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SUMMARY:Martes de la XXVI semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la profecía de Zacarías (8\,20-23):  \nAsí dice el Señor de los Ejércitos: Todavía vendrán pueblos y habitantes de grandes ciudades\, y los de una ciudad irán a otra diciendo: «Vayamos a implorar al Señor\, a consultar al Señor de los Ejércitos. – Yo también voy contigo.» Y vendrán pueblos incontables y numerosas naciones a consultar al Señor de los Ejércitos en Jerusalén y a implorar su protección. Así dice el Señor de los Ejércitos: Aquel día diez hombres de cada lengua extranjera agarrarán a un judío por la orla del manto\, diciendo: «Queremos ir con vosotros\, pues hemos oído que Dios está con vosotros.» \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\nSal 86\,1-3.4-5.6-7  \nR/. Dios está con nosotros \nÉl la ha cimentado sobre el monte santo;\ny el Señor prefiere las puertas de Sión\na todas las moradas de Jacob.\n¡Qué pregón tan glorioso para ti\, ciudad de Dios! R/. \n«Contaré a Egipto y a Babilonia entre mis fieles;\nfilisteos\, tirios y etiópes han nacido allí.»\nSe dirá de Sión: «Uno\, por uno todos han nacido en ella;\nel Altísimo en persona la ha fundado.» R/. \nEl Señor escribirá en el registro de los pueblos:\n«Éste ha nacido allí.»\nY cantarán mientras danzan:\n«Todas mis fuentes están en ti.» R/. \n\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Lucas (9\,51-56):  \nCuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo\, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino\, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron\, porque se dirigía a Jerusalén.\nAl ver esto\, Santiago y Juan\, discípulos suyos\, le preguntaron: «Señor\, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?»\nÉl se volvió y les regañó y dijo: «No sabéis de que espíritu sois. Porque el Hijo del Hombre no ha venido a perder a los hombres\, sino a salvarlos.»\nY se marcharon a otra aldea. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMartes de la XXVI semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nEl sexto oráculo (vv. 9-13) asume el tono de una exhortación u homilía sinagogal\, en donde se advierten algunas reminiscencias de Ageo (1\,2.6-11; 2\,15-19); este oráculo refleja la situación que se vivía después del exilio. El séptimo (vv. 14-17) subraya las disposiciones habituales de justicia (honradez) y respeto\, al mejor estilo de la profecía preexílica\, mezclando amenazas con promesas y con cierto énfasis a favor de «Jerusalén y Judá». El octavo (vv. 18-19) tiene una introducción solemne\, como destacando el anuncio que sigue: cesará el luto\, ya no habrá más manifestaciones de duelo («ayuno») en los tiempos futuros. El noveno y el décimo se leen hoy.\nEl término griego παντοράτωρ traduce el hebreo צְבָאוֹת –que aparece medio centenar de veces en Zacarías\, cuatro de las cuales en el texto que hoy se lee– normalmente se traduce al español como «de los ejércitos» (ateniéndose al hebreo)\, o «todopoderoso» (ateniéndose al griego). La expresión «Señor de los ejércitos» designa al Dios de Israel como señor de los astros. Teniendo en cuenta que los astros tienen doble connotación\, la de universo creado (para los israelitas) y la de seres que rigen el destino de los hombres (para los paganos)\, se entiende que dicha expresión designe al Dios de Israel como señor de las creaturas y de sus destinos\, es decir\, señor del espacio y del tiempo. Su traducción más aproximada sería «soberano de todo».\nEn Zacarías se registra una cierta apertura universalista\, aunque con marcado acento centralista\, ya que supone que todos los paganos que se adhieran al Señor deberán reunirse en Jerusalén.\n\nZac 8\,20-23.\nEl profeta visiona la restauración mesiánica de su pueblo con un rasgo inesperado: la atracción ejercida por el Señor entre los habitantes de las naciones paganas\, y la consiguiente búsqueda del mismo por parte de ellos. Al declarar que este anuncio procede del «Señor de los ejércitos»\, está diciéndole a su pueblo que tanto esa atracción como la búsqueda correspondiente son victorias del Señor\, quien así manifiesta su señorío universal\, y no logros del pueblo\, que desacreditó ante las naciones el nombre santo del Señor a causa de su infidelidad.\nEl texto de hoy trae los dos últimos de los diez oráculos que dirige el Señor (sin mención alguna de destinatario ni mensajero: cf. 8\,1) y que Zacarías transmite. Los versículos 20-21 se refieren a «pueblos» (עַמּים) y «ciudades» (עַרִים)\, en tanto que los dos siguientes hablan de «pueblos» (עַמִּים) y «naciones» (גוֹיִם). Si «pueblos» (עַמּים) resulta ambiguo\, «naciones» (גוֹיִם) no deja lugar a dudas de que se refiere a los extranjeros («paganos»).\n1. Noveno oráculo.\nAunque Isaías (2\,2-5) tiene una versión más poética del contenido de este oráculo\, no por eso la promesa del Señor tiene menos fuerza en las palabras de Zacarías. No deja de ser asombroso el hecho de una concitación de los habitantes de pueblos y vecinos de ciudades populosas para ir a Jerusalén\, y no en plan de guerra\, sino con ánimo de reconciliación con el Señor.\nEl profeta avizora ese acuerdo entre los pueblos paganos y los vecinos de sus ciudades populosas. El término ambiguo «pueblo» prepara el ánimo para este encuentro inusual e inaudito. Van unos donde los otros y se convidan para ir a «aplacar» al Señor\, lenguaje correlativo al de la «ira» del Señor. Se entiende\, pues\, que están buscando la reconciliación con él\, y que se proponen ir a su encuentro a ofrecerle sacrificios de expiación. Es de suponer que se refieren a los padecimientos que les han infligido a los judíos por las invasiones\, el destierro\, las persecuciones\, etc.\nLa recíproca invitación se anuncia como de total aceptación\, porque los convidados responderán afirmativa y espontáneamente. El profeta ya ve venir las caravanas de «pueblos numerosos y de naciones poderosas»\, los paganos que vienen a «visitar al Señor de los ejércitos» en Jerusalén y a «aplacar al Señor». En efecto\, la expresión «pueblos numerosos» alude sobre todo a los hostiles a Judá y Jerusalén (cf. Isa 17\,12; Eze 3\,6); no así «naciones poderosas» (Miq 4\,3.7; Isa 60\,22)\, en las que el concepto de «poderosas» implica su carácter de populosas\, o sea\, «fecundas»\, lo que no se puede considerar negativo\, puesto que Abraham fue destinado a ser «una nación grande y poderosa» (cf. Gen 18\,18) entre otras naciones (cf. Deu 7\,1) que Israel debía conquistar (cf. Deu 9\,1) con la ayuda del Señor (cf. Deu 11\,23). Ahora Zacarías interpreta esa «conquista».\n2. Décimo oráculo.\nLos judíos desempeñarán un papel de mediadores universales. Se convertirán en referencia para que las naciones lleguen al encuentro del Señor (cf. Isa 19\,23-25). Cada uno de ellos multiplicará por diez la atracción del Señor entre los distintos pueblos paganos («diez hombres de cada lengua extranjera»). En la Biblia\, la cifra «diez» representa simbólicamente sea un grupo numeroso (cf. Lev 26\,26)\, sea un cierto cuerpo constituido (cf. Jue 6\,27; Rut 4\,2; 2Rey 25\,25). Esta imagen da a entender que los nuevos adherentes vienen en gran cantidad y en grupos compactos. Todas las lenguas del mundo están representadas en esos muchos grupos que se congregan para invertir la disgregación que se produjo en Babel (cf. Gen 11).\nLa «orla (hebreo\, כָּנָף; griego\, κράσπεδον) del manto» es su orilla exterior\, su borde. Por cuanto el manto simboliza la persona\, tocar la orla de su manto expresa la idea de un incipiente contacto personal\, de una relación que se pondera mínima\, pero es suficiente para asirse a una expectativa: llegar\, a través de ese medio\, al encuentro con el Señor. Los judíos hacen de guías y compañeros distantes («el borde») dados los prejuicios de pureza e impureza legal que continúan en vigencia. Los paganos se aferran a lo que han oído: que Dios está con los judíos.\n\nJesús explicará la misión a partir de Jerusalén\, es decir\, como un movimiento centrífugo hacia la periferia de la humanidad. También explica que\, en vez de esperar a que ellos vengan\, hay que ir a los paganos a llevarles la buena noticia. Por otro lado\, les enseña a sus discípulos a «comer lo que les pongan»\, es decir\, a que no interpongan artificiales barreras culturales ni religiosas entre los seres humanos (como los tabúes alimenticios)\, sino a que se inserten en los pueblos y valoren sus culturas para anunciar\, desde dentro\, la buena noticia de Dios.\nNo aseguraremos que Dios está con nosotros si conservamos los esquemas de exclusión de las sociedades cerradas e inhumanas. La fraternidad se vive en la igualdad\, en la solidaridad y en el servicio recíproco prestado con alegría y con deseos de ayudar a crecer al otro.\nEsto es lo que vemos que hace Jesús en la eucaristía\, banquete en el que se nos da íntegramente para que tengamos la mejor calidad de vida.\nFeliz martes.
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SUMMARY:2 de octubre. Santos Ángeles Custodios.
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nMi ángel irá por delante \nLectura del libro del Éxodo 23\, 20-23a \nAsí dice el Señor: \n«Voy a enviarte un ángel por delante\, para que te cuide en el camino y te lleve al lugar que he preparado. \nRespétalo y obedécelo. \nNo te rebeles\, porque lleva mi nombre y no perdonará tus rebeliones. \nSi lo obedeces fielmente y haces lo que yo digo\, tus enemigos serán mis enemigos\, y tus adversarios serán mis adversarios. \nMi ángel irá por delante». \nPalabra de Dios. \nSalmo responsorial: Salmo 90\, 1-2. 3-4. 5-6. 10-11 (R.: 11) \nR. A sus ángeles ha dado órdenes\npara que te guarden en tus caminos. \nTú que habitas al amparo del Altísimo\,\nque vives a la sombra del Omnipotente\,\ndi al Señor: «Refugio mío\, alcázar mío\,\nDios mío\, confío en ti». R. \nÉl te librará de la red del cazador\,\nde la peste funesta.\nTe cubrirá con sus plumas\,\nbajo sus alas te refugiarás. R. \nSu brazo es escudo y armadura.\nNo temerás el espanto nocturno\,\nni la flecha que vuela de día\,\nni la peste que se desliza en las tinieblas\,\nni la epidemia que devasta a mediodía. R. \nNo se te acercará la desgracia\,\nni la plaga llegará hasta tu tienda\,\nporque a sus ángeles ha dado órdenes\npara que te guarden en tus caminos. R. \nAleluya Sal 102\, 21 \nBendecid al Señor\, ejércitos suyos\,\nservidores que cumplís sus deseos. \nEVANGELIO \nSus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial \n Lectura del santo evangelio según san Mateo 18\, 1-5. 10 \nEn aquel momento\, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: \n—«¿Quién es el más importante en el reino. de los cielos?». \nÉl llamó a un niño\, lo puso en medio y dijo: \n—«Os aseguro que\, si no volvéis a ser como niños\, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto\, el que se haga pequeño como este niño\, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí. \nCuidado con despreciar a uno de estos pequeños\, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial». \nPalabra del Señor. \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n2 de octubre.\nSantos Ángeles Custodios.\n\nRefiriéndose a los ángeles\, dice la carta a los hebreos: «¿Qué son todos\, sino espíritus en servicio activo\, que se envían en ayuda de los que han de heredar la salvación?» (1\,14). El término «ángel» procede del latín angelus\, y este del griego ἄγγελος\, que traduce el hebreo/arameo מַלְאָךְ\, y significa «mensajero» o «emisario». Generalmente el término se usa en relación con Dios\, pero también con Satanás (cf. 2Co 12\,7) o el diablo (cf. Mt 25\,41); en este caso se traduce «emisario» o «secuaz». Los «ángeles» pueden ser de Dios (cf. Lc 12\,9)\, o del Hijo del Hombre (cf. Mt 13\,41)\, o de uno de sus seguidores (cf. Hch 12\,15). Los ángeles del Hijo del Hombre son colaboradores suyos en la realización del designio del Padre (cf. Mt 4\,11; 13\,41; 24\,31; 25\,31). Particularmente\, se llaman «ángeles» a los «hijos de Dios» ya resucitados (cf. Lc 20\,36)\, que también son presentados como los «ángeles» del Hijo del Hombre.\n\n1. Primera Lectura (Ex 23\,20-23a).\nEste texto forma parte de tres promesas que hace el Señor de enviar un legado suyo delante de Israel si el pueblo es fiel. Primero\, enviará «un ángel» (v. 20: מַלְאָךְ)\, luego\, su «terror» (v. 27: אֵימָה)\, que pondrá en fuga a todas las naciones\, y\, finalmente\, el «abejorro» (v. 28: צִרְעָה)\, el pánico que desbandará a los habitantes. Pero estos hechos sucederán gradualmente\, a medida que Israel vaya siendo capaz de tomar posesión de la tierra.\nDios\, en primer lugar\, le promete a su pueblo un ángel que tiene un triple cometido:\na) Servir de guía para el pueblo\,\nb) Cuidarlo en el camino y\nc) Llevarlo al lugar para él preparado.\nEl pueblo deberá respetarlo y obedecerle\, rebelarse contra él sería rebelarse contra Dios\, porque ese ángel actúa en nombre de él y posee toda su autoridad. En cambio\, si lo respeta y le obedece fielmente\, Dios le promete solidarizarse con el pueblo y protegerlo frente a sus enemigos. Esta promesa suena audaz y desmesurada\, pero pretende subrayar la fidelidad del pueblo a Dios\, del mismo modo que él es fiel a su pueblo. Si el pueblo se aferra a él\, Dios lo bendecirá. Hay que tener presente que lo que en los relatos del éxodo se entiende como «rebeldía» no es el hecho de oponerse a una tiranía\, sino todo lo contrario\, es la resistencia al éxodo liberador.\nEste texto se adujo como base escrituraria para apoyar la cita y aplicación que el evangelista hace de Is 40\,3 para presentar a Juan Bautista como el «ángel» que habrá de preparar el camino del Señor (cf. Mt 3\,3; 11\,10; Mc 1\,2-3; Lc 7\,27).\nEl ángel está al servicio del pueblo que hace el camino del éxodo y\, por lo mismo\, al servicio del seguidor de Jesús en su éxodo personal (cf. Hch 12\,5-17).\nHay que advertir la actividad de «el ángel del Señor» –decisivo en los acontecimientos del éxodo\, y que representa al mismo Señor en cuanto actúa para liberar a su pueblo de la esclavitud– en el libro de los Hechos de los Apóstoles\, donde representa a Jesús como Señor que libera a los suyos de la sujeción a la institución religiosa judía para ponerlos al servicio de la buena noticia universal.\n\n2. Evangelio (Mt 18\,1-5.10).\nLa ingenua identificación del «chiquillo» (παιδίον) y de los «chiquillos» (παιδία) con unos niños de pecho no permite comprender bien el mensaje de este texto del evangelio.\nLos discípulos quieren conformar su grupo según los criterios de la sociedad de la cual proceden (moldear la Iglesia a imagen del mundo)\, y por eso se proponen repartirse los puestos de honor. Para hacer eso\, comienzan pidiéndole a Jesús que establezca él los rangos entre ellos («¿Quién es el más grande en el reino de Dios?»). Según su concepción\, alguien desde arriba determina el grado de importancia de los de abajo\, porque así es como ellos conciben la convivencia social. Consideran que Jesús –porque se presenta como mensajero del reinado de Dios e instaurador de su reino– está investido del poder indiscutible para establecer los estratos entre ellos. Sobra decir que cada uno de ellos aspira a ser el más importante.\nJesús llamó (porque estaba retirado de ese grupo) a un «chiquillo» y lo convirtió en figura central («lo puso en medio»). El hecho de llamarlo advierte de la distancia espiritual entre el «chiquillo» y los «discípulos»\, al mismo tiempo que deja entender que Jesús tiene dos estilos de seguidores\, cuya diferencia se advierte en esa contraposición entre el ansia de honores y rango («discípulos») y la permanente disposición para el servicio («chiquillo»).\nEl contraste entre «grande» y «chiquillo» también es signo de que hay dos modos de apreciación: para los discípulos\, «grande» es quien se siente más o mejor que los otros; para Jesús\, en el reino de Dios solo hay entrada para los chiquillos\, y solo los ellos son grandes en ese reino. El chiquillo es una persona sin rango honorífico que está siempre dispuesto para servir\, y justamente por eso crece y se hace grande en el reino (cf. Mt 20\,26). Según la creencia judía (que suponía estratos en el cielo)\, pocos ángeles permanecían en la presencia de Dios. Jesús se vale de esa creencia para hacer ver que los chiquillos son muy importantes para Dios. Así que despreciar a estos servidores basándose en títulos mundanos es afrentar a sus ángeles\, que permanecen en presencia del Padre como servidores de su éxodo personal. En cambio\, acogerlos es acoger a Jesús mismo\, porque él se identifica con ellos.\n\nHay dos clases de ángeles tutelares: unos son terrestres\, como Juan Bautista; otros\, de naturaleza espiritual\, siempre en el cielo. Ambos cuidan\, protegen y conducen seguros a los hijos de Dios en el camino del éxodo liberador. Pretender desigualdades en la comunidad de Jesús es rebelarse contra el designio liberador y salvador del Padre\, porque sería atribuirle al Señor una supuesta estratificación de los que\, para él\, somos «todos hermanos» (Mt 23\,8)\, es decir\, iguales. Hay que revisar también la suposición de que los ángeles se clasifican en categorías gradadas\, porque dicha suposición se opone al mensaje de la buena noticia. Nuestro destino final es ser «como ángeles».\nLa tutela de los ángeles comienza por garantizar la igualdad de quienes recorremos el camino del Señor y hacemos el éxodo definitivo\, y conduce a estimular en todos las disposiciones para que cada uno se ponga libre y amorosamente al servicio de los demás\, de manera que adoptemos la misma actitud que los ángeles en relación con nosotros\, pues se trata de que cada uno se haga ángel guardián de su hermano\, y superemos la indiferencia de Caín (cf. Gn 4\,9).\nCelebramos la eucaristía como hermanos y como hijos. Ninguna de estas dos condiciones admite estratificaciones. Y ese pan que partimos y compartimos nos exige trabajar como ángeles de Dios al servicio de la humanidad en busca de una sociedad de personas libres e iguales.\nFeliz conmemoración.
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SUMMARY:Jueves de la XXVI semana del Tiempo Ordinario. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Nehemías (8\,1-4a.5-6.7b-12): \nEn aquellos días\, todo el pueblo se reunió como un solo hombre en la plaza que se abre ante la Puerta del Agua y pidió a Esdras\, el escriba\, que trajera el libro de la Ley de Moisés\, que Dios había dado a Israel. El sacerdote Esdras trajo el libro de la Ley ante la asamblea\, compuesta de hombres\, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era el día primero del mes séptimo. En la plaza de la Puerta del Agua\, desde el amanecer hasta el mediodía\, estuvo leyendo el libro a los hombres\, a las mujeres y a los que tenían uso de razón. Toda la gente seguía con atención la lectura de la Ley. Esdras\, el escriba\, estaba de pie en el púlpito de madera que había hecho para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo –pues se hallaba en un puesto elevado– y\, cuando lo abrió\, toda la gente se puso en pie.\nEsdras bendijo al Señor\, Dios grande\, y todo el pueblo\, levantando las manos\, respondió: -«Amén\, amén.»\nDespués se inclinaron y adoraron al Señor\, rostro en tierra. Los levitas explicaron la Ley al pueblo\, que se mantenía en sus puestos. Leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido\, de forma que comprendieron la lectura.\nNehemías\, el gobernador\, Esdras\, el sacerdote y escriba\, y los levitas que enseñaban al pueblo decían al pueblo entero: «Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo ni lloréis.»\nPorque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley.\nY añadieron: «Andad\, comed buenas tajadas\, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene\, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes\, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza.»\nLos levitas acallaban al pueblo\, diciendo: «Silencio\, que es un día santo; no estéis tristes.»\nEl pueblo se fue\, comió\, bebió\, envió porciones y organizó una gran fiesta\, porque había comprendido lo que le habían explicado. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 18\,8.9.10.11 \nR/. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón \nLa ley del Señor es perfecta\ny es descanso del alma;\nel precepto del Señor es fiel\ne instruye al ignorante. R/. \nLos mandatos del Señor son rectos\ny alegran el corazón;\nla norma del Señor es límpida\ny da luz a los ojos. R/. \nLa voluntad del Señor es pura\ny eternamente estable;\nlos mandamientos del Señor son verdaderos\ny enteramente justos. R/. \nMás preciosos que el oro\,\nmás que el oro fino;\nmás dulces que la miel\nde un panal que destila. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (10\,1-12): \nEn aquel tiempo\, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante\, de dos en dos\, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.\nY les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad\, pues\, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega\, ni alforja\, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa\, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz\, descansará sobre ellos vuestra paz; si no\, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa\, comed y bebed de lo que tengan\, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien\, comed lo que os pongan\, curad a los enfermos que haya\, y decid: “Está cerca de vosotros el reino de Dios.” Cuando entréis en un pueblo y no os reciban\, salid a la plaza y decid: “Hasta el polvo de vuestro pueblo\, que se nos ha pegado a los pies\, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos\, sabed que está cerca el reino de Dios.” Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nJueves de la XXVI semana del Tiempo Ordinario. Año I. \nLa construcción de la muralla tuvo que sortear muchas oposiciones\, pero una vez terminada hubo que resolver un problema: la gente no se animaba a poblar la ciudad. Esto se entiende a partir de las oposiciones tanto internas como exteriores a ese proyecto. La inseguridad era un factor disuasor\, pero también las condiciones económicas; fuera de los que trabajaban en el templo –que también vivían de sus posesiones rurales o en poblaciones aledañas– los otros no encontraban en la ciudad actividades económicamente productivas a que dedicarse.\nAsí que Nehemías debió organizar la repoblación. Para lograrla\, se valió de los registros de los que habían vuelto del exilio (cf. Esd 2). Después de lograda esta\, viene el momento más imponente: el reencuentro del pueblo con el Señor\, Dios de la alianza. En los capítulos 8 a 10 aparecen unas celebraciones que se dan apenas han concluido el verano y las labores del campo. En las tres primeras se hace la lectura pública de la Ley (la mencionada hoy\, la fiesta de las Chozas y una liturgia penitencial)\, y luego la renovación de la alianza con el Señor\, que culmina todo. Este es el momento en que\, propiamente\, nace el judaísmo. \nNeh 8\,1-4a.5-6.7b-12.\nEn ceremonia solemne\, que servirá de punto de referencia para las posteriores asambleas en las sinagogas cada sábado\, se hizo ante todo el pueblo la lectura del libro de la Ley de Moisés –probablemente el Pentateuco\, si bien no como lo conocemos hoy– en todo o en parte\, que en la época de Esdras y Nehemías constituía ya\, posiblemente\, la Torá\, cuya autoridad poco a poco irá aumentado en el curso de los siglos venideros por obra del judaísmo. El pueblo entero escucha con atención tanto la lectura como su traducción (del hebreo al arameo) y su correspondiente explicación.\nEsdras –letrado y sacerdote a la vez– aparece por primera vez en el libro de Nehemías (8\,1). Es posible que los capítulos 8–9 de Neh\, en los que Esdras tiene un papel tan destacado en detrimento del protagonismo de Nehemías\, que en la práctica pasa a la sombra\, inicialmente hayan formado parte de unas memorias de Esdras (cuyo lugar estaría después de Esd 7–10)\, y que hayan sido colocados aquí por el redactor final de los dos libros.\nAquí no se habla de sacrificio\, como antaño en el templo. El «servicio» cultual –que servirá de base al posterior culto en las sinagogas– consiste en fórmulas litúrgicas con respuestas de los participantes\, bendición\, oración («alzando las manos»)\, adoración («se inclinó y se postró rostro a tierra»)\, y lectura y explicación de «la Ley de Dios». Esta Ley se lee «en presencia de la asamblea»\, formada por varones\, mujeres y niños en capacidad de entender lo que se leía.\nLa Puerta del Agua quedaba al sudeste del templo –en terreno no «sagrado»–\, junto a la torre saliente\, en donde vivían los donados. Esta localización fuera del ámbito «sagrado» explica la presencia de las mujeres en esta asamblea. En efecto\, el templo tenía un espacio reservado a ellas («el patio de las mujeres»)\, distinto del espacio propio de los hombres.\nLa solemnidad del momento se enfatiza señalando el lugar elevado desde donde Esdras lee la Ley (vv. 4.5)\, y destacando algo tan obvio como la necesidad de abrir el libro «a la vista de todo el pueblo» para hacer la lectura. Además\, se destacan los gestos ya mencionados de los miembros de la asamblea: la respetuosa postura de pies\, la unánime aclamación litúrgica de aceptación («Amén\, amén») y los gestos finales de postrada adoración. Por último\, los levitas explicaron la Ley poniéndola al alcance de su comprensión (quizás traduciéndola del hebreo al arameo) para que todos entendiesen lo que escuchaban.\nLa reacción de la gente se expresa en un reconocimiento de culpa que se traduce en llanto. La severidad del Pentateuco que Esdras ha hecho leer causa cierto desánimo en la asamblea. Entonces Esdras y los levitas exhortan al pueblo para que deje a un lado la tristeza y el duelo: es día del Señor\, no hay razón para estar tristes ni llorar. El día en que la palabra de Dios llega al corazón del hombre no es un día de luto\, es ocasión de alegría\, para comer delicioso («coman buenas tajadas de carne grasa y beban vinos generosos») y para compartir con los pobres que nada tienen para preparar («envíen porciones a los que nada tienen preparado»). La razón de la alegría y la generosidad radica en que «hoy es día consagrado a nuestro Dios». Por eso repiten la exhortación: «no ayunen (lit.: «no se contristen»)\, que el Señor se goza en que ustedes estén fuertes». En contraste con la tristeza\, insisten en la alegría; y en contraste con el ayuno\, que manifiesta aflicción\, recomiendan comer y dar de comer. La razón de tales recomendaciones es «el gozo del Señor». La renovación de la alianza con el Señor es ocasión de celebración gozosa tanto para él como para el pueblo. El reconocimiento de la culpa y el dolor del pueblo\, expresado con el llanto\, no encuentran un reproche sino unas palabras de ánimo\, consuelo y estímulo.\nEl reencuentro con el Dios de la alianza ha sido\, como el primer encuentro\, liberador. El pueblo ha comprendido que la misericordia de su Señor prevalece incluso por encima de su inflexible reprobación de la injusticia (la «ira» de Dios)\, porque él se complace en perdonar. Es esa experiencia de amor la que convence al pueblo de convivir y compartir con alegría\, «porque había comprendido lo que le habían explicado» (8\,12). \nTambién en la actualidad mucha gente experimenta (por ejemplo\, en los «retiros espirituales» o en los «retiros de evangelización»\, cada día más comunes) la compunción y el dolor por sus pecados y\, luego de sentirse esas personas acogidas por el amor del Padre\, perdonadas por la muerte del Hijo\, y revividas por el don del Espíritu Santo\, comienzan una vida libre y feliz\, caracterizada por la alegría de amar como se han sentido amados.\nEs necesario insistir en que la vocación cristiana es invitación a la plena realización humana y\, por tanto\, a la felicidad individual y colectiva. La alegría es la gran característica del cristiano y de la comunidad cristiana\, la alegría de los hijos de Dios. No es una ascética que glorifique el sufrimiento ni las privaciones\, sino una alegría que vence la experiencia del sufrimiento y de la privación. El cristiano carga la cruz\, sí\, pero con alegría\, no con amargura.\nTiene sabor de Nuevo Testamento esa exhortación a no ayunar porque el gozo del Señor es que su pueblo esté fuerte (cf. Mc 2\,18-22).\nNuestra asamblea eucarística tiene ambos momentos: el momento «penitencial»\, al comienzo de la celebración\, y el de la gozosa experiencia del abrazo con el Señor\, en la recepción del sacramento de su entrega de amor. Es importante que ambos momentos se vivan con sobria intensidad como reencuentro con el Dios de la alianza «nueva y eterna».\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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SUMMARY:4 de octubre. San Francisco de Asís.
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA\nFrancisco\, como sol refulgente sobre el templo real\nLectura del libro del Eclesiástico 50\,1-3. 7.\nEste es aquel que en su tiempo se reparó el templo\,\nen sus días se afianzó el santuario.\nEn su tiempo cavaron la cisterna\ny un pozo de agua abundante.\nProtegió a su pueblo del saqueo\ny fortificó a la ciudad para el asedio.\nQué majestuoso cuando salía de la tienda\nasomando detrás de las cortinas;\ncomo estrella luciente entre nubes\,\ncomo luna llena en día de fiesta\,\ncomo sol refulgente sobre el templo real\,\nasí brilló él en el templo de Dios.\nSalmo responsorial Cfr. Sal. 15\,1-2a. 5. 7-8. 11.\nV/. El Señor es el lote de mi heredad.\nProtégeme\, Dios mío\, que me refugio en ti;\nyo digo al Señor: «Tú eres mi bien».\nEl Señor es el lote de mi heredad y mi copa.\nBendeciré al Señor que me aconseja\,\nhasta de noche me instruye internamente.\nTengo siempre presente al Señor\,\ncon él a mi derecha no vacilaré.\nMe enseñarás el sendero de la vida;\nme saciarás de gozo en tu presencia\,\nde alegría perpetua a tu derecha.\nSEGUNDA LECTURA\nEn la cruz el mundo está crucificado para mí\ny yo para el mundo\nLectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 6\, 14-18.\nHermanos: Dios me libre de gloriarme\nsi no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo\,\nen la cual el mundo está crucificado para mí\,\ny yo para el mundo.\nPues lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión\,\nsino criatura nueva.\nLa paz y la misericordia de Dios\nvengan sobre todos los que se ajustan a esta norma;\ntambién sobre Israel.\nEn adelante\, que nadie me venga con molestias\,\nporque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.\nLa gracia de nuestro Señor Jesucristo\nestá con vuestro espíritu\, hermanos.\nAmén.\nSECUENCIA\nYa estás\, Francisco\, clavado\nsobre la cruz redentora.\nTriunfas del mundo y la carne\ny es de Cristo tu victoria.\nEl ideal de tu vida\nun mundo nuevo jalona\,\ny el árbol del evangelio\nflorece con nuevas rosas.\nUna cuerda a tu cintura\nciñe tu pureza. Y brotan\nlas flores por donde pisas\ncon tus plantas milagrosas.\nLa pobreza fue tu dama\,\nla que era de Cristo esposa.\nViuda del primer marido\,\nde nuevo tú la desposas.\nY en arras cinco rubíes\ntu cuerpo llagado adornan.\nCinco ventanas abiertas\npor las que el alma se asoma.\nLa cruz fue el árbol de vida\nque te cobijó a su sombra.\nBajo sus ramas abiertas\ntus hijos trabajan y oran.\nPadre bueno\, Padre santo\,\nde esta familia que implora\ntu espíritu\, que da vida\,\ntus virtudes\, que dan gloria.\nA los que llevan tu nombre\ndales proseguir tu obra.\nLa semilla aquí sembrada\ndará en el cielo sus rosas.\nAleluya\nAleluya\, aleluya.\nFrancisco\, pobre y humilde\,\nentra rico en el cielo\ny es honrado con himnos celestes.\nAleluya.\nEVANGELIO\nHas escondido estas cosas a los sabios\ny las has revelado a la gente sencilla\n\ Lectura del santo Evangelio según San Mateo 11\, 25-30.\nEn aquel tiempo\, Jesús exclamó:\n-Te doy gracias\, Padre\, Señor de cielo y tierra\, porque has escondido\nestas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla.\nSí\, Padre\, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre\, y\nnadie conoce al Hijo más que el Padre\, y nadie conoce al Padre sino el Hijo\ny aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.\nVenid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré.\nCargad con mi yugo y aprended de mí\, que soy manso y humilde de corazón\,\ny encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga\nligera. \n\n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\n4 de octubre.\nSolemnidad de san Francisco de Asís.\n\nNació el 5 de julio 1182 en Asís\, Italia\, en el hogar de un rico comerciante (Pietro Bernardone)\, casado con una francesa (Jeanne Pica)\, de ahí que a su nombre de pila\, Giovanni\, se le añadió Francesco («pequeño francés»)\, que es el origen del nombre Francisco. Cuando adolescente\, llevó una vida mundana. Participó en la guerra entre Asís y Perugia (1202)\, y estuvo encarcelado un año\, pero después recibió una llamada a la conversión que lo llevó a servirles a los leprosos y a construir capillas (1205)\, después de la visión en san Damián\, donde el crucifijo le habló pidiéndole que restaurara la Iglesia\, que amenazaba ruina. Su padre\, airado por los gastos de sus obras de beneficencia\, lo desheredó. Francisco renunció a sus derechos de herencia\, y en 1208 se dedicó a la vida espiritual hasta provocar un movimiento renovador al cual se unieron otros. En 1223 ideó la representación del pesebre de Belén para celebrar la natividad del Señor. Falleció el 3 de octubre de 1226.\nEl comentario está hecho para celebrar la solemnidad\, y se puede adecuar a la celebración de la fiesta y hasta de la memoria\, según el calendario local.\n\n1. Primera lectura (Si 50\,1-3.7).\nLa figura de Simón II\, hijo de Onías II\, sirve para exaltar la memoria de Francisco como reparador del templo\, en relación con la visión de san Damián. Reparación del templo\, restauración del santuario\, son reconocimientos no solo a su trabajo como restaurador\, sino a su piedad y religiosidad. Por eso se pondera su figura «como sol refulgente en el palacio real».\nEn el caso de Francisco\, que trasciende las obras materiales para referirse a la restauración de la fe\, la figura de Simón y la lectura que a él se refiere\, se aplican de manera acomodaticia a Francisco.\n\n2. Segunda lectura (Ga 6\,14-18).\nEl apóstol\, después de haber experimentado el amor del Señor\, Jesús Mesías\, se gloría en la expresión máxima del mismo\, que es la muerte voluntaria de Jesús en la cruz. Los falsos valores del mundo han perdido vigencia para él (están muertos) gracias a la experiencia de ese amor tan grande; del mismo modo y por la misma razón\, él ya no existe para la sociedad inicua (está muerto para el mundo).\nLos ritos religiosos judíos pierden sentido ante esta nueva realidad; lo que importa es la nueva humanidad (nueva creación)\, renovada por el Espíritu. Por eso les desea la paz a los israelitas que han aceptado a Jesús\, el Mesías crucificado\, así como a «todos los que siguen esta norma» (el amor del Mesías)\, es decir\, a los paganos que han dado su adhesión al Señor.\nEn vez de la circuncisión\, como signo de su pertenencia al pueblo del Mesías\, Pablo exhibe las cicatrices que le han dejado los azotes y persecuciones por la causa del Mesías al servicio de las iglesias. Ellas son las comunidades de «hermanos» a las que se destina «el favor de nuestro Señor\, Jesús Mesías».\n\n3. Evangelio (Mt 11\,25-30).\nJesús es pobre por decisión propia\, no tiene meta terrena alguna (cf. Mt 8\,20). Esa opción le permite cuestionar los cimientos de la sociedad basada en la riqueza como su máximo valor e invitar a los suyos a hacer lo mismo (cf. Mt 5\,3). Pero la clase dirigente del pueblo («los sabios y entendidos») lo rechaza\, mientras que los pobres («la gente sencilla») sintoniza con él.\nJesús bendice (da gracias) al Padre porque «estas cosas» están al alcance de la gente sencilla\, mientras que «los sabios y los entendidos» (los que no se comprometen: cf. Is 29\,14) se quedan en meras palabras. Efectivamente\, eso es lo mejor\, porque el misterio de Dios no es teórico sino vital\, y solo quien vive la buena noticia puede conocer a Dios\, no los ideólogos que saben y hablan\, pero no practican.\nLa revelación que Jesús ha recibido del Padre\, que es total\, se debe justamente a que su compromiso con la obra del Padre es total. Por eso todo conocimiento de Dios por fuera de Jesús o es incompleto o es falso: solo en él está la verdad de Dios en su máxima expresión\, el amor universal hasta la entrega de sí mismo.\nPor eso él\, el pobre\, invita a los que están agobiados por la carga insoportable de la religión del deber\, para darles respiro. Basta con aprender de él\, que\, además de ser pobre\, es «manso y humilde de corazón». Manso de corazón se opone a «sometido»\, es el hombre que renuncia a la violencia por amor y convicción\, así como ha renunciado a la codicia de riqueza. Humilde de corazón se opone a «excluido»\, es el hombre que considera a todos amigos\, iguales\, y por eso renuncia a toda pretensión de rango por encima de sus semejantes. Esta propuesta de Jesús es llevadera y no pesa\, por el contrario\, hace amable la vida y la convivencia.\n\nFrancisco aceptó la invitación de Jesús y la vivió de manera radical. Fue llamado «el pobrecillo de Asís»\, porque su opción por la pobreza implicaba la renuncia a todo poder y a todo prestigio. La restauración de la Iglesia no consistió para él en mera reparación de un edificio en ruinas\, sino que se convirtió en la instauración del reino de Dios por medio de comunidades de hermanos (iguales) viviendo de una manera sobria (pobres) y sin pretensiones de dominio sobre otros (mansos).\nEso es comulgar con Jesús\, apropiarse de su ideal de vida para transmitir con la propia vida la revelación del Padre.\nFeliz solemnidad.
