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SUMMARY:Solemnidad de Santa María\, madre de Dios.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de los Números (6\,22-27): \nEL Señor habló a Moisés:\n«Di a Aarón y a sus hijos\, esta es la fórmula con la que bendeciréis a los hijos de Israel:\n“El Señor te bendiga y te proteja\,\nilumine su rostro sobre ti\ny te conceda su favor.\nEl Señor te muestre tu rostro\ny te conceda la paz”.\nAsí invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 66 \nR/. Que Dios tenga piedad y nos bendiga. \nV/. Que Dios tenga piedad nos bendiga\,\nilumine su rostro sobre nosotros;\nconozca la tierra tus caminos\,\ntodos los pueblos tu salvación. R/. \nV/. Que canten de alegría las naciones\,\nporque riges el mundo con justicia\ny gobiernas las naciones de la tierra. R/. \nV/. Oh Dios\, que te alaben los pueblos\,\nque todos los pueblos te alaben.\nQue Dios nos bendiga; que le teman\ntodos los confines de la tierra. R/. \n\n\n\nSegunda lectura\n\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (4\,4-7): \nHermanos:\nCuando llegó la plenitud del tiempo\, envió Dios a su Hijo\, nacido de mujer\, nacido bajo la Ley\, para rescatar a los que estaban bajo la Ley\, para que recibiéramos la adopción filial.\nComo sois hijos\, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: «¡“Abba”\, Padre!». Así que ya no eres esclavo\, sino hijo; y si eres hijo\, eres también heredero por voluntad de Dios. \nPalabra de Dios \n\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Lucas (2\,16-21): \nEN aquel tiempo\, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José\, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo\, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.\nTodos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María\, por su parte\, conservaba todas estas cosas\, meditándolas en su corazón.\nY se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto\, conforme a lo que se les había dicho.\nCuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño\, le pusieron por nombre Jesús\, como lo había llamado el ángel antes de su concepción. \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n1 de enero: Maternidad divina de María.\nOctava de Navidad.\n\nLa vocación de Abraham implicaba un «éxodo» (salir de su tierra nativa) en busca de una tierra que Dios le mostraría\, y una promesa de pujante futuro (hacer de él un gran pueblo)\, sobre todo\, de expansiva bendición. La bendición\, en sí\, entraña el don y la conservación de la vida\, y es tan generosa que hará famoso a Abraham por la forma como otros percibirán su bendición\, hasta el punto de que su nombre se convertirá proverbialmente en fórmula de bendición\, algo así como: «¡Que seas bendito como lo fue Abraham!»\, o «¡Que Dios te bendiga como bendijo a Abraham!». Era de tal magnitud la bendición de Abraham que maldecirlo equivalía a maldecirse a sí mismo. Pero no solo es modelo de hombre bendecido\, sino portador de bendición para las naciones.\nEl nacimiento del Mesías es el cumplimiento pleno de la bendición para Abraham (cf. Lc 3\,34) y para todas las naciones (cf. Lc 24\,47). Y acontece como el nacimiento de Isaac\, en virtud de la promesa\, no por generación legal (cf. Lc 1\,32-37).\n\n1. Primera lectura (Nm 6\,22-27)\nEsta breve lectura nos remonta al relato de la creación (cf. Gn 1\,22.28) para recordarnos que desde que existe la vida –y sobre todo la vida humana– la creación está bendecida por Dios. Cuando Dios bendice\, da vida y da la capacidad de transmitirla. Esta bendición invoca tres veces el nombre del Señor (en el leccionario se omite una)\, lo cual confiere un carácter de plenitud a dicha bendición. Por origen\, antes que todo\, el pueblo del Señor es bendito. Y no hay maldición que valga. El uso de la segunda persona del singular para referirse al pueblo («te bendiga») es característico del estilo litúrgico tradicional\, sobre todo del Deuteronomio.\n«El Señor te bendiga y te guarde». Más importante que la bendición es la fuente de la misma. Si su origen es el Señor\, se refiere al Dios que sacó a Israel de Egipto; esto implica que la vida que se invoca con la bendición y que es el contenido de misma\, es una vida libre y feliz. El Señor es capaz de darla –eso está históricamente comprobado– y capaz de «guardar» al israelita en ella.\n«El Señor te muestre su rostro radiante y te conceda su favor». El «rostro radiante» equivale al «rostro sonriente»\, y desea su mirada complacida\, es decir\, el beneplácito del Dios de la alianza\, el que dio a Israel normas de vida y de convivencia para que fuera ante todos los pueblos testigo de una sabiduría (saber vivir y convivir) que causara admiración a las naciones.