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SUMMARY:XXII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Eclesiástico (3\,17-18.20.28-29): \nHijo\, actúa con humildad en tus quehaceres\,\ny te querrán más que al hombre generoso.\nCuanto más grande seas\, más debes humillarte\,\ny así alcanzarás el favor del Señor.\n«Muchos son los altivos e ilustres\,\npero él revela sus secretos a los mansos».\nPorque grande es el poder del Señor\ny es glorificado por los humildes.\nLa desgracia del orgulloso no tiene remedio\,\npues la planta del mal ha echado en él sus raíces.\nUn corazón prudente medita los proverbios\,\nun oído atento es el deseo del sabio. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 67\,4-5ac.6-7ab.10-11 \nR/. Tu bondad\, oh\, Dios\, preparó una casa para los pobres. \nV/. Los justos se alegran\,\ngozan en la presencia de Dios\,\nrebosando de alegría.\nCantad a Dios\, tocad a su nombre;\nsu nombre es el Señor. R/. \nV/. Padre de huérfanos\, protector de viudas\,\nDios vive en su santa morada.\nDios prepara casa a los desvalidos\,\nlibera a los cautivos y los enriquece. R/. \nV/. Derramaste en tu heredad\,\noh\, Dios\, una lluvia copiosa\,\naliviaste la tierra extenuada;\ny tu rebaño habitó en la tierra\nque tu bondad\, oh\, Dios\,\npreparó para los pobre. R/. \n\n\nSegunda lectura\nLectura de la carta a los Hebreos (12\,18-19.22-24a): \nHermanos:\nNo os habéis acercado a un fuego tangible y encendido\, a densos nubarrones\, a la tormenta\, al sonido de la trompeta; ni al estruendo de las palabras\, oído el cual\, ellos rogaron que no continuase hablando.\nVosotros\, os habéis acercado al monte Sion\, ciudad del Dios vivo\, Jerusalén del cielo\, a las miríadas de ángeles\, a la asamblea festiva de los primogénitos inscritos en el cielo\, a Dios\, juez de todos; a las almas de los justos que han llegado a la perfección\, y al Mediador de la nueva alianza\, Jesús. \nPalabra de Dios\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (14\,1.7-14): \nEn sábado\, Jesús entró en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando.\nNotando que los convidados escogían los primeros puestos\, les decía una parábola:\n«Cuando te conviden a una boda\, no te sientes en el puesto principal\, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro\, y te diga:\n“Cédele el puesto a este”.\nEntonces\, avergonzado\, irás a ocupar el último puesto.\nAl revés\, cuando te conviden\, vete a sentarte en el último puesto\, para que\, cuando venga el que te convidó\, te diga:\n“Amigo\, sube más arriba”.\nEntonces quedarás muy bien ante todos los comensales.\nPorque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido».\nY dijo al que lo había invitado:\n«Cuando des una comida o una cena\, no invites a tus amigos\, ni a tus hermanos\, ni a tus parientes\, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote\, y quedarás pagado. Cuando des un banquete\, invita a pobres\, lisiados\, cojos y ciegos; y serás bienaventurado\, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto \nXXII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.\n\nLa buena noticia presenta el reino de Dios con la figura de un banquete. En todo banquete hay alimento\, fiesta y comensales\, elementos que connotan la vida\, la alegría y la amistad propias del reino de Dios. Los alimentos compartidos\, la fiesta disfrutada y la libertad de los asistentes son\, a la vez\, figura de la convivencia social humana. En el reino de Dios hay vida desbordante para todos\, se siente la alegría del Espíritu Santo\, y se vive la fraternidad de los hijos de Dios.\nA propósito del banquete\, Jesús muestra el sentido que tiene la humildad\, ya no en función de la Ley\, sino en la perspectiva del reino de Dios. En función de la Ley\, la humildad es una virtud de perfección individual con reputación social; en cambio\, en la perspectiva del reino de Dios\, es la actitud indispensable para construir la nueva sociedad humana.\n\nLc 14\,1.7-14.\nEs la tercera vez que un fariseo invita a Jesús a comer\, y no precisamente con buena intención. Podemos distinguir dos partes en el relato del evangelio que se nos propone para este domingo\, la primera se desarrolla en un banquete sabático; la segunda\, en el banquete eucarístico.\n1. Recomendaciones para una sana convivencia.\nLa primera parte nos sitúa en el contexto de un banquete sabático\, que está referido a la alianza\, como celebración de la misma\, pero el ambiente no es acogedor\, sino hostil\, al menos en relación con Jesús. Él fija su mirada en la causa de esa hostilidad\, más allá de una antipatía personal\, se trata de una rivalidad colectiva de todos contra todos en busca de los puestos de honor.\nHaciendo uso del género sapiencial\, al que estaban acostumbrados sus oyentes\, Jesús propone a su consideración unas máximas que van más allá de la etiqueta o del protocolo\, porque su alcance apunta a la convivencia social. De hecho\, se refiere a esa rivalidad que observa en los invitados.\nJesús recuerda que la alianza es un compromiso de convivencia a los ojos del Señor. Y denuncia la competencia por los primeros puestos como causa y consecuencia de una sociedad clasista\, en la cual hay unos que se arrogan la facultad de decir quién es más importante y quién lo es menos. Esa es una sociedad que arbitrariamente somete al ser humano a la vergüenza pública\, como si fuera cierto que hay unos más dignos\, valiosos o importantes que los otros.\nÉl propone una nueva escala de valores\, en la cual la valía de la persona se funda en su capacidad de entrega y de servicio a sus semejantes. Eso significa «sentarse en el último lugar»: no es una postura pusilánime\, es la actitud propia de quien está dispuesto a crecer sirviendo. Esta actitud dará origen a una sociedad en la que la promoción humana es el fruto reconocido del bien hecho a los demás\, y no producto de la afinidad con el que tiene el poder de degradar.\nSe observa que en las dos máximas se hace alusión a dos diferentes anfitriones: en la primera\, se tata de un déspota desconsiderado e irrespetuoso\, carente de tacto y cortesía («déjale el puesto a este»); en cambio\, en la segunda el anfitrión es «amigo»\, es decir\, alguien que se dirige al otro de igual a igual\, y lo trata con respeto y cortesía\, sin desplazar a nadie («amigo\, sube más arriba).\nLa sentencia final de Jesús se refiere a un dicho profético (cf. Ez 21\,31)\, que anuncia que el rey Sedecías será despojado de sus insignias reales y destronado por el rey de Babilonia\, lo que causa una confusión de valores\, confusión debida más a la injusticia local que a la humillante derrota a manos del rey invasor. En otras palabras\, el orgullo de los fariseos (cf. Lc 16\,15; 18\,14) produjo en la sociedad judía una inversión de valores que está arruinando dicha sociedad.\n2. Recomendaciones para una convivencia incluyente.\nLa segunda parte no se refiere a lo que está aconteciendo\, sino que mira al futuro\, y se refiere a lo que debería suceder. El tono hipotético de las máximas sugiere que es algo que aún no se da.\nDirigiéndose al anfitrión –que puede ser cualquiera–\, Jesús propone unos criterios para que la convivencia social sea verdaderamente humana. Supera el banquete sabático\, descrito como una «boda»\, para referirse ahora a «un almuerzo o una cena»\, lo que se sitúa más en la vida ordinaria\, en la convivencia cotidiana. Su primera recomendación es romper el propio círculo de afinidades e intereses\, es decir\, practicar el amor universal. Cuatro categorías de afinidad\, unidas por unos adjetivos posesivos y sendas conjunciones copulativas\, se contraponen a cuatro categorías de excluidos\, unidos solo por su condición de marginados. La máxima que propone en este caso al anfitrión está en contra de los usos y costumbres de la época. Era impensable que alguien hiciera una fiesta para invitar a los desposeídos de la sociedad.\nSe trata de hacer el tránsito de la sociedad de los favores recíprocos\, la que mantiene la riqueza y la miseria\, a la sociedad de los servicios gratuitos y desinteresados\, la que crea la igualdad. Esto es lo que responde al designio divino\, como lo expresó la madre del Señor (cf. Lc 1\,51-53)\, quien se hizo vocera de la tradición del éxodo; lo que reclamó el precursor del Señor (cf. Lc 3\,5.10-14) para prepararle el camino; y lo que el mismo Jesús pone como condición a quien quiera colmar sus propios anhelos de vida (cf. Lc 18\,22). Renunciar al ansia de rango y al reclamo posiciones de privilegio es indispensable para ser realmente grande y verdadero discípulo de Jesús.\nEsta es la convivencia social que permite lograr la realización personal y alcanzar la dicha que la otra no puede ofrecerle ni al individuo ni\, mucho menos\, a la colectividad. Jesús promete la vida eterna entre «los justos» a quien se da sin esperar reciprocidad ni retribución\, vida eterna que está en relación con la justicia\, según sus palabras. Ser desinteresado asegura que\, como recompensa\, se hereda la condición de hijo del Altísimo (cf. Lc 6\,32-35).\n\nLa humildad cristiana no es una virtud de ascética individualista para cultivar cierto narcisismo espiritual. Es reconocimiento efectivo de la igualdad de todos los seres humanos\, para construir una convivencia social incluyente\, en donde se haga posible el desarrollo de cada uno y de todos\, y en donde el ser humano se pueda realizar a satisfacción. Allí es donde reina Dios.\nLa asamblea que celebra la eucaristía debe dar testimonio de esa humildad\, porque en ella no caben hostiles rivalidades ni absurdas estratificaciones. Allí todos somos invitados de primera categoría e igualmente hijos del mismo Padre\, destinatarios de la misma buena noticia y partícipes del mismo pan\, el pan del amor universal\, que da vida eterna.\n¡Feliz día del Señor!
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SUMMARY:Lunes de la XXII del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (4\,13-18): \nNo queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza. Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado\, del mismo modo\, a los que han muerto\, Dios\, por medio de Jesús\, los llevará con él. Esto es lo que os decimos como palabra del Señor: Nosotros\, los que vivimos y quedamos para cuando venga el Señor\, no aventajaremos a los difuntos. Pues él mismo\, el Señor\, cuando se dé la orden\, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina\, descenderá del cielo\, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros\, los que aún vivimos\, seremos arrebatados con ellos en la nube\, al encuentro del Señor\, en el aire. Y así estaremos siempre con el Señor. Consolaos\, pues\, mutuamente con estas palabras. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSalmo responsorial Sal 95\,1.3.4-5.11-12a.12b-13 \nR/. El Señor llega a regir la tierra \nCantad al Señor un cántico nuevo\,\ncantad al Señor\, toda la tierra.\nContad a los pueblos su gloria\,\nsus maravillas a todas las naciones. R/. \nPorque es grande el Señor\, y muy digno de alabanza\,\nmás temible que todos los dioses.\nPues los dioses de los gentiles son apariencia\,\nmientras que el Señor ha hecho el cielo. R/. \nAlégrese el cielo\, goce la tierra\, retumbe el mar\ny cuanto lo llena; vitoreen los campos\ny cuanto hay en ellos. R/. \nAclamen los árboles del bosque\,\ndelante del Señor\, que ya llega\, ya llega\na regir la tierra: regirá el orbe con justicia\ny los pueblos con fidelidad. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (4\,16-30): \nEn aquel tiempo\, fue Jesús a Nazaret\, donde se había criado\, entró en la sinagoga\, como era su costumbre los sábados\, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y\, desenrollándolo\, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí\, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres\, para anunciar a los cautivos la libertad\, y a los ciegos la vista; para dar libertad a los oprimidos\, para anunciar el año de gracia del Señor.» Y\, enrollando el libro\, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él.\nY él se puso a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.» Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.\nY decían: «¿No es éste el hijo de José?»\nY Jesús les dijo: «Sin duda me recitaréis aquel refrán: “Médico\, cúrate a ti mismo” y’ “haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún”.»\nY añadió: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías\, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses\, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo\, a ninguna de ellas fue enviado Elías\, más que a una viuda de Sarepta\, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos habla en Israel en tiempos de] profeta Elíseo; sin embargo\, ninguno de ellos fue curado\, más que Naamán\, el sirio.»\nAl oír esto\, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y\, levantándose\, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo\, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba. \nPalabra del Señor \n\n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\nLunes de la XXII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nSupuesta la autenticidad de esta carta (que no es admitida por todos) hay que reconocer que el mayor influjo de la formación farisea en Pablo se da en la doctrina sobre la resurrección\, convicción común con la fe cristiana\, pero concebida de modo diferente. En los primeros escritos de Pablo se nota ese fuerte influjo. Además\, era común en las comunidades fundadas por él la persuasión de que la venida del Señor era inminente; pero también en este punto se percibe aquí más el influjo de la teología judía que el mensaje cristiano de Mc 13\, Mt 24\, Lc 21. Los cristianos de esas comunidades comprendían de manera restringida lo de «los últimos días» (cf. Heb 1\,2; St 5\,3; 2Ped 3\,3)\, que se referían a la etapa final de la historia\, inaugurada por el Señor (cf. Hch 2\,17; 1Cor 10\,11; 1Ped 1\,20)\, y creían que ellos eran la última generación humana. La expresión «al final de los días» significa\, en el Antiguo Testamento (Eze 38\,16; Dan 2\,28; 10\,14; Miq 4\,1)\, el tiempo de una decisiva intervención de Dios.\nSeñalar como «etapa final» (o «el final de estos días»: Heb 1\,2) los tiempos que van después de la venida de Jesús en carne y de su gloriosa resurrección de la muerte en adelante no pone límites a la historia\, sino que marca un punto quiebre\, un giro decisivo de la historia humana universal. Las especulaciones respecto de un «acabo del mundo» carecen de fundamento en la revelación del Señor. Dios es creador\, no destructor.\n\n1Ts 4\,13-18.\nLa forma como Jesús concibe la vida y la muerte es tan novedosa que ni siquiera sus propios discípulos sintonizan fácilmente con él. No basta con admitir el hecho de la resurrección\, ni tampoco con proponer la doctrina correspondiente. La fe en Jesús resucitado se basa en ese insustituible encuentro personal con él que deja la innegable certeza de que él está vivo.\nParece que los tesalonicenses esperaban la venida gloriosa del Señor como un hecho que iba a poner fin a la historia\, y no como un suceso que le daría un nuevo impulso esa historia.\nEl autor de la carta se dirige a unos cristianos desconcertados por la que consideran muerte temprana de algunos de sus miembros\, acaecida antes de la esperada venida del Señor. En su concepción\, esa muerte era una desgracia y un fracaso. Por eso\, es necesario tratar este asunto desde el principio: la concepción de la muerte\, de la resurrección y de la venida del Señor.\nLa muerte es como un dormirse (cf. v. 13: «los que duermen») del cual uno se «levanta» (cf. v. 14: «se levantó»). La comunidad de Tesalónica muestra un vivo interés por la suerte de los difuntos porque\, al considerarlos parte de la última generación\, ellos se pierden de la venida del Señor. Ya han muerto algunos hermanos\, y eso los inquieta en razón de dos motivos:\na) La natural aflicción que ocasiona la muerte de los seres queridos.\nb) La situación de los difuntos en relación con la venida del Señor.\nEn cuanto al primero\, el autor considera normal la aflicción\, pero la declara iluminada por la fe en el Señor resucitado\, fe que cimenta la tesonera esperanza de los tesalonicenses (cf. 1\,3). Por eso\, la distingue de la aflicción de quienes no tienen esa fe\, es decir\, los paganos («esos otros que no tienen esperanza»). Los griegos no creían en la vida de ultratumba ni en la inmortalidad individual. De hecho\, no existía en su lengua el verbo «resucitar»\, por lo que se usa «levantarse» (del sueño) en voz media («se levantó») o pasiva («fue levantado»). Pero el autor prefiere usar el verbo «despertar» en voz pasiva (Jesús sujeto\, Dios agente).\nEn cuanto al segundo\, lo relaciona con lo anterior\, y declara que el Señor\, en su venida\, se llevará consigo a los difuntos cristianos. Teniendo en cuenta que espera para pronto la venida del Señor\, Pablo quiere explicar que la condición de los vivos no significa ventaja alguna en relación con la condición de los difuntos. El final del v. 14 admite otra traducción: «a los que murieron por Jesús\, Dios los llevará consigo»\, lo cual está de acuerdo con lo que plantean los evangelios (cf. Mc 13\,13; Mt 24\,13; Lc 21\,17-19) y afirma el libro del Apocalipsis (6\,9-11)\, es decir\, los mártires\, como luego lo afirmó la tradición de la Iglesia desde los primeros siglos\, tienen prelación por el influjo de su testimonio\, que se extiende por un largo e indeterminado período de la historia (cf. Apo 20\,6)\, sin perjuicio de la resurrección general (cf. Apo 14\,13).\nPablo declara que su explicación se apoya «en una palabra del Señor» (ἐν λόγῳ κυρίου). Esto se puede entender de dos maneras: a) se trata de un «dicho» del Señor él conoció por tradición (los evangelios aún no han sido escritos); b) se trata de una revelación hecha por el Espíritu Santo al apóstol para edificación de las comunidades (cf. 4\,2)\, dado que el asunto\, tal como aquí aparece\, no se plantea en la predicación conocida de Jesús.\nLas descripciones del acontecimiento no se refieren a lo que anunció Jesús respecto de dicha venida con gloria (cf. Mc 13\, 24\,27; Mt 24\,29-31; Lc 21\,25-28)\, sino que se valen del arsenal de la apocalíptica judía\, a la cual corresponden las imágenes del sonido (voz) de la trompeta (la convocación de la asamblea: Exo 19\,13.16; Joel 2\,1; Zac 9\,14) para congregar el pueblo disperso (cf. Is 27\,13)\, la bajada del cielo (concepción del cielo «arriba») y resurrección de los muertos (entendida al modo fariseo). No se trata de una descripción histórica\, sino de un revestimiento literario que revela la mentalidad judía y farisea de Pablo.\n«Primero resucitarán los cristianos difuntos». Con estas palabras Pablo tranquiliza a los fieles de Tesalónica asegurándoles que no estará en desventaja en relación con los vivos\, sino que se reunirán con estos para recibir al Señor. Las «nubes»\, velo y revelación de Dios y de Cristo resucitado\, contextualizan el acontecimiento en la esfera divina. El «aire»\, por oposición a la tierra\, supone la elevación por encima de la misma y la traslación al cielo (arriba). Finalmente\, el encuentro con el Señor será definitivo\, y esta perspectiva cierta es consoladora.\n\nLo fundamental del mensaje consiste en:\n• Afirmar que la esperanza cristiana hace más llevadera la natural aflicción por la muerte de los seres queridos y nos hace testigos ante los que no tienen esperanza.\n• Declarar que dicha esperanza se afianza en esta certeza de fe: la resurrección del Señor es promesa de vida eterna para los suyos\, y esa promesa es firme.\n• Aclarar que el tiempo que transcurre después de que ha muerto una persona no representa problema alguno; los que mueren primero resucitan primero.\n• La resurrección es convivencia con el Señor para siempre. Y\, como es «en la nube»\, se trata de compartir eternamente con él la condición divina.\nEl lenguaje que usa para transmitir dicho mensaje es secundario.\nEn la celebración eucarística\, pan de vida\, tenemos ese encuentro con el Señor resucitado\, al cual asociamos a los difuntos\, porque él es «Señor de vivos y muertos» (Rm 14\,9)\, y porque «Dios no lo es de muertos\, sino de vivos; es decir\, para él todos ellos están vivos» (Lc 20\,38). Por eso\, la Iglesia en la eucaristía hace tres intercesiones: nominalmente\, por los difuntos que la comunidad menciona con nombre propio; fraternamente\, por todos los cristianos difuntos del mundo («nuestros hermanos»); y universalmente\, por los que murieron en la amistad del Señor\, sean de la religión o condición que sean («los que han muerto en tu misericordia»).\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la XXII semana del Tiempo Ordinario. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (5\,1-6.9-11):En lo referente al tiempo y a las circunstancias no necesitáis\, hermanos\, que os escriba. Sabéis perfectamente que el día del Señor llegará como un ladrón en la noche. Cuando estén diciendo: «Paz y seguridad»\, entonces\, de improviso\, les sobrevendrá la ruina\, como los dolores de parto a la que está encinta\, y no podrán escapar. Pero vosotros\, hermanos\, no vivís en tinieblas\, para que ese día no os sorprenda como un ladrón\, porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas. Así\, pues\, no durmamos como los demás\, sino estemos vigilantes y despejados.\nPorque Dios no nos ha destinado al castigo\, sino a obtener la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo; él murió por nosotros para que\, despiertos o dormidos\, vivamos con él. Por eso\, animaos mutuamente y ayudaos unos a otros a crecer\, como ya lo hacéis.Palabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 26\,1.4.13-14R/. Espero gozar de la dicha del Señor\nen el país de la vidaEl Señor es mi luz y mi salvación\,\n¿a quién temeré?\nEl Señor es la defensa de mi vida\,\n¿quién me hará temblar? R/.Una cosa pido al Señor\, eso buscaré:\nhabitar en la casa del Señor por los días de mi vida;\ngozar de la dulzura del Señor\,\ncontemplando su templo. R/. \nEspero gozar de la dicha del Señor\nen el país de la vida.\nEspera en el Señor\, sé valiente\,\nten ánimo\, espera en el Señor. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (4\,31-37):En aquel tiempo\, Jesús bajó a Cafarnaún\, ciudad de Galilea\, y los sábados enseñaba a la gente. Se quedaban asombrados de su doctrina\, porque hablaba con autoridad.\nHabía en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo\, y se puso a gritar a voces: «¿Qué quieres de nosotros\, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»\nJesús le intimó: «¡Cierra la boca y sal!»\nEl demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente\, pero salió sin hacerle daño.\nTodos comentaban estupefactos: «¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos\, y salen.» Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca.Palabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto \n\n\nMartes de la XXII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nTermina aquí la lectura de la carta\, sin que haya terminado la carta misma. Recomendable tener en cuenta los dos versículos 7-8\, omitidos por el leccionario. En ellos se contraponen dos actitudes: «los que duermen» (muertos en vida) y «los borrachos» (desentendidos)\, que actúan en «la noche» (zona de «la tiniebla»). Lástima que también se vayan a omitir los vv. 12-28\, los finales de la carta\, porque el miércoles comienza la lectura de otro escrito muy oportuno.\n\n1Ts 5\,1-6.9-11.\nFinalmente\, el autor habla «in extenso» de «la venida del Señor»\, hasta ahora mencionada de pasada. Se especulaba acerca de tiempo y las circunstancias de «la venida del Señor» Y esta era una de las causas de la perturbación que había en la iglesia local. El autor les recuerda que «el día del Señor» llegará de manera sorpresiva\, sin aviso ni preparación. Obsérvese el paralelo terminológico con «el día del Señor» del Antiguo Testamento. El autor no parece conocer lo que está expuesto en Mc 13\, Mt 24\, y Lc 21.\nComo el trasfondo mental es ese concepto del Antiguo Testamento («el día del Señor»)\, los dos aspectos en que lo plantea se sitúan en ese horizonte. En el Evangelio y en Apocalipsis los dos aspectos de «la venida del Señor» se presentan de esta manera:\na) La injusticia acumulada por los regímenes opresores y explotadores los lleva a su propia ruina\, y estos se derrumban abatidos por el peso de su propia maldad.\nb) Entonces se reivindican tanto la causa del Hijo del Hombre como los valores que él y los suyos encarnan. Se juzga el período anterior\, pero la historia continúa.\nEn cambio\, los dos rasgos de «el día del Señor» en el AT se presentan así:\na) Exterminio de los impíos\, como castigo («ira») de parte del Señor.\nb) Salvación portentosa de los justos que esperaban en el Señor.\nEl «día del Señor» se refiere a ocasiones en las cuales el Señor actúa de manera particular para definir un asunto pendiente (cf. Am 5\,18-20; 8\,9; Sof 1\,7.15-18)\, tanto en medio de su pueblo como ante los paganos circundantes. Es día de «cólera» (Sof 1\,15)\, en que los «impíos»\, sean israelitas o paganos\, reciben su merecido. Y la historia continúa.\nPablo comienza advirtiendo que\, respecto del «tiempo y el momento» (χρόνος\, καιρός)\, ellos saben bien que el «día del Señor» vendrá repentina e inesperadamente\, «como un ladrón en la noche». En el evangelio Jesús habla del «día y la hora» (ἡμέρα\, ὥρα: cf. Mc 13\,32)\, y declara que es competencia del Padre determinarlos (en razón de su condición de Padre). Dado que Pablo prácticamente identifica «del día del Señor (יהוה)» con «la venida del Señor (Ἰησοῦς)»\, en la descripción que hace resalta el aspecto de «castigo» para los que viven confiados en que podrán perpetuar la situación de injusticia en la que conviven («hay paz y seguridad»).\nEn cambio\, los cristianos no participan de esa injusticia colectiva («no viven en las tinieblas») y por eso no deben sentir temor alguno\, pues todos viven con evidente transparencia («en la luz y en pleno día»)\, puesto que no son cómplices del orden social injusto que se camufla de «paz y seguridad» (cf. v. 3)\, pues los miembros de la comunidad cristiana «no pertenecemos ala noche ni a las tinieblas». Se trata de un distanciamiento existencial\, de la ruptura con los valores de la sociedad pagana\, ruptura que cada uno verifica en su propia vida.\nPor eso hace una recomendación que evoca las advertencias de Jesús a los suyos: no dormir como los demás; hay que mantenerse despiertos y despejados (cf. Mt 13\,25; 25\,5; 26\,36-45). Es evidente que detrás de las metáforas del sueño y la vigilia está la exhortación a mantenerse conscientes para no dejarse absorber por la mentalidad y la conducta adversas. Menciona dos formas de inconsciencia\, el «sueño» y la «embriaguez»; una debida al cansancio\, y la otra a la complacencia. Ambas perjudican la vida cristiana comunitaria e individual. Por eso se expresa con el lenguaje militar («estemos despejados y armados»); el cristiano responsable actúa como el soldado que no bebe vino y se mantiene listo para el combate. Y\, para no dar pábulo a los fanatismos delirantes\, explica cuál es el pertrecho de este combatiente: la fe en el Señor y el amor entre hermanos son la coraza; la esperanza de la salvación\, el casco (para no exponer la cabeza)\, evocando palabras del Señor (cf. Isa 59\,17; Sab 5\,17-23. Ver vv. 7-8\, omitidos).\nLa oposición que Pablo hace entre «castigo» y «salvación» permite ver que «castigo» equivale a «perdición». Si la salvación es fruto de la adhesión de fe\, la perdición es consecuencia de la negativa a esa fe. Dios no ha destinado a los cristianos a la muerte\, sino a la vida por medio del «Señor Jesús Mesías» (liberador y salvador enviado por Dios). Por tanto\, quienes se fían de él y de su palabra se salvan; quienes se resisten a fiarse\, se pierden\, y ese es su «castigo».\nEl «Señor Jesús Mesías» es presentado sucintamente como el que «murió por nosotros» con el fin de que\, «despiertos o dormidos\, vivamos con él». Aquí la vigilia y el sueño se convierten en metáforas de la vida y la muerte (cf. 4\,13; Rom 14\,8-9). Admite así la posibilidad de morir antes de la venida del Señor\, sugiriéndoles a sus interlocutores que eso no le crea problema.\nLa invitación final a exhortarse y edificarse mutuamente implica que la palabra de Dios sirve para ambas finalidades\, para ayudarse los unos a los otros a crecer en la fe y el amor\, y para construir juntos la comunidad como convivencia alternativa\, como iglesia local consagrada a Dios Padre y a Jesús Mesías (cf. 1\,1).\n\nEs probable que –al menos al escribir este fragmento de la carta– el autor no tuviera noticia del desarrollo que tiene el concepto cristiano de «la venida del Señor»\, según lo que se explica en los sinópticos y en el libro del Apocalipsis. Por eso\, el autor recurre a los conceptos que se manejan en el Antiguo Testamento: juicio de condenación para los que viven en tinieblas (los que se oponen al Evangelio) y juicio de salvación los que viven en la luz (los miembros de la comunidad). Es claro que concibe «la venida del Señor» en los mismos términos que se concebía «el día del Señor». La mezcla de estas dos concepciones ronda en la síntesis que\, al respecto\, hoy circula en las comunidades cristianas\, con diferentes énfasis. Hay comunidades que privilegian la visión del «día del Señor» por encima de la visión de «la venida del Señor». Y esto ha dado origen a los «milenarismos» que sobresaltan a muchos y hacen sonreír a otros.\nLos términos «tinieblas-noche» y «luz-día»\, lo mismo que «dormir» y «estar despejados» se refieren metafóricamente a los dos modos antagónicos de vida: la vida de los cristianos (fe\, amor\, esperanza) y la vida de los que están en tinieblas («borrachos»\, es decir\, inconscientes e insensatos). El final de unos es la salvación (vida)\, el de los otros\, es la perdición («castigo»). Jesús\, el Mesías\, el que murió para darles vida a los suyos garantiza la salvación. Por él los miembros de la comunidad se animan y ayudan unos a otros a crecer. El «día del Señor» es\, ahora\, el día de la resurrección de Jesucristo\, y –a futuro– el día de la salvación definitiva.\nAsí también\, al celebrar la venida del Señor en la eucaristía sabemos si estamos en la luz y podemos abrazarnos a él por la comunión con su cuerpo y con su sangre\, o si estamos en las tinieblas exteriores\, lejos de él.\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la XXII semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1\,1-8): \nPablo\, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios\, y el hermano Timoteo\, a los santos que viven en Colosas\, hermanos fieles en Cristo. Os deseamos la gracia y la paz de Dios\, nuestro Padre. En nuestras oraciones damos siempre gracias por vosotros a Dios\, Padre de nuestro Señor Jesucristo\, desde que nos enteramos de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los santos. Os anima a esto la esperanza de lo que Dios os tiene reservado en los cielos\, que ya conocisteis cuando llegó hasta vosotros por primera vez el Evangelio\, la palabra\, el mensaje de la verdad. Éste se sigue propagando y va dando fruto en el mundo entero\, como ha ocurrido entre vosotros desde el día en que lo escuchasteis y comprendisteis de verdad la gracia de Dios. Fue Epafras quien os lo enseñó\, nuestro querido compañero de servicio\, fiel ministro de Cristo para con vosotros\, el cual nos ha informado de vuestro amor en el Espíritu. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 51\,10.11 \nR/. Confío en tu misericordia\, Señor\, por siempre jamás \nPero yo\, como verde olivo\,\nen la casa de Dios\,\nconfío en la misericordia de Dios\npor siempre jamás. R/. \nTe daré siempre gracias\nporque has actuado;\nproclamaré delante de tus fieles:\n«Tu nombre es bueno.» R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (4\,38-44): \nEn aquel tiempo\, al salir Jesús de la sinagoga\, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. Él\, de pie a su lado\, increpó a la fiebre\, y se le pasó; ella\, levantándose en seguida\, se puso a servirles. Al ponerse el sol\, los que tenían enfermos con el mal que fuera se los llevaban; y él\, poniendo las manos sobre cada uno\, los iba curando.\nDe muchos de ellos salían también demonios\, que gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios.»\nLos increpaba y no les dejaba hablar\, porque sabían que él era el Mesías. Al hacerse de día\, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese.\nPero él les dijo: «También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios\, para eso me han enviado.»\nY predicaba en las sinagogas de Judea. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMiércoles de la XXII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nDurante la prolongada estancia de Pablo en Éfeso (Hch 19)\, la iglesia de Colosas fue fundada por Epafras (Ἐπαφρᾶς)\, que no se identifica con Epafrodito (Ἐπαφρόδιτος). Ambos nombres significan «favorecido por Afrodita»\, y el primero es apócope del segundo. Epafras es natural de Colosas\, colaborador de Pablo y fundador de esta iglesia (cf. Col 1\,7; 4\,12; Fm 23). Otra mención a su servicio en las comunidades de Laodicea y Hierápolis (cf. Col 4\,13) ha llevado a perfilarlo como un evangelizador destacado que –es posible–visitó a Pablo en las cárceles y lo enteró de la aparición de los falsos maestros en Colosas y discutió el asunto con él para que luego quedara plasmado en este escrito\, que invoca la autoridad del apóstol.\nEn cambio\, Epafrodito –también colaborador de Pablo– fue el emisario de la comunidad de Filipos enviado a asistir al apóstol cuando estaba preso (cf. Flp 2\,25; 4\,18).\nEl autor no se enfrenta a la asechanza de los «judaizantes»\, sino a una herejía sincretista en la que se combinan un rigorismo ascético cuyo objetivo no es la vanagloria de la observancia legalista sino la humillación del hombre ante la divinidad\, como una forma de darle culto\, y un esoterismo que se jacta de visiones y que ceba el amor propio.\n\nCol 1\,1-8.\nComo es habitual\, la carta comienza por una «liturgia epistolar» (1\,1-20): salutación\, acción de gracias por el progreso de la buena noticia (vv. 3-8)\, oración por los creyentes (vv. 9-12)\, y enseguida un himno en honor al Mesías\, cabeza del universo (vv. 13-20). El texto propuesto para hoy solo abarca el saludo y la acción de gracias.\na) Saludo (vv. 1-2)\nb) Acción de gracias (vv. 3-8)\nc) Peticiones (vv. 9-12: texto de mañana).\n1. El saludo.\nVa de parte de Pablo\, como persona investida de autoridad («apóstol del Mesías Jesús por designio de Dios»)\, y de Timoteo («el hermano»\, en relación con Pablo). Llama la atención el hecho de que Epafras\, fundador de la comunidad\, con la que mantiene un íntimo vínculo de afecto («el Epafras de ustedes»: 4\,12) solo envíe saludos y no aparezca como remitente de la carta\, aunque el autor dé el testimonio de las iglesias de las que se considera fundador (4\,13). A lo mejor\, el propósito es darle a la carta el peso de la autoridad de Pablo.\nNo todos admiten que Pablo sea el autor de la carta\, que bien puede ser de un discípulo suyo. No se dirige a la iglesia (la comunidad establecida) sino a los «santos» (o «consagrados» por la fe en el Mesías) individualmente considerados\, y que son\, a la vez\, «hermanos creyentes» (πίστοις ἀδελφοῖς). Esto le da un tono menos «institucional» a la carta\, y más de trato íntimo e interpersonal. La fe constituye un vínculo de hermandad.\n«De parte de Dios nuestro Padre» les desea «el favor» (χάρις)\, o sea\, la experiencia del amor de paternal de Dios\, y «la paz» (εἰρήνη)\, o sea\, la experiencia comunitaria de la felicidad que se deriva de ese amor de Dios en la convivencia fraterna. Este saludo expresa calor humano\, familiaridad y afecto. Ese es el clima interno de la comunidad cristiana.\n2. La acción de gracias.\nEl estilo epistolar griego acostumbraba comenzar con una acción de gracias\, costumbre que en Pablo toma una forma decididamente cristiana. Él considera que siempre es necesario dar gracias (o «bendecir»)\, es decir\, reconocer las maravillas obradas por él en favor de personas y comunidades. La acción de gracias es una forma de testimonio y proclamación del mensaje.\nEl tema es dominante en la carta y en la oración constante del autor a Dios por la comunidad (cf. 1\,12; 2\,7; 3\,15-17; 4\,2). Concretamente\, Pablo da gracias por los «hermanos creyentes» de esa comunidad («por ustedes») a Dios. Así reconoce que la fe de los creyentes de Colosas se basa en una iniciativa de Dios. El envío del «Señor Jesús Mesías»\, propuesto por Epafras y aceptado por los colosenses\, fue libre decisión suya\, obra de su amor por la humanidad. Y de ahí se derivan tanto la fe de los colosenses como su amor fraternal y su esperanza de vida.\nAsí que la acción de gracias se funda en la propuesta de Dios y en la respuesta de fe de los colosenses a Jesús. Sin esa libérrima propuesta no habría habido respuesta\, y no existiría ese amor que\, inspirado por el Espíritu Santo\, se dirige a todos los «santos» (cristianos) y que se verifica particularmente entre ellos; sin la fe y el amor\, tampoco existiría la esperanza de vida eterna que tienen los colosenses en la promesa de Dios. Dicha tríada «fe\, amor\, esperanza» (cf. 1Cor 13\,13; 1Tes 2\,19-20) adquiere aquí un sentido particular: la fe responde al mensaje\, se traduce en amor y se alimenta de la promesa conocida por el mensaje\, promesa que\, a su vez\, radica en Dios mismo («en los cielos»).\nEsto es lo que la comunidad vive desde sus comienzos\, cuando fue fundada\, como fruto del «mensaje de la verdad»\, que es la buena noticia. Así es como la buena noticia opera y da fruto creciente «en el mundo entero». Esta «catolicidad» es signo del influjo universal del Mesías\, que es uno de los acentos particulares de esta carta. Literalmente\, dice que el mensaje produce fruto y crece (cf. Mc 4\,8)\, con lo que afirma la capacidad del mismo para garantizar su plena expansión. Los colosenses ha tenido la experiencia tanto de esa eficacia de la buena noticia como del amor generoso de Dios a través de Epafras\, que es compañero de servicio de Pablo y servidor (διάκονος) de los colosenses en nombre del Mesías\, y quien ha informado a Pablo cómo el Espíritu los conduce en el amor. Esta única mención del Espíritu en la carta deja dicho que el amor fraterno es fruto de su presencia y actividad.\n\nEl nombre de Epafras no es solo de pagano\, sino de pagano devoto. Esto da una idea de la profundidad y autenticidad de su conversión al Señor. Tal vez por eso decidió conservar ese nombre –pero apocopado– porque ya no le interesaba su significado etimológico. Ahora\, en nombre de su adhesión a Jesús\, no solo informa a Pablo sobre la autenticidad de la fe de los colosenses\, sino de las amenazas que circundan esa fe\, con el fin de preservar la pureza de la fe en la buena noticia.\nPara que las comunidades vivan el amor de Dios y la consiguiente felicidad\, es preciso que le den\, persona por persona\, la adhesión a Jesús como Mesías\, adhesión de la cual se deriva el amor fraterno estimulado por la esperanza cristiana. No obstante\, después del primer paso\, la fe necesita seguir creciendo o profundizándose\, o afianzándose. Y\, entonces\, es cuando se repiensan los valores culturales recibidos por educación y convivencia social. Y cuando hay que afrontar\, a la luz de la fe\, los nuevos valores emergentes que surgen en toda sociedad. A este proceso se lo conoce como irradiación de la fe en la propia cultura.