arameo ????? ???????: «casa de los higos verdes»)\, a 1 km de Jerusalén\, era reconocida como parte de la ciudad\, y Betania (hebreo ????? ????????: «casa del pobre»)\, a 3 km\, era un suburbio habitado por galileos. El Monte de los Olivos era el «lugar» de reunión de Jesús con sus discípulos (cf. Lc 22\,39-40)\, alternativo al templo.\nEl envío de dos discípulos (cf. Lc 9\,2; 10\,1) sugiere su papel de representantes del grupo y evoca la misión. El hecho de que –después de haber mencionado dos aldeas– envíe a los discípulos «a esa aldea de enfrente» se debe a que la «aldea»\, denominación genérica\, engloba la población de Judea dominada por «la ciudad»\, es decir\, los ámbitos populares sometidos al influjo ideológico de la institución político-religiosa instalada en Jerusalén. Teniendo en cuenta ese cariz negativo\, se entiende que «enfrente» no es mera posición topográfica\, sino antagonismo ideológico. Ellos han de dirigirse a un ámbito hostil\, que no comparte la enseñanza que Jesús les ha dado.\nSu misión consiste en desatar un borrico «en el que nadie se ha montado nunca» y traérselo. Les advierte que es posible que esta acción cause extrañeza y ellos deberán dar una explicación. Esto alude a la profecía de Zac 9\,9\, que anunciaba al Mesías rey pacífico\, profecía que estaba «atada»\, silenciada por la ideología oficial del Mesías guerrero\, y que ningún rey o jefe de Israel o de Judá ha asumido como su propio programa (nadie lo ha montado); todos han recurrido a la violencia. El borrico tiene «dueños» (????????)\, pero «el Señor» (? ??????) está por encima de ellos\, o sea\, los dirigentes se han adueñado de las profecías arrogándose la facultad de decidir cuáles valen y cuáles no. Jesús reclama autoridad por encima de todos ellos (cf. Lc 9\,35).\nEsto significa que Jesús envía a sus discípulos a anunciar el Mesías pacífico y a comprobar que la ideología de los letrados le ha impedido al pueblo aceptar este anuncio.\nLa reacción de los discípulos ante la profecía se escenifica con las acciones que realizan respecto del borrico. Unos de ellos «echaron sus mantos encima del borrico»\, como cuando los servidores de David aparejaron la mula para que Salomón fuera coronado rey (cf. 1Rey 1\,28-35); esto alude a la aceptación de Jesús como Mesías pacífico. Pero otros\, «según iba avanzando él\, alfombraban el camino con los mantos»\, como cuando Jehú fue coronado rey (cf. 2Rey 9\,1-13)\, lo que habla de su interpretación de Jesús como Mesías rey guerrero.\n2. Segundo acercamiento.\nCualquiera que fuera la forma en que lo miraran\, los discípulos participan del mismo patriotismo nacionalista y de la misma religiosidad exaltada\, por esa razón «la muchedumbre (??????) de los discípulos\, en masa\, empezó a alabar a Dios\, entusiasmados y a grandes voces por todas las proezas que habían visto». No es el pueblo el que lo aclama\, porque este aún no lo reconoce como su Mesías (cf. Lc 13\,35)\, son solo los discípulos\, testigos de su obra liberadora. Lo declaran bendito y lo aclaman como rey que viene «en nombre del Señor»\, es decir\, Mesías\, haciéndole así eco al cántico de los ángeles (cf. Lc 2\,14): la paz del Mesías viene «del cielo»\, y\, por él\, le da gloria «a Dios» el pueblo. Aunque no todos entienden a Jesús del mismo modo\, la actitud de los discípulos es positiva en relación con él. A esta actitud positiva se contrapone la actitud negativa de los fariseos –que están en la multitud (?????) presente–\, quienes respetuosamente (lo llaman «Maestro») le piden a Jesús que conmine a los discípulos. Según los fariseos\, los discípulos están «poseídos» por una ideología diabólica\, y consideran que Jesús debe increparlos. La respuesta de Jesús parece aludir a las palabras de Juan Bautista (cf. Lc 3\,8): así como Dios es capaz de suscitar descendientes de Abraham de «estas piedras» (refiriéndose a los paganos)\, así afirma Jesús que si sus discípulos judíos callan serán los paganos quienes proclamarán su mensaje.\n\nLa misión de los discípulos siempre consistirá en proponer la verdadera calidad mesiánica de su Maestro\, a sabiendas de que en el mundo hay expectativas contrarias\, e incluso de que en medio del grupo pueden surgir posturas contradictorias. Jesús se aproxima a sociedades infestadas de fanatismo excluyente y violento acompañado de discípulos que lo reconocen como rey de paz\, aunque también tienen ideas y prácticas violentas; además\, lo acompañan discípulos que todavía no han hecho la mínima ruptura con la sociedad excluyente y violenta\, y se imaginan que él los respalda en esas actitudes. Él sabe que no son las ideas ni las culturas las que van a decidir quién es o no su discípulo\, sino la actitud ante la cruz. Cuando las autoridades lo condenen a morir en una cruz\, como antisocial e impío\, entonces se verá quiénes están con él y quienes lo dejan solo. El problema no es con quiénes anda Jesús\, sino quiénes realmente andan con él. Él camina con todos\, pero no todos caminan con él.\n\n\n\nLectura después de la procesión (eucaristía)\n\nDomingo de ramos en la pasión del Señor 02. Ciclo C.\n\nEl éxodo del Mesías\, que iba a completar en Jerusalén (??????????\, Lc 9\,31: nombre judío de la ciudad)\, comienza con la celebración de «la fiesta de los Ázimos\, llamada la Pascua». Pero ahora será el nuevo Moisés el que resultará muerto; en vez del Egipto opresor\, será la institución judía la que se oponga al éxodo; y\, en lugar de la salida del pueblo\, se reafirmará su cautividad. Pero el Mesías\, visiblemente derrotado\, terminará lanzando el grito de victoria.\n\nLc 22\,1–23\,56.\nLa pasión de Jesús presenta una serie de contrastes que confrontan dos mundos: el suyo\, el de la «luz que es revelación para las naciones y gloria para tu pueblo\, Israel» (cf. Lc 2\,32)\, y el del opresor poder de «las tinieblas y sombras de muerte» (cf. Lc 1\,79; 22\,53).\nI. «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho» (Lc 9\,22)\nJesús en manos de los senadores\, sumos sacerdotes y letrados.\n1. Dos designios: el de Satanás y el de Dios.\nLa institución religiosa y Judas aparecen como personeros de Satanás planeando la traición y la muerte de Jesús\, regocijándose por la oportunidad de hacer el mal y recompensando con dinero la deslealtad de Judas\, que había roto con ellos\, y ahora rompe con Jesús. Simultáneamente\, Jesús es personero del Padre y quiere asociar con él a sus discípulos; los exhorta a volver al espíritu de la enmienda y\, desde esa perspectiva\, a prepararse para su Pascua (22\,1-13).\n2. Los discípulos en el mundo.\nEl Espíritu de Jesús inaugura un mundo nuevo\, abierto al reino de Dios\, en el cual la eucaristía es la cena pascual de los nuevos hombres libres. Pero el espíritu del mundo se infiltra en el grupo de Jesús\, y la fatal tentación será siempre la del afán dominio en vez del deseo servicio. Los que quieran reinar con Jesús deberán juzgar el mundo con su conducta fraterna y servicial\, evitando asimilarse a los poderosos de la tierra (22\,24-30).\n3. La conversión permanente.\nLos discípulos asimilan el espíritu del mundo disfrazándolo de fe y amor a Jesús\, cayendo en la trampa de confiar en sus propias fuerzas en vez de apoyarse en su Señor. Las tentaciones que él venció deberán superarlas ellos también\, y los urge a que se den cuenta de que a ellos les tocarán circunstancias difíciles a lo largo de la historia. Pero confunden el combate espiritual con la lucha armada\, y Jesús exterioriza su hastío por la incomprensión de ellos (22\,31-38).\n4. El combate espiritual.\nEn tanto que Jesús ora\, superando la tentación de abandonarlo todo por el miedo a morir\, ellos se desaniman porque perciben que su ideal de un Mesías nacionalista y guerrero no se realizará. Jesús permanece fiel al designio del Padre incluso al precio de la propia vida; ellos –igual que los enemigos de Jesús– apelan a la violencia. Jesús deslegitima el recurso a la violencia (cura la oreja del criado del sumo sacerdote)\, rechazando esa violencia que entraña el poder (22\,39-53).\n5. El discípulo entre los enemigos.\nPedro sigue «de lejos» de Jesús y se entremezcla con sus enemigos. Allí niega totalmente (3 veces) ser discípulo suyo. Su fidelidad al ideal del Mesías guerrero lo lleva a caer en la tentación. Pero la mirada de Jesús lo rescata de su perdición. Los guardias del templo se burlan de Jesús tratando de descalificarlo como profeta. Los tres poderes judíos (senadores\, sumos sacerdotes y letrados) lo juzgan solo para legitimar su condena\, pero Jesús declara que Dios lo reivindica (22\,54-71).\nII. El Hijo del Hombre «en manos de ciertos hombres» (Lc 9\,44)\nJesús comparece ante Pilato y ante Herodes\, los poderes paganos.\n6. La unión de poderes enemigos.\nLos dirigentes judíos lo ponen en manos de un pagano acusándolo de socavar la estabilidad del dominio romano sobre la región; al no tener éxito\, porque el gobernador no les cree\, aducen que Jesús es galileo\, región sediciosa\, y Pilato opta por enviárselo a Herodes\, responsable de Galilea. Herodes tenía curiosidad y esperaba gestos de poder de parte de Jesús\, pero él no los hizo\, y por eso lo despreció y lo devolvió. Y así volvieron a ser amigos Herodes y Pilatos (Lc 23\,1-12).\nIII. «Se burlarán de él\, lo insultarán\, le escupirán…» (Lc 18\,31-33)\nJesús condenado a muerte por los poderes judíos y paganos.\n7. La opción por el sedicioso asesino.\nPilato convoca los poderes judíos para decidir juntos la suerte de Jesús. Ni él ni Herodes hallan culpa en él\, pero ellos escogen a Barrabás\, sedicioso asesino\, y piden que Jesús sea condenado a morir en lugar de Barrabás. El evangelista hace énfasis en que «los sumos sacerdotes\, los jefes y el pueblo» a una sola voz\, por tres veces consecutivas\, piden la crucifixión de Jesús a pesar de la resistencia de los dirigentes paganos\, resistencia que ellos vencen (Lc 23\,13-25).\n8. La «via crucis».\nCuando Jesús va cargando el travesaño de la cruz camino al lugar de su ejecución\, se mencionan tres tipos de personajes: Simón de Cirene\, que carga la cruz detrás de Jesús\, como paradigma de discípulo (cf. Lc 9\,23); las mujeres que se lamentan por él\, a quienes él advierte que lo hagan por ellas y por sus hijos\, porque esa sociedad que trata como criminales a los hombres de paz («leño verde») va camino de su propia destrucción; y los dos «malhechores» (cf. Is 53\,9 Lc 23\,26-32).\n9. En la cruz.\nJesús pide al Padre perdón para sus verdugos\, estos se reparten sus vestidos\, el pueblo mira y se calla\, y los jefes dan rienda suelta a su odio. Los que comparten su suerte se dividen: uno insulta a Jesús\, solidarizándose con sus propios verdugos; el otro advierte que una sociedad que condena al inocente no es justa\, y por eso se acoge al reinado de Jesús\, quien le promete hacerlo partícipe del reino de la vida\, ese reino del que los jefes se burlan (Lc 23\,34-43)\n10. La muerte.\nLa muerte de Jesús es un eclipse a mediodía\, es la hora «del poder de las tinieblas» (Lc 22\,53). Y\, sin embargo\, es pasajera («hasta media tarde»); ahora el acceso a Dios queda abierto para siempre («se rasgó la cortina del santuario»)\, el Espíritu de Jesús está disponible para todos\, y los que lo rechazaron comprenden lo trágico de su rechazo. Pero los conocidos de Jesús guardaban cierta distancia –como Pedro (cf. Lc 22\,54)–\, ajenos al sentido de su muerte (Lc 23\,44-49).\n11. La sepultura.\nTratando de evitar que Jesús sea sepultado con los culpables\, José de Arimatea\, que «aguardaba el reinado de Dios»\, pide el cuerpo y le da honrosa sepultura. Su muerte de hombre «justo» a los ojos del mundo pagano (cf. Lc 23\,47) inaugura una nueva manera de morir y alienta la esperanza en un desenlace distinto («un sepulcro… donde no habían puesto a nadie todavía»). Las mujeres\, testigos de la muerte y ahora de la sepultura se disponen a evitar el olor a muerto (Lc 23\,50-56).\n\nEl relato de la pasión queda trunco\, incompleto\, falta una escena. Queda pendiente lo que harán las mujeres\, el embalsamamiento que se proponen para neutralizar la fetidez de la muerte. Dicho embalsamamiento no se lleva a cabo porque se sienten en el deber de observar el descanso\, cosa que implica que no tienen la libertad de discípulas de Jesús (cf. Lc 2\,23-28).\nA pesar de que han quedado claras con toda su crudeza las atrocidades que se pueden cometer al poner la ley por encima de la vida humana\, es necesario mucho más para que los discípulos de Jesús admitan que es él quien habla en nombre del Padre\, y no la ley (cf. Lc 9\,35).\nPero la muerte de Jesús queda como testimonio de que el Espíritu se da y se recibe por el amor sin medida\, el amor que se entrega a todos y por todos\, sin distinguir entre amigos y enemigos.\n¡Feliz día del Señor!
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SUMMARY:Reflexión de la Palabra en audio para Semana Santa
DESCRIPTION:La Conferencia Episcopal de Colombia\, a través de los Departamentos de Catequesis\, Liturgia y Comunicaciones\, con el apoyo del padre Diego Uribe de la Universidad Pontificia Bolivariana y de la Pastoral Juvenil de la Arquidiócesis de Medellín\, ha desarrollado un espacio web con insumos para la Semana Mayor y el Tiempo de Pascua. \nEl micrositio semanasanta.cec.org.co contiene: sugerencias pastorales e insumos litúrgicos. \nTambién\, adjuntamos la reflexión de cada Día Santo en audio.
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SUMMARY:Lunes Santo.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de Isaías (42\,1-7): \nAsí dice el Señor:\n«Mirad a mi siervo\, a quien sostengo; mi elegido\, en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él\, manifestará la justicia a las naciones. No gritará\, no clamará\, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará\, la mecha vacilante no la apagará. Manifestará la justicia con verdad. No vacilará ni se quebrará\, hasta implantar la justicia en el país. En su ley esperan las islas.\nEsto dice el Señor\, Dios\, que crea y despliega los cielos\, consolidó la tierra con su vegetación\, da el respiro al pueblo que la habita y el aliento a quienes caminan por ella:\n«Yo\, el Señor\, te he llamado en mi justicia\, te cogí de la mano\, te he formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones\, para que abras los ojos de los ciegos\, saques a los cautivos de la cárcel\, de la prisión a los que habitan en tinieblas». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 26\,1.2.3.13-14 \nR/. El Señor es mi luz y mi salvación \nEl Señor es la defensa de mí vida\,\n¿quién me hará temblar? R. \nCuando me asaltan los malvados\npara devorar mi carne\, ellos\, enemigos y adversarios\, tropiezan y caen. R. \nSi un ejército acampa contra mí\,\nmi corazón no tiembla;\nsi me declaran la guerra\,\nme siento tranquilo. R. \nEspero gozar de la dicha del Señor\nen el país de la vida.\nEspera en el Señor\, sé valiente\,\nten ánimo\, espera en el Señor. R. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Juan (12\,1-11): \nSeis días antes de la Pascua\, fue Jesús a Betania\, donde vivía Lázaro\, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía\, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo\, auténtico y costoso\, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.\nJudas Iscariote\, uno de sus discípulos\, el que lo iba a entregar\, dice:\n«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?».\nEsto lo dijo\, no porque le importasen los pobres\, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa\, se llevaba de lo que iban echando.\nJesús dijo:\n– «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros\, pero a mí no siempre me tenéis».\nUna muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron\, no sólo por Jesús\, sino también para ver a Lázaro\, al que había resucitado de entre los muertos.\nLos sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro\, porque muchos judíos\, por su causa\, se les iban y creían en Jesús. \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nLunes santo.\n\nEl triduo formado por los llamados lunes\, martes y miércoles santos\, triduo previo al llamado «triduo pascual»\, nos sitúa en un ambiente definido por los siguientes rasgos:\n• La persona de Jesús a la luz de la figura del «Siervo del Señor».\n• El ambiente de cena eucarística.\n• La relación entre Jesús y los suyos\, particularmente con Judas.\nEn estos días se presenta una confrontación entre Jesús y Judas:\n• El lunes\, en medio de la comunidad.\n• El martes\, entre los tres discípulos más señalados.\n• El miércoles\, Jesús y Judas cara a cara.\nHoy contrasta la relación entre el discípulo\, el dinero y Jesús\, y sale a relucir la relación con los pobres\, que en el planteamiento de Jesús es muy diferente a la hasta entonces canonizada en la piedad judía: en lugar de asistencialismo\, integración.\n\n1. Primera lectura (Is 42\,1-7).\nSiervo del Señor es el hombre libre que libremente coopera con el Señor (????)\, el Dios del éxodo. Aquí es presentado como apoyado\, amado y elegido por el Señor\, y objeto de su complacencia personal\, en quien él ha puesto su Espíritu para traer justicia «a las naciones (???????: paganas)». El don del Espíritu de Dios\, aunque común a todos los vivientes (cf. Is 42\,5) y prometido al pueblo en particular\, aparece también en relación con el profeta (cf. Is 61\,1) y Moisés (cf. Is 63\,11).\n• Su misión es de carácter universal. Promover el derecho en las naciones entraña algo así como la búsqueda de la justicia en las relaciones entre los pueblos.\n• No recurrirá a la violencia\, ni con sus palabras ni con sus hechos. La promoción del derecho será conforme al derecho\, sin amenazas ni atropellos.\n• Trabajará por la justicia constante y firmemente\, hasta lograrla. La «caña» (o bastón) le sirve de apoyo al hombre; el pabilo alumbra su camino.\nLa justicia en las relaciones humanas\, interpersonales o internacionales\, no se logra atropellando lo débil\, sino fortaleciéndolo.\nDios (???: su nombre universal)\, el Señor (????: el nombre del Dios del éxodo)\, en cuanto creador\, liberador y salvador declara:\n1.1. El Siervo\, llamado\, guiado y formado por él está «puesto como alianza de Israel y luz de las naciones»\, es decir\, mediador de la alianza para Israel\, testigo de la salvación para las naciones.\n1.2. Su misión es netamente liberadora y salvadora en relación con el ser humano:\n• «Abrir los ojos a los ciegos»: libertad interior. Los «ciegos»\, los privados de luz\, no pueden ver la ruta de su «salida». La liberación comienza por la percepción de su posibilidad.\n• «Sacar de la cárcel a los presos»: libertad de acción\, independencia. La «prisión» es privación de libertad de movimiento\, carencia de posibilidad de ejercer la libertad.\n• «(Sacar) del calabozo a los que viven en tinieblas»: garantizar su supervivencia. La «mazmorra» es la prisión profunda\, donde nunca llega la luz y la vida mengua en extremo.\nEste oráculo se cumple inicialmente en el retorno de los deportados a Babilonia\, pero queda pendiente de su pleno y definitivo cumplimiento.\n\n2. Evangelio (Jn 12\,1-11).\nSegún los historiadores\, Betania era un barrio marginal de Jerusalén\, habitado por galileos. De ahí ese nombre. «Seis días antes de la pascua» es un dato que tiene intención teológica: el «sexto día» es el de la creación del hombre. Jesús está en Betania\, la comunidad que tiene experiencia de la nueva vida. Por eso\, la cena ofrecida a Jesús por la comunidad sustituye el banquete fúnebre; él es el homenajeado\, pero Lázaro\, el muerto viviente (resucitado) está «con él»\, y no con sus hermanas. Los tres expresan el ser mismo de su comunidad en relación con Jesús desde tres puntos de vista (visión integral):\n• Marta expresa la dimensión servicial de la comunidad\, que es el rasgo que la define hacia afuera y su rostro visible en «el mundo»\, la sociedad de «la tiniebla» que sofoca la luz de la vida.\n• María\, expresa la inefable comunión de amor de la comunidad con Jesús\, amor que tiene rasgos esponsales y que manifiesta una capacidad de donación asombrosa y sin medida; y\n• Lázaro\, quien\, a su vez\, expresa a la misma comunidad en cuanto ha recibido de Jesús la vida que venció la muerte\, y por eso participa ya con él del banquete de la vida.\nEl rasgo distintivo común es la amistad (cf. Jn 11\,3.5.11; 15\,13-15).\nMaría hace un derroche de generosidad al demostrarle su amor a Jesús\, y este espléndido amor satura la comunidad entera («la casa se llenó de la fragancia del perfume»).\nJudas reacciona estableciendo oposición entre el amor a Jesús y el amor a los pobres\, pero no por amor a los pobres\, sino porque ama el dinero. Jesús responde:\n• No hay contradicción entre el amor a él y el amor a los pobres. Puede haber pobres y no estar allí Jesús\, pero nunca puede estar Jesús sin que estén con él los pobres.\n• De hecho\, la comunidad de Jesús se define como el «hogar de los pobres»: Betania (????? ????????) significa eso «casa del pobre».\n• La comunidad no es «benefactora» de los pobres\, porque estos no están fuera de ella\, ya que ella está integrada por los que eligen ser pobres.\nEsto último parecen no haberlo captado los discípulos\, a juzgar por la conjetura que se hacen al respecto (cf. Jn 13\,28-29). De todos modos\, la comunidad\, en cuanto goza de la presencia viva de Jesús y da testimonio de su vida («Lázaro»)\, es objeto de atracción para las muchedumbres\, y de repulsión por parte de los dirigentes.\n\nEsta cena refleja el clima de gratitud\, amor y alegría en que la Iglesia celebra (o debe celebrar) la eucaristía. Ella es el ideal que deberían alcanzar las llamadas «misas por los difuntos»: verdaderas celebraciones con gratitud a Jesús por el don de la vida a favor de nuestros hermanos que ya celebraron su pascua personal y ahora participan con él del banquete de la vida eterna. Obvio\, sigue siendo válido orar por la plena remisión de los pecados de los difuntos\, pero esta no debe ser la única línea\, ni la definitiva. Sustituir el banquete fúnebre\, que todavía subsiste en algunas culturas\, por la cena del Señor es un logro de la fe cristiana; pero hay que ir más lejos aún: hacer de esta cena una verdadera «acción de gracias» por la vida que creemos y confesamos que han recibido nuestros hermanos que murieron «en el Señor» (Ap 14\,13).\nDemos gracias por la vida eterna dada a nuestros seres queridos y a todos los que ya han sido definitivamente salvados por Jesús.\nFeliz lunes santo.