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SUMMARY:Sábado de la XXVI semana del Tiempo Ordinario. Año I.
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nEl que atrajo sobre ustedes estos males les traerá la eterna alegría. \nLectura del libro de Baruc 4\, 5-12. 27-29 \n¡Animo\, pueblo mío\, memorial viviente de Israel! \nUstedes fueron vendidos a las naciones\, pero no para ser aniquilados; es por haber excitado la ira de Dios\, que fueron entregados a sus enemigos. \nUstedes irritaron a su Creador\, ofreciendo sacrificios a los demonios y no a Dios; olvidaron al Dios\, eterno\, el que los sustenta\, y entristecieron a Jerusalén\, la que los crió. Porque ella\, al ver que la ira del Señor se desencadenaba contra ustedes\, exclamó: \n“Escuchen\, ciudades vecinas de Sión: Dios me ha enviado un gran dolor. Yo he visto el cautiverio que el Eterno infligió a mis hijos y a mis hijas. Yo los había criado gozosamente y los dejé partir con lágrimas y dolor. Que nadie se alegre al verme viuda y abandonada por muchos. Estoy desolada por los pecados de mis hijos\, porque se desviaron de la Ley de Dios”. \n¡Ánimo\, hijos\, clamen a Dios\, porque Aquél que los castigó se acordará de ustedes! Ya que el único pensamiento de ustedes ha sido apartarse de Dios\, una vez convertidos\, búsquenlo con un empeño diez veces mayor. Porque el que atrajo sobre ustedes estos males les traerá\, junto con su salvación\, la eterna alegría. \nSALMO RESPONSORIAL 68\, 33-37 \nR/. El Señor escucha a los pobres. \nQue lo vean los humildes y se alegren\, que vivan los que buscan al Señor: porque el Señor escucha a los pobres y no desprecia a sus cautivos. \nQue lo alaben el cielo\, la tierra y el mar\, y todos los seres que se mueven en ellos. \nEl Señor salvará a Sión y volverá a edificar las ciudades de Judá: el linaje de sus servidores la tendrá como herencia\, y los que aman su nombre morarán en ella. \n\nEVANGELIO\n\nACLAMACIÓN AL EVANGELIO       Cf. Mt 11\, 25 \nAleluya. \nBendito eres\, Padre\, Señor del cielo y de la tierra\, porque revelaste los misterios del Reino a los pequeños. Aleluya. \nEVANGELIO \nAlégrense de que sus nombres estén escritos en el cielo. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 10\, 17-24 \nAl volver los setenta y dos de su misión\, dijeron a Jesús llenos de gozo: “Señor\, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre”. \nÉl les dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren\, sin embargo\, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo”. \nEn aquél momento Jesús se estremeció de gozo\, movido por el Espíritu Santo\, y dijo: “Te alabo\, Padre\, Señor del cielo y de la tierra\, porque\, habiendo mantenido ocultas estas cosas a los sabios y prudentes\, las has revelado a los pequeños. Sí\, Padre\, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre\, y nadie sabe quién es el Hijo\, sino el Padre\, como nadie sabe quién es el Padre\, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar”. \nDespués\, volviéndose hacia sus discípulos\, Jesús les dijo a ellos solos: “¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! ¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron\, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!” \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\nSábado de la XXVI semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nDespués del reconocimiento del pecado (cf. 1\,15-2\,10)\, el pueblo pidió perdón al Señor (cf. 2\,11-19); luego hizo una nueva confesión de pecado (cf. 2\,20-35) y una reiterada súplica de perdón (cf. 3\,1-8). La generosidad del Señor produce un doble efecto: por un lado\, agrava la culpa por el pecado; por el otro\, abre la puerta de la esperanza de su perdón. La misericordia prevalece sobre el juicio\, porque el Señor permanece fiel a su promesa\, pesar de la infidelidad del pueblo. Hay conciencia de pecado\, pero no hay desesperación. Sin embargo\, la confianza en la indulgencia del Señor solo abre la posibilidad de rectificar para tener vida (salvarse). La posibilidad se hace efectiva cuando el pueblo se levanta de su postración.\nAnte esa lamentable situación\, el único camino que le queda es la sabiduría. Por eso\, ahora sigue una exhortación a la sabiduría\, entendida como «saber vivir» (enmendarse y convertirse) y «saber para vivir» (cf. 3\,9-4\,4). Para salvar la vida hay que enmendar la misma\, sobre todo teniendo en cuenta las exigencias de la convivencia formuladas por la Ley; pero esa enmienda debe conducir a la conversión\, es decir\, a restablecer la relación con el Señor\, que es la fuente de la sabiduría y el autor de la alianza.\n\nBar 4\,5-12.27-29.\nDespués de exhortar al pueblo a reconocer sus pecados y de invitarlo a la enmienda de vida\, el profeta prorrumpe en un oráculo de consuelo dirigido a la población judía en el exilio. El tono profético recurre a la imagen tradicional de representar al Señor como un padre prolífico (multitud de hijos) y generoso (siempre misericordioso); la ciudad de Jerusalén hace el doble papel de «esposa» del Señor y «madre» (capital) del pueblo; y los habitantes son sus hijos\, los que están diezmados y no pueden hacer respetar a su madre\, que se encuentra «viuda» por la ausencia de su «esposo»\, desvalida y afligida.\nTres veces resuena el grito de ánimo (vv. 5.21.27). Para los de la diáspora\, en primer lugar\, a quienes les explica que su dispersión no es definitiva\, ni para aniquilarlos como pueblo\, sino que ha sido consecuencia de haber ofrecido sacrificios a «demonios». Este culto se concreta en inmolar seres humanos a ídolos (cf. Dt 32\,17; Sl 106/105\,37)\, es decir\, idolatría contra el Señor y violencia contra la vida humana\, lo que es olvido del Señor y aflicción para el propio pueblo. Ese culto a los demonios es la causa del deterioro de la convivencia que los condujo al destierro. La expresión «fueron vendidos a los gentiles» expresa –en términos de la época– el paso de la libertad a la esclavitud\, de la autonomía a la dependencia. Esto sucedió por «la cólera de Dios»; es decir\, al dar culto a los ídolos con sacrificios humanos –no necesariamente rituales\, simplemente sus crímenes y atropellos– dejaron de lado la alianza con el Señor («se olvidaron del Señor eterno»)\, y ese abandono de la alianza los debilitó como sociedad y los hizo presa fácil de los caldeos invasores.\nSiete veces Baruc –y solo él en toda la Biblia– llama al Señor «el Eterno»\, para subrayar su inmutable fidelidad a su designio\, dejando ver así que las mutaciones se deben a las veleidades del pueblo y no a inconstancia suya. El Señor sigue fiel a su promesa\, la infidelidad de Israel es la explicación de por qué les ha sobrevenido esa catástrofe que aflige a Jerusalén.\nJerusalén (personificada como en Lam 1) toma la palabra para comunicarles su aflicción a las ciudades vecinas: ella es como una viuda abandonada. El «Eterno»\, su esposo (el Señor) es como si hubiera muerto para ella –obsérvese el contraste ente «el Eterno» y su «viuda»–\, sus «hijos e hijas» (sus habitantes) han marchado lejos. La reprobación de Dios por los pecados del pueblo repercutió en la ruptura de sus relaciones con todos sus habitantes\, y muchos de ellos fueron dispersados a causa de sus pecados.\n«Si estoy desierta es por los pecados de mis hijos\, que se apartaron de la ley de Dios». Estas palabras no significan un reconocimiento de «pecado» en el sentido moralista del término; el acento recae en el alejamiento de «la ley de Dios»\, que implica\, a la vez\, el pecado personal\, el pecado social y la idolatría como ruptura de la alianza con el Señor. Es mucho más que las exigencias de una moral individualista; se trata de una responsabilidad individual y colectiva.\nEl segundo grito de ánimo –el tercero en el libro– lo dirige Jerusalén\, la madre afligida\, a sus hijos exiliados para invitarlos a la conversión: si un día se alejaron de Dios\, es hora de volverse a él con redoblado empeño y con la certeza de que el mismo que «les mandó desgracias» los llevará al «gozo eterno» de la vida o salvación. La exhortación a volver a Dios «con redoblado empeño» implica que la conversión a él tiene dos momentos: uno puntual\, «volverse»; el otro\, procesual\, la «búsqueda» del Señor. El momento puntual se verifica con el abandono de los «dioses ajenos» (1\,22)\, a los cuales dieron culto «sacrificando a demonios» (4\,7). El momento procesual se expresa dinámicamente con el verbo «buscar»\, que entraña la escucha individual y comunitaria del Señor para vivir así la alianza con él. Después de volver a él hay que buscar la plena coherencia como miembros del pueblo del Señor.\nAquí se observa la correspondencia entre la eternidad de Dios y la eternidad de su designio salvador: «El que les mandó las desgracias les mandará el gozo eterno de su salvación». Esa calidad de fidelidad invariable del Señor se hará sentir en el pueblo dándole una vida plena y satisfactoria\, causa de gozo también perpetuo.\n\nEste mensaje interpreta la dispersión (usando el arcaico lenguaje de pecado–castigo) como consecuencia de la idolatría fratricida (suma de mentira y violencia) que solo tiene una posible salida: el invariable amor de Dios («el Eterno») que sigue fiel a sí mismo\, ofreciendo la vida (salvación) que él les prometió como herencia a Abraham y a su descendencia.\nEl «culto a los demonios» (purificando esta expresión de concepciones supersticiosas) sigue dándose\, ahora en la humanidad entera\, causando el doloroso exilio o la dispersión de tantos seres humanos que sufren de manera indecible. Llámeselos «desplazados por la violencia»\, «deportados»\, «desalojados o despojados de sus tierras»\, «exiliados políticos» o como sea\, son víctimas del «culto a los demonios». Ese culto\, como toda idolatría\, aparta de Dios porque le causa daño a la vida individual y a la convivencia social.\nEl culto al Dios Padre\, el único Dios verdadero\, es incompatible con esa idolatría homicida. Quienes comulgamos con Jesús adoramos al Padre como los adoradores que él busca\, es decir\, «en Espíritu y verdad»\, o sea\, con el amor leal que procede de su Espíritu. Queremos parecernos a él\, ser «hijos» del Padre: comunicadores de vida. La vida que recibimos en la eucaristía es para celebrar y concelebrar\, porque es pan partido y repartido para compartir.\nFeliz sábado en compañía de María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:XXVII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la profecía de Habacuc (1\,2-3;2\,2-4): \n¿Hasta cuándo\, Señor\,\npediré auxilio sin que me oigas\,\nte gritaré: ¡Violencia!\,\nsin que me salves?\n¿Por qué me haces ver crímenes\ny contemplar opresiones?\n¿Por qué pones ante mí\ndestrucción y violencia\,\ny surgen disputas\ny se alzan contiendas?\nMe respondió el Señor:\nEscribe la visión y grábala\nen tablillas\, que se lea de corrido;\npues la visión tiene un plazo\,\npero llegará a su término sin defraudar.\nSi se atrasa\, espera en ella\,\npues llegará y no tardará.\nMira\, el altanero no triunfará;\npero el justo por su fe vivirá. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 94\,1-2.6-7.8-9 \nR/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón». \nV/. Venid\, aclamemos al Señor\,\ndemos vítores a la Roca que nos salva;\nentremos a su presencia dándole gracias\,\naclamándolo con cantos. R/. \nV/. Entrad\, postrémonos por tierra\,\nbendiciendo al Señor\, creador nuestro.\nPorque él es nuestro Dios\,\ny nosotros su pueblo\,\nel rebaño que él guía. R/. \nV/. Ojalá escuchéis hoy su voz:\n«No endurezcáis el corazón como en Meribá\,\ncomo el día de Masa en el desierto;\ncuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron\,\naunque habían visto mis obras». R/. \n\n\nSegunda lectura\nLectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (1\,6-8.13-14): \nQuerido hermano:\nTe recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos\, pues Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía\, sino de fortaleza\, de amor y de templanza. Así pues\, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor ni de mí\, su prisionero; antes bien\, toma parte en los padecimientos por el Evangelio\, según la fuerza de Dios.\nTen por modelo las palabras sanas que has oído de mí en la fe y el amor que tienen su fundamento en Cristo Jesús. Vela por el precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros. \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Lucas (17\,5-10): \nEn aquel tiempo\, los apóstoles le dijeron al Señor:\n«Auméntanos la fe».\nEl Señor dijo:\n«Si tuvierais fe como un granito de mostaza\, diríais a esa morera:\n“Arráncate de raíz y plántate en el mar»\, y os obedecería.\n¿Quién de vosotros\, si tiene un criado labrando o pastoreando\, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida\, ven y ponte a la mesa”?\n¿No le diréis más bien: “Prepárame de cenar\, cíñete y sírveme mientras como y bebo\, y después comerás y beberás tú”?\n¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado\, decid:\n“Somos siervos inútiles\, hemos hecho lo que teníamos que hacer”». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto \nXXVII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.\n\nCon el fin de neutralizar el influjo de los fariseos sobre sus discípulos\, Jesús exhortó a los suyos a no poner tropiezos a los pequeños y a velar por la unidad recurriendo al perdón ilimitado (cf. Lc 17\,1-4). Eso causó cierto desaliento entre los «apóstoles»\, al ver cómo la misión sobrepasaba sus fuerzas\, y decidieron pedirle su ayuda. El mensaje de este domingo se refiere a la fe y a sus repercusiones. Para entenderlo\, unas aclaraciones previas:\n1. La fe. Según Jesús\, la fe es una actitud humana que se ve (cf. Lc 5\,20)\, que no se da en Israel (cf. Lc 7\,9) porque entraña la experiencia de su amor y su perdón (cf. Lc 7\,50) y\, por consiguiente\, la ruptura con la Ley\, la adhesión personal a él (cf. Lc 8\,48; 17\,19) y un radical cambio de mente o de visión (cf. Lc 18\,42). Los discípulos no tienen esa fe (cf. Lc 8\,25; 12\,28-30).\n2. La morera. Esta planta morácea es una de las tres de la misma familia que se mencionan en este evangelio. Cada una alude a una realidad propia:\na) La higuera (συκή)\, planta de frutos dulces\, que es símbolo del pueblo de Israel (cf. Lc 13\,7ss).\nb) El sicómoro (συκομορέα)\, higuera de origen egipcio\, símbolo del poder opresor (cf. Lc 19\,4).\nc) La morera (συκάμινος)\, higuera cuyo fruto era para los muy pobres y para el ganado (cf. Am 7\,14 LXX)\, símbolo de miseria.\n\nLc 17\,5-10.\nLa petición de los «apóstoles» en cuanto «misioneros» supone que ellos sienten que les falta fe en cantidad\, y que Jesús puede sumarles más. No han comprendido que son ellos quienes le dan fe a Jesús\, no él a ellos. Jesús les da motivos y razones para que ellos se fíen de él\, pero la decisión de hacerlo o no es de ellos. La respuesta de Jesús pone el acento en la realidad y la calidad de la fe: les falta en absoluto. La comparación con el grano de mostaza no radica en que este tenga fe; obviamente\, no. Tampoco en el tamaño\, que sería como el de la cabeza un de alfiler. Radica en su vitalidad. Así como la más pequeña de las semillas de la huerta produce el arbusto más grande y acogedor de las hortalizas\, el mínimo de fe transforma de modo radical la convivencia social.\nArrancar la «morera» y arrojarla al mar no es una expresión para entenderla literalmente\, porque llegaríamos a la ridiculez de pensar que podemos sustituir la fe con grúas que arranquen árboles de raíz. El dicho alude al extermino del poder opresor de los egipcios sobre los israelitas (cf. Ex 14\,27-15\,1)\, pero con una notable diferencia: el Antiguo Testamento atribuye esa acción al Señor\, en cambio\, Jesús la atribuye a la morera misma. «Arráncate» indica el aspecto radical; «plántate»\, el resultado permanente. La morera simboliza aquí a la sociedad judía\, llevada a la miseria por la codicia de sus dirigentes\, entre ellos los fariseos\, «amigos del dinero». El proyecto de Dios ha sido pervertido y su designio traicionado. Si los misioneros tuvieran el mínimo de fe\, ya habrían provocado el colapso de ese sistema de convivencia social que mantiene al pueblo en la miseria.\nPara verificar esa fe\, Jesús no les hace un examen de teología\, sino que los pone a reflexionar en su forma de convivir. En una sociedad en donde hay relaciones dominación y unos son amos y los otros esclavos\, como en la de ellos\, no hay espacio para la gratuidad ni para la gratitud. Esta relación abarca todos los ámbitos de la convivencia social («labrador o pastor») Todo se basa en órdenes y cumplimiento o incumplimiento. La ética del «deber hacer» es de esclavos. Tanto más si su fuerza radica en el miedo. Esa relación\, además de inhumana\, es indigna.\nComo ellos entienden así su relación con Dios\, se condenan a ser meros ejecutores de órdenes. En concreto\, la relación basada en la Ley había dejado de ser un pacto libre de recíproca lealtad y se había convertido en una sumisión temerosa que no permitía el desarrollo humano\, porque no alentaba a desplegar la iniciativa ni la creatividad (cf. Lc 19\,20-21)\, sino que reducía la persona al más vergonzante infantilismo.\nJesús se vale de una comparación que les resultaba habitual. El criado era\, a la vez\, trabajador en el campo («labrador o pastor») y servidor doméstico. Su trabajo era incesante\, dejaba las labores del campo para asumir las domésticas\, sin consideración alguna por parte de su amo. En cambio\, Jesús había dicho que él\, como señor\, actuaría distinto con sus siervos diligentes: él se ceñiría el delantal\, los haría recostarse a la mesa y les iría sirviendo uno a uno (cf. Lc 12\,37). O sea\, que en el reino de Dios las relaciones con diametralmente opuestas (cf. Lc 22\,27); así que las palabras de Jesús constituyen una severa crítica de ese comportamiento habitual entre ellos.\nEn esa sociedad no hay experiencia de gratuidad ni de gratitud\, solo una conciencia de amos que mandan y esclavos que se limitan a cumplir lo mandado. Allí se pierde el horizonte de los «hijos del Altísimo» que reciben alegres la generosa recompensa de su Padre (cf. Lc 6\,31-38). Entonces\, si los discípulos entablan con Dios una relación al estilo farisaico\, como la que alegaba el mayor de los dos hijos (cf. Lc 15\,29)\, al final solo podrán sentirse y presentarse como «siervos inútiles»\, es decir\, como instrumentos de los cuales se puede prescindir sin que se note su ausencia.\nLos discípulos de Jesús no son sumisos ejecutores de órdenes\, sino «amigos» (cf. Lc 12\,4) que lo escuchan y asumen con él la tarea de administrar los bienes necesarios para la vida con lealtad y competencia para que cada uno reciba oportunamente lo que necesita. Y esto lo hacen por amor a la humanidad\, no por miedo delante de Dios.\n\nLo propio de los hombres religiosos –como era el caso de aquellos fariseos– es el temor a Dios\, distinto del «temor de Dios»\, que consiste en el respeto a él y a la alianza pactada con él. Movidos por ese temor se comportaban como esclavos\, no como hijos. Ese comportamiento es indigno porque impide el desarrollo humano y pervierte la relación con Dios\, que es Padre\, y no patrón. Los discípulos de Jesús no se consideran esclavos ni tampoco asalariados\, sino hijos que sienten una profunda satisfacción por el Padre que tienen y un vivo deseo de parecerse más a él\nCuando los cristianos comemos la Cena del Señor pensando que nos merecemos ese pan porque hemos cumplido los diez mandamientos\, nos estamos equivocando. Primero\, porque la tarea del cristiano no es cumplir mandamientos sino instaurar el reino de Dios; segundo\, porque la misión no se realiza por obligación\, sino porque compartimos con el Señor el mismo Espíritu Santo; y\, por último\, porque no nos sentimos cobrando una paga\, sino recibiendo un don\, el del Padre\, por habernos portado como hijos suyos imitando la entrega de Jesús. Y en eso sí consiste la fe.\n¡Feliz día del Señor!
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SUMMARY:7 de octubre. Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá\, reina y patrona de Colombia
DESCRIPTION:Primera Lectura\nRegocíjate\, Jerusalén\, pues vengo a vivir en medio de ti \nLectura del libro del profeta Zacarías \n2\, 14-17 \n«Canta de gozo y regocíjate\, Jerusalén\, pues vengo a vivir en medio de ti\, dice el Señor. Muchas naciones se unirán al Señor en aquel día; ellas también serán mi pueblo y yo habitaré en medio de ti y sabrás que el Señor de los ejércitos me ha enviado a ti. \nEl Señor tomará nuevamente a Judá como su propiedad personal en la tierra santa y Jerusalén volverá a ser la ciudad elegida». \n¡Que todos guarden silencio ante el Señor\, pues él se levanta ya de su santa morada! \nPalabra de Dios. \nTe alabamos\, Señor. \nSalmo Responsorial\nJudit 13 \nTú eres el orgullo de nuestra raza. \nEl Señor te ha bendecido\, hija nuestra\, más que a todas las mujeres de la tierra. Bendito el Señor\, creador del cielo y la tierra. \nTú eres el orgullo de nuestra raza. \nEl Señor ha glorificado hoy tu nombre: por eso\, los que en adelante guarden memoria de esta obra poderosa de Dios\, conservarán tu esperanza en el corazón. \nTú eres el orgullo de nuestra raza. \nSegunda Lectura\nDios nos eligió en Cristo\, antes de crear el mundo \nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios \n1\, 3-6. 11-12 \nHermanos: Bendito sea Dios\, Padre de nuestro Señor Jesucristo\, que nos ha bendecido en él con toda clase de bienes espirituales y celestiales. \nEl nos eligió en Cristo\, antes de crear el mundo\, para que fuéramos santos e irreprochables a sus ojos\, por el amor\, y determinó\, porque así lo quiso\, que\, por medio de Jesucristo\, fuéramos sus hijos\, para que alabemos y glorifiquemos la gracia con que nos ha favorecido por medio de su Hijo amado. \nCon Cristo somos herederos también nosotros. Para esto estábamos destinados\, por decisión del que lo hace todo según su voluntad: para que fuéramos una alabanza continua de su gloria\, nosotros\, los que ya antes esperábamos en Cristo. \nPalabra de Dios. \nTe alabamos\, Señor. \nAclamación antes del Evangelio \nAleluya\, aleluya. \nDichosa la Virgen María\, que sin morir\, mereció la palma del martirio junto a la cruz del Señor. \nAleluya. \nEvangelio\n¡Dichosa la mujer que te llevó en su seno! \nÝ Lectura del santo Evangelio según san Lucas \n11\, 27-28 \nGloria a ti\, Señor. \nEn aquel tiempo\, mientras Jesús hablaba a la multitud\, una mujer del pueblo\, gritando\, le dijo: «¡Dichosa la mujer que te llevó en su seno y cuyos pechos te amamantaron!» \nPero Jesús le respondió: \n«Dichosos todavía más los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica». \nPalabra del Señor. \nGloria a ti\, Señor Jesús. \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general  \n7 de octubre.\nNuestra Señora\, la Virgen del Rosario.\n\nEsta fiesta nació como un recuerdo de la victoria de Lepanto\, el 7 de octubre de 1571\, victoria atribuida al rezo del Rosario. Sus orígenes\, pues\, no son muy presentables en estos tiempos\, en los cuales hay más claridad sobre la acción de Dios\, por un lado\, y\, por otro\, las relaciones entre la fe cristiana y la fe musulmana han cambiado\, además de que ambas confesiones se distancian de la guerra y de todo mecanismo coercitivo como método de expansión. En efecto\, Dios no participa de nuestras guerras\, y mucho menos cuando se hacen invocando su nombre.\nEl Rosario es una oración sencilla en su forma y compleja en su contenido\, toda vez que sintetiza la buena noticia en «misterios» meditados al ritmo de la oración del Señor y de la salutación del ángel Gabriel a la Virgen María:\n1. Misterios gozosos: los orígenes de la buena noticia.\n2. Misterios luminosos: el anuncio de la buena noticia.\n3. Misterios dolorosos: la pasión y muerte del Señor.\n4. Misterios gloriosos: la glorificación de Jesús y de María.\nLa Virgen María desempeña en el rosario un doble papel: como madre del Señor y como figura de la Iglesia\, en la cual se pueden ver reflejadas la persona y la comunidad que oran.\n\n1. Primera Lectura (Hch 1\,12-14).\nInicialmente\, al grupo de discípulos se le hace difícil asumir su plena identidad «cristiana»\, o sea\, de seguidores del Mesías. Mientras Jesús estaba con ellos\, él les daba identidad; ahora\, ascendido al cielo\, ellos deben identificarse por sí mismos. El proceso es largo y lento. Siglos de tradición judía no se superan de un día para otro. Jesús les indicó que permanecieran en Jerusalén como ciudad (Ἱεροσόλυμα: nombre pagano)\, pero ellos regresaron a Jerusalén\, concebida como centro de la religión judía (Ἱερουσαλήμ: transcripción del nombre hebreo) y\, además\, ateniéndose a las prescripciones sabáticas. La noticia de que fueron a «la sala de arriba» y su perseverancia en la oración están en paralelo con lo que Lucas dice al final del evangelio (cf. Lc 24\,53). La «sala de arriba» es otro modo de referirse al templo. El grupo se subdivide en tres:\n• Los Once aparecen reagrupados de otro modo a como están en el evangelio (cf. Lc 6\,14-16 con Hch 1\,13). Las dos parejas de hermanos están disociadas: Simón ahora figura solo como Pedro\, disociado de su hermano Andrés y asociado a Juan (cf. Hch 3\,1)\, el hermano de Santiago; Santiago aparece disociado de su hermano Juan y asociado a Andrés\, hermano de Simón Pedro. Felipe aparece con Tomás (en el evangelio con Mateo)\, y Bartolomé con Mateo (en el evangelio con Tomás); los otros tres aparecen en el mismo orden.\n• Las mujeres\, testigos de la muerte\, sepultura y resurrección de Jesús (cf. Lc 8\,2-3; 23\,49.55s; 24\,1-10)\, «María\, la madre de Jesús». María no se separa del grupo\, pese a que ella es dichosa por su fe (cf. Lc 1\,45)\, pues ha meditado en su interior los dichos y hechos acerca de Jesús (cf. Lc 2\,19.51)\, a veces con sorpresa (cf. Lc 2\,33)\, a veces sin comprender (cf. Lc 2\,50)\, pero dichosa al fin\, porque escucha y guarda el mensaje (cf. Lc 11\,28). Es la «bendita entre las mujeres» (Lc 1\,42). Ella participa de la oración del grupo\, ora con él\, aunque el grupo no tenga total claridad de fe.\n• Los parientes de Jesús aparecen en escena después de su muerte y resurrección\, pero no habían sido seguidores suyos; quizá reclamando ahora como propia la herencia del Mesías.\nEl grupo no es homogéneo ni compacto. Los Once parecen haberse reagrupado a partir de unas afinidades que no se detallan. Solo se observa la unión de la pareja Pedro-Juan con cierto carácter de liderazgo a lo largo del relato de Hechos\, al menos hasta el capítulo 8. Las «mujeres» parecen ser las de los Once. María\, única mencionada por su nombre\, forma grupo aparte. Los parientes de Jesús están presentes esperando que –al cumplir él la promesa de enviar el Espíritu Santo (cf. Lc 24\,49–\, si ellos también la reciben\, nadie podrá desconocerlos como herederos legítimos del Mesías\, sobre todo cuando los Doce han perdido un miembro\, y este traicionó a Jesús.\n\n2. Evangelio (Lc 1\,26-38).\nEl texto no permite deducir que María estuviera en oración cuando el ángel Gabriel entró a donde estaba ella\, pero sí es claro que ella estaba abierta a escuchar a Dios\, porque escuchó a su mensajero. En esa escucha\, María conoció la propuesta de Dios para ella y su propio papel en el cumplimiento de la promesa de Dios al pueblo. En cuanto al papel de ella\, se sintió turbada por la gratuidad del don que Dios le hacía a cambio de nada\, turbación que el ángel disipó haciéndole comprender que Dios le manifestaba así su amor («favor»)\, invitándola a participar de su designio de salvación. Para esto era necesario que ella acogiera a Jesús\, le pusiera nombre y estuviera con él en su reinado terreno («el trono de David\, su antepasado»)\, y en su reinado eterno («su reinado no tendrá fin»).\nMaría\, por su parte\, quiere comprender el designio de Dios para asociarse a él de modo libre y lúcido. El ángel le explica el papel del Espíritu Santo\, que va a superar las capacidades humanas de una manera más asombrosa que la maternidad de Isabel\, su pariente estéril\, porque con Dios nada resulta imposible. Es todo lo que María necesita para dar su libre y total asentimiento. El ángel ha cumplido su misión y\, como María ha dado la medida de una fe adulta\, él se retira.\n\nEse diálogo es oración en sí mismo. Eso es lo esencial de la oración: experiencia del amor del Padre\, en primer lugar. Santa Teresa decía que «orar es hablar de amores con quien sabemos nos ama». La aceptación de Dios pasa por la aceptación de Jesús («misterios gozosos»)\, de su reinado terreno («misterios luminosos»)\, que incluye la cruz (cf. Lc 23\,39-43: «misterios dolorosos») y de su reinado celeste («misterios gloriosos»). Además\, en ese diálogo se comprueba que «el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo piden» (Lc 11\,13). Y\, por último\, con esta oración el ser humano descubre cuán lejos puede llegar\, más allá de la «ley» natural\, religiosa\, cultural y política\, porque «con Dios nada es imposible» (Lc 1\,37)\nEn la oración eucarística vivimos la experiencia de anticipar el cielo\, porque comemos el pan del mañana\, el pan de la vida eterna.\nFeliz conmemoración.