\nLa celebración de la eucaristía ofrece el ámbito para nutrir esa adhesión de fe en comunidades de hermanos que disciernen su convivencia en un clima de amor y en la perspectiva de esa promesa de vida que viene del Señor\, quien se ofrece como pan de vida en el sacramento.\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Jueves de la XXII semana del Tiempo Ordinario. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1\,9-14): \nDesde que nos enteramos de vuestra conducta\, no dejamos de rezar a Dios por vosotros y de pedir que consigáis un conocimiento perfecto de su voluntad\, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. De esta manera\, vuestra conducta será digna del Señor\, agradándole en todo; fructificaréis en toda clase de obras buenas y aumentará vuestro conocimiento de Dios. El poder de su gloria os dará fuerza para soportar todo con paciencia y magnanimidad\, con alegría\, dando gracias al Padre\, que os ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas\, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido\, por cuya sangre hemos recibido la redención\, el perdón de los pecados. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 97\,2-3ab.3cd-4.5-6 \nR/. El Señor da a conocer su victoria \nEl Señor da a conocer su victoria\,\nrevela a las naciones su justicia:\nse acordó de su misericordia y su fidelidad\nen favor de la casa de Israel. R/. \nLos confines de la tierra han contemplado\nla victoria de nuestro Dios.\nAclama al Señor\, tierra entera;\ngritad\, vitoread\, tocad. R/. \nTocad la cítara para el Señor\,\nsuenen los instrumentos:\ncon clarines y al son de trompetas\,\naclamad al Rey y Señor. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (5\,1-11): \nEn aquel tiempo\, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios\, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas\, la de Simón\, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca\, sentado\, enseñaba a la gente.\nCuando acabó de hablar\, dijo a Simón: «Rema mar adentro\, y echad las redes para pescar.»\nSimón contestó: «Maestro\, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero\, por tu palabra\, echaré las redes.»\nY\, puestos a la obra\, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas\, que casi se hundían.\nAl ver esto\, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí\, Señor\, que soy un pecador.»\nY es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él\, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan\, hijos de Zebedeo\, que eran compañeros de Simón.\nJesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»\nEllos sacaron las barcas a tierra y\, dejándolo todo\, lo siguieron. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nJueves de la XXII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nEl leccionario incluye hoy los vv. 13-14\, que forman parte del himno de alabanza que se leerá mañana. Dejamos esos versículos para entonces\, y conservamos la unidad de dicho himno.\nDespués de enterarse de lo dicho antes (la vitalidad de la comunidad en la fe\, el amor y la esperanza)\, los misioneros dan a conocer el contenido de su oración por la comunidad\, a la que manifiestan encomendar incesantemente. La oración no solo expresa lo que le piden los misioneros a Dios para ella\, sino –sobre todo– las necesidades que tiene la comunidad. Esto muestra también la relación que existe entre la comunidad y sus fundadores\, que no consiste en un dominio ejercido a distancia\, sino en su responsabilidad paternal por su crecimiento.\nEn Is 11\,1-9\, tras la promesa genérica de que el Espíritu del Señor descansará sobre el tocón de Jesé\, se enumeran tres pares de manifestaciones del mismo: sensatez (σοφία) e inteligencia (σύνεσις)\, valor (βουλή) y prudencia (ἰσχύς)\, conocimiento (γνῶσις) y respeto (εὐσέβεια). De estas manifestaciones aparecen cuatro en la petición de los misioneros por la comunidad: las dos primeras (σοφία\, σύνεσις)\, la cuarta (ἰσχύς) y la quinta (γνῶσις). Por otro lado\, el uso del adjetivo «espiritual» (v. 9) se refiere al Espíritu de Dios\, y esa referencia autoriza a relacionar Col 1\,9 con Is 11\,2\, lo que permite la lectura cristiana del texto de Isaías en clave comunitaria\, como sucede en las peticiones que se registran esta carta.\n\nCol 1\,9-14.\nEl autor expresa que esta petición tiene un punto de partida\, «desde el momento en que nos enteramos»\, aludiendo a la noticia de la adhesión de los colosenses «al Mesías Jesús» (cf. 1\,4). El resto del versículo 9 explicita lo que los misioneros piden en su oración por la comunidad. Los versículos 10-12 se refieren a la comunidad misma\, y del versículo 13 en adelante hablan de la acción de Dios a través de «su hijo querido».\nEl contenido de la oración se condensa en las siguientes cuatro peticiones:\na) Que Dios le dé pleno conocimiento de su designio con el saber y la inteligencia que da el Espíritu. Se trata del «secreto» de Dios\, oculto hasta cuando Jesús lo reveló: el amor universal de Dios\, que establece la igualdad entre todos los seres humanos. Esta revelación se da por el Espíritu\, que infunde ese amor y capacita para vivirlo. Esta primera parte se explica porque el problema que enfrenta la comunidad tiene por objeto el «conocimiento». La sabiduría\, en esta carta\, se refiere a la acción histórica de Dios en Jesucristo\, y se proyecta en la conducta diaria\, que se deriva de esa acción histórica. Nada de sabiduría especulativa.\nEn vez del término que usaban los maestros griegos para «conocimiento» (γνῶσις)\, prefiere el autor otro (ἐπιγνῶσις: cf. 1\,9.10; 2\,2; 3\,10)\, cuyo contenido es la experiencia del designio salvador universal de Dios por revelación y experiencia personal de su amor a través del Hijo. Este término se aproxima más al término hebreo para «conocimiento» (דֵּעַת: Is 11\,2).\nb) Que\, gracias al conocimiento que tiene de Dios –conocimiento que deriva de la experiencia del Espíritu–\, la comunidad lleve a la praxis ese amor experimentado dando fruto\, que es «lo que el Señor se merece». Esta donación del fruto con la guía del Espíritu Santo le agrada a Dios porque él la llamó a eso. Este es el modo en que la comunidad agrada a Dios «en todo». También esto tiene que ver con el problema que afronta la comunidad: el culto a Dios se da en el amor activo que produce hechos de amor\, porque así es como el conocimiento de Dios se hace efectivo. Nada de conocimiento teórico.\nEl «fruto» al que se refiere el autor consiste en la propagación de la buena noticia en el mundo entero (cf. 1\,6)\, como revelación de «la verdad» de Dios. Aquí también el autor confronta la visión cristiana con la de los maestros griegos (o greco-judíos)\, porque el «fruto» consiste en la misión universal\, no como un adoctrinamiento\, sino como experiencia del amor de Dios a todos los hombres\, sin distingos de pueblos ni de razas.\nc) Que ese «conocimiento» (experiencia) de Dios también fortalezca a los cristianos con el «poder de su gloria» (la fuerza invencible de su amor que da vida) para permanecer íntegros y firmes ante las oposiciones\, «con una entereza y paciencia a toda prueba». El hecho de que este «conocimiento» exija soportar la prueba con «paciencia» (ὑπομονή) y «magnanimidad» (μακροθυμία) muestra que no se trata de un conocimiento nocional\, sino de una praxis vital que\, en la convivencia social\, puede encontrar rechazo. No es conocimiento que consiste en un título de superioridad sobre los otros\, sino capacidad de servicio a toda la humanidad.\nEl «poder de su gloria» (τὸ κράτος τῆς δόξης αὐτοῦ) confronta audazmente el «poder» de las fuerzas físicas humanas con el «poder» de la gloria del Señor\, es decir\, la fuerza de su amor\, que es espiritual\, porque se manifiesta a través del Espíritu Santo. Esa es la única fuerza que hace al cristiano resistente para soportar la oposición con grandeza de ánimo.\nd) Que tal experiencia de salvación gratuita los lleve a la alegre gratitud al Padre que los hace herederos de las promesas en otro tiempo hechas a Israel (referencia anterior al «designio» divino: v. 9) y que ahora constituye la gratuita herencia de los hijos («los consagrados»)\, pues ahora están en la luz\, rescatados del dominio de las tinieblas (cf. v. 13). El «conocimiento de su designio» no consiste en una ilustración o información abstracta de algo\, sino en vivir por experiencia directa y satisfactoria la dicha de ser hijo y heredero de Dios Padre\, reconocido como tal por la vida recibida de él\, y la promesa de una vida definitiva como herencia suya.\nLa «herencia» de Dios para los suyos\, que antes se consideraba reservada al mero pueblo de Israel y que consiste en la promesa de la vida en plenitud\, se extiende a los paganos por pura gratuidad de Dios («herencia»); los antes «impuros» ahora son consagrados («santos»)\, los que antes habitaban en las tinieblas (cf. Is 49\,6.9) ahora están «en la luz».\n\nEsta oración traza el itinerario ideal de toda comunidad cristiana:\n1. Conocimiento experimental de Dios y de su designio.\n2. Misión testimonial para vivir y anunciar ese designio.\n3. Fidelidad y constancia en medio de las pruebas.\n4. Gratitud a Dios y alegría por la salvación recibida y compartida.\nEse itinerario nos lleva a la eucaristía\, acción de gracias por excelencia\, y brota de ella\, fuente y estímulo de la misión cristiana. Vale recordar aquí lo que Pablo les escribió a los corintios: «…hermanos\, cuando yo llegué a su ciudad\, no les anuncié el secreto de Dios con ostentación de elocuencia o saber; con ustedes decidí ignorarlo todo\, excepto a Jesús Mesías\, y a este\, crucificado» (1Co 2\,1-2). El anuncio es la experiencia del amor entregado\, no una ideología.\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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SUMMARY:Viernes de la XXII semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1\,15-20): \nCristo Jesús es imagen de Dios invisible\, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres\, visibles e invisibles\, Tronos\, Dominaciones\, Principados\, Potestades; todo fue creado por él y para él. Él es anterior a todo\, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Él es el principio\, el primogénito de entre los muertos\, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra\, haciendo la paz por la sangre de su cruz. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 99\,2.3.4.5 \nR/. Entrad en la presencia del Señor con vítores \nAclama al Señor\, tierra entera\,\nservid al Señor con alegría\,\nentrad en su presencia con vítores. R/. \nSabed que el Señor es Dios:\nque él nos hizo y somos suyos\,\nsu pueblo y ovejas de su rebaño. R/. \nEntrad por sus puertas con acción de gracias\,\npor sus atrios con himnos\,\ndándole gracias\ny bendiciendo su nombre. R/. \n«El Señor es bueno\,\nsu misericordia es eterna\,\nsu fidelidad por todas las edades.» R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (5\,33-39): \nEn aquel tiempo\, dijeron a Jesús los fariseos y los escribas: «Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran\, y los de los fariseos también; en cambio\, los tuyos\, a comer y a beber.»\nJesús les contestó: «¿Queréis que ayunen los amigos del novio mientras el novio está con ellos? Llegará el día en que se lo lleven\, y entonces ayunarán.»\nY añadió esta parábola: «Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque se estropea el nuevo\, y la pieza no le pega al viejo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino nuevo revienta los odres\, se derrama\, y los odres se estropean. A vino nuevo\, odres nuevos. Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo\, pues dirá: “Está bueno el añejo.”» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nViernes de la XXII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\n\nEl designio del Padre realizado por medio de su Hijo\, expresión de la «sabiduría» divina\, es el objeto de un himno de alabanza que es\, al mismo tiempo\, profesión de fe. Dicho himno comienza en el v. 13\, como expresión de gratitud a Dios Padre por la salvación ya efectuada a través del Hijo de su amor. El himno tiene dos partes: en la primera (vv. 13-17) se describe la acción del Padre creador del universo y su revelación por medio de su Hijo; en la segunda (vv. 18-20)\, se presenta ese mismo Hijo en su relación con la Iglesia y con la humanidad.\nAsumimos hoy los dos versículos (13-14) que omitimos ayer\, por considerar que hacen parte de este himno. En efecto\, desde el v. 13 se dirige la mirada hacia el Padre y su obra liberadora y salvadora\, desde una perspectiva trascendente. Desde el v. 18\, en una perspectiva histórica\, la mirada se dirige a la obra del Hijo en su condición de revelador del Padre.\n\nCol 1\,15-20.\nEl autor describe el papel del Mesías en un horizonte cósmico y en el trasfondo de lo que en el Antiguo Testamento se dice de la Sabiduría (personificada) de Dios que dirige de un modo armonioso la creación y el curso del universo. El Mesías encarna la Sabiduría divina; en él se esconden «todos los tesoros del saber y del conocer» (Col 2\,3). Dándole nombre personal a la sabiduría\, el autor se aparta de las sabidurías especulativas de la época.\n1. Primera parte.\nSiguiendo el esquema del éxodo\, describe la acción liberadora y salvadora del Padre al sacar de la esclavitud del pecado (ya no de un país opresor: Egipto\, Babilonia) y conducir al reino de su Hijo (la nueva tierra prometida). La «autoridad de las tinieblas» (ἡ ἐξουσία τοῦ σκότους v. 13) se opone al «poder que irradia de él (de su gloria)» (τὸ κράτος τῆς δόξης αὐτοῦ v. 11): aquella\, «autoridad» que mata; este\, «poder» que infunde vida. Este es un caso particular del Nuevo Testamento\, en el que la «autoridad» tiene unas connotaciones negativas (cf. 1\,13.16; 2\,10.15)\, en tanto que «poder» (única mención) las tiene positivas. Con el término «autoridad» designa el autor los poderes mundanos\, de los cuales libera el Padre por la acción del Hijo. Se trata del éxodo cristiano\, pero aquí se refiere al traslado al «reino de su Hijo querido»\, es decir\, a la comunidad cristiana\, en donde el Hijo resucitado ejerce su señorío liberando a las personas para que\, a su vez\, estas se pongan al servicio de la liberación de los demás. Dicha liberación (en lenguaje arcaico\, «redención») comienza dentro de cada persona («perdón de los pecados») y es condición indispensable para realizar la obra del Padre y del Hijo (v. 14).\nEl Hijo es la presencia viva\, visible y activa de su Padre («imagen de Dios invisible»)\, por él es posible conocer al Padre y diferenciarlo de los ídolos. Por eso él es «primogénito de toda criatura»\, es decir\, el Hijo predilecto por ser en todo como el Padre (cf. Hb 1\,3.6). El Dios invisible se revela visiblemente como Padre por medio de este Hijo singular (v. 15).\nAsí como en el AT la Sabiduría personificada estaba al principio de las obras de Dios\, así lo está su Hijo como causa instrumental de toda la creación. Las oposiciones «celeste y terrestre\, visible e invisible» constituyen una afirmación de totalidad. Y es aquí donde aprovecha el autor para subordinar todo al Hijo y anular las creencias populares en mediadores cósmicos («Tronos» o «Majestades»\, «Dominaciones» o «Señoríos»\, «Principados» o «Soberanías»\, y «Autoridades»)\, creencias elaboradas a partir de un sincretismo doctrinal ajeno a la fe (v. 16).\n«Él está por delante de todo» (lit.)\, expresión que implica anterioridad en el origen y en el fin («primero y último»: cf. Isa 44\,6; Apo 1\,8.17). Es decir\, el Hijo es el arquetipo y el culmen del universo. Además de ser origen\, el Hijo es también modelo y meta de todo\, porque él es su fundamento\, el que le da su consistencia. El universo no se sostiene en su consistencia física sino en la unidad que el Hijo le confiere (v. 17).\n2. Segunda parte.\nEn relación con la Iglesia\, este vínculo con el Hijo es muy estrecho porque\, por la fe\, o sea\, por la adhesión consciente a él\, él ejerce sobre ella un influjo vital. Como cabeza de la Iglesia\, ella es su cuerpo\, es decir\, su presencia activa e identificable en el tiempo y en el espacio\, y él es el primero de la nueva creación\, la humanidad que supera la muerte. Por esa razón\, todo se subordina a él. No es cuestión de dominio sino de donación de la existencia e infusión de la vida divina (el Espíritu)\, que se derivan de su singular relación con el Padre. La primacía del Hijo se afirma con otra «primogenitura»\, la resurrección de la muerte\, que es la que otorga la plena condición de Hijo de Dios (cf. Rom 1\,4) porque ya no existe vestigio alguno de esta vida mortal\, solo la vida del Espíritu. Así él se constituye en el primero de los nacidos a esa vida eterna. Y es el primero en todo (v. 18).\nPorque «la plenitud total» (Dios\, cf. 2\,9) quiso habitar en él. Otra afirmación con la cual Pablo se adelanta a descalificar la plenitud que a los colosenses les proponían que lograrían con el culto a los presuntos mediadores cósmicos: El Hijo es el único ser en el cual habita la plenitud divina y en el cual se puede alcanzar esa misma plenitud. Dios es plenitud en sí mismo\, pero también es plenitud del universo\, en el sentido de que él lo llena todo (cf. Is 6\,3; Sab 1\,7)\, y «que está sobre todos\, entre todos y en todos» (Ef 4\,6)\, particularmente en el Hijo (v. 19).\nY esa plena presencia de Dios en él tiene una finalidad muy concreta: restaurar el orden de la creación. «Reconciliar» todo con Dios es restaurar el orden en donde había caos: entre «lo terrestre» (la humanidad) y «lo celeste» (Dios). Pero esta reconciliación supone y exige la paz o reconciliación ente los hombres. Y esta se ha dado por la entrega de amor de Jesús en la cruz y la efusión del Espíritu sobre toda carne (doble significado de «la sangre de su cruz»). No puede haber verdadera reconciliación sin la demostración de un amor por encima de los intereses individuales. Así el Hijo restaura la obra del Padre\, dando vida por amor (v. 20).\n\nLa «reconciliación» resume y abarca lo que en el evangelio se expresa con los verbos «sanar»\, «curar»\, «limpiar»\, etc.\, que señalan aspectos diversos de esa restauración del ser humano\, de sus interacciones sociales y de su relación con Dios.\nEsta «reconciliación» se lleva a cabo por el volcamiento de la plenitud divina en la condición humana\, comenzando por Jesús\, que es primogénito de la primera creación y primogénito de la definitiva. Esta plenitud se concreta en el don del Espíritu\, que nos hace nacer de nuevo y nos hará resucitar para la vida definitiva. Dios habita ya en nosotros y seremos su morada permanente en la futura dicha interminable (cf. Ap 21\,1-7).\nLa salvación es una realidad irreversible. El Padre ha realizado por el Hijo tanto la primera como la nueva creación. Signo sacramental de esta obra es la conversión del pan y del vino (primera creación) en Cuerpo y Sangre del Hijo (nueva creación). Y esto se hace realidad en nosotros por la fuerza misma del Espíritu\, presente el sacramento celebrado y vivido con fe.\nFeliz viernes.
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SUMMARY:Sábado de la XXII semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1\,21-23): \nAntes estabais también vosotros alejados de Dios y erais enemigos suyos por la mentalidad que engendraban vuestras malas acciones; ahora\, en cambio\, gracias a la muerte que Cristo sufrió en su cuerpo de carne\, Dios os ha reconciliado para haceros santos\, sin mancha y sin reproche en su presencia. La condición es que permanezcáis cimentados y estables en la fe\, e inamovibles en la esperanza del Evangelio que escuchasteis. En el mismo que se proclama en la creación entera bajo el cielo\, y yo\, Pablo\, fui nombrado su ministro. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 53\,3-4.6.8 \nR/. Dios es mi auxilio \nOh Dios\, sálvame por tu nombre\,\nsal por mi con tu poder.\nOh Dios\, escucha mi súplica\,\natiende a mis palabras. R/. \nPero Dios es mi auxilio\,\nel Señor sostiene mi vida.\nTe ofreceré un sacrificio voluntario\,\ndando gracias a tu nombre\, que es bueno. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (6\,1-5): \nUn sábado\, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban espigas y\, frotándolas con las manos\, se comían el grano.\nUnos fariseos les preguntaron: «¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?»\nJesús les replicó: «¿No habéis leído lo que hizo David\, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios\, tomó los panes presentados\, que sólo pueden comer los sacerdotes\, comió él y les dio a sus compañeros.»\nY añadió: «El Hijo del hombre es señor del sábado.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nSábado de la XXII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nAplicación del mensaje a los colosenses. Después de exponer el designio de Dios\, en el cual establece una relación entre la Iglesia y el Mesías-Hijo semejante a la que existe entre el Hijo y el Padre\, ahora se refiere a la situación de los colosenses mirándola desde esa perspectiva.\nEn el cristianismo primitivo –y también en el actual\, sobre todo cuando se recurre al género testimonial– se acostumbra comparar la situación pasada\, es decir\, anterior a la conversión\, con la posterior\, es decir\, después de dicha conversión para mostrar la eficacia de Jesucristo como regenerador\, liberador y salvador de la humanidad.\nEste género testimonial contrasta el antes y el después de Cristo\, y enfatiza la obra del Señor\, de manera que se vea con claridad que el «fruto» obtenido no es un «resultado» manipulado\, sino la consecuencia de una sincera adhesión de fe al Mesías crucificado y resucitado\, por la cual recibimos el Espíritu Santo que nos hace hombres nuevos.\n\nCol 1\,21-23.\nLa sociedad pagana de antes de Cristo estaba polarizada por antagonismos\, y sus miembros se encontraban distanciados por rivalidades (v. 21). El origen de esta enemistad está\, según el autor\, en la mentalidad (τῇ διανοίᾳ) y en las obras perversas (ἐν τοῖς ἔργοις τοῖς πονεροῖς) de los destinatarios. Esa mentalidad es «el poder de las tinieblas» (el predominio de la mentira) del que los «rescató» el Padre para trasladarlos «al reino de su Hijo querido». Esas obras\, que el autor determina y califica\, son «los pecados» perdonados. Dicha condición de enemistad contrasta de lejos con la «reconciliación» de que habla en el verso final del himno de alabanza.\nEl Mesías se les manifestó en condición semejante a la de todos (ἐν τῳ σώματι τῆς σαρκὸς). Esta expresión (lit.: «en el cuerpo de carne») se refiere al Mesías\, en primer lugar\, como ser humano histórico\, personalmente identificable y reconocible por sus obras (σῶμα)\, pero\, por otro lado\, es un ser humano ordinario\, sujeto al sufrimiento y a la muerte (σάρξ)\, no un héroe\, ni un superhumano. De hecho\, esa misma expresión aparece más adelante (2\,11) todavía con una connotación menos positiva\, designando la realidad humana sujeta a los bajos instintos\, pero liberada por el Mesías\, no por obra humana\, sino del Espíritu («no hecha por hombres»).\nLa muerte de Jesús en la cruz a manos de propios (judíos) y extraños (paganos)\, y sin embargo ofreciendo el perdón a todos\, manifiesta\, de un lado\, la extensión universal de la «mentalidad» tenebrosa y de sus «obras perversas»\, que no eran características exclusivas de los paganos; y\, del otro\, un amor sin límites\, el amor de Dios\, amor puro y universal\, que una vez conocido y aceptado por ellos ha hecho posible la reconciliación entre ellos. El conocimiento de dicho amor no consiste solamente en la «noticia» que se tiene de él\, sino\, ante todo\, en la experiencia positiva («buena») del mismo\, que se concreta en el hecho de sentirse amados de esa manera y evidenciar en sí mismos la capacidad de amar del mismo modo a los demás. La experiencia de esa calidad de amor sugiere la acción del Espíritu Santo en los creyentes.\nEste amor ha superado las fronteras que separaban los pueblos y las enemistades que hacían de ellos rivales y enemigos. La reconciliación de la que aquí se habla es una acción radical. El verbo «reconciliar» (καταλλάσσω: κατά + ἀλλάσσω\, lit. «alterar»\, «cambiar») denota el cambio de sentimientos\, pensamientos y actitudes. Aquí\, aparece reforzado (αποκαταλλάσσω: από + κατά + ἀλλάσσω\, «cambiar del todo»\, «reconciliar completamente»)\, buscando enfatizar más ese cambio. Y a los colosenses les consta dicho cambio\, porque Dios los ha trasladado a su esfera íntima («santos»: consagrados por el Espíritu Santo) y los ha regenerado de tal manera que ellos ahora espontáneamente observan una conducta intachable ante Dios (v. 22).\nY así continuarán mientras se mantengan cimentados y estables en la fe e inamovibles en la esperanza que transmite la buena noticia. Es decir\, la permanencia de la reconciliación radica en la firmeza de la fe y en la inmutabilidad de la esperanza. Así como al principio daba gracias a Dios por la fe\, el amor ya la esperanza\, ahora\, al hacer depender la reconciliación de la fe y la esperanza\, da a entender que la reconciliación es amor en acción\, y que la fe que responde a la buena noticia\, y la esperanza que la misma buena noticia alienta son los nutrientes de ese amor que se manifiesta como reconciliación definitiva de los que antes se veían entre sí como rivales y enemigos. Esta buena noticia\, acogida ya por los colosenses\, se está proclamando a toda la humanidad («a toda criatura bajo el cielo»)\, lo que aduce como manifestación de la universalidad de ese amor\, no como un alarde triunfalista. De esta forma\, el autor termina la primera parte de su carta constatando el influjo que el Mesías efectivamente tiene más allá de las fronteras nacionales y que ese influjo se hace efectivo reconciliando pueblos que antes estaban distanciados y enfrentados. No es un Mesías nacionalista\, sino universal.\nEl autor declara que su destino personal consiste en ser servidor de la misma buena noticia. Esto le va a permitir explicar su propio papel en el designio regenerador\, liberador y salvador de Dios en favor de la humanidad. Se refiere al hecho de que él pasó de ser enemigo de esta buena noticia a servidor de la misma\, lo que implica un cambio radical y\, por tanto\, también una «reconciliación» con Dios\, de quien procede la buena noticia. Al mismo tiempo\, expresa su relación con la buena noticia: no es su propagandista\, ni un mero instructor\, es testigo de ella\, con su vida\, por vocación y capacitación de parte de Dios (v. 23).\n\nEn cualquier comunidad cristiana se puede verificar este designio –realizado en términos de reconciliación– en la medida en que los hermanos que así se aman\, se cumple la mencionada condición: permanecer cimentados y estables en la fe e inamovibles en la esperanza cristiana. La fe conduce al amor\, y este se afianza en la esperanza (cf. 1\,4-5). Y el amor-reconciliación que consagra la propia existencia a Dios\, sin defecto ni reproche\, es sostenible manteniendo la fe y la esperanza que pregona la buena noticia (cf. 1\,5: la vida eterna).\nEsto convierte a las comunidades en un testimonio vivo y una voz de aliento y estímulo para toda sociedad humana dividida y enfrentada. Las comunidades se convierten en «signos» de que la convivencia social reconciliada es posible\, y muestran que Jesús la hace posible.\nPero hay que tomar distancia de un aparente género testimonial que en realidad es una burda propaganda\, como si la fe\, el amor y la esperanza fueran artículos de consumo\, o como si el Señor Jesús\, su señorío y su eficacia liberadora y salvadora fueran mercancías sometidas a las leyes capitalistas de la oferta y la demanda\, y dependieran del pago de dinero.\nDe ahí la responsabilidad que tenemos los cristianos a la hora de celebrar la eucaristía; hay que dar testimonio de esa reconciliación y dejar muy claro que ella es obra de nuestra común adhesión a Jesucristo\, al cual nos unimos sacramentalmente en la comunión eucarística.\nFeliz sábado en compañía de María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:XXIII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de la Sabiduría (9\,13-18): \n¿Qué hombre conocerá el designio de Dios?\,\no ¿quién se imaginará lo que el Señor quiere?\nLos pensamientos de los mortales son frágiles\ne inseguros nuestros razonamientos\,\nporque el cuerpo mortal oprime el alma\ny esta tienda terrena abruma la mente pensativa.\nSi apenas vislumbramos lo que hay sobre la tierra\ny con fatiga descubrimos lo que está a nuestro alcance\,\n¿quién rastreará lo que está en el cielo?\,\n¿quién conocerá tus designios\, si tú no le das sabiduría\ny le envías tu santo espíritu desde lo alto?\nAsí se enderezaron las sendas de los terrestres\,\nlos hombres aprendieron lo que te agrada\ny se salvaron por la sabiduría». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 89 \nR/. Señor\, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. \nV/. Tú reduces el hombre a polvo\,\ndiciendo: «Retornad\, hijos de Adán».\nMil años en tu presencia son un ayer que pasó;\nuna vela nocturna. R/. \nV/. Si tú los retiras\nson como un sueño\,\ncomo hierba que se renueva\nque florece y se renueva por la mañana\,\ny por la tarde la siegan y se seca. R/. \nV/. Enséñanos a calcular nuestros años\,\npara que adquiramos un corazón sensato.\nVuélvete\, Señor\, ¿hasta cuándo?\nTen compasión de tus siervo. R/. \nV/. Por la mañana sácianos de tu misericordia\,\ny toda nuestra vida será alegría y júbilo.\nBaje a nosotros la bondad del Señor\ny haga prósperas las obras de nuestras manos.\nSí\, haga prósperas las obras de nuestras manos. R/. \n\n\n\nSegunda lectura\n\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a Filemón (9b-10.12-17): \nQuerido hermano:\nYo\, Pablo\, anciano\, y ahora prisionero por Cristo Jesús\, te recomiendo a Onésimo\, mi hijo\, a quien engendré en la prisión Te lo envío como a hijo.\nMe hubiera gustado retenerlo junto a mí\, para que me sirviera en nombre tuyo en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo: así me harás este favor\, no a la fuerza\, sino con toda libertad.\nQuizá se apartó de ti por breve tiempo para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo\, sino como algo mejor que un esclavo\, como un hermano querido\, que silo es mucho para mí\, cuánto más para ti\, humanamente y en el Señor.\nSi me consideras compañero tuyo\, recíbelo a él como a mí. \nPalabra de Dios \n\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (14\,25-33): \nEn aquel tiempo\, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:\n«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre\, a su mujer y a sus hijos\, a sus hermanos y a sus hermanas\, e incluso a sí mismo\, no puede ser discípulo mío.\nQuien no carga con su cruz y viene en pos de mí\, no puede ser discípulo mío.\nAsí\, ¿quién de vosotros\, si quiere construir una torre\, no se sienta primero a calcular los gastos\, a ver si tiene para terminarla? No sea que\, si echa los cimientos y no puede acabarla\, se pongan a burlarse de él los que miran\, diciendo:\n“Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”.\n¿O qué rey\, si va a dar la batalla a otro rey\, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?\nY si no\, cuando el otro está todavía lejos\, envía legados para pedir condiciones de paz.\nAsí pues\, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío». \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\nXXIII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.\n\nA medida que los dirigentes del pueblo se cierran al mensaje universalista de Jesús\, este explicita aún más las condiciones para seguirlo. Ahora aparece dirigiéndose a las multitudes que van tras él\, pero no con él. A la primera oportunidad\, Jesús se «vuelve» hacia esas multitudes y les plantea claramente las exigencias del seguimiento\, que no se trata de un fenómeno de masas\, sino de una opción muy personal que implica rupturas. Por eso\, su condición indispensable es la libertad: «si uno quiere venirse conmigo…». Él invita\, no engaña\, ni amenaza ni halaga.\nSupuesta la libertad\, Jesús propone tres condiciones a quienes quieran seguirlo\, y –después de la segunda– intercala una exhortación a reflexionar antes de tomar esa decisión.\n\nLc 14\,25-33.\nEl seguimiento tiene como punto de partida una base humana\, indispensable para ser persona y para aceptar como tal las condiciones propiamente dichas del seguimiento.\n1. Condición básica: la libertad.\nLa libertad\, humanamente considerada\, tiene dos formas de realización: la libertad de acción y la libertad de opción. La primera se refiere a la facultad para actuar; la segunda\, a la posibilidad real de escoger. En la concepción general\, una persona es libre cuando hace lo que le venga en gana\, lo cual pone el acento en el deseo; pero\, cuando el deseo es irracional\, dañino para la convivencia\, o autodestructivo\, no se puede hablar de libertad sino de servidumbre. Entonces se percibe que esa libertad de acción es muy superficial\, «exterior»\, que necesita un regulador\, lo cual pone el acento en la razón\, dada la necesidad de escoger sin condicionamientos externos ni internos. Es la llamada libertad de opción\, que es más profunda\, «interior»\, más humana\, más verdadera.\nPero hay una tercera forma de libertad\, que es la libertad para amar\, fruto del Espíritu Santo\, la que se requiere para seguir a Jesús\, que pone el acento en el amor que consiste en el don de sí. Es libre el que se desprende para dar\, pero es más libre el que se desprende de sí para darse.\n2. Primera condición: la opción personal por él.\nJesús exige subordinarlo todo a su persona\, comenzando por los valores más sagrados: preferirlo incluso a las lealtades familiares y a la propia vida. Esta exigencia llama la atención sobre lo que él encarna y propone. Por eso hay que examinarla en su contexto.\nLa sociedad antigua tenía tres valores fundamentales e intocables: la familia\, la religión y la patria. Si uno prefiere a Jesús por encima de su familia\, lo prefiere también por encima de su religión y por encima de sus lealtades sociopolíticas. Esto implica que él ofrece algo superior a la familia\, a la religión y a la patria.\nÉl no niega la importancia de esos valores\, sino que los relativiza. Esta opción personal por él y por su causa ensancha el concepto de familia al incorporar a los suyos en una familia fundada en vínculos superiores a los biológicos\, o sociales (cf. Lc 8\,21; 18\,29); sustituye la religión por la fe al revelar a Dios como Padre y su amoroso designio de vida para la humanidad entera; y supera el estrecho concepto nacionalista de patria al proponer el reino de Dios como la patria de toda la humanidad. Optar por él no es perder\, sino ganar\, aunque haya que renunciar.\n3. Segunda condición: La coherencia indoblegable.\nJesús exige que su seguidor esté preparado para afrontar la hostilidad de la sociedad con la cual rompe al escogerlo a él. Es comprensible que una sociedad fundada en el dominio de las personas que la integran se sienta amenazada por el crecimiento de la libertad de sus miembros\, y que\, por esa causa\, se oponga a ese crecimiento. Esa sociedad no acepta la propuesta de Jesús\, y la rechaza juzgando\, condenando y persiguiendo a los que se atrevan a seguirlo.\nExperimentar ese rechazo significa «cargar la cruz»; es asumir la exclusión por haber preferido a Jesús y desarrollar así la libertad más allá de lo socialmente permitido. Cargar con el descrédito social\, afrontar el fracaso humano\, o sea\, participar de la suerte de los excluidos de esa sociedad\, es consecuencia de la opción personal por Jesús. Esta exigencia tiene en cuenta la costumbre de abuchear\, insultar y maldecir al condenado a morir crucificado cuando recorría el trayecto entre el lugar del tribunal que lo condenó y el lugar en donde se ejecutaba la crucifixión. Jesús compara ese trayecto a la entera existencia terrena de su seguidor: «cada día» (cf. Lc 9\,23).\n4. Exhortación a la reflexión.\nDada la seriedad de la decisión\, Jesús invita a la reflexión valiéndose de dos comparaciones:\nPrimera: La construcción de una casa o torre.\nUn proyecto familiar tiene sus costos. También los tiene un proyecto comunitario. Sobre todo\, el proyecto del reino de Dios. Hay que calcular los recursos con los cuales se cuenta\, a ver si se puede comenzar y llevar a cabo ese proyecto. Los recursos humanos no son suficientes. Si no se abren al amor universal del Padre\, sus potenciales seguidores no podrán recibir el Espíritu Santo\, y jamás podrán ser parte de ese proyecto\, ni miembros del reino de Dios.\nSegunda: La batalla de un rey contra otro.\nUna lucha no se libra sin medir fuerzas. Y si las fuerzas del oponente son superiores\, sería una temeridad dar batalla para terminar vencido y humillado. La lucha contra el «mundo» injusto no se libra con sus armas\, porque sus recursos de opresión y muerte son ilimitados. Si no se apoya en el amor del Padre –que da vida incluso a los muertos–\, el miedo a ese «mundo» acobardará al potencial seguidor antes de romper con él y de vivir la libertad cristiana.\n5. Tercera condición: El desprendimiento total.\nLa libertad que exige el seguimiento hace posible el desapego de todos los bienes\, y permite la subordinación de todos ellos al proyecto de Jesús. Quien tiene apegos no es libre\, está atado a aquello de lo que está apegado. No es interiormente libre. No puede ser discípulo de Jesús. Solo quien pueda desprenderse de sus valores más preciados –sean los valores familiares\, culturales\, sociales\, políticos o económicos– será verdaderamente libre para seguir a Jesús.\nEsta «renuncia» total va en contravía con la acumulación de bienes\, que es causa de la injusticia social denunciada por Jesús en muchas ocasiones (cf. Lc 12\,33-34; 16\,1-13; 18\,22-30). Renuncia que los primeros llamados hicieron espontáneamente al emprender la misión de «pescar hombres vivos» (cf. Lc 5\,11). Más allá de individuos libres\, Jesús se propone crear sociedades libres. En la base de esa libertad está el desprendimiento\, y en su cumbre\, la generosidad.\n\nDefinitivamente\, el cristianismo es una decisión personal\, que es la «puerta estrecha» de la que anteriormente habló Jesús (cf. Lc 13\,24). Esta decisión la toma cada uno\, la mantiene con la autenticidad de su opción\, y la alimenta con la fuerza del Espíritu Santo.\nSeguir a Jesús no es simplemente asumir un código ético ni cumplir un proyecto de perfección ascética; es dejarse renovar por el Espíritu Santo\, disfrutar de la libertad de los hijos de Dios\, y alcanzar la propia plenitud viviendo en el amor\, a imagen de Jesús\, el hombre nuevo. Pero ese seguimiento solo se puede concretar forjando una nueva sociedad humana\, de la que es primicia la comunidad cristiana; esa nueva sociedad es la que Jesús llama «el reino de Dios»\, que surge de la total disponibilidad a la fuerza de vida y libertad que procede del Espíritu Santo.\nEsa es la fuerza que Jesús nos infunde cuando se nos da en el pan de vida que él parte y reparte entre nosotros para que\, compartiéndolo\, lo sigamos unidos.\nFeliz día del Señor.