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DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (49\,1-6): \nEscuchadme\, islas; atended\, pueblos lejanos:\nEl Señor me llamó desde el vientre materno\, de las entrañas de mi madre\, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada\, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida\, me guardó en su aljaba y me dijo:\n– «Tú eres mi siervo\, Israel\, por medio de ti me glorificaré».\nY yo pensaba: «En vano me he cansado\, en viento y en nada he gastado mis fuerzas». En realidad el Señor defendía mi causa\, mi recompensa la custodiaba Dios. Y ahora dice el Señor\,el que me formó desde el vientre como siervo suyo\, para que le devolvise a Jacob\, para que le reuniera a Israel; he sido glorificado a los ojos de Dios. Y mi Dios era mi fuerza:\n– «Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones\, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 70\,1-2.3-4a.5-6ab.15.17 \nR/. Mi boca contará tu salvación\, Señor \nA ti\, Señor\, me acojo:\nno quede yo derrotado para siempre;\ntú que eres justo\, líbrame y ponme a salvo\,\ninclina a mí tu oído\, y sálvame. R. \nSé tú mi roca de refugio\,\nel alcázar donde me salve\,\nporque mi peña y mi alcázar eres tú.\nDios mío\, líbrame de la mano perversa. R. \nPorque tú\, Señor\, fuiste mi esperanza\ny mi confianza\, Señor\, desde mi juventud.\nEn el vientre materno ya me apoyaba en ti\,\nen el seno tú me sostenías. R. \nMi boca contará tu justicia\,\ny todo el día tu salvación.\nDios mío\, me instruiste desde mi juventud\,\ny hasta hoy relato tus maravillas. R. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Juan (13\,21-33.36-38): \nEn aquel tiempo\, estando Jesús a la mesa con sus discípulos\, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo:\n– «En verdad\, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar».\nLos discípulos se miraron unos a otros perplejos\, por no saber de quién lo decía.\nUno de ellos\, el que Jesús amaba\, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía.\nEntonces él\, apoyándose en el pecho de Jesús\, le preguntó:\n– «Señor\, ¿quién es?».\nLe contestó Jesús:\n– «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado».\nY\, untando el pan\, se lo dio a Judas\, hijo de Simón el Iscariote.\nDetrás del pan\, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo:\n– «Lo que vas hacer\, hazlo pronto».\nNinguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa\, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas\, después de tomar el pan\, salió inmediatamente. Era de noche.\nCuando salió\, dijo Jesús:\n– «Ahora es glorificado el Hijo del hombre\, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él\, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos\, me queda poco de estar con vosotros. Me busca¬réis\, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros:\n“Donde yo voy\, vosotros no podéis ir”»\nSimón Pedro le dijo:\n– «Señor\, ¿a dónde vas?».\nJesús le respondió:\n– «Adonde yo voy no me puedes seguir ahora\, me seguirás más tarde».\nPedro replicó:\n– «Señor\, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».\nJesús le contestó:\n– «¿Con que darás tu vida por mí? En verdad\, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMartes Santo.\n\nLa vocación y la misión le dan sentido a la vida y le permiten al ser humano lograr su plenitud. Quien ignora su razón de ser en este mundo\, es decir\, para ser quién y para hacer qué\, carece de unidad y de propósito en su vida. Pero el asunto no se resuelve con tener una meta\, es preciso que la meta sea digna de un ser humano\, para que la vida tenga calidad humana. Jesús se propone él mismo como ideal de vida y de convivencia\, y asegura la supervivencia definitiva a quienes lo sigan. Invita a todos y a cada uno a alcanzar la propia realización.\nPero Jesús no es el único que habla de plenitud\, ni su oferta para alcanzarla es la única conocida. Incluso\, se da el caso de que las otras ofertas tengan una presentación más halagadora\, seduzcan más por su apariencia\, y hasta se vean como más acordes con la razón. Esto indica que alcanzar la plenitud humana implica elegir el modo correcto de hacerlo\, porque no basta con desearla.\n\n1. Primera lectura (Is 49\,1-6).\nEl oráculo completo tiene cuatro partes\, de las cuales hoy se toman las dos primeras: Locución del Siervo y locución del Señor.\n1. Locución del Siervo.\nEl «Siervo del Señor» habla de su vocación y de su misión. Llamado desde el vientre de su madre para ser enviado\, su existencia tiene repercusión universal. Él ve su misión en estos términos:\n• En el comienzo de su existencia está la raíz de su vocación: existe para ella. El Señor lo llamó por su nombre\, es decir\, de forma muy personal y definitiva.\n• Es vocación universal para la palabra: su misión es radicalmente profética. Las imágenes de la espada y la flecha se complementan para sugerir el carácter incisivo de esa palabra.\n• El Señor lo protege\, porque lo reserva para el golpe certero\, a pesar de que él\, por momentos\, se sienta derrotado. A través de su vida\, manifestará el Señor su gloria.\n2. Locución del Señor.\nEl Señor\, que lo llamó y lo formó como «siervo suyo» para una misión histórica muy concreta\, confirma el horizonte universal de la vocación y la misión de su Siervo:\n• Es «poco» que su condición de Siervo del Señor se limite a restaurar la unidad del pueblo de Israel: restablecer las tribus y convertir el resto que quedó después del destierro.\n• Su misión consiste en ser luz de las naciones\, de modo que la salvación de Dios llegue a todos los pueblos de la tierra. Al Señor le interesan todos los seres humanos.\n• Él revelará de forma inesperada la gloria del Señor: el Siervo del Señor ha venido siendo objeto de desprecio y reducido a condición de siervo de tiranos paganos; el Señor cambiará su suerte.\nLa obra que se anuncia es a favor del Siervo\, no en contra de los dominadores. El Señor cambiará de tal modo la suerte de su Siervo que su acción provocará el respeto de los reyes y hará que los príncipes se postren de asombro y admiración por la lealtad del Santo de Israel. El Señor actúa generosamente en favor de quienes se fían de él.\n\n2. Evangelio (Jn 13\,21-33.36-38).\nContinúa la interacción de Jesús con los suyos en ambiente de cena eucarística. En este relato se encuentran tres maneras de sentarse a la mesa con Jesús:\n1. El discípulo predilecto.\nNo es designado con nombre propio\, sino por su relación con Jesús\, y desde la perspectiva de este. Es el discípulo «predilecto» de él\, su discípulo ideal\, el paradigma de discípulo:\n• Conoce\, acepta y responde al amor de Jesús. La relación entre ellos es de amistad.\n• Es cercano a Jesús y lo trata con total confianza e intimidad. Se porta como amigo suyo.\n• Tiene acceso libre a Jesús y goza de la confianza del Señor. Lo trata como a un amigo.\n2. El discípulo inmaduro.\nEs llamado por su nombre y por su sobrenombre\, Simón Pedro\, se singulariza con estos rasgos:\n• No comprende el amor de Jesús ni le responde apropiadamente.\n• Está lejos de Jesús\, por eso no conoce su intimidad ni comprende su amor.\n• Pretende ser más amigo de Jesús que los demás\, y de estar dispuesto a morir por él.\n• Separa el amor a Jesús del amor a la humanidad\, no los vincula.\n3. El discípulo traidor.\nLlamado con tres nombres: Judas de Simón Iscariote:\n• Por oposición a Jesús\, responde con hostilidad a su amor\, interiorizando los valores del sistema que le rinde culto al dinero («entró en él Satanás»).\n• No come el «trozo» (¿de pan\, de carne?) que le da Jesús\, sino que sale con él en la mano: decide entregar a Jesús en manos de sus enemigos.\n• Al alejarse de Jesús se interna en la noche\, en la zona de «la tiniebla»\, es decir\, en la ideología embustera y en la praxis de violencia (cf. Jn 8\,44)\, zona de la que nunca se había desvinculado.\nUno de ellos se muestra realizado; otro\, tiene la posibilidad de lograrlo; el tercero se niega dicha posibilidad por afirmar y ponerse al servicio de intereses mezquinos.\n\nLa vocación\, la vida y la misión de cada cristiano se definen por su relación personal con Jesús. Él llama\, infunde el Espíritu y envía. Y todo ello es fruto de su amor: Llama a salir de «la tiniebla» (ideología embustera) y del «mundo» (sistema social injusto)\, transmite el Espíritu Santo\, amor que recrea\, da libertad y experiencia de salvación\, y envía a los regenerados\, liberados y salvados a compartir su libertad y su vida con el resto de la humanidad.\nJesús se estremece al ver que\, a pesar de su amor\, uno de los suyos va hacia la muerte por seguir leal al sistema que le rinde culto al dinero. Reafirma su amor poniéndose en sus manos\, dándose a él para que vuelva; responde con amor a la hostilidad de Judas\, pero este ya ha decidido que lo va a abandonar. A Pedro lo invita a futuro\, cuando comprenda el sentido de su entrega\, pero ese momento está lejos por la inmadurez y el engaño que dominan a este discípulo. Solo el discípulo que lo conoce y lo sigue está en capacidad de acompañarlo hasta la cruz. Este es el que de verdad comulga con él\, el que realmente come su carne y bebe su sangre. Este es el discípulo modelo.\nAl sentamos a la mesa con Jesús\, a menudo\, nos sentimos habitados por actitudes encontradas: la amistad sincera del discípulo predilecto\, la presunción infundada del discípulo inmaduro\, y la distancia interior del discípulo traidor. A todos él nos ofrece su don\, pero solo nos aprovecha en la medida en que respondemos a su amor con uno igual. Solo así nos realizamos como personas y como discípulos suyos.\nFeliz Martes Santo.
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SUMMARY:Miércoles Santo
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (50\,4-9a): \nMi Señor me ha dado una lengua de iniciado\, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído\, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban\, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda\, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal\, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor\, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad\, el Señor me ayuda\, ¿quién me condenará? \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 68\,8-10.21-22.31.33-34 \nR/. Señor\, que me escuche tu gran bondad el día de tu favor \nPor ti he aguantado afrentas\,\nla vergüenza cubrió mi rostro.\nSoy un extraño para mis hermanos\,\nun extranjero para los hijos de mi madre;\nporque me devora el celo de tu templo\,\ny las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R/. \nLa afrenta me destroza el corazón\, y desfallezco.\nEspero compasión\, y no la hay;\nconsoladores\, y no los encuentro.\nEn mi comida me echaron hiel\,\npara mi sed me dieron vinagre. R/. \nAlabaré el nombre de Dios con cantos\,\nproclamaré su grandeza con acción de gracias.\nMiradlo\, los humildes\, y alegraos\,\nbuscad al Señor\, y revivirá vuestro corazón.\nQue el Señor escucha a sus pobres\,\nno desprecia a sus cautivos. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio segun san Mateo (26\,14-25): \nEn aquel tiempo\, uno de los Doce\, llamado Judas Iscariote\, a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme\, si os lo entrego?»\nEllos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.\nEl primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»\nÉl contestó: «ld a la ciudad\, a casa de Fulano\, y decidle: “El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.”»\nLos discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce.\nMientras comían dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»\nEllos\, consternados\, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso\, Señor?»\nÉl respondió: «El que ha mojado en la misma fuente que yo\, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va\, como está escrito de él; pero\, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.»\nEntonces preguntó Judas\, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso\, Maestro?»\nÉl respondió: «Tú lo has dicho.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMiércoles Santo.\n\nLa misión implica una disposición para cumplirla y la determinación para superar los obstáculos que se le opongan. Si esa misión es del más grande alcance (universal)\, requiere una disposición generosa hasta el don total de sí mismo y que la determinación no se arredre ni siquiera ante la muerte. El Siervo del Señor\, encarnado por Jesús\, muestra esa disposición y esa determinación.\nEs fácil cumplir una misión que goce de la aprobación general –o\, por lo menos\, de la mayoría–pero no lo es cuando se está rodeado de desaprobación e incomprensión. Jesús\, como Siervo del Señor\, encuentra oposición cerrada por parte de los dirigentes\, porque sus obras y su mensaje los desenmascaran y vulneran sus intereses; la gente\, dominada ideológicamente por ellos\, oscila entre la experiencia que tiene de la bondad de Jesús\, sus obras y su mensaje\, y las ideas inculcadas por los dirigentes\, que le exigen desconfiar de él. Su círculo más cercano\, el de sus discípulos\, es reflejo de ese mundo en el cual él cumple su misión.\n\n1. Primera lectura (Is 50\,4-9a).\nEl Siervo se declara preparado para su misión y confiado en el Señor\, al cual se siente vinculado por la mutua fidelidad.\n1.1. En primer lugar\, se refiere a su preparación:\n• Como aprendiz de discípulo\, declara haber recibido de parte del Señor «una lengua de iniciado» para alentar a los abatidos. Ha recibido y entrega un mensaje de consolación.\n• También como discípulo\, madruga a escuchar y aprender como corresponde a los iniciados. Su aprendizaje es continuo para que su mensaje se mantenga actual.\n• El Señor le «abrió» el oído (metáfora de liberación) a despecho del sufrimiento y del maltrato\, que no logran convencerlo de que el Señor se haya desentendido de él.\n1.2. En segundo lugar\, testifica que su confianza se basa en la fidelidad del Señor\, quien le da la valentía suficiente para hacer frente a la injusticia con resolución:\n• El Señor es su abogado defensor\, por eso no lo acobardan sus acusadores\, sino que se mantiene firme en el cumplimiento de su misión.\n• El Señor permanece cerca de él y lo ayuda frente los tribunales injustos\, por eso él se atreve a desafiar a sus querellantes.\n• El Señor persevera\, y su ayuda también. Los tribunales que lo enjuician hoy son y mañana ya no existirán. La causa justa tiene garantía de supervivencia.\n1.3. Por último\, si el Siervo no les ofrece resistencia\, no es por debilidad o por reconocimiento de culpa\, sino porque así pone él de relieve su confianza en el Señor\, que es su defensor.\n\n2. Evangelio (Mt 26\,14-25).\nLa confrontación entre Jesús y Judas va más allá de las personas\, se extiende a lo que cada uno personifica:\n• Jesús representa el reinado de Dios y su designio restaurador\, liberador y salvador.\n• Judas\, el reinado del dinero y su apetencia de permanencia\, dominio y de muerte.\na) Judas no ha aceptado la propuesta de Jesús\, no encaja en «Betania»\, por eso no ha optado por la pobreza. Su opción por el dinero lo lleva a ser infiel a Dios y a vender al ser humano (el «Hijo del Hombre») como una mercancía\, en complicidad con los intereses de los opresores («treinta monedas de plata»\, el precio de un esclavo: Ex 21\,32; Zac 11\,12). Se opone al éxodo liberador y salvador del Mesías. Miente\, porque se sienta entre los amigos consciente de ser un traidor. Pero traicionando a Jesús se frustra a sí mismo hasta el punto de anular el valor de su propia existencia («más le valdría no haber nacido»). La traición de Judas es paradigma de todas las traiciones\, ya que ella entraña la prevalencia de intereses ajenos en contra de sí mismo y de su pueblo. Judas no solo frustra el designio de Dios sobre sí mismo\, sino que\, al ponerse al servicio de los líderes opresores\, se opone al cumplimiento de la esperanza de su pueblo.\nb) Jesús encarna el designio liberador y salvador del Padre\, y compromete a los suyos a celebrar su Pascua\, pensando en que ya está cerca el momento de su muerte. El «cordero» que se va a inmolar es él mismo con su entrega. El anuncio de su muerte les hace temer\, en primer lugar\, que cualquiera de ellos lo puede traicionar; por eso él afirma que es uno del círculo íntimo («uno que ha mojado en la misma fuente»). Y precisa aún más con la oposición entre «ese hombre» (el que no tiene el Espíritu de Dios) y «el Hijo del Hombre» (el portador y dador del Espíritu de Dios). La oposición se cifra en la actitud del «Iscariote» contra la de Jesús. El sobrenombre de Judas (??????????) –creado por el evangelista Marcos y adoptado por la tradición evangélica–\, procede de dos palabras hebreas (????? ????????)\, y significa «el hombre de la aldea». Define a Judas como representante de todos los que siguen ciegamente la doctrina inculcada por los letrados al pueblo. Finalmente\, Jesús identifica al traidor ante él mismo\, no lo denuncia ante los otros. Es su último intento por salvarlo\, tratando de que tome conciencia de su perfidia y rectifique.\n\nA la hora de la verdad\, caben dos alternativas: el reinado de Dios y el «imperialismo internacional del dinero» (Pío XI: Quadragesimo anno\, 109). Uno crea\, libera y salva\, el otro oprime\, envilece y arruina la vida hasta hacerla miserable. Jesús es el pionero del reinado de Dios; Judas\, el cómplice paradigmático del reinado del dinero. El dinero les pone precio a los valores\, a la conciencia y a la lealtad\, y genera la cultura de corrupción. El evangelio nunca dice por cuánto dinero traicionó Judas a Jesús\, simplemente denuncia por qué\, para que el lector se fije en el trueque de valores\, y no caiga en la suposición de que una determinada suma justifica la traición. La figura de Judas representa lo opuesto a la figura de Jesús en todo. Judas llega hasta entregar a Jesús por dinero; Jesús\, en cambio\, se entrega a sí mismo por la vida de todos\, incluso por la de Judas.\nAmbos están en la cena\, pero Judas es enemigo entre los amigos\, en tanto que Jesús llama amigo incluso al enemigo. Lo que cuenta\, pues\, no es solo asistir a la cena\, sino el espíritu con el que se toma parte en ella.\nVayamos a nuestra celebración eucarística como amigos y como hermanos.\nFeliz miércoles santo.
