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SUMMARY:I Domingo de Adviento. Ciclo A.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del Profeta Isaías 2\,1-5. \nVISIÓN de Isaías\, hijo de Amós\, acerca de Judá y de Jerusalén.\nEn los días futuros estará firme\nel monte de la casa del Señor\,\nen la cumbre de las montañas\,\nmás elevado que las colinas.\nHacia él confluirán todas las naciones\,\ncaminarán pueblos numerosos y dirán:\n«Venid\, subamos al monte del Señor\,\na la casa del Dios de Jacob.\nÉl nos instruirá en sus caminos\ny marcharemos por sus sendas;\nporque de Sión saldrá la ley\,\nla palabra del Señor de Jerusalén».\nJuzgará entre las naciones\,\nserá árbitro de pueblos numerosos.\nDe las espadas forjarán arados\,\nde las lanzas\, podaderas.\nNo alzará la espada pueblo contra pueblo\,\nno se adiestrarán para la guerra.\nCasa de Jacob\, venid;\ncaminemos a la luz del Señor. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 121\, 1-2. 3-4a. 4b-5. 6-7. 8-9 \nR/. Vamos alegres a la casa del Señor. \nV/. ¡Qué alegría cuando me dijeron:\n«Vamos a la casa del Señor»!\nYa están pisando nuestros pies\ntus umbrales\, Jerusalén. R/. \nV/. Allá suben las tribus\,\nlas tribus del Señor\,\nsegún la costumbre de Israel\,\na celebrar el nombre del Señor;\nen ella están los tribunales de justicia\,\nen el palacio de David. R/. \nV/. Desead la paz a Jerusalén:\n«Vivan seguros los que te aman\,\nhaya paz dentro de tus muros\,\nseguridad en tus palacios». R/. \nV/. Por mis hermanos y compañeros\,\nvoy a decir: «La paz contigo».\nPor la casa del Señor\,\nnuestro Dios\, te deseo todo bien. R/. \n\n\nSegunda lectura\nLectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 13\,11-14. \nHERMANOS:\nComportaos reconociendo el momento en que vivís\, pues ya es hora de despertaros del sueño\, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada\, el día está cerca: dejemos\, pues\, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz.\nAndemos como en pleno día\, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras\, nada de lujuria y desenfreno\, nada de riñas y envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo. \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo Evangelio según San Mateo 24\,37-44. \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos:\n«Cuando venga el Hijo del hombre\, pasará como en tiempo de Noé.\nEn los días antes del diluvio\, la gente comía y bebía\, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo\, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo\, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo\, a una se la llevarán y a otra la dejarán.\nPor tanto\, estad en vela\, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.\nComprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón\, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa.\nPor eso\, estad también vosotros preparados\, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nI Domingo de Adviento. Ciclo A.\n\nEl término «adviento»\, que significa «llegada»\, es apócope de «advenimiento»\, y designa el tiempo litúrgico que transcurre entre el domingo más próximo al 30 de noviembre y el 24 de diciembre. Es tiempo de preparación a la «llegada» de Jesús. Esta llegada se entiende de tres maneras:\n• Primera\, en carne: se refiere al nacimiento de Jesús\, como acontecimiento histórico.\n• Segunda\, con fuerza: se refiere a la comunicación del Espíritu Santo\, fuerza de vida.\n• Tercera\, con gloria: se refiere a su manifestación en la historia\, como Señor resucitado.\nNosotros conmemoramos la primera\, celebramos la segunda\, y esperamos la tercera.\nEl año litúrgico termina y comienza con la misma aclamación que resuena en la celebración de la eucaristía: «¡Ven\, Señor Jesús!». Adviento es un tiempo para cultivar la esperanza\, pero también nos forma en la espera. Son actitudes distintas: la esperanza exige confianza; la espera\, paciencia.\n\nMt 24\,37-44.\nLa llegada del Señor se vive de dos modos diferentes\, y depende del sentido que se le atribuya a la vida y a la convivencia. Antes de la venida histórica de Jesús hay un estilo de vida y convivencia que prepara o dificulta el encuentro con Dios en la historia. Después de esa venida\, la vida y la convivencia exitosas dependen de su sintonía con la vida\, muerte y resurrección del Señor.\nEl texto que se lee este primer domingo distingue la llegada del Señor a la humanidad en general y a su comunidad en particular.\n1. La llegada del Señor a la humanidad.\nJesús parte de lo que aconteció antes del diluvio. Se trata de un suceso inesperado pero predecible que marcó un cambio de época a partir de una situación de injusticia\, pero no es la destrucción de la creación. Jesús asegura que así sucederá cuando él venga con gloria.\nLa sociedad vivía pendiente de la conservación y prolongación de la vida física\, de espaldas a la realidad que se cernía sobre ella. «Comían y bebían» (τρώγωνυες καὶ πίνοντες) sugiere\, además de las funciones básicas para conservar la vida y la convivencia\, un modo particular de hacerlo. El verbo griego «comer» aquí empleado (τρώγω) se usaba\, sobre todo\, para la manducación animal\, y significa masticar\, roer\, triturar alimentos\, sobre todo crudos. Implica fijar la atención en el modo como se come: por pequeñas porciones. No entraña el hecho de comer juntos\, sino la mera acción de consumir los alimentos para garantizar la propia subsistencia.\nAdemás –dice literalmente–\, que «se casaban y se daban en matrimonio»\, indicando la diferencia social entre varones y mujeres en lo que se refiere a la prolongación de la convivencia. Ellos eran autónomos («se casaban»)\, pero ellas no («se daban en matrimonio»). Era una sociedad en la que el varón disponía de la mujer a su arbitrio\, y esto no concordaba con el designio que el Creador había manifestado desde el principio\, cuando creó la pareja (cf. Mt 19\,3-9).\nDescribe así\, «en los días de Noé»\, individuos materialistas en la práctica e inequitativos en sus relaciones de convivencia. El cataclismo los sorprendió a todos desprevenidos\, acomodados en su materialismo y en sus exclusiones. Así\, advierte Jesús\, sucederá también cuando llegue el Hijo del Hombre: va a sorprender la sociedad en su rutina\, pero también va a mostrar las diferencias que existen detrás de las apariencias. Personas que parecían identificadas por un mismo oficio o por una misma condición se mostrarán diferentes en el día de la llegada del Hijo del Hombre de acuerdo con la actitud interior que hayan tenido o la conducta que hayan observado.\n2. La llegada del Señor a su comunidad.\nLos cristianos viven insertos en la sociedad\, conviven como iguales entre los demás ciudadanos\, pero tienen como Señor a Jesús\, el Hijo del Hombre. Esto significa que encarnan los valores que Jesús propone\, y ejercen sobre sí mismos el señorío que él les participa por el don del Espíritu que les comunica\, es decir\, son interiormente libres.\nJesús los invita a «mantenerse despiertos» (γρηγορέω)\, lo que no se refiere a una mera actitud de vigilia\, sino a su libre determinación a solidarizarse con él y a identificarse con su muerte (cf. Mt 26\,38.40.41)\, espantando la modorra que hace que la comunidad relaje su compromiso y permita la infiltración del mal (cf. Mt 13\,25; 25\,5; 26\,40). La llegada del Hijo del Hombre coincide con la persecución de los suyos; él llega para salvarlos (cf. v. 13) y reunirlos (cf. v. 31). Esa salvación es posible en la medida en que el discípulo se resiste a participar de la injusticia y se empeña en dar la buena noticia del amor universal. Esa buena noticia\, como se ve claro en las bienaventuranzas\, es testimonio personal y comunitario de los discípulos: su vida y su convivencia conjuntamente. La persecución «por su fidelidad» (Mt 5\,10) proviene de proclamar con hechos y palabras el amor universal\, que causa la ruina de los regímenes injustos; y la fidelidad\, mantenida «hasta el fin»\, les garantiza definitivamente la vida (cf. Mt 24\,13).\nAsí como el mal no avisa\, la llegada del Señor\, que se da para vencer el mal\, tampoco. Porque la entrega hasta la muerte depende de la maduración del cristiano y de su comunidad\, que los hace «hijos» de Dios como Jesús. Esa es la razón por la que «solo el Padre» (Mt 24\,36) puede precisar «el día y la hora»\, porque solo él conoce cuándo se verifica esa identificación con Jesús. Por eso\, no pueden descuidarse\, deben estar siempre preparados. Si los discípulos están preparados para hacerle frente al mal y afrontar la persecución\, incluso si les tocara entregar sus vidas\, estarán preparados para cuando el Señor llegue.\n\nLa vida individual y la convivencia social permitieron o impidieron recibir a Jesús en su llegada «en carne»\, históricamente; permiten o impiden su llegada «con fuerza» en el momento presente; y permitirán o impedirán su llegada «con gloria» en el futuro inmediato. Nuestro modo de vivir y de convivir o nos prepara para acoger al Señor\, o prepara nuestro fracaso definitivo.\nEl tiempo de Adviento nos prepara a conmemorar la llegada histórica de Jesús\, nos invita a celebrar su llegada con fuerza en nuestra vida personal\, y nos mantiene despiertos para recibirlo cuando llegue «con gloria». La esperanza que cultivamos en Adviento es responsable\, activa y gozosa. Responsable\, porque responde con fe a la promesa del Señor; activa\, porque prepara con diligencia la llegada del Señor; y gozosa\, porque vivimos y celebramos anticipando desde ya la alegría de ese encuentro\, nunca lejano.\nLos hijos de Dios\, en apariencia\, no nos diferenciamos de los demás: tenemos iguales derechos\, asumimos los mismos deberes\, participamos de la misma convivencia social y contribuimos con nuestro trabajo a la construcción de la sociedad; pero el ideal de vida que perseguimos es el de Jesús\, y nuestro ideal de convivencia es el reino de Dios. Por eso\, la cena eucarística –que\, vista con otra mirada\, es una simple comida ritual– es para nosotros encuentro con Jesús\, profecía de la nueva humanidad\, y prenda de la felicidad futura.\nFeliz día del Señor.
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SUMMARY:Lunes de la I semana de Adviento. Año
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de Isaías (2\,1-5): \nVISIÓN de Isaías\, hijo de Amós\, acerca de Judá y de Jerusalén.\nEn los días futuros estará firme\nel monte de la casa del Señor\,\nen la cumbre de las montañas\,\nmás elevado que las colinas.\nHacia él confluirán todas las naciones\,\ncaminarán pueblos numerosos y dirán:\n«Venid\, subamos al monte del Señor\,\na la casa del Dios de Jacob.\nÉl nos instruirá en sus caminos\ny marcharemos por sus sendas;\nporque de Sión saldrá la ley\,\nla palabra del Señor de Jerusalén».\nJuzgará entre las naciones\,\nserá árbitro de pueblos numerosos.\nDe las espadas forjarán arados\,\nde las lanzas\, podaderas.\nNo alzará la espada pueblo contra pueblo\,\nno se adiestrarán para la guerra.\nCasa de Jacob\, venid;\ncaminemos a la luz del Señor. \nPalabra de Dios \nPRIMERA LECTURA (opcional para el año A) Is 4\, 2-6 \nLectura del libro de Isaías. \nAQUEL día\, el vástago del Señor será el esplendor y la gloria\, y el fruto del país será orgullo y ornamento para los redimidos de Israel.\nA los que queden en Sion y al resto de Jerusalén\nlos llamarán santos: todos los que en Jerusalén están inscritos para la vida.\nCuando el Señor haya lavado la impureza de las hijas de Sion\ny purificado la sangre derramada en Jerusalén\,\ncon viento justiciero\, con un soplo ardiente\,\ncreará el Señor sobre toda la extensión del monte Sion y sobre su asamblea\nuna nube de día\, un humo y un resplandor de fuego llameante de noche.\nY por encimo\, la glora será un baldaquino\ny una tienda\, sombra en la canícula\,\nrefugio y abrigo de la tempestad y de la lluvia. \nPalabra de Dios. \n\n\n\nSalmo\n\nSal 121\,1-2.4-5.6-7.8-9 \nR/. Vamos alegres a la casa del Señor. \nV/. ¡Qué alegría cuando me dijeron:\n«Vamos a la casa del Señor»!\nYa están pisando nuestros pies\ntus umbrales\, Jerusalén. R/. \nV/. Jerusalén está fundada\ncomo ciudad bien compacta.\nAllá suben las tribus\,\nlas tribus del Señor. R/. \nV/. Según la costumbre de Israel\,\na celebrar el nombre del Señor;\nen ella están los tribunales de justicia\,\nen el palacio de David. R/. \nV/. Desead la paz a Jerusalén:\n«Vivan seguros los que te aman\,\nhaya paz dentro de tus muros\,\nseguridad en tus palacios». R/. \nV/. Por mis hermanos y compañeros\,\nvoy a decir: «La paz contigo».\nPor la casa del Señor\, nuestro Dios\,\nte deseo todo bien. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (8\,5-11): \nEN aquel tiempo\, al entrar Jesús en Cafarnaún\, un centurión se le acercó rogándole:\n«Señor\, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho».\nLe contestó:\n«Voy yo a curarlo».\nPero el centurión le replicó:\n«Señor\, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra\, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”\, y va; al otro: “Ven”\, y viene; a mi criado: “Haz esto”\, y lo hace».\nAl oírlo\, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían:\n«En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán\, Isaac y Jacob en el reino de los cielos». \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nLunes de la I semana de Adviento.\n\nLas lecturas diarias de este tiempo están coordinadas en función del mensaje propio del mismo y siguiendo el esquema promesa-cumplimiento. Como mensaje de fondo\, habrá que subrayar el cambio que se da: ya no se trata de buscar a Dios\, sino de dejarse encontrar por él. Nosotros no «vamos a buscar a Dios»\, como en la religión\, sino que el Señor «viene»: ese es el mensaje de la fe; solo hay que prepararle el camino.\nLas lecturas de la primera semana anuncian mensajes que alientan la esperanza de una mejor vida personal y de una más armoniosa convivencia social\, y denuncian los hechos y los mensajes que se oponen a esa esperanza.\nEste día tiene dos opciones para la primera lectura\, dado que la que se propone en primer lugar se lee como primera del I domingo en el ciclo A\, con el fin de no repetirla enseguida. El mensaje es el de la paz o salvación universal.\n\n1. Primera lectura: promesa (Is 2\,1-5).\nLa mirada iluminada del profeta descubre la misión universal del pueblo y de la ciudad santa\, que se convertirá en polo de atracción para «las naciones»\, excluidas hasta ese momento. En la visión\, «el monte de la casa del Señor» descuella sobre las colinas; como los santuarios se edificaban en la cima de los montes\, esto significa que la fe israelita en el Señor sobresaldrá por encima de otra fe religiosa y prevalecerá sobre todas ellas («encumbrado sobre los montes»).\nLa visión de Isaías se enfoca a continuación en una numerosa peregrinación internacional («hacia él confluirán las naciones») en la que «pueblos numerosos» afluyen al templo cantando salmos de ascensión («subamos al monte del Señor») y reconocerán al Señor («Dios de Jacob»)\, el Dios de las promesas. Se dejarán enseñar por él en el buen vivir y convivir («él nos instruirá en sus caminos»)\, y se dejarán guiar por él («marcharemos por sus sendas») reconociendo también su Ley\, lo que implica un pacto o alianza con él.\nAsí\, él cambiará las relaciones internacionales («será el árbitro de las naciones\, el juez de pueblos numerosos»). El ingenio hasta entonces dedicado a la fabricación de armas se pondrá al servicio de la forja de herramientas de trabajo («de las espadas forjarán arados\, de las lanzas podaderas»): hombres de guerra\, entregados a despojar a otros\, se convierten en hombres laboriosos\, que con su trabajo construyen bienestar al mismo tiempo que excluyen la violencia («no alzará la espada pueblo contra pueblo\, ya no se adiestrarán para la guerra»): las naciones renuncian a la guerra y se dedican a la construcción de la paz.\nPara eso es necesario que el pueblo de Dios dé testimonio de fe; eso significa para él «caminar a la luz del Señor». No hay misión sin fe.\n\n1. Primera lectura: promesa (Is 4\,2-6).\nSe trata de un oráculo de restauración leído en clave mesiánica\, porque su tiempo («aquel día») es indefinido. En efecto\, «el vástago del Señor» está en paralelo con «el fruto del país»\, alusión probable a la prosperidad que seguirá a la catástrofe general\, prosperidad descrita en los términos convencionales para hablar de la dicha de los tiempos mesiánicos (cf. Am 9\,13; Is 61\,11; Sl 72\,16). La perspectiva del profeta se extiende así mismo al renacimiento del pueblo que\, reducido a un «resto»\, se convertirá en el germen de un futuro glorioso.\nEl «vástago del Señor» evoca un título asignado al hijo de Jesé (cf. Is 11\,1)\, David\, rey y figura del Mesías (cf. Jr 23\,5; 33\,15; Zac 3\,8; 6\,12). Este se constituirá en el orgullo nativo del país\, en honor y ornato para los que sobrevivan a la destrucción\, para el «resto»\, que quedará en Jerusalén y que volverá a llamarse pueblo «santo»\, y será censado como población realmente viva\, porque viven en presencia del Señor («los vivos»).\nPero primero hay que lavar una inmundicia\, comparada con la sangre menstrual: es impura por ser menstrual; es criminal por haber sido derramada en Jerusalén. Esta ablución se hará por un «viento justiciero» (רוּחַ מִשְׁפָּט: «espíritu de juicio»)\, con un «soplo abrasador» (רוּחַ בָּעֵר: «espíritu abrasador»). Luego\, realiza Dios en todo el ámbito del templo y sus alrededores la presencia protectora de su gloria\, como en un renovado éxodo: nube de día\, humo luminoso de noche.\nSe trata de una enumeración de las principales manifestaciones de Dios y de su protección en el relato del éxodo («nube\, humo\, fuego») que acompañan la celebración de la alianza\, evocada aquí por el «baldaquino» nupcial (cf. Sl 19\,5; Jl 2\,16). Estos acontecimientos son recreados en la ciudad santa purificada\, donde se manifiesta la gloria divina y se evoca la fiesta de la Chozas («cabaña»). Solo entonces puede volver Dios a habitar en medio de su pueblo.\nNo hay convivencia real con Dios si no hay convivencia justa entre los hombres.\n\n2. Evangelio: cumplimiento (Mt 8\,5-11).\nJesús entra en Cafarnaún y un militar romano se le acerca. Su llegada facilita el acercamiento del «profano»\, y lo expone\, según la ley\, a hacerse impuro. Pero el pagano le hace un ruego a partir de la denuncia de su propia injusticia: «el siervo» de su familia (οἰκία)\, «el criado»\, está postrado\, paralítico\, despiadadamente atormentado. Esa determinación («el siervo») es totalizante\, engloba la servidumbre y caracteriza como tormentosa la relación amo-siervo. Jesús se ofrece a ponerle remedio a esa relación (θεραπεύω: iniciativa liberadora de su amor) y el pagano reacciona dándole fe por el crédito que le asigna a su mensaje. Primero\, reconoce no ser apto para recibir a Jesús\, dada su condición de extranjero y la injusticia que se vive en su casa\, pero\, ante todo\, declara que basta el mínimo mensaje de Jesús para que su criado quede «sano» (ἰάομαι: sanear una relación).\nReconoce que su mensaje tiene eficacia porque Jesús tiene autoridad (ἐξσουσία: libertad)\, o sea\, la capacidad de liberar. La fe que manifiesta este pagano les ha faltado a los israelitas\, y es sobre ella que se construye la nueva alianza\, por la cual «pueblos numerosos»\, desde los cuatro puntos cardinales\, como libres se sentarán con los patriarcas a la mesa del banquete del reino de Dios.\nEl banquete del «reino de los Cielos» (el reino universal de Dios) se abre a los que den fe a Jesús aceptando su mensaje liberador\, sin exclusión alguna por motivos étnicos o culturales. Banquete anticipado por la eucaristía.\n\nEl sueño de una sociedad reconciliada\, sin la tormentosa y paralizante relación de dominadores y dominados\, solo es posible aceptando el mensaje de Jesús\, que hace iguales a todos los seres humanos delante de Dios. Todos igualmente pecadores\, todos igualmente amados y perdonados\, todos llamados a la fe\, todos invitados como iguales al banquete del reino. Esta realidad se hace posible por anticipado en la celebración de la eucaristía. Allí nos sentamos como hermanos y aprendemos a desarmarnos\, a deponer nuestras violencias\, y a reconocer la autoridad del Señor.\nDe hecho\, cada vez que la celebramos volvemos a recordar las palabras de ese centurión antes de comulgar: reconocemos que no somos aptos para recibir al Señor que viene\, pero declaramos estar dispuestos a aceptar su mensaje para que él sanee nuestras relaciones de convivencia.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la I semana de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (11\,1-10): \nAQUEL día\, brotará un renuevo del tronco de Jesé\,\ny de su raíz florecerá un vástago.\nSobre él se posará el espíritu del Señor:\nespíritu de sabiduría y entendimiento\,\nespíritu de consejo y fortaleza\,\nespíritu de ciencia y temor del Señor.\nLe inspirará el temor del Señor.\nNo juzgará por apariencias\nni sentenciará de oídas;\njuzgará a los pobres con justicia\,\nsentenciará con rectitud a los sencillos de la tierra;\npero golpeará al violento con la vara de su boca\,\ny con el soplo de sus labios hará morir al malvado.\nLa justicia será ceñidor de su cintura\,\ny la lealtad\, cinturón de sus caderas.\nHabitará el lobo con el cordero\,\nel leopardo se tumbará con el cabrito\,\nel ternero y el león pacerán juntos:\nun muchacho será su pastor.\nLa vaca pastará con el oso\,\nsus crías se tumbarán juntas;\nel león como el buey\, comerá paja.\nEl niño de pecho retozará junto al escondrijo de la serpiente\,\ny el recién destetado extiende la mano\nhacia la madriguera del áspid.\nNadie causará daño ni estrago\npor todo mi monte santo:\nporque está lleno el país del conocimiento del Señor\,\ncomo las aguas colman el mar.\nAquel día\, la raíz de Jesé\nserá elevada como enseña de los pueblos:\nse volverán hacia ella las naciones\ny será gloriosa su morada. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 71\,1-2.7-8.12-13.17 \nR/. Que en sus días florezca la justicia\ny la paz abunde eternamente. \nV/. Dios mío\, confía tu juicio al rey\,\ntu justicia al hijo de reyes\,\npara que rija a tu pueblo con justicia\,\na tus humildes con rectitud. R/. \nV/. En sus días florezca la justicia\ny la paz hasta que falte la luna;\ndomine de mar a mar\,\ndel Gran Río al confín de la tierra. R/. \nV/. Él librará al pobre que clamaba\,\nal afligido que no tenía protector;\nél se apiadará del pobre y del indigente\,\ny salvará la vida de los pobres. R/. \nV/. Que su nombre sea eterno\,\ny su fama dure como el sol;\nél sea la bendición de todos los pueblos\,\ny lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio segun san Lucas (10\,21-24): \nEN aquella hora Jesús se lleno de la alegría en el Espíritu Santo y dijo:\n«Te doy gracias\, Padre\, Señor del cielo y de la tierra\, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos\, y las has revelado a los pequeños. Sí\, Padre\, porque así te ha parecido bien.\nTodo me ha sido entregado por mi Padre\, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».\nY\, volviéndose a sus discípulos\, les dijo aparte:\n«¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis\, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís\, y no lo oyeron». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMartes de la I semana de Adviento.\n\nLa llegada del Mesías conduce a un nuevo conocimiento de Dios que muestra sus alcances en la vida personal y en la convivencia social. No se trata de un saber de carácter académico\, sino de un conocimiento experimental. Quien conoce a Dios vive y convive de un modo consecuente con esa experiencia que tiene de él. El saber intelectual es muy importante para la humanidad\, pero\, en el caso de Dios\, es del todo insuficiente\, ya que el conocimiento de Dios necesariamente genera la paz\, porque exige la práctica de la justicia.\n\n1. Primera lectura: promesa (Is 11\,1-10).\nEl oráculo apela a dos imágenes para ilustrar el conocimiento del Señor\, el Dios que sacó a Israel de Egipto: la primera\, vegetal; la segunda\, animal. En el centro de ellas muestra las consecuencias de dicho conocimiento en el país: sus habitantes no harán daño ni estrago.\n1.1. El tocón de Jesé.\nLa imagen de un árbol talado casi hasta sus raíces sirve para describir la situación de la dinastía de David. Por eso lo denomina «el tocón de Jesé»\, nombre del padre de David. La promesa del Señor mantiene vivo ese tocón\, y ahora recibe la acción del Espíritu del Señor. Cuatro veces se nombra el Espíritu. Es\, al mismo tiempo\, aquel Espíritu que puso orden en el caos (cf. Gn 1\,2) y que le da vida al osario en que se convierte el pueblo en el exilio (cf. Ez 37\,9). Es una infusión de vida que queda abierta a una plenitud posterior. Seis atributos se predican de él; los mismos se predican de la Sabiduría personificada (cf. Prv 8\,12-14)\, y son los que hacen posible el ejercicio de la realeza (cf. Prv 8\,15-20). «Espíritu de sensatez e inteligencia» (רוּחַ חָכְמָה וּבִינָה) se refiere a la perspicacia de una mente abierta con capacidad de entender lo que percibe. «Espíritu de valor y de prudencia» (רוּחַ עֵצָ וּגְבוּרָה) es discernimiento para juzgar y aconsejar y autoridad para hacerlo. «Espíritu de conocimiento y respeto del Señor» (רוּחַ דַּעַת וְיִרְאַה יְהוָה) es un saber derivado de una experiencia que conduce al respeto y la adoración al Señor en la fidelidad a él. Este respeto será la fuente de su inspiración permanente.\n1.2. Las consecuencias.\nPensando en el rey surgido del «tocón de Jesé»\, el profeta se refiere al ejercicio de la realeza\, cuya misión principal es administrar justicia haciendo prevalecer el derecho (cf. 32\,1-3; cf. 2Sam 14\,17; Jer 23\,5; Sal 72\,1-7). Por consiguiente\, se excluye el juicio temerario\, basado en falsas impresiones de vista o de oídas\, ya que el rey practica una justicia que es don de Dios (cf. 1\,26)\, y supone un gobierno con discernimiento que vaya más allá de las apariencias (cf. 32\,3-5; 1Sam 16\,7)\, por eso se afirma el juicio justo\, con énfasis particular en la defensa de los derechos de los desprotegidos y en las víctimas de la opresión (cf. 29\,19-20; Sal 72\,2-4.12-13); y en su favor ha de asegurar una sentencia justa. Esa justicia está intrínsecamente ligada a la prosperidad del país. Si no se les hace justicia a los pobres\, el país camina hacia su ruina. Da garantías de que no habrá impunidad\, pero la ejecución del violento –su pena de muerte– consistirá en la fuerza concluyente de la sentencia oral\, no en la eliminación física. El vástago de David se caracterizará por ser justo y leal.\n1.3. Los animales.\nLa evocación del paraíso campea en la segunda imagen. Las relaciones entre vivientes\, animales y humanos\, evocan la paz paradisíaca. Conviven los antagónicos (el lobo carnívoro y el cordero herbívoro…)\, y la figura humana aparece despojada de todo rasgo de poder y de violencia: un niño los pastorea\, es decir\, está a su servicio para conducirlos a alimentarse y a abrevar. Tampoco hay peligro para el niño\, pues la armonía rige las relaciones recíprocas. Las costumbres locales\, que iniciaban a los niños en el pastoreo\, incluso de animales grandes\, muestran una imagen muy apacible en la que se capta la armonía del hombre con los animales\, incluso feroces.\nLa paz y la justicia entre los seres humanos y las bestias se relaciona como la justicia con el hecho de la llegada de un rey futuro (cf. 9\,6). Al referirse más adelante a la creación restaurada\, el profeta retomará esta imagen (cf. 65\,25). Tumbarse juntos y comer juntos los animales es una imagen de convivencia entre ellos\, a semejanza de las relaciones armoniosas entre las personas.\n\n2. Evangelio: cumplimiento (Lc 10\,21-24).\nEl prometido Espíritu del Señor es el Espíritu Santo\, que descansa sobre Jesús\, el Mesías ungido para dar cumplimiento a las promesas (cf. Lc 4\,18ss). Movido por él\, Jesús exulta de gozo por dos motivos: la presencia activa de la salvación\, y la nueva relación entre Dios y la humanidad.\n2.1. La salvación.\nEl designio de Dios está al alcance de los sencillos\, los que quieren vivir y convivir en libertad\, humildad e igualdad. Pero está fuera del alcance de los que el profeta llamó «sabios y entendidos» (Is 29\,14)\, los que alardeaban de un saber académico que no los comprometía en absoluto. Los intelectuales de la época no entendían las obras del Mesías\, las rechazaban\, pero el pueblo sencillo veía en ellas la obra misma del Dios que los sacó de Egipto. El saber de tales sabios los convertía en torpes al lado de los sencillos que discernían espontáneamente la presencia y la actuación del Señor en la historia de su pueblo\, presencia y acción por largo tiempo esperadas.\n2.2. La relación.\nEl verdadero conocimiento de Dios es experimental y relacional\, no teórico. Conocer a Dios es vivir y convivir como Jesús. A Jesús solo lo conoce el Padre\, y al Padre solo lo conoce Jesús y aquel a quien Jesús libremente se lo revele. Para conocer a Dios hay que aprender a ser su hijo\, porque él es Padre. Quien conoce al Padre no lo demuestra ufanándose de un saber reservado a iniciados\, sino amando como el Hijo\, y apartándose de toda maldad o complicidad con el mal.