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SUMMARY:Lunes de la XXIII semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1\,24–2\,3): \nAhora me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo\, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia\, de la cual Dios me ha nombrado ministro\, asignándome la tarea de anunciaros a vosotros su mensaje completo: el misterio que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y que ahora ha revelado a sus santos. A éstos Dios ha querido dar a conocer la gloria y riqueza que este misterio encierra para los gentiles: es decir\, que Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria. Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos\, enseñamos a todos\, con todos los recursos de la sabiduría\, para que todos lleguen a la madurez en su vida en Cristo: ésta es mi tarea\, en la que lucho denonadamente con la fuerza poderosa que él me da. Quiero que tengáis noticia del empeñado combate que sostengo por vosotros y los de Laodicea\, y por todos los que no me conocen personalmente. Busco que tengan ánimos y estén compactos en el amor mutuo\, para conseguir la plena convicción que da el comprender\, y que capten el misterio de Dios. Este misterio es Cristo\, en quien están encerrados todos los tesoros del saber y el conocer. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 61\,6-7.9 \nR/. De Dios viene mi salvación y mi gloria \nDescansa sólo en Dios\, alma mía\,\nporque él es mi esperanza;\nsólo él es mi roca y mi salvación\,\nmi alcázar: no vacilaré. R/. \nPueblo suyo\, confiad en él\,\ndesahogad ante él vuestro corazón\,\nque Dios es nuestro refugio. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (6\,6-11): \nUn sábado\, entró Jesús en la sinagoga a enseñar. Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho. Los escribas y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado\, y encontrar de qué acusarlo.\nPero él\, sabiendo lo que pensaban\, dijo al hombre del brazo paralítico: «Levántate y ponte ahí en medio.» Él se levantó y se quedó en pie.\nJesús les dijo: «Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado\, hacer el bien o el mal\, salvar a uno o dejarlo morir?»\nY\, echando en torno una mirada a todos\, le dijo al hombre: «Extiende el brazo.»\nÉl lo hizo\, y su brazo quedó restablecido. Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nLunes de la XXIII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nLa obra del Mesías no termina con la muerte reconciliadora del mismo. De hecho\, la vida y la misión de Jesús en la historia se concretaron en el pueblo judío\, aunque la revelación del designio universal de Dios ensanchara su horizonte hacia la humanidad entera. El envío de sus discípulos al mundo pagano –del cual forman parte los colosenses– indica que ahora se abre la perspectiva del anuncio de la buena noticia a «las naciones». Puesto que la Iglesia es el «cuerpo» del Mesías\, y él es su «cabeza» (cf. 1\,18)\, ella prolonga su presencia y actividad en el mundo pagano. Al mismo tiempo\, la Iglesia toma conciencia de que –por ser ella «cuerpo mortal» del Mesías– le corresponde realizar su obra reconciliadora como lo hizo su cabeza.\nEl concepto de «cabeza» connota los principios de jefatura («capitalidad») y fuente de la vida («vitalidad») en las otras cartas; pero en las cartas a los colosenses y a los efesios el concepto de «fuente de la vida» se despliega en otro relacionado\, que es el de «fuente del crecimiento»\, concepto que se corresponde con la conexión que la cultura griega establecía entre la cabeza y el cuerpo en el caso humano. Así que el Mesías es el que impulsa el crecimiento tanto del cuerpo en general como de cada uno de sus miembros.\n\nCol 1\,24-2\,3.\nEl libre compromiso del apóstol es continuar la obra del Mesías asumiendo su condición de miembro de su cuerpo\, que es la Iglesia. Esa continuación la realiza mediante la predicación íntegra de la buena noticia «a toda criatura bajo el cielo» y por encargo de Dios (cf. 1\,23.25). La Iglesia –como cuerpo del Mesías– tiene la misión de completar en las naciones del mundo la misma pasión que vivió Jesús en su pueblo por causa de ese anuncio; para el apóstol esos padecimientos son un título de gloria\, del cual se alegra\, porque así se siente identificado con el Mesías (cf. 2\,24). El anuncio de la buena noticia provoca reacciones encontradas; para unos es motivo de alegría\, para otros lo es de rechazo. Pero\, si los padecimientos del Mesías recaen sobre el apóstol\, gracias al Mesías recae también sobre él y sobre las iglesias el ánimo para ir a anunciar la buena noticia (cf. 2Cor 1\,5; 1Tes 2\,14).\nAsí como se declaró servidor de la buena noticia (cf. 1\,23)\, así ahora se declara servidor de la Iglesia\, a cuyo servicio Dios lo destinó para que anunciara íntegro su mensaje (cf. 1\,25)\, que consiste en revelar el «secreto» que por siglos permaneció escondido\, pero que ahora él ha revelado a sus consagrados (cf. 1\,26)\, los cuales conocen lo valioso que este secreto es para todas las naciones\, y que consiste en que el Mesías\, «la gloria esperada»\, les pertenece también a ellas\, no es exclusivo de los judíos (cf. 1\,27). La razón para que ese secreto hubiera estado tanto tiempo «escondido» no corresponde a un designio divino\, ya que el propósito de Dios era revelarlo\, sino a una incapacidad de la humanidad\, por las condiciones en las que ella se encontraba. En efecto\, los pueblos y los hombres\, recluidos en sus fronteras nacionales y en sus estrecheces mentales\, se incapacitaban a sí mismos para captar y aceptar la universalidad del amor de Dios. La venida del Mesías y su acogida por los que se fiaron de él abrió mentes y derribó barreras\, permitiendo que algunos recibieran el Espíritu Santo. El Espíritu\, además de hacerles experimentar ese amor universal\, los consagró como «hijos» de Dios\, es decir\, los capacitó para amar del mismo modo que Dios\, y así pudieran revelar el secreto que\, de otro modo\, jamás habría podido ser conocido\, porque no es una verdad especulativa\, sino vital: el amor de Dios\, manifestado en el Mesías es la «gloria esperada» por toda la humanidad.\nLa presencia del Mesías entre los colosenses atestigua que mediante ese secreto se realiza el objetivo de Dios: revelar su gloria a las naciones. Esa es la oferta de los cristianos a todo ser humano\, para que cada uno llegue a ser un cristiano maduro\, un hombre realizado (cf. 1\,28). Esta revelación de la gloria equivale a lo que en las otras cartas es la comunicación del Espíritu Santo; también la maduración del hombre por el amor es fruto de la presencia y acción del mismo Espíritu. El autor\, con el fin de centrar todo en el Mesías\, le atribuye a él la obra que en otros escritos se le atribuye al Espíritu Santo. La cuádruple repetición del adjetivo «todo» (πᾶς) pretende enfatizar que el «secreto» es accesible a todos\, no reservado a unos pocos\, que era una característica de las llamadas «religiones mistéricas»\, con secretos cuyo conocimiento se restringía a unos pocos iniciados\, como un privilegio exclusivo suyo.\nLa razón por la cual el apóstol sufre y lucha\, sostenido por esa fuerza del Mesías –que en él se muestra eficaz– es la experiencia de que el designio divino es universal y sus destinatarios son todos los seres humanos (1\,29). Esa «fuerza» o «energía» del Mesías que despliega en él su eficacia es\, nuevamente\, otra manera de referirse al Espíritu Santo sin nombrarlo\, quizás en razón de las confusiones que había en Colosas respecto de los múltiples mediadores\, para evitar que compararan al Mesías y al Espíritu con las «soberanías y autoridades» que allí eran veneradas. Tal vez esa es la explicación también por la cual el término «autoridad» figura en este escrito con connotaciones peyorativas\, a diferencia de los demás escritos\nEl autor les da a conocer ese sufrimiento y esa lucha que soporta por amor a tantos que no lo conocen personalmente (cf. 2\,1) para estimularlos al amor entre ellos –que sí se conocen– uniéndose al comprender y profundizar este secreto de Dios\, que se revela en la persona del Mesías (cf. 2\,2). Esta información permite saber que las comunidades de Colosas\, Laodicea y «tantos otros» estaban afrontando las mismas dificultades. El amor que el autor manifiesta al preocuparse por ellos es experiencia de Dios (del Espíritu)\, y deja claro que se trata de algo que concierne a todos\, no importa que personalmente no se conozcan. Eso provoca entre él y ellos y entre las iglesias\, la solidaridad en el amor\, y ayuda a penetrar por experiencia en ese secreto del Mesías. En la persona del Mesías están ocultos y por descubrir «todos los tesoros del saber y del conocer» (cf. 2\,3). El primer encuentro con Jesús apenas da inicio al sondeo de esos inmensos tesoros. No hay necesidad d buscar saber y conocimiento fuera de él.\n\nApóstol es aquel que se identifica con Jesús y se siente una extensión suya («miembro de su cuerpo») en el mundo para continuar su obra de la misma manera que Jesús la realizó. En Jesús están todos los tesoros del «saber» (ciencia) y del «conocer» (experiencia) de Dios. En esto se distingue el apóstol de los charlatanes y de los santurrones.\nNinguna «revelación» se da por fuera del Mesías. Ninguna «teología» sustituye su Evangelio. Él es la Palabra de Dios\, el Hijo a quien hay que escuchar. Ninguna «santidad» se da por fuera de su Espíritu de amor. Ninguna «espiritualidad» reemplaza su praxis renovadora\, liberadora y salvadora. Él es el santo\, fuente del Espíritu Santo y santificador.\nA él es a quien decimos «amén» en la eucaristía\, «cuerpo del Mesías». Y con este «amén» nos adherimos firmemente a él –como individuos y como comunidades–\, manifestamos nuestra decisión de configurarnos con él\, y nos empeñamos en la fiel prolongación de su obra en la historia y en la geografía de los pueblos.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la XXIII semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 2\, 6-15 \nHermanos: \nYa que habéis aceptado a Cristo Jesús\, el Señor\, proceded según \nArraigados en él\, dejaos construir y afianzar en la fe que os enseñaron\, y rebosad agradecimiento. \nCuidado con que haya alguno que os capture con esa teoría que es una insulsa patraña forjada y transmitida por hombres\, fundada en los elementos del mundo y no en Cristo. \nPorque es en Cristo en quien habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad\, y por él\, que es cabeza de todo principado y autoridad\, habéis obtenido vuestra plenitud. \nPor él fuisteis también circuncidados con una circuncisión no hecha por hombres\, cuando os despojaron de los bajos instintos de la carne\, por la circuncisión de Cristo. \nPor el bautismo fuisteis sepultados con él\, y habéis resucitado con él\, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos. Estabais muertos por vuestros pecados\, porque no estabais circuncidados; pero Dios os dio vida en él\, perdonándoos todos los pecados. Borró el protocolo que nos condenaba con sus cláusulas y era contrario a nosotros; lo quitó de en medio\, clavándolo en la cruz\, y\, destituyendo por medio de Cristo a los principados y autoridades\, los ofreció en espectáculo público y los llevó cautivos en su cortejo \nPalabra de Dios.\n\n\nSalmo\nSal 144\, 1-2. 8-9. 10-11 \nR/. El Señor es bueno con todos. \nTe ensalzaré\, Dios mío\, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. Día tras día\, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás.. R/. \nEl Señor es clemente y misericordioso\, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos\, es cariñoso con todas sus criaturas R/. \nQue todas tus criaturas te den gracias\, Señor\, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado\, que hablen de tus hazañasR/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según San Lucas (6\, 12-19): \nSucedió que por aquellos días se fue él al monte a orar\, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día\, llamó a sus discípulos\, y eligió doce de entre ellos\, a los que llamó también apóstoles.\nA Simón\, a quien llamó Pedro\,\ny a su hermano Andrés;\na Santiago y Juan\,\na Felipe y Bartolomé\,\na Mateo y Tomás\,\na Santiago de Alfeo y Simón\, llamado Zelotes;\na Judas de Santiago\, y a Judas Iscariote\, que llegó a ser un traidor.\nBajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo\, de toda Judea\, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón\, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados.\nToda la gente procuraba tocarle\, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMartes de la XXIII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nDespués de explicar la total suficiencia del Mesías como regenerador\, liberador y salvador de la humanidad y de la creación entera\, Pablo declara su disposición a ocuparse de las falsas doctrinas que se difunden en Colosas\, Laodicea y lugares circunvecinos (cf. 2\,1) y que él llama «discursos especiosos»\, argumentos atrayentes y hasta plausibles\, pero falsos. Las fórmulas «bien alineados» y «firmes» (τάξις καὶ στερέωμα) pertenecen al lenguaje militar y se usaban para describir el ejército en formación y dispuesto a dar batalla (2\,4-5).\nLa explicación del «secreto de Dios» tiene una doble finalidad: que nadie desoriente a los fieles de Colosas con discursos capciosos\, y que los «hermanos creyentes» (1\,2) estén persuadidos de la permanente solicitud del apóstol por ellos\, aunque esté físicamente ausente. Lo primero tiene relación con el tema de la carta\, ya que el autor se propone neutralizar el posible influjo de ciertos predicadores ambulantes\, que recurren a esos «discursos capciosos»; lo segundo\, asegurarles su presencia espiritual y la alegría que siente cuando sabe que están bien encaminados y permanecen leales en su adhesión al Mesías. Se trata\, pues\, de mostrarles el auténtico camino cristiano para que no se dejen llevar por esos intelectuales\, probablemente gnósticos. Ellos proponen su propia visión de Dios\, pero el Dios de Jesús\, su Padre y de los suyos\, no se conoce por especulaciones\, sino por la experiencia del amor\, o sea\, dejándose amar por él y amando como él. Por lo pronto\, los colosenses permanecen fieles y están firmes.\n\nCol 2\,6-15.\nEl apóstol los anima a proseguir el desarrollo que comenzó con la aceptación del Mesías Jesús como «Señor». El concepto antiguo de «señor» se opone al de «esclavo» en el sentido de que el primero es dueño del segundo. En Jesús se verifica una nueva oposición: él es «Señor» porque libera al hombre de toda servidumbre y lo hace «señor» de sí mismo; proceder como cristianos (ἐν ἀυτῷ) implica hacer uso de ese señorío y guardarlo celosamente (2\,7). Así que al arraigarse en él y edificarse sobre él\, afianzándose en la adhesión de fe a él\, el cristiano crece en libertad y en alegría; por eso vive agradecido con su «Señor» (2\,8). El tema de la acción de gracias se repite a lo largo de la carta (1\,12; 2\,7; 3\,15.17; 4\,2)\, porque acentúa la diferencia entre la religión y la fe; el hombre religioso se siente en deuda; el hombre de fe vive agradecido.\nEl apóstol alerta a los colosenses para que no se dejen «capturar» o «reducir a la servidumbre» (συλαγωγέω: llevarse como botín) por los propagadores de esa «filosofía» que es una vana ilusión inveterada de la raza humana\, y que consiste en apoyarse en «lo elemental del mundo»\, y no en el Mesías liberador. En esa época se llamaba «filosofía» a un sistema de vida\, es decir\, a un modo de vivir coherente con determinada concepción del mundo. Se refiere a «filosofías» que ofrecían el logro de la plenitud humana sometiéndose a supuestas leyes de la naturaleza («lo elemental» o «lo rudimentario» del mundo: cf. también Col 2\,20; Gal 4\,9).\nEs en Jesús en donde de verdad habita la plenitud total de la divinidad\, no en los determinismos cósmicos («lo elemental del mundo»)\, y los colosenses lo saben por experiencia. Él está por sobre todos los poderes mundanos («toda soberanía y autoridad») y prevalece sobre ellos\, y ha liberado a los colosenses de la tiranía de los «bajos impulsos». Su consagración a Dios no procede de una «circuncisión hecha por hombres». Se refiere a la circuncisión –rito de iniciación a la vida adulta– que reconocía al varón como apto para el amor humano\, y a que esta fue asumida como signo de la alianza de Israel con Dios. Pero los colosenses ya comprobaron que hay otra consagración a Dios\, la del Espíritu (cf. Col 1\,8; Fil 3\,3; Ga 5\,5-6)\, que es el bautismo\, el cual realmente los vinculó al Mesías\, a su muerte y a su resurrección; consagración esta que es más efectiva que la circuncisión. Por esa consagración Dios los liberó de la muerte del pecado y les dio vida con el perdón que otorga a todos. Nuevamente se advierte que el autor atribuye solo a Jesús la obra de la regeneración\, evitando mencionar al Espíritu Santo\, para centrar a los colosenses en la persona del Mesías\, con el fin de que no confundan la fe cristiana con esos sincretismos judeo-paganos que él ha denominado «filosofía». De hecho\, más adelante evita nombrar al Espíritu al afirmar que los colosenses dieron fe a «la energía (ἐνέργεια: fuerza activa) de Dios que lo resucitó a él (al Mesías) de la muerte» (cf. Rom 1\,3-4; 8\,9-11)\, aunque establece la misma relación que hay entre la nueva vida de los cristianos perdonados y la resurrección del Mesías crucificado (cf. Col 2\,13; Rom 6\,10-11). Se observa que la omisión del nombre del Espíritu es intencional.\nCuando Jesús fue condenado como un criminal («en la cruz») en virtud de la Ley\, la Ley misma fue clavada en la cruz (condenada como criminal)\, ya que –como Dios se puso de parte de Jesús al resucitarlo– la Ley resultó condenada por Dios. Al anular la Ley\, los poderes que se apoyaban en ella («soberanías y autoridades») quedaron despojados de su poder y de su aura divina y ya sin razón alguna para esclavizar al ser humano en nombre de Dios. Por eso\, el Mesías triunfador se presenta públicamente reivindicado y acreditado por Dios\, y exhibe en su cortejo triunfal a los derrotados por él (el pecado\, el odio y la muerte) junto con sus agentes\, es decir\, las «soberanías y autoridades»\, tanto judías como paganas.\n\nCuando Jesús lavó los pies de sus discípulos\, les prestó un gran servicio: los hizo «señores». Esto encontró oposición en Pedro\, porque él concebía una sociedad estratificada\, en la que unos\, los de arriba\, son servidos por los otros\, los de abajo. Jesús venció esa resistencia diciéndole que\, si no se dejaba servir\, no tendría parte con él. Es decir\, que para tener parte con Jesús hay que ser servido por él y servidor como él: liberado y liberador. Ese señorío nos hermana por lo alto. En algunas parroquias hay personas que no se dejan servir de sus hermanos –ministros laicos– y se niegan a recibirles la comunión\, por ejemplo\, porque piensan que eso es atribución exclusiva del presbítero (algunas se la niegan al diácono). No se dejan servir. No quieren tener parte con Jesús.\nLa experiencia del Espíritu nos hace verdaderamente libres\, esto significa que el señorío tiene un estrecho vínculo con el amor del Señor. Cuanto más identificados con el amor manifestado por Jesús\, tanto más libres somos\, tanto más señores como él. La Ley esclaviza y sirve de pretexto a los que pretenden esclavizar personas para lograr disimuladamente sus objetivos\, camuflándolos con «discursos capciosos». Jesús libera y no legitima el dominio ni la manipulación de las gentes.\nCuando comulgamos con él\, nos configuramos con él\, nos hacemos señores para servir como él y no para dominar como las «soberanías y autoridades» de este mundo.\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la XXIII semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (3\,1-11): \nYa que habéis resucitado con Cristo\, buscad los bienes de allá arriba\, donde está Cristo\, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba\, no a los de la tierra. Porque habéis muerto\, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo\, vida nuestra\, entonces también vosotros apareceréis\, juntamente con él\, en gloria. En consecuencia\, dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación\, la impureza\, la pasión\, la codicia y la avaricia\, que es una idolatría. Eso es lo que atrae el castigo de Dios sobre los desobedientes. Entre ellos andabais también vosotros\, cuando vivíais de esa manera; ahora\, en cambio\, deshaceos de todo eso: ira\, coraje\, maldad\, calumnias y groserías\, ¡fuera de vuestra boca! No sigáis engañándoos unos a otros. Despojaos del hombre viejo\, con sus obras\, y revestíos del nuevo\, que se va renovando como imagen de su Creador\, hasta llegar a conocerlo. En este orden nuevo no hay distinción entre judíos y gentiles\, circuncisos e incircuncisos\, bárbaros y escitas\, esclavos y libres\, porque Cristo es la síntesis de todo y está en todos. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 144\,2-3.10-11.12-13ab \nR/. El Señor es bueno con todos \nDía tras día\, te bendeciré\ny alabaré tu nombre por siempre jamás.\nGrande es el Señor\, merece toda alabanza\,\nes incalculable su grandeza. R/. \nQue todas tus criaturas te den gracias\, Señor\,\nque te bendigan tus fieles;\nque proclamen la gloria de tu reinado\,\nque hablen de tus hazañas. R/. \nExplicando tus hazañas a los hombres\,\nla gloria y majestad de tu reinado.\nTu reinado es un reinado perpetuo\,\ntu gobierno va de edad en edad. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (6\,20-26): \nEn aquel tiempo\, Jesús\, levantando los ojos hacia sus discípulos\, les dijo: «Dichosos los pobres\, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre\, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis\, porque reiréis. Dichosos vosotros\, cuando os odien los hombres\, y os excluyan\, y os insulten\, y proscriban vuestro nombre como infame\, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo\, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero\, ¡ay de vosotros\, los ricos!\, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros\, los que ahora estáis saciados!\, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!\, porque haréis duelo y lloraréis. ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nMiércoles de la XXIII semana del Tiempo Ordinario. Año I. \nEl autor se detuvo a explicar la portentosa obra del Mesías\, en quien realmente habita la plenitud total de la divinidad\, mostrando cómo la cruz no fue derrota\, sino victoria pública y clamorosa.\nDespués\, el autor amonestó a los colosenses a no aceptar que les impongan observancias\, porque esas prácticas –además de pertenecer a una religiosidad no cristiana– eran «sombra de lo que tenía que venir»\, ya que «la realidad es el Mesías». Se refiere a que la sombra no tiene consistencia\, pero sí es proyección de una realidad (σῶμα) que sí la tiene. Enseguida los exhorta a vivir en la libertad cristiana\, sin dejarse impresionar por los santurrones que se inventan «humildades» (es decir\, acciones piadosas) y «devociones a ángeles»\, que se enfrascan en «sus visiones» y se engríen en «las ideas de su amor propio».\nAsí describe esa religiosidad\, centrada en sí mismo y en inventos humanos\, que no es en absoluto compatible con la espiritualidad cristiana del amor que se hace servicio. Actuando así\, se separan de Jesús. El autor emite dos juicios al respecto: primero\, dice que lo material es para servir al ser humano\, no para condicionarlo; después\, afirma que dicha religiosidad se rodeaba de un aura de celebridad a raíz de «…sus voluntarias devociones\, humildades y severidad con el cuerpo\, pero carecen de valor alguno\, solo sirven para cebar el amor propio» (cf. 2\,16-23). \nCol 3\,1-11.\nPara contrastar «la realidad del Mesías» (2\,17) con «lo elemental del mundo» (2\,20)\, ahora los invita a levantar la mirada hacia Jesús resucitado\, la fuente verdadera de su vida\, con el cual están asociados; vida por lo pronto escondida pero destinada a manifestarse. Los cristianos realizaron una ruptura definitiva («están muertos») con ese estilo de vida y convivencia que tuvieron como paganos y se adhirieron al modo de vida y convivencia del Mesías\, que deriva de Dios mismo.\nEl Mesías está «entronizado a la diestra de Dios»\, expresión calcada del Antiguo Testamento (cf. Sal 110\,1) para afirmar el señorío de Jesús\, real (ratificado por su resurrección) y muy por encima de los mediadores a los que los colosenses les rendían tributo de veneración\, «majestades\, señoríos\, soberanías y autoridades» (1\,16)\, que no son categorías de ángeles\, sino extrapolaciones al mundo invisible de las experiencias del mundo visible\, producto de especulaciones humanas.\nLos colosenses participan ya del verdadero mundo futuro («la vida de ustedes está oculta en el Mesías») a causa de su ruptura definitiva con el «mundo» injusto («están muertos»)\, que los llevó de la vana ilusión pagana («sombra»: 2\,17) a «lo que tenía que venir». Su esperanza actual no es ilusoria\, tiene un firme asidero: «cuando se manifieste el Mesías\, que es la vida de ustedes\, con él ustedes se manifestarán también ustedes gloriosos con él». En efecto\, ellos tienen la experiencia del Mesías resucitado\, el que fue crucificado por esos poderes que ellos veneraban.\nHay un contraste entre «lo de arriba» y «lo terreno»\, que equivale al que se da entre «la realidad del Mesías» y «lo elemental del mundo»\, y a la diferencia que hay entre «el hombre viejo» y «el hombre nuevo»:\na) El «hombre nuevo» –centrado en lo de arriba– por su experiencia de Dios se va renovando\, haciéndose imagen de su Creador; por eso no acepta exclusiones ni privilegios por razón de raza\, religión\, nación o condición social. En todo ser humano ve al Mesías.\nb) El «hombre viejo» –centrado en sí mismo– es egoísta («inmoralidad\, lujuria\, pasión\, deseos rastreros\, codicia…»)\, y vive alienado\, no es dueño de sí («cólera\, arrebatos de ira\, malevolencia\, insultos\, mentira\, grosería…»).\nEl «hombre nuevo» se manifiesta dejando atrás las conductas del «hombre viejo» y revistiéndose del Mesías y configurándose cada día más con él. El «hombre nuevo» (cf. Ef 2\,15; 4\,24) expresa la transformación radical de la existencia que implica el bautismo\, y tiene carácter colectivo y\, a la vez\, individual (la Iglesia y el bautizado). Por esa transformación\, el Mesías es ahora\, en esta historia\, «todo en todos»\, hasta cuando –en el reino del Padre– Dios mismo sea «todo en todos» (1Co 15\,28). El «hombre nuevo» es una realidad dinámica.\nEn coherencia con la radical ruptura que dio comienzo a la fe («ustedes están muertos»)\, ahora los colosenses tiene la tarea de ir haciendo realidad esa ruptura cada día de la vida. Esto es lo que el autor expresa con un verbo fuerte: «dar muerte»\, «extirpar»\, «mortificar» (νεκρόω) en relación con «los miembros sobre la tierra»\, es decir\, los impulsos autodestructivos que también dañan la convivencia fraterna. Es la confirmación permanente del bautismo en agua (rito de muerte) para que se verifique más definitivamente el bautismo en el Espíritu (vida nueva\, nueva convivencia). Esto entraña la separación progresiva de los restos que quedan de las prácticas cultuales paganas (cf. 2\,16-23) y la apertura al amor universal de Dios manifestado en el Mesías. «La ira» (o «el castigo») de Dios de que habla se refiere a la reprobación divina de la conducta individual y social de la que ellos definitivamente ya se separaron. Nada autoriza a entender el verbo «mortificar» (νεκρόω) como invitación a autoinfligirse daño\, como si eso agradara a Dios. Lo que realmente agrada a Dios es que el cristiano se vista del Mesías (se presente como él) y que se renueve cada vez más para configurarse con su Creador. Y esto se verifica cuando se vive el amor universal\, que no establece discriminaciones entre los seres humanos por motivos de raza («griego\, judío»)\, de religión («circunciso\, incircunciso»)\, de nacionalidad («extranjero\, bárbaro»)\, ni de condición social («esclavo\, libre»)\, porque el seguidor de Jesús en todos ve a su Mesías. \nLa nueva creación es un hecho. Hay un «hombre nuevo»\, que es el bautizado\, configurado con el Mesías por la unción del Espíritu Santo\, y una «nueva humanidad»\, que es la Iglesia\, templo de Dios en el mundo\, cuerpo del Mesías en la historia. En cuanto templo\, garantiza la presencia del Padre y el testimonio de su nombre; en cuanto cuerpo\, garantiza la acción eficaz del Espíritu del resucitado\, el anuncio del misterio de Dios\, y la prolongación de la obra de Jesús.\nPero este hecho no es «automático»\, depende de la fe que se hace activa por el amor y persevera en el tiempo por la esperanza. Esto no es una imposición\, es una necesidad; no es obligación\, es una honrosa misión. Quien conoce a Jesús y experimenta la fuerza renovadora de su Espíritu no escatima medios para compartir la experiencia de felicidad que lo embarga\, no por proselitismo\, sino porque\, por amor\, quiere que los demás compartan su alegría.\nEso es lo que la eucaristía alimenta en nosotros\, el ímpetu misionero. La eucaristía no solo es el alimento de la misión\, es su dinamismo. Comulgar sin dar testimonio ni anunciar es sofocar la fuerza propia de este «sacramento de nuestra fe».\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Jueves de la XXIII semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (3\,12-17): \nComo elegidos de Dios\, santos y amados\, vestíos de la misericordia entrañable\, bondad\, humildad\, dulzura\, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos\, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto\, el amor\, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados\, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite en vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente. Cantad a Dios\, dadle gracias de corazón\, con salmos\, himnos y cánticos inspirados. Y\, todo lo que de palabra o de obra realicéis\, sea todo en nombre del Señor Jesús\, dando gracias a Dios Padre por medio de él. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 150 \nR/. Todo ser que alienta alabe al Señor \nAlabad al Señor en su templo\,\nAlabadlo en su fuerte firmamento.\nAlabadlo por sus obras magníficas\,\nalabadlo por su inmensa grandeza. R/. \nAlabadlo tocando trompetas\,\nalabadlo con arpas y cítaras\,\nalabadlo con tambores y danzas\,\nalabadlo con trompas y flautas. R/. \nAlabadlo con platillos sonoros\,\nalabadlo con platillos vibrantes.\nTodo ser que alienta alabe al Señor. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (6\,27-38): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos: «A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos\, haced el bien a los que os odian\, bendecid a los que os maldicen\, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla\, preséntale la otra; al que te quite la capa\, déjale también la túnica. A quien te pide\, dale; al que se lleve lo tuyo\, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues\, si amáis sólo a los que os aman\, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien\, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar\, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores\, con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos\, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo\, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis\, y no seréis juzgados; no condenéis\, y no seréis condenados; perdonad\, y seréis perdonados; dad\, y se os dará: os verterán una medida generosa\, colmada\, remecida\, rebosante. La medida que uséis\, la usarán con vosotros.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nJueves de la XXIII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nLas prácticas de piedad\, llamadas «devociones»\, no deben hacerse para ganar prestigio y para promover desigualdades entre los creyentes con el fin de alcanzar posiciones de control o de dominio de los demás –basándose en una supuesta «superioridad moral»–\, ni tampoco para reclamar privilegios en la convivencia comunitaria alegando «perfección espiritual».\nEsas «devociones» que pretenden causar admiración o asombro\, y que buscan el aplauso de «los hombres» (cf. Mt 6\,1-2.5.16)\, porque aparecen como esfuerzo humano para agradar a Dios\, solo sirven para cebar el amor propio (cf. Col 2\,23). Incluso\, si fueran sinceras\, todas esas prácticas de privaciones («no tomes\, no pruebes\, no toques»: Col 2\,21) podrán tener un valor «humano»\, en cuanto fortalecen la voluntad y tiemplan la resistencia\, pero\, cuando dice el apóstol que «no tiene valor alguno» (Col 2\,23) se refiere a valor «espiritual»\, porque –para Jesús– lo que hace grande al ser humano es el servicio que dimana del amor. Lo que tiene un valor «espiritual» es lo que procede del Espíritu Santo\, es decir\, el amor que imita el de Dios. Por eso juzga tan severamente esas privaciones que no brotan del amor.\n\nCol 3\,12-17.\nAhora el apóstol pasa a describir más en detalle la existencia del «hombre nuevo»\, el hombre nuevo en acción. Y la presenta desde tres perspectivas:\n1. La convivencia comunitaria (vv. 12-13).\nSu consagración a Dios\, lejos de distanciarlo de los demás\, lo hace más humano y cercano: tierno\, agradable\, humilde\, sencillo\, tolerante\, llevadero\, listo a perdonar como se ha sentido perdonado por el Señor. Parte de una sucinta descripción de la comunidad cristiana\, que es «cuerpo del Mesías»\, a la que el cristiano se vincula por el bautismo por su adhesión a Jesús. Le aplica los términos que se usaban para referirse al pueblo de Israel («elegidos\, consagrados\, predilectos»)\, pero ahora de forma distributiva (uso del plural)\, no solamente corporativa (en singular: cf. Exo 19\,6)\, resaltando así que el ideal de pueblo de Dios se realiza en la comunidad cristiana. Esto deberá reflejarse en las mutuas relaciones de sus miembros\, como también era la exigencia para los miembros del pueblo de la antigua alianza.\nSiete rasgos muestran la transformación interior que caracteriza al hombre nuevo; primero enumera cinco seguidas: entrañable ternura\, bondad\, humildad\, sencillez\, tolerancia\, y luego intercala una exhortación al perdón a semejanza del perdón del Señor\, rasgo que destaca de forma visible\, para terminar señalando el amor mutuo como el vínculo de la perfección. Hay que observar que compara estos rasgos con las prendas de vestir («vístanse») y el amor mutuo aparece como el «cinturón» que mantiene dichas prendas unidas al cuerpo (la persona: v. 14).\nSe trata de ser radicalmente humano y de procurar una convivencia armoniosa y grata con los otros que comparten con él la misma fe y la misma esperanza\, y para lograrlo cultiva los valores correspondientes\, los que fortalecen la unidad.\n2. La vida íntima (vv. 14-15).\nEsas actitudes no son poses sino vida interior. Por eso se comparan a la ropa\, con la cual la persona se «viste» ante los demás\, como garante personal y base firme de la convivencia. El amor mutuo es\, a la vez\, rasgo de la comunidad («mutuo») y decisión del individuo («amor: disposición de dar vida). Este amor (ἀγάπη)\, que es inspirado por el Espíritu Santo (cf. 1\,8)\, es el núcleo del «designio» de Dios\, cuyo conocimiento es fruto del saber y de la inteligencia que procura el mismo Espíritu (cf. 1\,9). Esta «vestimenta» que caracteriza al «hombre nuevo» lo muestra públicamente como un ser dinámico\, en desarrollo o crecimiento\, que consiste en una permanente renovación que es fruto del «conocimiento» del designio de Dios. El autor da a entender que el conocimiento del misterio (experiencia del amor universal) promueve el desarrollo del cristiano –como el alimento que ayuda al niño a crecer– y que\, en vez de que se envejezca\, lo conduce a renovarse («por el conocimiento se va renovando»: cf. 3\,10) para que cada vez viva más a imagen de su Creador. Es como un proceso inverso al que se da en la vida biológica: por el crecimiento\, el hombre nuevo no envejece\, sino que se renueva.