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DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Éxodo (12.1-8.11-14): \nEn aquellos días\, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: «Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: “El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia\, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo\, que se junte con el vecino de casa\, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto\, macho\, de un año\, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes\, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido. Esa noche comeréis la carne\, asada a fuego\, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. Y lo comeréis así: la cintura ceñida\, las sandalias en los pies\, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa\, porque es la Pascua\, el paso del Señor. Esta noche pasaré por todo el país de Egipto\, dando muerte a todos sus primogénitos\, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis: cuando vea la sangre\, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora\, cuando yo pase hiriendo a Egipto. Este día será para vosotros memorable\, en él celebraréis la fiesta al Señor\, ley perpetua para todas las generaciones.”» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 115\,12-13.15-16bc.17-18 \nR/. El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo \n¿Cómo pagaré al Señor\ntodo el bien que me ha hecho?\nAlzaré la copa de la salvación\,\ninvocando su nombre. R/. \nMucho le cuesta al Señor\nla muerte de sus fieles.\nSeñor\, yo soy tu siervo\,\nhijo de tu esclava;\nrompiste mis cadenas. R/. \nTe ofreceré un sacrificio de alabanza\,\ninvocando tu nombre\, Señor.\nCumpliré al Señor mis votos\nen presencia de todo el pueblo. R/.\n\n\nSegunda lectura\nLectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (11\,23-26): \nYo he recibido una tradición\, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús\, en la noche en que iban a entregarlo\, tomó pan y\, pronunciando la acción de gracias\, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo\, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con el cáliz\, después de cenar\, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis\, en memoria mía.» Por eso\, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz\, proclamáis la muerte del Señor\, hasta que vuelva. \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Juan (13\,1-15) \nAntes de la fiesta de la Pascua\, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre\, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo\, los amó hasta el extremo. Estaban cenando\, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote\, el de Simón\, que lo entregara\, y Jesús\, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos\, que venía de Dios y a Dios volvía\, se levanta de la cena\, se quita el manto y\, tomando una toalla\, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos\, secándoselos con la toalla que se había ceñido.\nLlegó a Simón Pedro\, y éste le dijo: «Señor\, ¿lavarme los pies tú a mí?»\nJesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora\, pero lo comprenderás más tarde.»\nPedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.»\nJesús le contestó: «Si no te lavo\, no tienes nada que ver conmigo.»\nSimón Pedro le dijo: «Señor\, no sólo los pies\, sino también las manos y la cabeza.»\nJesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies\, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios\, aunque no todos.»\nPorque sabía quién lo iba a entregar\, por eso dijo: «No todos estáis limpios.» Cuando acabó de lavarles los pies\, tomó el manto\, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”\, y decís bien\, porque lo soy. Pues si yo\, el Maestro y el Señor\, os he lavado los pies\, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros\, vosotros también lo hagáis.» \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nJueves Santo.\n\nResulta casi inevitable comparar en este día la Pascua judía y la Pascua cristiana. En ambas se pasa de la servidumbre al servicio\, de la experiencia de muerte a la experiencia de salvación\, del peligro a la seguridad. Pero también hay contrastes entre ellas. Resumamos así:\n• De la liberación por el poder (plagas) a la liberación por el amor (servicio).\n• De la salvación de morir a la salvación de la muerte.\n• De la cena pascual «memorial» a la cena pascual también «sacramental».\nEn su Pascua\, los judíos comen la carne del cordero que cada familia se procura; en la Pascua de los cristianos\, el «cordero» es provisto por Dios.\nEn resumen\, pasamos de la Pascua-promesa a la Pascua-cumplimiento. Las promesas hechas en otro tiempo a Abraham y su descendencia\, contenidas en la Ley y los profetas\, continuadas por la descendencia de David y el reinado de Dios en la historia humana\, se cumplen definitivamente.\n\n1. Primera lectura (Exo 12\,1-8.11-14).\nLa Pascua se presenta como memorial de la salida liberadora (éxodo) de Israel desde la opresión hacia la libertad.\n1. La historia vuelve a comenzar a partir del éxodo («primer mes del año»).\n2. El cordero para la cena comunitaria debe llenar estos requisitos:\n• Integridad: «sin defecto (físico)».\n• Vitalidad: «macho» (fuente de vida).\n• Novedad: «de un año» (joven).\n3. La carne se ha de compartir:\n• «asada»: fuego que cuece y purifica.\n• «con pan ázimo»: no fermentado (incorrupto y nuevo)\n• «con verduras amargas»: conmemoración del amargo pasado.\n4. Se utiliza la sangre para distinguir a los israelitas de sus enemigos y así salvar sus vidas.\n5. Se come en estas condiciones:\n• «Cintura ceñida»: presteza para la salida\, alimento para el camino\n• «Sandalias»: condición de libertad\, un largo viaje por hacer\,\n• «Bastón»: deberán enfrentar peligros a lo largo del viaje.\n• «A toda prisa»: aprovechar la ocasión del «paso» del Señor.\n6. Se entiende como confrontación entre el Señor que libera y salva\, y los ídolos que legitiman la esclavitud y la muerte\, batalla que los ídolos tienen perdida\, porque la victoria del Señor es más que segura\, no solo porque su causa es la justa\, sino porque responde al anhelo del pueblo.\n\n2. Segunda lectura (1Cor 11\,23-26).\nEl apóstol presenta la eucaristía como el memorial de la muerte salvadora de Jesús para que los discípulos renovemos así la memoria de su entrega y nos asociemos a ella (renovando así también la opción del bautismo\, que es irrepetible).\n• El pan partido para ser compartido es signo del «cuerpo» (la persona) del Señor. Comerlo es asimilarlo como norma de sana convivencia\, rompiendo así con los valores de una sociedad que\, por ser injusta\, frustra las aspiraciones con las cuales los seres humanos se asocian para convivir. El «cuerpo entregado» es signo del don de sí mismo para ponerse al servicio de la vida de otros\, lo que genera una convivencia humana\, solidaria y en la que todos pueden realizarse.\n• La copa para ser compartida expresa la nueva y definitiva relación de todos con Dios\, basada en la «sangre» (el Espíritu) de Jesús. Beberla es interiorizar el Espíritu\, y este elimina el pecado en su raíz y genera el hombre nuevo y definitivo\, el hombre-espíritu. La «sangre derramada» es signo del don del Espíritu Santo de Jesús\, que se transmite por ese servicio generoso\, universal y perseverante\, que parte del interior de cada persona y genera una nueva humanidad.\n\n3. Evangelio (Jn 13\,1-15).\nLa nueva Pascua consiste en pasar de la caducidad y la injusticia («de este mundo») a la vida nueva y definitiva por amor («al Padre»). Ese paso entraña conflicto:\n1. La idolatría del dinero desplazó del templo al Padre (cf. Jn 2\,16)\, impuso su satánico dominio de violencia y de mentira (cf. Jn 8\,44)\, e incapacita a los judíos para oír el mensaje de Jesús. El dinero somete y esclaviza mucho más al ser humano que el dominio del faraón.\n2. Judas había decidido entregarlo\, dado que él seguía leal al «mundo»\, ese ámbito social basado en el dinero\, y nunca quiso romper esa lealtad (cf. Jn 12\,6). No le bastó la cercanía de Jesús a él para darle su adhesión a cambio de los valores en los que siempre había creído.\n3. Simón Pedro vivía en la ambigüedad: decía amar al Señor\, pero no aceptaba que había que dar la propia vida en el servicio a los demás. Por eso se rehusaba a que Jesús le expresara su amor en forma de servicio; prefería los criterios de la sociedad estratificada (amos-siervos).\n4. Jesús\, por fidelidad al Padre\, quiere mostrar que el amor es servicio a la vida\, y que esto no es negociable:\n• Él es «el maestro»\, y en tal condición sirve; quien lo acepte como maestro se hará su discípulo aceptando y siguiendo su ejemplo de servicio. No es posible ser discípulo suyo («tener parte con él») sin aceptar el servicio de Jesús y prolongarlo Enel servicio a los demás.\n• Él es «el Señor» (hombre libre)\, y desde su libertad sirve; quien quiera participar de su señorío ha de hacerlo sirviendo con libertad y a favor de la libertad. La dicha del discípulo consiste en la libertad con la que procede\, sin necesidad de que le impongan una norma de conducta.\n• La Pascua nueva y definitiva implica\, sí\, el antagonismo del Señor con los ídolos\, pero no la destrucción de sus rivales. Él está dispuesto a entregarse por todos\, para darles –también a sus rivales– la oportunidad de ser libres y tener verdadera vida (salvarse).\n\nJesús crea una comunidad de hombres libres («señores») e iguales («discípulos»)\, y establece el principio de que no es feliz el que domina sino el que ama. Y que no se trata de ser superiores a los demás\, sino iguales como hermanos. Así es el verdadero amor.\nLa Iglesia conmemora hoy tres instituciones: el ministerio cristiano como prolongación libre del ministerio de Jesús; el «mandamiento nuevo» («nuevo»\, porque no es impuesto) del amor como expresión libre del discipulado cristiano; y la institución de la eucaristía –que contiene los otros dos– como la cena pascual de los hombres plenamente libres.\nEl ministerio cristiano no es título de superioridad ni garantía de privilegio\, es servicio por amor entre iguales («hermanos») al estilo del Maestro y Señor de todos\, Jesús. La cena pascual cristiana es profecía de la nueva humanidad y compromiso de fe para construir la nueva convivencia. La eucaristía es alimento y norma de vida para el discípulo. Hacerla solamente objeto de culto\, sin referencia alguna con la vida\, es desvirtuar su sentido y profanar su realidad. Por eso\, al recibir el sacramento\, decimos «amén» para significar nuestra comunión de Espíritu y vida con Jesús.\nFeliz Jueves Santo.
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DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (52\,13–53\,12): \nMirad\, mi siervo tendrá éxito\, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él\, porque desfigurado no parecía hombre\, ni tenía aspecto humano\, así asombrará a muchos pueblos\, ante él los reyes cerrarán la boca\, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito. ¿Quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién se reveló el brazo del Señor. Creció en su presencia como brote\, como raíz en tierra árida\, sin figura\, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente\, despreciado y evitado de los hombres\, como un hombre de dolores\, acostumbrado a sufrimientos\, ante el cual se ocultan los rostros\, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso\, herido de Dios y humillado pero él fue traspasado por nuestras rebeliones\, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él\, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas\, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado\, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero\, como oveja ante el esquilador\, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa\, sin justicia\, se lo llevaron\, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos\, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados\, y una tumba con los malhechores\, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento\, y entregar su vida como expiación; verá su descendencia\, prolongará sus años\, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz\, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos\, porque cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte\, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores\, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 30\,2.6.12-13.15-16.17.25 \nR/. Padre\, a tus manos encomiendo mi espíritu \nA ti \, Señor\, me acojo:\nno quede yo nunca defraudado;\ntú\, que eres justo\, ponme a salvo.\nA tus manos encomiendo mi espíritu:\ntú\, el Dios leal\, me librarás. R/. \nSoy la burla de todos mis enemigos\,\nla irrisión de mis vecinos\,\nel espanto de mis conocidos;\nme ven por la calle\, y escapan de mí.\nMe han olvidado como a un muerto\,\nme han desechado como a un cacharro inútil. R/. \nPero yo confío en ti\, Señor\,\nte digo: «Tú eres mi Dios.»\nEn tu mano están mis azares;\nlíbrame de los enemigos que me persiguen. R/. \nHaz brillar tu rostro sobre tu siervo\,\nsálvame por tu misericordia.\nSed fuertes y valientes de corazón\,\nlos que esperáis en el Señor. R/.\n\n\nSegunda lectura\nLectura de la carta a los Hebreos (4\,14-16;5\,7-9): \nMantengamos la confesión de la fe\, ya que tenemos un sumo sacerdote grande\, que ha atravesado el cielo\, Jesús\, Hijo de Dios. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades\, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros\, menos en el pecado. Por eso\, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia\, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente. Cristo\, en los días de su vida mortal\, a gritos y con lágrimas\, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte\, cuando en su angustia fue escuchado. Él\, a pesar de ser Hijo\, aprendió\, sufriendo\, a obedecer. Y\, llevado a la consumación\, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna. \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio\nPasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan (18\,1–19\,42): \nC. En aquel tiempo\, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón\, donde había un huerto\, y entraron allí él y sus discípulos. Judas\, el traidor\, conocía también el sitio\, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces\, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos\, entró allá con faroles\, antorchas y armas. Jesús\, sabiendo todo lo que venía sobre él\, se adelantó y les dijo:\n+ «¿A quién buscáis?»\nC. Le contestaron:\nS. «A Jesús\, el Nazareno.»\nC. Les dijo Jesús:\n+ «Yo soy.»\nC. Estaba también con ellos Judas\, el traidor. Al decirles: «Yo soy»\, retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:\n+ «¿A quién buscáis?»\nC. Ellos dijeron:\nS. «A Jesús\, el Nazareno.»\nC. Jesús contestó:\n+ «Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí\, dejad marchar a éstos»\nC. Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste.» Entonces Simón Pedro\, que llevaba una espada\, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote\, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:\n+ «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre\, ¿no lo voy a beber?»\nC. La patrulla\, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús\, lo ataron y lo llevaron primero a Anás\, porque era suegro de Caifás\, sumo sacerdote aquel año; era Caifás el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo.» Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote\, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo\, el conocido del sumo sacerdote\, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada que hacía de portera dijo entonces a Pedro:\nS. «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?»\nC. Él dijo:\nS. «No lo soy.»\nC. Los criados y los guardias habían encendido un brasero\, porque hacía frío\, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie\, calentándose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina. Jesús le contestó:\n+ «Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo\, donde se reúnen todos los judíos\, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído\, de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo.»\nC. Apenas dijo esto\, uno de los guardias que estaban allí le dio una bofetada a Jesús\, diciendo:\nS. «¿Así contestas al sumo sacerdote?»\nC. Jesús respondió:\n+ «Si he faltado al hablar\, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe\, ¿por qué me pegas?»\nC. Entonces Anás lo envió atado a Caifás\, sumo sacerdote. Simón Pedro estaba en pie\, calentándose\, y le dijeron:\nS. «¿No eres tú también de sus discípulos?»\nC. Él lo negó\, diciendo:\nS. «No lo soy.»\nC. Uno de los criados del sumo sacerdote\, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja\, le dijo:\nS. «¿No te he visto yo con él en el huerto?»\nC. Pedro volvió a negar\, y enseguida cantó un gallo. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer\, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera\, adonde estaban ellos\, y dijo:\nS. «¿Qué acusación presentáis contra este hombre?»\nC. Le contestaron:\nS. «Si éste no fuera un malhechor\, no te lo entregaríamos.»\nC. Pilato les dijo:\nS. «Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.»\nC. Los judíos le dijeron:\nS. «No estamos autorizados para dar muerte a nadie.»\nC. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús\, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el pretorio\, llamó a Jesús y le dijo:\nS. «¿Eres tú el rey de los judíos?»\nC. Jesús le contestó:\n+ «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?»\nC. Pilato replicó:\nS. «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?»\nC. Jesús le contestó:\n+ «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo\, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.»\nC. Pilato le dijo:\nS. «Conque\, ¿tú eres rey?»\nC. Jesús le contestó:\n+ «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»\nC. Pilato le dijo:\nS. «Y\, ¿qué es la verdad?»\nC. Dicho esto\, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:\nS. «Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?»\nC. Volvieron a gritar:\nS. «A ése no\, a Barrabás.»\nC. El tal Barrabás era un bandido. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas\, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y\, acercándose a él\, le decían:\nS. «¡Salve\, rey de los judíos!»\nC. Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:\nS. «Mirad\, os lo saco afuera\, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa.»\nC. Y salió Jesús afuera\, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:\nS. «Aquí lo tenéis.»\nC. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias\, gritaron:\nS. «¡Crucifícalo\, crucíficalo!»\nC. Pilato les dijo:\nS «Lleváoslo vosotros y crucificadlo\, porque yo no encuentro culpa en él.»\nC. Los judíos le contestaron:\nS «Nosotros tenemos una ley\, y según esa ley tiene que morir\, porque se ha declarado Hijo de Dios.»\nC. Cuando Pilato oyó estas palabras\, se asustó aún más y\, entrando otra vez en el pretorio\, dijo a Jesús:\nS. «¿De dónde eres tú?»\nC. Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo:\nS. «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?»\nC. Jesús le contestó:\n+ «No tendrías ninguna autoridad sobre mí\, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.»\nC. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo\, pero los judíos gritaban:\nS. «Si sueltas a ése\, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César.»\nC. Pilato entonces\, al oír estas palabras\, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal\, en el sitio que llaman “el Enlosado” (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua\, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:\nS. «Aquí tenéis a vuestro rey.»\nC. Ellos gritaron:\nS. «¡Fuera\, fuera; crucifícalo!»\nC. Pilato les dijo:\nS. «¿A vuestro rey voy a crucificar?»\nC. Contestaron los sumos sacerdotes:\nS. «No tenemos más rey que al César.»\nC. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús\, y él\, cargando con la cruz\, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota)\, donde lo crucificaron; y con él a otros dos\, uno a cada lado\, y en medio\, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús\, el Nazareno\, el rey de los judíos.» Leyeron el letrero muchos judíos\, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús\, y estaba escrito en hebreo\, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:\nS. «No\, escribas: “El rey de los judíos”\, sino: “Éste ha dicho: Soy el rey de los judíos.”»\nC. Pilato les contestó:\nS. «Lo escrito\, escrito está.»\nC. Los soldados\, cuando crucificaron a Jesús\, cogieron su ropa\, haciendo cuatro partes\, una para cada soldado\, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura\, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:\nS. «No la rasguemos\, sino echemos a suerte\, a ver a quién le toca.»\nC. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre\, la hermana de María\, la Magdalena. Jesús\, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería\, dijo a su madre:\n+ «Mujer\, ahí tienes a tu hijo.»\nC. Luego\, dijo al discípulo:\n+ «Ahí tienes a tu madre.»\nC. Y desde aquella hora\, el discípulo la recibió en su casa. Después de esto\, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término\, para que se cumpliera la Escritura dijo:\n+ «Tengo sed.»\nC. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y\, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo\, se la acercaron a la boca. Jesús\, cuando tomó el vinagre\, dijo:\n+ «Está cumplido.»\nC. E\, inclinando la cabeza\, entregó el espíritu. Los judíos entonces\, como era el día de la Preparación\, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado\, porque aquel sábado era un día solemne\, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados\, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús\, viendo que ya había muerto\, no le quebraron las piernas\, sino que uno de los soldados\, con la lanza\, le traspasó el costado\, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio\, y su testimonio es verdadero\, y él sabe que dice verdad\, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.» Después de esto\, José de Arimatea\, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos\, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo\, el que había ido a verlo de noche\, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo\, con los aromas\, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron\, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación\, y el sepulcro estaba cerca\, pusieron allí a Jesús. \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nViernes Santo.\n\nEl amor auténtico es aquel que supera la prueba del dolor\, y cuanto mayor es el dolor que debe superar tanto mayor es la calidad que dicho amor demuestra. Esto es justo lo que los cristianos celebramos el Viernes Santo: que Jesús pasa la prueba del dolor\, de la humillación\, del desprecio e incluso de ser considerado un maldito de Dios por las máximas autoridades religiosas\, para dar testimonio del amor del Padre por todos\, incluidos sus verdugos.\nEse es el «amor más grande» (cf. Jn 15\,13).\n\n1. Primera lectura (Is 52\,13-53\,13).\nEl Señor invita a fijar la mirada en su Siervo y anuncia algo inaudito (e inadmisible entonces): la salvación a través del sufrimiento. En el cántico se aduce una serie de hechos que corresponden a la vida del Siervo:\n• Nacimiento: vino al mundo como un ser insignificante.\n• Sufrimiento: padeció desprecio\, dolor\, desdoro (maldición)\, culpación\, injusticia.\n• Condena y muerte: fue enjuiciado y sentenciado contra todo derecho.\n• Sepultura: fue sepultado como un desecho\, sin honores\, como un malvado.\n• Exaltación: El Señor miró el dolor y la humillación que su Siervo aceptó padecer por los otros\, y lo rehabilitó dándole vida\, honor y dicha.\n\n2. Segunda lectura (Heb 4\,14-16; 5\,7-9).\nComo auténtico Sumo Sacerdote\, y en oposición a los así llamados en la religión judía\, Jesús ingresa en el ámbito divino y les ofrece a sus seguidores la seguridad de gozar de la benevolencia divina. Igual a los hombres en todo lo humano (lo cual excluye el pecado\, porque es inhumano)\, le ofrece a todos misericordia para el pasado y ayuda para el presente y el futuro.\nComo experimentó la fragilidad humana y a través de ella maduró como hijo\, con su amor superó la prueba del dolor. Así aprendió el ser «hijo»\, amando. Dios acogió su oración librándolo\, no de morir\, sino de la muerte\, y de un modo definitivo. Esto es lo que lo lleva a la perfección\, a su plena realización\, y por eso es causa de «salvación definitiva»\, es decir\, de vida eterna\, para todos sus seguidores. Así como él testimonió el amor del Padre a despecho del sufrimiento\, hasta la muerte\, del mismo modo llama a los suyos a lograr su propia realización personal siguiendo sus pasos\, que conducen al Padre. Por eso él es Sumo Sacerdote\, porque realmente lleva hasta Dios.\n\n3. Evangelio (Jn 18\,1-19\,42).\nLos hechos históricos no se explican por sí solos. Es el ser humano quien les asigna explicación analizándolos y determinando sus causas y consecuencias.\nLo que nosotros llamamos «la pasión de Jesús» tiene varias explicaciones:\na) Para las autoridades religiosas de la época\, fue una hábil maniobra por la cual se deshicieron de un «impostor» manipulando la masa y aprovechando la debilidad del régimen ocupante.\nb) Para el procurador romano\, fue un procedimiento rutinario –uno de tantos– por el cual él se desembarazó de un «agitador» que perturbaba la «pax romana» en el ámbito de su jurisdicción.\nc) Para el seguidor de Jesús\, es vigorosa denuncia del sistema religioso-político (el «mundo») que se confabuló contra Jesús porque él perjudicaba sus intereses con el anuncio de la buena noticia del reinado de Dios como Padre. Y aquí hay dos ópticas: los evangelios sinópticos contrastan la injusticia del régimen con la inocencia de Jesús; en tanto que Juan presenta los hechos desde la perspectiva de Jesús: su claridad con respecto del «mundo»\, su seguridad en el amor del Padre\, y su voluntad de entrega para –con dicha entrega– dar testimonio del amor del Padre y denunciar la inhumanidad del «mundo».\n1. Introducción (18\,1-27).\n• Jesús enfrenta la violencia sin recurrir a ella\, Pedro\, que recurre a ella\, le tiene miedo.\n• Jesús se entrega y\, por eso\, Pedro lo niega. Él quiere que Jesús haga uso de la violencia.\n2. La realeza y el reinado de Jesús (18\,28-40).\n• Jesús es condenado\, aunque ninguno quiere asumir la responsabilidad de su condena. Ni Caifás («opresor») ni Pilato («armado de jabalina») quieren tomar la decisión (28-33).\n• El poder que domina y violenta es enemigo de Dios y de la humanidad. Jesús no se apoya en él sino en el ansia y en la experiencia de vida. No tiene súbditos sino seguidores libres (33-38).\n• Los poderosos se entienden más fácilmente con los violentos que con Jesús. La opción de ellos por Barrabás es coherente con su manera de ser y de actuar (38-40).\n• En la tortura de Jesús los mismos torturadores\, sin darse cuenta\, desprestigien el poder que los respalda. Se burlan de su ideal de rey\, no del propuesto y encarnado por Jesús (19\,1-3).\n• La verdadera realeza no radica en la popularidad\, sino en el amor de Jesús y en su libertad. Por ser libre es dueño de sí mismo y capaz de darse por amor (4-8).\n• El poder religioso (los sumos sacerdotes) resulta ser más injusto e implacable que el poder civil (el procurador romano)\, pero este es débil por querer complacer al César (9-12).\n• Los dirigentes optan por el César (que es opresor) porque Jesús (liberador) revela un Dios de amor que no les permite seguir oprimiendo (13-16).\n• Dos lo siguieron al principio (1\,37)\, dos hombres ahora mueren con él en la cruz (19\,16-18).\n• Jesús\, nuevo código de relación con Dios\, o sea\, de alianza; él es la nueva Escritura (19-22).\n3. El reino de Jesús (19\,23-27).\n• El letrero de la Cruz en tres idiomas indica la universalidad del reinado de Jesús (19-22).\n• El reparto del manto en cuatro partes representa la universalidad de su reino (23).\n• La preservación de la túnica sin romperla indica la unidad de ese reino de Jesús (24).\n• Y en ese reino la comunidad judía\, personificada por la madre de Jesús\, es acogida como madre de la comunidad cristiana (25-27).\n4. La muerte de Jesús (19\,28-30).\n• Con su entrega de amor\, Jesús lleva la condición humana hasta su cumbre\, haciendo al hombre capaz de amar como Dios (28-30).\n• Jesús en la cruz muestra la gloria de Dios y es fuente de vida (el Espíritu) para todos los que le den su adhesión (31-37).\n• La fe pasa su prueba de autenticidad en la actitud ante la muerte de Jesús (38).\n• Nicodemo no cree en la resurrección de Jesús\, por eso lleva esa enorme cantidad de mixturas para perfumar un cadáver y evitar el mal olor. Si tuviera fe\, habría llevado simplemente un poco de perfume de nardo\, como había dicho Jesús en la cena de Betania (39-42; cf. 12\,7).\n\nLa narración de la pasión –según Juan– no es la descripción de un escenario humillante para conmover al lector\, es más bien una puesta en escena que desacredita el prestigio del poder. Jesús subvierte los valores del sistema\, y así pone en evidencia el auténtico sentido de su realeza y\, por contraste\, la perversidad de los poderes opresores.\nLa comunión eucarística de este día nos pone en comunión con Jesús en ese mismo propósito. El solo testimonio del amor del Padre\, sin recurso a «machete» alguno (cf. Jn 18\,10)\, basta para vencer «el mundo». El hombre desapegado puede ser generoso\, libre para darse\, libre para amar. La entrega de Jesús en la cruz\, que ratifica su entrega a lo largo de su vida entera\, la renovamos hoy como memoria y la asumimos como compromiso. Al comulgar\, declaramos públicamente que el mundo nuevo\, el reino de Dios\, no se realizará por las vías del poder\, sino por la entrega de amor\, y aceptamos la invitación de Jesús a solidarizarnos con él en su testimonio de amor.\nFeliz Viernes Santo.