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SUMMARY:Martes de la XXVII semana del Tiempo Ordinario. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de profeta Jonás (3\,1-10): \nEn aquellos días\, el Señor volvió a hablar a Jonás y le dijo: «Levántate y vete a Nínive\, la gran capital\, para anunciar allí el mensaje que te voy a indicar».\nSe levantó Jonás y se fue a Nínive\, como le había mandado el Señor. Nínive era una ciudad enorme: hacían falta tres días para recorrerla.\nJonás caminó por la ciudad durante un día\, pregonando: «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida».\nLos ninivitas creyeron en Dios: ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal\, grandes y pequeños. Llegó la noticia al rey de Nínive\, que se levantó del trono\, se quitó el manto\, se vistió de sayal\, se sentó sobre ceniza y en nombre suyo y de sus ministros mandó proclamar en Nínive el siguiente decreto: «Que hombres y animales\, vacas y ovejas\, no prueben bocado\, que no pasten ni beban. Que todos se vistan de sayal e invoquen con fervor a Dios\, y que cada uno se arrepienta de su mala vida y deje de cometer injusticias. Quizá Dios se arrepienta y nos perdone\, aplaque el incendio de su ira y así no moriremos».\nCuando Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida\, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 129 \nR/. Si llevas cuentas de los delitos\, Señor\,\n¿quién podrá resistir? \nDesde el lo hondo a ti grito\, Señor;\nSeñor\, escucha mi voz;\nestén tus oídos atentos\na la voz de mi súplica. R/. \nSi llevas cuentas de los delitos\, Señor\,\n¿quién podrá resistir?\nPero de ti procede el perdón\,\ny así infundes respeto. R/. \nPorque del Señor viene la misericordia\,\nla redención copiosa;\ny él redimirá a Israel\nde todos sus delitos. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo Evangelio según san Lucas (10\,38-42): \nEn aquel tiempo\, entró Jesús en una aldea\, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María que\, sentada a los pies del Señor\, escuchaba su palabra.\nY Marta\, se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor\, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano».\nPero el Señor le contestó: «Marta\, Marta\, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMartes de la XXVII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nLa plegaria de Jonás\, hecha desde el vientre del cetáceo\, tiene la estructura de una oración de acción de gracias: recuerdo de angustias pasadas\, reconocimiento de la acción liberadora del Señor\, expresiones agradecimiento y formulación de votos. Es un mosaico de citas de varios salmos\, que se refieren notablemente a una situación de peligro en el mar y a otros asuntos de carácter más general. Los autores están de acuerdo en que esta oración fue posteriormente insertada aquí para acentuar el valor religioso del libro. Los versículos 3.4.5.8 apropiadamente fueron usados como salmo responsorial para la lectura de ayer.\n«El seno del abismo» (cf. Lam 3\,55) es casi como la tumba\, el mundo inferior\, lejos del Señor\, que reina en el mundo de los vivos. «El corazón de los mares» es una expresión que connota la mayor desgracia (cf. Exe 27\,25; Miq 7\,19). «Raíces de los montes» designa lo que se pensaba que era el cimiento de la tierra\, es decir\, el fondo del mar. En su oración\, Jonás manifiesta la experiencia del más aterrador ostracismo para contrastarlo con la paz que da la salvación que viene del Señor\, que es el grito de su sacrificio de acción de gracias.\nLa narración propiamente dicha se reanuda en el versículo 11 («El Señor dio orden al pez de vomitar a Jonás en tierra firme»)\, con el que concluyó la lectura de ayer.\n\nJon 3\,1-10.\nEs la segunda misión de Jonás. Nuevamente está él frente al Señor. Y el Señor le renueva su vocación y su misión sin mencionar la anterior llamada y la resistencia opuesta por el profeta. Ante todo\, Jonás tiene que «levantarse» de la postración en la que se hallaba; había rechazado su misión\, pero el Señor le había mostrado una gran misericordia; no obstante\, el Señor volvía a enviarlo\, y su intransigente actitud hacia Nínive persistía. Pero ahora él viene de vivir una impactante experiencia con los paganos:\na) Resultaron más humanos (solidarios) que lo que él pensaba de ellos.\nb) Mostraron ser mucho más religiosos (temerosos de Dios) que él mismo.\nc) Reconocieron al Señor\, lo invocaron\, le dieron culto y le hicieron votos.\nHasta el momento\, no se explicita cuál es el contenido del mensaje que Jonás debe entregar. Permanece como algo conocido solo por el Señor y su profeta. Ahora Jonás no huye\, sino que se encamina a Nínive «como le mandó el Señor». La tarea es exigente\, porque se trata de una ciudad muy grande (lit.: «la ciudad grande delante de Dios»). Según se dice\, «Nínive» era el nombre de llamado «triángulo asirio»\, que abarcaba Korsabad\, Nimrud y toda una serie de aglomeraciones menos importantes unidas entre sí. Pero Jonás emprendió su misión.\nEs entonces cuando se enteran los destinatarios de que se trata de un «oráculo de desgracia»\, que –como todos ellos– advierte de un mal futuro\, pero está condicionado a la rectificación que se dé en el presente: «¡Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada!». Los «cuarenta días» se refieren a un período de tiempo homogéneo\, en el que persiste una determinada situación\, en este caso\, la injusticia internacional del imperialismo asirio.\nSorprendentemente\, la conversión resulta ser inmediata («creyeron a Dios»). Comienza la fe por el pueblo raso\, que responde con manifestaciones de penitencia. «Vestirse de saco» es lo mismo que cumplir los ritos de penitencia y de duelo con los cuales\, representando el juicio\, expresaban su pesadumbre y su voluntad de rectificación. La explicación «desde los grandes hasta los pequeños» se refiere a las élites (las personas de elevado rango en la escala social y los círculos intelectuales) y a las masas populares (gentes sin rango social o sin instrucción). En una especie de mimetización de la abdicación del trono («se levantó del trono\, se quitó el manto»)\, el rey asumió una actitud penitencial («se vistió de sayal\, se sentó en el polvo de la tierra») y le dio carácter oficial a la reacción popular mediante un decreto en el que invitó a la penitencia\, la oración y la enmienda de vida.\nLa mención de las bestias\, concretamente «vacas y ovejas»\, recuerda expresiones del profeta Jeremías (21\,6; 31\,27; 32\,43; 33\,12; 36\,29)\, que asocian la suerte de «hombres y animales». La mentalidad bíblica gusta de aunar los animales a la salvación de los humanos (cf. Isa 11\,6-8); por eso también ellos son asociados a la práctica penitencial\, como si ellos también debieran de convertirse al Señor. Es probable que esto suponga que el pecado del hombre afecte a los animales\, como se colige por las afirmaciones del profeta Jeremías.\nEl rey se mostraba persuadido de que con esa la respuesta se aplacaría el «incendio de la ira del Señor» (cf. Jer 4\,8.26; 12\,13; 25\,37; 30\,24; 49\,37)\, es decir\, haría cesar la reprobación que pesaba sobre ellos y no perecerán a causa de sus maldades. Dicha censura divina se manifiesta en que el debilitamiento de la sociedad por la práctica de la injusticia atrae al invasor\, produce desolación social y agostamiento de los campos\, destrucción de los pastizales\, en una palabra\, la guerra con su cortejo de males. O sea\, lo que se llama «incendio de la ira del Señor» no es más que las consecuencias de la injusticia\, que se expresan como «castigo» de Dios.\nLa reacción de Dios es también inmediata\, se expresa en términos de «arrepentimiento» de su parte\, quedando así claro que la censura dependía de la práctica injusta y no de Dios: «se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive y no la ejecutó». Cesó\, en efecto\, la reprobación que causaría la destrucción porque cesó la injusticia que provocaría esa destrucción\, y Nínive se libró de las consecuencias de «su mala vida».\n\nEl mundo pagano no terminaba de sorprender a Jonás. Esta vez ha mostrado ser capaz de:\n• Dar fe a la palabra de Dios (אֱלֹהִים: nombre universal)\, lo cual no se verificaba en Israel.\n• Convertirse (שׁוּב) a él\, («conversión ética»\, más que teológica\, aunque se hablara de «fe»).\n• Enmendar su conducta («su camino»)\, lo que implica una rectificación de la convivencia.\nCosas estas que los profetas del Señor (יהוה) no han logrado con Israel (cf. Jr 36). Es decir\, sin que hubieran mediado las proezas liberadoras del éxodo\, les bastó la palabra de Dios para creer\, convertirse y actuar en consecuencia (cf. Lc 11\,29-32).\nLos ambientes «paganos» de hoy pueden depararnos sorpresas semejantes a los mensajeros de la buena noticia. El amor universal del Padre puede encontrar más eco del esperado. Por eso hay que anunciar la buena noticia a todos\, sin exclusiones. Y es necesario comenzar por el llamado a la justicia\, a la rectificación de los «malos caminos». Cuando los hombres saben que esa es la primera exigencia de la conversión a Dios\, comprenden que se trata de un Dios que no es ajeno al ansia que todos sentimos de una vida más digna y de una convivencia más humana. Eso los dispondrá a convertirse al Señor.\nEl banquete del reino de Dios es para los del norte y del sur\, los del oriente y del occidente (cf. Mt 8\,11). Y nosotros no podemos darnos por satisfechos hasta tanto la amplia sala del cenáculo no esté colmada de comensales (cf. Lc 14\,21-23).\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la XXVII del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la profecía de Jonás (4\,1-11):. \nJonás sintió un disgusto enorme y estaba irritado. Oró al Señor en estos términos: «Señor\, ¿no es esto lo que me temía yo en mi tierra? Por eso me adelanté a huir a Tarsis\, porque sé que eres compasivo y misericordioso\, lento a la cólera y rico en piedad\, que te arrepientes de las amenazas. Ahora\, Señor\, quítame la vida; más vale morir que vivir.»\nRespondióle el Señor: «¿Y tienes tú derecho a irritarte?»\nJonás había salido de la ciudad\, y estaba sentado al oriente. Allí se había hecho una choza y se sentaba a la sombra\, esperando el destino de la ciudad. Entonces hizo crecer el Señor un ricino\, alzándose por encima de Jonás para darle sombra y resguardarle del ardor del sol. Jonás se alegró mucho de aquel ricino. Pero el Señor envió un gusano\, cuando el sol salía al día siguiente\, el cual dañó al ricino\, que se secó. Y\, cuando el sol apretaba\, envió el Señor un viento solano bochornoso; el sol hería la cabeza de Jonás\, haciéndole desfallecer.\nDeseó Jonás morir\, y dijo: «Más me vale morir que vivir.»\nRespondió el Señor a Jonás: «¿Crees que tienes derecho a irritarte por el ricino?»\nContestó él: «Con razón siento un disgusto mortal.»\nRespondióle el Señor: «Tú te lamentas por el ricino\, que no cultivaste con tu trabajo\, y que brota una noche y perece la otra. Y yo\, ¿no voy a sentir la suerte de Nínive\, la gran ciudad\, que habitan más de ciento veinte mil hombres\, que no distinguen la derecha de la izquierda\, y gran cantidad de ganado?» \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 85\,3-4.5-6.9-10 \nR/. Tú\, Señor\, eres lento a la cólera\, rico en piedad \nTú eres mi Dios\, piedad de mí\, Señor\,\nque a ti te estoy llamando todo el día;\nalegra el alma de tu siervo\,\npues levanto mi alma hacia ti. R/. \nPorque tú\, Señor\, eres bueno y clemente\,\nrico en misericordia con los que te invocan.\nSeñor\, escucha mi oración\,\natiende a la voz de mi súplica. R/. \nTodos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia\, Señor;\nbendecirán tu nombre:\n«Grande eres tú\, y haces maravillas;\ntú eres el único Dios.» R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (11\,1-4): \nUna vez que estaba Jesús orando en cierto lugar\, cuando terminó\, uno de sus discípulos le dijo: «Señor\, enséñanos a orar\, como Juan enseñó a sus discípulos.»\nÉl les dijo: «Cuando oréis decid: “Padre\, santificado sea tu nombre\, venga tu reino\, danos cada día nuestro pan del mañana\, perdónanos nuestros pecados\, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo\, y no nos dejes caer en la tentación.”» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nMiércoles de la XXVII semana del Tiempo Ordinario. I.\n\n\nEl libro de Jonás termina con una pregunta sin respuesta\, o con una respuesta tan obvia que no es preciso explicitarla\, o con una respuesta que debe darse a sí mismo el lector\, si de veras entendió y acepta el mensaje del libro. Este capítulo tiene dos nombres para Dios: el nombre con el que lo conoce Israel («el Señor»: יהוה)\, y el nombre universal («Dios»: אֱלֹהִים)\, el Dios de la creación. En el primer caso (vv. 1-4)\, el tema de discusión son los atributos del Señor\, su compasión\, clemencia\, paciencia y misericordia; discusión que termina con una pregunta del Señor: «¿Vale irritarse?». En el segundo\, la discusión se centra en torno a los elementos de la naturaleza\, el calor\, el ricino\, el viento y el gusano; discusión que también termina con la misma pregunta\, en esencia: «¿Vale irritarse…?»: vv. 6-9). Que se trata del mismo Dios\, se ve claro en el v. 6\, donde se lo designa por ambos nombres.\nAquí queda al descubierto la razón por la que Jonás se había resistido a la misión: él preveía que el Señor se apiadaría de los ninivitas si ellos se arrepentían\, por «el Señor es compasivo y misericordioso». Ahora\, al comprobar que sus temores se confirmaron\, reacciona de modo contradictorio. Para el Señor\, la misión de Jonás fue exitosa; para Jonás\, un disgusto que no tiene lógica. Jonás sigue encarnando el pensamiento judaico posexílico.\n\nJon 4\,1-11.\nEl profeta se siente desacreditado por el Señor (יהוה) porque no se cumplió su «oráculo de desgracia»; se irrita y le hace el reclamo: él sabía que el Señor es «un Dios compasivo\, clemente y misericordioso» (Exo 34\,6). Esa descripción del Señor ya se encuentra en Jeremías (cf. 3\,12; 31\,20; 32\,18) y se reitera en Joel (2\,13)\, los salmos (86\,15; 103\,8; 145\,8) y Nehemías (9\,17). A eso atribuye él su fuga a Tarsis\, a que el Señor «se arrepiente de las amenazas». Se siente tan desprestigiado por la misericordiosa compasión del Señor\, que prefiere morir\, pues le parece que su descrédito es insufrible. Según él\, el Señor debería haber encendido su ira en contra de la población asiria y haberla aniquilado.\nAl pedir la muerte\, Jonás se manifiesta lo mismo que Elías (cf. 1Rey 19\,4)\, pero es evidente que hay notables diferencias entre los dos profetas. Así que la fugaz reminiscencia sugiere más bien el contraste entre los dos: Jonás se pide la muerte porque su mensaje fue escuchado; Elías la pedía porque el suyo había sido rechazado. El Señor busca ponerlo a reflexionar en si el renombre vale tanto la pena\, pero Jonás no admite discusión al respecto. Está seguro de tener la razón: el Señor lo hizo quedar en ridículo. No capta el fondo de la pregunta del Señor («¿se vale irritarse?»): él\, que tanto se benefició de la misericordia del Señor\, y que la agradeció de forma tan efusiva\, no puede extrañarse de que el Señor sea «compasivo y clemente». Esta pregunta del Señor responde al posible clamor de algunos que le piden la aniquilación de los pueblos paganos. El autor pretende inculcar la universalidad de la misericordia del Señor.\nPor eso\, el autor crea otra situación en la que el profeta volverá a desear morir. Jonás se retira a observar la ciudad\, en espera de que ocurra algo más\, quizá esperando que Dios recapacite y acceda a su petición de destruir a Nínive para que los asirios los reconozcan a él y al Señor. Parece que la única perspectiva de Jonás es que el Señor se acredite (y lo acredite) mediante el «castigo». El Señor le mantiene su amor protector al profeta (una planta que le da sombra)\, y Jonás se regocija en esto. Pero al siguiente día Dios (אֱלֹהִים) le retira la medida protectora y un gusano daña la planta\, y al salir el sol\, un viento abrasador hace arder la cabeza de Jonás. En lugar del «incendio de la ira del Señor» sobre los ninivitas\, Jonás siente que ese incendio se vuelca sobre él (en vez de reprobar la ciudad\, Dios lo reprueba a él). La luz del nuevo día frustra su expectativa de castigo a la ciudad\, y ya no ve a Dios como el «guardián de su cabeza» (1Sam 28\,2: protector personal; o sea\, su «guardaespaldas»). La frustración lo lleva de nuevo a desear la muerte. Y otra vez Dios lo cuestiona\, pero Jonás insiste en tener la razón.\nLa tozudez de Jonás\, que probablemente refleja el rencor del judaísmo posterior al exilio por los padecimientos que debió afrontar en el mismo\, lo hace incapaz de sintonizar con el Señor y con su ya proverbial compasión universal («el Señor es compasivo y clemente\, paciente y misericordioso… No nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas» (Sal 103\,8.10). Entonces el Señor le hace ver que él valora y ama la vida humana sin abandonar las otras formas de vida. Jonás mismo es testigo de ello\, porque fue perdonado cuando escogió mal. Por consiguiente\, debería comprender el valor que tienen para el Señor tantos y tan variados seres humanos que aún no saben escoger entre lo que les conviene y lo que los perjudica («distinguir su derecha de su izquierda» significa discernir entre la felicidad y la desdicha). Además\, el Señor alega su piedad por los animales («muchísimo ganado»)\, no en razón de su valor comercial\, sino en razón de su vida. Si el rey pagano los asoció a la suerte de los mortales\, el rey del cielo cuida solícitamente de ellos.\nJonás se debate entre sus ideas\, basadas el concepto común de Dios (אֱלֹהִים)\, y la realidad del Señor (יהוה) compasivo\, clemente y misericordioso que ha experimentado Israel. Finalmente\, tiene que decidirse a escoger entre el Dios de la cultura\, que es una proyección humana\, y el Dios de la experiencia histórica\, que es bueno con todos\, cariñoso con todas sus creaturas.\n\nMuchos fanatismos religiosos\, en particular los de cuño «cristiano»\, se alimentan de una idea de Dios\, no de una experiencia de su amor universal. Se imaginan a Dios\, no lo conocen. Sin percatarse\, convierten la fe en una ideología y resultan prisioneros de sus propios conceptos. El Padre no nos hace libres con ideas\, sino con el mensaje encarnado en Jesús\, que una vez aceptado nos lleva a rectificar nuestras ideas cambiando nuestra manera de pensar. Tampoco nos reprime con ímpetu\, sino que nos infunde el Espíritu de Jesús para transformar nuestros odios y exclusiones en amor incluyente.\nLa pregunta con la que termina el libro –formulada por el Señor– cuestiona a los que se creen buenos y piensan tener derecho a despreciar a los malos y a gozarse viendo su ruina por obra de Dios\, no obstante haber sido ellos también perdonados y salvados de la perdición.\nCelebrar la eucaristía es mucho más que un acto piadoso. Es aceptar en Jesús a ese Padre que es clemente\, compasivo y misericordioso\, que nos quiere hacer sus hijos\, a imagen del Hijo\, quien se nos entrega como pan de vida.\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Jueves de la XXVII semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la profecía de Malaquías (3\,13-20a): \n«Vuestros discursos son arrogantes contra mí –oráculo del Señor–. Vosotros objetáis: “¿Cómo es que hablamos arrogantemente?” Porque decís: “No vale la pena servir al Señor; ¿qué sacamos con guardar sus mandamientos?; ¿para qué andamos enlutados en presencia del Señor de los ejércitos? Al contrario: nos parecen dichosos los malvados; a los impíos les va bien; tientan a Dios\, y quedan impunes.” Entonces los hombres religiosos hablaron entre sí: “El Señor atendió y los escuchó.” Ante él se escribía un libro de memorias a favor de los hombres religiosos que honran su nombre. Me pertenecen –dice el Señor de los ejércitos– como bien propio\, el día que yo preparo. Me compadeceré de ellos\, como un padre se compadece del hijo que lo sirve. Entonces veréis la diferencia entre justos e impíos\, entre los que sirven a Dios y los que no lo sirven. Porque mirad que llega el día\, ardiente como un horno: malvados y perversos serán la paja\, y los quemaré el día que ha de venir –dice el Señor de los ejércitos–\, y no quedará de ellos ni rama ni raíz. Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas.» \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 1 \nR/. Dichoso el hombre\nque ha puesto su confianza en el Señor \nDichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos\,\nni entra por la senda de los pecadores\,\nni se sienta en la reunión de los cínicos;\nsino que su gozo es la ley del Señor\,\ny medita su ley día y noche. R/. \nSerá como un árbol\nplantado al borde de la acequia:\nda fruto en su sazón\ny no se marchitan sus hojas;\ny cuanto emprende tiene buen fin.R/. \nNo así los impíos\, no así;\nserán paja que arrebata el viento.\nPorque el Señor protege el camino de los justos\,\npero el camino de los impíos acaba mal. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (11\,5-13): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a los discípulos: «Si alguno de vosotros tiene un amigo\, y viene durante la medianoche para decirle: “Amigo\, préstame tres panes\, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.” Y\, desde dentro\, el otro le responde: “No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.” Si el otro insiste llamando\, yo os digo que\, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo\, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará\, buscad y hallaréis\, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe\, quien busca halla\, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros\, cuando el hijo le pide pan\, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez\, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo\, le dará un escorpión? Si vosotros\, pues\, que sois malos\, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos\, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nJueves de la XXVII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nNo conocemos el nombre del profeta llamado Malaquías (מַלְאָכִי: «mi mensajero»\, cf. Ml 1\,1; 3\,1); sin embargo\, el nombre que aparece en el texto bíblico parece ser la abreviatura de un nombre (מַלְאָכִיָּה) que significa «mensajero del Señor»\, nombre dado a este ferviente patriota judío que se presenta como custodio de la pureza legal de su pueblo. Dando pruebas de su fidelidad religiosa\, no calla frente a un sacerdocio ignorante\, complaciente y codicioso. Su estilo es catequético; usa mucho el recurso de afirmación-pregunta para desarrollar libremente lo que quiere comunicar.\nSu ministerio se puede situar en los alrededores de los años 480/460\, pues el pueblo ha regresado del exilio\, el templo está reconstruido y el culto se da desde hace mucho tiempo. Puede afirmarse que estamos después del año 515; sin embargo\, la reforma de Esdras en lo que concierne a los matrimonios mixtos (ca. 440) no se ha dado aún. Insiste en el culto honesto y en las costumbres legítimas\, porque abundaban las negligencias en el servicio cultual\, venalidades\, parcialidades\, y toda suerte de infidelidades\, a las cuales el profeta reacciona con vigor. Enfrenta a cada uno con su responsabilidad delante del Señor\, sea sacerdote o no. Influirá en la configuración definitiva del judaísmo reformando la vida cultual y moral\, y convirtiéndose en guía moral del pueblo.\n\nMal 3\,13-20 (3\,13-4\,2a).\nDespués del título (1\,1)\, el libro presenta seis oráculos y dos apéndices fundidos. El primero de los oráculos (1\,2-5) declara el amor de Dios que eligió a Jacob; el segundo (1\,6–2\,9) denuncia los pecados cúlticos; el tercero (2\,10-16) reclama justicia y lealtad; el cuarto (2\,17–3\,5) anuncia para el pueblo un juicio de purificación; el quinto (3\,6-12) denuncia los pecados rituales; y el sexto (3\,13-21; LXX3\,13–4\,3) reivindica la justicia de Dios. Los apéndices (3\,22-24; LXX y Vg. 4\,4-6) reflejan el intento de inculcar la fidelidad a la Ley y el anuncio del precursor del «día del Señor»\, el profeta Elías\, y su correspondiente misión.\nEl texto que se lee hoy corresponde al sexto y último oráculo\, exceptuando su último versículo.\nEn este careo entre el Señor y el pueblo el profeta enfrenta de nuevo (cf. 2\,17) el problema del mal; hay un reclamo de parte del Señor: el pueblo se queja de que no vale la pena servir al Señor (darle culto) porque mientras los fieles hacen penitencia y duelo buscando su favor y no lo logran\, los arrogantes y malvados tientan a Dios y\, en vez de recibir castigo\, prosperan. Sospechan que el Señor favorece a los malos. Algunos pensaban que la ceremonia de duelo –que se realizaba con ayunos\, lamentaciones y sacrificios con ocasión de las grandes calamidades– bastaba para librarse de la «ira de Dios»\, sin enmendar la conducta. La respuesta a esta duda es que el Señor cuida a quienes «estiman» (temen) su nombre; estos están inscritos en su libro (cf. Exo 32\,32; Isa 43\,3\, etc.)\n«El Señor de los ejércitos (יהוה צְבָאוֹת)»\, Dios de la creación\, de la historia y de Israel\, los emplaza para su día: entonces se verá quiénes son de los suyos y quiénes no; y se apreciará la diferencia entre los que sirven a Dios (אֱלֹהִים) y los que no lo sirven. A los suyos los tratará con indulgencia\, como un padre a sus auténticos hijos; los arrogantes y malvados serán como paja consumida por el fuego («fuego» que es imagen del juicio) totalmente calcinados\, es decir\, reducidos a «ceniza». El «día» en que el Señor actúe él cuidará de los suyos como se cuida de un bien («ellos serán mi propiedad»). Él los librará del juicio. Aquí se expresa la promesa de que el Señor cuidará la vida de los suyos –porque ellos la pusieron en sus manos–\, en tanto que los malvados perderán la vida que apostaron haciendo el mal: «entonces verán la diferencia entre buenos y malos\, entre los que los que sirven a Dios y los que no le sirven».\nEse «día» se presenta «ardiente como un horno» de incinerar maleza: los «arrogantes y malvados serán la paja» (3\,19; 4\,1: LXX y Vg). Es un «día futuro»\, el del gran juicio definitivo\, «el día de su venida» (3\,2; cf. Amo 5\,18; Sof 1\,14-18; Joel 2\,11)\, que aniquilará del todo esa «paja». La llegada de este día es anuncio del «Señor de los ejércitos». Por tres veces se encuentra esta expresión en el presente oráculo\, siempre en referencia con el «día» del Señor (vv. 17.19.21). Esto confirma la relación de dicha expresión con la historia (el tiempo)\, así como con la naturaleza (el espacio) y con la soberanía universal de Dios.\nEl juicio del Señor expresado en términos de fuego (cf. Isa 10\,16ss; 30\,27; Sof 1\,18; 3\,8; Jer 12\,44) tiene dos connotaciones: su luz que todo lo esclarece y su calor abrasador que consume lo que se le opone. También se expresa –en términos más positivos– con la imagen del «sol de justicia»\, que\, en cuanto es sol\, así como alumbra con su luz\, en cuanto es de justicia «cura» con sus «alas» o rayos. Esta curación significa el consuelo para el pueblo y la gozosa restauración del mismo en su integridad vital (cf. Jer 33\,6; Isa 57\,18). El oráculo anuncia a los «fieles del Señor» una alegría comparable a la del éxodo\, que hacía saltar montes y colinas como los carneros y los corderos al salir del encierro del establo al campo abierto (cf. Sal 114\,4.6). Entonces no solo se verá la distinta suerte de los malvados\, sino que en vez de parecer envidiable les será despreciable. Eso sucederá cuando llegue el «día» en que actúe el Señor (cf. Sal 118\,24)\, «Dios de los ejércitos» (3\,21; LXX y Vg: 4\,1\, omitido).\n\nEl más indescifrable enigma de Dios es su tolerancia frente al mal. Esto constituye un escándalo para los hombres religiosos\, y los ateos encuentran allí una razón para justificar su postura. El Antiguo Testamento propone «el día del Señor» como respuesta a ese interrogante. El Nuevo\, anuncia «el día del Hijo del Hombre» como el cumplimiento (corregido) de dicha esperanza.\nTambién en nuestro tiempo los justos sienten el desaliento de comprobar que\, en contra de sus mejores expectativas\, «al bueno le va mal y al malo le va bien». Esta frustración se da cuando se pierden de vista la condición social de la humanidad y el carácter también social de la injusticia («el pecado del mundo»)\, por un lado\, y la esperanza de la vida eterna\, por el otro. Un «día» el Señor mostrará con claridad meridiana que no da lo mismo ser justo que ser injusto; y que sí vale la pena ser justo. Mientras resplandece sobre cada uno –como resplandece sobre la historia– la luz del «astro que nace de lo alto»\, que «brillará ante los que viven en tinieblas y en sombras de muerte y guiará nuestros pasos por el camino de la paz» (Lc 1\,78-79)\, esperamos con confianza\, seguros de que él no nos defraudará.\nCelebrando la eucaristía lo comprobamos\, porque la injusticia nos impide la comunión con el Señor; la justicia\, en cambio\, nos permite abrazarnos a él. En la celebración de la eucaristía hay un cierto anticipo del «día del Señor».\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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SUMMARY:Viernes de la XXVII semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la profecía de Joel (1\,13-15;2\,1-2): \nVestíos de luto y haced duelo\, sacerdotes; llorad\, ministros del altar; venid a dormir en esteras\, ministros de Dios\, porque faltan en el templo del Señor ofrenda y libación. Proclamad el ayuno\, congregad la asamblea\, reunid a los ancianos\, a todos los habitantes de la tierra\, en el templo del Señor\, nuestro Dios\, y clamad al Señor. ¡Ay de este día! Que está cerca el día del Señor\, vendrá como azote del Dios de las montañas. Tocad la trompeta en Sión\, gritad en mi monte santo\, tiemblen los habitantes del país\, que viene\, ya está cerca\, el día del Señor. Día de oscuridad y tinieblas\, día de nube y nubarrón; como negrura extendida sobre los montes\, una horda numerosa y espesa; como ella no la hubo jamás\, después de ella no se repetirá\, por muchas generaciones. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 9\,2-3.6.16.8-9 \nR/. El Señor juzgará el orbe con justicia \nTe doy gracias\, Señor\, de todo corazón\,\nproclamando todas tus maravillas;\nme alegro y exulto contigo\ny toco en honor de tu nombre\, oh Altísimo. R/. \nReprendiste a los pueblos\, destruiste al impío\ny borraste para siempre su apellido.\nLos pueblos se han hundido en la fosa que hicieron\,\nsu pie quedó prendido en la red que escondieron. R/. \nDios está sentado por siempre en el trono\nque ha colocado para juzgar.\nÉl juzgará el orbe con justicia\ny regirá las naciones con rectitud. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (11\,15-26): \nEn aquel tiempo\, habiendo echado Jesús un demonio\, algunos de entre la multitud dijeron:«Si echa los demonios es por arte de Belzebú\, el príncipe de los demonios.»\nOtros\, para ponerlo a prueba\, le pedían un signo en el cielo.\nÉl\, leyendo sus pensamientos\, les dijo: «Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil\, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y\, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú\, vuestros hijos\, ¿por arte de quién los echan? Por eso\, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero\, si yo echo los demonios con el dedo de Dios\, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio\, sus bienes están seguros. Pero\, si otro más fuerte lo asalta y lo vence\, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama. Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre\, da vueltas por el desierto\, buscando un sitio para descansar; pero\, como no lo encuentra\, dice: “Volveré a la casa de donde salí.” Al volver\, se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va a coger otros siete espíritus peores que él\, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nViernes de la XXVII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nJoel (יוֹאֵל: «el Señor es Dios»)\, hijo de Fatuel\, es un profeta enigmático. No hay datos ciertos que permitan contextualizarlo en la historia del pueblo de Israel. Su libelo\, después del título (1\,1)\, se puede dividir en dos partes: liturgia penitencial por una plaga (1\,2–2\,27) y anuncio del día del Señor (3\,1–4\,21). Es una potente creación literaria y un significativo modo propio de profetizar desde las entrañas de la historia del pueblo.\nUna plaga de langosta –desastrosa para una cultura agrícola– en palabras suyas se convierte en la invasión de un ejército bien entrenado que se toma el país y lo deja arruinado. Entonces él convoca a una liturgia penitencial para suplicarle clemencia al cielo. Comienza su anuncio llamando la atención tanto de los dirigentes como de los campesinos sobre la invasión de tres oleadas de voraces insectos que destruyen la vegetación (1\,1-4). Su exhortación al duelo interpela primero a los inconscientes («borrachos»\, «bebedores») en general\, para describir el desastre del pueblo como el luto de una viudez prematura\, como una tierra devastada\, como viña agostada (1\,5-12). Es un panorama desolador.\n\nJoel 1\,13-15; 2\,1-2.\nAnte tan implacable asalto\, la población indefensa no tiene alternativa distinta de volverse a Dios. El profeta llama al duelo y a la súplica\, una verdadera liturgia penitencial. Los primeros penitentes deberán ser los sacerdotes. «Vestirse de luto» implica despojarse de sus festivos ornamentos sacerdotales. «Gemir» expresa el lamento\, en cuanto ministros del altar\, porque esta situación afecta el culto. «Dormir en esteras» alude a que las prácticas penitenciales solo llegaban hasta la tarde\, se suspendían durante la noche; pero\, en casos de mayor aflicción\, se prolongaban (cf. 2Sam 12\,16; 1Rey 21\,27). El motivo de tanto dolor es que la situación afecta e impide el culto. La plaga ha desabastecido el pueblo y no hay qué ofrecer en el templo. Los urge a convocar a toda la población a un ayuno\, expresión de luto y dolor que aparenta la muerte (privación de alimentos y de relaciones sexuales)\, en presencia del Señor. En la época que sigue al exilio\, se valoraban mucho el ayuno y los demás actos penitenciales (cf. Est 4\,1-3.16; 14\,2; Tob 3\,10-11; 12\,8; Jdt 4\,8-10; 8\,6; 9\,1).\nEsa asamblea penitente debe clamar hacia el Señor reconociendo que está llegando el «día del Señor» como un azote. El «día del Señor» no tiene una fecha única\, se llama así a ciertos momentos históricos en los que la acción de Dios incide en la historia humana\, juzgándola y dirigiéndola. Tiene dos aspectos: uno negativo\, considerado «castigo»\, atribuido a la culpa del pueblo\, o de los paganos\, y otro positivo\, que es la intervención salvadora del Señor. La plaga de langostas se presenta como un anticipo\, como heraldos y como un ejemplar del «azote del Todopoderoso» para indicar que «está cerca el día del Señor».\nDe nuevo se da la voz de alarma («¡toquen la trompeta en Sion\, lancen el alarido en mi monte santo!»\, pero ahora se dirige a «los campesinos»\, la gente que cultiva la tierra y que padece en primer lugar los estragos de la langosta\, y les anuncia la proximidad del «día del Señor».\nEl día del Señor se avecina como la plaga que forma «nube» y vuelve tinieblas la luz del sol como si sobreviniera sobre la tierra una noche de terror en pleno día («día de oscuridad y de tinieblas»)\, como si se anunciara una tempestad arrasadora («día de nubes y nubarrones»)\, o como si fuera a declinar la jornada («como crepúsculo que se extiende sobre los montes»)\, pero de forma amenazante. La imagen cobra mayores proporciones cuando el profeta mira la plaga de langostas como un ejército compacto y numeroso en orden de batalla. El Señor manifiesta su señorío sobre la naturaleza (langosta) y la historia (ejércitos invasores)\, y se vale de esas fuerzas para ejecutar su sentencia. El toque de la trompeta\, destinado a dar la voz de alarma y también a convocar la asamblea cultual\, suscita el pánico. Con ese sonido\, y además con los clamores de la gente\, con el terror (y las conmociones cósmicas: cf. v. 10) se describe la teofanía (cf. Exo 19\,16-19; Sl 18\,8-10; Hab 3\,7ss).\nEl «día del Señor» se menciona en cada uno de los cuatro capítulos del libro (cf. 1\,15; 2\,1-2; 33\,4; 4\,14). Es claro que se trata de algo distinto de una simple fecha –que\, por otra parte\, no se le asigna– y que tiene connotaciones a la vez temporales y espaciales\, que se presenta con avasalladora potencia. Para el ser humano\, es ocasión de despojamiento total que lo priva de lo que necesita para vivir y disfrutar; es como una guerra incendiaria y devastadora que reduce a nada los esfuerzos de las labores humanas (sembrados\, construcciones). Pero es también como una inversión de todo\, tanto interior como exterior\, el Espíritu del Señor parece que suspendiera el uso de las facultades sensoriales normales hasta llevar a los seres humanos a comportamientos extraños\, y el universo creado se convierte en teatro de hechos caóticos. Y\, finalmente\, aparece como un gran juicio de los pueblos y de sus historias\, porque ya está madura la humanidad –como una gigantesca mies o una copiosa vendimia– para dar cuentas de sus acciones. Y\, sin embargo\, la última palabra no es la destrucción sino la restauración.\nEl día del Señor aquí anunciado conecta este oráculo con el anterior –el de Malaquías– leído en el día de ayer. Pero finalmente se cumplirá de manera inesperada (como se verá mañana).\n\nLos profetas del Antiguo Testamento conciben y anuncian el «día del Señor» en términos de castigo y desquite justiciero de parte de Dios. Eso es comprensible dentro de su esquema de valoración («pecado-castigo»)\, porque carecen de la experiencia de Dios que evidencia Jesús\, porque no han desarrollado el sentido de libertad y responsabilidad que Jesús reconoce a los hombres\, y porque en su afán por afirmar la unicidad del Señor llegan al extremo de negar la responsabilidad del hombre en los procesos históricos. En cambio\, resultaría incomprensible si alguien que –supuestamente– tuviera el Espíritu de Jesús y que pensara y juzgara como él manifestara esa misma valoración y anunciara el «día del Hijo del Hombre» no como Jesús\, su Maestro\, sino como «uno de los antiguos profetas» (cf. Mc 6\,14-15; 8\,28).\nEn este punto Jesús se distancia mucho de «los antiguos profetas» y nos pone frente a una historia confiada a los hombres que\, guiados por él y animados por su Espíritu\, anuncian y construyen un mundo nuevo. Es útil releer Mc 13\, Mt 24 y Lc 21 para entender «el día del Hijo del Hombre» al estilo de Jesús. La asamblea eucarística está llamada a ser profecía de la nueva humanidad\, y comer de la mesa del Señor compromete a construir la nueva sociedad humana: el reino del Hijo del Hombre.\nFeliz viernes.
