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SUMMARY:Lunes de la XIII semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Génesis (18\,16-33): \nCuando los hombres se levantaron de junto a la encina de Mambré\, miraron hacia Sodoma; Abrahán los acompañaba para despedirlos.\nEl Señor pensó: «¿Puedo ocultarle a Abrahán lo que pienso hacer? Abrahán se convertirá en un pueblo grande y numeroso\, con su nombre se bendecirán todos los pueblos de la tierra; lo he escogido para que instruya a sus hijos\, su casa y sucesores\, a mantenerse en el camino del Señor\, haciendo justicia y derecho; y así cumplirá el Señor a Abrahán lo que le ha prometido.»\nEl Señor dijo: «La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte\, y su pecado es grave; voy a bajar\, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no\, lo sabré.»\nLos hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma\, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán.\nEntonces Abrahán se acercó y dijo a Dios: «¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad\, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti tal cosa!\, matar al inocente con el culpable\, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo\, ¿no hará justicia?»\nEl Señor contestó: «Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes\, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos.»\nAbrahán respondió: «Me he atrevido a hablar a mi Señor\, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes\, ¿destruirás\, por cinco\, toda la ciudad?»\nRespondió el Señor: «No la destruiré\, si es que encuentro allí cuarenta y cinco.»\nAbrahán insistió: «Quizá no se encuentren más que cuarenta.»\nLe respondió: «En atención a los cuarenta\, no lo haré.»\nAbrahán siguió: «Que no se enfade mi Señor\, si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?»\nÉl respondió: «No lo haré\, si encuentro allí treinta.»\nInsistió Abrahán: «Me he atrevido a hablar a mi Señor. ¿Y si se encuentran sólo veinte?»\nRespondió el Señor: «En atención a los veinte\, no la destruiré.»\nAbrahán continuó: «Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez?»\nContestó el Señor: «En atención a los diez\, no la destruiré.»\nCuando terminó de hablar con Abrahán\, el Señor se fue; y Abrahán volvió a su puesto. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 102 \nR/. El Señor es compasivo y misericordioso \nBendice\, alma mía\, al Señor\,\ny todo mi ser a su santo nombre.\nBendice\, alma mía\, al Señor\,\ny no olvides sus beneficios. R/. \nÉl perdona todas tus culpas\ny cura todas tus enfermedades;\nél rescata tu vida de la fosa\ny te colma de gracia y de ternura. R/. \nEl Señor es compasivo y misericordioso\,\nlento a la ira y rico en clemencia;\nno está siempre acusando\nni guarda rencor perpetuo. R/. \nNo nos trata como merecen nuestros pecados\nni nos paga según nuestras culpas.\nComo se levanta el cielo sobre la tierra\,\nse levanta su bondad sobre sus fieles. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (8\,18-22): \nEn aquel tiempo\, viendo Jesús que lo rodeaba mucha gente\, dio orden de atravesar a la otra orilla.\nSe le acercó un escriba y le dijo: «Maestro\, te seguiré adonde vayas.»\nJesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos\, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.»\nOtro\, que era discípulo\, le dijo: «Señor\, déjame ir primero a enterrar a mi padre.»\nJesús le replicó: «Tú\, sígueme. Deja que los muertos entierren a sus muertos.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nLunes de la XIII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\nGen 18\,16-33.\n\nEn seguida de la promesa hecha a Abraham y Sara del nacimiento de «un hijo»\, narra el autor la continuación del viaje de los tres peregrinos que habían llegado a donde estaba Abraham\, en el encinar de Mambré. El relato quiere mostrar la justicia de Dios mucho más que la importancia de Abraham en el designio de Dios y en la historia de la humanidad. Se puede apreciar una cierta estructura progresiva en la narración:\n1. Breve introducción (v. 16).\n2. Deliberación del Señor (vv. 17-19).\n3. Revelación del Señor a Abraham (vv. 20-22).\n4. Intercesión de Abraham (vv. 23-32).\n5. Breve conclusión (v. 33).\n\nAunque la intercesión de Abraham ocupa amplio espacio en este relato\, lo medular del mismo estriba en la revelación del Señor\, que permite la intervención de Abraham\, intervención que es provocada por el Señor al hacer a Abraham partícipe de su actuación.\n1. Breve introducción (v. 16).\nLos huéspedes de Abraham dan por terminada la visita y muestran que su destino es Sodoma. Abraham los acompaña un trecho; esta era una costumbre que tenían los beduinos\, recorrer un cierto trecho con sus huéspedes como despedida de cortesía.\n2. Deliberación del Señor (vv. 17-19).\nCon este monólogo interior del Señor pretende el autor que el lector tome conciencia de lo que representa Abraham. Primero\, se pregunta si va a tener secretos con Abraham\, pregunta retórica destinada al lector\, para que entienda el sentido de lo que sigue. En seguida\, recuerda en síntesis su promesa de hacer de Abraham «un pueblo grande y numeroso»\, y de bendecir por su medio a «todos los pueblos de la tierra».\nLa razón de todo ello –se recuerda el Señor a sí mismo– es que él lo «conoció» (lo eligió) para una misión concreta. Este «conocimiento» entraña una exigente relación personal (cf. Amo 3\,2)\, exigencias que se refieren a la misión del patriarca: enseñar a sus descendientes a permanecer en «el camino del Señor» por medio de la práctica de «la justicia y del derecho». La justicia consiste en la rectitud ante el Señor; el derecho\, en la rectitud en las relaciones humanas. La promesa y la alianza establecen entre el Señor y Abraham una relación de confianza mutua; esto implica que es conveniente que Abraham sepa lo que el Señor piensa hacer. Y la conveniencia radica en que Abraham ha de aprender del Señor a «practicar la justicia y el derecho» para poder enseñarlo.\n3. Revelación del Señor a Abraham (vv. 20-22).\nEl Señor sintetiza el asunto en términos de seria denuncia de un gravísimo pecado\, verificación personal del hecho y cercanía de un juicio. Tradicionalmente\, Mambré se localiza a 3 kilómetros de Hebrón\, en la región montañosa; Sodoma y Gomorra\, en las regiones bajas\, en dirección al Mar Muerto. Por eso dice el Señor que va a «bajar» para verificar si los hechos responden a la denuncia. Este modo de hablar\, en términos humanos\, pretende afirmar que el Señor no procede arbitrariamente\, sino que lo hace con conocimiento de causa (cf. Gen 11\,5)\, pues quiere enseñar a Abraham\, para que aprenda a «practicar la justicia y el derecho» y así lo enseñe él.\n«Los hombres» (Gen 19\,1 dirá que son «ángeles») reanudan su camino y se dirigen a Sodoma. El Señor continúa con Abraham. «Los hombres» son los enviados a cerciorarse de la verdad de la denuncia. Ese carácter de enviados del Señor es lo que explica que más adelante se diga que son «ángeles»\, es decir\, mensajeros de Dios que actúan en su nombre. El hecho de que el Señor esté con Abraham mientras «los hombres» se dirigen a Sodoma pretende hacer ver que la presencia del Señor llena la tierra\, que él puede estar al mismo tiempo en dos lugares distintos y distantes.\n4. Intercesión de Abraham (vv. 23-32).\nLa intensidad dramática de esta parte de relato es evidente. El hilo del mismo se mueve en el esquema delito-castigo\, que es equivalente al de causa-consecuencia o –en lenguaje religioso– pecado-repercusiones. Su objetivo es mostrar que las objeciones del ser humano respecto del proceder del Señor carecen de fundamento; se puede confiar en la justeza su juicio. Abraham se desempeña como intercesor combinando la audacia con el respeto al Señor. Sus manifestaciones de respeto parecen cautelosas y exageradas\, pero con ellas morigera la osadía de sus súplicas.\nNo hay que olvidar que el objetivo del relato es enseñarle a Abraham a «practicar la justicia y el derecho». Adviértase –primero– que Abraham se hace «abogado defensor» de los justos; y su argumento se basa en que no es presentable que el justo y el culpable tengan el mismo destino. Eso sería indigno del Señor. Él no puede confundir al inocente con el culpable\, porque\, siendo él la instancia suprema del juicio («juez de todo el mundo»)\, de él se espera justicia. En segundo lugar\, el misericordioso «regateo» de Abraham no tiene como objetivo persuadir al Señor\, sino llevar a Abraham a la certeza de que todas las eventualidades ya han sido consideradas. Enumera seis intercesiones\, y deja abierta la posibilidad de continuar. Abraham comprende que el Señor es salvador\, pero el ser humano es libre y decide si acepta o rechaza esa salvación.\nSegún Jer 5\,1\, el Señor está dispuesto a perdonar la ciudad de Jerusalén si se encontrara en ella «alguno» que respete el derecho; Eze 22\,30 va más lejos: un solo justo salvaría a todo el país. Y da a entender que incluso para la Sodoma condenada hay una posibilidad de salvación. E Isa 53 afirma que uno solo será rescate de muchedumbres («muchos»: vv. 11-12\, una totalidad discreta). Estos descendientes de Abraham aprendieron la justicia y el derecho que enseña el Señor.\n5. Breve conclusión (v. 33).\nLa conversación no se interrumpe bruscamente\, llega a su conclusión y\, entonces\, el Señor se marcha y Abraham regresa a Mambré. Ahora entiende que el trágico final de Sodoma es decisión de sus propios habitantes\, no una injusticia de parte del Señor.\n\nEl relato muestra a Abraham intercediendo por los justos paganos («por él serán benditos todos los pueblos de la tierra»)\, pero esa intercesión es solo el telón de fondo para resaltar la justicia del Señor\, el Dios de Abraham. Solo en Jesús podemos comprender claramente ese designio de Dios salvador\, ya que «como la desobediencia de aquel solo hombre constituyó pecadores a la multitud\, así también la obediencia de este solo constituirá justos a la multitud» (Rom 5\,19). Esta solidaridad en el bien y en el mal no es simétrica\, ya que Jesús\, con el don de su Espíritu\, inclinó la balanza a favor de la solidaridad en el bien.\nEn la comunión eucarística nos hacemos solidarios con Jesús\, y él nos da fuerza para vencer el pecado (la injusticia) en nosotros y en la sociedad humana.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la XIII semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro del Génesis (19\,15-29): \nEn aquellos días\, los ángeles urgieron a Lot: «Anda\, toma a tu mujer y a esas dos hijas tuyas\, para que no perezcan por culpa de Sodoma.»\nY\, como no se decidía\, los agarraron de la mano\, a él\, a su mujer y a las dos hijas\, a quienes el Señor perdonaba; los sacaron y los guiaron fuera de la ciudad.\nUna vez fuera\, le dijeron: «Ponte a salvo; no mires atrás. No te detengas en la vega; ponte a salvo en los montes\, para no perecer.»\nLot les respondió: «No. Vuestro siervo goza de vuestro favor\, pues me habéis salvado la vida\, tratándome con gran misericordia; yo no puedo ponerme a salvo en los montes\, el desastre me alcanzará y moriré. Mira\, ahí cerca hay una ciudad pequeña donde puedo refugiarme y escapar del peligro. Como la ciudad es pequeña\, salvaré allí la vida.»\nLe contestó: «Accedo a lo que pides: no arrasaré esa ciudad que dices. Aprisa\, ponte a salvo allí\, pues no puedo hacer nada hasta que llegues.»\nPor eso la ciudad se llama La Pequeña. Cuando Lot llegó a La Pequeña\, salía el sol. El Señor\, desde el cielo\, hizo llover azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra. Arrasó aquellas ciudades y toda la vega con los habitantes de las ciudades y la hierba del campo. La mujer de Lot miró atrás y se convirtió en estatua de sal. Abrahán madrugó y se dirigió al sitio donde había estado con el Señor. Miró en dirección de Sodoma y Gomorra\, toda la extensión de la vega\, y vio humo que subía del suelo\, como el humo de un horno. Así\, cuando Dios destruyó las ciudades de la vega\, arrasando las ciudades donde había vivido Lot\, se acordó de Abrahán y libró a Lot de la catástrofe. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 25\,2-3.9-10.11-12 \nR/. Tengo ante los ojos\, Señor\, tu bondad \nEscrútame\, Señor\, ponme a prueba\,\nsondea mis entrañas y mi corazón\,\nporque tengo ante los ojos tu bondad\,\ny camino en tu verdad. R/. \nNo arrebates mi alma con los pecadores\,\nni mi vida con los sanguinarios\,\nque en su izquierda llevan infamias\,\ny su derecha está llena de sobornos. R/. \nYo\, en cambio\, camino en la integridad;\nsálvame\, ten misericordia de mí.\nMi pie se mantiene en el camino llano;\nen la asamblea bendeciré al Señor. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (8\,23-27): \nEn aquel tiempo\, subió Jesús a la barca\, y sus discípulos lo siguieron. De pronto\, se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; él dormía.\nSe acercaron los discípulos y lo despertaron\, gritándole: «¡Señor\, sálvanos\, que nos hundimos!»\nÉl les dijo: «¡Cobardes! ¡Qué poca fe!»\nSe puso en pie\, increpó a los vientos y al lago\, y vino una gran calma.\nEllos se preguntaban admirados: «¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nMartes de la XIII semana del Tiempo Ordinario. Año I. \nLa destrucción de «Sodoma y Gomorra» (Gen 19\,24) es presentada en este relato en el esquema de delito-castigo\, sin que se especifique el tipo de delito\, aunque las circunstancias inmediatas aluden a un abuso sexual generalizado (Gen 19\,4-5). Sin embargo\, el profeta Isaías (cf. 1\,10-20) denuncia a Sodoma como paradigma de injusticia social; Jeremías (23\,14) denuncia a los falsos profetas como «adúlteros» (idólatras) y «embusteros» (magos) que apoyan a los malvados «como Sodoma y Gomorra»; y\, según Ezequiel (16\,49-50)\, el delito de Sodoma consistió en llenarse de orgullo por su prosperidad económica y en su indolencia frente a la indigencia del pobre. La depravación sexual aparece más como delito de los cananeos (cf. Lev 18\,6-23.27; 20\,8-21.23).\nLos hombres-ángeles llegan a Sodoma y Lot les ofrece alojamiento. Los vecinos vienen a pedirle a Lot que los ponga a su disposición para acostarse con ellos\, Lot se niega y\, a cambio\, les ofrece sus hijas\, pero los vecinos insisten\, ante lo cual los hombres-ángeles intervienen a favor de Lot\, protegiéndolo a él y a los de su casa. Enseguida le advierten que ellos van a destruir ese lugar a causa de la acusación que pesa en su contra\, y le piden que se ponga a salvo con toda su familia. Los novios de sus hijas no les creyeron (cf. Gen 19\,1-14\, omitido). \nGen 19\,15-29.\n«El Señor se marchó y Abraham volvió a su lugar» (Gen 18\,33). El autor evita mencionar que el Señor en persona vaya a Sodoma; sus «mensajeros» lo hacen por él. Contrasta la hospitalidad de Abraham\, que acogió al Señor\, con la conducta de los habitantes de Sodoma en relación con los huéspedes de Lot\, quien\, por su parte\, los acogió como Abraham al Señor (cf. Gen 19\,11-3).\nAl amanecer los hombres-ángeles urgieron a Lot para que abandonara la ciudad con su familia. Da la impresión de que el fin es inevitable\, que los habitantes sellaron el destino de su ciudad\, y que no queda más alternativa que poner distancia entre la sociedad culpable y la familia justa. Así queda manifiesto que el Señor no quiere que el inocente tenga la misma suerte que el culpable\, pues los ángeles prácticamente los forzaron a salir\, insistiéndole en que era cuestión de poner a salvo la vida\, con la indicación de dirigirse a los montes sin mirar atrás\, es decir\, de no dejarse llevar de la nostalgia y de no intentar volver.\nLot insistió en la dificultad para ponerse a salvo antes del amanecer\, dado que los ángeles le han señalado unos montes lejanos para refugiarse\, y pidió que les permitieran hacerlo en una ciudad pequeña y cercana\, a lo cual el ángel accedió (desde este momento hasta el v. 23 se habla de un solo ángel). Aparece una nueva manifestación del designio del Señor: que el justo sea salvación para otros («accedo a lo que me pides: no arrasaré esa ciudad que dices»). La urgencia del ángel insiste en la inminencia de la destrucción\, pero también en que el desastre está en suspenso por la necesidad de poner a salvo al justo. Y esto señala otra manifestación del designio del Señor: la voluntad salvadora de Dios prevalece sobre las decisiones destructoras de los hombres. La villa en la que por fin se refugian –que Lot había calificado de «insignificante» (מִצְעָר: Gen 19\,20)\, se llama Zoar (צֹעַר: Gen 19\,22)\, nombre que se explica por esa calificación que le dio Lot.\nFinalmente\, la destrucción sucede y es atribuida al Señor. Queda la impresión de que había como un plazo perentorio que necesariamente tenía que cumplirse. Esto parece sugerir que los días de la injusticia están contados\, es decir\, que la prevalencia del mal no es definitiva. Se habla de una lluvia de «azufre y fuego». Ese doble dato (cf. Eze 38\,22; Sal 11/10\,6) sugiere un juicio («fuego») aniquilador («azufre»). Puesto que la acusación había sido presentada ante él\, a él le correspondía la sentencia. Esto significa que dicha corrupción\, desde la perspectiva del Señor\, era del todo insostenible. El relato tiene una finalidad ejemplarizante. Quiere insistir en que el Señor no apoya la corrupción\, y que esta negación de apoyo precipita en la ruina el proyecto humano basado en esa corrupción. El juicio divino al respecto es unívoco. No obstante\, el Señor salva al inocente y este prolonga el favor de Dios a los otros que no tienen culpa.\nLa atribución de la destrucción a decisión y obra del Señor completa la descripción que el autor quiere hacer de él: «el juez de todo el mundo» sí hace justicia. Salvó al justo Lot con su familia y juzgó culpables las sociedades injustas (cf. Gen 18\,23-25). El arcaico lenguaje de castigo –difícil de aceptar en la actual sensibilidad– pretende mostrar dos realidades: la injusticia que se comete siempre tiene consecuencias negativas\, y el Señor nunca aprueba la injusticia.\nLa mujer de Lot se presenta como quien añora esa situación y no logra romper del todo con ella. Si los novios de las hijas de Lot no dieron crédito al oráculo del cielo y prefirieron atar su suerte a la de Sodoma\, la mujer de Lot parece expresar la nostalgia por un sueño que no se realizó. Y esto remite a la elección que Lot había hecho de esa tierra\, cuando la miró tan promisoria como un paraíso (cf. Gen 13\,10-11). Abraham contempla desde lejos la destrucción\, desde su vida de alianza con el Señor\, viendo cómo el Señor salva y la corrupción arruina la vida y la convivencia de los hombres. Abraham fue bendición para los pueblos porque intercedió por ellos y obtuvo la liberación de Lot\, y este la de la pequeña ciudad de Zoar. \nLa explicación histórica y científica de la catástrofe oscila entre una sacudida sísmica acompañada por una erupción de gases inflamables\, y una lluvia de aerolitos. Cualquiera que sea\, le sirve al autor para dar un mensaje\, desde su perspectiva\, poniendo en guardia contra la corrupción social\, en términos genéricos; no queda claro si se trata de irrespeto al derecho individual o al colectivo\, o a ambos. El énfasis del mensaje no es que el Señor castiga al impío\, sino que salva al inocente\, y que\, aunque la corrupción se generalice\, es posible convivir en un medio corrupto\, como hizo Lot\, sin dejarse arrastrar\, aunque gente cercana a uno\, como sucedió con la mujer de Lot\, pueda simpatizar con ese ambiente. Las hijas de Lot aparecen como inexpertas que estuvieron a punto de ser absorbidas por dicho ambiente (tenían novios naturales de Sodoma).\nVivir en el mundo sin ser del mundo ni creerse mejor que otros ni despreciarlos es la condición propia del cristiano. Y vivir en medio de una sociedad proclive a la corrupción y ser intercesor ante Dios a favor de la misma\, incluso experimentando muy de cerca el influjo de esa corrupción\, es manifestación de un amor ajeno a la altanería y al puritanismo\, amor fraterno que se propone ser testimonio del amor liberador y salvador de Dios.\nLa comunión con el Señor no nos aparta de los demás\, al contrario\, nos impulsa a ser «próximos» (prójimos) para tenderles esa mano que libera y salva. Quien verdaderamente comulga con Jesús («el Señor salva») está disponible para salvar\, no para condenar. El justo\, como Jesús\, ayuda.\nFeliz martes.
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SUMMARY:Fiesta de Santo Tomás\, apóstol
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la carta a los Efesios (2\,19-22): \nYa no sois extranjeros ni forasteros\, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas\, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado\, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción\, para ser morada de Dios\, por el Espíritu. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 116 \nR/. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio \nAlabad al Señor\, todas las naciones\,\naclamadlo todos los pueblos. R/. \nFirme es su misericordia con nosotros\,\nsu fidelidad dura por siempre. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Juan (20\,24-29): \nTomás\, uno de los Doce\, llamado el Mellizo\, no estaba con ellos cuando vino Jesús.\nY los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»\nPero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos\, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado\, no lo creo.»\nA los ocho días\, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos.\nLlegó Jesús\, estando cerradas las puertas\, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»\nLuego dijo a Tomás: «Trae tu dedo\, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo\, sino creyente.»\nContestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»\nJesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\n3 de julio.\nFiesta de santo Tomás\, apóstol.\n\nEl nombre Tomás es de origen arameo (תֹּאמָא)\, pero aparece más documentado el nombre en su equivalente griego (Δίδυμος). En arameo\, como en hebreo y en griego\, dicho nombre significa «gemelo». El discípulo al que se designa con este nombre –uno de los Doce– no figura de modo destacado en los sinópticos\, pero sí en Juan\, donde aparece como «mellizo» de la suerte de Jesús (cf. Jn 11\,16): dispuesto a morir con él. Pertenece al grupo de los siete que presenciaron la tercera manifestación de Jesús resucitado (cf. Jn 21\,2)\, pero que no estuvo presente en la primera (cf. Jn 20\,24)\, y manifestó fuerte escepticismo antes de la segunda (texto de hoy). Dos apócrifos existen a su nombre\, ambos son de corte gnóstico: «El evangelio de Tomás»\, donde aparece como el destinatario secreto de un mensaje reservado que Jesús les comunica a pocos\, y «Los hechos apócrifos de Tomás»\, que narran su misión evangelizadora y su martirio en la India.\nTomás personifica en Juan la duda que en los sinópticos se atribuye a todos los demás discípulos (cf. Mt 28\,17; Mc 16\,11.14; Lc 24\,36-43).\n\n1. Primera lectura (Ef 2\,19-22)\nDejando por sentado que el Espíritu es el vínculo común que reconcilia y acerca a judíos con paganos\, y a todos con el Padre (cf. Ef 2\,18)\, el autor describe en síntesis la nueva humanidad. El nuevo pueblo de Dios es multiétnico\, es la «familia de Dios»\, nueva humanidad\, formada por judíos y paganos\, en donde ya no existen ni extranjeros ni advenedizos\, porque todos tienen el mismo derecho de ciudadanía. El autor alude a dos estatutos en vigor en aquellas culturas: en el mundo civil\, los «extranjeros» eran forasteros de paso; los «advenedizos»\, forasteros admitidos a convivir en la patria. Entre judíos\, se distinguía entre los «hijos» nacidos del linaje de Abraham y los «prosélitos»\, paganos admitidos como simpatizantes de la fe judía.\nEn la Iglesia hay un solo estatuto\, «conciudadanos» todos consagrados («santos») por el Espíritu de Dios\, y\, por tanto\, todos miembros de la misma familia\, «la familia de Dios». De la imagen de la familia pasa a la de la «casa» de Dios\, cuyo fundamento es la fe propuesta por los apóstoles y profetas cristianos. Esta fe los une sobre la base de Jesús Mesías\, que es como la «piedra angular» de un edificio. Las imágenes presentan a Jesús simultáneamente como fundamento y cúspide de una construcción\, porque él es fundador y cabeza de la Iglesia.\nEl autor desarrolla enseguida esta imagen de la edificación y presenta la comunidad como una construcción viva\, y de ella hace notar el dinamismo de su crecimiento y la solidez de su unidad («que se va levantando compacta»). Esa edificación es obra dinámica del Mesías y constituye «un templo consagrado por el Señor». De la «edificación» evoluciona al «templo» que está hecho de «piedras vivas»\, por lo que es capaz de crecer. También es obra del Mesías\, por la consagración que de él proviene (la unción del Espíritu)\, que los paganos actuales y futuros se vayan integrando a esa construcción\, y que el Espíritu los constituya «morada para Dios».\n\n2. Evangelio (Jn 20\,24-29).\nTomás había manifestado estar dispuesto a morir lapidado con Jesús (cf. Jn 11\,8.16)\, pero no se ve dispuesto a vivir con él. Por alguna razón que no se explicita\, ha abandonado el grupo\, pero el grupo no lo abandona\, y quiere hacerlo partícipe de la experiencia que ha tenido con el Señor resucitado. Tomás se resiste a aceptar el testimonio del grupo\, exigiendo constataciones físicas de la resurrección\, como declarando insuficientes las demostraciones de amor que Jesús dio\, que son testimonios fehacientes del Espíritu de vida en él. En efecto\, en respuesta al vinagre que le estrujaron en los labios\, símbolo de odio\, él respondió aceptando la muerte por amor y dando el Espíritu a la humanidad (cf. Jn 19\,28-30). Luego\, ante la lanzada en el costado\, se dio la efusión de «sangre y agua»\, dos símbolos del Espíritu: la sangre\, su muerte martirial\, expresión suprema del amor «más grande» (cf. Jn 15\,13)\, y el agua\, el don del Espíritu para comunicar vida eterna (cf. Jn 7\,37-39). El Espíritu venció el odio y la muerte. Pero Tomás no lo admite.\nA pesar de su actitud arrogante y hostil\, el grupo no lo rechaza\, sino que lo incorpora y lo hace partícipe de su siguiente experiencia. Jesús se manifiesta «en el centro» del grupo\, como su fuente de vida y vínculo de unidad. Es el día octavo (símbolo del mundo futuro): el grupo permanece en la historia\, pero participa ya de la vida futura. Las puertas atrancadas\, sin mención alguna de temor\, muestran ahora la diferencia entre el grupo y «el mundo»\, que no puede percibir a Jesús porque no ama (cf. Jn 14\,22-24). Como en la vez anterior (cf. Jn 20\,21-23)\, al darles la paz Jesús los confirma en la misión en el mundo.\nDespués de la reunión\, Jesús interpela a Tomás. En la ocasión anterior\, les había mostrado las manos y el costado a los discípulos (cf. Jn 20\,20) y ellos se llenaron de alegría por el triunfo de su vida. Ahora invita a Tomás a que compruebe por sí mismo ese triunfo\, exhortándolo a que no se niegue a comprometerse en la fe\, sino a permanecer fiel al amor. Tomás renuncia a hacer constataciones físicas\, porque reconoce y declara las manifestaciones de amor que ha recibido\, tanto del grupo como de Jesús en persona. Al llamarlo «Señor mío» lo declara su liberador\, pues lo ha sacado de la tiniebla; al llamarlo «Dios mío» reconoce la identidad de Jesús con el Padre\, y que Jesús vive por el Padre\, y le está ofreciendo esa misma vida. Jesús le hace tomar conciencia a Tomás de que su exigencia ha sido desmedida\, pero que ha sido ocasión para que se manifieste hasta dónde es capaz de llegar el amor salvador de Dios en su Hijo. Sigue siendo norma que la dicha está en la fe que se deja convencer por el amor\, sin exigir otra prueba.\n\nTomás nació «gemelo»\, pero siguiendo a Jesús aprendió a ser «gemelo». La vocación cristiana es una invitación a descubrir el impulso de solidaridad que hay en cada ser humano y a encontrarle pleno sentido. Aprender a ser «gemelo» de Jesús es aprender a caminar al lado de otras personas compartiendo sus alegría y tristezas\, éxitos y fracasos\, dispuestos siempre a compartir. Tal calidad de amor nos permite superarnos a nosotros mismos e ir más allá de la mera sociabilidad.\nNuestras celebraciones eucarísticas están llamadas a ser manifestaciones del amor misionero de Jesús\, ese amor que a nadie excluye\, y que a todos da la oportunidad de experimentar el triunfo de la vida. Así se abre paso a la luz de la vida en la tiniebla del temor a la muerte. El testimonio de esa «luz de la vida» (cf. Jn 8\,1) le da dinamismo misionero a la comunidad cristiana\, lo que la hace crecer interiormente\, por la adhesión más firme a Jesús\, y exteriormente\, por la producción del fruto\, es decir\, la incorporación de nuevos miembros y la creación de nuevas comunidades.\nEncontrarnos con Jesús en el sacramento del pan vivo nos hace portadores de la buena noticia a los demás.\nFeliz fiesta.