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SUMMARY:Audio: Reflexión de las Siete Palabras-Mons. José Luis Rueda\, de Popayán
DESCRIPTION:La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) pone a disposición de todos los fieles el tradicional Sermón de las Siete Palabras predicado por monseñor Luis José Rueda Aparicio\, arzobispo de Popayán. \nEste material\, producido por el departamento de Comunicación Social\, es un insumo para las emisoras católicas del país y medios que tradicionalmente reproducen estas reflexiones durante el viernes santo. \nEl prelado hace una lectura desde la biblia a cada palabra\, para luego aterrizarla en un contexto social\, de esta forma\, pone en evidencia las diferentes problemáticas que viven actualmente los colombianos. \nAborda temas como: El perdón\, la reconciliación\, la vida\, la narco-economía\, el feminicidio\, la corrupción\, la violencia\, la ecología integral\, la política\, entre otros. Hace énfasis en la necesidad que tienen los colombianos de reconciliarse a pesar de las diferencias. \nEste material puede ser reproducido y descargado desde el sitio Web: de la Conferencia Episcopal de Colombia www.cec.org.co
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SUMMARY:Lecturas de la Vigilia Pascual
DESCRIPTION:Primera lectura\nGénesis 1:1–2:2\n1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra.\n2 La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo\, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas.\n3 Dijo Dios: «Haya luz»\, y hubo luz.\n4 Vio Dios que la luz estaba bien\, y apartó Dios la luz de la oscuridad;\n5 y llamó Dios a la luz «día»\, y a la oscuridad la llamó «noche». Y atardeció y amaneció: día primero.\n6 Dijo Dios: «Haya un firmamento por en medio de las aguas\, que las aparte unas de otras.»\n7 E hizo Dios el firmamento; y apartó las aguas de por debajo del firmamento\, de las aguas de por encima del firmamento. Y así fue.\n8 Y llamó Dios al firmamento «cielos». Y atardeció y amaneció: día segundo.\n9 Dijo Dios: «Acumúlense las aguas de por debajo del firmamento en un solo conjunto\, y déjese ver lo seco»; y así fue.\n10 Y llamó Dios a lo seco «tierra»\, y al conjunto de las aguas lo llamó «mares»; y vio Dios que estaba bien.\n11 Dijo Dios: «Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semillas y árboles frutales que den fruto\, de su especie\, con su semilla dentro\, sobre la tierra.» Y así fue.\n12 La tierra produjo vegetación: hierbas que dan semilla\, por sus especies\, y árboles que dan fruto con la semilla dentro\, por sus especies; y vio Dios que estaban bien.\n13 Y atardeció y amaneció: día tercero.\n14 Dijo Dios: «Haya luceros en el firmamento celeste\, para apartar el día de la noche\, y valgan de señales para solemnidades\, días y años;\n15 y valgan de luceros en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra.» Y así fue.\n16 Hizo Dios los dos luceros mayores; el lucero grande para el dominio del día\, y el lucero pequeño para el dominio de la noche\, y las estrellas;\n17 y púsolos Dios en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra\,\n18 y para dominar en el día y en la noche\, y para apartar la luz de la oscuridad; y vio Dios que estaba bien.\n19 Y atardeció y amaneció: día cuarto.\n20 Dijo Dios: «Bullan las aguas de animales vivientes\, y aves revoloteen sobre la tierra contra el firmamento celeste.»\n21 Y creó Dios los grandes monstruos marinos y todo animal viviente\, los que serpean\, de los que bullen las aguas por sus especies\, y todas las aves aladas por sus especies; y vio Dios que estaba bien;\n22 y bendíjolos Dios diciendo: «sed fecundos y multiplicaos\, y henchid las aguas en los mares\, y las aves crezcan en la tierra.»\n23 Y atardeció y amaneció: día quinto.\n24 Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes de cada especie: bestias\, sierpes y alimañas terrestres de cada especie.» Y así fue.\n25 Hizo Dios las alimañas terrestres de cada especie\, y las bestias de cada especie\, y toda sierpe del suelo de cada especie: y vio Dios que estaba bien.\n26 Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen\, como semejanza nuestra\, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos\, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres\, y en todas las sierpes que serpean por la tierra.\n27 Creó\, pues\, Dios al ser humano a imagen suya\, a imagen de Dios le creó\, macho y hembra los creó.\n28 Y bendíjolos Dios\, y díjoles Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra.»\n29 Dijo Dios: «Ved que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra\, así como todo árbol que lleva fruto de semilla; para vosotros será de alimento.\n30 Y a todo animal terrestre\, y a toda ave de los cielos y a toda sierpe de sobre la tierra\, animada de vida\, toda la hierba verde les doy de alimento.» Y así fue.\n31 Vio Dios cuanto había hecho\, y todo estaba muy bien. Y atardecío y amaneció: día sexto.\n1 Concluyéronse\, pues\, los cielos y la tierra y todo su aparato\,\n2 y dio por concluida Dios en el séptimo día la labor que había hecho\, y cesó en el día séptimo de toda la labor que hiciera. \nPrimer salmo\nSalmo 104:1-2\, 5-6\, 10\, 12-14\, 24\, 35\n1 ¡Alma mía\, bendice a Yahveh! ¡Yahveh\, Dios mío\, qué grande eres! Vestido de esplendor y majestad\,\n2 arropado de luz como de un manto\, tú despliegas los cielos lo mismo que una tienda\,\n5 Sobre sus bases asentaste la tierra\, inconmovible para siempre jamás.\n6 Del océano\, cual vestido\, la cubriste\, sobre los montes persistían las aguas;\n10 Haces manar las fuentes en los valles\, entre los montes se deslizan;\n12 sobre ellas habitan las aves de los cielos\, dejan oír su voz entre la fronda.\n13 De tus altas moradas abrevas las montañas\, del fruto de tus obras se satura la tierra;\n14 la hierba haces brotar para el ganado\, y las plantas para el uso del hombre\, para que saque de la tierra el pan\,\n24 ¡Cuán numerosas tus obras\, Yahveh! Todas las has hecho con sabiduría\, de tus criaturas está llena la tierra.\n35 ¡Que se acaben los pecadores en la tierra\, y ya no más existan los impíos! ¡Bendice a Yahveh\, alma mía! \nSegunda lectura\nGénesis 22:1-18\n1 Después de estas cosas sucedió que Dios tentó a Abraham y le dijo: «¡Abraham\, Abraham!» El respondió: «Heme aquí.»\n2 Díjole: «Toma a tu hijo\, a tu único\, al que amas\, a Isaac\, vete al país de Moria y ofrécele allí en holocausto en uno de los montes\, el que yo te diga.»\n3 Levantóse\, pues\, Abraham de madrugada\, aparejó su asno y tomó consigo a dos mozos y a su hijo Isaac. Partió la leña del holocausto y se puso en marcha hacia el lugar que le había dicho Dios.\n4 Al tercer día levantó Abraham los ojos y vio el lugar desde lejos.\n5 Entonces dijo Abraham a sus mozos: «Quedaos aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allí\, haremos adoración y volveremos donde vosotros.»\n6 Tomó Abraham la leña del holocausto\, la cargó sobre su hijo Isaac\, tomó en su mano el fuego y el cuchillo\, y se fueron los dos juntos.\n7 Dijo Isaac a su padre Abraham: «¡Padre!» Respondió: «¿qué hay\, hijo?» – «Aquí está el fuego y la leña\, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?»\n8 Dijo Abraham: «Dios proveerá el cordero para el holocausto\, hijo mío.» Y siguieron andando los dos juntos.\n9 Llegados al lugar que le había dicho Dios\, construyó allí Abraham el altar\, y dispuso la leña; luego ató a Isaac\, su hijo\, y le puso sobre el ara\, encima de la leña.\n10 Alargó Abraham la mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo.\n11 Entonces le llamó el Angel de Yahveh desde los cielos diciendo: ¡Abraham\, Abraham!» El dijo: «Heme aquí.»\n12 Dijo el Angel: «No alargues tu mano contra el niño\, ni le hagas nada\, que ahora ya sé que tú eres temeroso de Dios\, ya que no me has negado tu hijo\, tu único.»\n13 Levantó Abraham los ojos\, miró y vio un carnero trabado en un zarzal por los cuernos. Fue Abraham\, tomó el carnero\, y lo sacrificó en holocausto en lugar de su hijo.\n14 Abraham llamó a aquel lugar «Yahveh provee»\, de donde se dice hoy en día: «En el monte “Yahveh provee”»\n15 El Angel de Yahveh llamó a Abraham por segunda vez desde los cielos\,\n16 y dijo: «Por mí mismo juro\, oráculo de Yahveh\, que por haber hecho esto\, por no haberme negado tu hijo\, tu único\,\n17 yo te colmaré de bendiciones y acrecentaré muchísimo tu descendencia como las estrellas del cielo y como las arenas de la playa\, y se adueñará tu descendencia de la puerta de sus enemigos.\n18 Por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra\, en pago de haber obedecido tú mi voz.» \n  \n\n\nSegundo salmo\nSalmo 16:5\, 8-11\n5 Yahveh\, la parte de mi herencia y de mi copa\, tú mi suerte aseguras;\n8 pongo a Yahveh ante mí sin cesar; porque él está a mi diestra\, no vacilo.\n9 Por eso se me alegra el corazón\, mis entrañas retozan\, y hasta mi carne en seguro descansa;\n10 pues no has de abandonar mi alma al seol\, ni dejarás a tu amigo ver la fosa.\n11 Me enseñarás el caminó de la vida\, hartura de goces\, delante de tu rostro\, a tu derecha\, delicias para siempre.\n\nTecera lectura\nÉxodo 14:15–15:1\n15 Dijo Yahveh a Moisés: «¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha.\n16 Y tú\, alza tu cayado\, extiende tu mano sobre el mar y divídelo\, para que los israelitas entren en medio del mar a pie enjuto.\n17 Que yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan\, y me cubriré de gloria a costa de Faraón y de todo su ejército\, de sus carros y de los guerreros de los carros.\n18 Sabrán los egipcios que yo soy Yahveh\, cuando me haya cubierto de gloria a costa de Faraón\, de sus carros y de sus jinetes.\n19 Se puso en marcha el Angel de Yahveh que iba al frente del ejército de Israel\, y pasó a retaguardia. También la columna de nube de delante se desplazó de allí y se colocó detrás\,\n20 poniéndose entre el campamento de los egipcios y el campamento de los israelitas. La nube era tenebrosa y transcurrió la noche sin que pudieran trabar contacto unos con otros en toda la noche.\n21 Moisés extendió su mano sobre el mar\, y Yahveh hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del Este que secó el mar\, y se dividieron las aguas.\n22 Los israelitas entraron en medio del mar a pie enjuto\, mientras que las aguas formaban muralla a derecha e izquierda.\n23 Los egipcios se lanzaron en su persecución\, entrando tras ellos\, en medio del mar\, todos los caballos de Faraón\, y los carros con sus guerreros.\n24 Llegada la vigilia matutina\, miró Yahveh desde la columna de fuego y humo hacia el ejército de los egipcios\, y sembró la confusión en el ejército egipcio.\n25 Trastornó la ruedas de sus carros\, que no podían avanzar sino con gran dificultad. Y exclamaron los egipcios: «Huyamos ante Israel\, porque Yahveh pelea por ellos contra los egipcios.»\n26 Yahveh dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar\, y las aguas volverán sobre los egipcios\, sobre sus carros y sobre los guerreros de los carros.»\n27 Extendió Moisés su mano sobre el mar\, y al rayar el alba volvió el mar a su lecho; de modo que los egipcios\, al querer huir\, se vieron frente a las aguas. Así precipitó Yahveh a los egipcios en medio del mar\,\n28 pues al retroceder las aguas cubrieron los carros y a su gente\, a todo el ejército de Faraón\, que había entrado en el mar para perseguirlos; no escapó ni uno siquiera.\n29 Mas los israelitas pasaron a pie enjuto por en medio del mar\, mientras las aguas hacían muralla a derecha e izquierda.\n30 Aquel día salvó Yahveh a Israel del poder de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a orillas del mar.\n31 Y viendo Israel la mano fuerte que Yahveh había desplegado contra los egipcios\, temió el pueblo a Yahveh\, y creyeron en Yahveh y en Moisés\, su siervo.\n1 Entonces Moisés y los israelitas cantaron este cántico a Yahveh. Dijeron: «Canto a Yahveh pues se cubrió de gloria arrojando en el mar caballo y carro.\n\nTercer salmo\nÉxodo 15:1-6\, 17-18\n1 Entonces Moisés y los israelitas cantaron este cántico a Yahveh. Dijeron: «Canto a Yahveh pues se cubrió de gloria arrojando en el mar caballo y carro.\n2 Mi fortaleza y mi canción es Yah. El es mi salvación. El\, mi Dios\, yo le glorifico\, el Dios de mi padre\, a quien exalto.\n3 ¡Un guerrero Yahveh\, Yahveh es su nombre!\n4 Los carros de Faraón y sus soldados precipitó en el mar. La flor de sus guerreros tragó el mar de Suf;\n5 cubriólos el abismo\, hasta el fondo cayeron como piedra.\n6 Tu diestra\, Yahveh\,relumbra por su fuerza; tu diestra\, Yahveh\, aplasta al enemigo.\n17 Tú le llevas y le plantas en el monte de tu herencia\, hasta el lugar que tú te has preparado para tu sede\, ¡oh Yahveh! Al santuario\, Adonay\, que tus manos prepararon.\n18 ¡Yahveh reinará por siempre jamás!»\n\nCuarta lectura\nIsaías 54:5-14\n5 Porque tu esposo es tu Hacedor\, Yahveh Sebaot es su nombre; y el que te rescata\, el Santo de Israel\, Dios de toda la tierra se llama.\n6 Porque como a mujer abandonada y de contristado espíritu\, te llamó Yahveh; y la mujer de la juventud ¿es repudiada? – dice tu Dios.\n7 Por un breve instante te abandoné\, pero con gran compasión te recogeré.\n8 En un arranque de furor te oculté mi rostro por un instante\, pero con amor eterno te he compadecido – dice Yahveh tu Redentor.\n9 Será para mí como en tiempos de Noé: como juré que no pasarían las aguas de Noé más sobre la tierra\, así he jurado que no me irritaré mas contra ti ni te amenazaré.\n10 Porque los montes se correrán y las colinas se moverán\, mas mi amor de tu lado no se apartará y mi alianza de paz no se moverá – dice Yahveh\, que tiene compasión de ti.\n11 Pobrecilla\, azotada por los vientos\, no consolada\, mira que yo asiento en carbunclos tus piedras y voy a cimentarte con zafiros.\n12 Haré de rubí tus baluartes\, tus puertas de piedras de cuarzo y todo tu término de piedras preciosas.\n13 Todos tus hijos serán discípulos de Yahveh\, y será grande la dicha de tus hijos.\n14 En justicia serás consolidada. Manténte lejos de la opresión\, pues ya no temerás\, y del terror\, pues no se acercará a ti.\n\nCuarto salmo\nSalmo 30:2\, 4-6\, 11-13\n2 Yo te ensalzo\, Yahveh\, porque me has levantado; no dejaste reírse de mí a mis enemigos.\n4 Tú has sacado\, Yahveh\, mi alma del seol\, me has recobrado de entre los que bajan a la fosa.\n5 Salmodiad a Yahveh los que le amáis\, alabad su memoria sagrada.\n6 De un instante es su cólera\, de toda una vida su favor; por la tarde visita de lágrimas\, por la mañana gritos de alborozo.\n11 ¡Escucha\, Yahveh\, y ten piedad de mí! ¡Sé tú\, Yahveh\, mi auxilio!\n12 Has trocado mi lamento en una danza\, me has quitado el sayal y me has ceñido de alegría;\n13 mi corazón por eso te salmodiará sin tregua; Yahveh\, Dios mío\, te alabaré por siempre.\n\nQuita lectura\nIsaías 55:1-11\n1 ¡Oh\, todos los sedientos\, id por agua\, y los que no tenéis plata\, venid\, comprad y comed\, sin plata\, y sin pagar\, vino y leche!\n2 ¿Por qué gastar plata en lo que no es pan\, y vuestro jornal en lo que no sacia? Hacedme caso y comed cosa buena\, y disfrutaréis con algo sustancioso.\n3 Aplicad el oído y acudid a mí\, oíd y vivirá vuestra alma. Pues voy a firmar con vosotros una alianza eterna: las amorosas y files promesas hechas a David.\n4 Mira que por testigo de las naciones le he puesto\, caudillo y legislador de las naciones.\n5 Mira que a un pueblo que no conocías has de convocar\, y un pueblo que no te conocía\, a ti correrá por amor de Yahveh tu Dios y por el Santo de Israel\, porque te ha honrado.\n6 Buscad a Yahveh mientras se deja encontrar\, llamadle mientras está cercano.\n7 Deje el malo su camino\, el hombre inicuo sus pensamientos\, y vuélvase a Yahveh\, que tendrá compasión de él\, a nuestro Dios\, que será grande en perdonar.\n8 Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos\, ni vuestros caminos son mis caminos – oráculo de Yahveh -.\n9 Porque cuanto aventajan los cielos a la tierra\, así aventajan mis caminos a los vuestros y mis pensamientos a los vuestros.\n10 Como descienden la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá\, sino que empapan la tierra\, la fecundan y la hacen germinar\, para que dé simiente al sembrador y pan para comer\,\n11 así será mi palabra\, la que salga de mi boca\, que no tornará a mí de vacío\, sin que haya realizado lo que me plugo y haya cumplido aquello a que la envié.\n\nQuinto salmo\nIsaías 12:2-6\n2 He aquí a Dios mi Salvador: estoy seguro y sin miedo\, pues Yahveh es mi fuerza y mi canción\, él es mi salvación\,»\n3 Sacaréis agua con gozo de los hontanares de salvación.»\n4 y diréis aquel día: «Dad gracias a Yahveh\, aclamad su nombre\, divulgad entre los pueblos sus hazañas\, pregonad que es sublime su nombre.\n5 Cantad a Yahveh\, porque ha hecho algo sublime\, que es digno de saberse en toda la tierra.\n6 Dad gritos de gozo y de júbilo\, moradores de Sión\, que grande es en medio de ti el Santo de Israel.»\n\nSexta lectura\nBaruc 3:9-15\, 32–4:4\n9 Escucha\, Israel\, los mandamientos de vida\, tiende tu oído para conocer la prudencia.\n10 ¿Por qué\, Israel\, por qué estás en país de enemigos\, has envejecido en un país extraño\,\n11 te has contaminado con cadáveres\, contado entre los que bajan al seol?\n12 ¡Es que abandonaste la fuente de la sabiduría!\n13 Si hubieras andado por el camino de Dios\, habrías vivido en paz eternamente.\n14 Aprende dónde está la prudencia\, dónde la fuerza\, dónde la inteligencia\, para saber al mismo tiempo dónde está la longevidad y la vida\, dónde la luz de los ojos y la paz.\n15 Pero ¿quién ha encontrado su mansión\, quién ha entrado en sus tesoros?\n32 Pero el que todo lo sabe la conoce\, con su inteligencia la escrutó\, el que dispuso la tierra para siempre y la llenó de animales cuadrúpedos\,\n33 el que envía la luz\, y ella va\, el que llama\, y temblorosa le obedece;\n34 brillan los astros en su puesto de guardia llenos de alegría\,\n35 los llama él y dicen: ¡Aquí estamos!\, y brillan alegres para su Hacedor.\n36 Este es nuestro Dios\, ningún otro es comparable a él.\n37 El descubrió el camino entero de la ciencia\, y se lo enseñó a su siervo Jacob\, y a Israel su amado.\n38 Después apareció ella en la tierra\, y entre los hombres convivió.\n1 Ella es el libro de los preceptos de Dios\, la Ley que subsiste eternamente: todos los que la retienen alcanzarán la vida\, mas los que la abandonan morirán.\n2 Vuelve\, Jacob y abrázala\, camina hacia el esplendor bajo su luz.\n3 No des tu gloria a otro\, ni tus privilegios a nación extranjera.\n4 Felices somos\, Israel\, pues lo que agrada al Señor se nos ha revelado.\n\nSexto salmo\nSalmo 19:8-11\n8 La ley de Yahveh es perfecta\, consolación del alma\, el dictamen de Yahveh\, veraz\, sabiduría del sencillo.\n9 Los preceptos de Yahveh son rectos\, gozo del corazón; claro el mandamiento de Yahveh\, luz de los ojos.\n10 El temor de Yahveh es puro\, por siempre estable; verdad\, los juicios de Yahveh\, justos todos ellos\,\n11 apetecibles más que el oro\, más que el oro más fino; sus palabras más dulces que la miel\, más que el jugo de panales.\n\nSéptima lectura\nEzequiel 36:16-28\n16 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:\n17 Hijo de hombre\, los de la casa de Israel que habitaban en su tierra\, la contaminaron con su conducta y sus obras; como la impureza de una menstruante era su conducta ante mí.\n18 Entonces yo derramé mi furor sobre ellos\, por la sangre que habían vertido en su tierra y por las basuras con las que la habían contaminado.\n19 Los dispersé entre las naciones y fueron esparcidos por los países. Los juzgué según su conducta y sus obras.\n20 Y en las naciones donde llegaron\, profanaron mi santo nombre\, haciendo que se dijera a propósito de ellos: «Son el pueblo de Yahveh\, y han tenido que salir de su tierra.»\n21 Pero yo he tenido consideración a mi santo nombre que la casa de Israel profanó entre las naciones adonde había ido.\n22 Por eso\, di a la casa de Israel: Así dice el Señor Yahveh: No hago esto por consideración a vosotros\, casa de Israel\, sino por mi santo nombre\, que vosotros habéis profanado entre las naciones adonde fuisteis.\n23 Yo santificaré mi gran nombre profanado entre las naciones\, profanado allí por vosotros. Y las naciones sabrán que yo soy Yahveh – oráculo del Señor Yahveh – cuando yo\, por medio de vosotros\, manifieste mi santidad a la vista de ellos.\n24 Os tomaré de entre las naciones\, os recogeré de todos los países y os llevaré a vuestro suelo.\n25 Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados; de todas vuestras impurezas y de todas vuestras basuras os purificaré.\n26 Y os daré un corazón nuevo\, infundiré en vosotros un espíritu nuevo\, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne.\n27 Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas.\n28 Habitaréis la tierra que yo di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vustro Dios. \n \nSéptimo salmo\nSalmo 42:3\, 5; 43:3-4\n3 Tiene mi alma sed de Dios\, del Dios vivo; ¿cuándo podré ir a ver la faz de Dios?\n5 Yo lo recuerdo\, y derramo dentro de mí mi alma\, cómo marchaba a la Tienda admirable\, a la Casa de Dios\, entre los gritos de júbilo y de loa\, y el gentío festivo.\n3 Envía tu luz y tu verdad\, ellas me guíen\, y me conduzcan a tu monte santo\, donde tus Moradas.\n4 Y llegaré al altar de Dios\, al Dios de mi alegría. Y exultaré\, te alabaré a la cítara\, oh Dios\, Dios mío.\n\nOctava lectura\nRomanos 6:3-11\n3 ¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús\, fuimos bautizados en su muerte?\n4 Fuimos\, pues\, con él sepultados por el bautismo en la muerte\, a fin de que\, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre\, así también nosotros vivamos una vida nueva.\n5 Porque si hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya\, también lo seremos por una resurrección semejante;\n6 sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con él\, a fin de que fuera destruido este cuerpo de pecado y cesáramos de ser esclavos del pecado.\n7 Pues el que está muerto\, queda librado del pecado.\n8 Y si hemos muerto con Cristo\, creemos que también viviremos con él\,\n9 sabiendo que Cristo\, una vez resucitado de entre los muertos\, ya no muere más\, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él.\n10 Su muerte fue un morir al pecado\, de una vez para siempre; mas su vida\, es un vivir para Dios.\n11 Así también vosotros\, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.\n\nOctavo salmo\nSalmo 118:1-2\, 16-17\, 22-23\n1 ¡Dad gracias a Yahveh\, porque es bueno\, porque es eterno su amor!\n2 ¡Diga la casa de Israel: que es eterno su amor!\n16 excelsa la diestra de Yahveh\, la diestra de Yahveh hace proezas!»\n17 No\, no he de morir\, que viviré\, y contaré las obras de Yahveh;\n22 La piedra que los constructores desecharon en piedra angular se ha convertido;\n23 esta ha sido la obra de Yahveh\, una maravilla a nuestros ojos.\n\n\nEvangelio \nLc 24\,1-12 \nEl primer día de la semana\, al romper el alba\, las mujeres se fueron al sepulcro\, llevando los perfumes que habían preparado. Encontraron removida la piedra de la puerta del sepulcro y\, entrando\, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Y estando ellas perplejas con el caso\, les aparecieron dos hombres en trajes resplandecientes. Como se asustaron y volvieron la cara al suelo\, ellos les dijeron: «¿Por qué buscáis al viviente entre los muertos? No está aquí; ha resucitado! Acordaos de cómo os habló\, cuando aún estaba en Galilea\, diciendo que el Hijo del Hombre había de ser entregado a las manos de los pecadores\, ser crucificado y resucitar al tercer día.» Se acordaron entonces de sus palabras. Volviendo del sepulcro\, fueron a contar todo esto a los Once y a todos los demás. Eran ellas María de Magdala\, Juana y María\, madre de Jacobo. También las otras mujeres que estaban con ellas decían esto a los Apóstoles; pero sus palabras les parecieron un desvarío\, y ellos no creyeron en ellas. Pedro\, sin embargo\, se puso en camino y corrió al sepulcro. Se inclinó\, sólo vio las ligaduras y volvió a casa\, admirado con lo sucedido.
