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SUMMARY:Fiesta de Jesucristo\, sumo y eterno sacerdote
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Jeremías (31\, 31-34): \nYa llegan días – oráculo del Señor – en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No será un alianza como la que hice con sus padres\, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto\, pues quebrantaron mi alianza\, aunque yo era su Señor – oráculo del Señor -. \nEsta será la alianza que haré con ellos después de aquellos días – oráculo del Señor – : Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Y no tendrán que enseñarse unos a otros diciendo: \n«Conoced al Señor»\, pues todos me conocerán\, desde el más pequeño al mayor – oráculo del Señor -\, cuando perdone su culpa y no recuerde ya sus pecados. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSalmo: Sal 109\, 1bcde. 2.3 \nR. Tú eres sacerdote eterno\, según el rito de Melquisedec. \nOráculo del Señor a mi Señor:\n«Siéntate a mi derecha\,\ny haré de tus enemigos\nestrado de tus pies». R. \nDesde Sion extenderá el Señor\nel poder de tu cetro:\nsomete en la batalla a tus enemigos. R. \n«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento\nentre esplendores sagrados:\nyo mismo te engendré\, desde el seno\,\nantes de la aurora». R. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo Evangelio según san Marcos (14\, 12a. 22-25): \nEl primer día de los Ácimos\, cuando se sacrificaba el cordero pascual\, mientras comían\, Jesús tomó pan\, y pronunciando la bendición\, lo partió y se lo dio diciendo: \n«Tomad\, esto es mi cuerpo». \nDespués tomó el cáliz\, pronunció la acción de gracias\, se lo dio y todos bebieron. Y les dijo: \n«Esta es mi sangre de la alianza\, que es derramada por muchos. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios». \nPalabra del Señor
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SUMMARY:Cumpleaños de monseñor José Clavijo Méndez
DESCRIPTION:Hoy cumple años nuestro obispo diocesano. Agradezcamos a Dios por su vida y oremos por su ministerio.
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SUMMARY:Viernes de la X semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (4\,7-15): \nEl tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro\, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados\, pero no nos aplastan; estamos apurados\, pero no desesperados; acosados\, pero no abandonados; nos derriban\, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes\, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús\, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Mientras vivimos\, continuamente nos están entregando a la muerte\, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así\, la muerte está actuando en nosotros\, y la vida en vosotros. Teniendo el mismo espíritu de fe\, según lo que está escrito: «Creí\, por eso hablé»\, también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros. Todo es para vuestro bien. Cuantos más reciban la gracia\, mayor será el agradecimiento\, para gloria de Dios. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 115\,10-11.15-16.17-18 \nR/. Te ofreceré\, Señor\, un sacrificio de alabanza \nTenía fe\, aun cuando dije:\n«¡Qué desgraciado soy!»\nYo decía en mi apuro:\n«Los hombres son unos mentirosos.» R/. \nMucho le cuesta al Señor\nla muerte de sus fieles.\nSeñor\, yo soy tu siervo\, siervo tuyo\,\nhijo de tu esclava: rompiste mis cadenas. R/. \nTe ofreceré un sacrificio de alabanza\,\ninvocando tu nombre\, Señor.\nCumpliré al Señor mis votos\nen presencia de todo el pueblo. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (5\,27-32): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído el mandamiento “no cometerás adulterio”. Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola\, ya ha sido adúltero con ella en su interior. Si tu ojo derecho te hace caer\, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer\, córtatela y tírala\, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno. Está mandado: “El que se divorcie de su mujer\, que le dé acta de repudio.” Pues yo os digo: El que se divorcie de su mujer\, excepto en caso de impureza\, la induce al adulterio\, y el que se case con la divorciada comete adulterio.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\n\n\nViernes de la X semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nEl apóstol\, discípulo misionero de Jesús\, se mueve entre la tribulación y la esperanza. En su vida y obra se prolonga el misterio de la vida\, pasión\, muerte y resurrección del maestro. Él vive su camino discipular y misionero configurándose con su Señor\, con total fe en él\, y con confiada esperanza en el cumplimiento de las promesas de Dios.\nTras una manifestación de contraste\, Pablo describe las penalidades del apóstol\, entre combates\, para revelar la razón de ser de esa tenacidad que anima al apóstol en medio de sus duras luchas: su fe en Dios\, y así lleva a la comprensión de la realidad invisible en la que él se mueve.\nSi se le pregunta por la motivación que lo impulsa a permanecer y perseverar en una misión que exige tanto y encuentra tantas dificultades\, la respuesta de Pablo es su fe. De ella brota el ímpetu del apóstol y ella lo sostiene en las dificultades de la misión.\nA la pregunta por la finalidad de tanto empeño a pesar de tan alto precio que hay que pagar para lograr lo que él se propone\, Pablo responde que su objetivo es dar a conocer la gracia de Dios\, a fin de que la gente dé gloria a Dios reconociéndose agradecida con él.\n\n2Co 4\,7-15.\nLa relación del apóstol con el «mundo» al cual se dirige su actividad puede aparecer difícil de entender a los ojos de ese mundo\, pero es muy clara para él a partir del conocimiento que tiene del misterio de Jesús. De hecho\, cuando se refiere al maestro llamándolo simplemente «Jesús»\, piensa en el hombre histórico\, incomprendido por sus contemporáneos\, pero «hijo» de Dios.\n1. Manifestación de contraste.\nLa luz de la nueva creación\, de la liberación interior y de la salvación definitiva es el «tesoro» que se contiene en seres humanos comunes y corrientes\, recipientes «de arcilla» (cf. Gn 2\,7)\, frágiles y humildes. La expresión «vasijas de barro» puede hacer alusión a la fragilidad personal de Pablo (cf. 2Cor 12\,7-10; Gal 4\,14)\, pero puede explicarse también –como ya se vio– en relación con el relato de la creación (cf. Rom 9\,21-23; 1Cor 15\,47; 1Tes 4\,4). Esto es indicio de que el contenido («esa fuerza tan extraordinaria») no procede del continente\, sino que su procedencia es de origen superior («…es de Dios»). El discípulo es como Jesús\, un hombre igual a los otros\, pero habitado por una fuerza que viene de lo alto.\n2. Penalidades del apóstol.\nEsa «fuerza tan extraordinaria» que procede de Dios (el Espíritu Santo) y que supera las leyes y las culturas\, se revela en la vida del misionero: continuamente expuesto a la muerte de Jesús\, de modo que la vida (la historia) de Jesús se replica en la vida mortal de su discípulo; oposiciones y resistencias por todas partes\, pero no logran detener el ímpetu con el que lo anima Jesús. Todas las imágenes que emplea recuerdan las diversas peripecias de un combate de gladiador en el cual el apóstol\, sin la ayuda de la gracia del Señor\, sería un indudable condenado a muerte. Con siete contrastes llega a una lapidaria declaración que lo esclarece todo: «la muerte actúa en nosotros\, la vida en ustedes». Misterio de identificación: Jesús\, que dio su vida por nosotros para darnos vida\, sigue haciéndose presente en el mundo a través de sus enviados.\n3. La fe invencible del apóstol.\nLas duras pruebas del ministerio tienen su contrapartida en la fecundidad del mismo; no se trata de dolores infructuosos\, «pues si los sufrimientos del Mesías rebosan sobre nosotros\, gracias al Mesías rebosa en proporción nuestro ánimo» (2Cor 1\,5). La misma compensación que se realiza entre el Mesías y el creyente se reproduce entre el apóstol y los cristianos.\nLa fe que configura al apóstol con el Jesús de la historia también establece su comunión con el Jesús que habita en la gloria\, de manera que la predicación\, al mismo tiempo que se realiza en las contradicciones que padeció Jesús\, también hace partícipe de «la gloria de Dios»\, por su fidelidad del Padre que lo resucitó de la muerte. Esta fe es visible por parte de los destinatarios de la buena noticia\, quienes no simplemente la admiran\, sino que –al ver la entereza con la que el apóstol afronta las oposiciones– reconocen y agradecen la obra de Dios a través del mismo.\n4. La nueva realidad.\nEl cuadro se completa con la descripción que el apóstol hace de la nueva realidad que vive. Las apariencias pueden inducir a pensar que la condición de apóstol es muy exigente y no gratificante.\nPero el discípulo misionero no se acobarda ante la magnitud de la tarea\, por difícil que ella sea. Por experiencia va comprobando que sus muchas tribulaciones van dejando en él una nueva y más profunda realidad: si exteriormente se va desgastando\, interiormente se va renovando día a día. Es decir\, en esta vida presente ya está experimentando la condición futura\, la vida nueva y definitiva (eterna) que el Espíritu\, como «arras»\, le asegura. El derrumbe del albergue terrestre\, «esta tienda de campaña» (el «cuerpo»\, la existencia mortal) no implica aniquilación alguna\, sino la adquisición de «un edificio que viene de Dios\, un albergue eterno en el cielo». Esto constituye la certeza que anima\, la esperanza que alienta (cf. 2Cor 4\,16–5\,10\, omitido).\n\nSer «apóstol» de Jesús es una realidad que impregna la vida entera y la conduce al máximo de sus posibilidades. Si las exigencias son altas\, más alta es la experiencia que se logra después de aceptar esas exigencias y de haber aceptado luchas para que la humanidad pudiera conocer el inefable y asombroso amor de Dios. Esa experiencia solo es accesible a quien se compromete a entregar la vida como Jesús para experimentar la resurrección del Señor Jesús en esta vida.\nEl amor a la humanidad que entraña esta opción se sostiene sobre la opción de fe\, que da libertad para amar y hablar en nombre de Dios\, y perdura gracias a la esperanza en alcanzar la meta que ya logró Jesús. Hay que insistir en que Pablo al presentar así la tarea apostólica se remite a Jesús en su historia terrestre\, con sus fatigas y padecimientos en su vida mortal\, y luego los refiere a la gloria de la que ahora goza\, gloria que el apóstol aspira a alcanzar realizando la obra del Señor y ofreciéndoles a otros la oportunidad de participar de la misma gloria.\nEn la celebración de la eucaristía aceptamos ese compromiso y\, viviéndolo\, comprobamos que esa vida nueva es absolutamente cierta\, que «quien nos preparó concretamente para eso fue Dios\, y como garantía nos dio el Espíritu» (2Cor 5\,5).\nFeliz viernes.
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SUMMARY:Sábado de la X semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura \nLectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5\,14-21): \nNos apremia el amor de Cristo\, al considerar que\, si uno murió por todos\, todos murieron. Cristo murió por todos\, para que los que viven ya no vivan para sí\, sino para el que murió y resucitó por ellos. Por tanto\, no valoramos a nadie según la carne. Si alguna vez juzgamos a Cristo según la carne\, ahora ya no. El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado\, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios\, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación. Es decir\, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo-\, sin pedirle cuentas de sus pecados\, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. Por eso\, nosotros actuamos como enviados de Cristo\, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no habla pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado\, para que nosotros\, unidos a él\, recibamos la justificación de Dios. \nPalabra de Dios \nSalmo \nSal 102\,1-2.3-4.8-9.11-12 \nR/. El Señor es compasivo y misericordioso \nBendice\, alma mía\, al Señor\,\ny todo mi ser a su santo nombre.\nBendice\, alma mía\, al Señor\,\ny no olvides sus beneficios. R/. \nÉl perdona todas tus culpas\ny cura todas tus enfermedades;\nél rescata tu vida de la fosa\ny te colma de gracia y de ternura. R/. \nEl Señor es compasivo y misericordioso\,\nlento a la ira y rico en clemencia;\nno está siempre acusando\nni guarda rencor perpetuo. R/. \nComo se levanta el cielo sobre la tierra\,\nse levanta su bondad sobre sus fieles;\ncomo dista el oriente del ocaso\,\nasí aleja de nosotros nuestros delitos. R/. \nEvangelio de hoy \nLectura del santo evangelio según san Mateo (5\,33-37): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus votos al Señor.” Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo\, que es el trono de Dios; ni por la tierra\, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén\, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza\, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir “sí” o “no”. Lo que pasa de ahí viene del Maligno.» \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nSábado de la X semana del Tiempo Ordinario. Año I. \nLa entereza del apóstol se funda en la promesa de Dios y en su propia experiencia del amor y la vida que le da el Espíritu del Señor. No se afirma en lo transitorio\, sino en lo definitivo. Porque esta condición terrestre es pasajera\, pero su precariedad\, incluso aunque quisiéramos retenerla\, nos permite experimentar la vida superior que nos garantiza el Espíritu Santo. Sentimos doble nostalgia: por esta condición\, que no quisiéramos perder\, y por estar con el Señor\, que es\, sin duda\, nuestro mayor anhelo. Finalmente\, a causa de la muerte inevitable\, compareceremos «ante el tribunal del Mesías»\, y su juicio misericordioso será el reconocimiento de nuestra respuesta al amor que Dios nos manifestó (cf. 2Co 4\,17-5\,10: omitido).\nEl cristiano no vive de apariencias\, no busca llamar la atención ni recibir aprobación humana. Lo que él pretende es que se sientan tranquilos respecto de él\, para que lo distingan de sus antagonistas\, que viven de apariencias (cf. 2Co 5\,11-13: omitido). \n2Cor 5\,14-21.\nQuien conoce el amor de Jesús\, que dio su vida por los suyos\, tiene como norma de vida dicho amor\, que es real e histórico\, no aparente. «Es que el amor del Mesías no nos deja escapatoria». Que el Mesías haya muerto «por todos» –es decir\, en nombre de todos–\, como representante de la humanidad entera\, significa que murió en lugar de todos\, y que –por lo tanto– todos murieron. Esa muerte tiene un significado y un valor propios: es la entrega de la vida para realizar el designio del Padre. Los que –por el bautismo– participan de la muerte del Mesías ratifican esa solidaridad con él dando el mismo testimonio de amor que él dio. En ese sentido\, «no deja escapatoria». La experiencia de ese amor no deja más alternativa que amar del mismo modo. O sea\, los que viven la nueva vida (el Espíritu) «ya no viven para sí mismos»\, no están centrados en su egoísmo\, sino que viven «para el que murió y resucitó por ellos»\, es decir\, viven a imagen de Jesús. La perífrasis «para el que murió y resucitó por ellos» –en vez del nombre de Jesús– significa que el cristiano vive para realizar un ideal\, la entrega vivificadora de su Señor\, y no para ensimismarse en una relación cerrada con él. Jesús no absorbe al creyente\, al contrario\, su Espíritu lo potencia para que salga de sí mismo y se dé a los demás como él.\nPorque el cristiano es un «hombre nuevo»\, entabla con los demás nuevas relaciones y genera una «nueva humanidad»\, que es\, a la vez\, hombre nuevo y nueva sociedad. Dejar de valorar a la gente por las apariencias («según la carne») significa ir más allá de las apariencias y valorar las personas desde la perspectiva del amor del Mesías. Pablo y muchos otros valoraron a Jesús con criterios «según la carne»\, y por eso se equivocaron con él. Ya Pablo\, y otros con él\, no lo valoran así; ese cambio de perspectiva significa haber pasado del grupo de «los hombres» a la comunidad de los seguidores de Jesús. Es que el amor del Mesías\, manifestado en la cruz\, puso a disposición de la humanidad el Espíritu\, para que el ser humano pueda romper efectivamente con el egoísmo y la injusticia («pecado») a fin de hacer presente a Dios de una forma efectiva en la sociedad humana. Así que donde hay un cristiano («si alguno está en Cristo») hay humanidad nueva\, es decir\, existe ya una nueva creatura y\, por tanto\, una nueva creación: «lo viejo ha pasado… existe algo nuevo».\nLa experiencia de ese amor descubre la certeza de que Dios\, por medio del Mesías\, inauguró una nueva alianza (nueva relación)\, tomando la iniciativa de la reconciliación\, y derrochó generosidad haciéndonos a todos capaces de hacer lo mismo por los demás. Ese término\, «reconciliación»\, podía evocar un sentido histórico preciso para los corintios. Después de que la ciudad hubo sido arrasada por Lucio Mumio en el 146 a. C. y reconstruida por Julio César en el 44 con el nombre de Colonia Iulia Corinthia\, este proclamó una «reconciliación» acogiendo de toda Grecia y del resto del Imperio gente con pasado irregular\, a la que hizo gracia de una amnistía. Pablo le aplica la imagen al Mesías\, pero indica cuánto le costó esta reconciliación a Dios. Porque Dios «estaba reconciliando el mundo consigo\, cancelando la deuda de los delitos humanos\, y depositando en nuestras manos el mensaje de la reconciliación». Por eso\, dice\, «somos embajadores del Mesías\, y es como si Dios exhortara por medio nuestro». A través de nuestro limitado amor\, podemos transmitir el Espíritu Santo y en nombre del Mesías exhortar a los hombres a dejarse reconciliar con Dios. El pronombre «nosotros» que usa Pablo se refiere a los cristianos. La comunidad es depositaria de ese carácter de «embajada» y de la respectiva exhortación. El costo que tuvo para Dios esa reconciliación consistió en que\, siendo el Mesías inocente\, sufrió las consecuencias del pecado de todos (judíos y paganos) para que nosotros (los embajadores de la reconciliación)\, por el don del Espíritu que nos obtuvo el Mesías\, llegáramos a ser justos. Dicho de otro modo\, Dios hizo al Mesías solidario con la humanidad pecadora para que los pecadores\, al adherirnos por la fe al Mesías\, nos hiciéramos solidarios con su inocencia. Esta reconciliación no es mero producto de la persuasión\, sino que es fruto de la experiencia del Espíritu Santo a través de la demostración de un amor como el de Jesús. \nEl amor de Dios\, «encarnado» por el Mesías\, se convierte para sus seguidores en apreciación de valor\, criterio de juicio y norma de vida. Ese amor es la urgencia que anima al creyente a vivir su fe. El cristiano «encarna» ese amor cuando acepta a Jesús como su ideal humano\, su sabiduría y sensatez\, su línea de conducta\, tanto en la vida personal como en su convivencia social. Valorar a las personas con el amor del Mesías\, juzgarlas con ese mismo amor y convivir con ellas a la luz de las exigencias del amor\, eso es ser cristiano\, seguidor del Mesías.\nAsí como Jesús cargó nuestro pecado (sufrió sus consecuencias) y no reaccionó con ira sino con un perdón reconciliador\, también nosotros «carguemos el pecado» de otros y prolonguemos la obra reconciliadora del Mesías. Para eso fuimos «ungidos» y «sellados» con el Espíritu Santo\, que es «prenda» de nuestra herencia. Estamos llamados a garantizarle a la humanidad del perdón de Dios a través del nuestro.\nY derivamos esa capacidad del Espíritu\, que se nos renueva cuando celebramos la eucaristía y confirmamos así nuestra adhesión al Señor.\nFeliz sábado en compañía de María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:Solemnidad de la Santísima Trinidad. Ciclo C