\nLa paz o felicidad que viene del Mesías es el criterio supremo. El Mesías hizo la reconciliación de lo terrestre con lo celeste «después de hacer la paz con la sangre de su cruz» (1\,20). No es una paz cualquiera\, como la llamada «pax romana»\, por ejemplo\, porque\, además de que no se trata de iniciativa humana\, tampoco se logra por imposición\, sino por la entrega de sí y en circunstancias que culminan con un final violento y deshonroso a los ojos del mundo. Esta paz es efecto de la fidelidad del Mesías al amor universal de Dios a la humanidad\, amor que abrazó a todos los seres humanos\, por lo cual todos se sienten agradecidos con Dios y con los que les prodigan el mismo amor siguiendo el ejemplo de su Creador.\nEl «hombre nuevo» no vive de una espiritualidad individualista porque se siente llamado a convivir en comunidad («un mismo cuerpo»).\n3. La asamblea fraterna (vv. 16-17).\nLos hombres nuevos se reúnen en asamblea:\na) Para compartir «el mensaje del Mesías» (la buena noticia) y edificarse mutuamente\, con la mejor disposición personal. Papel importante tienen en este compartir la palabra y la mutua edificación los profetas de las comunidades\, así como los maestros en la enseñanza y como los pastores en la consejería (cf. Efe 4\,11).\nb) Para cantar juntos a Dios con alegría y gratitud. El agradecimiento a Dios por su amor\, y a los hermanos por el suyo\, genera un clima de alegría en la asamblea que se manifiesta tanto en los cantos como en los salmos\, en los himnos y en los cánticos inspirados con los cuales la asamblea expresaba su dicha cristiana.\nc) Para animar su vida entera con el firme propósito de honrar al Señor y así agradecerle al Padre la vocación cristiana. La asamblea se convierte en un testimonio viviente de la nueva humanidad\, la sociedad de los hombres nuevos\, que con sus palabras y sus hechos honraban al Señor Jesús y bendecían a Dios Padre.\n\nHay que advertir que la convivencia comunitaria aparece como la primera manifestación del hombre nuevo\, dado que Jesús convoca a los suyos a crear una alternativa al «mundo»\, esa alternativa de convivencia que él llama «el reino de Dios»\, y que se vive en «comunidades de talla humana» en las cuales sus miembros puedan entablar relaciones fraternales directas\, sin la mediación de instituciones.\nPero es indudable que esa convivencia se afianza en la realidad interior del hombre nuevo\, el nacido de nuevo\, dado que Jesús\, ante todo\, convoca a los suyos a vivir personalmente esa asombrosa realidad que él llama «el reinado de Dios»\, es decir\, la transformación interior por la fe en él\, la aceptación del amor del Padre y el consiguiente don del Espíritu Santo. Esto es lo que constituye al «hombre nuevo» como alternativa a «los hombres».\nNuestras asambleas eucarísticas alimentan la espiritualidad cristiana de comunión (cada uno con el Señor y los unos con los otros en su amor) y nos lanzan al mundo como constructores de convivencia social verdaderamente humana. Ellas son expresión familiar de convivencia y lugar permanente de misión. Sin la convivencia fraterna y –sobre todo– sin la experiencia de la vida nueva en el Espíritu\, nuestras asambleas se volverían intrascendentes.\nLa comunión con el Señor exige inseparablemente unidos esos tres aspectos.\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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SUMMARY:Viernes de la XXIII semana del Tiempo Ordinario. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo (1\,1-2.12-14): \nPablo\, apóstol de Cristo Jesús por disposición de Dios\, nuestro salvador\, y de Jesucristo\, nuestra esperanza\, a Timoteo\, verdadero hijo en la fe. Te deseo la gracia\, la misericordia y la paz de Dios Padre y de Cristo Jesús\, Señor nuestro. Doy gracias a Cristo Jesús\, nuestro Señor\, que me hizo capaz\, se fió de mí y me confió este ministerio. Eso que yo antes era un blasfemo\, un perseguidor y un insolente. Pero Dios tuvo compasión de mí\, porque yo no era creyente y no sabía lo que hacía. El Señor derrochó su gracia en mí\, dándome la fe y el amor en Cristo Jesús. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 15\,1-2a.5.7-8.11 \nR/. Tú\, Señor\, eres el lote de mi heredad \nProtégeme\, Dios mío\, que me refugio en ti;\nyo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»\nEl Señor es el lote de mi heredad y mi copa;\nmi suerte está en tu mano. R/. \nBendeciré al Señor\, que me aconseja\,\nhasta de noche me instruye internamente.\nTengo siempre presente al Señor\,\ncon él a mi derecha no vacilaré. R/. \nMe enseñarás el sendero de la vida\,\nme saciarás de gozo en tu presencia\,\nde alegría perpetua a tu derecha. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (6\,39-42): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a los discípulos una parábola: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro\, si bien\, cuando termine su aprendizaje\, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano\, déjame que te saque la mota del ojo”\, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo\, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nViernes de la XXIII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nEsta carta es una de las tres llamadas «pastorales» (las otras dos son 2Tim y Tit)\, de discutida autenticidad por razones históricas y de lenguaje. Los datos de Hch y Rom no coinciden con los de estas cartas\, y la terminología y la fraseología difieren mucho\, y a veces contrastan. Lo más probable es que –como en la carta a los colosenses– sendos discípulos de Pablo hayan adaptado las enseñanzas del apóstol a las nuevas circunstancias\, incluso citando escritos del mismo que no estaban registrados. De hecho\, muestran comunidades preocupadas por cierto tipo de predicadores que generaban confusión y que las obligan a organizarse para defender la doctrina y las costumbres cristianas.\nTimoteo era natural de Listra\, Asia Menor\, hijo de padre pagano y madre judeocristiana\, de nombre Eunice (cf. Hch 16\,1-3; 2Tim 1\,5)\, convertido durante el primer viaje misionero de Pablo (cerca del año 47); dos años más tarde lo acompañó en su segundo viaje y se incorporó a su equipo de compañeros. Estuvo en Roma durante el arresto domiciliario de Pablo (cf. Col 1\,1; Flm 1). Era relativamente joven cuando fue encargado de la Iglesia de Éfeso (cf. 1Tim 4\,12). Algunos pasajes sugieren que era tímido por naturaleza (cf. 1Cor 16\,10)\, y tenía una salud frágil (cf. 1Tim 5\,23).\n\n1Tim 1\,1-2.12-14.\nEsta primera selección del leccionario contiene dos fragmentos. Tras el exordio (vv. 1-2) que comienza toda carta\, omite lo relativo a la misión de Timoteo en Éfeso y a la justificación de dicha misión (vv. 3-8) para tomar unas reminiscencias del autor sobre su pasado anticristiano seguidas de sus manifestaciones de gratitud «al Mesías Jesús\, Señor» (vv. 12-14).\n1. Remitente\, destinatario y saludo.\nRemitente. «Pablo»\, quien se autodesigna como «apóstol». La mención del título de apóstol aparece en cartas solemnes (cf. Rom\, 1 y 2 Cor\, Gal\, Efe\, Col); en las más familiares (Fil 1 y 2 Tes\, Flm) no aparece. La apelación a la condición de «apóstol del Mesías Jesús» es indicio de recurso a la autoridad del Mesías\, puesto que dicha condición se remite a una «disposición (ἐπιταγή) de Dios nuestro salvador». En las cartas pastorales\, el título «salvador» se predica tanto de Dios (cf. 1Tim 1\,1; 2\,3; 4\,11; Tit 1\,3; 2\,10; 3\,4) como de Jesús (cf. 2Tim 1\,10; Tit 1\,4; 2\,13; 3\,6). En el Antiguo Testamento se reserva a Dios\, y algunas veces se aplica a los jueces de Israel; fuera de las cartas pastorales\, en el Nuevo Testamento se reserva a Jesús\, con escasas excepciones (cf. Lc 1\,47; Jud 25). Aquí Jesús es presentado como el «Mesías de nuestra esperanza». El objeto de dicha esperanza\, en la carta\, es Dios como salvador universal (4\,10) y providente (6\,17)\, o en su condición de refugio de los desamparados (5\,5).\nDestinatario. «Timoteo»\, a quien el remitente denomina «hijo legítimo en la fe». El sustantivo «hijo» (τεκνον) denota al descendiente\, y connota los dolores del parto; el adjetivo «legítimo» (γνησιος) denota lo genuino y connota el afecto. El pronombre «nosotros» se refiere tanto al remitente como al destinatario. Como descendientes de judíos\, tienen una esperanza común («nuestra esperanza»)\, basada en la promesa divina\, que se cumple en Jesús\, Mesías.\nSaludo. Su contenido es el favor («la gracia»: expresión del amor divino\, que es gratuito)\, la «misericordia» (ayuda divina) y la «paz» (felicidad: armonía con Dios y los hombres). El origen de estos tres dones está\, juntamente\, en Dios Padre y el Mesías Jesús\, «Señor nuestro». Esto sugiere que tales dones se dan con el Espíritu Santo\, mencionado solo una vez (cf. 4\,1)\, quizá por el hecho de que la carta insiste más en la organización que en lo carismático-profético\, o sea\, que el don del Espíritu implica los tres que se separan en el saludo. Este saludo aparece así únicamente aquí y en 2Tim 1\,2; habitualmente\, Pablo usa la fórmula breve «gracia y paz». La «misericordia»\, puesta en medio\, implica la particular necesidad de la misma para Timoteo.\n[Siguen tres advertencias omitidas por el leccionario (vv. 3-11):\na) Encargo de Timoteo: impedir la enseñanza de doctrinas que desvían de la fe.\nb) Ese palabrerío delata un vacío de amor\, por el cual surgen los «maestros de la Ley».\nc) La ley es buena si no hay fe\, sobra si la hay. Vale para los que no viven el Evangelio.]\n2. Reminiscencia agradecida.\nPone en labios del apóstol una sentida acción de gracias haciendo memoria de su conversión personal: agradece al Mesías Jesús\, «Señor nuestro»\, tanto el hecho de haberle dado fuerzas como la confianza que depositó en él al ponerlo a su servicio (honor que le confiere) para ir en su nombre a anunciar la buena noticia («disposición de Dios»: 1\,1). Reconoce que «antes» de dicha conversión él era «blasfemo\, perseguidor e insolente». Con este reconocimiento está dando a entender que no tenía méritos para el apostolado\, y acentúa el hecho de la gratuidad de su envío y\, por consiguiente\, la generosidad del Señor\, que no tuvo en cuenta su pasado. Él reconoce que cuando perseguía a la Iglesia desconocía la fe. Su falta de fe lo condujo a la ignorancia; la fe lo llevó a una experiencia que es fuente de un saber superior.\nDios lo socorrió con grande misericordia (cf. 1\,2)\, para sacarlo de la ignorancia en la que él se encontraba sumido\, porque lo impulsaba un celo fanático por las cosas de Dios. El Señor se desbordó en generosidad\, llevándolo a la fe y a la experiencia del amor cristiano\, que lo sacó de su ignorancia. Esta «misericordia» que Dios tuvo de él (cf. 1\,16) es la que él le deseó a Timoteo en su saludo de forma enfática y explícita\, dada la importancia que le atribuye. En efecto\, él da testimonio de que esa misericordia lo ayudó a pasar de su condición de hombre de exaltadas convicciones religiosas a hombre de fe y de amor cristiano (cf. 1\,14).\nTimoteo tiene que enfrentar las pretensiones de algunos que se presentan como «maestros de la Ley» y\, con sus enseñanzas\, no están formando a la gente «en la fe como Dios quiere» (cf. 1\,3-4.6-7). El encargo de Timoteo «tiene por objeto el amor mutuo\, que brota del corazón limpio\, de la buena conciencia y de la fe sentida» (1\,5). Para eso requiere la misericordia de la que el mismo Pablo fue destinatario y en el presente agradece al Señor.\n\nCuando las ideas (o las ideologías) cobran más importancia que la fe y el amor cristiano\, surge el fanatismo y surgen los diversos «maestros» en las comunidades\, y «llevan más a discusiones que a formar en la fe como Dios quiere» (1\,4). Esta carta da un dramático testimonio de hasta dónde pueden conducir esos «maestros» las comunidades.\nTodo cristiano es un pecador en el que Cristo se fijó. El antiguo catecismo de Gaspar Astete nos enseñaba a decir que «somos cristianos por la gracia de Dios»\, no por méritos nuestros. El «género testimonial» siempre marca la diferencia entre el «antes de Cristo» y el «después de Cristo»\, que no es un dato del calendario universal\, sino un hecho que llena de alegría la vida del verdadero creyente. Pablo subraya\, en este caso\, la gran misericordia del Señor que se necesita para salir de la condición pecadora y fanática.\nAl comenzar la celebración de la eucaristía reconocemos nuestra condición de pecadores y pedimos perdón por nuestros pecados; y antes de comulgar reconocemos no tener títulos para merecer la comunión con el Señor. Pero lo recibimos porque necesitamos su amor para tener las fuerzas que necesitamos para abandonar del todo nuestro pasado pecador.\nFeliz viernes.
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SUMMARY:Sábado de la XXIII semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de los Números (21\,4b-9): \nEn aquellos días\, el pueblo estaba extenuado del camino\, y habló contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua\, y nos da náusea ese pan sin cuerpo.»\nEl Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas\, que los mordían\, y murieron muchos israelitas. Entonces el pueblo acudió a Moisés\, diciendo: «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes.»\nMoisés rezó al Señor por el pueblo\, y el Señor le respondió: «Haz una serpiente venenosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla.»\nMoisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a uno\, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 77\,1-2.34-35.36-37.38 \nR/. No olvidéis las acciones del Señor \nEscucha\, pueblo mío\, mi enseñanza\,\ninclina el oído a las palabras de mi boca:\nque voy a abrir mi boca a las sentencias\,\npara que broten los enigmas del pasado. R/. \nCuando los hacía morir\, lo buscaban\,\ny madrugaban para volverse hacia Dios;\nse acordaban de que Dios era su roca\,\nel Dios Altísimo su redentor. R/. \nLo adulaban con sus bocas\,\npero sus lenguas mentían:\nsu corazón no era sincero con él\,\nni eran fieles a su alianza. R/. \nÉl\, en cambio\, sentía lástima\,\nperdonaba la culpa y no los destruía:\nuna y otra vez reprimió su cólera\,\ny no despertaba todo su furor. R/. \nPuede sustituirse por la siguiente lectura \nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2\,6-11): \nCristo\, a pesar de su condición divina\, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario\, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo\, pasando por uno de tantos. Y así\, actuando como un hombre cualquiera\, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte\, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo\, en la tierra\, en el abismo\, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor\, para gloria de Dios Padre. \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Juan (3\,13-17): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo\, sino el que bajó del cielo\, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto\, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre\, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él\, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo\, sino para que el mundo se salve por él.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nSábado de la XXIII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nEl apóstol continúa compartiendo con el destinatario de la carta sus confidencias sobre su pasado y sobre la acción del Mesías Jesús en su vida\, generalizando ahora su experiencia\, la que propone como estímulo para «los pecadores»\, animándolos implícitamente a comprobar los alcances de la misericordia de Dios\, manifestada por medio del Mesías Jesús. Esta expresión («Mesías Jesús»\, «Jesús Mesías») aparece muy frecuentemente en la carta. «Mesías Jesús» (11 veces)\, «Jesús Mesías» (3 veces). Cuando el nombre precede al título («Jesús Mesías»: 1\,16; 6\,3.14)\, el énfasis recae en la actuación histórica de Jesús; cuando el título precede al nombre («Mesías Jesús»: 1\,1.2.12.14.115\, etc.)\, se refiere a la actividad del Mesías desde su condición gloriosa.\nEl concepto de «pecador» que maneja el autor en la carta tiene dos aspectos. Uno genérico\, que se refiere a todos aquellos para quienes fue instituida la Ley\, es decir\, para quienes carecen de un control efectivo de su propia vida y necesitan una guía exterior –en Gal 3\,24-25 Pablo habla de «aya»–\, indicio de que son seres humanos en condición de minoría de edad (cf. 1Tim 1\,8-10). Y el otro concreto\, referido a su propia condición\, que es la de quienes le dieron a la Ley un valor absoluto y la pusieron por encima del hombre hasta el punto de volverse así en contra de Dios con un fanatismo religioso tan ignorante como violento (cf. 1\,12-15).\n\n1Tm 1\, 15-17.\nCon una fórmula estereotipada (cf. 1Tm 3\,1; 4\,9; 2Tm 2\,11; Tt 3\,8) –que sirve para subrayar el carácter solemne de una afirmación y que probablemente alude un dicho conocido– resume en una cierta cita lo que antes dijo: «que el Mesías Jesús vino al mundo para salvar pecadores» (cf. Lc 19\,10). A partir de la figura gloriosa\, en mirada retrospectiva\, declara la misión histórica y su aprobación de parte de Dios (por eso está en la gloria). El autor\, tras de catalogarse entre los que le dieron ese valor absoluto a la Ley\, se propone como testimonio de la misericordia del Mesías y de la eficacia de esa misericordia en él\, que puede ser la misma en todos los pecadores\, ya que que él se declara «primero» (πρῶτός) entre ellos\, es decir\, el más pecador de todos. Y si a él el Mesías lo miró con misericordia\, a los menos pecadores los mirará también con misericordia; y si esta fue efectiva en él\, también lo será en los otros.\nDice ser «el primero» de los pecadores; aunque se siente ya perdonado\, su condición pecadora subsiste («soy»). No obstante ser el más pecador\, Dios tuvo misericordia de él (no lo abandonó\, sino que le ayudó) haciendo que el Mesías Jesús mostrase en él\, «el primero»\, el alcance de su magnanimidad. El primero de los pecadores resultó ser el primer beneficiario de tan grande generosidad\, de manera que él se convirtió en testimonio viviente para los otros pecadores: para todos hay perdón\, por lo que ningún pecador puede desesperar de su propia situación\, ya que la misión del Mesías Jesús glorificado es la misma que manifestó Jesús Mesías en su vida terrenal.\nEl autor atribuye espontáneamente al Mesías los rasgos que siempre se predicaron como propios de Dios\, la misericordia y la paciencia. Además\, muestra una identificación de voluntades cuando le atribuye al Mesías el propósito de salvar\, predicado también de Dios (1\,1)\, ya que la paciencia y la misericordia del Mesías en relación con él constituye «un ejemplo típico a los que el en futuro creyesen en él para obtener vida eterna» (1\,16).\nEsta «confesión» del apóstol es ya un reconocimiento de la generosidad de Dios\, y\, al pensar en las innumerables conversiones que propiciará su testimonio\, la confesión se vuelve una expresión de glorificación (doxología) a Dios. Es posible que este versículo sea parte de un conocido himno cristiano. Las doxologías son frecuentes en las cartas de Pablo (cf. Rom 9\,5\, etc. Gal 1\,5)\nAl invocarlo como «rey de los siglos» –expresión corriente en el judaísmo posterior al exilio– le reconoce el señorío sobre la historia: el tiempo no lo determina\, él pone el tiempo al servicio de su designio (como lo hizo devolviendo su pueblo a la tierra prometida después del exilio). Por eso\, la designación «inmortal» afirma no sólo su plena posesión de la vida como atributo propio\, sino que el paso del tiempo no lo afecta\, porque él es «eterno» y tampoco envejece. Su condición de «invisible» lo sustrae de la categoría material\, deleznable y caduca\, común a toda la creación\, y lo sitúa fuera del alcance del ojo humano\, de modo que solo se lo puede conocer por la fe\, no por la vista (cf. 2Cor 5\,7). El término «invisible» (ἀόρατος) traduce en la Biblia griega (LXX) dos términos de la Biblia hebrea\, «vacío» (תֹהוּ: Gen 1\,2) y «secreto» (מִסְתָּר: Isa 45\,3); ya en el Nuevo Testamento se halla con las connotaciones de inmaterialidad («vacío») e invisibilidad («oculto») en varios escritos (Rom 1\,20; Col 1\,15.16; Heb 11\,27). En definitiva\, todas esas características lo presentan como un ser «único»\, nadie se le puede comparar. Y tanta excelsitud se pone al servicio de los seres humanos\, comenzando por los pecadores.\nEs probable –como se anotó– que el origen de esta doxología sea litúrgico (cf. 5\,15-16). Es muy frecuente encontrar en las cartas pastorales estas aclamaciones que tienen rasgos de fórmulas de corte litúrgico (cf. 2\,5-6; 5\,21; 6\,15-16; 2Tim 1\,9-10; 2\,8; 4\,1). Esto es indicio de lo compenetrada que estaba la vida con el culto en asamblea.\n\nEl sentimiento de gratitud que manifiesta el apóstol hunde raíces en su memoria. Es consciente de que insultó a los cristianos y los persiguió con arrogancia de fanático ignorante (cf. 1\,13)\, pero lo confiesa\, y reconoce que fue la misericordia de Dios la que lo sacó de ese estado. Agradece el llamado a la fe y la confianza que el «Mesías Jesús Señor» depositó en él designándolo apóstol y destinándolo a su servicio. Su confesión es un reconocimiento de la gratuidad del amor de Dios y del Mesías Jesús. Lo que cambió su vida para mejor es puro don divino.\nEsta gratitud es necesaria en la espiritualidad cristiana\, porque –si llegara a faltar– podría darse la presunción de que el don de Dios es «merecido»\, y eso conduciría a la depreciación de la gracia o a su no suficiente valoración. En la raíz de nuestra reincidencia en el pecado está la falta de gratitud a Dios. Pero esta misma falta de gratitud podría deberse a que no se ha experimentado un cambio tan radical de vida como el que reconoce el autor de la carta\, lo que pone en tela de juicio la verdad o\, al menos\, la profundidad de algunas conversiones.\nLa eucaristía\, que es signo de nuestra comunión individual y comunitaria con el Señor\, se halla en crisis de sentido\, quizá por falta de una adecuada catequesis. Antes –aunque fuera vagamente– la gente tenía claro que para recibir la eucaristía había que «estar confesado»\, o sea\, haber roto con el pecado. Ahora\, da la impresión que las personas piensan que lo que requieren para recibir la eucaristía es tener dificultades económicas o padecer de alguna enfermedad\, porque se mira la eucaristía desde la perspectiva de «remedio» farmacológico\, no espiritual\, e incluso se considera como una solución automática\, casi mágica\, no como compromiso de fe.\nNecesitamos purificar nuestras intenciones a la hora de comulgar con el Señor Jesús Mesías.\nFeliz sábado en compañía de María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:XXIV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Éxodo (32\,7-11.13-14): \nEn aquellos días\, el Señor dijo a Moisés:\n«Anda\, baja de la montaña\, que se ha pervertido tu pueblo\, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un becerro de metal\, se postran ante él\, le ofrecen sacrificios y proclaman: “Este es tu Dios\, Israel\, el que te sacó de Egipto”».\nY el Señor añadió a Moisés:\n«Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso\, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo».\nEntonces Moisés suplicó al Señor\, su Dios:\n«¿Por qué\, Señor\, se va a encender tu ira contra tu pueblo\, que tú sacaste de Egipto\, con gran poder y mano robusta? Acuérdate de tus siervos\, Abrahán\, Isaac e Israel\, a quienes juraste por ti mismo: “Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo\, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre”».\nEntonces se arrepintió el Señor de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 50\,3-4.12-13.17.19 \nR/. Me levantaré\, me pondré en camino adonde está mi padre. \nV/. Misericordia\, Dios mío\, por tu bondad\,\npor tu inmensa compasión borra mi culpa;\nlava del todo mi delito\,\nlimpia mi pecado. R/. \nV/. Oh Dios\, crea en mí un corazón puro\,\nrenuévame por dentro con espíritu firme.\nNo me arrojes lejos de tu rostro\,\nno me quites tu santo espíritu. R/. \nV/. Señor\, me abrirás los labios\,\ny mi boca proclamará tu alabanza.\nMi sacrificio agradable a Dios\nes un espíritu quebrantado;\nun corazón quebrantado y humillado\,\ntú\, oh\, Dios\, tú no lo desprecias. R/. \n\n\nSegunda lectura\nLectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo (1\,12-17): \nQUERIDO hermano:\nDoy gracias a Cristo Jesús\, Señor nuestro\, que me hizo capaz\, se fió de mí y me confió este ministerio\, a mí\, que antes era un blasfemo\, un perseguidor y un insolente.\nPero Dios tuvo compasión de mí porque no sabía lo que hacía\, pues estaba lejos de la fe; sin embargo\, la gracia de nuestro Señor sobreabundó en mí junto con la fe y el amor que tienen su fundamento en Cristo Jesús.\nEs palabra digna de crédito y merecedora de total aceptación que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores\, y yo soy el primero; pero por esto precisamente se compadeció de mí: para que yo fuese el primero en el que Cristo Jesús mostrase toda su paciencia y para que me convirtiera en un modelo de los que han de creer en él y tener vida eterna.\nAl Rey de los siglos\, inmortal\, invisible\, único Dios\, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén. \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (15\,1-32): \nEN aquel tiempo\, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:\n«Ese acoge a los pecadores y come con ellos».\nJesús les dijo esta parábola:\n«¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas\, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada\, hasta que la encuentra? Y\, cuando la encuentra\, se la carga sobre los hombros\, muy contento; y\, al llegar a casa\, reúne a los amigos y a los vecinos\, y les dice:\n“¡Alegraos conmigo!\, he encontrado la oveja que se me había perdido”.\nOs digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.\nO ¿qué mujer que tiene diez monedas\, si se le pierde una\, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado\, hasta que la encuentra? Y\, cuando la encuentra\, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice:\n“Alegraos conmigo!\, he encontrado la moneda que se me había perdido”.\nOs digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».\nTambién les dijo:\n«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:\n“Padre\, dame la parte que me toca de la fortuna”.\nEl padre les repartió los bienes.\nNo muchos días después\, el hijo menor\, juntando todo lo suyo\, se marchó a un país lejano\, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.\nCuando lo había gastado todo\, vino por aquella tierra un hambre terrible\, y empezó él a pasar necesidad.\nFue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos\, pero nadie le daba nada.\nRecapacitando entonces\, se dijo:\n«Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan\, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré\, me pondré en camino adonde está mi padre\, y le diré: Padre\, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.\nSe levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos\, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y\, echando a correr\, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.\nSu hijo le dijo:\n“Padre\, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.\nPero el padre dijo a sus criados:\n“Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete\, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”.\nY empezaron a celebrar el banquete.\nSu hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa\, oyó la música y la danza\, y llamando a uno de los criados\, le preguntó qué era aquello.\nEste le contestó:\n“Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado\, porque lo ha recobrado con salud”.\nÉl se indignó y no quería entrar\, pero su padre salió e intentaba persuadirlo.\nEntonces él respondió a su padre:\n“Mira: en tantos años como te sirvo\, sin desobedecer nunca una orden tuya\, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio\, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres\, le matas el ternero cebado”.\nEl padre le dijo:\n“Hijo\, tú estás siempre conmigo\, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse\, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nXXIV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.\n\nPlanteadas las condiciones para el seguimiento\, Jesús aclaró que la fidelidad en sí es «excelente»\, pero una fidelidad insensata es como una sal sin sabor\, que de nada sirve\, es un desecho. Y lanzó una invitación abierta: «¡El que tenga oídos para oír\, que escuche!» (Lc 14\,34).\nNo se trata de ser fieles a una doctrina\, lo que podría llevar al fanatismo\, sino de ser fieles a una persona\, a Dios. Y la fidelidad a Dios sin la fidelidad al ser humano es aparente. A eso se refiere Jesús con las tres parábolas que escuchamos este domingo.\n\nLc 15\,1-32.\nLa primera respuesta visible a la invitación de Jesús provino de «todos» los excluidos. «Se le iban acercando todos los recaudadores y los descreídos para escucharlo». Ellos tienen oídos y quieren escucharlo. Pero\, justamente «por eso\, tanto los fariseos como los letrados lo criticaban diciendo: Este acoge a los pecadores y comen con ellos». La respuesta favorable de los excluidos les parece censurable a los piadosos e ilustrados\, y para ellos es razón suficiente para descalificar a Jesús.\nEl evangelista anuncia que Jesús responde con una parábola\, que va precedida de dos menores con el mismo mensaje: la actitud de Dios ante los perdidos\, que ellos conocen por experiencia.\n1. Parábola de la oveja perdida.\nLa analogía de la oveja perdida era conocida por sus oyentes gracias a los profetas (Miq 4\,6-7; Jer 23\,1-4; Ez 34\,11-16). Jesús apela a la experiencia humana\, y resalta que se trata de un asunto de humanidad\, no exclusivamente de liderazgo («¿qué hombre entre ustedes?»). Cuando cuenta cada oveja\, si se pierde una\, hay que recuperarla. Dejar las noventa y nueve «en el desierto» es un dato importante: quedan en el camino hacia la libertad de la tierra prometida. Buscar «hasta que la encuentra» demuestra interés en recuperarla. Echársela a los hombros con alegría implica que la búsqueda fue exitosa y que la recuperación es satisfactoria. La reunión con los amigos y vecinos busca su reconocimiento y deja ver que el acontecimiento tiene amplias repercusiones sociales.\nLa explicación es muy clara: Dios («el cielo») se alegra más por la enmienda de un pecador que por noventa y nueve justos que no necesitan enmendarse».\n2. Parábola de la moneda perdida.\nLa analogía de la moneda perdida introduce una figura femenina y sirve para pasar del ámbito abierto\, a la intemperie\, al cerrado interior de una casa de la época. La moneda que se pierde es una dracma\, moneda griega equivalente al denario romano. Si en la parábola anterior el acento se ponía en la búsqueda en sí\, ahora el acento recae en el modo de buscar la moneda. Encender una lámpara es símbolo de activar la misión que transmite el amor universal de Dios (cf. Lc 8\,16); barrer la casa es símbolo de renunciar a prejuicios contrarios a ese amor (cf. Lc 11\,24-25); buscar con cuidado denota la diligencia puesta en todo el proceso. La alegría por el resultado es también reconocimiento público y de amplias repercusiones sociales («amigas y vecinas»).\nLa explicación es otra: los hijos de Dios en el cielo («los ángeles de Dios»\, cf. Lc 12\,8; 20\,36) se alegran por un solo pecador que se enmienda. Como hijos\, participan de la alegría de su Padre.\n3. Parábola del hijo perdido.\nFinalmente\, la parábola anunciada y preparada por las dos anteriores: Dios se alegra cuando un pecador se enmienda\, y los hijos de Dios también. El problema se ha planteado por la acogida que Jesús les brinda a los recaudadores y los descreídos\, y el rechazo de su actitud por parte de los fariseos y los letrados. Jesús va a explicar la razón de ser de su actitud.\nEn la parábola se habla de dos hijos. El mayor (πρεσβύτερος) representa a los fariseos y letrados; el menor (νεώτερος)\, a los recaudadores y descreídos.\nAl reclamar su parte de la herencia\, el hijo menor declara muerto a su padre\, es decir\, rompe de forma definitiva la relación con él; es como si dejara de existir para él. Ruptura que él ratifica por la distancia que establece marchándose «lejos». Al dilapidar la herencia\, muestra poca valoración por la vida de su padre (οὐσία significa a la vez «vida» y «bienes»). Pero\, la lejanía del padre que es la fuente de la vida (y de los bienes) termina produciéndole una dolorosa insatisfacción y una necesidad tan apremiante que lo reduce a la dependencia más humillante («guardar cerdos»). La suerte de los paganos («cerdos») llega a parecerle envidiable al lado de la suya.\nEntonces se acuerda del padre y decide volver a él arrepentido\, abrumado por el sentimiento de culpa y de indignidad\, consciente de que renunció a todos sus derechos de hijo. Pero se encuentra con un padre acogedor\, tierno\, que no lo juzga ni lo condena\, sino que se conmueve ante tanta desdicha que lo aflige; que ahoga su confesión de culpa haciendo que su familia lo reconozca de nuevo como hijo. El padre ordena investirlo como hijo\, calzarlo como hombre libre\, y ponerle en su dedo el anillo de la relación de amor que de su parte nunca se rompió. Su alegría también tiene amplias repercusiones: es una gran fiesta de familia.\nEl hijo mayor se niega a participar de esa fiesta\, la fiesta del perdón\, alegando su fidelidad como siervo\, no como hijo\, y reclamando porque él no disfrutó de la libertad de la que siempre dispuso. Se niega a reconocer como hermano al menor\, y se refiere a él con evidente desprecio. De nada valen las declaraciones de amor por igual para ambos de parte del padre\, su rencor es inflexible.\n\nEl amor universal de Dios irrita a los fariseos y letrados que por fidelidad a la letra de la Ley han olvidado la compasión hacia el ser humano y son incapaces de compartir la alegría de Dios «por un pecador que se enmienda»\, así como son también incapaces de sentir como hijos de Dios «la misma alegría». Las palabras de Jesús se podrían parafrasear así: «Excelente cosa es la fidelidad\, pero si también la fidelidad de vuelve insensata\, ¿con qué se la podrá arreglar?».\nLa fidelidad de esos letrados y fariseos es tan insensata como la de quienes pretenden poner los códigos por encima de las personas\, y condenar sin remedio a las personas por conductas que ya no pueden ser evitadas. No es aventurado pensar que los «hijos perdidos» abundarán en donde se instalen esos «hijos mayores» que les den más importancia a las instituciones que a la gente\, y que valoran más el cumplimiento de las normas que la unidad de la sociedad.\nEs insensato dividir la sociedad humana en «buenos» y «malos» teniendo como criterio normas y costumbres que deben estar al servicio de la unidad y no contra ella. Necesitamos aprender a hacer fiesta\, la fiesta de la unidad\, la fiesta de la reconciliación\, la fiesta del perdón mutuo. Todos somos pecadores y todos necesitamos enmendar algo. Una sociedad incluyente no es lo mismo que una sociedad absorbente; no se trata de que un grupo social sea absorbido por otro\, sino de que todos nos enmendemos para reconciliarnos delante de Dios.\nEl banquete de la eucaristía es fiesta de la fraternidad que comienza con una petición general de perdón; todos pedimos perdón\, y todos reconocemos que no merecemos la invitación que nos hizo el Señor para participar en él. Y todos agradecemos el hecho de haber sido invitados.\n¡Feliz día del Señor!