\nEl júbilo del Espíritu Santo que transfigura a Jesús es la expresión de lo que él celebra como una auténtica victoria de Dios: la prevalencia del bien sin la aniquilación del hombre.\n\nLas estadísticas pueden llevarnos a la conclusión de que nuestro país «está lleno del conocimiento del Señor»\, porque arrojan datos según los cuales un significativo porcentaje de su población es bautizada. Pero las mismas estadísticas señalan crímenes contra el ser humano\, maltrato a los animales\, juicios temerarios contra personas\, millones de víctimas\, daños y estragos por todo el país en proporciones alarmantes. Esos datos no se compaginan.\nPor otro lado\, Jesús sigue exultando de gozo y bendiciendo al Padre porque existen hijos que han desentrañado el verdadero secreto del Padre\, su amor ilimitado\, incondicional\, invariable\, y se han comprometido a vivir y a convivir con base en ese secreto. Solo conoce al Padre quien convive con los demás como hijo suyo\, a imitación de Jesús.\nEn la comunión eucarística expresamos nuestra decisión de asimilarnos a Jesús\, no a demostrar dominio sobre saber teórico alguno. Por eso Pablo solía decir que entre los corintios prefirió «ignorarlo todo\, excepto a Jesús Mesías y\, a este\, crucificado» (cf. 1Co 2\,1-2). Es preferible dar testimonio del amor entregado a presumir de un saber académico que orgullosamente distancia de los demás.\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la I semana de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (25\,6-10a): \nEN aquel día\, preparará el Señor del universo para todos los pueblos\,\nen este monte\, un festín de manjares suculentos\,\nun festín de vinos de solera;\nmanjares exquisitos\, vinos refinados.\nY arrancará en este monte\nel velo que cubre a todos los pueblos\,\nel lienzo extendido sobre a todas las naciones.\nAniquilará la muerte para siempre.\nDios\, el Señor\, enjugará las lágrimas de todos los rostros\,\ny alejará del país el oprobio de su pueblo\n—lo ha dicho el Señor—.\nAquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios.\nEsperábamos en él y nos ha salvado.\nEste es el Señor en quien esperamos.\nCelebremos y gocemos con su salvación\,\nporque reposará sobre este monte la mano del Señor». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 22\,1-3a.3b-4.5.6 \nR/. Habitaré en la casa del Señor por años sin término \nV/. El Señor es mi pastor\, nada me falta:\nen verdes praderas me hace recostar;\nme conduce hacia fuentes tranquilas\ny repara mis fuerzas. R/. \nV/. Me guía por el sendero justo\,\npor el honor de su nombre.\nAunque camine por cañadas oscuras\,\nnada temo\, porque tú vas conmigo:\ntu vara y tu cayado me sosiegan. R/. \nV/. Preparas una mesa ante mí\,\nenfrente de mis enemigos;\nme unges la cabeza con perfume\,\ny mi copa rebosa. R/. \nV/. Tu bondad y tu misericordia me acompañan\ntodos los días de mi vida\,\ny habitaré en la casa del Señor\npor años sin término. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (15\,29-37): \nEN aquel tiempo\, Jesús\, se dirigió al mar de Galilea\, subió al monte y se sentó en él.\nAcudió a él mucha gente llevando tullidos\, ciegos\, lisiados\, sordomudos y muchos otros; los ponían a sus pies\, y él los curaba.\nLa gente se admiraba al ver hablar a los mudos\, sanos a los lisiados\, andar a los tullidos y con vista a los ciegos\, y daban gloria al Dios de Israel.\nJesús llamó a sus discípulos y les dijo:\n«Siento compasión de la gente\, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas\, no sea que desfallezcan en el camino».\nLos discípulos le dijeron:\n«¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?».\nJesús les dijo:\n«¿Cuántos panes tenéis?».\nEllos contestaron:\n«Siete y algunos peces».\nÉl mandó a la gente que se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces\, pronunció la acción de gracias\, los partió y los fue dando a los discípulos\, y los discípulos a la gente.\nComieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete canastos llenos. \nPalabra del Señor.\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMiércoles de la I semana de Adviento.\n\nEl banquete es un hecho de convivencia que se convierte en símbolo universal de convivencia. La comida compartida\, en amistad\, con alegría y generosidad\, es expresión de la fraternidad que da y recibe la vida con la misma naturalidad con la que\, a la mesa\, se pasan los alimentos de mano en mano para el disfrute de todos los comensales.\nEl reino de Dios se simboliza con un banquete\, a menudo de bodas\, para connotar el aspecto de alianza de amor que tiene dicho convivio. Mateo ya ha relatado una vez la repartición de panes (cf. 14\,13-22); esta otra narración tiene semejanzas y diferencias con la primera\, lo que indica que no es un doblete de ella\, sino otra expresión de la misma realidad allí significada. Esta expresión se descubre como cumplimiento de una promesa hecha por Dios y tal vez olvidada por Israel.\n\n1. Primera lectura: promesa (Is 25\,6-10a).\nEl profeta anuncia que el Señor (el Dios que sacó a Israel de Egipto) será el anfitrión de un festín en la línea de los banquetes sagrados que acompañaban los sacrificios de comunión\, en particular con ocasión de grandes fiestas (cf. Ex 24\,11; Dt 16\,13-15; 1Sm 9\,13; Ne 8\,10-12)\, pero con una característica única: será un festín universal («para todos los pueblos»). Tendrá lugar en el centro religioso de Israel («en este monte»)\, algo inaudito: los paganos asociados al «monte santo»\, lugar del templo\, y al culto que allí se celebra. Festín sobreabundante y generoso\, banquete exuberante y que le abre paso a una nueva época (cf. Is 55\,1-2).\nEl signo de viandas compartidas (vida y convivencia) que es el banquete se trasciende a sí mismo por obra del anfitrión: arrancará el velo que impide ver a Dios (cf. 1Ry 19\,13) y comprender sus designios (cf. Is 29\,10-12) –velo de luto que cubre a todos los pueblos (cf. 2Sm 15\,30; 19\,5; Jr 14\,3-4)–\, y el «paño que tapa a todas las naciones». Este «paño» produce doble efecto: a Israel no le permite verlas como el Señor las ve; a ellas no les permite ver al Señor. El «velo» (לוֹט)\, que a la vez es «paño» (מָסָךְ)\, expresa un dolor («luto») por ambas realidades\, porque Israel no puede «ver» las naciones como comensales del mismo banquete\, y porque las naciones no pueden «ver» al Señor como el Dios que las invita al banquete de la vida.\nLa maldición que trajo el pecado (cf. Gn 2\,17; 3\,3.19) será eliminada\, porque el Señor aniquilará la muerte para siempre. La comida aplaza la muerte\, pero este banquete la va a superar de forma definitiva. Se acaba el llanto y surge el consuelo\, y es el Señor quien enjuga las lágrimas «de todos los rostros»\, de los judíos y los paganos. Esta promesa suscita la confesión unánime del Señor como «nuestro Dios»\, es decir\, liberador y salvador\, en quien confiaban todos los que ansiaban la salvación («de quien esperábamos que nos salvara»). Ahora\, ya sin «velo» y sin «paño»\, todos pueden ver al Señor como el Dios de la vida. Es la más bella promesa del Antiguo Testamento.\nEsa promesa invita a la celebración y el festejo de la vida que procede de Dios («su salvación»)\, porque su «mano» creadora\, liberadora y salvadora se manifiesta para todos desde «este monte».\n\n2. Evangelio: cumplimiento (Mt 15\,29-37).\nJesús salió del territorio judío y se dirigió a Tiro y Sidón\, territorio pagano. Subió al «monte» en tierra pagana\, porque ahora el monte está donde él se encuentra\, es decir\, Dios es accesible donde esté Jesús («Dios con nosotros»). Allí mostró que la fe en él es el único requisito para recibir la salvación (cf. 15\,21-28). La repartición de los panes en este contexto pagano\, con alusiones al éxodo («mar»\, «monte») y al retorno del exilio (curación de cojos\, ciegos\, lisiados\, sordomudos\, cf. Mt 11\,2-5; Is 35\,5-6; 29\,18-19)\, es muestra de que el amor de Dios es también\, y del mismo modo\, para los demás pueblos. Los paganos puestos «a sus pies» (hechos discípulos de Jesús) no solo son liberados por su amor («curados»)\, sino conducidos a alabar «al Dios de Israel»\, el Dios cuyas promesas ahora se cumplen también en favor de todas las naciones.\nÉl quiere invitar a los paganos al banquete de la vida por medio de sus discípulos\, pero primero tiene que vencer la resistencia de estos. La multitud que ya lleva «tres días» (cf. Os 6\,2) con Jesús representa a los paganos que lo siguen después de su resurrección\, que han recibido la salvación\, y que él quiere enviar a la misión\, pero pretende involucrar en la misma a sus discípulos judíos.\nAhora\, con los reparos que ellos hacen\, se insinúa que «el paño que cubre a las naciones» es el particularismo opuesto al universalismo. No falta pan\, falta amor. Por eso los invita a reconocer la libertad y la igualdad entre ellos y los paganos («recostarse» es la postura para comer propia de los hombres libres)\, los lleva a reconocer que el pan es don de Dios para todos («dio gracias»)\, y a compartir con los paganos esos dones («partió el pan …se los dieron a la multitud»). Comieron todos\, sin exclusiones (mujeres y niños eran excluidos en la sociedad judía)\, y quedaron saciados (cf. Mt 5\,6). Sobraron «siete cestos» (7: totalidad heterogénea; «cestos»: término pagano): para todo el mundo pagano. Los comensales representan a los pueblos paganos: «cuatro mil» implica dos símbolos numéricos: el 4\, los cuatro puntos cardinales\, la universalidad geográfica; el 1.000\, el carácter de personas incontables. El amor de Dios se revela\, así\, como amor universal.\nEs interesante señalar otra particularidad del vocabulario. Cuando Jesús presentó los panes y los peces entre los judíos\, «pronunció una bendición» (εὐλόγησεν); cuando lo hizo entre los paganos\, «pronunció una acción de gracias» (εὐχαριστήσας). Es lo mismo\, pero el cambio de vocabulario indica el cambio de destinatario. Lo mismo se puede observar en la eucaristía.\n\nEl pan partido y repartido es signo claro del desprendimiento para dar con generosidad; es signo del amor\, de la entrega libre de sí mismo. Invitando a los excluidos al banquete de la vida se sacia su «hambre y su sed de justicia» (Mt 5\,6) y se quita el velo de dolor que cubre las naciones.\nAl ofrecernos el pan\, signo de su «cuerpo entregado»\, su realidad histórica\, Jesús «pronunció una bendición» (εὐλογήσας); al ofrecernos la copa\, signo de su «sangre derramada»\, que es la realidad trascendente de su Espíritu Santo\, «pronunció una acción de gracias» (εὐχαριστήσας). Su entrega histórica se prolonga en el tiempo dando vida por la fuerza del Espíritu Santo.\nLa eucaristía es signo y sacramento de dicha entrega por parte de Jesús\, y compromiso de fe y fidelidad de nuestra parte. Quienes comulgamos con él nos comprometemos a «partir el pan» como él y a crear una nueva convivencia humana para cumplir la promesa de Dios\, que es para todas las naciones del mundo.\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Jueves de la I semana de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de Isaías (26\,1-6): \nAQUEL día\, se cantará este canto en la tierra de Judá:\n«Tenemos una ciudad fuerte\,\nha puesto para salvarla murallas y baluartes.\nAbrid las puertas para que entre un pueblo justo\,\nque observa la lealtad;\nsu ánimo está firme y mantiene la paz\,\nporque confía en ti.\nConfiad siempre en el Señor\,\nporque el Señor es la Roca perpetua.\nDoblegó a los habitantes de la altura\,\na la ciudad elevada;\nla abatirá\, la abatirá\nhasta el suelo\, hasta tocar el polvo.\nLa pisarán los pies\, los pies del oprimido\,\nlos pasos de los pobres».\nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 117\,1.8-9.19-21.25-27a \nR/. Bendito el que viene en nombre del Señor \nR/. Bendito el que viene en nombre del Señor. \nO bien: \nR/. Aleluya \nV/. Dad gracias al Señor porque es bueno\,\nporque es eterna su misericordia.\nMejor es refugiarse en el Señor\nque fiarse de los hombres\,\nmejor es refugiarse en el Señor\nque fiarse de los jefes. R/. \nV/. Abridme las puertas de la salvación\,\ny entraré para dar gracias al Señor.\nEsta es la puerta del Señor:\nlos vencedores entrarán por ella.\nTe doy gracias porque me escuchaste\ny fuiste mí salvación. R/. \nV/. Señor\, danos la salvación;\nSeñor\, danos prosperidad.\nBendito el que viene en nombre del Señor\,\nos bendecimos desde la casa del Señor;\nel Señor es Dios\, él nos ilumina. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (7\,21.24-27): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos:\n«No todo el que me dice “Señor\, Señor” entrará en el reino de los cielos\, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.\nEl que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia\, se desbordaron los ríos\, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió\, porque estaba cimentada sobre roca.\nEl que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia\, se desbordaron los ríos\, soplaron los vientos y rompieron contra la casa\, y se derrumbó. Y su ruina fue grande». \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nJueves de la I semana de Adviento.\n\nEste día muestra la relación entre la vida personal y la convivencia social a la luz de la promesa de Dios. El destino de los pueblos está en manos de sus habitantes\, y si estos se dejan conducir por Dios\, su vida será feliz y su convivencia exitosa. Es responsabilidad de cada uno la suerte de su colectividad; esta no reposa principalmente sobre los líderes\, sino sobre los justos\, o sea\, los que respetan el derecho (primera lectura)\, o los que ponen en práctica el mensaje (evangelio). \n1. Primera lectura: promesa (Is 26\,1-6).\nEl profeta canta un himno de acción de gracias por la victoria en el cual confronta el destino que tienen dos poblaciones: la «ciudad fuerte» (עִיר עָז) y la «urbe encaramada» (מָרוֹם קִרְיָה)\, es decir\, la plaza fuerte\, inaccesible. Y\, como el canto se entona «en territorio de Judá»\, la ciudad fuerte es Jerusalén. Pero no hay suficientes indicios para identificar a la urbe encaramada. Podría ser la capital de Moab (cf. Is 25\,12)\, o Babilonia (cf. Is 23\,13; 25\,2) pero parece que su descripción se limita a proponerla como antitética de la primera y en calidad de paradigma de todas las ciudades enemigas. En todo caso\, enfrenta dos formas de convivencia\, dos «ciudades» distintas:\n1.1. La «ciudad fuerte».\nEn 25\,3s hizo la oposición entre «un pueblo fuerte»\, que es el que reconoce la gloria del Señor\, y «la capital de los tiranos» (cf. Ez 28\,7; 30\,11; 31\,12; 32\,12: Babilonia)\, que respeta al Señor por haber sido protector del desvalido y baluarte del pobre\, es decir\, los caldeos vencidos reconocen que su derrota muestra que el Señor liberó y salvó a los suyos. No obstante\, la mención de Moab (Is 25\,10)\, la cita de Jeremías respecto de Moab (Jer 48\,43-44 en Is 24\,17-18)\, así como la alusión a los viñedos (Is 24\,7-9) –que evocan las viñas de Moab (cf. Is 16\,7-10)– sugieren la destrucción de la capital de ese país en una fecha aún indeterminada.\nLa ciudad fuerte es la convivencia que construye el pueblo de Dios\, amurallada por la salvación\, cuyos habitantes son un pueblo justo\, que respeta sus compromisos con su Dios\, que confía en él\, porque él vela por ellos. Esa confianza es garantía de paz interna y de victoria sobre el enemigo exterior. El Señor es «la roca eterna» sobre la cual se edifica la «ciudad fuerte».\n1.2. La «urbe encaramada».\nEs la convivencia del pueblo enemigo\, orgullosa y pagada de sí misma\, incapaz de resistir el juicio de Dios. Está construida en alturas terrestres\, es decir\, en regiones montañosas\, por eso opuestas a «este monte»\, donde está el templo del Señor\, «mientras que Moab será pisoteado en su sitio» (Is 25\,10). El contraste entre el orgullo de las gentes emplazadas en esos lugares montañosos y la acción del Señor que los aterriza es una imagen frecuente en el Antiguo Testamento (cf. Jer 49\,16; 50\,31-32; Abd 3-4; Pr 16\,18) para señalar el final de la arrogancia de los reinos opresores. Por eso es abatida de su encumbramiento hasta morder el polvo\, es decir\, sufre una derrota que derriba su orgullo\, y tiene que enfrentar después el desprecio de los que ella misma oprimió\, de las víctimas de su poderío.\nEl texto es una especie de meditación sobre el modo de actuar Dios en la historia\, teniendo en cuenta la concepción del mismo en el Antiguo Testamento. \n2. Evangelio: cumplimiento (Mt 7\,21.24-27).\nLa casa es el linaje de cada persona y el ámbito mínimo de convivencia. Hasta allá nos lleva Jesús para valorar la raíz de nuestra capacidad de convivir. Y\, efectivamente\, esta depende de la opción de vida que cada uno haga. El ingreso al «reino de los cielos» (la convivencia humana según el designio de Dios) no se logra con aclamaciones sonoras\, reconociendo de palabra el señorío de Jesús\, sino con el compromiso real de llevar a cabo el designio del Padre (que\, por ser «del Padre»\, consiste en dar vida). Contrasta dos «casas»:\n2.1. La «casa sobre roca».\nEl viviente realmente capaz de convivir es el que escucha el mensaje de Jesús para ponerlo por obra. Es decir\, entiende que el mensaje de Jesús no es un saber para expresarse\, sino transmisión de una experiencia para compartirla. Porque «las palabras» de Jesús infunden el Espíritu Santo\, que es vida divina\, para «vivir» a la manera de Dios. En eso consiste su sensatez o sabiduría: en encontrar el mejor modo de vivir y convivir. Esto se comprueba frente a la adversidad (la lluvia\, los vientos\, la riada)\, que no logra vencer la entereza del amor ni la firmeza que se deriva de un propósito tan firme como es la adhesión a su persona\, el compromiso con su obra y la fidelidad a su mensaje. «El Señor es la roca perpetua» (Is 26\,4). La promesa se cumple para quienes tienen su apoyo en su designio amoroso\, y no en mezquinos designios humanos.\n2.2. La «casa sobre arena».\nTodo el que escucha el mensaje\, pero no lo pone por obra es un viviente incapaz de convivir en armonía. El mensaje de Jesús\, reducido a una hermosa doctrina\, pierde su capacidad renovadora y termina siendo una despreciable estupidez\, como la sal que se vuelve «necia» (cf. Mt 5\,13). El que pretende edificar su vida y su convivencia sobre una bella teoría respecto del respeto a Jesús y a la invocación de su nombre pierde su tiempo y esfuerzo\, porque ese proyecto es inviable. Con eso solo demuestra su necedad o inexperiencia\, suponiendo que es suficiente saber y hablar\, sin comprometer su vida. Por eso\, la adversidad (la misma mencionada en el caso anterior) da al traste con su proyecto individual de vida y social de convivencia\, que fracasa estrepitosamente. \nLa promesa asegura que\, cuando hay confianza en Dios\, él salva. El cumplimiento de la promesa precisa que esa confianza se concreta en la fe en Jesús\, y esta en el hecho de escuchar su mensaje con decisión de vivirlo. La convivencia exitosa depende de la sensatez de la vida. Y la sensatez consiste en comprometerse a poner en práctica el designio del Padre. Ese es el designio que\, en el padrenuestro\, pedimos que se realice en la tierra tal como fue concebido en el cielo.\nLa humanidad anhela una convivencia armoniosa\, pacífica. Los seguidores de Jesús tenemos la tarea de insistir en que esa convivencia la logra «un pueblo justo que honra sus compromisos con su Dios». Los obispos de Latinoamérica y el Caribe lo dijeron así en 1968: «No tendremos un continente nuevo sin nuevas y renovadas estructuras; sobre todo\, no habrá continente nuevo sin hombres nuevos\, que a la luz del Evangelio sepan ser verdaderamente libres y responsables» (CELAM 1\,3).\nEl cumplimiento de la promesa no se retrasa por los dirigentes del pueblo\, sino por las decisiones de los miembros del pueblo. Si es un pueblo justo\, no se retrasa. No basta con decir «Amén» de labios para afuera al recibir la eucaristía; es preciso vivir ese «Amén» con la fe de María\, quien se jugó su vida entera por Jesús.\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de Isaías (29\,17-24): \nESTO dice el Señor:\n«Pronto\, muy pronto\,\nel Líbano se convertirá en vergel\,\ny el vergel parecerá un bosque.\nAquel día\, oirán los sordos las palabras del libro;\nsin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos.\nLos oprimidos volverán a alegrarse en el Señor\,\ny los pobres se llenarán de júbilo en el Santo de Israel;\nporque habrá desaparecido el violento\, no quedará rastro del cínico;\ny serán aniquilados los que traman para hacer el mal:\nlos que condenan a un hombre con su palabra\,\nponen trampas al juez en el tribunal\,\ny por una nadería violan el derecho del inocente.\nPor eso\, el Señor\, que rescató a Abrahán\,\ndice a la casa de Jacob:\n“Ya no se avergonzará Jacob\,\nya no palidecerá su rostro\,\npues\, cuando vean sus hijos mis acciones en medio de ellos\,\nsantificarán mi nombre\,\nsantificarán al Santo de Jacob\ny temerán al Dios de Israel”.\nLos insensatos encontrarán la inteligencia\ny los que murmuraban aprenderán la enseñanza». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 26\,1.4.13-14 \nR/. El Señor es mi luz y mi salvación. \nR/. El Señor es mi luz y mi salvación. \nV/. El Señor es mi luz y mi salvación\,\n¿a quién temeré?\nEl Señor es la defensa de mi vida\,\n¿quién me hará temblar? R/. \nV/. Una cosa pido al Señor\,\neso buscaré:\nhabitar en la casa del Señor\npor los días de mi vida;\ngozar de la dulzura del Señor\,\ncontemplando su templo. R/. \nV/. Espero gozar de la dicha del Señor\nen el país de la vida.\nEspera en el Señor\, sé valiente\,\nten ánimo\, espera en el Señor. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (9\,27-31): \nEN aquel tiempo\, dos ciegos seguían a Jesús\, gritando:\n«Ten compasión de nosotros\, hijo de David».\nAl llegar a la casa se le acercaron los ciegos\, y Jesús les dijo:\n«¿Creéis que puedo hacerlo?».\nContestaron:\n«Sí\, Señor».\nEntonces les tocó los ojos\, diciendo:\n«Que os suceda conforme a vuestra fe».\nY se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente:\n«¡Cuidado con que lo sepa alguien!».\nPero ellos\, al salir\, hablaron de él por toda la comarca. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\nViernes de la I semana de Adviento.\n\nLa fe tiene un doble efecto\, es liberadora y salvadora. Al aceptar y declarar en público el señorío del Mesías Jesús\, el seguidor del Señor se emancipa interior y exteriormente del dominio de sus propios impulsos\, de la tiranía de otros hombres\, y de la sujeción a los falsos valores. Esta libertad es condición indispensable para ser persona\, y ser persona es imprescindible para ser feliz.\nEl mensaje de hoy es una promesa de liberación cumplida. Con imágenes que expresan creación de vida en donde había muerte (reverdecimiento del bosque y la selva\, restauración de órganos de los sentidos dañados\, consolación para los oprimidos y los pobres) y neutralización de quienes causan el mal (tiranos\, cínicos\, malhechores\, calumniadores)\, el profeta anuncia esa promesa de liberación. Y\, con el don de la libertad interior\, Jesús la cumple.1. Primera lectura: promesa (Isa 29\,17-24).\nCon un oráculo de inminente restauración total anuncia el profeta la intervención del Señor para «redimir» (liberar) a su pueblo. La idea de que el Señor va a trastornar a su manera el papel que los sabios se han querido arrogar corresponde a un procedimiento característico de Isaías (cf. Isa 28\,9-13; 29\,14). Aquí se trata de la percepción que ellos tienen de la historia\, distinta de la que va a presentarles el Señor\, quien sí sabe hacia dónde apuntan los acontecimientos.\nComienza por anunciar la pronta restauración de la naturaleza\, y prosigue con la restauración del ser humano. No tarda Dios en rehacer los bosques que destruyó el invasor; tampoco se demora en recrear a su pueblo. Él tiene a la vista lo que los sabios ni siquiera presienten.\nLos sentidos del oído y de la vista sirven para dar una idea de la liberación (cf. Isa 6\,10): oír las palabras del libro (cf. 29\,10-12) hace referencia a que de nada sirven los oráculos de los profetas si el pueblo tiene sus oídos cerrados a ellos; el hecho de que los ojos del ciego puedan «ver sin tinieblas ni obscuridad» (cf. Amós 5\,20; Sal 11\,2)\, alude a que no valen los libros sagrados para quien no sabe leer\, ni sirve saber leer cuando el libro está sellado. Estas metáforas implican la libertad interior para oír las palabras del Señor\, y la libertad exterior para seguirlo.\nPor eso\, los oprimidos y los pobres celebrarán con el Señor\, porque se acabarán los violentos («tiranos») y los embusteros («cínicos») que se desvelan por causar daño a los demás; porque los que se aprovechan del sistema legal para hundir al inocente serán neutralizados. El pueblo que ha confiado en Dios no se avergonzará de haberlo hecho cuando vea actuar la mano liberadora del Señor. Reconocerán y proclamarán que el (nombre del) Señor es santo\, es decir\, recto\, justo\, bienhechor. Los que dudaron o se resistieron no podrán negar que el Señor actuó en su historia. \n2. Evangelio: cumplimiento (Mt 9\,27-31).\n«Dos» es el mínimo de un grupo\, cantidad suficiente para referirse a la actitud de varias personas. Los «dos ciegos» de los que habla el evangelista representan a un colectivo que «sigue» a Jesús\, pero que manifiesta una desesperación («gritando») porque los frustra que no haya sucedido algo que esperan de él. Esta insatisfacción se deduce del nombre con el que lo invocan (υἱός Δαυίδ): «hijo de David». Han estado esperando que Jesús se manifieste como un mesías guerrero\, en la línea de David\, y\, como sus expectativas no se han cumplido\, manifiestan su decepción y le piden a gritos que él colme sus aspiraciones (ἐλέησον ἡμᾶς: «ten compasión de nosotros»). Estos ciegos personifican a cierto grupo de discípulos. Su ceguera\, pues\, consiste en la mentalidad mesiánica nacionalista que los aprisiona como una mazmorra mental\, y los enclaustra en la tiniebla de una falsificación. Ellos quieren que Jesús los libere de esa frustración que sienten.\nHay un trecho indefinido en el que Jesús no da oídos a esa petición. Queda la impresión de que a lo largo de un cierto trayecto de su «seguimiento» ellos esperan en vano que Jesús responda a su petición como «Señor\, Hijo de David»\, que es la forma como lo invocan.\nEn «la casa» (οἰκία)\, el espacio de la comunidad de Jesús\, él les pregunta por su confianza en él\, en que él es capaz de liberarlos de esa ceguera suya. Jesús hace depender la eficacia de su acción liberadora de la fe de ellos en él. Ahora\, ya no se dirigen a él llamándolo «Hijo de David»\, sino «Señor». Esto implica un cambio de ellos en relación con Jesús\, cambio que sugiere el contenido de la fe. Esta no consiste en una declaración doctrinal\, sino en una relación personal. Han dado el paso de una ideología nacionalista y guerrera («Hijo de David») a una relación personal de tipo liberador («Señor»). Primero\, lo llamaron en dos ocasiones «Señor\, Hijo de David» (vv. 30.31)\, a pesar del reproche de la multitud\, denominación que implica cierto sincretismo judeocristiano; luego\, a consecuencia del llamado de Jesús y de su diálogo con él\, se dirigieron a él como «Señor» (v. 33)\, y le pidieron que les «abriera» los ojos.\nEl gesto de tocarles los ojos implica que les infunde vida (Espíritu Santo) para cambiar su visión. La apertura de los ojos no es total (ἀνοίγω\, no διανοίγω)\, lo que implica que no es «grande» la fe de ellos. Por eso Jesús declara que lo que él haga por ellos depende de la fe que ellos realmente tengan\, y\, consciente de que no es mucha la fe de ellos\, les advierte con severidad que no hablen del asunto\, porque\, dada su fe inmadura\, pueden tergiversar el hecho y dar de él una impresión errada\, como la que en vano han querido superar. Pero (y esto prueba la inmadurez de su fe) no le hacen caso a Jesús\, sino que propagan por doquier la visión que ellos tienen de él. \nEn el lenguaje de los profetas\, dar vista a los ciegos constituye una metáfora muy recurrente de liberación (cf. Isa 35\,5.10; 42\,6; 46\,9-10). En el relato no se usa el verbo «curar» ni sus sinónimos\, sino «abrir» los ojos\, expresión semejante a la usada en español para significar que una persona es sacada de la ignorancia\, o convencida de que era errado un punto de vista que sostenía como cierto. «Abrirles los ojos a los ciegos» equivale a desengañar a los engañados.\nEl verbo «liberar» traduce más apropiadamente que «redimir» la acción indicada por los verbos hebreo (פדה) y griego (ἀπολυτρόω) usados en la Biblia\, por estar este («redimir») ligado a la cultura de la compraventa de esclavos. Jesús no «compra» nuestra libertad\, nos la da por la acción interior del Espíritu Santo\, en la medida de nuestra adhesión a él\, y no para someternos a él\, sino para que seamos libres (cf. 2Cor 3\,17); no nos hace «esclavos»\, nos hace igualmente señores como él (cf. Jn 15\,15). Jesús nos libera para que vivamos en la libertad del Espíritu (cf. Gal 5\,1).\nDios cumple sobradamente su promesa. Nuestra comunión con el Señor Jesús\, expresada en el sacramento de la eucaristía\, es impulso a nuestra liberación\, para que seamos cada día más libres\, hasta alcanzar la libertad plena y definitiva en el reino del Padre.\nFeliz viernes.