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de los Proverbios 8\, 22-31 \nAsí dice la sabiduría de Dios: «El Señor me estableció al principio de sus tareas\, al comienzo de sus obras antiquísimas.\nEn un tiempo remotísimo fui formada\, antes de comenzar la tierra.\nAntes de los abismos fui engendrada\, antes de los manantiales de las aguas.\nTodavía no estaban aplomados los montes\, antes de las montañas fui engendrada.\nNo había hecho aún la tierra y la hierba\, ni los primeros terrones del orbe.\nCuando colocaba los cielos\, allí estaba yo; cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo; cuando sujetaba el cielo en la altura\, y fijaba las fuentes abismales.\nCuando ponla un límite al mar\, cuyas aguas no traspasan su mandato; cuando asentaba los cimientos de la\ntierra\, yo estaba junto a él\, como aprendiz\, yo era su encanto cotidiano\, todo el tiempo jugaba en su presencia:\njugaba con la bola de la tierra\, gozaba con los hijos de los hombres.» \n\n\nSalmo\nSalmo: Sal 8\, 4-5. 6-7a. 7b-9. \nR. Señor\, dueño nuestro\, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra! \nCuando contemplo el cielo\,\nobra de tus dedos\, la luna y las estrellas que has creado\,\n¿qué es el hombre\, para que te acuerdes de él\, el ser humano\, para darle poder? R.\nLo hiciste poco inferior a los ángeles\,\nlo coronaste de gloria y dignidad\,\nle diste el mando sobre las obras de tus manos. R.\nTodo lo sometiste bajo sus pies: rebaños de ovejas y toros\, y hasta las bestias del campo\, las aves del cielo\, los peces del mar\, que trazan sendas por el mar. R. \n\n\nSegunda lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5\, 1-5 \nHermanos:\nYa que hemos recibido la justificación por la fe\, estamos en paz con Dios\, por medio de nuestro Señor Jesucristo.\nPor él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos; y nos gloriamos\, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios.\nMás aún\, hasta nos gloriamos en las tribulaciones\, sabiendo que la tribulación produce constancia\, la constancia\, virtud probada\, la virtud\, esperanza\, y la esperanza no defrauda\, porque el amor de Dios ha sido derramado en\nnuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Juan 16\, 12-15 \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros\, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él\, el Espíritu de la verdad\, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.\nÉl me glorificará\, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando.\nTodo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará. \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nSolemnidad de la Santísima Trinidad. Ciclo C.\n\nEl término español «misterio» viene del latín (mysterium) como transcripción de una palabra griega (μυστήριον)\, y corresponde a un término hebreo y arameo (רָז) que significa «secreto». Pero en la Biblia se trata de un secreto «escondido» con la intención de que fuera «revelado»; en la lengua griega\, en cambio\, se usaba para designar un «secreto» que debía ser silenciado.\nLa razón por la cual el «misterio» de Dios permanecía secreto no obedece a la intención de Dios\, sino a la incapacidad del ser humano para recibirlo. Y esta incapacidad se debe a que los secretos de Dios no son verdades abstractas\, sino verdades vitales. Es decir\, solo viviéndolos será posible conocerlos\, ya que su conocimiento es experimental\, no teórico.\nEn este ciclo litúrgico\, el misterio de la Santísima Trinidad se revela como el secreto que dinamiza la historia y permite interpretar el sentido de los acontecimientos que la jalonan.\n\nJn 16\,12-15.\nLa revelación que el Hijo hace del Padre es básica y suficiente\, pero de alcances impensados. El Espíritu Santo se encarga de guiar a los discípulos de Jesús en la comprensión de esos alcances y en el discernimiento de los diversos hechos que marcan tendencia en cada época.\n1. El mensaje de Jesús.\nJesús se identifica con el mensaje\, él es la Palabra de Dios en figura humana: «la Palabra se hizo hombre…». En él «habla» el Padre a la humanidad y manifiesta su gloria; por él infunde el Padre su amor (el Espíritu) a «toda carne». El mensaje del Padre es una persona\, un ser humano lleno del Espíritu Santo (cf. Jn 1\,14.16; 17\,2). «El que viene del cielo\, de lo que ha visto en persona y ha oído\, de eso da testimonio…» (Jn 3\,32.33). Lo que él tiene que decirle a la humanidad acerca del Padre y de su amor es «mucho». Pero la capacidad de amar de los discípulos es aún inmadura (cf. Jn 13\,7.33.36-38)\, y no pueden con las consecuencias de ese amor; podrán cuando maduren y estén dispuestos a amar «hasta el fin» (Jn 13\,1)\, entregándose como Jesús (cf. Jn 21\,15-19). No se trata de ineptitud intelectual para entender una doctrina\, es incapacidad vital para amar con la misma entrega generosa de Jesús. E eso consiste su inmadurez.\n2. La labor del Espíritu.\nLa llegada del «Espíritu de la verdad» será el impulso decisivo para ese proceso de maduración: «cuando llegue él\, el Espíritu de la verdad\, los irá guiando en la verdad toda». Obsérvese que usa el adjetivo demostrativo masculino singular «aquél» (ἐκεῖνος) para referirse al Espíritu (πνεῦμα)\, que en griego se designa con un sustantivo neutro; esto enfatiza el carácter personal del Espíritu. Al llamarlo «Espíritu de la verdad» lo relaciona con la «verdad» de Dios\, que es su amor fiel. Esa denominación hace referencia a la revelación de la gloria de Dios en Jesús\, «plenitud de amor y lealtad» (Jn 1\,14). El Espíritu\, como el «Hijo único»\, revela la «gloria» del Padre manifestando el mismo amor leal\, o fiel. Ese amor es insondable\, pero la comunidad irá comprendiendo cuáles son sus alcances porque el Espíritu siempre la mantendrá «en la verdad toda»\, pues las exigencias de Dios «comunican el Espíritu sin medida» (cf. Jn 3\,34). El Espíritu no propondrá otro mensaje distinto del de Jesús («no hablará por su cuenta»)\, reiterará la propuesta de Jesús\, es decir\, el amor (la «gloria») del Padre que Jesús reveló.\nConcretamente\, el Espíritu les comunicará a los discípulos «cada cosa que le digan». Así como él se refiere sin cesar al Padre que lo envió\, el Espíritu reenvía al Hijo\, que es «la Palabra» del Padre. Esta insistencia pone el énfasis en que el mensaje del Padre es único\, y ha sido comunicado de una vez para siempre en Jesús. El Espíritu lo enseña y lo recuerda (cf. Jn 14\,25-26).\nPero también el mensaje tiene validez permanente\, por lo que tendrá aplicación en los sucesos del futuro\, que irrumpirán como realidades nuevas de las cuales los discípulos necesitarán tanto explicación como interpretación. El Espíritu les dará discernimiento para valorar los hechos que se vayan dando y los ayudará a relacionarlos con el designio de Dios. Esto significa que el Espíritu será guía a lo largo de la historia –cuya clave de lectura es la vida\, pasión\, muerte y resurrección de Jesús– para que ellos también puedan\, como su maestro\, manifestar la gloria de Dios en favor de la humanidad\, con sus obras de renovación\, liberación y salvación.\n3. El Espíritu y Jesús.\nLa relación del Espíritu con Jesús se realiza en el testimonio que él da de Jesús para que los suyos puedan ser también sus testigos (cf. Jn 15\,26-27) y le enrostren al mundo su pecado\, la inocencia de Jesús y la condena del poder que gobierna el mundo (cf. Jn 16\,8-11). El Espíritu manifestará la gloria de Jesús en sintonía con el Padre (cf. Jn 13\,31-32) cuando les interprete los sucesos de la historia\, porque se remitirá a la historia de Jesús («tomará de lo mío») y\, en concreto\, al amor que él manifestó entregando su vida para dar vida a la humanidad. «Manifestará mi gloria» es dar la experiencia viva del amor manifestado por Jesús en su entrega y la iluminación de lo que esa entrega de Jesús exigirá en las nuevas situaciones que vivirán los discípulos en el futuro.\n4. Jesús\, el Padre y el Espíritu.\nJesús\, como heredero universal del Padre\, posee en común con él la gloria que el mismo Padre le comunicó\, es decir\, el amor leal\, o sea\, el Espíritu. El Espíritu es\, a la vez\, don del Padre a su Hijo\, y es don del Hijo a la humanidad en nombre del Padre (cf. Jn 15\,26). Por eso\, el Espíritu toma de lo de Jesús para darles a los discípulos la interpretación de la historia. Esto significa que esa interpretación de la historia se concreta en darse\, como Jesús\, para estimular y potenciar la realización del ser humano en la línea del proyecto del Padre\, es decir\, ayudar a cada ser humano a convertirse en hijo de Dios según el modelo realizado en Jesús.\n\nEl misterio de la Santísima Trinidad es una experiencia de vida que se da en el seguimiento de Jesús con la fuerza interior del Espíritu Santo para realizar en sí mismo el ideal de hijo de Dios. La misión se deriva de esa experiencia\, y consiste en conducir a la humanidad del mundo al reino de Dios para que disfrute de la plenitud de la vida que está en el Padre. La condición para vivir y transmitir esa experiencia es la aceptación íntegra de Jesús\, el Hijo lleno del Espíritu\, es decir\, el Hombre-Dios. No se puede separar a Jesús del Padre y del Espíritu para reducirlo a una mera figura histórica\, un hombre extraordinario y ejemplar\, cuya vida resulta simplemente inspiradora. Tampoco se lo puede desvincular de su historia y ensalzarlo en una condición gloriosa desligada de su realidad humana\, como un ideal desencarnado y anodino\, ajeno a todo compromiso social.\nLa comunión eucarística nos presenta un signo material y nos refiere a una experiencia espiritual. La comunión con el Hijo nos hace hijos del Padre y templos del Espíritu\, y esta presencia de la Santísima Trinidad en nosotros nos compromete a transformar el mundo en reino de Dios.\n¡Feliz día del Señor!
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SUMMARY:Lunes de la XI semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios (6\,1-10): \nSecundando su obra\, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios\, porque él dice: «En tiempo favorable te escuché\, en día de salvación vine en tu ayuda»; pues mirad\, ahora es tiempo favorable\, ahora es día de salvación. Para no poner en ridículo nuestro ministerio\, nunca damos a nadie motivo de escándalo; al contrario\, continuamente damos prueba de que somos ministros de Dios con lo mucho que pasamos: luchas\, infortunios\, apuros\, golpes\, cárceles\, motines\, fatigas\, noches sin dormir y días sin comer; procedemos con limpieza\, saber\, paciencia y amabilidad\, con dones del Espíritu y amor sincero\, llevando la palabra de la verdad y la fuerza de Dios. Con la derecha y con la izquierda empuñamos las armas de la justicia\, a través de honra y afrenta\, de mala y buena fama. Somos los impostores que dicen la verdad\, los desconocidos conocidos de sobra\, los moribundos que están bien vivos\, los penados nunca ajusticiados\, los afligidos siempre alegres\, los pobretones que enriquecen a muchos\, los necesitados que todo lo poseen. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 97\,1.2-3ab.3cd-4 \nR/. El Señor da a conocer su victoria \nCantad al Señor un cántico nuevo\,\nporque ha hecho maravillas:\nsu diestra le ha dado la victoria\,\nsu santo brazo. R/. \nEl Señor da a conocer su victoria\,\nrevela a las naciones su justicia:\nse acordó de su misericordia y su fidelidad\nen favor de la casa de Israel. R/. \nLos confines de la tierra han contemplado\nla victoria de nuestro Dios.\nAclamad al Señor\, tierra entera;\ngritad\, vitoread\, tocad. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (5\,38-42): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo\, diente por diente”. Yo\, en cambio\, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario\, si uno te abofetea en la mejilla derecha\, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica\, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla\, acompáñale dos; a quien te pide\, dale\, y al que te pide prestado\, no lo rehuyas.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nLunes de la XI semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nPablo tuvo en Tróade una visión que le pedía pasar a Europa a evangelizar (cf. Hch 16\,8-11)\, de Tróade partió a Macedona sin pasar por Corinto (cf. Hch 20\,1.5)\, y obtuvo un éxito tan notorio que le da gracias a Dios por ello. Presenta la evangelización como un culto de agradable aroma («incienso») que diferencia a los que la acogen de los que la rechazan («los que se salvan y los que se pierden»): los que se pierden huelen a muerte; los que se salvan\, a vida.\nDespués de haber explicado la nueva relación (o «alianza») con Dios\, propuesta por su Hijo Jesús y realizada en el Espíritu Santo y no en un código escrito\, como la antigua alianza\, y de exponer la misión del apóstol en función de esta nueva relación\, Pablo presentó las características del apostolado en función del mensaje\, que\, ante todo\, es un servicio de reconciliación con Dios y entre los seres humanos. El apóstol ha de ser honrado y humilde\, decidido y lleno de fe\, sin temor y con esperanza\, y desentendido de las apariencias\, porque es una creatura nueva que va al mundo con la misión de promover la creación de una nueva humanidad. Se considera y se presenta como un colaborador de Dios.\n\n2Cor 6\,1-10.\nAl apóstol y a todos los destinatarios del mensaje les corresponde abrirse a la propuesta de Dios y secundar su obra. Pablo cita Is 49\,8 y\, apoyándose en ese texto\, invita a los corintios para que aprovechen esta magnífica oportunidad. El «tiempo favorable»\, el «día de la salvación» es ese período inaugurado por la resurrección del Señor; en él está la oportunidad para la conversión de los judíos y los paganos. Ahora es ese tiempo.\n\nLo que acredita el servicio e impide el descrédito del mensaje es la conducta del apóstol (cf. 2Cor 8\,21). En especial\, su actitud de entrega a prueba de penalidades. La prueba de que el apóstol es servidor de Dios está en su capacidad de aguante por el anuncio del mensaje. Dios «capacita» al apóstol (cf. 2Cor 3\,5) y este\, con su desempeño\, «acredita» el ministerio. Esto lo explica Pablo con un notable despliegue retórico. Primero hace uso de la enumeración de penalidades (vv. 4-6a) y de respuestas (vv. 6b-7a)\, luego\, recurre a polaridades (vv. 7b-8a) y\, finalmente\, a paradojas (vv. 8b-10).\nEnumera nueve penalidades (tres por tres) con las que se acredita a fuerza de aguante («luchas\, infortunios\, angustias\, golpes\, cárceles\, motines\, fatigas\, noches sin dormir y días sin comer»). La enumeración de penalidades hecha en los vv. 4-5 recuerda otra más breve\, más poética\, pero menos precisa (cf. 2Cor 11\,23-27). A estas penalidades responde con un procedimiento basado en calidades humanas («limpieza\, saber\, paciencia y amabilidad»)\, y en calidades cristianas («dones del Espíritu\, amor sincero y mensaje de Dios»): siete en total (cuatro y tres).\nEsas penalidades no suprimen la humanidad del apóstol. Contrapone los usos convencionales a tres actitudes del apóstol. Sea para atacar como para defenderse\, solo se permite «las armas de la justicia»\, o «de la honestidad» (cf. Ef 6\,13-17); se trata de ser coherente. La expresión «con las armas de la justicia a diestra y siniestra» indica que su coherencia radica en que jamás se pone en el mismo plano negativo del agresor\, no responde a la bajeza con bajeza\, sino con altura. Sabe transitar «entre la honra y la afrenta»\, porque no depende de la valoración de los demás\, y su prioridad no reside en congraciarse con «los hombres» (cf. Gal 1\,10). Y no le preocupan «la buena o la mala fama»\, ya que ni siquiera él mismo se juzga\, el juicio se lo deja al Señor (cf. 1Cor 4\,3-4). El apóstol no permite que ese descrédito lo toque\, porque tiene claro que el juicio de Dios es de salvación y no de condenación\, y prefiere atenerse al juicio que Dios emita sobre él en vez de afligirse con los injustos juicios humanos de condena.\nPor último\, se vale de seis paradojas\, dando a entender con la cantidad el carácter incompleto de la lista\, y –con las paradojas en sí– las dos diferentes ópticas: la de los causantes de las penalidades que padece el apóstol\, y la del apóstol mismo. Ironiza contraponiendo la valoración que hace la sociedad injusta con la realidad que él vive. El perseguidor crea una falsa imagen del perseguido para justificar su persecución ante sus propios ojos y ante el resto del mundo. «Impostores que dicen la verdad»: El sistemático descrédito del apóstol delata la mentira que el perseguidor quiere tapar; por eso acusan de impostor al apóstol\, pretendiendo descalificar el mensaje desacreditando al mensajero. «Desconocidos conocidos de sobra»: Pretender ignorar al apóstol\, prohibir que se pronuncie su nombre o se publiquen sus ejecutorias es otro vano intento de desaparecerlo de la escena pública. «Moribundos que están bien vivos»: Sea que se trate de la «muerte civil» o incluso de la muerte física\, el apóstol se siente en el cortejo triunfador del Mesías (cf. 2Cor 2\,14)\, fuera del alcance de la muerte. «Penados nunca ajusticiados»: La condena que del apóstol hacen a cada rato sus enemigos nunca logra su cometido\, porque su inocencia radica en su conducta\, y esta se resiste a las calumnias y maledicencias. «Afligidos siempre alegres»: Se supone que la tribulación aflige al apóstol y lo arrastra a la depresión y a la desdicha\, pero él conoce una dicha que supera la aflicción\, y en su vida se manifiesta la alegría del resucitado. «Pobres que enriquecen a muchos». Tanto en su sentido material como en el espiritual\, el apóstol ha optado por la pobreza siguiendo la invitación de Jesús\, y esa pobreza ha generado la abundancia; y precisamente por ser pobre es libre y generoso\, y esa libertad solidaria enriquece vidas. «Indigentes que todo lo poseen». Como excluido de la sociedad\, el apóstol aparece como un marginado de sus «beneficios»\, cuando –en realidad– él se ha «salido» de ese «mundo» de vanidades y no le hacen falta\, porque lo tiene todo en su comunidad. Y así podría continuar la lista de paradojas.\n\nLa misión apostólica exige la grandeza de alma que resplandece en Jesús. La mezquindad y las injusticias no se afrontan en el terreno en el que ellas se mueven\, sino desde otro plano\, para ser verdadera alternativa a esos deplorables flagelos que afligen a la humanidad. De hecho\, el apóstol se acredita exhibiendo una superior capacidad de aguante frente a la incomprensión y a los malos tratos\, sin que eso signifique renunciar a su dignidad de enviado de Dios; al contrario\, se acredita como tal imitando la conducta de Jesús y mostrándose dispuesto a dar testimonio del mensaje incluso al precio de su honra y –llegado el caso– de su vida.\nEn la eucaristía encuentra el discípulo misionero la fuerza del Espíritu de Jesús\, que a un mismo tiempo le hace experimentar la solidaridad de Jesús con él y la fidelidad de él a Jesús.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la XI semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (8\,1-9): \nQueremos que conozcáis\, hermanos\, la gracia que Dios ha dado a las Iglesias de Macedonia: En las pruebas y desgracias creció su alegría; y su pobreza extrema se desbordó en un derroche de generosidad. Con todas sus fuerzas y aún por encima de sus fuerzas\, os lo aseguro\, con toda espontaneidad e insistencia nos pidieron como un favor que aceptara su aportación en la colecta a favor de los santos. Y dieron más de lo que esperábamos: se dieron a sí mismos\, primero al Señor y luego\, como Dios quería\, también a nosotros. En vista de eso\, como fue Tito quien empezó la cosa\, le hemos pedido que dé el último toque entre vosotros a esta obra de caridad. Ya que sobresalís en todo: en la fe\, en la palabra\, en el conocimiento\, en el empeño y en el cariño que nos tenéis\, distinguíos también ahora por vuestra generosidad. No es que os lo mande; os hablo del empeño que ponen otros para comprobar si vuestro amor es genuino. Porque ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor Jesucristo: siendo rico\, se hizo pobre por vosotros\, para enriqueceros con su pobreza. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 145\,2.5-6.7.8-9a \nR/. Alaba\, alma mía\, al Señor \nDichoso a quien auxilia el Dios de Jacob\,\nel que espera en el Señor\, su Dios\,\nque hizo el cielo y la tierra\,\nel mar y cuanto hay en él;\nque mantiene su fidelidad perpetuamente. R/. \nQue hace justicia a los oprimidos\,\nque da pan a los hambrientos.\nEl Señor liberta a los cautivos. R/. \nEl Señor abre los ojos al ciego\,\nel Señor endereza a los que ya se doblan\,\nel Señor ama a los justos.\nEl Señor guarda a los peregrinos. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (5\,43-48): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Yo\, en cambio\, os digo: Amad a vuestros enemigos\, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo\, que hace salir su sol sobre malos y buenos\, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque\, si amáis a los que os aman\, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos\, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto\, sed perfectos\, como vuestro Padre celestial es perfecto.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nMartes de la XI semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nEl texto de 6\,11-7\,1 parece contener un fragmento de un escrito anterior a 1Cor. Contiene dos partes: 6\,11-13\, que continúa el tema anterior\, en donde Pablo declara que nada les oculta a los corintios (en relación con el hecho de haber diferido el viaje a Corinto)\, y 6\,14-7\,1\, que habla de la «santidad» de la comunidad como templo de Dios. Es posible que esta parte sea un fragmento de otra carta anterior (cf. la referencia de 1Cor 5\,9). Aquí se refiere al diablo con el nombre griego de Βελιάρ\, que corresponde al hebreo בְּלִיַּעַל\, y que significa «vale nada»\, vacío por antonomasia.\nEl texto siguiente\, también omitido por el leccionario (7\,2-16)\, exterioriza la alegría de Pablo tras su encuentro con Tito después de que este llevara la carta y la comunidad manifestara su amor por Pablo y la añoranza que sentían\, además de la tristeza por el malestar que había. La iglesia le había demostrado que no era cómplice del agravio que le habían inferido\, y Pablo declara que el mismo Tito se siente feliz\, dado que la comunidad no fue inferior a los elogios que Pablo le hizo de ella. El asunto\, pues\, se declara cancelado a satisfacción de ambas partes.\n\n2Cor 8\,1-9.\nLlegamos al capítulo 8\, que se refiere a una colecta de la cual tuvimos noticia cuando meditamos Hch. Se refiere concretamente a «las iglesias de Macedonia»\, que siempre han dado pruebas de generosidad (cf. 2Cor 9\,1-5; 11\,7-9; Fil 4\,10-18). En tanto que Pablo se rehusó a recibir ayuda de los corintios\, la aceptó de los macedonios (cf. 2Cor 8\,3). Sin mencionar jamás la palabra «dinero» o sus sinónimos\, Pablo adelanta entre cristianos de origen pagano una obra de solidaridad a favor de la iglesia de Jerusalén.\nComienza presentándola como un «favor de Dios»\, manifestando así que toda iniciativa de amor es inspirada por el Espíritu Santo. El hecho no mencionar el dinero\, ni cuantificarlo\, le permite llamar la atención sobre las personas y sus actitudes\, y sobre el significado de la colecta como un don de Dios secundado por creyentes con determinadas características.\nPropone a consideración de todos la generosidad de los macedonios –pobres y en dificultades– como algo digno de admiración\, elogio e imitación\, con estos rasgos:\n• Generosidad sobreabundante\, en contraste con su visible pobreza. No están dando sobrantes\, sino desde su escasez\, lo que supone desprendimiento por solidaridad con el otro pobre. En esa generosidad descubre Pablo la presencia y la actuación del Espíritu Santo («favor de Dios»).\n• Generosidad espontánea: «pidieron con mucha insistencia el favor de poder contribuir». Dicha insistencia supone la reticencia de Pablo y de sus colaboradores\, como dispensándolos de tomar parte\, en consideración de su «extrema pobreza»\, sin tener en cuenta las comunidades mismas.