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SUMMARY:Lunes de la XXIV semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo (2\,1-8): \nAnte todo recomiendo que se hagan plegarias\, oraciones\, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los constituidos en autoridad\, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad. Esto es bueno y agradable a Dios\, nuestro Salvador\, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad. Porque hay un solo Dios\, y también un solo mediador entre Dios y los hombres\, Cristo Jesús\, hombre también\, que se entregó a sí mismo como rescate por todos. Este es el testimonio dado en el tiempo oportuno\, y de este testimonio –digo la verdad\, no miento– yo he sido constituido heraldo y apóstol\, maestro de los gentiles en la fe y en la verdad. Quiero\, pues\, que los hombres oren en todo lugar elevando hacia el cielo unas manos piadosas\, sin ira ni discusiones. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 27 \nR/. Salva\, Señor\, a tu pueblo \nEscucha\, Señor\, mi súplica\ncuando te pido ayuda\ny levanto las manos hacia tu santuario. R/. \nEl Señor es mi fuerza y mi escudo\,\nen él confía mi corazón;\nél me socorrió y mi corazón se alegra\ny le canta agradecido. R/. \nEl Señor es la fuerza de su pueblo\,\nel apoyo y la salvación de su Mesías.\nSalva\, Señor\, a tu pueblo\ny bendícelo porque es tuyo;\napaciéntalo y condúcelo para siempre. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo Evangelio según san Lucas (7\,1-10): \nEn aquel tiempo\, cuando terminó Jesús de hablar a la gente\, entró en Cafarnaum. Un centurión tenía enfermo\, a punto de morir\, a un criado\, a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús\, le envió unos ancianos de los judíos\, para rogarle que fuera a curar a su criado.\nEllos presentándose a Jesús\, le rogaban encarecidamente: «Merece que se lo concedas porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga.»\nJesús se fue con ellos. No estaba lejos de la casa\, cuando el centurión le envió a unos amigos a decirle: «Señor\, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra\, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes\, y le digo a uno: “ve”\, y va; al otro: “ven”\, y viene; y a mi criado: “haz esto”\, y lo hace.»\nAl oír esto\, Jesús se admiró de él\, y\, volviéndose a la gente que lo seguía\, dijo: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe.»\nY al volver a casa\, los enviados encontraron al siervo sano. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general  \n\n\nLunes de la XXIV semana del Tiempo Ordinario. Año I. \nDespués de la doxología\, el autor urgió a Timoteo a poner en práctica las instrucciones que le dio. Y lo hizo como un padre que educa a su hijo en la manera de comportarse\, al más tradicional estilo sapiencial («Timoteo\, hijo mío»)\, recordando –tanto para sí mismo como para Timoteo– que la designación de este último se debió a mensajes inspirados que hubo en la comunidad a través de los profetas de la misma. Esos mensajes son suficiente apoyo para que él preste su servicio «en este noble combate\, armado de fe y de buena conciencia».\nRecordó también\, con tristeza\, que algunos prescindieron de la buena conciencia y\, por eso\, «naufragaron de la fe». Concretamente\, nombra a Himeneo y Alejandro\, a quienes él expulsó de la comunidad. «Entregar a Satanás» es lo mismo que devolver al mundo\, o sea\, excomulgar temporalmente (cf. 1Co 5\,5). Himeneo es nombrado también en 2Tm 2\,17 como uno de los seducidos por herejías (cf. 2Tm 2\,18). Alejandro es probablemente el mismo de 2Tm 4\,14\, que era broncista\, y que se volvió enemigo del apóstol. El motivo que este aduce para dicha expulsión de la comunidad está implícito en la finalidad de la misma: «para que aprendan a no insultar»; la finalidad es pedagógica\, el motivo permanece genérico. \n1Tim 2\,1-8.\nCoherente con el amor universal del Padre y la vocación universal a la salvación\, el cristiano ora en todas las formas («súplicas\, plegarias\, peticiones y acciones de gracias») «por todos los hombres\, por los reyes y por todos los que ocupan altos cargos»). La enumeración de cuatro formas de oración no es taxativa\, sino totalizante; sugiere que todas las formas de oración de una comunidad cristiana han de abrazar a todos los seres humanos. La comunidad cristiana no se encierra en sus propios intereses\, se interesa por el bien de todos. La convivencia social se describe primero globalmente\, luego se señalan los primeros responsables de las naciones («reyes») y\, por último\, sus auxiliares («los que ocupan altos cargos»). Dado que enumera los reyes en plural\, y en cada nación solo había uno\, se entiende que la oración se extiende a toda la humanidad\, a todas y cada una de las naciones.\nEsta oración es independiente de la postura política individual y de la situación política en general\, y no tiene que ver con opción alguna de la comunidad a favor o en contra de quien ejerza el poder. El objeto de esa oración es el logro de una convivencia tranquila y apacible\, justa y decorosa. «Tranquila» (ἤρεμος) es un término que aparece solo aquí y que se refiere a la calma de la quietud; «sosegada» (ἡσύχιος) se opone a la agitación (cf. 1Tes 4\,11) y se refiere al reposo después del trabajo (cf. Lc 23\,56); «piedad» (εὐσεβεία) no aparece en los evangelios\, pero abunda en las cartas pastorales en el sentido de religión o piedad; «decencia» (σεμνότης) pertenece también al vocabulario de las cartas pastorales con el sentido de seriedad\, dignidad. Se trata de un mínimo común en beneficio general. Esto es «bueno y grato» ante Dios que\, como Salvador (comunicador de vida)\, quiere que toda la humanidad («todos los hombres») tenga la vida y (por experiencia) conozca la verdad de Dios (su amor que infunde vida).\nLa era del politeísmo quedó atrás\, y ya pasó la época de los antiguos mediadores nacionales (Moisés\, Elías\, etc.)\, que restringían el acceso a Dios (por ellos Dios solo era accesible a los judíos). Algo semejante ocurría en el mundo pagano\, con su pluralidad de redentores. Ahora\, así como se proclama un solo Dios\, solo hay un mediador universal\, un hombre (categoría común con todos) Mesías Jesús\, que por amor se entregó en rescate por todos. Esa expresión («un hombre») remite a Mc 10\,45\, donde «el hombre» se expresa en categorías de la lengua aramea («el hijo del hombre»)\, aunque ahora desde la perspectiva de la resurrección («Mesías Jesús»). Este se entregó «en rescate por todos» (cf. Is 53\,11-12). Esa fórmula (vv.5-6a) parece provenir de una profesión de fe usada en la comunidad primitiva; otra profesión de fe parece ser la que está más adelante (1Tim 3\,16).\nEntregándose «en rescate por todos»\, Jesús Mesías dio «testimonio» del designio universal de salvación de Dios. Así se manifestó como el testigo fiel del Padre con una «hermosa profesión de fe». Ese mismo es el testimonio propio del cristiano\, del cual el apóstol es anunciador como maestro de las naciones en la fe o adhesión\, a Dios por medio de Jesús\, y en la verdad o amor que se deriva de esa fe y que conduce a la vida eterna. Testimonio que Jesús dio «en tiempo de Poncio Pilato» (cf. 1Tm 6\,13). Esta expresión no sólo sitúa históricamente el hecho de la profesión de fe de Jesús\, sino –sobre todo– el «orden» (κόσμος) en el que la hizo: ante el representante del más poderoso imperio de la tierra en ese momento. El amor de Dios se afirma y realiza en presencia de los poderes mundanos.\nEsa oración «en cualquier lugar» la asigna a los varones (τοὺς ἄνδρας); ellos son los primeros responsables del orden social y transmisores de la tradición «patria» (en la sociedad patriarcal)\, con lo cual señala su primordial importancia. La oración con las manos alzadas con las palmas hacia arriba semejando cuencos vacíos para ser llenados con las bendiciones de Dios muestra disponibilidad y también ausencia de «ira y rencor». Es significativo que el gesto se haga con «las manos»\, dado que estas simbolizan la actividad del ser humano. La oración procede de una actividad inocente y está ordenada a la actividad del amor. \nUna reflexión oportuna sobre la oración pública de los cristianos:\n1. En grupos\, hay que superar los estrechos límites del individualismo. A veces todo un grupo tiene que decir «amén» a la oración de alguno que pide solo por su enfermo o por su problema económico –por ejemplo– sin tener en cuenta que los demás del grupo pueden tener algún enfermo por encomendar\, o que alguno del mismo grupo esté enfermo. Hay que enseñar a los cristianos a orar en grupo de manera incluyente\, universal.\n2. En las asambleas litúrgicas\, casi siempre se comienza pidiendo «por la santa Iglesia»\, o «por el papa y todos los ministros…»\, cuando lo debido sería comenzar orando «por todos los hombres…». El padrenuestro es modelo de esta oración\, pero en español se malogró esta universalidad con la adición «a nosotros» (segunda petición)\, que no está en el original ni en ninguna otra lengua\, y rompe la unidad de la primera parte de la oración del Señor\, además de que carece de sentido\, porque quienes invocan a Dios como Padre ya experimentan su reinado\, no tienen por qué pedir que les llegue a ellos.\nLa eucaristía es celebración de un banquete –de suyo comunitario– el banquete del reino de Dios. Todo en ella\, desde los cantos\, pasando por las posturas y los gestos\, hasta la recepción del pan\, todo es comunitario. Por eso\, no todos los cantos son indicados para la celebración eucarística\, ni todas las posturas –salvo los casos de impedimentos por asuntos de salud– son apropiadas\, por muy inspiradas que estén en la piedad individual\, puesto que aquí se trata de manifestaciones de carácter comunitario\, que expresan unidad.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la XIV semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo (3\,1-13): \nEs cierto que aspirar al cargo de obispo es aspirar a una excelente función. Por lo mismo\, es preciso que el obispo sea irreprochable\, que no se haya casado más que una vez; que sea sensato\, prudente\, bien educado\, digno\, hospitalario\, hábil para enseñar; no dado al vino ni a la violencia\, sino comprensivo\, enemigo de pleitos y no ávido de dinero; que sepa gobernar bien su propia casa y educar dignamente a sus hijos. Porque\, ¿cómo podrá cuidar de la Iglesia de Dios quien no sabe gobernar su propia casa? No debe ser recién convertido\, no sea que se llene de soberbia y sea por eso condenado como el demonio. Es necesario que los no creyentes tengan buena opinión de él\, para que no caiga en el descrédito ni en las redes del demonio. Los diáconos deben\, asimismo\, ser respetables y sin doblez\, no dados al vino ni a negocios sucios; deben conservar la fe revelada con una conciencia limpia. Que se les ponga a prueba primero y luego\, si no hay nada que reprocharles\, que ejerzan su oficio de diáconos. Las mujeres deben ser igualmente respetables\, no chismosas\, juiciosas y fieles en todo. Los diáconos\, que sean casados una sola vez y sepan gobernar bien a sus hijos y su propia casa. Los que ejercen bien el diaconado alcanzarán un puesto honroso y gran autoridad para hablar de la fe que tenemos en Cristo Jesús. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 100 \nR/. Danos\, Señor\, tu bondad y tu justicia \nVoy a cantar la bondad y la justicia;\npara ti\, Señor\, tocaré mi música.\nVoy a explicar el camino perfecto.\n¿Cuándo vendrás a mí? R/. \nQuiero proceder en mi casa con recta conciencia.\nNo quiero ocuparme de asuntos indignos\,\naborrezco las acciones criminales. R/. \nAl que en secreto difama a su prójimo\nlo haré callar;\nal altanero y al ambicioso\nno los soportaré. R/. \nEscojo a gente de fiar\npara que vivan conmigo;\nel que sigue un camino perfecto\nserá mi servidor. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo Evangelio según san Lucas (7\,11-17): \nEn aquel tiempo\, se dirigía Jesús a una población llamada Naín\, acompañado de sus discípulos y de mucha gente. Al llegar a la entrada de la población\, se encontró con que sacaban a enterrar a un muerto\, hijo único de una viuda\, a la que acompañaba una gran muchedumbre.\nCuando el Señor la vio\, se compadeció de ella y le dijo: «No llores.»\nAcercándose al ataúd\, lo tocó y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces dijo Jesús: «Joven\, yo te lo mando: levántate.»\nInmediatamente el que había muerto se levantó y comenzó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre.\nAl ver esto\, todos se llenaron de temor y comenzaron a glorificar a Dios\, diciendo: «Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.»\nLa noticia de este hecho se divulgó por toda Judea y por las regiones circunvecinas. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMartes de la XXIV semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nLuego de las recomendaciones respecto de la oración pública de las comunidades\, el autor les da algunas normas de comportamiento\, lo que sugiere que en este punto también era preciso marcar la diferencia. La presencia de las mujeres en las asambleas ya constituía una novedad con respecto de las sinagogas; por eso seguramente insiste en el decoro de su presentación y en la coherencia de la misma con su condición de cristianas (2\,9-11). Es probable que\, tratándose de un aspecto tan sensible\, los cristianos no quisieran desentonar ni desafiar las costumbres admitidas\, por eso confirma la dócil sujeción de la mujer al varón y la justifica con textos del Antiguo Testamento (no habría podido hacerlo con dichos del Señor)\, aunque\, en el caso concreto de la maternidad\, en vez de presentar como un castigo los dolores del parto\, los ve como medio de salvación. Tal vez en esta postura influyó la prohibición del matrimonio que hacían los falsos doctores (4\,3).\nEntre las preocupaciones que tienen las comunidades cristianas en esta época\, en la que pululan los falsos maestros\, están la organización y la provisión de cargos con encargados aptos para las tareas del pastoreo de manera eficiente y ejemplar. El ímpetu misionero parece ceder lugar a la necesidad de protegerse de las insidias\, por eso el énfasis está puesto en lo pastoral\, que define el tono de estas cartas. Los cargos se denominan teniendo en cuenta los usos de la tradición y de las costumbres judías\, pero se observa apertura al vocabulario del mundo pagano.\nEl término griego ἐπισκοπή\, derivado de ἐπί («sobre») y σκοπή («observatorio») se puede traducir como «supervisión». De donde ἐπίσκοπος\, literalmente\, significa «supervisor».\nDe modo semejante\, el término διάκονος designa al «servidor»-amigo\, aquél que ayuda por afecto y en condiciones de igualdad.\n\n1Tim 3\,1-13.\nEl apóstol se refiere a estos dos cargos en las comunidades. Trata primero del ἐπίσκοπος (vv. 1-7)\, y enseguida de los διάκονοι (vv. 8-13). La primera observación que se puede hacer es que el primero es un cargo presentado en singular\, en tanto que el segundo lo es en plural.\n1. El ἐπίσκοπος o «supervisor».\nSe trata de un cargo directivo. Por los rasgos que lo describen\, no corresponde exactamente a la figura del «obispo» actual\, pero sí se ve que es su origen. Se trata de un cargo de responsabilidad notable\, de modo que el que aspira a él debe tener por cierto lo que se le dice a continuación (cf. 1\,15: «Esta palabra es segura»)\, y saber que «no es poco lo que desea»\, dado que le exige estos requisitos: «ser intachable (ἀνεπίλεμπος: que no se apropia [de lo ajeno])\, fiel a su única mujer\, juicioso\, equilibrado\, bien educado\, hospitalario\, hábil para enseñar\, no dado al vino ni amigo de reyertas\, sino pacífico y desinteresado; que gobierne bien su casa y que se haga respetar de sus hijos con dignidad». Esas son cualidades que se exigían de cualquier persona honorable\, sobre todo si debía desempeñar cargos públicos. No hay requisitos específicamente cristianos\, aunque algunos sean muy convenientes («hábil para enseñar»)\, sino valores humanos apreciados en todas las culturas. En la línea de la misión\, está la reflexión de que es preciso ser capaz de gobernar la propia casa para cuidar la iglesia de Dios; también\, la exigencia de que no sea recién convertido para evitar que se deje llevar de las ínfulas.\nEs importante que «los de fuera» (de la Iglesia. Expresión tomada del judaísmo) lo estimen como hombre honorable\, para que no desprestigie la comunidad. De no cumplir dichas exigencias\, el dirigente se expondría a ser condenado como el «diablo» (διάβολος)\, es decir\, el calumniador\, el causante de divisiones\, lo cual le impediría prestar su servicio.\n2. Los διάκονοι o «auxiliares».\nLa misma yuxtaposición de «supervisores» y «auxiliares» se encuentra en Fil 1\,1. Tal parece que se dio una doble nomenclatura: los «presbíteros» y «supervisores» (en plural)\, identificados (cf. Hch 20\,17.28)\, y los «auxiliares». Los cargos de «supervisor» y «auxiliar» eran comunes entre los griegos y aún entre judíos; el cargo de «presbítero» pertenece más al mundo judío. Se supone que con el tiempo\, entre los «presbíteros» se designó a uno solo como «supervisor» para gobernar\, las comunidades de manera colegiada con los otros «presbíteros».\nParalelamente\, los rasgos que describen a los auxiliares tampoco corresponden a los «diáconos» actuales\, y los requisitos que se les exigen –bastante semejantes a los de los «supervisores»– son los que se le pedían a cualquier hombre honorable para el desempeño público: «respetables\, hombres de palabra\, no aficionados al vino ni al dinero».\nEn la línea de la misión\, se les pide que guarden la fe revelada con una conciencia limpia; también ha de constar su honorabilidad antes de encargarlos del correspondiente servicio. El versículo 11 resulta ambiguo: no es claro si se trata de mujeres-auxiliares o de las mujeres de los auxiliares\, el versículo 12 habla de la fidelidad de los auxiliares a sus mujeres y del gobierno de sus hijos y de sus casas\, pero no se dice lo mismo respecto de las mujeres\, que debería\, en caso de que se tratara de mujeres-auxiliares. También en la línea de la misión\, se enfatiza que\, si es excelente su desempeño en el servicio (οἱ καλῶς διακονήσαντες)\, «se ganan una posición distinguida y mucha libertad para hablar de fidelidad cristiana». Lo primero corresponde a lo enseñado por Jesús\, que «el que quiera hacerse grande ha de ser servidor» en la comunidad. Lo segundo se refiere a esa libertad interior que da el Espíritu y que se exterioriza en franqueza y autoridad.\n\nLa dirigencia en la comunidad cristiana\, lo mismo que la cooperación en esa tarea\, exige calidades humanas y arraigo espiritual en Jesús. El hecho de que se le dé tan amplio espacio a las primeras muestra la importancia que estas tienen para la organización y el pastoreo de las comunidades. En cambio\, parecen suponerse el arraigo espiritual en Jesús y la lealtad a la comunidad eclesial. Por eso no es recomendable confiar estos cargos al «neófito»\, o recién convertido\, porque tiene que madurar «el misterio de la fe en una conciencia limpia» (v. 9). Esta condición de «neófito» o de «respetable» no es mera cuestión de tiempo\, sino de proceso y de adultez cristiana.\nLa comunidad no solo necesita organizarse\, sino que sus servicios de organización han de estar a tono con las exigencias del pastoreo de la comunidad. Exigencias que dependen tanto del ritmo interno de vida de la comunidad como de los desafíos que a ella le plantean las circunstancias de los pueblos (cultura\, organización social\, económica y política) y de los tiempos. Lo que sí resulta imprescindible es la calidad humana y la madurez cristiana de los servidores.\nEn la celebración de la eucaristía se nota el beneficio de la existencia de tales servicios\, porque ellos le dan vitalidad a la comunidad y a sus miembros\, y la comunión se fortalece por ellos. Es una gran bendición del Señor que existan ministerios en todas las comunidades cristianas locales.\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la XXIV semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo (3\,14-16): \nAunque espero ir a verte pronto\, te escribo esto por si me retraso; quiero que sepas cómo hay que conducirse en la casa de Dios\, es decir\, en la asamblea de Dios vivo\, columna y base de la verdad. Sin discusión\, grande es el misterio que veneramos: Manifestado en la carne\, justificado en el Espíritu\, contemplado por los ángeles\, predicado a los paganos\, creído en el mundo\, llevado a la gloria. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 110\,1-2.3-4.5-6 \nR/. Grandes son las obras del Señor \nDoy gracias al Señor de todo corazón\,\nen compañía de los rectos\, en la asamblea.\nGrandes son las obras del Señor\,\ndignas de estudio para los que las aman. R/. \nEsplendor y belleza son su obra\,\nsu generosidad dura por siempre;\nha hecho maravillas memorables\,\nel Señor es piadoso y clemente. R/. \nÉl da alimento\, a sus fieles\,\nrecordando siempre su alianza;\nmostró a su pueblo la fuerza de su obrar\,\ndándoles la heredad de los gentiles. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (7\,31-35): \nEn aquel tiempo\, dijo el Señor: «¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños\, sentados en la plaza\, que gritan a otros: “Tocarnos la flauta y no bailáis\, cantamos lamentaciones y no lloráis.” Vino Juan el Bautista\, que ni comía ni bebía\, y dijisteis que tenla un demonio; viene el Hijo del hombre\, que come y bebe\, y decís: “Mirad qué comilón y qué borracho\, amigo de publicanos y pecadores.” Sin embargo\, los discípulos de la sabiduría le han dado la razón.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\n\nMiércoles de la XXIV semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nEl autor tiene planes de hacerle una visita inminente al destinatario de su carta\, pero esto que escribe tiene carácter de urgente\, y –por si acaso se difiere la visita– es un anticipo necesario por cuanto lo que está en juego es la organización de las comunidades para hacerle frente al embate de los falsos maestros que descuidan la fe para sumergirse en especulaciones que no fomentan la unidad\, sino que generan divisiones (cf. 1\,3-4). Sus instrucciones versan sobre la Iglesia y sus miembros en relación con la persona de Jesús\, al cual llama «misterio»\, secreto de Dios dado a conocer. Aquí se crea una incongruencia gramatical\, porque «misterio» es un sustantivo neutro en griego (τό μυστήριον) y\, al referirlo a Jesús\, usa un pronombre relativo masculino (ὅς) en vez del neutro (ὅ). No es el único caso que se encuentra en las Escrituras en que la gramática es forzada para llamar la atención del lector y ponerlo a pensar\, con esa anomalía\, de forma que llegue a sus propias conclusiones sin más explicaciones.\n\n1Tim 3\,14-16.\nEl apóstol considera urgente tener clara la conducta que debe observarse en la «casa de Dios\, que es la Iglesia del Dios vivo». Primero la llama «casa de Dios» (οἶκος θεοῦ)\, utilizando para «casa» un término (οἶκος) que se refiere a toda la familia\, con el concepto incluyente de familia que se tenía en la época\, que incluía la servidumbre. Ese concepto incluía la fidelidad al «padre de familia»\, fidelidad que implicaba la lealtad absoluta y la disponibilidad permanente. Pero\, enseguida\, la llama «Iglesia del Dios vivo» (ἐκκλεςία θεοῦ ζῶντος)\, utilizando ahora el término «iglesia»\, que en la época denotaba una asamblea espontánea de hombres libres\, y determina a Dios como «viviente» (ζῶντος)\, participio verbal que significa a la vez «vivo»\, es decir\, dueño de la vida\, y «vivificador»\, o sea\, comunicador de vida (Padre). Así\, obtiene un cuadro en el que los términos que utiliza se corrigen y complementan recíprocamente. El término «casa» connota la intimidad doméstica y la familiaridad; el término «iglesia» connota la libertad y la espontaneidad (de la fe). «Casa de Dios» e «Iglesia de Dios» se conjugan para denotar que el verdadero templo del Dios vivo y vivificador (el Padre) es la comunidad cristiana.\nEn estos términos urge simultáneamente la conducta digna de los hijos («casa»: familia) del Padre («Dios vivificador»)\, o sea\, de los miembros del pueblo («asamblea»: Iglesia) del único Dios verdadero («Dios vivo»\, por oposición a los ídolos inertes). Esa asamblea («Iglesia») se presenta como «columna y base de la verdad»\, concebida esta «verdad» como la formulación de la experiencia cristiana\, no como la experiencia misma\, que seguramente supone\, aunque no la explicita\, dadas las prioridades establecidas a partir de la situación emergente creada por los falsos doctores. En cuanto «columna» (στῦλος)\, es el pedestal elevado en donde se exhibe dicha verdad; en cuanto «base» (ἐδραίωμα)\, es el firme cimiento en el que la misma se apoya\, quizá sea esta «base» una alusión a la experiencia. Por lo general\, cuando el término «columna» aparece en singular en el Antiguo Testamento\, se refiere a la «columna de nube» que protegió el pueblo durante el éxodo (cf. Exo 13\,22; 14\,19; 33\,9; Deu 31\,15). El término «base» solo se encuentra en este texto. En el griego clásico connota solidez y estabilidad.\nLa urgencia de dicha conducta se explica por el «misterio» o secreto que esa familia venera\, que es el misterio del Mesías. Aquí el autor hace una trasposición al afirmar que el «misterio de la piedad»\, es innegablemente grande. El término «piedad» (εὐσέβεια) equivale a «religión»\, y no es el apropiado para designar la experiencia cristiana. Quizá el autor intentaba hacer ver que lo que la religión pretende se cumple en lo que él va a proponer\, o sea\, el «misterio de la fe» que a los «auxiliares» se les encomienda guardar (3\,9): innegablemente\, el amor universal de Dios\, manifestado en Jesús Mesías y anunciado a todas las naciones\, es el «misterio de la fe»\, que es «grande» por cuanto sobrepasa las expectativas de la religión o «piedad»: La ansiada salvación está puesta al alcance de la humanidad\, y de manera por demás gratuita.\nDicho «misterio»\, expuesto en tres binas de miembros correlativos\, expresa las dimensiones histórica y meta-histórica de Jesús. Él es el «secreto» que permanece oculto a la religión\, pero patente a la fe. El misterio no es una cosa\, es una persona (paso del neutro al masculino).\n1. Se manifestó (ἐφανερώθη) como ser humano (ἐν σαρκί) igual a nosotros\, histórico como nosotros\, mortal como nosotros. Este es el innegable y sorprendente «misterio de la fe».\nFue reivindicado (ἐδικαιώθη) por el Espíritu (ἐν πνεύματι) al resucitar de la muerte (que se supone ignominiosa: cf. 2\,6). La acción del Espíritu devela el asombroso «misterio de la fe».\n2. Se apareció a unos mensajeros (ὤφθη ἀγγέλοις) que dan testimonio de su plena condición de viviente después de la muerte. Sus anunciadores son verdaderos «ángeles» de Dios.\nFue anunciado a los paganos (ἐκηρύχθη ἐν ἔθνεσιν)\, de quienes en otro tiempo se pensó que estaban excluidos por Dios. Esta es la gran sorpresa: la universalidad del «misterio de la fe».\n3. El «mundo» (aquí la humanidad pagana) le dio su adhesión de fe (ἐπιστεύθη ἐν κόσμῳ)\, en contra de los pronósticos. La respuesta de fe de los paganos le dio la razón («gloria») a Dios.\nDios (implícito en la voz pasiva) lo exaltó a la gloria (ἀνελήμφθη ἐν δόξῃ)\, haciéndolo por lo mismo heredero de la condición divina. La gloria de Dios es accesible a la condición humana.\n\nEl fundamento de la vida cristiana es el misterio de la persona de Jesús\, no un código ético o legal. Él es «la verdad» que la Iglesia proclama («columna») y afirma («fundamento») con su vida. Lo que se realizó en el «misterio» de Jesús se ha de realizar en la vida del cristiano y en su convivencia eclesial. Ser testigo del Señor en su condición humana mortal\, es proponer la fe a la humanidad entera\, con amor preferencial a los excluidos y con la esperanza puesta en la gloria futura\, «la resurrección de la carne».\nLos anunciadores de este «misterio de la fe» que sobrepasa las expectativas del «misterio de la piedad» son verdaderamente enviados de Dios (ángeles»)\, es decir\, portadores del mensaje divino para todas las naciones. Lograr la respuesta de la fe es prestarle a la humanidad el gran servicio de alcanzar la propia plenitud participando de la condición divina. Por eso se afirma que este misterio es «grande» (v. 16)\, porque –además de sobrepasar las expectativas de los hombres– conduce al ser humano a experimentar una grandeza inimaginable si no se hubiera revelado este «misterio de la piedad»\, en el que se esconde el «misterio de la fe».\nPor eso la eucaristía\, comunión de vida con el Mesías Jesús\, es fuente y norma de vida para el cristiano. En ella sintetizamos nuestra adhesión al «misterio que veneramos».\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Jueves de la XXIV semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo (4\,12-16): \nNadie te desprecie por ser joven; sé tú un modelo para los fieles\, en el hablar y en la conducta\, en el amor\, la fe y la honradez. Mientras llego\, preocúpate de la lectura pública\, de animar y enseñar. No descuides el don que posees\, que se te concedió por indicación de una profecía con la imposición de manos de los presbíteros. Preocúpate de esas cosas y dedícate a ellas\, para que todos vean cómo adelantas. Cuídate tú y cuida la enseñanza; sé constante; si lo haces\, te salva ras a ti y a los que te escuchan. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 110\,7-8.9.10 \nR/. Grandes son las obras del Señor \nJusticia y verdad son las obras de sus manos\,\ntodos sus preceptos merecen confianza:\nson estables para siempre jamás\,\nse han de cumplir con verdad y rectitud. R/. \nEnvió la redención a su pueblo\,\nratificó para siempre su alianza\,\nsu nombre es sagrado y temible. R/. \nPrimicia de la sabiduría es el temor del Señor\,\ntienen buen juicio los que lo practican;\nla alabanza del Señor dura por siempre. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (7\,36-50): \nEn aquel tiempo\, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús\, entrando en casa del fariseo\, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad\, una pecadora\, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo\, vino con un frasco de perfume y\, colocándose detrás junto a sus pies\, llorando\, se puso a regarle los pies con sus lágrimas\, se los enjugaba con sus cabellos\, los cubría de besos y se los ungía con el perfume.\nAl ver esto\, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si éste fuera profeta\, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.»\nJesús tomó la palabra y le dijo: «Simón\, tengo algo que decirte.»\nÉl respondió: «Dímelo\, maestro.»\nJesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores; uno le debla quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar\, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?»\nSimón contestó: «Supongo que aquel a quien le perdonó más.»\nJesús le dijo: «Has juzgado rectamente.»\nY\, volviéndose a la mujer\, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa\, no me pusiste agua para los pies; ella\, en cambio\, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella\, en cambio\, desde que entró\, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella\, en cambio\, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados\, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona\, poco ama.»\nY a ella le dijo: «Tus pecados están perdonados.»\nLos demás convidados empezaron a decir entre sí: «¿Quién es éste\, que hasta perdona pecados?»\nPero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado\, vete en paz.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nJueves de la XXIV semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nEn el capítulo 4\, el apóstol comienza recordándole a Timoteo las claras profecías suscitadas en las comunidades respecto de estos «últimos tiempos» (o tiempos definitivos) a través de los profetas de esas comunidades. Dichas profecías hablan de abandono de la fe por parte de algunos por darle oídos a «inspiraciones extraviadas» (de falsos profetas) y a «enseñanzas de demonios» (por parte de falsos maestros)\, que proceden de «impostores hipócritas» (o sea\, farsantes) y de «embotados de conciencia» (carentes de la «conciencia limpia»). Enumera dos prohibiciones que hacen esos falsos profetas y maestros: «prohíben el matrimonio»\, es decir\, abominan la sexualidad por considerarla perversa; y «(prohíben) comer ciertos alimentos»\, o sea\, propagan tabúes alimenticios sin tener en cuenta que Dios creó los alimentos para que los que conocen su amor los disfruten con gratitud. De hecho\, toda la creación es buena\, no hay cosa alguna «impura»; basta agradecerlos basados en la palabra de Dios (cf. 1Tm 4\,1-5).\nLa primera prohibición no parece tener origen judío\, sino gnóstico; la segunda\, en cambio\, sí parece de origen judío. Por eso hay autores que hablan de un movimiento gnóstico judío.\nSin embargo\, el diagnóstico que se hace en el momento de la problemática de las iglesias no parece ser el más acertado. En efecto\, el autor considera que el abandono de la fe está en el hecho de aceptar creencias erróneas\, sin preguntarse por las razones de esa aceptación.\n\n1Tim 4\,12-16.\nCalculan algunos autores que Timoteo sería de alrededor de 35 años cuando se escribió esta carta. Joven\, ciertamente\, para la edad promedio de los rabinos\, ordenados a los 40 años. La edad confería preeminencia a los responsables de las comunidades. Timoteo debía lidiar con ese prejuicio cultural. El autor le recomienda que compense la inexperiencia que se le atribuía a la juventud con una ejemplar conducta como hombre de fe y persona decente.\nÉl no dará órdenes\, sino que propondrá su enseñanza fundado en la fe\, como corresponde a su condición de «servidor» (διάκονος) del Mesías Jesús apartándose de las fábulas profanas y entrenándose en la «piedad»\, de utilidad permanente\, con la esperanza fija en «Dios vivo\, salvador de todos los hombres» (cf. 1Tm 4\,6-11\, omitidos). El verbo «servir» (διακονέω) aquí se refiere a la asistencia que el amigo le presta a su amigo\, sin subordinación laboral alguna.\nPor consiguiente\, su autoridad no se afianzará ni en el estereotipo de la edad ni en el «don de mando» sino en su testimonio de vida: «en el hablar» digno\, veraz\, respetuoso y cordial\, sin chabacanería ni doblez; «en la conducta» recta\, honesta\, responsable\, sin las ligerezas propias de la inexperiencia juvenil; «en el amor» cristiano sin ambigüedades\, manifiesto en el servicio desinteresado\, «en la fe» visible en su adhesión a la persona de Jesús\, en el firme compromiso con su obra y en la absoluta fidelidad a su mensaje; y «en la decencia» propia de un hombre maduro con la madurez humana y cristiana que da el Espíritu del Señor.\nEn segundo lugar\, después del testimonio de vida\, Timoteo ha de afianzar su autoridad en su entrega al ministerio: el anuncio de la Palabra acompañada de exhortación y de enseñanza.\nLa «lectura» (ἀνάγνωσις) se refiere al ejercicio de lectura pública que se hacía en el servicio de la sinagoga\, que era una reunión comunitaria de oración (cf. Lc 4\,16-21; Hch 13\,14-16). Dicha lectura se hacía de un texto de las Escrituras\, «de la Ley y los profetas». Generalmente\, había que apoyar el texto de un profeta con una cita de la Ley. La lectura iba normalmente seguida de un comentario que podía hacer cualquiera\, invitado por el jefe (o los jefes) de la sinagoga correspondiente. Este ejercicio fue el que se transformó en la lectura espiritual de la asamblea cristiana\, algo así como lo descrito por el apóstol Pablo (cf. 1Cor 14\,26).\nLa «exhortación» (παράκλησις) es una de las formas de comentario que se hacía después de la lectura de la Escritura. Primero venía la explicación del texto\, y luego se hacían aplicaciones para la vida cristiana y para la convivencia testimonial\, sobre todo entre los paganos. Esta era una de las actividades de los profetas\, quienes advertían a las comunidades sobre la amenaza de los falsos profetas «construyendo\, exhortando y animando» (cf. 1Cor 14\,3). El oráculo de los profetas en las asambleas cristianas era tenido como mensaje del Espíritu (cf. 4\,1-2).\nLa «enseñanza» (διδασκαλία) es otra forma de comentario posterior a la lectura del texto de la Escritura. Ahora se trata de la instrucción que conduce a fundamentar más la fe derivando las consecuencias de la misma y ahondando en la comprensión de sus exigencias. Hablando en lenguas –decía Pablo– «no se transmite ninguna revelación\, saber\, inspiración o doctrina» (1Cor 14\,6); por lo tanto\, la glosolalia no es apta para la enseñanza\, porque «el que habla en lenguaje extraño se construye él solo\, en tanto el que habla inspirado construye la comunidad» (1Cor 14\,4)\, así que hay que procurar «que abunden los dones que construyen la comunidad» (cf. 1Cor 14\,12). Y la «enseñanza» o «catequesis» es uno de ellos.\nPara eso\, Timoteo está capacitado por Dios y admitido públicamente por la Iglesia. Él posee un don del Espíritu (χάρισμα) de modo permanente\, conferido por imposición de manos del «colegio de responsables» (πρεσβυτέριον)\, probablemente presidido por Pablo (cf. 2Tim 1\,6). Es así como todos lo verán crecer\, y en su dedicación constante se salvará él (tendrá vida) y salvará (infundirá la misma vida) a los que acojan su enseñanza.\n\nEn la enumeración que hace el apóstol de los dones del Mesías sobresalen los «apóstoles»\, los «profetas»\, los «evangelistas»\, los «pastores» y los «maestros» (cf. Ef 4\,11). De todos estos\, en esta carta apenas se insinúan los profetas (cf.1\,18; 4\,1.16)\, y la enseñanza («maestros») no se refiere a nadie más que a Timoteo. Quizás este empobrecimiento es el verdadero problema de la comunidad de Éfeso en el momento en que se escribe esta carta\, y esa deficiencia sería su mayor debilidad\, la que permitía el éxito de los falsos maestros.\nLa verdadera «autoridad» cristiana radica en la capacidad de inspirar\, estimular y ayudar a los demás a crecer humanamente mediante el propio testimonio de vida comprometida. Tanto los falsos profetas\, con sus «extravagantes inspiraciones»\, como los falsos maestros\, con sus «enseñanzas demoníacas»\, extravían a la gente y dan culto a ídolos que reclaman sacrificios humanos; es decir\, que\, en vez de impulsar el desarrollo humano\, lo impiden. El testimonio de vida comprometida y entregada en la misión autentica la fe y el amor\, y enriquece la Iglesia\, porque la vida que se desarrolla es la infusión del Espíritu en el corazón de los creyentes.\nEso es lo que Jesús quiere hacer con sus discípulos cuando se nos entrega como pan de vida en el sacramento de la eucaristía: llenarnos de vida y otorgarnos su propia «autoridad»\, que es el Espíritu Santo\, para darles a todos los hombres el testimonio de nuestra fe en él.\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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SUMMARY:Viernes de la XXIV semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo (6\,2c-12): \nEsto es lo que tienes que enseñar y recomendar. Si alguno enseña otra cosa distinta\, sin atenerse a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina que armoniza con la piedad\, es un orgulloso y un ignorante\, que padece la enfermedad de plantear cuestiones inútiles y discutir atendiendo sólo a las palabras. Esto provoca envidias\, polémicas\, difamaciones\, sospechas maliciosas\, controversias propias de personas tocadas de la cabeza\, sin el sentido de la verdad\, que se han creído que la piedad es un medio de lucro. Es verdad que la piedad es una ganancia\, cuando uno se contenta con poco. Sin nada vinimos al mundo\, y sin nada nos iremos de él. Teniendo qué comer y qué vestir nos basta. En cambio\, los que buscan riquezas caen en tentaciones\, trampas y mil afanes absurdos y nocivos\, que hunden a los hombres en la perdición y la ruina. Porque la codicia es la raíz de todos los males\, y muchos\, arrastrados por ella\, se han apartado de la fe y se han acarreado muchos sufrimientos. Tú\, en cambio\, hombre de Dios\, huye de todo esto; practica la justicia\, la piedad\, la fe\, el amor\, la paciencia\, la delicadeza. Combate el buen combate de la fe. Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado\, y de la que hiciste noble profesión ante muchos testigos. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 48 \nR/. Dichosos los pobres en el espíritu\,\nporque de ellos es el reino de los cielos \n¿Por qué habré de temer los días aciagos\,\ncuando me cerquen y acechen los malvados\,\nque confían en su opulencia\ny se jactan de sus inmensas riquezas\,\nsi nadie puede salvarse ni dar a Dios un rescate? R/. \nEs tan caro el rescate de la vida\,\nque nunca les bastará\npara vivir perpetuamente\nsin bajar a la fosa. R/. \nNo te preocupes si se enriquece un hombre\ny aumenta el fasto de su casa:\ncuando muera\, no se llevará nada\,\nsu fasto no bajará con él. R/. \nAunque en vida se felicitaba:\n«Ponderan lo bien que lo pasas»\,\nirá a reunirse con sus antepasados\,\nque no verán nunca la luz. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (8\,1-3): \nEn aquel tiempo\, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo\, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena\, de la que habían salido siete demonios; Juana\, mujer de Cusa\, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general
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SUMMARY:San Mateo\, apóstol y evangelista
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (4\,1-7.11-13): \nYo\, el prisionero por el Señor\, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables\, sed comprensivos\, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu\, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor\, una fe\, un bautismo. Un Dios\, Padre de todo\, que lo trasciende todo\, y lo penetra todo\, y lo invade todo. A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. Y él ha constituido a unos\, apóstoles\, a otros\, profetas\, a otros\, evangelizadores\, a otros\, pastores y maestros\, para el perfeccionamiento de los santos\, en función de su ministerio\, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios\, al hombre perfecto\, a la medida de Cristo en su plenitud. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 18\,2-3.4-5 \nR/. A toda la tierra alcanza su pregón \nEl cielo proclama la gloria de Dios\,\nel firmamento pregona la obra de sus manos:\nel día al día le pasa el mensaje\,\nla noche a la noche se lo susurra. R/. \nSin que hablen\, sin que pronuncien\,\nsin que resuene su voz\,\na toda la tierra alcanza su pregón\ny hasta los límites del orbe su lenguaje. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (9\,9-13): \nEn aquel tiempo\, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo\, sentado al mostrador de los impuestos\, y le dijo: «Sígueme.»\nÉl se levantó y lo siguió. Y\, estando en la mesa en casa de Mateo\, muchos publicanos y pecadores\, que habían acudido\, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos\, al verlo\, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?»\nJesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos\, sino los enfermos. Andad\, aprended lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios”: que no he venido a llamar a los justos\, sino a los pecadores.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nSábado de la XXIV semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\n«Las sanas palabras de nuestro Señor Jesús Mesías» (cf. 1Tm 6\,3) tienen un doble objetivo: la mejor calidad de vida para el «hombre de Dios»\, y la agradable convivencia de los «hombres de Dios». No obstante\, la comunidad debe coexistir con los falsos profetas y maestros\, por un lado\, y las insidias de «los hombres»\, por el otro. Esto debe ser tomado «deportivamente»\, es decir\, como si se tratara de un certamen para el cual el «hombre de Dios» y su comunidad se preparan por medio de la «piedad» –que se presenta como ejercicios de entrenamiento– y mantenerse en forma hasta el momento de las definiciones y de la premiación: «la venida de Nuestro Señor Jesús Mesías». El que se haya mantenido en la fe y en el amor\, con aguante a toda prueba y con mansedumbre inquebrantable\, recibirá la corona de la vida. Aquí habla del certamen del cristiano y de su destino individual\, no del final de la historia.\n\n1Tim 6\,13-16. \nLa exhortación a Timoteo como «hombre de Dios» culmina con una apremiante petición en nombre del Dios de la vida (ζῳογονοῦντος τὰ πάντα\, «que da vida a todas las cosas»)\, y del Mesías Jesús\, «que dio testimonio ante Poncio Pilato» (es decir\, en tiempos de Poncio Pilato). Esta fórmula bimembre para apremiar a Timoteo a responder parece trasponer a la cultura griega los conceptos de Dios «Padre» y de Jesús\, su «Ungido» ante los poderes del mundo. El verbo «dar vida» (griego ζωογονέω; hebreo חיה) incluye las nociones de engendrar\, causar y conservar la vida\, las cuales suponen la posesión de la misma. El «testimonio» atribuido por el autor al «Mesías Jesús» se concreta en una «confesión» (ὁμολογία) que él califica de forma muy positiva: «noble» (καλή: «hermosa»\, superlativamente «buena»). La anterior «confesión»\, atribuida a Timoteo (cf. 6\,12)\, se entendía en relación con su bautismo; en la misma línea\, la «confesión» del Mesías Jesús se entiende como la afirmación del reinado y del reino de Dios en su personación ante el procurador del imperio más grande del mundo entonces conocido. La confesión de Timoteo tiene por ejemplo y modelo la del Mesías Jesús\, con quien el autor quiere que Timoteo se identifique. Este hizo su confesión de fe «delante de muchos testigos» (6\,12) –sin duda hermanos en la fe–; el Mesías Jesús hizo la suya delante del poder despótico. Al exhortar de forma tan vehemente a Timoteo («te insisto»)\, el autor insinúa que ahora este deberá hacerlo\, como el Mesías Jesús\, ante sus adversarios\, los falsos maestros.\nLa insistente petición se concreta en guardar «el mandamiento»\, que –en singular– no puede referirse a otro distinto del amor universal\, lo cual hace sentido con la «noble profesión» del Mesías Jesús ante el representante del poder opresor\, explotador y asesino. El mandamiento es el «depósito» confiado a Timoteo\, depósito que se opone a las charlatanerías irreverentes de los «sabios» dados a la polémica\, y\, por eso\, apartados de la fe (6\,20). Este mandamiento es urgente en la misma medida en que las falsas doctrinas dividen y enfrentan a los creyentes.\nEste mandamiento hay que guardarlo «sin mancha ni reproche» por un tiempo determinado: «hasta la venida de nuestro Señor Jesús Mesías». Señala así el lapso del certamen cristiano; el «combate» para recibir el premio de la vida eterna\, no es una lid sin fin. El término que usa\, «manifestación» (ἐπιφάνεια)\, se usaba para designar las «manifestaciones» de dioses paganos y de los emperadores (griegos y romanos) que se atribuían honores divinos. Es probable que el autor eligiera el término para contraponer la manifestación del «Señor Jesús Mesías» (en su condición gloriosa) con las de esos falsos dioses. Las «manifestaciones» de esos emperadores tenían por fin reafirmar su soberanía en los límites del territorio donde se extendía su reino; la «manifestación» del Señor tiene por objeto confirmar su señorío sobre la historia.\nSe piensa que las expresiones (así como la estructura) de los vv. 15-16 sugieren que el autor las tomó de un antiguo himno cristiano (cf. 1\,17; 3\,16; 2Tim 2\,11-13). La «manifestación» del Señor (glorioso) se dará por obra de Dios. Ella es atribuida a iniciativa del «bienaventurado y único soberano». Los griegos consideraban la felicidad un atributo exclusivo de los dioses. Él es «el feliz» (ὁ μακάριος) por definición. Al declararlo «único soberano» excluye el panteón: él es el único Dios; e igualmente relativiza la soberanía de los poderosos de la tierra. También Dios determina el «momento oportuno» (καιροῖς ἰδίοις) de tal manifestación. Ese momento lo refiere el autor\, con los mismos términos\, a la entrega de Jesús (cf. 2\,6) y al primer anuncio de la buena noticia (cf. Tit 1\,3). Y\, en seguida\, señala que Dios es superior a los reyes y los dominadores valiéndose de dos superlativos de corte hebreo: «rey de reyes»\, es decir\, el Rey por antonomasia\, y «señor de señores»\, o sea\, el Señor propiamente dicho. Esos títulos eran usados por los monarcas orientales para significar que reinaban sobre otros reyes y ejercían su señorío sobre otros señores. Y es probable que los creyentes los refirieran a Dios con el propósito de oponerse a tributarle esos honores a tales gobernantes.\nEn categorías griegas\, lo llama «el único que es inmortal»\, y reitera la misma idea en categorías hebreas («el que habita en una luz inaccesible») para afirmar que su atributo propio es la vida en plenitud. Finalmente\, afirma su trascendencia (o «santidad») diciendo que nadie lo ha visto ni lo puede ver (dicho también por judíos y griegos). Ese es el Dios que va a manifestar al «Señor Jesús Mesías». Por tanto\, se trata de una manifestación gloriosa\, digna de tal Dios.\nConcluye con una breve doxología que le tributa a ese Dios una aclamación de honor –muy por encima de los honores humanos– y de eterno señorío\, en oposición al transitorio poder de los reyes de la tierra.\n\nEl apóstol se vale de una imagen deportiva y la traspone al plano de la fe. Utiliza conceptos del lenguaje religioso pagano y les cambia su sentido para aplicárselos a «Dios» y al «Señor Jesús Mesías». Y procura\, cuando es conveniente\, armonizar esos conceptos con los propios de la tradición judía\, estableciendo equivalencias. Esto significa que ningún lenguaje resulta definitivo a la hora de hablar de Dios\, todos son provisionales y aproximados.\nLa hoy llamada «inculturación de la fe» se da cuando el cristiano\, con fidelidad al mensaje\, se esfuerza por expresar la fe en categorías de pensamiento distintas a las convencionales. Para esto se requiere ante todo la fe misma\, una fe viva\, guardada con fidelidad al compromiso del «misterio» cristiano (el amor universal del Padre)\, fe audaz\, capaz de dialogar con hombres de diversas culturas para transmitirles el Espíritu de Jesús.\nEsto se debe procurar en cada celebración eucarística\, donde el amor y la palabra\, al mismo tiempo\, interpelan y responden.\nFeliz sábado en compañía de María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:XXV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la profecía de Amos (8\,4-7): \nEscuchad esto\, los que pisoteáis\, al pobre\ny elimináis a los humildes del país\,\ndiciendo: «Cuándo pasará la luna nueva\,\npara vender el grano\,\ny el sábado\, para abrir los sacos de cereal\n—reduciendo el peso y aumentando el precio\,\ny modificando las balanzas con engaño—\npara comprar al indigente por plata\ny al pobre por un par de sandalias\,\npara vender hasta el salvado del grano?».\nEl Señor lo ha jurado por la Gloria de Jacob:\n«No olvidaré jamás ninguna de sus acciones». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 112\,1-2.4-6.7-8 \nR/. Alabad al Señor\, que alza al pobre. \nV/. Alabad\, siervos del Señor\,\nalabad el nombre del Señor.\nBendito sea el nombre del Señor\,\nahora y por siempre. R/. \nV/. El Señor se eleva sobre todos los pueblos\,\nsu gloria sobre los cielos.\n¿Quién como el Señor\, Dios nuestro\,\nque habita en las alturas\ny se abaja para mirar\nal cielo y a la tierra? R/. \nV/. Levanta del polvo al desvalido\,\nalza de la basura al pobre\,\npara sentarlo con los príncipes\,\nlos príncipes de su pueblo. R/. \n\n\nSegunda lectura\nLectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo (2\,1-8): \nQUERIDO hermano:\nRuego\, lo primero de todo\, que se hagan súplicas\, oraciones\, peticiones\, acciones de gracias\, por toda la humanidad\, por los reyes y por todos los constituidos en autoridad\, para que podamos llevar una vida tranquila y sosegada\, con toda piedad y respeto.\nEsto es bueno y agradable a los ojos de Dios\, nuestro Salvador\, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.\nPues Dios es uno\, y único también el mediador entre Dios y los hombres: el hombre Cristo Jesús\, que se entregó en rescate por todos; este es un testimonio dado a su debido tiempo y para el que fui constituido heraldo y apóstol —digo la verdad\, no miento—\, maestro de las naciones en la fe y en la verdad.\nQuiero\, pues\, que los hombres oren en todo lugar\, alzando unas manos limpias\, sin ira ni divisiones. \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (16\,1-13): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos:\n«Un hombre rico tenía un administrador\, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes.\nEntonces lo llamó y le dijo:\n“¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración\, porque en adelante no podrás seguir administrando».\nEl administrador se puso a decir para sí:\n“¿Qué voy a hacer\, pues mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que\, cuando me echen de la administración\, encuentre quien me reciba en su casa”.\nFue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero:\n“¿Cuánto debes a mi amo?”.\nEste respondió:\n“Cien barriles de aceite”.\nÉl le dijo:\n“Toma tu recibo; aprisa\, siéntate y escribe cincuenta”.\nLuego dijo a otro:\n“Y tú\, ¿cuánto debes?”.\nÉl contestó:\n“Cien fanegas de trigo”.\nLe dice:\n“Toma tu recibo y escribe ochenta”.\nY el amo alabó al administrador injusto\, porque había actuado con astucia. Ciertamente\, los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz.\nY yo os digo: ganaos amigos con el dinero de iniquidad\, para que\, cuando os falte\, os reciban en las moradas eternas.\nEl que es fiel en lo poco\, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco\, también en lo mucho es injusto.\nPues\, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta\, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno\, ¿lo vuestro\, quién os lo dará?\nNingún siervo puede servir a dos señores\, porque\, o bien aborrecerá a uno y amará al otro\, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nXXV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.\n\nJesús cambia de interlocutores\, aunque no de lugar. Se dirige a «sus discípulos»\, sin perjuicio de que lo escuchen también «los fariseos» (Lc 17\,14)\, para presentarles la vida con el lenguaje de la administración. En aquella época\, el propietario designaba como administrador de sus bienes a uno de sus siervos\, de reconocidas aptitudes (cf. 12\,42)\, con tres funciones. Inicialmente\, era el que parcelaba el pastizal y racionaba el consumo del pasto por parte del ganado. Después\, era el capataz que se encargaba de la alimentación de los otros siervos. Finalmente\, fue el hombre de confianza a quien su señor le encargaba la gerencia de sus negocios\, sobre todo de comercializar sus mercaderías\, autorizándolo a cobrar una comisión por esto último. La buena administración agropecuaria y la doméstica lo habilitaban para la administración comercial (cf. 12\,43-44).\n\nLc 16\,1-13.\nJesús se refiere aquí a un administrador de todos los bienes de su señor que se volvió deshonesto\, y que\, al ser llamado a rendir cuentas\, realizó una última maniobra que resultó ser «sagaz» (12\,42)\, y\, a pesar de no haber sido «fiel»\, esa jugada significó para él una oportunidad de supervivencia\, que su señor tuvo que reconocer. De esa parábola deriva Jesús lecciones para sus discípulos.\n1. La parábola.\nComienza hablando de «cierto hombre rico»\, personaje que representa a todos los «ricos». Jesús llama «pobre» al que es libre\, desprendido y generoso\, y «rico» al codicioso\, apegado y mezquino.\nAnteriormente habló Jesús del administrador «fiel» y «sensato»\, que es el ideal de sus discípulos. Ahora se refiere a un administrador que desleal e insensato cuyo señor se entera de eso\, le exige rendición de cuentas y le anuncia su despido. Perderá el empleo y la familia.\nEl administrador mira hacia su incierto futuro\, quizá por primera vez\, y se pregunta qué hará (cf. 12\,17)\, ya que no tiene capacidad para ser agricultor y no se imagina a sí mismo como mendigo: Ni trabajando\, ni pidiendo. Entonces recurre a una solución que en apariencia es contradictoria. El administrador recibía de su señor unos precios por los cuales debía responderle\, pero tenía libertad para aumentarlos y apropiarse de la diferencia. Su solución consiste en ser desprendido: descontar de modo generoso las comisiones que él cobraba\, sin afectar más el patrimonio de su señor\, para ganarse la benevolencia de los deudores\, y así tener amigos que lo acojan cuando se quede del todo sin empleo y sin hogar.\nLa expresión «fue llamando uno por uno a los deudores de su señor» supone tres ejemplos\, que darían la noción de totalidad\, pero solo aparecen dos. El tercero es él mismo. Por favorecer sus propios intereses\, fue desleal con su señor; ahora\, para cancelar esa deuda de lealtad\, resuelve su problema sin detrimento para su señor\, intentando así enmendar su deslealtad. Por otro lado\, se puede apreciar que en un caso su comisión era del 100%\, y en el otro del 20%. Era avaricioso.\n2. El reconocimiento.\nEl propietario reconoce que el administrador codicioso procedió con la «sagacidad» que le había faltado como administrador de confianza. Al final\, este aprendió que vale más tener amigos que amontonar dinero robado. La denominación «administrador de la injusticia» (cf. 18\,6: «juez de la injusticia») llama la atención sobre lo que se administra\, el intercambio de mercancías\, que es de suyo injusto\, por la arbitrariedad con la que se gestiona. Estas palabras no se atribuyen al «rico»\, sino que expresan la valoración del narrador ante la admiración del «rico» por la habilidad con la que sigue procediendo el administrador\, incluso en momentos críticos.\nY en esto se ve que\, aunque hubiera procedido interesadamente\, los sujetos de «esta edad»\, como él\, «son más sagaces con su gente» –con los que piensan y proceden como ellos– y aprenden los unos de los otros a salir airosamente de apuros. En cambio\, «los que pertenecen la luz»\, como es el caso de los discípulos\, se muestran menos hábiles y recursivos para gestionar el bien.\n3. Las lecciones.\nSilenciada la voz del propietario y la valoración del narrador\, resuena la de Jesús: «Ahora les digo yo». Invita a los discípulos a que miren el dinero (y en el fondo todos los recursos económicos) no como un fin\, sino como un medio. Aquí se refiere al dinero convertido en ídolo. La expresión «dinero injusto»\, que difícilmente traduce la expresión griega que usa el evangelista (μαμωνᾶ τῆς ἀδικίας)\, es traducción de un concepto que\, en arameo\, connota la personificación de la riqueza (מָמוֹן). Ese dinero «idolatrado» debe ser reorientado y utilizado para ganar amigos\, de modo que esos amigos nos alcancen lo que el dinero no puede: la acogida en las moradas eternas. El dinero no tiene hogar en esta vida\, mucho menos en la vida futura. Los amigos sí.\nEnseguida\, reflexiona sobre la fidelidad del administrador. La fidelidad administrando minucias –los recursos económicos lo son– muestra la confianza que se nos puede dar para administrar lo valioso. Lo «propio» del ser humano es el don del Espíritu Santo\, que infunde vida definitiva; lo «ajeno» a él es el dinero y lo que el dinero representa\, que no garantiza la vida. El que no es desapegado\, desprendido y generoso con el dinero\, no tiene capacidad alguna para recibir el don del Espíritu de Dios\, porque este lleva al don de sí mismo. Si alguno no puede dar cosas que son ajenas\, menos puede dar lo que le es «propio»\, no puede darse a sí mismo.\nY concluye afirmando que es imposible servirle a Dios (que es amor)\, y al dinero (que es codicia)\, porque\, en el plano afectivo\, terminará aborreciendo al uno y queriendo al otro\, o\, en el plano efectivo\, si se adhiere al uno rechaza al otro. Cualquier término medio es pura ilusión engañosa.\n\nEsta parábola nos impide caer en el sentimentalismo iluso del amor a Dios sin el amor al ser humano. Hay que escoger entre dos señores: o el Señor que nos hace libres\, el Padre\, o el señor que nos hace esclavos\, el dinero injusto convertido en ídolo. La idolatría no está en los recursos económicos en sí\, que son neutros\, sino en la administración que hagamos de los mismos. «La finalidad fundamental (de la producción económica) no es el mero incremento de los productos\, ni el beneficio\, ni el poder\, sino el servicio al hombre\, al hombre integral\, teniendo en cuenta sus necesidades materiales y sus exigencias intelectuales\, morales\, espirituales y religiosas» (Gaudium et spes\, 64). El dinero no es señor de la humanidad. «La actividad económica es de ordinario fruto del trabajo asociado de los hombres; por ello es injusto e inhumano organizarlo y regularlo con daño de algunos trabajadores» (Gaudium et spes\, 67).\nCuando celebramos la eucaristía debemos recordar que «no podemos participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios» (1Co 10\,22)\, es decir\, no podemos comulgar con el Señor y apoyar esos sistemas económicos que exigen sacrificios humanos. A la mesa eucarística traemos pan y vino\, «frutos de la tierra y del trabajo del Hombre». Construyamos un mundo nuevo\, donde los recursos económicos sean efectivamente para construir el reino de Dios ganando amigos.\n¡Feliz día del Señor!