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SUMMARY:Sábado de la I semana de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (30\,19-21.23-26): \nESTO dice el Señor\, el Santo de Israel:\n«Pueblo de Sión\, que habitas en Jerusalén\,\nno tendrás que llorar\,\nse apiadará de ti al oír tu gemido:\napenas te oiga\, te responderá.\nAunque el Señor te diera\nel pan de la angustia y el agua de la opresión\nya no se esconderá tu Maestro\,\ntus ojos verán a tu Maestro.\nSi te desvías a la derecha o a la izquierda\,\ntus oídos oirán una palabra a tus espaldas que te dice: “Éste es el camino\, camina por él”.\nTe dará lluvia para la semilla\nque siembras en el campo\,\ny el grano cosechado en el campo\nserá abundante y suculento;\naquel día\, tus ganados pastarán en anchas praderas;\nlos bueyes y asnos que trabajan en el campo\ncomerán forraje fermentado\,\naventado con pala y con rastrillo.\nEn toda alta montaña\,\nen toda colina elevada\nhabrá canales y cauces de agua\nel día de la gran matanza\, cuando caigan las torres.\nLa luz de la luna será como la luz del sol\,\ny la luz del sol será siete veces mayor\,\ncomo la luz de siete días\,\ncuando el Señor vende la herida de su pueblo\ny cure las llagas de sus golpes».\nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 146\,1-2.3-4.5-6 \nR/. Dichosos los que esperan en el Señor \nV/. Alabad al Señor\, que la música es buena;\nnuestro Dios merece una alabanza armoniosa.\nEl Señor reconstruye Jerusalén\,\nreúne a los deportados de Israel. R/. \nV/. Él sana los corazones destrozados\,\nvenda sus heridas.\nCuenta el número de las estrellas\,\na cada una la llama por su nombre. R/. \nV/. Nuestro Señor es grande y poderoso\,\nsu sabiduría no tiene medida.\nEl Señor sostiene a los humildes\,\nhumilla hasta el polvo a los malvados. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (9\,35–10\,1.6-8): \nEN aquel tiempo\, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas\, enseñando en sus sinagogas\, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.\nAl ver a las muchedumbres\, se compadecía de ellas\, porque estaban extenuadas y abandonadas\, «como ovejas que no tienen pastor».\nEntonces dice a sus discípulos:\n«La mies es abundante\, pero los trabajadores son pocos; rogad\, pues\, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».\nLlamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia.\nA estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:\n«Id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos\, resucitad muertos\, limpiad leprosos\, arrojad demonios. Gratis habéis recibido\, dad gratis». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nSábado de la I semana de Adviento.\n\nLa segunda consecuencia de la fe es una experiencia de «salvación» (nueva vida)\, que el seguidor de Jesús tiene gracias al don del Espíritu Santo. La fe es la respuesta del ser humano a la propuesta que Dios le hace por medio de Jesús; y la infusión de vida es la respuesta de Dios a la fe. Así se realiza el diálogo de la salvación: a una fe más firme responde Dios con una experiencia mucho más intensa del don del Espíritu Santo. Al principio\, Abraham entendió la promesa como «un descendiente»; después\, como una descendencia tan numerosa con la arena del mar o las estrellas del cielo; más tarde\, sus descendientes la entendieron como la garantía de supervivencia para el pueblo; luego\, como supervivencia personal y\, finalmente\, con Jesús\, quedó claro que la promesa era el don del Espíritu para vivir eternamente como Dios.\n\n1. Primera lectura: promesa (Isa 30\,19-21.23-26).\nLa salvación tiene dos obstáculos\, la injusticia y la negación del derecho. El injusto se aparta de Dios; el transgresor del derecho\, del prójimo. Por eso tarda la salvación\, porque el Señor es recto y justo. Pero él está siempre dispuesto a apiadarse (cf. Isa 30\,18)\, a escuchar al pueblo que llora y gime (cf. Exo 3\,7; 6\,5)\, ya que en eso consiste su justicia (cf. Isa 5\,16 con 30\,18)\, y por ello la dicha de los que esperan en él está fuera de duda (cf. Isa 56\,2; Sl 1\,1; 2\,12; 32\,1-2; 33\,12; 4\,5). Las privaciones que sufre el pueblo («el agua tasada\, el pan medido») son responsabilidad suya. El Señor siempre será el Maestro que guía al pueblo. Y\, como maestro\, indica que el pueblo debe dar dos pasos: la enmienda (v. 21: volver al derecho) y la conversión (v. 22\, omitido: renunciar a los ídolos).\nTras esos dos pasos\, el cumplimiento de la promesa de vida se desborda como un torrente:\nEn primer lugar\, en la cultura agrícola: se acaba el tiempo del «agua tasada y el pan medido»\, y la vida abundará donde abunden las condiciones para la misma. La lluvia significará la bendición del trabajo del hombre anulando la maldición del pecado (cf. Gen 3\,17-19); sobre la siembra se derramará generosa\, y la tierra producirá cosecha que significará alimento suculento y abundante. Este alimento no es solo para el ser humano\, como se aprecia a continuación.\nEn segundo lugar\, en la cultura pecuaria: los ganados podrán pastar y estarán bien alimentados\, de modo que los ayudantes del hombre en sus tareas disfruten a placer. El «forraje fermentado» (literalmente: «forraje salado») era un forraje especialmente preparado y muy apreciado por los ganados. Un proverbio árabe dice que «el forraje dulce es el pan para los camellos»\, pero que «el forraje saldado es su mermelada».\nEn tercer lugar\, en la prodigalidad de la naturaleza: el agua abundante\, expresada con una imagen audaz («de toda montaña\, de toda colina… aguas abundantes»)\, quiere significar que la hechura de canales de riego reemplazará los trabajos de defensa («torres»: cf. Isa 2\,112-15; 26\,5). En tanto que el sol y la luna\, considerados como divinidades paganas\, pierden luz cuando el Señor viene a juzgar las naciones (cf. Isa 24\,23)\, cuando él salva a su pueblo estos astros se ponen al servicio del Señor de los ejércitos para beneficiar a su pueblo.\n\n2. Evangelio: cumplimiento (Mt 9\,35-10\,1.5-8).\nJesús viene ahora como Maestro («enseñando»)\, y con su enseñanza «curando» (θεραπεύων) todas las enfermedades y los dolores del pueblo (cf. 4\,23-24)\, es decir\, le pone remedio a la situación «proclamando la buena noticia del reino y curando así todo achaque y dolencia». Su mensaje\, la alternativa del reino\, le ofrece solución al malestar del pueblo que sufre. El verbo «curar» denota la iniciativa amorosa de Jesús que acude –antes de cualquier manifestación de fe– a hacer el bien.\nLa calidad de vida de las multitudes es muy precaria\, «andaban como maltrechas y derrengadas» (una vida menguada)\, «como ovejas sin pastor» (convivencia carente de armonía y conducción). Lo primero que él hace es sensibilizar a sus discípulos para que tomen conciencia de la situación\, y enseguida los invita a ponerse ellos a disposición del «dueño» de la mies (Dios\, sembrador del mensaje) para realizar su designio (recoger la cosecha) como braceros suyos.\nLa tarea de la salvación exige una capacitación. En primer lugar\, Jesús los dota de su «autoridad» (ἐξουσία)\, capacidad de estimular e impulsar la libertad de la gente. La palabra «autoridad» denota\, en griego\, la capacidad de actuar con autonomía y de estimular a los otros a proceder del mismo modo. El término «autoridad»\, en español\, deriva del verbo latino «augeo»\, que significa «hacer crecer». En síntesis\, «autoridad» es la capacidad de exteriorizar la propia libertad a fin de estimular el uso de la misma e impulsar el crecimiento humano de otros. Esta «autoridad» conferida por Jesús es el don del Espíritu Santo\, que él les da a sus seguidores con una doble finalidad:\n• Primera\, expulsar (todos) los espíritus inmundos. Como el Espíritu Santo libera\, los «espíritus inmundos» (que alejan de Dios) privan de libertad. Expulsarlos es liberar a los seres humanos.\n• Segunda\, como fruto de lo anterior\, «curar» todo achaque (νόσος) y toda dolencia (μαλακία); o sea\, invalidar la mentira que oprime la mente (νοῦς) y la ira que debilita la voluntad (μαλακίζω).\nLas instrucciones limitan esta primera misión a los primeros destinatarios de la promesa\, para ir en ayuda de las ovejas sin pastor («ovejas descarriadas»)\, han de llevar el mismo mensaje que él (cf. Mt 4\,17) para infundir vida\, como él\, allí donde esta ha menguado por falta de amor. El amor se recibe gratuitamente\, y así se entrega (θεραπεύω).\n\nLa salvación desborda la vida física\, pero pasa a través de ella\, porque la conversión a Dios\, que obtiene el Espíritu\, supone y exige la enmienda de vida\, que reconoce y respeta el derecho del prójimo. No hay vida nueva (salvación) sin convivencia justa (enmienda)\, por eso el mensaje del reino empieza por poner remedio a la injusticia («curar»)\, y conduce a la más alta expresión de justicia (cf. 5\,20)\, la del reino de Dios\, que es la justicia derivada del amor cristiano.\nEl don del Espíritu Santo\, que permite experimentar personalmente la salvación como don del amor del Padre\, capacita también para amar del mismo modo\, y\, por lo mismo\, para «salvar»\, es decir\, para infundir esa misma vida. La vida que recibimos de modo gratuito\, y del mismo modo transmitimos\, se expresa en el sacramento de la eucaristía\, que es don generoso de amor\, y se ha de prolongar a través nuestro\, en conmemoración gozosa de la entrega del cuerpo del Señor.\nFeliz sábado en compañía de María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:II Domingo de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Génesis (3\,9-15.20): \nDespués que Adán comió del árbol\, el Señor llamó al hombre: «¿Dónde estás?»\nÉl contestó: «Oí tu ruido en el jardín\, me dio miedo\, porque estaba desnudo\, y me escondí.»\nEl Señor le replicó: «¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?»\nAdán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto\, y comí.»\nEl Señor dijo a la mujer: «¿Qué es lo que has hecho?»\nElla respondió: «La serpiente me engañó\, y comí.»\nEl Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho eso\, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer\, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.»\nEl hombre llamó a su mujer Eva\, por ser la madre de todos los que viven. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 97\,1.2-3ab.3c-4 \nR/. Cantad al Señor un cántico nuevo\,\nporque ha hecho maravillas \nCantad al Señor un cántico nuevo\,\nporque ha hecho maravillas:\nsu diestra le ha dado la victoria\,\nsu santo brazo. R/. \nEl Señor da a conocer su victoria\,\nrevela a las naciones su justicia:\nse acordó de su misericordia y su fidelidad\nen favor de la casa de Israel. R/. \nLos confines de la tierra han contemplado\nla victoria de nuestro Dios.\nAclama al Señor\, tierra entera;\ngritad\, vitoread\, tocad. R/.\n\n\nSegunda lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1\,3-6.11-12): \nBendito sea Dios\, Padre de nuestro Señor Jesucristo\, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo\, antes de crear el mundo\, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo\, por pura iniciativa suya\, a ser sus hijos\, para que la gloria de su gracia\, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo\, redunde en alabanza suya. Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así\, nosotros\, los que ya esperábamos en Cristo\, seremos alabanza de su gloria. \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Lucas (1.26-38): \nEn aquel tiempo\, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret\, a una virgen desposada con un hombre llamado José\, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.\nEl ángel\, entrando en su presencia\, dijo: «Alégrate\, llena de gracia\, el Señor está contigo.»\nElla se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.\nEl ángel le dijo: «No temas\, María\, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo\, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande\, se llamará Hijo del Altísimo\, el Señor Dios le dará el trono de David\, su padre\, reinará sobre la casa de Jacob para siempre\, y su reino no tendrá fin.»\nY María dijo al ángel: «¿Cómo será eso\, pues no conozco a varón?»\nEl ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti\, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel\, que\, a pesar de su vejez\, ha concebido un hijo\, y ya está de seis meses la que llamaban estéril\, porque para Dios nada hay imposible.»\nMaría contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»\nY la dejó el ángel. \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n8 de diciembre.\nInmaculada concepción de la Santísima Virgen María.\n\nLa acostumbrada expresión «inmaculada concepción» formula en negativo lo que\, en positivo\, podríamos formular en términos de «agraciada concepción». La fe de la Iglesia quiere expresar la predestinación de María como puro don de la gracia divina\, anterior a cualquier merecimiento que se pudiera alegar de parte de ella\, con el propósito divino de «preparar el camino del Señor\, enderezar sus senderos» (cf. Lc 3\,4). Inserta en el adviento\, esta solemnidad de la «inmaculada concepción» revela cómo Dios le preparó el camino a su Hijo y cómo dicha preparación requiere la libre cooperación humana. La afirmación fundamental del tiempo de adviento es que el Señor «viene». Contrario al afán que anima a las religiones (el hombre va a buscar a Dios)\, la fe cristiana afirma que es Dios quien viene a buscar al ser humano (cf. Lc 19\,10; 15\,4.9); así\, el cristiano es «buscador» de Dios porque primero fue «buscado» por él. Más que encontrar a Dios\, el cristiano se dejó encontrar por él. Así se verifica en el caso de María\, la madre del Señor.\n\n1. Primera lectura (Gen 3\,9-15.20).\nLa creación del ser humano por Dios\, «a su imagen y semejanza» (cf. Gn 1\,26s)\, obtuvo una valoración totalmente positiva por parte del mismo (cf. Gn 1\,31). Pero un falso oráculo indujo al hombre (mujer y varón) a desconfiar de la palabra de Dios. Al lector u oyente de lengua hebrea le resulta fácil percibir la semejanza de escritura y sonido entre «serpiente» (נָחָשׁ) y «vaticinio» (נַחַשׁ)\, desapercibida para el lector u oyente de las correspondientes traducciones a las lenguas modernas. Dios descubre el pecado\, lo denuncia y anuncia la derrota de la serpiente (objetivación del falso profeta). La serpiente\, popularmente reputada por su astucia\, también era asociada a las religiones paganas (cultos de fertilidad e inmortalidad)\, por lo que la serpiente era presentada en relación con la superstición y la idolatría\, y como poder opuesto al Señor.\nEscuchar el oráculo de la serpiente aleja al hombre de su propósito de ser como Dios\, y hasta del mismo Dios. El pecador se descubre «desnudo» y avergonzado\, dividido y enfrentado a su semejante\, engañado y defraudado. Su relación con la naturaleza ya no es más paradisíaca\, sino agónica\, su realización personal le resulta laboriosa.\nPero queda una esperanza de reivindicación\, y la mujer garantiza la continuidad de la vida que se ha malogrado con el pecado. El «linaje» de la mujer (la raza humana) prevalecerá sobre el linaje de la serpiente (los falsos profetas)\, que va a fracasar (cf. Miq 7\,17). Por eso\, el autor relaciona el nombre de la mujer con la vida («Eva» = «Vitalidad»). Y la tradición cristiana ve aquí el anuncio de la victoria del Mesías\, «nacido de mujer»\, sobre la mentira y la violencia.\n\n2. Segunda lectura (Efe 1\,3-6.11-12).\nBendecir a Dios es darle gracias. Y lo bendecimos porque él nos bendijo primero\, es decir\, nos infundió vida\, nos salvó. La iniciativa es siempre suya. Él nos bendijo con la multiforme efusión de su Espíritu\, desde antes de que el mundo existiera\, desde antes de que nosotros naciéramos\, para que nos realizáramos por el amor. Esta bendición pasa a través de Jesús Mesías\, en quien todos estamos destinados a ser hijos (herederos de su vida o Espíritu). Y por él\, su hijo querido\, nos otorgó su favor (ἐχαρίτωσεν ἡμας ἐν τῷ ἠγαπημένῳ). El verbo que significa «otorgar favor» (χαριτόω) aparece solo tres veces en la versión griega (Sir 18\,17; Lc 1\,28; Efe 1\,6)\, y solo dos en participio: la primera (Sir 18\,17) denota al hombre dadivoso\, que es sujeto de un señalado amor; la segunda (Lc 1\,28)\, a María\, que es objeto del amor de Dios. Por medio del Mesías\, Dios nos hizo a todos «llenos de gracia»\, es decir\, objeto de su infinito amor. El Mesías es\, pues\, el más grande don de amor del Padre generoso.\nLos primeros en tener conocimiento de esta predestinación fueron los judíos\, que fueron los primeros destinatarios de la promesa\, y primeros en esperar al Mesías\, destinados también a ser alabanza de la gloria del mismo\, precisamente por esperar el cumplimiento de esa promesa.\n\n3. Evangelio (Lc 1\,26-38).\nLa promesa de Dios permanece para siempre (cf. Isa 40\,8). Se ha cumplido el plazo para su plena realización\, y Dios toma la iniciativa. Ahora envía él un ángel a una virgen. La escena del paraíso se evoca y se encamina hacia el designio original. La virgen expresa la vitalidad y las posibilidades de vida nueva (cf. Gen 3\,20)\, y está ya desposada con un descendiente de David\, a quien le fuera hecha lo promesa del reinado eterno. El prometido\, José (יְהוֹסֵף: «el Señor añada»)\, y la virgen\, María (מִרְיָם: «exaltada»)\, son la pareja de este nuevo comienzo. Pero hay un desplazamiento: el prometido apenas es mencionado. Como ocurría en Israel\, la pareja real estaba formada por el rey y su madre.\nLa «virgen» escucha\, pondera y procura entender la palabra que Dios le dirige por medio de su mensajero. Comenzando por el saludo\, el mensaje le propone un nuevo rostro de Dios y le anuncia una actuación sorprendente del mismo\, por fuera de toda lógica humana\, basada en la fuerza del Altísimo\, que es el Espíritu Santo. De hecho\, el nombre del mensajero\, Gabriel (גַבְרִיאֵל)\, significa «fuerza de Dios». El reinado de Dios a través del Mesías esperado se realizará por la fuerza del amor\, y no por la imposición del poder. Si esa fuerza de vida se manifestó en Isabel\, la del vientre estéril\, se manifestará creadora y sorprendente en María\, la del vientre virgen\, porque al lado de Dios nada resulta imposible.\nLa apertura de María al designio de Dios es total: se declara «la sierva del Señor». Es decir\, la persona libre que\, con entrega sin reservas\, se pone a disposición del Dios que sacó a Israel de Egipto («el Señor») para cooperar con él en el nuevo y definitivo éxodo.\n\nAcostumbrados como estamos a la oración que aprendimos desde nuestra infancia (Avemaría)\, no advertimos que el mensajero de Dios llama a María con un nombre diferente del propio. No le dice «Alégrate\, María»\, sino «Alégrate\, favorecida». Sutilmente se insinúa un cambio de nombre y\, por tanto\, de misión. María es la «favorecida» (κεχαριτωμένη) en triple sentido:\n• Ese es su «nombre» para Dios. Ella es la «favorecida» por excelencia\, en ella se desborda de un modo único ese favor inaudito de la elección previa a la creación del mundo\, de la predestinación a la adopción de hijos suyos\, y la conversión de nosotros en «himno a su gloriosa generosidad»\, por medio de su Hijo amado\, en previsión a la liberación efectuada por él (cf. Ef 1\,4-7).\n• Dios desbordó sobre ella su amor y\, como a Noé (cf. Gn 6\,8)\, Moisés (cf. Ex 33\,17) y David (cf. Hch 7\,46)\, le otorgó ese amor como su don para realizar su designio de erradicar el pecado (Noé)\, realizar el nuevo éxodo (Moisés) y cumplir su promesa e instaurar su reinado (David).\n• Su fe en la fuerza de Dios (el mensaje y el Espíritu) la hizo capaz de amar como él\, asociándola a la obra de darle su Hijo a la humanidad como Salvador\, Mesías y Señor (cf. Lc 2\,11)\, la inmensa obra de caridad de Dios en favor de la sociedad humana\, a la cual ella quedó inseparablemente unida\, porque ella se puso libremente y sin reservas a disposición de ese insondable amor.\nMaría fue concebida en gracia por iniciativa de Dios para preparar el camino del Mesías. Y ella cooperó con la gracia de Dios al entregarse conscientemente a ese designio divino con absoluta entrega y con compromiso fiel\, declarándose «la sierva del Señor». El misterio de la Inmaculada Concepción se realiza para cada cristiano en su bautismo\, y se renueva en la penitencia y en la eucaristía. El amor/favor recibido y prodigado nos permite vivir a diario este misterio en nuestras relaciones humanas\, al mismo tiempo que construimos el reino de Dios en la tierra.\nFeliz solemnidad.
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SUMMARY:Lunes de la II semana de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (35\,1-10): \nEL desierto y el yermo se regocijarán\,\nse alegrará la estepa y florecerá\,\ngerminará y florecerá como flor de narciso\,\nfestejará con gozo y cantos de júbilo.\nLe ha sido dada la gloria del Líbano\,\nel esplendor del Carmelo y del Sarón.\nContemplarán la gloria del Señor\,\nla majestad de nuestro Dios.\nFortaleced las manos débiles\,\nafianzad las rodillas vacilantes;\ndecid a los inquietos:\n«Sed fuertes\, no temáis.\n¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite\,\nla retribución de Dios.\nViene en persona y os salvará.»\nEntonces se despegarán los ojos de los ciegos\,\nlos oídos de los sordos se abrirán;\nentonces saltará el cojo como un ciervo\,\ny cantará la lengua del mudo\,\nporque han brotado aguas en el desierto\ny corrientes en la estepa.\nEl páramo se convertirá en estanque\,\nel suelo sediento en manantial.\nEn el lugar donde se echan los chacales\nhabrá hierbas\, cañas y juncos.\nHabrá un camino recto.\nLo llamarán «Vía sacra».\nLos impuros no pasarán por él.\nÉl mismo abre el camino\npara que no se extravíen los inexpertos.\nNo hay por allí leones\,\nni se acercarán las bestias feroces.\nLos liberados caminan por ella\ny por ella retornan los rescatados del Señor.\nLlegarán a Sión con cantos de júbilo:\nalegría sin límite en sus rostros.\nLos dominan el gozo y la alegría.\nQuedan atrás la pena y la aflicción. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 84\,9ab-10.11-12.13-14 \nR/. He aquí nuestro Dios; viene en persona y nos salvará. \nV/. Voy a escuchar lo que dice el Señor:\n«Dios anuncia la paz\na su pueblo y a sus amigos».\nLa salvación está cerca de los que lo temen\,\ny la gloria habitará en nuestra tierra. R/. \nV/. La misericordia y la fidelidad se encuentran\,\nla justicia y la paz se besan;\nla fidelidad brota de la tierra\,\ny la justicia mira desde el cielo. R/. \nV/. El Señor nos dará la lluvia\,\ny nuestra tierra dará su fruto.\nLa justicia marchará ante él\,\nY sus pasos señalarán el camino. R/. \n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Lucas (5\,17-26): \nUN día\, estaba Jesús enseñando\, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley\, venidos de todas las aldeas de Galilea\, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con él para realizar curaciones.\nEn esto\, llegaron unos hombres que traían en una camilla a un hombre paralítico y trataban de introducirlo y colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo a causa del gentío\, subieron a la azotea\, lo descolgaron con la camilla a través de las tejas\, y lo pusieron en medio\, delante de Jesús. Él\, viendo la fe de ellos\, dijo:\n«Hombre\, tus pecados están perdonados».\nEntonces se pusieron a pensar los escribas y los fariseos:\n«¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?».\nPero Jesús\, conociendo sus pensamientos\, respondió y les dijo:\n«¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil\, decir: “Tus pecados te son perdonados”\, o decir: “Levántate y echa a andar”? Pues\, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados —dijo al paralítico—: “A ti te lo digo\, ponte en pie\, toma tu camilla y vete a tu casa”».\nY\, al punto\, levantándose a la vista de ellos\, tomó la camilla donde había estado tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios\nEl asombro se apoderó de todos y daban gloria a Dios. Y\, llenos de temor\, decían:\n«Hoy hemos visto maravillas». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nLunes de la II semana de Adviento.\n\nEn la segunda semana de adviento se anuncia la inminente intervención liberadora y salvadora de Dios\, y comienza la exhortación a la enmienda\, que se prolongará hasta el final de la tercera semana. Resuenan otras promesas: el desierto transformado en jardín\, el desmayado que recobra fuerzas\, el pecador al que se le ofrece perdón.\nLa promesa exige confianza en reciprocidad. El Dios que promete compromete. La promesa no inutiliza ni vuelve perezoso al ser humano\, le da seguridad para que dé lo mejor de sí mismo en aras de la consecución de lo que le parecía imposible alcanzar.\n\n1. Primera lectura: promesa (Isa 35\,1-10).\nDespués del oráculo que anuncia el juicio contra Edom\, vienen las bendiciones que le promete el Señor a Jerusalén. La intervención liberadora y salvadora de Dios se manifiesta en forma de un canto que deja ver los alcances de dicha actuación en el triunfo del Señor sobre la esterilidad de la naturaleza y en la superación de las debilidades (físicas y anímicas) de los seres humanos: es un río de alegría y vida que lo transforma todo.\nLos primeros destinatarios del esperanzador anuncio son las creaturas que están privadas de vida («el desierto\, el yermo\, el páramo»)\, cuyo regocijo se pronostica. Es como una renovación de la creación que superó el caos de la nada. Las flores manifiestan la alegría de la tierra vistiéndola de colores\, toda ella llena de vida; los árboles dejan ver su grandeza\, y ambos\, las flores y los árboles\, son reflejo de la gloria y la belleza del Señor. La vida embellece la creación y glorifica a Dios.\nEsa palabra estimulante despierta nuevas energías en los hombres de acciones tímidas («manos débiles») y caminos inciertos («rodillas vacilantes»); infunde nuevos ánimos en los acobardados por la prepotencia de sus opresores; anuncia la venida liberadora y salvadora de su Dios. Todos los temores cederán ante la llegada justiciera del Señor. Esa liberación se ilustra con las metáforas convencionales: la apertura de los ojos del ciego y de los oídos de sordo; también la salvación: saltos de libertad y cantos de alegría.\nVuelve a la metáfora mineral y vegetal de la abundancia de vida. La transformación del ámbito de muerte («desierto») en un fontanar generoso\, y del entorno inhóspito y hostil en una calzada segura y transitable –«Vía Sacra»\, vedada a todo lo impuro\, lo que aleje de Dios–\, lo vuelve lugar seguro\, incluso para los inexpertos. La ausencia de leones y bestias feroces excluye la actividad de los poderes depredadores; porque ahora los liberados por el Señor\, volverán a casa cantando de alegría\, dejando atrás las penas\, portando «sobre sus cabezas» (como bagaje) alegría perpetua\, ya no volverán a padecer y a penar.\n\n2. Evangelio: cumplimiento: (Lc 5\,17-26).\nLa enseñanza de Jesús «sana». El verbo «sanar» o «sanear» (ἰάομαι) denota un estado resultante («dejar sano»)\, y se refiere a la restauración de una relación interpersonal («sanear»: cf. Lc 6\,18-19; 7\,7). El «médico» (ἰατρός: cf. Lc 4\,23) es el artífice del «saneamiento» de dichas relaciones. «Enseñar» es más que «informar»; es comunicar un saber que transforma los valores y cambia la conducta. Para comenzar\, la enseñanza\, crea una relación particular: el que enseña es maestro\, el que recibe la enseñanza es su discípulo. Mientras Jesús enseña\, los fariseos y maestros de la Ley hacen lo propio. Pero «la fuerza del Señor» (el amoroso Espíritu del Dios que sacó a Israel de Egipto) apoya la enseñanza de Jesús\, de manera que esta resulta «sanadora»\, o sea\, restauradora de la convivencia humana. Nada así se dice de la enseñanza de los fariseos y maestros de la Ley.\nLa enseñanza versa sobre el amor universal de Dios\, y se escenifica en un relato. Se observan el esfuerzo de «ciertos hombres»\, que quieren llegar hasta Jesús para llevar ante él a un individuo «paralizado»\, y el obstáculo por parte de quienes se lo impiden («la multitud»)\, al mismo tiempo que el empeño decidido de vencer tal obstáculo hasta lograr llegar a él. En esa insistencia que muestran\, Jesús «ve» su fe y declara perdonados los pecados del «hombre» (término universal\, referido a la humanidad)\, mostrando así que la fe en él incluye la enmienda y basta para alcanzar el perdón de los pecados. Esa declaración de perdón (amor universal y gratuito) suena insultante para Dios\, según lo que enseñan los otros «maestros» (los letrados y los fariseos)\, cosa que no se le escapa a Jesús: él sabe cómo piensan esos rigoristas de escuela.\nJesús los desafía. El perdón de los pecados es interior e invisible; la libertad que da el amor que brota del perdón es totalmente visible. Así que\, para que vean que su palabra es fuente de vida y de libertad\, libera al paralizado de lo que lo paralizaba\, y le confiere libertad de acción. Al enviarlo a «su casa»\, se advierte que no pertenece a «la casa de Israel» (por eso lo llamó «hombre»\, y no «varón»). Al decirle que tome el catrecillo\, indica que lo hace «señor» de su propia vida\, dueño de lo que antes lo paralizaba. Así es como Jesús manifiesta su «autoridad» (ἐξουσία)\, es decir\, la comunicación del Espíritu Santo\, que hace al ser humano interior y exteriormente libre y dueño de sí mismo. El señorío de Jesús no se ejerce sometiendo\, sino liberando. Él es Señor de hombres libres\, no de esclavos. Reconocerlo como «Señor» implica sentirse autónomo.\n\nLa promesa contenida en la Ley y los profetas era la de la vida plena\, libre y feliz. Esa promesa la cumple Jesús por fuera de los preceptos de la Ley de Moisés\, y en contra de la oposición de los personeros de esa Ley. Esto indica que hay dos maneras de ver y entender la Ley: como un conjunto de preceptos\, y como una profecía de liberación y salvación. Los legistas y los fariseos defienden la primera\, pero con ella someten el pueblo\, y este no experimenta el amor de Dios. Jesús avala la segunda\, y así le hace sentir al mundo el amor universal del Padre. Esto habría que tenerlo en cuenta para interpretar expresiones como la de Mt 5\,17\, que por no haberla entendido bien se ha prestado a contradicciones.\nLa promesa de liberación y salvación se cumple por el amor activo que da libertad a las personas haciéndolas partícipes del señorío de Jesús mediante la infusión del Espíritu Santo. Este Espíritu\, tras haber liberado interiormente de sus egoísmos al ser humano\, lo capacita para vencer los obstáculos socioculturales que le impiden vivir y manifestar el amor universal del Padre.\nComulgar nos hace crecer en libertad interior y exterior\, y nos capacita para mostrar este camino de libertad y vida a la humanidad paralizada por el «pecado» (la injusticia).\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la II semana de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (40\,1-11): \n«CONSOLAD\, consolad a mi pueblo\n—dice vuestro Dios—;\nhablad al corazón de Jerusalén\,\ngritadle\,\nque se ha cumplido su servicio\,\ny está pagado su crimen\,\npues de la mano del Señor ha recibido\ndoble paga por sus pecados».\nUna voz grita:\n«En el desierto preparadle\nun camino al Señor;\nallanad en la estepa\nuna calzada para nuestro Dios;\nque los valles se levanten\,\nque montes y colinas se abajen\,\nque lo torcido se enderece\ny lo escabroso se iguale.\nSe revelará la gloria del Señor\,\ny verán todos juntos\n—ha hablado la boca del Señor—».\nDice una voz: «Grita».\nRespondo: «¿Qué debo gritar?».\n«Toda carne es hierba\ny su belleza como flor campestre:\nse agosta la hierba\, se marchita la flor\,\ncuando el aliento del Señor\nsopla sobre ellos;\nsí\, la hierba es el pueblo;\nse agosta la hierba\, se marchita la flor\,\npero la palabra de nuestro Dios\npermanece por siempre».\nSúbete a un monte elevado\,\nheraldo de Sión;\nalza fuerte la voz\,\nheraldo de Jerusalén;\nálzala\, no temas\,\ndi a las ciudades de Judá:\n«Aquí está vuestro Dios.\nMirad\, el Señor Dios llega con poder\ny con su brazo manda.\nMirad\, viene con él su salario\ny su recompensa lo precede.\nComo un pastor que apacienta el rebaño\,\nreúne con su brazo los corderos\ny los lleva sobre el pecho;\ncuida él mismo a las ovejas que crían». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 95\,1-2.3.10ac.11-12.13-14 \nR/. Aquí está nuestro Dios\, que llega con poder. \nV/. Cantad al Señor un cántico nuevo\,\ncantad al Señor\, toda la tierra;\ncantad al Señor\, bendecid su nombre\,\nproclamad día tras día su victoria. R/. \nV/. Contad a los pueblos su gloria\,\nsus maravillas a todas las naciones.\nDecid a los pueblos: «El Señor es rey\,\nél gobierna a los pueblos rectamente». R/. \nV/. Alégrese el cielo\, goce la tierra\,\nretumbe el mar y cuanto lo llena;\nvitoreen los campos y cuanto hay en ellos\,\naclamen los árboles del bosque. R/. \nV/. Delante del Señor\, que ya llega\,\nya llega a regir la tierra:\nregirá el orbe con justicia\ny los pueblos con fidelidad. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (18\,12-14): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos:\n«¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde\, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra\, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.\nIgualmente\, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMartes de la II semana de Adviento.\n\nLos sermones de corte moralista tienden a estigmatizar siempre «la oveja extraviada»\, haciéndola responsable de su extravío. Esa visión no compagina con la imagen que emplean los profetas y que desarrolla Jesús\, dadas las muestras de ternura de parte del Señor Dios y del Señor Jesús con la oveja reencontrada. Y es porque la causa del extravío de la oveja no es responsabilidad de esta\, sino descuido de sus pastores.\nEl Señor viene a buscar la oveja perdida porque esa ha sido siempre su conducta: él fue a Egipto a buscar su pueblo\, fue a Babilonia\, y va donde sea preciso ir\, en busca del ser humano\, siempre necesitado de liberación y de salvación.\n\n1. Primera lectura: promesa (Isa 40\,1-11).\nOráculo de cuatro breves unidades: la voz del profeta a su pueblo anuncia el consuelo y su razón de ser (vv. 1-2); la voz de un heraldo pregona un nuevo éxodo a través del desierto (vv. 3-5); la voz de otros mensajeros proclama la excelencia y la validez de la palabra del Señor (vv. 6-8)\, y\, finalmente\, la voz de la jubilosa Jerusalén anuncia la llegada del Señor haciendo justicia y dando recompensa a su pueblo (vv. 9-11).\nSe escuchan dos gritos. El primero\, dirigido al corazón de Jerusalén\, es una voz que desde lejos vocea consuelo\, que declara cumplida la pena\, pagado el crimen\, recibido el castigo. Hablarle al corazón a alguien para consolarlo (cf. Gen 50\,21; Rut 2\,13) asocia un sentimiento con una razón y una decisión. El «castigo» hace referencia o al acto perverso\, o a la pena que él acarrea. Este es un término que en el lenguaje de los profetas designa las consecuencias del acto perverso\, que le atribuyen a Dios como una forma de señalar que la advertencia hecha por él se hizo realidad.\nEl segundo grito es dirigido al pueblo rescatado que emprende su procesión de regreso a casa a través del desierto\, como en un renovado éxodo\, ya antes anunciado por Jeremías y Ezequiel; y si antaño el mar se puso al servicio del pueblo\, ahora valles\, montes y colinas hacen lo propio\, para que se revele la gloria del Señor y todos a la vez sirvan a su designio liberador y salvador y sean testigos de su esplendor. La palabra traducida por «gloria» (כָּבוֹד) procede de un verbo (כּבד) que significa «ser pesado» (cf. Isa 47\,6) o «ser importante» (cf. Isa 43\,4). Aquí sirve para denotar la acción por la cual el Señor descarga el peso de su justicia reivindicando a su pueblo oprimido.\nLuego hay dos gritos más. El primero afirma que\, en tanto la condición humana es precaria\, el aliento (רוּחַ) y la palabra (דָבָר) del Señor permanecen. La condición de los seres «de carne» es tan mortal como la de los vegetales silvestres\, su consistencia propia es tan frágil como delicada flor del campo. Esto vale para todo hijo de Adán (cf. Isa 51\,12)\, pero sobre todo para los poderosos de la tierra (cf. Isa 40\,21-24). Esa es la condición humana en general. No así la palabra del Señor. Su aliento-palabra aniquila el poder opresor (cf. Isa 40\,24)\, su mensaje «se cumple siempre».\nEl segundo\, desde lo alto de un monte\, Sion\, con fuerte\, voz de heraldo\, anuncia la victoriosa llegada de Dios. El término (מְבַשְּרוֹת) traducido por «heraldo» (femenino en hebreo) se refiere al portador de buenas noticias para los que sufren (cf. Isa 41\,27; 52\,7; 60\,6; 61\,1). El brazo robusto y potente del Señor (su amor liberador) le asegura su libertad\, y su séquito triunfal resultará ahora recompensado\, cuidado y reunido con afecto paterno y materno a la vez (su amor salvador).\n\n2. Evangelio: cumplimiento (Mt 18\,12-14).\nJesús recurre a la metáfora de la oveja extraviada\, pero la contextualiza de manera muy precisa. En primer lugar\, quien tiene las ovejas no es un «pastor» (ποιμήν)\, sino un «hombre» (ἄνθρωπος)\, un ser humano\, lo cual plantea en otros términos el asunto: no es una cuestión política ni laboral\, sino de humanidad. En segundo lugar\, el verbo «extraviar» (πλανάω)\, aquí en voz pasiva\, denota a la vez el hecho pasado de haber sido extraviado y la acción presente de andar errante. En tercer lugar\, Jesús pregunta cuál sería la conducta (humana) frente a ese hecho\, sugiriendo\, en la misma pregunta\, cuál es esa conducta humana. Esta tiene dos opciones: dejar las restantes «en el monte»\, y emprender el camino en busca de la extraviada.\n«El monte» es el lugar del encuentro con Dios en la historia; por tanto\, dejarlas en «el monte» es dejarlas seguras\, no es una acción irresponsable\, pues quedan en la presencia de Dios y haciendo historia. Hacer esto es comportarse como Dios\, que sale al rescate del pueblo extraviado por la indiferencia de los dirigentes (cf. Isa 40\,11; Jer 23\,1-4; Eze 34).\nLa búsqueda de la extraviada\, considerada desde el punto de vista cuantitativo\, no tiene mayor sentido en la perspectiva del ganadero; sí lo tiene desde el punto de vista cualitativo: un solo miembro es importante para la unidad e integridad del rebaño; ni el rebaño está completo si falta solo una oveja\, ni la oveja puede realizarse plenamente alejada de su rebaño. Fuera del rebaño\, la oveja extraviada corre grave peligro. Por ese motivo hay que reintegrarla cuanto antes.\nLa re-conciliación (el regreso a la unión)\, si se logra\, es motivo de una alegría superior a la de la unión simplemente mantenida\, produce una enorme satisfacción. Jesús la refiere a la voluntad manifiesta del Padre que no quiere que se extravíe ni «uno de estos pequeños». Con «estos pequeños» se refiere él a los excluidos de la sociedad judía\, los que lo siguen sin ambiciones de prepotencia o de grandeza. Y de ahí se deduce la causa del extravío: la ambición de dominio\, que se manifiesta en la negación del servicio al semejante y en apartar así al hombre del Señor.\n\nInsistimos en que en adviento anunciamos al Señor que «viene». No se trata de «ir» a buscarlo\, sino de dejarnos encontrar por él. Pero hay que prepararle el camino para ese encuentro. Podría ser que andemos errantes porque nos dejamos extraviar\, porque tratamos de imitar el escándalo excluyente (cf. Mt 18\,6-10); podría suceder que alguien ande errante y que el Señor quiera salir a su encuentro por medio de nosotros. Ese camino de reconciliación es camino de fiesta\, alegría de unidad recuperada\, canto de liberación del extraviado\, celebración de la salvación recibida.