\n«El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz». El «rostro vuelto» hacia alguien implica dos cosas: mirar con simpatía y acoger con empatía. El Señor se complace en quien vive y convive con los demás de acuerdo con las exigencias de la alianza\, lo reconoce como auténtico miembro de su pueblo\, y le otorga la paz\, la armonía plena\, la felicidad.\n\n2. Segunda lectura (Ga 4\,4-7)\nLa bendición se fue dando a lo largo de los siglos\, pero tenía un plazo para entrar en pleno vigor: hasta el momento en que la humanidad se hiciera del todo adulta. Ese plazo se cumplió cuando Dios envió a su hijo en nuestra condición de humanos («nacido de mujer») y de esclavos («nacido bajo la Ley») para llevarnos a la condición de libres («para que rescatase a los súbditos de la Ley») y de hijos suyos («para que recibiéramos la condición de hijos»). Se trata de una acción liberadora y salvadora. No somos hijos de manera formal –por adopción de carácter legal\, externa–; somos realmente hijos\, porque Dios nos infundió su vida («el Espíritu de su Hijo»)\, y así quedamos facultados para llamar «Padre» a Dios. Ya no somos «esclavos»; en aquellas sociedades\, los hijos menores se equiparaban a los esclavos\, pero somos plenamente hijos\, con derecho a heredar la riqueza del Padre: la vida eterna. Esto sugiere que el cumplimiento de la promesa nos conduce a la plena adultez como hijos de Dios. El Espíritu nos hace maduros al capacitarnos para amar.\nLa bendición de Dios toma doble forma. Primera\, nos bendice con el Hijo\, en el cual nos acoge plenamente como nos encuentra\, y se hace uno como nosotros para estimularnos a ser como él. El papel de la madre («nacido de mujer») es decisivo\, porque garantiza que Dios asume nuestra condición humana concreta\, sin idealizaciones. Segunda\, nos bendice con su Espíritu\, con el cual nos infunde su vida para transformar\, desde dentro y radicalmente\, nuestra condición humana. El papel del Espíritu es definitivo\, porque en él se realiza la promesa\, ya que por él recibimos la vida en plenitud\, que es la máxima expresión de la bendición de Dios.\nEn definitiva\, al enviarnos al Hijo (v. 4) y al Espíritu (v. 6) Dios se da a sí mismo haciéndonos como él (el «hijo» es igual al padre)\, y partícipes de su riqueza: la vida en plenitud.\n\n3. Evangelio (Lc 2\,16-21)\nEsa vida\, que se nos da por Jesús\, nos viene por María. Y de manera asombrosa. Tras el anuncio de los ángeles\, los pastores van a verificarlo\, y a dar testimonio de lo que se les anunció: el amor de Dios da vida de modo muy asombroso. La primera reacción es de sorpresa general («todos los que lo oyeron quedaron sorprendidos»). En particular\, la madre siente que hay algo más que lo que dejan ver las primeras impresiones\, por eso se da a la tarea de «guardar» y «meditar» aquello («María\, por su parte\, conservaba el recuerdo de todo esto\, meditándolo en su interior»). Este hecho no se agota en su primer impacto: hay que profundizar para captar mejor sus alcances. La segunda reacción (la más destacada\, ya que va en el centro de las tres) es\, sin duda\, la de la madre. La tercera reacción es la de los pastores: como los ángeles\, ellos le dan gloria (le dan la razón) y alaban a Dios porque lo anunciado se cumplió tal como lo dijeron los ángeles. La salvación (vida) se hace presente en el niño rodeado del amor de su familia (o «envuelto en pañales») y excluido por la sociedad («recostado en el pesebre»).\n«A los ocho días»\, cuando tocaba hacer el rito religioso de la circuncisión\, «le pusieron de nombre Jesús». Esta imposición del nombre aparece aquí aceptada por todos\, pero el evangelista recuerda que ese fue el nombre que había indicado el antes de su concepción\, y precisamente a su madre\, quien quedó encargada de asignarle dicho nombre (cf. Lc 1\,31). La madre\, pues\, ha cumplido un papel activo en la aceptación del nombre con el cual habrá de ser conocido el Mesías enviado de Dios. Esto resalta aún más el valor del nombre de «Jesús»\, que significa «el Señor salva».\n\nTodavía muchos andan temerosos y angustiados por suposiciones supersticiosas (maldiciones\, «entierros»\, «espíritu de ruina» …)\, olvidando que su vida es ya una bendición de Dios\, y que es anterior y superior a cualquier daño que les quieran infligir. Otros permanecen en la esclavitud de la Ley y no logran conocer la autonomía y la libertad de los hijos de Dios ni experimentar el don del Espíritu que los hace herederos del Padre. Pero otros\, como María\, comprenden que la obra de Dios va más allá\, y que su asombroso amor todavía tiene muchas gratas sorpresas para sus hijos\, y no solo reciben esa vida\, sino que la transmiten a los demás. Al celebrar la octava de Navidad en coincidencia con el comienzo del año civil\, podemos invitar a la confianza\, porque en el futuro\, como en el pasado\, el Señor estará bendiciéndonos y cuidándonos\, y su sonriente rostro nos infundirá serenidad y nos dará la paz.