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SUMMARY:Lunes de la XXV semana del Tiempo Ordinario. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\nComienzo del libro de Esdras (1\,1-6): \nEl año primero de Ciro\, rey de Persia\, el Señor\, para cumplir lo que había anunciado por boca de Jeremías\, movió a Ciro\, rey de Persia\, a promulgar de palabra y por escrito en todo su reino: «Ciro\, rey de Persia\, decreta: “El Señor\, Dios del cielo\, me ha entregado todos los reinos de la tierra y me ha encargado construirle un templo en Jerusalén de Judá. Los que entre vosotros pertenezcan a ese pueblo\, que su Dios los acompañe\, y suban a Jerusalén de Judá para reconstruir el templo del Señor\, Dios de Israel\, el Dios que habita en Jerusalén. Y a todos los supervivientes\, dondequiera que residan\, la gente del lugar proporcionará plata\, oro\, hacienda y ganado\, además de las ofrendas voluntarias para el templo del Dios de Jerusalén.”»\nEntonces\, todos los que se sintieron movidos por Dios\, cabezas de familia de Judá y Benjamín\, sacerdotes y levitas\, se pusieron en marcha y subieron a reedificar el templo de Jerusalén. Sus vecinos les proporcionaron de todo: plata\, oro\, hacienda\, ganado y otros muchos regalos de las ofrendas voluntarias. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 125\,1-2ab.2cd-3.4-5.6 \nR/. El Señor ha estado grande con nosotros \nCuando el Señor cambió la suerte de Sión\,\nnos parecía soñar:\nla boca se nos llenaba de risas\,\nla lengua de cantares. R/. \nHasta los gentiles decían:\n«El Señor ha estado grande con ellos.»\nEl Señor ha estado grande con nosotros\,\ny estamos alegres. R/. \nQue el Señor cambie nuestra suerte\,\ncomo los torrentes del Negueb.\nLos que sembraban con lágrimas\ncosechan entre cantares. R/. \nAl ir\, iba llorando\,\nllevando la semilla;\nal volver\, vuelve cantando\,\ntrayendo sus gavillas. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (8\,16-18): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a la gente: «Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz. Nada hay oculto que no llegue a descubrirse\, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público. A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará\, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\n\nLunes de la XXV semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nEn las próximas tres semanas volveremos al AT\, al período posterior al exilio\, y leeremos los pasajes más significativos del final de la historia del Cronista (Esdras y Nehemías) intercalados con oráculos de dos profetas posteriores al exilio (Ageo y Zacarías)\, para luego continuar con otros de esos mismos (Baruc\, Jonás\, Malaquías y Joel). En la semana XXVIII retornaremos al NT. Los libros de Esdras y Nehemías eran un solo libro incorporado a la obra del Cronista. Posteriormente\, Esdras fue separado y colocado\, en la Biblia hebrea\, antes de Crónicas\, dividido en dos (primero y segundo Esdras); después el segundo recibe el nombre de Nehemías. Pero\, como la versión de los LXX tenía un apócrifo griego de Esdras (al cual llamó 1Esdras)\, añadió este como 2Esdras. En la época cristiana este último (2Esdras) fue dividido en dos (lo mismo hizo la Vulgata)\, de manera que 1Esdras es el que hoy llamamos Esdras; 2Esdras\, el que hoy llamamos Nehemías; y 3Esdras llama la Vulgata al apócrifo de Esdras. Esta nomenclatura hay que tenerla clara para cuando encontremos citas de esos libros. Por supuesto\, 3Esdras no aparece en las Biblias que manejamos actualmente\, porque no quedó en el canon.\nDespués de conquistar a Babilonia (otoño del 539 a.C.)\, Ciro mostró tolerancia religiosa\, porque quería presentarse más como liberador que como conquistador. Al comenzar su primer año de reinado sobre el imperio conquistado (marzo-abril del 538)\, el narrador anuncia que Ciro cumple una profecía de Jeremías. Este predijo el fin de la cautividad después de 70 años\, en números redondos\, a contar del año 606 (cf. Jr 25\,11-12; 29\,10); en Jr 31\,38 se anuncia la reconstrucción de Jerusalén\, y en Is 44\,28 y 45\,1-6 Ciro\, llamado «pastor» y «ungido» del Señor\, es el encargado por él para rescatar el pueblo de su cautividad y el designado para reconstruir el templo y regir los pueblos de la tierra.\nLos judíos llaman «primer templo» al que construyó Salomón\, «segundo templo» al que levantó Zorobabel\, jefe civil de los repatriados y\, aunque el templo que levantó Herodes se hizo famoso por su esplendor\, los judíos nunca lo llamaron «tercer templo»; cuando mucho\, lo consideraron como reparaciones del que había reconstruido Zorobabel.\n\nEsd 1\,1-6.\nComienza una nueva época. El panorama internacional está reconfigurado: un nuevo imperio ocupa el lugar de Asiria y Babilonia. Israel comienza una nueva etapa\, el judaísmo. En adelante\, los israelitas serán solo los judíos. Se abre un siglo de historia que será testigo de los tres grandes fenómenos más controvertidos de la historia judía: la secta bautizante de Qumrán y semejantes\, las dos grandes corrientes de pensamiento representadas por los maestros Hillel y Shammai\, y el surgimiento de Jesús y\, después de él\, Pablo.\nEsta nueva época comienza con una medida administrativa de Ciro\, rey de Persia\, que aparece como ejecutor de los designios del Señor anunciados hacía setenta años por el profeta Jeremías. Hay dos formas de notificación: una proclamación oral y un decreto escrito. Los persas le daban culto a «los dioses de los cielos». Sin duda\, Ciro los invoca como determinadores del poder real que ostenta e inspiradores de la obra que él emprende de reconstruir el templo de Jerusalén\, pero el autor\, al singularizar\, responsabiliza explícitamente al Señor\, Dios de Israel. Ahora se dan unos cambios: ya no se hablará más de Israel\, sino de Judá; ya no habrá rey al frente del pueblo\, sino sacerdote; ya los profetas no anunciarán profecías\, sino la era definitiva.\nDesde la perspectiva persa\, se habla de «el Señor\, Dios de Israel\, el Dios que habita en Jerusalén» (v.3). Esta designación muestra\, al mismo tiempo\, tolerancia religiosa y distancia. Como lo había hecho con Egipto\, Ciro no entra en controversias religiosas ni lleva afanes proselitistas\, pretende diferenciarse de los babilonios\, que oprimieron a los judíos.\nEl «resto» de supervivientes (cf. 9\,8.13-15; Neh 1\,2) fue preservado por Dios\, y desde Ez 6\,8-10 es una designación técnica de los deportados de Babilonia (cf. Is 4\,3). El «resto» que quedó\, los judíos supervivientes\, serán apoyados por los residentes del lugar con plata\, oro\, bienes y ganados (eso es lo ordenado por edicto). Además\, las ofrendas generosas (que son las recomendadas por el edicto) para la obra de la reconstrucción del «templo del Dios de Jerusalén».\nEl redactor permite entrever que no todos los judíos se entusiasmaron con la iniciativa\, puesto que dice que «todos los que se sintieron movidos por Dios… se pusieron en marcha y subieron a reedificar el templo de Jerusalén»\, que –de hecho–no fueron todos los deportados. Como era de esperar\, dado que las diez tribus del Reino del Norte prácticamente desaparecieron cuando la invasión asiria\, aquí solo se hace mención de las dos tribus del sur: Judá y Benjamín. Los levitas\, poco numerosos después del retorno\, no parecen entusiasmados con el hecho (cf. Esd 8\,15)\, ya que\, según Ezequiel (44\,10-14)\, su función era bastante poco considerada.\nTambién notifica el autor que los vecinos les proporcionaron lo que el decreto ordenaba y lo que recomendaba. El retorno se presenta como una renovación del éxodo porque\, además de la vuelta a la tierra de la promesa\, se mencionan los objetos de plata y oro (cf. Exo 3\,21-22; 11\,2; 12\,35-36)\, pero ahora no hay mención alguna de despojo\, sino regalos y ofrendas voluntarias.\n\nEl retorno de los judíos a Judá\, y particularmente a Jerusalén\, es considerado por ellos como una actualización del éxodo liberador. Sin embargo\, aquí no hay forcejeo de Dios con el tirano\, sino convergencia de voluntades. Seguramente a Ciro lo mueven intereses de Estado: la repatriación de los deportados no solo le aseguraba su gratitud y lealtad\, sino también la seguridad del reino en su periferia\, que era el territorio de los judíos. Por otro lado\, los reyes persas no privilegiaban el proselitismo religioso\, por el contrario\, consideraban el respeto a las religiones de los pueblos conquistados como un elemento para mantener la paz en todo su imperio.\nPero es evidente que los judíos vieron en estas convergencias la mano liberadora y salvadora del Señor\, y entendieron que –aunque se trataba de una reafirmación del éxodo– la historia no estaba repitiéndose. Ciro no era el faraón. Esto les permitió ver a los paganos desde una óptica nueva\, aunque no significara una notable apertura hacia ellos ni\, mucho menos\, voluntad de integrarlos.\nLas promesas del Señor se cumplen no solo a pesar de las oposiciones\, sino también contando con la cooperación libre y voluntaria de los que no creen en él\, pero cuyos intereses convergen con el designio divino\, indicio de que\, a veces\, «los hombres» no están lejos del reino de Dios.\nPor eso es importante apreciar los valores humanos que nos acercan\, y no insistir demasiado en lo que nos separa (cf. Fil 4\,8)\, ya que esos valores son verdadera preparación para el anuncio de la buena noticia.\nEsa apertura la aprendemos del amor universal manifestado en Jesucristo\, que conmemoramos en la eucaristía y con el cual comulgamos.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la XXV semana del Tiempo Ordinario. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Esdras (6\,7-8.12b.14-20): \nEn aquellos días\, el rey Darío escribió a los gobernantes de Transeufratina: «Permitid al gobernador y al senado de Judá que trabajen reconstruyendo el templo de Dios en su antiguo sitio. En cuanto al senado de Judá y a la construcción del templo de Dios\, os ordeno que se paguen a esos hombres todos los gastos puntualmente y sin interrupción\, utilizando los fondos reales de los impuestos de Transeufratina. La orden es mía\, y quiero que se cumpla a la letra. Darío.»\nDe este modo\, el senado de Judá adelantó mucho la construcción\, cumpliendo las instrucciones de los profetas Ageo y Zacarías\, hijo de Idó\, hasta que por fin la terminaron\, conforme a lo mandado por el Dios de Israel y por Ciro\, Darío y Artajerjes\, reyes de Persia. El templo se terminó el día tres del mes de Adar\, el año sexto del reinado de Darío. Los israelitas\, sacerdotes\, levitas y resto de los deportados\, celebraron con júbilo la dedicación del templo\, ofreciendo con este motivo cien toros\, doscientos carneros\, cuatrocientos corderos y doce machos cabríos\, uno por tribu\, como sacrificio expiatorio por todo Israel. El culto del templo de Jerusalén se lo encomendaron a los sacerdotes\, por grupos\, y a los levitas\, por clases\, como manda la ley de Moisés. Los deportados celebraron la Pascua el día catorce del mes primero; como los levitas se habían purificado\, junto con los sacerdotes\, estaban puros e inmolaron la víctima pascual para todos los deportados\, para los sacerdotes\, sus hermanos\, y para ellos mismos. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 121\,1-2.3-4a.4b-5 \nR/. Vamos alegres a la casa del Señor \n¡Qué alegría cuando me dijeron:\n«Vamos a la casa del Señor»!\nYa están pisando nuestros pies\ntus umbrales\, Jerusalén. R/. \nJerusalén está fundada\ncomo ciudad bien compacta.\nAllá suben las tribus\,\nlas tribus del Señor. R/. \nSegún la costumbre de Israel\,\na celebrar el nombre del Señor;\nen ella están los tribunales de justicia\,\nen el palacio de David. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (8\,19-21): \nEn aquel tiempo\, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos\, pero con el gentío no lograban llegar hasta él.\nEntonces lo avisaron: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.»\nÉl les contestó: «Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMartes de la XXV semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nEl capítulo 2 recoge la memoria de los primeros repatriados. Todavía hoy hay judíos que hacen remontar su nombre al de alguno de esos repatriados\, cuyo número se estima en 42.370 personas\, sin contar los 7.337 esclavos y esclavas. El capítulo 3 narra los comienzos de la reconstrucción\, comenzando por la del altar\, seguida dos años después por la del templo\, con la emocionante y conmovedora finalización de sus cimientos.\nLos descendientes de los colonos asirios residentes en el desaparecido reino del norte quisieron intervenir\, pero los judíos se opusieron y adujeron la orden de Ciro para justificar su oposición. En realidad\, los judíos no querían reconocer esos mestizos que ya no llevaban la sangre de los descendientes de Abraham. Esta es una de las explicaciones que tiene el afán por la pureza de la sangre en la legislación posterior al exilio\, así como la prohibición más tajante de casarse con una pareja de otro pueblo. Los colonos se dedicaron a entorpecer las obras sobornando consejeros\, según lo que aparece en el capítulo 4\, pero los judíos lograron reanudarlas después\, como narra el capítulo 5\, en el reinado de Darío I (520-515 a. C.)\, y a eso se refiere este texto.\n\nEsd 6\,7-8. 12b. 14-20.\nLa intervención de los reyes paganos en la construcción\, las facilidades y el apoyo que ofrecen\, y la orden perentoria que urge su ejecución tienen la finalidad de mostrarles a los judíos que su Dios está por encima de los reyes de la tierra. Sobre todo\, si se tienen en cuenta las intrigas que oponían los burócratas de la época para firmar su poder sin dar la impresión de deslealtad con el rey de turno\, pero haciéndose sentir en el territorio que administraban (satrapías\, en este caso).\nLa relativa autonomía de que disfrutan los judíos (tienen gobernador –Zorobabel– y un senado) y la fluida relación entre esta administración suya\, autóctona\, y la administración central del reino (hacen oración por el rey pagano: cf. v.10\, omitido) permiten entrever que Dios ha hecho que se ganen el favor de los reyes de turno (Ciro\, Darío\, y Artajerjes)\, es decir\, que por darle culto al verdadero Dios este los protege de los gobernantes paganos. Ahora\, teniendo en cuenta lo que dispuso Ciro (cf. 6\,1-5)\, Darío ordena que el sátrapa y sus subordinados se mantengan al margen de las obras de construcción del templo y las dejen en manos de las autoridades judías (cf. 6\,6). Él trata de recomendarles que se desentiendan del asunto\, es decir\, que no se preocupen más de eso. Esto constituye un gran logro\, porque permite destrabar el conflicto de poderes y superar de una vez el estancamiento de dichas obras debido a los mencionados trámites burocráticos.\nLa financiación de las obras de construcción\, incluido el pago a los trabajadores\, con «los fondos reales de los impuestos de Transeufratina»\, es decir\, con los ingresos al fisco provenientes de los impuestos colectados en la misma provincia\, parecen más un reembolso que una manifestación de generosidad\, pero alivian mucho a los constructores\, ya que por sí mismos no tenían medios económicos para financiar esa construcción. Esta directriz refuerza la línea política asumida por Ciro en el sentido de mostrarse como liberador más que como conquistador\, respetar lo propio de cada pueblo y favorecer sus expresiones religiosas. Eso contribuía a la estabilidad del reino.\nLa eficiente gestión combinada del poder civil y del senado\, animado este por los profetas Ageo y Zacarías\, logró el objetivo: el templo se terminó con éxito el 3 de marzo del año 515\, y a tiempo para la Pascua\, que se celebró el 14 de abril del mismo año. Fueron cinco años de construcción. Su dedicación se celebró el sábado 12 de marzo de 515 a. C.\, o tal vez –para evitar tal agitación en un sábado– el viernes 1 de abril (cf. 3Esd 7\,5; Josefo). Ciertamente\, no tenía las dimensiones del templo construido por Salomón\, pero tendría una duración mucho mayor (585 años).\nPropiamente hablando\, se trata de una fiesta de «los deportados»\, que ahora representan las doce tribus («doce machos cabríos\, uno por tribu»: v. 17). Los «sacerdotes y levitas» que menciona el narrador parecen distinguirse del «resto de los deportados». Es posible que sumara los que habían permanecido en el lugar más lo que vinieron con los deportados. De hecho\, la lista que maneja el autor de los deportados que retornaron cuenta 4.289 sacerdotes (2\,36-39) y 74 levitas (2\,40). Así tiene sentido la observación de que «el culto del templo de Jerusalén se lo encomendaron a los sacerdotes\, por grupos\, y a los levitas\, por clases\, como lo manda la Ley de Moisés» (6\,18). La dedicación del templo se narra en arameo\, el idioma oficial de las cancillerías\, en tanto que la fiesta de Pascua –un mes después– se relata en hebreo. Este detalle quiere enfatizar el carácter oficial de la dedicación del templo y su trascendencia como acontecimiento «internacional».\nEl cordero lo inmolaron los levitas debidamente purificados «para todos los deportados\, para los sacerdotes sus hermanos y para ellos mismos». Inicialmente\, eran los cabezas de familia los que lo hacían (cf. Exo 12\,6); Josías les había encargado esta función a los levitas (cf. 2Cro 35\,6). Los sacerdotes fueron encargados de la aspersión de la sangre (cf. 2Cro 35\,11). La celebración\, jubilosa y espléndida\, puso de manifiesto una vez más la fuerza liberadora y salvadora del Dios de Israel. El éxodo había sido renovado\, Dios seguía siendo liberador\, y la salvación continuaba en todo su vigor.\n\nLa obra liberadora y salvadora de Dios no es solo memoria del pasado sino gozosa fiesta del presente y segura promesa del futuro. Esa obra se renueva constantemente\, pues Dios no se deja doblegar por las opresiones que en cada período de la historia inventan los tiranos y sus pueblos. La oración por los reyes paganos se recomendaba (cf. Jr 29\,7; Ba 1\,10-11; 1Mac 7\,33) porque los israelitas tenían la convicción de que el Señor podía influir en los reyes del mundo.\nEsa celebración no es meramente cultual\, ella entraña la «resurrección» del pueblo. El «resto» se apersona ahora de la promesa de Dios a Israel y\, con la reconstrucción del templo\, comienza la reconstrucción de la nación en vistas al cumplimiento de dicha promesa.\nLa eucaristía hace la Iglesia\, en el sentido de que la convoca y la llama a configurarse con el Señor Jesús. Es la pascua del cristiano\, en la cual la Iglesia conmemora la entrega liberadora del Mesías Jesús\, se alimenta con su cuerpo y se configura con él en virtud de su sangre derramada\, que es el Espíritu infundido en el corazón del creyente. Así va realizando la promesa de salvación.\nLa eucaristía es memoria viva\, presencia real y esperanza cierta. Su fuerza liberadora y salvadora renueva cada día en nuestra vida y en nuestra convivencia el misterio de la Pascua del Señor: Así decimos: «Anunciamos tu muerte (memoria) proclamamos tu resurrección (presencia): ¡ven\, Señor Jesús! (esperanza)».\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la XXV semana del Tiempo Ordinario. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Esdras (9\,5-9): \nYo\, Esdras\, al llegar la hora de la oblación de la tarde\, acabé mi penitencia y\, con el vestido y el manto rasgados\, me arrodillé y alcé las manos al Señor\, mi Dios\, diciendo: «Dios mío\, de pura vergüenza no me atrevo a levantar el rostro hacia ti\, porque nuestros delitos sobrepasan nuestra cabeza\, y nuestra culpa llega al cielo. Desde los tiempos de nuestros padres hasta hoy hemos sido reos de grandes culpas y\, por nuestros delitos\, nosotros con nuestros reyes sacerdotes hemos sido entregados a reyes extranjeros\, a la espada\, al destierro\, al saqueo y a la ignominia\, que es la situación actual. Pero ahora el Señor\, nuestro Dios\, nos ha concedido un momento de gracia\, dejándonos un resto y una estaca en su lugar santo\, dando luz a nuestros ojos y concediéndonos respiro en nuestra esclavitud. Porque éramos esclavos\, pero nuestro Dios no nos abandonó en nuestra esclavitud; nos granjeó el favor de los reyes de Persia\, nos dio respiro para levantar el templo de nuestro Dios y restaurar sus ruinas y nos dio una tapia en Judá y Jerusalén.» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nTb 13\,2.3-4.6 \nR/. Bendito sea Dios\, que vive eternamente \nÉl azota y se compadece\,\nhunde hasta el abismo y saca de él\,\ny no hay quien escape de su mano. R/. \nDadle gracias\, israelitas\, ante los gentiles\,\nporque él nos dispersó entre ellos.\nProclamad allí su grandeza\,\nensalzadlo ante todos los vivientes:\nque él es nuestro Dios y Señor\,\nnuestro padre por todos los siglos. R/. \nVeréis lo que hará con vosotros\,\nle daréis gracias a boca llena\,\nbendeciréis al Señor de la justicia\ny ensalzaréis al rey de los siglos. R/. \nYo le doy gracias en mi cautiverio\,\nanuncio su grandeza\ny su poder a un pueblo pecador. R/. \nConvertíos\, pecadores\,\nobrad rectamente en su presencia:\nquizás os mostrará benevolencia\ny tendrá compasión. R/.\n\n  \n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (9\,1-6): \nEn aquel tiempo\, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades.\nLuego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos\, diciéndoles: «No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja\, ni pan ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto. Quedaos en la casa donde entréis\, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe\, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies\, para probar su culpa.»\nEllos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea\, anunciando el Evangelio y curando en todas partes. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMiércoles de la XXV semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\n«Años más tarde durante el reinado de Artajerjes de Persia\, Esdras… subió de Babilonia» (Esd 7\,1). Con él surge una élite intelectual religiosa en el pueblo judío\, el «letrado»\, experto en la Ley\, élite que pudo surgir en el destierro\, donde faltaba el culto\, y en donde Esdras se desempeñó como escriba de la corte. Él era también sacerdote. Como letrado\, su vocación se concreta en estudiar\, practicar y enseñar la Ley (cf. 7\,11). Llegó a Jerusalén encabezando una nueva oleada de repatriados. Se desempeñaba como una especie de emisario inspector de los trabajos de reedificación de la ciudad y portador de recursos para continuar esas obras. Por otro lado\, tenía capacidad para nombrar funcionarios autóctonos o no en nombre del rey Artajerjes. Esdras llevó también su «censo» de acompañantes. Ya aquí se nota la ausencia de levitas (cf. 8\,15)\, que Esdras trató de remediar y enseguida les confió funciones. Después de un viaje tranquilo\, llegaron a Jerusalén\, entregaron los recursos y los objetos del templo\, y ofrecieron holocaustos. Por último\, llevaron los decretos del rey a los sátrapas del imperio y a los gobernadores de Transeufratina (cf. Esd 7\,1-8\,36).\nEsdras recibió la información de que los sacerdotes y levitas habían contraído matrimonios mixtos\, es decir\, con mujeres paganas. Esto le causó profundo impacto y lo condujo al duelo y a la penitencia (9\,1-4).\n\nEsd 9\,5-9.\nLa constatación de esos matrimonios con extranjeras la considera Esdras como pecado que se atribuye a paganos\, a gente ordinaria\, «infamia» que es inexplicable en «la raza santa». Esa «santidad» tiene carácter de segregación\, significa «la raza puesta aparte por el Señor». En esa perspectiva hay que entender la valoración que hace Esdras para comprender su reacción y los gestos litúrgicos con los que se expresa.\nTerminada la penitencia\, recurrió a la oración. Parte de esa oración constituye el texto que el leccionario propone para la celebración eucarística de este día.\nComenzó declarando su vergüenza ante Dios por la gravedad de los delitos cometidos por el pueblo. Sin embargo\, no acusó a los que cometieron la «infamia»\, se acusó junto con ellos y asumió la responsabilidad de esa culpa como algo colectivo. La declaración de la seriedad del delito y de la culpa («nuestros delitos sobrepasan nuestra cabeza y nuestra culpa llega al cielo») se entiende desde la perspectiva de una religiosidad protectora y aislacionista.\nReconoció también que el pueblo ha pecado «desde los tiempos de nuestros padres hasta hoy»; y confesó que esos pecados los han llevado al sometimiento\, a la guerra\, al destierro\, al despojo y a la afrenta. Reconoció igualmente que el Señor ha sido benévolo permitiendo que sobreviviera «un resto» del pueblo para experimentar la libertad y reconstruir el templo y la nación. El término «resto» (פְּלֵטָה: vv. 8.13) significa «sobrevivientes»; más adelante (v. 14) va unido al término técnico «resto» (שְׁאֵרית)\, que designa propiamente la porción de Judá que no fue al exilio (cf. Jer 8\,3; 41\,10\, distinto del «resto» (שְׁאָר) al que Isaías le atribuye tanto valor (cf. 10\,19.21-22)\, que connota un grupo penitencial que se prevé para los tiempos posteriores. Reconoce que la misericordia del Señor ha ido más lejos «dejándonos un resto y una estaca en su lugar santo»\, imagen tomada de la vida nómada que se refiere a «un rincón de la tienda» para designar en pequeño espacio de habitación. Eso significa tanto como «dar luz a nuestros ojos»\, es decir\, reanimarnos\, hacernos revivir (cf. 1Sam 14\,29; Sal 13\,4; Pro 29\,13)\, dicho del «respiro» obtenido por el rescate de la esclavitud sufrida en el exilio babilónico. Pasaron de manos de los caldeos a manos de los persas\, pero el Señor\, fiel a sí mismo\, no los abandonó en la esclavitud. Al granjearles el favor de los reyes de Persia\, les dio la oportunidad de volver a su tierra –lo que entraña la restauración de la promesa–\, de levantar de nuevo «el templo de nuestro Dios y de restaurar las ruinas » –hecho que implica que Dios acepta que de nuevo le den culto\, es decir\, que se consideren su pueblo–\, dándoles «una tapia»\, o «un valladar»\, es decir\, un lugar seguro\, un refugio propio «en Judá y Jerusalén». Estar en su tierra era recuperar su espacio de libertad y señorío. Habían vuelto a ser un pueblo relativamente autónomo.\nFinalmente\, Esdras confesó el pecado actual: los matrimonios ilegítimos de quienes optaron por no escuchar la voz de los «siervos» del Señor\, los profetas\, y pidió su perdón. Esta oración fue hecha en voz alta (9\,10-15\, texto omitido por el leccionario).\nLa razón invocada para la prohibición de estos matrimonios es triple:\na) Inducen a los israelitas a la idolatría y al sincretismo (poner al Señor en igualdad con los ídolos de los pueblos).\nb) Mezclan la «raza santa» con la sangre impura\, la de los paganos\, con lo que se descontinúa la descendencia de Abrahán.\nc) Debilitan al pueblo elegido\, porque lo privan de las bendiciones prometidas a los patriarcas y a su descendencia.\nLa postura de Esdras fue drástica. Según el autor\, la iniciativa partió de Secanías (cf. 10\,2)\, ya que fue él quien propuso el abandono tanto de las mujeres paganas como de los hijos que habían tenido con ellas; pero es indudable que fue Esdras quien llegó hasta exigirles a todos –sacerdotes\, levitas\, funcionarios del templo y seglares– separarse de sus mujeres e hijos paganos y despedirlos. Esdras le dejó a su pueblo un ideal y una praxis de segregación para conservar la unidad nacional\, la pureza religiosa y la vigencia de la promesa.\n\nLa herencia de Esdras sobrevive en costumbres\, como la interpretación rigorista de la Ley\, que nada tienen de cristianas. De hecho\, algunos textos muestran que los matrimonios con extranjeras habían sido aceptados (cf. Gn 41\,45; 48\,5-12; Nm 12\,1-3; Rut 1\,4; 2Sam 3\,3). Pero ya en Dt 7\,1-4; 23\,4s –textos en los que es muy probable que se basara Esdras– fueron prohibidos con el fin de combatir la idolatría\, peligro más inminente ahora\, cuando la mayoría de los repatriados eran hombres. Aunque hay algunas iglesias «cristianas» que prohíben los matrimonios mixtos apoyándose en 2Co 6\,14 (que se refiere a otra cosa: evitar componendas con la injusticia)\, la Iglesia católica ha admitido la legitimidad de los «matrimonios mixtos»\, superando así –en este campo– la exclusión fanática que aísla\, empobrece y deshumaniza.\nEn buena hora la Iglesia está procurando abandonar la interpretación legalista y rigorista del evangelio para identificarse con la actitud misericordiosa de Jesús\, que no es menos exigente ni incita a la mediocridad\, sino que invita a descubrir las posibilidades que tiene el amor que procede del Espíritu Santo para dar libertad y vida.\nLa eucaristía debe ejercitarnos en el amor universal. La «sangre de la alianza\, que se derrama por todos» (Mt 26\,28) nos compromete en el amor «católico»\, verdaderamente universal\, del que Jesús nos dio fehaciente testimonio y al cual nos invita llegando hasta más allá\, cuando nos exhorta a amar incluso a los enemigos.\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Jueves de la XXV semana del Tiempo Ordinario. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\nComienzo de la profecía de Ageo (1\,1-8): \nEl año segundo del rey Darío\, el mes sexto\, el día primero\, vino la palabra del Señor\, por medio del profeta Ageo\, a Zorobabel\, hijo de Salatiel\, gobernador de Judea\, y a Josué\, hijo de Josadak\, sumo sacerdote: «Así dice el Señor de los ejércitos: Este pueblo anda diciendo: “Todavía no es tiempo de reconstruir el templo.”»\nLa palabra del Señor vino por medio del profeta Ageo: «¿De modo que es tiempo de vivir en casas revestidas de madera\, mientras el templo está en ruinas? Pues ahora –dice el Señor de los ejércitos– meditad vuestra situación: sembrasteis mucho\, y cosechasteis poco\, comisteis sin saciaros\, bebisteis sin apagar la sed\, os vestisteis sin abrigaros\, y el que trabaja a sueldo recibe la paga en bolsa rota. Así dice el Señor: Meditad en vuestra situación: subid al monte\, traed maderos\, construid el templo\, para que pueda complacerme y mostrar mi gloria –dice el Señor–.» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 149\,1-2.3-4.5-6a.9b \nR/. El Señor ama a su pueblo \nCantad al Señor un cántico nuevo\,\nresuene su alabanza en la asamblea de los fieles;\nque se alegre Israel por su Creador\,\nlos hijos de Sión por su Rey. R/. \nAlabad su nombre con danzas\,\ncantadle con tambores y cítaras;\nporque el Señor ama a su pueblo\ny adorna con la victoria a los humildes. R/. \nQue los fieles festejen su gloria\ny canten jubilosos en filas:\ncon vítores a Dios en la boca;\nes un honor para todos sus fieles. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (9\,7-9): \nEn aquel tiempo\, el virrey Herodes se enteró de lo que pasaba y no sabía a qué atenerse\, porque unos decían que Juan había resucitado\, otros que había aparecido Elías\, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.\nHerodes se decía: «A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es éste de quien oigo semejantes cosas?»\nY tenía ganas de ver a Jesús. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nJueves de la XXV semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nDarío subió al trono en circunstancias convulsas: intrigas palaciegas y revueltas populares. Al regresar de una campaña contra Egipto\, Cambises\, el antecesor de Darío\, se suicidó cuando se enteró de que un usurpador\, de nombre Gaumata\, se había proclamado rey en su lugar. A Darío\, miembro de la familia real\, le tocó luchar durante dos años en dos frentes: derrocando a Gaumata y sofocando las sublevaciones que pululaban en el imperio. Nada extraño que en esas circunstancias los judíos fueran maltratados por los persas\, sus captores\, presa del miedo y el recelo. Ageo se hace eco de esa situación (cf. 2\,6-7. 21-22).\nEntre tanto\, la «tierra prometida» ha quedado reducida en extensión (poco más de 30 km2)\, y tanto Jerusalén como los demás asentamientos estaban en ruinas y los campos incultos a causa de las malas cosechas (cf. 1\,9-11; 2\,15-17). El pueblo está dividido y desesperado: unos venden a otros como esclavos por deudas (cf. Neh 5; Mal 3\,5); los que fueron al destierro y los que se habían quedado apenas coexistían\, pero no convivían. Los samaritanos del Norte fueron tratados con desprecio cuando quisieron participar en la reconstrucción del templo (cf. 2\,10-14)\, y esto provocó reacciones de retaliación. Algo semejante sucedió respecto de los edomitas del Sur (cf. Mal 1\,3; Abd).\nDespués del primer intento de reconstruir el templo (537 a.C.)\, la precariedad de los medios disponibles y la oposición de los «samaritanos» (colonos asirios) forzaron a los repatriados a suspender los trabajos. La inestabilidad política de los primeros años del reinado de Darío se hizo sentir en Jerusalén\, y el profeta Ageo –seguido después por Zacarías– aprovechó para despertar el sentimiento nacional. Su mensaje interpreta los «signos de los tiempos» como un reproche a su letargo espiritual.\nEl breve ministerio de Ageo se sitúa entre junio y diciembre del año 520 a.C. Su libelo apenas contiene cuatro oráculos\, fechados y con destinatario: tres a Zorobabel y uno a los sacerdotes. El leccionario solo nos trae los dos primeros\, dirigidos a Zorobabel.\nA finales de agosto del 520 pronuncia el primero de sus oráculos (hoy se lee la mitad). Es «el año segundo del reinado de Darío».\n\nAgeo 1\,1-8.\nLos cimientos del templo habían sido puestos en abril-mayo del año 536 (cf. Esd 3\,7-13). Y nada más se había podido hacer (cf. Esd 4).\nLas dificultades materiales de los recién repatriados y de los antiguos residentes no permitían holgura para continuar esas obras. Por otro lado\, los colonos del norte (asirios-samaritanos) habían logrado que se interrumpieran los trabajos comenzados. Y\, por último\, Jeremías había anunciado que transcurrirían 70 años para el regreso (cf. Jer 25\,11)\, y ese plazo todavía no se había cumplido. Por todo eso\, la gente decía que todavía no era el momento para reconstruir el templo. El profeta discute esos razonamientos comparando las ruinas del templo demolido por los caldeos con las casas que se han construido\, e indirectamente los acusa de indolencia.\nEnseguida\, los pone a reflexionar en la situación en la que se encuentran: ingentes esfuerzos y escasos resultados: Se refiere a las actividades fundamentales de la economía agropecuaria de la época: sembrar-cosechar\, que debía proporcionarles pan (trigo) y vino (vid); esquilar las ovejas (lana) para hilar\, tejer y elaborar vestiduras (abrigo); y la situación del asalariado\, al que le pagaban con monedas\, es igualmente precaria: el dinero se le va sin que él sepa cómo («en bolsa rota»). Trabajan\, sí\, pero no logran mejorar sus condiciones ni la calidad de su vida; es un trabajo improductivo. Cada uno siente que hace lo mejor que puede\, pero no avanzan.\nEntonces\, él les hace una exhortación: comprometerse con una obra grande\, la construcción del templo\, para que vean la gloria del Señor. En las indicaciones que les hace\, no habla Ageo de cortar piedras para construir el templo\, solo de traer maderos. Es probable que la ciudad de Jerusalén se encontrara llena de las piedras cortadas que quedaron como ruinas después de las demoliciones hechas por los caldeos cuando se tomaron la ciudad y derribaron tanto el templo como las otras grandes construcciones.\nEl Señor promete dos cosas: aceptar el templo reconstruido y manifestar en él su gloria. Con la primera promesa va implícita una oferta de reconciliación; el Señor aceptará el culto que le tribute el pueblo\, lo que implica el perdón de sus faltas pasadas –que produjeron la ruina del templo– y la renovación de la alianza –«ustedes serán mi pueblo\, y yo seré su Dios»–\, de modo que la historia común se reanude. Con la segunda\, que puede entenderse como acción refleja («me cubriré de gloria») o transitiva («manifestaré mi gloria»)\, se describe la actividad liberadora del Señor (cf. Exo 14\,4.17.18; Isa 8\,23) y el reconocimiento de la misma por parte del resto rescatado por él (cf. Isa 24\,15)\, o por parte de los tiranos (cf. Isa 25\,3-4).\nContinúa después (vv. 9ss\, omitidos) explicando que la esterilidad de sus esfuerzos se debe a su infidelidad a Dios (el profeta se vale del arcaico esquema de culpa-castigo; es su teología). Cuando todos reaccionan con «temor del Señor» (respeto a Dios\, principio de la sabiduría)\, entonces el profeta\, como mensajero de Dios\, garantiza la presencia protectora de Dios y el pueblo pone manos a la obra en la construcción del templo.\n\nNo es preciso recurrir al esquema de culpa-castigo para captar el fondo del razonamiento de Ageo. Aparentemente\, se trata de construir un edificio\, pero es mucho más que eso. Se trata de manifestar la decisión colectiva de dar culto al Señor que los sacó de Egipto y los repatrió de Babilonia. En efecto\, los logros dependen del alcance de los proyectos. Si subordinan los proyectos individuales (sus casas) al proyecto comunitario (la casa del Señor)\, la construcción de una nación unida los hará fuertes y alcanzarán estabilidad y prosperidad. La reflexión que Ageo propone tiene la finalidad de llevarlos a la conclusión de que la deseada abundancia no provendrá del individualismo\, sino que será fruto de su fidelidad al proyecto de Dios.\nEl razonamiento de Ageo parece un eco lejano (pero eco\, ciertamente) de lo que enseña Jesús en dos pasajes del evangelio: En Mt 4\,4 recuerda que «no solo de pan vive el hombre\, sino también de lo que Dios vaya diciendo»; la última palabra no está en la prosperidad económica\, sino en el designio de Dios. En Mt 6\,25-34 explica que si cada uno se limitara a sus intereses particulares (comer\, beber\, vestirse)\, todos demostrarían no estar adheridos al Padre; si todos buscan el reinado de Dios\, tendrán todo aquello que los apremia\, y mucho más.\nLa eucaristía nos ayuda a superar los individualismos y a buscar ante todo ese macroproyecto que nos satisface plenamente: el reino de Dios. De hecho\, en el banquete eucarístico comen los individuos en la medida en que se construye la comunidad eclesial. Si se dejara de edificar la comunidad\, los individuos no podrían comulgar con el cuerpo del Mesías.\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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SUMMARY:Viernes de la XXV semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la profecía de Ageo (2\,1-9): \nEl año segundo del reinado de Darío\, el día veintiuno del séptimo mes\, vino la palabra del Señor por medio del profeta Ageo: «Di a Zorobabel\, hijo de Salatiel\, gobernador de Judea\, y a Josué\, hijo de Josadak\, sumo sacerdote\, y al resto del pueblo: “¿Quién entre vosotros vive todavía\, de los que vieron este templo en su esplendor primitivo? ¿Y qué veis vosotros ahora? ¿No es como si no existiese ante vuestros ojos? ¡Ánimo!\, Zorobabel –oráculo del Señor–\, ¡Ánimo!\, Josué\, hijo de Josadak\, sumo sacerdote; ¡Ánimo!\, pueblo entero –oráculo del Señor–\, a la obra\, que yo estoy con vosotros –oráculo del Señor de los ejércitos–. La palabra pactada con vosotros cuando salíais de Egipto\, y mi espíritu habitan con vosotros: no temáis. Así dice el Señor de los ejércitos: Todavía un poco más\, y agitaré cielo y tierra\, mar y continentes. Pondré en movimiento los pueblos; vendrán las riquezas de todo el mundo\, y llenaré de gloria este templo –dice el Señor de los ejércitos–. Mía es la plata y mío es el oro –dice el Señor de los ejércitos–. La gloria de este segundo templo será mayor que la del primero –dice el Señor de los ejércitos–; y en este sitio daré la paz –oráculo del Señor de los ejércitos.–”» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 42\,1.2.3.4 \nR/. Espera en Dios\, que volverás a alabarlo:\n«Salud de mi rostro\, Dios mío» \nHazme justicia\, oh Dios\,\ndefiende mi causa contra gente sin piedad\,\nsálvame del hombre traidor y malvado. R/. \nTú eres mi Dios y protector\,\n¿por qué me rechazas?\,\n¿por qué voy andando sombrío\,\nhostigado por mi enemigo? R/. \nEnvía tu luz y tu verdad:\nque ellas me guíen\ny me conduzcan hasta tu monte santo\,\nhasta tu morada. R/. \nQue yo me acerque al altar de Dios\,\nal Dios de mi alegría;\nque te dé gracias al son de la citara\,\nDios\, Dios mío. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (9\,18-22): \nUna vez que Jesús estaba orando solo\, en presencia de sus discípulos\, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»\nEllos contestaron: «Unos que Juan el Bautista\, otros que Elías\, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.»\nÉl les preguntó: «Y vosotros\, ¿quién decís que soy yo?»\nPedro tomó la palabra y dijo: «El Mesías de Dios.»\nÉl les prohibió terminantemente decírselo a nadie.\nY añadió: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho\, ser desechado por los ancianos\, sumos sacerdotes y escribas\, ser ejecutado y resucitar al tercer día.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\n\n\n\nViernes de la XXV semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nAgeo insistió en el contraste ente la ingente magnitud de los esfuerzos con la escasez de los resultados. El autor\, habituado al esquema de pecado-castigo\, presentó ese contraste como represalia del Señor de la naturaleza y de la historia («Señor de los ejércitos») en razón de que ellos disfrutaban de casa habitable\, en tanto que la casa del Señor estaba en ruinas. Le atribuyó también al Señor la sequía y la infertilidad de la tierra\, su deforestación y la improductividad de los cultivos (trigo\, vino\, aceite) y de la ganadería (1\,9-11).\nEl oráculo anterior encontró eco en «Zorobabel\, hijo de Sealtiel\, Josué\, hijo de Josadac\, sumo sacerdote\, y todo el resto (שְׁאֵרִית) del pueblo» (1\,12)\, quienes lo reconocieron como mensaje del Señor y lo recibieron con respeto religioso. Ante esa reacción\, Ageo le garantizó al pueblo la presencia del Señor\, y esto produjo la moción espiritual en dichos tres actores (Zorobabel\, Josué y el resto)\, los cuales se decidieron a emprender las obras del templo (cf. Ag 1\,12-15).\n\nAgeo 1\,15b-2\,9.\nSegundo oráculo de Ageo. Mediados de octubre del 520\, último día de la fiesta de las Chozas.\nLa ocasión es festiva y fastuosa\, de grandes ceremonias en el templo y de gran concurrencia de peregrinos. Es el segundo año del reinado de Darío y se presagian conmociones cósmicas (cambios en la geopolítica)\, agitación de los pueblos y relevos de reinos e imperios. Pero era también la oportunidad en que Israel celebraba la conmemoración de la salida de Egipto y la travesía por el desierto habitando en chozas durante siete días. Esta fiesta se asociaba tanto al templo como al cumplimiento de la promesa mesiánica.\nEl oráculo se dirige ahora «a Zorobabel\, hijo de Sealtiel\, gobernador de Judea\, y a Josué\, hijo de Yosadac\, sumo sacerdote\, y al resto del pueblo». Añade «el resto del pueblo» al anterior.\nLos que pudieron ver el templo antiguo (cf. Esd 3\,12) con todo su esplendor ahora no ven nada de eso\, solo ven ruinas. Contrasta esa ruinosa realidad actual con la añoranza producida por la gloriosa realidad pasada\, que pocos pueden confirmar. Pero ahora no acusa al pueblo por ese fracaso\, sino que\, como «mensajero del Señor» (1\,13)\, ahora se propone consolar.\nPor eso\, insiste por tres veces (totalidad homogénea)\, «el Señor de los ejércitos» los convoca a la esperanza. Llamar a Dios «Señor de los ejércitos» tiene doble sentido: a) por un lado\, se refiere a los astros como creaturas de Dios (los «ejércitos celestes»): afirma que el Señor es el dueño de toda la creación; por el otro\, como los caldeos adoraban los astros y les atribuían el destino de los hombres\, Ageo afirma que el Señor es dueño de la historia. El espacio y el tiempo le pertenecen; no lo determinan\, él los gobierna. Sus palabras de aliento se parecen a las que Josué escuchó en su momento (cf. Jos 1\,6-7.9.18)\, que suenan como una invitación a confiar en que la empresa que podría parecer imposible no lo es en realidad. Esa expresión «pueblo entero» (lit.: «pueblo de la tierra») designaba anteriormente a la población campesina con plenos derechos ciudadanos\, hombres leales al rey (cf. 2Rey 11\,18; 21\,14); ahora designa a la «gente del común»\, en relación con los dirigentes civiles y religiosos.\nPor eso se remite\, en primer lugar\, a la historia y evoca la salida de Egipto y la alianza pactada entonces: el Espíritu del Señor –como otrora la columna de fuego o de nube (cf. Ex 13\,21-22; 14\,19)– todavía permanece en medio del pueblo\, no hay por qué desanimarse. La alianza fue una palabra «viva» (eficaz\, activa\, comprometedora para ambas partes) y estableció entre Dios y el pueblo una relación que –aunque el pueblo fue infiel– el Señor mantiene en virtud de su fidelidad (está «en medio» de ellos)\, su «espíritu» (entendido aquí como el mismo Señor en cuanto actúa en ellos) permanece en el pueblo. El Señor sigue fiel a su alianza.\nAgeo ve la creación y la historia referidas a un centro a donde confluye la realización de los designios del Señor\, el templo de Jerusalén (cf. Is 2\,2-5; Mi 4\,1-4; Isa 60). Enseguida promete una agitación del orden social internacional –con las imágenes de una conmoción cósmica: catástrofes y temblores–: «dentro de poco\, yo agitaré cielos y tierra\, mares y continentes»\, conmoción que beneficiará a su pueblo. Hasta el momento\, las revoluciones\, las caídas y los surgimientos de nuevos imperios fueron adversos; esta vez no será así. Este es un privilegio que no tuvo al templo edificado por Salomón\, porque este fue destruido. La convergencia de las riquezas de las naciones no se refiere solamente a la precaria situación de los judíos\, que a la sazón no podían levantar un templo suntuoso por carecer de recursos económicos\, sino a que el Señor les abre espacio a otras riquezas de las naciones\, a sus riquezas espirituales\, y por eso promete llenar el templo de «gloria» (fama\, prestigio) en su condición de «Señor de los ejércitos». Él cambiará la geografía y la historia. El término «riqueza» (חֶמְדָה) denota lo que es objeto de deseo\, de anhelo\, y en sentido amplio describe la felicidad de los tiempos que se esperan\, los del Mesías.\nEn segundo lugar\, afirma que él es dueño y señor de todo –«el oro y la plata» son los metales más preciados– y todo esto se pondrá a disposición del templo. Esta es otra declaración en su condición de «Señor de los ejércitos». Si antes se refirió a los tesoros espirituales\, ahora habla de las riquezas materiales\, y nuevamente hace mención de la «gloria»\, en otra acepción del término hebreo (כָּבוֹד: riqueza económica).\nPor último\, hace un tercer anuncio de la «gloria». Es de tal magnitud esta intervención suya como Señor de la naturaleza y de la historia («Señor de los ejércitos»)\, que el esplendor (כָּבוֹד) del segundo templo sobrepasará el del primero porque en este Dios dará la paz. Esta promesa está también avalada por la triple aseveración de que quien habla por boca del profeta es el mismo Señor de los ejércitos (v. 4). La paz a la que se refiere Ageo es la plenitud de los bienes mesiánicos: bienestar\, seguridad\, armonía entre Dios y el hombre\, entre los hombres y entre los hombres y las creaturas y entre las creaturas\, unas con otras (cf. Isa 11\,6-9; Jer 33\,6-9).\n\nEs pertinente insistir en que Ageo no le apunta solo de la construcción de un edificio sino a la reconstrucción del pueblo mismo como pueblo de Dios. Dios renueva la alianza y asegura que la historia y la creación están al servicio de ese designio\, cuya meta es la paz: la felicidad en la armonía. Dios permanece fiel a su amor y cumple sus promesas. Nosotros podemos mantener la fe sin desanimarnos\, con la esperanza de que la paz prometida vendrá\, como lo anuncia el Señor de la naturaleza y de la historia. Y hay que tener presente que este segundo templo\, restaurado por Herodes\, fue el que visitó Jesús\, que es «nuestra paz» (Ef 2\,14).\nAunque no sea como la han entendido «los hombres» la promesa\, que es la vida en plenitud\, se ha venido cumpliendo y\, al mismo tiempo\, esclareciendo. Cada vez comprendemos mejor cuál es en realidad esa generosa promesa del Señor.\nFruto de la tierra (creación) y del trabajo de los hombres (historia)\, los dones eucarísticos nos anticipan el cumplimiento de «la promesa del Padre» (cf. Lc 24\,49): el don del Espíritu Santo por mediación del Mesías resucitado\, para darnos vida eterna y resucitarnos de la muerte.\nFeliz viernes.