\nLa fila que hacemos para comulgar es como la procesión de la que habla el profeta\, es encuentro con el Señor que viene por el sacramento para ayudarnos a realizar nuestro éxodo personal y comunitario. Es gozoso encuentro de libertad y de vida con nuestro Dios.\nAl mismo tiempo\, esa experiencia de feliz encuentro nos inspira y estimula a procurarle la misma satisfacción a otros que viven la experiencia de «extravío» de la que nos rescató el Señor. Comer el cuerpo de Cristo nos infunde el Espíritu de reconciliación\, para que también nosotros vayamos a buscar a los extraviados y a conducirlos al encuentro con el Señor y su rebaño.\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la II semana de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (40\,25-31): \n«¿CON quién podréis compararme\,\nquién es semejante a mi?»\, dice el Santo.\nAlzad los ojos a lo alto y mirad:\n¿quién creó esto?\nEs él\, que despliega su ejército al completo\ny a cada uno convoca por su nombre.\nAnte su grandioso poder\, y su robusta fuerza\,\nninguno falta a su llamada.\n¿Por qué andas diciendo\, Jacob\,\ny por qué murmuras\, Israel:\n«Al Señor no le importa mi destino\,\nmi Dios pasa por alto mis derechos»?\n¿Acaso no lo sabes\, es que no lo has oído?\nEl Señor es un Dios eterno\nque ha creado los confines de la tierra.\nNo se cansa\, no se fatiga\,\nes insondable su inteligencia.\nFortalece a quien está cansado\,\nacrecienta el vigor del exhausto.\nSe cansan los muchachos\, se fatigan\,\nlos jóvenes tropiezan y vacilan;\npero los que esperan en el Señor\nrenuevan sus fuerzas\,\nechan alas como las águilas\,\ncorren y no se fatigan\,\ncaminan y no se cansan. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 102\,1-2.3-4.8.10 \nR/. Bendice\, alma mía\, al Señor \nV/. Bendice\, alma mía\, al Señor\,\ny todo mi ser a su santo nombre.\nBendice\, alma mía\, al Señor\,\ny no olvides sus beneficios. R/. \nV/. Él perdona todas tus culpas\ny cura todas tus enfermedades;\nél rescata tu vida de la fosa\,\ny te colma de gracia y de ternura. R/. \nV/. El Señor es compasivo y misericordioso\,\nlento a la ira y rico en clemencia.\nNo nos trata como merecen nuestro pecados\nni nos paga según nuestras culpas. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (11\,28-30): \nEN aquel tiempo\, Jesús tomó la palabra y dijo:\n«Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados\, y yo os aliviaré.\nTomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí\, que soy manso y humilde de corazón\, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMiércoles de la II semana de Adviento.\n\nLa superstición no solo es enemiga del mensaje de la fe\, sino de la fe misma\, y\, por tanto\, de la esperanza\, porque pone en duda la fuerza salvadora del amor. Suponer que estamos a merced de poderes sobrehumanos y ocultos infunde temores a los cuales es difícil sobreponerse\, porque\, en principio\, se les atribuye tal capacidad de hacer daño que es inconcebible huir de su perverso influjo. En el fondo\, los profetas se enfrentan a la superstición del poder\, y lo hacen afirmando que el Señor tiene un poder superior y bienhechor a favor de su pueblo. Ellos no desvirtúan la superstición\, pero la domestican. Solo Jesús la supera mostrando la fuerza del amor.\nSin embargo\, la prohibición que hay en el Antiguo Testamento de dar crédito a la superstición radica en que la palabra de los profetas –que hablan en nombre del Señor– se opone a la de «los magos\, astrólogos\, agoreros y adivinos» (cf. Dan 2\,2.10.27s)\, de modo que creerles sería declarar falsa la palabra de Señor. O mienten los hechiceros\, o mienten los profetas.\n\n1. Primera lectura: promesa (Isa 40\,25-31).\nEl Señor es incomparable. Él es «el Santo»\, sin otra determinación\, su nombre es «Santo» (cf. Isa 57\,15) es decir\, él es totalmente distinto de todo lo demás. Este es el primer sentido de «santo»\, lo que en lenguaje filosófico se diría «trascendente». El segundo es ético\, el Señor es «santo»\, es decir\, «justo»\, y nada tiene en común con la maldad.\nLos israelitas\, ateniéndose a la mentalidad de su época\, pensaban que\, cuando un pueblo vencía a otro en la guerra\, eso demostraba que su dios era más fuerte que el de los vencidos\, porque\, en el fondo\, más que una guerra entre pueblos\, era una lucha entre dioses. Al verse derrotados en combate\, deportados de su patria y sometidos a vasallaje\, caen en la superstición de creer que el «ejército del cielo» (o sea\, los astros adorados por los caldeos) supera al Señor. Por eso el profeta les advierte que no deben hacer esa comparación\, porque lo que los caldeos adoran como dioses no son divinidades\, sino creaturas del Señor\, quien conoce a cada una de ellas y las llama a todas por su nombre (Abraham no pudo contarlas\, pero él sí). No hay comparación ni parecido alguno entre el Señor y los inertes ídolos (cf. Isa 40\,18).\nLos invita a observar atentamente el firmamento («alzar los ojos a lo alto») y a sacar conclusiones. Si lo astros fueron creados por el Señor\, que los conoce uno por uno y a todos los controla\, ellos y los lapsos que señalan están en las manos del Dios de Israel. El Señor\, por tanto\, no ha perdido el control del espacio ni del tiempo. Tampoco se ha cansado de su pueblo a causa de sus pecados\, ni mucho menos se está aprovechando de su exilio en Babilonia para desentenderse de ellos. No hay motivos para la desesperanza ni para el desaliento\, porque él no ha rechazado su pueblo. Él es eterno\, incansable\, y su inteligencia es insondable; al contrario de lo que piensan\, él da fuerzas a los exhaustos\, sean estos decrépitos o estén jóvenes.\nLa esperanza puesta en el Señor les renueva fuerzas para emprender este nuevo «éxodo» con la energía y la alegría del primero. Como el águila carga en alas sus polluelos y los adiestra para el vuelo (cf. Exo 19\,4; Deu 32\,11)\, el Señor ha cargado a los esclavos para enseñarlos a ser libres. Los temores\, el desánimo y el agotamiento no tienen cabida cuando hay esperanza en el Señor.\n\n2. Evangelio: cumplimiento (Mt 11\,28-30).\nEl cumplimiento de la promesa supera las expectativas. En vez de una «agonía» (un combate de poderes)\, el Señor indica un camino sorprendente: el anti-poder no es un poder mayor\, sino la renuncia al mismo. Dios no se iguala con los opresores.\nJesús hace una invitación a «todos los abrumados (κοπιῶντες) y oprimidos (πεφορτισμένοι)» a que «vengan» a él\, es decir\, a que le den su adhesión\, para otorgarles el respiro liberador («yo les daré reposo»: ἐγὼἀναπαύσω ὑμᾶς). Así formula él su manifiesto de liberación en favor de todos los decepcionados y sometidos por unas leyes que no buscan el bien del hombre\, sino mantener el «orden» establecido. Él\, el hombre libre\, quiere compartir su libertad con todos.\nSin embargo\, pareciera que echa una nueva carga encima («carguen con mi yugo») e impone una obligación más («aprendan de mí»). Pero allí es donde reside el secreto de la liberación y de la salvación. Así se cumple la promesa de Dios. El «yugo» consiste en aprender de él el anti-poder: la mansedumbre y la humildad de corazón. O sea\, el ansia de mando y de rango no se elimina alzándose contra el poder establecido\, sino erradicando de sí mismo esa ansia y privándola así de toda legitimidad. Pero no basta con la sola acción negativa de erradicar\, hay que plantar en el propio corazón el antídoto contra el dominio y la arrogancia; y en eso consiste su «carga»\, en el compromiso libre de amar con el mismo amor universal del Padre\, amor que se hace servicio y que transforma las relaciones humanas en términos de fraternidad y de igualdad.\nAsí Jesús garantiza el «reposo» liberador –del cual el sábado era solo un anuncio– y la plenitud salvadora de vida\, de la cual la tierra prometida era apenas un anticipo.\nLa imagen del «yugo» era conocida en el Antiguo Testamento (cf. Jr 2\,20; 5\,5; Os 10\,11); con ella se designaba la Ley de Dios\, escrita u oral (cf. Si 6\,24-30; 51\,26-27)\, y no siempre se consideraba gravosa o dañina; se hablaba de la «alegría del yugo» (ibid.). Jesús supera la Ley por la donación del Espíritu Santo\, que comunica la alegría del reinado de Dios.\n\nLa superstición del poder conduce a la idolatría del poder\, y esta\, como todas las idolatrías\, daña las relaciones humanas\, no solo la relación con Dios. La liberación de la humanidad comienza por dar «testimonio a favor de la luz» (es decir\, a favor de la vida humana) y en contra de «la tiniebla» (es decir\, toda forma de mentira\, incluida la superstición). La superstición lleva también a la desesperanza\, a una vida alienada por el temor a poderes inexistentes\, incluido el poder de aniquilar que la superstición le atribuye a la muerte. La salvación de la humanidad comienza con la exhortación a la «enmienda de vida»: morir a la injusticia (el «pecado») y vivir según el Espíritu («vida nueva»). Jesús nos garantiza el cumplimiento de la promesa por la fe\, adhesión personal a él\, que nos capacita para ser libres con su yugo y felices con su carga. La comunión con él consiste en el empeño de identificarnos cada vez más con él para crecer en libertad y alcanzar la plenitud de vida. Así\, desde ya\, la promesa se está cumpliendo para nosotros.\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Jueves de la II semana de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de Isaías (41\,13-20): \nYO\, el Señor\, tu Dios\,\nte tomo por la diestra y te digo:\n«No temas\, yo mismo te auxilio».\nNo temas\, gusanillo de Jacob\,\noruga de Israel\,\nyo mismo te auxilio\n-oráculo del Señor-\,\ntu libertador es el Santo de Israel.\nMira\, te convierto en trillo nuevo\,\naguzado\, de doble filo:\ntrillarás los montes hasta molerlos;\nreducirás a paja las colinas;\nlos aventarás y el viento se los llevará\,\nel vendaval los dispersará.\nPero tú te alegrarás en el Señor\,\nte gloriarás en el Santo de Israel.\nLos pobres y los indigentes\nbuscan agua\, y no la encuentran;\nsu lengua está reseca por la sed.\nYo\, el Señor\, les responderé;\nyo\, el Dios de Israel\, no los abandonaré.\nHaré brotar ríos en cumbres desoladas\,\nen medio de los valles\, manantiales;\ntransformaré el desierto en marisma\ny el yermo en fuentes de agua.\nPondré en el desierto cedros\,\nacacias\, mirtos\, y olivares;\nplantaré en la estepa cipreses\,\njunto con olmos y alerces\,\npara que vean y sepan\,\nreflexionen y aprendan de una vez\,\nque la mano del Señor lo ha hecho\,\nque el Santo de Israel lo ha creado. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 144\,1.9.10-11.12-13ab \nR/. El Señor es clemente y misericordioso\,\nlento a la cólera y rico en piedad. \nV/. Te ensalzaré\, Dios mío\, mi rey;\nbendeciré tu nombre por siempre jamás.\nEl Señor es bueno con todos\,\nes cariñoso con todas sus criaturas. R/. \nV/. Que todas tus criaturas te den gracias\, Señor\,\nque te bendigan tus fieles.\nQue proclamen la gloria de tu reinado\,\nque hablen de tus hazañas. R/. \nV/. Explicando tus hazañas a los hombres\,\nla gloria y majestad de tu reinado.\nTu reinado es un reinado perpetuo\,\ntu gobierno va de edad en edad. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (11\,11-15): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús al gentío:\n«En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.\nDesde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan. Los Profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías\, el que tenía que venir\, con tal que queráis admitirlo.\nEl que tenga oídos\, que oiga». \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nJueves de la II semana de adviento.\n\nEl Señor quiere ofrecerle seguridades a su pueblo y disiparle sus temores en todas las épocas de la historia. Él es «redentor»\, es decir\, liberador. El término hebreo (גֹּאֶל) traducido «redentor» es propio de las costumbres de la época; designaba al responsable de una acción legal por la cual se recobraban bienes enajenados\, se liberaba a esclavos o cautivos\, se vengaban asesinatos\, o se contraía matrimonio con la viuda sin hijos de un pariente. Por tratarse de cautivos reducidos a esclavitud\, en este caso su mejor traducción es «liberador»\, ya que el término «redentor» (del latín redemptor) implica pago de rescate\, y no es ese el caso\, ya que el Señor lo es del cielo y de la tierra\, no se somete a nada (costumbres\, convencionalismos) ni a nadie\, es dueño de todo. Pero allí no termina su obra\, también instaura un orden nuevo por medio de su «siervo»\, como una creación renovada\, que hace habitable la tierra y grata la vida. Y así el Señor se manifiesta como «salvador».\n\n1. Primera lectura (Is 41\,13-20): Promesa.\nEl Señor declara «siervo mío» (עַבְדִּי) a Israel y\, a su vez\, se declara él el «redentor» (גֹּאֶל) de Israel. La relación de siervo con el Señor entraña la confianza y la predilección de parte del Señor\, y no propiamente la de amo a esclavo. Por su condición de Siervo del Señor\, Israel es libre y liberador. En Isaías\, particularmente\, el «siervo» es la figura del perfecto discípulo del Señor\, testigo de la fe israelita\, víctima por los pecados del pueblo\, luz de las naciones paganas (cf. Is 42\,1-4; 49\,1-6; 50\,4-9; 52\,13-53\,12). Israel no debe temer ante el convulso panorama internacional\, porque el Señor es su «redentor» (protector del oprimido\, liberador del pueblo) que lo toma de la mano y le brinda confianza y respaldo como un padre a su hijo pequeño; por eso no ha de sentir miedo ante los poderosos y opresores (caldeos o medos)\, aunque comparándose con ellos él se sienta como un gusano\, o incluso como un conjunto de cadáveres.\nVerá el «día del Señor de los ejércitos» y el mismo pueblo será ejecutor de la victoria del Señor sobre los poderes opresores (cf. Is 2\,12-15). La acción sobre los «montes» y las «colinas» (cf. Is 40\,4) se entiende mejor en la polémica contra los altozanos\, lugares de culto idolátrico opuestos al «monte del Señor». La supresión definitiva de dichos lugares\, sugerida por la metáfora de paja aventada\, promete la eliminación de esos cultos y la celebración posterior con el Santo de Israel.\nFinalmente\, promete un nuevo éxodo en el cual el pueblo verá renovados prodigios: si Moisés sacó agua de la roca\, el Señor promete alumbrar ríos en las dunas para «los pobres e indigentes»\, transformar el desierto en un estanque hasta el punto de convertirlo en un renovado paraíso en donde\, además de los cuatro surtidores de agua (ríos\, manantiales\, estanque y fuente: compárese con Gn 2\,6.10-14)\, brotarán siete especies de árboles escogidos (compárese con Gn 2\,9: «toda clase de árboles hermosos…»).\nDe esta forma manifestará «el Santo de Israel» su gloria ante los suyos y los paganos: dándoles libertad y vida abundante a «los pobres e indigentes»\, es decir\, a los cautivos sometidos.\n\n2. Evangelio (Mt 11\,11-15): Cumplimiento.\nJesús ha realizado acciones y ha hecho declaraciones que desconciertan incluso al mismo que ha venido preparándole camino. Juan se encuentra perplejo y manda a sus discípulos a preguntarle si es él el esperado o si hay que seguir esperando. Jesús hace un alto elogio de Juan\, pero relativiza lo que él representa: «el último en el reino de Dios»\, es decir\, el que sirve a los demás porque es libre para hacerlo\, «es más grande que él»\, a quien Jesús declaró el más grande entre los nacidos de mujer. El Antiguo Testamento (la Ley) no logra seres humanos de la talla que logra el Nuevo Testamento (la gracia del Espíritu). Jesús no se refiere a la condición humana de hecho –como sí lo hace el Antiguo Testamento\, por ejemplo: «el hombre nacido de mujer\, corto de días y harto de pesares» (Job 14\,1)–\, sino a la nueva posibilidad que se abre para la humanidad en el «reino de los Cielos»\, en que el ser humano es invitado a ser como Dios viviendo su amor universal en las relaciones sociales (cf. Mt 5\,20.48).\nPero hay un problema en relación con el reino de Dios: que los violentos quieren quitarlo de su camino\, porque les incomoda. Hasta Juan\, ese reino era una promesa\, y todos lo aguardaban con ansias\, porque se lo imaginaban como un derroche incondicional de poder por parte de Dios\, un soberano guerrero que\, en vez de «liberador»\, sería su «vengador»; pero cuando el precursor y Jesús exigieron la «enmienda»\, la ruptura con la propia injusticia\, los responsables de la injusticia (los violentos círculos de poder: sumos sacerdotes\, letrados y senadores) se declararon contrarios a él y se opusieron con todo su arsenal de represión.\nMientras «los profetas todos y la Ley» fueron anuncio profético de liberación y salvación según la alianza\, todos se manifestaron complacidos y de acuerdo\, esperando que Dios cumpliera sus expectativas\, no las promesas que él había hecho. Cuando se enteraron de que el cumplimiento de las promesas de Dios exigía su participación activa\, manifestaron disgusto y desacuerdo.\nNo obstante\, la profecía que anunciaba que Elías vendría antes del Mesías se cumplió ya en la persona de Juan. Según las expectativas de los dirigentes\, Dios haría volver en persona a Elías y deslegitimaría a los gobernantes de turno\, como el profeta lo hizo con los reyes Ajab y Ocozías. Esta expectativa tenía un nuevo ingrediente\, porque los paganos se habían instalado en la tierra prometida\, los romanos ocupaban el país. Así que ellos esperaban que Dios los expulsara. Pero lo que Jesús afirma es que Juan vino con el mismo espíritu de Elías\, y ellos no lo aceptaron.\n\nEl cumplimiento de las promesas no se da con derroches de poder sino con la respuesta del ser humano a la invitación a la enmienda de vida (mensaje de Juan\, reiterado por Jesús) y a la fe en el reinado de Dios Padre (exigencia de Jesús). Quien acepte vivir en la justicia y convivir en el amor (hijo de Dios\, hermano universal) comprueba el cumplimiento de las promesas de Dios. Quien no\, se alinea en la fila de los violentos que rechazan el reino.\nCelebrar la eucaristía y comer a la mesa del Mesías es anticipar el banquete del reino de Dios. Y esta celebración exige:\n• la rectitud personal (la enmienda) y\n• el compromiso por una nueva sociedad (la fe).\nEsta celebración convierte en receptores y testigos de las promesas a quienes sí acogen a Jesús como «el que tenía que venir».\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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SUMMARY:Viernes de la II semana de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (48\,17-19): \nESTO dice el Señor\, tu libertador\,\nel Santo de Israel:\n«Yo\, el Señor\, tu Dios\,\nte instruyo por tu bien\,\nte marco el camino a seguir.\nSi hubieras atendido a mis mandatos\,\ntu bienestar sería como un río\,\ntu justicia como las olas del mar\,\ntu descendencia como la arena\,\ncomo sus granos\, el fruto de tus entrañas;\ntu nombre no habría sido aniquilado\,\nni eliminado de mi presencia». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 1\,1-2.3.4.6 \nR/. El que te sigue\, Señor\, tendrá la luz de la vida. \nV/. Dichoso el hombre\nque no sigue el consejo de los impíos\,\nni entra por la senda de los pecadores\,\nni se sienta en la reunión de los cínicos;\nsino que su gozo es la ley del Señor\,\ny medita su ley día y noche. R/. \nV/. Será como un árbol\nplantado al borde de la acequia:\nda fruto en su sazón\ny no se marchitan sus hojas;\ny cuanto emprende tiene buen fin. R/. \nV/. No así los impíos\, no así;\nserán paja que arrebata el viento.\nPorque el Señor protege el camino de los justos\,\npero el camino de los impíos acaba mal. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (11\,16-19): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús al gentío:\n«¿A quién compararé esta generación?\nSe asemeja a unos niños sentados en la plaza\, que gritan diciendo: “Hemos tocado la flauta\, y no habéis bailado; hemos entonado lamentaciones\, y no habéis llorado”.\nPorque vino Juan\, que ni comía ni bebía\, y dicen: “Tiene un demonio”. Vino el Hijo del hombre\, que come y bebe\, y dicen: “Ahí tenéis a un comilón y borracho\, amigo de publicanos y pecadores”.\nPero la sabiduría se ha acreditado por sus obras». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general
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SUMMARY:Sábado de la II semana de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Eclesiástico (48\,1-4.9-11): \nEN aquellos días\, surgió el profeta Elías como un fuego\,\nsus palabras quemaban como antorcha.\nÉl hizo venir sobre ellos hambre\,\ny con su celo los diezmó.\nPor la palabra del Señor cerró los cielos\ny también hizo caer fuego tres veces.\n¡Qué glorioso fuiste\, Elías\, con tus portentos!\n¿Quién puede gloriarse de ser como tú?\nFuiste arrebatado en un torbellino ardiente\,\nen un carro de caballos de fuego;\ntú fuiste designado para reprochar los tiempos futuros\,\npara aplacar la ira antes de que estallara\,\npara reconciliar a los padres con los hijos\ny restablecer las tribus de Jacob.\nDichosos los que te vieron\ny se durmieron en el amor. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 79\,2ac.3b.15-16.18-19 \nR/. Oh Dios\, restáuranos\,\nque brille tu rostro y nos salve. \nV/. Pastor de Israel\, escucha\,\ntú que te sientas sobre querubines\, resplandece.\nDespierta tu poder y ven a salvarnos. R/. \nV/. Dios del universo\, vuélvete:\nmira desde el cielo\, fíjate\,\nven a visitar tu viña.\nCuida la cepa que tu diestra plantó\,\ny al hijo del hombre que tú has fortalecido. R/. \nV/. Que tu mano proteja a tu escogido\,\nal hombre que tú fortaleciste.\nNo nos alejaremos de ti:\ndanos vida\, para que invoquemos tu nombre. R/. \n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Mateo (17\,10-13): \nCUANDO bajaban del monte\, los discípulos preguntaron a Jesús:\n«¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?».\nÉl les contestó:\n«Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido y no lo reconocieron\, sino que han hecho con él lo que han querido. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos».\nEntonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nSábado de la II semana de Adviento.\n\nLa promesa de restauración es gratuita\, pero su realización no es impuesta. Dios nos reclama un «compromiso» (co-promesa: reciprocidad a la promesa). Cuando no se da reciprocidad\, él intenta suscitarla mediante la exhortación a la enmienda (μετάνοια). Hay que insistir en que esa enmienda consiste en la rectificación de las relaciones interhumanas por medio del reconocimiento efectivo de la dignidad y los derechos del otro\, de tal modo que no puede ser reemplazada por el culto ni omitida con pretexto del mismo. Es distinta de la «conversión» (ἐπιστροφή)\, que en el evangelio se identifica con la «fe»\, y que denota el abandono de los ídolos y la aceptación Dios\, tal como él se revela y actúa por Jesús. La «enmienda» prepara para dar el paso de la «conversión».\nLa enmienda es justamente la exigencia que hace Juan Bautista para prepararle el camino al Señor. Exigencia de mil modos reiterada por los antiguos profetas\, pero no siempre atendida.\n\n1. Primera lectura: promesa (Sir 48\,1-4.9-11).\nEl profeta Malaquías exhortó a los israelitas acordarse de Moisés (personificación de la Ley) y de Elías (el primero de los profetas): la Ley de Moisés sería norma de vida y convivencia; el mensaje de Elías\, el precursor del día del Señor\, «grande y temible»\, tendría como objetivo reconciliar «a padres con hijos\, a hijos con padres». Esa expresión alude a generaciones divididas y enfrentadas en relación con la tradición («padres»)\, divisiones y enfrentamientos que se verificarán antes de la llegada del día del Señor. La reconciliación tiene como objetivo evitar que el país sea destruido de nuevo\, como lo había sido antes del destierro\, según los usos costumbres de guerra (cf. Num 21\,2; Jos 6\,17; 7\,1; 1Rey 20\,42). Malaquías anunció ese retorno de Elías como señal preventiva. Su misión consistiría en evitar la catástrofe mediante esa pacificación de las relaciones entre los habitantes del país (cf. Mal 3\,22-24).\nEl Sirácida apeló a este anuncio en un momento de fuertes conflictos internos que enfrentaban a dos grupos de israelitas: los «piadosos» (los fariseos)\, y los «apóstatas» (los saduceos). La disputa entre ellos\, efectivamente\, era por cuestiones de la tradición recibida de los «padres».\nPara comprender mejor estas ideas\, es preciso recordar que el «fuego» se usaba a menudo como metáfora de juicio\, y que este juicio puede ser de salvación o de condenación. Ese juicio se refiere al «día del Señor». Dicho «día» consistiría en un juicio de reprobación de toda injusticia\, juicio en el cual incurriría también su pueblo y le acarrearía la destrucción. De hecho\, Elías mismo había sido instrumento de dicho juicio cuando durante tres años «cerró el cielo» (impidió la lluvia) y provocó la «hambruna»; también\, haciendo descender tres veces «fuego del cielo» (juicio divino)\, reprobó el régimen de Ajab (cf. 1Rey 18\,38) y el de Ocozías (cf. 2Rey 1\,10.12)\, ambos idólatras.\nElías fue arrebatado al cielo en «tropel de fuego» (juicio de salvación: «al cielo»)\, y fue destinado a aplacar la ira antes de que estallara («el día del Señor»). La tarea de este precursor fogoso («como fuego»: o sea\, ejecutor del juicio) consistirá en reconciliar la tradición («padres») con la novedad («hijos»)\, restaurando la unidad del único pueblo\, ahora dividido en dos reinos («restablecer las tribus de Israel»). Será un juicio de salvación. Y lo hará con un ímpetu como el que tuvo Elías. Era tal la expectativa\, que se declaraba una dicha ser testigo de semejante acontecimiento.\n\n2. Evangelio: cumplimiento (Mt 17\,10-13).\nEl compromiso depende mucho de la comprensión que se tenga de la promesa. Comprensión que\, a su vez\, depende de la experiencia que se tenga de Dios. Juan se presentó anunciando un juicio con «fuego inextinguible» (cf. Mt 3\,10.12)\, que sugiere una aniquilación\, en este caso\, de la gente que no se enmiende\, rasgo que alude a un parecido con Elías. Pero Juan también le atribuye al «que llega detrás»\, es decir\, al Mesías\, un bautismo «con Espíritu Santo y fuego» (cf. Mt 3\,11)\, lo que indica que –según su parecer– el Mesías hará un juicio de salvación «con Espíritu Santo» y un juicio de condenación «con fuego». Juan concibe a Dios como el Antiguo Testamento\, es decir\, remunerador de justos e impíos\, y así se identifica con Elías\, pero piensa que el Mesías se identifica con su concepción\, porque no advierte la novedad que Jesús implica.\nJesús no representa un Mesías de triunfo terreno\, pues va a morir (cf. Mt 17\,1-9). Sus discípulos encuentran incompatible la doctrina de los letrados con el mensaje del Maestro\, y preguntan por la razón de ser de dicha incompatibilidad. Jesús les responde que la promesa se ha cumplido ya\, pero\, como no se acomodó a las expectativas de los círculos de poder –ideológico\, religioso y político–\, no la dieron por cumplida y trataron a Juan como les vino en gana. Por eso\, les anuncia que así va a suceder con él\, y sucederá después con sus seguidores. Al decir «el Hijo del Hombre» Jesús se refiere a sí mismo –como portador y comunicador del Espíritu Santo– y también a sus discípulos\, que serán portadores y comunicadores del mismo Espíritu. El anuncio de Malaquías\, interpretado por Jesús\, deja claro que la vuelta de Elías ha de interpretarse de manera figurada\, y no literal\, y que su misión no tenía que ser necesariamente victoriosa\, como\, en efecto\, constató él mismo por parte de los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo (cf. Mt 21\,23-27). Por lo tanto\, el resultado triunfal que los letrados le atribuían a los oráculos mesiánicos tampoco resulta fiable\, ya que la realización del plan de Dios sobre Israel depende de la respuesta del pueblo.\nEllos se dan por enterados de la referencia a Juan Bautista\, pero no aún de la que les concierne: la referencia a Jesús y sus seguidores. En ese punto\, siguen apegados a la doctrina de los letrados. Por eso no verán cumplida la promesa en la muerte de Jesús; solo podrán verla después de que él resucite (cf. Mt 17\,9)\, cuando Jesús les haya comunicado su Espíritu (cf. Mt 27\,50). Esto deja entender que el cumplimiento de la promesa puede darse sin que los destinatarios de la misma lo capten\, porque adolecen de un vacío de Espíritu Santo\n\nLa experiencia de Dios como Padre permite comprender la promesa como la oferta de una vida indestructible. La experiencia del amor de Dios Padre ayuda a rectificar los pronósticos errados acerca de la actuación del Mesías. Y solo el don del Espíritu Santo permite esa experiencia. Esto aclara por qué\, sin el Espíritu Santo\, resulta imposible decir con toda verdad «¡Jesús es Señor!» (cf. 1Cor 12\,3)\, porque es seguro que se tergiversará y pervertirá ese señorío atribuido a Jesús.\nMuchos –enardecidos y con apasionado acento–\, se declaran seguidores de un Mesías guardián riguroso de la Ley\, o de un Mesías de poder que solo existe en sus mentes y que no corresponde al Mesías crucificado. Por eso se presentan con promesas que compaginan más con expectativas de logros terrenos que con la esperanza puesta en la promesa de Dios. Esa incomprensión de la promesa delata un enorme vacío de Espíritu Santo que se refleja en un dios imaginado\, no en la experiencia del Padre de Jesús.\nLa comunión eucarística\, al asimilarnos al Mesías Jesús\, va cambiando nuestra mente y nuestros sentimientos\, nuestras actitudes y nuestras acciones. Y constatamos su eficacia en nuestras vidas y en nuestra convivencia social.\nFeliz sábado en compañía de María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:III Domingo de Adviento. Ciclo A.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (35\,1-6a.10): \nEl desierto y el yermo se regocijarán\, se alegrarán el páramo y la estepa\, florecerá como flor de narciso\, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano\, la belleza del Carmelo y del Sarión. Ellos verán la gloria del Señor\, la belleza de nuestro Dios. Fortaleced las manos débiles\, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes\, no temáis. Mirad a vuestro Dios\, que trae el desquite; viene en persona\, resarcirá y os salvará.» Se despegarán los ojos del ciego\, los oídos del sordo se abrirán\, saltará como un ciervo el cojo\, la lengua del mudo cantará. Volverán los rescatados del Señor\, vendrán a Sión con cánticos: en cabeza\, alegría perpetua; siguiéndolos\, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 145\,7.8-9a.9bc-10 \nR/. Ven\, Señor\, a salvarnos \nEl Señor mantiene su fidelidad perpetuamente\,\nhace justicia a los oprimidos\,\nda pan a los hambrientos.\nEl Señor liberta a los cautivos. R/. \nEl Señor abre los ojos al ciego\,\nel Señor endereza a los que ya se doblan\,\nel Señor ama a los justos\,\nel Señor guarda a los peregrinos. R/. \nSustenta al huérfano y a la viuda\ny trastorna el camino de los malvados.\nEl Señor reina eternamente\,\ntu Dios\, Sión\, de edad en edad. R/.\n\n\nSegunda lectura\nLectura de la carta del apóstol Santiago (5\,7-10): \nTened paciencia\, hermanos\, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra\, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros\, manteneos firmes\, porque la venida del Señor está cerca. No os quejéis\, hermanos\, unos de otros\, para no ser condenados. Mirad que el juez está ya a la puerta. Tomad\, hermanos\, como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas\, que hablaron en nombre del Señor. \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Mateo (11\,2-11): \nEn aquel tiempo\, Juan\, que había oído en la cárcel las obras del Mesías\, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?»\nJesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven\, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios\, y los sordos oyen; los muertos resucitan\, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!»\nAl irse ellos\, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto\, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver\, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces\, ¿a qué salisteis?\, ¿a ver a un profeta? Sí\, os digo\, y más que profeta; él es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti\, para que prepare el camino ante ti.” Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan\, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.» \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nIII Domingo de Adviento. Ciclo A.\n\nEste domingo es conocido en la antigua tradición litúrgica con el nombre latino de «Gaudete»\, que es un imperativo exhortativo que significa «regocíjense»\, porque invita a la alegría íntima por la cercanía del Mesías\, y a gozarnos por sus obras. El nombre se deriva del introito de la misa en latín\, que cita palabras del apóstol Pablo a los filipenses (cf. Fil 4\,4-5). Y es un eco del «saludo» que el ángel Gabriel le dirigió a la Virgen María: «Alégrate» (Lc 1\,28).\nEl texto del evangelio de este domingo tiene dos partes claramente distintas:\nPrimera: pregunta de Juan a Jesús y respuesta de este (11\,2-6).\nSegunda: elogio de Juan por parte de Jesús (11\,7-11).\n\nMt 11\,2-11.\nAparentemente\, no hay razón para la alegría. El relato refiere una situación dramática. Juan tiene dudas porque el Mesías no actúa como él lo esperaba. En vez del juicio implacable que él había anunciado contra los impíos\, Jesús solamente soporta la oposición\, pero no la combate. La crisis de Juan es de fe. Se pregunta si ha cifrado sus esperanzas en el hombre equivocado. Todo se le desmorona. Y pasa de las dudas interiores a la exteriorización de las mismas.\n1. Juan se dirige a Jesús y Jesús a Juan.\nLas noticias de «las obras del Mesías» llegan hasta Juan\, pero no le resultan claras. Como está en la cárcel\, envía una embajada\, dos discípulos suyos\, para que le pregunten a Jesús si él es el Mesías que Dios le mandó anunciar y cuyo camino lo envió a preparar\, o si hay que seguir esperándolo.\nLa respuesta de Jesús los remite a esas obras\, que ellos mismos pueden comprobar y certificar. Hay que notar la forma como redacta el evangelista la respuesta de Jesús\, porque las traducciones no siempre le hacen justicia. Enumera seis obras en seis oposiciones –una privación\, un favor–\, lo cual indica que realiza acciones que remedian males\, pero que no se trata de la totalidad de las obras del Mesías. Lo notable es que las categorías enunciadas carecen del artículo definido «los» (οἱ)\, como sí lo tienen las categorías que enumera en las bienaventuranzas\, por ejemplo. No dice: «los ciegos ven…»\, sino: «ciegos ven…». Eso es indicio de que no se refiere a todos los ciegos\, sino a cierto tipo de ciegos\, cojos\, leprosos…\nY esto los orienta a los oráculos de los profetas que prometieron la liberación y la salvación del pueblo (cf. Is 35\,5; 29\,18; 26\,19; 61\,1)\, ya que esas privaciones físicas las utilizaban ellos como metáforas del cautiverio del pueblo (cf. Is 42\,7.18-19; 43\,8)\, que era prisionero de sí mismo antes que de sus opresores. El Mesías cumple la promesa\, pero no como el pueblo esperaba\, ya que el «Dios con nosotros» vino a realizar el nuevo éxodo salvando a «su pueblo de los pecados» (Mt 1\,21)\, no aniquilando a los impíos\, como ambiguamente enseñaba Juan (cf. Mt 3\,7.10).\nLa misión del Mesías es totalmente positiva. Esa lista\, aunque incompleta (cf. Mt 19\,18-19; 25\,35-36)\, es suficiente para entenderlo así. No es misión suya amenazar ni condenar. Por eso advierte que es dichoso el que no se sienta defraudado por él. Eso es lo que los emisarios de Juan deberán reportarle a su maestro. Los profetas todos\, y entre ellos Juan\, necesitan aceptar la universalidad del amor de Dios y entender que él quiere liberar y salvar a todos sin dejar de cumplir su promesa y sin destruir a nadie (cf. Mt 5\,17-18). Por eso\, es preciso que cada uno responda personalmente (cf. Mt 7\,13) y se comprometa a poner por obra el designio del Padre (cf. Mt 7\,21).\n2. Jesús habla de Juan a las multitudes.\nAl alejarse los discípulos de Juan\, Jesús emite una elogiosa opinión sobre un hombre que padece y manifiesta esa angustiosa crisis de fe. Esto confirma que su misión es positiva.\nPrimero\, pone a la gente a pensar en la persona misma de Juan. Hace tres preguntas dobles\, que conducen a una sola respuesta. Juan no ha sido complaciente con los poderes\, doblegado ante su ímpetu (cf. 1Rey 14\,15); tampoco ha vestido como los cortesanos y palaciegos (cf. Mt 3\,4): ni interior ni exteriormente pertenece a esa colectividad. Él es un profeta\, y no cualquiera\, sino el prometido precursor del Mesías (cf. Exo 23\,20; Mal 3\,1)\, el genuino precursor (cf. Mt 17\,12-13). Ninguno de los mortales que lo habían precedido había alcanzado su estatura humana («no ha nacido de mujer nadie más grande que Juan Bautista»). Esto significa que –por su condición de precursor del Mesías– Juan ha logrado la máxima estatura humana posible antes de la llegada de Jesús. Y esta talla se debe a su vocación y misión. Llamado a ser «voz» de Dios\, o sea\, «profeta»\, no es uno más de la serie; él es «más que profeta»\, porque se distingue de los anteriores en que\, además de anunciar la inminencia del reinado universal de Dios («el reinado de los Cielos»)\, fue encargado de «preparar el camino del Señor» exhortando a la «enmienda» que se concreta en la rectificación que cada uno ha de hacer de sus «senderos» (cf. Mt 3\,1-3). La grandeza de Juan es consecuencia de ser un hombre del Espíritu («profeta») que\, a diferencia de los otros («más que profeta») vislumbra la posibilidad del perdón de los pecados para los injustos\, y los invita a queenderecen su propia vida ante la proximidad del nuevo y definitivo éxodo hacia el reino de Dios.\nJesús le asigna a Juan la misión del ángel del Señor que había de cuidar y guiar a Moisés a través del desierto hasta la tierra prometida (cf. Exo 23\,20)\, así como la del anunciado ángel que habría de prepararle el camino al Señor\, cuando él viniera a juzgar a su pueblo (cf. Mal 3\,1). Estas tareas las ha cumplido Juan como precursor de Jesús Mesías.\n\nJesús puede resultar decepcionante para los círculos de poder y para quienes tienen de Dios una concepción semejante a la de esos círculos de poder. Pero quienes han experimentado el influjo liberador y salvador de la buena noticia no viven de ideas\, sino de realidades\, de hechos\, de una experiencia comprobada. La crisis de Juan\, aunque sea crisis de fe\, es positiva\, porque lo llevará a liberarse de las erróneas concepciones del Mesías y a aceptar la novedad sorprendente del Dios que se revela en Jesús\, superando así sus ambigüedades.\nLa alegría íntima de una comunidad cristiana no radica en sus celebraciones festivas\, por muy importantes que estas sean\, sino en prolongar la obra liberadora de Jesús\, quien infunde nueva y gozosa vida a la humanidad por el don del Espíritu Santo. Sin esto\, el grupo cristiano sería una organización religiosa más\, no la comunidad fe en el Mesías enviado a anunciar la buena noticia de Dios; la celebración semanal de la eucaristía sería a una mera fiesta religiosa\, no el memorial del Mesías que nació\, convivió con nosotros\, murió y resucitó por darnos la buena noticia; y la comunión eucarística sería un rito religioso más\, en vez de ser el signo sacramental de nuestra adhesión a Jesús\, para realizar sus obras y gozarnos en ellas.\nFeliz día del Señor.