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DESCRIPTION:La reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nVigilia pascual. Ciclo C.\n\nLos seres humanos reflexionamos y hablamos acerca de la vida y de la muerte con una enorme dificultad: de la vida tenemos experiencia directa; de la muerte\, solo experiencia indirecta. Pero nosotros\, los cristianos\, reflexionamos y hablamos al respecto a la luz de la historia de Jesús de Nazaret y de nuestra experiencia de fe en él:\n• Tenemos una cierta experiencia de la muerte\, como máxima ruptura\, cuando hemos muerto al pecado\, rompiendo así definitivamente con todo género de injusticia. Aunque aún no hayamos experimentado la muerte física\, nos hemos vinculado sacramentalmente a la muerte de Jesús de tal forma que nuestra irreversible ruptura con el pecado es continua experiencia de muerte.\n• Tenemos también experiencia de una vida nueva –de superior calidad– cuando nos dejamos conducir por el Espíritu que Jesús entregó en la cruz y que nos hace hijos de Dios. Mientras nos es dado resucitar para la vida eterna\, andamos en una vida nueva\, «vivos para Dios»\, sirviendo a la humanidad como Jesús\, experimentando así\, en nuestra vida mortal\, la vida del Espíritu.\n\nLc 24\,1-12\nEste relato de Lucas presenta dos grupos: el de las mujeres y «las demás»\, y el de los Once y «los demás». Inicialmente informa el anuncio de la resurrección\, no aún el encuentro con la persona del resucitado\, pero\, sobre todo\, las diversas reacciones ante este anuncio. Los «dos hombres» son los portadores del anuncio\, que tan pronto aparecen como desaparecen.\n1. Las mujeres y «las demás».\nEl narrador da tres nombres: María Magdalena\, Juana y María la de Santiago.\nMaría Magdalena y Juana son ya conocidas con Jesús en su misión evangelizadora\, junto con los Doce (cf. Lc 8\,1-3). De ellas se dijo que habían «curadas de malos espíritus y enfermedades»\, lo cual alude a su pasado pecador\, pasado del cual Jesús las ha desvinculado. Esto\, en relación con «María\, la llamada Magdalena\, de la que habían salido siete demonios» tiene un contenido claro: conoce por experiencia la actividad liberadora y salvadora de Jesús. De Juana se dijo que era «la mujer de Cusa\, intendente de Herodes». Dado de Juana es nombre hebreo\, en tanto que Cusa y su oficio se sitúan en el mundo pagano\, este matrimonio presenta un cariz universalista\, acorde con el amor de Dios anunciado por Jesús. La tercera de ellas\, «María la de Santiago»\, se menciona por primera vez (pero cf. Mc 16\,1)\, y constituye un caso en el que la madre es designada por el hijo\, lo cual permite suponer que es viuda y que pertenece al sector excluido de la sociedad. Las tres representan a los seguidores de Jesús procedentes de la marginalidad social judía. Se advierte en ellas una doble adhesión: a los valores del judaísmo\, porque observan la Ley\, y a la persona de Jesús\, pero muerto\, porque llevan aromas para embalsamarlo.\nLas mujeres se dirigen al sepulcro y lo primero que constatan es que no hay frontera entre Jesús y ellas: el sepulcro está abierto\, pero Jesús no está en él. Olvidan que Jesús estrenó sepulcro (cf. Lc 23\,53)\, es decir\, inauguró una nueva manera de morir. Al escuchar a los dos hombres\, por fin entienden. Por eso abandonan el sepulcro y salen a anunciar la buena noticia. Las tres aparecen ahora acompañadas y respaldadas por «las demás»\, en un empeño colectivo por insistirles a «los apóstoles» (misioneros\, enviados) en el mensaje que recibieron de los dos hombres.\n2. Los dos hombres.\nLos dos hombres vestidos de manera refulgente son Moisés y Elías\, que representan la Ley y los profetas. Ellos estuvieron presentes en el monte de la transfiguración frente a tres discípulos (cf. Lc 9\,30-33)\, y estarán más tarde presentes en las inmediaciones de Betania\, cuando llegue la hora de la ascensión\, frente a todos los discípulos (cf. Lc 24\,50-51; Hch 1\,9-11). Aparecen\, pues\, como testigos y anunciadores de la condición gloriosa de Jesús. En este relato se señala su pertenencia al mundo definitivo por el fulgor de sus vestiduras (Lc 9\,31; 24\,5; Hch 1\,10: «blanco»).\nEllos les hacen tomar conciencia de lo equivocada de su búsqueda: buscan entre los muertos a un viviente. Imposible encontrarlo allí («no está aquí»)\, y el motivo de su ausencia se le atribuye a Dios (??????: voz pasiva\, indicio de acción divina: «fue resucitado»). Esta atribución es normal\, por un lado\, dado que solo él puede darle vida a un muerto; pero\, además\, indica la reivindicación del crucificado por parte de Dios como instancia definitiva: Dios anuló y revirtió la sentencia de muerte\, lo que significa que esa sentencia fue injusta\, porque el condenado era inocente. Ahora la Ley y los profetas se dirigen a los discípulos\, pero ya no citan el Antiguo Testamento\, sino las palabras de Jesús. Así dan testimonio de que Jesús es el auténtico y definitivo portavoz del Padre (cf. Lc 9\,35). Moisés y Elías\, emancipados del Antiguo Testamento\, pueden dar claro testimonio del Señor resucitado.\n3. Los Once y «los demás».\nLos Once\, de los cuales sólo se menciona un nombre\, Pedro\, son seguidores de Jesús que ya no representan a Israel\, por la deserción de Judas. Las mujeres –que representan a los discípulos de la franja excluida de la sociedad judía– les anunciaron «todo esto a los Once y a todos los demás». Pero ellos le restan credibilidad al mensaje dudando de la cordura de las mensajeras.\n«Pedro\, sin embargo\, se levantó y fue corriendo al sepulcro». Se encontraba abatido por pensar que todo había acabado con la muerte de Jesús. La somera inspección que hizo del sepulcro era suficiente para concluir que Jesús ya no estaba en la región de los muertos («vio solo las vendas»)\, pero «se volvió a su casa extrañado de lo ocurrido». Los hechos no encajaban en su esquema de pensamiento\, así que optó por desconocer los hechos. Así reaccionan también «los demás».\nEsta enigmática expresión\, paralela a «las demás» (cf. Lc 24\,10) en relación con las tres mujeres\, alude a los otros seguidores de Jesús\, procedentes del judaísmo\, pero no integrantes del grupo de los Doce\, ahora reducidos a Once. Ellos constituyeron el grupo destinatario de las parábolas de Jesús\, los que no conocían por experiencia los secretos del reinado de Dios y había que darles el mensaje con parábolas\, porque estaban inutilizados para captarlo a causa de la mentalidad que les inculcaban las dirigentes del pueblo (cf. Lc 8\,10). Estos piensan y actúan como los Once.\n\nNi la tumba vacía\, ni el testimonio de la Ley y los profetas a favor de las palabras de Jesús\, ni el anuncio de las mujeres y «las demás» logran impactar a los Once y «los demás». Queda pendiente la aceptación del mensaje por parte de este segundo grupo de seguidores de Jesús. En el libro de los Hechos de los Apóstoles se ocupará Lucas de su proceso de conversión.\nDe momento\, es claro que la difusión de la buena noticia es responsabilidad de las mujeres y «las demás»\, es decir\, de los seguidores de Jesús surgidos de la franja marginal de la sociedad judía. A este grupo le atribuye el evangelista las características antes señaladas: experiencia personal de la fuerza restauradora\, liberadora y salvadora de Jesús\, el propio compromiso con el amor universal de Dios\, y libertad y generosidad para apoyar con sus recursos la labor evangelizadora del Señor (cf. Lc 8\,2-3). La fe en el resucitado no se reduce a una mera convicción\, se traduce en una firme decisión de anunciar a todos «la buena noticia del reinado de Dios» (cf. Lc 8\,1).\nAsí también ha de ser en nosotros la fe que esta noche celebramos con júbilo y proclamamos a los cuatro vientos con renovado ardor. Y la eucaristía nos da la fuerza del resucitado para llevar este mensaje sin que nos desanimen las incomprensiones de sus destinatarios.\nFeliz Pascua de Resurrección.
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SUMMARY:Domingo de Pascua
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (10\,34a.37-43): \nEN aquellos días\, Pedro tomó la palabra y dijo:\n«Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea\, comenzando por Galilea\, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret\, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo\, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo\, porque Dios estaba con él.\nNosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. A este lo mataron\, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse\, no a todo el pueblo\, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros\, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.\nNos encargó predicar al pueblo\, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. De él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reciben\, por su nombre\, el perdón de los pecados». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 117\,1-2.16ab-17.22-23 \nR/. Éste es el día en que actuó el Señor:\nsea nuestra alegría y nuestro gozo \nDad gracias al Señor porque es bueno\,\nporque es eterna su misericordia.\nDiga la casa de Israel:\neterna es su misericordia. R/. \n«La diestra del Señor es poderosa\,\nla diestra del Señor es excelsa».\nNo he de morir\, viviré\npara contar las hazañas del Señor. R/. \nLa piedra que desecharon los arquitectos\nes ahora la piedra angular.\nEs el Señor quien lo ha hecho\,\nha sido un milagro patente. R/.\n\n\nSegunda lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (3\,1-4): \nHERMANOS:\nSi habéis resucitado con Cristo\, buscad los bienes de allá arriba\, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba\, no a los de la tierra.\nPorque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo\, vida vuestra\, entonces también vosotros apareceréis gloriosos\, juntamente con él. \nPalabra de Dios \nSecuencia\nHoy es obligatorio decir la Secuencia. Los días dentro de la Octava es potestativo. \nOfrezcan los cristianos\nofrendas de alabanza\na gloria de la Víctima\npropicia de la Pascua. \nCordero sin pecado\nque a las ovejas salva\,\na Dios y a los culpables\nunió con nueva alianza. \nLucharon vida y muerte\nen singular batalla\,\ny\, muerto el que es la Vida\,\ntriunfante se levanta. \n«¿Qué has visto de camino\,\nMaría\, en la mañana?»\n«A mi Señor glorioso\,\nla tumba abandonada\, \nlos ángeles testigos\,\nsudarios y mortaja.\n¡Resucitó de veras\nmi amor y mi esperanza! \nVenid a Galilea\,\nallí el Señor aguarda;\nallí veréis los suyos\nla gloria de la Pascua.» \nPrimicia de los muertos\,\nsabemos por tu gracia\nque estás resucitado;\nla muerte en ti no manda. \nRey vencedor\, apiádate\nde la miseria humana\ny da a tus fieles parte\nen tu victoria santa. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Juan (20\,1-9): \nEL primer día de la semana\, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer\, cuando aún estaba oscuro\, y vio la losa quitada del sepulcro.\nEchó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo\, a quien Jesús amaba\, y les dijo:\n«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».\nSalieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos\, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e\, inclinándose\, vio los lienzos tendidos; pero no entró.\nLlegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza\, no con los lienzos\, sino enrollado en un sitio aparte.\nEntonces entró también el otro discípulo\, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.\nPues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos. \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nDomingo de Pascua.\n\nLa expresión «vivir en una burbuja»\, aplicada a las personas\, denota un aislamiento y\, al mismo tiempo\, el hecho de estar inmerso en una visión distorsionada de la realidad. El cuarto evangelio llama «tiniebla» a la «burbuja» en la que están quienes se valen del temor a la muerte para dominar\, y quienes por temor a la muerte malgastan su vida sometidos como esclavos. De la muerte no tenemos experiencia directa\, así que lo que digamos de ella es muy conjetural y cuestionable. Si abrimos la mente y ponemos en duda todo lo que pensamos acerca de la muerte\, a partir de la experiencia de que el temor a la misma ha favorecido los intereses de los tiranos\, estaremos en condiciones de captar el mensaje de la buena noticia de Jesús. La «tiniebla» es una ideología de dominación\, distorsiona la realidad de la vida –de la cual sí tenemos experiencia personal– y se vale del temor que inspira el morir para inculcar el miedo a la muerte. Todo eso se viene abajo cuando Jesús nos muestra que la muerte física no suprime la vida que proviene de él.\nConsecuencias de la resurrección de Jesús:\n• Ante todo\, genera la fe\, que consiste en salir de la «burbuja» de la tiniebla para adherirse a Jesús\, secundar su obra liberadora y anunciar su mensaje de salvación.\n• Además\, cambia la vida personal. El discípulo predilecto comprende que una vida nueva ha comenzado para Jesús\, y también él comienza esa vida nueva.\n• Finalmente\, cambia la convivencia social. El discípulo predilecto comprende que la institución que asesinó a Jesús ahora está\, por sí misma\, condenada a desaparecer. Y que la tarea del discípulo es proponer un mundo nuevo: el reino de Dios.\nEsas consecuencias son libres decisiones de los hombres\, no fatalidades impuestas por Dios.\n\nJn 20\,1-10.\nEste texto del Evangelio comienza indicando una triple determinación temporal. La primera hace alusión al primer día de la creación\, pero la segunda y la tercera puestas en contraste\, parecen contradictorias. En efecto\, dice el texto: «El día primero de la semana\, rayada el alba\, estando todavía en tinieblas\, María Magdalena fue al sepulcro y vio la losa quitada…». La expresión «el día primero de la semana» (literalmente: «el día uno de la semana») alude a Gen 1\,5 («día uno»)\, cuando Dios creó la luz y separó la luz de la tiniebla\, momento que señala el paso del no-ser al ser. Aquí se refiere concretamente al paso de la muerte a la vida. Este paso se sugiere también al decir que la losa del sepulcro estaba retirada\, es decir\, que había sido removida la frontera entre la vida y la muerte\, entre los vivos y los muertos.\nSuena incongruente que\, «rayada el alba»\, María esté «todavía en tinieblas». Pero la contradicción es otra\, no del narrador\, ni temporal. Juan quiere decir que\, en tanto que Jesús ya había resucitado (la luz del alba)\, María Magdalena seguía dominada por la idea de que la muerte era irremediable («todavía en tinieblas»). María Magdalena todavía no tiene clara su fe.\nLa muerte de Jesús había dispersado a los discípulos. María Magdalena se apresura a ver –por un lado– a Simón Pedro y –por otro– al discípulo predilecto de Jesús para darles una noticia que no le consta: «Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto». Transmite la confusión propia de quien está «en tinieblas»; y obviamente esta noticia suya repercute en los dos destinatarios: salió primero Simón Pedro por su lado\, y luego el otro discípulo por el suyo\, en dirección el sepulcro. Corrían simultáneamente pero el otro discípulo –no por joven sino por estar impulsado por el amor– se adelantó y llegó primero el sepulcro. Al llegar observó que los lienzos estaban doblados\, como hace quien se ha levantado de la cama y la ha arreglado. Pero solamente se asomó\, no entró\, para permitir que Simón Pedro entrara primero\, como gesto de aceptación y reconciliación\, después de que Pedro por tres vecs hubiera negado a Jesús.\nEste vio los lienzos puestos\, pero observó el sudario con el que le habían cubierto la cabeza: no estaba doblado con los lienzos sino aparte enrollado hacia determinado lugar. «El lugar» (??????) designa el templo en este evangelio. Por tanto\, esto indica que el sudario –con el cual quisieron velar el rostro de Jesús– ahora amenaza de muerte a la institución que lo condenó a morir. Dado que el sudario tapa el rostro de la persona\, se entiende como el velo que la hace desaparecer. La muerte de Jesús significó la autodestrucción de la institución que lo condenó\, porque ella perdió su razón de ser al rechazarlo\, en tanto que él fue reivindicado por Dios.\nEl discípulo predilecto entró y\, al observar todo\, llegó a una conclusión de fe: creyó que Jesús había resucitado. Ambos seguían sin entender que Jesús tenía que resucitar de la muerte; ahora este discípulo lo ha entendido. Esta fe ilumina el entendimiento del discípulo\, quien interpreta el texto de la Escritura al que Jesús había aludido antes (cf. Jn 16\,16-22): «¡Vivirán tus muertos\, tus cadáveres se alzarán\, despertarán jubilosos los que habitan en el polvo! Porque tu rocío es rocío de luz\, y la tierra de las sombras parirá. Anda\, pueblo mío\, entra en tus aposentos y cierra por dentro la puerta; escóndete un breve instante mientras pasa la cólera.» (Isa 26\,19-20).\nLuego\, cada uno regresa a su propia casa. Los discípulos se habían dispersado tras la muerte de Jesús\, y la dispersión continúa.\nLa fe aquí aparece como fruto de la permanencia del amor. La amistad indeclinable entre Jesús y el discípulo amado impide la ruptura de la relación con pretexto de la muerte. El encuentro con el Señor resucitado se da en la fidelidad del amor.\n\nJesús ciertamente murió\, pero no es un cadáver del cual cualquiera puede disponer. La vida de Jesús continúa\, y ahora anima la vida de sus discípulos. Pero\, además\, su vida incide también en la convivencia social y determina el futuro de la historia y de las sociedades humanas. Todo lo que esté construido sobre la justicia tiene garantía de futuro. En cambio\, lo que esté construido sobre la injusticia terminará labrando su propia ruina.\nMantener la fidelidad al Señor no consiste en sostener una doctrina ni persistir en un trabajo\, por mucho que la doctrina sea verdadera y el trabajo provechoso. Consiste en permanecer en comunión con él sin que exista la presencia física\, animados por el amor que su Espíritu infunde en nosotros. Al comulgar nos hacemos solidarios con el Señor resucitado y nos comprometemos con él a cambiar nuestra vida personal y nuestra convivencia social.\n¡Feliz Pascua!