\n• Generosidad alegre y desbordante. No es lo mismo dar\, o dar de mala gana\, que dar con alegría. La alegre generosidad de los macedonios supone un amor igualmente desbordante\, y sobre todo una libertad extraordinaria. El que es desprendido puede ser generoso porque es libre de apegos.\nEsa exuberancia de generosidad entre los pobres mueve a Pablo a organizar la colecta entre los corintios\, que –como anota más adelante– tienen «abundancia de todo»\, lo que permite suponer que su donativo será también abundante. Y\, en función de la transparencia\, toma dos medidas de carácter administrativo:\n• Designa a Tito\, como responsable general. La idea de la colecta fue de la iglesia de Corinto (cf. 2Cor 8\,10). Estimulándola con el ejemplo de la de Macedonia\, Pablo se adelanta a nombrar un administrador de esa «obra de caridad». Más que de administrar dinero\, se trata de darle «el último toque»\, en lo operativo\, a una iniciativa de amor\, para darle total efectividad.\n• Dos compañeros más (cf. 8\,18.22). Uno de ellos «se ha hecho célebre en todas las comunidades anunciando la buena noticia»; por tanto\, un evangelizador. El otro es de comprobada diligencia «en muchos asuntos\, y ahora muestra mucha más»\, por lo mucho que se fía de los corintios. Los dos compañeros permanecen en el anonimato\, pese a lo destacados que son.\nPara motivar la colecta\, exhorta a la comunidad de Corinto para que sea generosa:\n• Tienen abundancia para dar. A diferencia de los cristianos de Macedonia\, los corintios «tienen abundancia de todo». De manera sorprendente\, Pablo enumera cinco bienes de la comunidad\, y ninguno de ellos es económico\, todos espirituales. Pero ellos estimulan la generosidad para dar.\n• Han de actuar con libertad. La solidaridad que nace del amor ni es una obligación impuesta\, ni es una competencia de egos entre comunidades. Pablo adujo el ejemplo de los macedonios para que los corintios recuerden que la generosidad sin límites es característica del auténtico cristiano.\nEl modelo del cristiano y de su comunidad es el Señor Jesús Mesías (tres nombres): «siendo rico\, se hizo pobre…». Esta formulación recuerda la primera bienaventuranza (cf. Mt 5\,3)\, que asegura la abundancia en vez de condenar a la escasez («…para enriquecerlos con su pobreza»).\n• «Señor» es el título que afirma su libertad. Él es totalmente libre porque es desapegado\, y puede así ser dadivoso\, hasta el punto de darse a sí mismo sin temor alguno. El señorío de que disfruta lo hace desprendido incluso de su propia vida\, la cual entrega para enriquecer la vida de otros.\n• «Jesús» es su nombre propio\, que significa «el Señor salva»\, es decir\, da vida. Y esto vale tanto para él como para sus seguidores. En lugar de perder la vida porque la entrega\, la lleva hasta su plenitud\, es decir\, la salva. Jesús infunde el Espíritu Santo y capacita a los suyos para transmitirlo.\n• «Mesías» es el título que afirma su misión. Él es el «ungido» de Dios y el enviado a anunciar el reinado de Dios a los hombres e implantar su reino en la tierra. Esta categoría suya repercute en la convivencia social\, y nuevamente remite a las bienaventuranzas (cf. Mt 5\,3.10).\nEs pertinente destacar que Pablo apela al amor que los corintios le tienen para pedirles un favor para otros\, no para sí mismo (cf. v. 7).\n\nMuy oportuna esta exhortación para comprender mejor el sentido de las colectas en las iglesias y\, en general\, el sentido de los bienes de las mismas. En primer lugar\, se trata de experimentar la dicha de las bienaventuranzas (cf. Hch 20\,35) y no de comprar el favor de Dios\, supuestamente comprometiéndolo a ser recíproco con esplendidez (dar para que él retribuya más). En segundo lugar\, dar está al alcance de todos\, porque no depende los recursos de que se dispone\, sino de la generosidad que se cultiva. En tercer lugar\, las colectas se administran con transparencia\, para lo cual es necesario que haya organización y administración. En cuarto lugar\, las colectas no han de ser obligadas (por temor\, halago o engaño) sino espontáneas\, fruto de la generosidad. Y\, por último\, el modelo para dar es «el Señor Jesús Mesías»\, que se dio a sí mismo y nada se reservó.\nEn la eucaristía conmemoramos este don y\, al comulgar\, nos comprometemos a hacerlo propio.\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la XI semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (9\,6-11): \nEl que siembra tacañamente\, tacañamente cosechará; el que siembra generosamente\, generosamente cosechará. Cada uno dé como haya decidido su conciencia: no a disgusto ni por compromiso; porque al que da de buena gana lo ama Dios. Tiene Dios poder para colmaros de toda clase de favores\, de modo que\, teniendo siempre lo suficiente\, os sobre para obras buenas. Como dice la Escritura: «Reparte limosna a los pobres\, su justicia es constante\, sin falta.» El que proporciona semilla para sembrar y pan para comer os proporcionará y aumentará la semilla\, y multiplicará la cosecha de vuestra justicia. Siempre seréis ricos para ser generosos\, y así\, por medio nuestro\, se dará gracias a Dios. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 111\,1-2.3-4.9 \nR/. Dichoso quien teme al Señor \nDichoso quien teme al Señor\ny ama de corazón sus mandatos.\nSu linaje será poderoso en la tierra\,\nla descendencia del justo será bendita. R/. \nEn su casa habrá riquezas y abundancia\,\nsu caridad es constante\, sin falta.\nEn las tinieblas brilla como una luz\nel que es justo\, clemente y compasivo. R/. \nReparte limosna a los pobres;\nsu caridad es constante\, sin falta\,\ny alzará la frente con dignidad. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (6\,1-6.16-18): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario\, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto\, cuando hagas limosna\, no vayas tocando la trompeta por delante\, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles\, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú\, en cambio\, cuando hagas limosna\, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto\, y tu Padre\, que ve en lo secreto\, te lo pagará. Cuando recéis\, no seáis como los hipócritas\, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas\, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú\, cuando vayas a rezar\, entra en tu aposento\, cierra la puerta y reza a tu Padre\, que está en lo escondido\, y tu Padre\, que ve en lo escondido\, te lo pagará. Cuando ayunéis\, no andéis cabizbajos\, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú\, en cambio\, cuando ayunes\, perfúmate la cabeza y lávate la cara\, para que tu ayuno lo note\, no la gente\, sino tu Padre\, que está en lo escondido; y tu Padre\, que ve en lo escondido\, te recompensará.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMiércoles de la XI semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nTodavía refiriéndose a la colecta\, Pablo insiste en que se haga bien\, con entera libertad\, que es la base de la generosidad\, sin que nadie se sienta forzado a lo imposible. Criterio importante: no se trata de despojar a unos para favorecer a otros\, sino de procurar la igualdad; quien quiera crear la igualdad\, entenderá que ella promueve la solidaridad\, que es la que mueve al pueblo que hace el camino del éxodo fuera del mundo (sentido de la cita de Ex 16\,18). La transparencia de dicha colecta se garantiza: por Tito\, que es de absoluta confianza para Pablo y para la comunidad de Corinto\, por un reconocido evangelizador designado por las comunidades como compañero de Pablo\, y por otro hermano de comprobada diligencia y que confía en los corintios. Hay motivos de sobra para esperar la pulcra administración de la colecta (8\,10-24: texto omitido).\n\n2Cor 9\,6-11.\nVuelve el asunto de la colecta. Se ve claro que este capítulo se refiere a algo hablado antes (v. 1)\, desde hace\, por lo menos\, un año (v. 2). El hecho de que reitere ideas propuestas en el capítulo anterior y que se refiera a la misma colecta pone a pensar que se trata de un escrito diferente y posterior\, colocado aquí por su similitud temática con el precedente\, antes de la que el apóstol llama la carta «de las lágrimas» (2Cor 10–13)\, aunque es posible que estuviera dirigido a las iglesias de Acaya (v. 2). Algunos advierten cierto acento cáustico en los vv. 1-7\, ausente en 8\,1-24.\nAhora los macedonios están enterados de que en Grecia también se está haciendo esa colecta a favor de los otros cristianos («consagrados» o «santos») que están en Jerusalén. Y Pablo incita la emulación entre unos y otros. Puesto que él les había manifestado a los macedonios su confianza en la generosidad de los corintios\, quiere asegurarse de no defraudar a los macedonios. Por tanto\, decidió que se le adelantaran los tres encargados de la organización y administración de la colecta (Tito y los otros dos\, el evangelizador y el administrador) para que les ayuden en los preparativos. Al parecer\, habrá un momento en el que se hará entrega pública y oficial del producido de dicha colecta\, y Pablo quiere que los corintios les causen la mejor impresión a los macedonios dándoles una demostración de espontánea generosidad\, no la de una colecta precipitada y de última hora\, como a regañadientes (cf. vv. 3-5).\nDado que la iglesia de Corinto conocía el Antiguo Testamento (versión griega: LXX)\, Pablo se vale del mismo para fundamentar los argumentos de su exhortación. Al estilo de los rabinos\, cita tres textos que se supone son suficientes para darle peso concluyente a las razones que lo inducen a ser generosos con espontaneidad y alegría («dos o tres testigos»: cf. Dt 19\,15).\n1. La generosidad obtiene mayor generosidad. Prv 11\,24 LXX: «A siembra mezquina\, cosecha mezquina; a siembra generosa\, cosecha generosa»). En hebreo dice: «Hay quien regala y aumenta su haber\, quien no paga lo que debe y empobrece». Los siguientes proverbios en el texto hebreo abundan en la misma idea: «El ánimo generoso prospera\, el que riega también recibirá riego. Al que acapara el grano lo maldice la gente\, al que lo vende lo cubren bendiciones» (Prv 11\,25-26).\n2. La libertad cosecha el beneplácito de Dios. Prv 22\,8 LXX: «Dios se lo agradece al que da de buena gana»). En hebreo (Pv 22\,9) dice: «el generoso será bendecido porque repartió su pan con el pobre». La solidaridad obligada es\, en la práctica\, extorsión; la auténtica raíz de la solidaridad es la libertad\, porque el amor no puede ser tal si es obligado. Esto ya la había expuesto Pablo en ocasión anterior\, donde propuso a Jesús como modelo de libertad (cf. 2Cor 8\,9-12).\n3. Dios recompensa al que comparte lo suyo. Sal 111/112\,9: «Reparte limosna a los pobres\, su limosna es constante\, sin falta». En hebreo dice: «Ha repartido\, ha dado a los pobres\, su limosna [o «su justicia»] permanece a perpetuidad». Dios les dará para que sigan dando. En todo lo que ha expuesto hasta aquí\, se aprecia un eco de la quinta bienaventuranza («dichosos los que prestan ayuda\, porque esos van a recibir ayuda [de parte de Dios]»: Mt 5\,7).\nPor último\, comenta –también al estilo rabínico– el versículo citado del salmo 112 con alusiones a dos textos proféticos: «…para que dé semilla al sembrador y pan para comer» (Is 55\,10)\, con el cual les asegura que Dios «hará crecer su sementera y multiplicará la cosecha de su limosna» (cf. 2Cor 9\,10); y «siembren para ustedes mismos con miras a la justicia\, cosechen con miras al fruto de la vida» (Os 10\,12 LXX)\, con el anuncio de que «serán ricos de todo para ser generosos en todo». De ahí toma pie para hacer\, finalmente\, una motivación de neto cuño cristiano.\n4. La caridad con los hermanos glorifica a Dios. Este gesto de solidaridad es fidelidad a la buena noticia que no solo suple necesidades económicas\, sino que provoca la gratitud hacia Dios que inspira tanto amor por el anuncio de la buena noticia del Mesías\, y une fraternalmente todas las comunidades. La acción de gracias de la que habla es correlativa con la bendición: Dios bendice dando vida\, y el ser humano le da gracias. Sin embargo\, hay que notar que aquí Pablo se refiere a una bendición que toma forma de generosidad y que pasa por manos humanas\, y así es como provoca la acción de gracias. Y esta afirmación remite de nuevo a las bienaventuranzas.\n\nEsta exhortación sigue iluminando las colectas que se hagan en todas las iglesias. El mensaje de las bienaventuranzas\, explicado detalladamente en el «sermón del monte»\, está en la entraña de este tipo de actividad\, que rebasa con mucho sus manifestaciones y repercusiones económicas.\nLa metáfora de la «siembra» no se entiende en el sentido de una «inversión» de alto rendimiento\, como si la generosidad fuera económicamente rentable. Sería ilegítimo incitar la codicia humana con supuestas promesas divinas de prosperidad económica a cambio de la dadivosidad que tiene por objeto enriquecer a una persona o una institución. El apóstol habla de la generosidad que se traduce en solidaridad con los pobres\, que es el contenido de la primera bienaventuranza.\nY no se trata simplemente de recaudar recursos aquí para enviarlos allá. Se trata de compartir los bienes\, como la cosa más natural del mundo\, con generosidad y desprendimiento que son signo de desapego y de libertad interior. Se trata de manifestar que el valor de las personas excede con creces el valor de las cosas\, y que\, por eso\, las cosas se subordinan a las personas. Se trata\, en fin\, de dejarse llevar por el Espíritu de Dios para perfeccionar cada vez más nuestra configuración con «el Señor Jesús Mesías»\, y manifestar así cada vez mejor nuestra condición de hijos de Dios. Es decir\, el objetivo final de esta actitud es el anuncio del reinado de Dios y la construcción de su reino\, no la construcción de un emporio ni el triunfo de un sistema económico individualista.\nEl pan de la eucaristía es partido y repartido para ser compartido. Aceptar ese pan es comulgar con «el Señor Jesús Mesías» y comprometerse a vivir el espíritu de las bienaventuranzas.\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Jueves de la XI semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (11\,1-11): \nOjalá me toleraseis unos cuantos desvaríos; bueno\, ya sé que me los toleráis. Tengo celos de vosotros\, los celos de Dios; quise desposaros con un solo marido\, presentándoos a Cristo como una virgen intacta. Pero me temo que\, igual que la serpiente sedujo a Eva con su astucia\, se pervierta vuestro modo de pensar y abandone la entrega y fidelidad a Cristo. Se presenta cualquiera predicando un Jesús diferente del que yo predico\, os propone un espíritu diferente del que recibisteis\, y un Evangelio diferente del que aceptasteis\, y lo toleráis tan tranquilos. ¿En qué soy yo menos que esos superapóstoles? En el hablar soy inculto\, de acuerdo; pero en el saber no\, como os lo he demostrado siempre y en todo. ¿Hice mal en abajarme para elevaros a vosotros? Lo digo porque os anuncié de balde el Evangelio de Dios. Para estar a vuestro servicio\, tuve que saquear a otras Iglesias\, aceptando un subsidio; mientras estuve con vosotros\, aunque pasara necesidad\, no me aproveché de nadie; los hermanos que llegaron de Macedonia proveyeron a mis necesidades. Mi norma fue y seguirá siendo no seros gravoso en nada. Lo digo con la verdad de Cristo que poseo; nadie en toda Acaya me quitará esta honra. ¿Por qué?\, ¿porque no os quiero? Bien lo sabe Dios. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 110\,1-2.3-4.7-8 \nR/. Justicia y verdad son las obras de tus manos\, Señor \nDoy gracias al Señor de todo corazón\,\nen compañía de los rectos\, en la asamblea.\nGrandes son las obras del Señor\,\ndignas de estudio para los que las aman. R/. \nEsplendor y belleza son su obra\,\nsu generosidad dura por siempre;\nha hecho maravillas memorables\,\nel Señor es piadoso y clemente. R/. \nJusticia y verdad son las obras de sus manos\,\ntodos sus preceptos merecen confianza:\nson estables para siempre jamás\,\nse han de cumplir con verdad y rectitud. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (6\,7-15): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis\, no uséis muchas palabras\, como los gentiles\, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos\, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que lo pidáis. Vosotros rezad así: “Padre nuestro del cielo\, santificado sea tu nombre\, venga tu reino\, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo\, danos hoy el pan nuestro de cada día\, perdónanos nuestras ofensas\, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido\, no nos dejes caer en la tentación\, sino líbranos del Maligno.” Porque si perdonáis a los demás sus culpas\, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás\, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nJueves de la XI semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nEntre los capítulos 10–13 está la que los especialistas identifican con la carta que Pablo dice haber escrito «con muchas lágrimas» (2Cor 2\,4)\, de la cual Tito fue el portador\, y que produjo tan buenos frutos de reconciliación. El leccionario omite el capítulo 10\, en donde Pablo se defiende de las acusaciones personales y de las descalificaciones como apóstol. Lo acusan de valiente a distancia y cobarde en presencia; explica que él no se deja llevar por el impulso\, y que su lucha tiene por objetivo derribar lo que se opone a Dios para subordinarlo a Cristo; lo acusan de abuso de autoridad\, y aclara que su autoridad es para construir\, no para destruir; finalmente\, lo acusan de igualarse con los super apóstoles\, y aprovecha para declarar cuáles son las motivaciones de su apostolado.\nPablo les reprocha quedarse en las apariencias. Alguno reclama en exclusiva para sí el nombre de «cristiano» (Χριστοῦεἶναι: «ser de Cristo»\, ser cristiano); Pablo le pide tener en cuenta que él es «tan de Cristo como lo es él». Quizá se refiera aquí a los que reclamaban la pertenencia a Cristo como exclusividad de su partido (cf. 1Cor 1\,12). Otro presume de ser mejor que los demás\, cosa que a Pablo le parece una locura\, pero él dice atenerse a la medida que le asignó Dios\, que consiste en no evangelizar donde otros ya lo han hecho.\nEn el capítulo 11 recurre al sarcasmo pidiendo que le aguanten «unos cuantos disparates».\n\n2Cor 11\,1-11.\nComparando a la iglesia de Corinto con una virgen intacta presentada al Mesías –imagen de los profetas del AT y del mismo Pablo (cf. Ef 5\,27)–\, asume el papel del guardián encargado de custodiar a la virgen para su prometido esposo\, y declara que él siente los celos de Dios porque esa iglesia\, como Eva\, se está dejando seducir por «la serpiente» (el oráculo del falso profeta)\, lo cual conducirá a sus miembros a pervertir su modo de pensar y a abandonar la entrega y la fidelidad al Mesías. Pablo sintetiza así el asunto: el mensaje del falso profeta («la serpiente») les pervierte el «modo de pensar» la fe; esta perversión los conduce a la apostasía (abandonar la entrega y la fidelidad al Mesías). Enumera tres formas de dicha perversión:\n1. Un Jesús diferente. El Mesías sin cruz (cf. Gal 3\,1-4). Los falsos profetas proponen con su vida y su doctrina una imagen distorsionada de Jesús\, contraria a la imagen que Pablo les dio con su testimonio y con su mensaje («diferente del que yo prediqué»). Como sugiere adelante\, él no se presentó como un retórico –con discursos elaborados– sino servicial y desinteresado (cf. 2Cor 11\,7-8). Por contraste\, sus antagonistas son codiciosos charlatanes.\n2. Un Espíritu diferente. El del paganismo (cf. 1Cor 12\,1-3). Por sus antecedentes paganos\, a los corintios los agradaban las manifestaciones espectaculares de «fenómenos espirituales» (cf. 1Cor 12\,1-2). Pablo les recuerda que el Espíritu Santo no reniega del Jesús histórico\, sino que lo reconoce en el Señor glorificado (cf. 1Cor 12\,3). Los falsos profetas parecen proponer un Espíritu ajeno a la historia de Jesús y cercano a sus intereses mezquinos.\n3. Un Evangelio diferente. Descartado por Pablo (cf. Ga 1\,7-9)\, ese «evangelio diferente» se resume en mezclar la buena noticia con la Ley o –en el peor de los casos– subordinarla a ella. Aducir el origen étnico\, en evidente contradicción con el amor universal de Dios anunciado por Jesús\, o presumir de ser servidores del Mesías cuando\, en realidad\, dominan\, explotan y engañan a la gente\, es una censurable adulteración de la buena noticia de Jesús.\nLo que Pablo les reprocha a los corintios es el hecho de que aguanten tranquilamente lo que hacen esos impostores y que se hagan cómplices de sus engaños y turbios manejos. Pablo los llama «super apóstoles»\, y con eso refleja bien los aires de superioridad con los que llegaban a las comunidades evangelizadas por otro a hacerse servir y a servirse de la gente utilizando el nombre del Mesías\, alegando respaldo del Espíritu Santo y proponiendo un evangelio que se acomodaba a sus pretensiones de superioridad.\nEsos falsos profetas alardean de ser más que Pablo dos razones: porque este no se preocupa por la retórica (hablar y orar bonito) sino por la fidelidad al mensaje\, y porque Pablo trabaja humilde y gratuitamente\, sin reclamar dinero\, incluso al precio de aceptar subsidios de otras comunidades\, precisamente para dejar claro que le interesaban solo las personas. Reconoce\, pues\, que él entrega el mensaje sin preocuparse mucho de la retórica efectista («en el hablar seré inculto\, de acuerdo»)\, pero afirma tajantemente que su mensaje refleja la ciencia de Dios («pero en el saber no»)\, ya que él transmite la revelación que recibió del Señor\, y no saberes humanos. Y\, para «demostrar» que su saber es superior\, Pablo se remite a su testimonio\, no a una autoridad intelectual («se los he demostrado siempre y en todo»)\, como acostumbraba Jesús\, que remitía a sus obras para confirmar que su mensaje provenía de Dios. Esas son sus pruebas del amor desinteresado por ellos delante del Señor.