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SUMMARY:Sábado de la XXV semana del Tiempo Ordinario. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la profecía de Zacarías (2\,5-9.14-15a): \nAlcé la vista y vi a un hombre con un cordel de medir. Pregunté: «¿Adónde vas?»\nMe contestó: «A medir Jerusalén\, para comprobar su anchura y longitud.»\nEntonces se adelantó el ángel que hablaba conmigo\, y otro ángel le salió al encuentro\, diciéndole: «Corre a decirle a aquel muchacho: “Por la multitud de hombres y ganado que habrá\, Jerusalén será ciudad abierta; yo la rodearé como muralla de fuego y mi gloria estará en medio de ella –oráculo del Señor–.”»\n«Alégrate y goza\, hija de Sión\, que yo vengo a habitar dentro de ti –oráculo del Señor–. Aquel día se unirán al Señor muchos pueblos\, y serán pueblo mío\, y habitaré en medio de ti.» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nJr 31\,10.11-12ab.13 \nR/. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño \nEscuchad\, pueblos\, la palabra del Señor\,\nanunciadla en las islas remotas:\n«El que dispersó a Israel lo reunirá\,\nlo guardará como un pastor a su rebaño.» R/. \n«Porque el Señor redimió a Jacob\,\nlo rescató de una mano más fuerte.»\nVendrán con aclamaciones a la altura de Sión\,\nafluirán hacia los bienes del Señor. R/. \nEntonces se alegrará la doncella en la danza\,\ngozarán los jóvenes y los viejos;\nconvertiré su tristeza en gozo\,\nlos alegraré y aliviaré sus penas. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (9\,43b-45): \nEn aquel tiempo\, entre la admiración general por lo que hacía\, Jesús dijo a sus discípulos: «Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres.»\nPero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro que no cogían el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nSábado de la XXV semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nZacarías es contemporáneo de Ageo (su primera intervención data de un mes antes del último oráculo de Ageo) y apoya la misma causa consolidando el despertar religioso provocado por su antecesor. El libro que se le atribuye tiene dos partes tan distintas que se habla de I Zacarías y II Zacarías (o déutero Zacarías). La primera parte\, la que se lee esta vez\, recurre al género literario llamado «visión»\, ocho en total (solo se leerán dos)\, que es un modo de describir la realidad desde una panorámica que junta lo simbólico con lo real\, lo inmanente con lo trascendente\, lo temporal con lo intemporal. Zacarías profetiza en una sociedad con dificultades de convivencia (cf. 5\,3-4; 8\,16-17); por otro lado\, la situación internacional ya no presagiaba los grandes cambios que antes se anunciaban\, el mundo estaba en calma (cf. 1\,11)\, y eso podía causar desánimo. Zacarías era también sacerdote\, pero\, ante todo\, profeta.\nDespués de su presentación (1\,1) y de una introducción (1\,2-6)\, el libro presenta las ocho visiones (1\,7–6\,8)\, objeto parcial de esta primera lectura del mismo\, de las cuales hoy se lee la tercera\, en la que el profeta «visiona» la situación contemporánea de ese pueblo que intenta resurgir de sus ruinas estimulado por la fidelidad del amor del Señor. Y proyecta de tal modo su visión de futuro que desborda el tiempo previsible hasta los límites de hechos imprevisibles.\n\nZac 2\,5-9.14-15a.\nAsunto de la tercera visión: «el cordel de medir» (o «el medidor»). Los desterrados ya comienzan a reedificar «la ciudad santa». Medir una ciudad\, como si se tratara de un terreno para comprarlo o para sembrarlo\, implica que la medición se hace con fines de utilizarlo\, no para descartarlo (cf. Eze 43\,13). La visión tiene parentesco con anuncios proféticos anteriores que preveían un futuro esperanzador para la ciudad de Jerusalén después de la catástrofe (cf. Isa 54\,2-3; Jer 31\,38-40).\nPara dar a entender la restauración de la ciudad\, la «visión» recurre\, en primer lugar\, a la sorpresa. El profeta se muestra extrañado por la presencia de «un hombre con un cordel de medir»\, hecho que lo obliga a consultar a su interlocutor\, el «ángel»\, o «ángel del Señor» (: cf. 1\,9.11.12.13; 2\,7)\, lo cual indica que se trata de algo cuya explicación trasciende la comprensión humana. El ángel le explica que se trata de medir la ciudad\, cosa comprensible en la perspectiva del constructor o reconstructor; sería como un levantamiento topográfico.\nEn la «visión» se advierte que el primer intento de determinar las dimensiones de la ciudad es corregido por el ángel que advierte al ángel-muchacho (v.8) que la ciudad deberá ser mucho más grande de lo inicialmente previsto\, ya que deberá albergar mayor cantidad de vivientes que la que se presupuestó inicialmente. Este dato implica que los cálculos se quedaron cortos\, y que el Señor cumplirá las promesas hechas por medio de sus profetas. Será una ciudad sin murallas\, «ciudad abierta»\, circundada por Dios mismo como «muralla de fuego»\, es decir\, como defensa invisible e imbatible (cf. 2Rey 6\,14-23)\, y estará habitada por la gloria del Señor\, que retornará a su templo (2\,5-9; cf. Ez 43\,1-2). El impulso inicial de reconstrucción de la ciudad\, aunque implica el deseo de una ampliación de la misma\, supone todavía muros a su alrededor; pero el proyecto de Dios va más allá de la «visión» de los hombres.\nSiguen dos llamados a los exiliados (2\,10-17\, de los cuales se leen solo los vv. 14-15). El primero (vv. 10-13)\, para que salgan del «país del norte» (Babilonia) y vengan a reconstruir la ciudad y el pueblo en torno al templo\, añadiendo una severa advertencia a las naciones que los deportaron: si los judíos fueron al destierro\, fue porque el Señor así lo consintió («yo los dispersé a los cuatro vientos»: v. 10) para que su pueblo aprendiera; pero esas naciones no pueden hacerse la ilusión de que ellas deciden a su antojo la suerte de las demás; que no intenten repetir los hechos\, porque el Señor no se los permitirá: meterse con el pueblo del Señor es meterse con el Señor mismo («el que los toca a ustedes me toca a mí la niña de los ojos»)\, y eso significaría la ruina de esas naciones\, que tendrán que enfrentar la sublevación de sus propios vasallos.\nEl segundo (vv. 14-17)\, para que la ciudad se abra con júbilo a acoger a los otros pueblos que vendrán a integrarse como pueblo de Dios (cf. Ageo 2\,6-7). Las naciones no andarán dispersas\, divididas y enfrentadas\, sino que se congregarán y disfrutarán de las mismas bendiciones que ha recibido el pueblo del Señor. El exilio ha dejado abierto el horizonte del pueblo al universalismo y en esa apertura se reconocerá la autenticidad de la misión del profeta.\nDos veces habla el profeta en esta «visión» de la autenticación de su misión como enviado del Señor: cuando anuncia la sublevación de los vasallos de las naciones invasoras\, y cuando anuncia la congregación de las naciones en un solo pueblo\, que será pueblo del Señor; en ambas ocasiones se refiere a su Dios como «el Señor de los ejércitos» (cf. vv. 13.15). Él es el Señor de la historia\, no porque desate los acontecimientos con su poder\, sino porque los seres humanos se mueven por la fuerza del amor. La sublevación de los vasallos no es un castigo del Señor a los opresores\, sino una manifestación de que los oprimidos toman conciencia de su valía y\, por eso\, se resisten a aceptar por más tiempo el menosprecio de su dignidad y la conculcación de sus derechos. Del mismo modo\, la congregación de las naciones en torno al Señor como pueblo suyo –dejando de lado sus ídolos– entraña el desengaño y la conversión al verdadero Dios.\n\nHoy se habla mucho de «visión de futuro»\, de hombres «visionarios»\, de «visión de vanguardia» (distintas de las enfermizas alucinaciones que padecen algunos)\, etc. Se introdujo el neologismo «visionar»\, en el sentido de vislumbrar el futuro predecible a partir de las tendencias observadas. Pero hay «visiones» que provienen de intereses rastreros\, egoístas y mezquinos\, incluso cuando son de grupos\, porque son excluyentes. Ninguno de esos visionarios suele (ni puede) decir: «alcé la vista y vi…» (Zac 2\,1.5; 5\,1.5; 6\,1) porque sus visiones no consultan el designio de Señor ni pretenden ponerse al servicio del mismo.\nLa visión cristiana va en la línea profética del Apocalipsis\, que vislumbra y predice la ruina y el fracaso de todos los regímenes opresores\, explotadores y excluyentes\, y vive y anuncia el reinado de Dios y persevera construyendo su reino en la geografía y en la historia de todos los pueblos de la tierra. Es una visión iluminada por la luz del mundo\, que es Jesús (cf. Jn 8\,12).\nPor eso en la eucaristía ofrecemos «…el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (no solo el nuestro); y proclamamos una dicha abierta\, incluyente: «Dichosos los…»\, como la de las bienaventuranzas\, y no una dicha restringida («Dichosos nosotros…»)\, porque «visionamos» el reinado universal de Dios.\nFeliz sábado en compañía de María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:XXVI Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la profecía de Amós (6\,1a.4-7): \nEsto dice el Señor omnipotente:\n«¡Ay de aquellos que se sienten seguros en Sion\,\nconfiados en la montaña de Samaría!\nSe acuestan en lechos de marfil\,\nse arrellanan en sus divanes\,\ncomen corderos del rebaño y terneros del establo;\ntartamudean como insensatos\ne inventan como David instrumentos musicales;\nbeben el vino en elegantes copas\,\nse ungen con el mejor de los aceites\npero no se conmueven para nada por la ruina de la casa de José.\nPor eso irán al destierro\,\na la cabeza de los deportados\,\ny se acabará la orgía de los disolutos».\nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 145\,7.8-9a.9bc-10 \nR/.Aleluya \nV/. El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente\,\nhace justicia a los oprimidos\,\nda pan a los hambrientos.\nEl Señor liberta a los cautivos. R/. \nV/. El Señor abre los ojos al ciego\,\nSeñor endereza a los que ya se doblan\,\nel Señor ama a los justos.\nEl Señor guarda a los peregrinos. R/. \nV/. Sustenta al huérfano y a la viuda\ny trastorna el camino de los malvados.\nEl Señor reina eternamente\,\ntu Dios\, Sión\, de edad en edad R/. \n\n\n\nSegunda lectura\n\nLectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo (6\,11-16): \nHombre de Dios\, busca la justicia\, la piedad\, la fe\, el amor\, la paciencia\, la mansedumbre.\nCombate el buen combate de la fe\, conquista la vida eterna\, a la que fuiste llamado y que tú profesaste noblemente delante de muchos testigos.\nDelante de Dios\, que da vida a todas las cosas\, y de Cristo Jesús\, que proclamó tan noble profesión de fe ante Poncio Pilato\, te ordeno que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo\, que\, en el tiempo apropiado\, mostrará el bienaventurado y único Soberano\, Rey de los reyes y Señor de los señores\, el único que posee la inmortalidad\, que habita una luz inaccesible\, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver.\nA él honor y poder eterno. Amén. \nPalabra de Dios \n\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (16\,19-31): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a los fariseos:\n«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día.\nY un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal\, cubierto de llagas\, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico.\nY hasta los perros venían y le lamían las llagas.\nSucedió que murió el mendigo\, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán.\nMurió también el rico y fue enterrado. Y\, estando en el infierno\, en medio de los tormentos\, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán\, y a Lázaro en su seno\, y gritando\, dijo:\n“Padre Abrahán\, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua\, porque me torturan estas llamas”.\nPero Abrahán le dijo:\n«Hijo\, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida\, y Lázaro\, a su vez\, males: por eso ahora él es aquí consolado\, mientras que tú eres atormentado.\nY\, además\, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso\, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo\, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”.\nÉl dijo:\n“Te ruego\, entonces\, padre\, que le mandes a casa de mi padre\, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas\, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”.\nAbrahán le dice:\n“Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”. Pero él le dijo:\n“No\, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos\, se arrepentirán”.\nAbrahán le dijo:\n«Si no escuchan a Moisés y a los profetas\, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nXXVI Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.\n\nAdemás del mensaje propio de la parábola\, este texto muestra la capacidad que tiene Jesús para adaptarse a su auditorio\, y de paso da a conocer la mentalidad farisaica. Ya había quedado claro que la oposición de los fariseos a su apertura con respecto de los publicanos y de los pecadores radica en que los fariseos «son amigos del dinero» (Lc 16\,14) y\, por eso\, rivales de los publicanos. Pero ahora Jesús los caracteriza mejor\, porque en la parábola se acomoda a su mentalidad y les habla en sus términos. En efecto:\n• En tanto Jesús habla del «mundo futuro» para los «hijos de Dios» (Lc 20\,35s)\, o del «paraíso» en las manos del Padre (cf. Lc 23\,43.46)\, los fariseos hablan del «seno de Abraham» y de los hijos de Abraham (cf. Lc 16\,22.25).\n• En tanto Jesús considera que el reino y su dicha comienzan en esta historia (cf. Lc 6\,20-23)\, y así mismo la desdicha de los que ponen su confianza en las riquezas (cf. Lc 6\,24-26)\, los fariseos difieren esa retribución para después de la muerte (cf. Lc 16\,25).\n• En tanto Jesús presenta la muerte de los justos como preñada de una promesa de resurrección (cf. Lc 14\,14)\, la muerte del que pone su confianza en la riqueza es como reclamarle la vida (cf. Lc 12\,20) para su frustración definitiva (cf. Lc 13\,28).\nEn definitiva\, la parábola no ilustra la concepción que Jesús tiene del destino final del hombre\, sino la clara percepción que él tiene de la mentalidad farisea al respecto.\n\nLc 16\,19-31.\nLa parábola presenta en tres actos el drama del que pone su confianza en la riqueza: La vida\, la muerte\, y el destino final\, y lo contrasta con el de aquel que solo cuenta con la ayuda de Dios.\n1. La vida.\nJesús muestra al rico como un ser solitario\, encerrado en sí mismo y desentendido de los demás. Su vida es lujosa («vestía de púrpura y lino») y regalada («banqueteaba ostentosamente todos los días»); su convivencia es inexistente: no se mencionan comensales ni servidores en sus banquetes; sus días transcurren como un festejo del egoísmo\, no tiene invitados al banquete de la vida. El contraste entre el carácter ostentoso del diario banquete y su índole privada y exclusiva remite a la figura del magistrado que no advertía la estridente discrepancia entre sus muchas riquezas y la penuria de sus vecinos (cf. Lc 18\,22-23).\nA su lado\, sin que él se dé por entendido\, padece un pobre de nombre «Lázaro»\, que significa «Dios ayuda»\, llagoso y hambriento\, al cual los perros\, animales que eran considerados impuros\, le muestran más compasión y le prodigan algún cuidado. El hecho de que el pobre tenga nombre y el rico carezca de él sugiere una inversión del orden establecido\, ya que en el mundo es común que el acaudalado tenga nombre y renombre\, en tanto que el desposeído es un N. N.; pero\, ante todo\, ese hecho constituye una advertencia: ese apego a la riqueza despersonaliza.\n2. La muerte.\nComo era de esperar a causa de sus privaciones\, muere primero el pobre\, y su cortejo fúnebre lo conforman ángeles que lo llevan al sitial de honor que todo israelita sueña\, según los fariseos: «al lado de Abraham». La escena se presenta como un banquete en el cual Lázaro\, finalmente como hombre libre\, es «reclinado» como invitado de honor junto a Abraham. Esta asignación de lugar se la dan «los ángeles»\, mensajeros de Dios. El cuadro que se insinúa es alegre y festivo.\nMuere después del «rico»\, y su irrelevante cortejo fúnebre simplemente lo sepulta. La muerte del «rico» resulta un hecho intrascendente que es reportado de forma escueta\, casi de pasada\, como algo que carece de importancia.\nLas dos muertes se diferencian en otro rasgo\, el de la dirección que siguen los dos muertos: los ángeles evocan el mundo «superior»\, de arriba; la sepultura\, el mundo «inferior»\, de abajo.\n3. El destino final.\nEl rico (fariseo) reconoce como «padre» (o sea\, modelo) a Abraham\, y ve a Lázaro como alguien que puede hacer algo por él. Pero ya es tarde. Según lo que los mismos fariseos enseñaban\, ya se le acabó la buena vida\, y a Lázaro la mala; ahora –siempre según los fariseos– viene la inversión de papeles. Y\, además\, el muro de indiferencia e insolidaridad que el rico construyó\, y que nunca derribó\, permanece como barrera infranqueable. Esa es una muerte sin esperanza\, porque para Abraham\, aunque todos son «descendientes» (τέκνον)\, los invitados de honor son los indigentes\, los olvidados por ser de condición miserable.\nTambién ahora es cuando aparecen los hermanos del rico. Son cinco\, número que hace alusión al Pentateuco\, a la Ley\, de la cual los fariseos se declaran observantes. Quiere evitarles el mismo fracaso a sus hermanos fariseos\, por eso pide que Lázaro vaya a ellos. Pero Abraham los remite a la «Ley y a los Profetas»\, es decir\, a la alianza con el Señor que los rescató de la miseria (Moisés)\, y al insobornable reclamo de justicia hecho por los profetas frente a los ricos y a los gobernantes. El rico insiste en un prodigio\, que un muerto se les aparezca\, Abraham persiste en que\, si no escuchan el reclamo de Moisés y los profetas\, ningún portento los hará rectificar. La afirmación tan tajante de Abraham («si no escuchan a Moisés y a los profetas\, no se dejarán convencer ni aunque uno resucite de la muerte») tiene presente el hecho de la resurrección de Jesús.\nLos fariseos a quienes se dirige Jesús eran «amigos del dinero» (Lc 16\,14)\, ya tenían el «consuelo» en sus riquezas (cf. Lc 6\,24); por eso ignoraban a los indigentes y se desentendían de su suerte. Esto significa que eran infieles al Dios del éxodo («Moisés») y del reino («Profetas»).\n\nMuchas personas\, cuando han padecido la experiencia de sentirse «al borde de la muerte»\, han cambiado radicalmente su concepción de la vida y han dejado aflorar su humanidad reprimida. Algo semejante les ha sucedido a otros ante la perspectiva de perder a un ser querido. Pero no es necesario que eso se dé para permitir que en nosotros cause impacto el reclamo de justicia y solidaridad que gritan sin palabras tantos seres humanos\, cuya presencia denuncia y condena el egoísmo\, el lujo y la insolidaridad de esta sociedad que se acostumbró a mirar con indiferencia el sufrimiento ajeno. Es preciso entender que la omisión de la misericordia es tan culpable como la comisión de la injusticia.\nEs una experiencia comprobada: los muchos milagros que –con aprobación eclesiástica o si ella– se reportan por doquier no logran despertar la sensibilidad humana en favor de las víctimas del abandono. Lo que se necesita es escuchar el mensaje de Jesús; basta solo su mensaje. Acogerlo en la eucaristía y apropiarnos de su entrega es suficiente para cambiar ese mundo injusto.\nFeliz día del Señor.
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SUMMARY:Lunes de la XXVI semana del Tiempo Ordinario. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la profecía de Zacarías (8\,1-8): \nEn aquellos días\, vino la palabra del Señor de los ejércitos: «Así dice el Señor de los ejércitos: Siento gran celo por Sión\, gran cólera en favor de ella. Así dice el Señor: Volveré a Sión y habitaré en medio de Jerusalén. Jerusalén se llamará Ciudad Fiel\, y el monte del Señor de los ejércitos\, Monte Santo. Así dice el Señor de los ejércitos: De nuevo se sentarán en las calles de Jerusalén ancianos y ancianas\, hombres que\, de viejos\, se apoyan en bastones.\nLas calles de Jerusalén se llenarán de muchachos y muchachas que jugarán en la calle. Así dice el Señor de los ejércitos: Si el resto del pueblo lo encuentra imposible aquel día\, ¿será también imposible a mis ojos? –oráculo del Señor de los ejércitos–. Así dice el Señor de los ejércitos: Yo libertaré a mi pueblo del país de oriente y del país de occidente\, y los traeré para que habiten en medio de Jerusalén. Ellos serán mi pueblo\, y yo seré su Dios con verdad y con justicia.» \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 101\,16-18.19-21.29.22-23 \nR/. El Señor reconstruyó Sión\, y apareció en su gloria \nLos gentiles temerán tu nombre\,\nlos reyes del mundo\, tu gloria.\nCuando el Señor reconstruya Sión\,\ny aparezca en su gloria\,\ny se vuelva a las súplicas de los indefensos\,\ny no desprecie sus peticiones. R/. \nQuede esto escrito para la generación futura\,\ny el pueblo que será creado alabará al Señor.\nQue el Señor ha mirado desde su excelso santuario\,\ndesde el cielo se ha fijado en la tierra\,\npara escuchar los gemidos de los cautivos\ny librar a los condenados a muerte. R/. \nLos hijos de tus siervos vivirán seguros\,\nsu linaje durará en tu presencia\,\npara anunciar en Sión el nombre del Señor\,\ny su alabanza en Jerusalén\,\ncuando se reúnan unánimes los pueblos\ny los reyes para dar culto al Señor. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (9\,46-50): \nEn aquel tiempo\, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante.\nJesús\, adivinando lo que pensaban\, cogió de la mano a un niño\, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.»\nJuan tomó la palabra y dijo: «Maestro\, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y\, como no es de los nuestros\, se lo hemos querido impedir.»\nJesús le respondió: «No se lo impidáis; el que no está contra vosotros está a favor vuestro.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto \n\n\nLunes de ls XXVI semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nEl profeta declaró ocho visiones: los jinetes (1\,7-17; cf. Ap 6\,1-8)\, los cuernos y los herreros (2\,1-4; cf. Dan 7\,8.11.20)\, el cordel de medir (2\,5-17; cf. Is 54\,2.3; Jr 31\,38-40)\, la investidura del sumo sacerdote (3\,1-10; cf. Exo 28-29; Lev 8)\, el candelabro y los dos olivos (4\,1-10; cf. Ap 11\,1-14)\, el rollo volando (5\,1-4)\, el recipiente y la mujer (5\,5-11)\, y los cuatro carros (6\,1-8). Enseguida\, con la coronación del sumo sacerdote\, anunció el futuro gobierno mesiánico (con el enigmático nombre de Germen) que construirá el templo (cf. 6\,9-15). Después respondió una consulta litúrgica con las exigencias éticas propias de los profetas (cf. 7\,1-14).\nEl capítulo 8 agrupa pequeños oráculos independientes que muestran al Señor con «grandes celos» a causa de Jerusalén y del templo («Sion»: cf. 1\,14)\, como si estuviera impaciente por cumplir sus promesas de restauración. Los vv. 16-17 tiene un tono de instrucción; el resto de ellos se refieren a la salvación mesiánica\, descrita como una era de felicidad serena que el pueblo disfruta por bendición del Señor (cf. 8\,12). El horizonte se ensancha más adelante.\n\nZac 8\,1-8.\nEl mensaje del Señor aparece «enviado»\, pero sin mensajero ni destinatario explicitados («El Señor de los ejércitos envió este mensaje»). Lo habitual es que\, por lo menos\, se explicite el mensajero («la palabra del Señor se dirigió a…» (1\,1.7; 7\,1.4)\, aunque a veces prescinda de la mención del destinatario. Quizá esto se deba a que el capítulo ensancha su horizonte en los vv. 20-23 hasta incluir «hombres de todas las lenguas de las naciones».\nDe las diez promesas contenidas en el capítulo 8\, introducidas por la declaración «así dice el Señor de los ejércitos» (vv. 2.3.4.6.7.9.14.19.20.23)\, leeremos en este lunes las cinco primeras. Esa forma de designar al Señor («Señor de los ejércitos») se propone recordar que él es dueño de la naturaleza y de la historia. Y ese señorío suyo es la garantía de que tales promesas van a cumplirse\, que no son retórica vacía.\nEl primer oráculo (v. 2)\, constituye una vibrante declaración de parte del Señor\, él declara su amor apasionado por «Sion» (el monte del templo) como manifestando su ardiente deseo de cumplir sus promesas de restauración\, concretamente las de la reconstrucción del templo. La apasionada declaración de amor implica el compromiso de su inminente intervención a favor de su pueblo y del cumplimiento de esas promesas. El oráculo habla de «celo grande y furor grande» (lit.: קִנְאָה גְדוֹלָה וְחֵמָה גְדוֹלָה). El «celo» es el amor por su pueblo; el «furor» implica la reprobación de los que redujeron la ciudad a ruinas y los que la oprimen en la actualidad.\nEl segundo (v. 3) hace alusión al abandono del templo por parte del Señor (cf. Eze 10\,18-19) y promete su regreso para habitar en medio de la ciudad. La ciudad que había dejado de ser fiel para convertirse en ramera una (cf. Is 1\,21) ahora volverá a ser ciudad fiel (cf. Is 1\,26)\, y «el monte de la casa del Señor» (Isa 2\,2-3)\, donde una vez hicieron daño y causaron estragos (cf. Isa 11\,9)\, volverá a ser un monte verdaderamente apartado de toda maldad («santo»). Al hablar del «monte del Señor de los ejércitos» connota el templo que está en dicho monte. Se advierte una alusión a la época idílica en el desierto y a la morada del Señor en una tienda\, en medio del pueblo (uso del verbo שׁכן).\nEl tercero (4-5) es una promesa de vida en abundancia: ancianos y ancianas en las calles son la imagen de una vida prolongada y activa; hombres tan ancianos que tengan que apoyarse en bastones son expresión de la vejez llevada al límite. Y\, por otro lado\, la exuberancia de la vida manifestada en el bullicio de muchachos y muchachas jugando despreocupadamente en sus plazas garantiza que ese pueblo que así envejece también así se rejuvenece. De hecho\, los hijos sanos y la vejez serena indican los dos puntos extremos en los que se hacen efectivas las bendiciones del Señor a lo largo de la existencia (cf. Exo 20\,12; Isa 65\,20; Sal 127). Tanto la longevidad de los adultos como la tranquilidad de los niños sugiere un período de paz.\nEl cuarto (v. 6) compromete la capacidad creadora del Señor. Lo que parecería imposible a juicio del «resto de este pueblo» que fue destinado por el Señor a disfrutar de la restauración (cf. Ageo 1\,12)\, a juicio del Señor es totalmente posible. Ese «resto» –שְׁאֵרִית\, los que quedaros después de la caída de Jerusalén en manos de los caldeos y del cautiverio babilónico\, distinto del otro «resto» (שְׁאָר)\, más genérico\, que se refiere lo que queda como un remanente de algo–está formado por los que nunca fueron al exilio y los que sobrevivieron al mismo. El Señor\, movido por su amor y su fidelidad\, promete al pueblo lo que parece imposible\, (cf. Jer 32\,27)\, y se compromete a realizarlo en un futuro determinado («en aquellos días») no en un futuro incierto. La vida desbordante florecerá allí en donde no parece haber ya esperanza alguna de vida. El pueblo está en condiciones de creer en eso\, porque conoce las obras del Señor.\nEl profeta está tan cierto de que el Señor cumplirá esa promesa que él mismo se transporta a «aquellos días» del futuro en que se dará el cumplimiento de los cuatro oráculos anteriores\, tan reconfortantes para todo el pueblo. De este modo\, con su fe y su esperanza\, se convierte desde el presente en testigo del futuro\, y certifica\, desde antes\, el cumplimiento de lo que el Señor anuncia por medio de él. El hecho de que este mensaje del Señor haya sido «dirigido» por Señor –es decir\, consta que procede de él– sin determinar portador ni destinatario\, hace más énfasis en el mensaje que en los datos que se silencian. El profeta se pone al servicio de la esperanza\, de una esperanza que compromete en la acción: la reconstrucción del templo\, que más que levantar un edificio es rehacer un pueblo. En efecto\, una empresa común que restablezca la relación (alianza) con Dios es una forma concreta de vivir la esperanza de una manera positivamente creativa para darle sentido a la vida y a la convivencia.\n\nDios promete una era de felicidad sencilla y tranquila. Es totalmente gratis todo: la promesa no es mérito del pueblo sino don de la generosidad del Señor; la paz que se anuncia no es conquista del pueblo sino fruto de la mano creadora del Señor. Ya no entendemos la acción de Dios como enfrentamiento con los pueblos\, sino como reconciliación de unos con otros. Si a nuestro juicio eso parece imposible\, «con Dios nada es imposible» (Mc 10\,27; Lc 1\,37).\nTambién hoy\, el reinado que gratis disfrutamos los hijos del Dios Padre y la experiencia de su Espíritu Santo no son resultados de nuestra gestión sino dones de su munificencia por medio de nuestro Señor Jesús Mesías.\nLa eucaristía no es una comida cualquiera; por eso la celebramos conectada con la realidad\, sí\, pero también distanciada de la frivolidad. Ella es un anticipo del banquete del reino futuro\, donde comeremos «el pan del mañana» (como debiéramos decir en el padrenuestro)\, que el Padre bondadoso nos adelanta «hoy»\, y que vivimos alegre\, confiada y fraternalmente.\nFeliz lunes.
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