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SUMMARY:Sábado de la XXVII semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nPongan mano a la hoz: la mies está madura. \nLectura de la profecía de Joel   4\, 12-21 \nAsí habla el Señor: ¡Que despierten y suban las naciones al valle de Josafat! Porque allí me sentaré para juzgar a todas las naciones de alrededor. Pongan mano a la hoz: la mies está madura; vengan a pisar: el lagar está lleno; las cubas desbordan: ¡tan grande es su maldad! ¡Multitudes innumerables en el valle de la Decisión! Porque se acerca el Día del Señor en el valle de la Decisión. \nEl sol y la luna se oscurecen\, las estrellas pierden su brillo. El Señor ruge desde Sión y desde Jerusalén hace oír su voz: ¡tiemblan el cielo y la tierra! ¡Pero el Señor será un refugio para su pueblo\, un resguardo para los israelitas! \nAsí ustedes sabrán que Yo soy el Señor\, su Dios\, que habito en Sión\, mi santa Montaña. Jerusalén será un lugar santo\, y los extranjeros no pasarán más por ella. \nAquel día\, las montañas destilarán vino nuevo y manará leche de las colinas; por todos los torrentes de Judá correrán las aguas\, y brotará un manantial de la Casa del Señor\, que regará el valle de las Acacias. Egipto se convertirá en una desolación y Edóm en un desierto desolado\, a causa de la violencia cometida contra los hijos de Judá\, cuya sangre inocente derramaron en su país. Pero Judá será habitada para siempre y Jerusalén por todas las generaciones. Yo vengaré su sangre\, no la dejaré impune\, y el Señor tendrá su morada en Sión. \nSALMO RESPONSORIAL      96\, 1-2. 5-6. 11-12 \nR/. ¡Alégrense\, justos\, en el Señor! \n¡El Señor reina! Alégrese la tierra\, regocíjense las islas incontables. Nubes y Tinieblas lo rodean\, la Justicia y el Derecho son la base de su trono. \nLas montañas se derriten como cera delante del Señor\, que es el dueño de toda la tierra.  Los cielos proclaman su justicia y todos los pueblos contemplan su gloria. \nNace la luz para el justo\, y la alegría para los rectos de corazón. Alégrense\, justos\, en el Señor y alaben su santo Nombre. \n\nEVANGELIO\n\nACLAMACIÓN AL EVANGELIO    Lc 11\, 28 \nAleluya. \nFelices los que escuchan la Palabra de Dios y la practican. Aleluya. \nEVANGELIO \n¡Feliz el vientre que te llevó! Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas    11\, 27-28 \nJesús estaba hablando y una mujer levantó la voz en medio de la multitud y le dijo: “¡Feliz el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron!” \nJesús le respondió: “Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican”. \n\nLa reflexión del padre Adalberto\n\nSábado de la XXVII semana del tiempo Ordinario. Año I.\n\nDespués de la penitencia general\, el Señor prometió la salvación (2\,19-27) y anunció que él derramaría su Espíritu «sobre todo mortal» (cf. 3\,1-5). Y luego\, haciendo uso de una ironía\, habla del envío de unos mensajeros para convidar naciones a una «guerra santa» en la que les anuncian contundentes victorias y\, por supuesto\, enorme botín; pero esto será apenas una carnada para atraerlas a todas en pos de sus ambiciones de poderío y sus codicias de riquezas\, y conducirlas al valle en donde serán juzgadas. Responden en masa\, y entonces son tratadas como una gran cosecha que se siega\, o un enorme largar en el que son pisoteadas. Así que se puede pensar que «el valle de Josafat» se concreta en el territorio de Judá. Las naciones unen fuerzas contra ella\, y ese empeño constituirá su ruina.\nEsa es otra forma de hablar del «día del Señor»\, que ahora se presenta reiterado («en aquellos días» (4\,1)\, dando a entender que «el día del Señor» acontecerá cada vez que se verifiquen el don de su Espíritu y el fracaso de los poderes que se oponen a su designio. Ese don significa la irrupción del Señor en la historia a través de la infusión indiscriminada de su fuerza de vida («mi Espíritu»)\, que hará de todos portavoces del Señor («profetizarán») y\, por encima de sus capacidades normales («ancianos»\, «jóvenes») y de su condición social («siervos y siervas»)\, harán ver que otro mundo es posible («sueños»\, «visiones»). El universo celeste de los pueblos («sol»\, «luna») se eclipsará («sol oscuro») y perecerá («luna ensangrentada»). Y solo se salvarán «los que invoquen el nombre del Señor».\n\nJoel 4\,12-21.\nLa convocación para ese «juicio universal» se expresa en términos de «guerra santa»\, nombre que designa el combate del Señor contra los ídolos y sus agentes\, las naciones opresoras que\, amenazando al pueblo del Señor\, se oponen a su designio de liberación y salvación. Es claro que el lenguaje «guerrero» es metafórico –como lo era en relación con la plaga de langostas– y que la movilización total con la inversión de valores que propone (cf. Joel 4\,10 con Isa 2\,4) es otra forma de presentar la «revolución» que produce la intervención del Señor\, hasta tales extremos que al pusilánime cobra valor para la lucha (cf. 4\,9-11\, omitido).\nAhora anuncia el prometido juicio de todas las naciones (4\,2). El famoso «valle de Josafat» no está en el mapa\, ni tampoco en la geografía. «Josafat» (יְהְוֹשָׁפָט) significa «el Señor juzga»; se trata de un espacio imaginario pero abierto («valle») en el cual se verifica el juicio del Señor sobre las naciones criminales. Más adelante se lo llama «valle de la Decisión» (4\,14)\, en donde se separa el grano de la parva\, y en donde se hace la vendimia y se pisan las uvas en el lagar\, «porque abunda su maldad» (4\,13). Son dos imágenes: una\, la de la cosecha de los frutos\, de connotación positiva\, y la otra\, la del pisoteo de las uvas\, que connota la «ira» del Señor.\nEste juicio entraña una conmoción del orden nacional e internacional que se expresa con la imagen del oscurecimiento del sol y de la luna (cf. 2\,10; 3\,4; 4\,15; Isa 13\,10). «El sol y la luna» representan los símbolos supremos de los ídolos de los paganos (cf. Deu 4\,19; 17\,3\, etc.). Su oscurecimiento o pérdida de luz alude al desprestigio o descrédito de los falsos dioses el día del juicio del Señor. El rugido del Señor «desde Sion» (cf. Isa 66\,6) se refiere al respeto que él infunde a «todos los habitantes del mundo» (cf. Jer 25\,30) cuando\, desde su templo\, paga a cada uno lo que merece (cf. Isa 59\,18-20). Ese rugido contiene «la voz» del Señor\, que hace conmoverse el universo\, que es también la voz que congrega su pueblo desde los confines de la tierra en donde están dispersos sus habitantes (cf. Os 11\,10) y los convoca de regreso a Jerusalén\, en la tierra prometida (cf. Joel 3\,5).\nEl temblor de «cielo y tierra» pondera el alcance de esa conmoción: del cielo se precipitarán los falsos dioses\, y en la tierra colapsarán los reinos que les dan culto; los ídolos no podrán tenerse en pie ni salvar a quienes los invocan\, pero «el Señor será refugio de su pueblo\, alcázar de los israelitas». Así quedará claro que solo el Señor es Dios\, que habita en Sion\, su «monte santo»\, que Jerusalén «será santa»\, y que «no la atravesarán extranjeros». La santidad que se le atribuye al santuario\, y su correspondiente inviolabilidad por parte de los paganos ahora se extienden al conjunto de la ciudad santa en razón de su condición como sede del templo\, en donde habita la presencia del Señor\, que se compromete a velar desde la misma por la seguridad de su pueblo (cf. Zac 9\,8).\nY entonces vendrá una era de paz que se manifestará en la abundancia y en la bendición\, en tanto que los reinos que violentaron a los judíos y derramaron sangre inocente serán tierra devastada. Por el contrario\, Judá tendrá vida y el Señor habitará en Sion. Judá restaurada se verá bendecida por la abundancia de mosto\, de leche y de agua corriente («viva»)\, que serán los bienes de los últimos tiempos (cf. Amós 9\,13; Sal 65\,10; Deu 8\,7). A la sazón\, el agua era escasa en Judá. El manantial que brotará del templo del Señor (cf. Isa 30\,25; Zac 13\,1; 14\,8; Sal 46\,5; 47\,1ss) para engrosar «el Torrente de las Acacias» puede contener una alusión como la del «Valle de Josafat». Dado que en el templo había elementos hechos con madera de acacia (el arca\, la mesa de los panes\, etc.\, cf. Exo 25–27\, passim; 30\,1.5; 36–38\, passim; Deu 10\,3)\, el Torrente de las Acacias sería una alusión simbólica al templo\, para dar a entender que junto con la prosperidad material brotaría un reflorecimiento del culto.\nEn cambio\, las dos naciones especialmente enemigas de Judá por los daños que le causaron en el pasado («violentaron a los judíos y derramaron sangre inocente en su país»)\, Egipto y Edom\, serán presa de la desolación. El Señor se compromete en que Judá estará habitada\, a reivindicar a sus habitantes y a habitar en Sion\, garantía de permanencia para los judíos.\n\nMuchas de estas mismas imágenes\, incluso con más fuerza expresiva\, pero despojadas de sus rasgos nacionalistas y en el horizonte del amor universal del Padre\, se encuentran tanto en los evangelistas como en el libro del Apocalipsis para describir la venida gloriosa del Hijo del Hombre. Lástima que muchos se detengan en el valor literal de dichas imágenes y se dediquen a presentar a un Dios volátil y furioso\, como manoteando a diestra y siniestra y destruyendo de modo inexplicable su propia creación\, cosa que no concuerda con el mensaje de Jesús.\nA cambio del antiguo «día del Señor»\, ahora se anuncia «el día del Hijo del Hombre» en la historia humana como reiteradas intervenciones del Señor resucitado a lo largo de todos los tiempos\, por la labor de sus seguidores\, que van desprestigiando los ídolos de cada época y provocando así la ruina de los sistemas sociopolíticos de turno que despojan\, manipulan y envilecen a los hombres. Esta ruina implica un avance en la línea de la dignidad y los derechos del ser humano. Y esta labor se realiza haciendo brillar el amor de Padre\, que eclipsa la falsa luz de los ídolos\, permitiendo a los hombres conocer al Padre del cielo. Por eso\, los discípulos de Jesús anunciamos al Padre del cielo\, es decir\, al Padre que da la vida\, que ama a todos sin hacer distingos entre buenos y malos\, justos e injustos (cf. Mt 5\,45)\, porque quiere que todos los seres humanos se salven por la experiencia de su amor (cf. 1Tm 2\,4).\nLa eucaristía nos da la luz de la Palabra del Padre (Jesús) y su fuerza de vida y de amor (el Espíritu Santo) para que realicemos esa necesaria tarea con responsabilidad histórica.\nFeliz sábado en compañía de María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del segundo libro de los Reyes (5\,14-17):  \nEN aquellos días\, el sirio Naamán bajó y se bañó en el Jordán siete veces\, conforme a la palabra de Eliseo\, el hombre de Dios\, Y su carne volvió a ser como la de un niño pequeño: quedó limpio de su lepra.\nNaamán y toda su comitiva regresaron al lugar donde se encontraba el hombre de Dios. Al llegar\, se detuvo ante él exclamando:\n«Ahora conozco que no hay en toda la tierra otro Dios que el de Israel. Recibe\, pues\, un presente de tu siervo».\nPero Eliseo respondió:\n«Vive el Señor ante quien sirvo\, que no he de aceptar nada».\nY le insistió en que aceptase\, pero él rehusó.\nNaamán dijo entonces:\n«Que al menos le den a tu siervo tierra del país\, la carga de un par de mulos\, porque tu servidor no ofrecerá ya holocausto ni sacrificio a otros dioses más que al Señor». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\nSal 97\,1.2-3ab.3cd-4  \nR/. El Señor revela a las naciones su salvación. \nV/. Cantad al Señor un cántico nuevo\,\nporque ha hecho maravillas.\nSu diestra le ha dado la victoria\,\nsu santo brazo. R/. \nV/. El Señor da a conocer su salvación\,\nrevela a las naciones su justicia.\nSe acordó de su misericordia y su fidelidad\nen favor de la casa de Israel. R/. \nV/. Los confines de la tierra han contemplado\nla salvación de nuestro Dios.\nAclama al Señor\, tierra entera;\ngritad\, vitoread\, tocad. R/. \n\n\n\nSegunda lectura\nLectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (2\,8-13):  \nQuerido hermano:\nAcuérdate de Jesucristo\, resucitado de entre ¡os muertos\, nacido del linaje de David\, según mi evangelio\, por el que padezco hasta llevar cadenas\, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada.\nPor eso lo aguanto todo por los elegidos\, para que ellos también alcancen la salvación y la gloria eterna en Cristo Jesús.\nEs palabra digna de crédito:\nPues si morimos con él\, también viviremos con él;\nsi perseveramos\, también reinaremos con él;\nsi lo negamos\, también él nos negará.\nSi somos infieles\, él permanece fiel\,\nporque no puede negarse a sí mismo. \nPalabra de Dios \n\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Lucas (17\,11-19): \nUna vez\, yendo Jesús camino de Jerusalén\, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad\, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos\, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:\n«Jesús\, maestro\, ten compasión de nosotros».\nAl verlos\, les dijo:\n«Id a presentaros a los sacerdotes».\nY sucedió que\, mientras iban de camino\, quedaron limpios. Uno de ellos\, viendo que estaba curado\, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús\, rostro en tierra\, dándole gracias.\nEste era un samaritano.\nJesús\, tomó la palabra y dijo:\n«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve\, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».\nY le dijo:\n«Levántate\, vete; tu fe te ha salvado». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto \nXXVIII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.\n\nEste breve relato propone un mensaje de libertad cristiana. Para captarlo\, hay que poner atención a dos cuestiones: la localización y los personajes.\n1. La localización. Jesús atraviesa entre Samaría\, hereje y resentida\, y Galilea\, religiosa y fanática. Él va a entrar en «una aldea»\, que es el ámbito dominado por la mentalidad de los letrados y los fariseos. El acontecimiento que se narra se verifica entre la aldea y el templo de Jerusalén\, excluye cada uno de esos dos espacios.\n2. Los personajes. Jesús aparece viajando solo\, no se nombran sus discípulos. Los leprosos salen de la aldea\, un dato extraño\, porque los leprosos no residían en las poblaciones. Su número es de diez\, de los cuales uno es samaritano.\n\nLc 17\,11-19.\nEl relato consta de una breve introducción\, presenta una crisis entre sus seguidores\, muestra la libertad que Jesús da y sus efectos\, constata el resultado en una minoría\, y concluye felizmente.\n1. Introducción.\nLucas fija la atención en Jesús\, que va a plantarle cara a Jerusalén\, y relaciona su travesía con la de Moisés y la de Josué. Probablemente se refiere al paso del Mar Rojo y al del Jordán\, travesías que completaron el éxodo desde Egipto\, y que ahora será a partir de Jerusalén (cf. Lc 9\,31).\n2. La crisis.\nExtrañamente le salen al encuentro desde una aldea diez «varones» (ἄνδρες) leprosos que desde lejos lo llaman «jefe» (ἐπιστάτης) y le piden ayuda. Y con eso se nos dan pistas para entender de qué se trata. En efecto\, Lucas reserva el calificativo «varón» para los israelitas\, y\, en el evangelio\, los únicos que llaman «jefe» a Jesús son sus discípulos (cf. Lc 5\,5; 8\,24; 9\,33.49). Por otro lado\, el «leproso»\, por «impuro»\, es el paradigma de los excluidos por razones religiosas. Por último\, desde su paso por Samaría\, el grupo de Jesús es mixto\, está formado por seguidores galileos («los Doce») y samaritanos («los Setenta y dos»). Lo único que estos tienen en común es el Pentateuco\, los cinco rollos de la Ley de Moisés.\nLa proporción inicial\, 12 a 72\, es decir\, 1 a 6\, ahora se invierte por la de 9 a 1: nueve galileos y 1 samaritano (cf. Lc 15\,8). Así que los diez leprosos encarnan ese grupo mixto de seguidores que se sienten «impuros» porque van mezclados\, y le piden a Jesús que los ayude\, puesto que él es el responsable de esa «impureza»\, porque los reunió en un solo grupo. Esta «lepra» no les prohibía habitar en «la aldea»\, pero sí les impide convivir unos con otros.\n3. La libertad.\nEste es el punto capital del relato. Jesús se fija en su situación y la analiza (ἰδών)\, les hace ver que tienen libertad para volver a las prácticas religiosas judías\, y los envía a los sacerdotes\, para que ellos certifiquen su purificación legal según las costumbres religiosas de la Ley de Moisés. Él los comprende y quiere ayudarles. Ellos se marchan\, y cuando van de camino –fuera ya de la aldea\, pero antes de llegar al templo–\, allí donde solo los guía la palabra de Jesús\, quedan «limpios»\, se sienten «puros». Ni la aldea ni el templo les confirieron esa pureza\, sino la puesta en práctica de las palabras de Jesús. Al dejarlos en libertad\, él les permitió comparar y elegir según su criterio.\nHay que valorar debidamente este comportamiento de Jesús: él comparte su experiencia de Dios\, pero no la impone. No juzga a quienes se sienten agobiados por las creencias que profesan\, por más que ellas los aflijan; no condena a los que manifiestan malestar de conciencia por andar con él; no excluye a quienes suponen que Dios los autoriza a excluir o a sentirse excluidos. Él toma nota del temor que muestran\, comprende su angustia y les brinda la ayuda le pidieron dejándolos en libertad para que decidan por su propia cuenta lo que consideren mejor para ellos.\n4. La minoría.\nUno de ellos\, al verse «saneado» (ἰάομαι)\, sintió que había restablecido su relación con los otros\, que ya no se sentía impuro andando con ellos\, que era interiormente libre de esos prejuicios\, y regresó donde Jesús dándole la razón a Dios. «Dar gloria a Dios» significa reconocer que él es justo\, que sus obras son perfectas. Este único seguidor que regresó donde Jesús manifestó que entendía que Dios se revela en la persona de Jesús y en las obras que él realiza. Con sus gestos\, se declaró definitivamente seguidor de Jesús («se echó a sus pies»)\, reconoció que Dios está en él\, y por eso adoró a Dios en él («…rostro a tierra»). Este único era\, precisamente\, un samaritano.\nTodos tuvieron la misma experiencia de liberación\, o purificación\, pero no todos reconocieron que la libertad que Jesús otorga es superior a la tranquilidad que ofrece la institución judía. Y\, ya que Jesús va a enfrentarse a esa institución\, muchos («nueve») optaron por reconciliarse con ella; en cambio\, la minoría doblemente marginada («samaritano»: leproso y extranjero) prefirió unirse a él\, porque descubrió en él la presencia y la actividad de Dios.\n5. Conclusión.\nJesús tenía todavía algo más para darle al samaritano: lo invitó a levantarse resueltamente de su postración: a Dios no se le rinde homenaje doblegándose sino irguiéndose (cf. Lc 13\,11-12); lo exhortó a que abandonara definitivamente esa aldea («márchate»)\, y le mostró el alcance de la adhesión que le estaba manifestando («tu fe te ha salvado»). Salvación es comunicación de vida\, y\, en este caso\, del Espíritu Santo. En respuesta a su fe\, Jesús le infunde el Espíritu\, que es Santo y santificador\, y que lo hace real y radicalmente «puro» delante de Dios.\n\nLa mentalidad supersticiosa que ha retornado y se está infiltrando en las iglesias\, ha traído nuevas formas de discriminación y exclusión que enferman las comunidades y dificultan las relaciones humanas y la convivencia social. Las nuevas «aldeas» son grupos de mentalidad cerrada y práctica autoritaria\, de juicios severos y de condenas despiadadas\, que no ofrecen más alternativa que la de someterse a su manera de ver las cosas. Estos grupos se encuentran en todos los ámbitos\, no solamente en el religioso.\nLos discípulos de Jesús debemos mostrar la alternativa del maestro: libertad para que cada uno descubra por sí mismo cómo puede entablar una relación «sana» con los demás y cómo puede convivir armoniosamente con todos\, incluso con los que piensan\, sienten o actúan diferente.\nA veces resulta doloroso constatar que dentro de la comunidad de Jesús surgen esos fanatismos intolerantes\, no solo contra los de fuera\, sino también contra los de dentro de la misma Iglesia\, grupos que miran como «leprosos» a los que debieran mirar como hermanos. Nuestra asamblea eucarística debe ser escuela de convivencia en libertad\, teniendo en cuenta lo que enseñaba san Agustín: «unidad en lo necesario\, libertad en lo dudoso\, caridad en todo». Que la comunión con Jesús nos una en un solo cuerpo.\nFeliz día del Señor.
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SUMMARY:Lunes de la XXVIII semana del Tiempo Ordinario. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nComienzo de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (1\,1-7): \nPablo\, siervo de Cristo Jesús\, llamado a ser apóstol\, escogido para anunciar el Evangelio de Dios. Este Evangelio\, prometido ya por sus profetas en las Escrituras santas\, se refiere a su Hijo\, nacido\, según la carne\, de la estirpe de David; constituido\, según el Espíritu Santo\, Hijo de Dios\, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo\, nuestro Señor. Por él hemos recibido este don y esta misión: hacer que todos los gentiles respondan a la fe\, para gloria de su nombre. Entre ellos estáis también vosotros\, llamados por Cristo Jesús. A todos los de Roma\, a quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de los santos\, os deseo la gracia y la paz de Dios\, nuestro Padre\, y del Señor Jesucristo. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 97 \nR/. El Señor da a conocer su victoria \nCantad al Señor un cantico nuevo\,\nporque ha hecho maravillas:\nsu diestra le ha dado la victoria\,\nsu santo brazo. R/. \nEl Señor da a conocer su victoria\,\nrevela a las naciones su justicia:\nse acordó de su misericordia y su fidelidad\nen favor de la casa de Israel. R/. \nLos confines de la tierra han contemplado\nla victoria de nuestro Dios.\nAclamad al Señor\, tierra entera;\ngritad\, vitoread\, tocad. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (11\,29-32): \nEn aquel tiempo\, la gente se apiñaba alrededor de Jesús\, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo\, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive\, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación\, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón\, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación\, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás\, y aquí hay uno que es más que Jonás.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nLunes de la XXVIII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nDel posexilio pasa el leccionario a la expansión misionera de la Iglesia hacia occidente (Roma) con el fin de volver después al encuentro de Israel con la cultura griega (Sabiduría) y con su política (1Macabeos y Daniel) en los tiempos previos al Nuevo Testamento.\nLa carta a los romanos es un escrito en el que Pablo se presenta a sí mismo y expone ante la comunidad local –que él no conocía– la buena noticia como él la entiende y anuncia. Esto se debe a que de él y de su predicación se dicen muchas cosas\, y él quiere que la comunidad se entere con información de primera mano. Como él tenía por criterio anunciar la buena noticia solo allí donde no fuera conocida (cf. Rm 15\,20)\, cuando consideró que no le quedaba campo de acción en Asia Menor (cf. Rm 15\,23)\, decidió ir a anunciar la buena noticia en España (cf. Rm 15\,24). Esta decisión la fraguó en Corinto\, hospedado en casa de Gayo (cf. Rm 16\,23)\, a quién él había bautizado (cf. 1Co 1\,14-15). Contaba con el apoyo de los romanos para llegar a España (cf. Rm 15\,24)\, y estaba seguro de tener la bendición del Mesías (cf. Rm 15\,29).\nHay que tener en cuenta que Pablo no conoció los escritos que hoy llamamos «evangelios»\, y que su predicación se basa en la experiencia que tuvo de Jesús en el camino a Damasco\, la que se resume en la salvación por la fe en Jesús\, el don universal y gratuito del amor de Dios\, y el cambio de la Ley de Moisés por la acción interior del Espíritu Santo. Esos son los acentos de su mensaje\, sin pretensión de exponer metódicamente el mensaje tal como se encuentra en los «evangelios»\, porque su referente es el presente de las comunidades y la aplicación del evangelio a las circunstancias del momento. No presenta afanes de sistematización.\n\nRom 1\,1-7.\nInterpoladas en el saludo (vv. 1 y 7) Pablo hace su profesión de fe en Jesús el Mesías (vv. 2-4) y su autopresentación como apóstol de los gentiles (vv. 5-7).\nEn la primera parte del saludo (v. 1) Pablo se declara «siervo del Mesías Jesús». Es común que use esta autodenominación («siervo») en relación con las comunidades de procedencia pagana\, en referencia quizás a los grandes servidores de Dios en el Antiguo Testamento\, y a lo enseñado por Jesús (Mc 10\,44: «siervo de todos»)\, puesto que el término (δοῦλος: «siervo») tiene dos denotaciones:\n• siervo de hombres\, que significa simplemente «esclavo».\n• siervo de Dios\, que denota al hombre libre y liberador.\nPor ser «siervo del Mesías Jesús»\, se declara continuador de su obra liberadora-salvadora.\nTambién se declara «apóstol por llamamiento» divino (lit.: «llamado apóstol elegido»)\, con lo cual afirma implícitamente:\n• que es «enviado» por vocación divina\,\n• que está investido de autoridad divina.\nEl objeto de esta vocación es constituirlo anunciador de la buena noticia de Dios (lit.: «el evangelio de Dios»). No lleva un mensaje propio\, sino el «de Dios».\nEnseguida sintetiza el contenido de esa buena noticia (vv. 2-4) con una breve profesión de fe que –por no mencionar la muerte de Jesús\, tan importante para Pablo– se supone que no es de su pluma\, sino un pequeño credo usado en la comunidad y con el cual Pablo quiere manifestar su comunión de fe con ella. Pablo no se detiene a explicar las causas de la muerte de Jesús\, sino sus consecuencias. Se conecta con el pasado remoto a través de las promesas\, los profetas y las Escrituras\, afirmando así la fidelidad del Dios de Israel; todo ese pasado desemboca en el Hijo que\, por su origen carnal\, desciende de David\, y por su origen divino asciende a la plena condición divina por su resurrección de la muerte gracias a la acción del «Espíritu santificador» (cf. Isa 63\,10; Sal 51\,13). La resurrección lo constituye «Hijo de Dios en plena fuerza»\, lo que equivale a dador del Espíritu. No solo lo posee\, también lo comunica\, para crear –a imagen suya– la nueva humanidad. Lo presenta por su nombre propio: Jesús («el Señor salva»)\, por su título hebreo: «Mesías» (el ungido prometido por Dios)\, y por su título universal\, usado por los paganos: «Señor» (el hombre libre y liberador).\nDespués se presenta a sí mismo (vv. 5-6) en su calidad de «apóstol» (enviado) «a todos»\, es decir\, mensajero universal de la buena noticia. Este encargo lo declara recibido «a través de él» (Jesús) como un don cuya finalidad consiste en que todos los pueblos respondan con fe (mejor que «obedezcan con fe») a la buena noticia a causa de su persona (lit.: «a causa de su nombre»\, es decir\, después de conocerlo). El apóstol lleva una propuesta abierta que es la persona\, la obra y el mensaje de Jesús. La respuesta afirmativa a esa propuesta se llama fe. Su misión es lograr esa respuesta. Como su misión es universal\, los destinatarios de esta carta\, «llamados de Jesús Mesías» (alusión a los orígenes judeocristianos de la comunidad de Roma) pertenecen a su radio de acción. Insinúa así su derecho a escribirle a esa comunidad como un servicio a su fe. Ese es el genuino sentido cristiano de la autoridad.\nConcluye el saludo (y cierra así la introducción a la carta) refiriéndose a sus destinatarios en términos elogiosos. No los llama «iglesia»\, como no lo hace con las comunidades que él no ha fundado (Ef\, Col\, excepción hecha de Fil)\, pero sí «predilectos de Dios» porque ellos han respondido afirmativamente al Hijo por la fe; también los considera «llamados»\, por haber sido convocados mediante el anuncio de la buena noticia; y los califica de «consagrados» («santos»: cf. Ef 1.1; Col 1\,2; Fil 1\,1)\, es decir\, santificados por el Espíritu Santo y santificador. Les desea «el favor y la paz de (parte de) Dios Padre y del Señor\, Jesús Mesías». El «favor» es la experiencia del amor del Padre\, al cual ya conocen; «la paz» es la felicidad resultante de esa dichosa experiencia: la armonía en la relación con Dios Padre y con los demás seres humanos gracias a Jesús\, Señor y Mesías.\n\nHay que observar que\, antes de afirmar su calidad de apóstol\, Pablo confiesa la fe que lo une a la comunidad a la cual se dirige. Su relación con ella se subordina a la fe común. Él proclama a Jesús de manera reconocible por todos (judíos y nativos). Reconoce que antes de él alguien ya había convocado la comunidad (ἐκκλησία)\, y si se dirige a ella es con el fin de estimularla a crecer. Considera a los romanos como iguales a los miembros de las iglesias fundadas por él (también son amados\, llamados\, consagrados).\nNosotros no convocamos las iglesias sino el Señor. Él es la Palabra que convoca\, a él dan su adhesión los que aceptan esa palabra. El objetivo de nuestra labor es impulsar\, con los dones recibidos de Dios\, el crecimiento de las comunidades. Y la eucaristía de la cual participamos es para edificar la iglesia. Que así siga siendo siempre.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la XXVIII semana del Tiempo Ordinario. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (1\,16-25): \nYo no me avergüenzo del Evangelio; es fuerza de salvación de Dios para todo el que cree\, primero para el judío\, pero también para el griego. Porque en él se revela la justicia salvadora de Dios para los que creen\, en virtud de su fe\, como dice la Escritura: «El justo vivirá por su fe.» Desde el cielo Dios revela su reprobación de toda impiedad e injusticia de los hombres que tienen la verdad prisionera de la injusticia. Porque\, lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista; Dios mismo se lo ha puesto delante. Desde la creación del mundo\, sus perfecciones invisibles\, su poder eterno y su divinidad\, son visibles para la mente que penetra en sus obras. Realmente no tienen disculpa\, porque\, conociendo a Dios\, no le han dado la gloria y las gracias que Dios se merecía\, al contrario\, su razonar acabó en vaciedades\, y su mente insensata se sumergió en tinieblas. Alardeando de sabios\, resultaron unos necios que cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes del hombre mortal\, de pájaros\, cuadrúpedos y reptiles. Por esa razón\, abandonándolos a los deseos de su corazón\, los ha entregado Dios a la inmoralidad\, con la que degradan ellos mismos sus propios cuerpos; por haber cambiado al Dios verdadero por uno falso\, adorando y dando culto a la criatura en vez de al Creador. ¡Bendito él por siempre! Amén. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 18\,2-3.4-5 \nR/. El cielo proclama la gloria de Dios \nEl cielo proclama la gloria de Dios\,\nel firmamento pregona la obra de sus manos:\nel día al día le pasa el mensaje\,\nla noche a la noche se lo susurra. R/. \nSin que hablen\, sin que pronuncien\,\nsin que resuene su voz\,\na toda la tierra alcanza su pregón\ny hasta los límites del orbe su lenguaje. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (11\,37-41): \nEn aquel tiempo\, cuando Jesús terminó de hablar\, un fariseo lo invitó a comer a su casa. Él entró y se puso a la mesa.\nComo el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer\, el Señor le dijo: «Vosotros\, los fariseos\, limpiáis por fuera la copa y el plato\, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades. ¡Necios! El que hizo lo de fuera\, ¿no hizo también lo de dentro? Dad limosna de lo de dentro\, y lo tendréis limpio todo.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMartes de la XXVIII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nEn lugar de la acostumbrada acción de gracias después del saludo –que tiene un tono bastante personal en las cartas a las iglesias por él fundadas\, excepto las de Galacia–\, Pablo hace una acción de gracias al mismo tiempo «pastoral» y «respetuosa»\, puesto que él no es el fundador de esta comunidad. Su culto a Dios\, con todo y no ser ritual\, es profundamente interior\, pero se vuelca hacia el exterior por la evangelización. Su oración\, en la cual incluye a los romanos\, está en función de la misión. Su interés por conocer la comunidad destinataria de la carta no es otro que el de continuar su tarea evangelizadora\, que él considera un deber voluntario.\nDespués de la introducción\, Pablo declaró su gratitud a Dios por la comunidad de Roma\, cuya fe –afirmó– se ponderaba «en el mundo entero»; y a los romanos les aseguró que oraba siempre por ellos y que deseaba ir a verlos en busca de la edificación recíproca\, la de él y la de ellos. Les hizo saber también que desde hacía ya mucho tiempo tenía el propósito de ir a visitarlos\, pero –hasta el momento de escribirles– ese propósito se ha quedado en deseo a causa de obstáculos que se le han presentado. Se siente en deuda con todos («con griegos y extranjeros\, con instruidos e ignorantes»)\, y esa razón lo impulsa a proponerles también a ellos la buena noticia (vv. 8-15: omitidos por el leccionario).\n\nRom 1\,16-25.\n1. El Evangelio.\nEl «evangelio» –palabra española que procede de dos palabras griegas– es «la buena noticia». Esta raíz no es frecuente en la versión griega del Antiguo Testamento (LXX: Isa 52\,7; 61\,1: εὐαγγέλιον)\, y corresponde a un término hebreo (בְּשֹׂרָה) con connotaciones precisas. Se trata de la «buena noticia» que Dios anuncia por medio de Jesús (en persona\, con obras y palabras)\, y que así realiza las profecías que anunciaban el cumplimiento de su promesa. Es «buena» en el sentido de que entraña una experiencia grata; es «noticia» en el sentido de que contiene un mensaje que devela el sentido de dicha experiencia.