\nSu saber\, su actitud servicial y su desinterés son los recursos de los que él se vale para marcar la diferencia entre los «super apóstoles» y él. Y\, sobre todo su desinterés\, es algo que ninguno de sus adversarios quisiera apropiarse\, dado que a ellos los mueve el interés. Por eso\, afirma que los «super apóstoles» son falsos apóstoles\, obreros fingidos\, disfrazados de apóstoles del Mesías. Pablo denuncia a esos impostores como traficantes de la palabra de Dios\, tráfico que se ha generalizado (cf. 2Cor 2\,17; Fil 3\,2). Dice que eso no le sorprende\, porque Satanás suele disfrazarse de mensajero de luz (o «de ángel luminoso»; cf. 2Cor 2\,11)\, afirmación con la que alude a ciertos relatos de los rabinos. Pero nada de eso tendrá éxito\, el final que les espera es tan frustrante como son un fraude sus obras (cf. 2Cor 11\,12-15\, omitido).\n\nAunque el lenguaje sea apasionado y el estilo polémico\, el problema es innegablemente actual. Todavía hay muchos (uno solo sería ya demasiado) que se dedican a acreditarse a sí mismos y no dejan pasar oportunidad que se les presente para desacreditar a los que consideran sus rivales. Es triste el espectáculo que dan «apóstoles» que desperdician energías descalificando a otros\, como si así se calificaran a sí mismos. Hay que aprender de la historia de la Iglesia.\nLa enseñanza que Pablo deja es entrañablemente cristiana. En vez de rivalizar con los falsos apóstoles\, se presenta como alternativa. Su hablar sencillo\, penetrado de la sabiduría de Dios; su servicio humilde\, respetuoso de la libertad ajena; su total desinterés y su innegable amor por los cristianos\, son el sello que autentica su apostolado. Los «super apóstoles» no pueden prescindir de sus alardes retóricos\, de su afán de dominio ni\, sobre todo\, de su interés por el dinero\, que los impulsa a aprovecharse de la gente.\nLa partícula del pan consagrado que se echa en el cáliz antes de la comunión expresa la unidad entre todos los que celebran la misma eucaristía. Lo coherente es\, pues\, manifestar esa unidad en la vida diaria\, sea en nuestra actividad evangelizadora\, sea en el quehacer pastoral.\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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SUMMARY:Viernes de la XI semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (11\,18.21b-30): \nSon tantos los que presumen de títulos humanos\, que también yo voy a presumir. Pues\, si otros se dan importancia\, hablo disparatando\, voy a dármela yo también. ¿Que son hebreos?\, también yo; ¿que son linaje de Israel?\, también yo; ¿que son descendientes de Abrahán?\, también yo; ¿que si ven a Cristo?\, voy a decir un disparate: mucho más yo. Les gano en fatigas\, les gano en cárceles\, no digamos en palizas y en peligros de muerte\, muchísimos; los judíos me han azotado cinco veces\, con los cuarenta golpes menos uno; tres veces he sido apaleado\, una vez me han apedreado\, he tenido tres naufragios y pasé una noche y un día en el agua. Cuántos viajes a pie\, con peligros de ríos\, con peligros de bandoleros\, peligros entre mi gente\, peligros entre gentiles\, peligros en la ciudad\, peligros en despoblado\, peligros en el mar\, peligros con los falsos hermanos. Muerto de cansancio\, sin dormir muchas noches\, con hambre y sed\, a menudo en ayunas\, con frío y sin ropa. Y\, aparte todo lo demás\, la carga de cada día\, la preocupación por todas las Iglesias. ¿Quién enferma sin que yo enferme?; ¿quién cae sin que a mí me dé fiebre? Si hay que presumir\, presumiré de lo que muestra mi debilidad. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 33\,2-3.4-5.6-7 \nR/. El Señor libra a los justos de sus angustias \nBendigo al Señor en todo momento\,\nsu alabanza está siempre en mi boca;\nmi alma se gloría en el Señor:\nque los humildes lo escuchen y se alegren. R/. \nProclamad conmigo la grandeza del Señor\,\nensalcemos juntos su nombre.\nYo consulté al Señor y me respondió\,\nme libró de todas mis ansias. R/. \nContempladlo y quedaréis radiantes\,\nvuestro rostro no se avergonzará.\nSi el afligido invoca al Señor\,\nél lo escucha y lo salva de sus angustias. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (6\,19-23): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos: «No atesoréis tesoros en la tierra\, donde la polilla y la carcoma los roen\, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesorad tesoros en el cielo\, donde no hay polilla ni carcoma que se los coman ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque donde está tu tesoro allí está tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano\, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo\, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura\, ¡cuánta será la oscuridad!» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nViernes de la XI semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nPablo rebate las acusaciones personales y afirma que\, aunque no habla elocuente\, procede con pulcritud\, la que les falta a los «super apóstoles» (ὑπερλίαν ἀπόστολοι). Manifiesta que se propone desenmascararlos\, porque son «falsos apóstoles\, obreros tramposos disfrazados de apóstoles del Mesías»\, imitadores de Satanás en el arte de mimetizarse. Pero pronostica que el final de ellos corresponderá a sus obras (cf. vv. 12-15\, omitidos).\nLos corintios no se daban cuenta de que al dejarse deslumbrar por los títulos humanos que se arrogaban los «super apóstoles» ellos mismos se ponían en condición de inferioridad respecto de quienes luego los humillaban haciéndolos sentir inferiores y justificando así su pretensión de superioridad y dominio\, y allanándoles el camino para que ellos los despojaran.\nPor eso\, Pablo se propone ahora«presumir» de tales títulos\, advirtiendo que eso constituye una «insensatez». Enseguida\, Pablo pasará a alardear de sus títulos. Pero antes hace constar que los corintios soportan sin problemas a quienes los esclavizan\, explotan\, engañan y humillan. Y\, en eso\, ciertamente\, él se reconoce «débil» (que era una de las acusaciones que le hacían: vv.\, 19-20\, omitidos). La fina ironía consiste en hacerles entender que el «débil» los respeta\, en tanto que los otros\, que son «audaces» –y considerados por ellos dignos de admiración–\, los irrespetan.\n\n2Cor 11\,18.21b-30.\nPablo –consciente de que es un disparate–\, se refiere a los títulos de pureza de sangre\, que en acasos polémicos saca a relucir (cf. Hch 21\,39; 22\,3; Rom 11\,1; Fil 3\,4-5): origen hebreo\, linaje israelita\, familia de Abraham\, y declara que en eso están en igualdad de condiciones. Finalmente\, se refiere a la condición de «servidores» (διάκονοι) del Mesías\, y afirma que él lo es mucho más. Hay que tener en cuenta aquí que διάκονος denota al amigo que ayuda a su igual con afecto\, no al esclavo (δοῦλος). Y enumera las varias penalidades que ha sufrido por llevar la buena noticia.\nPrimero\, se refiere a cuatro en las cuales pondera su ventaja personal sobre sus antagonistas: fatigas («mucho más»)\, encarcelamientos («mucho más»)\, palizas («muchísimo más») peligros de muerte («repetidas veces»). En todas ellas les gana.\nEnseguida\, detalla tres condenas: Cinco veces castigado con los cuarenta azotes menos uno (cf. Dt 25\,3: para no excederse\, le daban 39)\, de las cuales consta la de Filipos (cf. Hch 16\,22); tres veces fue apaleado (con bastones; no hay noticias de esta condena); y una vez fue condenado a lapidación\, hecho que se produjo en Listra (cf. Hch 14\,19).\nDespués reporta tres tipos de incidentes en la misión: tres naufragios\, zozobra de un día y una noche a pleno mar abierto\, y fatigosos viajes a pie en zonas inhóspitas y plagadas de toda clase de peligros (en ríos\, por bandidos\, de paisanos y paganos\, en ciudades y en desiertos\, en el mar y por los falsos cristianos). Los viajes\, tanto por vía terrestre como por las vías fluvial y marítima\, tenían una alta dosis de riesgo. Los salteadores abundaban en los caminos.\nAdemás de eso\, sus necesidades insatisfechas: cansancios\, privación del sueño\, del alimento y de la bebida\, días enteros a menudo en ayunas\, carencia de abrigo e insuficiente vestido. Carencias que no se deben a mera insuficiencia económica\, sino a los «peligros» que enumeró antes. Pese a que la hospitalidad era una norma sagrada\, no faltaban los rechazos fanáticos que obligaban a los misioneros a vivir en estrechez y con escasez.\nPor último\, la solicitud por todas las comunidades\, como consecuencia de su responsabilidad en su condición de apóstol. Las cuatro listas anteriores hablan de penalidades exteriores\, de carácter ocasional; ahora se refiere a algo interior y constante («la carga de cada día\, la preocupación por todas las comunidades»). Pablo fundaba iglesias y no se desentendía de su crecimiento; era\, a la vez\, un infatigable evangelizador y un desvelado pastor. Se preocupaba por la vida de cada uno de los miembros de las comunidades («¿quién enferma sin que yo enferme?»; cf. 1Cor 9\,22)\, así como por su fidelidad («¿quién cae sin que a mí me dé fiebre?»).\nEl servicio a Cristo se identifica con los padecimientos a causa de su nombre. Esto significa que Pablo ha tomado nota de las condiciones para el auténtico discipulado (cf. Mc 8\,34). Libremente ha asumido la decisión de seguir a Jesús. Y esta libertad no es solo exterior\, es decir\, ausencia total de coacción\, sino –ante todo– interior: no lo animan otras intenciones (riqueza\, dominio o renombre) para dedicarse a la causa de Jesús. Voluntariamente ha renegado de sí mismo. Y esta voluntad implica –además de deponer ambiciones personales– la renuncia a sus seguridades –e incluso a sus derechos– para poner su vida entera al servicio de la buena noticia. Generosamente ha aceptado cargar la cruz. El rechazo que experimenta por parte de los suyos y de los paganos\, e incluso por parte de «falsos hermanos»\, entre los cuales se cuentan los «super apóstoles»\, le da la seguridad de hacer su propio viacrucis detrás del Señor.\nAfirma que esos son sus títulos de honor; que no presume de fuerte\, sino de lo que muestra su «debilidad» (es decir\, su fragilidad humana)\, y asegura que Dios sabe que dice la verdad. Pablo no es un superhumano\, sino un ser humano que decidió servirle a Dios. En estos padecimientos\, en los cuales también ha experimentado la persecución por parte del poder pagano\, se considera unido e identificado con Jesús Mesías (cf. vv. 31-33\, omitidos).\n\nDe todo lo expuesto\, se deduce que los «super apóstoles» se caracterizan por estos rasgos:\n1. Se aprovechan de las comunidades. Las manipulan\, las despojan\, las engañan y las hacen sentir indignas\, incompetentes y culpables\, como si fueran amos de las mismas. No son interiormente libres y\, por eso\, conducen sus relaciones con las comunidades y sus miembros con un sutil pero reprochable esquema de dominación.\n2. Se presentan ante ellas alegando títulos «según la carne» y pretendiendo ser reconocidos con un rango superior por ese concepto. Esta búsqueda de reconocimiento\, que no es mera vanidad\, es un recurso para establecer la desigualdad y justificar la dominación con base en una supuesta superioridad de parte de ellos.\n3. Rehúyen la cruz. No consideran que los trabajos por la buena noticia los hagan crecer como discípulos\, buscan su propia promoción en títulos honoríficos\, en ejercicios de dominación y en la acumulación fraudulenta de bienes. Entre los requisitos para el apostolado\, ellos no incluyen los sacrificios por la causa de la buena noticia.\nSon cosas para meditar también hoy. Lamentablemente\, ese tipo de mentalidad sobrevive a pesar de todo. El Señor quiere vernos como sus amigos personales (διάκονοι) que comparten con él la pasión por el reino de Dios y que libre\, gustosa y generosamente le meten el hombro a la tarea con la alegría de quien tiene la esperanza de una más generosa recompensa. A eso nos llamó. Y esa es la invitación que nos hace cuando nos ofrece el pan eucarístico\, invitación que aceptamos decididamente cuando en público le decimos «¡amén!».\nFeliz viernes.
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SUMMARY:Sábado de la XI semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (12\,1-10): \nToca presumir. Ya sé que no está bien\, pero paso a las visiones y revelaciones del Señor. Yo sé de un cristiano que hace catorce años fue arrebatado hasta el tercer cielo\, con el cuerpo o sin cuerpo\, ¿qué sé yo? Dios lo sabe. Lo cierto es que ese hombre fue arrebatado al paraíso y oyó palabras arcanas\, que un hombre no es capaz de repetir. De uno como ése podría presumir; lo que es yo\, sólo presumiré de mis debilidades. Y eso que\, si quisiera presumir\, no diría disparates\, diría la pura verdad; pero lo dejo\, para que se hagan una idea de mí sólo por lo que ven y oyen. Por la grandeza de estas revelaciones\, para que no tenga soberbia\, me han metido una espina en la carne: un ángel de Satanás que me apalea\, para que no sea soberbio. Tres veces he pedido al Señor verme libre de él; y me ha respondido: «Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad.» Por eso\, muy a gusto presumo de mis debilidades\, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso\, vivo contento en medio de mis debilidades\, de los insultos\, las privaciones\, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque\, cuando soy débil\, entonces soy fuerte. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 33\,8-9.10-11.12-13 \nR/. Gustad y ved qué bueno es el Señor \nEl ángel del Señor acampa\nen torno a sus fieles y los protege.\nGustad y ved qué bueno es el Señor\,\ndichoso el que se acoge a él. R/. \nTodos sus santos\, temed al Señor\,\nporque nada les falta a los que le temen;\nlos ricos empobrecen y pasan hambre\,\nlos que buscan al Señor no carecen de nada. R/. \nVenid\, hijos\, escuchadme:\nos instruiré en el temor del Señor;\n¿hay alguien que ame la vida\ny desee días de prosperidad? R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (6\,24-34): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o\, al contrario\, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida\, pensando qué vais a comer o beber\, ni por el cuerpo\, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento\, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran\, ni siegan\, ni almacenan y\, sin embargo\, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros\, a fuerza de agobiarse\, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón\, en todo su fasto\, estaba vestido como uno de ellos. Pues\, si a la hierba\, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno\, Dios la viste así\, ¿no hará mucho más por vosotros\, gente de poca fe? No andéis agobiados\, pensando qué vais a comer\, o qué vais a beber\, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto\, no os agobiéis por el mañana\, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\nSábado de la XI semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nLos «super apóstoles» presumían de extraordinarias visiones y revelaciones. Pablo garantiza de entrada que con eso no se saca nada\, pero que él también puede aducir algunas. Sin embargo\, es conveniente fijarse en el contraste que él establece entre las «visiones» y sus «debilidades».\nAnte todo\, la «revelación» consiste en descubrir lo que está oculto. Ese carácter de «oculto» no implica lo «esotérico»\, sino la incapacidad personal para conocer lo que se revela\, dado que la «revelación» se da por experiencia\, y no por mera información. Jesús es el revelador del Padre porque lo explica con su vida\, sus obras y su mensaje. De las «visiones»\, en cambio\, se puede hablar hasta cierto punto\, porque se trata de una intuitiva toma de conciencia de una revelación de Dios que se transmite con sugestivas representaciones de valor convencional en una cultura determinada. El contenido de la «visión» es inefable en términos propios\, en tanto que el de la «revelación» es\, de suyo\, comunicable y transmisible\, tanto por el testimonio como por la palabra. Puede entenderse la «visión» como un recurso retórico para transmitir la revelación\, semejante a las metáforas\, las alegorías o las parábolas.\n\n2Co 12\,1-10.\nReconocerse beneficiario de «visiones y revelaciones del Señor» y\, advertir al mismo tiempo que con presumir de ellas «no se saca nada»\, implica que ambas son accesibles a cualquier creyente\, que\, por lo tanto\, no sirven como criterio para diferenciar a unos creyentes de otros\, y tampoco para estratificarlos por rangos. Por eso\, «no se saca nada» presumiendo de ellas. Sin embargo\, es preciso tener en cuenta que Pablo distingue netamente el suceso del camino de Damasco\, o sea\, la aparición del resucitado (cf. Hch 9\,3-9; 1Cor 9\,1; 15\,8)\, de sus visiones (cf. Hch 9\,10; 16\,9-10; Hch 18\,9; 22\,17-18; 23\,11) y de las revelaciones (cf. 1Cor 2\,10; 14\,30; Gal 1\,16; Fil 3\,15) que él y otros cristianos pudieran tener. De hecho\, la expresión «yo sé de un cristiano…» para referirse a su propia experiencia denota cierto pudor para hablar de sí mismo.\n1. Declara que\, recién convertido («hace catorce años»)\, tuvo su primera experiencia mística. Se remonta hacia los años 42 o 43\, durante su estancia en Cilicia o en Antioquía. Esas experiencias se describían como una ascensión a través de «cielos» (o niveles de aproximación a Dios)\, de los cuales en la concepción judía se contaban hasta diez. El paraíso se situaba en el «tercer cielo». Él dice haber subido hasta el tercero y\, por eso\, haber tenido una muy elevada experiencia mística («fue arrebatado al paraíso») y haber recibido revelaciones muy secretas («oyó palabras arcanas») e inefables. Desde los tiempos de Ezequiel (cf. Ez 3\,12)\, el verbo «arrebatar» (ἀρπάζω) se volvió convencional para referirse al arrebato místico (o «éxtasis») de los profetas. La experiencia en sí es indescriptible («con cuerpo o sin cuerpo\, ¿qué sé yo? Dios lo sabe»).\n2. Aunque dice que podría presumir «de uno como ese» renuncia a hacerlo. Él podría alardear de tal tipo de experiencias\, y «no sería un insensato\, estaría diciendo la pura verdad». Esta glosa sugiere que los «super apóstoles» pueden estar presumiendo de visiones y revelaciones ficticias con el secreto propósito de hacerse admirar\, de distinguirse\, y así generar la desigualdad que les permita dominar las personas y las comunidades. Pablo renuncia a presumir de sus experiencias místicas porque no son verificables ni demostrables: («lo dejo\, para que nadie me tenga en más de lo que puede sacar viéndome u oyéndome»). Él prefiere que la gente se atenga a lo sensible\, al trato directo con él en persona\, o sea\, a lo que pueden verificar por su propia observación. Hay mucha diferencia entre la propaganda de sí mismo y el escrutinio de la gente.\n3. Por eso\, prefiere presumir de lo que él llama sus «debilidades» (o sea\, de sus limitaciones). Las experiencias místicas\, en razón de su carácter extraordinario\, podrían ser motivo de orgullo. En cambio\, sus limitaciones lo hacen aterrizado y cercano a los demás humanos. Pablo habla de una «espina en la carne» (σκόλοψ τῇ σαρκί)\, que puede entenderse como una enfermedad crónica\, de ataques agudos e imprevisibles\, o de aspecto desagradable (cf. Gal 4\,13-15)\, o como la resistencia de sus hermanos de carne y sangre\, o\, en general\, las penas y fatigas de la misión. Pero también se refiere a lo mismo hablando de «un emisario de Satanás» (ἄγγελος Σατανᾶ) que lo maltrata. El hecho de que\, al hablar de los «super apóstoles» («apóstoles falsos\, obreros tramposos») diga que Satanás se mimetiza como «ángel de la luz» puede llevar a pensar que este «emisario de Satanás» sea una personificación de esos falsos apóstoles. Si bien el verbo «maltratar» es el mismo que se usa para describir los atropellos de los soldados a Jesús (cf. Mt 26\,67; Mc 14\,65)\, Pablo lo usa en referencia a los malos tratos que reciben los apóstoles en misión (cf. 1Cor 4\,11)\, aludiendo a los rudos ataques de los gladiadores\, que a veces luchaban con guantes de plomo. Repetidamente le pidió al Señor que lo liberara de esa espina\, pero el Señor le ha hecho ver que su gracia es más patente cuanto más limitado se muestra el apóstol («te basta con mi gracia\, la fuerza se realiza en la debilidad»). Así no aparece como si Dios se hubiera fijado en él a causa de sus dotes\, sino por encima de sus debilidades. Por eso él tomó la decisión de presumir solo de sus debilidades\, pues así queda claro que la fuerza del Mesías se nota en hombres comunes y corrientes\, que se sienten iguales a los demás\, y se desdibuja en los hombres orgullosos\, que presumen de ser superiores a los demás. Cuanto más humano como Jesús es el apóstol\, más cruel es la cruz y tanto más patente es el amor de Dios que habita en el ser humano.\n\nSi una persona aduce haber tenido experiencias místicas\, o que le han sido hechas revelaciones del cielo\, esas son cosas que nunca se pueden verificar ni demostrar. Constituyen lo que se llama «revelaciones privadas»\, que no tienen el mismo valor de las verdades reveladas en Jesús\, y por eso la Iglesia\, sabia y prudentemente\, no las urge como tales. Pero cuando alguien se sobrepone a sus pecados y limitaciones\, eso es algo que no se puede desconocer ni negar. Cuando alguien es «débil» (limitado)\, y se sobrepone por la fuerza del amor de Dios\, entonces es cuando puede dar testimonio de la potencia liberadora y salvadora de Jesús.\nNo aciertan quienes afirman que están más dispuestos a creer el testimonio de una persona santa desde siempre que en el de un pecador público que se haya convertido\, con el argumento de que se trata de alguien «pecador como yo». Precisamente este es al argumento decisivo\, porque esto significa que esa posibilidad está abierta para un «pecador como yo». El verdadero problema es verificar la autenticidad del hecho\, la conversión del pecador\, que siempre es buena noticia. La auténtica comunidad cristiana se alegra con la enmienda del pecador (cf. Lc 15\,10).\nAquí termina la lectura de 2Cor. No fue una lectura completa\, pero deja una idea de la comunidad y de la relación de Pablo con ella.\nFeliz sábado en compañía de María\, madre del Señor.