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SUMMARY:Jueves de la XIII semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro del Génesis (22\,1-19): \nEn aquellos días\, Dios puso a prueba a Abrahán llamándole: «¡Abrahán!»\nÉl respondió: «Aquí me tienes.»\nDios le dijo: «Toma a tu hijo único\, al que quieres\, a Isaac\, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré.»\nAbrahán madrugó\, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que le había indicado Dios. El tercer día levantó Abrahán los ojos y descubrió el sitio de lejos.\nY Abrahán dijo a sus criados: «Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar\, y después volveremos con vosotros.»\nAbrahán tomó la leña para el sacrificio\, se la cargó a su hijo Isaac\, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos.\nIsaac dijo a Abrahán\, su padre: «Padre.»\nÉl respondió: «Aquí estoy\, hijo mío.»\nEl muchacho dijo: «Tenemos fuego y leña\, pero\, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?»\nAbrahán contestó: «Dios proveerá el cordero para el sacrificio\, hijo mío.»\nY siguieron caminando juntos. Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios\, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña\, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar\, encima de la leña.\nEntonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: «¡Abrahán\, Abrahán!»\nÉl contestó: «Aquí me tienes.»\nEl ángel le ordenó: «No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios\, porque no te has reservado a tu hijo\, tu único hijo.»\nAbrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en una maleza. Se acercó\, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo. Abrahán llamó a aquel sitio «El Señor ve»\, por lo que se dice aún hoy «El monte del Señor ve.»\nEl ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo: «Juro por mí mismo –oráculo del Señor–: Por haber hecho esto\, por no haberte reservado tu hijo único\, te bendeciré\, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia\, porque me has obedecido.»\nAbrahán volvió a sus criados\, y juntos se pusieron en camino hacia Berseba. Abrahán se quedó a vivir en Berseba. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 114 \nR/. Caminaré en presencia del Señor\nen el país de la vida \nAmo al Señor\, porque escucha\nmi voz suplicante\,\nporque inclina su oído hacia mí\nel día que lo invoco. R/. \nMe envolvían redes de muerte\,\nme alcanzaron los lazos del abismo\,\ncaí en tristeza y angustia.\nInvoqué el nombre del Señor:\n«Señor\, salva mi vida.» R/. \nEl Señor es benigno y justo\,\nnuestro Dios es compasivo;\nel Señor guarda a los sencillos:\nestando yo sin fuerzas\, me salvó. R/. \nArrancó mi alma de la muerte\,\nmis ojos de las lágrimas\,\nmis pies de la caída.\nCaminaré en presencia del Señor\nen el país de la vida. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (9\,1-8): \nEn aquel tiempo\, subió Jesús a una barca\, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. Le presentaron un paralítico\, acostado en una camilla.\nViendo la fe que tenían\, dijo al paralítico: «¡Ánimo\, hijo!\, tus pecados están perdonados.»\nAlgunos de los escribas se dijeron: «Éste blasfema.»\nJesús\, sabiendo lo que pensaban\, les dijo: «¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: “Tus pecados están perdonados”\, o decir: “Levántate y anda”? Pues\, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados –dijo dirigiéndose al paralítico–: Ponte en pie\, coge tu camilla y vete a tu casa.»\nSe puso en pie\, y se fue a su casa. Al ver esto\, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios\, que da a los hombres tal potestad. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nJueves de la XIII semana del Tiempo Ordinario. Año I. \nResuelto el asunto de Ismael\, el libro narra la alianza entre Abraham y Abimelec\, y la resolución pacífica de un litigio por derechos de uso de pozos (Gen 21\,22-34). A continuación\, viene otro relato\, el del sacrificio de Isaac. Este se inscribe en la mentalidad primitiva\, propia de la época\, según la cual los hombres se congraciaban con sus dioses ofrendándoles «sacrificios». Qué es lo que significa esto para el hombre primitivo\, se puede entender a partir del uso del término en la lengua española. Sacrificar es dar algo propio y preciado a cambio de un bien superior: un brazo gangrenado para conservar la vida\, el dinero para recuperar la salud\, la tranquilidad personal «en aras» de un ideal\, el orgullo para recuperar a un ser amado. «Sacrificar» es «hacer sacro». El ser humano\, dueño de sí y de otros bienes\, los sacrifica a Dios\, su bien supremo. Este relato implica un paso adelante\, como en el caso de la famosa «ley del talión». \nGen 22\,1-19.\nEn el relato se puede observar la alternancia de dos nombres para designar la divinidad: «Dios»\, su nombre universal (Gn 1\,1 אֱלֹהִים:)\, y «el Señor»\, el propio del Dios de Israel (Ex 3\,15 יהוה:). Se puede pensar que el relato trata de pasar de la religiosidad universal a la fe abrahámica. Esto se ilustra con el cambio del concepto de sacrificio con el que se pretende agradar a la divinidad.\n1. El culto sacrificial universal.\nFue Dios (אֱלֹהִים) quien «puso a prueba a Abraham» pidiéndole en sacrificio la ofrenda de su hijo Isaac. La descripción de lo que este es para Abraham muestra la magnitud de lo que significa esa petición (lit.: «tu hijo\, tu único\, que tú amas\, a Isaac»). Esta es una dura prueba\, dado que\, además de ser su hijo\, es el único heredero de la promesa\, el que encarna su posibilidad de supervivencia. Abraham «madrugó» (indicio de que la orden fue recibida en un sueño nocturno) y salió sin pedir explicaciones (cf. Gen 12\,1)\, pero decidido a hacer lo que Dios le pidió. Tras una primera etapa de «tres días» (cf. Exo 3\,18; 5\,3; 8\,27; 15\,22; Num 10\,33; 33\,8) en silencio\, Abraham «levantó los ojos y divisó el sitio a lo lejos» y se separó de los criados para irse solo con «el muchacho»\, quien carga la leña mientras él lleva el fuego y el cuchillo\, lo necesario para el sacrificio. La mención de la leña\, el fuego y el cuchillo hace ver que se trataba de un «holocausto»\, sacrificio que se quemaba por completo y\, por tanto\, irrevocable. Por eso el muchacho\, al notar que les faltaba una víctima\, preguntó por ella. La respuesta de Abraham fue velada («Dios proveerá…»). La marcha siguió en silencio. Por último\, Abraham arregló todo para el sacrificio\, y se dispuso a degollar a Isaac.\n2. La sustitución de la víctima.\nAhora el ángel del Señor (יהוה) interviene: «gritó» (llamado urgente) repetidamente a Abraham conminándolo a no proceder en contra del muchacho\, puesto que\, al no negarle su hijo\, su hijo único ya ha demostrado su espíritu religioso («temor o respeto de Dios»: cf. Deu 25\,18; Job 1\,8; 2\,3; Qo 7\,18). Por segunda vez\, «levantó Abraham sus ojos» (cf. vv. 4.13)\, acción que denota su búsqueda de lo que Dios le indica\, «y vio un carnero enredado por los cuernos en los matorrales». El carnero aparece como la víctima usual en los holocaustos (cf. Lv 1\,10-13). De esta forma\, se sugiere que la fe en el Señor (יהוה) proscribe los sacrificios humanos y Abraham\, movido por su «temor de Dios» lo sustituye por el sacrificio de los de animales. A semejanza de lo que ocurre en la «ley del talión»\, se pasa de una práctica bárbara a otra menos bárbara\, pero bárbara todavía. Teniendo en cuenta lo que dice Abraham en el v. 8 («Dios proveerá»: אֱלֹהִים יִרְאֶה)\, sorprende que el nombre asignado por Abraham al lugar no sea «Dios proveerá»\, sino que lo llama «el Señor proveerá» (יְהוָה יִרְאֶה)\, entendiendo que es el Señor el que ha provisto la víctima\, reformulándose así el culto sacrificial. Tal vez la explicación de fondo consiste en que «Dios» (אֱלֹהִם) no puede ser visto\, en tanto que «el Señor»(יהוה) se deja ver. Por eso\, las manifestaciones de «Dios» se dan solamente en sueños\, en tanto que «el Señor» puede ser «visto» por el ser humano.\n3. El nuevo culto sacrificial.\nEl ángel del Señor vuelve a gritar para hacer resonar un juramento: el Señor jura por sí mismo y renueva así su compromiso con Abraham. Valora la confianza absoluta del patriarca en él al no haberse reservado su hijo\, su hijo único. Le renueva la promesa de bendición\, de descendencia innumerable y de la posesión de la tierra. Esta renovación de las promesas parece contener una alusión a una victoria resonante de la descendencia de Abraham sobre enemigos muy poderosos («tu descendencia tomará la puerta de sus enemigos»)\, sugiriendo la conquista de ciudades. Pero\, en aparente contradicción\, le ratifica que su nombre y el de sus descendientes será fórmula de bendición para «todos los pueblos del mundo». La conquista será bendición.\nLa raíz de este juramento es la fe de Abraham\, manifestada en la escucha irrestricta de la voz del Señor. De este modo\, el culto sacrificial queda ahora reformulado en términos de escucha de fe (cf. 1Sm 15\,22; Is 1\,11; Os 6\,6). Por eso\, es significativo que el patriarca regresara a donde estaban sus criados y\, juntos\, se dirigieran Berseba (בְּאֵר שָׁבַע: «Pozo del Juramento») y se establecieran en ese lugar\, como en espera del cumplimiento de dicho juramento. \nEl sacrificio de seres humanos fue preocupación constante en Israel (cf. 2Rey 16\,3; 17\,17; 21\,6; Jer 7\,31; 19\,5; Eze 23\,37). Eran abominables a los ojos del Señor (יהוה) los holocaustos de seres humanos\, que los paganos les ofrecían a sus dioses (אֱלֹהִם)\, y que los israelitas practicaron como culto a los demonios (cf. Sal 106\,36-37). Esos sacrificios fueron repudiados por los profetas.\nLa prohibición de sacrificios humanos –e incluso la de los animales– será efectiva con la muerte de Jesús\, «ya que la sangre de toros y cabras no puede perdonar los pecados. Por eso dice él al entrar en el mundo: ‘No quisiste sacrificios ni ofrendas\, pero me formaste un cuerpo. No te agradaron holocaustos ni sacrificios expiatorios. Entonces dije: Aquí estoy\, he venido a realizar\, oh Dios\, tu designio\, como está escrito de mí en el libro’» (Hb 10\,4-7).\nEl verdadero sacrificio («hacer sagrado») consiste en darse\, como Jesús\, para que en la tierra se realice el designio el Padre del cielo: que todos tengamos vida desbordante. Comer el cuerpo del Señor en la eucaristía no solo nos colma de esa vida divina\, sino que nos compromete a dársela a los demás con la misma generosidad con que nos es dada a nosotros.\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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SUMMARY:Viernes de la XIII semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro del Génesis (23\,1-4.19;24\,1-8.62-67): \nSara vivió ciento veintisiete años\, y murió en Villa Arbá (hoy Hebrón)\, en país cananeo. Abrahán fue a hacer duelo y a llorar a su mujer. Después dejó a su difunta y habló a los hititas: «Yo soy un forastero residente entre vosotros. Dadme un sepulcro en propiedad\, en terreno vuestro\, para enterrar a mi difunta.»\nDespués Abrahán enterró a Sara\, su mujer\, en la cueva del campo de Macpela\, frente a Mambré (hoy Hebrón)\, en país cananeo. Abrahán era viejo\, de edad avanzada\, el Señor lo había bendecido en todo. Abrahán dijo al criado más viejo de su casa\, que administraba todas las posesiones: «Pon tu mano bajo mi muslo\, y júrame por el Señor\, Dios del cielo y Dios de la tierra\, que\, cuando le busques mujer a mi hijo\, no la escogerás entre los cananeos\, en cuya tierra habito\, sino que irás a mi tierra nativa\, y allí buscarás mujer a mi hijo Isaac.»\nEl criado contestó: «Y si la mujer no quiere venir conmigo a esta tierra\, ¿tengo que llevar a tu hijo a la tierra de donde saliste?»\nAbrahán le replicó: «De ninguna manera lleves a mi hijo allá. El Señor\, Dios del cielo\, que me sacó de la casa paterna y del país nativo\, que me juró: “A tu descendencia daré esta tierra”\, enviará su ángel delante de ti\, y traerás de allí mujer para mi hijo. Pero\, si la mujer no quiere venir contigo\, quedas libre del juramento. Sólo que a mi hijo no lo lleves allá.»\nMucho tiempo después\, Isaac se había trasladado del “Pozo del que vive y ve” al territorio del Negueb. Una tarde\, salió a pasear por el campo y\, alzando la vista\, vio acercarse unos camellos. También Rebeca alzó la vista y\, al ver a Isaac\, bajó del camello y dijo al criado: «¿Quién es aquel hombre que viene en dirección nuestra por el campo?»\nRespondió el criado: «Es mi amo.»\nY ella tomó el velo y se cubrió. El criado le contó a Isaac todo lo que había hecho. Isaac la metió en la tienda de su madre Sara\, la tomó por esposa y con su amor se consoló de la muerte de su madre. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 105 \nR/. Dad gracias al Señor porque es bueno \nDad gracias al Señor porque es bueno\,\nporque es eterna su misericordia.\n¿Quién podrá contar las hazañas de Dios\,\npregonar toda su alabanza? R/. \nDichosos los que respetan el derecho\ny practican siempre la justicia.\nAcuérdate de mí por amor a tu pueblo. R/. \nVisítame con tu salvación:\npara que vea la dicha de tus escogidos\,\ny me alegre con la alegría de tu pueblo\,\ny me gloríe con tu heredad. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (9\,9-13): \nEn aquel tiempo\, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo\, sentado al mostrador de los impuestos\, y le dijo: «Sígueme.»\nÉl se levantó y lo siguió. Y\, estando en la mesa en casa de Mateo\, muchos publicanos y pecadores\, que habían acudido\, se sentaron con Jesús y sus discípulos.\nLos fariseos\, al verlo\, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?»\nJesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos\, sino los enfermos. Andad\, aprended lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios”: que no he venido a llamar a los justos\, sino a los pecadores.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nViernes de la XIII semana del Tiempo Ordinario. Año I. \n\n\n\nDespués de la sustitución del sacrificio de seres humanos y de la exaltación de la fe de Abraham por encima de los sacrificios\, se hace mención de la lista de los descendientes de Najor\, hermano de Abraham: doce hijos (cf. Gen 22\,20-24). Betuel\, hijo de Najor\, fue el padre de Rebeca\, la futura esposa de Isaac. También se reportan 12 hijos de Ismael (cf. Gen 12\,20; 25\,12-15)\, como igualmente después se dirá de Jacob (cf. Gen 35\,23-26) y de Esaú (cf. Gen. 36\,10-14).\nEl relato a continuación\, síntesis apretada de los capítulos 23 y 24\, refiere la muerte de Sara y la boda de Isaac\, hechos vinculados al final de la narración. Así comienza el ciclo de los patriarcas. La muerte de Sara estará ligada al cumplimiento de la promesa de la tierra; la boda de Isaac será ocasión para que se cumpla la promesa de la numerosa descendencia.\nDada la considerable extensión de los dos capítulos resumidos\, sobre todo del 24\, el comentario\, en líneas generales\, se ciñe a la síntesis que propone el leccionario.\n\nGen 23\,1-4.19; 24\,1-8.62-67.\n«Respetar al Señor prolonga la vida» (Prv 10\,27). Señalar que «Sara vivió 127 años» significa que ella fue una mujer respetuosa del Señor. Morir tras una vida longeva es señal de haber vivido en bendición. En ese momento\, no hay filisteos (palestinos)\, sino cananeos\, en el país. Tras el duelo\, que suponía todo un ceremonial (cf. 2Sam 1\,11-12; 3\,31; 13\,31.36; Miq 1\,8)\, Abraham se muestra ante «los hijos de Het» (cf. Gen 10\,15; 15\,20; Num 13\,29; Deu 7\,1) como «forastero» (גֵּר) y como «residente» (תוֹשָׁב)\, con el fin de comprar un sepulcro en propiedad para sepultar a Sara. La tumba de los antepasados era importante para los sedentarios y para los nómadas (cf. 1Rey 13\,22).\nInicialmente\, los hijos de Het querían reconocer la dignidad de Abraham sin atribuirle derechos en su territorio\, por eso eran renuentes a venderle la cueva que él pedía\, pero al final Efrón «el hitita» (nombre anacrónico) cedió. Cesión que entrañó forcejeo. Según el código legal «hitita»\, quien compra una propiedad entera a otro\, deberá prestar ciertos servicios feudales. Abraham no estaba interesado en esos servicios y por eso no quería comprar todo el campo\, sino solo la cueva; lo compró forzado por las circunstancias. Después de una negociación ceñida al código de comercio «hitita»\, Abraham terminó adquiriendo dicho campo\, y le dio sepultura a su mujer en la cueva de Macpela («cueva doble»). La propiedad de este terreno no fue a consecuencia de un regalo de ellos\, sino de una compra hecha en regla por el patriarca. Y queda constancia de la escritura de venta (cf. Gen 23\,17-18). Pero la tierra sí será regalo de Dios.\nLuego viene la búsqueda de la esposa para Isaac. El encargado de hacerlo es el mayordomo de la casa\, que debe cumplir su encargo bajo juramento. El juramento tocando los órganos genitales\, que se consideraban transmisores de la vida\, hacía más solemne el compromiso (cf. Gen 47\,29). Tal parece que se trata de una instrucción del patriarca en su lecho de muerte\, lo que implica que la solemnidad del juramento indica que Abraham no podrá supervisar personalmente la gestión del criado. Esto último puede inferirse de la afirmación de que Isaac ya es heredero universal de su padre (cf. Gen 24\,36; 25\,5) y de que el criado luego lo llame «mi señor» (Gen 24\,65).\nEl nombre del Señor se pronuncia ahora con la mayor solemnidad «El Señor (יהוה) Dios (אֱלֹהַּ) de los cielos y de la tierra» (única vez en Gen). Isaac no debía casarse con mujer cananea por razones religiosas (cf. Exo 34\,16)\, tampoco debía volver a la tierra de donde salió Abraham; el mayordomo debía buscarle esposa entre la parentela de Abraham\, que también era pagana (cf. Gen 31\,19)\, pero estaría más abierta a la fe de Abraham; y si ella no quería venir\, él quedaba libre del juramento que hizo. De hecho\, la mujer\, cuando la encuentra el mayordomo\, no le da culto al Señor (cf. Gen 31\,19). El móvil de todo esto es la fidelidad a la promesa del Señor\, el cual enviará su ángel delante del mayordomo (cf. Exo 23\,20; Ml 3\,1) para dar éxito a su empresa. La presencia y la acción del Señor se producen en la cotidianidad de la vida\, sin espectacularidad.\nEl encuentro de la pareja se realizó a campo abierto. Isaac salió y divisó unos camellos\, Rebeca también lo divisó a él\, se apeó del camello y preguntó al mayordomo por el hombre que veía a lo lejos; al enterarse de su identidad\, se cubrió el rostro\, teniendo en cuenta la costumbre de que el hombre no podía ver el rostro de su esposa antes del matrimonio. Isaac\, notificado de esto\, la tomó por esposa y\, con su amor\, se consoló de su luto. La mención de «la casa de la madre» (cf. Gen 24\,28) o de «la tienda de Sara» (cf. Gen 24\,67) induce a pensar que\, en ambos casos\, tanto el padre de Isaac como el de Rebeca ya habían muerto. Una vez más se advierte que en tanto los antecedentes de la acción divina son detallados y muy ponderados\, su cumplimiento es descrito de manera rápida y resumida.\n\nLa promesa de Dios define las opciones de Abraham y de su descendiente. Al comprar la cueva (o el campo)\, comienza a tomar posesión de la tierra prometida; es como «la cuota inicial»\, en la que la tumba de Sara desempeña un papel simbólico importante\, puesto que implica un anclaje del patriarca en esa tierra. Es decir\, Dios se la prometió\, y él se liga a ella por la memoria de Sara. Por otro lado\, la decisión de que Isaac permanezca en la tierra\, pero sin casarse con una cananea\, por la depravación de ese pueblo\, entraña también el compromiso con la promesa de Dios. El patriarca tiene fe en que Dios intervendrá para que su fidelidad sea exitosa.\nNi la muerte ni la vida\, ni las dificultades de la convivencia social\, ni el rigor del presente ni la incertidumbre del futuro\, nada priva al creyente de la certeza del amor de Dios y de la verdad de sus promesas (cf. Rm 8\,37-39). Hay que esforzarse\, pero se da por descontado el éxito. Ningún temor al fracaso. El cristiano\, seguidor de Jesús\, encuentra en él el sí de Dios a las promesas que hizo a Abraham y a su descendencia. Al aceptar a Jesús por la fe\, el cristiano recibe el Espíritu Santo\, y con él el cumplimiento de tales promesas.\nEn la celebración de la eucaristía se renueva esa aceptación de fe y también el don del Espíritu Santo\, que nos va preparando para el cumplimiento definitivo de las promesas en el «hogar» del Padre celestial.\nFeliz viernes.
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DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Génesis (27\,1-5.15-29): \nCuando Isaac se hizo viejo y perdió la vista\, llamó a su hijo mayor: «Hijo mío.»\nContestó: «Aquí estoy.»\nÉl le dijo: «Mira\, yo soy viejo y no sé cuándo moriré. Toma tus aparejos\, arco y aljaba\, y sal al campo a buscarme caza; después me guisas un buen plato\, como sabes que me gusta\, y me lo traes para que coma; pues quiero darte mi bendición antes de morir.»\nRebeca escuchó la conversación de Isaac con Esaú\, su hijo. Salió Esaú al campo a cazar para su padre. Rebeca tomó un traje de su hijo mayor\, Esaú\, el traje de fiesta\, que tenía en el arcón\, y vistió con él a Jacob\, su hijo menor; con la piel de los cabritos le cubrió los brazos y la parte lisa del cuello. Y puso en manos de su hijo Jacob el guiso sabroso que había preparado y el pan.\nÉl entró en la habitación de su padre y dijo: «Padre.»\nRespondió Isaac: «Aquí estoy; ¿quién eres\, hijo mío?»\nRespondió Jacob a su padre: «Soy Esaú\, tu primogénito; he hecho lo que me mandaste; incorpórate\, siéntate y come lo que he cazado; después me bendecirás tú.»\nIsaac dijo a su hijo: «¡Qué prisa te has dado para encontrarla!»\nÉl respondió: «El Señor\, tu Dios\, me la puso al alcance.»\nIsaac dijo a Jacob: «Acércate que te palpe\, hijo mío\, a ver si eres tú mi hijo Esaú o no.»\nSe acercó Jacob a su padre Isaac\, y éste lo palpó\, y dijo: «La voz es la voz de Jacob\, los brazos son los brazos de Esaú.»\nY no lo reconoció\, porque sus brazos estaban peludos como los de su hermano Esaú. Y lo bendijo.\nLe volvió a preguntar: «¿Eres tú mi hijo Esaú»\nRespondió Jacob: «Yo soy.»\nIsaac dijo: «Sírveme la caza\, hijo mío\, que coma yo de tu caza\, y así te bendeciré yo.»\nSe la sirvió\, y él comió. Le trajo vino\, y bebió.\nIsaac le dijo: «Acércate y bésame\, hijo mío.»\nSe acercó y lo besó.\nY\, al oler el aroma del traje\, lo bendijo\, diciendo: «Aroma de un campo que bendijo el Señor es el aroma de mi hijo; que Dios te conceda el rocío del cielo\, la fertilidad de la tierra\, abundancia de trigo y vino. Que te sirvan los pueblos\, y se postren ante ti las naciones. Sé señor de tus hermanos\, que ellos se postren ante ti. Maldito quien te maldiga\, bendito quien te bendiga.» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 134 \nR/. Alabad al Señor porque es bueno \nAlabad el nombre del Señor\,\nalabadlo\, siervos del Señor\,\nque estáis en la casa del Señor\,\nen los atrios de la casa de nuestro Dios. R/. \nAlabad al Señor porque es bueno\,\ntañed para su nombre\, que es amable.\nPorque él se escogió a Jacob\,\na Israel en posesión suya. R/. \nYo sé que el Señor es grande\,\nnuestro dueño más que todos los dioses.\nEl Señor todo lo que quiere lo hace:\nen el cielo y en la tierra\,\nen los mares y en los océanos. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (9\,14-17): \nEn aquel tiempo\, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús\, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y\, en cambio\, tus discípulos no ayunan?»\nJesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda\, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio\, y entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos\, porque revientan los odres; se derrama el vino\, y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos\, y así las dos cosas se conservan.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nSábado de la XIII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nDespués del sepelio de Sara y del duelo por ella\, en el capítulo 25 se narró la muerte de Abraham. Muerte que parece supuesta en Gen 24\,65\, cuando el mayordomo llama «mi amo» a Isaac\, lo cual no habría sido posible en vida del patriarca; además\, en Gen 24\,67 hay manuscritos que leen «se consoló de la muerte de su padre». Según el relato del capítulo 25\, Abraham tomó segunda esposa y engendró siete hijos más\, cuyos nombres son nombres de pueblos. Así se declara el cumplimiento de la promesa de hacer de Abraham «padre de pueblos».\nSin embargo\, en el sepelio de Abraham\, solo se hacen presentes «sus hijos» Isaac e Ismael. Este último desaparece rápidamente de la escena\, y solo queda Isaac. Se narra el nacimiento de los dos hijos de Isaac\, rivales el uno del otro. El capítulo siguiente muestra que Isaac rehízo los pasos de su padre\, de otro modo\, y el Señor le ratificó su promesa. Pero Esaú\, su hijo mayor\, le causó disgustos a él y a Rebeca por las mujeres «hititas» con las que se casó (cf. Gen 25-26).\n\nGen 27\,1-5.15-29.\nEste relato\, lleno de realismo y de una fina psicología\, destaca la importancia de las mujeres en los caminos de Dios\, incluso en una sociedad tan machista como la de los patriarcas\, y permite entender el papel de Betsabé en la elección de Salomón\, el hijo de David (cf. 1Rey 1\,11-40). La lectura moralista no alcanza para captar el mensaje global del relato\, que celebra la astucia de uno de los hijos (Jacob)\, astucia que censura el irresponsable desprecio de su hermano (Esaú) por los derechos de primogenitura\, y sus matrimonios exogámicos. Ambos comportamientos ultrajaban la promesa que el Señor le había hecho a Abraham y renovado a Isaac.\nIsaac\, ya viejo y ciego\, presintió cercana su muerte. Así que decidió ordenar sus asuntos\, sobre todo lo de la sucesión\, según los cánones vigentes. Antes de la celebración de un acontecimiento urgente e importante se realizaba un banquete (cf. Gen 24\,33; 26\,30-31); antes de la bendición y solemne transmisión de la promesa a su primogénito\, Isaac quiere hacer lo propio\, y le solicita a su hijo mayor que le prepare un guiso como él sabe que le gusta a su padre\, porque este le quiere dar su bendición antes de morir. Se trata de una disposición testamentaria de Isaac.\nPero Rebeca\, su mujer\, –quien también conocía los gustos de su marido– tenía otro parecer al respecto. No estaba de acuerdo con el derecho de sucesión\, y\, en lugar de apoyar la decisión de su marido\, le propuso a su hijo menor\, Jacob\, adueñarse antes de la bendición que Isaac destinaba a su hijo mayor. Urdió un plan y lo ejecutó ante el escepticismo de Jacob; ella estaba dispuesta a asumir la responsabilidad (cf. v. 13\, omitido). La suplantación de Esaú por parte de Jacob es un hecho que se explica habida cuenta de los hechos censurables que se le atribuyen (cf. Gen 26\,34; 27\,46)\, pero que de ninguna manera se justifica\, porque implica una trama de falsificaciones: las mentiras desvergonzadas a Isaac\, el engaño a tres de sus sentidos (el tacto\, el gusto y el olfato); y cuando\, a falta de la vista\, Isaac aguzó el oído\, este fue engañado por la invocación en falso del nombre del Señor. Finalmente\, un beso selló todo ese engaño.\nLa bendición que Jacob recibe consiste en la fecundidad de la tierra\, el vasallaje de otros pueblos\, el señorío sobre sus hermanos (cf. Gen 25\,23) y el blindaje de la bendición misma («¡Maldito quien que te maldiga\, bendito quien te bendiga!»). Esta bendición –como posteriormente la de Judá (cf. Gen 49\,8-12)– contiene un doble aspecto\, agrícola y político. Promete a Jacob\, en tanto pastor\, felicidad campesina por la feracidad de la tierra\, y\, en cuanto jefe\, el dominio sobre unos pueblos y el reconocimiento de otros\, incluidos sus hermanos de raza. Esta bendición no tenía un mero carácter personal\, sino que se transmitía a los descendientes. En la concepción del autor y en la mentalidad de la época\, la bendición –como la maldición– era eficaz e irrevocable desde el momento mismo en que era pronunciada\, no solo en el Antiguo Testamento\, sino en diversos documentos del Antiguo Oriente. El blindaje que resguarda la bendición se revelará en todo su dramatismo cuando se descubra el engaño.\nPese a que Rebeca declaró estar dispuesta a arrostrar las consecuencias de su maquinación\, el rencor de Esaú se dirigió contra su hermano Jacob\, por lo que Rebeca tuvo que persuadir a Isaac de despedir a Jacob en busca de mujer\, con el pretexto de que fuera perteneciente a su parentela\, cosa a la que Isaac accedió\, y así se puso Jacob por fuera del alcance de Esaú. Rebeca jamás sufre personalmente las consecuencias del engaño. Isaac parece nunca enterarse de que fue iniciativa suya la suplantación y el plan para lograrla. Al mismo tiempo\, Jacob aparece en un papel pasivo\, como si todo dependiera del designio de su madre. El relato\, en su estado actual\, pretende que Israel (Jacob) tome conciencia de que su elección es gratuita\, a pesar de su indignidad (cf. Mal 1\,1-3; Rom 9\,13). No puede alegar méritos delante de Dios.\n\nEsta historia desafía la fe del lector. En el centro de la urdimbre está una madre\, cuya motivación nunca se explicita. Rebeca actúa contra el parecer de su marido\, en contravía del derecho de su hijo mayor\, y –a todas luces– de modo reprochable a los ojos del Señor. Sin embargo\, al final de la historia\, aparece como la persona que\, con sus maniobras fraudulentas\, de las cuales no obtuvo beneficio personal alguno\, hizo tomar conciencia de la gratuidad de la bendición y de la promesa de Dios. Y todo esto ocurrió a despecho de los usos y las costumbres.\nDice nuestro refrán que «Dios escribe recto sobre líneas torcidas» para declarar la certeza de que el designio de Dios se cumple a pesar de los pecados de los hombres. El amor de Dios es para todos\, incluidos los malos y los injustos (cf. Mt 5\,45)\, característica que no agradó a los coetáneos de Jesús\, a pesar de que en sus orígenes como pueblo lo favoreció dicha universalidad. También hoy\, al declarar que somos «católicos»\, podríamos ufanarnos del amor de Dios olvidándonos de su gratuidad y\, por eso\, caer en exclusivismos que contradigan esa catolicidad.\nComulgar con el «cuerpo» del Mesías equivale a formar Iglesia y a participar de la misión de la misma (cf. 1Cor 10\,17; 12\,13). Todos lo recibimos de manera gratuita\, sin mérito nuestro\, y así hemos de darlo (cf. Mt 10\,8).\nFeliz sábado\, en compañía de María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:XIV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la profecía de Isaías (66\,10-14c): \nFestejad a Jerusalén\, gozad con ella\,\ntodos los que la amáis;\nalegraos de su alegría\,\nlos que por ella llevasteis luto;\nmamaréis a sus pechos\ny os saciaréis de sus consuelos\,\ny apuraréis las delicias\nde sus ubres abundantes.\nPorque así dice el Señor:\n«Yo haré derivar hacia ella\,\ncomo un río\, la paz\,\ncomo un torrente en crecida\,\nlas riquezas de las naciones.\nLlevarán en brazos a sus criaturas\ny sobre las rodillas las acariciarán;\ncomo a un niño a quien su madre consuela\,\nasí os consolaré yo\,\ny en Jerusalén seréis consolados.\nAl verlo\, se alegrará vuestro corazón\,\ny vuestros huesos florecerán como un prado\,\nse manifestará a sus siervos la mano del Señor». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 65 \nR/. Aclamad al Señor\, tierra entera. \nV/. Aclamad al Señor\, tierra entera;\ntocad en honor de su nombre\,\ncantad himnos a su gloria.\nDecid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!». R/. \nV/. Que se postre ante ti la tierra entera\,\nque toquen en tu honor\,\nque toquen para tu nombre.\nVenid a ver las obras de Dios\,\nsus temibles proezas en favor de los hombres. R/. \nV/. Transformó el mar en tierra firme\,\na pie atravesaron el río.\nAlegrémonos en él\,\nque con su poder gobierna eternamente. R/. \nV/. Los que teméis a Dios\, venid a escuchar\,\nos contaré lo que ha hecho conmigo.\nBendito sea Dios\, que no rechazó mi súplica\,\nni me retiró su favor. R/. \n\n\nSegunda lectura\nLectura de la carta de san Pablo a los Gálatas (6\,14-18): \nHermanos:\nDios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo\, por la cual el mundo está crucificado para mí\, y yo para el mundo.\nPues lo que cuenta no es la circuncisión ni la incircuncisión\, sino la nueva criatura.\nLa paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios.\nEn adelante\, que nadie me moleste\, pues yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.\nLa gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu\, hermanos. Amén. \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Lucas (10\,1-12.17-20): \nEN aquel tiempo\, designó el Señor otros setenta y dos\, y los mandó delante de él\, de dos en dos\, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:\n«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad\, pues\, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.\n¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa\, ni alforja\, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.\nCuando entréis en una casa\, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz\, descansará sobre ellos vuestra paz; si no\, volverá a vosotros.\nQuedaos en la misma casa\, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa.\nSi entráis en una ciudad y os reciben\, comed lo que os pongan\, curad a los enfermos que haya en ella\, y decidles:\n“El reino de Dios ha llegado a vosotros”.\nPero si entráis en una ciudad y no os reciben\, saliendo a sus plazas\, decid: “Hasta el polvo de vuestra ciudad\, que se nos ha pegado a los pies\, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos\, sabed que el reino de Dios ha llegado”.\nOs digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad».\nLos setenta y dos volvieron con alegría diciendo:\n«Señor\, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».\nÉl les dijo:\n«Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo\, y nada os hará daño alguno. Sin embargo\, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nXIV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.\n\nDespués de la respuesta positiva por parte de los samaritanos a la propuesta directa que Jesús les hizo del nuevo modelo humano\, del nuevo rostro de Dios y del nuevo ideal de convivencia\, él creó un nuevo grupo misionero\, este más numeroso\, para enviarlo a hacer dicha propuesta. El número de los enviados –cifra obviamente simbólica– oscila entre 70 y 72. «Setenta» se pensaba que era el número de las naciones del mundo; esta cifra indicaría la misión universal. «Setenta y dos» –seis veces doce– indicaría que se trata de las restantes naciones\, y que Israel completaría la cifra total –siete veces doce– de las naciones a las que está destinada la buena noticia. Ambas cifras vienen a simbolizar la misma intención misionera universal.\n\nLc 10\,1-12.17-20.\nEn el texto del evangelio propuesto para este domingo se pueden distinguir dos momentos:\n• El envío del grupo de 70 o 72 discípulos y las instrucciones a los mismos por parte de Jesús.\n• El regreso de la misión y el parte de «misión cumplida» entregado por los misioneros a Jesús.\n1. La misión.\nEstamos en territorio samaritano\, en donde las adhesiones a Jesús han ido en aumento a causa de la atracción que ejercen su persona y su propuesta. Ahora él designa y envía por delante otro grupo\, aún más numeroso\, con una misión semejante a la de los Doce\, que habían fracasado. Y les da instrucciones aún más detalladas:\n• De entrada\, declara que ya la humanidad está madura para la buena noticia\, y que son pocos los «braceros» para anunciarla. Teniendo en cuenta lo anterior\, la insuficiencia de braceros no es tanto problema de cantidad cuanto de calidad. El mensaje requiere hombres nuevos\, como lo es «el Hijo del Hombre» Por eso\, hacen falta hombres que se pongan a disposición de Dios\, como Jesús en su bautismo (cf. Lc 3\,21-22)\, para recibir el Espíritu y poder anunciar esa buena noticia.\n• La misión implica un desarraigo («¡en marcha!»). El Hijo del Hombre es desprendido\, sin meta terrena alguna\, pero no sin objetivo definido. Su propósito es transformar personas y sociedades. Y esta tarea exige proceder de forma sensata y coherente. Es preciso portarse con humildad y mansedumbre en un mundo de rivalidades y hostilidades («como corderos entre lobos»). Por eso son «pocos» los braceros\, porque pocos están dispuestos a la conquista mansa del mundo.\n• La nueva sociedad se fundamenta en una confianza que está por encima de los vínculos de la clase o del linaje. Por eso\, no hay que cifrar la propia seguridad en el dinero\, sino en la dignidad humana: ni andar como mendigos\, con «alforjas»\, ni vestir o calzarse como ricos\, con «sandalias». Y es tan urgente entregar la buena noticia que no se puede perder tiempo en formulismos para perpetuar las relaciones convencionales que se dan en las sociedades injustas.\n• Dado que proponen el rostro paterno de Dios\, el destino inicial son las familias\, las «casas»\, ya que se trata de construir la fraternidad universal\, la familia de Dios. Y allá hay que llegar como portadores de paz. Esto significa que lo primero que debe mostrar el misionero es el interés por la felicidad de la gente a la que se dirige su mensaje. Si son personas interesadas en la paz\, serán acogedoras; si no\, los discípulos no deberán renunciar a su condición de hombres de paz.\n• En razón de esa fraternidad\, los misioneros valorarán la hospitalidad que les ofrezcan\, sin poner barreras por tabúes culturales\, por ejemplo\, de comidas o bebidas\, y no serán pretenciosos («no andar cambiando de casa»). En caso de ser acogidos por una población entera\, han de integrarse en la convivencia social\, dignificar a sus excluidos («curen a los enfermos…»)\, y de esta forma anunciar el reinado de Dios. La nueva sociedad generará bienestar para todos\, sin exclusiones.\n• En caso de rechazo colectivo\, hay que dejarles claro a sus autores qué es lo que rechazan y de qué se privan. Porque\, al rechazar la realización del reinado de Dios –que es incontenible–\, esas poblaciones se condenarían a un destino peor que el de Sodoma.\n2. El reporte de la misión.\nLos misioneros regresaron alegres y ponderando lo bien que les fue: «¡hasta los demonios se nos someten por tu nombre!». También los que creían honrar a sus dioses con la violencia («lobos») aceptaron el mensaje de los mensajeros de paz («corderos») y depusieron su hostilidad.\nJesús declara que eso era lo previsto\, que el enemigo del hombre y de Dios («Satanás»)\, el que tienta con el poder y la riqueza\, se precipitara a tierra como un rayo tras la aceptación de la buena noticia por parte de los hombres. El poder y la riqueza pierden su prestigio divino y se acaba así su tiranía sobre la humanidad. Jesús da esa «autoridad» a los suyos para desacreditar ídolos. Sus discípulos pueden despreciar («pisotear») la mentira («serpientes») y la violencia («escorpiones») que dominan el mundo\, y «no les harán daño alguno». Los poderes opresores quedan notificados con toda claridad\, no como cuando los Doce causaron confusión (cf. Lc 9\,7-9). En tanto que los Doce no pudieron expulsar un demonio (cf. Lc 9\,37-42)\, los 70 (o 72) sí. Y\, en vez de pedir que un rayo caiga y aniquile a los hombres\, como querían los Doce (cf. Lc 9\,54)\, lo que hay que pedir es que el poder divinizado de Satanás pierda su disfraz y su engañoso prestigio.\nSin embargo\, la alegría de los misioneros no debe apoyarse en el éxito de la misión (a veces puede fracasar)\, sino en haber aceptado el reinado de Dios y en ser ciudadanos de su reino. Sea que los acojan o los rechacen\, la alegría de los discípulos se cifra en lo que son\, y no en lo que hacen.\n\nLa misión es hoy la misma de ayer\, y no es hoy más ardua o más fácil que ayer. Si somos fieles a las instrucciones de Jesús\, estamos seguros de que\, con éxito o fracaso\, tenemos motivos más que suficientes para sentirnos confiados y contentos. La presencia de Jesús en la historia señaló el punto sin retorno de madurez de la humanidad para que se realice en ella el propósito divino. Solo se requiere abrirse al Espíritu de Dios\, como Jesús en su bautismo\, para convertirse también uno en «hijo del hombre» capaz de crear sociedades nuevas\, donde el supremo valor sea la dignidad humana\, y el objetivo fundamental sea la felicidad humana. Eso nos dará la certeza de anunciar el reinado de Dios y construir en la tierra su reino.\nSatanás se agazapa en los alardes de poder que dividen y enfrentan a los hombres\, incluso usando lenguaje y ropaje religioso. Y eso es fácil de reconocer «por su fruto» (cf. Lc 6\,44). Si caemos en su juego no es por inexpertos\, sino porque nos «seduce» (cf. Mc 4\,19).\nLa misión se alimenta en la eucaristía y a ella conduce\, así como la eucaristía nos reenvía a ella. Que la celebración eucarística dominical nos estimule para salir con nuevos bríos a anunciar la buena noticia. La humanidad está madura y esperando.\nFeliz día del Señor.