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SUMMARY:Lunes de la Octava de Pascua.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de los Hechos de los apóstoles (2\,14.22-33): \nEL día de Pentecostés\, Pedro\, poniéndose en pie junto con los Once\, levantó su voz y con toda solemnidad declaró:\n«Judíos y vecinos todos de Jerusalén\, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras. Israelitas\, escuchad estas palabras: a Jesús el Nazareno\, varón acreditado por Dios ante vosotros con milagros\, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él\, como vosotros sabéis\, a este\, entregado conforme el plan que Dios tenía establecido y provisto\, lo matasteis\, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó\, librándolo de los dolores de la muerte\, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio\, pues David dice\, refiriéndose a el:\n“Veía siempre al Señor delante de mí\,\npues está a mi derecha para que no vacile.\nPor eso se me alegró el corazón\,\nexultó mi lengua\,\ny hasta mi carne descansará esperanzada.\nPorque no me abandonarás en el lugar de los muertos\,\nni dejarás que tu Santo experimente corrupción.\nMe has enseñado senderos de vida\,\nme saciarás de gozo con tu rostro”.\nHermanos\, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron\, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo\, previéndolo\, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”.\nA este Jesús lo resucitó Dios\, de lo cual todos nosotros somos testigos. Exaltado\, pues\, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo\, lo he derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\nSal 15\,1b-2a y 5.7-8 9-10.11 \nR/. Protégeme\, Dios mío\, que me refugio en ti \nProtégeme\, Dios mío\, que me refugio en ti.\nYo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».\nEl Señor es el lote de mi heredad y mi copa\,\nmi suerte está en tu mano. R/. \nBendeciré al Señor que me aconseja\,\nhasta de noche me instruye internamente.\nTengo siempre presente al Señor\,\ncon él a mi derecha no vacilaré. R/. \nPor eso se me alegra el corazón\,\nse gozan mis entrañas\,\ny mi carne descansa esperanzada.\nPorque no me abandonarás en la región de los muertos\nni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R/. \nMe enseñarás el sendero de la vida\,\nme saciarás de gozo en tu presencia\,\nde alegría perpetua a tu derecha. R/. \nSecuencia\n(Opcional) \nOfrezcan los cristianos\nofrendas de alabanza\na gloria de la Víctima\npropicia de la Pascua. \nCordero sin pecado\nque a las ovejas salva\,\na Dios y a los culpables\nunió con nueva alianza. \nLucharon vida y muerte\nen singular batalla\,\ny\, muerto el que es la Vida\,\ntriunfante se levanta. \n«¿Qué has visto de camino\,\nMaría\, en la mañana?»\n«A mi Señor glorioso\,\nla tumba abandonada\, \nlos ángeles testigos\,\nsudarios y mortaja.\n¡Resucitó de veras\nmi amor y mi esperanza! \nVenid a Galilea\,\nallí el Señor aguarda;\nallí veréis los suyos\nla gloria de la Pascua.» \nPrimicia de los muertos\,\nsabemos por tu gracia\nque estás resucitado;\nla muerte en ti no manda. \nRey vencedor\, apiádate\nde la miseria humana\ny da a tus fieles parte\nen tu victoria santa. \n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Mateo (28\,8-15): \nEN aquel tiempo\, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.\nDe pronto\, Jesús salió al encuentro y les dijo:\n«Alegraos».\nEllas se acercaron\, le abrazaron los pies y se postraron ante él.\nJesús les dijo:\n«No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».\nMientras las mujeres iban de camino\, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos\, reunidos con los ancianos\, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma\, encargándoles:\n«Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernados\, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros».\nEllos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nLunes de la octava de Pascua.\n\nLa octava de Pascua es\, propiamente hablando\, el período de las apariciones de Jesús a los suyos. Ni el sepulcro vacío\, ni el testimonio de la Escritura\, ni el pregón de los mensajeros bastaron para que los discípulos creyeran que Jesús había resucitado. Por eso\, ahora él se manifiesta en persona y se da a conocer como viviente.\nEsto indica claramente que la experiencia personal del resucitado es insustituible\, que la fe se da a la persona del resucitado\, y no a la doctrina de la resurrección. Por la fe en el resucitado\, afirma el cristiano la doctrina de la resurrección\, pero esta sola no basta para suscitar la fe del cristiano. Por consiguiente\, el cristiano es testigo del resucitado\, no de la resurrección\, aunque\, por fe en el resucitado\, proponga su esperanza en la resurrección.\nLas dos lecturas propuestas para el tiempo de Pascua no tienen entre sí la misma relación que hay entre las dos lecturas del tiempo de Adviento\, o las del tiempo de Cuaresma. Por eso\, aunque en la homilía se puede intentar relacionarlas –ejercicio\, a veces\, más dialéctico que pastoral– se puede hacer la homilía centrando el mensaje en una de ellas un año y en la otra el año siguiente.\n\n1. Primera lectura (Hch 2\,14.22-33).\nHay que tener en cuenta que Lucas no llama aquí al apóstol por su nombre («Simón»)\, sino por su sobrenombre –«Pedro»\, indicio de que actúa obstinadamente– y que tampoco dice aquí que Pedro hable inspirado por el Espíritu Santo\, lo que implica actitud crítica ante sus palabras.\nLa postura que adoptan Pedro y los Once\, «de pie»\, es la de testigos de la defensa (cf. Hch 7\,55s)\, los que certifican a favor de los acusados de ebriedad –en este caso\, los que han recibido el don del Espíritu–. El leccionario omite la primera parte de su discurso\, dirigida al auditorio universal (vv. 14b-21) y salta a la segunda\, dirigida solo al auditorio judío (vv. 22-35).\nPedro presenta a Jesús en una perspectiva nacionalista\, aludiendo a su parentesco con Jesé\, padre de David (Nazoreo: ?????????)\, y aludiendo a sus «proezas» (???????) y sus «prodigios» (?????)\, en alusión a Moisés\, perspectiva que da por conocida de parte de su auditorio. Atribuye la muerte de Jesús a un designio divino\, ejecutado por los judíos y por paganos\, pero asigna exclusivamente a Dios su resurrección\, quien cumple así la promesa hecha a David. Pedro se presenta\, junto con los Once\, como testigo de la resurrección\, y declara que Jesús\, el comunicador del Espíritu\, lo recibió después de la resurrección\, y que después de la misma fue constituido Mesías (vv. 35-36: omitidos). Esto no está de acuerdo con la figura de Jesús en el evangelio de Lucas.\nPedro restringe el don universal del Espíritu (v. 39)\, así como la actividad liberadora de Jesús (v. 22); exculpa al pueblo de su responsabilidad en la muerte de Jesús (v. 23) y da a entender que su condición mesiánica solo se conoció después de su muerte (cf. Lc 9\,20\, que no concuerda). Y afirma ser testigo de la resurrección\, en tanto que Jesús los había designado testigos de su persona (cf. Hch 1\,8). Lucas señala así que los obstáculos a la proclamación de la buena noticia son\, ante todo\, internos. Pero\, al mismo tiempo\, genera la expectativa de cómo se resolverá este asunto.\n\n2. Evangelio (Mt 28\,8-15).\nLas mujeres\, que fueron las primeras en conocer la noticia\, se marchan del sepulcro con miedo y alegría\, y a toda prisa\, con el propósito de anunciar la buena noticia a los discípulos. Pero esa mezcla de miedo y alegría no es la apropiada para anunciar la buena noticia. La alegría se debe a la noticia de que Jesús está vivo; el miedo\, a que ellas\, en el fondo\, presienten que el privilegio de Israel se haya derrumbado con la muerte de Jesús y su resurrección. Los jefes del pueblo\, que lo enjuiciaron y lo hicieron condenar a morir crucificado\, han quedado desacreditados. Por eso\, Jesús les sale al paso\, quiere conjurarles ese miedo. Las invita a la alegría recordando aquellas palabras que él había pronunciado al final de las bienaventuranzas para cuando se presentara el tiempo de la persecución: «alégrense y regocíjense\, que Dios les va a dar una gran recompensa» (Mt 5\,12). Ni siquiera en la situación más extrema tiene cabida el miedo en la vida cristiana.\nEsa recompensa es la vida que supera la muerte y que se hace presente en Jesús. Su resurrección es solamente motivo de alegría\, no de miedo; el resucitado no es amenaza para nadie. Por eso Jesús les insiste: «no tengan miedo». Y confirma la cita que los ángeles les habían dado a todos para encontrarse con él en Galilea. Esta cita en Galilea significa que los discípulos deben recorrer el mismo camino que recorrió Jesús anunciando el reinado de Dios y construyendo su reino. O sea\, hay que volver al principio\, hay que volver a evangelizar con hechos y palabras. El camino del anuncio\, sin embargo\, estará amenazado por una confabulación de poderosos.\nSe da simultaneidad entre el hecho de marcharse las mujeres a reportarles a los discípulos ese encuentro con Jesús y el de acudir los de la guardia a los sumos sacerdotes a reportarles todo lo sucedido. Las máximas autoridades religiosas continúan a la cabeza de la oposición al proyecto de Jesús. En asociación con los senadores\, se aseguran la complicidad de los soldados romanos\, los inducen a mentir y les garantizan la complicidad de las autoridades civiles paganas\, a las cuales se sienten en capacidad de corromper. Los sumos sacerdotes y los senadores siguen recurriendo al dinero para oponerse a la buena noticia\, en eso se igualan con el poder civil pagano.\n\nSolo después de su muerte\, cuando entregó el Espíritu\, Jesús llama «hermanos» a sus discípulos\, porque el Espíritu está disponible para ellos\, y\, por lo mismo\, pueden ser hijos de Dios. También ahora están en condiciones de asociarse a su misión de Hijo\, y por eso en capacidad de anunciar la buena noticia. Pero es necesario que tengan un encuentro personal con él. Y ese encuentro sólo será posible en la medida en que ellos se comprometan con la misión y la emprendan como él la realizó desde el principio. El encuentro con Jesús resucitado se da en la praxis de un amor tan comprometido como el suyo con la causa de las víctimas de la injusticia (el «pecado»). Hay que aprender a ser\, al mismo tiempo\, «cautos como serpientes e ingenuos como palomas» (Mt 10\,16)\, porque el reinado de Dios encontrará siempre oposición en el poder corruptor del dinero.\nRecibir a Jesús en la eucaristía nos compromete a realizar la misión en comunión con él\, y es allí donde vamos a tener el encuentro\, la experiencia viva y personal con el Señor resucitado.\nFeliz lunes de Pascua.
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SUMMARY:Martes de la Octava de Pascua.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de los Hechos de los apóstoles (2\,36-41): \nEL día de Pentecostés\, decía Pedro a los judíos:\n«Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús\, a quien vosotros crucificasteis\, Dios lo ha constituido Señor y Mesías».\nAl oír esto\, se les traspasó el corazón\, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles:\n«¿Qué tenemos que hacer\, hermanos?».\nPedro les contestó:\n«Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús\, el Mesías\, para perdón de vuestros pecados\, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos\, y para los que están lejos\, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro».\nCon estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo:\n«Salvaos de esta generación perversa».\nLos que aceptaron sus palabras se bautizaron\, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 32\,4-5.18-19.20.22 \nR/. La misericordia del Señor llena la tierra \nLa palabra del Señor es sincera\,\ny todas sus acciones son leales;\nél ama la justicia y el derecho\,\ny su misericordia llena la tierra. R/. \nLos ojos del Señor están puestos en quien lo teme\,\nen los que esteran su misericordia\,\npara librar sus vidas de la muerte\ny reanimarlos en tiempo de hambre. R/. \nNosotros aguardamos al Señor:\nél es nuestro auxilio y escudo.\nQue tu misericordia\, Señor\, venga sobre nosotros\,\ncomo lo esperamos de ti. R/. \nSecuencia\n(Opcional) \nOfrezcan los cristianos\nofrendas de alabanza\na gloria de la Víctima\npropicia de la Pascua. \nCordero sin pecado\nque a las ovejas salva\,\na Dios y a los culpables\nunió con nueva alianza. \nLucharon vida y muerte\nen singular batalla\,\ny\, muerto el que es la Vida\,\ntriunfante se levanta. \n«¿Qué has visto de camino\,\nMaría\, en la mañana?»\n«A mi Señor glorioso\,\nla tumba abandonada\, \nlos ángeles testigos\,\nsudarios y mortaja.\n¡Resucitó de veras\nmi amor y mi esperanza! \nVenid a Galilea\,\nallí el Señor aguarda;\nallí veréis los suyos\nla gloria de la Pascua.» \nPrimicia de los muertos\,\nsabemos por tu gracia\nque estás resucitado;\nla muerte en ti no manda. \nRey vencedor\, apiádate\nde la miseria humana\ny da a tus fieles parte\nen tu victoria santa. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Juan (20\,11-18): \nEN aquel tiempo\, estaba María fuera\, junto al sepulcro\, llorando. Mientras lloraba\, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco\, sentados\, uno a la cabecera y otro a los pies\, donde había estado el cuerpo de Jesús.\nEllos le preguntan:\n«Mujer\, ¿por qué lloras?».\nElla contesta:\n«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».\nDicho esto\, se vuelve y ve a Jesús\, de pie\, pero no sabía que era Jesús.\nJesús le dice:\n«Mujer\, ¿por qué lloras?».\nElla\, tomándolo por el hortelano\, le contesta:\n«Señor\, si tú te lo has llevado\, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».\nJesús le dice:\n«¡María!».\nElla se vuelve y le dice.\n«¡Rabbuní!»\, que significa: «¡Maestro!».\nJesús le dice:\n«No me retengas\, que todavía no he subido al Padre. Pero\, ande\, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro\, al Dios mío y Dios vuestro”».\nMaría la Magdalena fue y anunció a los discípulos:\n«He visto al Señor y ha dicho esto».\nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nMartes de la octava de Pascua.\n\nLa vida de fe es un proceso que hay que completar. Al principio\, la predicación de los discípulos\, influida por la mentalidad legalista de la piedad farisea\, era de tipo moralizante\, como la de Juan Bautista (exigencia de enmienda y de bautismo con agua para perdón de los pecados)\, razón por la cual solo producía adhesiones cuantitativas\, pero no la prometida efusión del Espíritu Santo.\nEl evangelista describe cómo pasa un discípulo de «la tiniebla» de la muerte a la «luz de la vida»\, cómo vence el temor a la muerte para dar fe a Jesús resucitado: no por la profesión de una teoría\, sino por la praxis del amor; no por el saber especulativo\, sino por el encuentro vivo y personal con el Señor resucitado.\n\n1. Primera lectura (Hch 2\,14a.36-41).\nSegún la secuencia descrita por Pedro\, Jesús primero subió al cielo\, después Dios lo sentó a su derecha\, y finalmente lo constituyó Señor y Mesías. En Lc 9\,20 Pedro lo había declarado «Mesías de Dios»\, pero su muerte en la cruz dio al traste con su esperanza mesiánica nacionalista; ahora revive dicha esperanza\, y con ella su nacionalismo. La sola bajada del Espíritu no ha cambiado su mentalidad\, que aparece oscilando entre la universalidad de la promesa y su restricción al solo pueblo de Israel. Esta oscilación marca su proceso personal de conversión.\nEl auditorio reacciona compungido y pregunta qué tienen que hacer\, una alusión a la pregunta de multitudes judías\, excluidos de Israel y foráneos a Juan Bautista (cf. Lc 3\,11.12.14). Pedro se sitúa en el horizonte del precursor: exige arrepentimiento-enmienda y bautismo con agua para el perdón de los pecados\, prometiendo por ello el don del Espíritu Santo. Es una visión sincretista del mensaje: se supone que se adhieren a Jesús por ese bautismo de enmienda\, pero que no van a recibir enseguida el Espíritu por esa adhesión\, sino en un futuro indeterminado. No obstante\, los ciento veinte sí habían recibido el Espíritu Santo sin ese requisito (cf. Hch 1\,15; 2\,1-4).\nSin embargo\, al hablar del Espíritu Santo\, vuelve a la promesa para los israelitas y para todos los paganos. La exhortación a ponerse a salvo de «esta generación malvada» (cf. Dt 32\,5; Lc 3\,7) se refiere ahora la sociedad judía\, sugiriendo que esta no entrará en la tierra prometida. Según esto\, el amor del Espíritu vence la resistencia interior de Pedro\, este vuelve al anuncio original y asume de nuevo la causa de Jesús: los excluidos de la tierra. La promesa se concreta ahora en el don del Espíritu Santo\, anuncio con el que Pedro retoma las palabras de Jesús (cf. Lc 24\,49).\nHay una aceptación masiva de «sus palabras» y de su propuesta de bautismo en agua\, pero no se constata la prometida efusión del Espíritu Santo. La tarea fue realizada a medias.\n\n2. Evangelio (Jn 20\,11-18).\nMaría permanece triste junto al sepulcro y no aparenta tener consuelo. A pesar de que sabe que Jesús no está en el sepulcro\, insiste en permanecer junto al mismo. Y muy a pesar de que Jesús advirtió que su muerte causaría una breve tristeza pero que él volvería\, para darles una alegría que nadie les podría arrebatar\, María Magdalena persiste en su propósito de encontrarlo junto al sepulcro. Ella necesita recorrer el camino de la «tiniebla» de la muerte hacia la luz de la vida.\n• Los «ángeles»\, o sea\, los mensajeros del cielo\, con su vestimenta («blanco»: victoria y gloria) y su postura («sentados»: posesionados del que fuera espacio de la muerte) buscan hacerla tomar conciencia de que su llanto carece de sentido. Pero ella insiste\, porque está buscando un cadáver y no a un viviente. La «tiniebla» la ofusca.\n• Se da un primer movimiento –incompleto– de María que la pone de frente a Jesús vivo\, de pie\, resucitado\, pero\, como ella busca a un muerto\, no lo identifica\, no lo logra ver. El dominio que sobre ella ejerce «la tiniebla» es tal que «viendo no ve»\, y por eso no puede dar el paso de la fe ni beneficiarse de la acción restauradora de Jesús (cf. Jn 12\,39-40).\n• Sólo después de que Jesús pronuncia su nombre\, ella da la vuelta completa (se «convierte»)\, es decir\, le da la espalda al sepulcro\, y se produce el encuentro entre ella y él. Esto significa que para poder ver a Jesús resucitado e identificarlo como tal\, es necesario convertirse a él mediante un encuentro personal (por nombre propio)\, cara a cara\, con él\, encuentro que se produce a medida que se «sale» de la esfera de la tiniebla y reconoce a Jesús como su Señor (?????????: «Señor mío»)\, tratamiento que le daban los discípulos al maestro (equivalencia que propone Juan) y la esposa a su esposo\, posible alusión a María como discípula modelo en alianza de amor con Jesús.\nUna vez realizado el encuentro\, todavía María debe superar otro obstáculo. Lo reconoce como su «Maestro»-«esposo»\, y entonces ella se abraza a él. Pero Jesús le dice que lo suelte; todavía no es la hora del abrazo definitivo\, porque este abrazo definitivo será en la casa del Padre. Ahora le toca a ella salir a la misión\, que comienza por anunciar la buena noticia a los hermanos\, hijos del mismo Padre (por tener el Espíritu) y creyentes del mismo Dios\, el Dios de la vida. Es notable que Jesús habla primero del Padre y después de Dios. Esto significa que su comunidad solamente reconoce como Dios al que ha conocido como Padre a través de Jesús\, el que les da vida por el don del Espíritu. María va a cumplir el encargo\, pero no se nos dice cuál fue la reacción de los destinatarios de su mensaje. Eso queda en suspenso.\n\nPor segunda vez se observa que ni el sepulcro vacío\, ni el testimonio de las Escrituras (en el episodio anterior)\, ni el mensaje de los enviados («los ángeles»)\, les dan motivos suficientes para creer en la resurrección del Señor. Tampoco es la aparición en sí\, sino el encuentro por nombre propio\, o sea\, personalmente\, el que lleva a la experiencia del Señor resucitado. Dicho en otros términos\, se trata de encontrarse con una persona y no de convencerse de una idea. Perdemos nuestros esfuerzos los evangelizadores cuando pretendemos convencer a otros de la resurrección del Señor. Lo que hay que procurar es el encuentro con el Señor resucitado. En otras palabras\, no somos propagandistas de la resurrección\, sino testigos del resucitado.\nY la comunión eucarística es encuentro con el Señor resucitado para la misión.\nFeliz martes de Pascua.