\nLa evangelización no se apoya en fuerza humana alguna sino en la fuerza de Dios. La tarea que Pablo tiene por delante es difícil: anunciar la buena noticia en una cultura pagana ilustrada y arraigada. El mundo pagano «occidental» (de Grecia hacia Italia) se sentía orgulloso de sus conquistas en el campo del pensamiento («filosofía») y de la comunicación («retórica»)\, y no era para menos. Por «filosofía» no se entendía\, como hoy\, un saber meramente especulativo\, sino a la vez teórico-racional y práctico-operativo. Por «retórica» no se entendía solo el hablar correcto y elegante\, sino también argumentativo y convincente. Pero Pablo no se acobarda\, porque la buena noticia es «fuerza de Dios para salvar a todo el que cree»\, mucho más que un elocuente discurso humano. Y esta buena noticia está destinada a toda la humanidad\, para que le dé su adhesión a la persona de Jesús\, se comprometa con su obra\, y anuncie con ardor su mensaje\, comenzando por los judíos\, que eran los depositarios de las promesas. Por medio del Evangelio Dios da a conocer que les concede «una amnistía» (δικαιοσύνη) a los injustos «única y exclusivamente por la fe» (ἐκ πίστεως εἰς πίστιν)\, según lo anunciado por el profeta: «el que se rehabilita por la fe\, vivirá» (Hab 2\,4). El objetivo\, pues\, es hacer que el ser humano viva\, y esta infusión de vida se da por la buena noticia que\, aceptada con fe\, transmite el don del Espíritu de amor y de vida que procede de Dios.\nLa fuerza que tiene la «buena noticia» no se encuentra en las filosofías ni en la retórica de los paganos\, porque la buena noticia no depende de la habilidad persuasiva de un hombre\, ni de la destreza oratoria con la que la engalane; es «fuerza de Dios» (δύναμις θεοῦ)\, otra manera de referirse al Espíritu Santo. Quien tiene el Espíritu está capacitado para anunciar la buena noticia\, aunque no transmita saber estimado por «los hombres» ni tenga formación retórica.\n2. Los paganos.\nEsta buena noticia supone la reprobación («cólera» o «ira») de Dios respecto de la «impiedad» y la «injusticia» humana. La «impiedad» daña la relación con Dios; la «injusticia»\, las relaciones humanas. La «cólera» o «ira» implica que Dios manifiesta su desacuerdo. Como se pensaba a la sazón que Dios se manifestaba en desacuerdo castigando\, se consideraba que la «colera» o «ira» de Dios consistía en castigos que él enviaba. Cuando se observa detenidamente\, lo que se entiende por «castigos»\, se advierte que se trata de las consecuencias de las acciones libres de «los hombres»\, individual o colectivamente. Así se desprende del análisis hecho a lo que explica Pablo como «impiedad» e «injusticia».\na) La impiedad. «Lo que puede conocerse de Dios» salta a la vista: el mundo visible hace patente la realidad invisible de Dios\, siempre y cuando se reflexione sobre sus obras como tales\, como obras suyas. Lo opuesto sería considerar las creaturas como seres divinos. En eso se cifra la «impiedad»\, que se concreta en la idolatría; esta es resultado de razonamientos vacíos de una mente insensata y obcecada. Por eso\, alardeando de sabios se portaron como insensatos al confundir las creaturas con el Creador.\nb) La injusticia. Como consecuencia\, al alejarse de Dios extraviaron y frustraron su vida y degradaron sus personas\, por haber sustituido al Dios verdadero por uno falso. Aquí Pablo aplica al mundo pagano la advertencia hecha por el Señor al pueblo antiguo respecto de la idolatría: cambiarlo por los ídolos a él\, el Dios liberador y salvador\, produce la corrupción y la degradación de las relaciones humanas y de las relaciones sociales. Pero la formula usando un lenguaje arcaico\, que sí es conocido por los destinatarios de la carta: Dios aparece como autor de las desgracias que acontecen como secuela de la deslealtad entre «los hombres».\n\nEl evangelio es fuerza liberadora y salvadora de Dios para una humanidad prisionera de sus distintas formas de idolatría práctica y de las autodestructivas conductas que se derivan de esa idolatría. Nosotros estamos llamados a dar testimonio del evangelio sin acobardarnos\, porque –a pesar de sus resistencias– la humanidad injusta siente necesidad de ser rescatada del sinsentido. «Los hombres» no tienen necesidad de reproches ni censuras\, en eso viven la mayor parte de sus vidas; lo que necesitan es el anuncio de esta buena noticia que es amnistía de Dios\, gratuitamente concedida a quienes se fíen de Jesús y lo sigan.\nLa buena noticia no necesita de nuestras habilidades para sugestionar o manipular personas; y\, aunque sean ayudas apropiadas para extender el alcance del mensaje\, los recursos técnicos de los modernos sistemas de comunicación jamás podrán sustituir la «fuerza de Dios» que el Espíritu Santo infunde (su amor renovador\, liberador y salvador) ni podrán jamás capacitar para amar con el mismo amor con el que nos hemos sentido amados por Dios.\nEn la eucaristía escuchamos el mensaje y recibimos la fuerza que necesitamos. El mundo que padece nos espera aun sin saberlo. No le fallemos ni a Dios ni a «los hombres» que sufren.\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la XXVIII semana del Tiempo Ordinario. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (2\,1-11): \nTú\, el que seas\, que te eriges en juez\, no tienes disculpa; al dar sentencia contra el otro te condenas tú mismo\, porque tú\, el juez\, te portas igual. Todos admitimos que Dios condena con derecho a los que obran mal\, a los que obran de esa manera. Y tú\, que juzgas a los que hacen eso\, mientras tú haces lo mismo\, ¿te figuras que vas a escapar de la sentencia de Dios? ¿O es que desprecias el tesoro de su bondad\, tolerancia y paciencia\, al no reconocer que esa bondad es para empujarte a la conversión? Con la dureza de tu corazón impenitente te estás almacenando castigos para el día del castigo\, cuando se revelará el justo juicio de Dios\, pagando a cada uno según sus obras. A los que han perseverado en hacer el bien\, porque buscaban contemplar su gloria y superar la muerte\, les dará vida eterna; a los porfiados que se rebelan contra la verdad y se rinden a la injusticia\, les dará un castigo implacable. Pena y angustia tocarán a todo malhechor\, primero al judío\, pero también al griego; en cambio\, gloria\, honor y paz a todo el que obre. el bien\, primero al judío\, pero también al griego; porque Dios no tiene favoritismos \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 61\,2-3.6-7.9 \nR/. Tú\, Señor\, pagas a cada uno según sus obras \nSólo en Dios descansa mi alma\,\nporque de él viene mi salvación;\nsólo él es mi roca y mi salvación\,\nmi alcázar: no vacilaré. R/. \nDescansa sólo en Dios\, alma mía\,\nporque él es mi esperanza;\nsólo él es mi roca y mi salvación\,\nmi alcázar: no vacilaré. R/. \nPueblo suyo\, confiad en él\,\ndesahogad ante él vuestro corazón\,\nque Dios es nuestro refugio. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (11\,42-46): \nEn aquel tiempo\, dijo el Señor: «¡Ay de vosotros\, fariseos\, que pagáis el diezmo de la hierbabuena\, de la ruda y de toda clase de legumbres\, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios! Esto habría que practicar\, sin descuidar aquello. ¡Ay de vosotros\, fariseos\, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias por la calle! ¡Ay de vosotros\, que sois como tumbas sin señal\, que la gente pisa sin saberlo!»\nUn maestro de la Ley intervino y le dijo: «Maestro\, diciendo eso nos ofendes también a nosotros.»\nJesús replicó: «¡Ay de vosotros también\, maestros de la Ley\, que abrumáis a la gente con cargas insoportables\, mientras vosotros no las tocáis ni con un dedo!» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\nMiércoles de la XXVIII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nPablo desarrolla más el tema de la ruptura ética que el de la idolatría. La superficialidad mental conduce a la idolatría y\, como consecuencia de esta\, se produce la fractura moral\, que tiene los rasgos de una búsqueda de sí mismo\, sobre todo por el ansia de placeres. Eso condujo a la humanidad de entonces a un libertinaje sin control que terminó desnaturalizando hasta las más elementales relaciones humanas. El «Catecismo holandés» opina que Pablo no se refiere (en los versículos 26-27) a la homosexualidad como hoy se define\, sino a unas relaciones de ese tipo no por inclinación\, sino por el afán de experimentar formas desconocidas de placer.\nCuando dice que «Dios los entregó» (vv. 26.28)\, se refiere al libre albedrío\, del cual abusaron hasta romper «toda regla de conducta»\, haciendo cosas reprobables y aplaudiendo a quienes las hacían. Es evidente que Pablo no se detiene en la moral sexual\, sino que\, a partir del culto a la criatura en vez de al Creador\, desvela una degradación en cascada\, que comienza\, sí\, por la subvaloración de la propia persona\, pero –insiste– al negarse a reconocer a Dios\, quedaron los hombres a merced de impulsos descontrolados que pervirtieron las relaciones humanas y la misma convivencia social (cf. Rm 1\,26-32\, omitido por el leccionario). \nRom 2\,1-11.\nLa comunidad de Roma estaba formada por cristianos de orígenes pagano y judío (cf. 1\, 16). Primero\, Pablo se refirió a la condición de los paganos ante Dios (cf. vv. 18-32) expresando valoraciones que cualquier judío compartía. Así dejó ver que conocía y censuraba la injusticia que había en la sociedad pagana\, de forma que su libertad profética no provocara sospechas de parcialidad a favor de los paganos\, con los cuales se declaró en deuda (cf. 1\,14).\nAhora se vuelve al mundo judío y entabla con él una querella valiéndose del estilo de diatriba (discurso polémico de censura) y enfrentando a un supuesto antagonista de mentalidad judía. Recurre al argumento que usan los judíos: que Dios juzga por las «obras». El antagonista de Pablo juzga a los paganos con ese criterio y termina dando sentencia contra sí mismo\, porque se porta del mismo modo. Pero el judío se imagina que\, por ser judío\, gozaba de privilegios ante Dios y\, porque tenía la Ley\, podía juzgar con ella y condenar a los otros\, aunque también él la quebrantara. No se da cuenta de la inagotable bondad de Dios\, ni tampoco su tolerancia\, ni agradece su paciencia y\, por lo mismo\, aplaza la «enmienda» que Dios espera de él. Juzga erradamente que Dios tiene dos medidas: una indulgente para los israelitas y otra implacable para los paganos (vv. 1-4). Aquí\, el apóstol se refiere a la «enmienda» de conducta\, que parte de un cambio mental (ματάνοια) y que se traduce en las obras\, no a una «conversión» a Dios.\nAhora se refiere a la «dureza» (σκληρότης) del corazón «impenitente» (ἀμετανόητος)\, es decir\, a la testarudez de quien se resiste a cambiar de mentalidad y de obras. Pablo lo aterriza: esa obstinada mala conducta lo está llevando a la propia ruina (usa de nuevo el lenguaje arcaico de pecado-castigo) y –precisamente porque conoce a Dios– debe saber que el bien conduce a la vida y el mal a la muerte (cf. Dt 30\,15-20).\nHabla del «día de la cólera» (ἡμέρα ὀργῆς)\, es decir\, del aspecto disfórico del «día del Señor». En efecto\, el día del Señor\, o «día del Hijo del Hombre»\, tiene un aspecto eufórico\, que es la liberación y salvación para los que esperaron su venida\, y un aspecto disfórico\, que son las consecuencias que tiene el hecho de apoyarse en la riqueza\, el poder o cualquier otra realidad distinta del Señor. El «día de la cólera» se imagina y expresa en términos de castigo\, pero no es otra cosa que la decepción irreversible que le deja la injusticia a quien confió en ella. En este «día»\, Dios «pagará a cada uno según sus obras» (cf. Sal 62\,13). Esta alusión a las «obras» confirma que la «enmienda» se refiere a las actuaciones en relación con los demás a juicio de Dios: a quienes buscaron la gloria y el honor indeclinables obrando el bien\, les dará la vida eterna; a quienes se dejaron arrastrar por el egoísmo contra la verdad y hacia la injusticia\, les tocará en suerte un castigo implacable. Es cada uno quien decide su futuro (vv. 5-8).\nEl «conocimiento» de Dios no es un saber teórico –como una ventaja en la información que el creyente tendría sobre el no-creyente–\, es una experiencia del ser de Dios para que oriente la conducta de aquel a quien se le concedió ese conocimiento. Por tanto\, desde el punto de vista de las «obras»\, no hay diferencia alguna entre el judío y el pagano\, «porque Dios no tiene favoritismos». Con Ley o sin ella\, cada uno se atiene a su conducta. Porque no basta con solo escuchar la Ley para sentirse en paz con Dios\, hay que practicarla para recibir su aprobación. Anuncia «aflicción y angustia para todo ser humano que cometa lo malo» sea judío o griego; y «gloria\, honor y paz a todo el que practica el bien»\, judío o griego. Es importante señalar la especificación que hace en ambos casos: «en primer lugar al judío\, pero también al griego». Con ella indica que el conocimiento de Dios que tiene el judío lo hace más responsable de la conducta que adopte\, mala o buena\, porque Dios no hace acepción de personas (vv. 9-13: el leccionario omite desde v. 12).\nAdemás\, los paganos que\, aun sin conocer la Ley hacen espontáneamente lo que ella manda\, se constituyen así en Ley para sí mismos\, y muestran que el contenido de la Ley está escrito en ellos. Eso basta para el juicio de Dios que\, según el evangelio que Pablo anuncia\, se realiza por medio de Jesús\, el Mesías (vv. 14-16)\, es decir\, en función de su persona y su obra. \nEl juicio de Dios se realiza amando. Y Jesús es la expresión de ese amor. Puede ser que uno conozca explícitamente a Dios\, o que lo reconozca implícitamente dejándose guiar por una conciencia humana. La respuesta debe ser personal y\, por tanto\, nada garantiza de antemano la salvación ni condena por anticipado a la perdición.\nUna cosa es el análisis de la realidad\, la determinación de sus causas y sus tendencias\, de sus variables y de sus constantes; otra es la constatación de las consecuencias y de los influjos que ejerce ese orden sobre las personas; y otra es la asignación genérica de culpa. No se puede condenar en bloque a un colectivo humano\, porque son personas libres\, capaces de cambiar\, y sus decisiones son personales.\nTodo depende de la responsabilidad personal. Es decir\, que la respuesta de cada uno a la voz de Dios se da aproximándose al «Hijo del Hombre»\, Jesús\, en su calidad de Mesías (enviado de Dios al pueblo) para que el hombre haga el nuevo éxodo.\nEso lo podemos hacer en la eucaristía y así podremos comprobar que lo que importa no es pertenecer a un grupo o a otro sino dar la adhesión personal de fe a Jesús Mesías.\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Jueves de la XXVIII semana del Tiempo Ordinario. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (3\,21-30a): \nAhora\, la justicia de Dios\, atestiguada por la Ley y los profetas\, se ha manifestado independientemente de la Ley. Por la fe en Jesucristo viene la justicia de Dios a todos los que creen\, sin distinción alguna. Pues todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios\, y son justificados gratuitamente por su gracia\, mediante la redención de Cristo Jesús\, a quien Dios constituyó sacrificio de propiciación mediante la fe en su sangre. Así quería Dios demostrar que no fue injusto dejando impunes con su tolerancia los pecados del pasado; se proponía mostrar en nuestros días su justicia salvadora\, demostrándose a sí mismo justo y justificando al que apela a la fe en Jesús. Y ahora\, ¿dónde queda el orgullo? Queda eliminado. ¿En nombre de qué? ¿De las obras? No\, en nombre de la fe. Sostenemos\, pues\, que el hombre es justificado por la fe\, sin las obras de la Ley. ¿Acaso es Dios sólo de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles? Evidente que también de los gentiles\, si es verdad que no hay más que un Dios. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 129\,1-2.3-4.5 \nR/. Del Señor viene la misericordia\,\nla redención copiosa \nDesde lo hondo a ti grito\, Señor;\nSeñor\, escucha mi voz;\nestén tus oídos atentos\na la voz de mi súplica. R/. \nSi llevas cuenta de los delitos\, Señor\,\n¿quién podrá resistir?\nPero de ti procede el perdón\,\ny así infundes respeto. R/. \nMi alma espera en el Señor\,\nespera en su palabra;\nmi alma aguarda al Señor. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (11\,47-54): \nEn aquel tiempo\, dijo el Señor: «¡Ay de vosotros\, que edificáis mausoleos a los profetas\, después que vuestros padres los mataron! Así sois testigos de lo que hicieron vuestros padres\, y lo aprobáis; porque ellos los mataron\, y vosotros les edificáis sepulcros. Por algo dijo la sabiduría de Dios: “Les enviaré profetas y apóstoles; a algunos los perseguirán y matarán”; y así\, a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de los profetas derramada desde la creación del mundo; desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías\, que pereció entre el altar y el santuario. Sí\, os lo repito: se le pedirá cuenta a esta generación. ¡Ay de vosotros\, maestros de la Ley\, que os habéis quedado con la llave del saber; vosotros\, que no habéis entrado y habéis cerrado el paso a los que intentaban entrar!»\nAl salir de allí\, los escribas y fariseos empezaron a acosarlo y a tirarle de la lengua con muchas preguntas capciosas\, para cogerlo con sus propias palabras. \nPalabra de Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nJueves de la XXVIII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nIndependientemente de que se conozca o no la Ley\, el pecado priva de vida al ser humano. El juicio de Dios tendrá lugar «por medio del Mesías Jesús». Esto significa que lo que Dios va a tener en cuenta es la conformidad o disconformidad con el hombre Jesús\, y que lo hará –ciertamente– teniendo en cuenta el amor manifestado a través de él. Pero es necesario tener claro que para nada vale lo exterior si no corresponde a lo interior. Dios juzga por los hechos\, no por las apariencias. Tener la Ley y no atenerse a ella es una hipocresía que puede ocasionar un grave escándalo\, ya que –además de mostrar la incoherencia de los que dicen observarla– esa conducta desacredita el santo nombre de Dios entre las naciones. De hecho\, los judíos no gozaban de buena fama en el Imperio Romano. Lo que importa no es la circuncisión o la incircuncisión\, sino la rectitud personal. Un buen pagano puede ser juez de un mal judío. Esa condición de «judío» o de «circunciso» es interior\, no exterior (cf. Rm 2\,12-29).\nA la pregunta ¿de qué sirve ser judío? Responde: «de mucho»\, porque son depositarios de las promesas; pero si el judío no corresponde a ese don\, Dios permanece fiel a sí mismo\, pero no gracias a la infidelidad del judío\, sino a la fidelidad de Dios. Así que\, en el fondo\, responde: «de nada»\, porque tanto judíos como paganos son igualmente pecadores. Si Dios demuestra paciencia\, es para dar cabida a la enmienda\, respetando la libertad humana. Dada la falta de respuesta de los judíos\, la Ley quedó reducida a acusarlos de pecado (cf. Rm 3\,1-20).\n\nRom 3\,21-30a.\nHa quedado claro que tanto judíos como paganos –es decir\, la humanidad entera– están en la misma situación de muerte y son incapaces de salvarse (darse vida) a sí mismos.\nEntonces Dios proclama una «amnistía» (δικαιοσύνη). Este término tiene dos sentidos:\n• Uno ético\, denota lo que es «recto»\, «honrado»\, y\n• El otro forense\, denota al que es «inocente»\, «justo».\nEl ser humano\, siendo reo de muerte a causa de su pecado (por tanto\, culpable) es gratuita y soberanamente rehabilitado por el amor de Dios. En este caso\, lo que Dios proclama significa «amnistía» o «indulto»\, y es una determinación libre de Dios\, por encima de la Ley\, para salvar a la humanidad\, condenada a muerte por sus propias obras. Pero\, al mismo tiempo\, él otorga una amnistía «avalada por la Ley y los profetas»; es decir\, la concede por encima de la Ley\, pero no en contra de la misma. Esa es la buena noticia: la Ley\, por la cual la humanidad ha resultado condenada a muerte\, no limita la voluntad salvadora de Dios.\nY Dios otorga dicha amnistía a quienes aceptan a Jesús como enviado suyo y se adhieren a él\, se comprometen con su obra y guardan fielmente su mensaje. A todos sin distinción\, pues «todos pecaron». El «pecado» («impiedad e injusticia»: cf. 1\,18) despoja al ser humano de la presencia liberadora y salvadora de Dios (su «gloria»: cf. Exo 40\,34-35; 1Rey 8\,11). La «gloria» designa tanto el esplendor como la santidad de Dios que manifiesta (esplende) su presencia y se da y comunica así con el pueblo (lo santifica). El pecado privó a Israel de la presencia de Dios (cf. Eze 10\,18-19; 11\,22-23)\, pero esa misma presencia («gloria») regresaría en la época del Mesías (cf. Eze 43\,1-9)y sería una característica de la nueva comunidad\, santa y purificada (Isa 60\,1). La única forma de «salvar» (dar vida) al ser humano es la salida que Dios propone.\nEl apóstol presenta esta acción soberana del rey-Padre usando tres metáforas (vv. 24.25):\n• Forense: «amnistía» (δικαιοσύνη)\, rehabilitación de todos. Dios «no se acuerda» del pecado de la humanidad\, lo echa en el olvido\, y le da al ser humano una vida nueva.\n• Social: «rescate» (ἀπολύτρωσις)\, liberación de la esclavitud. Dios realiza un nuevo éxodo\, ya no local\, pero sí liberando al ser humano de la esclavitud para una nueva libertad.\n• Religiosa: «expiación» (ἱλαστήριον) de los pecados. Por la entrega de sí mismo («sangre»)\, el Mesías otorga el perdón de Dios al hacer al hombre capaz de entregarse a sí mismo.\nLa paciente tolerancia de Dios se justifica porque esa demostración de rectitud de su parte deja claro que él sí es justo\, aunque su tolerancia hubiera dejado impunes los pecados de la humanidad en pasado\, y que rehabilita de forma gratuita a quien alega su fe en Jesús.\nEn consecuencia:\n• Se acaba el orgullo de los observantes de la Ley. Pablo descarta por completo las «obras de la Ley» (es decir\, su observancia) para beneficiarse de esta amnistía. Obsérvese que aquí este término\, «obras»\, tiene un sentido restringido\, distinto de las «obras» justas (2\,6-7; 13\,3)\, o de las «obras» de las tinieblas (13\,12)\, o de la «obra» de Dios (14\,20).\n• La rehabilitación sólo se da porque su amor la hace posible. Al no depender de la sumisión a la Ley\, el rescate de la humanidad depende exclusivamente del amor universal de Dios\, que no lo es solamente de los judíos\, sino de todas las naciones\, ya que él es el único Dios\, y no hay otro a quien la humanidad pueda acudir en busca de salvación.\n• El ser humano no es objeto pasivo; debe dar su adhesión a Jesús. La gratuidad de este don no reduce al ser humano a una actitud indiferente\, como si su salvación o perdición fueran algo que Dios decide arbitrariamente. Lo que el apóstol afirma es que\, ante la imposibilidad de la salvación por obra humana\, Dios la ofrece gratis a todos.\n• Así manifiesta Dios que él es Dios de todas las naciones. Si todos los seres humanos eran pecadores\, y el amor de Dios es universal\, era claro que su amor quisiera rehabilitar a todos los hombres\, «a los circuncisos en virtud de la fe\, y a los no circuncisos también por la fe». De esta forma la fe es oportunidad de salvación para todos.\nDe manera que la Ley\, en cuanto era código de conducta\, quedó superada\, pero en cuanto promesa de salvación queda convalidada: ya se cumplió lo que ella prometía.\n\nLa religión\, basada en el temor y en la incertidumbre de agradar a Dios\, queda superada por la fe\, que permite experimentar el amor universal\, gratuito y fiel del Padre\, y el don gozoso de su Espíritu. Los «mandamientos» de la Ley\, exigencias exteriores que pretendían expresar la alianza del hombre con Dios mediante una vida de rectitud y una convivencia respetuosa\, quedan ahora superados por el impulso interior del Espíritu en el corazón del creyente.\nLa fe\, en cuanto adhesión a la persona de Jesús\, empeño con su obra y fidelidad a su mensaje\, implica el hecho de fiarse de Jesús\, asumir como propia su misión y encarnar su palabra para ser su testigo personal con la fuerza interior de su Espíritu Santo.\nTodo esto es gratuito y brinda seguridad y confianza para crecer ilimitadamente como hijos de Dios. Así podemos celebrar la eucaristía para aprender a darnos a los otros como el Señor se nos da a nosotros.\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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SUMMARY:18 de octubre. Fiesta de San Lucas\, evangelista
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (4\,9-17a): \nDimas me ha dejado\, enamorado de este mundo presente\, y se ha marchado a Tesalónica; Crescente se ha ido a Galacia; Tito\, a Dalmacia; sólo Lucas está conmigo. Coge a Marcos y tráetelo contigo\, ayuda bien en la tarea. A Tíquico lo he mandado a Éfeso. El abrigo que me dejé en Troas\, en casa de Carpo\, tráetelo al venir\, y los libros también\, sobre todo los de pergamino. Alejandro\, el metalúrgico\, se ha portado muy mal conmigo; el Señor le pagará lo que ha hecho. Ten cuidado con él también tú\, porque se opuso violentamente a mis palabras. La primera vez que me defendí\, todos me abandonaron\, y nadie me asistió. Que Dios los perdone. Pero el Señor me ayudó y me dio salud para anunciar íntegro el mensaje\, de modo que lo oyeran los gentiles. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 144\,10-11.12-13ab.17-18 \nR/. Que tus fieles\, Señor\, proclamen la gloria de tu reinado \nQue todas tus criaturas te den gracias\, Señor\,\nque te bendigan tus fieles;\nque proclamen la gloria de tu reinado\,\nque hablen de tus hazañas. R/. \nExplicando tus hazañas a los hombres\,\nla gloria y majestad de tu reinado.\nTu reinado es un reinado perpetuo\,\ntu gobierno va de edad en edad. R/. \nEl Señor es justo en todos sus caminos\,\nes bondadoso en todas sus acciones;\ncerca está el Señor de los que lo invocan\,\nde los que lo invocan sinceramente. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (10\,1-9): \nEn aquel tiempo\, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante\, de dos en dos\, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.\nY les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad\, pues\, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega\, ni alforja\, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa\, decid primero: “Paz a esta casa.” Y si allí hay gente de paz\, descansará sobre ellos vuestra paz; si no\, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa\, comed y bebed de lo que tengan\, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien\, comed lo que os pongan\, curad a los enfermos que haya\, y decid: “Está cerca de vosotros el reino de Dios.”» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\n18 de octubre.\nFiesta de san Lucas\, evangelista. \nDesde el siglo II se identificó a Lucas con «el querido médico» (Col 4\,14)\, que sería uno de los colaboradores de Pablo (cf. Fm 23)\, pero esto no resulta tan claro\, dada la diferencia de la figura y la enseñanza de Pablo que aparece en Hch y la que se colige de las cartas del mismo Pablo. De sus escritos se deduce que Lucas es muy crítico con respecto de las autoridades judías\, pese a que su doble obra está dirigida a un Teófilo\, que algunos historiadores identifican con el tercer hijo de Anás\, sumo sacerdote\, que fue depuesto por Herodes Agripa.\nSegún ellos\, Lucas sería helenista de raza judía\, natural de Antioquía\, primero observador y luego seguidor temprano del movimiento de Jesús\, instruido en la comunidad de Marcos. Sus escritos tienen un marcado acento ético y comunitario\, muy sensible al sufrimiento de los pobres y los afligidos. Da gran importancia a la oración\, y afirma con fuerza la misericordia de Dios. Él pone de relieve las figuras femeninas; a menudo yuxtapone una figura masculina y una femenina. El discípulo de Jesús ama a su prójimo haciéndose prójimo por el servicio desinteresado\, amor y servicio que le permiten entablar con Dios la nueva relación de «hijo»\, no de súbdito. \n1. Primera lectura (2Tm 4\,9-17a).\nEs el final de esta carta. El remitente hace encargos intercalados con informaciones que le da al destinatario respecto de la misión que viene realizando. El fragmento que hoy se lee forma parte de la conclusión\, cuya temática puede organizarse así:\n1. Encargos (v. 9.11b.13.19-22)\n2. Informaciones (vv. 10.11a.12.14-18).\n3. Despedida (v. 23). \n• Encargos. El primero consiste en urgir al destinatario para que venga a su encuentro antes del invierno\, que parece estar próximo. Por eso le pide traerle un abrigo que había dejado en Tróade junto con unos libros y unos cuadernos. También le pide que se traiga consigo a Marcos\, porque lo necesita para la misión. Y le encarga transmitir sus saludos a algunos creyentes («hermanos»). La impresión que dejan estos encargos es que el remitente se encuentra casi solo y en escasez de recursos. Los encargos\, como es evidente\, giran en torno a la fraternidad que une al remitente y al destinatario. El primero aparece como un misionero que enfrenta privaciones.\n• Informaciones. Ha habido algunas deserciones: Dimas (Col 4\,14; Fm 24)\, seducido por «el mundo»\, lo abandonó; también Alejandro\, el broncista (cf. 1Tim 1\,20)\, lo ha perjudicado mucho; en su primera comparecencia se quedó sin apoyo. Pero el Señor ha estado con él dándole fuerzas para ser su testigo para proclamar el mensaje\, de modo que los paganos lo escucharan\, y lo libró de la pena capital. Él confía en la ayuda del Señor y espera en la gloria futura. También hay buen trabajo misionero: algunos se fueron por su propio impulso a diferentes lugares\, pero él envió a Fortunato a Éfeso\, en tanto que Erasto se había quedado en Corinto. En el momento\, solo Lucas lo está acompañando. Lo más importante de estas informaciones es que su comparecencia ante las autoridades le ha servido de ocasión para dar a conocer el mensaje\, más que para defenderse. Además de las deserciones\, se destaca el vivo impulso misionero; si unos se dejan absorber por «este mundo» y otros por su propia perfidia\, los otros permanecen fieles al Señor.\nLucas aparece como el único compañero con el que Pablo cuenta en medio de las luchas que debe librar y de la ausencia de los amigos y la traición de los desertores. \n2. Evangelio (Lc 10\,1-9).\nLa apertura que se dio en Antioquía al mundo pagano\, de la cual Lucas fue testigo y beneficiario\, tuvo su precedente en la creación que Jesús había hecho de otro grupo de seguidores\, estos de origen samaritano. La buena noticia se mostró atractiva entre los «heterodoxos» samaritanos. Lo que después sucedió en Antioquía fue un eco de lo que Jesús hizo en Samaría.\nEl número de estos seguidores fue de 70\, según una tradición; de 72\, según otra. Ambas cifras son simbólicas y significan lo mismo: la apertura universal del mensaje a la humanidad. Según la tradición judía\, 70 era el número de todas las naciones de la tierra (los «paganos»); esto es lo que significa esa cifra: un grupo de discípulos de entre todas las naciones y para ellas. Por otro lado\, 72 es 12×6\, en donde el multiplicador (6) es indicio de una enumeración incompleta; el número completo sería 12×6 + 12\, es decir\, 12×7: los de origen pagano (12×6=72) más los de origen judío (12); esto significa que la universalidad no excluye\, sino que incluye a Israel. En el fondo\, ambas cifras hablan de la misma realidad\, cada una con un acento propio.\nLos seguidores (discípulos) de Jesús\, son precursores (misioneros) suyos\, avanzada de testimonio comunitario en igualdad («de dos en dos»). Para cumplir la misión\, el primer requisito es ponerse a disposición de Dios («ruéguenle al dueño de la mies»). Es una misión a contracorriente: en un mundo de violencia\, dar testimonio de mansedumbre en un mundo de inhumanos antagonismos («como corderos entre lobos»). En donde el dinero es el máximo valor\, ellos darán testimonio de pobreza (confianza\, desapego y generosidad); como la misión es asunto de vida o muerte\, no hay tiempo que perder en formalidades dilatorias (cf. 2Rey 4\,29); la actitud habrá de ser siempre de paz\, incluso si hubiere rechazo; deben valorar y agradecer la acogida\, sin exigir nada. En este caso\, no hay que poner barreras culturales\, hay que «curar» a todos los excluidos de esa sociedad anunciando la buena noticia del reinado de Dios. \nLa doble obra de Lucas nos muestra el talante de su fe\, basada en su experiencia de «la entrañable misericordia de nuestro Dios» (Lc 1\,78) que\, por medio de Jesús y sus discípulos\, se hace «luz de revelación para las naciones» (Lc 2\,32; Hch 13\,47). Un creyente así es «seguidor» y «precursor»\, discípulo y testigo ante propios y extraños. Lucas es evangelista porque es creyente. No es un predicador de oficio\, sino testigo viviente de la buena noticia. Él anuncia lo que Dios ha hecho en él y en otros con los cuales él ha compartido la fe en el Señor Jesús Mesías.\nEl llamado es misionero\, el evangelizado es evangelizador\, el discípulo es testigo. La autenticidad del cristiano se verifica en su reacción después de experimentar el amor misericordioso del Padre por medio de Jesús. El Espíritu que recibe por darle su adhesión al Señor lo levanta y lo impulsa a anunciar «a toda prisa» la buena noticia\, como le ocurrió a María (cf. Lc 1\,39)\, y como también sucedió con Lucas.\nEl encuentro con el Señor resucitado en la cena eucarística es un potente impulso espontáneo al creyente para el testimonio y la misión. No puede ser de otro modo.\nFeliz fiesta.