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SUMMARY:Lunes de la XIV semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro del Génesis (28\,10-22a): \nEn aquellos días\, Jacob salió de Berseba en dirección a Jarán. Casualmente llegó a un lugar y se quedó allí a pernoctar\, porque ya se había puesto el sol. Cogió de allí mismo una piedra\, se la colocó a guisa de almohada y se echó a dormir en aquel lugar. Y tuvo un sueño: Una escalinata apoyada en la tierra con la cima tocaba el cielo. Ángeles de Dios subían y bajaban por ella.\nEl Señor estaba en pie sobre ella y dijo: «Yo soy el Señor\, el Dios de tu padre Abrahán y el Dios de Isaac. La tierra sobre la que estás acostado\, te la daré a ti y a tu descendencia. Tu descendencia se multiplicará como el polvo de la tierra\, y ocuparás el oriente y el occidente\, el norte y el sur; y todas las naciones del mundo se llamarán benditas por causa tuya y de tu descendencia. Yo estoy contigo; yo te guardaré dondequiera que vayas\, y te volveré a esta tierra y no te abandonaré hasta que cumpla lo que he prometido.»\nCuando Jacob despertó\, dijo: «Realmente el Señor está en este lugar\, y yo no lo sabía.»\nY\, sobrecogido\, añadió: «Qué terrible es este lugar; no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo.»\nJacob se levantó de madrugada\, tomó la piedra que le había servido de almohada\, la levantó como estela y derramó aceite por encima. Y llamó a aquel lugar «Casa de Dios»; antes la ciudad se llamaba Luz.\nJacob hizo un voto\, diciendo: «Si Dios está conmigo y me guarda en el camino que estoy haciendo\, si me da pan para comer y vestidos para cubrirme\, si vuelvo sano y salvo a casa de mi padre\, entonces el Señor será mi Dios\, y esta piedra que he levantado como estela será una casa de Dios.» \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 90\,1-2.3-4.14-15ab \nR/. Dios mío\, confío en ti \nTú que habitas al amparo del Altísimo\,\nque vives a la sombra del Omnipotente\,\ndi al Señor: «Refugio mío\, alcázar mío\,\nDios mío\, confío en ti.» R/. \nÉl te librará de la red del cazador\,\nde la peste funesta.\nTe cubrirá con sus plumas\,\nbajo sus alas te refugiarás. R/. \n«Se puso junto a mí: lo libraré;\nlo protegeré porque conoce mi nombre\,\nme invocará y lo escucharé.\nCon él estaré en la tribulación.» R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (9\,18-26): \nEn aquel tiempo\, mientras Jesús hablaba\, se acercó un personaje que se arrodilló ante él y le dijo: «Mi hija acaba de morir. Pero ven tú\, ponle la mano en la cabeza\, y vivirá.»\nJesús lo siguió con sus discípulos. Entretanto\, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto\, pensando que con sólo tocarle el manto se curaría.\nJesús se volvió y\, al verla\, le dijo: «¡Animo\, hija! Tu fe te ha curado.»\nY en aquel momento quedó curada la mujer.\nJesús llegó a casa del personaje y\, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente\, dijo: «¡Fuera! La niña no está muerta\, está dormida.»\nSe reían de él. Cuando echaron a la gente\, entró él\, cogió a la niña de la mano\, y ella se puso en pie. La noticia se divulgó por toda aquella comarca. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nLunes de la XIV semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nComienza el ciclo de Jacob. Una vez descubierta la traición de Jacob\, Isaac dio a su hijo Esaú una bendición subordinada que no logró apaciguar el rencor que este sentía contra su hermano; al contrario\, maquinó matarlo después de la muerte de su padre. Nuevamente Rebeca intervino aconsejándole a Jacob fugarse para refugiarse en Harán\, en casa de Labán\, hermano de Rebeca\, en espera de que Esaú depusiera su ira. Según las costumbres vigentes\, si un hermano mataba al otro\, el fratricida debía ser expulsado de la familia. Por eso\, Rebeca temía perder sus dos hijos el mismo día (cf. Gn 27\,43). Así que le hizo una propuesta a Isaac: dado que las mujeres hititas que desposó Esaú eran un problema para ambos\, le propuso enviar a Jacob a buscar mujer entre su parentela por la línea materna. E Isaac aceptó esa propuesta (cf. Gn 27\,30-46\, omitido).\nEl relato propuesto para hoy se fecha después de esos hechos\, y se sitúa en un «lugar» antes de la salida de Jacob de Canaán\, en el centro geográfico del país. Se dispone a abandonar la tierra prometida\, pero esto no lo separará del Dios de la promesa. El Señor mismo se lo asegurará.\n\nGen 28\,10-22a.\nComo si lo narrado en el capítulo 27 no hubiera enturbiado las relaciones de Isaac con Jacob\, el padre envió tranquilamente al hijo a la parentela de Rebeca tras darle su bendición. La reacción de Esaú también parece ajena al rencor antes mencionado (cf. Gen 27\,41)\, ya que decidió buscarse mujer entre las hijas de Ismael\, dado que había comprendido que las cananeas no eran del agrado de su padre Isaac (cf. Gen 28\,1-9\, omitido). Antes había llamado «hititas» (o «hijas de Het») a las que ahora llama «cananeas» (o «hijas de Canaán»: cf. Gen 27\,46 con 28\,1).\nLa partida de Jacob se narra sin entrar en detalles\, pero la mención de que su viaje era motivado por la obediencia a su padre (cf. Gen 28\,7) es una manera de subrayar la dimensión teológica del hecho. A continuación\, se narra el viaje de Jacob\, con especial mención de que pernoctó en Betel y del sueño que allí tuvo\, que se constituye en una verdadera revelación.\nEl punto de partida del viaje es Berseba\, lo que lo conecta con el lugar de residencia de Isaac (cf. Gen 26\,23.33)\, y se anuncia que el de llegada es Jarán (cf. Gen 29\,4). A mitad de camino\, pernoctó en determinado «lugar». El término «lugar»\, (מָקוֹם) se repite cinco veces\, y tiene sentido cultual. Inicialmente\, Betel era un santuario cananeo\, en donde se daba culto a una divinidad con dicho nombre\, santuario que fue conocido por los patriarcas. Después de la conquista\, pasó a ser uno de los santuarios israelitas (cf. Jue 20\,18.26-28; 21\,2). A consecuencia del cisma del 922\, pasó a ser uno de los principales santuarios del reino del Norte (cf. 1Rey 12\,26-33) y en ocasión para el sincretismo religioso (cf. Amo 4\,4)\, por lo que el rey Josías lo destruyó (cf. 2Rey 23\,15).\nRecostada su cabeza sobre una piedra del «lugar»\, tuvo un «sueño». El «sueño» es una manera de referirse a una experiencia de revelación divina afirmando al mismo tiempo la trascendencia de Dios. Jacob soñó con una rampa que unía el cielo con la tierra\, por la que transitaban mensajeros de Dios (אֱלֹהִים)\, y encima de la cual estaba el Señor (יהוה)\, quien se le manifestó como «Dios de Abraham y de tu padre Isaac» para renovarle la promesa de la tierra\, de la descendencia numerosa y de la bendición universal a través suyo. En relación con el viaje\, le garantizó su compañía y le prometió traerlo de regreso al país de donde partía. La presencia de los ángeles o mensajeros de Dios tiene la finalidad de establecer distancia entre «Dios» (אֱלֹהִים) y los hombres; en cambio\, la presencia del «Señor» hace innecesaria la mención de los «mensajeros»\, porque él se dirige de un modo personal a Jacob\, sin intermediarios.\nLa reacción de Jacob fue un reconocimiento. Betel era nombre de una divinidad cananea\, y dicho «lugar» era un santuario pagano. Lo que Jacob descubre es que no es esa divinidad la que está en dicho «lugar»\, sino el Señor\, en mitad del territorio cananeo. Lo invadió un temor religioso\, pues estaba en un lugar «terrible»\, o «santo» (cf. Ex 3\,5; 19\,12)\, es decir\, propiedad de Dios e ingreso a la morada celeste. En consecuencia\, al levantarse «consagró» el «lugar» como advertencia de su singularidad. El autor le atribuye a Jacob el cambio del nombre del lugar; anteriormente tuvo el nombre de «Almendrales» (לוּז)\, después se llamó Betel («Casa de Dios»). Según otro testimonio (cf. Jos 16\,2)\, «Almendrales» estaba cerca de Betel\, eran dos localidades distintas.\nFinalmente\, Jacob pronunció un voto que contiene unas condiciones (usuales en los votos\, cf. Jue 11\,30-31; 1Sam 1\,11): si la compañía y providencia de la divinidad (אֱלֹהִים) se hacían efectivas\, y si regresaba sano y salvo a la «casa» de su padre\, el Señor (יהוה) sería su Dios\, y él le erigiría una «casa» a Dios en ese mismo lugar. Se advierte el cuidado puesto por el redactor final en evitar la identificación del culto de Jacob con el antiguo culto cananeo\, por lo que aparece la precisión de que «el Señor será mi Dios». Jacob rinde culto al Dios de Abraham\, no al de los cananeos.\nLa promesa del diezmo (omitida) parece añadida mucho después (por el paso de la tercera a la segunda persona)\, quizá teniendo en cuenta una costumbre posterior (cf. Am 4\,4).\n\nLa generosidad del Señor\, Dios de Abraham e Isaac\, no conoce límites. Jacob descubre que\, en donde los otros pueblos adoraban sus ídolos\, quien verdaderamente estaba presente y actuante era el Señor. Y así como él no lo sabía\, tampoco lo sabían los cananeos. Si él llego a enterarse\, no fue por méritos propios\, sino por revelación del Señor\, quien allí se le manifestó y le aseguró las promesas hechas a su antepasado Abraham y a su padre Isaac. Allí donde los hombres adoran ídolos\, el creyente en el verdadero Dios puede tomar pie para dar testimonio sereno de su fe\, sin fanatismos ni inútiles enfrentamientos\, con tolerancia\, que es muestra de humanidad.\nEl voto-promesa de Jacob es respuesta a la promesa reiterada del Señor. Pero hay una diferencia: El Señor promete gratis\, sin pedir nada a cambio; Jacob condiciona su voto a la comprobación de la fidelidad del Señor.\nEl cristiano siente que ha sido amado «primero»\, es decir\, que el Padre tomó la iniciativa\, porque envió a su Hijo y nos mostró su amor antes de que nosotros fuéramos capaces de corresponderle. Él nos liberó de la cautividad que nos impedía amar y nos capacitó para amar en respuesta a su amor (nos enamoró). Y nos renueva permanentemente ese amor.\nCuando celebramos la cena del Señor\, verificamos ese amor gratuito y fiel que siempre se nos da. Nuestro compromiso –«con-promesa»: correspondencia a su promesa cumplida–\, es amar como hemos sido amados.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Fiesta de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá\, reina y patrona de Colombia
DESCRIPTION:Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios 1\, 3-6\, 11-12­ \nBendito sea Dios\, Padre de nuestro Señor Jesucristo\, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo\, antes de crear el mundo\, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo\, por pura iniciativa suya\, a ser sus hijos\, para que la gloria de su gracia\, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo\, redunde en alabanza suya. Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así\, nosotros\, los que ya esperábamos en Cristo\, seremos alabanza de su gloria. «Palabra de Dios. Te alabamos Señor» \nSALMO RESPONSORIAL\nSal 112 (113)\, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8\nR/. Bendito sea el nombre del Señor\, ahora y por siempre.\nAlabad\, siervos del Señor\, alabad el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor\, ahora y por– siempre. /R. \nDe la salida del sol hasta su ocaso\, alabado sea el nombre del Señor. El  Señor se eleva sobre todos los pueblos\, su gloria sobre los cielos. /R. \n¿Quién como el Señor\, Dios nuestro\, que se eleva en su trono y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? /R. \nLevanta del polvo al desvalido\, alza de la basura al pobre\, para sentarlo con los príncipes\, los príncipes de su pueblo. /R. \nEVANGELIO\nDichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen.\nLectura del santo Evangelio según San Lucas 11\, 27-28\nEn aquel tiempo\, mientras Jesús hablaba a la gente\, una mujer de entre el gentío levantó la voz\, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.» Pero él repuso: «Mejor\, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»  \n«Palabra del Señor. Gloria a Ti Señor Jesús» \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n9 de julio\nNuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá.\nPatrona de Colombia.\n\nEl nombre de la población –dicen– viene del vocablo indígena Xequenquirá\, que\, según unos\, significa lugar pantanoso y nublado\, y\, según otros\, significa pueblo sacerdotal (allí\, en la isla de la laguna de Fúquene iban a ofrecer los indígenas el culto a los dioses muiscas).\nAllí\, según la tradición local\, el 26 de diciembre de 1586 una imagen de la Virgen María se mostró refulgente y\, desde entonces\, comenzaron las manifestaciones de fe del pueblo católico en lo que finalmente se convirtió en un concurrido santuario. Esta fiesta es netamente colombiana\, y es una bendición para este país que necesita redescubrir el valor de la vida humana\, restaurar la sana convivencia social y despejar su horizonte de futuro.\n\n1. Primera lectura (Ef 1\,3-6.11-12).\nLa lectura de la carta a los efesios nos remite al designio original del Padre: la unión de todos los pueblos\, que se fundamenta en la reconciliación de los seres humanos («lo terrestre») con Dios («lo celeste»). Desde el principio nos destinó a ser consagrados a él por el amor.\nDestacamos hoy el hecho de que «nos agració» (ἐχαρίτωσενἡμᾶς) por medio de su Hijo querido\, justamente porque María es llamada «agraciada» o «favorecida» (κεχαριτωμένη). En ella se realiza el proyecto al cual Dios destinó a toda la humanidad por medio de su Hijo.\nEsta generosidad o gracia de Dios es gratuita\, pero no superflua. María no es objeto pasivo de la gracia de Dios sino cooperadora activa por su fe en el Señor.\nLa expresión «para himno a su gloria» (εἰςἔπαινον δόξης: vv. 6.12.14) referida al Padre\, a su Hijo y a su Espíritu\, marca el himno de bendición (1\,3-19) que abre la carta a los efesios. La lectura que de él se hace en esta fiesta solo muestra las dos primeras veces en que aparece.\nLa primera parte (vv. 3-6) es bendición de estilo judío y contenido cristiano. El hombre bendice dando gracias a Dios\, que lo bendice infundiéndole su vida\, su Espíritu. Bendice (agradece) por:\n• La elección.\n• La predestinación.\n• La liberación («redención»: v. 7\, omitido).\nLa segunda parte (vv. 11-12) agradece:\n• El comienzo de la salvación por la raza de Abraham.\n• La realización del designio divino.\n• El cumplimiento de la promesa hecha a Abraham.\nPero el Mesías no estaba destinado solo a los judíos (vv. 13-14\, omitidos).\n\n2. Evangelio (Lc 11\,27-8).\nJesús explicaba que la eficacia liberadora de su actividad depende de la radicalidad de la opción de fe por él. Entonces\, una mujer anónima\, vocera del «resto de Israel»\, reaccionó en su favor:\n• Dichoso el vientre que te llevó… Considera que la dicha de la «madre» (nación) de Jesús reside en la generación biológica. Israel es un pueblo afortunado por haber sido el origen étnico de Jesús.\n• … y los pechos que te criaron. Radica esa dicha en la transmisión de la leche (la enseñanza) materna (nacional)\, o sea\, en las tradiciones judías. Ese legado\, asumido por Jesús\, está en buenas manos.\nEsta dicha contrasta con la que Jesús declara a las mujeres de Jerusalén\, la ciudad que rechazó al Mesías: «Dichosas las estériles\, los vientres que no han parido y los pechos que no han criado» (Lc 23\,29). En Os 9\,14 aparece una idea similar\, «un seno que aborte y pechos resecos»\, como fórmula de maldición para un pueblo idólatra y destinado al destierro. La dicha no radica en la vinculación étnica ni cultural con él\, sino en la fe dada a él.\nPor eso\, Jesús retoma e interpreta con su autoridad lo que ya había profetizado su madre\, María: «Me llamarán dichosa todas las generaciones» (Lc 1\,48):\n• «Mejor: ¡dichosos los que escuchan el mensaje de Dios…». La dicha no se refiere al pasado\, sino al presente. Consiste en ser un pueblo nuevo\, no constituido por vínculos biológicos o culturales\, sino por la escucha del mensaje de Dios (cf. Lc 8\,21).\n• «… y lo cumplen!».La dicha se completa en la fidelidad al mensaje\, que ahora es la norma de alianza con Dios. Queda así superada la Ley nacional por el Espíritu universal\, y la alianza con Abraham cede paso la alianza con Jesús (cf. Lc 22\,17-18).\nJesús va más allá de los vínculos de «la carne» (biológicos\, culturales) y nos conduce al reino\, a la nueva familia de Dios\, basada en la fe (escucha y compromiso).\nHay dos maneras de considerar «dichosa» a María:\n1. Por los vínculos de la carne con Jesús: «el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».\n2. Por su fe comprometida: «los que escuchan el mensaje de Dios y lo guardan».\nEn muchas comunidades aún se hace demasiado énfasis en los vínculos de la carne: parentesco consanguíneo de Jesús con María\, relación de madre-hijo en perspectiva biológica\, ascendiente de María en relación con Jesús por el hecho de ser su madre…\, y también su papel en la Iglesia y en la vida del creyente («discípulo amado») se enfoca en esa perspectiva.\nOtras comunidades\, más maduras en la fe\, advierten el sentido que tienen esas palabras de Jesús en conexión con la parábola del sembrador (cf. Lc 8\,15). María es «la tierra buena» en donde el mensaje de Dios dio fruto\, el «fruto bendito de su vientre» (cf. Lc 1\,42).\nPor eso\, si ella es «dichosa por haber creído» (cf. Lc 1\,45) y si desde entonces la llaman dichosa «todas las generaciones» (Lc 1\,48) es por la obra que Dios ha hecho en ella\, y porque ella escucha las palabras de Jesús y las pone por obra (cf. Lc 8\,21; 6\,47).\n\nLa figura evangélica de María es muy superior a la que pueden delinear apenas parcialmente las advocaciones y las apariciones. Es aquella la que debe iluminar a estas\, y no al contrario.\nLa justicia y la paz que buscamos los colombianos no se darán por motivaciones basadas en los vínculos de la carne sino por la escucha generosa y la práctica comprometida de la buena noticia de Jesucristo. La mera pertenencia sociológica a la Iglesia católica no basta para llamarse católico. Tampoco la sola invocación del nombre de la Virgen María lo constituye a uno católico. La madre del Señor hace de puente entre el antiguo pueblo y el nuevo. Según la carne\, pertenece a la raza de Abraham\, pero por la fe en el Señor pertenece al reino de Dios.\nMuchos han criticado que Colombia se hubiera consagrado por ley al Corazón de Jesús\, pero no porque esta consagración se hubiera hecho efectiva por la fe (escuchar y cumplir el Evangelio)\, sino precisamente porque fue hecha por ley. La madre del Señor no necesita admiradores\, sino hijos como el discípulo amado\, testigos convencidos de su adhesión de amor y seguimiento al Señor\, discípulos suyos como ella es discípula suya. La verdadera devoción a María –enseñó el Concilio Vaticano II– no consiste:\n• en sentimentalismo estéril ni\n• en vana credulidad.\nSino que:\n• procede de la fe auténtica\,\n• reconoce la excelencia de la madre del Señor y Dios nuestro Jesucristo\,\n• impulsa a un amor filial a ella\,\n• y a la imitación de sus virtudes.\nAl comulgar con el cuerpo de Cristo\, espiritualmente nos asociamos al misterio de la encarnación y nos hacemos un solo cuerpo entre nosotros\, y María forma ese cuerpo con nosotros.\nFeliz fiesta.
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SUMMARY:Miércoles de la XIV semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro del Génesis (41\,55-57;42\,5-7.17-24a): \nEn aquellos días\, llegó el hambre a todo Egipto\, y el pueblo reclamaba pan al Faraón; el Faraón decía a los egipcios: «Dirigíos a José y haced lo que él os diga.»\nCuando el hambre cubrió toda la tierra\, José abrió los graneros y repartió raciones a los egipcios\, mientras arreciaba el hambre en Egipto. Y de todos los países venían a Egipto a comprarle a José\, porque el hambre arreciaba en toda la tierra. Los hijos de Jacob fueron entre otros a comprar grano\, pues había hambre en Canaán. José mandaba en el país y distribuía las raciones a todo el mundo. Vinieron\, pues\, los hermanos de José y se postraron ante él\, rostro en tierra.\nAl ver a sus hermanos\, José los reconoció\, pero él no se dio a conocer\, sino que les habló duramente: «¿De dónde venís?»\nContestaron: «De tierra de Canaán\, a comprar provisiones.»\nY los hizo detener durante tres días.\nAl tercer día\, les dijo: «Yo temo a Dios\, por eso haréis lo siguiente\, y salvaréis la vida: si sois gente honrada\, uno de vosotros quedará aquí encarcelado\, y los demás irán a llevar víveres a vuestras familias hambrientas; después me traeréis a vuestro hermano menor; así probaréis que habéis dicho la verdad y no moriréis.»\nEllos aceptaron\, y se decían: «Estamos pagando el delito contra nuestro hermano\, cuando le veíamos suplicarnos angustiado y no le hicimos caso; por eso nos sucede esta desgracia.»\nIntervino Rubén: «¿No os lo decía yo: “No pequéis contra el muchacho”\, y no me hicisteis caso? Ahora nos piden cuentas de su sangre.»\nEllos no sabían que José les entendía\, pues había usado intérprete. Él se retiró y lloró; después volvió a ellos. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 32\,2-3.10-11.18-19 \nR/. Que tu misericordia\, Señor\, venga sobre nosotros\,\ncomo lo esperamos de ti \nDad gracias al Señor con la cítara\,\ntocad en su honor el arpa de diez cuerdas;\ncantadle un cántico nuevo\,\nacompañando los vítores con bordones. R/. \nEl Señor deshace los planes de las naciones\,\nfrustra los proyectos de los pueblos;\npero el plan del Señor subsiste por siempre\,\nlos proyectos de su corazón\, de edad en edad. R/. \nLos ojos del Señor están puestos en sus fieles\,\nen los que esperan en su misericordia\,\npara librar sus vidas de la muerte\ny reanimarlos en tiempo de hambre. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (10\,1-7): \nEn aquel tiempo\, Jesús\, llamando a sus doce discípulos\, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero\, Simón\, llamado Pedro\, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo\, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé\, Tomás y Mateo\, el publicano; Santiago el Alfeo\, y Tadeo; Simón el Celote\, y Judas Iscariote\, el que lo entregó.\nA estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de gentiles\, ni entréis en las ciudades de Samaria\, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nMiércoles de la XIV semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nDespués de la lucha de Jacob-Israel\, el libro narra el encuentro entre los dos hermanos\, Esaú y Jacob\, en el que este le dice a su hermano: «he visto tu rostro benévolo y era como ver el rostro de Dios» (cf. Gen 33\,10: en alusión al episodio anterior). Así llegó a Siquén\, en tierra de Canaán\, donde adquirió un terreno para establecerse\, y adoró «al Dios de Israel». (c. 33). Enseguida\, narra el episodio del rapto y la violación de Dina\, hija de Jacob\, por parte de Siquén\, hijo del príncipe del país\, y la venganza de los hijos de Jacob\, a quienes no les interesaba la paz entre los pueblos\, como a su padre\, sino la defensa del honor (c. 34). El capítulo 35 narra la aceptación del Señor como su propio Dios por parte de la familia y la gente de Jacob\, renunciando a sus ídolos. Esto ocurrió en Betel\, en donde se renovó la alianza de Dios con Jacob. En el camino de regreso murió Raquel dando a luz a Benjamín\, el último de sus hijos. Jacob regresó a casa de Isaac para sepultarlo. El capítulo 36 trae la genealogía de Esaú.\nY comienza el ciclo de José: sus sueños y la malquerencia de sus hermanos quienes lo vendieron (c. 37). Se inserta el escabroso episodio de Judá y Tamar (c. 38)\, y siguen las desventuras y las aventuras de José en Egipto (39-41\,1-54). Esos capítulos los omite el leccionario.\n\nGen 41\,55-57; 42\,5-7.17-24a.\nEl hambre generalizada\, más que una mera emergencia alimentaria\, es la expresión más urgente de toda humana necesidad\, tanto material como espiritual. José\, convertido en figura nacional e internacional\, realiza ahora aquello de que «en tu nombre se bendecirán todos los pueblos de la tierra». Por el cargo\, la vestimenta\, el cambio oficial del nombre para el ejercicio del cargo\, y la mujer que le es dada por esposa\, se convierte en un egipcio. Es el visir del Faraón\, que será quien estará por encima de él. Todo esto ocurre a los treinta años de la edad de José.\nDespués de la abundancia pronosticada por José\, sobrevino la carestía que él había anunciado al Faraón. El contraste entre los pueblos de la región\, que padecían hambre\, y Egipto\, donde había pan\, se desdibuja cuando «llegó el hambre a todo Egipto\, y el pueblo reclamaba pan al Faraón». Esta noticia pretende mostrar las proporciones de la carestía y ponderar la previsión de José. El Faraón se desembaraza del problema remitiendo su pueblo a José: «hagan lo que él les diga». Los graneros comenzaron a surtir a los egipcios\, y pronto se regó la noticia de que en Egipto había grano\, y de los otros pueblos venían «a comprar grano a José». Aunque el Faraón siga ostentando el mando\, el benefactor universal es José\, como proveedor de nacionales y extranjeros.\nFue Jacob quien tomó la iniciativa de enviar a sus hijos a comprar grano en Egipto; envió a diez\, ya que se quedó con Benjamín\, el menor\, por temor a que le ocurriera alguna desgracia. Aquí se desarrolla una narración en la cual el lector sabe más que José\, este más que sus hermanos\, y los diez hermanos van saliendo de su ignorancia para descubrir una sorprendente verdad.\nLos hermanos\, que por envidia lo excluyeron de la familia\, ahora son acogidos por el rechazado. José no tiene intención de vengarse de ellos sino de recuperar su familia. Tras cerciorarse de su origen los intimidó y los sometió a prueba. Aparentando dureza\, los sometió a un interrogatorio implacable con el cual fue asegurándose de que los que había identificado como sus hermanos en verdad lo eran. Al poner en duda sus intenciones («¡ustedes son espías!»)\, los fue obligando a revelar su identidad: primero\, declararon ser «hermanos hijos de un mismo padre»\, y luego ellos se vieron forzados a precisar su número y\, declarándolo desaparecido a él\, dijeron que el menor se había quedado con el padre. Esos datos fueron suficientes para confirmar que eran ellos.\nEntonces les exigió –como prueba de la veracidad de sus palabras– que le trajeran a su hermano menor\, que era hermano suyo de madre. Y los hizo encarcelar para ablandarlos. Luego propuso que regresaran todos a su casa a llevar el grano\, menos uno\, que quedaría en rehén hasta cuando trajeran al hermano menor (cf. Gen 42\,8-16\, omitido).\nSus hermanos\, al ver que José no les daba crédito\, consideraron que la vida les estaba cobrando el daño que le habían hecho años atrás y la indolencia con la que ignoraron sus súplicas. Discutían entre ellos\, sin saber que José les entendía\, ya que se había estado comunicando con ellos por medio de un intérprete. Y así José iba verificando cada vez más la identidad de su familia.\nJosé los puso a pensar en la tarea de recomponer la unidad perdida de la familia trayendo a uno de sus hermanos para rescatar al otro. Lo conmovió ver el remordimiento de conciencia de sus hermanos\, pero todavía no consideraba que hubiera llegado la hora de la verdad. Simeón\, que es el segundo en edad\, carga con la responsabilidad del grupo\, porque Rubén\, que es el mayor y el que dirige el grupo\, debe quedar al frente del mismo para su regreso. La angustia de los hermanos recuerda la que ellos le hicieron padecer a José\, y aviva su conciencia de culpa. Esto ya es indicio de que José va logrando lo que se proponía\, en tanto que él permanece sin que ellos lo pudieran identificar. Este es el sentido que tiene la referencia al intérprete. Sin embargo\, José no tortura a sus hermanos. El hecho de que él se retirara para llorar le añada dramatismo a la escena\, y deja ver al lector su sufrimiento interior. El hecho de «encadenar en su presencia» a Simeón\, y no al mayor –Rubén–\, podía ser interpretado por ellos como que Dios favorecía al único de ellos que había intentado salvar a José del maltrato de sus hermanos (cf. Gen 37\,22).\n\nLa necesidad que padecen los hermanos de José se convierte en una excelente ocasión para desarrollar la solidaridad y propiciar la reconciliación. Cuando se sabe ser hermano\, el poder no es obstáculo para dar el primer paso y tomar la iniciativa del reencuentro. José\, en vez de tomar ventaja de su poder como visir\, hace todo un proceso pedagógico que conduce a sus hermanos a arrepentirse hasta rectificar. A José no le interesa la venganza\, sino recuperar su familia.\nEste es un ejemplo de lo que han hecho muchos pueblos en la tierra para ponerle fin a crueles y prolongados conflictos fratricidas\, y un modelo perenne de lo que es capaz de hacer el hombre cuando pone la nobleza de alma por encima de mezquindades propias y ajenas.\nLos cristianos conocemos al Padre que «nos amó primero» (cf. 1Jn 4\,19) y que tomó la iniciativa de dar a su hijo único (cf. Jn 3\,16) para reconciliarse con la humanidad y «nos confió el ministerio de la reconciliación» (cf. 2Co 5\,18). «¡Dichosos los que trabajan por la paz…!» (Mt 5\,9).\nEso lo conmemoramos y celebramos en la eucaristía\, y nos comprometemos a vivirlo cada día.\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Jueves de la XIV semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de los Proverbios 2\,1-9:  \nHijo mío\, si aceptas mis palabras y conservas mis consejos\, prestando oído a la sensatez y prestando atención a la prudencia; si invocas a la inteligencia y llamas a la prudencia; si la procuras como el dinero y la buscas como un tesoro\, entonces comprenderás el temor del Señor y alcanzarás el conocimiento de Dios. Porque es el Señor quien da sensatez\, de su boca proceden saber e inteligencia. Él atesora acierto para los hombres rectos\, es escudo para el de conducta intachable\, custodia la senda del deber\, la rectitud y los buenos senderos. Entonces comprenderás la justicia y el derecho\, la rectitud y toda obra buena. \n\n\n\nSalmo\n\nSal 33\,2-3.4.6.9.12.14-15 \nR/. Bendigo al Señor en todo momento \nBendigo al Señor en todo momento\,\nsu alabanza está siempre en mi boca;\nmi alma se gloría en el Señor:\nque los humildes lo escuchen y se alegren. R/. \nProclamad conmigo la grandeza del Señor\,\nensalcemos juntos su nombre.\nContempladlo\, y quedaréis radiantes\,\nvuestro rostro no se avergonzará. R/. \nGustad y ved qué bueno es el Señor\,\ndichoso el que se acoge a él.\nVenid\, hijos\, escuchadme:\nos instruiré en el temor del Señor. R/. \nGuarda tu lengua del mal\,\ntus labios de la falsedad;\napártate del mal\, obra el bien\,\nbusca la paz y corre tras ella. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo 19\,27-29: \nEn aquel tiempo\, dijo Pedro a Jesús: «Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?»\nJesús les dijo: «Os aseguro: cuando llegue la renovación\, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria\, también vosotros\, los que me habéis seguido\, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa\, hermanos o hermanas\, padre o madre\, mujer\, hijos o tierras\, recibirá cien veces más\, y heredará la vida eterna.» \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nJueves de la XIV semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nJosé determinó quedarse con Simeón en rehén mientras sus hermanos iban y regresaban con su hermano de madre\, Benjamín. Luego\, ordenó que en cada saco les metieran el pago que habían dado. Cuando ellos se dieron cuenta\, se asustaron\, y al llegar a casa le refirieron todo a su padre. Cuando terminaron las provisiones y su padre los envió a comprar más\, le dijeron que «el señor del país» les puso como condición llevar a Benjamín. El explicable conflicto familiar se resolvió cuando Judá salió de fiador. Llegaron temerosos a Egipto\, pero encontraron benevolencia en la casa de José\, y recuperaron a Simeón. José hizo esfuerzos por controlar sus emociones cuando vio a Benjamín. Comieron y bebieron en abundancia. De nuevo dio José instrucciones de poner el dinero en los sacos\, pero mandó poner su copa en el saco de Benjamín. Después de partir\, los alcanzaron y los requisaron\, y al encontrar la copa los regresaron a la ciudad a enfrentar la culpa alegando su inocencia (cf. Gen 42\,24b-44\,17).\n\nGen 44\,18-21.23b-29; 45\,1-5.\nJosé somete a sus hermanos a la última prueba\, la que parece tener las más graves consecuencias. Ahora se trata de una suposición de robo cuyas implicaciones legales eran tan fatales que harán desesperar de dolor a todos los hermanos. El hecho de que se trate de la copa que supuestamente usaba José para adivinar queda explicado a los ojos del lector\, porque este sabe que José no ha adivinado sino urdido los hechos\, pero le añade patetismo al asunto\, porque los hermanos no lo saben y\, convencido de su inocencia\, han proferido graves presagios (cf. Gen 44\,9).\nEscuchar que Benjamín quedaba como esclavo no solo generó el desconcierto por no cumplir la promesa que le hicieron a su padre\, sino que se revivió el drama de José reducido a la esclavitud en Egipto. Sin embargo\, su reacción fue solidaria. A pesar de lo convenido con el mayordomo de José (cf. Gen 44\,10)\, «cargó cada uno su asno y volvieron a la ciudad» (Gen 44\,11). Con el fin de poner a prueba esa solidaridad\, José no aceptó la culpa colectiva y manifestó la intención de quedarse solo con Benjamín como esclavo.\nJudá asumió la vocería del grupo y expuso el caso. Sus palabras se consideran una bien lograda pieza de la literatura antigua\, hermosa y emotiva. El lenguaje es correcto\, aunque inculto\, rasgo que no remite a consideraciones cortesanas. La primera parte presenta los argumentos de lo que Judá iba a proponer\, argumentos que brotaban del sentimiento y pretendían la empatía de José. En el centro del interés están un padre anciano y su amado hijo menor\, situación paralela a la de Jacob cuando sus hermanos desaparecieron a José.\nRecordó el interrogatorio de José en el cual ellos le contaron pormenores de su familia y los temores que abrigaban con respecto de la vida de su padre y de su hermano menor. Explicó las reticencias del padre para dejar salir de casa a Benjamín\, mencionando que era el único de los dos hijos de Raquel\, porque su padre suponía que al otro (José) lo había descuartizado una fiera. No podían sumarle más tormentos al padre\, porque lo matarían. Así que Judá hace efectiva ante él la fianza contraída ante su padre: se queda como esclavo en lugar de su hermano\, justamente lo contrario de lo que hicieron ellos con José. Al aceptar la culpa colectiva (cf. Gn 42\,21; 44\,16)\, y al ofrecerse a responder en nombre de sus hermanos\, Judá rehízo positivamente la solidaridad familiar\, que se había deshecho cuando detestaron y vendieron a José. No se declararon culpables de robo\, pero sí se reconocieron culpables ante Dios por la suerte de su hermano.\nEse era el momento para darse a conocer. José ordenó evacuar su corte y se quedó solo con sus hermanos para revelarles su identidad. Al parecer\, el relato a estas alturas trata de hacer concordar sin éxito dos tradiciones de la misma historia. José se revela dos veces (cf. Gen 45\,3.4)\, revelación dificultosamente armonizada en el relato\, aunque resulte plausible que los hermanos se quedaran atónitos ante esa afirmación\, y que él tratara de tranquilizarlos\, ante su temor de que José quisiera vengarse. La pregunta de José («¿vive todavía mi padre?») parece no tener en cuenta el discurso de Judá. El intenso llanto de José\, aunque sea parte del componente fuertemente emocional de esta historia\, sirve más explicar cómo se enteró el Faraón de lo que había acontecido en la casa de su visir. Este hecho muestra que esta historia fue contada muchas veces entre los herederos de Jacob y de José\, y que\, en el momento de editarlas en una sola\, el redactor se vio en apuros. Los énfasis de cada narración varían\, como es natural\, aunque la historia en sí es una misma.\nPero lo más llamativo es la explicación teológica de los hechos. Les descubre la acción de Dios a pesar de la traición de ellos\, y muestra el aspecto previsor y salvador de Dios. Si bien sus hermanos lo habían vendido como esclavo\, en realidad\, el fue enviado por Dios a Egipto. Y resulta claro que esta explicación anticipa la realidad del éxodo y su razón de ser. En el relato se destaca la providencia de Dios en todo momento. Fue él quien lo constituyó ministro del Faraón\, señor de toda su corte y gobernador de Egipto. Y será él quien provea lo del ingreso de Jacob y su familia a Egipto (cf. Gn 45\,5-8\, omitido).\n\nRegresa a la memoria el refrán popular que dice que «Dios escribe recto sobre líneas torcidas». La culpa mantenida oculta por los hijos de Jacob sale a flote no para condenarlos\, sino para que se vean libres de la misma. La pedagogía divina actúa a través de la actividad de José\, que da (les devuelve el dinero) y les exige (los lleva a admitir esa culpa). El desconcierto de los hermanos consiste en que no pueden disfrutar plenamente del don hasta tanto no hayan admitido su culpa. La admisión de su culpa\, que supone el arrepentimiento por su pecado\, abre la posibilidad de un perdón generoso y pacificador. Nadie resulta humillado\, todos se ven beneficiados.\nEsto va más allá del reclamo de «verdad\, justicia y reparación» que esgrime el derecho de gentes para zanjar los conflictos entre conciudadanos. Y\, claro\, llega menos lejos que el perdón del que habla Jesús a sus discípulos: «Den y se les dará: ustedes recibirán una medida generosa\, apretada\, remecida\, rebosante» (Lc 6\,38). El perdón es subversivo\, porque revoluciona el «orden» que se establece sobre las diversas versiones camufladas de la ley del talión.\nComer de la mesa de Jesús\, y estar dispuesto a dar lo mejor de nosotros mismos «para el perdón de los pecados» es una misma cosa. Es inconcebible la comunión eucarística sin disposición de perdón. A la eucaristía se llega perdonado\, y de ella se sale siempre dispuesto a perdonar.\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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SUMMARY:Viernes de la XIV semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Génesis (46\,1-7.28-30): \nEn aquellos días\, Israel\, con todo lo suyo\, se puso en camino\, llegó a Berseba y allí ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac.\nDios le dijo a Israel en una visión de noche: «Jacob\, Jacob.»\nRespondió: «Aquí estoy.»\nDios le dijo: «Yo soy Dios\, el Dios de tu padre; no temas bajar a Egipto\, porque allí te convertiré en un pueblo numeroso. Yo bajaré contigo a Egipto\, y yo te haré subir; y José te cerrará los ojos.»\nAl salir Jacob de Berseba\, los hijos de Israel hicieron montar a su padre\, con los niños y las mujeres\, en las carretas que el Faraón había enviado para transportarlos. Tomaron el ganado y las posesiones que habían adquirido en Canaán y emigraron a Egipto Jacob con todos sus descendientes\, hijos y nietos\, hijas y nietas\, y todos los descendientes los llevó consigo a Egipto. Jacob despachó por delante a Judá\, a visitar a José y a preparar el sitio en Gosén. Cuando llegaban a Gosén\, José mandó preparar la carroza y se dirigió a Gosén a recibir a su padre. Al verlo\, se le echó al cuello y lloró abrazado a él.\nIsrael dijo a José: «Ahora puedo morir\, después de haberte visto en persona\, que estás vivo.» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 36\,3-4.18-19.27-28.39-40 \nR/. El Señor es quien salva a los justos \nConfía en el Señor y haz el bien\,\nhabita tu tierra y practica la lealtad;\nsea el Señor tu delicia\,\ny él te dará lo que pide tu corazón. R/. \nEl Señor vela por los días de los buenos\,\ny su herencia durará siempre;\nno se agostarán en tiempo de sequía\,\nen tiempo de hambre se saciarán. R/. \nApártate del mal y haz el bien\,\ny siempre tendrás una casa;\nporque el Señor ama la justicia\ny no abandona a sus fieles.\nLos inicuos son exterminados\,\nla estirpe de los malvados se extinguirá. R/. \nEl Señor es quien salva a los justos\,\nél es su alcázar en el peligro;\nel Señor los protege y los libra\,\nlos libra de los malvados\ny los salva porque se acogen a él. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (10\,16-23): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a sus apóstoles: «Mirad que os mando como ovejas entre lobos; por eso\, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas. Pero no os fiéis de la gente\, porque os entregarán a los tribunales\, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes\, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten\, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis\, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten\, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres\, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará. Cuando os persigan en una ciudad\, huid a otra. Porque os aseguro que no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del hombre.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nViernes de la XIV semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nJosé reveló a sus hermanos que consideraba providencial su ida a Egipto\, ya que\, por contribuir a la supervivencia de la familia\, y\, por tanto\, al cumplimiento de la promesa\, debe interpretarse como intervención de Dios\, que lo hizo llegar a ser visir del Faraón. Los insta a regresar y buscar a su padre para que venga tranquilamente a establecerse en Egipto. El Faraón\, enterado\, muestra su complacencia y se desborda en atenciones invitando a la familia de José a residir en Egipto. La noticia sorprende sobremanera a Jacob\, pero le da aliento para el viaje (45\,6-28\, omitido).\nHoy se lee la narración del encuentro de Jacob con José. El acontecimiento es informado por las tres principales fuentes de tradiciones narrativas del Pentateuco\, cada una a su manera y con sus acentos característicos. El relato está cargado de drama y emoción. En el trasfondo\, hay clara conciencia de que se trata de un hecho decisivo\, la bajada del pueblo a Egipto\, con todo lo que de ella se sigue. Los narradores se aseguran de que la posteridad esté cierta de que esto obedeció a una indicación divina\, y que forma parte de su historia por inescrutable designio de Dios\, quien se compromete a descender con Jacob a Egipto y traerlo de regreso a la tierra prometida.\n\nGen 46\,1-7.28-30.\nEn tanto que la bajada a Egipto le había sido prohibida a Isaac en una visión en el mismo lugar (cf. Gen 26\,2)\, la de Jacob es indicada por Dios. De Hebrón bajaron a Berseba\, y de allí a Egipto. En Berseba\, Israel (Jacob) ofreció sacrificios «al Dios de su padre Isaac»\, quien en una visión nocturna (revelación interior) se le manifestó para disipar sus temores. Aparece así la bajada de Jacob a Egipto como una decisión de Dios\, quien se propuso hacerlo bajar y luego hacerlo subir. Jacob no irá a establecerse en Egipto; allí será advenedizo por un tiempo no determinado. La migración es completa\, de toda la familia\, con todas sus posesiones. De manera asombrosa\, la promesa de multiplicar su descendencia no se verá impedida por esa estancia en Egipto. Esta es la razón que justifica el abandono de la tierra prometida\, el hecho de que en Egipto comenzará a cumplirse la promesa hecha a Abraham y ratificada a Isaac de hacer de su familia «un pueblo numeroso». Dios bajará con él y lo hará subir cuando llegue el momento. Esto se entiende tanto de la sepultura de sus restos en Canaán (cf. Gen 50\,10-13) y del regreso de sus descendientes a la tierra de Canaán. Aunque posar las manos es un gesto de bendición\, la expresión «tu hijo José posará su mano sobre tus ojos» es una manera de manifestar que Jacob-Israel morirá en paz y consolado por su hijo\, y alude al acto piadoso de cerrarle los ojos al difunto inmediatamente después de que fallece\, y a la posterior sepultura del cadáver.\nAquí se inserta una genealogía (vv. 8-27\, omitido) que\, salvo pequeñas variantes\, parece resumir la lista más antigua que se encuentra en Num 26. Esta lista numerada evoca los conteos de los cautivos que hicieron los escribas asirios y babilonios durante los respectivos exilios\, de los que la estancia en Egipto se convierte en referencia obligada. El total de «setenta» evoca los 70 años del cautiverio. Esa cifra había llegado a ser tradicional (cf. Exo 1\,5; Dt 10\,22). En todo caso\, se asocia a la realidad de Israel en condición de emigrante (cf. Gen 46\,26).\nEl texto del versículo 28\, es de traducción conjetural\, pero parece reanudar la narración iniciada en los versículos 5-7. Jacob aparece como quien dirige el viaje («despachó por delante a Judá…»). Su destino es Gosén\, la región norteña\, cercana a la frontera\, desde donde será fácil salir cuando llegue el momento de hacerlo. Judá fue encargado de preparar el camino\, pero José salió a recibir a su padre\, hecho que delata cierto afán por apresurar el momento («José mando enganchar la carroza y subió hacia Gosén a recibir a su padre Israel»).\nEl encuentro de padre e hijo se narra concisamente\, pero de manera muy intensa: un largo abrazo con llanto silencioso que concluye con una expresión de alivio y paz por parte del padre\, quien declara que ya puede morir\, después de haber visto a su hijo y de constatar que vive. Sus palabras contrastan con lo expresado antes\, cuando se rehusaba a permitir que Benjamín bajase con sus hermanos a Egipto: «¡No bajará mi hijo con ustedes! Su hermano ha muerto y solo me queda él. Si le sucede alguna desgracia en el viaje que van a emprender\, de la pena darán con mis canas en la tumba» (Gen 42\,38). Jacob considera que ha alcanzado más de lo que esperaba por haber visto personalmente a José\, y acepta morir porque José está vivo. Ha recuperado el aliento colmando su esperanza\, ha visto a su hijo antes de morir (cf. Gen 45\,28).\nAunque en el relato aparece que la iniciativa y las circunstancias concretas del encuentro fueron determinadas por José\, los rasgos que este presenta en la narración son los de un hombre justo\, un hombre de Dios\, que ha actuado según sus palabras («yo respeto a Dios»). Dios es el agente invisible que guía los acontecimientos sin forzar las libertades. El proceso al que José somete a sus hermanos es un llamado al reconocimiento de culpa\, al arrepentimiento y a la enmienda con el propósito que al final aparece plena y satisfactoriamente logrado: la reconciliación de la familia.\n\nAsí termina una larga historia de intriga y de dolor callado. Una familia dividida por la envidia y separada por el odio\, tras la dura experiencia del «hambre» (el vacío y la insatisfacción) encuentra de nuevo la paz a raíz de la grandeza y la nobleza de un gesto de perdón generosamente ofrecido\, sin reproche ni reclamo. José se crece sorteando peligros y manteniendo la fe y el respeto a Dios.\nJosé se presentará a los ojos de las generaciones posteriores como ejemplo del justo rechazado y maltratado\, pero enteramente puesto al servicio del designio de Dios en favor de su pueblo\, en particular de los hermanos que lo habían repudiado y ultrajado.\nEl cristiano puede ver en José un anuncio profético de Jesús y un auténtico estímulo para vivir el amor y procurar la reconciliación y la paz. Sin recurrir a la injusticia\, y también sin devolver el daño recibido (venganza)\, es posible eliminar de raíz el mal que trastorna la sana convivencia.\nLa eucaristía\, como banquete de la unidad\, donde nos damos el abrazo de la paz\, es –a la vez– estímulo y exigencia de reconciliación fraternal.\nFeliz viernes.