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SUMMARY:Miércoles de la Octava de Pascua.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de los Hechos de los apóstoles (3\,1-10): \nEN aquellos días\, Pedro y Juan subían al tempo\, a la oración de la hora nona\, cuando vieron traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Solían colocarlo todos los días en la puerta del templo llamada «Hermosa\, para que pidiera limosna a los que entraban. Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan\, les pidió limosna. Pedro\, con Juan a su lado\, se quedó mirándolo y le dijo:\n«Míranos».\nClavó los ojos en ellos\, esperando que le darían algo. Pero Pedro le dijo:\n«No tengo plata ni oro\, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno\, levántate y anda».\nY agarrándolo de la mano derecha lo incorporó. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos\, se puso en pie de un salto\, echó a andar y entró con ellos en el templo por su pie\, dando brincos y alabando a Dios. Todo el pueblo lo vio andando y alabando a Dios\, y\, al caer en la cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado en la puerta Hermosa del templo\, quedaron estupefactos y desconcertados ante lo que le había sucedido. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 104\,1-2.3-4.6-7.8-9 \nR/. Que se alegren los que buscan al Señor \nDad gracias al Señor\, invocad su nombre\,\ndad a conocer sus hazañas todos los pueblos.\nCantadle al son de instrumentos\,\nhablad de sus maravillas. R/. \nGloriaos de su nombre santo\,\nque se alegren los que buscan al Señor.\nRecurrid al Señor y a su poder\,\nbuscad continuamente su rostro. R/. \n¡Estirpe de Abrahán\, su siervo;\nhijos de Jacob\, su elegido!\nEl Señor es nuestro Dios\,\nél gobierna toda la tierra. R/. \nSe acuerda de su alianza eternamente\,\nde la palabra dada\, por mil generaciones;\nde la alianza sellada con Abrahán\,\ndel juramento hecho a Isaac. R/. \nSecuencia\n(Opcional) \nOfrezcan los cristianos\nofrendas de alabanza\na gloria de la Víctima\npropicia de la Pascua. \nCordero sin pecado\nque a las ovejas salva\,\na Dios y a los culpables\nunió con nueva alianza. \nLucharon vida y muerte\nen singular batalla\,\ny\, muerto el que es la Vida\,\ntriunfante se levanta. \n«¿Qué has visto de camino\,\nMaría\, en la mañana?»\n«A mi Señor glorioso\,\nla tumba abandonada\, \nlos ángeles testigos\,\nsudarios y mortaja.\n¡Resucitó de veras\nmi amor y mi esperanza! \nVenid a Galilea\,\nallí el Señor aguarda;\nallí veréis los suyos\nla gloria de la Pascua.» \nPrimicia de los muertos\,\nsabemos por tu gracia\nque estás resucitado;\nla muerte en ti no manda. \nRey vencedor\, apiádate\nde la miseria humana\ny da a tus fieles parte\nen tu victoria santa. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (24\,13-35): \nAQUEL mismo día\, el primero de la semana\, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús\, distante de Jerusalén unos setenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían\, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.\nÉl les dijo:\n«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».\nEllos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos\, que se llamaba Cleofás\, le respondió:\n«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado estos días?».\nÉl les dijo:\n«¿Qué».\nEllos le contestaron:\n«Lo de Jesús el Nazareno\, que fue un profeta poderoso en obras y palabras\, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte\, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel\, pero\, con todo esto\, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado\, pues habiendo ido muy de mañana la sepulcro\, y no habiendo encontrado su cuerpo\, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles\, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».\nEntonces él les dijo:\n«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria».\nY\, comenzado por Moisés y siguiendo por todos los profetas\, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.\nLlegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron\, diciendo:\n«Quédate con nosotros\, porque atardece y el día va de caída».\nY entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos\, tomó el pan\, pronunció la bendición\, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.\nY se dijeron el uno al otro:\n«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».\nY\, levantándose en aquel momento\, se volvieron a Jerusalén\, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros\, que estaban diciendo:\n«Era verdad\, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».\nY ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. \nPalabra del Señor \n\n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMiércoles de la octava de Pascua.\n\nEn el imperio romano era difícil presentar a un crucificado como enviado de Dios\, porque allí todo crucificado era un despreciable esclavo rebelde; también era muy difícil en el mundo judío\, que consideraba un maldito de Dios al crucificado. Pero el principal obstáculo para los discípulos era interior: su ideología religiosa-cultural. Pese a que la religión judía rechazó y mató a Jesús\, los discípulos se mantienen fieles a ella y piensan que pueden realizar en su interior la obra liberadora del Señor. No captan todavía la oposición de ese orden sociocultural a la buena noticia de Jesús. No ven claro que la muerte de Jesús fue una acción premeditada a conciencia\, y no una trágica equivocación de los dirigentes judíos.\nEl evangelio trae la primera aparición de Jesús a sus discípulos que reporta la octava. Y la cuestión se centra en la dificultad que ellos experimentan para «ver» al Señor como su compañero de camino y como el viviente que dinamiza la historia de toda la humanidad\, pues lo que les impide reconocerlo es su ideología nacionalista. No han asimilado el amor universal que Jesús encarnó y testimonió hasta llegar a esa muerte que a ellos tanto los escandaliza.\n\nPrimera lectura (Hch 3\,1-10).\nTanto los ciegos como los cojos tenían vedado el acceso al templo por razones de pureza legal (cf. 2Sm 5\,6-8). Esa ideología ciega la mente\, hace necio y torpe para la fe. Pedro y Juan acuden al templo a la misma hora en la que Jesús murió en la cruz\, cuando las tinieblas cubrieron la tierra (cf. Lc 24\,44-46); parece que no tuvieran en cuenta que las autoridades de ese templo instigaron para matar a Jesús. Entonces Lucas refiere que «llevaron a cierto individuo» (indicio de que es un personaje histórico\, pero representativo)\, que personifica al pueblo\, «lisiado de nacimiento»\, símbolo de la condición del pueblo\, privado de libertad\, condición que contrasta con el esplendor del templo\, cuya mejor puerta estaba hecha de bronce corintio\, que era más costoso que el oro. Hay un contraste buscado entre el esplendor de la institución y miseria del pueblo sometido.\nEn cambio\, hacer saltar de alegría al cojo es uno de los signos del Mesías liberador (cf. Is 35\,6). El «inválido» puso su esperanza en ellos y les pidió «una limosna». Pedro\, en vista de que nada tiene para socorrer a los pobres de fuera de la comunidad (pues todo lo han puesto en común)\, lo invita a afianzarse en Jesús\, pero también él lo agarra de la mano (contrario a lo que hizo Jesús con el paralítico: cf. Lc 5\,23-25). Le da vida\, libertad y alegría. Pero sigue agarrado de ellos\, como dependiente de los dos. Esto causa asombro\, pero todavía no provoca a la fe.\nEl narrador señala\, pues\, tres hechos: la experiencia visible de libertad de acción («echó a andar»)\, que supera la antigua condición de exclusión («entró… en el templo»)\, la innegable experiencia de libertad interior («dando saltos y alabando a Dios»)\, y la inexplicable dependencia del apoyo de parte de «Pedro» («agarrándolo de la mano derecha»; cf. v. 11)\, que queda sin explicación por el momento\, pero que oportunamente será retomada.\n\nEvangelio (Lc 24\,13-35).\nLa narración se puede estructurar en cuatro escenas:\n1. La incapacidad para ver a Jesús: De la ciudad de Jerusalén a la aldea de Emaús.\nDos discípulos decepcionados\, aquel mismo día en que Jesús resucitó\, se dirigen a una «aldea» situada cerca de la ciudad de Jerusalén\, que ejerce su dominio sobre toda «aldea». Abandonan la capital\, pero no rompen con su influjo. Van al mismo tiempo conversando y discutiendo; es un intercambio bastante tormentoso. Jesús se pone a su lado y camina con ellos\, pero ellos no son capaces de reconocerlo. Él los interroga acerca del tema de su conversación\, y entonces ellos manifiestan su desconcierto y su frustración; dejan ver su apego a los dirigentes y a la institución que dieron muerte a Jesús. Porque ellos lo rechazaron y Dios no se ha manifestado\, Jesús está reprobado ante sus ojos. Sin importar lo que hayan dicho las mujeres y sus propios compañeros\, para ellos Jesús está muerto y descalificado por Dios.\n2. La capacidad de ver a Jesús: Lo que realmente dijeron los profetas.\nEntonces Jesús les dirige un reproche: no han entendido lo que dijeron los profetas. De hecho\, los profetas habían dicho que este era el desenlace que debía darse: la sociedad injusta rechazaría al Mesías de Dios. Pero ellos no saben interpretar esas Escrituras (cf. Lc 19\,30). Así que Jesús\, tomando pie de Moisés y de los profetas\, les explicó «lo que se refería a él» en toda la Escritura. Les mostró que también para ellos las Escrituras eran un burro amarrado\, porque los dirigentes habían ocultado los textos que sí se referían al Mesías de Dios. Al llegar a «la aldea»\, Jesús muestra intenciones de seguir\, porque la aldea no es su destino. Sin embargo\, ellos le piden que acepte su hospedaje y se quede con ellos porque el día va de caída. La tiniebla se cierne sobre sus vidas\, y ellos quieren gozar de la luz de Jesús.\n3. La visión de Jesús caída la tarde: La fracción del pan.\nJesús acepta el hospedaje y se queda con ellos. Cuando están a la mesa él toma el pan lo bendice lo parte y se los reparte. Así les recuerda el episodio de los panes\, que significaban el don de sí mismo\, el don de amor que hizo abundar el alimento y favoreció la vida. Es el momento de su liberación: «se les abrieron los ojos y lo reconocieron\, pero el desapareció de su vista». Jesús es\, a la vez\, el liberador visible e invisible.\n4. El anuncio de que Jesús está vivo: La misión.\nY entonces\, al intentar reconstruir los acontecimientos\, reconocen que\, desde antes\, Jesús los había puesto «en ascuas» (cf. Lc 24\,32) cuando les explicó las Escrituras. Esto se prolonga\, se levantan al momento y regresan a Jerusalén\, donde encuentran a los Once con sus compañeros reunidos y anuncian que realmente el Señor ha resucitado y que se le apareció a Simón. Y contaron lo que les había pasado en el camino\, y cómo lo reconocieron en el hecho de partir el pan. El signo de su entrega\, asumido por ellos\, es experiencia del resucitado.\n\nEl gran obstáculo que tienen los discípulos para ver al Señor resucitado es su comprensión de las antiguas Escrituras. Estaban sometidos a la ideología por la interpretación de sus jefes y eso les impedía reconocer a Jesús. Él los libera de esa mala interpretación\, y a ellos se les abren los ojos y reconocen a Jesús\, cuya presencia física ya no resulta necesaria. Jesús les ha hecho ver que de las antiguas Escrituras solamente vale «lo que se refería a él»\, que lo demás carece de valor. Pero la fracción del pan no termina simplemente en el hecho de comerlo\, sino que se prolonga en la misión: salir a dar testimonio del encuentro con el Señor forma parte de la misma fracción del pan en la que han participado. También nosotros después de partir el pan sentimos el impulso de anunciar nuestra experiencia del Señor resucitado con el testimonio de vida y convivencia\, y con el testimonio de la palabra ardorosa.\nFeliz miércoles de Pascua.
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DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de los Hechos de los apóstoles (3\,11-26): \nEN aquellos días\, mientras el paralítico curado seguía aún con Pedro y Juan\, todo el pueblo\, asombrado\, acudió corriendo al pórtico llamado de Salomón\, donde estaban ellos.\nAl verlo\, Pedro dirigió la palabra a la gente:\n«Israelitas\, ¿por qué os admiráis de esto? ¿Por qué nos miráis como si hubiéramos hecho andar a este con nuestro propio poder o virtud? El Dios de Abrahán\, de Isaac y de Jacob\, el Dios de nuestros padres\, ha glorificado a su siervo Jesús\, al que vosotros entregasteis y de quien renegasteis ante Pilato\, cuando había decidido soltarlo.\nVosotros renegasteis del Santo y del Justo\, y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida\, pero Dios Jo resucitó de entre los muertos\, y nosotros somos testigos de ello.\nPor la fe en su nombre\, este\, que veis aquí y que conocéis\, ha recobrado el vigor por medio de su nombre; la fe que viene por medio de él le ha restituido completamente la salud\, a la vista de todos vosotros.\nAhora bien\, hermanos\, sé que Jo hicisteis por ignorancia\, al igual que vuestras autoridades; pero Dios cumplió de esta manera lo que había predicho por los profetas\, que su Mesías tenía que padecer.\nPor tanto\, arrepentíos y convertíos\, para que se borren vuestros pecados; para que vengan tiempos de consuelo de parte de Dios\, y envíe a Jesús\, el Mesías que os estaba destinado\, al que debe recibir el cielo hasta el tiempo de la restauración universal\, de la que Dios habló desde antiguo por boca de sus santos profetas.\nMoisés dijo: “El Señor Dios vuestro hará surgir de entre vuestros hermanos un profeta como yo: escuchadle todo lo que os diga; y quien no escuche a ese profeta será excluido del pueblo”. Y\, desde Samuel en adelante\, todos los profetas que hablaron anunciaron también estos días.\nVosotros sois los hijos de los profetas\, los hijos de la alianza que hizo Dios con vuestros padres\, cuando le dijo a Abrahán: “En tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra”. Dios resucitó a su Siervo y os lo envía en primer lugar a vosotros para que os traiga la bendición\, apartándoos a cada uno de vuestras maldades». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 8\,2a.5.6-7.8-9 \nR/. Señor\, dueño nuestro\n¡que admirable es tu nombre en toda la tierra! \nSeñor\, Dios nuestro\,\n¿qué es el hombre para que te acuerdes de él\,\nel ser humano\, para mirar por él? R/. \nLo hiciste poco inferior a los ángeles\,\nlo coronaste de gloria y dignidad\,\nle diste el mando sobre las obras de tus manos.\nTodo lo sometiste bajo sus pies. R/. \nRebaños de ovejas y toros\,\ny hasta las bestias del campo\,\nlas aves del cielo\, los peces del mar\,\nque trazan sendas por el mar. R/. \nSecuencia\n(Opcional) \nOfrezcan los cristianos\nofrendas de alabanza\na gloria de la Víctima\npropicia de la Pascua. \nCordero sin pecado\nque a las ovejas salva\,\na Dios y a los culpables\nunió con nueva alianza. \nLucharon vida y muerte\nen singular batalla\,\ny\, muerto el que es la Vida\,\ntriunfante se levanta. \n«¿Qué has visto de camino\,\nMaría\, en la mañana?»\n«A mi Señor glorioso\,\nla tumba abandonada\, \nlos ángeles testigos\,\nsudarios y mortaja.\n¡Resucitó de veras\nmi amor y mi esperanza! \nVenid a Galilea\,\nallí el Señor aguarda;\nallí veréis los suyos\nla gloria de la Pascua.» \nPrimicia de los muertos\,\nsabemos por tu gracia\nque estás resucitado;\nla muerte en ti no manda. \nRey vencedor\, apiádate\nde la miseria humana\ny da a tus fieles parte\nen tu victoria santa. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (24\,35-48): \nEN aquel tiempo\, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.\nEstaban hablando de estas cosas\, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice:\n«Paz a vosotros».\nPero ellos\, aterrorizados y llenos de miedo\, creían ver un espíritu.\nY él les dijo:\n«¿Por qué os alarmáis?\, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos\, como veis que yo tengo».\nDicho esto\, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría\, y seguían atónitos\, les dijo:\n«¿Tenéis ahí algo de comer?».\nEllos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.\nY les dijo:\n«Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí».\nEntonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.\nY les dijo:\n«Así está escrito: el Mesías padecerá\, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos\, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto». \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nJueves de la octava de Pascua.\n\nLa misión cristiana es consecuencia del encuentro con el Señor resucitado\, y consiste en ser sus testigos personales ante otras personas y ante el «mundo». El misionero no es un publicista o un propagandista\, es un testigo. Su objetivo principal no es convencer\, sino vivir\, dar testimonio de lo que lo convence. Pero esta misión encuentra obstáculos interiores\, ante todo\, y externos. Son menos perceptibles los primeros\, pero suelen frenar más fuertemente la misión.\nLos discípulos no estaban dispuestos a creer que la vida fuera más fuerte de la muerte\, y tampoco a aceptar al Señor resucitado. Por eso\, después del encuentro con él\, subsistían sus resistencias interiores\, porque el Señor no anula la libertad humana\, sino que la potencia en quienes lo acogen como Mesías entregado a realizar el designio de Dios y cumplir su promesa.\n\n1. Primera lectura (Hch 3\,11-26).\nEl hecho de haber levantado al «cojo» (?????) provoca afluencia de gente que quiere hallarle una explicación al hecho. Pedro comienza por explicar que lo que tanto les extraña no se debe ni a la «fuerza» (???????)\, ni a la «piedad» (????????) de él y de Juan. Y aprovecha para formular una denuncia y hacer una exhortación.\n1.1. Denuncia.\nLos responsabiliza por su complicidad con los asesinos de Jesús. Los compara con Judas\, al decir que ellos lo traicionaron (cf. Lc 22\,4.6.21-22.48); con él mismo\, porque renegaron de él (cf. Lc 22\,57.61); con los sumos sacerdotes dirigentes del pueblo\, porque pidieron el indulto de Barrabás y la crucifixión de Jesús (cf. Lc 22.13-25). En resumen\, mataron al autor de la vida\, pero Dios lo resucitó. Es decir\, rechazaron el cumplimiento de la promesa\, pero Dios la mantuvo. Insiste en que los apóstoles son testigos de la resurrección –no del resucitado–\, es decir\, testigos del hecho\, no de la persona. Pero declara que es la fe en Jesús la que ha restaurado al hombre que era «cojo». La franqueza de su denuncia contrasta con la ambigüedad de su testimonio.\n1.2. Exhortación.\nComo para captar a favor suyo la benevolencia del auditorio\, Pedro trata de disculpar al pueblo y a sus dirigentes aduciendo ignorancia de su parte\, pero al precio de afirmar que la muerte de Jesús obedece a un inevitable designio divino. El llamado al pueblo a enmendarse (???????????) y a convertirse (???????????) permitirá que Dios les perdone los pecados que él les ha echado en cara\, y que les renueve la oportunidad desperdiciada\, enviándoles otra vez al Mesías\, retenido en el cielo hasta la restauración total de Israel\, cosa que Jesús había descartado (cf. Hch 1\,6). Con las citas bíblicas que aduce\, presenta a Jesús como «el Profeta» semejante a Moisés (cf. Dt 18\,15-20) y afirma que la promesa es la que Dios hizo a Abraham para Israel (cf. Gn 22\,18). De nuevo pierde de vista la misión universal que Jesús les encargó (cf. Lc 24\,47; Hch 1\,8). El empeño por ganarse a Israel para su causa lo induce a hacer concesiones que Jesús nunca hizo.\n\n2. Evangelio (Lc 24\,35-48).\nEl testimonio misionero también conduce al encuentro con el Señor resucitado. Jesús se hace presente en medio del grupo\, es decir\, se constituye en el centro de quien fluye el Espíritu Santo y alrededor del cual gira la vida de los suyos. Su saludo de paz no logra disipar las dudas de ellos. La reacción del grupo es de susto y pavor. Prefieren suponer que ven un fantasma (una creencia supersticiosa) antes que dar fe al Señor resucitado. Esa creencia hace persistir sus dudas.\nJesús objeta esos temores mostrándoles sus manos y sus pies. Estos lo relacionan con su muerte histórica; sin duda\, es él en persona. Sus manos que tanto bien hicieron\, y que otros pretendieron detener clavándolas a la cruz de la infamia\, siguen libres; los pies que mostraron el camino del nuevo éxodo\, y que otros quisieron frustrar clavándolos en la cruz de la ignominia\, siguen libres. Hay libertad para amar y para recorrer el camino de la vida hacia la propia plenitud. Para que vean que la resurrección no anula la condición humana\, Jesús los invita a reconocer («palpar») su humanidad («carne y hueso»). Ellos\, ahora por alegría y asombro\, se desconciertan; así que Jesús se ofrece a comer con ellos. Lo que le ofrecen («pescado asado») combina dos símbolos: la misión cristiana («pescado»: cf. Lc 5\,10) y la pascua («asado»: cf. Ex 12\,18). La verdadera pascua es la que realiza la misión cristiana\, de la cual la eucaristía es punto de llegada y de partida.\nY sigue el mandato misionero. Primero les recuerda sus palabras en su condición de hombre histórico («cuando yo estaba todavía con ustedes»): que tenía que cumplirse todo lo escrito acerca de él. Esa precisión («acerca de mí») es definitiva. Esto es lo que les abre el entendimiento para entender las Escrituras y realizar la misión universal. Sin esa nueva comprensión de las Escrituras\, la misión se limitará a una propuesta doctrinal. Por eso les resume lo escrito acerca de él: su cruz\, su resurrección\, y la nueva oferta de perdón («en su nombre»). La misión consiste en ser testigos suyos; comienza por Jerusalén y se extiende a todas las naciones. Para realizarla\, ellos tendrán la «promesa» del Padre\, la «fuerza» de lo alto (el Espíritu Santo: cf. Lc 24\,49) para que se sientan capaces de superar las barreras de lo posible (cf. Lc 1\,35).\n\nEl hecho de que el discípulo no sea proselitista no significa que su testimonio sea irrelevante. La efectividad de la misión\, es decir\, el mayor impacto del testimonio\, se verifica cuando el testigo se identifica con Jesús\, y en la medida en que lo hace. Identificarse por una doctrina\, por unas costumbres\, o por una cultura\, es distinto de identificarse con la persona de Jesús. Las ideas\, las culturas\, las costumbres\, no infunden el Espíritu de Jesús\, la Fuerza de lo alto\, que no se da para forzar a nadie\, sino para capacitar al testigo. En la eucaristía comprobamos eso. Si se recibe el sacramento con ideas de tipo mágico o supersticioso\, este no produce efecto. Si se recibe con la firme y gozosa adhesión de fe a Jesús\, va transformando la propia vida.\nFeliz jueves de Pascua.