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SUMMARY:Solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor. Ciclo C
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro del Génesis (14\,18-20): \nEn aquellos días\, Melquisedec\, rey de Salén\, sacerdote del Dios altísimo\, sacó pan y vino y bendijo a Abran\, diciendo: «Bendito sea Abrahán por el Dios altísimo\, creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo\, que te ha entregado tus enemigos.» Y Abran le dio un décimo de cada cosa. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 109\,1.2.3.4 \nR/. Tú eres sacerdote eterno\, según el rito de Melquisedec \nOráculo del Señor a mi Señor:\n«Siéntate a mi derecha\,\ny haré de tus enemigos\nestrado de tus pies.» R/. \nDesde Sión extenderá el Señor\nel poder de tu cetro:\nsomete en la batalla\na tus enemigos. R/. \n«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento\,\nentre esplendores sagrados;\nyo mismo te engendré\, como rocío\,\nantes de la aurora.» R/. \nEl Señor lo ha jurado y no se arrepiente: «Tú eres sacerdote eterno\, según el rito de Melquisedec.» R. \n\n\n\nSegunda lectura\n\nLectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (11\,23-26): \nYo he recibido una tradición\, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús\, en la noche en que iban a entregarlo\, tomó un pan y\, pronunciando la acción de gracias\, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo\, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con el cáliz\, después de cenar\, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis\, en memoria mía.» Por eso\, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz\, proclamáis la muerte del Señor\, hasta que vuelva. \nPalabra de Dios \n\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (9\,11b-17): \nEn aquel tiempo\, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban.\nCaía la tarde\, y los Doce se le acercaron a decirle: «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida\, porque aquí estamos en descampado.»\nÉl les contestó: «Dadles vosotros de comer.»\nEllos replicaron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.» Porque eran unos cinco mil hombres.\nJesús dijo a sus discípulos: «Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.»\nLo hicieron así\, y todos se echaron. Él\, tomando los cinco panes y los dos peces\, alzó la mirada al cielo\, pronunció la bendición sobre ellos\, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron\, y cogieron las sobras: doce cestos. \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nSolemnidad del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Ciclo C.\n\nEsta solemnidad se celebra con un énfasis distinto en cada uno de los tres ciclos del año litúrgico:\n• En el Ciclo A: el signo del cuerpo bajo el símbolo del pan.\n• En el Ciclo B: el signo de la sangre bajo el símbolo del vino.\n• En este Ciclo C: el signo de reino de Dios bajo el símbolo del banquete.\nJesús envió a los Doce «a proclamar el reinado de Dios» (Lc 9\,2)\, pero ellos no se atuvieron a las indicaciones que él les dio (cf. Lc 9\,6)\, y esto provocó una enorme confusión: Herodes\, agente del poder político\, recibió un mensaje equívoco porque los comentarios de la opinión pública eran erráticos. La presunta resurrección de Juan debía de atemorizarlo\, pero él se tranquilizaba a sí mismo pensando que la muerte era irreversible; la aparición de Elías\, el fustigador del ejercicio ilegítimo del poder\, no le inquieta\, como tampoco la posibilidad de que resurja un profeta como los antiguos\, todos críticos frente al poder político. Él se siente seguro por su capacidad de matar. Lo único que lograron los Doce fue provocar la curiosidad del tetrarca Herodes (cf. Lc 9\,1-6).\n\nLc 9\,11b-17.\nJesús quiso enderezar las cosas y se propuso reunir aparte a los Doce para corregir su concepción. Por eso\, se los llevó a Betsaida («lugar de la pesca»)\, para recordarles así su vocación (cf. Lc 5\,10). Pero las multitudes que lo seguían a él lo buscaron hasta encontrarlo. Y entonces él cambió de planes: acogió las multitudes y les expuso su mensaje sobre el reinado de Dios. En virtud de este mensaje\, «dejó sanos a los que necesitaban de cuidados»\, es decir\, a las multitudes desorientadas. Y se observan a continuación actitudes diferentes entre los discípulos\, la multitud y Jesús.\n1. Los discípulos.\nLa multitud no los seguía a ellos\, sino a Jesús. Y el día empezó a declinar\, la luz se ensombreció\, cuando los Doce\, que estaban retirados\, se le acercaron para pedirle que despidiera la multitud y la devolviera «a las aldeas»\, la sociedad fanática y excluyente «a buscar techo y comida»\, con el pretexto de estar en un lugar «desierto»\, aunque ese fuera el ámbito del éxodo.\nJesús quiso que se sintieran responsables de la multitud\, pero ellos sólo se mostraron dispuestos a remitir la multitud a la sociedad pagana\, «las aldeas y cortijos de alrededor»\, que se encontraban ya en territorio extranjero. Puesto que no compartían su nacionalismo fanático\, porque Jesús los dejó sanos con su mensaje\, ya no quieren «darles de comer». Estaban dispuestos a alimentar la multitud si ella compartía sus ideales (cf. Lc 9\,6).\nConsideran los Doce que los recursos de que disponen son insuficientes\, porque son limitados. La cantidad aludida –«cinco panes y dos peces»– supone una totalidad heterogénea (5+2=7)\, que se relaciona con la creación de Dios en siete días (cf. Gen 2\,2). No advierten que Jesús restaura la creación con su mensaje del reinado de Dios (cf. Lc 9\,11)\, es decir\, que Dios reina como Padre satisfaciendo las expectativas de vida de sus creaturas y abriendo su mano para saciarlas con sus bienes (cf. Sal 104\,27-28). No ven viable la propuesta de Jesús\, «dar»; la única alternativa que ven es la de «comprar». Y ni siquiera a eso están dispuestos.\n2. La multitud.\nLos discípulos hablaban con desdén de la multitud («el pueblo este»)\, poniendo así en duda su pertenencia a Israel\, en tanto que ellos se sienten sus dignos representantes. Esta multitud ya había aparecido antes\, junto a los Doce\, representada por las tres «mujeres… y otras muchas que les ayudaban con sus bienes» (Lc 8\,1-3). Ellas pusieron sus bienes al servicio de todos; ellos no se muestran dispuestos a compartir sus «cinco panes y dos peces».\nEl evangelista compara la multitud con las comunidades de profetas\, que «eran como cinco mil hombres adultos»\, disponibles al Espíritu del Señor\, como las comunidades de profetas (cf. 1Rey 18\,4.13; 2Rey 2\,7). Cinco mil (50×100) tiene relación con los «cinco panes» y con los «grupos de cincuenta». Cinco alude a la Ley (Pentateuco)\, que es sustituida por el Espíritu (Pentecostés) que lleva a los hombres a su adultez (cf. Hch 4\,4). Los «dos peces» evocan los grupos misioneros «de dos en dos» (Lc 10\,1) y la misión misma\, la «pesca» (cf. Lc 5\,10. «Betsaida»).\nPor eso\, Jesús les indica a los Doce que hagan que los hombres adultos se «reclinen» (κατακλίνω) para comer «en grupos de cincuenta». Este verbo «reclinarse» es exclusivo de Lucas en el Nuevo Testamento\, y él lo refiere exclusivamente a las comidas en las que Jesús participa\, relacionadas todas ellas con el reino de Dios (cf. Lc 7\,35; 9\,14.15; 14\,8; 24\,30). Nótese que son los Doce los encargados de hacer que la gente se recline; y\, al indicarles que formen grupos de comensales de a «cincuenta»\, le enseña el verdadero valor de esa multitud.\n3. Jesús.\nDesde el principio\, Jesús hace sentir que el solo anuncio de la buena noticia (cf. Lc 9\,6) no basta para evangelizar. El mensaje del reinado de Dios se muestra efectivo cuando restaura la creación (cf. Lc 9\,11) poniendo los bienes creados al servicio de la humanidad. Si no es así\, el anuncio de la buena noticia se puede convertir en una ideología supersticiosa o meramente religiosa (cf. Lc 9\,7-9). Para darle vida al pueblo\, es necesario que vayan unidos la palabra y el pan. Y esto puede hacerse cuando se reconoce y se hace efectiva la dignidad del pueblo\, que es lo que significa eso de invitarlos a la misma mesa como personas adultas\, dignas de ser amadas y capaces de amar.\nJesús tomó las provisiones de los Doce y las relacionó con el Padre Creador («alzó la mirada al cielo»)\, origen de toda creatura\, y con su designio de amor; se las agradeció como dones suyos para sus hijos («los bendijo»)\, les dio el destino que el Creador les asignó\, haciéndolas llegar a los hijos («los partió»)\, y encargó a los Doce de repartirlas a la multitud. Este gesto suyo es también enseñanza para la multitud\, que lo entiende\, lo acoge y lo imita\, porque él la tenía acostumbrada a hacerlo (cf. Lc 8\,3). Todos se saciaron\, y abundó para todo un pueblo («doce cestos»).\n\nLa celebración del Cuerpo y de la Sangre del Señor\, lejos de ser un mero hecho folclórico o una simple expresión de religiosidad\, es proclamación del reino de Dios con la palabra y el pan\, esto es\, con el banquete en el que todos somos invitados como iguales a compartir el amor generoso del Padre Creador y a darle gracias por las bendiciones que nos dio para compartir.\nLa eucaristía es signo y anuncio del reino de Dios. Ella es la escuela en la que se forma el discípulo de Jesús. En ella aprende a ser incluyente y solidario\, y a compartir con los demás. En ella muestra el mundo nuevo que pretende construir. Por eso nunca podemos disociar la eucaristía de nuestra convivencia social. Lo propio del discípulo de Jesús es invitar a muchos al banquete de la vida. Esto es lo que hace que nuestra presencia en el mundo sea una luz que ilumina las sociedades humanas. Entonces sí\, «¡bendito y alabado sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar!».\nFeliz día del Señor.
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SUMMARY:Solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (49\,1-6): \nEscuchadme\, islas; atended\, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre\, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas\, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada\, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida\, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo\, de quien estoy orgulloso.» Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado\, en viento y en nada he gastado mis fuerzas»\, en realidad mi derecho lo llevaba el Señor\, mi salario lo tenía mi Dios. Y ahora habla el Señor\, que desde el vientre me formó siervo suyo\, para que le trajese a Jacob\, para que le reuniese a Israel –tanto me honró el Señor\, y mi Dios fue mi fuerza–: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones\, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 138\,1-3.13-14.15 \nR/. Te doy gracias\, porque me has escogido portentosamente \nSeñor\, tú me sondeas y me conoces;\nme conoces cuando me siento o me levanto\,\nde lejos penetras mis pensamientos;\ndistingues mi camino y mi descanso\,\ntodas mis sendas te son familiares. R/. \nTú has creado mis entrañas\,\nme has tejido en el seno materno.\nTe doy gracias\, porque me has escogido portentosamente\,\nporque son admirables tus obras;\nconocías hasta el fondo de mi alma. R/. \nNo desconocías mis huesos\,\ncuando\, en lo oculto\, me iba formando\,\ny entretejiendo en lo profundo de la tierra. R/.\n\n\nSegunda lectura\nLectura del libro de los Hechos de los apóstoles (13\,22-26): \nEn aquellos días\, dijo Pablo: «Dios nombró rey a David\, de quien hizo esta alabanza: “Encontré a David\, hijo de Jesé\, hombre conforme a mi corazón\, que cumplirá todos mis preceptos.” Según lo prometido\, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara\, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y\, cuando estaba para acabar su vida\, decía: “Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias.” Hermanos\, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: A vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación.» \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (1\,57-66.80): \nA Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia\, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño\, y lo llamaban Zacarías\, como a su padre.\nLa madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan.»\nLe replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así.»\nEntonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua\, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.\nLos vecinos quedaron sobrecogidos\, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo\, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\n24 de junio\nSolemnidad del nacimiento de Juan Bautista.\n\nEl nacimiento y la infancia de Juan se caracterizan por una sorprendente intervención de Dios generadora de unos hechos tan novedosos que llegan hasta replantear el entorno inmediato y repercuten más allá del círculo familiar y vecinal.\n\n1. Primera lectura (Is 49\,1-6).\nAl dirigirse a las islas y pueblos lejanos\, el profeta-Siervo es consciente de que su auditorio es universal\, más allá de las fronteras de Israel. Su anuncio se refiere a sí mismo:\n1. Fue llamado por el Señor desde el seno materno\, lo que implica un designio anterior a él y a sus propias ejecutorias.\n2. Su vocación profética tiene carácter decisivo («boca… espada afilada»)\, es decir\, su palabra ha de llevar a tomar resoluciones que signifiquen un corte tajante\, un antes y un después.\n3. Goza de la protección amorosa y personal del Señor («en la sombra de su mano»)\, para llevar a cabo su misión; esto no asegura la benevolencia de los hombres ni su aceptación.\n4. Lo envía con una misión urgente y con carácter puntual («flecha bruñida»)\, lo que entraña que el profeta-Siervo es íntimo del Señor («me guardó en su aljaba»)\, es de los suyos.\n5. Las palabras de su envío revelan la identidad del enviado:\n• «Mi Siervo»: En tanto que un «siervo» de hombre es un esclavo\, un «siervo» del Señor es un cooperador libre en la obra liberadora del Señor\, como Moisés o David.\n• «En ti exhibiré mi esplendor»: El profeta-Siervo es más que un mensajero\, es un enviado personal\, revelador universal de la gloria del Señor.\nSin embargo\, ya en la tarea\, manos puestas a la obra\, el Siervo manifiesta la lucha que libra en su interior:\n• El trabajo se siente agotador\, y el resultado parece ser nulo: «en vano me he cansado\, en viento y en nada he gastado mis fuerzas».\n• Pero él mantiene su confianza en el Señor\, que es su respaldo: «mi derecho lo defendía el Señor\, mi salario lo tenía mi Dios»\nEn medio de esta lucha\, el Señor le recuerda su origen y su vocación («Y ahora habla el Señor que me formó siervo suyo») y le renueva esa misión en términos mucho más precisos: en relación con el pueblo heredero de las promesas y en relación con las naciones de la tierra.\n• De una parte\, lo llamó a reunir el pueblo disperso y restablecer la unidad de las tribus de Jacob.\n• De la otra\, ser luz de las naciones para que la salvación del Señor logre un alcance universal.\n\n2. Segunda lectura (Hch 13\,22-26).\nEn la sinagoga\, Pablo sintetiza la historia de Israel hasta llegar al rey David. Se había referido a Saúl\, de quien afirmó que reinó durante una generación («cuarenta años»)\, reinado del cual no habló Esteban\, porque Saúl fue infiel; esto lo presupone Pablo al decir que Dios «depuso» a Saúl. Pablo presenta a David como hombre grato a Dios\, pero\, en contraste con lo afirmado por Jesús (cf. Lc 20\,41-44)\, presenta a Jesús como sucesor de David y salvador «para Israel». En síntesis\, define a Jesús en relación con David. La intención de Pablo es mostrar a Jesús como el heredero de la promesa de Dios a David\, el rey (no tanto a Abraham\, el patriarca)\, es decir\, como fundador de una dinastía que habría de realizar el reinado de Dios\, prometido a Israel.\nY para que sus oyentes sepan a quien se refiere cuando les habla de Jesús\, apela al testimonio de Juan en cuanto precursor suyo\, dado que este había sido una figura muy conocida entre los judíos de Palestina y de fuera. Es decir\, que ahora define a Jesús en relación con el testimonio dado por Juan como precursor de Jesús:\n• Aduce el bautismo de Juan en señal de enmienda (μετάνοια) para el perdón de los pecados\,\n• Recuerda que Juan en persona negó enfáticamente que él fuera el Mesías\,\n• Y que el mismo Juan anunció que el que venía tras él sería el encargado de sellar con el pueblo la nueva alianza\, y que esta sería una alianza de amor (metáfora nupcial: v. 25; cf. Lc 3\,16).\nEl testimonio de Juan Bautista declara a Jesús el verdadero «esposo» de la alianza entre Dios y el pueblo de Israel\, y da a entender que ni él ni ninguno de los profetas puede disputar con él esta condición\, por lo que Jesús es libre para realizar esa alianza prescindiendo de cualquiera otro que pretenda esa prerrogativa. Así que son suyos el reino («David») y la alianza («Juan Bautista»).\nSorpresivamente\, Pablo declara ante los judíos («descendientes de Abraham») y ante los paganos («prosélitos») que ese mensaje de salvación es para los cristianos («a nosotros se nos ha enviado este mensaje de salvación»)\, dado que Israel fue infiel a su misión. Este es un razonamiento muy audaz de su parte\, porque\, por el testimonio del profeta\, declara la exclusiva divina en favor de Jesús\, y por la descendencia davídica lo reconoce como heredero soberano del reino. Legitima\, de este modo\, la pretensión de los cristianos como herederos del Mesías.\n\n3. Evangelio (Lc 1\,57-66.80).\nEl nacimiento de Juan es\, ciertamente causa de alegría para muchos. También es causa de grandes decisiones:\n• Contrariamente a la costumbre\, no es el padre quien decide el nombre del niño\, sino la madre. Y esta actitud de la madre es respaldada por el padre: la tradición justifica la ruptura.\n• Esta ruptura con la tradición resulta ser liberadora para el propio Zacarías\, quien pasa de ser sacerdote a ser profeta. Deja el culto estéril y sin fe y anuncia la intervención histórica de Dios.\n• La vecindad\, que compartía esa alegría\, también resulta cuestionada por lo que acontece con el niño; este\, en vez de hacerlos pensar en la tradición\, los pone a todos a imaginar el futuro.\nLa vida del niño transcurre con un ritmo propio:\n• Es un niño normal\, con un desarrollo de acuerdo a lo previsto.\n• Pero manifiesta una ruptura con la convivencia social («el desierto»)\, que hace eco a la ruptura de sus padres con la tradición.\n• Y espera un momento específico –el de presentarse a Israel–\, momento que se dará cuando lo señale el oráculo divino (cf. Lc 3\,2).\n\nEn el fondo\, toda vida es un don nuevo de Dios\, un nuevo comienzo\, un llamado a despejar el horizonte. La vida humana no tiene sentido en perpetuar el pasado\, sino en barruntar un futuro venturoso\, cada vez más abierto a la trascendencia y a desplegarle oportunidades a la esperanza de la humanidad.\nCada cristiano tiene la vocación divina de hacer avanzar la historia. Por eso es seguidor de Jesús en la búsqueda del reino de Dios\, y\, como Juan\, precursor del Señor\, heraldo de ese reino que el Señor viene a hacer realidad en todos los momentos de la historia.\nLa celebración de la eucaristía nos hace testigos de ese mundo nuevo y mejor\, y nos da la luz y la fuerza para lograrlo.\nFeliz solemnidad.