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SUMMARY:Sábado de la XIV semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Génesis (49\,29-32;50\,15-26a): \nEn aquellos días\, Jacob dio las siguientes instrucciones a sus hijos: «Cuando me reúna con los míos\, enterradme con mis padres en la cueva del campo de Efrón\, el hitita\, la cueva del campo de Macpela\, frente a Mambré\, en Canaán\, la que compró Abrahán a Efrón\, el hitita\, como sepulcro en propiedad. Allí enterraron a Abrahán y a Sara\, su mujer; allí enterraron a Isaac y a Rebeca\, su mujer; allí enterré yo a Lía. El campo y la cueva fueron comprados a los hititas.»\nCuando Jacob terminó de dar instrucciones a sus hijos\, recogió los pies en la cama\, expiró y se reunió con los suyos.\nAl ver los hermanos de José que había muerto su padre\, se dijeron: «A ver si José nos guarda rencor y quiere pagarnos el mal que le hicimos.»\nY mandaron decirle: «Antes de morir tu padre nos encargó: “Esto diréis a José: Perdona a tus hermanos su crimen y su pecado y el mal que te hicieron”. Por tanto\, perdona el crimen de los siervos del Dios de tu padre.» José\, al oírlo\, se echó a llorar.\nEntonces vinieron los hermanos\, se echaron al suelo ante él\, y le dijeron: «Aquí nos tienes\, somos tus siervos.»\nPero José les respondió: «No tengáis miedo; ¿soy yo acaso Dios? Vosotros intentasteis hacerme mal\, pero Dios intentaba hacer bien\, para dar vida a un pueblo numeroso\, como hoy somos. Por tanto\, no temáis; yo os mantendré a vosotros y a vuestros hijos.»\nY los consoló\, hablándoles al corazón. José vivió en Egipto con la familia de su padre y cumplió ciento diez años; llegó a conocer a los hijos de Efraín\, hasta la tercera generación\, y también a los hijos de Maquir\, hijo de Manasés; los llevó en las rodillas.\nJosé dijo a sus hermanos: «Yo voy a morir. Dios cuidará de vosotros y os llevará de esta tierra a la tierra que prometió a Abrahán\, Isaac y Jacob.»\nY los hizo jurar: «Cuando Dios cuide de vosotros\, llevaréis mis huesos de aquí.» José murió a los ciento diez años de edad. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 104\,1-2.3-4.6-7 \nR/. Humildes\, buscad al Señor\, y revivirá vuestro corazón \nDad gracias al Señor\, invocad su nombre\,\ndad a conocer sus hazañas a los pueblos.\nCantadle al son de instrumentos\,\nhablad de sus maravillas. R/. \nGloriaos de su nombre santo\,\nque se alegren los que buscan al Señor.\nRecurrid al Señor y a su poder\,\nbuscad continuamente su rostro. R/. \n¡Estirpe de Abrahán\, su siervo;\nhijos de Jacob\, su elegido!\nEl Señor es nuestro Dios\,\nél gobierna toda la tierra. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (10\,24-33) \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a sus apóstoles: «Un discípulo no es más que su maestro\, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro\, y al esclavo como su amo. Si al dueño de la casa lo han llamado Belzebú\, ¡cuánto más a los criados! No les tengáis miedo\, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día\, y lo que escuchéis al oído\, pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo\, pero no pueden matar el alma. No\, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y\, sin embargo\, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso\, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres\, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres\, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nSábado de la XIV semana del Tiempo Ordinario. Año I. \nTerminamos así la historia de los patriarcas\, resumiéndola con prisa. Limitaciones del leccionario.\nJosé informa al Faraón la presencia de su familia\, y explica de otro modo su estancia en Gosén: los descendientes de Jacob son pastores\, y los egipcios consideran impuros a los pastores\, no obstante tener ellos ganado también. Jacob termina bendiciendo al Faraón\, en cumplimiento de la promesa hecha a Abraham. Luego José\, según las costumbres egipcias\, administró el país con el propósito de asegurar el domino del Faraón (cf. Gen 46\,31-47\,26). A continuación\, narra el libro la muerte del patriarca con rasgos que recuerdan la de Isaac y anuncian la situación futura de todas las tribus\, para concluir con el relato de su solemne sepultura en la cueva de Macpela\, en donde fueron sepultados\, Abraham\, Sara\, Isaac y Rebeca (cf. Gen 47\,27-49\,28). \nGen 49\,29-33; 50\,15-24.\nTres hechos atraen la atención en este final:\n1. La añoranza por la tierra prometida\, que no es una simple nostalgia\, sino compromiso con el Dios de la promesa. Es fidelidad a la promesa recibida y certeza de su cumplimiento futuro.\n2. El remordimiento por la venta del hermano. Dado que Esaú había expresado intenciones de vengarse\, después de la muerte del padre (cf. Gen 27\,41)\, los hermanos temen esa venganza.\n3. La muerte de José. Es la culminación de una vida bendecida por Dios aun en medio de tantas desventuras como las que él debió padecer\, y que sobrellevó con nobleza por amor a su gente.\n1. La añoranza por la tierra prometida.\nEn tanto que al referirse a la muerte de Abraham se lee: «…se reunió con los suyos (עַמָּין: lit. «con sus pueblos»\, Gen 25\,8)\, al hablar de la de Jacob se lee: «…voy a reunirme con mi pueblo» (עַמִּי: Gen 49\,29; cf. 47\,30: «…con mis padres»: אֲבֹתֵי). El origen de esta expresión está en el hecho de que el difunto era habitualmente sepultado en el sepulcro familiar. El cambio del número (del plural al singular) se puede explicar porque el autor quiere afirmar la teología del único pueblo. La remembranza de la cueva de Macpela\, en el campo comprado por Abraham a Efrón (cf. Gen 23) está también en función de la tierra prometida\, cuya posesión legal se enfatiza\, dado que aún no se ha recibido como don del Señor; sigue siendo una promesa. Pero esto también permite la insistencia en la teología de la tierra única\, junto con la del único pueblo.\nSirve para conservar la identidad de la casa de Abrahán como heredera de la promesa de Dios. Hay que volver a las raíces\, hay que proseguir la historia de la alianza\, no se puede olvidar que Dios es fiel y cumple su promesa. Por eso\, tanto Jacob\, o Israel\, como José insisten en que sus restos sean sepultados en la misma cueva en la que fueron sepultados Abraham y Sara\, Isaac y Rebeca\, y en donde Jacob sepultó a Lía. Dicha promesa contiene tres elementos:\n• La tierra\, como espacio de libertad.\n• La descendencia\, como prolongación de la vida.\n• La bendición\, como misión universal.\n2. El remordimiento por la venta del hermano.\nEn las manadas de animales\, el nuevo «macho alfa» extermina las crías del anterior con el fin de fecundar las hembras y comenzar así a prolongar sus genes. Saúl abrigará el temor de que suceda algo parecido cuando David sea reconocido como rey por Israel\, por lo que le suplica a este que le jure no aniquilar su descendencia\, que no borrará su nombre (cf. 1Sam 24\,22). Los hermanos de José suponían que el comportamiento de este cambiaría tras la muerte del padre común\, por lo que apelaron a la memoria del difunto padre para suplicar insistentemente su perdón.\nEn el centro del relato que ahora nos ocupa\, los hermanos se preguntaban entre sí respecto de las verdaderas intenciones de José en relación con ellos\, que ya se habían reconocido traidores. Pidieron perdón y se declararon sus siervos. José manifestó dolor por ese temor de sus hermanos y los tranquilizó asegurándoles que no pretendía usurpar el lugar de Dios\, y\, al reafirmarse en su actitud de perdón\, se remitió al designio de Dios\, que «intentaba convertir el mal en bien para conservar la vida a una multitud». Según sus palabras\, ese designio relativiza lo demás\, incluso sus propios sufrimientos. Por tanto\, no había lugar al temor. José se comprometió a proveer a la subsistencia de sus hermanos y a la de los descendientes de sus hermanos. Esta promesa será un programa para David\, quien castigó el asesinato de Isbaal\, hijo de Saúl (cf. 2Sam 4)\, y acogió en su casa a Meribaal\, hijo de Jonatán (cf. 2Sam 9). Así consoló José a sus hermanos.\n3. La muerte de José.\nDespués una feliz ancianidad\, José murió tras cumplir «ciento diez años». En el Egipto de aquella época\, esa era la edad ideal\, según consta en numerosos testimonios. Maquir era un importante clan del Israel posterior (cf. Num 32\,39-34; Jos 17\,1; Jue 5\,14). Que sus hijos hayan nacido «sobre las rodillas de José» es una manera de decir que fueron adoptados por él (cf. Gen 30\,3; 48\,12).\nJosé\, antes de morir\, se remonta a la promesa hecha por Dios a Abraham (cf. Gen 12\,7)\, reiterada una y otra vez en la historia de los patriarcas. Al mismo tiempo\, les hizo jurar que ellos también llevarían sus restos a la tierra prometida cuando Dios se ocupara de ellos y los regresara a la tierra que habrán de heredar según esa promesa. La mención de la muerte de José y\, por segunda vez\, la de los años que vivió\, más los datos de que fue embalsamado y metido en un sarcófago\, pero sin mencionar su sepultura\, según la costumbre hebrea\, sugiere que esta historia continúa. \nLa Iglesia es hoy nuestra heredad (el reino en su etapa terrena)\, y en ella aspiramos alcanzar la tierra prometida (el reino en su etapa celeste). No podemos perderla de vista\, porque sería olvidar la promesa de Dios. Esa Iglesia se merece todos los esfuerzos de fraternidad que estén a nuestro alcance. Por ella hemos de estar dispuestos a ser generosos y perdonarlo todo\, con el fin de que ella crezca como un pueblo numeroso que proclama las alabanzas de su Dios. Los tres elementos de la promesa hecha a Abraham se cumplen en el don del Espíritu Santo (cf. Lc 24\,49): él nos libera de la Ley y nos concede la libertad de los hijos de Dios (cf. Ga 4\,4-7)\, nos infunde nueva vida y se constituye en garantía de la vida eterna a la que estamos destinados (cf. 2Co 1\,20-22)\, y nos impulsa a la misión universal con la capacidad de bendecir comunicándolo\, como lo hizo la Virgen María\, al transmitir el mensaje que ella también había recibido del cielo (cf. Lc 1\,29.41).\nNos reunimos para celebrar la eucaristía que construye la Iglesia\, y de la cual la Iglesia vive.\nFeliz sábado en compañía de María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:XV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro del Deuteronomio (30\,10-14): \nMoisés habló al pueblo\, diciendo:\n«Escucha la voz del Señor\, tu Dios\, observando sus preceptos y mandatos\, lo que está escrito en el libro de esta ley\, y vuelve al Señor\, tu Dios\, con todo tu corazón y con toda tu alma. Porque este precepto que yo te mando hoy no excede tus fuerzas\, ni es inalcanzable. No está en el cielo\, para poder decir:\n“¿Quién de nosotros subirá al cielo y nos lo traerá y nos lo proclamará\, para que lo cumplamos?”. Ni está más allá del mar\, para poder decir: “¿Quién de nosotros cruzará el mar y nos lo traerá y nos lo proclamará\, para que lo cumplamos?”.\nEl mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca\, para que lo cumplas». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 68\,14.17.30-31.33-34.36ab.37 \nR/. Humildes\, buscad al Señor\, y revivirá vuestro corazón.\n \nV/. Mi oración se dirige a ti\,\nSeñor\, el día de tu favor;\nque me escuche tu gran bondad\,\nque tu fidelidad me ayude.\nRespóndeme\, Señor\, con la bondad de tu gracia;\npor tu gran compasión\, vuélvete hacia mi. R/. \nV/. Yo soy un pobre malherido;\nDios mío\, tu salvación me levante.\nAlabaré el nombre de Dios con cantos\,\nproclamaré su grandeza con acción de gracias. R/. \nV/. Miradlo\, los humildes\, y alegraos;\nbuscad al Señor\, y revivirá vuestro corazón.\nQue el Señor escucha a sus pobres\,\nno desprecia a sus cautivos. R/. \nV/. Dios salvará a Sión\,\nreconstruirá las ciudades de Judá.\nLa estirpe de sus siervos la heredará\,\nlos que aman su nombre vivirán en ella. R/. \nSalmo responsorial (opción 2)\nSal 18\, 8. 9. 10. 11 (R/.: 9ab) \nR/. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón. \nV/. La ley del Señor es perfecta\ny es descanso del alma;\nel precepto del Señor es fiel\ne instruye a los ignorantes. R/. \nV/. Los mandatos del Señor son rectos\ny alegran el corazón;\nla norma del Señor es límpida\ny da luz a los ojos. R/. \nV/. El temor del Señor es puro\ny eternamente estable;\nlos mandamientos del Señor son verdaderos\ny enteramente justos. R/. \nV/. Más preciosos que el oro\,\nmás que el oro fino;\nmás dulces que la miel\nde un panal que destila. R/. \n\n  \n\n\nSegunda lectura\n\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1\,15-20): \nCristo Jesús es imagen del Dios invisible\,\nprimogénito de toda criatura;\nporque en él fueron creadas todas las cosas:\ncelestes y terrestres\,\nvisibles e invisibles.\nTronos y Dominaciones\,\nPrincipados y Potestades;\ntodo fue creado por él y para él.\nÉl es anterior a todo\,\ny todo se mantiene en él.\nÉl es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.\nÉl es el principio\, el primogénito de entre los muertos\,\ny así es el primero en todo.\nPorque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.\nY por él y para él\nquiso reconciliar todas las cosas\,\nlas del cielo y las de la tierra\,\nhaciendo la paz por la sangre de su cruz. \nPalabra de Dios \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (10\,25-37): \nEn aquel tiempo\, se levantó un maestro de la ley y preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:\n«Maestro\, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?».\nÉl le dijo:\n«¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?».\nEl respondió:\n«“Amarás al Señor\, tu Dios\, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza” y con toda tu mente. Y “a tu prójimo como a ti mismo”».\nÉl le dijo:\n«Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida».\nPero el maestro de la ley\, queriendo justificarse\, dijo a Jesús:\n«¿Y quién es mi prójimo?».\nRespondió Jesús diciendo:\n«Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó\, cayó en manos de unos bandidos\, que lo desnudaron\, lo molieron a palos y se marcharon\, dejándolo medio muerto. Por casualidad\, un sacerdote bajaba por aquel camino y\, al verlo\, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y\, al verlo\, se compadeció\, y acercándose\, le vendó las heridas\, echándoles aceite y vino\, y\, montándolo en su propia cabalgadura\, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente\, sacando dos denarios\, se los dio al posadero y le dijo: “Cuida de él\, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”. ¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?».\nÉl dijo:\n«El que practicó la misericordia con él».\nJesús le dijo:\n«Anda y haz tú lo mismo». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nXV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.\n\nEs claro que no todas las preguntas se hacen con intenciones de conocer o entender; algunas de ellas pretenden dejar al descubierto la ignorancia del interrogado; otras\, ponerlo en aprietos con diversos propósitos. Pero hay otras que conducen al interrogado a abrir su mente para entender las situaciones\, comprender a las personas y descubrir modos para ayudarlas. Todo depende de quién pregunta y de cuáles son sus intenciones. Hoy veremos dos maneras de preguntar.\nJesús replantea como un ejercicio dialógico lo que un jurista le plantea como una confrontación dialéctica. La intención del jurista era imponer su visión; en cambio\, Jesús buscaba que el jurista descubriera por sí mismo\, y no por autoridad ajena\, la respuesta a la inquietud que le formulaba. El recurso que Jesús hace a la parábola tiene esa finalidad: poner a la persona a pensar\, para que por sus propios razonamientos llegue a la respuesta que busca.\n\nLc 10\, 25-37.\nEl relato de este domingo consta de tres partes\, centradas en la segunda\, que es la más extensa:\nPrimera: Pregunta de un jurista a Jesús con intención de ponerlo a prueba\, y respuesta de Jesús.\nSegunda: Pregunta del jurista para justificarse\, y respuesta de Jesús refiriéndole una parábola.\nTercera: Pregunta de Jesús al jurista\, respuesta de éste a Jesús\, y exhortación de Jesús al jurista.\n1. Introducción.\nCon clara hostilidad se encara a Jesús un jurista de esos que frustraron en ellos mismos el designio de Dios (cf. Lc 7\,30). A su parecer\, Jesús insiste en el reinado de Dios en la tierra\, pero no hace hincapié en la vida eterna. Su insidiosa pregunta tiene\, entonces\, doble intención: que Jesús se pronuncie sobre la vida eterna\, y que reconozca el carácter formativo de la Ley al respecto.\nJesús lleva al jurista a responderse a sí mismo. Efectivamente\, el cumplimiento de la Ley basta para heredar la vida eterna. Por tanto\, lo que tiene que hacer es ponerla en práctica.\nAparecen dos maneras de preguntar: el jurista\, poniendo el código por encima del ser humano\, pretende que Jesús se someta al código; en cambio\, Jesús\, pretendiendo liberar al ser humano\, le hace ver al jurista que él ya conoce la respuesta a lo que pregunta.\n2. La pregunta por el prójimo.\nEl jurista planteó su pregunta en términos de «hacer para vivir»\, según lo aprendido por él en la tradición de Moisés (cf. Deu 4\,1; 5\,33; 8\,1; 16\,20); 30\,16)\, y pensando ahora en que para heredar la vida eterna se requiere lo mismo que para vivir «en la tierra (prometida)». Todavía no entiende que la verdadera tierra prometida está más allá de esta tierra física y de esta vida mortal.\nLa solución de Jesús resultó muy sencilla. Y el jurista intentó entonces explicar por qué hizo la pregunta. Él no veía problema en amar a Dios. El problema –parece decir– es saber quién es el prójimo. Tal pregunta era impensable en un judío\, puesto que todos tenían claro que «prójimo» era el «hijo» de su pueblo\, lo que excluía a los extranjeros. Pero el jurista quería presionar a Jesús a decir que un extranjero puede ser «prójimo». Por eso precisó preguntando a quién debía mirar como prójimo. Entonces Jesús le respondió con una parábola:\nDe entrada\, Jesús planteó un problema humano («cierto hombre…»): un ser humano al cual han atropellado y le han desconocido sus derechos\, aunque el hecho de bajar de Jerusalén a Jericó lo identifica fácilmente como un judío piadoso que veía de cumplir sus deberes religiosos.\nEnseguida\, contrasta la actitud de dos hombres religiosos –que eran los más obligados en Israel a cumplir la Ley– con la de un extranjero hereje en relación con el ser humano cuya dignidad ha sido desconocida y cuyos derechos han sido conculcados:\nLos dos primeros se desentienden del connacional caído en desgracia –movidos quizá por tabúes religiosos– y siguen su camino sin inmutarse. Jesús no explica los motivos de su indiferencia; él quiere resaltar la indiferencia misma: vieron\, dieron un rodeo y pasaron de largo.\nEl tercero interrumpe su viaje de negocios\, se acerca al hombre violentado\, le brinda los primeros auxilios\, lo lleva a un lugar seguro e interesa a otro en su cuidado. Jesús hace notar detalladamente las actitudes y las acciones del samaritano: vio\, se conmovió y se hizo cargo.\nCon el recurso a la parábola Jesús no evade la pregunta ni se rehúsa a responder\, sino que quiere que el jurista analice y deduzca por sí mismo la respuesta que busca. Esto implica que el jurista es capaz de llegar a esa respuesta por sus propios medios.\n3. Conclusión.\nJesús vuelve a preguntarle al jurista para que él saque sus propias conclusiones\, pero replantea la cuestión. La pregunta no es «¿quién es… prójimo?»\, sino «¿cuál… se hizo prójimo?». Con esto da a entender que el «prójimo» no es algo definido de antemano\, y que es una relación que se construye en la medida de la propia sensibilidad ante la necesidad del otro\, que uno no «nace» prójimo\, sino que «se hace» prójimo\, y esto implica una decisión personal\, una iniciativa propia\, porque uno puede hacerse «prójimo» de cualquiera\, sea compatriota o extranjero.\nEl jurista no podía eludir la respuesta\, pero la formuló cautelosamente: «El que se compadeció de él». Evita así pronunciar el gentilicio «samaritano»\, que para los judíos era un nombre maldito.\nY nuevamente insiste Jesús en el compromiso: «Pues anda\, haz tú lo mismo»\, que significa «hazte prójimo del mismo modo». Compadeciéndose efectivamente del que sufre\, uno se hace prójimo.\nDefinitivamente\, la vida eterna se hereda por medio del compromiso de amor en la vida terrena.\n\nEl reino de Dios tiene dos etapas: La etapa terrestre\, en la cual Dios reina a través del Espíritu que él infunde en los que le damos nuestra adhesión a Jesús\, y actúa a través de nuestro amor. La etapa celeste\, más allá de la muerte\, en la cual Dios reina haciéndonos herederos de su misma vida\, de su condición divina\, y a través de nosotros continúa actuando en la historia.\nLa herencia definitiva («la vida eterna») depende de la forma como hayamos administrado la vida que Dios nos infunde a través de su Espíritu Santo en esta historia\, teatro en donde se desarrolla el drama entre el amor y la indiferencia.\nLa compasión\, que es fruto de la sensibilidad humana\, nos lleva a la misericordia\, que es amor hecho ayuda efectiva. Y este amor nos hace herederos de la vida eterna.\nEn la celebración de la eucaristía conmemoramos al Dios «compasivo y misericordioso» que se reveló en Jesús; y comiendo el cuerpo de Jesús nos hacemos solidarios con él\, recibimos el don de su Espíritu y fortalecemos nuestra decisión de seguirlo ejerciendo la compasión con todos los atropellados de la tierra\, independientemente de su condición o de la nuestra.\nFeliz día del Señor.
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SUMMARY:Lunes de la XV semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Éxodo (1\,8-14.22): \nEn aquellos días\, subió al trono en Egipto un Faraón nuevo\, que no había conocido a José\, y dijo a su pueblo: «Mirad\, el pueblo de Israel está siendo más numeroso y fuerte que nosotros; vamos a vencerlo con astucia\, pues si no\, cuando se declare la guerra\, se aliará con el enemigo\, nos atacará\, y después se marchará de nuestra tierra.»\nAsí\, pues\, nombraron capataces que los oprimieron con cargas\, en la construcción de las ciudades granero\, Pitom y Ramsés. Pero\, cuanto más los oprimían\, ellos crecían y se propagaban más. Hartos de los israelitas\, los egipcios les impusieron trabajos crueles\, y les amargaron la vida con dura esclavitud: el trabajo del barro\, de los ladrillos\, y toda clase de trabajos del campo; les imponían trabajos crueles.\nEntonces el Faraón ordenó a toda su gente: «Cuando nazca un niño\, echadlo al Nilo; si es niña\, dejadla con vida.» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 123\,1-3.4-6.7-8 \nR/. Nuestro auxilio es el nombre del Señor \nSi el Señor no hubiera estado de nuestra parte\n–que lo diga Israel–\,\nsi el Señor no hubiera estado de nuestra parte\,\ncuando nos asaltaban los hombres\,\nnos habrían tragado vivos:\ntanto ardía su ira contra nosotros. R/. \nNos habrían arrollado las aguas\,\nllegándonos el torrente hasta el cuello;\nnos habrían llegado hasta el cuello\nlas aguas espumantes.\nBendito el Señor\, que no nos entregó\nen presa a sus dientes. R/. \nHemos salvado la vida\,\ncomo un pájaro de la trampa del cazador;\nla trampa se rompió\, y escapamos.\nNuestro auxilio es el nombre del Señor\,\nque hizo el cielo y la tierra. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (10\,34–11\,1): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a sus apóstoles: «No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz; no he venido a sembrar paz\, sino espadas. He venido a enemistar al hombre con su padre\, a la hija con su madre\, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa. El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá\, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí\, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber\, aunque no sea más que un vaso de agua fresca\, a uno de estos pobrecillos\, sólo porque es mi discípulo\, no perderá su paga\, os lo aseguro.»\nCuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos\, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nLunes de la XV semana del Tiempo Ordinario. Año I. \nTerminó la historia de los patriarcas; prosigue la narración desde Egipto en clave de continuidad y ruptura. Los historiadores que reconocen que hay un núcleo histórico tras estos relatos basados en datos de la historia y de la arqueología datan la opresión y la salida de Egipto entre las épocas de los faraones Ramsés II (1290-1224) y Mernepta (1224-1204). Después del pacto de paz entre el rey hitita Hatusil III y Ramsés II\, este se dedicó a las construcciones monumentales mientras aquel se defendía de Asiria. Fue cuando se construyeron las ciudades de Pi-Rameses y Pitón\, al norte\, donde se establecieron los hijos de Jacob (cf. Exo 1\,11). Continúan en escena los hijos de Israel\, pero entran en acción personajes nuevos\, sin relación alguna con los anteriores\, primero desconfiados\, hostiles después.\nLa presencia de los hebreos ya no aparece bien vista por los egipcios; de haber sido bendición y apoyo para los egipcios\, los hebreos pasan a ser considerados problema y amenaza; de solución en tiempos de escasez\, pasan a ser preocupación en tiempos de abundancia. Los hebreos\, por su parte\, ya no están a sus anchas en Egipto\, la tierra se ha vuelto estrecha y mezquina\, padecen por la exclusión\, la opresión y la explotación. En ese ambiente se desarrolla la historia con la que se introduce este libro y que explica los acontecimientos que la jalonan. \nExo 1\,8-14.22.\nEl libro comienza con una breve noticia que engarza este libro con el anterior: una genealogía (1\,1-5) y los datos de lo que aconteció después de la muerte de José (1\,6-7). Según la cronología\, los acontecimientos se desarrollan en los alrededores del año 1710 a.C.\, inmediatamente después de que los hicsos invadieran el país e instauraran su gobierno (hacia 1710 a 1570). A partir de esa época los egipcios retomaron el control y tomaron medidas para evitar una nueva invasión. Sin embargo\, estos datos no le interesan al narrador\, aunque explican el cambio subsiguiente. Puede pensarse que el nuevo faraón «que no había conocido a José» fuera Seti I.\nSe reporta un relevo radical en la clase dirigente egipcia y una nueva política hacia los inmigrantes\, motivada esta por el crecimiento en número de «los israelitas» (1\,8)\, dato que parece indicar que los hebreos se habían diseminado por todo el país. Tras ese cambio está el temor de que\, «si se declara la guerra» (de invasión)\, los inmigrantes israelitas puedan aliarse con el invasor\, ataquen a los nativos egipcios y se marchen de su tierra. Esto supone que los israelitas puedan ser afines al hipotético invasor\, que no se sienten a gusto y que quieren salir del país\, pero que los egipcios se lo impiden. La acción se funda en la razón de estado\, se encamina a reprimir la pujanza vital del pueblo y se concreta en un genocidio sistemático.\nDeciden una nueva organización («nombraron capataces») con el fin de explotar la fuerza de trabajo de los adultos\, y entablan con ellos una relación de opresores-oprimidos usándolos como cargadores de piedra en las mega construcciones del Faraón. El agotador trabajo pretende dejar sin fuerzas a los varones israelitas. Inutilizar su capacidad de acción ante la hipotética posibilidad de que se alíen con el enemigo. Pitón y Ramsés se ubicaban en la parte oriental del delta del Nilo\, a la entrada por tierra al país. La expresión «ciudades granero» es de cuño militar (cf. 1Rey 9\,19). Se trataba de impedir el acceso de los invasores\, y para construir esas fortificaciones recurrieron a la mano de obra seminómada que se encontraba en el lugar. La inestabilidad política explica el temor del faraón y de su pueblo\, sobre todo teniendo en cuenta el pasado reciente.\nEl versículo 14 es particularmente denso en la descripción de las relaciones de opresión causadas por los egipcios. No es seguro que en Egipto hubiera una organización regular de prestación de servicios personales\, pero para los trabajos públicos se obtenía la mano de obra reclutando los prisioneros de guerra y los siervos adscritos a los dominios reales. Para los hebreos fue insufrible opresión que los trataran de ese modo\, y por eso querían recuperar su vida libre de nómadas. Es esa la razón por la que los egipcios los trataron como esclavos en rebeldía. La descripción de su situación es abrumadora: «Hartos de los israelitas\, los egipcios les impusieron trabajos penosos\, y les amargaron la vida con dura esclavitud\, imponiéndoles los duros trabajos del barro\, de los ladrillos y toda clase de trabajos del campo (cf. Exo 1\,13-14).\nPero la verdadera fuerza de los oprimidos es la vida\, sus ansias de vivir. Los duros trabajos que les imponen para amargarles la vida con dura esclavitud\, forzándolos también a fabricar ladrillos y a las labores agrícolas\, más bien estimulan su proliferación. La riqueza de los pobres es su prole (por eso los llamarán «proletarios»). Y en vez de exterminarlos consiguen su multiplicación. Esa es su reacción al recrudecimiento de la opresión. La crueldad se ensaña con ellos\, pero en vez de sofocar sus ganas de vivir las estimula.\nEl tirano tomó medidas cada vez más drásticas queriendo secar la fuente de la vida: eliminar a los varones. Recuérdese que en esa época no se sabía de la ovulación femenina y se pensaba que el varón era el origen de la vida\, y que la mujer desempeñaba un papel meramente pasivo en la procreación de la misma. El pueblo de los hijos de Israel se ve así condenado a desaparecer. Su futuro está gravemente amenazado. \nParecería como si el cumplimiento de la promesa de Dios a Abraham\, Isaac y Jacob se hubiera convertido en fórmula de maldición para el pueblo. Su crecimiento numérico despierta contra él la suspicacia y provoca el propósito de aniquilarlo. La opresión es enemiga declarada de la vida humana en todas sus expresiones. La libertad\, por lo contrario\, favorece la vida\, su expresión y su desarrollo.\nMuchos pueblos o sectores de los pueblos son considerados «peligrosos» para ciertos centros de poder y\, por eso\, les causan toda suerte de vejámenes de variada índole: explotación\, opresión\, humillación\, persecución\, desplazamiento y aniquilación sistemática. Dios se pondrá siempre de parte de las víctimas y en contra de los intereses mezquinos que atropellan y pretenden hacer desaparecer esos pueblos.\nPor eso la fe cristiana se expresa con un signo de libertad y de vida\, el llamado «sacramento de nuestra fe»\, el banquete del pan partido y repartido que comunica nueva vida y compromete con la vida. La celebración de la eucaristía se opone decididamente a cualquier forma de opresión. Celebramos y anunciamos la libertad cristiana en el banquete de la vida con los hermanos. Comer de ese banquete nos identifica con Jesús en la búsqueda de dignificación de los pueblos.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Bienaventurada Virgen del Monte Carmelo. Memoria obligatoria
DESCRIPTION:Lectura de la profecía de Zacarías     2\, 14-17 \nGrita de júbilo y alégrate\, hija de Sión: porque yo vengo a habitar en medio de ti -oráculo del Señor- .Aquel día\, muchas naciones se unirán al Señor: ellas serán un pueblo para él y habitarán en medio de ti. ¡Así sabrás que me ha enviado a ti el Señor de los ejércitos!\nEl Señor tendrá a Judá como herencia\, como su parte en la Tierra santa\, y elegirá de nuevo a Jerusalén. ¡Que callen todos los hombres delante del Señor\, porque él surge de su santa Morada! \nPalabra de Dios. \nSALMO    Lc 1\, 46-55 (R.: 49) \nR. El Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.\nSu nombre es santo. \nO bien: \nEres feliz\, Virgen María\, tú que llevaste en tu seno\nal Hijo del Padre eterno. \nMi alma canta la grandeza del Señor\,\ny mi espíritu se estremece de gozo en Dios\, mi Salvador. R. \nPorque el miró con bondad la pequeñez de su servidora.\nEn adelante todas las generaciones me llamarán feliz\,\nporque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:\n¡su Nombre es santo! R. \nSu misericordia se extiende de generación en generación\nsobre aquellos que lo temen.\nDesplegó la fuerza de su brazo\,\ndispersó a los soberbios de corazón. R. \nDerribó a los poderosos de su trono\ny elevó a los humildes.\nColmó de bienes a los hambrientos\ny despidió a los ricos con las manos vacías. R. \nSocorrió a Israel\, su servidor\,\nacordándose de su misericordia\,\ncomo lo había prometido a nuestros padres\,\nen favor de Abraham\ny de su descendencia para siempre. R. \nALELUIA     Lc 11\, 28 \nFelices los que escuchan la palabra de Dios\ny la practican. \nEVANGELIO \nSeñalando con la mano a sus discípulos\, dijo:\nEstos son mi madre y mis hermanos \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     12\, 46-50 \nJesús estaba hablando a la multitud\, cuando su madre y sus hermanos\, que estaban afuera\, trataban de hablar con él. Alguien le dijo: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte.»\nJesús le respondió: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y señalando con la mano a sus discípulos\, agregó: «Estos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo\, ese es mi hermano\, mi hermana y mi madre.» \nPalabra del Señor. \n\n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\n16 de julio.\nMemoria de Nuestra Señora del Carmen\n\nSobre el trasfondo litúrgico de la memoria de la Virgen del Carmen\, verdadera celebración de profundo arraigo popular\, en el texto del evangelio se puede destacar la oposición que hace Jesús entre tres concepciones de maternidad\, dos de las cuales rechaza para establecer la tercera. En el contexto amplio del evangelio de Mateo se habrán de determinar las relaciones entre esas tres concepciones de maternidad y la maternidad mesiánica de la Virgen María. Como criterio básico\, hay que tener en cuenta que la expresión «la madre de Jesús» es ambivalente. Cuando va con el nombre María\, se refiere a la persona de la madre del Señor; cuando no\, se refiere al origen étnico de Jesús\, a la comunidad judía o al pueblo de Israel en general.\n\n1. Primera lectura (Zac 2\,14-17).\nEn el contexto del llamado a los exiliados para repoblar la ciudad de Jerusalén\, resuena el oráculo que invita a la ciudad al regocijo y el alborozo porque de nuevo será la morada del Señor. Ante todo\, es preciso resistirse a la tentación de instalarse para siempre en el país de la opresión\, pues «Jerusalén será ciudad abierta» (Zac 2\,8)\, es decir\, espacio de acogida y libertad\, condiciones que no reúne Babilonia. Además\, el Señor rodea a Jerusalén como muralla protectora\, en tanto que Babilonia está amenazada de ruina.\nPero a esto se añaden otros motivos: el Señor viene a habitar en medio de la ciudad\, los pueblos numerosos\, antes hostiles\, se adherirán al Señor y también serán pueblo suyo\, y estas adhesiones garantizarán la autenticidad del mensaje del profeta. Es decir\, la alegría de los festejos que hagan los repatriados atraerá a los paganos hacia el Señor que libera y salva. La universalidad será sello distintivo del profeta del Señor como enviado suyo. Y el Señor renovará la elección de Judá y su Jerusalén\, lo que entraña su fidelidad a la promesa hecha a David. Las voces humanas habrán de callar\, porque el Señor desmiente así las dudas respecto de su amor y su fidelidad a la promesa y regresa a su templo\, a habitar en medio de su pueblo.\nEl oráculo personifica la ciudad con la figura de una joven («hija de Sion») que se regocija con la presencia de su amado («el Señor») que viene a habitar definitivamente con ella\, y que –como la madre que se colma de hijos– contará «muchos pueblos» a los que el Señor llamará también su pueblo («serán pueblo mío»). La ciudad será\, literalmente\, una metrópolis (ciudad madre).\n\n2. Evangelio (Mt 12\,46-50).\nSe destacan en el texto cinco referencias a la «madre» y los «hermanos» de Jesús\, y los posesivos referidos a dichas personas en relación con él\, tanto por parte del narrador como por parte del anónimo interlocutor de Jesús\, e incluso de él mismo. La estructura del texto se puede visualizar de forma concéntrica de la siguiente manera (la traducción es literal):\na) v. 46: «…la madre y los hermanos de él (αὐτοῦ)»: un posesivo.\nb) v. 47: «tu (σου) madre y tus (σου) hermanos»: dos posesivos.\nc) v. 48: «¿… es mi (μου) madre\, … son mis (μου) hermanos?»: dos posesivos\, dos veces el verbo ser.\nb’) v. 49: «mi (μου) madre y mis (μου) hermanos …»: dos posesivos.\na’) v. 50: «mi (μου) hermano\, y hermana\, y madre»: un posesivo\, una vez el verbo ser.\nEn el v. 46 habla el narrador\, en el 47\, un interlocutor anónimo de Jesús; del 48 en adelante solo habla él. En el v. 46 hay un posesivo y no aparece el verbo ser; en el 47 hay dos posesivos y el verbo ser aparece una vez. En el v. 48\, que es el centro\, hay dos posesivos y dos veces aparece el verbo ser. En el v. 49 hay dos posesivos y no aparece el verbo ser; en el 50 hay un solo posesivo y el verbo ser aparece una vez. Todo esto conduce a las observaciones siguientes:\nEn el v. 46 la maternidad y la fraternidad se conciben en una perspectiva étnico-biológica.\nEn el v. 47 la maternidad y la fraternidad se conciben en una perspectiva socio-cultural.\nEn el v. 48 Jesús pone en cuestión esas dos concepciones en relación con él.\nEn el v. 49 señala que madre y hermanos de él son los que lo rodean y lo escuchan.\nEn el v. 50 declara que esa condición se adquiere cumpliendo el designio de su Padre del cielo.\nLa mención del designio del Padre remite al padrenuestro\, donde se refiere al plan que el Padre\, como tal\, tiene en relación con la humanidad (cf. Mt 6\,9); remite igualmente a la advertencia que él hace respecto de la autenticidad de la fe: no bastan las declaraciones de palabra cuando no se verifica el compromiso efectivo por realizar ese designio del Padre del cielo (cf. Mt 7\,21).\nAsí\, la maternidad respecto de él surge de la fe (escucharlo a él realizando el designio del Padre) y de la fraternidad. Obsérvese que enumera primero las categorías «hermano» y «hermana» antes de la de «madre». El único posesivo indica que el discípulo es\, simultáneamente\, hermano-madre y hermana-madre. La maternidad es consecuencia de la fraternidad. Esa maternidad\, entendida en el trasfondo de la profecía de Zacarías\, corresponde a la capacidad de convocar más pueblos a formar el único pueblo de Dios. Esto significa que la maternidad es apertura universal a la vida que procede del Padre\, para acogerla por la fe y compartirla por la evangelización\, que concreta el compromiso con el designio del Padre: evangelizar es transmitir la vida recibida.\nLa fraternidad aparece como la categoría básica. La maternidad\, al subordinarla a la fraternidad\, la presenta como fruto de la adhesión a él\, o sea\, que es efecto de la fe y está al servicio de la fraternidad. El parentesco con Jesús supera las meras relaciones biológicas y étnicas.\n\nLa primera mención que hace este evangelio de la madre de Jesús es muy expresiva por inusual: «…María\, de la que fue engendrado Jesús\, llamado el Mesías» (1\,16). Es la 40ª vez que aparece el verbo «engendrar» en la genealogía\, y es sabido que en la cronología de la época una generación duraba 40 años (cf. Sl 95\,10)\, o sea que el autor sugiere que con la maternidad de María surge un cambio generacional\, se da una nueva creación\, no ya de carne y sangre\, sino del Espíritu. Esto se confirma en la segunda mención: «Su madre\, María…» (Mt 1\,18)\, que da cuenta de que Jesús nace «por obra del Espíritu Santo». La tercera mención se verifica en un ambiente de horizonte universal\, cuando los «magos»\, que fueron a rendirle homenaje\, lo vieron «con su madre\, María» (Mt 2\,10)\, lo cual la asocia a la misión universal. En esta perspectiva\, María encarna la comunidad cristiana como «madre» del Mesías que da a luz muchos pueblos para Dios.\nMaría es «madre» porque es «hermana»\, mujer de fe probada\, que reina con su hijo (cf. Mt 2\,11)\, realiza con él el nuevo éxodo (cf. Mt 2\,13-21) y es solidaria con él cuando su pueblo lo rechaza (cf. Mt 13\,55). El que comulga con Jesús lo hace como María\, su madre\, solidarizándose con él.\nFeliz conmemoración.