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SUMMARY:Lunes de la III semana de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de los Números (24\,2-7.15-17a): \nEN aquellos días\, Balaán\, tendiendo la vista\, divisó a Israel acampado por tribus. El espíritu de Dios vino sobre él\, y entonó sus versos:\n«Oráculo de Balaán\, hijo de Beor\,\noráculo del hombre de ojos perfectos;\noráculo del que escucha palabras de Dios\,\nque contempla visiones del Poderoso\,\nque cae y se le abren los ojos:\n¡Qué bellas tus tiendas\, oh Jacob\,\ny tus moradas\, Israel!\nComo vegas dilatadas\,\ncomo jardines junto al río\,\ncomo áloes que plantó el Señor\no cedros junto a la corriente;\nel agua fluye de sus cubos\,\ny con el agua se multiplica su simiente.\nSu rey es más alto que Agag\,\ny descuella su reinado».\nY entonó sus versos:\n«Oráculo de Balaán\, hijo de Beor\,\noráculo del hombre de ojos perfectos;\noráculo del que escucha palabras de Dios\ny conoce los planes del Altísimo\,\nque contempla visiones del Poderoso\,\nque cae en éxtasis\, y se le abren los ojos:\nLo veo\, pero no es ahora\,\nlo contemplo\, pero no será pronto:\nAvanza una estrella de Jacob\,\ny surge un cetro de Israel». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 24\,4-5ab.6-7bc.8-9 \nR/. Señor\, instrúyeme en tus sendas \nV/. Señor\, enséñame tus caminos\,\ninstrúyeme en tus sendas:\nhaz que camine con lealtad;\nenséñame\, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/. \nV/. Recuerda\, Señor\, que tu ternura\ny tu misericordia son eternas;\nacuérdate de mí con misericordia\,\npor tu bondad\, Señor. R/. \nV/. El Señor es bueno y es recto\,\nenseña el camino a los pecadores;\nhace caminar a los humilles con rectitud\,\nenseña su camino a los humildes. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (21\,23-27): \nEN aquel tiempo\, Jesús llegó al templo y\, mientras enseñaba\, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle:\n«¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?».\nJesús les replicó:\n«Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis\, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venía\, del cielo o de los hombres?».\nEllos se pusieron a deliberar:\n«Si decimos “del cielo”\, nos dirá: “¿Por qué no le habéis creído?”. Si le decimos “de los hombres”\, tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta».\nY respondieron a Jesús:\n«No sabemos».\nÉl\, por su parte\, les dijo:\n«Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general
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SUMMARY:Martes de la III semana de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro del Génesis (49\,1-2.8-10): \nEN aquellos días\, Jacob llamó a sus hijos y les dijo:\n«Reuníos\, que os voy a contar lo que os va a suceder en el futuro; agrupaos y escuchadme\, hijos de Jacob\, oíd a vuestro padre Israel:\nA ti\, Judá\, te alabarán tus hermanos\,\npondrás la mano sobre la cerviz de tus enemigos\,\nse postrarán ante ti los hijos de tu padre.\nJudá es un león agazapado\,\nhas vuelto de hacer presa\, hijo mío;\nse agacha y se tumba como león\no como leona\, ¿quién se atreve a desafiarlo?\nNo se apartará de Judá el cetro\,\nni el bastón de mando de entre sus rodillas\,\nhasta que venga aquel a quien está reservado\,\ny le rindan homenaje los pueblos». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 71\,1-2.3-4ab.7-8.17 \nR/. En sus días florezca la justicia\,\ny la paz abunde eternamente. \nV/. Dios mío\, confía tu juicio al rey\,\ntu justicia al hijo de reyes\,\npara que rija a tu pueblo con justicia\,\na tus humildes con rectitud. R/. \nV/. Que los montes traigan paz\,\ny los collados justicia;\ndefienda a los humildes del pueblo\,\nsocorra a los hijos del pobre. R/. \nV/. En sus días florezca la justicia\ny la paz hasta que falte la luna;\ndomine de mar a mar\,\ndel Gran Río al confín de la tierra. R/. \nV/. Que su nombre sea eterno\,\ny su fama dure como el sol;\nél sea la bendición de todos los pueblos\,\ny lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (1\,1-17): \nLIBRO del origen de Jesucristo\, hijo de David\, hijo de Abrahán.\nAbrahán engendró a Isaac\, Isaac engendró a Jacob\, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. Judá engendró\, de Tamar\, a Farés y a Zará\, Farés engendró a Esrón\, Esrón engendró a Aran\, Aran engendró a Aminadab\, Aminadab engendró a Naasón\, Naasón engendró a Salmón\, Salmón engendró\, de Rajab\, a Booz; Booz engendró\, de Rut\, a Obed; Obed engendró a Jesé\, Jesé engendró a David\, el rey.\nDavid\, de la mujer de Urías\, engendró a Salomón\, Salomón engendró a Roboán\, Roboán engendró a Abías\, Abías engendró a Asaf\, Asaf engendró a Josafat\, Josafat engendró a Jorán\, Jorán engendró a Ozías\, Ozías engendró a Joatán\, Joatán engendró a Acaz\, Acaz engendró a Ezequías\, Ezequías engendró a Manasés\, Manasés engendró a Amós\, Amós engendró a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos\, cuando el destierro de Babilonia.\nDespués del destierro de Babilonia\, Jeconías engendró a Salatiel\, Salatiel engendró a Zorobabel\, Zorobabel engendró a Abiud\, Abiud engendró a Eliaquín\, Eliaquín engendró a Azor\, Azor engendró a Sadoc\, Sadoc engendró a Aquín\, Aquín engendró a Eliud\, Eliud engendró a Eleazar\, Eleazar engendró a Matán\, Matán engendró a Jacob; y Jacob engendró a José\, el esposo de María\, de la cual nació Jesús\, llamado Cristo.\nAsí\, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia\, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el Cristo\, catorce. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nMartes de la III semana de Adviento.\n\nLos hombres religiosos tienden a insistir en la observancia; los hombres de fe\, en el seguimiento. La observancia se atiene al deber; el seguimiento\, a la libertad de amar. Por eso es frecuente que la observancia se deslice hacia el fingimiento\, y la conducta de los hombres religiosos se convierta en una farsa\, incluso cuando dicen reconocerse injustos y pecadores. Esa farsa ya la denunciaron en el pasado los profetas como falta de sinceridad\, y es lo que Jesús llama «hipocresía» en el caso de los fariseos. La hipocresía religiosa ciega al hombre y endurece su corazón hasta el punto de volverlo despiadado\, porque condena en los demás las acciones que él mismo realiza y justifica.\nDios quiere llevar a los seres humanos a relaciones sinceras entre ellos y con él. Por eso promete labios puros\, ajenos a toda clase de mentiras.\n\n1. Primera lectura: promesa (Sof 3\,1-2.9-13).\nEl profeta emplaza a juicio a Jerusalén\, «la ciudad rebelde». El concepto de rebeldía que aquí se maneja es opuesto al que se usa ordinariamente. No se trata de oponer resistencia al tirano\, sino\, al contrario\, de resistirse a ser libre\, a dejarse liberar. Cuando hablan del «pueblo» o de la «casa» rebelde\, los autores se refieren a los que optan por permanecer en sus esclavitudes y no aceptan que el Señor los conduzca a su verdadera libertad.\nCon un vigoroso oráculo contra Jerusalén y sus instituciones\, las denuncia como corruptas (vv. 1-2)\, e igual hace con sus dirigentes (vv. 3-4)\, lo que contrasta y marca distancia en relación con la justicia del Señor\, que no tolera la injusticia (vv. 5-8). Además de «rebelde» (opuesta al éxodo)\, la ciudad está «manchada» (profanada\, por oposición a «santa»)\, y es «opresora» (como Egipto y Babilonia). Esto es consecuencia de que ella «no escuchó» la palabra de Dios\, que la instruía\, «no escarmentó»\, a pesar de ver en los otros pueblos que la injusticia conduce a la ruina\, «no confiaba en el Señor»\, porque se apoyaba en alianzas con potencias extranjeras\, y «no acudía a su Dios»\, sino que invocaba a los dioses de los paganos con los que hacía alianza. En cuatro trazos define el profeta la infidelidad (falta de fe) de la «ciudad» (la población) cuya convivencia se opone a la alianza. Es mucho más que desgreño en el culto\, es ruptura de su relación con Dios.\nEsos reproches se entienden mejor teniendo en cuenta que el Señor sacó a Israel de Egipto para ser una nación santa\, consagrada a Dios; y que esta consagración se hacía efectiva escuchando y poniendo en práctica las cláusulas de la alianza\, que eran un pacto de fidelidad mutua –el Señor al pueblo y el pueblo al Señor– y de convivencia justa entre los miembros del pueblo. Además\, la «obediencia» que se exige es la escucha confiada y la aceptación libre de la palabra del Señor.\nPero el Señor promete la restauración mediante:\n• El culto auténtico al Señor por parte de todos los pueblos. La lengua de los pueblos es «impura» (Isa 6\,4) por invocar los falsos dioses; será «purificada» cuando solo invoquen al Señor.\n• Su perdón generoso\, que eliminará la soberbia y la insolencia. Experimentará la «ciudad rebelde\, impura y opresora» un cambio que no provocará ella\, sino el amor fiel del Señor.\n• La preservación de un «resto pobre»\, libre de insolencia y mentira. El «resto» es una esperanza en medio de la destrucción (cf. Isa 1\,9)\, el escarnio (cf. Isa 4\,3) y la maldad (cf. Amós 5\,15).\n• El disfrute de una paz confiada\, estable y duradera. La imagen del rebaño que se apacienta y se tumba a reposar sin sobresalto describe un pueblo que prospera con total tranquilidad.\n\n2. Evangelio: cumplimiento (Mt 21\,28-32).\nDios es Padre de todos (a todos da vida e infunde su Espíritu)\, pero no todos son hijos de Dios (no se dejan guiar por el Espíritu)\, porque la condición de hijo es una relación que\, en el caso del ser humano con Dios\, se va construyendo en la medida en que se realiza el «designio» del Padre. Por eso\, Jesús habla de «dos hijos»: las dos únicas actitudes posibles ante el Padre: realizar o no su «designio» (θέλημα). Dios\, en cuanto Padre\, no se deja impresionar por las palabras\, porque a él le interesan las conductas.\nEl primer hijo responde groseramente («¡no me da la gana!»)\, pero después siente remordimiento por su grosería y hace lo que le pidió su padre; el segundo responde obsequiosamente («¡por supuesto\, señor!»)\, pero no hace lo que dijo. La viña del Padre es la humanidad. Ir a trabajar a esa viña es realizar en la sociedad humana su designio de vida plena a favor de cada ser humano y de la convivencia social. Y eso es lo que cuenta para el Padre\, las obras\, no las solas palabras.\nCon su parábola delinea Jesús dos actitudes: la de los recaudadores y las prostitutas\, por un lado\, y la de los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo\, por el otro. Se supone que los primeros son los infieles y los segundos los fieles. En la parábola\, los dirigentes religiosos y civiles quedan por debajo de las dos categorías de personas más despreciadas por ellos\, los recaudadores y las prostitutas\, porque estos aceptaron la exhortación a la enmienda que hizo Juan\, mientras que los jefes\, que solo viven una religión de apariencias\, son mucho más infieles que aquellos. Resultan más libres los pecadores que se enmiendan que los justos que no sienten necesidad de hacerlo.\n\n«Designio» (θέλημα) en griego es un sustantivo neutro\, que denota algo concreto («propósito»)\, no algo abstracto («voluntad»). La noción de «voluntad» connota algo vago\, a veces arbitrario o irracional («lo que se le antoje»\, «lo que se le ocurra»). Esto no es lo que sucede con el «designio» de Dios; este es algo concreto\, su propósito consiste en colmar de vida feliz a todos los seres humanos. Si la gente tuviera esto claro\, no desconfiaría de las intenciones de Dios. Casi siempre que algunos se refieren a «la voluntad de Dios» se percibe un tono de resignación forzada. Por eso no confían en él\, porque sienten que no saben a qué atenerse\, pues su voluntad les resulta incierta. Otra sería su actitud si tuvieran certeza de que el designio de Dios es su felicidad.\nSu designio es de paz\, no de aflicción. Este tiempo de adviento\, que nos reclama la enmienda de nuestra vida personal y de nuestra convivencia social tiene ese fin\, que se realice el designio de Dios: infundir su Espíritu Santo para felicidad de todos y sin perjuicio para nadie.\nEn la eucaristía\, al recitar el padrenuestro\, tengamos siempre en cuenta que lo que Jesús nos enseñó a pedir es que se realice en la tierra el designio que el Padre concibió en el cielo. Y\, cuando recibimos el pan de vida\, nos presentamos como el hijo que había respondido de modo grosero\, pero que después sintió remordimiento\, pidió perdón y decidió ir a la viña a realizar el designio de su Padre. Solo así preparamos el camino del Señor.\nFeliz martes.
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SUMMARY:18 de diciembre.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Jeremías (23\,5-8): \nMIRAD que llegan días —oráculo del Señor—\nen que daré a David un vástago legítimo:\nreinará como monarca prudente\,\ncon justicia y derecho en la tierra.\nEn sus días se salvará Judá\,\nIsrael habitará seguro.\nY le pondrán este nombre:\n«El-Señor-nuestra-justicia».\nAsí que llegan días —oráculo del Señor— en que ya no se dirá: «Lo juro por el Señor\, que sacó a los hijos de Israel de Egipto»\, sino: «Lo juro por el Señor\, que sacó a la casa de Israel del país del norte y de los países por donde los dispersó\, y los trajo para que habitaran en su propia tierra». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 71\,1-2.12-13.18-19 \nR/. En sus días florezca la justicia\, y la paz abunde eternamente. \nV/. Dios mío\, confía tu juicio al rey\,\ntu justicia al hijo de reyes\,\npara que rija a tu pueblo con justicia\,\na tus humildes con rectitud. R/. \nV/. Él librará al pobre que clamaba\,\nal afligido que no tenía protector;\nél se apiadará del pobre y del indigente\,\ny salvará la vida de los pobres. R/. \nV/. Bendito sea el Señor\, Dios de Israel\,\nel único que hace maravillas;\nbendito por siempre su nombre glorioso;\nque su gloria llene la tierra.\n¡Amén\, amén! R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (1\,18-24): \nLA generación de Jesucristo fue de esta manera:\nMaría\, su madre\, estaba desposada con José y\, antes de vivir juntos\, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.\nJosé\, su esposo\, como era justo y no quería difamarla\, decidió repudiarla en privado. Pero\, apenas había tomado esta resolución\, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:\n«José\, hijo de David\, no temas acoger a María\, tu mujer\, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús\, porque él salvará a su pueblo de los pecados».\nTodo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por medio del profeta:\n«Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo\ny le pondrán por nombre Emmanuel\,\nque significa “Dios-con-nosotros”».\nCuando José se despertó\, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\n18 de diciembre.\n\nEl segundo día de la octava previa a la celebración del nacimiento de Jesús nos remite al éxodo desde una nueva perspectiva\, ya que pone el acento en el éxodo personal para que se cumpla la promesa del éxodo definitivo. La salida de Egipto se convierte en paradigma de todas las obras liberadoras y salvadoras de Dios en todos los tiempos y a favor de todos los pueblos. Pero no es una repetición\, sino sorprendente revelación\, porque esa gesta se supera cada vez que se renueva. La fuerza salvadora de Dios en cada nueva ocasión se manifiesta de un modo original y superior.\n\n1. Primera lectura: promesa (Jer 23\,5-8).\nEl texto contiene dos anuncios\, precedido cada uno de ellos por el aviso: «Miren que llegan días –oráculo del Señor–…». El primero anuncia al Mesías; el segundo\, el nuevo éxodo.\n• El primero (vv. 5-6) anuncia el «vástago» o «germen»\, un rey que será «legítimo» descendiente de David (cf. Zac 3\,8; 6\,12; Isa 4\,2)\, denominación del Mesías tomada en préstamo de Jer 23\,5; 33\,15 e Isa 11\,1-2. Al llamarlo también «siervo»\, Zacarías muestra que este Germen se concibe como una figura mesiánica (cf. Isa 49\,5-6; 52\,13; Ageo 2\,23). Este será prudente y administrará «justicia» (rectitud ante Dios) y «derecho» (honradez hacia el prójimo)\, y en sus días Judá (reino del Sur) tendrá vida e Israel (reino del Norte) tendrá paz. Ese rey tendrá por nombre: «Señor\, justicia nuestra»\, contra el nombre que ostentaba el rey entonces en ejercicio: Sedecías («Señor\, justicia mía»). Cuando los «pastores» faltan a su deber (cf. Jer 22\,13)\, el Señor en persona toma las riendas en sus manos (Sof 3\,3-5)\, y eso es lo que hará por medio de este rey «legítimo»\, que\, ante todo\, habrá de ser lugarteniente suyo –ya que el verdadero rey de Israel es el Señor (cf. 1Sm 12\,12)– y fiador de un orden social justo. El mismo nombre del rey se le dará a la nueva Jerusalén (cf. Jer 33\,16).\n• El segundo (vv. 7-8) anuncia la actualidad de la actividad liberadora y salvadora del Señor en favor de su pueblo. Tras la amenaza del exilio\, se vio la necesidad de insertar promesas de retorno (cf. Jer 3\,18; 16\,14-15; 31\,7-9; Isa 43\,5-8). El destierro a Babilonia no constituirá una cautividad definitiva. Aunque será más dura que la esclavitud en Egipto\, concluirá con una liberación más impresionante que el primer éxodo\, porque este nuevo éxodo reiterará y superará el anterior. El Señor\, que realizó el éxodo de Egipto realizará un nuevo éxodo\, ahora de Babilonia. Y también «de todos los países adonde los expulsó». El pueblo fue conducido al destierro a causa de sus injusticias («pecados»)\, pero el Señor\, compasivo y misericordioso\, lo liberará por la fidelidad a sus promesas. O sea\, él liberó y salvó en el pasado\, pero puede hacerlo también ahora y en el futuro. Porque él es el Dios vivo.\n\n2. Evangelio: cumplimiento (Mt 1\,18-24).\nEl nacimiento de Jesús Mesías exige salir de los esquemas establecidos. Hacia él camina la historia pasada\, pero en él se realiza una absoluta novedad. José es «justo»\, pero esa justicia no basta para recibir a Jesús. Hace falta admitir una intervención del Señor que es liberadora (papel del «ángel del Señor») y salvadora (obra del Espíritu Santo)\, que está por fuera de las posibilidades humanas: una libertad interior y una vida de origen divino que se obtienen más allá de lo que ofrecen la ley y la enseñanza de los maestros los sábados en las sinagogas. La salvación no consistirá en liberar al pueblo de otros pueblos\, sino de los propios pecados. («salvará a su pueblo de los pecados»).\nPor eso hay dos hechos-clave: la «doncella» (joven) del antiguo oráculo ahora es «virgen» (fiel); el «justo» (observante) según la ley es ahora el que\, por fe\, le pone nombre a esta nueva realidad («le pondrás de nombre Jesús»). María es «virgen» y\, a la vez\, está «encinta por obra del Espíritu Santo». La suya no es una fidelidad estéril\, como la de los letrados y fariseos (cf. Mt 5\,20)\, sino rebosante de una vida que procede del amor de Dios («Espíritu») y que realiza la comunión con él («Santo»). En su virginidad se cumple la promesa hecha a Abraham. José siente la insuficiencia de la «justicia» que ha aprendido y con la que está seriamente comprometido\, por lo que busca la manera de seguir siendo justo sin descalificar la virginidad de María\, hasta que la intervención de Dios («un ángel del Señor») lo libera de la justicia según la ley para acogerse a la gracia del don libérrimo del Espíritu Santo. Ahora comprende que él y su pueblo tienen necesidad de salvación a partir de la liberación interior («de sus pecados»). En esta nueva justicia se cumple la promesa hecha a «la casa de David» (cf. Isa 7\,13).\nEs preciso hacer un nuevo éxodo («hizo lo que le había dicho el ángel del Señor») y acoger con fe el don de Dios («se llevó a su mujer a su casa»). José «se despierta» como de un letargo\, y hace el éxodo de la Ley a la gracia llevándose a María a su casa. La «casa de David» se abre a la promesa hecha a Abraham\, para que se cumpla como Dios lo había previsto\, y no según las expectativas de «los hombres». José es descendiente de David y acepta que la promesa se cumpla por gracia\, no por la observancia de la Ley; el Mesías es «acogido» (παραλαμβάνω) en la casa de David por fe\, no «engendrado»\, según las exigencias legales. Así tendrán que hacer todos los descendientes de Abraham\, el creyente\, y los súbditos de David\, el rey.\n\nLa legitimidad del rey anunciado consiste en administrar la justicia para todos y realizar el nuevo éxodo. Anuncio que cumple Jesús. Y\, para que se cumpla\, se requiere la fe que manifiestan José y María. La fe de José se expresa en la emigración de la confianza puesta en las obras de la Ley a la aceptación de la salvación de los pecados por la gracia del Espíritu Santo a través de Jesús. Y la fe de María se expresa en su apertura a la obra del Espíritu Santo y en su fidelidad a Dios\, incluso al riesgo de la infamia\, para que Jesús tome «carne» y sea el salvador de su pueblo.\nEsta es la fe que Dios espera de todo ser humano: que renunciando al apoyo que le brindan sus falsas seguridades («su justicia») se acoja al designio que él manifiesta en su palabra (cf. Mt 4\,4)\, sin poner en duda su amor (cf. Mt 4\,7) para realizar su reino\, erradicando los reinos del dinero\, del poder y del prestigio (cf. Mt 4\,8-10)\, a fin de que los pueblos alcancen la verdadera libertad y la justicia para todos (cf. Mt 5\,3-10).\nAcoger a Jesús en la comunión eucarística exige esa fe\, que se pone de manifiesto en la nueva andadura comunitaria\, como la de José con María\, unidos\, no por la Ley\, sino por Jesús.\n¡Ven\, Señor Jesús!\nFeliz día.
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SUMMARY:19 de diciembre.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de los Jueces (13\,2-7.24-25a): \nEN aquellos días\, había en Sorá un hombre de estirpe danita\, llamado Manoj. Su esposa era estéril y no tenía hijos.\nEl ángel del Señor se apareció a la mujer y le dijo:\n«Eres estéril y no has engendrado. Pero concebirás y darás a luz un hijo. Ahora guárdate de beber vino o licor\, y no comas nada impuro\, pues concebirás y darás a luz un hijo. La navaja no pasará por su cabeza\, porque el niño será un nazir de Dios desde el seno materno. Él comenzará a salvar a Israel de la mano de los filisteos».\nLa mujer dijo al esposo:\n«Ha venido a verme un hombre de Dios. Su semblante era como el semblante de un ángel de Dios\, muy terrible. No le pregunté de dónde era\, ni me dio a conocer su nombre. Me dijo: “He aquí que concebirás y darás a luz un hijo. Ahora\, pues\, no bebas vino o licor\, y no comas nada impuro; porque el niño será nazir de Dios desde el seno materno hasta el día de su muerte”».\nLa mujer dio a luz un hijo\, al que puso de nombre Sansón. El niño creció\, y el Señor lo bendijo. El espíritu del Señor comenzó a agitarlo. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 70\,3-4a.5-6ab.16-17 \nR/. Que se llene mi boca de tu alabanza\,\ny así cantaré tu gloria. \nV/. Sé tú mi roca de refugio\,\nel alcázar donde me salve\,\nporque mi peña y mi alcázar eres tú.\nDios mío\, líbrame de la mano perversa. R/. \nV/. Porque tú\, Señor\, fuiste mi esperanza\ny mi confianza\, Señor\, desde mi juventud.\nEn el vientre materno ya me apoyaba en ti\,\nen el seno tú me sostenías. R/. \nV/. Contaré tus proezas\, Señor mío;\nnarraré tu justicia\, tuya entera.\nDios mío\, me instruiste desde mi juventud\,\ny hasta hoy relato tus maravillas. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (1\,5-25): \nEN los días de Herodes\, rey de Judea\, había un sacerdote de nombre Zacarías\, del turno de Abías\, casado con una descendiente de Aarón\, cuyo nombre era Isabel.\nLos dos eran justos ante Dios\, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos\, porque Isabel era estéril\, y los dos eran de edad avanzada.\nUna vez que Zacarías oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno\, según la costumbre de los sacerdotes\, le tocó en suerte a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso.\nY se le apareció el ángel del Señor\, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo\, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor.\nPero el ángel le dijo:\n«No temas\, Zacarías\, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo\, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría y gozo\, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya en el vientre materno\, y convertirá muchos hijos de Israel al Señor\, su Dios. Irá delante del Señor\, con el espíritu y poder de Elías\, “para convertir los corazones de los padres hacía los hijos”\, y a los desobedientes\, a la sensatez de los justos\, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto».\nZacarías replicó al ángel:\n«¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo\, y mi mujer es de edad avanzada».\nRespondiendo el ángel\, le dijo:\n«Yo soy Gabriel\, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado para hablarte y comunicarte esta buena noticia. Pero te quedarás mudo\, sin poder hablar\, hasta el día en que esto suceda\, porque no has dado fe a mis palabras\, que se cumplirán en su momento oportuno».\nEl pueblo\, que estaba aguardando a Zacarías\, se sorprendía de que tardase tanto en el santuario. Al salir no podía hablarles\, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas\, porque seguía mudo.\nAl cumplirse los días de su servicio en el templo\, volvió a casa. Días después concibió Isabel\, su mujer\, y estuvo sin salir de casa cinco meses\, diciendo:\n«Esto es lo que ha hecho por mí el Señor\, cuando se ha fijado en mi para quitar mi oprobio ante la gente». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\n19 de diciembre.\n\nCuando parece que las esperanzas están totalmente perdidas y la situación del pueblo sin salida\, Dios siempre tiene una salida para proponer. Él es siempre el salvador\, el creador de la vida; por eso\, su solución siempre será la vida. Desde Abraham\, en adelante\, la promesa se va haciendo posible por sus acciones salvadoras\, es decir\, generadoras de vida. Así nació Isaac de una pareja incapaz de transmitir la vida. Esta es una bella forma de decir que Dios es «señor» de la vida\, el Dios de la vida. Por eso Jesús lo revela como «Padre»\, es decir\, fuente de vida.\nLa promesa se cumple muy a pesar de la lógica de la muerte\, porque el contenido de la promesa es la vida\, y el que hace esa promesa tiene toda la capacidad y fuerza de vida para cumplirla. Los depositarios de la promesa pueden estar seguros de ello.\n\n1. Primera lectura: promesa (Jue 13\,2-7.24-25a).\nLas historias de los jueces están dominadas por el ritmo de la infidelidad tanto del pueblo como del «juez» (שָׁפַט) en contraste con la permanente fidelidad del Señor (cf. Jue 2\,11-23). La historia de Sansón se nos narra después de una infidelidad del pueblo\, que durante cuarenta años (una generación) fue sojuzgado por los filisteos.\nEntonces\, el Señor intervino haciendo una promesa de vida nueva para el pueblo\, allí en donde parecía no haber esperanza alguna de vida ni de supervivencia. Un niño nacerá en circunstancias humanamente imposibles\, y su vida consagrada será fuerza de vida para la convivencia y garantía de supervivencia para el pueblo de Dios. Se trata de proseguir el éxodo (aludido por la presencia de «el ángel del Señor»)\, y de renovar la alianza por medio de la consagración que se da desde el vientre materno\, significada por la exclusión de bebidas fermentadas y la dieta de la madre.\nLa consagración personal es la propia del nazireo\, aunque de modo extraordinario\, ya que el voto de nazireato era temporal (cf. Nm 6\,1-8)\, en tanto que el de Sansón se advierte que será de por vida. Así es anunciado y así ha de nacer Sansón (שִׁמְשׁוֹן)\, en circunstancias atípicas. Contrario a la costumbre en uso\, su madre será quien le asigne el nombre (que significa «pequeño sol»). Su consagración está ligada a la misión liberadora de expulsar a los filisteos. No obstante\, los relatos van a mostrar que se trata sobre todo de golpes de mano de un hombre fuerte y astuto\, más que de una liberación definitiva del yugo de los filisteos\, así que\, en sentido estricto\, no es apropiado catalogarlo como un «juez»\, ni tampoco como un «liberador»\, pero sí es un consagrado al Señor.\nEl niño creció protegido por el Señor\, que lo bendijo\, es decir\, le dio vida\, y el Espíritu del Señor lo incitó para que cumpliera su misión.\n\n2. Evangelio: cumplimiento (Lc 1\,5-25).\nPara que la promesa se cumpla\, son necesarios ciertos requisitos. De nuevo hay una pareja estéril\, y esta de avanzada edad\, obstáculos humanamente insalvables\, pese a que ambos eran intachables desde el punto de vista religioso. Pero la justicia según la Ley es insuficiente\, y la piedad ritual se revela vacía. Hay oración\, y Dios la escucha\, porque él es fiel\, pero no hay fe de parte de Zacarías. Le hace falta la fe en la fuerza de vida que brota de Dios.\n2.1. El destinatario de la promesa.\nZacarías es un profesional de la religión que ni cree en lo que hace ni tiene una verdadera relación de amor con Dios. Muestra una religiosidad rutinaria y sin vida. La manifestación divina\, de suyo liberadora («el ángel del Señor»)\, le inspira temor\, no alegría. No obstante\, por gracia\, recibe el anuncio de que su oración –junto con la del pueblo– ha sido escuchada\, y que va a tener un hijo llamado Juan (יְוֹחָנָן: «El Señor ha mostrado su favor»)\, que será causante de la alegría de muchos\, y que estará consagrado por el Espíritu Santo desde antes de su nacimiento; él deberá consagrarse al Señor como Sansón\, para convertir a muchos israelitas al Señor\, y deberá ser el precursor del Señor\, cumpliendo la promesa hecha de que el profeta Elías vendría a prepararle así un pueblo bien dispuesto al Señor. Sin embargo\, Zacarías (זְכַרְיָה: «el Señor recuerda») no cree que el Señor se haya acordado del pueblo para salvarlo\, por eso pide garantías al ángel.\n2.2. La promesa del Señor.\nEn este momento\, el ángel revela su nombre\, Gabriel (גַּבְרִיאֵל: «Fuerza de Dios»)\, y su misión\, darle esa buena noticia a Zacarías. Dada la negativa de este a creer en la fuerza salvadora de Dios\, ya no está en capacidad de hablarle al pueblo en nombre del Señor. El pueblo\, que lo aguardaba\, entiende que ha tenido una visión\, pero no interpreta su mudez; el mensaje no llega por medio de él. El pueblo queda desconcertado. Pero Dios cumple su promesa. Como había dicho Gabriel\, Isabel concibe a pesar de su esterilidad y su vejez. Ella\, en cambio\, reconoce que su embarazo es don del Señor\, que la ha liberado de la ignominia y que así está salvando a su pueblo. Ella será la encargada de asignarle el nombre a ese hijo\, también en contra de la costumbre (cf. Lc 1\,60).\nHay un paralelismo asimétrico entre la actitud de los padres de Sansón y la de los padres de Juan. Los hechos ocurren en un ambiente de cierta infidelidad; ambas mujeres son estériles\, pero Isabel es anciana; la madre de Sansón juega un papel mucho más activo que la de Juan; ambos maridos se muestran escépticos\, pero la incredulidad de Zacarías supera las suspicacias de Manoaj; en tanto que la madre de Sansón debe asumir la responsabilidad del niño\, Zacarías debe afrontar las consecuencias de su falta de fe. Ambas madres se sienten bendecidas y les ponen nombre a sus respectivos hijos\, en contra de las costumbres vigentes.\n\nLa rectitud de vida\, fruto de la observancia de la Ley –que materializa la enmienda– y la piedad religiosa\, manifestada en el culto ceremonial y ritual\, no son suficientes para cooperar con Dios en el cumplimiento de sus promesas. Se precisa la fe. El hombre honrado y religioso necesita superarse a sí mismo y dar su adhesión al Dios de la vida\, el Salvador. Es cierto que Dios cumple su promesa incluso a pesar de la falta de fe de los hombres\, pero estos hombres que no cooperan con él se inhabilitan a sí mismos para anunciar la salvación\, y se hacen ineptos para el testimonio.\nZacarías –y con él la institución que él representa– pierde la capacidad de hablarle al pueblo en nombre del Señor. Él ya no volverá a hablar en el templo. Lo hará en su casa\, pero ya no como sacerdote\, sino como profeta (cf. Lc 1\,67)\, para reconocer lo que su mujer ya había reconocido: la intervención liberadora salvadora de Dios en favor de su pueblo (cf. Lc 1\,24-25.68-69).\nLa celebración de la eucaristía no se realiza plenamente con buenas personas que cumplen los mandamientos de la Ley de Moisés. Solo tiene sentido pleno si la celebran personas de fe\, que\, más allá de la Ley\, siguen a Jesús por fe y lo anuncian como testigos\, porque creen en el Padre\, el Dios de la vida indestructible.\n¡Ven\, Señor Jesús!\nFeliz día.