\nEn la eucaristía recibimos el pan de vida\, y contraemos libre y gozosamente el compromiso de hacer lo mismo que Jesús\, dar vida comunicando el Espíritu a través de nuestro amor cristiano\, acordándonos así de él\, como María\, que en su corazón guardaba todo lo referente a él.\nFeliz Navidad. Feliz año nuevo en el Señor. Dios está con nosotros.
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SUMMARY:2 de enero.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la primera carta del apóstol san Juan (2\,22-28): \n¿Quién es el mentiroso\, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ése es el Anticristo\, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre. Quien confiesa al Hijo posee también al Padre. En cuanto a vosotros\, lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros. Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio\, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre; y ésta es la promesa que él mismo nos hizo: la vida eterna. Os he escrito esto respecto a los que tratan de engañaros. Y en cuanto a vosotros\, la unción que de él habéis recibido permanece en vosotros\, y no necesitáis que nadie os enseñe. Pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas –y es verdadera y no mentirosa– según os enseñó\, permanecéis en él. Y ahora\, hijos\, permaneced en él para que\, cuando se manifieste\, tengamos plena confianza y no quedemos avergonzados lejos de él en su venida. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 97 \nR/. Los confines de la tierra han contemplado\nla victoria de nuestro Dios \nCantad al Señor un cántico nuevo\,\nporque ha hecho maravillas:\nsu diestra le ha dado la victoria\,\nsu santo brazo. R/. \nEl Señor da a conocer su victoria\,\nrevela a las naciones su justicia:\nse acordó de su misericordia y su fidelidad\nen favor de la casa de Israel. R/. \nLos confines de la tierra han contemplado\nla victoria de nuestro Dios.\nAclama al Señor\, tierra entera;\ngritad\, vitoread\, tocad. R/.\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Juan (1\,19-28): \nÉste fue el testimonio de Juan\, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?»\nÉl confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.»\nLe preguntaron: «¿Entonces\, qué? ¿Eres tú Elías?»\nÉl dijo: «No lo soy.»\n«¿Eres tú el Profeta?»\nRespondió: «No.»\nY le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado\, ¿qué dices de ti mismo?»\nÉl contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”\, como dijo el profeta Isaías.»\nEntre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces\, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías\, ni Elías\, ni el Profeta?»\nJuan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis\, el que viene detrás de mí\, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.»\nEsto pasaba en Betania\, en la otra orilla del Jordán\, donde estaba Juan bautizando. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n2 de enero.\n\nLa promesa que Jesús encarna y propone no solo sorprende\, sino que también decepciona. Los círculos de poder esperaban un Mesías conforme a sus esquemas mentales\, a lo que ellos venían proponiendo e inculcándole al pueblo. Ellos esperaban que el Mesías llegara a acreditar lo que le enseñaban al pueblo como mensaje divino y que los certificara como representantes de Dios. No dudaban de que les ratificaría sus privilegios y legitimaría su predominio. Pero cuando Juan hizo sus exigencias de «enmienda» –que no les parecieron religiosas\, sino impertinentes– se sintió su reacción de desagrado e inconformidad. Y entonces «los violentos» optaron por oponerse al cumplimiento de la promesa (cf. Mt 11\,12-13).\nDel mismo modo han reaccionado dentro de las comunidades cristianas los que solapadamente alimentaban ambiciones de dominio y control y esperaban convertir la nueva fe en instrumento para lograr sus fines. Cuando el Espíritu de Jesús liberó interiormente a los hombres del miedo y de la culpa\, surgieron los «anticristos»\, con intenciones de amordazar al Espíritu.