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SUMMARY:Miércoles de la XV semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Éxodo (3\,1-6.9-12): \nEn aquellos días\, Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró\, sacerdote de Madián; llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb\, el monte de Dios. El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse.\nMoisés se dijo: «Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable\, a ver cómo es que no se quema la zarza.»\nViendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar\, lo llamó desde la zarza: «Moisés\, Moisés.»\nRespondió él: «Aquí estoy.»\nDijo Dios: «No te acerques; quítate las sandalias de los pies\, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.»\nY añadió: «Yo soy el Dios de tus padres\, el Dios de Abrahán\, el Dios de Isaac\, el Dios de Jacob.»\nMoisés se tapó la cara\, temeroso de ver a Dios.\nEl Señor le dijo: «El clamor de los israelitas ha llegado a mí\, y he visto cómo los tiranizan los egipcios. Y ahora marcha\, te envío al Faraón para que saques a mi pueblo\, a los israelitas.»\nMoisés replicó a Dios: «¿Quién soy yo para acudir al Faraón o para sacar a los israelitas de Egipto?»\nRespondió Dios: «Yo estoy contigo; y ésta es la señal de que yo te envío: cuando saques al pueblo de Egipto\, daréis culto a Dios en esta montaña.» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 102\,1-2.3-4.6-7 \nR/. El Señor es compasivo y misericordioso \nBendice\, alma mía\, al Señor\,\ny todo mi ser a su santo nombre.\nBendice\, alma mía\, al Señor\,\ny no olvides sus beneficios. R/. \nÉl perdona todas tus culpas\ny cura todas tus enfermedades;\nél rescata tu vida de la fosa\ny te colma de gracia y de ternura. R/. \nEl Señor hace justicia\ny defiende a todos los oprimidos;\nenseñó sus caminos a Moisés\ny sus hazañas a los hijos de Israel. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (11\,25-27): \nEn aquel tiempo\, exclamó Jesús: «Te doy gracias\, Padre\, Señor de cielo y tierra\, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí\, Padre\, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre\, y nadie conoce al Hijo más que el Padre\, y nadie conoce al Padre sino el Hijo\, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMiércoles de la XV semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nDespués del episodio con el hebreo que le dio a entender que el asunto con el egipcio era ya de sobra conocido\, Moisés se dio a la fuga y «se refugió en el país de Madián». Con ese nombre se designan las tribus nómadas que vivían al este y al sur del Palestina. Así se encuentra con el modo de los patriarcas\, sus antepasados. Madián es también descendiente de Abraham (cf. Gen 25\,2). Como Egipto dominaba el territorio de Canaán\, Moisés eligió la península del Sinaí como lugar más seguro para poner distancia entre él y el Faraón. También allí defenderá a los oprimidos.\nAl llegar a Madián\, Moisés se sentó junto a un pozo\, lugar de concurrencia de los pastores para abrevar sus rebaños\, donde podía encontrar trabajo. Allí le tocó intervenir en defensa de unas mujeres contra unos pastores que pretendían excluirlas\, y las ayudó a abrevar sus rebaños. Estas volvieron más temprano que de costumbre donde su padre\, que era sacerdote de Madián\, y\, al explicarle que «un egipcio» había sido la razón de su pronto retorno\, este las urgió a invitarlo a casa. Moisés se quedó a trabajar a su servicio y él le dio por esposa a su hija Séfora. Tuvieron un primer hijo\, a quien él llamó con el nombre Gerson (גֵּרשֹׁם\, «forastero aquí» de גֵּר\, «forastero»). Muerto el Faraón (si era Seti I\, estamos en el año 1290 a. C.)\, la opresión persistía\, porque esta era estructural y sobrevivía al poderoso de turno. Dios decidió intervenir a favor de los oprimidos (cf. 2\,16-25\, omitido). Y llamó a Moisés para que participara con él en la liberación del pueblo. Eso es lo que se relata hoy.\n\nExo 3\,1-6.9-12.\nEs recomendable no omitir vv. 7-8. Pastoreando los rebaños de su suegro\, llegó al monte Horeb\, «el monte de Dios (אֱלֹהִים)»\, que otras tradiciones identifican con el nombre de Sinaí. Y allí tiene una visión\, recibe una revelación\, y se le encarga una misión:\n1. La visión. El ángel del Señor (יהוה) se le aparece como fuego que no consume\, hecho que a él le parece llamativo. La expresión «el ángel del Señor» designa al Señor mismo\, en cuanto se da a conocer. El Señor le pide que tome conciencia de que está pisando terreno sagrado (el monte de «Dios»\, lugar de culto para muchos). Esta escena se parece a aquella en donde Jacob tuvo la misma experiencia en el santuario de Betel (cf. Gen 28\,11-22). La visión de Dios como un fuego que arde sin consumir se constituye en un acontecimiento decisivo para la vida de Moisés.\n2. La revelación. El Señor se revela como el Dios de los «padres» de Moisés (Abrahán\, Isaac y Jacob). Moisés se tapa la cara\, temeroso de que ver a Dios le ocasione la muerte\, y Dios le declara su decidido designio liberador y le revela que lo ha elegido para ser agente de esa liberación. Eso implica que la historia no le es indiferente y que no le es ajena la suerte de los pueblos\, es decir:\na) Que ha visto la «miseria» de su pueblo\, que ha escuchado sus quejas contra los opresores\, y que se ha fijado en sus sufrimientos (v. 7\, omitido). A diferencia de los ídolos\, «que ven\, ni oyen\, ni entienden» (Dan 5\,23; cf. Sal 115\,5-7; 135\,16-17)\, el Señor sí que «ve» (ראה)\, «escucha» (שׁמע) y «conoce» (ירע). Y\, además\, él es justo y ama la justicia\, y no tolera la injusticia\, por eso no es un mero espectador pasivo de los acontecimientos\, sino que actúa a su manera.\nb) Que ha bajado para liberarlos de los egipcios\, para sacarlos de esa tierra de opresión y llevarlos a una tierra de libertad («espaciosa») y de vida («fértil …que mana leche y miel»)\, la tierra que le había prometido a Abrahán (v. 8\, omitido). Su intervención en la historia humana se expresa con el verbo «bajar» para indicar su «condescendencia»\, es decir\, la irrupción de lo divino en la esfera humana motivada por la bondad y con el solo propósito de hacer el bien.\nc) Que él ha escuchado la queja de los oprimidos y le consta cómo los tiranizan los egipcios; es decir\, ha comprobado que la queja es fundada. Entre el v. 7 y el v. 9 parece haber la diferencia que se da entre los alegatos y la sentencia en un juicio. El Señor condena al régimen egipcio por «tiranía» (u opresión) y decide intervenir a favor de las víctimas de dicha tiranía.\n3. La misión. Dios entra en la historia respetando la libertad de las personas. Moisés fue enviado por el Señor («Y ahora ve…») al opresor («…te envío al Faraón») para liberar de la esclavitud a los oprimidos («…saca mi pueblo\, los hijos de Israel\, de Egipto»). No se da una intervención de carácter invasivo\, sino consensual. Aun siendo el dueño de la creación y el señor de la historia\, el Señor no avasalla su creatura ni trastorna los procesos históricos.\nMoisés se dirige a Dios (אֱלֹהִים) objetando ser muy poca cosa para tamaña misión. Contrasta su figura con la del Faraón y se ve en desventaja para cumplir la tarea que Dios le encarga. Aún no entiende cómo pretende Dios realizar una obra de tal magnitud a través de él\, que se considera impotente frente al poder que ostenta y ejerce el Faraón. Moisés conoce de primera mano cuál es el peso que tiene la figura del hombre que un pueblo entero considera hijo del Ra\, la suprema divinidad egipcia\, y que goza del respaldo de un ejército numeroso y bien pertrechado.\nEn respuesta\, Dios le ofrece como garantía su respaldo («yo estoy contigo»)\, le da una señal de la autenticidad de su misión\, que verá su éxito («…cuando saques el pueblo del Egipto»)\, y que en ese mismo monte él y el pueblo reconocerán la obra de Dios («…ustedes darán culto a Dios en este monte»). El respaldo de Dios requiere fe\, ya que Moisés lo comprobará en el desarrollo de los acontecimientos; la «señal» requiere fe y esperanza\, ya que será manifiesta cuando se hayan cumplido los hechos; y el culto a Dios requiere fe\, esperanza y confianza.\n\nHasta ahora\, Moisés había sentido indignación ética por la opresión de su gente. Ahora Dios lo hace partícipe de su propia reprobación a esa opresión y lo involucra en su propósito de liberar al pueblo de la misma. Él comprende que Dios actúa cuando se erradica la injusticia.\nPara sintonizar con el Señor (יהוה) –el Dios de Abraham\, Isaac y Jacob– es preciso rechazar la opresión y sentir pasión por la justicia y\, por lo menos\, abrigar la certeza de que Dios (en general: אֱלֹהִים) reprueba la opresión\, oye el clamor de los oprimidos y se compromete con su causa para rescatarlos de esa opresión. Esto nos lleva a la convicción de que todos los que invocan a Dios –cualquiera que sea el nombre que le den– están invitados por él a oír el clamor de los excluidos y a eliminar la exclusión. No es legítimo invocar nombre alguno de Dios para excluir\, oprimir o explotar al ser humano.\nNosotros\, los que conocemos al Padre por medio del Hijo\, estamos ciertos de que él no está de acuerdo con la opresión\, y que su Hijo vino enviado por él «para destruir las obras del diablo» (cf. 1Jn 3\,8): la mentira y la violencia. Celebramos esto en la eucaristía y nos comprometemos con una obra aún mayor que la de Moisés: la liberación de los oprimidos sin odio a los opresores.\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Jueves de la XV semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Éxodo (3\,13-20): \nEn aquellos días\, Moisés\, después de oír la voz del Señor desde la zarza ardiendo\, le replicó: «Mira\, yo iré a los israelitas y les diré: “El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros.” Si ellos me preguntan cómo se llama\, ¿qué les respondo?»\nDios dijo a Moisés: «”Soy el que soy”; esto dirás a los israelitas: “Yo-soy me envía a vosotros.”»\nDios añadió: «Esto dirás a los israelitas: “Yahvé (Él-es)\, Dios de vuestros padres\, Dios de Abrahán\, Dios de Isaac\, Dios de Jacob\, me envía a vosotros. Este es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación.” Vete\, reúne a los ancianos de Israel y diles: “El Señor\, Dios de vuestros padres\, de Abrahán\, de Isaac y de Jacob\, se me ha aparecido y me ha dicho: ‘Os tengo presentes y veo cómo os tratan los egipcios. He decidido sacaros de la opresión egipcia y llevaros al país de los cananeos\, hititas\, amorreos\, fereceos\, heveos y jebuseos\, a una tierra que mana leche y miel’.” Ellos te harán caso\, y tú\, con los ancianos de Israel\, te presentarás al rey de Egipto y le diréis: “El Señor Dios de los hebreos nos ha encontrado\, y nosotros tenemos que hacer un viaje de tres jornadas por el desierto para ofrecer sacrificios al Señor\, nuestro Dios.” Yo sé que el rey de Egipto no os dejará marchar si no es a la fuerza; pero yo extenderé la mano\, heriré a Egipto con prodigios que haré en el país\, y entonces os dejará marchar.» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 104\,1.5.8-9.24-25.26-27 \nR/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente \nDad gracias al Señor\, invocad su nombre\,\ndad a conocer sus hazañas a los pueblos.\nRecordad las maravillas que hizo\,\nsus prodigios\, las sentencias de su boca. R/. \nSe acuerda de su alianza eternamente\,\nde la palabra dada\, por mil generaciones;\nde la alianza sellada con Abrahán\,\ndel juramento hecho a Isaac. R/. \nDios hizo a su pueblo muy fecundo\,\nmás poderoso que sus enemigos.\nA éstos les cambió el corazón\npara que odiasen a su pueblo\,\ny usaran malas artes con sus siervos. R/. \nPero envió a Moisés\, su siervo\,\ny a Aarón\, su escogido\,\nque hicieron contra ellos sus signos\,\nprodigios en la tierra de Cam. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (11\,28-30): \nEn aquel tiempo\, exclamó Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados\, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí\, que soy manso y humilde de corazón\, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nJueves de la XV semana del Tiempo Ordinario. Año I.\nExo 3\,13-20.\n\nHasta este momento\, Moisés ha estado hablando con «Dios» (אֱלֹהִים) en abstracto. Es consciente de que se ha dirigido personalmente a él\, llamándolo por su nombre («Moisés\, Moisés»: Gen 3\,4)\, de que se ha identificado como el «Dios» de sus antepasados (reafirmando así su origen israelita)\, y de que le quiere encargar una misión con la cual Moisés sintoniza: liberar a su pueblo de manos de sus opresores egipcios. Moisés le manifestó dudas acerca de sus posibilidades\, y «Dios» se las disipó asegurándole su asistencia y el éxito de la misión.\nAhora Moisés quiere saber con qué Dios se está entendiendo. Este relato permite determinar la clara intención de establecer que\, si la relación con Dios descarta todas las opresiones\, la relación con el Dios de Israel no es menos exigente. Es una insinuación semejante a la que se advirtió en la experiencia de Jacob en Betel. En todo caso\, el relato muestra la revelación del nombre divino a Moisés para transmitírselo a los descendientes de Abraham\, y este nombre se vincula a la gesta que el libro va a contar como su «obra» característica: el que los sacó de Egipto\, de la esclavitud.\n\nLa pregunta por el nombre de Dios (cf. Gen 32\,30) es audaz\, porque\, según lo que pensaban los antiguos semitas\, llamar por su nombre algo o a alguien era\, de alguna manera\, afirmar la propia persona sobre lo nombrado (cf. Gen 2\,19). Pero\, al mismo tiempo\, no se podía entablar relación personal con otro desconociendo su nombre. Aquí no se observa resistencia de parte de Dios a dar a conocer su nombre\, y esto sugiere diferenciar entre «dar nombre» y «dar el propio nombre». Al dar nombre\, uno le asigna entidad y función a lo nombrado; al dar el propio nombre\, uno se revela y permite que otro se relacione con uno de manera directa y personal\, íntima inclusive.\nMoisés pregunta por el «nombre» del Dios que lo envía\, el de los antepasados de los israelitas («de los padres de ustedes»). Seguramente\, Moisés oyó hablar de él cuando niño\, pero no creció en el trato con él. Por eso le pide que le revele su nombre. La respuesta («Yo soy el que soy») a la vez revela y vela. El Señor es «el que es» y «el que hace ser». Un nombre enigmático y distintivo. El nombre como tal es enigmático\, pero\, como Moisés necesitaba nombrarlo de algún modo\, en cierta forma es revelador. Moisés se presentará en calidad de enviado suyo ante los israelitas: «Yo soy» es el nombre del «Dios de Abraham\, Dios de Isaac\, Dios de Jacob»\, y así lo llamarán las futuras generaciones de israelitas. En tiempos posteriores\, por respeto a Dios\, se sustituirá este nombre por «Adonay» (אֲדֹנָי: «Señor mío»). Siguen las instrucciones sobre la misión:\n1. Convocación. Moisés deberá marcharse de Madián y regresar a Egipto («vete») para reunir a las autoridades del pueblo («los ancianos») y ponerlas al tanto de los planes del Señor Dios de los «padres» (Abraham\, Isaac y Jacob)\, el cual se le ha aparecido. Esta convocación supone que los hebreos\, muy a pesar de su condición\, disponen de una cierta organización que hace posible el hecho de que Moisés se haga escuchar de tan considerable grupo humano (cf. Exo 1\,7.9).\n2. Mensaje. El mensaje que Moisés porta consta de tres noticias: el Señor Dios de los padres se le ha revelado («se me apareció»); esta revelación implica su intervención en la historia a través de Moisés\, a quien constituye su vocero. Él «tiene presentes» (פקד) a los israelitas y ve cómo los maltratan\, por eso los va a sacar de la opresión egipcia; el hecho de tenerlos presentes implica la vigilancia que él ejerce sobre la historia y su decisión de llamar a cuentas a los responsables de esa situación. Por último\, manifiesta su decisión de sacarlos de la opresión para hacerlos subir a «una tierra que mana leche y miel»\, la tierra antaño prometida a los padres.\n3. Reacciones.\na) Los «ancianos». Los ancianos a quienes es enviado le harán caso a Moisés y él con ellos deberán presentarse ante el rey de Egipto con una notificación\, ante la cual él reaccionará previsiblemente.\nLa notificación consiste en enterar al rey de Egipto de que su Dios les salió al encuentro\, y ellos deben hacer tres jornadas de camino por el desierto para ofrecerle sacrificios allí. La mentalidad politeísta de la época y el carácter tribal o nacional de los dioses permite suponer que Faraón no considerara extraña esa afirmación desde el punto de vista religioso.\nb) El rey de Egipto. Desde el punto de vista sociopolítico\, las cosas se veían de otro modo. En el mundo antiguo\, la muerte de un gobernante que había sido tirano era ocasión para brotes de rebeldía y protesta por parte de los oprimidos –tanto los de su país como los extranjeros– con la ilusión de sacudirse el yugo que los agobiaba. El Faraón sucesor interpretaría en ese horizonte las pretensiones cultuales de los hebreos y no los dejaría marchar voluntariamente. Los hebreos\, reducidos a esclavitud\, eran mano de obra disponible de la que los egipcios voluntariamente no querrían prescindir. Pero el Señor hará «prodigios» (נִפְלָאוֹת) con su mano que lo obligarán a ceder. El término «prodigio» o «maravilla» (פָּלָא) aparece por primera vez en forma verbal referido a la concepción de Isaac (cf. Gen 18\,14) y esta segunda (Exo 3\,20) referido a la liberación del pueblo.\n\nEl Señor\, Dios de Israel\, es «el que (sí) es»\, en oposición a los ídolos\, que «no son» (cf. Isa 43\,10)\, o que son «nada» (cf. Isa 41\,24). Los dioses de los pueblos\, que sirven de pretexto para oprimir a esos mismos pueblos\, no pueden aducir obras ni predicciones\, «todos juntos eran nada; sus obras\, vacío; aire y nulidad sus estatutos» (cf. Isa 41\,21-19). El Dios de Israel no se revela solo como «existente»\, sino como «actuante» a favor de los oprimidos. Y esta es su característica por la cual habrá de ser conocido y reconocido en el futuro. Él no legitima los regímenes opresores\, sino que se opone a ellos. Esa es la revelación hecha a Moisés y que él deberá transmitir.\nJesús levantará su voz precisamente porque el nombre del Señor se invocó «en falso» cuando se pretendió que sirviera de respaldo a un sistema de explotación y opresión («cueva de bandidos») que contradecía la revelación hecha a Moisés de una vez para siempre. Los cristianos\, por lealtad a la buena noticia\, tenemos la responsabilidad de mostrar el rostro liberador del Padre\, que hoy se manifiesta a través de Jesús muerto y resucitado por los «prodigios» que el Espíritu Santo hace en el corazón de los creyentes. «Donde hay Espíritu del Señor\, hay libertad» (2Cor 3\,17). Esta libertad es más que la libertad de acción e incluso que la libertad de opción\, porque es la libertad para amar sin ceder a coacciones exteriores ni a ataduras interiores. Dan pesar los que se llaman cristianos y le dan culto al poder que anula las libertades y niega al Espíritu Santo de Dios.\nLa celebración de la eucaristía nos pone en comunión con el Dios de la vida y la libertad\, y nos compromete a trabajar por la vida y la libertad de la humanidad.\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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SUMMARY:Viernes de la XV semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro del Éxodo (11\,10-12.14): \nEn aquellos días\, Moisés y Aarón hicieron muchos prodigios en presencia del Faraón; pero el Señor hizo que el Faraón se empeñara en no dejar marchar a los israelitas de su territorio.\nDijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: «Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: “El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia\, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo\, que se junte con el vecino de casa\, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto\, macho\, de un año\, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes\, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido. Esa noche comeréis la carne\, asada a fuego\, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. No comeréis de ella nada crudo ni cocido en agua\, sino asado a fuego: con cabeza\, patas y entrañas. No dejaréis restos para la mañana siguiente; y\, si sobra algo\, lo quemaréis. Y lo comeréis así: la cintura ceñida\, las sandalias en los pies\, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa\, porque es la Pascua\, el paso del Señor. Esta noche pasaré por todo el país de Egipto\, dando muerte a todos sus primogénitos\, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis; cuando vea la sangre\, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora\, cuando yo pase hiriendo a Egipto. Este día será para vosotros memorable\, en él celebraréis la fiesta del Señor\, ley perpetua para todas las generaciones.”» \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 115\,12-13.15-16be.17-18 \nR/. Alzaré la copa de la salvación\,\ninvocando el nombre del Señor \nMucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles.\nSiervo tuyo soy\, hijo de tu esclava:\nrompiste mis cadenas. R/. \nTe ofreceré un sacrificio de alabanza\,\ninvocando tu nombre\, Señor.\nCumpliré al Señor mis votos\nen presencia de todo el pueblo. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (12\,1-8): \nUn sábado de aquéllos\, Jesús atravesaba un sembrado; los discípulos\, que tenían hambre\, empezaron a arrancar espigas y a comérselas.\nLos fariseos\, al verlo\, le dijeron: «Mira\, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado.»\nLes replicó: «¿No habéis leído lo que hizo David\, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes presentados\, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus compañeros\, sino sólo a los sacerdotes. ¿Y no habéis leído en la Ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa? Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo. Si comprendierais lo que significa “quiero misericordia y no sacrificio”\, no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nViernes de la XV semana del Tiempo Ordinario. Año I. \nDespués de anunciar que la salida de Egipto será pulseada pero exitosa (cf. Exo 3\,21s)\, el Señor facultó y capacitó a Moisés para su misión con tres señales (אוֹת) de dominio: una sobre la magia egipcia\, otra sobre la enfermedad humana\, y la tercera sobre la naturaleza. Moisés objetó no ser él de palabra fácil\, elocuente\, e insistió en que eso lo descalificaba para la misión\, pese a que el Señor le había asegurado su asistencia. Entonces\, el Señor le asignó a su hermano Aarón como vocero: lo que Moisés era para Dios debía serlo Aarón para Moisés. Y le entregó el bastón con el que iba a realizar sus «señales» (cf. Exo 4\,1-17\, omitido). Moisés volvió a Egipto\, se presentó ante el Faraón para cumplir su misión\, y\, en reacción\, este redobló su opresión sobre los hebreos\, lo que puso en aprietos a Moisés y Aarón ante el pueblo. Acudieron al Señor\, pero él ratificó sus intenciones de rescatar al pueblo de la opresión. Moisés y Aarón volvieron ante el Faraón\, y así comenzaron las diez «plagas» (מַגֵּפָה)\, que son «señales» del Señor (cf. Exo 10\,1) para que Israel pueda contarles a sus hijos que fue él quien las hizo (cf. Exo 5-10). Así llega a la décima plaga. \nExo 11\,10-12\,14.\nCon el lenguaje de «endurecimiento» del Faraón y «plagas» del Señor se expresa una realidad de causa y consecuencia. El empeño mostrado por el Señor a través de Moisés por liberar a Israel de su opresión provoca\, en reacción\, la obstinación del Faraón en afirmar su poder; la insistencia de Moisés y Aarón endurece cada vez más la postura del Faraón\, quien no toma nota de que esta política repercute negativamente en su propio pueblo\, y de forma acumulativa\, con lo cual lleva a la ruina a su propia gente. La persistencia del Señor –manifestada en la inflexible insistencia de Moisés y Aarón– es la causa del «endurecimiento» del Faraón\, que es consecuente con su política represiva: «el Señor hizo que el Faraón se empeñara en no dejar marchar a los israelitas…».\nLlega la «noche» decisiva. Comienza por el «mes»\, que\, en adelante\, será el primero del año. Es el mes de Abib («de las espigas»)\, que corresponde a nuestros meses marzo-abril\, y que después del exilio se llamará «Nisán» (calendario babilonio). Y sigue por el «día»\, que será el décimo del mes. Y aquí se detiene en un detallado ritual celebrativo cuya finalidad es ser memorial perpetuo.\n1. Los comensales. Fundamentalmente\, es una fiesta de familia y doméstica. El concepto que se tenía de familia involucraba a los esclavos incorporados (circuncidados)\, no a los forasteros pasajeros ni a los jornaleros asalariados. El emigrante residente –si estaba circuncidado– la podía celebrar también. En caso de que una familia fuera demasiado pequeña para el efecto\, se podía juntar con otra para esa comida sacrificial hasta terminar cada una su parte.\n2. La comida. Había que sacrificar un cordero o carnero de un año\, sin defecto (esto dicho no solo de los defectos físicos\, sino morales: no podía ser robado)\, y macho\, por la creencia de la época de que el macho era la fuente de la vida. Se sacrificaba en la tarde del día 14\, y su sangre se usaba para rociar las jambas y el dintel de la puerta de las casas. La carne debía comerse asada\, con pan ázimo y verduras amargas. Era prohibido comerla cruda o sancochada; solo se permitía asarla a fuego. Y no se podía dejar nada para el día siguiente\, por evitar la profanación. Si sobraba\, había que quemar lo sobrante.\n3. El ritual. Era una comida en condición de esclavos en fuga: la túnica ceñida\, los pies calzados\, el bastón en la mano (indicios estos de que se emprendía un largo viaje)\, y a toda prisa\, por ser la «pascua» del Señor. Es claro que en la narración se entremezclan los acontecimientos históricos del pasado remoto con la conmemoración contemporánea de los mismos\, y que esto concuerda con la experiencia del escritor y de los destinatarios del escrito.\n4. El sentido. Aún no es claro el origen etimológico del término «pascua»\, pero aquí se relaciona con el hecho de que el Señor se «salta»\, o «pasa de largo» por las casas de los israelitas\, en tanto su juicio contra los dioses de Egipto repercute en la muerte de todos los primogénitos\, desde los de los hombres hasta los de los animales. Este «exterminio»\, que se corresponde con la extinción selectiva que el Faraón había ordenado contra los hebreos (cf. Exo 1\,15-16)\, es la forma que el autor elige para expresar que fracasó la represión que quiso impedir la salida de los esclavos\, y que este fracaso repercutió en la población joven del país: la medida de exterminio del Faraón en perjuicio de los hijos de los hebreos se vuelve contra los hijos de su propio pueblo. La «sangre» es una señal ambivalente: preserva la vida de los israelitas y condena la vida de los «primogénitos» egipcios. La sangre simboliza la vida; el rechazo de la vida ajena condena la propia.\n5. La fiesta anual. Ese será un día «memorable»\, es decir\, para recordar y celebrar a perpetuidad «como fiesta en honor del Señor». A los israelitas les corresponde conservar memoria de ese día como homenaje al Señor que actuó en favor de ellos liberándolos de la opresión. Pero también es «memorial» para el Señor\, quien «se acordará» perpetuamente de los hombres que lo invoquen desde la opresión como el Dios que libera a los cautivos y actuará siempre a favor de ellos. \nTodavía hoy se ve que el ansia de dignidad\, libertad y justicia que motiva el reclamo de vastos sectores humanos o de pueblos enteros suele provocar la reacción «dura» por parte de quienes detentan el poder\, incluso sacrificando al pueblo que dicen representar y cuyos intereses declaran defender. En aquellos tiempos de Moisés\, tiempos de déspotas absolutistas de poder indiscutible y a menudo justificado en el querer de los «dioses» de los pueblos\, la represión era brutal. Ahora no lo es menos\, aunque pretende justificarse en leguleyadas aureoladas de respetabilidad\, por el hecho de que esos poderes reclaman legitimidad en la voluntad popular que los instituyó. Aducen la voluntad del pueblo para desconocer la voluntad del pueblo; usan la autoridad que les confirió el pueblo para reprimir la libertad del pueblo que los ungió.\nLa actividad liberadora de Jesús es más radical que la de Moisés\, porque arranca del interior de la persona\, de su «corazón»\, comenzando por la libertad de su pensamiento y de sus sentimientos. Y esta libertad es fruto del Espíritu del Señor\, que recibe todo el que cree en él. Si nuestra fe es viva\, crece\, y a medida que crece nos adhiere más a Jesús\, nos compenetra más con su Espíritu y nos hace cada vez más libres. Esa libertad podemos ir comprobándola por el efecto que hace en nosotros la creciente comunión con el Señor. Nos hace libres y liberadores como él.\nFeliz viernes.