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SUMMARY:20 de diciembre.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de Isaías (7\,10-14): \nEN aquellos días\, el Señor habló a Ajaz y le dijo:\n«Pide un signo al Señor\, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo».\nRespondió Ajaz:\n«No lo pido\, no quiero tentar al Señor».\nEntonces dijo Isaías:\n«Escucha\, casa de David: ¿no basta cansar a los hombres\, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor\, por su cuenta\, os dará un signo. Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo\, y le pondrá por nombre Emmanuel». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 23\,1-2.3-4ab.5-6 \nR/. Va a entrar el Señor; él es el Rey de la gloria. \nV/. Del Señor es la tierra y cuanto la llena\,\nel orbe y todos sus habitantes:\nél la fundó sobre los mares\,\nél la afianzó sobre los ríos. R/. \nV/. ¿Quién puede subir al monte del Señor?\n¿Quién puede entrar en el recinto sacro?\nEl hombre de manos inocentes y puro corazón\,\nque no confía en los ídolos. R/. \nV/. Ese recibirá la bendición del Señor\,\nle hará justicia el Dios de salvación.\nEsta es la generación que busca al Señor\,\nque busca tu rostro\, Dios de Jacob. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (1\,26-38): \nEN el sexto mes\, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazarat\, a una virgen desposada con un hombre llamado José\, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.\nÉl ángel\, entrando en su presencia\, dijo:\n«Alégrate\, llena de gracia\, el Señor está contigo».\nElla se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:\n«No temas\, María\, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo\, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande\, se llamará Hijo del Altísimo\, el Señor Dios le dará el trono de David\, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre\, y su reino no tendrá fin».\nY María dijo al ángel:\n«¿Cómo será eso\, pues no conozco varón?»\nEl ángel le contestó:\n«El Espíritu Santo vendrá sobre ti\, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido en hijo en su vejez\, y ya está de seis meses la que llamaban estéril\, “porque para Dios nada hay imposible”».\nMaría contestó:\n«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».\nY el ángel se retiró. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\n20 de diciembre.\n\nEs natural que el ser humano experimente temor ante lo que amenaza su vida\, su convivencia con los otros y su supervivencia como especie. Es comprensible que se enfrente a las condiciones adversas a sus aspiraciones. Es justificable que se rebele ante las situaciones de injusticia que le impiden su desarrollo personal o social. Es legítimo que aspire a una calidad de vida cada vez superior\, sin dejarse imponer límites en este sentido\, porque el ser humano nació para vivir\, y no admite que su vida se cifre en mezquindades. La esperanza de una vida mejor nunca se colmará aquí. Dios alienta esa esperanza\, para colmarla él\, pero solo los humildes se fían de él.\n\n1. Primera lectura: promesa (Is 7\,10-14).\nEl rey Acaz (735-720)\, sintiéndose perplejo y acobardado ante el poderío de sus dos enemigos\, el reino de Israel y el reino de Damasco\, recibió un oráculo del profeta\, que sostenía en brazos a su pequeño hijo Sear Yasub (שְׁאָר יָשׁוּב: «un resto volverá»)\, que funge como testigo del futuro de la vida y de la convivencia para el pueblo y como promesa para la dinastía de David. El poder\, en concreto el poder militar\, no le garantiza la vida y la supervivencia del pueblo. Si de poder se tratara\, el Señor podría dar «una señal» del mismo\, sea en el ámbito de la muerte («en lo hondo del abismo»)\, quizás exhibiendo su dominio sobre ella\, o dando muerte a sus enemigos\, o en el ámbito divino («en lo alto del cielo») quizás provocando fenómenos estelares\, o exhibiendo en su favor prodigios salvadores. El rey se rehúsa a «tentar al Señor» (cf. Ex 17\,7; Sl 78\,18.41.56; 95\,9; 106\,14)\, aduciendo respeto y fingiendo así una fe que no tiene. En realidad\, se trata de una evasiva del rey\, no de «tentar al Señor» porque es el mismo Señor quien\, por medio del profeta\, le ofrece dicha «señal». Y\, si la ofrece\, es porque está dispuesto a dársela\, y el rey lo sabe.\nPero el profeta Isaías lo desenmascara y le enrostra su realidad. Primero le recuerda que tiene la responsabilidad de ser heredero y custodio de la promesa («casa de David»)\, y acto seguido le reprocha «cansar a los hombres» (es decir\, la mala administración del reino) y de intentar «cansar a mi Dios» (su actitud prepotente y autosuficiente). Ya no le habla de «tu Dios» (v. 11)\, sino de «mi Dios»\, porque el rey muestra ser un hombre sin Dios.\nY el Señor toma la iniciativa de dar una «señal»: una vida naciente que realizará la presencia de Dios en medio del pueblo. Este anuncio reviste la forma de otros oráculos de anunciación (cf. Gn 16\,11-12; Jc 13\,7). Dicha señal no se realizará en los ámbitos exteriores al mundo («cielo»\, «abismo»)\, sino en el ámbito intra-mundano. Será una señal de carácter histórico. En todo caso\, deja clara constancia de que la salvación no depende del poder –cualquiera que sea– sino de la fidelidad; no de la posibilidad de dar muerte\, sino de la capacidad de transmitir vida.\n\n2. Evangelio: cumplimiento (Lc 1\,26-38).\nUna vez más\, la dinastía de David está seriamente cuestionada. En su trono ya no se sienta un descendiente suyo\, sino un rey ilegítimo\, Herodes\, que era de origen idumeo\, no judío. El pueblo ya no está amenazado de dominio foráneo\, sino ocupado por el invasor poder romano. Tampoco la institución religiosa custodia la promesa ni asegura su cumplimiento\, porque\, igual que el rey Acaz\, se ha quedado con una religión formal\, no tiene fe\, y por eso\, como Zacarías\, el sacerdote mudo\, no tiene ya mensaje alguno para el pueblo que espera.\n«Al sexto mes» de la concepción de Juan (evocando el «sexto día»\, cf. Gen 1\,26-31)\, Dios actúa. Busca un lugar periférico y se dirige a una «virgen» (joven y fiel) capaz de comprometerse\, y de hecho ya comprometida (pues estaba «desposada») con un descendiente de David. Su nombre\, muy apropiado: «María» (Μαριάμ\, מִרְיָם: «exaltada»\, «revoltosa»).\nMientras la institución (en Zacarías) se quedó muda\, el ángel Gabriel trae un «saludo» (mensaje) para María de parte de Dios\, que hace eco a las profecías «atadas» por la institución religiosa (cf. Zac 9\,9; Sof 3\,14; Lc 19\,29-36): el anuncio del Mesías de paz\, anuncio silenciado («atado») por la ideología nacionalista. Ella verá cumplida la profecía del Emanuel\, «el trono de David» (el de la promesa) se lo dará el Señor Dios a Jesús\, no lo heredará por sucesión dinástica\, y su reinado no será de un período breve o largo –pero\, en todo caso\, limitado–\, sino que se prolongará sin fin. Un reinado de tal naturaleza implica dos cosas. «Reinará para siempre en la casa de Jacob» hace referencia al Israel escatológico (cf. Gen 49\,10)\, no al Israel histórico\, que ya no existía; es decir\, en él se cumple la bendición transmitida a los hijos de Jacob. «Su reinado no tendrá fin» alude al reinado del Mesías\, superior al de David (cf. Lc 20\,39-44)\, que pasa por la cruz (cf. Lc 23\,39) y culmina «con gran potencia y gloria» (Lc 21\,27)\, sentado a la diestra de la Potencia (cf. Lc 22\,69)\, «para entrar en su gloria» (cf. Lc 24\,26) y ser elevado «al cielo» (cf. Lc 24\,51; Hch 1\,9-11).\nMaría capta que esto sobrepasa las fuerzas humanas\, y el ángel le explica que sí\, que se realizará por la acción del Espíritu Santo\, como don de vida de lo alto\, lo cual ya se insinúa en el nombre del mensajero. En efecto\, Gabriel significa «fuerza de Dios». Y la fuerza de Dios es la vida. Como testimonio\, el ángel aporta el caso de Isabel: donde la vida era humanamente imposible\, Dios la hizo florecer\, «porque con Dios nada resulta imposible» cuando de dar vida se trata. María se fía y se compromete con Dios de manera incondicional (se declara «la sierva del Señor»). En ella\, la fe de la humanidad en Dios alcanza su plena madurez; ya no necesita apoyos\, puede conducirse con autonomía. Por eso\, «el ángel la dejó». Quien está disponible para el Espíritu es autónomo\, no necesita de tutores\, es libre para amar.\n\nEl poder\, por su lógica impositiva\, niega la libertad y reprime la fe\, oprime el amor y suprime la esperanza. Sin libertad –sobre todo la interior– es impensable la opción de fe\, inconcebible la decisión de amar\, e iluso alimentar la esperanza. La institución religiosa se muestra impermeable a la palabra de Dios porque está interesada en su propia conservación\, y la fe en Dios no le da la seguridad de lograrla. Por eso\, el hombre-funcionario (el incrédulo rey Acaz) se desentiende de la promesa y del pueblo\, sin tener en cuenta que la dinastía de David es proyecto divino antes que un interés individual suyo.\nEn cambio\, la virgen llamada «María» muestra –incluso siendo joven– una grande capacidad de compromiso\, apertura al auténtico mensaje de Dios y sentido de la realidad. Es libre\, y por eso opta por fiarse de Dios\, amar al Mesías que ha de venir\, y esperar con confianza el cumplimiento de la promesa\, «porque con Dios todo es posible».\nUna vez más\, la Virgen María aparece como ícono viviente de la Iglesia y testigo de la fe necesaria para recibir al Señor. Por eso\, al celebrar la eucaristía y al recibir la comunión eucarística\, ella nos servirá siempre como modelo inspirador para acoger al Señor que viene.\n¡Ven\, Señor Jesús!\nFeliz día.
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SUMMARY:21 de diciembre.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Cantar de los Cantares (2\,8-14): \n¡LA voz de mi amado!\nVedlo\, aquí llega\,\nsaltando por los montes\,\nbrincando por las colinas.\nEs mi amado un gamo\,\nparece un cervatillo.\nVedlo parado tras la cerca\,\nmirando por la ventana\,\natisbando por la celosía.\nHabla mi amado y me dice:\n«Levántate\, amada mía\,\nhermosa mía y ven.\nMira\, el invierno ya ha pasado\,\nlas lluvias cesaron\, se han ido.\nBrotan las flores en el campo\,\nllega la estación de la poda\,\nel arrullo de la tórtola\nse oye en nuestra tierra.\nEn la higuera despuntan las yemas\,\nlas viñas en flor exhalan se perfume.\nLevántate\, amada mía\,\nhermosa mía\, y vente.\nPaloma mía\, en las oquedades de la roca\,\nen el escondrijo escarpado\,\ndéjame ver tu figura\,\ndéjame escuchar tu voz:\nes muy dulce tu voz\ny fascinante tu figura». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 32\,2-3.11-12.20-21 \nR/. Aclamad\, justos\, al Señor;\ncantadle un cántico nuevo. \nV/. Dad gracias al Señor con la cítara\,\ntocad en su honor el arpa de diez cuerdas;\ncantadle un cántico nuevo\,\nacompañando los vítores con bordones. R/. \nV/. El plan del Señor subsiste por siempre;\nlos proyectos de su corazón\, de edad en edad.\nDichosa la nación cuyo Dios es el Señor\,\nel pueblo que él se escogió como heredad. R/. \nV/. Nosotros aguardamos al Señor:\nél es nuestro auxilio y escudo;\ncon él se alegra nuestro corazón\,\nen su santo nombre confiamos. R/. \n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Lucas (1\,39-45): \nEN aquellos días\, María se levantó y puso en camino de prisa hacia la montaña\, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.\nAconteció que\, en cuanto Isabel oyó el saludo de María\, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y\, levantando la voz exclamó:\n«¡Bendita tú entre las mujeres\, y bendito el fruto de tu vientre!\n¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues\, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos\, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído\, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\n21 de diciembre.\n\nEl encuentro con Dios suscita temor en el hombre religioso\, porque este concibe a Dios como un poderoso terrible\, cuya santidad (en el sentido de «trascendencia») lo abruma\, y porque choca con la condición pecadora del ser humano. Sin embargo\, el hombre religioso desea ese encuentro del mismo modo que lo teme. Por esa razón vive su relación con la divinidad en medio de una inquietante ambigüedad. Se mueve entre el amor y el temor.\nAl contrario\, el hombre de fe experimenta alegría en el encuentro con Dios. Es su oportunidad para comprobar la bondad\, la misericordia\, la compasión de Dios. Para el hombre de fe\, acoger a Dios es experiencia de paz\, y por eso lo anhela. En adviento alimentamos la esperanza de este encuentro sin temor alguno\, porque esperamos al que conocemos como puro amor\, el que hace libre al ser humano y le infunde vida nueva.\n\n1. Primera lectura: promesa (Cant 2\,8-14).\nEl poema describe el encuentro de los enamorados en la primavera\, la estación del amor. La vitalidad de él se expresa con la imagen del gamo saltarín\, del cervatillo veloz\, como un cortejo de enamoramiento\, como una danza de alegría. El gamo y el cervatillo representan la belleza y la gracia\, la agilidad y la libertad. Su interés en la amada se expresa con una mirada escrutadora y furtiva que la busca con afán incontenible. Su palabra invita a un encuentro\, a campo abierto\, después del tétrico invierno\, en medio de la diversidad de olores y colores\, de flores y frutos.\nLa amada cautelosa es descrita como una esquiva tórtola que se protege del predador y hace lo propio con su nidada. La chica pudorosa se compara a una huidiza paloma torcaz\, y es invitada a confiar. Es como si se tratara de domesticar el ave arisca\, que no se muestra dispuesta a fiarse. El amado\, que no tiene acceso a su casa\, la llama a levantarse y a salir a su encuentro\, a que se muestre\, dejando ver su hermosa figura y escuchar su dulce voz.\nHay una promesa de gozoso encuentro de amor en forma de apremiante invitación que depende de su aceptación. La elusiva tórtola es invitada a aceptar el amor que se le ofrece\, cambiando su actitud temerosa por una de serena familiaridad para que se produzca ese encuentro de amor.\nLeído en clave de adviento cristiano\, el texto\, al mismo tiempo que afirma la iniciativa que toma el «amado» (Dios\, Jesús)\, acentúa el amor que hay tras esa iniciativa y la valoración que él hace de la «amada» (el ser humano\, la Iglesia). Es un enamoramiento de parte de Dios\, que pretende vencer los recelos propios de la desconfiada condición humana.\n\n2. Primera lectura: promesa (Sof 3\,14-18a).\nEl profeta describe con lenguaje épico el encuentro entre Dios y su pueblo\, presentando a Dios como un rey vencedor\, un victorioso soldado\, y al pueblo con la imagen femenina de la «hija de Sion»\, o «hija de Jerusalén». Es un grito cargado de afecto y pasión el que anuncia ese encuentro\, invitando a la amada a gritar también. Y el contenido de este segundo grito rebosa de expresiones de alegría. Esta alegría desbordante no se debe a bienes o bendiciones\, sino al encuentro amoroso entre los dos. Él le trae el anuncio de la victoria\, el resultado de las luchas que ha librado por ella\, y ella se siente protegida por él.\nEl triunfo sobre los enemigos\, la expulsión de los tiranos\, entraña el reinado personal del Señor. No se habla de un rey humano\, sucesor de David. El Señor mismo reina\, dándole tranquilidad y paz a la población («hija de Sion»\, «hija de Jerusalén»). Se promete un día en que el júbilo de la población salvada (la amada) encontrará eco en el del victorioso campeón (el amado) que habita en medio de ella\, y se alegra y goza con ella renovándole su amor.\nLa acumulación de invitaciones al gozo y a la alegría brotan del perdón otorgado por amor. Este perdón pretende sustituir el temor\, para que la presencia de Dios se vea como una compañía que infunde confianza y no como una amenaza. La alegría a la que el profeta invita no se queda en el interior\, sino que rebosa y desborda de manera exuberante. La alegría que se atribuye al Señor no es a causa de su victoria\, sino a causa del pueblo\, al cual le renueva su amor. Por eso promete apartar de su pueblo toda desgracia.\n\n3. Evangelio: cumplimiento (Lc 1\,39-45).\nLa promesa se cumple casi literalmente. María se levanta y se pone en camino para realizar ese encuentro de amor\, que se da en progresivos grados de intimidad:\n• Superficialmente\, es el encuentro entre dos madres\, la una anciana y la otra joven\, favorecidas ambas por el amor del Señor.\n• Más en profundidad\, es el encuentro del anunciado (Jesús) con la profecía (Juan)\, que verifica el cumplimiento de la promesa reiterada por los profetas.\n• En mayor profundidad\, es el encuentro entre el Israel fiel (María) y el Israel que se ha envejecido atrapado en una institución sin fe (Isabel).\n• Y\, en un grado todavía más profundo\, es el encuentro de Dios con su pueblo para inaugurar la nueva época\, la de reinado perpetuo del Señor en medio de su pueblo.\nMaría\, transmitiendo el mensaje divino que recibió y del cual se apropió («saludo»: cf. vv. 29.41)\, participa su experiencia de éxodo («saltó la criatura»: cf. Sl 114\,4.6; Mal 3\,20; Lc 6\,23) y comunica el Espíritu Santo tanto a Isabel como a Juan (vv. 41.44; cf. 1\,15)\, quienes ahora personifican el sacerdocio (Isabel es «hija» de Aarón: Lc 1\,5) y la profecía (cf. Lc 1\,15-17). Mostrando así su fe\, que es la raíz de su experiencia de liberación y salvación\, Isabel y Juan dan testimonio de la causa por la que en María se cumple la promesa: su visible fe (v. 45).\n\nEl pecado no es obstáculo para el encuentro con Dios\, en el sentido de que en Dios encuentra perdón el pecador. El Señor viene precisamente a liberar al ser humano del pecado y de la culpa; de la injusticia que es el pecado\, y de la frustración que el pecado le ocasiona al ser humano. Escuchar el mensaje de la benevolencia de Dios («saludo» del ángel: cf. Lc 1\,28-29) y acogerlo para hacerlo propio («saludo de María»: cf. Lc 1\,41.44) no solo nos permite ser dichosos\, sino que nos concede compartir esa dicha con los demás\, dado que\, a través de nosotros\, el encuentro de Dios con la humanidad se hace posible. Qué noble es ir\, como María\, transmitiendo la alegría de la salvación y haciendo sentir cercano al Dios que los hombres sienten lejano\, mostrando el rostro humano del Dios que consideran extraño.\nComulgar y recibir a Jesús en la eucaristía es el primer paso de lo que puede llegar a ser una honrosa y gratificante misión: ir por el mundo llevando gozosamente el «saludo» de Dios.\n¡Ven\, Señor Jesús!\nFeliz día.
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SUMMARY:22 de diciembre. IV Domingo de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (7\,10-14): \nEn aquellos días\, el Señor habló a Acaz: «Pide una señal al Señor\, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.»\nRespondió Acaz: «No la pido\, no quiero tentar al Señor.»\nEntonces dijo Dios: «Escucha\, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres\, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor\, por su cuenta\, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo\, y le pondrá por nombre Emmanuel\, que significa “Dios-con-nosotros”.» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 23\,1-2.3-4ab.5-6 \nR/. Va a entrar el Señor\, él es el Rey de la gloria \nDel Señor es la tierra y cuanto la llena\,\nel orbe y todos sus habitantes:\nél la fundó sobre los mares\,\nél la afianzó sobre los ríos. R/. \n¿Quién puede subir al monte del Señor?\n¿Quién puede estar en el recinto sacro?\nEl hombre de manos inocentes y puro corazón\,\nque no confía en los ídolos. R/. \nÉse recibirá la bendición del Señor\,\nle hará justicia el Dios de salvación.\nÉste es el grupo que busca al Señor\,\nque viene a tu presencia\, Dios de Jacob. R/.\n\n\nSegunda lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (1\,1-7): \nPablo\, siervo de Cristo Jesús\, llamado a ser apóstol\, escogido para anunciar el Evangelio de Dios. Este Evangelio\, prometido ya por sus profetas en las Escrituras santas\, se refiere a su Hijo\, nacido\, según la carne\, de la estirpe de David; constituido\, según el Espíritu Santo\, Hijo de Dios\, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo\, nuestro Señor. Por él hemos recibido este don y esta misión: hacer que todos los gentiles respondan a la fe\, para gloria de su nombre. Entre ellos estáis también vosotros\, llamados por Cristo Jesús. A todos los de Roma\, a quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de los santos\, os deseo la gracia y la paz de Dios\, nuestro Padre\, y del Señor Jesucristo. \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Mateo (1\,18-24): \nEl nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María\, su madre\, estaba desposada con José y\, antes de vivir juntos\, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José\, su esposo\, que era justo y no quería denunciarla\, decidió repudiarla en secreto.\nPero\, apenas había tomado esta resolución\, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José\, hijo de David\, no tengas reparo en llevarte a María\, tu mujer\, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo\, y tú le pondrás por nombre Jesús\, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»\nTodo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel\, que significa “Dios-con-nosotros”.»\nCuando José se despertó\, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer. \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n \nIV Domingo del tiempo de Adviento.\n\nAparece hoy la segunda figura icónica del adviento\, la Virgen María\, la madre del Mesías. Si Juan Bautista prepara el camino del Señor\, María acoge al Señor. Para preparar el camino\, se requiere la enmienda; para recibir al Señor\, la fe. Aquí la fe es presentada como una apertura de escucha. Ni María ni José toman iniciativa alguna respecto de Jesús; tampoco hay palabras suyas en este relato\, solo las de Dios\, a través de su ángel. Este es llamado «ángel del Señor»\, evocando así la figura que representa la acción liberadora de Dios en el éxodo de Egipto.\nEl relato presenta tres actores\, dos aparentemente pasivos y silenciosos: María y José\, y el otro activo\, que no ejecuta\, presente y ausente\, que habla y que anunció: el Señor\, a través de su ángel (cf. Gn 16\,7; 22\,11; Ex 3\,2; 23\,20; Sl 33\,8). Sin embargo\, los tres actores no parecen coincidir en un mismo lugar durante el desarrollo de los hechos. El asunto es personal: María y José delante del Señor; y\, no obstante\, están decidiendo el futuro del pueblo elegido y el de la humanidad.\n\nMt 1\,18-24.\nUna breve descripción de los hechos enlaza con la reacción de José y da paso a la intervención del ángel del Señor\, quien hace cambiar la reacción de José.\n1. Descripción de los hechos.\nSi en la genealogía Jesús aparece como el culmen de la historia\, ahora aparece como el comienzo de la nueva humanidad. Esto se da en circunstancias que son a la vez ordinarias y extraordinarias\, y en una sociedad situada en el tiempo y en el espacio. María estaba «desposada»\, aún no casada; tendría unos 12 o 13 años\, residía todavía en la casa de sus padres\, hasta el día de las bodas. Pero sucedió que en ese período en el que aún no convivía con José\, dio muestras de embarazo. Según la legislación vigente\, eso se consideraba adulterio\, y era sancionado legalmente. A la «infamia» por haber faltado a sus votos de desposada\, se añadiría la pena por adulterio\, que era de muerte (cf. Jn 8\,5). La nueva humanidad se abre paso a través de hechos sorprendentes y en apariencia contrarios a la voluntad de Dios e incluso sospechosos de pecado.\n2. La reacción del «justo».\nJosé es presentado como hombre «justo»\, es decir\, un israelita fiel\, observante de los preceptos de la Ley de Moisés\, que da fe a los anuncios de los profetas\, pero que se debate entre la fidelidad a la Ley y su amor por María: debe repudiarla\, pero no quiere que la infamia caiga sobre ella. Ese dilema lo sumerge en una noche de duda. Entonces\, opta por repudiarla privadamente para que el vínculo se disolviera sin escándalo. Este repudio «en secreto» no tiene apoyo en la Ley. Aquí\, José representa el resto fiel de Israel y María encarna la comunidad cristiana. El dilema de fondo consiste en la duda que atenaza a los israelitas fieles frente a la comunidad cristiana: esta no se atiene a las tradiciones de los mayores\, rompe con ellas\, pero su conducta es intachable a los ojos de estos israelitas. Ellos reaccionan haciéndose a un lado.\n3. Intervención del ángel del Señor.\nLa reacción de José no es satisfactoria para Dios. Él no debe hacerse a un lado. En primer lugar\, debe recordar que es «descendiente de David»\, depositario de la promesa\, lo cual le adjudica una responsabilidad propia\, que le impide marginarse de la historia con el argumento de que las cosas no se desarrollan según sus expectativas; debe reconocer que se cumple la promesa\, que la Ley no es el criterio para discernir\, sino el Espíritu Santo\, el amor de Dios. En segundo lugar\, en vez de excluir debe integrar sin reparos\, porque lo que él ve anómalo en realidad es una intervención amorosa de Dios: «viene del Espíritu Santo». En tercer lugar\, José debe asumir\, darle nombre\, a la nueva vida que viene por María: llamarlo Jesús\, que significa «el Señor salva»\, porque «él salvará al pueblo de los pecados». Por último\, debe saber que así es como él contribuye a que se cumpla la promesa anunciada por el profeta para que Dios se haga presente en medio de su pueblo.\nLa interpretación que el ángel del Señor hace de los acontecimientos se apoya en «lo que había dicho el Señor por el profeta»; no aduce un texto de la Ley\, porque esta es también considerada anuncio profético\, no un mero mandato imperado. «La Ley y los profetas» (cf. Mt 5\,17) abarcan la promesa de liberación («tierra») y de salvación («descendencia») hecha por el Señor a Abraham (cf. Gen 15\,18).\n4. La reacción del creyente.\nEl ángel del Señor se le apareció a José «en sueños» (κατ΄ ὄναρ)\, y a raíz de esa manifestación él se quitó de encima («se levantó») el lastre («sueño»: ὔπνος = ὑπέρ νοῦς) que dominaba su mente. Su reacción se relaciona con el mensaje del ángel del Señor\, pues José autentica su condición de israelita fiel («justo») al orientarse a la fe. Esta fe se manifiesta en liberación: el ángel del Señor lo ha sacado fuera de la Ley\, en un «éxodo» espiritual; y también se manifiesta en salvación\, lo ha llevado al ámbito del Espíritu Santo\, como a una nueva «tierra prometida». Además\, José acogió consigo a María\, la que antes intentaba repudiar («se llevó a su mujer a su casa»)\, aceptando así el amor universal de Dios y superando las exclusiones por motivos religiosos.\nEste nuevo éxodo no va a conducir al exterminio de los enemigos históricos de Israel\, sino a la supresión de la enemistad; tampoco va a producir el castigo de los injustos impenitentes (cf. Mt 3\,7.10.12)\, sino que va a regenerar todas las naciones de la tierra mediante la erradicación de la injusticia\, comenzando por Israel («salvará a su pueblo de los pecados»).\n\nEl evangelio que se anuncia este cuarto domingo nos presenta la fe en acción. Ella es la escucha atenta –tan atenta que por eso María y José no pronuncian palabra alguna en el relato–\, que lleva al compromiso con el designio de Dios. María se abrió a la acción del Espíritu Santo\, corriendo el riesgo de ser mal interpretada. José buscó el modo de conciliar la Ley con el amor\, corriendo el riesgo de equivocarse. Pero ambos buscaban responder al Señor y secundar su obra. Y el Señor se manifestó en ellos y a través de ellos («Dios con nosotros»).\nLa acogida del Señor\, en este y en todos los advientos de nuestra vida\, se da mediante la fe viva\, activa\, responsable\, que no se detiene ante el temor\, abierta a dejarse interpelar y a cambiar de mente y de planes para que se cumpla la promesa de Dios a la humanidad.\nEsta actitud de María y José nos enseña cómo hay que acercarse al sacramento de la eucaristía a recibir al Señor que viene a liberar y salvar: con una fe consciente\, activa y comprometida.\nFeliz día del Señor.\n 
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SUMMARY:23 de diciembre. Feria de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la profecía de Malaquías (3\,1-4.23-24): \nESTO dice el Señor Dios:\n«Voy a enviar a mi mensajero\, para que prepare el camino ante mí.\nDe repente llegará a su santuario el Señor a quien vosotros andáis buscando; y el mensajero de la alianza en quien os regocijáis\, mirad que está llegando\, dice el Señor del universo.\n¿Quién resistirá el día de su llegada? ¿Quién se mantendrá en pie ante su mirada? Pues es como el fuego de fundidor\, como lejía de lavandero. Se sentará como fundidor que refina la plata; refinará a los levitas y los acrisolará como oro y plata\, y el Señor recibirá ofrenda y oblación justas.\nEntonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén\, como en tiempos pasados\, como antaño.\nMirad\, os envío al profeta Elías\, antes de que venga el Día del Señor\, día grande y terrible. Él convertirá el corazón de los padres hacia los hijos\, y el corazón de los hijos hacia los padres\, para que no tenga que venir a castigar y destruir la tierra». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 24\,4-5ab.8-9.10.14 \nR/. Levantaos\, alzad la cabeza;\nse acerca vuestra liberación. \nV/. Señor\, enséñame tus caminos\,\ninstrúyeme en tus sendas:\nhaz que camine con lealtad;\nenséñame\, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/. \nV/. El Señor es bueno y es recto\,\ny enseña el camino a los pecadores;\nhace caminar a los humildes con rectitud\,\nenseña su camino a los humildes. R/. \nV/. Las sendas del Señor son misericordia y lealtad\npara los que guardan su alianza y sus mandatos.\nEl Señor se confía a los que lo temen\,\ny les da a conocer su alianza. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (1\,57-66): \nA Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia\, y se alegraban con ella.\nA los ocho días vinieron a circuncidar al niño\, y querían llamarlo Zacarías\, como su padre; pero la madre intervino diciendo:\n«¡No! Se va a llamar Juan».\nY le dijeron:\n«Ninguno de tus parientes se llama así».\nEntonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos se quedaron maravillados.\nInmediatamente se le soltó la boca y la lengua\, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.\nLos vecinos quedaron sobrecogidos\, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea. Y todos los que los oían reflexionaban diciendo:\n«Pues ¿qué será este niño?»\nPorque la mano del Señor estaba con él. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\n23 de diciembre.\n\nLos oráculos de los profetas insisten mucho en que el encuentro con el Señor no debe dejarse a la improvisación. Él viene\, es cierto\, no hay que salir a buscarlo (cf. Deu 30\,11-14; Rom 10\,6-8)\, pero eso no significa que al ser humano le corresponda un papel pasivo en dicho encuentro; al contrario\, le toca prepararse para encontrarse con el Señor. El «camino» por el cual él llega es el del respeto por el otro («el derecho»)\, o sea\, que la experiencia de encuentro con el Señor no es posible si no hay encuentro entre los seres humanos.\nDios no deja esa preparación al azar\, por eso se la encarga a un mensajero suyo (מַלְאָךְ\, ἄγγελος)\, enviado personal que\, en su nombre\, asuma esa tarea de cara a él y al pueblo. Al mismo tiempo que precede al Señor\, este mensajero está a su servicio.\n\n1. Primera lectura: promesa (Ml 3\,1-4.23-24).\nLa religión concibe a Dios en términos de obediencia y retribución: bendiciones o maldiciones\, premios o castigos\, según la observancia o inobservancia de leyes y mandatos. Esa mentalidad «cansa» al Señor\, porque el hombre religioso siempre reclama méritos y acusa de parcial a Dios (Mal 2\,17). Ese pueblo religioso «busca» a Dios ante todo en el santuario. El mensajero del Señor (que es el mismo Señor) viene a preparar al pueblo para el encuentro con él. El Señor que el pueblo busca «entra» en el santuario como «mensajero de la alianza»\, pero haciéndole frente de esa concepción del pueblo. En primer lugar\, no se refiere a la alianza pactada por Moisés\, sino a la anunciada por los profetas (cf. Jer 31\,31; 32\,40; Eze 16\,60; 34\,25; 36\,27-28). En segundo lugar\, no habla de retribución\, sino de exigencia.\nLa metáfora del fuego como juicio es común y conocida (cf. Isa 1\,25; 4\,4; Eze 22\,20; Zac 13\,9\, y pasa al nuevo testamento: Mt 3\,10.12 par.). Pero también se expresa ese juicio con la metáfora de la ablución detergente («lejía de lavandero»)\, imágenes en aparente contradicción. El «fuego» se refiere aquí a un juicio de purificación por la eliminación de lo malo. La ablución se refiere al mismo juicio de purificación\, pero por la remoción de lo malo. Por último\, se expresa ese juicio con otra metáfora\, también común\, la del refinado de la plata y el oro\, referida explícitamente a los levitas\, acrisolándolos\, para que le ofrezcan al Señor el culto legítimo. Ese culto «legítimo» se refiere a la justicia en relación con los pobres y a la restauración de la unidad del pueblo.\nElías personifica dicho mensajero\, cuyo recuerdo el pueblo guarda con respeto y con temor. Es innegable que se trata de un «hombre de Dios»\, pero consta que también es intransigente con la injusticia. La misión futura de Elías se realizará «antes de que llegue el día del Señor». Y ese «día del Señor» se anuncia con dos atributos: «grande (גָּדוֹל) y respetable (יָרָא)». Grande\, porque es la intervención liberadora y salvadora de su parte; respetable\, porque tanto opresores como impíos serán juzgados (cf. v.2). La obra de Elías consistirá en evitar un nuevo enfrentamiento del pueblo\, la división en dos reinos\, reconciliando las generaciones divididas y enfrentadas. La existencia de los dos reinos (Israel y Judá) se considera expresión de esa división fratricida. La reconciliación de los dos reinos favorecerá la instauración del único reino de Israel\, como en tiempos de David.\n\n2. Evangelio: cumplimiento (Lc 1\,57-66).\nEl nacimiento de Juan\, que viene delante del Señor «con el espíritu y la fuerza de Elías» (Lc 1\,17)\, fue ciertamente causa de alegría para muchos\, como lo anunciara en su momento el ángel Gabriel (cf. Lc 1\,14). La asignación del nombre del niño se narra con particular énfasis\, lo que muestra a todas luces la importancia que tiene en el relato por las implicaciones que el hecho tiene\, pero el nombre del niño en sí\, antes de su concepción\, le había sido asignado por Dios a través del ángel (cf. 1\,13). No obstante\, la imposición del nombre provocará entre los vecinos una reacción de extrañeza y\, curiosamente\, revelará sorprendente una coincidencia entre el padre y la madre.\nLa misión de Juan\, en palabras del ángel\, es triple:\n• reconciliar a padres con hijos\,\n• regresar a rebeldes a sentir como justos\, y\n• preparar así un pueblo bien dispuesto al Señor (cf. Lc 1\,17).\nLa anunciada reconciliación de «padres con hijos» y de «hijos con padres» (Ml 3\,24)\, atribuida a Elías\, sólo se cumple en una dirección: «padres con hijos»\, es decir\, la tradición («padres») se abre a la novedad («hijos»)\, se deja interpelar por ella\, y toma una nueva dirección. Por eso el niño no se llamará como su padre\, y el nombre se lo asignará su madre (cf. Lc 1\,13.59s)\, en contra de la costumbre. No obstante\, cuando los insistentes vecinos consultan con Zacarías\, se descubre que este no solo había quedado mudo\, sino también sordo («le preguntaron por señas»)\, pero él sabía el nombre que Dios le había asignado al niño\, así que confirmó por escrito lo que la madre decía («Juan es su nombre»)\, haciendo valer la palabra del Señor.\nEsta confirmación supone que Zacarías le hace caso a la palabra de la que antes había dudado (cf. 1\,13.18-20)\, lo cual implica la fe en él\, con lo que cesa su mudez y se causa un hecho nuevo\, la liberación del sacerdote Zacarías\, él ya no se desempeñará como sacerdote\, sino como profeta. La noticia se expande\, y los testarudos («rebeldes») vecinos quedan sobrecogidos; ahora\, en vez de preocuparse por salvaguardar la costumbre\, se interrogan por el futuro desconocido\, en el cual –de eso no hay duda– está la mano del Señor. Juan (יְוֹחָנָן: «Dios ha mostrado su favor») les está mostrando el comienzo de un futuro favorable. La ruptura con la tradición que supone su persona («nombre») no presagia castigo\, sino el favor de Dios. De este modo\, Juan comienza ya a preparar un pueblo bien dispuesto para el Señor.\n\nDios no ha agotado sus posibilidades de crear\, liberar y salvar. El encuentro con el Señor que viene no es para reciclar lo antiguo\, sino para crear algo nuevo (cf. Isa 42\,9; 43\,18-19; 65\,17; Lc 5\,36-38). El apego sordo y mudo a la tradición no muestra fe\, sino temor. Es preciso escuchar el clamor de los creyentes excluidos (Isabel) y abrir la mente al Dios que se muestra a favor del ser humano (Juan)\, y no de la tradición. Aferrarse irracionalmente a usos y costumbres que se cierran al favor de Dios no prepara el camino del Señor\, lo llena de obstáculos\, y en lugar de prepararle a él un pueblo bien dispuesto\, indispone a la gente y la induce a cerrarse a él e incluso a rechazarlo. Podría darse la contradicción de estar diciéndole «amén» al Señor en el sacramento\, al mismo tiempo que cerrándole el paso a su venida en la vida.\nPor eso es tan importante que la eucaristía\, que es sacramento de vida eterna\, no sea separada de la vida histórica\, porque nos exponemos a negar lo que celebramos: el misterio de la encarnación del Señor.\n¡Ven\, Señor Jesús!\nFeliz día.