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SUMMARY:Sábado de la XXVIII semana del Tiempo Ordinario. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (4\,13.16-18): \nNo fue la observancia de la Ley\, sino la justificación obtenida por la fe\, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso\, como todo depende de la fe\, todo es gracia; así la promesa está asegurada para toda la descendencia\, no solamente para la descendencia legal\, sino también para la que nace de la e de Abrahán\, que es padre de todos nosotros. Así\, dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos.» Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe\, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza\, creyó\, contra toda esperanza\, que llegaría a ser padre de muchas naciones\, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 104\,6-7.8-9.42-43 \nR/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente \n¡Estirpe de Abrahán\, su siervo;\nhijos de Jacob\, su elegido!\nEl Señor es nuestro Dios\,\nél gobierna toda la tierra. R/. \nSe acuerda de su alianza eternamente\,\nde la palabra dada\, por mil generaciones;\nde la alianza sellada con Abrahán\,\ndel juramento hecho a Isaac. R/. \nPorque se acordaba de la palabra sagrada\nqué había dado a su siervo Abrahán\,\nsacó a su pueblo con alegría\,\na sus escogidos con gritos de triunfo. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (12\,8-12): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos: «Si uno se pone de mi parte ante los hombres\, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Y si uno me reniega ante los hombres\, lo renegarán a él ante los ángeles de Dios. Al que hable contra el Hijo del hombre se le podrá perdonar\, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará. Cuando os conduzcan a la sinagoga\, ante los magistrados y las autoridades\, no os preocupéis de lo que vais a decir\, o de cómo os vais a defender. Porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nSábado de la XXVIII semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nLa afirmación de que la Ley ha perdido vigencia pone en crisis al judío devoto. Eso nos dice Lucas\, por ejemplo\, cuando Jesús resucitado les interpreta las Escrituras a los discípulos y los pone «en ascuas» (Lc 24\,32): el viejo orden se les viene abajo y ellos sienten que se quedan sin piso. Pablo vivió esa crisis y es consciente de lo que sus afirmaciones provocan en todos sus interlocutores judíos. Por eso pone sumo cuidado en su argumentación y se remonta a la primera época de la revelación\, a la época de los patriarcas\, cuando todavía no existían ni la circuncisión ni la Ley\, pero ya se había dado la promesa de Dios. La promesa es la clave\, pues ella antecede a todo esfuerzo humano\, a toda búsqueda religiosa; es la iniciativa gratuita por parte de Dios\, no reacción suya ante iniciativa alguna por parte del hombre.\nAl independizar la promesa tanto de la circuncisión como de la Ley\, Pablo despeja el camino de la promesa hacia toda la humanidad; los «incircuncisos» y los «sin Ley» también pueden ser destinatarios de la promesa divina.\n\nRom 4\,13.16-18.\nSi el cumplimiento de la promesa dependiera del cumplimiento de la Ley (que nadie cumplía ni podía cumplir)\, dicha promesa sería irrealizable. Pablo lo afirma con meridiana claridad\, y hace una precisión: «la promesa hecha a Abraham y a su descendencia\, de que su herencia sería el mundo\, no suponía la observancia de la Ley\, sino la rehabilitación obtenida por la fe». Más que «la tierra (prometida)»\, la promesa hecha a Abraham era la de heredar el mundo\, expresión de un sentido más amplio que la contenida en «la tierra». Dado que una sola nación no podía llenar «el mundo»\, la promesa se extiende a todas ellas\, que efectivamente llenan «el mundo». Esto deja sin piso la lucha por el territorio y la justificación de la misma por razones religiosas. Por otro lado\, si la herencia dependiera de la observancia\, la fe se tornaría vacía\, y la promesa quedaría anulada\, dado que la Ley transgredida solo produce reprobación de parte de Dios\, en tanto que\, si no hay Ley\, ya no hay transgresión posible y\, por tanto\, tampoco la reprobación resultante de la transgresión. Según el concepto que Pablo expone de la historia de la salvación\, la herencia se recibe por la fe en virtud de la promesa; la Ley vine más tarde (cf. Gal 3\,17)\, y ella\, al denunciar la transgresión\, desenmascara el pecado\, que es objeto de la reprobación por parte de Dios (vv. 13-15. El leccionario omite los vv. 14-15).\nPor eso\, porque Dios quiere que se cumpla la promesa\, ella no está sujeta al mérito (o sea\, al cumplimiento de la Ley) sino a la fe en Dios\, que es fiel y cumple lo que promete (o sea\, es gratuita): así la promesa es firmemente asegurada para todos los descendientes de Abraham\, los sujetos a la Ley y los que solo viven la fe de Abraham. Y así se cumple la promesa de que Abraham será padre de todos los pueblos. El concepto de «padre» aquí no es biológico sino existencial: hijo es aquel que imita a su padre.\nLos paganos son descendientes de Abraham porque imitan su fe. Dios le hizo una promesa que se veía humanamente irrealizable: «Te he destinado a ser padre de todos los pueblos» (Gen 17\,5). Abraham dio fe a tal promesa. La fe se expresa aquí en términos de una confianza absoluta en la persona («se fio de Dios»)\, de aceptación de su palabra («le dio crédito a Dios») y de asentimiento a lo que él le proponía («aceptó su designio»). La fe a la que se refiere Pablo aquí supone la que Abraham demostró cuando el Señor lo llamó a salir de Ur de Caldea en dirección a una tierra que después le mostraría (cf. Gen 12\,1-3)\, y es como un desarrollo de la misma. Esto muestra –de paso– que la concepción que Pablo presenta de la fe es dinámica\, no se trata de una realidad estática ni esclerótica. Por eso\, esa fe es una realidad abierta a toda la humanidad\, y Abraham resulta ser su destacado prototipo.\nDios da vida a los muertos\, y es creador de lo que no existe\, es decir\, goza de libertad soberana y no está determinado por ley alguna. Llama la atención que la primera afirmación («da vida a los muertos») se refiere a lo que en apariencia resulta más fácil; en efecto\, al dar vida a los muertos\, Dios parte de una realidad ya existente (un cadáver)\, en tanto que\, al crear «lo que no existe»\, no hay materia prima que sirva de punto de partida. Si Dios es creador de novedad\, la vida del ser humano y su historia son realidades siempre abiertas\, nunca caminos cerrados. Por eso\, ni su sexualidad agotada (Abraham tenía 100 años) ni la esterilidad de Sara fueron razones suficientes para que él dudara de que Dios cumpliría esa promesa. Esperar cuando humanamente no había esperanza alguna es lo que lo constituye modelo de fe y «padre» de todos los pueblos. Abraham se presenta como modelo de creyentes\, y los «hijos» de Abraham van a ser\, pues\, los que lo imiten en su opción de fe. Y esta opción de fe se fundará siempre en la confianza en Dios\, en el crédito dado a su palabra y en la disposición a escucharlo.\n\nSegún la tradición rabínica\, Dios le prometió a Abraham un descendiente\, una multitud y las familias del mundo. Esa es la forma como esa tradición registra la evolución de la promesa\, o\, mejor\, la evolución de la comprensión de la promesa.\nLa Ley religiosa\, las leyes civiles e incluso las leyes naturales no son condición para que se cumpla la promesa de Dios. Esa promesa es la vida en plenitud\, que ya comienza a disfrutar el que se adhiere a Jesús y\, por eso\, recibe el Espíritu Santo. Promesa que se cumple a pesar de la enfermedad y del natural desenlace de la muerte. Así como la muerte del Mesías no fue un fracaso\, sino que a través de ella Dios cumplió su promesa\, así la enfermedad\, incluso si condujera al desenlace fatal\, no sería enfermedad «para muerte» (cf. Jn 11\,4).\nEsto es importante subrayarlo porque muchos se dejan confundir pensando que la promesa de Dios es –por ejemplo– la salud\, y no la vida\, y cuando alguien enferma y\, a pesar de las oraciones no se recupera\, sino que muere\, muchos se sienten decepcionados de Dios\, flaquea su fe y hasta se resienten con él.\nJesús nos lleva al Padre (el Dios de la vida)\, no a Asclepio (o Esculapio\, dios griego de la medicina y la salud)\, y nos ofrece la palabra de vida y el pan de vida. Él nos garantiza que quien guarde su palabra o coma su carne vivirá para siempre\, no importa si en esta existencia terrena tuvo buena o mala salud.\nFeliz sábado en compañía de María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:XXIX Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro del Éxodo (17\,8-13): \nEn aquellos días\, Amalec vino y atacó a Israel en Refidín. Moises dijo a Josue:\n«Escoge unos cuantos hombres\, haz una salida y ataca a Amalec. Mañana yo estaré en pie en la cima del monte\, con el bastón de Dios en la mano».\nHizo Josué lo que le decía Moisés\, y atacó a Amalec; entretanto\, Moisés\, Aarón y Jur subían a la cima del monte.\nMientras Moisés tenía en alto las manos\, vencía Israel; mientras las tenía bajadas\, vencía Amalec. Y\, como le pesaban los brazos\, sus compañeros tomaron una piedra y se la pusieron debajo\, para que se sentase; mientras\, Aarón y Jur le sostenían los brazos\, uno a cada lado.\nAsí resistieron en alto sus brazos hasta la puesta del sol. Josué derrotó a Amalec y a su pueblo\, a filo de espada. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 120\,1-2.3-4.5-6.7-8 \nR/. Nuestro auxilio es el nombre del Señor\,\nque hizo el cielo y la tierra. \nV/. Levanto mis ojos a los montes:\n¿de dónde me vendrá el auxilio?\nEl auxilio me viene del Señor\,\nque hizo el cielo y la tierra. R/. \nV/. No permitirá que resbale tu pie\,\ntu guardián no duerme;\nno duerme ni reposa\nel guardián de Israel. R/. \nV/. El Señor te guarda a su sombra\,\nestá a tu derecha;\nde día el sol no te hará daño\,\nni la luna de noche. R/. \nV/. El Señor te guarda de todo mal\,\nél guarda tu alma;\nel Señor guarda tus entradas y salidas\,\nahora y por siempre. R/. \n\n\n\nSegunda lectura\n\nLectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (3\,14–4\,2): \nQUERIDO hermano:\nPermanece en lo que aprendiste y creíste\, consciente de quiénes lo aprendiste\, y que desde niño conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús.\nToda Escritura es inspirada por Dios y además útil para enseñar\, para argüir\, para corregir\, para educar en la justicia\, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para toda obra buena.\nTe conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús\, que ha de juzgar a vivos y a muertos\, por su manifestación y por su reino:\nproclama la palabra\, insiste a tiempo y a destiempo\, arguye\, reprocha\, exhorta con toda magnanimidad y doctrina. \nPalabra de Dios \n\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (18\,1-8): \nEn aquel tiempo\, Jesús decía a sus discípulos una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre\, sin desfallecer.\n«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.\nEn aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle:\n“Hazme justicia frente a mi adversario”.\nPor algún tiempo se estuvo negando\, pero después se dijo a sí mismo:\n“Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres\, como esta viuda me está molestando\, le voy a hacer justicia\, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”».\nY el Señor añadió:\n«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios\, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero\, cuando venga el Hijo del hombre\, ¿encontrará esta fe en la tierra?». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nXXIX Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.\n\nEl evangelista indica que el propósito de Jesús al referir esta parábola es «explicarles por qué hay que orar siempre y no desanimarse». Por eso\, es necesario aclarar primero a quiénes dirige él la parábola y qué entiende él por oración.\n1. Los destinatarios. Jesús se dirige a sus discípulos de origen judío\, les muestra que su adversario es la institución judía –«la morera esa»–\, que\, con todos sus recursos\, se resiste a la llegada del reinado de Dios y tenazmente se opone la construcción de su reino.\n2. La oración. La oración es sintonía con Dios por medio del Espíritu de Jesús; ella expresa el amor de identificación con Jesús y el amor de entrega a los demás\, como Jesús. Entraña la unión con Jesús y con el Padre\, y la solicitud por el bien de la humanidad.\n\nLc 18\,1-8.\nAdemás de Dios\, los actores de la parábola son dos: la viuda\, que representa el pueblo al que se le niega la justicia\, y el juez injusto\, que representa la institución religiosa vigente\, enemiga de ese pueblo pobre y desvalido. La parábola describe los personajes y sus respectivas actitudes\, y luego sus interacciones y las consecuencias que de ellas se derivan. Por último\, la lección de Jesús.\n1. Los personajes.\nEl juez es descrito como un personaje inescrupuloso\, sin respeto alguno por Dios o por la gente\, en contaste con las parteras de Egipto\, que respetaban a Dios y la vida humana (cf. Exo 1\,17). Este juez encarna un sistema social que sistemáticamente le niega justicia a la población pobre\, excluida y desamparada\, sin consideración alguna por las exigencias de la alianza con el Señor\, y sin compasión con su propia gente. Es un juez injusto: una contradicción.\nLa sola designación de «viuda» bastaría para describir a su antagonista. En la sociedad de la época\, la mujer carecía de visibilidad social a menos que la respaldara un hombre: padre\, marido o hijo. Esta viuda aparece sola y vulnerada en sus derechos. Pero su pobreza\, el hecho de ser excluida\, y su desamparo contrastan con su determinación. La fuerza moral que deriva de la justeza de su causa la hace perseverar firme en su propósito.\nLa actitud de la viuda se convierte en modelo de oración. Ella no considera a Dios responsable de su situación\, tiene claro que su adversario es la institución injusta representada por el juez. Su petición es un reclamo de justicia dirigido a la institución indiferente ante la injusticia. El Señor es la fuerza que la anima\, porque él es justo y ama la justicia y el derecho (cf. Sal 11\,7; 33\,5). Por eso\, ella insiste en reclamar justicia\, porque el Señor la sostiene.\n2. Las interacciones.\nAunque el juez es la figura de poder\, y la viuda es la figura frágil\, la debilidad vence la resistencia del poder. El juez\, aunque reconoce su corrupción\, decide hacerle justicia a la viuda porque sabe que seguirá presionando hasta cuando logre su propósito.\nEste es el asunto clave de la semejanza con la oración: la voluntad de persistir hasta alcanzar la justicia que se reclama\, apoyándose en la sintonía de propósito con Dios.\nUna traducción demasiado literal del versículo 5 conduce a suponer que la viuda va a hacer uso de la violencia y que el juez actúa por temor a eso. Narrativamente\, esa violencia no es congruente con el personaje ni con lo que representa; tampoco lo es el temor con respecto del juez\, o de lo que él representa; y mucho más impensable es que aparezca como recurso válido en una parábola de Jesús\, que siempre rechaza la violencia. El verbo griego que usa aquí el evangelista (ὑποπιάζω o ὑποπιέζω) –traducido «abofetear»\, «dar una paliza»– tiene el sentido de «apretar» (πιάζω o πιέζω) levemente\, con «baja» (ὑπο) intensidad. En este contexto\, equivale a un recurso de presión social al alcance de los desvalidos representados por la viuda\, no a una acción violenta.\n3. La lección.\nJesús llama la atención sobre la decisión del juez injusto\, no para proponerlo como modelo\, sino para hacer ver que el poder aparentemente imbatible no puede resistirse indefinidamente al ansia insobornable de justicia que Dios plantó en el corazón humano. Con mayor razón –dice él– los israelitas\, «elegidos» de Dios\, pueden esperar que él les haga justicia y escuche sus gritos como escuchó los de sus antepasados\, oprimidos en Egipto (cf. Exo 1\,23-25). Dios nunca se amoldará a los regímenes injustos; de eso sí pueden estar seguros.\nLos discípulos suponen que la institución que los oprime es «sagrada» y que expresa la voluntad de Dios. Consideran que su enemigo es el Imperio Romano\, que ocupa su territorio y los somete a depender de un país «pagano». Por eso\, se imaginan que es deber suyo venerar esa institución y someterse a ella. Lo que Jesús les da a entender es que ninguna persona o institución injusta es representante de Dios\, y que es lícito pedir que se desenmascare y se acabe esa injusticia.\nPero hay un inconveniente. Los discípulos israelitas no se han desvinculado de «la morera esa». Así que\, «cuando llegue el Hijo del Hombre»\, es decir\, cuando caiga ese régimen opresor\, cuando se desplome la institución injusta bajo el peso de su propia iniquidad\, los discípulos carecerán de «esa fe»\, porque no han arrancado «la morera esa» de sus vidas\, y es probable que se sientan en el deber de defenderla (cf. Lc 17\,26-32; 21\,20).\n\nLa experiencia del amor de Dios nos da la certeza de que él es justo y ama la justicia\, y\, por esto mismo\, sentimos que él valora la dignidad humana y se opone al atropello de las personas. Puede resultar extraño que haya personas –religiosas\, a menudo– que piensen que Dios es indiferente ante la injusticia\, pero eso se debe a que que esas personas desconocen el amor de Dios y no tienen experiencia de la oración cristiana.\nEsta oración tiene una doble importancia para los oprimidos por los poderes despóticos:\n1. Les infunde la certeza de que Dios es su aliado en las causas justas. Dios escucha los gritos de los oprimidos y no les da largas\, es decir\, inmediatamente acude en su socorro y les hace sentir su amor\, su respaldo y su reprobación del sistema injusto.\n2. Los sostiene\, anima y acompaña en sus justas reclamaciones. Cuanto mayor sea la insistencia de las víctimas\, tanto más debilitan la resistencia del poder opresor. La oración se convierte en la energía que los mueve a pedir la caída de ese régimen.\nLa fuerza de dicha oración es la fe\, es decir\, la adhesión firme a Jesús y el desapego de todo lo que aparta del camino del Señor. Esa fe es la que provoca y sostiene ese insobornable deseo de justicia que no se desanima por grande que sea la injusticia.\nCada domingo nos congregamos en asambleas para celebrar el triunfo del Señor resucitado y el fracaso del sistema de poder que lo condenó a morir en la cruz. Y necesitamos preguntarnos si nos reunimos con «esa fe»\, unidos a él\, o integrados al sistema injusto\, es decir\, sin «esa fe».\nFeliz día del Señor.
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SUMMARY:Lunes de la XXIX semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (4\,20-25): \nAnte la promesa de Dios Abrahán no fue incrédulo\, sino que se hizo fuerte en la fe\, dando con ello gloria a Dios\, al persuadirse de que Dios es capaz de hacer lo que promete\, por lo cual le valió la justificación. Y no sólo por él está escrito: «Le valió»\, sino también por nosotros\, a quienes nos valdrá si creemos en el que resucitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús\, que fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nLc 1\,69-70.71-72.73-75 \nR/. Bendito sea el Señor\, Dios de Israel\,\nporque ha visitado a su pueblo \nNos ha suscitado una fuerza de salvación\nen la casa de David\, su siervo\,\nsegún lo había predicho desde antiguo\npor boca de sus santos profetas. R/. \nEs la salvación que nos libra de nuestros enemigos\ny de la mano de todos los que nos odian;\nrealizando la misericordia que tuvo con nuestros padres\,\nrecordando su santa alianza\ny el juramento que juró a nuestro padre Abrahán. R/. \nPara concedernos que\, libres de temor\,\narrancados de la mano de los enemigos\,\nle sirvamos con santidad y justicia\,\nen su presencia\, todos nuestros días. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (12\,13-21): \nEn aquel tiempo\, dijo uno del público a Jesús: «Maestro\, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.»\nÉl le contestó: «Hombre\, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?»\nY dijo a la gente: «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues\, aunque uno ande sobrado\, su vida no depende de sus bienes.»\nY les propuso una parábola: «Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: “¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha.” Y se dijo: “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes\, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre\, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate\, come\, bebe y date buena vida.” Pero Dios le dijo: “Necio\, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado\, ¿de quién será?” Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\nLunes de la XXIX semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nLa paternidad espiritual de Abraham tiene como consecuencia el hecho de que sus «hijos»\, o sea\, los que imitan su fe\, también son rehabilitados por la misma causa y del mismo modo que él. La fe del patriarca se manifiesta en su invencible confianza en Dios; no vaciló un solo momento. La evidencia física y biológica no mostraban como razonable dicha promesa\, ni como realizable una esperanza fundada en ella. No obstante\, Abraham decidió creerle a Dios y esperar cuando\, humanamente\, no había argumentos favorables para esa esperanza.\nLa fe aparece así en tres aspectos complementarios:\na). Confiar en Dios\, es decir\, darle crédito\, apoyarse personalmente en él como en un amigo. Esta confianza entraña la actitud de respuesta favorable a su propuesta de amistad (alianza).\nb) Fiarse de Dios\, es decir\, dar pleno crédito a sus buenas intenciones. Dios es fiable porque es leal y no manifiesta interés alguno\, sino total generosidad; ofrece a cambio de nada.\nc) Admitir que Dios es veraz y capaz\, es decir\, que promete algo cierto y que puede cumplirlo. Abraham reconoce la capacidad de Dios\, y en ella se apoya para admitir su veracidad.\nLa fe de Abraham no se refiere\, pues\, a la «existencia» de Dios\, sino a Dios mismo.Rom 4\,19b-25.\nLa promesa de Dios consiste en el don de la vida en condiciones humanamente imposibles. Es decir\, lo que Dios promete es imposible para Abraham\, está fuera de su alcance\, pero él no generaliza su incapacidad\, se abre a otra posibilidad\, la de que lo que es imposible para él sea posible para Dios. Ante esa imposibilidad aparente\, la reacción del patriarca consiste en:\n• Fiarse plenamente de Dios\, «la incredulidad no lo hizo vacilar» (μὴ ἀσθενήσας τῇ πίστει: no se debilitó en la fe); al comparar la promesa de Dios con sus propias posibilidades\, se reforzó.\n• Reconocer la fidelidad de Dios. El semitismo «dar gloria a Dios» significa «darle la razón a Dios»\, o «reconocer que Dios dice la verdad»\, o «reconocer que Dios tiene la razón».\n• Aceptar que Dios es capaz de cumplir lo que promete. No se trata aquí del «poder» de Dios\, sino de su fuerza de vida (δυνατός ἐστιν)\, esta es tal\, que la promesa no le queda grande.\nPrecisamente\, gracias a esa fe-confianza absoluta Dios lo «rehabilitó»\, es decir\, lo hizo justo\, o apto a sus ojos para heredar la vida. Dios anuló su pasado de idolatría y de pecado (cf. Rm 1\,19: «impiedad e injusticia»)\, de cuando vivía en Ur de Caldea. Y lo hizo únicamente por la fe del patriarca. Todavía no existía la Ley. La fe consiste en una apertura confiada a Dios que permite su actuación\, es decir\, su autocomunicación para transmitir su propia vida. Esta vida es el Espíritu –santo y santificador– que configura al ser humano según el designio de Dios.\nLa figura de Abraham es «ejemplar»\, paradigmática. La obra que Dios realizó en él por su fe es la misma obra que realiza en todos los «hijos» de Abraham\, es decir\, en los que lo imitan dándole su adhesión a Dios. Así que esta rehabilitación de Abraham queda abierta como una posibilidad ofrecida a todos los que se fíen de Dios\, le den gloria y se acojan a su promesa\, particularmente los seguidores de Jesús.\nLa promesa que Abraham recibió esperaba de él una respuesta afirmativa ante lo que parecía humanamente imposible: espera el florecimiento de la vida cuando ya no había esperanza de vida. Pero Abraham estaba vivo\, y Sara también\, aunque sus posibilidades de engendrar y de concebir un hijo fueran nulas. La fe de Abraham implicó un enorme salto de confianza.\nAl resucitar a Jesucristo de la muerte\, Dios se reveló como Padre (Dios de la vida) con mayor amplitud y profundidad: es capaz de salvar la vida no sólo en situación desesperada (peligro de muerte)\, sino cuando se ha perdido toda esperanza (después de la muerte). Por tanto\, esa misma potencia de vida que Dios manifestó en la resurrección del Señor Jesús puede cancelar el pasado idólatra y pecador de cualquier ser humano –judío o pagano–\, acción que se sitúa entre la promesa que creyó Abraham y el cumplimiento que se dio en el Señor Jesús.\nPor eso\, quienes le damos fe al Padre que resucitó a Jesús de la muerte somos imitadores («hijos») de Abraham y\, por lo mismo\, participamos de la misma aprobación\, es decir\, somos «rehabilitados» por la fe. Vale también para nosotros lo que se dijo de Abraham: Dios cancela nuestro pasado de idolatría y de pecado. Y esa fe es la base firme en la cual se fundamentan:\n• La seguridad de que estamos perdonados por el amor universal\, gratuito y fiel de Dios.\n• El hecho de la comunicación del Espíritu de vida\, que nos une al Padre a través del Hijo.\n• La esperanza de vida indestructible que vamos a recibir como herencia del Padre.\nEl vínculo entre la rehabilitación por la fe y la resurrección del Señor Jesús lo constituye\, por un lado\, el amor del Padre\, que es liberador (rescata de la idolatría y cancela el pecado) tanto como salvador (infunde vida nueva); y\, por el otro\, y en concreto\, el don del Espíritu Santo\, que es la raíz profunda de la libertad cristiana y de la nueva vida\, y arras de la herencia eterna. La promesa hecha a Abraham tenía un alcance inimaginable para el patriarca; Si Dios no se lo reveló en toda su magnitud desde el principio fue por pura pedagogía divina\, pero es claro que el desarrollo de la comprensión de la misma es coherente. \nA menudo se confunde la fe con el mensaje de la fe. Y muchos piensan que tienen fe porque están informados del contenido del mensaje y lo consideran razonable. Reducen la fe a una operación de carácter intelectual. Conocer el mensaje es importante\, pero no suficiente. La adhesión al mensaje sin la adhesión a la persona puede convertir el mensaje en una ideología.\nHay quienes piensan que sus dudas sobre el mensaje de la fe equivalen a crisis de fe\, cuando\, en realidad\, se trata de buscar o encontrar la forma de entender o de explicar el mensaje. Hay también quienes consideran crisis de fe sus dudas sobre el «poder» de Dios.\nLa fe es\, ante todo\, una adhesión de persona a persona. Y la fe cristiana es adhesión a Dios mediante la adhesión a Jesucristo (cf. Jn 14\,1). Esta adhesión nos lleva a aceptar a Dios como Jesús nos lo presenta: como el Padre que\, por amor\, nos da una vida nueva (el Espíritu Santo) a quienes nos adherimos a Jesús como amigos mediante el compromiso con su obra y por la fidelidad a su mensaje (cf. Jn 15\,13-15). La verdadera crisis de fe se dará cuando se le retire dicha adhesión al Señor por dudar de su amor o por sustituirlo por otro valor.\nCada vez que comemos del pan que es su Cuerpo y bebemos de su Sangre hacemos profesión pública de esa fe y renovamos la gracia de nuestra salvación hasta que él venga en su gloria.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la XXIX semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (5\,12.15b.17-19.20b-21): \nLo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo\, y por el pecado la muerte\, y así la muerte pasó a todos los hombres\, porque todos pecaron. Si por la transgresión de uno murieron todos\, mucho más\, la gracia otorgada por Dios\, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre\, Jesucristo\, sobró para la multitud. Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte\, por culpa de uno solo. Cuanto más ahora\, por un solo hombre\, Jesucristo\, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación. En resumen: si el delito de uno trajo la condena a todos\, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida. Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores\, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos. Si creció el pecado\, más desbordante fue la gracia. Y así como reinó el pecado\, causando la muerte\, as! también\, por Jesucristo\, nuestro Señor\, reinará la gracia\, causando una justificación que conduce a la vida eterna. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 39\,7-8a.8b-9.10.17 \nR/. Aquí estoy\, Señor\, para hacer tú voluntad \nTú no quieres sacrificios ni ofrendas\,\ny\, en cambio\, me abriste el oído;\nno pides sacrificio expiatorio\,\nentonces yo digo: «Aquí estoy.» R/. \n«–Como está escrito en mi libro–\npara hacer tu voluntad.»\nDios mío\, lo quiero\,\ny llevo tu ley en las entrañas. R/. \nHe proclamado tu salvación\nante la gran asamblea;\nno he cerrado los labios:\nSeñor\, tú lo sabes. R/. \nAlégrense y gocen contigo\ntodos los que te buscan;\ndigan siempre: «Grande es el Señor»\nlos que desean tu salvación. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (12\,35-38): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos: «Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda\, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor\, al llegar\, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá\, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y\, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así\, dichosos ellos.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nMartes de la XXIX semana del Tiempo Ordinario. Año I. \nEl leccionario parece más interesado en exponer la liberación del pecado que por explicar la rehabilitación. Omite la exposición sobre la misma (Rom 5\,1-11) y pasa a la exposición sobre cómo Jesús anula el pecado\, con versículos entresacados del texto (5\,12-21)\, aunque el texto omitido se lee parcial o totalmente en otras celebraciones.\nLa rehabilitación del ser humano se da por la adhesión a la persona de Jesús\, adhesión que le da paz con Dios a través de «nuestro Señor Jesús Mesías». La fe es personal\, la rehabilitación es individual y colectiva\, además de gratuita\, enaltecedora y esperanzadora. Esa «paz» que se deriva del amor de Dios infunde nuevas fuerzas para enfrentar las dificultades\, aguante para cualificarse cada vez más\, y una esperanza invencible\, porque ella procede de la experiencia del amor de Dios\, fruto del don del Espíritu Santo. El cristiano se siente objeto de un amor totalmente gratuito y con una innegable garantía de fidelidad. Esa experiencia permite sentir el orgullo de tener un Dios incomparable. De modo que la salvación no es una euforia\, tipo sugestión individual o colectiva\, ya que no se funda en solas palabras sino en esa experiencia de amor incluyente\, gratuito y seguro que testimonió Jesús en la cruz (cf. Rm 5\,1-11). \nRom 5\,12.15b.17-19.20b-21.\nPara explicar cómo la actitud de Jesús tiene efectos en la humanidad –más allá de su carácter «ejemplar»–\, Pablo recurre al concepto de solidaridad como se entendía en su época. Según eso\, la solidaridad de la humanidad con Adán (antepasado de todos los seres humanos) hace a todos los seres humanos partícipes del pecado de Adán. Y la solidaridad de la humanidad con Jesús hace a todos los seres humanos partícipes del don de Dios\, el Espíritu. Pero existe una gran diferencia: la solidaridad con Adán es involuntaria\, no depende de la decisión de la persona; la solidaridad con Jesús es por la fe\, es decir\, depende de la libre decisión personal.\nAdán no era un individuo aislado\, sino que «encarnaba» a la humanidad entera. Lo mismo acontece con Jesús\, pero cada uno tiene una actitud opuesta a la del otro: Adán no escuchó a Dios (sino a la Serpiente); Jesús\, en cambio\, lo escuchó de tal modo que es la encarnación viva del mensaje de Dios. [Es preferible traducir ὑπακοή por «escucha» que por «obediencia»\, porque el primer término («escucha») entraña libertad\, en tanto que el segundo («obediencia») suele implicar sumisión. De hecho\, ὑπακοή significa\, etimológicamente\, escuchar asintiendo\, lo cual connota la libertad]. Pero\, además\, Adán no era el humano definitivo\, «era figura del que tenía que venir».\nPor eso\, el delito de Adán no se puede poner al mismo nivel de la gracia de Jesús. Porque el delito de Adán produjo muerte para todos («la multitud»)\, la gracia de Jesús\, en cambio\, se desbordó sobre la humanidad («la multitud»). Nótese que formula el concepto de totalidad heterogénea («la humanidad») en términos de «multitud» (cf. Is 53\,11-12). Tampoco existe equivalencia entre las consecuencias del pecado de Adán y las del perdón obtenido por Jesús; pues por el delito de Adán reinó la muerte (hasta la resurrección del Mesías Jesús)\, en cambio\, los que reciban esa sobreabundancia de gracia y perdón serán quienes reinarán por siempre. El delito de Adán condenó a todos\, la fidelidad de Jesús indultó a todos; la falta de respuesta de Adán constituyó pecadores a todos; la escucha de Jesús constituye justos a todos.\nTodo esto se entiende en el trasfondo del concepto de solidaridad corporativa. Cada uno de nosotros resulta influido por la herencia y el ambiente (la naturaleza\, la educación y la cultura). Ninguno es un ser aislado y desvinculado\, eso es una abstracción conceptual\, no una realidad histórica. Ser de Adán es ser hombre pecador e injusto; ser de Jesús\, hombre rehabilitado y justo. Desde el vientre de su madre\, el ser humano experimenta la solidaridad con Adán en el pecado (cf. Sal 51\,7: «pecador me concibió mi madre»). Pero «el don gratuito» sobreabundó para «la multitud» y la condujo a una amnistía.\nPero\, en tanto que la relación pecado-muerte es de causa a efecto\, la relación gracia-vida es don desbordante de la generosidad divina. El perdón no consiste en renunciar a imputar el pecado; es regeneración del ser humano para que deje ya de pecar. La gracia no consiste en renunciar a castigar (con pena de muerte); es otorgar una vida que supera la muerte. Esto es lo que significa el paso del régimen de la Ley al régimen de la gracia. No se trata de que el fin de la Ley fuera hacer abundar el pecado como tal; Pablo dice que «la Ley se metió por medio para que proliferase el delito»\, y con esto quiere dar a entender que\, al denunciar el pecado\, la Ley contribuyó a que la humanidad tomara conciencia del mismo y abundara así el sentido de culpa entre los hombres\, sin que la Ley misma capacitara al ser humano ni para cumplirla ni para liberarse del pecado ni de la culpa. Pero la «gracia» (el don del Espíritu Santo) supera con creces la conciencia de culpa por la experiencia del perdón\, y el sentimiento de culpa por la certeza de la rehabilitación que transforma la vida humana y la convivencia social. El reino del pecado era el dominio de la muerte; el reino de la gracia es ese perdón generoso que da la vida eterna. Esta expresión\, «vida eterna»\, son las palabras que concluyen el aparte que el apóstol dedica a la explicación de la obra del Mesías para rehabilitar la humanidad pecadora. \nNunca ponderaremos lo suficiente el don del amor de Dios por medio de nuestro Señor Jesús Mesías. Nunca le agradeceremos del todo esa solidaridad suya con nosotros. Pero sí podemos disfrutar ese don y cultivar esa solidaridad en la alegría de la salvación. Nos anima saber que «cuando aún nosotros estábamos sin fuerzas\, entonces\, en su momento\, Jesús el Mesías murió por los culpables» (Rom 5\,6). «Pues ahora que Dios nos ha rehabilitado por la sangre del Mesías\, con mayor razón nos salvará por él del castigo» (Rom 5\,9).\nEl cristiano no vive en el temor religioso\, ni tampoco lo mueve el miedo al castigo divino. El don que Dios nos hace por la fe dada a Jesús –el Espíritu Santo–\, nos infunde la certeza de un amor tan grande que supera todo temor religioso y todo temor al castigo (cf. 1Jn 3\,19-20; 4\,17-18). Por eso\, el cristiano verdadero no necesita que lo amenacen con la condenación y con el infierno\, sino que lo estimulen con la salvación y la promesa del cielo recordándole el inmenso amor que lo libera del pecado y le infunde nueva vida.\nY la eucaristía es un modo privilegiado de vivir ese don en comunión solidaria con él. Él nos «incorpora»\, nos hace concorpóreos y consanguíneos suyos por el don de su Espíritu.\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la XXIX semana del Tiempo Ordinario. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (6\,12-18): \nQue el pecado no siga dominando vuestro cuerpo mortal\, ni seáis súbditos de los deseos del cuerpo. No pongáis vuestros miembros al servicio del pecado\, como instrumentos para la injusticia; ofreceos a Dios como hombres que de la muerte han vuelto a la vida\, y poned a su servicio vuestros miembros\, como instrumentos para la justicia. Porque el pecado no os dominará: ya no estáis bajo la Ley\, sino bajo la gracia. Pues\, ¿qué? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la Ley\, sino bajo la gracia? ¡De ningún modo! ¿No sabéis que\, al ofreceros a alguno como esclavos para obedecerle\, os hacéis esclavos de aquel a quien obedecéis: bien del pecado\, para la muerte\, bien de la obediencia\, para la justicia? Pero\, gracias a Dios\, vosotros\, que erais esclavos del pecado\, habéis obedecido de corazón a aquel modelo de doctrina al que fuisteis entregados y\, liberados del pecado\, os habéis hecho esclavos de la justicia. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 123\,1-3.4-6.7-8 \nR/. Nuestro auxilio es el nombre del Señor \nSi el Señor no hubiera estado de nuestra parte\n–que lo diga Israel–\,\nsi el Señor no hubiera estado de nuestra parte\,\ncuando nos asaltaban los hombres\,\nnos habrían tragado vivos:\ntanto ardía su ira contra nosotros. R/. \nNos habrían arrollado las aguas\,\nllegándonos el torrente hasta el cuello;\nnos habrían llegado hasta el cuello las aguas espumantes.\nBendito el Señor\, que no nos entregó en presa a sus dientes. R/. \nHemos salvado la vida\,\ncomo un pájaro de la trampa del cazador;\nla trampa se rompió\, y escapamos.\nNuestro auxilio es el nombre del Señor\,\nque hizo el cielo y la tierra. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (12\,39-48): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos: «Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón\, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros\, estad preparados\, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»\nPedro le preguntó: «Señor\, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?»\nEl Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo\, al llegar\, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: “Mi amo tarda en llegar”\, y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas\, a comer y beber y emborracharse\, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá\, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe\, pero hace algo digno de castigo\, recibirá pocos. Al que mucho se le dio\, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió\, más se le exigirá.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMiércoles de la XXIX semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nDespués de explicar la solidaridad con Adán y con Jesús\, Pablo explica que la solidaridad con Jesús descarta por completo la permanencia en el pecado. El cristiano ha realizado la ruptura más radical con el pecado\, ha «muerto» para él\, ha dejado de existir para pecar. En efecto\, el bautismo es un rito de doble connotación: muerte y vida. La inmersión en agua representa la identificación con la muerte y sepultura de Jesús; el cambio de vida («vida nueva») que se da después representa la identificación con la resurrección de Jesús de la muerte\, realizada por «la gloria del Padre» (el Espíritu). El «hombre viejo» murió\, para liberarse del vínculo con el pecado; la muerte como la de Jesús conduce a una resurrección como la suya.\nPara comprender mejor los razonamientos del apóstol hay que tener en cuenta lo que sigue. La Ley es un mínimo para facilitar la convivencia\, no el ideal soñado. De hecho\, la Ley es exigencia exterior y obligatoria que se urge por el miedo a la sanción para el que no la cumpla. En cambio\, la gracia es una exigencia interior y libre\, urgida por el anhelo de lograr la propia plenitud humana. En tanto que la Ley urge el cumplimiento de un mínimo\, la gracia impulsa a la máxima expansión del propio ser. Y esta expansión se garantiza por un amor semejante al del Padre\, con el cual el hijo se asemeja al Hijo y\, por él\, al Padre.\n\nRom 6\,12-18.\nEl cristiano ha roto con el pecado –signo de lo cual es el bautismo– expresión pública de su solidaridad con el Mesías (aspecto liberador) Jesús (aspecto salvador) en su muerte y en su resurrección. La muerte (en relación con el pasado) se expresa en la ruptura efectiva con el pecado; la resurrección (en relación con el futuro)\, en la nueva vida que lleva el cristiano. Se trata de una decisión\, y por cierto dolorosa: el cristiano\, por el bautismo\, reproduce en sí la muerte de Jesús en la cruz; el Mesías murió amando y negándose a participar del odio y de la mentira de quienes lo crucificaron\, y a eso es lo que el cristiano se compromete\, a amar como Jesús\, incluso a sus enemigos\, y a no participar de la injusticia en cualquiera de sus formas.\nEn concreto\, se trata de que el bautizado decida no dejarse llevar por los impulsos del pecado para impedir que este gobierne («reine») su vida. En tanto que la condición mortal no haya resucitado\, el cristiano sentirá inclinación al pecado\, pero\, animado por la gracia del Señor\, puede personalmente negarse a ser instrumento de injusticia; y así será libre para ponerse a disposición de Dios «como muerto que ha vuelto a la vida»\, de tal modo que se convierta en instrumento de la justicia y a su servicio. Para dar este salto hay que pasar de la Ley a la gracia. Y este paso («éxodo») se da por la fe. La decisión de creer tiene un momento puntual\, inicial\, que implica esa ruptura con el pecado para adherirse a Jesús; y tiene después un período más largo\, procesual\, que es el resto de la vida («travesía por el desierto»)\, en el cual el creyente se pone a prueba a sí mismo haciéndole frente al descrédito social\, a la estigmatización e incluso a la persecución («cargar la cruz») por haber roto con el pecado para adherirse a Jesús.\nEl paso de la Ley a la gracia no significa libertinaje ni disminución de la responsabilidad. Al contrario\, implica una maduración de la libertad y un crecimiento en responsabilidad. Así es como se supera la casuística jurídica y se llega a la realidad interior de la persona: en adelante\, ya no procederá por miedo ni por coacción\, sino por amor y con libertad. Pablo se vale del lenguaje de la época para ilustrar esta nueva realidad\, por eso usa el vocabulario usual en el régimen de esclavitud. En concreto\, se refiere a la relación de lealtad incondicional del siervo al amo. Uno es «siervo» de aquél a quien hace caso. Si es siervo del pecado\, su destino es la muerte; si de Dios\, la vida justa y honrada. La fe libera del pecado\, pero si este se cometiera otra vez –lo que constituye una posibilidad real–\, se vuelve a ser esclavo del pecado.\nGracias a Dios\, pese a ser siervos del pecado\, respondieron «de corazón» al mensaje básico de la fe. Esa respuesta interior («de corazón») muestra el carácter metafórico del término que ha venido usando («siervo»): se trata de un servicio libre. Dicha respuesta fue dada por ellos «a la enseñanza básica» que les transmitieron\, es decir la primera predicación cristiana (la que se conoce como «kerigma»)\, cuyo contenido fundamental es común (cf. 1Co 15\,11).\nAsí que\, emancipados del pecado\, se hicieron «siervos de la justicia». Advierte que habla «en términos humanos»\, teniendo en cuenta las limitaciones de los destinatarios de su carta\, pero también la profundidad del misterio que les está explicando. Lo cual significa que\, así como se prestaron para servirle a la inmoralidad\, pueden también consagrarse a Dios al servicio de la justicia (v. 19\, omitido). Tal consagración implica una dimensión sacrificial. Primero habló de muerte; después\, de vida para Dios; y ahora de consagración. Esto implica una idea muy importante en la cultura religiosa judía y en el pensamiento de Pablo: el sacrificio. Pero no se trata de ese «sacrificio» antiguo\, que consistía en la muerte física de la «víctima» (un animal)\, sino de otro sacrificio\, en el que la muerte es simbólica\, y consiste en la ruptura terminante con la injusticia para dar lugar a una resurrección\, que es la nueva vida de fe en Jesús animada por el Espíritu Santo. La nueva vida es consagrada por el Espíritu\, es decir\, santificada\, hecha grata a Dios\, porque transforma la persona por su escucha del mensaje\, y la invita a entablar nuevas relaciones sociales. Es un «sacrificio vivo»\, el «culto auténtico» (cf. Rom 12\,1-2).\n\nEl ser humano fue hecho para la libertad. Prueba de ello es que\, pese a la dominación que ejercen sobre él las tantas solidaridades (genética\, ambiental\, cultural y educacional) ayudado por la gracia de Dios él puede romper las cadenas de la servidumbre y abrirse al mensaje de la fe. Y aún más\, puede disponer por completo de sí mismo para que\, así como se entregó a vivir para la injusticia\, le retire su lealtad a esa injusticia y se entregue más decididamente a la justicia\, para vivir con Jesús una vida más plena y satisfactoria.\nEsta realidad la podemos constatar en la propia vida y la debemos testimoniar para invitar a los demás a vivir en libertad. Este es uno de los objetivos de la eucaristía: mantener viva esta experiencia de libertad y darnos la fuerza para dar testimonio de que se puede pasar de la servidumbre del pecado al servicio por amor y ser feliz.\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Jueves de la XXIX semana del Tiempo Ordinario. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (6\,19-23): \nUso un lenguaje corriente\, adaptándome a vuestra debilidad\, propia de hombres; quiero decir esto: si antes cedisteis vuestros miembros como esclavos a la inmoralidad y al desorden\, para el desorden total\, ponedlos ahora al servicio de la justicia para vuestra santificación. Cuando erais esclavos del pecado\, la justicia no os gobernaba. ¿Qué frutos dabais entonces? Frutos de los que ahora os avergonzáis\, porque acaban en la muerte. Ahora\, en cambio\, emancipados del pecado y hechos esclavos de Dios\, producís frutos que llevan a la santidad y acaban en vida eterna. Porque el pecado paga con muerte\, mientras que Dios regala vida eterna por medio de Cristo Jesús\, Señor nuestro. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 1\,1-2.3.4.6 \nR/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor \nDichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos\,\nni entra por la senda de los pecadores\,\nni se sienta en la reunión de los cínicos;\nsino que su gozo es la ley del Señor\,\ny medita su ley día y noche. R/. \nSerá como un árbol plantado al borde de la acequia:\nda fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas;\ny cuanto emprende tiene buen fin. R/. \nNo así los impíos\, no así;\nserán paja que arrebata el viento.\nPorque el Señor protege el camino de los justos\,\npero el camino de los impíos acaba mal. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (12\,49-53): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo\, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo\, ¡y qué angustia hasta que se cumpla.¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No\, sino división. En adelante\, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre\, la madre contra la hija y la hija contra la madre\, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nJueves de la XXIX semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nPablo advirtió que se expresaba en términos humanos en atención a las limitaciones de sus lectores. No había que tomar sus palabras al pie de la letra. Es consciente de que utiliza una metáfora inapropiada\, ya que\, si bien sirve para describir la situación del «hombre viejo»\, no es adecuada para la condición del hombre nuevo. Se explica con dos razones: se ve obligado a expresarse en el lenguaje vulgar (ἀνθρώπινον λέγω) en razón de la «fragilidad» (ἀσθένεια) intelectual de sus interlocutores. Esto significa que recurre a una comparación impropia en razón de la dificultad que tienen los destinatarios para entender el concepto de libertad que él les quiere transmitir. Se vale de los términos que la gente entiende\, porque su capacidad es limitada a causa de sus condicionamientos culturales. El término traducido por «fragilidad» (ἀσθένεια) se traduce también por «debilidad» (de cualquier clase)\, o por «enfermedad».\n\nRom 6\,19-23.\nPablo usa el término «siervo» (δοῦλος) en relación con la inmoralidad y el desorden –por un lado– y con la justicia y la consagración –por el otro– con dos connotaciones diferentes: en el primer caso\, se trata de la esclavitud al pecado; en el segundo\, del servicio libre a la justicia u honradez. El término «siervo» connota la idea de servicio incondicional\, distinto de lo que connota «servidor» (διάκονος)\, que es un servicio voluntario y entre iguales\, o el de «criado» (παῖς)\, que es el hijo de un «siervo»\, nacido en casa\, y considerado miembro de la familia. Al querer subrayar el carácter incondicional de la adhesión de fe\, se ve forzado a usar «siervo».\nPor otro lado\, hay que tener presente que Pablo usa el término «siervo» (δοῦλος) referido a su relación con «el Mesías Jesús» (cf. Rom 1\,1)\, en conexión con otro uso del mismo término\, referido a Moisés\, Josué\, David y la anónima figura del «Siervo» en las profecías de Isaías\, es decir\, los grandes agentes del designio liberador y salvador del Señor. Esto implica una nueva connotación del término\, sugerida allí por la forma de designar a Jesús («Mesías»). Se trata de vivir la libertad cristiana que otorga el Mesías («emancipados del pecado») y de proponer esa misma libertad con el propio modo de vivir y de convivir.\nPor eso\, para explicarse mejor\, los exhorta a que «al igual que» (ὥσπερ) antes se habían puesto sin condiciones al servicio de la inmoralidad (ἀκαθαρσία) y del desorden (ἀνομία)\, se pongan ahora –sin condiciones también– al servicio de la honradez\, para consagrarse así a Dios. Usa el término «desorden» (ἀνομία: «ilegalidad») para referirse a una anarquía progresiva hasta dar la medida superlativa de sí misma con el fin de contrastarla con la «consagración» a la que los exhorta (lit. «santificación»). Opone la injusticia en la que se hunde el esclavo del pecado con la «consagración» que hace de sí mismo el creyente con el «sacrificio vivo» (Rom 12\,1). Esta «consagración» consiste en la realización concreta de la vida nueva que el Mesías comunica a sus adherentes (el Espíritu Santo) por el hecho mismo del bautismo como expresión de fe. Es una acción continuada que va produciendo un efecto cada vez más visible (cf. Rom 1\,7s).\nEn la «servidumbre al pecado» no hay cabida alguna a la acción de la justicia u honradez; se trata de dos reinos paralelos: cuando gobierna el pecado\, la justicia está ausente\, pero cuando gobierna la justicia\, es el pecado el que se ausenta. El apóstol expresa esta condición de uno y otro modo en términos de ciudadanía (ἐλεύθεροι ἦτε: «estaban emancipados de»). Lo que se obtiene de ser gobernado por el pecado es totalmente perjudicial porque sus resultados se constituyen en una vergüenza\, además de conducir finalmente a la muerte. La asociación de la vergüenza con la muerte se refiere a la injusticia cometida antes de la fe y del bautismo\, es decir\, a su anterior vida en el reino del pecado\, en donde eran muertos en vida hasta cuando el Mesías los emancipó de la injusticia y les dio nueva vida; en ese reino del pecado ni siquiera eran conscientes de lo vergonzosa que era la vida que llevaban. El Mesías los emancipó de la injusticia y\, también\, de la mentira: vivían engañados\, sintiendo orgullo de sus vergüenzas.\nTras emanciparse de la «servidumbre al pecado» y haberse puesto –como hombres libres– al servicio de Dios\, los cristianos van alcanzando una consagración que los está conduciendo a una vida plena. La situación actual (νῦν: v. 21; νυνί: v. 22) de los destinatarios de la carta está denunciando un «antes» (πρίν) vergonzoso vinculado a un pecado que se tradujo en injusticia y que implicaba engaño. «Ahora\, en cambio\, emancipados del pecado»\, no solo se produjo la superación de esa injusticia y de ese engaño librándose de la muerte –lo cual es ya una gran ganancia–\, sino que ellos van produciendo un nuevo «fruto»\, que es la propia consagración (por obra del Espíritu Santo)\, consagración que los lleva a la vida eterna.\nEn resumen\, el pecado retribuye con la muerte (es su efecto propio)\, en tanto que Dios regala la vida eterna (más que la vida física) «por medio del Mesías (para los judíos) Jesús (salvador)\, Señor (para los paganos) nuestro (de los creyentes)». Afirma así que Dios\, por la adhesión a la persona de Jesús da por igual la vida gratuita\, nueva y desbordante (el Espíritu Santo) tanto a los judíos\, que lo reconocen como «Mesías»\, como a los paganos\, que lo reconocen como «Señor»\, en igualdad de condiciones.\n\nEl cristiano verifica en su vida un «antes de Cristo» y un «después de Cristo» que no tienen principalmente carácter temporal. Se trata de la diferencia entre la «servidumbre al pecado» (que es toda forma de injusticia o de deshonestidad) y el «servicio a Dios» (que es la justicia u honestidad). Pablo usa un término fuerte\, «siervo» (δοῦλος)\, para connotar así la lealtad absoluta que dicho término significaba en aquellas culturas. El pecador es leal al pecado\, el creyente es leal a Jesús. Pero\, como el ser humano fue creado para ser libre\, el mensaje de la fe tiene fuerza liberadora suficiente como para que el esclavo del pecado rompa la lealtad que lo ata y se adhiera a Jesús con una lealtad que lo libera. Además\, al principio de la carta vimos que este término\, δοῦλος\, define el servicio liberador universal del Hijo del Hombre. Cuanto más nos dedicamos a promover la dignificación y la liberación de los excluidos\, tanto más nos identificamos con Jesús\, Mesías y Señor.\nEse es otro de los sentidos que tiene la comunión eucarística. La entrega del «cuerpo» denota el servicio fraterno de Jesús a los suyos\, su actuación histórica en medio de ellos (por eso lo ofrece como «entregado por ustedes»). Pero la dádiva de la sangre (que representa la efusión del Espíritu Santo)\, denota su servicio liberador que trasciende el tiempo y se extiende a toda la humanidad (por eso él la ofrece como «derramada por ustedes y por todos»). El término «muchedumbre»\, o «muchos» como sinónimo de «todos» se usa en la fórmula sobre el cáliz que bendecimos. Esto es bueno recordarlo para no olvidar esas dos dimensiones del servicio cristiano a la humanidad.\nFeliz jueves.
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SUMMARY:Viernes de la XXIX semana del Tiempo Ordinario. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (7\,18-25a): \nSé muy bien que no es bueno eso que habita en mí\, es decir\, en mi carne; porque el querer lo bueno lo tengo a mano\, pero el hacerlo\, no. El bien que quiero hacer no lo hago; el mal que no quiero hacer\, eso es lo que hago. Entonces\, si hago precisamente lo que no quiero\, señal que no soy yo el que actúa\, sino el pecado que habita en mí. Cuando quiero hacer lo bueno\, me encuentro inevitablemente con lo malo en las manos. En mi interior me complazco en la ley de Dios\, pero percibo en mi cuerpo un principio diferente que guerrea contra la ley que aprueba mi razón\, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mi cuerpo. ¡Desgraciado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo presa de la muerte? Dios\, por medio de nuestro Señor Jesucristo\, y le doy gracias. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 118\,66.68.76.77.93.94 \nR/. Instrúyeme\, Señor\, en tus leyes \nEnséñame a gustar y a comprender\,\nporque me fío de tus mandatos. R/. \nTú eres bueno y haces el bien;\ninstrúyeme en tus leyes. R/. \nQue tu bondad me consuele\,\nsegún la promesa hecha a tu siervo. R/. \nCuando me alcance tu compasión\, viviré\,\ny mis delicias serán tu voluntad. R/. \nJamás olvidaré tus decretos\,\npues con ellos me diste vida.R/. \nSoy tuyo\, sálvame\,\nque yo consulto tus leyes. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (12\,54-59): \nEn aquel tiempo\, decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente\, decís en seguida: “Chaparrón tenemos”\, y así sucede. Cuando sopla el sur\, decís: “Va a hacer bochorno”\, y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo\, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer? Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito\, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él\, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez\, y el juez te entregue al guardia\, y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nViernes de la XXIX semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nLeemos solo el final del capítulo 7\, el comienzo puede resumirse así:\n• Para liberarse del pecado\, es preciso emanciparse de la Ley (cf. Rom 6\,14). La Ley tiene validez mientras vive el ser humano; después de que este muere\, cesa su vigencia. La muerte del Mesías –y nuestra vinculación a ella por el bautismo– nos libera de la Ley y nos une a él por medio del Espíritu Santo con una alianza de vida (7\,1-6).\n• La promesa contenida en la Ley –la vida– es buena. Pero el pecado degeneró el anhelo de vida en deseo de autoafirmación. La observancia de los preceptos de la Ley degeneró el afán de vida en autosuficiencia. Y el pecado hizo ver a Dios como un tirano y condujo a la falsa conclusión de que hay que deshacerse de él para alcanzar la libertad (7\,7-11).\n• La Ley hace que el hombre pase del anhelo de vida\, que es bueno\, al ansia de afirmarse a sí mismo\, que es enfermiza y lleva a la muerte. La Ley es buena\, pero el pecado la usa para darle muerte al hombre\, porque lo divide interiormente (7\,12-17)\n\nRom 7\,18-25.\nPablo quiere mostrar la condición del hombre-carne sujeto a la Ley. Él refiere en este aparte a esa realidad para luego contrastarla con la condición del hombre-espíritu libre de la Ley; es decir\, en los dos capítulos 7 y 8 desarrolla lo que había afirmado antes: «ustedes ya no están en régimen de Ley\, sino en régimen de gracia» (6\,14). Por consiguiente\, el uso de la primera persona (desde el v. 7 hasta el 25) no se refiere a su experiencia presente\, sino –si acaso– a la anterior a su encuentro con Jesús resucitado\, aunque es muy probable que le esté prestando su voz a Adán\, engañado y privado de vida por el pecado (cf. vv. 9.11).\nSin la Ley\, no hay criterio ético\, moral ni religioso para valorar los actos humanos. El pecado –aquí personificado (vv. 13-20)– se caracteriza por su mortal influjo en el ser humano. Y así describe la condición del hombre sometido al pecado e incapaz de sujetarse a la Ley. La Ley es «espiritual»\, es decir\, buena; pero el pecado la usa para dar muerte al hombre\, porque este está dividido en sí mismo\, desintegrado\, y resulta haciendo lo que la le Ley prohíbe. Ese ser humano descubre que su querer y su obrar están separados y enfrentados: no realiza el bien que quiere\, y en cambio ejecuta el mal que no quiere.\nEste descubre\, además\, que la Ley de Dios le parece buena y razonable\, pero en su propia persona percibe unos criterios diferentes que están en conflicto con su voluntad y su razón. Esos «criterios diferentes» que guerrean contra los «criterios» de su razón anidan en sus bajos instintos y lo convierten en un prisionero de sí mismo\, porque los bajos instintos no integran la persona\, la desintegran\, por no estar unidos en torno a una aspiración integradora. Separan su «querer» de su «hacer» de manera dramática: racionalmente\, está de acuerdo con la Ley de Dios; impulsivamente\, se deja arrastrar por la tendencia al pecado. O sea\, su razón encuentra válida la Ley de Dios\, pero impulsivamente tiende al pecado. Su «querer» son aspiraciones de carácter ético (racional)\, o moral (cultural) o religioso\, que concuerdan con los dictados de la Ley\, pero su «hacer» lo aparta de la razón\, de la cultura y de la religión\, enfrentándose contra sí mismo\, contra los demás y contra Dios.\nEso lo lleva a la conclusión de que\, si el hombre actúa en contra de su voluntad\, es porque ha perdido el control de sí mismo y porque el pecado domina su vida\, pero\, al mismo tiempo\, reconoce que ese pecado «habita» en él\, que no es constitutivo de su ser personal. Recurre a la personificación del pecado con el fin de objetivarlo y distinguirlo del hombre mismo\, es decir\, el pecado no es «genético»\, no es inherente al ser humano\, por mucho que se adquiera desde el vientre materno; es «contagiado»\, es decir\, transmitido por contacto. Pero ese mismo pecado tampoco es un «tirano externo»\, puesto que reside en los bajos instintos de cada ser humano. Está dentro («habita»)\, pero no es extraño al ser humano diseñado por Dios.\nCreado bueno y para hacer el bien\, se encuentra fatalmente cometiendo el mal y sintiéndose mal por esa razón. A la Ley de Dios –que en lo íntimo de su ser aprueba– se opone la «ley» de la costumbre y de la triste experiencia humana: la incapacidad para hacer el bien que quiere realizar de acuerdo con la razón que lo lleva a reconocer que la Ley de Dios es buena. Existe una dramática división: la interioridad racional en conflicto con los impulsos propios de las apetencias de los bajos instintos. «El hombre interior» (ὁ ἔσω ἄνθρωπος) designa lo racional del ser humano que se opone al «hombre exterior» (ἔξω ἄνθρωπος)\, que designa su condición de ser «de carne»\, mortal. Esta es la que somete al hombre al dominio del pecado (lit.: «la ley del pecado»). Por la razón\, quiere ser bueno y libre; por los impulsos\, se somete y se vuelve pecador\, es decir\, injusto.\nEs ser humano\, sometido al pecado\, se siente desdichado antes del encuentro con el Mesías: deseoso de vida y prisionero de una condición que lo lleva a la muerte. Pero cuando encuentra a Jesús\, Mesías y Señor\, solo tiene palabras de gratitud para Dios por ese Salvador.\n\nDice –en nota de pie de página– la Biblia de Jerusalén: «El pecado personificado\, ver 5\,12\, sustituye a la Serpiente de Gn 3\,1 y al diablo de Sb 2\,24». Se trata de la misma realidad\, vista desde ópticas diferentes y caracterizada por sus efectos sobre el hombre; esta personificación\, que abarca los vv. 13-20\, muestra los estragos que causa el pecado en el ser humano antes de su «rehabilitación» por Jesús. El pecado aliena al ser humano\, en el sentido de que lo empeña a dirigirse a un objetivo contrario a sus más profundas aspiraciones de vida y contrario\, por tanto\, a la meta gloriosa a la que Dios lo destinó desde su creación.\nMuchas personas se han identificado con esa dramática descripción que hace Pablo en ese capítulo. Pero muy pocas de ellas han advertido de que tal descripción no corresponde a su condición de cristianos. O\, mejor dicho\, no han llegado a la conclusión de que cuantas veces se han sentido tan retratadas por ese texto eso se ha debido a que no estaban viviendo como cristianos sino como quienes todavía no conocían la fuerza del Espíritu del Señor. Por eso no le expresan su gratitud a Dios por el don de «Jesús\, Mesías y Señor nuestro»\, liberador de todos –judíos y paganos–\, porque aún no han experimentado la alegría de la salvación.\nLa comunión de fe con el Señor nos infunde el Espíritu Santo\, que nos hace sentir el amor salvador del Padre y nos da la experiencia de la libertad cristiana. Qué bueno que la eucaristía nos conduzca a vivir esa feliz experiencia de liberación y salvación.\nFeliz viernes.
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SUMMARY:Sábado de la XXIX semana del Tiempo Ordinario. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8\,1-11): \nAhora no pesa condena alguna sobre los que están unidos a Cristo Jesús\, pues\, por la unión con Cristo Jesús\, la ley del Espíritu de vida me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Lo que no pudo hacer la Ley\, reducida a la impotencia por la carne\, lo ha hecho Dios: envió a su Hijo encarnado en una carne pecadora como la nuestra\, haciéndolo víctima por el pecado\, y en su carne condenó el pecado. Así\, la justicia que proponía la Ley puede realizarse en nosotros\, que ya no procedemos dirigidos por la carne\, sino por el Espíritu. Porque los que se dejan dirigir por la carne tienden a lo carnal; en cambio\, los que se dejan dirigir por el Espíritu tienden a lo espiritual. Nuestra carne tiende a la muerte; el Espíritu\, a la vida y a la paz. Porque la tendencia de la carne es rebelarse contra Dios; no sólo no se somete a la ley de Dios\, ni siquiera lo puede. Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis sujetos a la carne\, sino al espíritu\, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Pues bien\, si Cristo está en vosotros\, el cuerpo está muerto por el pecado\, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros\, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales\, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 23\,1-2.3-4ab.5-6 \nR/. Éste es el grupo que viene a tu presencia\, Señor \nDel Señor es la tierra y cuanto la llena\,\nel orbe y todos sus habitantes:\nél la fundó sobre los mares\,\nél la afianzó sobre los ríos. R/. \n¿Quién puede subir al monte del Señor?\n¿Quién puede estar en el recinto sacro?\nEl hombre de manos inocentes y puro corazón\,\nque no confía en los ídolos. R/. \nÉse recibirá la bendición del Señor\,\nle hará justicia el Dios de salvación.\nÉste es el grupo que busca al Señor\,\nque viene a tu presencia\, Dios de Jacob. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (13\,1-9): \nEn una ocasión\, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.\nJesús les contestó: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos\, porque acabaron así? Os digo que no; y\, si no os convertís\, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé\, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y\, si no os convertís\, todos pereceréis de la misma manera.»\nY les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña\, y fue a buscar fruto en ella\, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: “Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera\, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?” Pero el viñador contestó: “Señor\, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol\, a ver si da fruto. Si no\, la cortas.”» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nSábado de la XXIX semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nDescrita la triste condición del hombre alienado por el pecado\, Pablo anunció la liberación de esa alienación por obra del Mesías Jesús. Ahora va a hablar de una nueva ley\, a semejanza del «nuevo mandamiento» del que habló Jesús (cf. Jn 13\,34). Así como el amor no puede ser un «mandamiento»\, en sentido estricto\, sino que es llamado con ese nombre para indicar que sustituye los «mandamientos»\, así ahora\, al hablar de «la ley del Espíritu»\, Pablo no pretende decir que el Espíritu Santo constriñe la voluntad del creyente\, sino que sustituye la Ley de Moisés. Él cumple la promesa (cf. Jer 31\,33: «Meteré mi ley en su pecho\, la escribiré en su corazón»; Eze 36\,27: «Les infundiré mi Espíritu y haré que caminen según mis preceptos y que cumplan mis mandatos poniéndolos por obra»; 37\,14: «Infundiré mi Espíritu en ustedes para que revivan…»). El Espíritu es impulso interior de vida nueva\, que crea la identificación del hombre con Jesús y\, por medio de él\, con Dios.\nYa no se trata de una exigencia exterior\, sino de un impulso interior que\, por eso\, es mucho más urgente\, porque emerge desde dentro\, como una autoexigencia\, que define la libertad en términos de un amor dispuesto a darse sin medida\, como se verificó en Jesús.\n\nRom 8\,1-11.\nLa Ley hacía sentir al ser humano siempre acusado\, juzgado y condenado. Ella\, ciertamente\, exigía el amor al «prójimo» para crear «un pueblo santo» que honrara el nombre del Señor. Pero no habilitaba al hombre para amar de ese modo. La nueva situación consiste en ausencia de toda condena\, porque el Mesías Jesús hace pasar al hombre del régimen del pecado y de la muerte al régimen del Espíritu de la vida. Así comienza el nuevo y definitivo éxodo.\nEl término «Espíritu» (πνεῦμα) domina el capítulo\, se repite 29 veces en él. Esta palabra\, sea en griego o en su equivalente hebreo (רוּחַ)\, significa\, a la vez\, «viento» y «aliento». En cuanto «viento»\, connota fuerza\, ímpetu; en cuanto «aliento»\, vitalidad\, respiración\, vida. Se trata de una metáfora para designar la fuerza de vida que procede de Dios. Y como el Espíritu Santo es autocomunicación de Dios\, connota también el amor divino. Así que el don del Espíritu implica la infusión de fuerza de vida de parte de Dios y por amor. A la pregunta que se hacía el apóstol al final del capítulo anterior («¿Quién me librará de este ser mío\, instrumento de muerte?»: 7\,24) se responde él mismo en este capítulo 8 que esa es obra del Mesías por medio de su Espíritu\, manifestación de amor del Padre y del Hijo\, que\, sin someter al hombre\, hace que este\, creciendo en libertad\, supere los límites de la «carne» y aprenda a ser como Dios.\nEn conclusión\, la exigencia fundamental de la Ley era el amor para una convivencia exitosa\, pero los bajos instintos le impedían al ser humano hacer realidad ese propósito. Entonces\, Dios envió a su Hijo en una condición igual a la nuestra –pecadora–\, para entendérselas con el pecado\, y el Hijo\, en esa misma condición mortal –llena del Espíritu del Padre–\, sentenció contra el pecado\, anuló su poder sobre la condición humana mortal. Así que los que se dejan dirigir por el Espíritu del Hijo pueden lograr el ideal de la Ley\, humanamente irrealizable.\nQuienes se dejan llevar por los impulsos de «la carne» (también llamados «bajos instintos») tienden a una existencia rastrera; los que se acogen a la Ley para superar esos impulsos fallan en su afán\, en tanto que los que se dejan guiar por el Espíritu Santo tienden a la esfera divina y lo logran. Los bajos instintos tienden a una muerte en vida; el Espíritu\, a una vida feliz. Es que la tendencia de «la carne» le hace resistencia al éxodo liberador («rebeldía contra Dios»)\, ya que no admite –ni puede– la ley de Dios. Por eso\, los que viven sujetos a esos mezquinos impulsos son incapaces de hacer realidad el designio de Dios.\nEl cristiano\, por la experiencia del amor de Dios a través del Espíritu\, se libera de la tiranía de los bajos instintos porque el Espíritu de Dios (ya no el pecado) «habita» en él\, y también el Mesías está en él. Esto solo lo capta el que conoce por experiencia la fuerza liberadora del Espíritu; el que no la conoce ni siquiera es cristiano. El Espíritu\, además\, hace presente al Mesías en la existencia del discípulo haciéndolo pasar de la muerte del pecado a la vida de la gracia. El cristiano resulta ser así un «amnistiado». La existencia actual va a la muerte a causa del pecado y de la muerte que entraron en el mundo (cf. 5\,12)\, pero la nueva existencia en el Espíritu va a la vida eterna\, gracias a la «amnistía» otorgada por el Dios que resucitó a Jesús de la muerte para que ya no muera más (cf. 6\,9).\nPor estos motivos\, el cristiano ya no tiene que inquietarse por los pecados de su vida anterior\, porque ese pasado fue anulado por su adhesión de fe a Jesús; ni tampoco de su muerte futura\, pues el mismo Espíritu que garantizó la vida de Jesús a pesar de la muerte física garantiza la suya. En efecto\, la resurrección del cristiano está estrechamente relacionada con la del Mesías. Muere con él\, y el Padre lo resucitará a su turno por la acción del «aliento» de vida divino (el Espíritu)\, que superará con su fuerza de vida («viento») el poder de la muerte. Resurrección que comienza desde ahora con la vida nueva que hace del cristiano «hijo» (cf. 8\,14)\, semejante al Hijo (cf. 8\,29-30). Y todo esto es consecuencia de la fe dada al Mesías.\nEn definitiva\, el Espíritu libera de la tiranía de los bajos instintos e infunde una nueva vida\, feliz y definitiva: el Espíritu libera y salva. Y en eso se conoce el verdadero cristiano.\n\nEl término «espíritu» resulta apropiado para expresar la fuerza de amor y de vida por la cual Dios se auto comunica. El Espíritu de Dios es Dios mismo\, en cuanto se da. En el caso del ser humano\, su destino es «el corazón»\, la interioridad del hombre en su aspecto estable. Por eso se habla de que se «derrama» o se «infunde» de modo gratuito y generoso para poner al ser humano en sintonía con Dios. Cuando se dice que este Espíritu se recibe por medio de Jesús\, es decir\, por haberle dado la adhesión de fe a él\, queda claro que la sintonía con Dios se establece por la configuración con Jesús.\nEsa «configuración» no se realiza por la adopción de rasgos físicos\, sino por la aceptación de Jesús como modelo de Hijo\, y por la asimilación de su Espíritu para aprender a vivir como Dios nos enseña a través de la vida\, pasión\, muerte y resurrección de Jesús. La vida cristiana es fruto de la libertad que se obtiene por la acción interior del Espíritu.\nEl verdadero cristiano se caracteriza –según enseña Pablo– por su libertad para amar (no está dominado por los bajos instintos egoístas) y porque vive la alegría de la salvación (no se deja dominar por el miedo a la muerte). Comulgando con el «cuerpo entregado» y con la «sangre derramada» de Jesús\, nos abrimos al Espíritu Santo.\nFeliz sábado en compañía de María\, madre del Señor.