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SUMMARY:Sábado de la XV semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Éxodo (12\,37-42): \nEn aquellos días\, los israelitas marcharon de Ramsés hacia Sucot: eran seiscientos mil hombres de a pie\, sin contar los niños; y les seguía una multitud inmensa\, con ovejas y vacas y enorme cantidad de ganado. Cocieron la masa que habían sacado de Egipto\, haciendo hogazas de pan ázimo\, pues no había fermentado\, porque los egipcios los echaban y no los dejaban detenerse; y tampoco se llevaron provisiones. La estancia de los israelitas en Egipto duró cuatrocientos treinta años. Cumplidos los cuatrocientos treinta años\, el mismo día\, salieron de Egipto las legiones del Señor. Noche en que veló el Señor para sacarlos de Egipto: noche de vela para los israelitas por todas las generaciones. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 135\,1.23-24.10-12.13-15 \nR/. Porque es eterna su misericordia \nEn nuestra humillación\, se acordó de nosotros. R/. \nY nos libró de nuestros opresores. R/. \nÉl hirió a Egipto en sus primogénitos. R/. \nY sacó a Israel de aquel país. R/. \nCon mano poderosa\, con brazo extendido. R/. \nÉl dividió en dos partes el mar Rojo. R/. \nY condujo por en medio a Israel. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (12\,14-21): \nEn aquel tiempo\, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró\, se marchó de allí\, y muchos le siguieron. Él los curó a todos\, mandándoles que no lo descubrieran. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Mirad a mi siervo\, mi elegido\, mi amado\, mi predilecto. Sobre él he puesto mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará\, no gritará\, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará\, el pábilo vacilante no lo apagará\, hasta implantar el derecho; en su nombre esperarán las naciones.» \nPalabra del Señor\n\n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nSábado de la XV semana del Tiempo Ordinario. Año I. \nLos hechos –recordados en la celebración posterior– se entremezclan y se retrotraen para que se interpreten mutuamente. Eso es lo que ocurre con la narración anterior y la que sigue. Tras la descripción de la cena pascual\, ahora se da razón de la fiesta de los ázimos (cf. Exo 12\,15-20).\nPor eso aparece otra versión de la cena pascual\, junto con la prescripción de celebrarla una vez hayan ingresado en la tierra prometida (cf. Exo 12\,21-28). Finalmente\, se narra la salida de los israelitas de Egipto (cf. Exo 12\,29-42). El leccionario omite la narración sobre los ázimos y la otra versión de la cena pascual\, y solo toma la segunda mitad de la narración de la salida del país.\nLa primera parte (cf. Exo 12\,29-36) vuelve sobre la décima plaga (cf. Exo 11) en términos que la ponderan aún más\, hasta el punto de dar cumplimiento a la advertencia de Moisés al Faraón («Todos estos ministros tuyos acudirán a mí\, y postrados ante mí me pedirán: ‘Sal con el pueblo que te sigue’. Entonces saldré»: Exo 11\,8). No obstante\, ahora se afirma que es el Faraón mismo quien llama a Moisés y Aarón para pedirles a los israelitas que vayan a ofrecer culto al Señor\, de acuerdo a su pedido inicial\, siendo que él se negó a obedecer e incluso a reconocer al Señor (cf. Exo 5\,1). Y no solo el Faraón\, el pueblo entero también los urge a que salgan. \nExo 12\,37-42.\nEste relato parece como una fotografía instantánea tomada en el momento en que los israelitas se levantan para abandonar Egipto. La ruta escogida por Moisés es acertada\, porque del sur de la ciudad de Ramsés se dirigió a Sucot (cf. Num 33\,3.5) –no es el mismo de Gen 33\,17\, que está junto al río Yaboc–\, evitando la vía costera hacia Canaán\, más corta –después conocida como «camino del país de los filisteos»: cf. Exo 13\,17– hasta cerca de la ciudad de Pitón\, para después enrutarse nuevamente al norte\, más allá de Tafnes\, hacia el «Mar de las Cañas» (o Lago Menzalé). Esta ruta en apariencia errática evita el contacto con grupos étnicos que pudieran atacarlos.\nPor otro lado\, un término hebreo (אֶלֶף) que se puede traducir «mil»\, o «familia»\, o «clan» (cf. Jue 6\,15; 1Sam 10\,19)\, se refiere\, en realidad\, al número de combatientes que podía suministrar un clan\, que parece un dato más realista: seiscientos hombres aptos para el combate\, cuenta en la que\, obviamente\, no entran los niños. El total sumaría cinco mil o seis mil personas. Junto con ellos\, sus posesiones: el «botín» arrebatado a Egipto (cf. Exo 12\,35-36) y sus propios ganados.\nAdemás\, se hace mención de «una turba (עֵרֶב) inmensa» que los seguía\, «turba» que reaparecerá luego en el desierto calificada como «gentío» (אֲסַפְסֻף: Num 11\,4)\, y que es la que lleva «ovejas y vacas y enorme cantidad de ganado» (Exo 12\,38). Las dos expresiones con las que se señala este grupo dejan ver que son extraños\, advenedizos\, quizá oportunistas egipcios\, a juzgar por lo que se refiere más adelante\, de un hijo de madre israelita y padre egipcio (cf. Lev 24\,10).\nLa fiesta agraria de los panes sin levadura\, evidentemente posterior\, se convierte en evocación de la Pascua y toma un nuevo sentido: sugiere la prisa de la salida\, porque los egipcios los urgían (cf. Exo 12\,33.39)\, y la prisa del «paso» del Señor (cf. Exo 12\,11). De esta manera\, con este dato\, la liturgia israelita puede transformar una ancestral fiesta agraria relacionándola con la Pascua. Y este procedimiento muestra cómo el narrador creyente asume y purifica la costumbre cultural al darle un puesto y una función en relación con el hecho central que celebraba la fe israelita.\nEl lapso de la opresión\, como estaba previsto (cf. Gen 15\,13)\, fue limitado. Si se fecha el éxodo poco después de la ascensión de Ramsés II al trono (1290 a. C.)\, teniendo en cuenta el cómputo según el cual «la estancia de los israelitas en Egipto duró cuatrocientos treinta años» (Exo 12\,40)\, se deduce que ellos habían entrado en el país hacia 1720-1710 a. C.\, fecha que concuerda con el avance conquistador de los hicsos\, semitas como ellos\, lo que explica la aceptación de José y su ascenso en el país\, así como el desconocimiento del mismo por parte del nuevo faraón\, este sí de origen egipcio. De todos modos\, las tiranías no perduran porque Dios les sale al paso.\nLa expresión «aquel mismo día» pretende identificar ese día con el día en la que se celebra fiesta de Pascua\, la salida de Egipto. Pero luego se añade otra precisión: la «noche de vigilia»\, la noche en que veló el Señor para sacarlos de Egipto. Sobre esta expresión se funda el poema en que los rabinos se refieran a las cuatro noches\, consideradas como las etapas del desarrollo del pueblo de Dios. Esas cuatro noches son:\n1. La noche de la creación. El paso de las tinieblas del no-ser a la luz de la existencia (cf. Gn 1\,3).\n2. La noche en que Abrahán recibió la promesa del nacimiento de Isaac. El paso de la inseguridad respecto del futuro a la confianza de la fe (cf. Gn 15\,5-6).\n3. La noche de la liberación de los Israelitas de Egipto. El paso de la esclavitud a la libertad\, del dominio a la emancipación (cf. Exo 12\,42)\n4. La noche de la salvación definitiva (noche del Mesías). El paso de las tinieblas de la muerte en vida a la luz de la vida protegida por el Señor (cf. Exo 13\,21-22).\nLa Pascua se celebraba en la esperanza\, se esperaba que el Mesías viniera en una noche de Pascua. Por eso\, la noche pascual es «noche de vela para los israelitas por todas las generaciones». Cada vigilia pascual estará preñada de la esperanza de la manifestación del Mesías para otorgarle a su pueblo la liberación definitiva. \nLos cristianos celebramos la última de esas noches en la vigilia pascual\, y en ella conmemoramos las otras tres. La vigilia pascual se prolonga en el domingo y\, puntualmente\, en cada celebración de la eucaristía. Toda eucaristía es para nosotros «Pascua»\, y –por lo mismo– es una constante exigencia de éxodo. Pero el éxodo cristiano no es local\, como el traslado de Israel desde Egipto hasta la tierra de Canaán\, sino espiritual\, porque se trata de romper con el propio pasado y con el mundo injusto. Antiguamente se trató de salir de un país\, hoy se trata de abandonar diversos sistemas de vida y pensamiento que rechazan el reinado de Dios\, por un lado\, y romper con los sistemas sociopolíticos y socioculturales que se oponen al reino de Dios.\nHay que «salir» cuanto antes de sí mismo\, de los propios egoísmos\, del «mundo»\, que es el ámbito de la injusticia (el «pecado»)\, es decir\, la opresión\, la explotación y la humillación de personas y pueblos. Y hay que salir de la complicidad con el «mundo»\, que niega el amor del Padre (cf. 1Jn 2\,15-17) y perpetúa en la tierra esquemas de exclusión social.\nComer la Pascua cristiana y permanecer en el «mundo» es contradecir el amén que se pronuncia al recibir la eucaristía. Comerla y salirse del «mundo» es realizar en la tierra el designio del Padre del cielo.\nFeliz sábado en compañía de María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:XVI Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Génesis (18\,1-10a):En aquellos días\, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré\, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda\, en lo más caluroso del día. Alzó la vista y vio tres hombres frente a él. Al verlos\, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda\, se postró en tierra y dijo: \n«Señor mío\, si he alcanzado tu favor\, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras\, traeré un bocado de pan para que recobréis fuerzas antes de seguir\, ya que habéis pasado junto a la casa de vuestro siervo».\nContestaron:\n«Bien\, haz lo que dices».\nAbrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo:\n«Aprisa\, prepara tres cuartillos de flor de harina\, amásalos y haz unas tortas».\nAbrahán corrió enseguida a la vacada\, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase de inmediato. Tomó también cuajada\, leche y el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba bajo el árbol\, ellos comían.\nDespués le dijeron:\n«Dónde está Sara\, tu mujer?».\nContestó:\n«Aquí\, en la tienda».\nY uno añadió:\n«Cuando yo vuelva a verte\, dentro del tiempo de costumbre Sara habrá tenido un hijo». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\nSal 14\,2-3ab.3cd-4ab.5   \nR/. Señor\, ¿quién puede hospedarse en tu tienda? \nV/. El que procede honradamente\ny practica la justicia\,\nel que tiene intenciones leales\ny no calumnia con su lengua. R/. \nV/. El que no hace mal a su prójimo\nni difama al vecino\,\nel que considera despreciable al impío\ny honra a los que temen al Señor. R/. \nV/. El que no presta dinero a usura\nni acepta soborno contra el inocente.\nEl que así obra nunca fallará. R/. \n\n\n\nSegunda lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1\,24-28):  \nHermanos:\nAhora me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo\, en favor de su cuerpo que es la Iglesia\, de la cual Dios me ha nombrado servidor\, conforme al encargo que me ha sido encomendado en orden a vosotros: llevar a plenitud la palabra de Dios\, el misterio escondido desde siglos y generaciones y revelado ahora a sus santos\, a quienes Dios ha querido dar a conocer cuál es la riqueza de la gloria de este misterio entre los gentiles\, que es Cristo en vosotros\, la esperanza de la gloria. Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos\, enseñamos a todos\, con todos los recursos de la sabiduría\, para presentarlos a todos perfectos en Cristo. \nPalabra de Dios \n\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Lucas (10\, 38-42): \nEN aquel tiempo\, entró Jesús en una aldea\, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.\nEsta tenía una hermana llamada María\, que\, sentada junto a los pies del Señor\, escuchaba su palabra.\nMarta\, en cambio\, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que\, acercándose\, dijo:\n«Señor\, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano».\nRespondiendo\, le dijo el Señor:\n«Marta\, Marta\, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María\, pues\, ha escogido la parte mejor\, y no le será quitada». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nXVI Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.\n\nEn el camino a Jerusalén\, Jesús entra «en una aldea». El evangelista deja la impresión de que sus demás acompañantes ya están en la «aldea»\, que solo él entra en ella. Esto remite al sentido que tiene la «aldea»: es un ámbito popular dominado por la doctrina de los letrados fariseos.\nJesús va con los Doce\, naturales de Judea y representantes del judaísmo ortodoxo\, que se sienten «dueños» de la situación; y\, además\, se le han sumado los 70 (o 72)\, naturales de Samaría\, tenidos por herejes y\, por tanto\, considerados unos desheredados. Estos dos grupos\, a continuación\, se encarnan en las figuras femeninas de Marta («señora»\, «dueña») y María («revoltosa» y pobre).\n\nLc 10\,38-42.\nEl relato que escuchamos contrasta dos maneras de acoger el mensaje de Jesús\, personificadas por dos hermanas\, Marta\, que está en su casa y permanece en «la aldea»\, y María\, que está en la casa de su hermana\, y no es habitante de «la aldea». Al designar a Jesús como «Señor»\, Lucas da a entender que el episodio no es una anécdota\, sino que tiene valor en toda época de la historia.\n1. Marta: preocupación e inquietud.\nEl nombre de Marta es arameo (מָרְתָא)\, y significa «la señora»\, en el sentido de propietaria\, dueña. Aquí representa al grupo de los Doce\, que reclaman como propiedad suya la herencia de Israel y valoran todo lo demás desde su pretendida posición de privilegio. Marta se comporta como la propietaria de la casa y como la anfitriona de Jesús y los suyos. Su «servicio» (διακονία) consiste en preparar y distribuir la comida (cf. Lc 10\,40) y atender a los que están sentados a la mesa (cf. Lc 22\,26). Sin embargo\, este servicio no es para ella fuente de satisfacción ni de alegría\, sino una carga agobiante que la «dispersa».\nPor eso\, Marta «asumió el mando» (ἐπιστᾶσα) en su calidad de «señora» de la casa para reclamar que su hermana tomara parte en ese servicio\, y recurrió a Jesús con el fin de que él le exigiera a la hermana que también se apersonara de la carga. La impresión que Marta manifiesta es que a Jesús le resulta indiferente que ella esté tan atareada mientras María está ociosa. Ella quiere que Jesús le imponga a María su estilo de servicio y\, en el fondo\, su relación con él; algo semejante a lo que pretendieron los Doce respecto de otros seguidores de Jesús (cf. Lc 9\,49-50).\nEl Señor reacciona al áspero reproche de Marta con una severa advertencia: le hace ver que ella «anda preocupada e inquieta por muchas cosas»\, cuando «solo una es necesaria». «Preocuparse» (μεριμνάω) es invertir el orden de las prioridades al darle mayor importancia a lo que tiene menos\, sobre todo teniendo en cuenta que la preocupación es inútil\, incluso cuando se trata de minucias. En el fondo\, la preocupación impide escuchar y guardar el mensaje\, y delata falta de confianza (cf. Lc 12\,11.22.25.26; 8\,14; 21\,34). «Inquietarse» (θορυβάζω) es alarmarse y angustiarse frente a una determinada situación como si no hubiera salida ni escapatoria posible. En el fondo\, quien se «inquieta» arma un tumulto dentro de sí y en contra de sí mismo\, exagerando la importancia de la dificultad que tiene que enfrentar.\nEn el caso de Marta\, su preocupación y su inquietud se deben a una multiplicidad de cosas que a juicio de Jesús carecen de importancia. Se refiere a las minuciosidades de la Ley de Moisés\, que tanto preocupaban e inquietaban a los Doce\, y que los mantenían «dispersos».\n2. María: la escucha exclusiva del Señor.\nEn el Antiguo Testamento\, el nombre de María solo aparece asignado a la hermana de Moisés\, y\, aunque trascrito al hebreo (מִרְיָם: Exo 15\,21)\, es de origen egipcio –como el de su hermano– y significa «la exaltada»\, en el sentido de «revoltosa». Era un nombre común entre las hijas de los pobres y excluidos. Representa a los samaritanos (excluidos) que le han dado su adhesión a Jesús. Su figura aparece discreta en este relato; de hecho\, no se encuentra aquí palabra alguna de su parte\, es Jesús quien habla por ella. Entra en escena como «hermana» de Marta\, lo cual significa que están en el mismo plano\, que son iguales. Sin embargo\, María no tiene casa\, sino que habita en la casa de su hermana como huésped y subordinada. El reclamo que Marta le hace a Jesús da a entender que ella se siente con derecho a imponerle comportamientos a su hermana\, pero que la presencia del huésped de honor se lo impide\, y por eso solicita la intervención del mismo.\nPero las acciones que se le atribuyen son suficientemente indicativas de lo que ella representa.\nEn primer lugar\, se indica que ella «se sentó a los pies del Señor». Esta indicación remite a otro relato\, el de la pecadora arrepentida que\, en casa del fariseo\, rindió homenaje a los pies de Jesús (cf. Lc 7\,36-50). El reproche interior del fariseo a Jesús corresponde al reproche de Marta por la aparente indiferencia de Jesús. La postura de María\, sentada a los pies del Señor\, manifiesta su actitud de discípula (cf. Hch 22\,3).\nPor eso se explicita que esa postura tenía como finalidad «escuchar sus palabras»\, que es lo propio del discípulo de Jesús\, y lo que constituye su dicha (cf. Lc 8\,11-18.21; 11\,28). Esta escucha de las palabras de Jesús está encaminada a guardarlas en el corazón (cf. Lc 2\,19.51) para producir fruto (cf. Lc 8\,15) guardándolas\, es decir\, poniéndolas en práctica (cf. Lc 6\,27-38). La acogida de Jesús\, según María\, consiste en escucharlo.\nPor último\, Jesús declara que\, ante la multiplicidad de cosas en las que Marta está dispersa\, o sea\, los mandamientos de la Ley de Moisés\, «solo una es necesaria». Esa única cosa necesaria indica el reinado (cf. Lc 12\,31) y el reino de Dios (cf. Lc 18\,22). El que escucha el mensaje de Jesús cae en la cuenta de que lo realmente importante es vivir la experiencia del amor paternal de Dios e impulsar la nueva sociedad humana\, el reino de Dios.\nLos Doce están aferrados a su herencia\, la Ley y sus tradiciones\, y por eso no escuchan a Jesús\, porque valoran más el vino viejo que el nuevo (cf. Lc 5\,39). En cambio\, los samaritanos\, que ya habían perdido su herencia\, se acogen al don del Espíritu que procede de Jesús\, «la parte mejor\, y esa no se le quitará» (Lc 10\,42).\n\nAcoger a Jesús es permanecer abierto a la perenne novedad de Dios. El asombroso e insondable amor del Padre no es una novedad que caduca\, como las modas\, sino que se renueva cada día. Las implicaciones del mensaje de Jesús no dejan de sorprender a quienes se sientan a sus pies a escuchar su mensaje con la disposición de vivir la libertad para amar propia de los hijos de Dios\, de seguir los pasos del Hijo y de construir un nuevo tejido social guiados por el Espíritu Santo.\nEl legalismo confina el espíritu y limita las posibilidades para acoger al otro\, sobre todo al que se presenta como extranjero\, diferente o excluido por cualquier motivo. Imponerle condiciones al que llega\, más allá de las exigencias de una sana convivencia\, es pretender justificar la xenofobia. En tiempos de desplazamientos humanos causados por las diversas formas de violencia\, acoger como huésped al que busca refugio es lo menos que se puede esperar de quien se ha sentado a los pies de Jesús a escuchar sus palabras y ha escogido la parte mejor.\nPara que nuestra comunión eucarística tenga pleno sentido\, es preciso que Jesús pueda decirnos también: «Fui forastero y ustedes me recogieron» (cf. Mt 25\,35). Así nuestro amén será valedero.\n¡Feliz día del Señor!
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SUMMARY:Fiesta de Santa María Magdalena
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Cantar de los Cantares (3\,1-4a):Así dice la esposa: «En mi cama\, por la noche\, buscaba al amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas\, buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me han encontrado los guardias que rondan por la ciudad: “¿Visteis al amor de mi alma?” Pero\, apenas los pasé\, encontré al amor de mi alma.» \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\nSal 62\,2.3-4.5-6.8-9R/. Mi alma está sedienta de ti\, mi Dios \nOh Dios\, tú eres mi Dios\, por ti madrugo\,\nmi alma está sedienta de ti;\nmi carne tiene ansia de ti\,\ncomo tierra reseca\, agostada\, sin agua. R/. \n¡Cómo te contemplaba en el santuario\nviendo tu fuerza y tu gloria!\nTu gracia vale más que la vida\,\nte alabarán mis labios. R/. \nToda mi vida te bendeciré\ny alzaré las manos invocándote.\nMe saciaré como de enjundia y de manteca\,\ny mis labios te alabarán jubilosos. R/. \nPorque fuiste mi auxilio\,\ny a la sombra de tus alas canto con júbilo;\nmi alma está unida a ti\,\ny tu diestra me sostiene. R/. \n\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Juan (20\,1.11-18):El primer día de la semana\, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer\, cuando aún estaba oscuro\, y vio la losa quitada del sepulcro. Fuera\, junto al sepulcro\, estaba María\, llorando. Mientras lloraba\, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco\, sentados\, uno a la cabecera y otro a los pies\, donde había estado el cuerpo de Jesús.\nEllos le preguntan: «Mujer\, ¿por qué lloras?»\nElla les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»\nDicho esto\, da media vuelta y ve a Jesús\, de pie\, pero no sabía que era Jesús.\nJesús le dice: «Mujer\, ¿por qué lloras?\, ¿a quién buscas?»\nElla\, tomándolo por el hortelano\, le contesta: «Señor\, si tú te lo has llevado\, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.»\nJesús le dice: «¡María!»\nElla se vuelve y le dice: «¡Rabboni!»\, que significa: «¡Maestro!»\nJesús le dice: «Suéltame\, que todavía no he subido al Padre. Anda\, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro\, al Dios mío y Dios vuestro.”»\nMaría Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\n22 de julio.\nMemoria de Santa María Magdalena.\n\nMaría nació en Magdala (arameo: מַגְדֺּלָא\, hebreo: מִגְדֺּל\, griego: μαγδαλά)\, ciudad que aparece en Jos 15\,37 como «Torre Gad» (מִגְדַּל־גָּד). El nombre significa «Torre»\, con claras connotaciones militares. Esta discípula de Jesús ha sido interpretada de modos diversos:\n• Primero\, los gnósticos quisieron hacer de ella una figura anti-apostólica\, como la verdadera discípula\, pero después de haber reinterpretado su figura en clave gnóstica.\n• Después\, desde los tiempos del papa san Gregorio Magno\, se empieza a decir que era una prostituta\, noticia que no se encuentra en el evangelio.\n• Y últimamente\, a partir de datos como los de Mc 16\,9 y Lc 8\,2 (dos diferentes enfoques)\, se ha tejido una leyenda que raya en lo supersticioso.\nLo cierto es que María Magdalena aparece en la vida pública\, en la crucifixión y muerte del Señor\, y en su resurrección.\n\n1. Primera lectura (Cnt 3\,1-4).\nEstos versos describen el desasosiego de la enamorada\, que se lanza durante la noche en pos de su amor\, a la búsqueda de su amado hasta encontrarlo. El texto omite el v. 5\, que forma parte de este «nocturno»\, quizás porque habla del sueño del amor\, y la memoria del día se refiere a la resurrección (el despertar) del amado.\n1. Desasosiego (v. 1)\nEl poema anterior termina con el anhelo de la novia de que\, antes de que sople la brisa vespertina y el sol del ocaso alargue las sombras como si huyeran\, el novio regrese del campo. Al anochecer de la misma jornada\, ella lo espera\, según la cita de amor que le había hecho (cf. Cnt 2\,17). No se aprecia distinción entre el sueño propiamente o el hecho de soñar despierta. A eso se refiere su búsqueda en la «cama». El anhelo que ella manifiesta es ardiente y apasionado\, como suele ser entre los que se aman.\n2. Búsqueda (v. 2)\nEntonces se decide a buscarlo levantándose\, tratando de hacer realidad sus sueños. Sus acciones revelan cuánto ama a su novio: recorrer de noche la ciudad\, sus calles y sus plazas\, es una acción arriesgada para una doncella\, pues –en su afán por encontrarlo– se lanza a la calle en pijama y se expone a que los guardias que rondan la ciudad la tomen por una chica vacía y la maltraten física y emocionalmente (cf. Cnt 5\,7).\n3. Encuentros (vv. 3-4)\nEfectivamente\, antes de que ella encuentre al que busca\, los centinelas de la ciudad se encuentran con ella. Les pregunta por él\, pero no espera respuesta. Ni siquiera los que velan en la noche le dan razón de su amado. Ese encuentro infructuoso no interrumpe ni suspende su búsqueda. Es como si la certeza de conocer y amar al que busca fuera igual a la certeza de poder encontrarlo.\nSu prisa por encontrar al novio presintió la respuesta negativa de los centinelas y prosiguió hasta que\, por fin. su búsqueda resultó exitosa: «encontré al amor de mi alma». El anhelado encuentro se convierte en adhesión inquebrantable. «Lo agarré y ya no lo soltaré». El propósito siguiente es firme: «hasta meterlo en la casa de mi madre\, en la alcoba de la que me llevó en sus entrañas»\, palabras que manifiestan la intención de unirse en perpetua alianza de amor. El amor entre los dos queda garantizado para el futuro.\n\n1. Primera lectura (2Co 5\,14-17).\nEl amor del Mesías\, manifestado en la cruz\, se convierte en un urgente estímulo que apremia al cristiano para que comprenda que\, al morir el Mesías por todos\, todos morimos en él y con él. La resurrección del Mesías implica que con él todos volvimos a la vida\, de tal modo que nosotros ya no juzgamos a los demás con criterios simplemente humanos\, ni siquiera al Mesías\, porque\, al darnos nueva vida\, ahora somos con él seres nuevos. Es decir\, pasada la noche de la muerte\, la luz de la vida del Señor resucitado cambia la óptica del creyente y este obtiene una visión más certera y profunda de la realidad de las personas. Ya no juzga para rechazar o condenar\, como el mismo Pablo lo hizo con respecto de Jesús\, cuando lo veía bajo la óptica de la Ley.\nLa vida de los creyentes\, al ser participación de la vida del Mesías resucitado\, es verdaderamente «nueva»; por lo tanto\, el creyente es alguien que ha dejado tras de sí un pasado y se ha abierto a una novedad inesperada y asombrosa. Ha sido creado de nuevo («creatura nueva»).\nEl encuentro con Jesús Mesías renueva a cada ser humano. Por medio del Mesías Jesús\, Dios reconcilia al hombre con su Creador y con el designio del Creador\, y\, al mismo tiempo\, lo hace servidor de la reconciliación entre los seres humanos y de estos con Dios. Esta reconciliación se entiende en términos de renovación interior (cf. Sal 51\,12) del hombre y de su convivencia.\n\n2. Evangelio (Jn 20\,1.11-18).\nMaría Magdalena aparece aquí como la enamorada que en las tinieblas busca al amor de su alma. Pero «la tiniebla» aquí es la ideología del sistema\, que obliga pensar que la muerte es insuperable\, que es definitiva. Este es su primer y más difícil obstáculo por vencer.\nPor eso María aparece ahora pegada del sepulcro y llorando. Aunque los «ángeles» (mensajeros) de Dios le hacen ver la victoria de su Señor (color blanco)\, ella continúa buscando un cadáver. El relato nos muestra el proceso que tiene que hacer María para «ver» a Jesús:\n• Primero\, ella debe tomar conciencia de la sinrazón de su llanto. Esa es la razón de la insistente pregunta que se le hace: «¿Por qué lloras?»\n• Enseguida\, el encuentro con Jesús le exige darle un primer giro a su vida («ella se volvió hacia atrás»)\, aunque todavía no lo reconozca.\n• Después de que Jesús pronuncia su nombre\, María lo reconoce. Y así completa el giro («ella se vuelve…»). Esto indica un encuentro de persona a persona. Y entonces ella se abraza a Jesús.\n• Pero una vez completado el encuentro con el Señor\, María aún debe entender algo: el encuentro definitivo no es todavía\, este se dará en la presencia del Padre. Por eso\, todavía no es la hora del abrazo perpetuo. Entre tanto\, hay que emprender la misión.\n• María la asume como testigo del Señor resucitado: «He visto al Señor en persona\, y ha dicho esto». María ha «visto» (cf. 20\,18) «sin haber visto» (cf. 20\,29)\, porque no ha pedido ni recibido demostraciones\, sencillamente se ha «vuelto» (cf. 20\,14.16) al Señor abandonando «la tiniebla». Y\, además\, ha escuchado al Señor («ha dicho») y transmite el mensaje que él le comunicó.\n\nSanta María Magdalena nos invita a que comprendamos los dos rasgos básicos que definen a todo auténtico discípulo de Jesús:\n• La experiencia personal del Señor resucitado\, y\n• El testimonio en el cumplimiento de la misión.\nEl primero llena el corazón de alegría\, al reconocer al resucitado como «mi Señor» (cf. 20\,28). El segundo impulsa a la prontitud para anunciar la glorificación del Señor a la condición divina a la diestra del Padre (cf. 20\,17.28). Sin esa experiencia no puede haber testimonio\, y sin testimonio es imposible la misión. En toda celebración eucarística tenemos la posibilidad de vivir con alegría esa experiencia y la de salir con diligencia a dar testimonio de haber visto al Señor y de haber oído de él la buena noticia del triunfo de la vida sobre la muerte.\nFeliz conmemoración.