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SUMMARY:24 de diciembre (misa matutina).
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del segundo libro de Samuel (7\,1-5.8b-12.14a.16): \nCUANDO el rey David se asentó en su casa y el Señor le hubo dado reposo de todos sus enemigos de alrededor\, dijo al profeta Natán:\n«Mira\, yo habito en una casa de cedro\, mientras el Arca de Dios habita en una tienda».\nNatán dijo al rey:\n«Ve y haz lo que desea tu corazón\, pues el Señor está contigo».\nAquella noche vino esta palabra del Señor a Natán:\n«Ve y habla a mi siervo David: “Así dice el Señor: ¿Tú me va a construir una casa para morada mía?\nYo te tomé del pastizal\, de andar tras el rebaño\, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. He estado a tu lado por donde quiera que has ido\, he suprimido a todos tus enemigos ante ti y te he hecho tan famoso como los grandes de la tierra. Dispondré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que resida en él sin que lo inquieten\, ni le hagan más daño los malvados\, como antaño\, cuando nombraba jueces sobre mi pueblo Israel. A ti te he dado reposo de todos tus enemigos. Pues bien\, el Señor te anuncia que te va a edificar una casa.\nEn efecto\, cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres\, yo suscitaré descendencia tuya después de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino. Yo seré para él un padre\, y él será para mi un hijo.\nTu casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mi; tu trono durará para siempre”». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 88 \nR/. Cantaré eternamente tus misericordias\, Señor \nV/. Cantaré eternamente las misericordias del Señor\,\nanunciaré tu fidelidad por todas las edades.\nPorque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»\,\nmás que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/. \nV/. «Sellé una alianza con mi elegido\,\njurando a David\, mi siervo:\nTe fundaré un linaje perpetuo\,\nedificaré tu trono para todas las edades». R/. \nV/. «Él me invocará: “Tú eres mi padre\,\nmi Dios\, mi Roca salvadora”;\nLe mantendré eternamente mi favor\,\ny mí alianza con él será estable». R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (1\,67-79): \nEN aquel tiempo\, Zacarías\, padre de Juan\, se llenó de Espíritu Santo y profetizó diciendo:\n«“Bendito sea el Señor\, Dios de Israel”\,\nporque ha visitado y “redimido a su pueblo”\,\nsuscitándonos una fuerza de salvación\nen la casa de David\, su siervo\,\nsegún lo había predicho desde antiguo\npor boca de sus santos profetas.\nEs la salvación que nos libra de nuestros enemigos\ny de la mano de todos los que nos odian;\nrealizando la “misericordia que tuvo con nuestros padres\,\nrecordando su santa alianza”\ny “el juramento que juró a nuestro padre Abrahán” para concedernos\nque\, libres de temor\, arrancados de la mano de los enemigos\,\nle sirvamos con santidad y justicia\, en su presencia\, todos nuestros días.\nY a ti\, niño\, te llamarán profeta del Altísimo\,\nporque irás delante “del Señor a preparar sus caminos”\,\nanunciando a su pueblo la salvación\npor el perdón de sus pecados.\nPor la entrañable misericordia de nuestro Dios\,\nnos visitará el sol que nace de lo alto\,\npara iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte\,\npara guiar nuestros pasos por el camino de la paz». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\n24 de diciembre (misa matutina).\n\nDios realiza ciertamente su designio y cumple su promesa. Pero su obra puede ser percibida de distintos modos\, porque la forma como cada uno interprete esa obra depende de su experiencia humana y de su apertura a Dios. Es indudable que los profetas tuvieron auténticas experiencias de Dios\, pero es innegable que ellos difieren en la calidad de su experiencia y de su testimonio. Se refieren al mismo Dios\, al que sacó a Israel de Egipto\, pero cada uno lo hace desde su propia perspectiva. La revelación del Señor se daba en medio de un pueblo en relación (alianza) con él\, pero cada profeta tenía sus antecedentes personales y familiares que actuaban como filtros para individualizar la experiencia de Dios y el consiguiente anuncio del respectivo profeta.\nLa forma como Zacarías\, padre de Juan Bautista\, ve cumplida la promesa de Dios a David difiere de la que se observa en María\, la madre del Señor\, por ejemplo. Sin embargo\, Dios prosigue su obra sin exigir la comprensión perfecta. Le bastan la apertura y la cooperación de cada uno. Solo en Jesús se expresa Dios de manera inequívoca.\n\n1. Primera lectura: promesa (2Sm 7\,1-5.8b-12.14a.16).\nEn este relato\, incluso en la selección que hace del mismo el leccionario por razones de brevedad y de precisión\, se contraponen dos designios: el del rey\, motivado por sentimientos religiosos\, y el del Señor\, movido por la fidelidad a su promesa.\n1.1. El designio del rey David.\nDespués de consolidar su supremacía y de logar reconocimiento interior y exterior\, el rey se propone darle lustre a la casa del Señor\, y le expone su propósito a Natán\, el profeta de la corte. Este\, por estar al servicio del rey\, se precipita a aprobar sus planes\, sin discernir ni consultar al Señor. En medio de tal incertidumbre («noche»)\, la palabra del Señor se abre paso\, el Señor le revela su designio al profeta. Ni el rey ni el profeta han tenido en cuenta la revelación histórica del Señor\, que los sacó de Egipto\, y se lo han imaginado como los dioses cananeos.\n1.2. El designio del Señor.\nDe él ha sido la iniciativa. Eligió a David cuando era un desconocido pastor de ovejas. Es preciso recordar que los pastores no eran estimados en la sociedad judía. Así resulta mayor el contraste de su elección por parte del Señor para que fuera el caudillo de Israel. Fue el Señor quien le dio éxito en sus empresas\, porque él siempre ha tenido un designio de paz para su pueblo. Y David cumple una función propia en ese designio.\nTendrá paz en adelante con sus vecinos\, y\, además\, el Señor le dará una dinastía. Su descendencia se consolidará en el trono después de su muerte. (El v. 13\, que alude a Salomón\, se considera un añadido posterior; por eso lo omite el leccionario). El Señor educará a la descendencia de David como todo padre educa a sus hijos (incluidos los castigos)\, con lealtad a toda prueba\, como los padres carnales. El caso de Saúl fue diferente (este no fue escogido por Dios): la casa de David permanecerá en presencia del Señor.\nEl rey y el profeta pensaban en darle gloria al Señor edificándole un templo\, pero es el Señor quien hace glorioso el nombre de David\, edificándole una «casa» (dinastía) que\, por designio del Señor\, habrá de permanecer indefinidamente.\n\n2. Evangelio: cumplimiento (Lc 1\,67-79).\nZacarías se llenó de Espíritu Santo y profetizó. Esto se había dado ya en Isabel y en Juan. Ya no funge como sacerdote\, sino como profeta. Su palabra bendice a Dios (le da gracias) e interpreta desde su perspectiva los hechos que se dan en su casa y que trascienden a su pueblo.\nLimitándose solo al horizonte de Israel\, comienza con una bendición a Dios porque la salvación ya ha tenido lugar para todo el pueblo\, al suscitarle una fuerza salvadora «en la casa de David\, su siervo»\, según la promesa reiterada por los profetas. Esto se refiere al Mesías davídico\, no a su propio hijo. La promesa se cumple para liberar al pueblo de sus enemigos (de fuera)\, por fidelidad a los antepasados y a la alianza con ellos. El resultado de dicha salvación es el culto auténtico y perpetuo. Aquí los enemigos no están dentro del pueblo (como sí lo están en el cántico de María)\, y la acción liberadora y salvadora de Dios se interpreta solo con una finalidad religiosa\, no con el fin de erradicar el orden injusto (como sí lo es en el cántico de María).\nEn el centro del cántico\, está la referencia a su hijo. Ahora ve cumplido el anuncio del ángel (cf. Lc 1\,17)\, y\, citando a los profetas (cf. Isa 40\,3; Mal 3\,1)\, anuncia la misión del niño como profeta del Altísimo y precursor del Señor\, con la tarea de darle al pueblo una experiencia de salvación mediante la liberación de sus pecados. Aquí reconoce el pecado del pueblo\, pero desde una perspectiva cultual\, según su mentalidad de sacerdote\, no desde la perspectiva de los profetas («injusticia»). Zacarías no percibe la injusticia social que denuncia María.\nFinalmente\, anuncia y agradece el efecto positivo de la venida del Señor. Como expresión de su «entrañable misericordia»\, Dios «visitará» (cf. Lc 7\,16; 19\,44) a su pueblo por medio del Mesías\, como en otro tiempo visito a Israel en Egipto (cf. Exo 3\,16; 13\,19); y\, como un astro que nace de arriba (no en el horizonte terreno)\, «el astro de Jacob» (cf. Num 24\,17)\, el Mesías iluminará a los que «permanecen en tinieblas y sombras de muerte» (metáfora de la esclavitud y la opresión que padecen) a fin de conducirlos a la plena armonía entre ellos mismos y con Dios.\n\nEl cumplimiento de la promesa hecha a David se ha visto desde dos horizontes: el de María y el de Zacarías. Este último\, por la casta sacerdotal a la que pertenece\, enfoca el cumplimiento de la promesa en oposición a los otros pueblos\, debido a que no percibe el pecado del pueblo como «injusticia»\, sino como «impureza»; por eso\, él concibe la liberación solo en la perspectiva de una emancipación del dominio extranjero\, no incluye la erradicación de la injusticia social ni la que hay en el corazón de cada uno. Para él\, la salvación consiste en la tranquilidad de poder darle culto al Señor según la Ley de Moisés y sin impedimentos; no concibe la infusión de vida feliz por parte del Señor. Se alegra por la acción de Dios y la agradece\, pero no la comprende.\nMaría percibe la liberación como intervención de Dios para hacer fracasar el orden injusto\, y la salvación como la dicha que producen las obras grandes del Señor en cada uno\, y su misericordia que va de generación en generación. Así las concibe la Iglesia. Por eso\, al recibir al Señor en la eucaristía con un sí incondicional como el de María\, la Iglesia se declara «la sierva del Señor»\, colaboradora suya para que llegue el Mesías y realice su obra liberadora y salvadora.\n¡Ven\, Señor Jesús!\nFeliz día.
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SUMMARY:24 de diciembre 02 (misa de la vigilia).
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA Is 62\, 1-5\nEl Señor te prefiere a ti\nLectura del libro de Isaías.\n\nPor amor a Sion no callaré\,\npor amor de Jerusalén no descansaré\,\nhasta que rompa la aurora de su justicia\,\ny su salvación llamee como antorcha.\nLos pueblos verán tu justicia\,\ny los reyes tu gloria;\nte pondrán un nombre nuevo\,\npronunciado por la boca del Señor.\nSerás corona fúlgida en la mano del Señor\ny diadema real en la palma de tu Dios.\nYa no te llamarán «Abandonada»\,\nni a tu tierra «Devastada»;\na ti te llamarán «Mi predilecta»\,\ny a tu tierra «Desposada»\,\nporque el Señor te prefiere a ti\,\ny tu tierra tendrá un esposo.\nComo un joven se desposa con una doncella\,\nasí te desposan tus constructores.\nComo se regocija el marido con su esposa\,\nse regocija tu Dios contigo.\n\nPalabra de Dios.\nR. Te alabamos\, Señor.\n\nSalmo responsorial Sal 88\, 4-5. 16-17. 27 y 29 (R.: 2a)\nR. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.\n\nV. «Sellé una alianza con mi elegido\,\njurando a David\, mi siervo:\nTe fundaré un linaje perpetuo\,\nedificaré tu trono para todas las edades».\nR. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.\n\nV. Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:\ncaminará\, oh\, Señor\, a la luz de tu rostro;\ntu nombre es su gozo cada día\,\ntu justicia es su orgullo.\nR. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.\n\nV. Él me invocará: “Tú eres mi padre\,\nmi Dios\, mi Roca salvadora”.\nLe mantendré eternamente mi favor\,\ny mi alianza con él será estable.\nR. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.\n\nSEGUNDA LECTURA Hch 13\, 16-17. 22-25\nTestimonio de Pablo sobre Cristo\, hijo de David\nLectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.\n\nCuando Pablo llegó a Antioquía de Pisidia\, se puso en pie en la sinagoga y\, haciendo seña con la mano de que se callaran\, dijo:\n«Israelitas y los que teméis a Dios\, escuchad:\nEl Dios de este pueblo\, Israel\, eligió a nuestros padres y multiplicó al pueblo cuando vivían como forasteros en Egipto. Los sacó de allí con brazo poderoso.\nDespués\, les suscitó como rey a David\, en favor del cual dio testimonio\, diciendo:\n“Encontré a David\, hijo de Jesé\,\nhombre conforme a mi corazón\,\nque cumplirá todos mis preceptos”.\nSegún lo prometido\, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús.\nJuan predicó a todo Israel un bautismo de conversión antes de que llegara Jesús; y\, cuando Juan estaba para concluir el curso de su vida\, decía:\n“Yo no soy quien pensáis\, pero\, mirad\, viene uno detrás de\nmí a quien no merezco desatarle las sandalias de los pies”».\n\nPalabra de Dios.\n\n\nEVANGELIO (forma breve) Mt 1\, 18-25\nMaría dará a luz un hijo y tú le pondrá por nombre Jesús\n╬ Lectura del santo Evangelio según san Mateo.\nR. Gloria a ti\, Señor.\n\nLa generación de Jesucristo fue de esta manera:\nMaría\, su madre\, estaba desposada con José y\, antes de vivir juntos\, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.\nJosé\, su esposo\, como era justo y no quería difamarla\, decidió repudiarla en privado. Pero\, apenas había tomado esta resolución\, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:\n«José\, hijo de David\, no temas acoger a María\, tu mujer\, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús\, porque él\nsalvará a su pueblo de sus pecados».\nTodo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta:\n«Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel\,\nque significa “Dios-con-nosotros”».\nCuando José se despertó\, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.\nY sin haberla conocido\, ella dio a luz un hijo al que puso por nombre Jesús.\n\nPalabra del Señor.\n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\n24 de diciembre 02 (misa de la vigilia).\n\nEl evangelio entero de Mateo tiene por título «Libro de la génesis de Jesús\, Mesías\, hijo de David\, hijo de Abraham». La expresión «libro de la génesis» (βίβλος γενέσεως) remite a dos textos del Antiguo Testamento: Gen 2\,4; 5\,1 (LXX)\, donde se refiere a la creación del cielo y de la tierra\, y a la creación del género humano. Al nombre (Jesús: «el Señor Salva») le adjunta el título Mesías\, y dos datos formales de filiación («hijo de David» e «hijo de Abraham»)\, ninguno de los cuales lleva artículo determinado\, lo que indica que no son atribuciones exclusivas.\nEl carácter mesiánico\, la condición de heredero de la bendición prometida a Abraham\, y de la condición real de David\, siendo propias de Jesús\, se pueden predicar también de sus seguidores. Así que la génesis de Jesús es\, en modo cierto\, el comienzo de la humanidad definitiva\, de la cual él es el prototipo. Y esto es lo que nos disponemos a celebrar.\n\nEvangelio (Mt 1\,18-25).\nEl texto que se proclama tiene dos partes: la genealogía de Jesús\, es decir\, su conexión con toda la historia anterior\, y su nacimiento\, es decir\, la originalidad de su persona y la novedad que con él se inaugura. Los estudiosos señalan un paralelo entre Mt 1\,2-17 y Gn 1\,1-2\,3 (creación del ser humano en el concierto universal)\, por un lado\, y\, por el otro\, entre Mt 1\,18-25 y Gn 2\,4ss (los pormenores de la creación del ser humano): ascendencia y «descendencia» de Jesús Mesías.\n1. Ascendencia de Jesús Mesías.\nEn la genealogía de Mateo\, Jesús aparece inserto en una historia de fe que tiene dos referentes: la promesa de Dios a David y\, antes de ella\, la promesa de Dios a Abraham. A David le prometió un reino perdurable; a Abraham\, ser bendición para todas las naciones y –en consecuencia– una descendencia incontable\, ya que la bendición entraña la vida. Ambas promesas implican el resto de la humanidad\, pero el pueblo se irá dando cuenta de esto paulatinamente.\nEl reino prometido a David\, entendido inicialmente como un dominio sobre los paganos\, será entendido finalmente como una bendición para todos los pueblos (cf. Sal 72). La descendencia prometida a Abraham\, entendida primero en términos étnico-biológicos\, terminará incluyendo a los extranjeros (cf. Isa 14\,1; 56\,1-8). Por eso\, en la genealogía hay paganos; de hecho\, Abraham fue pagano\, así que por las venas de todo israelita circula sangre pagana. También por las venas de Jesús. Él se inserta en una historia de fe e infidelidades\, y la asume para renovarla.\nEn la genealogía juegan papel explícito los números siete y catorce; e implícito\, los números dos (14 = 7×2) y tres (3 grupos de generaciones: v. 17). Siete\, es la totalidad heterogénea propia de la creación\, que incluye a los paganos (cf. Mt 15\,34-37); catorce\, el valor numérico del nombre de David; tres\, la forma de indicar el grado superlativo (Jesús es tres veces David) y lo definitivo\, como la resurrección del Señor (cf. Mt 16\,21)\, y sugiere una totalidad homogénea; y dos\, de comunicación de vida y del mínimo de experiencia de comunidad (cf. Mt 4\,18.21; 18\,16.20). Los números sugieren que la creación\, la alianza y el reino culminan en Jesús.\nEl Señor salva («Jesús») asumiendo la realidad de fe e infidelidad de la humanidad\, no negándola. En vez de destruir la humanidad\, la renueva desde dentro y en su totalidad\, sin discriminaciones ni exclusiones. Él es salvador universal.\n2. «Descendencia del Mesías».\nJesús es el nuevo Adán. Si la genealogía se abstiene de nombrar al padre de Abraham\, este relato dice de forma implícita que Dios es el padre de Jesús. El nuevo Adán es Hijo de Dios. Comienza la nueva humanidad\, cualitativamente diferente\, pero vinculada a la descendencia de Adán.\nLos hombres religiosos\, observantes de la Ley\, como José\, comprueban que esa observancia no basta para aceptar y acoger a Jesús\, y que\, incluso\, puede aducirse como pretexto para rechazarlo. Su nombre implica la apertura («el Señor añada»)\, pero también la continuidad […otro hijo]\, no la ruptura. El dilema que enfrenta José lo pone a escoger entre la Ley y el amor\, y cuando trata de conjugarlos se da cuenta de que tiene que escoger (cf. Mt 9\,14-17); esto se lo hace saber el ángel del Señor\, es decir\, la presencia y el mensaje del Señor que sacó a Israel de Egipto. José tiene que «salir» de su mundo soñado para adentrarse en el nuevo mundo que es obra del Espíritu Santo. Y a él le corresponde ponerle nombre a esa nueva realidad.\nMaría –como mujer– pertenece al sector marginal de la sociedad judía. Su nombre entraña la rebelión silenciosa frente a la injusticia («exaltada»); como pobre\, está abierta al Espíritu Santo y a su obra\, y\, en cuanto «virgen» pertenece al resto fiel a Dios. De hecho\, de las cinco mujeres en la genealogía\, ella\, la quinta\, es la única fiel de nacimiento: Tamar era cananea (cf. Gen 38\,2-26)\, Rut era moabita (Rut 1\,4)\, Rahab extranjera y prostituta\, Betsabé adúltera (cf. 2Sam 11\,4)\, y María es la que cumple y desborda la profecía que anunciaba el nacimiento del Mesías\, porque el profeta anunció a una «doncella» (juventud) y Mateo la presenta como la «virgen» (joven y fiel) que da a luz al Emanuel («Dios con nosotros»).\nJosé llegó a la realidad («se despertó») cuando aceptó a María y\, con ella al Mesías que venía con el «sello» de Dios (el Espíritu Santo) a cambiarle su mundo y a conducirlo a la verdadera «tierra prometida»\, el reino de Dios. José aceptó que el mundo que él soñaba tiene el nombre de Jesús.\n\nEl nacimiento de Jesús es la alborada del primer día de la nueva creación. La genealogía también tiene la estructura de seis septenarios\, como si se tratara de seis «semanas» de generaciones. Con Jesús\, «Dios con nosotros»\, comienza la séptima\, la de la totalidad creada (Israel y la humanidad restante)\, la de la plenitud del ser humano. Y con él también comenzará la octava\, cuando él se levante de la muerte el «octavo» día\, «pasado el sábado» (Mt 28\,1)\, en el primer día de la definitiva creación\, en el reino del Padre\, donde los justos brillarán como el sol (cf. Mt 13\,43).\nSi en adviento reiteramos una y otra vez nuestra convicción de que la historia tiene sentido\, en la celebración de la Natividad del Señor confirmamos nuestra fe en el futuro de la humanidad. No son los poderosos los que dirigen el curso de la historia\, ni son sus decisiones las que definen el destino de la humanidad\, sino los que escuchan y ponen por obra la palabra del Señor (cf. Mt 7\,24-25)\, como María y José\, es decir\, los «pobres».\nAceptando a Jesús en nuestras vidas\, aunque tengamos que abandonar nuestras seguridades (en el caso de María) y confiar en la gracia del Espíritu Santo\, nos convierte en progenitores de la nueva humanidad. Acogiendo a Jesús en medio de condiciones sociales y culturales adversas (en el caso de José) y realizar el nuevo éxodo confiando en la palabra del Señor nos permite ver el cumplimiento de las promesas de Dios y ponerle el nombre de Jesús a la nueva realidad.\nEso es lo que significa nuestra comunión eucarística en este tiempo en el que celebramos con gozo la Natividad del Señor.\n¡Feliz Navidad!
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SUMMARY:25 de diciembre (misa de la aurora).
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nAhí llega tu Salvador. \nLectura del libro de Isaías   62\, 11-12 \nEsto es lo que el Señor hace oír hasta el extremo de la tierra: \n“Digan a la hija de Sión: Ahí llega tu Salvador; el premio de su victoria lo acompaña y su recompensa lo precede. A ellos se los llamará “Pueblo santo”. “’Redimidos por el Señor”; y a ti te llamarán “Buscada”\, “Ciudad no abandonada””. \nSALMO RESPONSORIAL   96\, 1. 6. 11-12 \nR/. Hoy nos ha nacido el Señor. ¡Aleluya! \n¡El Señor reina! Alégrese la tierra\, regocíjense las islas incontables. Los cielos proclaman su justicia y todos los pueblos contemplan su gloria. \nNace la luz para el justo\, y la alegría para los rectos de corazón. Alégrense\, justos\, en el Señor y alaben su santo Nombre. \nSEGUNDA LECTURA \nÉl nos salvó por su misericordia. \nLectura de la carta del Apóstol san Pablo a Tito  3\, 4-7 \nCuando se manifestó la bondad de Dios\, nuestro Salvador\, y su amor a los hombres\, no por las obras de justicia que habíamos realizado\, sino solamente por su misericordia\, Él nos salvó\, haciéndonos renacer por el bautismo y renovándonos por el Espíritu Santo. Y derramó abundantemente ese Espíritu sobre nosotros por medio de Jesucristo\, nuestro Salvador\, a fin de que\, justificados por su gracia\, seamos en esperanza herederos de la Vida eterna. \nEVANGELIO \nLos pastores encontraron a María\, a José y al recién nacido. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas   2\, 15-20 \nDespués que los ángeles volvieron al cielo\, los pastores se decían unos a otros: “Vayamos a Belén\, y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha anunciado”. \nFueron rápidamente y encontraron a María\, a José y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo\, contaron lo que habían oído decir sobre este niño\, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores. \nMientras tanto\, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron\, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído\, conforme al anuncio que habían recibido. \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n25 de diciembre. (Misa de la aurora).\n\nSegún Lucas\, los primeros en enterarse del nacimiento del Mesías fueron los pastores\, personas representativas de la franja excluida de la sociedad judía. El Mesías nació como un excluido en medio de los excluidos. Hay una gran diferencia entre los pastores que Lucas sitúa en el pesebre donde nació Jesús y las figuras bucólicas que pueblan los «pesebres» que las familias erigen en sus casas o los comerciantes en sus puestos de ventas. Los que fueron al pesebre de Jesús eran seres despreciados\, reputados como «impuros» (no gratos a Dios)\, en tanto que las figuras de los «pesebres» de hoy gozan de una valoración romántica\, idealizada con afecto. Es innegable el rol protagónico que desempeñan los pastores en este relato\, indicio de la prioridad de los excluidos en la transmisión de la buena noticia.\nEs también importante señalar que el oficio de los pastores no era algo de lo que la sociedad de entonces pudiera prescindir; por lo contrario\, la carne\, la leche y la lana de las ovejas apacentadas y pastoreadas por ellos eran necesarias para la convivencia social. Este hecho muestra lo injusto del concepto en que se los tenía y del tratamiento que se les daba. Y esta injusticia resalta mucho más cuando se advierte que ese concepto y ese tratamiento se justificaba con razonamientos de tipo religioso\, es decir\, se implicaba a Dios para legitimar esa exclusión social.\n\nLc 2\,15-20.\nEste breve texto tiene tres momentos: el acuerdo entre los pastores\, su presencia en el pesebre\, y las reacciones ante el anuncio de los ángeles.\n1. El acuerdo entre los pastores.\nComo antes Gabriel había dejado a María (cf. Lc 1\,38)\, ahora los ángeles dejan a los pastores «para irse al cielo». Su misión terrestre está cumplida\, y los pastores le han dado fe inicial a su mensaje\, por lo que no requieren más de su presencia. Estos se ponen de acuerdo para ir juntos a enterarse personalmente de los acontecimientos que el Señor les ha anunciado por medio de sus mensajeros. Se observa la sucesión de ir\, oír y ver\, que sintetiza el proceso de la fe: la travesía\, la escucha y la experiencia personal. Los anima la certeza\, no la duda\, y lo que quieren es salvar la distancia entre ellos y el acontecimiento\, «ver» el mensaje hecho realidad.\n2. Los pastores en el pesebre.\nLa prisa de los pastores es semejante a la de María (cf. Lc 1\,39)\, el afán por dar testimonio de la fe que respondió al mensaje («lo que nos ha comunicado el Señor»). El ángel les había dicho que encontrarían «un niño envuelto en pañales y puesto en un pesebre». Ellos «encontraron a María y a José\, y al niño puesto en un pesebre». La «señal» es el niño «envuelto en pañales»\, es decir\, acogido con amor (cf. Sab 7\,4)\, pero «puesto en un pesebre»\, es decir\, excluido de la convivencia (cf. Lc 2\,7). Sin embargo\, el niño no está solo\, sino con María y José\, en un ambiente hogareño. Si el niño ocupa el centro de la enumeración\, cosa normal dado su rol protagónico\, resulta muy llamativo que primero se mencione a María y de último José. No es una familia convencional.\nEllos comunicaron el mismo mensaje que habían recibido del cielo\, como ya había hecho María con el «saludo» del ángel (cf. Lc 1\,40). Y su mensaje se refiere al niño como «señal» de parte de Dios. El término «señal» evoca las acciones liberadoras del éxodo\, atribuidas a Moisés (cf. Dt 4\,34)\, y la oferta que le hizo Isaías al rey Acaz para certificarle la protección del Señor al pueblo (cf. Is 7\,11.14)\, pero aquí se trata de una «señal contradictoria» (Lc 2\,34)\, despojada de todo rasgo de poder\, solo se ve un ser humano frágil y necesitado de cuidados. Él es la «señal» de Dios.\n3. Las reacciones al anuncio.\nLa reacción general («todos los que lo oyeron») supone un auditorio más amplio para el mensaje de los pastores. Trasciende el relato y adquiere valor universal. Es una reacción de sorpresa por doble motivo: el contenido del mensaje y su señal\, que son del todo inesperados\, y la condición de los mensajeros\, que aparentemente serían los menos idóneos para hablar en nombre de Dios.\nLa reacción de María –en el centro de todas (tres es una totalidad homogénea)– es de reflexión silenciosa\, es la búsqueda de una ulterior explicación\, más profunda\, en la línea del designio de Dios. Con una fórmula semejante\, Jacob ponderó los sueños de José\, en previsión de su futuro cumplimiento (cf. Gen 37\,11)\, y –con otra parecida– Daniel\, turbado con sus propias visiones respecto del futuro\, se lo guardó todo en su «corazón» hasta su cumplimiento. El hijo que Dios ha dado a María no corresponde a la significación tradicional de los títulos con los que el ángel lo anunció (cf. Lc 1\,32.35). La revelación del Padre y la identidad del Hijo solo son patentes a los sencillos\, no a los sabios y entendidos\, ni a los antiguos profetas y reyes (cf. Lc 10\,21-24). Esa «reflexión» de María la sitúa entre los sencillos que indagan por Dios en su historia.\nLa reacción de los pastores\, después de haber «ido\, visto y oído»\, consiste en dar gloria y alabanza a Dios\, como María y los ángeles (cf. Lc 1\,46ss; 2\,13-14). «Dar gloria» a Dios es manifestarse de acuerdo con él (cf. Lc 17\,18); «alabarlo»\, celebrar sus acciones liberadoras. Han podido presenciar la actuación de Dios\, incomprensible para los «sabios y entendidos»\, pero del todo transparente para ellos\, los excluidos\, que ahora son sus testigos. La buena noticia llegará a «todos» (v. 18) a través de los últimos de la escala social.\n\nEl relato del anuncio del nacimiento de Jesús a los pastores y de la positiva reacción de ellos al mismo nada tiene de romántico o bucólico. Trasciende con mucho la anécdota y se revela como comienzo del anuncio de «la buena noticia a los pobres…» (Lc 4\,18; cf. 7\,23; 14\,21).\nLas vinculaciones que sugiere el relato entre los pastores\, Jesús y su familia\, como excluidos de la sociedad\, muestran que la bienaventuranza presente (cf. Lc 6\,20) y futura (cf. Lc 1\,48) depende de la adhesión de fe a Jesús\, y que esta adhesión pasa por la integración de los pobres\, que son los excluidos por la sociedad injusta. Siempre habrá excluidos\, por ser lo que son\, como María\, excluida por ser mujer\, o por hacer lo que hacen\, como los pastores\, excluidos por su oficio.\nSiempre resultará sorprendente\, y hasta escandalosa\, nuestra acogida amorosa a Jesús\, el Hijo de Dios que nació excluido por la sociedad injusta\, porque él nos lleva a integrar a los excluidos por las sociedades injustas de todos los tiempos. Nuestra celebración de la Navidad debiera causar ese escándalo en todas las sociedades excluyentes.\nOjalá que nuestra comunión eucarística con él suscite la misma sorpresa\, y que ella resulte ser la explicación de nuestro amor universal\, acogedor\, integrador\, que se constituya en la alternativa a todas las exclusiones sociales.\n¡Feliz Navidad!