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SUMMARY:Martes de la XII semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Génesis (13\,2.5-18): \nAbrán era muy rico en ganado\, plata y oro. También Lot\, que acompañaba a Abrán\, poseía ovejas\, vacas y tiendas; de modo que ya no podían vivir juntos en el país\, porque sus posesiones eran inmensas y ya no cabían juntos. Por ello surgieron disputas entre los pastores de Abrán y los de Lot. En aquel tiempo cananeos y fereceos ocupaban el país.\nAbrán dijo a Lot: «No haya disputas entre nosotros dos\, ni entre nuestros pastores\, pues somos hermanos. Tienes delante todo el país\, sepárate de mí; si vas a la izquierda\, yo iré a la derecha; si vas a la derecha\, yo iré a la izquierda.»\nLot echó una mirada y vio que toda la vega del Jordán\, hasta la entrada de Zear\, era de regadío (esto era antes de que el Señor destruyera a Sodoma y Gomorra); parecía un jardín del Señor\, o como Egipto. Lot se escogió la vega del Jordán y marchó hacia levante; y así se separaron los dos hermanos. Abrán habitó en Canaán; Lot en las ciudades de la vega\, plantando las tiendas hasta Sodoma. Los habitantes de Sodoma eran malvados y pecaban gravemente contra el Señor.\nEl Señor habló a Abrán\, después que Lot se había separado de él: «Desde tu puesto\, dirige la mirada hacia el norte\, mediodía\, levante y poniente. Toda la tierra que abarques te la daré a ti y a tus descendientes para siempre. Haré a tus descendientes como el polvo; el que pueda contar el polvo podrá contar a tus descendientes. Anda\, pasea el país a lo largo y a lo ancho\, pues te lo voy a dar.»\nAbrán alzó la tienda y fue a establecerse junto a la encina de Mambré\, en Hebrón\, donde construyó un altar en honor del Señor. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 14\,2-3a.3bc-4ab.5 \nR/. Señor\, ¿quién puede hospedarse en tu tienda? \nEl que procede honradamente\ny practica la justicia\,\nel que tiene intenciones leales\ny no calumnia con su lengua. R/. \nEl que no hace mal a su prójimo\nni difama al vecino\,\nel que considera despreciable al impío\ny honra a los que temen al Señor. R/. \nEl que no presta dinero a usura\nni acepta soborno contra el inocente.\nEl que así obra nunca fallará. R/.\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Mateo (7\,6.12-14): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos: «No deis lo santo a los perros\, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición\, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMartes de la XII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nDespués del relato de 12\,1-9\, hay un viaje de Abram y Sara a Egipto que parece una prolepsis del mensaje del libro del Éxodo. Y enseguida viene este capítulo 13 que parece presagiar la futura división del reino de Israel. A continuación\, el capítulo 14 mostrará a Abram como un líder de talla universal y que quienes lo bendigan son bendecidos\, y quienes lo maldigan fracasan.\nLa narración que sigue parte de una hipérbole: Abram y Lot eran tan ricos (o sea\, bendecidos) que el territorio no alcanzaba para que ellos\, sus criados y sus ganados pudieran satisfacer todas sus necesidades. La bendición del Señor desbordó los límites del territorio y los pastores de ellos entraron en disputa unos con otros. Parecería como si la bendición los enfrentara. La solución a la disputa se encuentra en la generosidad de Abram\, en contraste con el oportunismo de Lot.\n\nGen 13\, 2.5-18.\nLa riqueza\, entendida como abundancia de bienes para favorecer la vida\, era interpretada como una bendición del Señor. El hombre justo\, cuya vida agrada al Señor\, debía ser presentado como rico\, longevo y prolífico\, señales estas de que había obtenido el favor del Señor. Por eso\, en este relato\, Abram y su sobrino Lot son presentados como muy ricos. Pero\, a continuación\, se narra un hecho que va a poner a prueba la calidad de la justicia de cada uno de ellos. Es como si dijera el relato: ambos eran sumamente bendecidos\, pero ellos eran diferentes. La bendición del Señor es igual para ambos; son ellos los que marcan la diferencia.\nLa bendición\, que debía ser motivo de regocijo\, gratitud y alabanza\, se convierte en pretexto para rivalidades y contiendas entre sus pastores. Ya no caben juntos\, la convivencia se hace imposible. La riqueza\, considerada antes como una bendición\, es ahora vivida como una fuente de conflicto\, porque colisionan los intereses de los ricos. Esta pugna comienza por los subalternos\, defensores de los intereses de sus respectivos amos. A esta altura de la narración\, el relator informa que en el país había un conflicto entre dos pueblos («En aquel tiempo\, cananeos y fereceos habitaban en el país»). Los fereceos eran uno de los pueblos del país de origen no semítico que dominaban sobre los cananeos. La disputa entre la gente de Abraham y la de Lot está contextualizada.\nLa diferencia se presentó cuando Abram tomó la iniciativa de buscar un arreglo\, y puso a Lot a escoger la tierra donde quería vivir. El punto de partida de Abraham es la relación interpersonal puesta por encima de los intereses económicos («no haya pleitos entre nosotros ni entre nuestros pastores»). La vida es la primera bendición; los bienes materiales son una bendición subordinada a ella. Por consiguiente\, lo primero que hay que cuidar es la vida humana. La razón que aduce el patriarca es radical («somos hermanos»). Más allá del parentesco familiar o de la autoridad que él tenía sobre su sobrino y protegido\, hay una razón fundamental: la común hermandad humana. Y además de dar pruebas de sensatez\, Abram se muestra magnánimo: invita a Lot a que escoja primero\, dándole la seguridad de que él respetará la decisión que tome («si vas a la izquierda\, yo iré a la derecha; si vas a la derecha\, yo iré a la izquierda»). Abram\, el hombre de fe\, propone una salida que los cananeos y fereceos no han considerado.\nLot «echó una mirada y vio» lo que le interesaba ver en un horizonte limitado tanto en el espacio como en el tiempo. Efectivamente\, en ese momento «la vega del Jordán era… como un paraíso»\, pero «los vecinos de Sodoma eran perversos»\, y eso no permitía esperar un futuro promisorio. Con el tiempo\, ese espacio terminará convertido en un desastre (cf. Gen 18–19). Lot escogió la región más fértil\, en tanto que Abram\, fiel a su palabra\, se quedó en Canaán.\nDespués de la separación\, Dios invita a Abram a echar una mirada mucho más amplia que la de Lot y le promete a él y sus descendientes el extenso territorio que puede abarcar con la mirada puesta en los cuatro puntos cardinales. La mirada de Lot estaba guiada por sus intereses\, pero la de Abram estuvo guiada por el Señor. Él\, además de prometerle la tierra\, le ratificó la promesa de darle una descendencia\, esta vez incontable. Y lo invitó a pasearse a lo largo y ancho del país\, como un reconocimiento anticipado de la tierra que iba a recibir. Todavía se movía al filo de la esperanza\, confiando en que el Señor le daría lo que le había prometido. Y nuevamente tomó él posesión de la tierra erigiendo un altar y consagrándosela al Señor\, su Dios\, junto «al encinar de Mambré en Hebrón». Este santuario jugó un papel importante para el clan de Abram; de él se conservan construcciones de los tiempos de Herodes\, a tres kilómetros al norte de Hebrón. Es aún significativo para las tradiciones judía\, cristiana y musulmana. Esto permite suponer que ese altar erigido por Abram no tenía carácter polémico ni proselitista. Afirmar la propia fe no exige necesariamente entrar en conflicto con la de otros.\nEl relato presenta a Abram como hombre de paz. Confiado en la promesa de Dios\, no disputa la tierra; al contrario\, es generoso y desinteresado. Sin ambición y sin envidia\, deja que Lot escoja. Abram no escoge la tierra\, la recibe como don de parte de Dios\, como una promesa que él debe hacer efectiva recorriéndola y refiriéndola a su donante. No se dice que Lot haya erigido altares.\n\nSi la tierra es espacio de señorío y tutela de la libertad\, también es cierto que la verdadera libertad es la que brota desde dentro\, de un corazón generoso\, desapegado\, que no propicia rivalidades\, sino que busca el arreglo pacífico. La tercera bienaventuranza declara: «dichosos los sometidos\, porque esos heredarán la tierra». Ahora bien\, entre la condición de «sometidos» y la promesa de que «heredarán la tierra» hay un proceso de liberación que va de la dependencia a la libertad. Y la primera bienaventuranza pone las bases para que se cumpla esta promesa: elegir ser pobre\, es decir\, optar por ser solidario y generoso con los otros. Esa es la clave de la verdadera libertad. Y eso es lo que se aprecia ya en Abram.\nHoy la posesión de la tierra no está ligada al ejercicio de libertad\, sino al ejercicio del poder. De la posesión de la tierra se pasó al dominio del territorio\, con claro sesgo político y\, muy a menudo\, con el sacrificio de las libertades. Los discípulos de Jesús necesitamos tener clara conciencia de este fenómeno\, valorarlo en la perspectiva de las bienaventuranzas y actuar con consecuencia.\nEl banquete eucarístico\, figura del reino de Dios\, nos enseña a sentarnos como iguales al mismo tiempo que a sentirnos iguales\, como hijos del mismo Padre\, hermanos unos de otros\, herederos de toda la tierra\, que es el ámbito en donde hacemos realidad nuestra libertad de hijos de Dios.\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la XII semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Génesis (15\,1-12.17-18): \nEn aquellos días\, Abrán recibió en una visión la palabra del Señor: «No temas\, Abrán\, yo soy tu escudo\, y tu paga será abundante.»\nAbrán contestó: «Señor\, ¿de qué me sirven tus dones\, si soy estéril\, y Eliezer de Damasco será el amo de mi casa?»\nY añadió: «No me has dado hijos\, y un criado de casa me heredará.»\nLa palabra del Señor le respondió: «No te heredará ése\, sino uno salido de tus entrañas.»\nY el Señor lo sacó afuera y le dijo: «Mira al cielo; cuenta las estrellas\, si puedes.»\nY añadió: «Así será tu descendencia.» Abran creyó al Señor\, y se le contó en su haber.\nEl Señor le dijo: «Yo soy el Señor\, que te sacó de Ur de los Caldeos\, para darte en posesión esta tierra.»\nÉl replicó: «Señor Dios\, ¿cómo sabré que yo voy a poseerla?»\nRespondió el Señor: «Tráeme una ternera de tres años\, una cabra de tres años\, un carnero de tres años\, una tórtola y un pichón.»\nAbrán los trajo y los cortó por el medio\, colocando cada mitad frente a la otra\, pero no descuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáveres\, y Abrán los espantaba. Cuando iba a ponerse el sol\, un sueño profundo invadió a Abrán\, y un terror intenso y oscuro cayó sobre él. El sol se puso\, y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados.\nAquel día el Señor hizo alianza con Abrán en estos términos: «A tus descendientes les daré esta tierra\, desde el río de Egipto al Gran Río Eufrates.» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 104\,1-2.3-4.6-7.8-9 \nR/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente \nDad gracias al Señor\, invocad su nombre\,\ndad a conocer sus hazañas a los pueblos.\nCantadle al son de instrumentos\,\nhablad de sus maravillas. R/. \nGloriaos de su nombre santo\,\nque se alegren los que buscan al Señor.\nRecurrid al Señor y a su poder\,\nbuscad continuamente su rostro. R/. \n¡Estirpe de Abrahán\, su siervo;\nhijos de Jacob\, su elegido!\nEl Señor es nuestro Dios\,\nél gobierna toda la tierra. R/. \nSe acuerda de su alianza eternamente\,\nde la palabra dada\, por mil generaciones;\nde la alianza sellada con Abrahán\,\ndel juramento hecho a Isaac. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (7\,15-20): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidado con los falsos profetas; se acercan con piel de oveja\, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. A ver\, ¿acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Los árboles sanos dan frutos buenos; los árboles dañados dan frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos\, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir\, que por sus frutos los conoceréis. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMiércoles de la XII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nLuego del secuestro y del posterior rescate de Lot\, hechos en los cuales Abram desempeñó un papel protagónico entre reyes\, tuvo este un encuentro con Melquisedec\, «rey de Salén (שָׁלֵם: Jerusalén) sacerdote de Dios Altísimo (אֵל עֶלְיוֹן: nombre universal de Dios)». El sacerdote le sacó pan y vino\, invocó la bendición de Abram por parte del Dios Altísimo\, «creador de cielo y tierra»\, y declaró la bendición de Dios Altísimo por parte de Abram\, y este le dio el diezmo del botín. La bendición de Dios consiste en el éxito dado a Abram; la de este\, en la acción de gracias a Dios (14\,18-20: inserción que rompe la narración). Después\, Abram dio muestras de generosidad al rehusarse ante el rey de Sodoma a aceptar parte alguna del botín\, al mismo tiempo que reivindicó el derecho que tenían sus aliados (14\,21-24). Texto omitido (14\,1-24).\nEste capítulo 15 parece resumir tradiciones en las que se recogen las promesas del Señor a Abram (la descendencia\, la tierra y la alianza). Hay continuidad en los temas y diversidad en el enfoque. El texto omitido por el leccionario (vv. 13-16) es un anuncio de la futura opresión en Egipto\, y clara sugerencia de que el Señor conoce que lo está por venir\, y por eso sabe de lo que habla al asegurarle su fidelidad a Abram en el cumplimiento de sus promesas.\n\nGen 15\,1-12.17-18.\nDespués de los acontecimientos narrados en el capítulo anterior\, «la palabra del Señor se dirigió a Abram…». Esta expresión asigna a Abram el carácter de profeta (cf. 2Cro 17\,2; Jer 14\,1; 46\,1; 47\,1; 49\,34; Eze 1\,3; Dan 9\,2; Zac 1\,1.7; 7\,1); el Señor se dirige a él como lo hará posteriormente a los profetas. Y lo hace «…en una visión» (מָחֲזֶה)\, que es como un tragaluz\, o una ventana para asomarse (מֶחֱזָה: 1Rey 7\,4.5) a la intimidad de Dios (cf. Num 24\,16). Cuando no hay palabra del Señor\, tampoco hay auténtica visión (cf. Eze 13\,7). El Señor se vale ahora un lenguaje militar\, acorde con el tema del capítulo anterior\, para asegurarle a Abram su protección y para disipar sus temores («no temas\, Abram\, yo soy tu escudo (מָגַן) y tu paga (שֶֹכֶר) será abundante»).\nA pesar de todas las bendiciones que ha recibido\, y muy a pesar de que experimenta la protección del Señor\, Abram siente que todos esos dones valen poco si él no tiene un «heredero» (יוֹרֵשׁ: uno que vierta lágrimas en su tumba) que le garantice la prolongación de su nombre. La promesa de la descendencia y del renombre («haré de ti un gran pueblo… haré famoso tu nombre»: Gen 12\,2) no se ha cumplido. Su esterilidad lo agobia\, y le recuerda a Dios la promesa de darle una descendencia incontable como los granos del polvo de la tierra (cf. Gen 13\,18)\, pero la realidad es que no tiene un solo descendiente («me marcho sin hijo»)\, y piensa en el sombrío porvenir de su herencia («Eliezer de Damasco será el amo de mi casa… un criado mi de casa me heredará»). Si no hay heredero\, la herencia\, como tal\, pierde sentido (cf. Sal 49\,11; 127; Sir 30\,1-6).\nEl Señor precisa la promesa: Abram tendrá un hijo que le herede. Y no solo un descendiente\, sino una numerosa descendencia\, tan incontable como «las estrellas» del cielo. Esta promesa sobrepasa toda expectativa humana\, pero Abram responde con una confianza absoluta («Abram creyó al Señor»). Se fía del Señor que le promete algo humanamente irrealizable\, por eso su fe es\, ante el Señor\, su justicia\, su derecho\, su haber. Pero no solo se fía\, sino que también confía\, en el Señor y en su palabra como quien encuentra apoyo cierto y seguro. La fe afirma la verdad\, la fidelidad y la firmeza del Señor\, y se apoya en la escucha que asiente. El Señor se identifica como autor del «éxodo» de Abram desde Ur de Caldea hasta la tierra que le prometió. Abraham ya no pregunta por la descendencia\, porque ya le creyó\, ahora pregunta por el modo como va a poseer la tierra. La respuesta de Dios será con hechos y palabras.\nViene el pacto\, con un ritual de alianza. Abram sigue las instrucciones del Señor\, consciente de lo que va a suceder\, aunque no sepa cómo. Lo primero que capta es que el pacto tendrá estorbo\, «los buitres»\, aves carroñeras\, de mal augurio\, presagio de muerte\, pero él resguardó el pacto. Percibió la presencia del Señor en el misterio\, y conoció anticipadamente («sueño profundo… terror intenso y oscuro») las desventuras de sus herederos\, pero también la protección del Señor sobre ellos. Cuando se celebraba un pacto\, se partían en dos uno o varios animales\, y cada uno de los pactantes transitaba por entre las mitades\, colocadas una frente a la otra\, invocando sobre sí la suerte de los animales descuartizados en caso de llegar a quebrantar la palabra empeñada. Pero aquí\, tras el anuncio del futuro (vv. 13-16\, omitidos)\, solo el Señor pasará entre las mitades de los animales y se comprometerá\, en un pacto unilateral\, a cumplirle dicha promesa a Abram.\nEn el antiguo oriente\, un señor y un vasallo pactaban habitualmente una alianza por una promesa de protección –de parte del señor– y un juramento\, a menudo acompañado de una imprecación –de parte del vasallo– y por una comida que compartían los contrayentes del pacto. En este caso\, la imprecación está sobreentendida en el despedazamiento de los animales\, que simboliza la pena del vasallo en caso de incumplimiento (cf. Jer 34\,18-19). El Señor es Dios\, el vasallo es Abram. Sin embargo\, quien se compromete con juramento a sostener su promesa es el Señor. Este pacto tiene una gran solemnidad. Es como si Dios hubiera dicho: «que me muera yo si no te cumplo esta promesa».\n\nLa fe de Abram se vuelve paradigma de toda fe. Él se fía del Señor cuando este le promete lo humanamente impensable. Abram se habría contentado con menos: un descendiente\, pero el Señor desbordó sus expectativas y lo condujo al límite de la posibilidad. La naturalidad de su acto de fe se expresa en la forma sintética como se narra. La fe de Abram se sitúa entre la generosa promesa del Señor («así será tu descendencia») y su reacción ante la total confianza de Abram («se le apuntó en su haber»). La promesa el Señor manifiesta su magnanimidad\, la fe de Abram descubre hasta dónde puede llegar el hombre\, y la recompensa del Señor deja claro hasta dónde puede llegar la alianza de Dios con la humanidad.\nLo que a todas luces es imposible (que Dios muera) se realizó en la persona de Jesús\, el Hijo de Dios\, pero no por haber faltado Dios a su promesa\, sino precisamente para que esta tuviera su cumplimiento. Por la muerte de Jesús en la cruz\, recibimos el Espíritu\, la promesa del Padre.\nEso es lo que se nos revela en la persona de Jesús\, «el que inició y consumó la fe» (Hb 12\,2) de la nueva y definitiva alianza. El hombre que se fía de la promesa del Padre manifestada en el Hijo\, al recibir esa promesa (el Espíritu)\, se supera a sí mismo y hereda la condición divina. De eso tenemos una prenda en la eucaristía que celebramos y recibimos en comunión.\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Fiesta de Jesucristo\, sumo y eterno sacerdote