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SUMMARY:Martes de la XVI semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nLos israelitas entraron por el cauce seco del mar. \nLectura del libro del Éxodo    14\, 21—15\, 1 \nMoisés extendió su mano sobre el mar\, y el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este\, que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra seca. Las aguas se abrieron\, y los israelitas entraron a pie en el cauce del mar\, mientras las aguas formaban una muralla\, a derecha e izquierda. Los egipcios los persiguieron\, y toda la caballería del Faraón\, sus carros y sus guerreros\, entraron detrás de ellos en medio del mar. \nCuando estaba por despuntar el alba\, el Señor observó las tropas egipcias desde la columna de fuego y de nube\, y sembró la confusión entre ellos. Además\, frenó las ruedas de sus carros de guerra\, haciendo que avanzaran con dificultad. Los egipcios exclamaron: “Huyamos de Israel\, porque el Señor combate en favor de ellos contra Egipto”. \nEl Señor dijo a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar\, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios\, sus carros y sus guerreros”. Moisés extendió su mano sobre el mar y\, al amanecer\, el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían emprendido la huida\, pero se encontraron con las aguas\, y el Señor los hundió en el mar. Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó. Los israelitas\, en cambio\, fueron caminando por el cauce seco del mar\, mientras las aguas formaban una muralla\, a derecha e izquierda. \nAquel día\, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar\, y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor\, y creyó en Él y en Moisés\, su servidor. \nEntonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del Señor: \nSALMO RESPONSORIAL     Ex 15\, 8-10. 12. 17 \nR/. ¡El Señor se ha cubierto de gloria! \nAl soplo de tu ira se agolparon las aguas\, las olas se levantaron como un dique\, se hicieron compactos los abismos del mar. \nEl enemigo decía: “Los perseguiré\, los alcanzaré\, repartiré sus despojos\, saciaré mi avidez\, desenvainaré la espada\, mi mano los destruirá”. \nTú soplaste con tu aliento\, y el mar los envolvió; se hundieron como plomo en las aguas formidables. Extendiste tu mano y los tragó la tierra. \nTú lo llevas y lo plantas en la montaña de tu herencia\, en el lugar que preparaste para tu morada\, en el Santuario\, Señor\, que fundaron tus manos. \n\nEVANGELIO\n\nACLAMACIÓN AL EVANGELIO  Jn 14\, 23 \nAleluya. \n“El que me ama será fiel a mi palabra\, y mi Padre lo amará e iremos a él dice el Señor. Aleluya. \nEVANGELIO \nSeñalando con la mano a sus discípulos\, dijo: “Éstos son mi madre y mis hermanos”. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     12\, 46-50 \nJesús estaba hablando a la multitud\, cuando su madre y sus hermanos\, que estaban afuera\, trataban de hablar con Él. Alguien le dijo: “Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte”. \nJesús le respondió: “¿Quién es mi madre y quienes son mis hermanos?” Y señalando con la mano a sus discípulos\, agregó: “Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo\, ése es mi hermano\, mi hermana y mi madre”. \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nMartes de la XVI semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nLos acontecimientos que se narran a continuación suceden durante la noche\, una «noche» que\, a su modo\, evoca el «caos informe» y «la tiniebla» abismal de los que habla el relato de la creación (cf. Gen 1\,2). Esa noche\, oscurecida aún más por la acción de un «ángel de Dios» (מַלְאָףְ הָאֱלֹהִים)\, solo se iluminará por la «columna de fuego» desde donde Dios mira; y el nuevo día despuntará cuando el Señor haya completado su obra.\nEl «ángel de Dios» y la «columna de nube» establecieron una barrera entre el campamento egipcio y el campamento israelita\, creando un muro de oscuridad que impidió el contacto de unos con otros. Lo que queda claro es que\, en el momento decisivo\, tal como Moisés les había dicho a los israelitas (cf. Exo 14\,14)\, el Señor sale a la defensa del pueblo. El «ángel de Dios» o «mensajero de Dios» (cf. Gen 31\,11; Jue 6\,20; 13\,6.9; 2Sam 14\,17.20) designa la realidad divina\, que aparece cuando se trata de hacer prevalecer los derechos conculcados o de cumplir las promesas hechas. Este es uno de esos tales. Por eso se presenta primero a la cabeza del campamento israelita\, precediendo la liberación de los esclavos\, y después a la retaguardia\, protegiéndolos e impidiendo que los egipcios los atacaran.\n\nExo 14\,21-15\,1.\nEn cumplimiento de la orden del Señor (cf. Exo 14\,16)\, «Moisés extendió la mano sobre el mar»\, y a consecuencia de ese hecho «el Señor hizo retirarse el mar con un fuerte viento de levante que sopló toda la noche». Hay sinergia: Moisés hace caso y el Señor actúa poniendo en marcha las fuerzas de la naturaleza (viento\, aguas) para que favorezcan a los israelitas. El viento sopló «toda la noche»\, lo que realizó dos cosas: desplazó las aguas («las aguas se dividieron») y secó el lecho del mar («el mar quedó seco»). Así los hijos de Israel pudieron entrar por el mar sin mojarse los pies. Las aguas desplazadas por el viento a derecha e izquierda de ellos fueron presentadas luego como «murallas» líquidas\, presentación que corresponde al género épico usado por el narrador. Las fuentes clásicas reportan un hecho semejante\, cuando Escipión el africano se tomó Cartago Nova –durante la segunda guerra púnica (209 a. C.)– haciendo que un pelotón de soldados que había situado al norte\, atravesara el lago aprovechando la marea baja y tomara desprevenidos a los defensores de la ciudad.\nLa salida (el «éxodo») a través del obstáculo\, y lo que parecía que los pondría a merced de sus enemigos resultó su aliado en contra de estos. Los egipcios se propusieron aprovechar la misma ventaja y entraron también en el mar. La mirada del Señor se produjo en la madrugada\, desde la columna de fuego y de nubes\, y su mirada es de reprobación. Enseguida\, el fondo «seco» del mar parece volverse viscoso\, lodoso\, hasta el punto de hacer pesada la marcha de los carros de guerra del faraón. Y los que antes infundieron terror se convierten en presa del mismo. Es claro que la narración de los hechos ve y va más allá de los mismos.\nLa cesación del viento se relaciona con una orden del Señor ejecutada por Moisés\, como si este recibiera la facultad de controlar como Dios los elementos de la creación para ponerlos al servicio del designio liberador del Señor. Las fuerzas opresoras del imperio resultaron sepultadas por las aguas. El texto puntualiza que «las aguas\, al reunirse\, cubrieron carros\, jinetes y todo el ejército del faraón que habían entrado en el mar»\, pero los israelitas habían pasado sin mojarse sus pies\, «mientras las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda». La acción de Moisés («tender la mano sobre el mar») produjo dos efectos: las aguas se volvieron contra los egipcios y su aparato de guerra\, y «el mar recobró su estado ordinario». Se trató\, entonces\, de un hecho natural que\, sin embargo\, impidió que la persecución tuviera éxito\, y favoreció la causa de los perseguidos. Este lenguaje\, de evidente género épico\, se propone ponderar la acción liberadora del Señor a través de los procesos intrahistóricos que favorecieron la fuga de los esclavos y perjudicaron la persecución por parte de sus opresores. Dios libera desde dentro de la historia\, no desde fuera.\nLa mano del Señor\, actuando en la naturaleza y en la historia a través de la mano extendida de Moisés\, se hizo respetable y acreditó a Moisés como «su siervo». El macabro espectáculo de los cadáveres de los egipcios a la orilla del mar es una clara advertencia de que el Señor «salva»\, en tanto que los que matan perecen. Es significativo\, sin embargo\, que el narrador toma pie de «lo que hizo a los egipcios» la mano del Señor no para amedrentar a los restantes egipcios\, sino para inculcar el respeto al Señor y la confianza en él por parte de los israelitas. Además\, el narrador le propone al pueblo otra reflexión: en tanto que los «siervos» del faraón querían mantenerlos en la esclavitud\, Moisés\, el «siervo» del Señor\, los condujo a su liberación.\nEl cántico atribuido a «Moisés y los israelitas» manifiesta\, en su redacción actual\, el influjo de los acontecimientos vividos posteriormente por el pueblo –por ejemplo\, la mención de los filisteos– y\, de ese modo\, los escritores bíblicos enseñan el sentido «vivo» del mensaje de Dios\, su validez inagotable\, su actualidad perenne. «El simple paralelismo del díptico es expresivo: como las aguas se cuajan\, se yerguen y se derrumban\, así los pueblos flaquean\, tiemblan y quedan petrificados» (Luis Alonso Schökel). Estos pueblos dejan pasar a Israel libre y conquistador. Y así\, a siglos de distancia\, es siempre el mismo Dios salvador el que actúa (cf. Is 43\,16-21).\n\nHay un relato del evangelio que alude a este hecho y corrige los presupuestos de esta narración. Se trata de Mc 5\,1-20 (Mt 8\,28-34; Lc 8\,26-39). Los «cerdos» son figura de las tropas invasoras romanas («Legión») que provocan la violencia (cf. Mc 5\,3-5) reactiva de los esclavos paganos; al no responder a la violencia con violencia –sino dejársela a sus autores–\, «la piara\, unos dos mil («Legión\, porque somos muchos»)\, se lanzó por un acantilado al mar y se fueron ahogando en el mar» (Mc 5\,13). El Señor no destruye a los violentos; ellos se arruinan cuando nadie reacciona con violencia a su violencia. Sin respuesta violenta\, los violentos quedan deslegitimados\, y por ahí comienza su ruina.\nEl proceso de liberación de los pueblos y de los grupos humanos debe continuar. Dios muestra que él quiere la libertad de los oprimidos. Y Jesús es el único intérprete autorizado del designio liberador del Padre\, y el camino de libertad que podemos seguir con seguridad\, sin equivocarnos y sin caer en las trampas de la violencia. Comulgar con él nos permite sintonizar con el Espíritu Santo que de él procede\, para que aprendamos a ser como él\, «mansos y humildes de corazón»\, y para que procedamos con inteligencia\, coherencia y eficacia.\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la XVI semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Éxodo (16\,1-5.9-15):\nToda la comunidad de Israel partió de Elim y llegó al desierto de Sin\, entre Elim y Sinaí\, el día quince del segundo mes después de salir de Egipto.\nLa comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto diciendo: «¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto\, cuando nos sentábamos alrededor de la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda la comunidad.»\nEl Señor dijo a Moisés: «Yo haré llover pan del cielo; que el pueblo salga a recoger la ración de cada día; lo pondré a prueba\, a ver si guarda mi ley o no. el día sexto prepararán lo que hayan recogido\, y será el doble de lo que recojan a diario.»\nMoisés dijo a Aarón: «Di a la comunidad de los israelitas: “Acercaos al Señor\, que ha escuchado vuestras murmuraciones”.»\nMientras Aarón hablaba a la asamblea\, ellos se volvieron hacia el desierto y vieron la gloria del Señor que aparecía en una nube.\nEl Señor dijo a Moisés: «He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles de mi parte: “Al atardecer comeréis carne\, por la mañana os hartaréis de pan\, para que sepáis que yo soy el Señor\, Dios vuestro”.»\nPor la tarde una bandada de codornices cubrió todo el campamento; por la mañana había una capa de rocío\, apareció en la superficie del desierto un polvo parecido a la escarcha.\nAl verlo\, los israelitas se dijeron: «¿Qué es esto?»\nPues no sabían lo que era.\nMoisés les dijo: «Es el pan que el Señor os da de comer.»Palabra de Dios\n\n\nSalmo\n\nSal 77\,18-19.23-24.25-26.27-28 \nR./ El Señor les dio pan del cielo \nTentaron a Dios en sus corazones\,\npidiendo una comida a su gusto;\nhablaron contra Dios: «¿Podrá Dios\npreparar una mesa en el desierto?» R./ \nPero dio orden a las altas nubes\,\nabrió las compuertas del cielo:\nhizo llover sobre ellos maná\,\nles dio un trigo celeste. R./ \nY el hombre comió pan de ángeles\,\nles mandó provisiones hasta la hartura.\nHizo soplar desde el cielo el Levante\,\ny dirigió con su fuerza el viento sur. R./ \nHizo llover carne como una polvareda\,\ny volátiles como arena del mar;\nlos hizo caer en mitad del campamento\,\nalrededor de sus tiendas. R./ \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (13\,1-9): \nAquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Acudió tanta gente\, que tuvo que subirse a una barca; se sentó\, y la gente se quedó de pie en la orilla.\nLes habló mucho rato en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. al sembrar\, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso\, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda\, brotó en seguida; pero\, en cuanto salió el sol. se abrasó\, y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas\, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos ciento\, otros sesenta\, otros treinta. El que tenga oídos\, que oiga.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nMiércoles de la XVI semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nEntre la opresión en Egipto\, que queda atrás\, y la «tierra espaciosa que mana leche y miel» hay un largo trecho por recorrer. Es el camino hacia la libertad («tierra espaciosa») y la vida generosa («leche y miel»)\, objetos de la promesa divina\, pero también conquista del pueblo. La experiencia de necesidades elementales (sed y hambre) y la satisfacción inesperada de las mismas conducen al pueblo a una nueva comprensión.\nPrimero\, la sed. Después de tres jornadas de camino por un árido desierto\, y cuando\, por fin\, encontraron agua\, esta resultó impotable\, debió de ser una experiencia decepcionante. El pueblo reclamó al mediador\, y este apeló al Señor\, quien le indicó una solución a la vez a su alcance (nada extraordinario) y ajena a él (no la conocía). El Señor insistió en la necesidad de que se le hiciera caso\, porque esa manifestación de confianza será la que les asegurará la liberación; los egipcios perecieron a causa de su enfermiza ambición de dominio y desafiaron al Señor\, que es el que «cura» (libera). Así llegaron a un tranquilo oasis en donde encontraron «doce manantiales» (el número ideal de las tribus) y «setenta palmeras» (el número de los emigrantes: Gen 46\,27; cf. Exo 1\,5)\, «y acamparon allí\, a la orilla del mar» (Exo 15\,22-27\, omitido).\n\nEn la misma línea de la satisfacción de la sed\, la satisfacción del hambre se da de forma natural. Se reportan juntos acontecimientos que debieron de haber ocurrido separados. El maná se debe –todavía hoy– a la secreción dulce producida por ciertos tamariscos (tamarix mannifera) cuando son picados\, hacia mayo y junio\, por insectos cóccidos que abundan en la región central del Sinaí. Las codornices resultan fáciles de atrapar cuando\, fatigadas por la travesía del Mediterráneo\, se posan en la costa al dirigirse de Europa a África para invernar\, hacia los meses de septiembre y octubre. Esos acontecimientos ocurren en distintos momentos del año.\nLa «murmuración» es una actitud recurrente que se opone al éxodo; ya se había dado en el caso de la sed (cf. Exo 15\,24). Más que una simple habladuría\, la «murmuración»\, desvirtúa los hechos\, desacredita a los mensajeros del Señor y pretende justificar la resistencia de los murmuradores al éxodo liberador. Por medio de ella Israel se muestra poco dispuesto a asumir la conquista de su propia libertad. La «murmuración» deshonra a todo trance el sentido de la salida de Egipto\, y la añoranza de las cadenas de la esclavitud –asociada a esa murmuración– la hace reprochable.\nEn su primera mención\, la «murmuración» tiene por objeto a Moisés y Aarón\, pero el Señor sale en apoyo de estos\, y ellos le transmiten al pueblo un anuncio del Señor presentándolo como una prueba de que es el Señor quien los ha sacado de Egipto\, y no ellos dos\, que es lo que sugiere la murmuración. Ellos hacen ver al pueblo que protestó contra el Señor\, y por eso él responde. Por tres veces afirman Moisés y Aarón que las murmuraciones no han sido contra ellos dos\, como afirma el pueblo (cf. vv. 2.7b)\, sino contra el Señor en persona (cf. vv. 7a.8.ab).\nEn primer lugar\, anuncian que ese mismo día el pueblo reconocerá que el Señor lo liberó y que en el día siguiente verá la gloria del Señor. Una acción depende de la otra. Así\, Moisés y Aarón refieren la murmuración al Señor («ha oído sus murmuraciones contra el Señor»). La «carne» que comerán por la tarde mostrará que el Señor los sacó de Egipto (cf. vv. 6.12a); el pan que comerán el día siguiente revelará la gloria del Señor (vv. 6.12b)\, gloria que se hará visible «en una nube» (cf. v.10) y no dejará dudas de que el Señor es el Dios de los israelitas (cf. v. 12).\nLa acumulación de los dos dones que temporalmente debieron darse separados\, delata quizá afán de síntesis\, o pretende\, tal vez\, contrastar la generosidad del Señor con la desconfianza patente en la murmuración del pueblo. Cuanto más escépticos se muestran los israelitas en el buen éxito del éxodo\, tanto más se desborda la dadivosidad del Señor. La secreción dulce producida por la tamarix manniferagotea desde sus hojas hasta el suelo\, donde se solidifica a causa del aire fresco de las noches del desierto; pero\, como su punto de fusión es muy bajo (22°C)\, hay que recogerla temprano\, antes de que el calor del sol la funda. El nombre «maná» procede de la traducción de la Biblia hebrea al griego (LXX: Num 11\,6-7 μαννα)\, pero aquí se hace derivar de una etimología popular (¿qué es esto?: מָן הוּא). Moisés les explicó que era el pan que el Señor les daba de comer.\nLa expresión «llover pan del cielo» (v. 4)\, vincula la lluvia con la morada divina –o con el mismo Dios– y es metáfora de bendición\, y\, por tanto\, signo de donación de vida\, la cual en el relato se asociará al respeto por el descanso del sexto día. La «prueba» a la que se refiere el v. 4 consiste en que el pueblo recoja la ración diaria de pan\, un «omer» o «gomer» (עֹמֶר) por persona\, según el número de miembros de cada familia\, medida que se cumple independientemente de lo que cada uno recoja\, con la prohibición de guardar para el día siguiente\, y con la orden de recoger el doble el día sexto. El objetivo de estas prescripciones es claramente inculcar el respeto por el sábado\, lo cual implica confianza en que el Señor dirige el éxodo y vela por la supervivencia del pueblo. El hecho de que la medida resultara igual para todos\, fuera que recogieran en mayor o en menor cantidad\, y la corrupción del maná que guardaron para el día siguiente –en tanto que el recogido el sexto día no se dañaba– son todas maneras de urgir esa confianza (cf. Exo 16\,16-35\, omitido).\n\nA partir del capítulo 6 del evangelio de Juan\, el episodio del maná se asocia con la eucaristía\, si bien con las reservas que impone Jesús. En efecto\, siendo un fenómeno natural\, los israelitas lo elevaron a la condición de «trigo celeste» (cf. Sal 78\,24)\, cosa que Jesús niega (cf. Jn 6\,32)\, porque el verdadero pan del cielo es él\, ya que al apropiárselo («comerlo») para vivir de él\, el ser humano satisface sus ansias de vida a saciedad. Tampoco se trata de «pan de ángeles»\, ya que el texto del salmo habla de «pan de héroes» (לֶחֶם אַבִּירִים: Sal 78\,25)\, o «pan de campeones» o\, inclusive\, «pan de paladines»\, lo que podría entenderse como alimento de vencedores. En el caso de los israelitas se puede entender que el Señor los alimentó para darles las fuerzas que necesitaban para llevar a cabo el éxodo. En el caso del cristiano\, se entiende que Jesús nos capacita para realizar el éxodo definitivo\, la victoria de la vida sobre la muerte.\nEl pleno sentido de la eucaristía no se agota en la mera ingesta del pan\, sino que se verifica en la asimilación de la realidad humana de Jesús («la carne del Hijo del Hombre»). Este es el alimento que nos nutre en el nuevo y definitivo éxodo\, que consiste en «salir» del «mundo» para atravesar el «mar» de la muerte y llegar al reino del Padre. La comunión con Jesús nos llena del Espíritu de Dios\, y se constituye en garantía de nuestro éxodo.\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Fiesta de Santiago Apóstol
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de los Hechos de los apóstoles (4\,33;5\,12.27-33;12\,2): \nEn aquellos días\, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los condujeron a presencia del Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó: «¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio\, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.»\nPedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús\, a quien vosotros matasteis\, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó\, haciéndolo jefe y salvador\, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo\, que Dios da a los que le obedecen.» Esta respuesta los exasperó\, y decidieron acabar con ellos. Más tarde\, el rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago\, hermano de Juan. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 66 \nR/. Oh Dios\, que te alaben los pueblos\,\nque todos los pueblos te alaben \nEl Señor tenga piedad y nos bendiga\,\nilumine su rostro sobre nosotros;\nconozca la tierra tus caminos\,\ntodos los pueblos tu salvación. R/. \nQue canten de alegría las naciones\,\nporque riges el mundo con justicia\,\nriges los pueblos con rectitud\ny gobiernas las naciones de la tierra. R/. \nLa tierra ha dado su fruto\,\nnos bendice el Señor\, nuestro Dios.\nQue Dios nos bendiga; que le teman\nhasta los confines del orbe. R/. \n\n\n\nSegunda lectura\n\nLectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (4\,7-15): \nEste tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro\, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados\, pero no nos aplastan; estamos apurados\, pero no desesperados; acosados\, pero no abandonados; nos derriban\, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes\, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús\, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Mientras vivimos\, continuamente nos están entregando a la muerte\, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así\, la muerte está actuando en nosotros\, y la vida en vosotros. Teniendo el mismo espíritu de fe\, según lo que está escrito: «Creí\, por eso hablé»\, también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros. Todo es para vuestro bien. Cuantos más reciban la gracia\, mayor será el agradecimiento\, para gloria de Dios. \nPalabra de Dios \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (20\,20-28): \nEn aquel tiempo\, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?»\nElla contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino\, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.»\nPero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?»\nContestaron: «Lo somos.»\nÉl les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo\, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.»\nLos otros diez\, que lo habían oído\, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús\, reuniéndolos\, les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros\, que sea vuestro servidor\, y el que quiera ser primero entre vosotros\, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan\, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\n25 de julio.\nFiesta de Santiago Apóstol.\n\nJesús denuncia dos obstáculos para el desarrollo humano:\n1. La mentira propuesta en nombre de Dios («espíritu inmundo»).\n2. La violencia practicada como homenaje a Dios («demonio»).\nY denuncia tres obstáculos para que el discipulado cristiano:\n1. La codicia de riqueza.\n2. La ambición de poder.\n3. El ansia de prestigio.\nHay dos Santiago que se destacan en el evangelio: Santiago\, uno de los dos hijos de Zebedeo\, y Santiago\, el pariente del Señor. La fiesta que hoy celebramos conmemora al hijo de Zebedeo. Junto con su hermano Juan\, representa a los discípulos que siguen a Jesús animados por intereses personales\, y que luego hacen su proceso de conversión. El formulario tiene dos lecturas para los lugares en donde se celebra como fiesta\, y tres para aquellos en donde es solemnidad.\n\n1. Primera lectura (2Co 4\,7-15).\nEl apóstol de Jesús no es un superhéroe intocable. Las tribulaciones y persecuciones que padece\, y que dejan en evidencia su debilidad\, son las que prueban que es un ser humano\, «de barro»\, como los demás. Hay un contraste visible entre la «fuerza extraordinaria» del mensaje y lo frágil del recipiente que lo contiene; así queda claro que Dios es su único apoyo. Pero cuanto más se vea el suplicio de «Jesús» en su vida\, tanto más efectiva es la vida de Jesús en él. Pablo se refiere a la persona histórica («Jesús») y no al Mesías glorificado («Señor») para evocar la humillación y el sufrimiento del Mesías en su vida terrenal. Por eso\, habla del «cuerpo» como portador de «la muerte de Jesús»\, porque es la persona histórica del apóstol\, en su convivencia con los demás\, la que da testimonio del Mesías sufriente y rechazado.\nSu continua abnegación y entrega hasta la muerte es la forma como la vida de Jesús actúa en los apóstoles y en las comunidades a las que ellos sirven. La fe en el Señor resucitado les da fuerzas para proclamar el mensaje a pesar de las oposiciones. Los apóstoles tienen claro que el Padre los va a resucitar\, como resucitó «al Señor Jesús»\, a quien ahora designa como glorificado («Señor»)\, pero identificado con el crucificado («Jesús»). Las penas que sufren tienen un sentido: el triunfo sobre la muerte\, tanto de ellos como de los destinatarios de su mensaje\, para que los hombres conozcan la generosidad de Dios y lo alaben por ella.\nEso es lo que les da fuerzas para proseguir\, aunque en apariencia se vayan desgastando a los ojos humanos. Tienen la certeza de que tras una breve tribulación les espera una gloria eterna.\n\nSegunda lectura (Hch 4\,33; 5\,17.27-33; 12\,1-2).\nEl texto\, engarzando citas\, se propone dar un perfil de la fisonomía colectiva de los apóstoles.\nEn primer lugar\, los presenta como inicialmente lo hacían ellos\, «testigos de la resurrección del Señor Jesús»\, lo cual implica una limitación\, por cuanto Jesús los designó testigos de él («testigos míos»: 2\,8)\, es decir\, de su vida\, muerte y resurrección\, no solo de esta última. Pero indica que lo hacían «con mucho vigor»\, lo que implica que su testimonio\, aunque parcial\, era contundente.\nLos sumos sacerdotes –del partido saduceo– reaccionaron con irritación por tres razones: los apóstoles habían roto con el templo como institución\, estaban ganando simpatía en el pueblo\, y\, al dar testimonio de la resurrección\, desacreditaban la doctrina saducea que negaba que hubiera resurrección. Así que los sometieron a interrogatorio por parte del Consejo\, pidiéndoles cuentas de las prohibiciones que les habían hecho de enseñar «en nombre de ese». Odian tanto a Jesús que evitan pronunciar su nombre. También el reclamo es triple: no han hecho caso de lo que les prohibieron\, han llenado Jerusalén con su enseñanza\, y los responsabilizan de la muerte «de ese».\nLa respuesta de los apóstoles a la presión del poder es matizada. Por un lado\, afirman que Dios está por encima de todo\, pero ellos\, de nuevo\, se integran al pueblo de Israel («nuestros padres»)\, aunque tienen el valor de acusar a los sumos sacerdotes de haber asesinado a Jesús. Pero indican que el llamado al arrepentimiento es para Israel\, aunque Jesús dijo que era para todos los pueblos (cf. Lc 24\,47). Y afirman que si ellos tienen el Espíritu Santo –lo que no se verifica en el caso de los sumos sacerdotes– es porque ellos\, los apóstoles\, obedecen a Dios.\nA raíz de la ayuda de los cristianos antioquenos a los de Jerusalén (cf. 11\,27-30)\, se produjo un malestar teológico: los judíos recibieron dinero «impuro» de unos paganos\, y esto les resultaba humillante\, porque era como admitir que la bendición de Dios estaba con los paganos y no con los judíos. Herodes aprovechó la ocasión para tantear a los judíos y degolló a Santiago para ver la reacción de los judíos y así proseguir su plan de exterminio.\n\nEvangelio (Mt 20\,20-28).\nEl evangelio de hoy muestra que los discípulos –entre ellos Santiago– tuvieron ambiciones de poder por espíritu nacional y se mostraron dispuestos a morir como héroes con tal de alcanzarlo. Esto lo explica Mateo haciendo ver que es la «madre» (nación) de ellos la que pide los primeros puestos para sus hijos. Pero Jesús les hizo ver que él no reclutaba heroicos guerreros\, sino que llamaba a ser fieles testigos que estuviesen dispuestos a morir como mártires\, según su ejemplo\, y por eso\, la muerte de él como mártir será un trago amargo que ellos tendrán que beber. Y es que el discípulo no tiene el ideal de ser «oposición» a los poderes del mundo sino alternativa al mundo mismo. Sin embargo\, los otros diez discípulos tenían la misma ambición de poder. Por eso Jesús debió insistirles a todos en que la Iglesia no es como las naciones paganas\, donde los primeros son los que dominan y oprimen. En la comunidad cristiana el único título de grandeza es un servicio semejante al de Jesús. Santiago y Juan aprenderán esto siguiendo al maestro\, que no tiene por misión dominar sino servir.\n\nTambién hoy en nuestras comunidades existen esas ambiciones de poder y de dominio\, e incluso entre los miembros de las comunidades parroquiales se ve el afán por sobresalir. Toca\, con igual amor y con la misma paciencia de Jesús\, ayudar a estos hermanos a que encuentren el camino del servicio como el ideal de vida y de convivencia que Jesús nos mostró. La santidad cristiana está en las antípodas del poder. Para estar con Jesús y compartir su mesa es necesario apropiarse de su entrega de servicio\, y renunciar a toda ambición de poder o a todo intento de justificar el poder\, o de sacralizarlo para aspirar a él y ejercerlo sin escrúpulos de conciencia.\nLa celebración de la eucaristía en la cual Jesús se entrega y da su sangre para que todos vivamos\, debe animarnos a vivir este servicio cristiano al estilo del Señor. Nos encontramos con alegría a la mesa en donde compartimos la vida en espíritu de servicio y haciendo memoria del Señor.\nFeliz fiesta.
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SUMMARY:Viernes de la XVI semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro del Eclesiástico (44\,1.10-15):  \nHagamos el elogio de los hombres de bien\, de la serie de nuestros antepasados. Fueron hombres de bien\, su esperanza no se acabó; sus bienes perduran en su descendencia\, su heredad pasó de hijos a nietos. Sus hijos siguen fieles a la alianza\, y también sus nietos\, gracias a ellos. Su recuerdo dura por siempre\, su caridad no se olvidará. Sepultados sus cuerpos en paz\, vive su fama por generaciones; el pueblo cuenta su sabiduría\, la asamblea pregona su alabanza. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 131 \nR/. El Señor Dios le ha dado el trono de David\, su padre \nEl Señor ha jurado a David\nuna promesa que no retractará:\n«A uno de tu linaje\npondré sobre tu trono.» R/. \nPorque el Señor ha elegido a Sión\,\nha deseado vivir en ella:\n«Esta es mi mansión por siempre\,\naquí viviré\, porque la deseo.» R/. \n«Haré germinar el vigor de David\,\nenciendo una lámpara para mi Ungido.\nA sus enemigos los vestiré de ignominia\,\nsobre él brillará mi diadema.» R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (13\,16-17): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos: «¡Dichosos vuestros ojos\, porque ven\, y vuestros oídos\, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron\, y oír lo que oís y no lo oyeron.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n26 de julio.\nSan Joaquín y Santa Ana\, padres de la Virgen María.\n\nLos nombres de Joaquín (יְהוֹיָקִים: «el Señor hace crecer») y Ana (חַנָּה: «favorita»\, «agraciada») que la tradición atribuye a los padres de la Virgen María\, se conocen por san Juan Damasceno\, quien\, a su vez\, depende de la literatura apócrifa. La veneración de Santa Ana existe desde el siglo IV en Oriente\, y desde el siglo VII en Occidente. Es venerada también por el islam. La veneración de san Joaquín es más reciente\, aunque los cristianos griegos lo veneraron desde muy temprano. Su fiesta fue emplazada en distintas fechas\, y en algún momento suprimida\, hasta que en 1622 fue restaurada por el papa Gregorio XV. Después del Concilio Vaticano II\, se celebran juntos\, Joaquín y Ana\, el 26 de julio. Hoy se consideran patronos de los abuelos.\n\n1. Primera lectura (Sir 44\,1.10-15).\nEl autor del libro se propone mostrar la gloria de Dios en la creación (42\,15-43\,33) y en la historia (44\,1-50\,21). Esta última sección lleva por título «alabanza de los antepasados». Este texto forma parte del rastreo de la gloria de Dios en la historia. El elogio de los hombres «fieles» (o ilustres)\, antepasados de los israelitas\, redunda en alabanza a Dios y justifica el orgullo de pertenecer a su pueblo. La memoria de los hombres de bien se conserva desde tiempos antiguos\, la de los otros desaparece. El elogio destaca estos hechos:\n• Su linaje prolonga en el tiempo una herencia que se transmite. Esta transmisión de la herencia\, de suyo\, constituye una bendición que pasa de padres a hijos y de hijos a nietos.\n• Ese linaje mantuvo la fidelidad a «las alianzas»\, y sus hijos después de ellos. Se refiere\, según el texto griego\, al hecho de cumplir las responsabilidades contraídas en la alianza.\n• Por eso\, ese es un linaje perpetuo\, ya que su renombre es indeleble. La razón de la perpetuidad de su memoria está en la caridad de la que hicieron gala\, que los hace famosos.\n• Su muerte fue tranquila; su sepultura\, con honores; su memoria\, perdurable. Así se concibe el final de los hombres buenos\, como una muerte serena que corona una vida justa.\n• Su sabiduría (saber vivir) traspasa las fronteras\, su elogio vive en la asamblea. La sabiduría del Señor\, diseminada en sus obras\, se comunica a sus fieles (cf. 43\,33) y perdura.\n\n2. Evangelio (Mt 13\,16-17).\nEl recurso a las parábolas es una forma de manifestar Jesús su respeto por la libertad de la gente\, y otro modo de manifestarle su amor. Jesús entiende que las multitudes han sido masificadas y privadas de todo pensamiento autónomo por la enseñanza alienante de los letrados\, comprende a las personas y quiere ayudarlas a pensar con autonomía para que lleguen a conclusiones propias.\nEl reinado de Dios se les da a conocer a los que se abren a Jesús y aceptan su mensaje; los otros\, le cierran los oídos\, no quieren ver lo evidente\, y endurecen su «corazón» para no convertirse a él\, que es el único que puede liberarlos del fanatismo irracional en el que viven. No se refiere él a deficiencias físicas sino a resistencias morales. Se trata de ciegos que no quieren ver y de sordos que no quieren oír\, porque la enseñanza de los letrados les ha embotado la mente para que no vean\, ni oigan ni entiendan\, a fin de que no lo acepten como «el Mesías\, el Hijo del Dios vivo» (Mt 16\,16). La enseñanza de los letrados es instrumento de dominación sobre las multitudes.\nPor eso Jesús declara dichosos a sus discípulos porque ven la obra de Dios en sus actuaciones y escuchan el mensaje de Dios en sus palabras. En el respeto que Jesús muestra por su libertad\, y en el amor que les demuestra con ese respeto\, pueden «ver» a Dios en el Emanuel (cf. Mt 1\,23)\, y escuchar su voz en él\, el hijo amado en quien el Padre ha puesto su favor\, y a quien hay que escuchar (cf. Mt 17\,5). El Dios del éxodo se hace visible en Jesús.\nEso era lo que ansiaban los profetas y los justos del Antiguo Testamento y no lo pudieron ver ni oír\, porque aún no había llegado el Mesías. No obstante\, el Antiguo Testamento debió de ser la preparación para que el pueblo entero acogiera al Mesías apenas se presentara. En particular\, los profetas que lo anunciaban y los justos que lo anhelaban desearon verlo y escucharlo. Y\, a pesar de que no vieron ni oyeron\, fueron «profetas» y fueron «justos».\nLa dicha de los discípulos remite a las bienaventuranzas. En ese programa de vida y convivencia está el mensaje que los profetas y justos aspiraron escuchar y el testimonio que quisieron ver. Y ese es el programa que ha causado la decepción de los «sabios y entendidos» (cf. Mt 11\,25)\, que no han sido capaces de descubrir en Jesús lo que sí descubrió «la gente sencilla».\n\nJuan Bautista\, entre los «profetas»\, y los padres de la Virgen María\, entre los «justos»\, se pueden contar entre los que vieron\, oyeron y entendieron que la persona y el mensaje de Jesús colman la esperanza de los patriarcas\, los profetas y los justos.\nSer padre y madre de la que un día sería la madre del Mesías no es resultado de la casualidad ni producto de una ciega e irracional evolución. Es una realidad que se forjó en la responsabilidad (respuesta consciente y comprometida) con el Dios que\, sacó el pueblo de la esclavitud y mostró así su intención de dirigir la historia de la humanidad hacia la realización de sus mejores anhelos. Y quiso hacer esto contando con la libre cooperación de los seres humanos.\nLos personajes ilustres de la historia de Dios tienen una característica: fidelidad a la alianza. Esta fidelidad\, constitutivo esencial de su vida\, se transmite a sus descendientes espontáneamente\, por ser inherente a su vida\, y no un añadido. Hacen historia de salvación viviendo su fe\, porque sus actitudes personales y sus relaciones de convivencia se rigen por la alianza pactada con Dios.\nHoy\, para hacer historia de salvación\, no hacen falta hechos o acciones de carácter extraordinario o fantástico. Basta que\, con clara conciencia de la circunstancia que nos ha tocado (ver y escuchar a Jesús)\, seamos «profetas» (testigos del mundo futuro) y «justos» (hombres nuevos).\nRecibir a Jesús en la eucaristía implica esa responsabilidad histórica. La comunión con Jesús nos compromete a incidir positivamente en la historia para que esta llegue a la meta: el reino de Dios.\nFeliz conmemoración.