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DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (52\,7-10): \n¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz\, que trae la Buena Nueva\, que pregona la victoria\, que dice a Sión: «Tu Dios es rey!» Escucha: tus vigías gritan\, cantan a coro\, porque ven cara a cara al Señor\, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro\, ruinas de Jerusalén\, que el Señor consuela a su pueblo\, rescata a Jerusalén; el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones\, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 97\,1.2-3ab.3cd-4.5-6 \nR/. Los confines de la tierra han contemplado\nla victoria de nuestro Dios \nCantad al Señor un cántico nuevo\,\nporque ha hecho maravillas:\nsu diestra le ha dado la victoria\,\nsu santo brazo. R/. \nEl Señor da a conocer su victoria\,\nrevela a las naciones su justicia:\nse acordó de su misericordia y su fidelidad\nen favor de la casa de Israel. R/. \nLos confines de la tierra han contemplado\nla victoria de nuestro Dios.\nAclama al Señor\, tierra entera;\ngritad\, vitoread\, tocad. R/. \nTañed la cítara para el Señor\,\nsuenen los instrumentos:\ncon clarines y al son de trompetas\,\naclamad al Rey y Señor. R/.\n\n\nSegunda lectura\nLectura de la carta a los Hebreos (1\,1-6): \nEn distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora\, en esta etapa final\, nos ha hablado por el Hijo\, al que ha nombrado heredero de todo\, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria\, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y\, habiendo realizado la purificación de los pecados\, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles\, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues\, ¿a qué ángel dijo jamás: «Hijo mío eres tú\, hoy te he engendrado»\, o: «Yo seré para él un padre\, y el será para mí un hijo»? Y en otro pasaje\, al introducir en el mundo al primogénito\, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios.» \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Juan (1\,1-18): \nEn el principio ya existía la Palabra\, y la Palabra estaba junto a Dios\, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo\, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida\, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla\, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios\, que se llamaba Juan: éste venía como testigo\, para dar testimonio de la luz\, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz\, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera\, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino\, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella\, y el mundo no la conoció. Vino a su casa\, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron\, les da poder para ser hijos de Dios\, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre\, ni de amor carnal\, ni de amor humano\, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros\, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre\, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí\, porque existía antes que yo.”» Pues de su plenitud todos hemos recibido\, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés\, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único\, que está en el seno del Padre\, es quien lo ha dado a conocer. \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n25 de diciembre. (Misa del día).\n\nLa celebración de la Navidad –la conmemoración de la venida histórica de Jesús «en carne»– nos conduce a escrutar con fe el insondable designio de Dios. Hay que preguntarse qué sentido tiene y que papel desempeña este acontecimiento en el proyecto divino y en su propósito total.\nPara la comprensión del misterio de la encarnación de Dios\, el prólogo del cuarto evangelio nos remite «al principio» de todo\, a «antes de crear el mundo» (Efe 1\,4)\, como si quisiera invitarnos a la fuente de las decisiones y acciones fundamentales de Dios con respecto de la humanidad. Dicho prólogo tiene cinco partes distinguibles:\n1. Una breve introducción (vv. 1-2).\n2. La condición del hombre-carne (vv. 3-10).\n3. La condición del hombre-espíritu (vv. 11-13).\n4. El nuevo éxodo y el nuevo pueblo (vv. 14-17)\n5. Una breve conclusión (v. 18).\n\nJn 1\,1-18.\nDios no improvisa. La comunidad cristiana tiene la experiencia de que la precede una decisión que Dios le propone para que la acepte y la viva y realice en sí misma. Esta decisión es\, a la vez e inseparablemente\, individual y comunitaria. Dios propone y la humanidad dispone.\n1. Introducción.\nEn Gen 1\,1 se dice que «al principio creó Dios…»\, pero en Jn 1\,1 se declara que «al principio ya existía la Palabra…». O sea\, nos remontamos a antes del «principio». Y en ese «antes» (todavía no existía el tiempo) Dios sostiene un diálogo que es como un monólogo interior: su propia Palabra se dirige a él\, porque la Palabra quería expresarse como Dios mismo. Esto se entiende de dos maneras: la Palabra de Dios tiende a su propia exteriorización\, de forma también divina\, y –así mismo– que la Palabra de Dios expresa el designio divino y al dirigirse a la humanidad\, ella hace partícipe al ser humano de su propia condición divina\, porque esa misma palabra es creadora. Es decir\, que\, ya al principio\, Dios tenía el propósito de participarle su divinidad al ser humano.\n2. La condición del hombre-carne.\nEsa «palabra» exterioriza la «sabiduría» creadora de Dios y va plasmando el mundo que Dios se propuso desde antes del principio. Ella es la causa de todo lo que hay en el universo\, nada de lo que existe se sustrae a su acción. Por eso todo lo creado es «muy bueno» (Gen 1\,31)\, porque la palabra comunica la vida que ella contiene\, y esa vida es «la luz de la humanidad»\, es decir\, su máximo valor\, su criterio de verdad y de bondad\, y su norma de conducta. Pero\, después de la creación\, surge una fuerza opuesta\, «la tiniebla»\, con el propósito de extinguir la luz de la vida.\nVino un hombre con experiencia del favor divino\, Juan («Dios ha mostrado su favor»)\, para dar testimonio de que Dios es favorable al ser humano y que quiere que todos gocemos de la plenitud de la vida. El objetivo de su testimonio será lograr que «todos» creamos en ese designio divino. No hay otra «luz» diferente a la vida. La «tiniebla» ciega la mente y pretende extinguir el anhelo de plenitud\, pero este anhelo es más fuerte.\n3. La condición del hombre-espíritu.\nEsa luz\, históricamente\, vino a los suyos\, pero estos la rechazaron\, aunque otros la aceptaron\, y en estos\, y con su cooperación\, se realizó el favor divino: «los hizo capaces de hacerse hijos de Dios»\, no por la generación según la carne\, sino por el don del Espíritu Santo. La alianza que debió preparar a Israel para recibirlo no lo hizo\, por obra de hombres que sofocaron el ansia de la plenitud de vida presentándola como algo imposible\, o como contraria a la voluntad de Dios. Los dirigentes de ese pueblo pretendieron eclipsar la «luz verdadera» manipulando la Ley (cf. Jn 12\,34) en pro de un nacionalismo ciego y absurdo que impidió que los judíos aceptaran a Jesús como «la luz del mundo» (Jn 8\,12)\, y los indispuso contra la fe (cf. Jn 12\,40). Pero el designio de Dios prevaleció sobre el de la carne.\n4. El nuevo éxodo y la nueva humanidad.\nLos que aceptaron a Jesús como la encarnación de la Palabra sabia y creadora de Dios vieron en él la realización del designio original: el hombre-carne\, lleno de la «gloria» (el Espíritu) del Padre\, se mostró como hombre-Dios y manifestó el amor fiel de Dios a la humanidad. Ellos\, en forma unánime\, como nueva humanidad\, dan fe de su propia experiencia\, que confirma el testimonio de Juan: el mensaje que Jesús encarna es el designio que Dios tenía desde antes de crear el mundo. La palabra «acampó» en medio de esa nueva humanidad y la acompaña en su éxodo fuera de la «tiniebla» de la mentira y de la muerte. Prueba de esto es la plenitud que la comunidad ha recibido: un amor experimentado que la hace capaz de amar y responder al amor de Dios amando como él. Por medio de Moisés se dio la Ley\, pero por medio de Jesús Mesías existe ya en la comunidad el amor fiel\, el Espíritu Santo. La comunidad hace su éxodo fuera del «mundo»\, el ámbito de la «tiniebla» –que se concreta en mentira y violencia–\, acompañada por la Palabra que «acampó» en su «campamento» (convivencia») y la guía con el esplendor de su gloria (el Espíritu Santo).\n5. Conclusión.\nEsta es la primera vez que Dios se manifiesta visiblemente. Los grandes hombres del Antiguo Testamento presentaron a Dios desde ópticas parciales o\, inclusive\, parcialmente erradas. Pero la revelación auténtica de Dios es el Hombre-Dios\, Jesús. Él es el Hijo único\, Dios engendrado que interpreta y explica el ser de Dios con su propia persona. No existe mediación alguna para conocer a Dios que no se refiera a Jesús. La verdad que contengan los discursos humanos cuando hablan de Dios será la que sea compatible y coherente con la realidad de Jesús. Del mismo modo\, la mentira («tiniebla») que se aloje en las religiones será su incompatibilidad con la realidad que Jesús encarna. Él es\, definitivamente\, «la verdad» para conocer a Dios (cf. Jn 14\,6).\n\nHablar de Dios en abstracto es relativamente fácil\, además de que no compromete la vida del que habla. De hecho\, el dios de los filósofos era uno al cual había que respetar y amar\, pero que no se presentaba capaz de amar al hombre. Jesús\, al contrario\, nos presenta un Dios concreto y tan comprometido con el ser humano que su aceptación se deriva de la experiencia de su amor\, e implica el mismo compromiso de amor por la humanidad con total libertad y alegría.\nEl evangelio no presenta rasgos individuales de Jesús (estatura\, complexión\, etc.)\, sino sus rasgos humanos (acogida\, compasión\, servicio…) para centrarnos en lo fundamental. En Navidad él se nos presenta como un inofensivo y tierno niño que nos invita a aceptar al Padre que nos ama con ternura y fuerza\, con humildad y grandeza.\nCelebrar la Navidad es volver al designio original\, el hombre-hijo que se parece a su Padre por la plenitud de amor fiel (el Espíritu Santo) en su relación con los demás. Al comulgar con él en la eucaristía aceptamos ese designio como programa de vida.\n¡Feliz Navidad!
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SUMMARY:26 de diciembre: San Esteban\, protomártir.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de los Hechos de los apóstoles (6\,8-10;7\,54-60): \nEn aquellos días\, Esteban\, lleno de gracia y poder\, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos\, oriundos de Cirene\, Alejandría\, Cilicia y Asia\, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Oyendo estas palabras\, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban\, lleno de Espíritu Santo\, fijó la mirada en el cielo\, vio la gloria de Dios\, y a Jesús de pie a la derecha de Dios\, y dijo: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.»\nDando un grito estentóreo\, se taparon los oídos; y\, como un solo hombre\, se abalanzaron sobre él\, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos\, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo\, se pusieron también a apedrear a Esteban\, que repetía esta invocación: «Señor Jesús\, recibe mi espíritu.»\nLuego\, cayendo de rodillas\, lanzó un grito: «Señor\, no les tengas en cuenta este pecado.»\nY\, con estas palabras\, expiró. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 30\,3cd-4.6 y Sab 16bc-17 \nR/. A tus manos\, Señor\, encomiendo mi espíritu \nSé la roca de mi refugio\,\nun baluarte donde me salve\,\ntú que eres mi roca y mi baluarte;\npor tu nombre dirigeme y guíame. R/. \nA tus manos encomiendo mi espíritu:\ntú\, el Dios leal\, me librarás.\nTu misericordia sea mi gozo y mi alegría.\nTe has fijado en mi aflicción. R/. \nLíbrame de los enemigos que me persiguen;\nhaz brillar tu rostro sobre tu siervo\,\nsálvame por tu misericordia. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (10\,17-22): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a sus apóstoles: «No os fiéis de la gente\, porque os entregarán a los tribunales\, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes\, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten\, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis\, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten\, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres\, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\n26 de diciembre: San Esteban\, protomártir.\nEn la octava de Navidad. \nAhora se invierten los términos: Jesús\, el prometido\, es quien hace las promesas\, para que estas se cumplan en sus discípulos. Teniendo en cuenta que no estamos celebrando un aniversario (o «cumpleaños») sino la encarnación de Dios y sus repercusiones a favor de la quienes le presten su adhesión\, la promesa anuncia esas repercusiones.\nComo la promesa precede al cumplimiento\, por eso la meditación del evangelio tiene el primer lugar –en orden inverso al del tiempo de adviento– y\, en segundo lugar\, la aplicación\, teniendo en cuenta el mensaje de la primera lectura. Sin embargo\, el orden cronológico no se ve alterado\, porque\, en orden de precedencia\, históricamente hablando\, Jesús es anterior a sus discípulos. \n1. Primera lectura (Hch 6\,8-10; 7\,54-60): Cumplimiento.\nEl ser y el quehacer de Esteban aparecen en paralelo no simétrico con el ser y el quehacer de los apóstoles (cf. Hch 5\,12). Estas vida y actividad corresponden a la petición hecha a Dios por los apóstoles (cf. Hch 4\,30); hay variaciones ligeras\, pero significativas. De los apóstoles se dice que «por sus manos se realizaban muchas señales y prodigios (σημεῖακαὶ τέρατα: cf. Ex 7\,3) en medio del pueblo»; de Esteban se dice que\, «permaneciendo lleno de gracia y de fuerza\, él hacía grandes prodigios y señales». La gracia y la fuerza\, propias del Espíritu Santo\, capacitan para la misión (cf. Lc 1\,30.35). En Esteban son permanentes. Liberó al pueblo como lo han hecho los apóstoles\, pero de forma más radical\, por este motivo\, judíos de las sinagogas de la diáspora reaccionaron contra su irrefutable profecía y recurrieron al falso testimonio para acusarlo.\nLos «Libertos» eran judíos de origen helenista que habían sido esclavos en Roma y adquirieron su libertad\, y tenían en Jerusalén su propia sinagoga. Algunos de ellos\, junto con otros judíos de origen helenista de diferentes procedencias\, reaccionaron ante la actividad liberadora de Esteban\, quien proponía un nuevo éxodo (por eso se le atribuyen «señales y prodigios»)\, lo que equivale a afirmar que él «saca» el pueblo de la institución judía. Y este «éxodo» lo realizaba apelando al nombre de Jesús. Presentar de este modo la obra de Esteban implicaba comparar con Egipto y acusar de opresora la institución religiosa judía. Ellos discutieron respecto de esto con Esteban\, pero nunca lograron a rebatir sus argumentos\, porque Esteban hablaba inspirado por el Espíritu Santo (cf. Lc 21\,15). Dicha inspiración entraña el hecho de que Esteban argumentaba basándose en el amor liberador y salvador de Dios y apelando al primer éxodo\, lo cual resultaba irrebatible.\nEntonces recurrieron a falsos testigos para denunciar a Esteban como blasfemo (por oponerse a la institución)\, pero él no se defendió\, teniendo en cuenta la indicación de Jesús (cf. Lc 21\,14)\, sino que los denunció «lleno de Espíritu Santo»\, es decir\, actuando como profeta cristiano y con base en el amor de Dios\, históricamente conocido por el pueblo.\nLa denuncia profética de Esteban les hizo sentir más odio por la frustración que les producía no poder hacer frente al saber y al Espíritu Santo que lo animaban. Nadie salió en su defensa\, pero él declaró ver tanto la gloria de Dios como a Jesús «de pie» –en actitud de juez–\, es decir\, Dios lo respaldaba personalmente y Jesús\, en su calidad de «el Hijo del Hombre»\, salía en su defensa. Eso los exasperó aún más\, y se resistieron a seguir escuchándolo. Esteban fue condenado a morir como infiel e idólatra\, y ejecutado con todos los requisitos de ley. Pero él oró por sus enemigos y pidió el perdón divino para sus verdugos.\nLucas presenta a Esteban como un segundo Jesús\, que vive y muere como él. \n2. Evangelio (10\,17-22): Promesa.\n«Los hombres»\, que no entendieron a Jesús\, pero que sí lo rechazaron\, son de cuidado para los discípulos porque también a ellos los van a rechazar valiéndose de todos los recursos a su alcance: los jurídico-sociales (tribunales)\, los religiosos (sinagogas) y los políticos (gobernadores y reyes)\, por el hecho de seguir a Jesús.\nSin embargo\, no deben mirar ese rechazo como una desgracia absoluta. Esta podrá ser para ellos una oportunidad para dar testimonio «en contra» de «los hombres» (los que no se guían por el Espíritu sino por sus impulsos mezquinos o sus intereses egoístas). Recuérdese que en griego se usan dos términos para significar «testimonio»: uno es el testimonio «a favor» (μαρτυρία) y otro es el testimonio «en contra» (μαρτύριον). Aquí se trata del testimonio de los discípulos contra los hombres. La citación ante los tribunales criminales por causa del Hijo del Hombre (cf. Mt 5\,11) será ocasión para que estos se quiten la máscara de respetabilidad y el aura de veneración que ostentan\, y muestren así su real inhumanidad. La crueldad con la que traten a los discípulos los dejará en evidencia. El atropello cometido contra los inocentes revelará el rostro feroz y salvaje de dichos poderes asesinos (cf. Dn 7\,2-14).\nLa promesa de Jesús consiste en asegurarles la asistencia del Espíritu del Padre\, pero no para defenderse (esto legitimaría a sus perseguidores)\, sino para hablar como profetas del Padre (igual que Jesús). El propósito de no defenderse mostrará su fe en el Padre\, el Dios de la vida\, y les dará libertad no solo para entregar la vida\, sino para denunciar ese régimen de miedo y de muerte que pretende presentarse a sí mismo como administrador de justicia y árbitro de la vida o de la muerte de la gente. A esto se refiere Jesús cuando previene al discípulo de convertir la vida física en valor supremo\, limitándose a ese horizonte y olvidando la vita eterna (cf. Mt 16\,25-27). Si los discípulos absolutizan la vida física\, pierden su libertad profética.\nTodos los amores humanos –los de sangre y los de proximidad– colapsarán ante los fanatismos y el odio\, porque la intolerancia tiene una alta capacidad para acobardar y deshumanizar\, pero Jesús añade otra promesa: la salvación definitiva para quienes resistan «hasta el final» (hasta la muerte). «Salvación» significa vida\, «definitiva» connota indestructibilidad: vida eterna. \nDice san Agustín que «el Hijo de Dios se hizo hombre para que el hombre se haga hijo de Dios». Es una buena forma de entender y de explicar la finalidad de la encarnación: lograr el viejo sueño de «ser como Dios». Y ahora tenemos cómo lograrlo\, porque él mismo nos envió el modelo\, que es su Hijo\, hecho uno de nosotros. Esteban lo asumió y lo realizó con fe. Y ahora reina con él.\nY nosotros\, que conocimos a Jesús por su palabra\, nos vamos asimilando a él por la eucaristía\, que es comunión con él. El pan que partimos\, repartimos y compartimos no es para alimentar la vida física\, sino para alimentar nuestra esperanza de vida eterna.\nFeliz Navidad. Dios está con nosotros.
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SUMMARY:27 de diciembre. Fiesta de San Juan\, apóstol y evangelista.
DESCRIPTION:Primera lectura\nComienzo de la primera carta del apóstol san Juan (1\,1-4): \nLo que existía desde el principio\, lo que hemos oído\, lo que hemos visto con nuestros propios ojos\, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida (pues la vida se hizo visible)\, nosotros la hemos visto\, os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos\, para que estéis unidos con nosotros en esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto\, para que nuestra alegría sea completa. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 96\,1-2.5-6.11-12 \nR/. Alegraos\, justos\, con el Señor \nEl Señor reina\, la tierra goza\,\nse alegran las islas innumerables.\nTiniebla y nube lo rodean\,\njusticia y derecho sostienen su trono. R/. \nLos montes se derriten como cera\nante el dueño de toda la tierra;\nlos cielos pregonan su justicia\,\ny todos los pueblos contemplan su gloria. R/. \nAmanece la luz para el justo\,\ny la alegría para los rectos de corazón.\nAlegraos\, justos\, con el Señor\,\ncelebrad su santo nombre. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Juan (20\,2-8): \nEl primer día de la semana\, María Magdalena echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo\, a quien tanto quería Jesús\, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»\nSalieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos\, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y\, asomándose\, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza\, no por el suelo con las vendas\, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo\, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\n27 de diciembre: San Juan\, evangelista.\nEn la octava de Navidad.\n\nJuan\, hijo de Zebedeo y hermano de Santiago\, es uno de los Doce. Cruzando las menciones de Mc 15\,40 y Mt 27\,56\, se ha propuesto que el nombre de su madre fuera Salomé. Como los tres sinópticos lo ponen detrás de Santiago\, se infiere que este era el mayor. Se le atribuye la redacción del cuarto evangelio\, pero esto no parece probable\, dado que\, como pescador\, era iletrado (cf. Hch 4\,13); tampoco su identificación con el «discípulo predilecto» de Jesús (cf. Jn 13\,23) resulta probable\, porque –además de que este último nunca es designado con nombre propio– el cuarto evangelio distingue entre el «discípulo predilecto»\, que da testimonio de los hechos y escribió el libro\, y la comunidad que certifica su contenido con su experiencia (cf. Jn 21\,24). Además\, se ve cierto paralelismo entre Jn 1\,35\, «Juan con dos de sus discípulos» –uno de los cuales es Andrés\, y el otro\, indudablemente\, el discípulo después identificado como «predilecto»– y Jn 21\,2\, que da cinco nombres –entre los cuales están «los de Zebedeo»– y «otros dos de sus discípulos»\, que seguramente alude a los dos primeros\, pero ahora no hace mención de Andrés\, sino del discípulo «predilecto» (cf. Jn 21\,7)\, diferenciado de «los de Zebedeo».\nEs posible que la tradición\, al presentar a Juan Bautista como testigo a favor de la luz (cf. Jn 1\,6-8)\, le haya asignado el nombre del apóstol Juan al autor del cuarto evangelio para llamar con el mismo nombre al testigo que prepara el camino del Señor y el discípulo que da testimonio de la promesa cumplida en Jesús\, «luz del mundo» (Jn 8\,12; 12\,46) y «camino» al Padre (cf. Jn 14\,6).\n\n1. Primera lectura: cumplimiento (1Jn 1\,1-4).\nComienza hoy la lectura continua de esta carta\, que se extenderá a todo el «tiempo de Navidad».\nEl uso del género neutro (ὄ: «lo que existía…\, lo que hemos oído…\, lo que han visto nuestros ojos…\, lo que contemplamos…») parece indicar que «la palabra/el mensaje de la vida»\, que alude y sintetiza es un hecho que no solo se verificó en Jesús\, sino que sigue verificándose en quienes comparten esta experiencia\, o sea\, el autor del escrito y sus destinatarios. Es decir\, Jesús encarna ese «mensaje de la vida»\, y el autor y su comunidad dan testimonio del mismo. Juan el Bautista ahora es sustituido por los discípulos de Jesús\, definitivos testigos a favor de la luz.\nLa Palabra que existía desde antes del principio se manifestó plenamente en Jesús. Esto es algo que al autor y a su comunidad les consta por experiencia directa: primero\, escucharon el mensaje («lo que hemos oído») acerca de Jesús («acerca de la Palabra\, que es la vida») y respondieron a él con la fe; esta los condujo a la comprobación personal\, por experiencia directa («lo que han visto nuestros ojos»: cf. Jn 1\,39.46); la experiencia les permitió formular una visión más profunda de la realidad\, porque captaron el sentido y el significado de la misma («lo que contemplamos»: cf. Jn 1\,14)\, hasta el punto de que pueden decir que tocaron lo intangible («(lo que) palparon nuestras manos»)\, para dar a entender que no niegan la realidad visible\, sino que la afirman rotundamente.\nEn un largo paréntesis\, el autor explicita a qué se refiere y lo explica. La manifestación de la vida es un hecho (en la persona de Jesús) comprobado personalmente por el autor y los destinatarios de su escrito («la hemos visto»)\, y este hecho se puede verificar también en ellos que encarnan la misma vida («damos testimonio») y se la siguen proponiendo el autor y su comunidad a quienes se dirige el escrito («les anunciamos») como una vida de calidad tan superior que la muerte física no puede suprimirla («la vida eterna o definitiva»). Esta es la vida que a Dios le urgía comunicarle a la humanidad («la que interpelaba al Padre»)\, cuya manifestación histórica en Jesús se verifica tanto en el autor como en su comunidad y en la comunidad destinataria del escrito.\nEso que han experimentado de manera personal y comprobado directamente («hemos visto»)\, gracias a la escucha del mensaje («oído»)\, lo anuncian el autor y su comunidad como un bien que comparten solidariamente con los destinatarios del mismo modo que el Padre y su Hijo Jesús Mesías lo han compartido con ellos. Se refiere a la vida divina\, el Espíritu\, recibido del Padre a través del Hijo\, Jesús («Dios salva») Mesías («Ungido» liberador). Esa solidaridad en la vida divina lleva a plenitud la alegría de los que la disfrutan. Y esa alegría es el objetivo del escrito.\n\n2. Evangelio: promesa (Jn 20\,2-8).\nLa plenitud de la vida se manifestó en Jesús de manera inesperada –por mucho que él la hubiera anunciado repetidamente– pese a la oposición de la «tiniebla». Aunque ya había amanecido\, es decir\, ya brillaba la luz del sol (Jesús había resucitado)\, María Magdalena seguía prisionera de la idea de que la muerte es insuperable («todavía en tinieblas»). Por eso va al sepulcro y a buscar un muerto\, porque esa es la única realidad que ella admite. Ver la losa quitada podía ser interpretado como una violación de tumba\, o como la desaparición de la frontera entre vida y muerte. María opta por pensar en una profanación con sustracción del cuerpo. A eso la conduce la «tiniebla».\nDos discípulos salieron a verificar la suposición de María Magdalena\, aunque no tenían la misma actitud. Uno llegó primero\, pero no entró\, solo se asomó y alcanzó a ver que no existían razones para la alarma; los lienzos estaban ordenados\, como una cama arreglada. El otro llegó y entró\, vio también los lienzos arreglados\, pero algo más: que el sudario –que cubría el rostro del difunto\, lo dejaba incognoscible– estaba envolviendo un «cierto lugar» (el templo\, la institución que había decretado la muerte de Jesús). Cuando el primer discípulo entró y comprobó todo por sí mismo («vio»)\, interpretó los signos y creyó (cf. Jn 1\,7; 11\,25-27): el designio eterno del Padre se realizó en Jesús\, tal como él lo había prometido. La tiniebla no pudo extinguir la luz (cf. Jn 1\,5).\n\nLa vida que brilló en Jesús «ilumina a todo hombre llegando al mundo» (Jn 1\,9). Bañarse en esta luz implica despojarse de la «tiniebla» con sus perversas obras y practicar el amor fiel\, al estilo de Jesús (cf. Jn 3\,19-21)\, que es revelación auténtica de Dios (cf. Jn 1\,18).\nEl cumplimiento de la promesa de Jesús exige el «éxodo» de las tinieblas a la luz.\nCuando la promesa de Jesús se cumple\, esto se verifica en un cambio de manera de ver y valorar la realidad\, más allá de las apariencias\, y se traduce en la alegría de la vida y en la rectitud de la conducta. Somos testigos de una persona\, no de una idea. Damos testimonio con la vida\, antes que con las palabras. Por eso\, la comunión eucarística nos capacita para vivir alegres a pesar de las adversidades\, con la seguridad de que la tiniebla jamás extinguirá la luz. Esa luz brilla en esta navidad ante nuestros ojos «con renovado resplandor»\, para que crezca nuestra alegría.\nFeliz Navidad. Dios está con nosotros.
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SUMMARY:28 de diciembre. Fiesta de los Santos Inocentes.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la primera carta del apóstol san Juan (1\,5–2\,2): \nOs anunciamos el mensaje que hemos oído a Jesucristo: Dios es luz sin tiniebla alguna. Si decimos que estamos unidos a él\, mientras vivimos en las tinieblas\, mentimos con palabras y obras. Pero\, si vivimos en la luz\, lo mismo que él está en la luz\, entonces estamos unidos unos con otros\, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia los pecados. Si decimos que no hemos pecado\, nos engañamos y no somos sinceros. Pero\, si confesamos nuestros pecados\, él\, que es fiel y justo\, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado\, lo hacemos mentiroso y no poseemos su palabra. Hijos míos\, os escribo esto para que no pequéis. Pero\, si alguno peca\, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo\, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados\, no sólo por los nuestros\, sino también por los del mundo entero. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 123\,2-3.4-5.7b-8 \nR/. Hemos salvado la vida\,\ncomo un pájaro de la trampa del cazador \nSi el Señor no hubiera estado de nuestra parte\,\ncuando nos asaltaban los hombres\,\nnos habrían tragado vivos:\ntanto ardía su ira contra nosotros. R/. \nNos habrían arrollado las aguas\,\nllegándonos el torrente hasta el cuello;\nnos habrían llegado hasta el cuello\nlas aguas espumantes. R/. \nLa trampa se rompió\, y escapamos.\nNuestro auxilio es el nombre del Señor\,\nque hizo el cielo y la tierra. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (2\,13-18): \nCuando se marcharon los magos\, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate\, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise\, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.»\nJosé se levantó\, cogió al niño y a su madre\, de noche\, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo\, para que saliera de Egipto.» Al verse burlado por los magos\, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo\, en Belén y sus alrededores\, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Un grito se oye en Ramá\, llanto y lamentos grandes; es Raquel que llora por sus hijos\, y rehúsa el consuelo\, porque ya no viven.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\n28 de diciembre: Los mártires inocentes.\nEn la octava de Navidad.\n\nLa época en la que nació Jesús no tiene nada de idílica. Herodes fue un déspota que hizo huir al extranjero a varias familias\, miradas por él con suspicacia; los nueve años que duro el etnarcado de su hijo Arquelao –tan parecido a su padre– marcaron un período bastante triste\, pero él no tenía jurisdicción en Galilea\, sino en Judea\, Samaría e Idumea. Así que la vida de Jesús surge en una convivencia social en la que la vida humana se valoraba en función de los intereses del rey.\nJosé es asociado a la figura del patriarca del mismo nombre\, quien salvó a su familia de la muerte llevándosela a Egipto hasta que pasara la calamidad\, para retornar luego a la tierra prometida. El niño personifica a Israel\, y María encarna la Iglesia\, la nueva comunidad portadora del Mesías.\n\n1. Primera lectura (1Jn 1\,5-2\,2): Cumplimiento.\nDios es totalmente positivo («luz»: φῶς)\, sin rasgo negativo alguno («tiniebla»: σκοτία). Esta es la mejor síntesis de «la noticia» (ἡ ἀγγελία) de Jesús a sus discípulos\, a la que ellos prestaron oído (creyeron). La comunidad al mismo tiempo lo «anuncia» y lo «devela» (el verbo ἀναγγέλλωtiene ambas acepciones)\, no en forma de explicación escolar\, sino con su testimonio. La «luz» es una metáfora compleja\, que se refiere al amor\, que es la verdad de Dios\, y que da vida.\nNo podemos ilusionarnos con profesiones de fe hechas de palabra; decir que estamos unidos a él y «caminar en la tiniebla» (ser cómplices de la injusticia) es una solemne mentira que niega toda verdad a esa profesión de palabra. «Hacer la verdad» consiste en vivir el amor\, y eso es lo que le da coherencia a la conducta del cristiano. La metáfora del «caminar» se refiere al seguimiento de Jesús\, o a cualquier otro sentido que se le dé a la propia vida. «Caminar en la luz»\, a imitación de Jesús\, genera la convivencia fraterna; y la sangre de Jesús (el Espíritu Santo) nos da la verdadera pureza\, que consiste en vivir y convivir en el amor\, progresivamente liberados del pecado.\nPero eso no significa que seamos ajenos a toda responsabilidad en relación con la injusticia que hay en «el mundo» del cual hemos salido\, no podemos afirmar que «no tenemos pecado»; eso sería extraviarnos y creernos lo que no somos. Si reconocemos nuestra relación con esa injusticia\, Dios –fiel y justo– cumple su promesa y nos perdona\, y con su amor elimina la injusticia interior que daña nuestra comunión con él y nuestra convivencia con los demás. Negar de tajo nuestra relación con «el pecado» (la injusticia del «mundo») sería negar el perdón de Dios y declarar inútil la muerte liberadora de Jesús. A los cristianos nos identifica el hecho de «caminar en la luz». Pero si afirmáramos que jamás hemos sido partícipes de la injusticia social declararíamos embustero a Dios –quien denuncia el pecado como resistencia a su amor–\, y esto indicaría que no hemos aceptado su mensaje. Nos presentamos ante el «mundo» como pecadores perdonados; con esto declaramos que salimos del «mundo» por haber aceptado la «noticia» de Jesús.\nEl propósito presente es romper con toda injusticia\, pero\, en caso de que alguno\, por cualquier motivo\, incurriera en ella\, Jesús mantiene la oferta del perdón a quienes se acojan a él. El autor de la carta\, con su trato afectuoso («hijitos»)\, invita a la confianza en Jesús como «defensor» del que camina en la luz (cf. 1Jn 1\,7) como opción fundamental de su vida.\n\n2. Evangelio (Mt 2\,13-18): Promesa.\nMateo presenta el anuncio y la promesa del nuevo y definitivo «éxodo»\, el «éxodo» de Jesús\, el Mesías. Lee la historia contemporánea en el trasfondo de la proto-historia del pueblo e interpreta el presente arrojando luz sobre el futuro. El ángel del Señor sitúa la escena en contexto de éxodo y relaciona estos hechos con la esclavitud que sufrieron en Egipto\, pero –en un giro sorpresivo– ahora se invierte el itinerario: el punto de partida es la tierra prometida\, y el de llegada es Egipto\, justamente. La tierra de la libertad se volvió tierra de opresión\, y el antiguo país de la esclavitud es ahora refugio para la vida. Hay que realizar una nueva noche de pascua y emprender un nuevo éxodo\, ahora hacia el mundo pagano. Jesús va a retomar la vida y la vocación del pueblo\, y ahora va a reescribir su historia. Aquí hay implícita la promesa del nuevo y definitivo éxodo\, que libera de la muerte. El poder\, hoy como ayer\, aquí como allá\, reaccionará del mismo modo: oprimiendo la vida y provocado en su entorno asesinato y lamentos (cf. Isa 5\,7).\nEl llanto y los lamentos de las víctimas inocentes vienen a ser la única salida de un poder que se descubre inestable e inseguro y\, por eso\, se muestra agresivo y violento. Esa es la lógica del poder despótico: matar para sobrevivir. Por eso Herodes\, que históricamente descartó a sus posibles rivales\, incluso a los de su familia\, matándolos\, ahora aparece como opuesto al reinado del Mesías y buscando eliminarlo. Pero esa estela de muerte y dolor es su derrota. El exterminio de los niños inocentes\, además de innecesario\, se revela inútil e ineficaz. Queda patente con eso la falta de inteligencia que padece el poder enfermizo y aferrado al miedo como instrumento de dominio y argumento para amedrentar a sus presuntos rivales.\nEl evangelista describe un hecho que se convierte en paradigma del ensañamiento que realiza el poder despótico en contra de sus víctimas\, indefensas además de inocentes. Así son «los reinos del mundo»\, los que rechaza Jesús (Mt 4\,8-10). El reino de Dios no es «oposición» a «los reinos del mundo»\, sino verdadera alternativa a ellos; eso debe constar siempre.\n\nLa matanza de los inocentes deja claro que toda forma de poder despótico y tiránico de ayer y de hoy delata su propia debilidad con el atropello. Ninguna forma de poder\, aun la que se viste con ropaje religioso\, acepta que Jesús tenga cabida es sus feudos. Porque él les resulta incómodo a los que someten las libertades humanas y pretenden dominar las conciencias. Porque él no es domesticable y no se deja manipular al servicio de los mezquinos intereses de los poderosos. Por eso\, el poder atropella a los indefensos\, a los «pequeños»\, que son los destinatarios privilegiados del mensaje de Jesús. Pero no logra detener el éxodo del Mesías. Este ya no lo detiene nadie. La promesa de Jesús consiste en asegurarnos que la historia tiene un rumbo en cuyo recorrido van quedando descartados los regímenes inhumanos que atropellan la dignidad de las personas y que violan los derechos humanos.\nOramos hoy por los santos mártires inocentes de esta época. No nos dejemos arrastrar por la costumbre (pésima costumbre) de trivializar este día con bromas infantiles. Y unámonos a Jesús en el distanciamiento de ese poder despótico que se sirve a sí mismo.\nLa comunión eucarística nos exige «caminar en la luz» apartándonos de la injusticia del mundo y de toda complicidad con él.\nFeliz Navidad. Dios está con nosotros.
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