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SUMMARY:XXX Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Eclesiástico (35\,12-14.16-18): \nEL Señor es juez\,\ny para él no cuenta el prestigio de las personas.\nPara él no hay acepción de personas en perjuicio del pobre\,\nsino que escucha la oración del oprimido.\nNo desdeña la súplica del huérfano\,\nni a la viuda cuando se desahoga en su lamento.\nQuien sirve de buena gana\, es bien aceptado\,\ny su plegaria sube hasta las nubes.\nLa oración del humilde atraviesa las nubes\,\ny no se detiene hasta que alcanza su destino.\nNo desiste hasta que el Altísimo lo atiende\,\njuzga a los justos y les hace justicia.\nEl Señor no tardará. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 33\,2-3.17-18.19.23 \nR/. El afligido invocó al Señor\, y él lo escuchó \nV/. Bendigo al Señor en todo momento\,\nsu alabanza está siempre en mi boca;\nmi alma se gloría en el Señor:\nque los humildes lo escuchen y se alegren R/. \nV/. El Señor se enfrenta con los malhechores\,\npara borrar de la tierra su memoria.\nCuando uno grita\, el Señor lo escucha\ny lo libra de sus angustias. R/. \nV/. El Señor está cerca de los atribulados\,\nsalva a los abatidos.\nEl Señor redime a sus siervos\,\nno será castigado quien se acoge a él. R/. \n\n\nSegunda lectura\nLectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (4\,6-8.16-18): \nQuerido hermano:\nYo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente.\nHe combatido el noble combate\, he acabado la carrera\, he conservado la fe.\nPor lo demás\, me está reservada la corona de la justicia\, que el Señor\, juez justo\, me dará en aquel día; y no solo a mí\, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación.\nEn mi primera defensa\, nadie estuvo a mi lado\, sino que todos me abandonaron. ¡No les sea tenido en cuenta!\nMas el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que\, a través de mí\, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todas las naciones. Y fui librado de la boca del león.\nEl Señor me librará de toda obra mala y me salvará llevándome a su reino celestial.\nA él la gloria por los siglos de los siglos. Amén. \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (18\,9-14): \nEn aquel tiempo\, Jesús dijo esta parábola a algunos que se confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:\n«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro\, publicano. El fariseo\, erguido\, oraba así en su interior:\n“¡Oh Dios!\, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones\, injustos\, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”.\nEl publicano\, en cambio\, quedándose atrás\, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo\, sino que se golpeaba el pecho diciendo:\n“Oh Dios!\, ten compasión de este pecador”.\nOs digo que este bajó a su casa justificado\, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado\, y el que se humilla será enaltecido». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nXXX Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.\n\nJesús sigue dirigiéndose a sus discípulos y tratando de neutralizar el influjo que sobre ellos ejercen los fariseos. Así como antes había contrastado dos maneras de orar\, la de Juan Bautista y la suya (11\,1-5)\, ahora vuelve a contrastarlas con otros dos actores: un religioso fariseo y un despreciado recaudador de impuestos\, ambos amigos del dinero.\nLa oración depende de la representación que uno se haga de Dios. Por eso\, podemos ver en esta parábola dos distintas concepciones de Dios\, la del fariseo y la del recaudador. La parábola es continuación de la anterior\, la de la viuda. En aquella\, Jesús inculcó la perseverancia; en esta\, la autenticidad. La razón de ser de la parábola es la actitud de quienes están convencidos de tener tan buena relación con Dios que\, por eso\, se sienten con derecho a despreciar a los demás. Esta parábola se refiere a algo que se desarrolla en el templo y en un ambiente de oración\, datos que acentúan la intimidad de la relación del hombre con Dios.\n\nLc 18\,9-14.\nLas concepciones de Dios que se desprenden de estas dos formas de orar rebasan las figuras del fariseo y del recaudador. De hecho\, por carecer de nombre propio\, se convierten en personajes representativos\, cada uno con su particular visión de Dios. Con todo y ser ambos aficionados al dinero\, sus respectivas maneras de representarse a Dios son divergentes.\n1. La oración del fariseo.\nEste personaje parte de la suposición de que Dios es como él se lo imagina\, y que existe buena relación entre él y Dios. Como se imagina que Dios desprecia al pecador\, el fariseo se considera autorizado por él para hacer otro tanto. Su postura corporal es indicativa: ora erguido\, seguro de sí mismo. Su complacida acción de gracias muestra el elevado concepto que tiene de sí mismo: él es diferente\, tanto de «los demás hombres»\, es decir\, de los paganos\, como de «ese recaudador»\, que es un ejemplo de israelita indigno. Se distingue de «los demás hombres» de dos maneras: por un lado\, no roba\, no comete injusticia\, ni es adúltero; por el otro\, él no es un israelita renegado «como ese recaudador»\, al que se refiere con evidente desdén. Por eso\, enseguida\, pasa a describir su conducta como israelita ejemplar: su ayuno los martes y los jueves –se privaban hasta de beber agua– y su escrupuloso pago del diezmo –aunque pasaban por alto «la justicia y el amor de Dios» (Lc 11\,42)–; en ambas prácticas cifra su seguridad. No manifiesta necesitar de Dios\, por eso no pide; pero sí hace alarde de las prácticas piadosas de su grupo (cf. 5\,33).\nEl Dios al cual ora el fariseo es el de la religión de las minuciosas prácticas\, el que discrimina y excluye de su trato a ciertos seres humanos\, el que busca adoradores piadosos y cumplidores. Pero\, en definitiva\, un Dios que no hace falta. El fariseo muestra como un logro exclusivamente suyo todo lo que es y todo lo que hace; nada le debe a Dios. Parecería que es Dios quien le debe a él –por lo menos– un aplauso.\n2. La oración del recaudador.\nÉl parte de la suposición de que su relación con Dios no es buena\, pero no por falta de prácticas religiosas\, sino porque se identifica como «el pecador» (cf. Sal 51\,3) típico\, porque ha cometido injusticias en contra de sus semejantes. Por eso se siente alejado de Dios y se mantiene a distancia\, porque sus acciones no son justas. A eso se debe que no se atreva a «levantar los ojos al cielo»\, porque siente una gran vergüenza a causa de la prioridad que le ha dado al dinero por encima de las personas\, que era su gran pecado como recaudador. Pero se muestra claramente arrepentido\, y lo expresa golpeándose el pecho\, admitiendo su culpa y como tratando de reprocharse el daño que ha causado. Pero\, sobre todo\, manifiesta una gran necesidad de que Dios se compadezca de él\, que mire su miseria y le ayude. Él se reconoce pecador y nada alega en su defensa ni tampoco aduce práctica alguna para merecer y justificarse; simplemente\, se confía a la compasión de Dios.\nEl Dios al cual ora el recaudador es el del amor compasivo\, tanto para las víctimas como para sus victimarios. Él sabe que Dios reprueba su mala conducta contra los demás\, el daño que ha hecho dejándose llevar por el amor al dinero\, pero sabe que Dios lo puede perdonar y ayudarlo a vivir honradamente y a convivir en la justicia con quienes hasta el presente ha perjudicado.\nLa figura del fariseo y la del juez injusto se corresponden como las del recaudador y la viuda. El juez injusto se sentía seguro de sí mismo y facultado para despreciar a la viuda\, como el fariseo se siente superior y desdeña al recaudador. Algo semejante ocurrió con el rico y el pobre Lázaro\, y con el hermano mayor y el menor en la parábola del padre y los dos hijos. La relación con Dios depende de la relación con los demás; pero\, cuando se tiene una falsa representación de Dios\, la relación con los demás es inequitativa e injusta\, y esto impide la relación armoniosa con Dios.\nJesús concluye la parábola con una seria advertencia: hay oraciones que no logran su objetivo\, y eso se debe a que esas oraciones se dirigen a una divinidad inexistente\, que estratifica las personas y a unas las hace objeto de desprecio. Solo logran su objetivo las oraciones que se dirigen al Dios que valora la dignidad de todas las personas y hace valer por igual el derecho de todas ellas.\n\nJesús no es neutral. Aprueba la visión de Dios que tiene el recaudador y desaprueba la del fariseo. La oración que construye la buena relación con Dios es la que lleva a rectificar la relación con el prójimo\, para dejar de hacer el mal y aprender a hacer el bien. La oración autocomplaciente es vacía. Quien se desentiende de los demás en su oración\, sencillamente\, no ora\, no se comunica con Dios\, se engaña a sí mismo.\nPero\, además\, esa oración autocomplaciente es resultado del orgullo\, de sentirse superior a los demás\, de creerse con derecho a menospreciar y a excluir a los otros\, supuestamente porque son «pecadores» y no-practicantes. Esa oración es propia de quien se ha encerrado en sí mismo y se hace impenetrable a la gracia de Dios. En cambio\, la oración del insatisfecho de sí mismo\, que se reconoce pecador y está dispuesto a cambiar\, esa sí obtiene el favor compasivo y generoso de Dios. Así fue la oración del recaudador de impuestos.\nAl congregarnos en nuestras asambleas dominicales\, comencemos reconociendo con sinceridad que somos pecadores\, dejémonos transformar por el Espíritu Santo\, y regresemos dispuestos a convivir mejor con los demás. Eso nos dará la garantía de que vamos con el Señor.\nFeliz día del Señor.
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SUMMARY:28 de octubre. Fiesta de los santos Simón y Judas\, apóstoles.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (2\,19-22): \nYa no sois extranjeros ni forasteros\, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas\, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado\, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción\, para ser morada de Dios\, por el Espíritu. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 18\,2-3.4-5 \nR/. A toda la tierra alcanza su pregón \nEl cielo proclama la gloria de Dios\,\nel firmamento pregona la obra de sus manos:\nel día al día le pasa el mensaje\,\nla noche a la noche se lo susurra. R/. \nSin que hablen\, sin que pronuncien\,\nsin que resuene su voz\,\na toda la tierra alcanza su pregón\ny hasta los límites del orbe su lenguaje. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (6\,12-19): \nEn aquel tiempo\, subió Jesús a la montaña a orar\, y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día\, llamó a sus discípulos\, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón\, al que puso de nombre Pedro\, y Andrés\, su hermano\, Santiago\, Juan\, Felipe\, Bartolomé\, Mateo\, Tomás\, Santiago Alfeo\, Simón\, apodado el Celotes\, Judas el de Santiago y Judas Iscariote\, que fue el traidor. Bajó del monte con ellos y se paró en un llano\, con un grupo grande de discípulos y de pueblo\, procedente de toda Judea\, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados\, y la gente trataba de tocarlo\, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nLunes de la XXXI semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nPablo explica que la condición de «hijos de Dios» les da a los creyentes la vida divina\, que se recibe por el Espíritu y se manifiesta en la conducta. La expresión de carácter semítico «hijo de» indica una relación muy cercana entre la persona a la que se le aplica y la realidad a la que se refiere. En el Antiguo Testamento puede significar: discipulado (cf. Sir 3\,8)\, localización (cf. Eze 23\,15)\, pertenencia a un grupo (cf. Eze 3\,11; Neh 12\,28; Amo 7\,14)\, pertenencia a la condición humana (Joel 1\,12; Dan 7\,13)\, atribución de una cualidad (cf. Jue 18\,2)\, o de un defecto (cf. Sal 89\,23)\, o de un castigo (cf. Deu 25\,2).\nEn el Nuevo Testamento suele indicar: destino final (cf. Jn 17\,12)\, identificación (cf. Ef 2\,2)\, condición (cf. Efe 5\,8)\, pertenencia (cf. Mt 8\,12)\, o actividad (cf. Mc 2\,19). La condición de «hijos de Dios» implica también la identificación con «el Hijo»\, la pertenencia a la familia (o «casa») del Padre y la actividad propia tanto del Padre como de su Hijo: dar vida.\n\nRom 8\,12-17.\nLos «hermanos» (hijos del mismo padre) sí estamos en deuda\, pero no con los bajos instintos\, porque ellos dan muerte\, no vida; por consiguiente\, no tenemos por qué vivir a merced de sus descontrolados impulsos. Si viviéramos a su arbitrio\, lo único que podríamos esperar sería la muerte. Dios es vida\, y se da por medio de su Espíritu para infundirnos su vida. Lo que nos hermana es el Espíritu de Dios\, que da vida\, porque Dios es Padre\, comunicador de su propia vida\, que es vida eterna. Gracias al Espíritu\, podemos «dar muerte» a las obras de la carne (suprimirlas del todo) para vivir de verdad. Se trata de romper definitivamente con un estilo de vida egocéntrico y egoísta. Por eso estamos en deuda de gratitud con Dios\, pues\, al darnos su Espíritu nos da su vida y nos hace sus hijos. Como queda dicho\, la condición de «hijo» entraña varios sentidos\, pero los principales son estos:\n• Origen o procedencia\n• Condición o naturaleza\n• Conducta o destino.\nLa condición de «hijo de Dios» se acredita por medio de la conducta. «Todos y solo aquellos que se dejan conducir por el Espíritu de Dios» son los únicos que pueden llamarse «hijos de Dios». Se trata de algo libre («se dejan llevar») pero con un origen y un destino determinados: el origen es el amor vivificador («Espíritu») de Dios; el destino\, dar vida como la da el Padre. La disciplina\, por importante que sea en la vida humana\, y por supuesto en la vida cristiana\, no es la que constituye al ser humano en hijo de Dios\, es el Espíritu Santo\, con su dinamismo de amor (espontáneo impulso de auto donación) y de vida (comunicación del Espíritu por la propia entrega de amor) el que nos hace semejantes al Padre\, según el modelo del Hijo.\nPablo precisa ahora el sentido en que había utilizado la metáfora del «siervo» (cf. 6\,16-22) a partir de la oposición esclavo-hijo. Además\, juega con dos sentidos del término «espíritu». Si el «espíritu» del hombre es el impulso interior que define sus motivaciones\, sus tendencias y sus decisiones\, el «Espíritu» de Dios es Dios en persona\, que se da a sí mismo\, que se entrega al ser humano para infundirle su propia vida. El cristiano recibe el Espíritu de Dios (o «de su Hijo»: Gal 4\,6)\, que es factor de libertad (cf. 2Cor 3\,17).\nHay una enorme diferencia entre el hijo y el esclavo. El impulso vital que por amor infunde Dios en el cristiano no es un «espíritu» de esclavos ni de temor. El esclavo no es libre\, y vive en el temor; el hijo\, al contrario\, es libre y vive en el amor confiado («¡Abba!»). El Espíritu le certifica al hijo su condición de hijo; y\, como el hijo es heredero\, el Espíritu nos asegura que somos hijos y herederos de Dios. La realidad de hijo queda asegurada por la experiencia del amor divino y por la vida nueva\, libre de la tiranía de los bajos impulsos: libertad para amar. La realidad de heredero consta por la permanencia de esa vida libre para amar\, que espera «la plena condición de hijos» (8\,23). Ya sabemos cuál es la herencia de este Padre\, porque él ya se la dio a Jesús\, su Hijo primogénito; por eso nos consta que lo que vamos a heredar es la vida eterna. Y el hecho de compartir la pasión de Jesucristo (Jesús Mesías) es señal segura de que compartiremos también su gloria. Aquí vuelve al principio de solidaridad que expuso un poco antes (cf. 5\,12-19)\, pero ahora en su aspecto más positivo: la solidaridad en el destino definitivo (cf. Gal 4\,7). De hecho\, la intimidad y el trato familiar que el cristiano tiene con su Padre Dios (supuesta en el grito Ἀββά\, del arameo אַבָּא) es igual a la de Jesús (cf. Mc 14\,36). Por la comunidad de Espíritu\, el cristiano es partícipe de la ternura y de la confianza con las que Jesús se dirige el Padre (cf. Mt 11\,25; Lc 22\,42)\, y es posible que Pablo aquí se refiera al comienzo del padrenuestro según la tradición de Lucas (cf. 11\,2). El «espíritu de adopción» (πνεῦμα υἱοθεςίας) es\, a la vez\, la acción del Espíritu\, que constituye al hombre hijo de Dios\, y la decisión humana de hacerse hijo siguiendo al Hijo. La «adopción» (υἱοθεςία)\, predicada de Israel (Rom 9\,4) por haber sido elegido por Dios (cf. Exo 4\,22; Isa 1\,2; Jer 31\,9; Os 11\,1)\, ahora se predica de los cristianos (cf. Rom 8\,23; Gal 4\,5; Efe 1\,5).\nLa oposición entre «sufrimientos» de Jesús y «gloria» evoca el rechazo de Jesús por parte de «los hombres» –porque él no avalaba sus conductas «según la carne»– y su total aceptación por parte de Dios\, porque con su conducta mostró ser realmente hijo suyo.\n\nEn la cultura hebrea las condiciones del hijo y la del esclavo se diferencian por estos rasgos: la libertad\, obviamente\, y la herencia\, o patrimonio familiar.\nEl hijo es libre y es heredero. El esclavo no es libre ni tampoco heredero. Pablo aplica esos conceptos a los hijos de Dios y a los que no lo son esta manera:\n• Esclavos son los sometidos a los bajos instintos («los deseos de la carne»).\n• Hijos son los que libremente aceptan ser guiados por el Espíritu de Dios.\n• La herencia de los esclavos es\, ahora\, la muerte en vida y\, en el futuro\, la muerte definitiva.\n• La herencia de los hijos\, después de haber tomado parte en los sufrimientos del Mesías\, es la plenitud de vida desde ahora (la dicha de los hijos) y\, en el futuro\, la gloria del Padre.\nHay que advertir\, sin embargo\, que Pablo no hace mención ni alusión a los que no siendo cristianos son\, de hecho\, dóciles al Espíritu de Dios y dan vida como él (posibilidad que Jesús abrió declarando que también ellos reciben en herencia el reino del Padre: cf. Mt 25\,34). Esto es importante no perderlo de vista para no caer en fanatismos excluyentes.\nEn la eucaristía nos sentamos a la mesa de los hijos para compartir desde ahora «el pan del mañana»\, y nos regocijamos con la dicha de los hijos en presencia del Padre.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la XXX semana del Tiempo Ordinario. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8\,18-25): \nSostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un dia se nos descubrirá. Porque la creación\, expectante\, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración\, no por su voluntad\, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción\, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros\, que poseemos las primicias del Espíritu\, gemimos en nuestro interior\, aguardando la hora de ser hijos de Dios\, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esperanza fuimos salvados. Y una esperanza que se ve ya no es esperanza. ¿Cómo seguirá esperando uno aquello que ve? Cuando esperamos lo que no vemos\, aguardamos con perseverancia. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 125\,1-2ab.2cd-3.4-5.6 \nR/. El Señor ha estado grande con nosotros \nCuando el Señor cambió la suerte de Sión\,\nnos parecía soñar:\nla boca se nos llenaba de risas\,\nla lengua de cantares. R/. \nHasta los gentiles decían:\n«El Señor ha estado grande con ellos.»\nEl Señor ha estado grande con nosotros\,\ny estamos alegres. R/. \nQue el Señor cambie nuestra suerte\,\ncomo los torrentes del Negueb.\nLos que sembraban con lágrimas\ncosechan entre cantares. R/. \nAl ir\, iba llorando\,\nllevando la semilla;\nal volver\, vuelve cantando\,\ntrayendo sus gavillas. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (13\,18-21): \nEn aquel tiempo\, decía Jesús: «¿A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece\, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas.»\nY añadió: «¿A qué compararé el reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina\, hasta que todo fermenta.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMartes de la XXX semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nSer «hijo» de Dios es una realidad presente y abierta a un futuro insospechado. En la realidad presente\, el creyente vive la ambivalencia de «tener vida eterna» y ser mortal\, participar del Espíritu de Dios y resistirse a la tiranía de «la carne» (los bajos impulsos)\, esperar con certeza y no avizorar todavía el objeto de esa esperanza. Pero\, al mismo tiempo\, la certidumbre del «hijo» consiste en la dicha de la nueva vida que experimenta y que lo impulsa a vivir como el Padre\, siguiendo los pasos del «Hijo»\, y a comprobar que la victoria sobre la «carne» es ya un hecho comprobable\, aunque todavía no definitivo. Sabe que eso «definitivo» vendrá\, y tiene la actitud y la disposición para esperar cuando aparentemente no haya esperanza a la vista.\nLo que le da esa certidumbre al cristiano no es un mero optimismo\, sino la esperanza propia de quien ha recibido en lo más hondo de su ser la fuerza arrolladora del amor de Dios\, amor que inunda su existencia con una vivencia que se verifica tanto en el hecho de sentirse amado de forma asombrosa y desbordante\, como en el hecho inédito y gozoso de amar como nunca pensó hacerlo\, superando sus propios límites. Esa esperanza se cifra en la comprobación de que\, al infundirle su Espíritu\, Dios lo capacitó para heredar la condición divina\, y\, por tanto\, ya no hay meta que no pueda alcanzar.\n\nRom 8\,18-25.\nDespués de haber afirmado que el hecho de compartir los sufrimientos del Mesías es señal de que compartiremos su «gloria» (8\,17)\, ahora expone la ventajosa desproporción entre esos sufrimientos y esa gloria\, que es un hecho en Jesús resucitado y\, de algún modo\, en el cristiano reengendrado (cf. 2Cor 3\,18)\, aunque todavía no se haya manifestado plenamente. Pablo no habla solo de manifestación\, sino también de «revelación»\, dando a entender que el hombre es todavía incapaz de concebir el esplendor de esa gloria futura\, ni de imaginar cómo la misma gloria\, a través suyo\, llegará a la humanidad entera. Luego\, pasa a referirse a la esperanza de la misma. Y la presenta en dos perspectivas\, una universal y la otra particular:\n1. Perspectiva universal.\nComo un vigía que avizora el horizonte\, también la humanidad –toda la humanidad (κτίσις\, «creación»\, se refiere a la humanidad entera: cf. 2Co 5\,17; Ga 6\,15)– espera anhelante que se revele lo que es ser hijos de Dios (ser libre y heredero). Esto deja entender que la condición de «hijos de Dios» va más allá de las apariencias\, y que requiere una «revelación» por parte de Dios para conocerla. De hecho\, la humanidad es pecadora ante él («la sometió»: a juicio suyo es pecadora. Cf. Rm 11\,32; Ga 3\,22). Este sometimiento de la humanidad a la «decadencia» (ματαιότης: «vaciedad»)\, expresado primero en categorías morales\, en relación con el pecado\, se expresa más delante en categorías físicas (v. 21: φθορά: «corrupción»)\, en relación con la muerte. Pero esta misma humanidad abriga la esperanza de verse libre del sometimiento a la decadencia para alcanzar la libertad y la gloria de los hijos de Dios. Esa libertad y esa gloria sanean la condición moral («pecado») y física («corrupción») del ser humano.\nAquí se aprecia un distanciamiento con respecto de la «filosofía» griega. Esta pretendía liberar el espíritu de la materia\, considerando mala la materia; la fe cristiana –como considera «obra» de Dios el ser entero– anuncia la liberación integral del ser humano.\nLa liberación que la humanidad anhela a tientas tiene dos aspectos: a) la liberación del pecado\, y b) la liberación de la corrupción. Esto lo «sabemos» por experiencia humana y porque nos ha sido revelado el sentido de la historia: es como un parto doloroso (cf. Isa 66\,6-8; Jer 13\,21). La liberación del pecado elimina la sujeción interior; la liberación de la corrupción conduce a la superación de la corrupción y a la participación de la gloria de Dios.\n2. Perspectiva particular.\nPero no solo la humanidad en general. Incluso los que poseemos el Espíritu\, como primicia de esa vida nueva\, anhelamos y esperamos llegar a la plena condición de los hijos de Dios\, el definitivo rescate de nuestro ser (la resurrección de la muerte)\, ya que con esa esperanza nos salvó Jesús (nos dio vida/Espíritu). El concepto de «primicia» implica un don inicial\, real\, y a la vez incompleto\, en vistas a una plenitud futura. En esa perspectiva\, la adopción es una realidad presente (cf. 8\,15)\, pero también abierta a una realización plena en su alcance. A eso se refiere cuando habla de «la plena condición de hijos»\, a semejanza de la condición filial de Jesús después de su resurrección (cf. 1\,4)\, por obra del Espíritu Santo (cf. 1\,3; 8\,11)\, que es el rescate definitivo de la persona en cuanto ser en relación («cuerpo»). Esa es la «esperanza» con la cual fuimos «salvados»\, colmados de vida\, agraciados con las primicias del Espíritu. La esperanza es como la adopción: ya disfrutamos del cumplimiento de la promesa\, pero todavía esperamos un cumplimiento futuro en plenitud. Esa esperanza tiene que seguir siendo futura\, porque\, si no\, dejaría de ser esperanza. Por eso\, necesitamos constancia para aguardar que se realice dicha esperanza. Pablo describe con el vocabulario de la vista –en categorías semitas– la experiencia de la salvación. En efecto\, «ver» no es simplemente percibir con los ojos\, sino tener experiencia personal de algo. Quiere dar a entender que la salvación (vida) objeto de la esperanza es humanamente inimaginable (cf. 1Cor 2\,9; Isa 64\,4) y que esta existencia limitada no nos permite comprender la plenitud de vida a la que estamos destinados. Por eso\, esperar el cumplimiento de una promesa cuyo pleno contenido escapa a nuestra comprensión es algo que requiere confianza y constancia de nuestra parte.\n\nLa realización de la esperanza requiere de nuestra parte actividad\, no pasividad. El cristiano muestra su esperanza en el compromiso y en la capacidad de correr riesgos\, sin imprudencia\, para que la promesa de Dios sea conocida y la humanidad reciba así respuesta a sus anhelos. No hay esperanza en la pasividad\, sino en el dinamismo que provoca el Espíritu Santo.\nLa liberación es obra del Espíritu de Jesús. Él rompe nuestra sujeción a los impulsos egoístas («los bajos instintos»)\, anula de raíz nuestra inclinación al pecado (la injusticia personal)\, nos saca de nuestra complicidad con la injusticia social («el pecado del mundo») y nos sitúa por encima de la ley (natural\, civil y religiosa) para que amemos con la libertad del Hijo de Dios.\nLa glorificación es la consecuencia última y definitiva de nuestra salvación. Dios la realiza en nosotros por medio de su Espíritu\, como la realizó en Jesús\, resucitándolo de la muerte\, para romper nuestra última atadura: la condición mortal\, y hacernos exclusiva y plenamente hijos suyos\, iguales a él\, así como Jesús. Y esa será nuestra herencia definitiva.\nEsta es la realidad que la eucaristía opera de manera progresiva en nosotros\, porque nos va liberando y salvando y\, de este modo\, el sacramento nos va configurando con Jesús.\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la XXX semana del Tiempo Ordinario. Año I
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8\,26-30): \nEl Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad\, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene\, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu\, y que su intercesión por los santos es según Dios. Sabemos también que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido\, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo\, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó\, los llamó; a los que llamó\, los justificó; a los que justificó\, los glorificó. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 12\,4-5.6 \nR/. Yo confío\, Señor\, en tu misericordia \nAtiende y respóndeme\, Señor\, Dios mío;\nda luz a mis ojos para que no me duerma en la muerte\,\npara que no diga mi enemigo: «Le he podido»\,\nni se alegre mi adversario de mi fracaso. R/. \nPorque yo confío en tu misericordia:\nalegra mi corazón con tu auxilio\,\ny cantaré al Señor\npor el bien que me ha hecho. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (13\,22-30): \nEn aquel tiempo\, Jesús\, de camino hacia Jerusalén\, recorría ciudades y aldeas enseñando.\nUno le preguntó: «Señor\, ¿serán pocos los que se salven?»\nJesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta\, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta\, diciendo: “Señor\, ábrenos”; y él os replicará: “No sé quiénes sois.” Entonces comenzaréis a decir: “Hemos comido y bebido contigo\, y tú has enseñado en nuestras plazas.” Pero él os replicará: “No sé quiénes sois. Alejaos de mí\, malvados.” Entonces será el llanto y el rechinar de dientes\, cuando veáis a Abrahán\, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios\, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente\, del norte y del sur\, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros\, y primeros que serán últimos.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nMiércoles de la XXX semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nLa esperanza cristiana le da contenido y respuesta a la expectativa humana. El ansia de libertad y vida de «la creación» (κτίσις: la humanidad entera) no solo es compartida\, sino interpretada por «los que tenemos las primicias del Espíritu» (αὐτοί τὴν ἀπαρχὴν τοῦ πνεύματος ἔχοντες). Aquí se advierte una distinción entre «la humanidad» y «nosotros»\, cuyo rasgo diferenciador es el hecho de que «nosotros… poseemos el Espíritu».\nNosotros certificamos que la expectativa de la humanidad corresponde al designio de su Creador\, y que a nosotros se nos asignó la responsabilidad de dar testimonio de que tal expectativa revela en el corazón humano la promesa de Dios a toda la «creación». Este es el punto en donde se articulan la promesa de Dios y el más profundo anhelo humano.\nEn esta tarea\, «los que tenemos el Espíritu como primicias» no estamos solos\, dejados a nuestras fuerzas y a nuestra imaginación. Dado que es una promesa que sobrepasa nuestra capacidad de imaginarla\, el Espíritu acude en ayuda de los creyentes\, para que podamos cumplir esa misión. Si la humanidad da testimonio de la esperanza en la promesa cuando espera que se revele lo que es ser hijo de Dios\, y si los cristianos damos un testimonio explícito de esa esperanza fundados en el sentido que conocemos de la historia\, el tercer testimonio corre por cuenta del Espíritu.\n\nRom 8\,26-30.\nEl Espíritu es\, a la vez\, Dios mismo que se nos comunica\, y capacidad de amor que Dios infunde en nosotros para que «conozcamos» a Dios por experiencia y nos «parezcamos» a él. Así somos partícipes de la gloria divina y capaces de irradiarla con nuestro testimonio.\n1. Auxiliados por el Espíritu.\nLa esperanza cristiana induce a una espera activa. La primera actividad es la oración\, entendida como discernimiento del designio divino y petición para que ese designio se realice en cada época de la historia. Por eso\, es necesario discernir «las señales de los tiempos» con el fin de secundar la actividad de Dios en la historia. Sin embargo\, la realidad del mundo es compleja y no siempre resulta fácil determinar qué tendencias favorecen el reinado y el reino de Dios.\nLa esperanza de la humanidad\, confiada a las meras fuerzas humanas\, corre el riesgo de perder fuerza o «constancia» (cf. 8\,25) en razón de la fragilidad humana. El Espíritu viene en ayuda del cristiano sumándose a su intercesión (ὑπερεντυγχάνω\, ὑπερ + ἐν + τυγχάνω: «encontrarse con») para que pueda hacer ese discernimiento («no sabemos») y esa petición («qué debemos pedir»). «El Espíritu en persona» lo hace potenciando el «gemido» de los que asumen como tarea propia ese trabajo de parto (cf. 8\,22) que entraña la apropiación de la historia de la humanidad como su tarea correspondiente. El Espíritu les ayuda a entender y a pedir en comunión con Dios\, Señor de dicha historia. El cristiano que ora de esa manera lo hace consciente de que el Espíritu actúa en él y a través de él\, y se siente vocero de la humanidad entera.\n«Escrutar el corazón» es una atribución de Dios (cf. Prv 20\,27; Sal 139\,1; 1Cor 4\,5). Solo él puede identificar la presencia y la acción del Espíritu en el corazón humano e interpretar esos gemidos irreductibles a palabras\, y reconocer la inspiración que le añade el Espíritu a esa intercesión para apoyar a los cristianos. La auténtica oración cristiana está animada por el Espíritu de Dios\, y esto es lo que la hace reconocible como hecha «en nombre de» Jesús\, es decir\, en comunión con él.\n2. Configurados con el Hijo.\nY Dios interviene\, cooperando con los que lo aman\, que son los que él ha llamado para realizar su designio. El designio divino favorece todo lo que contribuye a la realización de los que poseen las primicias del Espíritu. El amor divino realiza la sintonía de los cristianos con él a través del mismo Espíritu. Este amor se concreta\, primero\, en una elección\, que se expresa en términos de conocimiento previo a la existencia (προγινώσκω)\, o predestinación (cf. Efe 1\,4)\, y también en una previa destinación a reproducir en sí los rasgos del Hijo\, de tal forma que este Hijo resulte siendo el mayor («primogénito») de muchos «hermanos» (iguales). Esto significa que el designio de Dios\, realizado ejemplarmente por Jesús\, se prolonga en la historia y en la geografía a través de una muchedumbre de «hijos» elegidos con la misma vocación y misión del Hijo primogénito. Además\, estos hijos elegidos con tan honrosa destinación fueron «llamados»\, lo cual subraya la libertad de los mismos\, porque la llamada\, que es una iniciativa libre de Dios\, exige una respuesta libre del hombre\, que es la fe. Tras esa libre respuesta de fe\, vino la rehabilitación\, la condición de hombres renovados\, nacidos de nuevo\, a los cuales\, finalmente\, les comunicó su gloria\, que es el Espíritu. Dios quiere y hace que cada cristiano sea una réplica de su Hijo. De hecho\, tomó la iniciativa de acuerdo con su propósito\, y por eso él «coopera en todo» para el bien de quienes él destinó a reproducir en sí «la imagen de su Hijo»\, configuración que se da por la gracia divina y la respuesta humana: Dios da su Espíritu\, y el creyente se hace cada vez más «hijo» dejándose guiar por el Espíritu (cf. 8\,14). Nótese que no se trata de una «predestinación» individual\, como si se tratara de una anticipada programación del destino de cada uno\, sino de la «predestinación» de la humanidad entera\, a la cual responden libremente los que aceptan a Jesús como Mesías.\nPablo no describe propiamente las etapas de un proceso cronológico\, ya que los hechos que va enumerando pueden coincidir. Quiere mostrar un dinamismo que se encamina a un objetivo\, la «gloria» de la cual ya está revestido el Mesías y que nos será plenamente participada por medio de él. «Nosotros\, que poseemos el Espíritu como primicia» de esa gloria\, tenemos tan asegurada esa participación\, que se justifica el empleo del tiempo pasado («les comunicó su gloria») cuando se trata de esta realidad (cf. 2Tes 2\,13-14; Efe 1\,11-13).\n\nLos seguidores de Jesús tenemos la misión de orientar la historia de la humanidad. Disponemos de la común condición humana\, creada para la libertad y la vida\, y de la luz y la fuerza del Espíritu\, que nos pone en sintonía con Dios y su designio\, configurándonos con Jesús. Nuestra semejanza con Jesús es la condición para cumplir esa misión. El Espíritu nos capacita para ser hijos de Dios y hermanos de Jesús. Así nos «encarnamos» en la común condición humana –en sus coordenadas de tiempo (historia)\, espacio (geografía) y culturas (todas)–\, interpretamos sus ansias de libertad y de vida y les damos respuesta proponiendo la persona\, la obra y el mensaje de Jesús.\nEl primer anuncio de la fe no puede desentenderse de las circunstancias en que viven las personas (historia y geografía) y de sus relaciones con Dios\, entre sí y con la naturaleza (cultura). Para dar respuestas acertadas\, hay que escuchar atentamente las preguntas.\nY en la celebración de la eucaristía\, actualizando la memoria del Señor\, nos configuramos con él y nos dejamos conducir por su Espíritu para dar respuesta a nuestra misión y a la humanidad.\nFeliz miércoles.
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