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SUMMARY:Sábado de la XVI semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Éxodo (24\,3-8): \nEn aquellos días\, Moisés bajó y contó al pueblo todo lo que había dicho el Señor y todos sus mandatos; y el pueblo contestó a una: «Haremos todo lo que dice el Señor.»\nMoisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó temprano y edificó un altar en la falda del monte\, y doce estelas\, por las doce tribus de Israel. Y mandó a algunos jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos y vacas como sacrificio de comunión. Tomó la mitad de la sangre\, y la puso en vasijas\, y la otra mitad la derramó sobre el altar.\nDespués\, tomó el documento de la alianza y se lo leyó en alta voz al pueblo\, el cual respondió: «Haremos todo lo que manda el Señor y lo obedeceremos.»\nTomó Moisés la sangre y roció al pueblo\, diciendo: «Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros\, sobre todos estos mandatos.» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 49\,1-2.5-6.14-15 \nR/. Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza \nEl Dios de los dioses\, el Señor\, habla:\nconvoca la tierra de oriente a occidente.\nDesde Sión\, la hermosa\, Dios resplandece. R/. \n«Congregadme a mis fieles\,\nque sellaron mi pacto con un sacrificio.»\nProclame el cielo su justicia;\nDios en persona va a juzgar. R/. \n«Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza\,\ncumple tus votos al Altísimo\ne invócame el día del peligro:\nyo te libraré\, y tú me darás gloria.» R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (13\,24-30): \nEn aquel tiempo\, Jesús propuso otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero\, mientras la gente dormía\, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor\, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?” Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho.” Los criados le preguntaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?” Pero él les respondió: “No\, que\, al arrancar la cizaña\, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y\, cuando llegue la siega\, diré a los segadores: ‘Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla\, y el trigo almacenadlo en mi granero’.”» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nSábado de la XVI semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nDespués del decálogo\, entre truenos\, relámpagos y sonido de trompeta en el monte humeante\, el pueblo\, atemorizado\, pidió a Moisés que le hablara él\, que no lo hiciera el Señor\, porque tenían miedo de morir. Moisés los calmó\, y enseguida vino la promulgación del código de la alianza\, el cual recopila leyes comunes a la cultura legal del antiguo Oriente. Leyes respecto de la esclavitud\, que tienden a defender los derechos de los esclavos\, legislación criminal y su respectiva casuística (capítulo 21\, omitido); leyes acerca de la propiedad y de las personas (capítulo 22\, omitido); leyes respecto de los juicios públicos\, sobre el sábado y el año sabático\, y sobre las fiestas; exhortación final\, promesas y advertencias (capítulo 23\, omitido). Entonces se sella la alianza.\n\nExo 24\,3-8.\nEl relato se abre haciendo abstracción del código legal precedente\, como continuación de lo que se ha narrado en el capítulo 19 (cf. Exo 24\,1-2\, omitido). De hecho\, la respuesta que da el pueblo en 19\,8 («haremos todo cuanto ha dicho el Señor») resuena en 24\,3.7. Sin embargo\, se aprecian dos versiones de la ratificación de la alianza: En los vv. 1-2 esta se verificará en el monte; Moisés subió con Aarón\, Nadab y Abihú y los 70 dirigentes –aunque luego solo Moisés subió a la cima del monte–\, y se ratificará con un banquete. En los vv. 3-8\, en cambio\, se da al pie del monte\, y se ratificará con aspersión de sangre. Ambas dejan prueba de la aceptación del pueblo (vv. 3.7).\nMoisés bajó del monte y propuso al pueblo todo lo que dijo el Señor (cf. Exo 20\,1-17)\, el pueblo dio su asentimiento. El documento de la alianza\, que tiene la finalidad de perpetuar por escrito los compromisos pactados\, aparece unas veces escrito por Moisés (cf. Exo 24\,4; 34\,37) y en otras por Dios mismo (cf. Exo 24\,12; 31\,18; 34\,1)\, pero siempre se trata de «las palabras del Señor». En el antiguo Oriente\, después de pactar una alianza\, el documento escrito se depositaba en el templo de cada contraparte\, y estaba destinado a ser leído periódicamente por ambos pactantes. Actuando como único mediador entre el Dios y el pueblo\, solo Moisés escribió el documento y\, «madrugó y preparó un altar hecho de doce estelas»\, una por cada tribu\, de manera que el altar\, como tal\, se refiere al Señor por su aspecto cultual\, pero también hace referencia al pueblo por sus elementos. Antes de la institución del sacerdocio\, cualquier varón israelita podía ofrecer los sacrificios de forma legítima. El término hebreo «muchacho» (נַעַר) puede referirse a un lactante (cf. Exo 2\,6)\, a un adolescente (cf. Gen 37\,2)\, o a adultos jóvenes (cf. 1Sam 30\,17). Los «jóvenes» que ofrecieron los holocaustos parecen ser adolescentes. Sin embargo\, podría ser una sugerencia velada de adultos jóvenes\, quizá teniendo en cuenta que esta tarea de la inmolación de la víctima\, según el profeta\, era propia de los levitas «al servicio de la gente» (cf. Eze 44\,11). En todo caso\, esto implica mutuamente al Señor y al pueblo: el pueblo resume la razón de su existencia en el hecho de ser pueblo del Señor; el Señor se revela por su pueblo\, que le rinde culto con su libertad\, con su vida y con su convivencia.\nLa sangre de los animales ofrecidos en holocausto\, repartida en mitades\, la utilizó Moisés para asperjar el altar y luego –tras la lectura del documento y su aceptación por parte del pueblo–\, asperjar también al pueblo. Este gesto se interpreta así: la misma vida (la mitad de la sangre) une a Señor (altar de culto\, rociado) con su pueblo (rociado con la otra mitad de la sangre). Entre la aspersión del altar y la del pueblo con la sangre\, se dio la lectura del documento del pacto y el consentimiento del pueblo. Esto tiene la función de subrayar la libertad con la que el pueblo se comprometió con el Señor a ser el pueblo de su propiedad personal. Es como un matrimonio\, y los contrayentes quedan unidos por algo más profundo que el vínculo de afinidad\, ya que entre el Señor y el pueblo se da como un vínculo de consanguinidad: comparten la misma vida.\nLa fórmula del pacto es solemne. El pacto de sangre compromete las vidas. La sangre del pacto sirve de memorial del mismo. La reiteración de que esa alianza se ha pactado «de acuerdo con estas palabras» alude una vez más al documento que debía ser releído para no olvidar el pacto.\nQue la alianza se pacte con «sangre» significa que se trata de un pacto que compromete la fuerza vital de ambas partes. Como sede de la vida (cf. Lev 17\,11; Deu 12\,23)\, la sangre es un don del Señor para hacer expiación\, es decir\, para borrar el pecado\, que es muerte. Cuando el Señor hizo pacto con Abraham y le prometió la tierra y la descendencia\, solo él empeñó su vida (cf. Gen 15\,17-18); él se comprometió a ser el Dios del patriarca y su descendencia (cf. Gen 17\,7). La circuncisión no era propiamente un compromiso de Abraham y sus descendientes\, sino «signo de la alianza entre Dios y ellos»\, signo que aseguraba la fidelidad de Dios a su promesa.\nQue la sangre sea distribuida en partes iguales implica que cada uno de los pactantes empeña su vida entera (toda su sangre). En este momento se advierte la reciprocidad del pueblo\, que ahora –por haber sido liberado– está en capacidad de asumir una responsabilidad como pueblo delante del Señor (cf. Exo 19\,8; 24\,3.7). Esto no se había dado hasta ahora. La alianza parte de un hecho singular: Dios pone al pueblo en condiciones de pactar con él al precio de la propia vida; y esto\, más que generosidad afirma la libertad. La alianza lo hace un pueblo soberano.\nQue esa sangre defina el pacto («sangre de la alianza») implica\, además\, el valor permanentemente liberador del mismo por designio divino. En tiempos posteriores\, el profeta invocará esa sangre para afirmar que\, por ella\, el Señor liberará a su pueblo del calabozo (cf. Zac 9\,11). Se entiende que los dos ejes de la promesa\, objeto de la alianza\, sean la libertad («tierra»: la autonomía) y la vida («sangre»: la descendencia). En definitiva\, la «sangre de la alianza» es liberadora y salvadora\, como lo fue la sangre del cordero pascual (cf. Exo 12\,7.13).\n\nEn la celebración de la eucaristía hacemos memoria de esa fórmula de alianza con las palabras que se pronuncian sobre el cáliz. Ahora la sangre-memorial no es un «testimonio en contra»\, sino un «testimonio a favor»\, como oferta de vida (el Espíritu Santo) para el perdón de los pecados. Y la sangre de esa alianza es la de Jesús\, en un pacto de amor semejante al suyo. Por esta alianza somos «consanguíneos» de Jesús y\, por tanto\, de Dios. Esta comunión de vida se da por acción del Espíritu Santo\, que es la vida interior («sangre») del Hijo del Hombre. Por eso somos «hijos» y no súbditos ni esclavos.\nFeliz sábado en compañía de María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:XVII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Génesis (18\,20-32): \nEN aquellos días\, el Señor dijo:\n«El clamor contra Sodoma y Gomorra es fuerte y su pecado es grave: voy a bajar\, a ver si realmente sus acciones responden a la queja llegada a mí; y si no\, lo sabré».\nLos hombres se volvieron de allí y se dirigieron a Sodoma\, mientras Abrahán seguía en pie ante el Señor.\nAbrahán se acercó y le dijo:\n«¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad\, ¿los destruirás y no perdonarás el lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti tal cosa!\, matar al inocente con el culpable\, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de toda la tierra\, ¿no hará justicia?».\nEl Señor contestó:\n«Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes\, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos».\nAbrahán respondió:\n«Me he atrevido a hablar a mi Señor\, yo que soy polvo y ceniza! Y si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes\, ¿destruirás\, por cinco\, toda la ciudad?».\nRespondió el Señor:\n«No la destruiré\, si es que encuentro allí cuarenta y cinco».\nAbrahán insistió:\n«Quizá no se encuentren más que cuarenta».\nÉl dijo:\n«En atención a los cuarenta\, no lo haré».\nAbrahán siguió hablando:\n«Que no se enfade mi Señor si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?».\nÉl contestó:\n«No lo haré\, si encuentro allí treinta».\nInsistió Abrahán:\n«Ya que me he atrevido a hablar a mi Señor\, ¿y si se encuentran allí veinte?».\nRespondió el Señor:\n«En atención a los veinte\, no la destruiré».\nAbrahán continuó:\n«Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más: ¿Y si se encuentran diez?».\nContestó el Señor:\n«En atención a los diez\, no la destruiré». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 137\,1-2a.2bc-3.6-7ab.7c-8 \nR/. Cuando te invoqué\, me escuchaste\, Señor. \nV/. Te doy gracias\, Señor\, de todo corazón\,\nporque escuchaste las palabras de mi boca;\ndelante de los ángeles tañeré para ti;\nme postraré hacia tu santuario. R/. \nV/. Daré gracias a tu nombre:\npor tu misericordia y tu lealtad\,\nporque tu promesa supera tu fama.\nCuando te invoqué\, me escuchaste\,\nacreciste el valor en mi alma. R/. \nV/. El Señor es sublime\, se fija en el humilde\,\ny de lejos conoce al soberbio.\nCuando camino entre peligros\, me conservas la vida;\nextiendes tu mano contra la ira de mi enemigo. R/. \nV/. Tu derecha me salva.\nEl Señor completará sus favores conmigo.\nSeñor\, tu misericordia es eterna\,\nno abandones la obra de tus manos. R/. \n\n\nSegunda lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (2\,12-14): \nHermanos:\nPor el bautismo fuisteis sepultados con Cristo y habéis resucitado con él\, por la fe en la fuerza de Dios que lo resucitó de los muertos.\nY a vosotros\, que estabais muertos por vuestros pecados y la incircuncisión de vuestra carne\, os vivificó con él.\nCanceló la nota de cargo que nos condenaba con sus cláusulas contrarias a nosotros; la quitó de en medio\, clavándola en la cruz. \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Lucas (11\,1-13): \nUNA vez que estaba Jesús orando en cierto lugar\, cuando terminó\, uno de sus discípulos le dijo:\n«Señor\, enséñanos a orar\, como Juan enseñó a sus discípulos».\nÉl les dijo:\n«Cuando oréis\, decid: “Padre\, santificado sea tu nombre\, venga tu reino\, danos cada día nuestro pan cotidiano\, perdónanos nuestros pecados\, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe\, y no nos dejes caer en tentación”».\nY les dijo:\n«Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo\, y viene durante la medianoche y le dice:\n“Amigo\, préstame tres panes\, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”; y\, desde dentro\, aquel le responde:\n“No me molestes; la puerta ya está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”; os digo que\, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo\, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.\nPues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará\, buscad y hallaréis\, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe\, y el que busca halla\, y al que llama se le abre.\n¿Qué padre entre vosotros\, si su hijo le pide un pez\, le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un huevo\, le dará un escorpión?\nSi vosotros\, pues\, que sois malos\, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos\, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nXVII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.\n\nLa oración es una práctica común en todas las religiones. Este dato debe hacernos cautelosos a la hora de referirnos a ella\, ya que cada credo tiene su propio concepto y estilo de oración\, y\, si no se tiene esto en cuenta\, podemos incurrir en confusiones lamentables. La oración que hacen los hombres supersticiosos es más bien un «conjuro»\, como quien da órdenes a la divinidad. La que hacen los hombres religiosos es un hábito ascético\, como quien se ejercita en la práctica de la piedad. La oración cristiana es fruto del Espíritu Santo\, por la experiencia del amor de Dios.\nEl Evangelio de este domingo nos habla de la oración cristiana; no de la oración en general\, sino de la oración propia del seguidor de Jesús.\nEl texto tiene dos partes claramente diferenciables:\n1. La oración del cristiano.\n2. La oración de petición.\n\nLc 11\,1-13.\nAsí como el amor crea identificación entre el cristiano y el Padre por medio del Espíritu a imagen de Jesús\, y esta identificación impulsa al cristiano a darse a sí mismo para darles vida a los demás\, así la oración cristiana une con Jesús y el Padre\, gracias al Espíritu\, y mueve a orar en favor del resto de la humanidad; esta última es la oración de petición.\n1. La oración del cristiano.\nJesús tiene su modo propio de orar. Esta no es la primera vez que el evangelista hace notar que\, cuando Jesús ora\, los discípulos no oran con él. La indicación de un «lugar» indeterminado para situar la oración de Jesús tiene la intención de dar a entender que el «lugar» de oración ya no es el templo de Jerusalén\, sino allí en donde se encuentre Jesús. Esta puede ser una de las razones por las que los discípulos no oren con él\, porque les parece inapropiado el lugar.\nPero esta vez la oposición va más lejos. Nos reporta el evangelista que\, después de que Jesús terminó de orar\, uno de sus discípulos le pidió que los enseñara a orar «como Juan enseñó a sus discípulos». Esta petición implica que Jesús les enseñe a orar al estilo y según el modelo de Juan. Esto significa que ellos no captan la diferencia entre ellos como discípulos de Jesús y los que se llaman a sí mismos «discípulos de Juan»\, entre sus prácticas y las de ellos (cf. Lc 5\,33).\nPero –y este «pero» no lo traen las traducciones–\, Jesús les dijo (a todos): «cuando ustedes oren\, digan…». El cristiano no ora como cualquier orante. Tiene su propio modo de orar. Y este modo es el de Jesús\, no el de algún otro. El padrenuestro es\, ante todo\, una oración-modelo\, un estilo característico y propio del cristiano\, que ora con libertad y guiado por el Espíritu del Señor.\n• Cuando el cristiano ora\, nunca lo hace solo; invoca como su propio Padre al Dios que es Padre de una familia de hijos. Llamarlo «Padre» es reconocerlo como íntimo y cercano\, distinto de los déspotas y tiranos que dominan el mundo\, y también de los «padres» terrenos\, antepasados que ejercían control sobre las personas y los bienes de la familia.\n• Lo primero que pide es que el Padre sea conocido como tal\, no simplemente como Dios. Esta petición supone la propia disposición a cumplirla. Es decir\, el hijo se compromete a hacer que este Padre sea reconocido como fuente de vida plena\, libre y feliz\, y que sea aceptado como el modelo de vida y convivencia; este compromiso lo cumple con su testimonio de hijo. Además\, se compromete a que el reinado del Padre se extienda a toda la humanidad. Este reinado se hace efectivo a través del amor que da vida –el Espíritu Santo–\, y el hijo que ora se compromete con su propia decisión de amar a extender ese reinado comunicando el mismo Espíritu.\n• En segundo lugar\, pide que la comunidad cristiana sea\, desde ahora\, testimonio del reino futuro. El «pan del mañana» es el banquete del reino definitivo\, en donde disfrutaremos la vida\, la alegría\, la amistad y la plenitud. La comunidad se pone a disposición del Padre para ser en este mundo un espacio donde vivir el mundo futuro\, un espacio en el que los seres humanos encuentren un oasis de esperanza y libertad\, fraternidad y paz. Y\, para lograr a cabalidad este objetivo\, pide que el Padre\, con el mensaje de Jesús y el don del Espíritu\, la capacite para demostrarle al mundo la eficacia liberadora de su amor mediante el perdón y la victoria sobre la injusticia. La comunidad se reconoce pecadora ante Dios y con una deuda de amor ante todo ser humano. Por eso pide al Padre que la libre de ceder a los engaños del tentador que se opone a su designio.\n2. La oración de petición.\nA continuación\, Jesús explica que\, igualmente cuando pide\, el cristiano ora diferente\, porque lo hace a partir de una confianza que le da seguridad. Si pide\, lo hace con la certeza de recibir; si busca\, tiene la seguridad de encontrar; si llama\, sabe que le van a abrir. No pide angustiado por la duda. Insiste\, pero no para convencer a Dios\, sino para fortalecer su confianza de que pide lo que debe pedir. Esa oración tiene dos referentes claros: la convivencia y la vida\, en ese orden.\n• Cuando pide por la convivencia\, el cristiano sabe que se dirige al Dios amigo\, que sabe lo que es la amistad\, que valora la acogida y la hospitalidad\, y que siempre está dispuesto a servir\, incluso si ese servicio implica incomodarse. La convivencia humana a veces puede parecer imposible o\, por lo menos\, muy difícil; el Padre le ayudará a superar el desaliento y a hacerla posible.\n• Cuando pide por su vida\, el cristiano sabe que se dirige al Dios Padre que conoce bien lo que aprovecha y lo que daña la vida humana\, lo que la nutre y lo que la envenena\, y que está dispuesto a dar lo mejor de sí\, su propio Espíritu\, que nos comunica vida eterna. El Padre potencia a cada uno para que crezca hasta su estatura adulta infundiéndole el Espíritu de su Hijo.\n\nLa oración cristiana es búsqueda de sintonía con el Padre estimulados por el testimonio de Jesús e impulsados por la comunión de amor que genera el Espíritu Santo. El cristiano ora urgido por el amor\, no por la necesidad; busca realizar el designio del Padre y lograr que todos los hombres participen de su dicha de ser hijo de Dios; y\, cuando pide\, lo hace para secundar el propósito de Dios\, que quiere que la convivencia humana sea fraterna y que cada ser humano tenga la mejor calidad de vida posible\, la que le da su Espíritu Santo\, para que sea verdaderamente hijo suyo.\nEl supremo don del Espíritu nos hace comprender que Dios es realmente Padre\, no paternalista; que la eficacia de la oración no consiste en que Dios nos haga las cosas\, sino en que nos hace sus hijos\, nos hace como él\, para que nosotros actuemos como él. No nos da soluciones hechas\, nos capacita para que nosotros demos soluciones sabias. Nuestra oración de petición no es una lista de deseos; es la búsqueda del don del Espíritu Santo para hacer más humanas tanto nuestra convivencia social como nuestra vida personal\, y para que sean conformes con el designio divino.\nLas comunidades que celebran la eucaristía el domingo están llamadas a adelantar en su asamblea eucarística el banquete del reino futuro\, y a manifestar en ella la alegría la libertad y la fraternidad.\n¡Feliz día del Señor!
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SUMMARY:Lunes de la XVII del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la primera carta del apóstol san Juan (4\,7-16): \nQueridos hermanos\, amémonos unos a otros\, ya que el amor es de Dios\, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios\, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único\, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios\, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados. Queridos\, si Dios nos amó de esta manera\, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros\, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él\, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios\, Dios permanece en él\, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor\, y quien permanece en el amor permanece en Dios\, y Dios en él. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 33 \nR/. Bendigo al Señor en todo momento \nBendigo al Señor en todo momento\,\nsu alabanza está siempre en mi boca;\nmi alma se gloría en el Señor:\nque los humildes lo escuchen y se alegren. R/. \nProclamad conmigo la grandeza del Señor\,\nensalcemos juntos su nombre.\nYo consulté al Señor\, y me respondió\,\nme libró de todas mis ansias. R/. \nContempladlo\, y quedaréis radiantes\,\nvuestro rostro no se avergonzará.\nSi el afligido invoca al Señor\, él lo escucha\ny lo salva de sus angustias. R/. \nEl ángel del Señor acampa\nen torno a sus fieles y los protege.\nGustad y ved qué bueno es el Señor\,\ndichoso el que se acoge a él. R/. \nTodos sus santos\, temed al Señor\,\nporque nada les falta a los que le temen;\nlos ricos empobrecen y pasan hambre\,\nlos que buscan al Señor no carecen de nada. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Juan (11\,19-27): \nEn aquel tiempo\, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María\, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús\, salió a su encuentro\, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor\, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios\, Dios te lo concederá.»\nJesús le dijo: «Tu hermano resucitará.»\nMarta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.»\nJesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí\, aunque haya muerto\, vivirá; y el que está vivo y cree en mí\, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»\nElla le contestó: «Sí\, Señor: yo creo que tú eres el Mesías\, el Hijo de Dios\, el que tenía que venir al mundo.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nLunes de la XVII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nDespués de la «alianza de sangre» entre el Señor y el pueblo a través de Moisés\, saltamos siete capítulos\, cuyo contenido prepara la narración de hoy. Esos siete capítulos se refieren al culto\, pero de un modo tan detallado que es evidente que se trata de una retroproyección del culto que más tarde tendrá lugar en el templo de Jerusalén. Si se vincula con el desierto\, es con la finalidad de darle legitimidad a las manifestaciones posteriores del culto como expresión de relación con Dios basada en la alianza. El ser humano se mueve así entre dos mundos\, el sacro y el profano\, y pasa del uno al otro ateniéndose a unos requisitos establecidos por la divinidad. En el fondo\, se trata de mantener el respeto hacia el Señor que los sacó de Egipto\, que es único.\n\nExo 32\,15-24.30-34.\nMoisés se había quedado en el monte recibiendo instrucciones de parte de Dios durante cuarenta días (cf. Ex 24\,15-18). El relato generaliza («Viendo el pueblo…») lo que probablemente es una iniciativa de un grupo que no comulgó con el segundo precepto del decálogo\, que prohibía hacer representaciones del Señor (cf. Ex 20\,4)\, y propuso representárselo para que esa representación guiara su marcha. El becerro\, que es símbolo de fuerza y fecundidad\, sería como su pedestal\, y reemplazaría el arca de la alianza. Aarón terminó siendo el determinador y organizador del hecho\, «el pueblo» apoyó su financiación\, y todos lo celebraron. Pero el Señor le advirtió a Moisés que se había consumado una idolatría y declaró que su ira iba a destruir el pueblo y a crear uno nuevo a partir de Moisés. Este intercedió por el pueblo y la «ira» cesó (cf. Exo 32\,1-14\, omitido). Esta «ira» se entiende de dos maneras: o la reprobación de Dios\, o las consecuencias del extravío. En este caso\, se trata de que el Señor impidió la repercusión negativa del hecho\, es decir\, que dicha idolatría destruyera su pueblo.\nLa lectura que hoy se nos propone contiene:\n1. Descenso de Moisés del monte con las losas de la Ley escritas por Dios (אֱלֹהִים) y su encuentro con el pueblo que se ha «hecho» un dios (אֱלֹהִים/ אֱלֹהַּ) para postrarse ante él. Josué\, ayudante de Moisés\, confundió el griterío con tumulto de guerra\, pero Moisés precisó que eran cantos. Y\, al verificar su apreciación\, rompió las losas (signo de la ruptura de la alianza) y quemó y trituró el becerro hasta pulverizarlo\, lo echó en agua y se los dio de beber a los culpables. En Israel había una especie de sondeo de culpabilidad aplicada a la esposa de un marido que no tuviera pruebas de que ella le era infiel\, y que consistía en hacerla beber ceniza del suelo del santuario mezclada en agua: si la mezcla le hacía daño\, era culpable; si no\, era inocente (cf. Num 5\,11-31). Se llamaba «ley de los celos». En la edad media\, se llamó «ordalía»\, y así se conoce hoy. Aquí no se trata de ese sondeo judicial\, porque no hay duda alguna sobre la culpabilidad del pueblo.\nMoisés interrogó a su hermano Aarón\, quien se excusó alegando la perversidad del pueblo. Hay que notar el contraste entre lo que se dijo antes\, donde Aarón desempeña un papel activo tanto en la fabricación del becerro como en su declaración de que ese becerro representaba al Señor (cf. 32\,4); ahora\, Aarón afirma que lo único que hizo fue solicitar el oro y echarlo al fuego\, y que el becerro «salió» (por sí mismo\, o prodigiosamente) del fuego.\n2. Opción por el Señor (יהוה) y pena capital contra 3.000 por mano de los hijos de Leví. Moisés convocó a los leales al Señor\, y respondieron todos los levitas\, a los cuales facultó para ejecutar a espada a los culpables. El narrador calcula el número de ejecutados «como 3.000» (o tres «clanes» o «familias»: אַלְפֵי\, como en 12\,37). Su significado puede ser que estos fueron declarados «muertos» (excluidos) para el pueblo\, teniendo en cuenta que antes se había establecido un cierto paralelo entre ser «reo de muerte» y ser «excluido del pueblo» (Exo 31\,14) a causa de la violación del precepto sabático. El relato tiene la función de excluir a los levitas de complicidad con dicha idolatría y justificar su posterior posición privilegiada en el culto (cf. Exo 32\,25-29\, omitido).\n3. Intercesión de Moisés a favor del pueblo pecador. La conciencia de pecado era clara\, como lo era también la de su gravedad. Moisés consideró necesario pedir el perdón del Señor\, y se ofreció él mismo a «subir» hasta el Señor para impetrarlo\, esperando obtenerlo. Cuando el relato habla de que Moisés subió de nuevo al monte a interceder por el pueblo\, queda la impresión de que el exterminio atrás mencionado no se hubiera dado. La confesión de culpa que hizo Moisés indica el reconocimiento de la perversidad que cometió el pueblo «haciéndose dioses de oro». El plural («dioses») implica una retroproyección de los futuros pecados de idolatría.\nMoisés se solidarizó con el pueblo pecador para interceder por él. Su petición de ser «borrado» del «libro» (o registro) del Señor alude a las listas que se hacían después de los censos\, y que de él es borrado el que debe morir (cf. Sal 69\,29). El Señor respondió a la súplica de Moisés con un principio de responsabilidad personal\, asegurándole que solo el que hubiera pecado era el que\, a su hora\, rendiría cuentas y sería borrado del libro. Pero el Señor ya no se refiere al pueblo como «mi pueblo»\, sino «tu pueblo». La intercesión de Moisés fue aceptada al precio de hacer efectiva su solidaridad con el pueblo. No obstante\, el ángel del Señor seguirá guiando la marcha\, pero la sanción por el pecado queda pendiente. De hecho\, en el v. 35 se informa que «el Señor castigó al pueblo por venerar el becerro que había hecho Aarón».\n\nResulta irónico «hacer» un dios (hechura de manos humanas)\, es muy sarcástico que justamente sea Aarón (representante del culto) quien «hace» ese dios\, y es patético el espectáculo del pueblo que se desprende fácilmente de su oro para que le hagan un «dios» a su antojo. También hay que reparar en el hecho de que Moisés les haga beber el ídolo pulverizado. A la hora de la verdad\, el becerro es nada\, no puede salvarse de la ira de Moisés; mucho menos podía salvar al pueblo.\nDe los tres «castigos» que menciona el relato (cf. 32\,20.28.35)\, el leccionario prefiere el atribuido a Moisés. Pero\, si tiene en cuenta la prohibición de la idolatría contenida en el decálogo\, allí se anuncia este «castigo» hasta la tercera generación después de cometido el pecado (cf. Exo 20\,5). El «castigo» consiste en las consecuencias del culto a los ídolos rivales del Señor (יהוה).\nEl perdón del cual aquí se habla consiste en que no se da el exterminio total del pueblo. Pero es importante señalar que la idolatría surge de dos hechos:\n1. Separar el culto de «las palabras del Señor» (el decálogo).\n2. Dar prioridad al culto sobre la alianza (rito sin fidelidad).\nSe puede dar la idolatría sin necesidad de cambiarle el nombre a Dios. Basta con darle un nuevo contenido. Se puede invocar al Dios liberador dándole culto al ídolo opresor. Y para estos ídolos parece haber más disponibilidad de recursos económicos que para ser fiel en la relación con el Dios liberador. El Padre Dios guarda a su pueblo de esa solapada idolatría cuando pronuncia su palabra en el don de su Hijo amado y cuando\, en el sacramento de la eucaristía\, une el culto con la palabra por medio del «sacrificio» del Hijo\, su entrega de amor por todos.\nFeliz lunes.\n\n\n29 de julio.\nMemoria de Santa Marta.\n\nLlama la atención que la liturgia celebre la memoria de santa Marta\, y no celebre la de su hermana María ni la de su hermano Lázaro. Hay que anotar que la liturgia no hace memoria de cada uno de los santos\, por eso existe un día en que se conmemoran todos juntos. La impresión que queda es que propone la memoria sobre todo de aquellos que en su vida tuvieron que realizar un notable proceso de conversión. Esto anima a los discípulos de todos los tiempos para hacer su propio proceso «animados por su presencia alentadora» (Prefacio de los santos I).\n\n1. Primera lectura (1Jn 4\,7-16).\nLa «santidad» del cristiano consiste en su «consagración» a Dios. Jesús\, el Consagrado\, confiere a sus discípulos su propia unción\, que les permite tener conocimiento directo del Padre (cf. 1Jn 2\,20.24). Esta santidad es dinámica (cf. 1Jn 3\,2)\, y se va desarrollando al ritmo del seguimiento de Jesús\, a impulsos del Espíritu Santo (cf. 1Jn 3\,24).\nEl «conocimiento» de Dios no es teórico\, sino vital; solo el que ama es «hijo» y «conocedor» de Dios. Dios se ha manifestado como amor porque se da a sí mismo dando vida (salva)\, es decir\, comunicando su Espíritu\, y purificando del pecado (libera)\, es decir\, devolviéndole al hombre el señorío de sí mismo. Y ese amor es libre norma de conducta para el cristiano. Así constata que la vida cristiana es «santa»\, porque está animada por el Espíritu Santo y santificador. De allí brota el testimonio de vida nueva que da el cristiano: él habla de su experiencia («conocimiento»)\, no simplemente de su ciencia («saber»). Y allí radica la seguridad que tiene el cristiano de estar unido a Dios\, porque ama como él.\nEse conocimiento se basa en la fe («…le hemos dado fe y conocemos el amor…»)\, es decir\, la fe compromete en un estilo de vida\, el seguimiento de Jesús\, y ese compromiso lleva a conocer por experiencia la realidad de su amor. No es que la fe resulte del conocimiento\, sino a lo inverso\, la fe –como experiencia de vida– conduce al conocimiento vivo del amor de Dios manifestado en Jesús. Sin el seguimiento de la «fe» no hay «conocimiento» (experiencia) del amor.\n\n2. Evangelio (Jn 11\,19-27).\nBetania\, la comunidad de los amigos de Jesús\, aparece aquí «cerca a Jerusalén» (Jn 11\,18)\, indicio de que esta vez –en el acontecimiento de la muerte de Lázaro– a pesar de ser amigos de Jesús\, están más cerca del judaísmo que de Jesús.\nY los judíos solo van a manifestarles su pesadumbre\, no llevan esperanza. Por eso\, Marta tiene que salir de la casa para ir al encuentro de Jesús. Sus palabras para él son de reproche\, porque considera que él pudo impedir la muerte de su hermano\, pero ella dice saber que Dios lo escucha y le dará lo que él le pida\, quizá esperando algo al estilo de los hechos de Eliseo (cf. 2Ry 4\,8ss): una revivificación. Jesús le dice que su hermano resucitará\, mucho mejor que lo que ella le pide. Pero\, como están tan «cerca de Jerusalén»\, Marta entiende la resurrección al estilo fariseo\, y usa la expresión «el último día» en el sentido que le atribuían ellos (fin del mundo; en tanto que\, para Jesús\, denota el día de su muerte). Aparentemente\, se están entendiendo\, pero Jesús advierte que Marta habla de un saber que es información y no experiencia. Las cosas que ella dice saber vienen de la enseñanza farisea. Por eso\, en su saber se delata cierta decepción.\nJesús\, enfrenta ese saber doctrinal con su propia persona. Por ser él «la vida»\, ya que posee en plenitud el Espíritu\, es también «la resurrección»\, ya que esa plenitud de vida supera para siempre la muerte. Él no retrasa el morir\, sino que perpetúa el vivir. Por eso\, no es una realidad futura\, sino presente. E invita a Marta a pasar del «saber» conceptual a «creer» en su persona. Le asegura que quien le da su adhesión de fe jamás morirá. Y ella da el salto de su saber a la fe. Manifiesta creer «firmemente» en Jesús como Mesías e Hijo de Dios\, con lo cual se deslinda de la visión de Mesías que transmitían los fariseos. Y en eso consiste su conversión.\n\n2. Evangelio (Lc 10\,38-42).\nMarta y María (no hay mención de Lázaro) aparecen en este relato como dos estilos de discípulo de Jesús. En tanto que Marta (מָרְתָא\, Μάρθα) –nombre de origen arameo\, que significa «señora»– aparece como la propietaria de la casa\, María (מִרְיָם\, Μαρία) –nombre de origen probablemente egipcio\, con el significado de «exaltada»– aparece en relación con Marta («tenía una hermana que se llamaba María»). Estos dos personajes aparecen de modo diferente en el evangelio de Juan.\nComo «dueña» de la situación\, Marta se afanaba por atender al huésped de la mejor manera que sabía\, según las heredadas costumbres de hospitalidad. María\, en cambio\, adoptó una postura de mucho significado: sentarse «a los pies» del Señor a escuchar sus palabras. Es decir\, asumió una clara actitud de discípula (cf. Lc 8\,35; Hch 22\,3). Marta le reclamó a Jesús que se uniera a ella y le reprochase a María su descuido de las normas de hospitalidad. Pero Jesús le reprochó a Marta su preocupación y su dispersión\, dos actitudes que impiden la escucha del mensaje (cf. Lc 8\,14: «las preocupaciones»). En definitiva\, Jesús avaló la actitud de María como «la parte mejor\, y esa no se le quitará». Es decir\, el mensaje de Jesús\, que invita a buscar ante todo el reinado de Dios\, garantiza lo demás (cf. Lc 12\,31)\, en tanto que «las preocupaciones\, las riquezas y los placeres de la vida» (cf. Lc 8\,14) van asfixiando el mensaje en la marcha de los discípulos\, casi sin que ellos se den cuenta («mientras caminan»)\, y los llevan al fracaso como tales («no llegan a madurar»). Sin la escucha del mensaje\, el servicio sin amor se vuelve una carga agobiante\, y el seguimiento sin libertad de elección deriva en cumplimiento de esclavos (cf. Lc 17\,10).\nMaría representa a los discípulos que acogen al Señor escuchándolo; Marta\, a los que pretenden acogerlo con normas y costumbres. Aquí se aprecia el contraste entre «las obras de la Ley» y la fe como adhesión personal. Jesús exhorta a Marta a pasar de la Ley a la fe.\n\nLa fe es la confianza absoluta en un ser humano\, Jesús\, que compromete en la prolongación de su obra y en la fidelidad a su mensaje. Para creer en Jesús no hay que renunciar a la condición humana\, hay que llevarla al máximo de todas sus posibilidades; es decir\, hay que creer en el ser humano que es uno mismo. Jesús no se presenta como superhombre; él es «el Hijo del Hombre»\, la cumbre de la realidad humana\, la máxima expresión de lo que significa ser humano. Nada es más ajeno a la fe que la mediocridad. Y en la experiencia de la fe\, el creyente se encuentra con la realidad de Dios\, no al modo de un saber intelectual\, sino al de un conocimiento experimental.\nLa eucaristía es «comer y beber»\, o sea\, interiorizar una experiencia cotidiana en la cual el creyente se trasciende para ir tras Jesús y ser como él. Marta lo captó y lo vivió\, y por eso la recordamos.\nFeliz conmemoración.
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SUMMARY:Martes de la XVII semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Éxodo (33\,7-11;34\,5b-9.28): \nEn aquellos días\, Moisés levantó la tienda de Dios y la plantó fuera\, a distancia del campamento\, y la llamó «tienda del encuentro». El que tenia que visitar al Señor salía fuera del campamento y se dirigía a la tienda del encuentro. Cuando Moisés salía en dirección a la tienda\, todo el pueblo se levantaba y esperaba a la entrada de sus tiendas\, mirando a Moisés hasta que éste entraba en la tienda; en cuanto él entraba\, la columna de nube bajaba y se quedaba a la entrada de la tienda\, mientras él hablaba con el Señor\, y el Señor hablaba con Moisés. Cuando el pueblo vela la columna de nube a la puerta de la tienda\, se levantaba y se prosternaba\, cada uno a la entrada de su tienda. El Señor hablaba con Moisés cara a cara\, como habla un hombre con un amigo. Después él volvia al campamento\, mientras Josué\, hijo de Nun\, su joven ayudante\, no se apartaba de la tienda. Y Moisés pronunció el nombre del Señor.\nEl Señor pasó ante él\, proclamando: «Señor\, Señor\, Dios compasivo y misericordioso\, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad. Misericordioso hasta la milésima generación\, que perdona culpa\, delito y pecado\, pero no deja impune y castiga la culpa de los padres en los hijos y nietos\, hasta la tercera y cuarta generación.»\nMoisés\, al momento\, se inclinó y se echó por tierra.\nY le dijo: «Si he obtenido tu favor\, que mi Señor vaya con nosotros\, aunque ése es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya.»\nMoisés estuvo allí con el Señor cuarenta días con sus cuarenta noches: no comió pan ni bebió agua; y escribió en las tablas las cláusulas del pacto\, los diez mandamientos. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 102\,6-7.8-9.10-11.12-13 \nR/. El Señor es compasivo y misericordioso \nEl Señor hace justicia\ny defiende a todos los oprimidos;\nenseñó sus caminos a Moisés\ny sus hazañas a los hijos de Israel. R/. \nEl Señor es compasivo y misericordioso\,\nlento a la ira y rico en clemencia;\nno está siempre acusando\nni guarda rencor perpetuo. R/. \nNo nos trata como merecen nuestros pecados\nni nos paga según nuestras culpas.\nComo se levanta el cielo sobre la tierra\,\nse levanta su bondad sobre sus fieles. R/. \nComo dista el oriente del ocaso\,\nasí aleja de nosotros nuestros delitos.\nComo un padre siente ternura por sus hijos\,\nsiente el Señor ternura por sus fieles. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (13\,36-43): \nEn aquel tiempo\, Jesús dejó a la gente y se fue a casa.\nLos discípulos se le acercaron a decirle: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»\nÉl les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo\, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema\, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles\, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos\, que oiga.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMartes de la XVII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nEl capítulo 33 comienza con una orden y una confusa y severa admonición: abandonar el monte en donde él pactó alianza con ellos\, pero sin contar con su presencia en medio del pueblo\, dada la testarudez que este ha manifestado. El pueblo\, en señal de duelo\, primero dejó de ponerse sus joyas\, y después se desprendió de ellas Así partió del Monte Horeb (vv. 1-6\, omitidos).\nMoisés buscó una solución a esta situación\, y ese el objetivo del relato a continuación. Pero esta solución marcará también la diferencia entre la relación del Señor con Moisés y la que sostendrá con el resto del pueblo. No obstante\, Moisés continúa siendo mediador entre el Señor e Israel\, e intercediendo ante el Señor a favor del pueblo.\n\nExo 33\,7-11; 34\,5b-9.28.\nEl texto consta de dos relatos: el primero se refiere a la tienda del encuentro\, y el segundo a la manifestación de la gloria del Señor a Moisés.\n1. La tienda del encuentro.\nEl Señor manifestó su propósito de no acompañar al pueblo para protegerlo de sí mismo. Dada la testarudez del pueblo\, que contrasta con la santidad del Señor\, su presencia en medio de dicho pueblo sería un continuo juicio de reprobación contra él\, lo cual significaría tanto como aniquilar el pueblo\, es decir\, borrarlo del registro de los vivos. Pero Moisés insistía en que la presencia del Señor era necesaria\, y buscó una solución para esa situación.\nComo signo del acompañamiento del Señor\, «Moisés levantó la tienda de Dios»; pero\, dado que el Señor se rehusaba a ir en medio del pueblo\, porque su testarudez llevaba al pueblo a faltarle el debido respeto al Señor\, Moisés «la plantó fuera\, a distancia del campamento». Esta tienda es precursora del futuro templo\, y recibe el nombre de «tienda del encuentro». Cualquiera podía ir a consultar al Señor\, pero para hacerlo debía salir del campamento. Cuando Moisés lo hacía\, los israelitas mostraban profundo respeto y guardaban la debida distancia\, dado que este encuentro era diferente: «la columna de nube bajaba y se quedaba a la entrada de la tienda» mientras tanto\, y el Señor y Moisés hablaban «cara a cara\, como un hombre con un amigo». Josué\, hijo de Nun\, ayudante de Moisés\, permanecía dentro de la tienda.\nEsta tienda no coincide con la descripción que anteriormente se dio del «tabernáculo» ni con su función (cf. Exo 25–26). En efecto\, debía de ser sencilla y pequeña (la levantó Moisés solo)\, no era para funciones litúrgicas comunitarias\, sino para Moisés consultar al Señor (cf. Num 10\,4-8). La noticia de que «el Señor hablaba con Moisés cara a cara» contrasta con la creencia de que ver cara a cara al Señor implicaba morir (cf. Exo 32\,20)\, y pretende ponderar la calidad de la relación entre el Señor y Moisés\, así como mostrar que la revelación hecha a él era del todo singular.\nComo contenido explícito de la conversación\, aparece enseguida la súplica de Moisés para que el Señor lo acompañe a él y al pueblo\, como manifestación de su favor\, y como distintivo ante todos los pueblos de la tierra. El Señor accede (vv. 12-17\, omitidos). Moisés hace otra petición: que el Señor le muestre su gloria. El Señor también accede\, pero parcialmente: Moisés quisiera ver el «rostro» de Dios\, pero solo verá su espalda\, porque se trata de seguirlo (vv. 18-23\, omitido).\n2. La gloria del Señor.\nAntes de revelarle su gloria\, el Señor renueva la alianza: Moisés deberá labrar dos losas como las primeras\, y el Señor escribirá en ellas las mismas palabras (דְבָרים) que estaban en las primeras. Y nadie más deberá ser testigo de esto. Esta exclusión de testigos afecta ante todo a Aarón\, quien había sido cómplice de la primera ruptura de la alianza\, pero su generalización da a entender la culpa de todo el pueblo\, culpa que alcanza incluso a sus semovientes\, como si diera a entender que todo lo que se relacionara con ellos había quedado afectado por el gravísimo delito cometido. Moisés\, por su parte\, procuró que todo fuera como la primera vez\, incluso en los más mínimos detalles. Esto implica el propósito de renovar la alianza (34\,1-5a\, omitido).\nEl Señor salió al encuentro de Moisés («bajó de la nube y se quedó con él allí»)\, lo que sugiere el trato prolongado e íntimo\, trato expresado por el hecho de que «pronunció el nombre del Señor». En la frase hebrea no se explicita el sujeto del verbo «pronunciar». Podría ser el Señor mismo\, o podría ser Moisés. La ambigüedad\, tal vez pretendida\, puede interpretarse en el sentido de que el Señor se reveló y que Moisés se apropió de dicha revelación. En el versículo siguiente aparece explícitamente que el Señor proclama sus atributos.\nMoisés invocó al Señor y el Señor pasó proclamando su nombre y sus atributos divinos: «Dios compasivo (רֵחוּם) y clemente (חַנּוּן)\, paciente (אֶרֶךְ אַפַּיִם)\, misericordioso (רֵב חֶסֶד) y fiel (רֵב אֱמֶת)» (cf. Sl 86\,15; 145\,8). En definitiva\, el Dios que necesita ese pueblo testarudo. Él es el Señor por ser bondadoso y estar siempre dispuesto al perdón\, aunque no es cómplice de la injusticia\, y por eso «castiga» la culpa hasta la cuarta generación. Esto equivale a decir que el Señor perdona\, pero no es cómplice del mal\, por eso no evita las consecuencias de la injusticia a quienes la cometen y a quienes la padecen. Moisés se solidarizó una vez más con ese pueblo testarudo\, y le pidió al Señor que fuera con el pueblo\, que lo perdonara y que lo tomara como el pueblo de su heredad.\nLa estancia de Moisés en presencia del Señor se prolonga cuarenta días con sus noches –período de tiempo en el que se mantiene una situación determinada–\, equivalentes a la duración (en años) de una generación\, y muy en particular a la duración del éxodo. Moisés se mantiene fiel al Señor (cf. Ex 24\,18)\, aunque el pueblo sea testarudo (cf. Ex 32\,1).\n\nEsa drástica afirmación de la santidad del Señor\, según la cual él no puede andar en medio de un pueblo obstinado en el mal porque se vería obligado a aniquilarlo\, es un recurso del narrador que quiere que el pueblo tome conciencia de que no puede pensar ni decir que tiene al Señor como Dios si\, al mismo tiempo\, camina en la injusticia. El hecho de que el Señor se revele como «Dios compasivo y clemente\, paciente\, misericordioso y fiel» muestra que esa amenaza es eso\, el recurso literario del autor para mostrar la incompatibilidad de ese Dios con cualquier conducta contraria a su ser.\nCon mayor razón\, los discípulos de Jesús\, después de conocer al Padre por experiencia del don del Espíritu\, no pueden permitirse ni cohonestar conductas contrarias a ese amor. El evangelista señala que no basta con llamar a Jesús «Señor\, Señor» (Mt 7\,22; Lc 6\,46; cf. Exo 34\,6) si falta el compromiso por realizar el designio del Padre\, o sea\, poner en práctica el mensaje del Señor. Un pueblo santo se compromete.\nLa celebración de la eucaristía resulta igualmente incompatible con toda forma de mezquindad e injusticia\, por lo que\, para comulgar con el Señor\, es preciso «salir del campamento»\, es decir\, sustraerse al «mundo» injusto para entrar en comunicación con el Padre a través de Jesús.\nFeliz martes.
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