DESCRIPTION:Lectura del libro de Isaías 52\, 13—53\, 12 \nMirad\, mi siervo tendrá éxito\, \nsubirá y crecerá mucho. \nComo muchos se espantaron de él\,\nporque desfigurado no parecía hombre\,\nni tenía aspecto humano\, \nasí asombrará a muchos pueblos\,\nante él los reyes cerrarán la boca\, \nal ver algo inenarrable\ny contemplar algo inaudito. \n¿Quién creyó nuestro anuncio?\,\n¿a quién se reveló el brazo del Señor? \nCreció en su presencia como brote\,\ncomo raíz en tierra árida\,\nsin figura\, sin belleza. \nLo vimos sin aspecto atrayente\,\ndespreciado y evitado de los hombres\, \ncomo un hombre de dolores\, acostumbrado a sufrimientos\,\nante el cual se ocultan los rostros\,\ndespreciado y desestimado. \nÉl soportó nuestros sufrimientos\ny aguantó nuestros dolores; \nnosotros lo estimamos leproso\,\nherido de Dios y humillado; \npero él fue traspasado por nuestras rebeliones\,\ntriturado por nuestros crímenes. \nNuestro castigo saludable cayó sobre él\,\nsus cicatrices nos curaron. \nTodos errábamos como ovejas\,\ncada uno siguiendo su camino; \ny el Señor cargó sobre él\ntodos nuestros crímenes. \nMaltratado\, voluntariamente se humillaba\ny no abría la boca; \ncomo cordero llevado al matadero\,\ncomo oveja ante el esquilador\,\nenmudecía y no abría la boca. \nSin defensa\, sin justicia\, se lo llevaron\,\n¿quién meditó en su destino? \nLo arrancaron de la tierra de los vivos\,\npor los pecados de mi pueblo lo hirieron. \nLe dieron sepultura con los malvados\,\ny una tumba con los malhechores\, \naunque no había cometido crímenes\nni hubo engaño en su boca. \nEl Señor quiso triturarlo con el sufrimiento\,\ny entregar su vida como expiación; \nverá su descendencia\, prolongará sus años\,\nlo que el Señor quiere prosperará por su mano. \nPor los trabajos de su alma verá la luz\,\nel justo se saciará de conocimiento. \nMi siervo justificará a muchos\,\nporque cargó con los crímenes de ellos. \nLe daré una multitud como parte;\ny tendrá como despojo una muchedumbre. \nPorque expuso su vida a la muerte\ny fue contado entre los pecadores\, él \ntomó el pecado de muchos\ne intercedió por los pecadores. \nPalabra de Dios. \nO bien: \nTenemos un gran sacerdote al frente de la casa de Dios \nLectura de la carta a los Hebreos 10\, 12-23 \nHermanos: \nCristo ofreció por los pecados\, para siempre jamás\, un solo sacrificio; está sentado a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies. \nCon una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados. \nEsto nos lo atestigua también el Espíritu Santo. En efecto\, después de decir: «Así será la alianza que haré con ellos después de aquellos días —dice el Señor—: Pondré mis leyes en sus corazones y las escribiré en su mente»\, añade: «Y no me acordaré ya de sus pecados ni de sus crímenes». Donde hay perdón\, no hay ofrenda por los pecados. \nHermanos\, teniendo entrada libre al santuario\, en virtud de la sangre de Jesús\, contando con el camino nuevo y vivo que él ha inaugurado para nosotros a través de la cortina\, o sea\, de su carne\, y teniendo un gran sacerdote al frente de la casa de Dios\, acerquémonos con corazón sincero y llenos de fe\, con el corazón purificado de mala conciencia y con el cuerpo lavado en agua pura. \nMantengámonos firmes en la esperanza que profesamos\, porque es fiel quien hizo la promesa. \nPalabra de Dios. \nSalmo responsorial: Salmo 39\, 6. 7. 8-9. 10. 11 (R.: 8a y 9a) \nR. Aquí estoy\, Señor\, para hacer tu voluntad. \nCuántas maravillas has hecho\,\nSeñor\, Dios mío\,\ncuántos planes en favor nuestro;\nnadie se te puede comparar.\nIntento proclamarlas\, decirlas\,\npero superan todo número. R. \nTú no quieres sacrificios ni ofrendas\,\ny\, en cambio\, me abriste el oído;\nno pides sacrificio expiatorio. R. \nEntonces yo digo: «Aquí estoy\n—como está escrito en mi libro—\npara hacer tu voluntad».\nDios mío\, lo quiero\,\ny llevo tu ley en las entrañas. R. \nHe proclamado tu salvación\nante la gran asamblea;\nno he cerrado los labios;\nSeñor\, tú lo sabes. R. \nNo me he guardado en el pecho tu defensa\,\nhe contado tu fidelidad y tu salvación\,\nno he negado tu misericordia y tu lealtad\nante la gran asamblea. R. \nAleluya Is 42\, 1 \nMirad a mi siervo\, a quien sostengo;\nmi elegido\, a quien prefiero.\nSobre él he puesto mi espíritu\,\npara que traiga el derecho a las naciones. \nEVANGELIO \nEsto es mi cuerpo\nEsta copa es la nueva alianza\, sellada con mi sangre \n Lectura del santo evangelio según san Lucas 22\, 14-20 \nLlegada la hora\, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: \n—«He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros\, antes de padecer\, porque os digo que ya no la volveré a comer\, hasta que se cumpla en el reino de Dios». \nY\, tomando una copa\, pronunció la acción de gracias y dijo: \n—«Tomad esto\, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid\, hasta que venga el reino de Dios». \nY\, tomando pan\, pronunció la acción de gracias\, lo partió y se lo dio\, diciendo: \n—«Esto es mi cuerpo\, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía». \nDespués de cenar\, hizo lo mismo con la copa\, diciendo: \n—«Esta copa es la nueva alianza\, sellada con mi sangre\, que se derrama por vosotros». \nPalabra del Señor. \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nTercer jueves después de Pentecostés.\nFiesta de Jesucristo\, sumo y eterno sacerdote.\n\nEsta celebración\, como la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre del Señor\, es prolongación y desarrollo de lo que conmemoramos el Jueves Santo. Sin embargo\, en el misal los acentos se desplazan sutilmente: en la colecta de la misa –con un sesgo clerical– se pasa del sacerdocio de Jesucristo al sacerdocio de los ministros ordenados\, paso que luego se matizará levemente en el prefacio correspondiente. Lo específico de los obispos\, presbíteros y diáconos es el «ministerio» por «ordenación» (se habla de «ordenado» diácono\, presbítero u obispo); en tanto que los laicos reciben ministerios por institución (se dice «instituido» lector\, acólito\, o ministro extraordinario). Pero «sacerdocio» no es lo mismo que «ministerio».\nEl término sacerdote se deriva de:\n• Sacerdos. Vocablo latino que significa «hacer sagrado»\, de donde pasa al español.\n• Ἱερεύς. Término griego que significa «consagrado para el sacrificio»\, sacerdote.\n• כֹּהֵן. Palabra hebrea que significa «consagrado y servidor de lo sagrado»\, sacerdote.\nEl sacerdocio de Jesucristo se distingue del sacerdocio del Antiguo Testamento:\n1. El sacerdocio según el Antiguo Testamento le ofrendaba a Dios cosas (dinero\, joyas\, víveres\, animales sacrificados…); el sacerdocio de Jesucristo consiste en el don de sí mismo para realizar en el mundo el designio del Padre\, sin regatear ni si quiera la propia vida.\n2. El sacerdocio del Antiguo Testamento es ritual y ceremonial; el sacerdocio de Jesucristo es vital\, existencial\, ya que su ejercicio consiste en la vida de fe del cristiano. En nuestros templos tenemos celebraciones\, pero la liturgia fundamental del cristiano es su vida.\n3. El sacerdocio del Antiguo Testamento era privilegio de una casta; el sacerdocio de Jesucristo es don para todo el pueblo de Dios. Los ministros\, tanto los «ordenados» como los «instituidos»\, están capacitados para prestar su servicio gracias al sacerdocio de Jesucristo.\nNuestras celebraciones sacramentales tienen valor en la medida en que brotan de la vida y nos conducen a la vida ordinaria. Por ejemplo\, la eucaristía. Vamos a misa y comulgamos porque queremos declarar que vivimos y convivimos en comunión con el Señor. Y salimos de misa con la misión de transmitir la vida que el Señor nos ha comunicado.\n\n1. Primera lectura (Isa 52\,13-53\,12).\nLa obtención de la salvación (vida) a través del sufrimiento (mengua de la vida) es algo inaudito\, una afirmación audaz. El profeta describe la vida de un personaje que\, tras nacer\, sufre\, padece\, es condenado y muere\, es sepultado e\, inesperadamente\, rehabilitado. El sufrimiento llegó hasta límites inexplicables: al principio\, se trata de una vida insignificante\, prosigue entre menosprecio y desprecios en medio de la indiferencia general. Y nadie se solidariza con él.\nSe trata de un anuncio proclamado por varios («nuestro anuncio») que a distancia son testigos de tanto sufrimiento\, aunque son conscientes de que ellos son la causa del dolor que presencian como si vieran un castigo divino\, y de que son ellos quienes deberían estar padeciendo ese dolor\, que es consecuencia de sus rebeliones\, crímenes y extravíos.\nEl «hombre hecho a sufrir\, curtido en el dolor» (Isa 53\,3) sufrió sin protestar\, aunque «sin arresto\, sin proceso\, …lo arrancaron de la tierra de los vivos». Su deshonra lo acompañó hasta la tumba.\nDios mismo lo declara: el ejecutado era inocente\, cargó con los crímenes de todos y será causa de rehabilitación para todos; fue contado entre los pecadores\, pero intercedió por todos ellos.\nEste oráculo\, que se lee en Viernes Santo en la pasión del Señor\, evoca el sacrificio salvador de Jesús en la cruz. Esto lo hace sacerdote de otro modo: no ofrece víctimas\, se ofrece a sí mismo.\n\n1. Primera lectura (Hb 10\,12-23).\nEl autor establece un contraste entre los sacerdotes y Jesús\, entre el culto de ellos y el de él. Ellos ofrecían multitud de sacrificios con víctimas (animales) que eran ineficaces\, porque no lograban erradicar el pecado; Jesús\, en cambio\, se ofreció a sí mismo\, y con esa sola ofrenda comunica el Espíritu Santo\, que entabla una nueva relación con Dios (la nueva alianza) en la cual el pecado queda eliminado de raíz. La sangre de animales queda sustituida por la sangre de Jesús\, que es su Espíritu\, por medio del cual tenemos libre y confiado acceso al Padre\, en cuya presencia está el sacerdote-intercesor de la familia de Dios.\n\n2. Evangelio (Lc 22\,14-20).\nDos cosas llaman la atención respecto de la forma como Lucas presenta la eucaristía:\n• Es el único que la llama «fracción del pan» (cf. Hch 2\,42).\n• En el relato de su institución\, aparece dos veces la mención de la copa.\nLo segundo tiene una posible explicación: los versículos 19 y 20 parecen ser una interpolación inspirada en el relato de Pablo (cf. 1Co 11\,24-25)\, por estas razones: Hay versiones del evangelio que los omiten\, el lenguaje no es lucano en algunos de sus rasgos\, y aparecen dos significados diversos de la copa. Así que el texto original llegaría hasta: «esto es mi cuerpo»\, y proseguiría en el v. 21. Esto explicaría la denominación lucana de «la fracción del pan».\nLa eucaristía es para los apóstoles-enviados\, es decir\, para los discípulos misioneros. El ardiente deseo de Jesús por comer esa cena se relaciona con la insatisfacción (hambre) que experimenta en la sociedad judía (cf. Lc 4\,2) y por su expectativa de llevar a cabo su obra en el mundo (cf. Lc 12\,50). Esta cena pascual tendrá plenitud de significado cuando se complete el reinado de Dios\, es decir\, cuando se extienda a los paganos.\nLa copa que Jesús acepta se la ofrece el Padre: significa su aceptación de su pasión y su muerte para que se cumpla el reinado de Dios por medio de su entrega total de amor para dar vida\, el Espíritu. E invita a los discípulos a aceptar la misma copa\, cuyo vino (amor) se beberá cuando el amor de Dios abarque a toda la humanidad. Por eso no se dice que los discípulos bebieron.\nEl pan que él agradece\, parte y reparte\, es signo sacramental de su persona entregada a todos y a cada uno para dar vida. Solo es posible esta entrega si antes se ha contraído el compromiso de afrontar la muerte (la copa) o\, al menos\, de sostener esa entrega de sí hasta la hora de la muerte. Tampoco se dice que ellos comieron. Beber la copa y comer el pan es algo que se hace con la manera de vivir y convivir\, siguiendo la guía del Espíritu Santo.\n\nEl sacerdocio y el culto propios de la nueva alianza son cualitativamente diferentes de los de la antigua. Eso es lo que celebramos hoy. Este sacerdocio y este culto son participados a todos los discípulos misioneros del Señor. Es prerrogativa del pueblo de Dios. Cada uno lo ejerce según sus condiciones: los ministros\, como tales; los laicos\, en las múltiples formas de su vida y de su actividad en la sociedad humana\, los consagrados\, varones y mujeres\, en el alegre testimonio de convivencia fraterna para anunciar así el reino de Dios\, los casados\, en el diario testimonio del amor de alianza\, que con los hijos constituye «familia doméstica»\, etc.\nEsta no es una celebración de exclusivo énfasis clerical\, es una invitación a profundizar y vivir fielmente la nueva relación con Dios que caracteriza a todos los bautizados\, cada uno según su propia vocación. Y su nota característica consiste en alimentar la misión con la entrega de Jesús.\nEstas (la entrega y la misión) constituyen el nuevo sacerdocio y el nuevo culto. Y es en eso a lo que se compromete el cristiano que celebra la eucaristía y comulga en ella.\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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SUMMARY:Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nYo mismo apacentaré mis ovejas y las llevaré a descansar. \nLectura de la profecía de Ezequiel   34\, 11-16 \nAsí habla el Señor: \n¡Aquí estoy Yo! Yo mismo voy a buscar mi rebaño y me ocuparé de él. Como el pastor se ocupa de su rebaño cuando está en medio de sus ovejas dispersas\, así me ocuparé de mis ovejas y las libraré de todos los lugares donde se habían dispersado\, en un día de nubes y tinieblas. Las sacaré de entre los pueblos\, las reuniré de entre las naciones\, las traeré a su propio suelo y las apacentaré sobre las montañas de Israel\, en los cauces de los torrentes y en todos los poblados del país. Las apacentaré en buenos pastizales y su lugar de pastoreo estará en las montañas altas de Israel. Allí descansarán en un buen lugar de pastoreo\, y se alimentarán con ricos pastos sobre las montañas de Israel. \nYo mismo apacentaré a mis ovejas y las llevaré a descansar -oráculo del Señor-. Buscaré a la oveja perdida\, haré volver a la descarriada\, vendaré a la herida y sanaré a la enferma\, pero exterminaré a la que está gorda y robusta. Yo las apacentaré con justicia. \nSALMO RESPONSORIAL  22\, 1-6 \nR/. El Señor es mi pastor nada me puede faltar. \nEl Señor es mi pastor\, nada me puede faltar. Él me hace descansar en verdes praderas\, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas. \nMe guía por el recto sendero\, por amor de su Nombre. Aunque cruce por oscuras quebradas\, no temeré ningún mal\, porque Tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza. \nTú preparas ante mí una mesa\, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. \nTu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor\, por muy largo tiempo. \nSEGUNDA LECTURA \nLa prueba de que Dios nos ama. \nLectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma  5\, 5b-11 \nHermanos: \nEl amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo\, que nos ha sido dado. En efecto\, cuando todavía éramos débiles\, Cristo\, en el tiempo señalado\, murió por los pecadores. \nDifícilmente se encuentra alguien que dé su vida por un hombre justo; tal vez alguno sea capaz de morir por un bienhechor. Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores. Y ahora que estamos justificados por su sangre\, con mayor razón seremos librados por Él de la ira de Dios. \nPorque si siendo enemigos\, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo\, mucho más ahora que estamos reconciliados\, seremos salvados por su vida. \nY esto no es todo: nosotros nos gloriamos en Dios\, por medio de nuestro Señor Jesucristo\, por quien desde ahora hemos recibido la reconciliación. \n\nEVANGELIO\n\nACLAMACIÓN AL EVANGELIO Mt 11\, 29ab \nAleluya. \nCarguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí\, porque soy paciente y humilde de corazón. Aleluya. \nEVANGELIO \nAlégrense conmigo\, porque encontré la oveja que se me había perdido. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 15\, 3-7 \nJesús dijo a los fariseos y a los escribas esta parábola: \nSi alguien tiene cien ovejas y pierde una\, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido\, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra\, la carga sobre sus hombros\, lleno de alegría\, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos\, y les dice: “Alégrense conmigo\, porque encontré la oveja que se me había perdido”. \nLes aseguro que\, de la misma manera\, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta\, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. \n\n\n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nTercer viernes después de Pentecostés.\nSolemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Ciclo C.\n\nCuando la Biblia habla del hombre no se vale\, como la moderna antropología\, de conceptos abstractos\, sino de partes\, órganos\, miembros o funciones del cuerpo\, que muestran un aspecto concreto de su ser. Corazón denota la interioridad del ser humano\, su vida psíquica\, en su aspecto estático o permanente. Denota también el estado permanente de la vida psíquica del ser humano (el conjunto de sus facultades y disposiciones interiores) del que procede una actividad psíquica habitual que manifiesta su condición humana. El corazón de Jesús es la expresión concreta del eterno designio de Dios en «presentación» humana.\n\n1. Primera lectura (Ez 34\,11-16).\nEl anuncia que el Señor en persona se enfrenta a la clase dirigente para reclamarle su pueblo\, del cual abusan. El pueblo disperso a causa de los abusos de sus dirigentes ha ido a parar a lugares de donde el Señor se propone liberarlo sacándolo. Una circunstancia aciaga («un día de oscuridad y nubarrones»: cf. Am 5\,18)\, es decir\, el día de la «ira de Dios»\, provocó esa dispersión. La «ira» de Dios significa las consecuencias devastadoras de la injusticia\, reprobada por el Señor Dios.\nSu actividad liberadora implica la búsqueda de las «ovejas» (seguir su rastro)\, el éxodo rescatador («los sacaré de entre los pueblos»)\, la congregación que renueva el llamado hecho a Abraham en Ur de Caldea («los congregaré de entre los países»)\, la repatriación («los traeré a su tierra»). Y su actividad salvadora se verá en el cuidado de su vida y convivencia («los apacentaré»: tres veces)\, la promesa del retorno a la tierra\, de la abundancia de vida y de la tranquila seguridad (los montes de Israel\, los ricos pastizales\, sestear)\, especialmente de los miembros más débiles de ese pueblo (descarriadas\, heridas\, enfermas)\, sin excluir a los otros miembros (gordas\, fuertes).\n\n2. Segunda lectura (Rm 5\,5-11).\nEl corazón humano es doblemente influido por el don del Espíritu Santo:\n• Experimenta el asombroso amor de Dios.\n• Se hace capaz de amar como Dios.\nEn efecto\, la muerte del Señor Jesús Mesías en la cruz\, antes de que nosotros pudiéramos amar con desinterés\, demuestra el amor universal\, gratuito y fiel de Dios por nosotros\, previo a todo mérito de nuestra parte. Dicha demostración nos da libertad y confianza para dirigirnos a Dios como un hijo a su Padre (cf. Rom 8\,15; Gal 4\,6). Y el mismo Espíritu nos habilita para amar del mismo modo a la humanidad con hechos concretos (cf. Gal 5\,13-26).\nNos da tranquilidad pensar y sentir que él nos amó de ese modo cuando éramos incapaces de amar\, y que el Mesías murió por los malvados. Se podría dar que alguien quizá muriese por un inocente; es racional pensar que alguno se arriesgara por una persona buena. Lo admirable\, en este caso\, es la forma como Dios demostró su amor. El Mesías murió por nosotros cuando aún éramos enemigos de Dios y entre nosotros mismos («pecadores»); por tanto –y esto vale para todo ser humano–\, ahora\, ya reconciliados con él\, no hay temor respecto del futuro de nuestra relación con él. Su «sangre» (el Espíritu)\, que nos hace justos\, nos libera de la condena.\nNace un nuevo orgullo\, no el de las propias obras\, sino el de tener tal Padre. Y esta condición filial nos impulsa a ser como el Padre\, a imitar su conducta\, a amar del mismo modo.\n\n3. Evangelio (Lc 15\,1-7).\nFrente al amor de Dios manifestado en Jesús se dan dos posturas posibles:\n• La aceptación sencilla y agradecida de un don tan grande y generoso.\n• El rechazo de tanta generosidad\, tachándola de complicidad y alcahuetería.\nLos recaudadores y los descreídos se acercan complacidos a escuchar el mensaje de Jesús\, en el que él les ofrece gratuitamente el amor de Dios. Los fariseos y los letrados critican amargamente esta oferta y descalifican a Jesús. El testimonio del amor de Dios implica el riesgo de no ser comprendido por los «buenos»\, los que se sienten orgullosos de sus propias obras y con derecho a juzgar y a condenar incluso al mismo testigo avalado por Dios (cf. Lc 9\,35).\nLa comparación con la que Jesús quiere explicar su conducta no llama «pastor» al propietario de las ovejas\, sino «hombre» (ἄνθρωπος)\, para que quede claro que aquí no se trata de una cuestión de liderazgo sino de humanidad. El dilema es integración («buscar») o desintegración («perder»).\nEl énfasis está puesto en lo que él hace para recuperar la oveja perdida («deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la extraviada hasta encontrarla»). Dado que las otras están «en el desierto»\, es decir\, en el camino del éxodo\, la única que le preocupa es «la extraviada». Esto implica que la seguridad consiste en estar en el camino del éxodo\, y que la perdición está en el abandono de dicho camino. Es importante señalar que\, de acuerdo con la profecía de Ezequiel\, el extravío de la oveja es responsabilidad de los dirigentes abusivos.\nLa comparación culmina en las expresiones de alegría. El «hombre» y Dios se identifican en esta alegría. «Muy contento»\, se la carga en hombros\, porque él mismo quiere conducirla de regreso «a casa» evitándole la fatiga de desandar el trayecto de su extravío. Y quiere expandir su alegría comunicándola; por eso hace partícipes de la misma a «sus amigos» (círculo íntimo) y «vecinos» (círculo más amplio): todos deben compartir su dicha. Esa es la alegría «del cielo»\, la del corazón de Dios: la satisfacción que le produce a Dios la enmienda del pecador.\n\nEl «corazón» de Jesús no es un músculo\, es la revelación de lo que nunca cambia en Dios\, de lo que siempre permanece\, a pesar mismo de las inestabilidades de los corazones de «los hombres».\nEl ser humano se hace como Dios cuando ama como él. Es «hijo» el que hace lo que le ve hacer a su Padre. Cuanto más ama un ser humano\, tanto más humano se hace\, más divino se convierte. El corazón de Jesús es la manifestación del designio liberador y salvador del Padre en expresión humana. «Hombre» (humano) de verdad es quien comparte la alegría de Dios por la integración de los excluidos. La sociedad excluyente es inhumana porque es legalista (letrados) e hipócrita (fariseos): le da más importancia a la ley que a la persona\, se basa más en su falsa concepción de la divinidad que en la auténtica experiencia de la verdad de Dios.\nNosotros somos los pecadores a quienes Jesús rescató y trajo de regreso. No podemos alegar méritos propios para ser contados en el número de sus discípulos. Podemos compartir su afán por traer a otros pecadores al rebaño\, en vez de multiplicar las razones para mantenerlos alejados. Si podemos comer a la mesa del Señor\, no es por merecimiento nuestro\, sino por bondad suya. Ayudemos a que esa bondad les llegue a muchos otros.\nFeliz solemnidad.