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SUMMARY:Viernes de la Octava de Pascua.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de los Hechos de los apóstoles (4\,1-12): \nEN aquellos días\, mientras Pedro y Juan hablaban al pueblo\, después de que el paralítico fuese sanado\, se les presentaron los sacerdotes\, el jefe de la guardia del templo y los saduceos\, indignados de que enseñaran al pueblo y anunciaran en Jesús la resurrección de los muertos. Los apresaron y los metieron en la cárcel hasta el día siguiente\, pues ya era tarde. Muchos de los que habían oído el discurso creyeron; eran unos cinco mil hombres.\nAl día siguiente\, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo\, los ancianos y los escribas\, junto con el sumo sacerdote Más\, y con Caifás y Alejandro\, y los demás que eran familia de sumos sacerdotes\, Hicieron comparecer en medio de ellos a Pedro y a Juan y se pusieron a interrogarlos:\n«¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso vosotros?».\nEntonces Pedro\, lleno de Espíritu Santo\, les dijo:\n«Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo\, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el Nombre de Jesucristo el Nazareno\, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por este Nombre\, se presenta este sano ante vosotros. Él es “la piedra que desechasteis vosotros\, los arquitectos\, y que se ha convertido en piedra angular”; no hay salvación en ningún otro\, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 117\,1-2.4.22-24.25-27a \nR/. La piedra que desecharon los arquitectos\nes ahora la piedra angular \nDad gracias al Señor porque es bueno\,\nporque es eterna su misericordia.\nDiga la casa de Israel:\neterna es su misericordia.\nDigan los fieles del Señor:\neterna es su misericordia. R/. \nLa piedra que desecharon los arquitectos\nes ahora la piedra angular.\nEs el Señor quien lo ha hecho\,\nha sido un milagro patente.\nÉste es el día que hizo el Señor:\nsea nuestra alegría y nuestro gozo. R/. \nSeñor\, danos la salvación;\nSeñor\, danos prosperidad.\nBendito el que viene en nombre del Señor\,\nos bendecimos desde la casa del Señor;\nel Señor es Dios\, él nos ilumina. R/. \nSecuencia\n(Opcional) \nOfrezcan los cristianos\nofrendas de alabanza\na gloria de la Víctima\npropicia de la Pascua. \nCordero sin pecado\nque a las ovejas salva\,\na Dios y a los culpables\nunió con nueva alianza. \nLucharon vida y muerte\nen singular batalla\,\ny\, muerto el que es la Vida\,\ntriunfante se levanta. \n«¿Qué has visto de camino\,\nMaría\, en la mañana?»\n«A mi Señor glorioso\,\nla tumba abandonada\, \nlos ángeles testigos\,\nsudarios y mortaja.\n¡Resucitó de veras\nmi amor y mi esperanza! \nVenid a Galilea\,\nallí el Señor aguarda;\nallí veréis los suyos\nla gloria de la Pascua.» \nPrimicia de los muertos\,\nsabemos por tu gracia\nque estás resucitado;\nla muerte en ti no manda. \nRey vencedor\, apiádate\nde la miseria humana\ny da a tus fieles parte\nen tu victoria santa. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Juan (21\,1-14): \nEN aquel tiempo\, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:\nEstaban juntos Simón Pedro\, Tomás\, apodado el Mellizo; Natanael\, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.\nSimón Pedro les dice:\n«Me voy a pescar».\nEllos contestan:\n«Vamos también nosotros contigo».\nSalieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo\, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.\nJesús les dice:\n«Muchachos\, ¿tenéis pescado?».\nEllos contestaron:\n«No».\nÉl les dice:\n«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».\nLa echaron\, y no podían sacarla\, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro:\n«Es el Señor».\nAl oír que era el Señor\, Simón Pedro\, que estaba desnudo\, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca\, porque rio distaban de tierra más que unos doscientos codos\, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra\, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.\nJesús les dice:\n«Traed de los peces que acabáis de coger».\nSimón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos\, no se rompió la red.\nJesús les dice:\n«Vamos\, almorzad».\nNinguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era\, porque sabían bien que era el Señor.\nJesús se acerca\, toma el pan y se lo da\, y lo mismo el pescado.\nEsta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nViernes de la octava de Pascua.\n\nLa pesca\, uno de los oficios artesanales más antiguos de la humanidad\, consiste en sacar los peces de su medio vital con el fin de alimentarse. Entre los guerreros\, llegó a convertirse en metáfora militar\, como se constata en Hab 1\,14-17. Jesús recurre a dicha metáfora cuando invita a unos a seguirlo\, con la promesa de hacerlos «pescadores de hombres». Pero hay tres diferencias:\n• La pesca de peces los extrae del agua\, su medio vital\, para matarlos; la pesca «de hombres» que él propone los saca del «mundo»\, en el que están muriendo\, para salvarlos.\n• La pesca de «hombres» tiene un horizonte universal\, no se trata\, por tanto de la prevalencia de un pueblo sobre otro\, sino de la unificación de todos los pueblos de la tierra.\n• La «pesca» de pueblos es violenta\, y los condena al dominio\, al despojo y a la humillación; la misión\, en cambio\, conquista pueblos con amor para liberarlos y dignificarlos.\n\n1. Primera lectura (Hch 4\,1-12).\nLa aristocracia sacerdotal y laica\, el partido saduceo\, interviene para silenciar el anuncio sobre «la resurrección»\, porque ellos no creen en ella (cf. Lc 20\,27)\, en tanto que los fariseos sí. Suponen que los discípulos de Jesús comparten la misma doctrina que defienden los fariseos. Esto se debe a que los discípulos proponen la doctrina como realizada en Jesús\, en vez de proponer a Jesús\, crucificado por saduceos\, como el resucitado. Pese a que detienen a Pedro y a Juan\, la comunidad crece\, ahora «como cinco mil hombres adultos» (cf. 2\,41: «tres mil vidas»). No se hace mención del bautismo de agua\, pero el número «cinco» sugiere la presencia y actividad del Espíritu Santo. Hay una promesa del Espíritu. Eso es un signo de madurez espiritual.\nLos «apóstoles» comparecen ante el Consejo\, conformado por los tres mayores poderes de la sociedad judía: Senadores\, aristocracia civil; letrados\, poder ideológico; sumo sacerdote\, poder religioso. Se enumeran cuatro sumos sacerdotes\, con lo que Lucas pretende subrayar la realidad histórica (nombres propios) y la generalidad (cuatro) de la reacción de alarma y oposición del estamento religioso contra los apóstoles. El interrogatorio comienza por determinar la autoridad de los apóstoles\, como lo hicieron con Jesús (cf. Lc 20\,2). Ahora el sobrenombre de Pedro toma otro significado: al estar su respuesta inspirada por el Espíritu Santo\, la testarudez se convierte en firmeza y fidelidad frente a un Consejo dominado por la casta sacerdotal\, saducea. Sabe que el anuncio de la resurrección de Jesús irrita al Consejo porque pone en peligro los intereses que defienden los que gobiernan el templo.\nPedro anuncia a Jesús y denuncia a los dirigentes: Dios está de parte de Jesús y no de parte de los dirigentes ni de su institución. Dios actúa en contra de las decisiones asesinas del Consejo. Y es Jesús quien prolonga la actividad de Dios dándole vida al pueblo. Jesús es la piedra que le da consistencia al nuevo edificio que es la comunidad cristiana (en oposición al templo)\, porque él es la única salvación para toda la humanidad.\n\n2. Evangelio (Jn 21\,1-14).\nEl espacio en el que se desarrolla la acción descrita a continuación es designado por su nombre pagano («mar de Tiberíades»). Se mencionan siete discípulos\, número que connota una totalidad heterogénea y universal\, ya no Doce\, número que connota solo a Israel.\nSimón (nombre) Pedro (sobrenombre) toma la iniciativa de ir a «pescar»\, y sus compañeros lo apoyan. Pero la empresa resulta infructuosa. Están en «la noche»\, es decir\, en la tiniebla\, sin Jesús. Por eso la «pesca» (misión) no tiene éxito alguno.\nLa luz brilla cuando aparece Jesús. La noche se vuelve amanecer\, despunta un nuevo día. Y él toma la iniciativa de preguntar por el fruto de su trabajo\, pero la seca respuesta negativa de ellos indica su desaliento y su fracaso. Él les da una indicación: echar la red «al lado derecho de la barca». En lenguaje figurado\, esto significa comprometer al grupo entero\, a su comunidad\, en una tarea de creación\, liberación y salvación. La pesca resulta abundante y llamativa. El discípulo predilecto de Jesús identifica a su Señor\, y Simón Pedro realiza dos acciones:\n• Se ató la prenda de encima a la cintura. Recuerda así la acción de Jesús cuando se ató el paño a la cintura para significar su disposición de servir hasta la muerte. Pedro no había adoptado esa actitud\, y por eso la misión no dio frutos. Ahora se muestra dispuesto a hacerlo.\n• Se tiró al mar. Recuerda así que Jesús le había lavado los pies en señal de su entrega servicial. Ahora él –que había rechazado esa actitud de Jesús–\, con esta inmersión en el agua (como un «bautismo») manifiesta su disposición de entregar su vida en el servicio\, al estilo de Jesús.\nPor el momento\, Jesús no responde ante estas manifestaciones de Pedro.\nCuando los discípulos llegan a la orilla\, se encuentran con que él les tiene preparado de comer pescado y pan. Sin embargo\, les pide que aporten los peces que han cogido en la pesca que han hecho. De nuevo Simón Pedro toma la iniciativa y arrastra la red repleta de peces\, cuyo tamaño ahora se señala (eran «grandes»: hombres adultos) y cuyo número se reporta: ciento cincuenta y tres (50×3 + 3). «Cincuenta» es el número de miembros de las comunidades de profetas\, hombres del Espíritu\, adultos; 3 es el número de la totalidad homogénea\, totalidad que multiplica y suma. La presencia de Dios (totalidad absoluta) potencia y multiplica las comunidades cristianas.\nJesús los invita a almorzar. Hacía poco se había dicho que acababa de amanecer y que el trayecto que había entre el sitio donde pescaron y el lugar en donde estaba Jesús era de aproximadamente unos cien metros. Esto significa que los datos cronológicos tienen un valor teológico. En efecto\, el paso del amanecer al mediodía indica que los discípulos han venido avanzando en claridad\, y ahora están en el momento de la plena luz\, en el cenit\, cuando Jesús es tan patente que ninguno duda que sea él. Y él repite el mismo gesto que cuando repartió los panes y los peces a la multitud y luego les habló de la eucaristía.\n\nEl fracaso del grupo cuando emprende la misión por iniciativa de «Simón Pedro» tiene un punto favorable\, que implica escucha («Simón»)\, y otro censurable («Pedro»)\, la desvinculación de Jesús. La desvinculación\, que ocasiona el fracaso\, consiste en la actitud proselitista; el afán de conseguir adeptos\, o reclutar nuevos miembros. No es esa la motivación de la misión. La escucha verdadera de las palabras de Jesús se da cuando la misión se dirige a la muchedumbre que sufre y le ofrece a la gente una alternativa restauradora\, liberadora y salvadora.\nEn este relato\, el mar simboliza la historia\, y la playa simboliza la meta. Jesús está ya en la meta y\, desde allí potencia la labor de los suyos. Al llegar\, ellos ven que Jesús les tiene preparado el alimento\, pero les pide que presenten el fruto de su labor antes de comer lo que él mismo les ha preparado. La eucaristía es\, a la vez\, punto de partida y meta de llegada de la misión\, hasta que se convierte en nuestra meta definitiva\, en el banquete del reino del Padre. Es bueno tener esto presente al irnos «en paz» (cf. Jn 20\,19.21)\, luego de la celebración eucarística.\nFeliz viernes de Pascua.
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SUMMARY:Sábado de la Octava de Pascua.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de los Hechos de los apóstoles (4\,13-21): \nEN aquellos días\, los jefes del pueblo\, los ancianos y los escribas\, viendo la seguridad de Pedro y Juan\, y notando que eran hombres sin letras ni instrucción\, estaban sorprendidos. Reconocían que habían sido compañeros de Jesús\, pero\, viendo de pie junto a ellos al hombre que había sido curado\, no encontraban respuesta. Les mandaron salir fuera del Sanedrín y se pusieron a deliberar entre ellos\, diciendo:\n«¿Qué haremos con estos hombres? Es evidente que todo Jerusalén conoce el milagro realizado por ellos\, no podemos negarlo; pero\, para evitar que se siga divulgando\, les prohibiremos con amenazas que vuelvan a hablar a nadie de ese nombre».\nY habiéndolos llamado\, les prohibieron severamente predicar y enseñar en el nombre de Jesús. Pero Pedro y Juan les replicaron diciendo:\n«¿Es justo ante Dios que os obedezcamos a vosotros más que a él? Juzgadlo vosotros. Por nuestra parte no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído».\nPero ellos\, repitiendo la prohibición\, los soltaron\, sin encontrar la manera de castigarlos a causa del pueblo\, porque todos daban gloria a Dios por lo sucedido. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSalmo responsorial Sal 117\,1.14-15.16-18.19-21 \nR/. Te doy gracias\, Señor\, porque me escuchaste \nDad gracias al Señor porque es bueno\,\nporque es eterna su misericordia.\nEl Señor es mi fuerza y mi energía\,\nél es mi salvación.\nEscuchad: hay cantos de victoria\nen las tiendas de los justos R/. \n«La diestra del Señor es poderosa.\nLa diestra del Señor es excelsa».\nNo he de morir\, viviré\npara contar las hazañas del Señor.\nMe castigó\, me castigó el Señor\,\npero no me entregó a la muerte. R/. \nAbridme las puertas de la salvación\,\ny entraré para dar gracias al Señor.\nEsta es la puerta del Señor:\nlos vencedores entrarán por ella.\nTe doy gracias porque me escuchaste\ny fuiste mi salvación. R/. \nSecuencia\n(Opcional) \nOfrezcan los cristianos\nofrendas de alabanza\na gloria de la Víctima\npropicia de la Pascua. \nCordero sin pecado\nque a las ovejas salva\,\na Dios y a los culpables\nunió con nueva alianza. \nLucharon vida y muerte\nen singular batalla\,\ny\, muerto el que es la Vida\,\ntriunfante se levanta. \n«¿Qué has visto de camino\,\nMaría\, en la mañana?»\n«A mi Señor glorioso\,\nla tumba abandonada\, \nlos ángeles testigos\,\nsudarios y mortaja.\n¡Resucitó de veras\nmi amor y mi esperanza! \nVenid a Galilea\,\nallí el Señor aguarda;\nallí veréis los suyos\nla gloria de la Pascua.» \nPrimicia de los muertos\,\nsabemos por tu gracia\nque estás resucitado;\nla muerte en ti no manda. \nRey vencedor\, apiádate\nde la miseria humana\ny da a tus fieles parte\nen tu victoria santa. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (16\,9-15): \nJESÚS\, resucitado al amanecer del primer día de la semana\, se apareció primero a María Magdalena\, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros\, que estaban de duelo y llorando.\nEllos\, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto\, no la creyeron.\nDespués se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo.\nTambién ellos fueron a anunciarlo a los demás\, pero no los creyeron.\nPor último\, se apareció Jesús a los Once\, cuando estaban a la mesa\, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón\, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.\nY les dijo:\n«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación». \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nSábado de la octava de Pascua.\n\nHay que preguntarse cuál es la razón de las apariciones\, si se trata de «demostrar» la resurrección de Jesús\, o cuál otro es su objetivo. Lo que hemos visto a lo largo de la semana nos ha mostrado que las apariciones tienen la finalidad de enviar a la misión. Solo en el compromiso misionero es posible resolver la duda y\, al mismo tiempo\, afianzar la fe.\nDesde el punto de vista del evangelista\, no es procedente presentar las apariciones como mero argumento apologético. En realidad\, ellas no aparecen como demostración concluyente\, porque el interés del evangelista no es la doctrina de la resurrección sino la presencia viva del resucitado que insiste con autoridad en la urgencia de la misión. Y es que –si Jesús está vivo– lo que se ha dicho respecto de la muerte hay que replantearlo\, pero –por encima de todo– lo que Jesús dice del Padre\, de la vida y del amor es incuestionable. Por consiguiente\, el temor a la muerte no es razón suficiente para desistir de la misión.\n\n1. Primera lectura (Hch 4\,13-21).\nPedro y Juan no se han preocupado por su seguridad personal. Solo se han dedicado a dar su testimonio de Jesús y –por contraste– a denunciar la injusticia de los dirigentes del pueblo. Tal como lo había prometido Jesús (cf. Lc 12\,11; 21\,15)\, el Consejo se queda sin recurso alguno de réplica ante las palabras que el Espíritu Santo le ha inspirado a Pedro\, y que superan los límites de la formación académica de los apóstoles. El Consejo tampoco puede contradecir los hechos\, que saltan a la vista. Esto confunde a sus integrantes.\nDeliberan a solas y deciden recurrir a la amenaza para evitar que el nombre de Jesús\, que ellos se resisten a proferir («ese nombre»)\, se pronuncie más. Les prohíben «hablar y enseñar sobre la persona («el nombre») de Jesús»; ya no se trata de la doctrina de la resurrección\, sino de vetar la mención de la persona de Jesús\, pero esa prohibición resulta inaceptable para los apóstoles\, que aducen dos razones: Dios no aprobaría que se dejaran amedrentar\, y ellos no pueden negar su propia experiencia. El Consejo insiste en sus amenazas\, sin atreverse a proceder por miedo al pueblo\, que considera que Dios ha actuado por medio de los apóstoles (cf. Lc 22\,2). Una razón adicional: el hombre cojo (que representa al pueblo)\, «tenía más de cuarenta años»\, es decir\, había sobrepasado el tiempo del éxodo\, había entrado en la «tierra prometida»\, y no había encontrado la anhelada libertad en las instituciones de Israel\, libertad que ahora ha encontrado en la persona («el nombre») de Jesús\, en quien encuentran respuesta las ansias de vida y libertad no solo de los israelitas\, sino de toda la humanidad. El que inicialmente fue llamado «varón» (????)\, designación exclusiva de los israelitas\, ahora es llamado «hombre» (????????)\, designación universal; pasa de representar a los privados de libertad en la sociedad judía para representar ahora a todos los seres humanos\, de cualquier sociedad\, privados del uso de su libertad (v. 22\, omitido).\n\n2. Evangelio (Mc 16\,9-15).\nEl texto presenta en resumen las tres apariciones de Jesús resucitado (tres: totalidad homogénea)\, desarrollando la tercera\, a cuyos destinatarios se habían dirigido las otras dos:\n1. Aparición a María Magdalena. Primera de la serie\, se distingue con tres rasgos:\n• Su gentilicio («Magdalena»). Oriunda de Magdala (hebreo: ????????\, que significa «Torre»\, y alude a una ciudad fortificada)\, ella personifica una sociedad guerrera.\n• Su relación con Jesús. Él la liberó de «siete demonios» (las más diversas formas de violencia). Ese es un hecho del pasado que marcó definitivamente su vida.\n• Su reacción a la aparición. Les narró el hecho a «los que habían estado con él» (cf. Mc 3\,14)\, que estaban de luto (es decir\, ayunando por su muerte: cf. Mc 2\,19-20)\, y que se negaron a aceptar su testimonio («que estaba vivo y que lo había visto»). El testimonio de una mujer no les bastaba.\n2. Aparición a «dos de ellos». Se refiere a una aparición «con aspecto diferente» a dos de los discípulos\, cuyos nombres no menciona\, para describirlos con estos tres rasgos:\n• Están «de camino» (???????????). Son discípulos activos\, que recorren el camino del Señor y\, por eso mismo\, están anunciando la buena noticia.\n• Su destino. Se dirigen al campo (?????)\, lo cual es distinto de lo que narra Lucas cuando habla de dos que se dirigían a una «aldea» (cf. Lc 24\,13). El «campo» –en Marcos– indica el lugar de dónde procedía Simón de Cirene (cf. Mc 15\,21)\, el padre de Alejandro (nombre griego) y de Rufo (nombre latino). Es decir\, estos dos se dirigen a la misión universal.\n• Su reacción a la aparición. También ellos van a anunciárselo a los demás\, pero tampoco a ellos les dan crédito. Y esta negativa subraya la resistencia de los oyentes\, porque ahora no se niegan a creerle a una mujer\, sino que se niegan a dar crédito a un testimonio que cumple las exigencias de credibilidad: dos o tres testigos (cf. Dt 19\,15).\n3. A los Once reunidos. Se refiere ahora al grupo de los discípulos procedentes de la institución judía que quedaron después de la deserción de Judas Iscariotes. De ellos solamente se dice que estaban reclinados a la mesa. Es decir\, estaban haciendo memoria de Jesús celebrando la cena eucarística. Jesús les hace un doble reproche\, pero luego los envía:\n• Les echa en cara su negativa a creer (???????). Es la resistencia a aceptar el testimonio de María Magdalena\, la liberada por él.\n• Les echa en cara su terquedad (?????????????) por no aceptar el testimonio de quienes lo han visto resucitado\, y por resistirse así a abrirles las puertas del reino a los paganos.\n• La misión universal. Los envía a dar la buena noticia «al ir de camino» (?????????)\, es decir\, dando testimonio de su vida de fe en los asuntos de la vida ordinaria de los hombres\, con apertura universal y sin exclusiones. Deben anunciar la buena noticia «a toda la humanidad».\nSe puede apreciar aquí que los Once no reaccionan ante la aparición del resucitado\, pero que la misión es un don\, no un premio. Después se dirá que ellos «fueron a proclamar el mensaje».\n\nSentarse como discípulos a la mesa para hacer memoria de un ilustre difunto no es celebrar la eucaristía. La eucaristía es celebración de la vida del Señor\, pero también es la solidaridad con su praxis histórica («su cuerpo») animada por el Espíritu Santo («su sangre») para ser sus testigos personales. Y esto implica la apertura «católica»\, es decir\, universal. La misión que brota de la eucaristía es incluyente\, abraza hasta a los pecadores\, como Jesús\, que comía con descreídos y recaudadores.\nFeliz sábado de Pascua en compañía de María\, la madre del Señor.
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