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SUMMARY:Solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de los Hechos de los apóstoles (12\,1-11): \nEn aquellos días\, el rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Hizo pasar a cuchillo a Santiago\, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos\, decidió detener a Pedro. Era la semana de Pascua. Mandó prenderlo y meterlo en la cárcel\, encargando su custodia a cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado\, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él.\nLa noche antes de que lo sacara Herodes\, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados\, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel. De repente\, se presentó el ángel del Señor y se iluminó la celda.\nTocó a Pedro en el hombro\, lo despertó y le dijo: «Date prisa\, levántate.»\nLas cadenas se le cayeron de las manos y el ángel añadió: «Ponte el cinturón y las sandalias.»\nObedeció y el ángel le dijo: «Échate el manto y sígueme.»\nPedro salió detrás\, creyendo que lo que hacía el ángel era una visión y no realidad. Atravesaron la primera y la segunda guardia\, llegaron al portón de hierro que daba a la calle\, y se abrió solo. Salieron\, y al final de la calle se marchó el ángel.\nPedro recapacitó y dijo: «Pues era verdad: el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos.» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 33\,2-3.4-5.6-7.8-9 \nR/. El Señor me libró de todas mis ansias \nBendigo al Señor en todo momento\,\nsu alabanza está siempre en mi boca;\nmi alma se gloría en el Señor:\nque los humildes lo escuchen y se alegren. R/. \nProclamad conmigo la grandeza del Señor\,\nensalcemos juntos su nombre.\nYo consulté al Señor\, y me respondió\,\nme libró de todas mis ansias. R/. \nContempladlo\, y quedaréis radiantes\,\nvuestro rostro no se avergonzará.\nSi el afligido invoca al Señor\,\nél lo escucha y lo salva de sus angustias. R/. \nEl ángel del Señor acampa\nen torno a sus fieles y los protege.\nGustad y ved qué bueno es el Señor\,\ndichoso el que se acoge a él. R/.\n\n\nSegunda lectura\nLectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (4\,6-8.17-18): \nYo estoy a punto de ser sacrificado y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate\, he corrido hasta la meta\, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida\, con la que el Señor\, juez justo\, me premiará en aquel día; y no sólo a mí\, sino a todos los que tienen amor a su venida. El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje\, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal\, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén. \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (16\,13-19): \nEn aquel tiempo\, al llegar a la región de Cesarea de Filipo\, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»\nEllos contestaron: «Unos que Juan Bautista\, otros que Elías\, otros que Jeremías o uno de los profetas.»\nÉl les preguntó: «Y vosotros\, ¿quién decís que soy yo?»\nSimón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías\, el Hijo de Dios vivo.»\nJesús le respondió: «¡Dichoso tú\, Simón\, hijo de Jonás! porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso\, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: tú eres Pedro\, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia\, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo\, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nSábado de la XII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\nGen 18\,1-15.\n\nDefinida la situación de Ismael en relación con la promesa\, Dios insistió en que esta se cumpliría a través de un descendiente de Abraham con Sara. El cambio de ambos nombres significa de qué modo la relación con Dios transforma la realidad humana. Ante todo\, se supone la adhesión libre de fe. Además\, el cambio está en función de la promesa\, y esta en función de la misión. Si Abraham se interpreta como «padre de una multitud de pueblos» (Gen 17\,4)\, Sara es «princesa» en ejercicio: «de ella nacerán pueblos reyes» (Gen 17\,16).\nDespués de esa reafirmación de la promesa\, se dio la circuncisión de todos los varones de la casa de Abraham\, según la instrucción dada por el Señor (cf. Gen 17\,10). Fue un ritual general. Desde el patriarca mismo\, a sus 99 años\, hasta Ismael\, a sus trece. En época posterior\, esta será la edad –los trece años– en la que el israelita comience a ser «discípulo del mandamiento» (בַּר מִצְוָה)\, es decir\, responsable de las cargas que impone la observancia de la Ley de Moisés.\nSigue ahora un anuncio más preciso del prometido nacimiento de Isaac.\n\nLa hospitalidad era una necesidad insoslayable en aquellas sociedades nómadas\, y constituía una observancia de convivencia con carácter obligatorio. Esta costumbre dio origen a historias que se transmitían respecto de seres celestes que deambulaban por el mundo para comprobar si los seres humanos eran o no hospitalarios\, y premiar a los unos o castigar a los otros. Se trata\, pues\, de un motivo literario que se convierte en recurso para ilustrar la razón de ser de bendiciones o de sanciones del cielo a los hombres y los pueblos.\nEl Señor se manifiesta acompañado de «dos ángeles» (cf. Gen 19\,1.22)\, ambos en figura humana (cf. Gen 18\,2.16). La primera parte del relato la protagoniza el anfitrión; los huéspedes casi no hablan (v. 5). La segunda parte la protagonizan los huéspedes\, pero en diálogo con Abraham y\, posteriormente\, con Sara.\n1. El anfitrión.\nAbrahán\, hizo gala de cortesía y tomó la iniciativa\, como lo exigían las costumbres\, para brindar espléndida hospitalidad a sus inesperados visitantes. La localización («el encinar de Mambré»\, cf. Gen 13\,18; 14\,13) es lugar de encuentro tranquilo de cultos diferentes. El momento («la hora del calor») es el de la mayor fatiga\, cuando más necesaria es la acogida. Abraham se postró\, pidió el favor de atenderlos\, les ofreció agua para lavarse los pies\, alivio para el calor\, cobijo y alimento. El autor subraya la diligencia que puso Abraham en el ofrecimiento de la hospitalidad (tres veces «corrió»). La vivacidad del relato permite imaginarlo afanado\, yendo de un lado a otro\, y dando instrucciones breves y precisas a Sara y a uno de sus criados\, al mismo tiempo que actuaba él. A pesar de tener criados\, él sirvió personalmente el banquete.\nEn un primer momento\, la proverbial hospitalidad de los nómadas\, testimoniada por Abraham\, lo convierte en anfitrión de Dios mismo\, sin que él lo sepa (cf. Heb 13\,2)\, aunque el lector está informado de ello por el narrador.\n2. Los huéspedes.\nPor cultura\, la mujer debía permanecer discreta e invisible. Los huéspedes preguntan por Sara\, la mujer de Abraham\, como por una persona ya conocida de ellos. Y ella se convierte en el tema de la conversación.\n• Uno anuncia una nueva visita que se verificará «en el tiempo de la vida». Se supone que se trata de la primavera\, o quizá del otoño\, cuando las lluvias provocan la eclosión de la vida. Y anuncia que\, cuando esa visita se cumpla\, Sara ya le habrá dado un hijo a Abrahán.\n• Entra en escena Sara\, primero detrás de la entrada de la tienda\, quien se ríe porque considera que humanamente es imposible la realización del anuncio que escuchó. Nuevamente aparece la risa en relación con el nacimiento del hijo de Abraham y Sara.\n• Un paréntesis del narrador aclara la razón de la risa de Sara: ambos eran ancianos y su edad era muy avanzada; y\, además\, Sara ya no menstruaba y el placer era impensable. Razones valederas\, que explican el escepticismo de Sara\, pero que no tenían en cuenta la promesa (cf. Gen 17\,16).\n• Ahora sí se desvela la identidad del interlocutor de Abrahán: el Señor. Y pide aclaración de la actitud escéptica de Sara con una pregunta retórica; «¿hay algo difícil para el Señor?». Anuncia su regreso («cuando vuelva a visitarte»)\, regreso que se verificará con el nacimiento de Isaac.\n• Sara comprende de quién se trata y se atemoriza. Tiene un breve diálogo con el Señor\, diálogo que contraría la afirmación común entre los rabinos según la cual desde Eva en adelante Dios no les dirige la palabra a las mujeres. Y así Sara sale de la penumbra al primer plano del relato.\nEl tema de la risa\, que le pone punto final a esta narración\, deja pendiente el cumplimiento de lo prometido y\, al mismo tiempo\, plantea el interrogante respecto del sentido de la risa que reviene con insistencia en referencia al hijo prometido a Abraham y Sara. El temor de Sara al negar que se ha reído\, y la insistencia del Señor en que sí lo ha hecho pretenden dejar en el lector la idea de que hay algo que queda diferido hasta otro momento. Y genera otra expectativa\, añadida al hecho mismo de la promesa del nacimiento del niño.\n\nEn la cotidianidad de la vida\, en el ejercicio de la solidaridad con el otro\, cuando parece que los recursos humanos estuvieran destinados al fracaso\, ante los ojos atónitos de sus interlocutores\, y con plazo establecido\, asegura Dios el cumplimiento de su promesa. No era en la fecundidad de Hagar sino en la esterilidad de Sara en donde iba a realizar el Señor su designio. Nada es difícil para él. La duda de Sara en el hombre (hasta ese momento ignora que se trata del Señor) confiere más intensidad al relato. Apenas se desveló la identidad del promitente\, Sara «temió» (respetó) y negó su propia duda. Tratándose del Señor\, ya no hay razón para dudar en que lo imposible sea posible: que donde hay esterilidad (muerte) pueda darse fecundidad (vida).\nLa viabilidad de una promesa depende de la credibilidad de su promitente. En Sara se aprecia el paso de dudar de la palabra del hombre a creer en la palabra del Señor. Cuando el ser humano se identifica con Dios –como es el caso de Jesús–\, la palabra del hombre adquiere categoría de palabra de Dios. Por eso Jesús insiste en la sinceridad de palabra (cf. Mt 5\,33-37).\nEn la sencillez sin espectáculo del pan partido y compartido está el secreto («misterio») de nuestra fe. Es la entrega renovada del Señor que\, lejos de conducir a la muerte\, lleva a la vida. Cada día intentamos conocer más este «misterio» asimilándonos a él.\nFeliz sábado en compañía de María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:XIII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del primer libro de los Reyes (19\,16b.19-21): \nEN aquellos días\, el Señor dijo a Elías en el monte Horeb:\n«Unge profeta sucesor tuyo a Eliseo\, hijo se Safat\, de Abel Mejolá».\nPartió Elías de allí y encontró a Eliseo\, hijo de Safat\, quien se hallaba arando. Frente a él tenía doce yuntas; él estaba con la duodécima. Pasó Elías a su lado y le echó su manto encima.\nEntonces Eliseo abandonó los bueyes y echó a correr tras Elías\, diciendo:\n«Déjame ir a despedir a mi padre y a mi madre y te seguiré».\nElías le respondió:\n«Anda y vuélvete\, pues ¿qué te he hecho?».\nEliseo volvió atrás\, tomó la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio. Con el yugo de los bueyes asó la carne y la entregó al pueblo para que comiera. Luego se levantó\, siguió a Elías y se puso a su servicio. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 15\,1-2a.5.7-8.9-10.11 \nR/. Tú eres\, Señor\, el lote de mi heredad. \nV/. Protégeme\, Dios mío\, que me refugio en ti.\nYo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».\nEl Señor es el lote de mi heredad y mi copa\,\nmi suerte está en tu mano. R/. \nV/. Bendeciré al Señor\, que me aconseja\,\nhasta de noche me instruye internamente.\nTengo siempre presente al Señor\,\ncon él a mi derecha no vacilaré R/. \nV/. Por eso se me alegra el corazón\,\nse gozan mis entrañas\,\ny mi carne descansa esperanzada.\nPorque no me abandonarás en la región de los muertos\nni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R/. \nV/. Me enseñarás el sendero de la vida\,\nme saciarás de gozo en tu presencia\,\nde alegría perpetua a tu derecha. R/. \n\n\nSegunda lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (5\,1.13-18): \nHermanos:\nPara la libertad nos ha liberado Cristo.\nManteneos\, pues\, firmes\, y no dejéis que vuelvan a someteros a yugos de esclavitud.\nVosotros\, hermanos\, habéis sido llamados a la libertad; ahora bien\, no utilicéis la libertad como estímulo para la carne; al contrario\, sed esclavos unos de otros por amor.\nPorque toda la ley se cumple en una sola frase\, que es: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».\nPero\, cuidado\, pues mordiéndoos y devorándoos unos a otros acabaréis por destruiros mutuamente.\nFrente a ello\, yo os digo: caminad según el Espíritu y no realizaréis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne; efectivamente\, hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais.\nPero si sois conducidos por el Espíritu\, no estáis bajo la ley. \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (9\,51-62): \nCuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo\, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él.\nPuestos en camino\, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron\, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén.\nAl ver esto\, Santiago y Juan\, discípulos suyos\, le dijeron:\n«Señor\, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?».\nÉl se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea. Mientras iban de camino\, le dijo uno:\n«Te seguiré adondequiera que vayas».\nJesús le respondió:\n«Las zorras tienen madrigueras\, y los pájaros del cielo nidos\, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».\nA otro le dijo:\n«Sígueme».\nEl respondió:\n«Señor\, déjame primero ir a enterrar a mi padre».\nLe contestó:\n«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».\nOtro le dijo:\n«Te seguiré\, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa».\nJesús le contestó:\n«Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios». \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\nXIII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.\n\nDespués de explicitar las condiciones del seguimiento\, Jesús anunció que el reinado de Dios sería visto por algunos de los presentes (cf. Lc 9\,22-27). Luego\, se transfiguró delante de tres de ellos sin que hubiera reacción alguna positiva por parte de estos\, debido a sus apegos al nacionalismo fanático (cf. Lc 9\,28-36). A continuación\, el evangelista escenificó la desesperación del pueblo y la inutilidad de la violencia para hacerlo libre (cf. Lc 9\,37-43). Jesús volvió a anunciar su muerte y resurrección\, pero los discípulos no querían saber de eso (cf. Lc 9\,43-45)\, porque abrigaban ambiciones de grandeza (cf. Lc 9\,46-48) y los animbaa un ánimo excluyente (cf. Lc 9\,49-50).\n\nLc 9\,51-62.\nEn vista de que el influjo que ejerce la capital sobre los aldeanos es lo que impide el anuncio de la buena noticia\, Jesús decidió plantarle cara a Jerusalén. El relato de este domingo muestra que él emprendió un viaje hacia Jerusalén pasando Samaría; y tiene dos partes: la travesía por Samaría y las reacciones de los samaritanos ante Jesús.\n1. La travesía por Samaría.\nEstá cerca el tiempo de que Jesús sea «llevado a lo alto» (ἀνάλημψις) –algo así como la llevada de Elías al cielo (cf. 2Rey 2\,9-11)–\, es decir\, los días de su muerte\, resurrección y ascensión\, o de su «éxodo\, que iba a completar en Jerusalén» (Lc 9\,31). Jesús envió «mensajeros por delante» que le prepararan el camino entre los samaritanos\, como Juan fue encargado de preparárselo entre los judíos. La primera reacción de los samaritanos fue hostil\, debido a que los mensajeros ocultaron el motivo del viaje de Jesús a Jerusalén.\nEl evangelista había dicho que Jesús iba a «encararse con Jerusalén»\, como lo había hecho en su momento el profeta (Eze 6\,2; 13\,17; 21\,2.7; 25\,2; 28\,21; 29\,2). Pero los mensajeros\, al presentarlo como Mesías\, dijeron que él había resuelto ir a Jerusalén\, aparentemente a tomarse el poder\, algo en lo que los samaritanos no estaban interesados en participar. Por eso se negaron a recibirlo.\nSantiago y Juan\, los nacionalistas excluyentes (cf. Lc 9\,49-50)\, pretendían que Jesús aprobara sus impulsos violentos y que procediera como Elías\, que hizo caer rayos sobre sus opositores (cf. 2Rey 1\,10.12). Jesús «los increpó»\, es decir\, los trató como a poseídos\, reprobando esa intención.\nY se fue con ellos a otra aldea. Esta vez no envió mensajeros por delante\, dada la incapacidad de ellos para prepararle el camino entre judíos (cf. Lc 9\,9-10) y samaritanos (cf. Lc 9\,52-53). Así que él se presentó personalmente.\n2. Las reacciones de los samaritanos.\nEl paso de Jesús por Samaría proyecta una imagen atrayente; las reacciones se van dando de un modo espontáneo y positivo. Jesús tiene oportunidad de proponerles la buena noticia. Presenta el evangelista tres casos que sintetizan la totalidad de las reacciones de los samaritanos ante Jesús. Los dos extremos –primero y tercero– aparecen como ofertas\, e indican la acogida que despierta su persona; y el central –el segundo– aparece como una invitación explícita de parte suya\, lo que sugierea que toda atracción hacia él es vocación.\na) Primer caso: el nuevo modelo humano. El «camino» de Jesús es incluyente. Su amor se manifiesta universal\, sin fronteras. Por eso\, un samaritano\, al verlo libre de prejuicios nacionalistas\, se ofrece a seguirlo «adondequiera» que él vaya. Jesús se le presenta como un hombre libre de apegos y de particularismos\, abierto a todos. Sin embargo\, este samaritano supone que Jesús tiene una meta\, un destino que alcanzar en alguna parte\, y está dispuesto a llegar con Jesús hasta ese lugar.\nLa respuesta de Jesús aclara la cuestión: los cuadrúpedos más insignificantes («zorras») y los más pequeños alados («pájaros») tiene su lugar de reposo; en cambio\, «el Hijo del Hombre» no tiene un destino fijo en la tierra ni en la historia. Su propósito es caminar sin descanso\, porque la meta está más allá de este espacio y de este tiempo. Él no busca seguridades en este mundo.\nb) Segundo caso: el nuevo rostro de Dios. La invitación explícita se dirige a uno que pide un compás de espera mientras puede hacerle las honras fúnebres a su padre. La figura del «padre» no se refiere aquí al progenitor\, sino a la tradición\, que –como la figura paterna– era la norma de conducta y convivencia para el israelita. La muerte del «padre» sugiere la ruptura con la tradición\, hecho que se constataba entre los samaritanos. Sin embargo\, un cierto sentido de la lealtad a la tradición y a la autoridad obstaculizan la respuesta al llamado del Señor.\nJesús le explica que los que se guían por esa tradición están tan «muertos» como ella; que ya no tiene sentido seguir honrándola\, porque eso es como sepultarse en vida con un cadáver. Ambos términos\, «padre» y «muerto»\, se usan en sentido metafórico. Pero\, sobre todo\, Jesús lo invita a «anunciar el reinado de Dios». Dios es presentado en sustitución del «padre» terreno\, es decir\, a cambio de la tradición cultural\, y en oposición a él\, es decir\, vivo y vivificador.\nc) Tercer caso: el nuevo ideal de convivencia. Nuevamente aparece otro ofreciéndose a seguir a Jesús\, y le pide que se le permita despedirse (ἀποτάσσομαι) de su familia\, entendida como estirpe (οἶκος). Se trata de decir un adiós que no implique ruptura\, dejando abierta la posibilidad de volver (cf. Hch 18\,18.21). De algún modo\, implica privilegiar el vínculo de sangre (otra acepción del verbo ἀποτάσσομαι)\, lo que limitaría el amor universal propuesto por Jesús.\nPor eso él le explica que no se puede construir el futuro con apego al pasado. Arar mirando hacia atrás no garantiza una buena siembra (la evangelización). El reino de Dios\, la nueva convivencia social\, no se construye con modelos «viejos» (cf. Lc 5\,36-39)\, ni siquiera con el modelo familiar; tendrá que ser al revés\, la familia habrá que conformarla según el modelo del reino de Dios. El que pretende lo inverso «no vale para el reino de Dios».\n\nJesús encarna y propone un atrayente modelo humano\, «el Hijo del Hombre»\, que se caracteriza por carecer de ambiciones temporales y terrenales\, lo cual le da una extraordinaria libertad ante los pequeños proyectos intramundanos. A cambio del apego al pasado\, propone el reinado del Padre\, la novedad de la vida que se renueva cada día gracias a la acción regeneradora del Espíritu Santo\, lo cual lo hace heredero de la mayor riqueza\, la vida eterna. Y en vez del encierro en los estrechos vínculos de consanguinidad\, étnicos o nacionales\, propone el reino de Dios\, el nuevo ideal de convivencia humana que ensancha al máximo las posibilidades de inclusión social.\nLa comunidad cristiana está formada por hombres nuevos\, a imagen del Hijo del Hombre\, tiene por modelo de vida al Padre del cielo\, y está llamada a vivir y dar testimonio del reino de Dios. En la celebración de la eucaristía\, las comunidades están invitadas a examinarse a esta luz\, con el propósito de romper egoísmos y particularismos para vivir como hijos de Dios.\n¡Feliz día del Señor!
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