\nLos días previos a la celebración de la Epifanía ofrecen en el evangelio diversos testimonios que dan de Jesús desde Juan Bautista hasta los primeros llamados\, y la primera lectura confronta los auténticos testigos de Jesús («ungidos»: cf. 1Jn 2\,27) con sus opuestos («anticristos»: 1Jn 2\,18). El 7 de enero –antes o después de la Epifanía– comienzan los evangelios de «epifanías». \n1. Primera lectura: anticristos y testigos (1Jn 2\,22-28).\nProsigue la confrontación con el embustero\, es decir\, con el falso profeta\, «el anticristo». El autor lo presenta corporativamente\, como si fuera único\, aunque él advierte que son muchos (cf. 2\,18).\nEste «anticristo» colectivo niega que entre Jesús y el Padre se da una relación de igualdad en la conducta (Padre-Hijo) y\, por tanto\, en la común condición divina. Negarle al Hijo esa relación con el Padre es negar al Padre. No es una tesis académica («teológica»)\, es algo crucial: si la obra de Jesús no es atribuible a Dios como su fuente (cf. Jn 5\,18-20)\, entonces Jesús es un farsante y no hay salvación –por un lado–\, y –por el otro– Dios no es Padre ni tampoco respalda a Jesús. Quien reconoce a Jesús como Hijo acepta a Dios como Padre. No hay un Dios diferente a como lo presenta Jesús. O sea\, que el falso profeta («anticristo») imagina un ídolo cuando se representa a Dios de un modo diferente a como lo reveló Jesús. Dado que el falso profeta («anticristo») no es un individuo sino un colectivo numeroso y movido por intereses contrarios al amor que Jesús testimonió\, lo único que tiene en común ese colectivo es su oposición al amor entregado hasta la cruz; por lo demás\, cada falso profeta propone y defiende sus mezquinos intereses.\nLo que el autor afirma no es una opinión teológica\, sino una experiencia. Los destinatarios de la carta han experimentado el don del Espíritu y la vida nueva que él comunica; por eso afirman la realidad de esa vida como algo comprobado\, de tal modo que negar que Jesús es Hijo de Dios es negar su propia verdad vivida. En cambio\, si la comunidad permanece en el mensaje del amor comprometido que asimiló «desde el principio»\, conservará su unión con el Padre y con el Hijo por medio del Espíritu-amor\, el cual es garantía de vida eterna. Esta praxis certifica también la unción-consagración interior que mantiene en la verdad al creyente y su comunidad (verdad que es el amor) y\, por tanto\, en la unión con el Hijo. Así\, cuando la comunidad sea visitada por el Señor (se refiere a la venida salvadora del Señor en el caso de una persecución\, por ejemplo)\, se sentirá segura delante de él porque ha sido fiel en el amor. \n2. Evangelio: testimonio de Juan (Jn 1\,19-28)\nJuan\, en cuanto precursor del Señor\, se presenta como un profeta auténtico:\n1. Se niega a usurpar el puesto de Mesías. Tres negaciones\, cada vez más breves y tajantes de su parte\, descartan que él pretendiera ser tenido por el Mesías. No se identifica con las figuras de la expectativa de salvación que abrigaban los judíos\, porque él no se atribuye función salvadora.\n2. Se define a sí mismo como «una voz» que tiene carácter transitorio\, pero alternativo («desde el desierto») y que interpela a los personajes que lo interrogan (los dirigentes) acusándolos de ser los responsables de que el camino del Señor esté torcido («enderecen el camino del Señor»).\n3. Da testimonio a favor de Jesús explicando las diferencias entre uno y otro. Por eso afirma:\n• Que su bautismo en agua era –ciertamente– símbolo de muerte\, por medio del cual la gente se declaraba muerta para el orden injusto y\, por tanto\, rompía radicalmente con la institución judía.\n• Que el Mesías ya está presente\, pero ellos no lo conocen; que ese desconocido por ellos tiene derecho a ser el «esposo» del pueblo\, es decir\, va a pactar una nueva alianza\, y Juan no lo discute.\n• Que Juan es solo su precursor\, pero como tal tiene la misión de invitar a la gente a anhelar y a buscar una mejor calidad de vida\, signo de lo cual es su localización fuera del territorio judío.\nEs de advertir que el bautismo de Juan en el cuarto evangelio –a diferencia de lo que presentan los sinópticos– pone el énfasis en la desvinculación del orden social injusto (lo que más adelante el evangelista llamará «el pecado del mundo»)\, en tanto que los sinópticos enfatizan la enmienda individual de vida. El bautismo aquí significa una distancia crítica en relación con la institución religioso-política de Judea\, que encarna la «tiniebla» que sofoca el anhelo de vida.\nLogrando que la gente crea que nació para disfrutar la vida en plenitud (felicidad)\, Juan despierta o provoca en las multitudes este deseo\, y con ese bautismo quiere liberarlas de las instituciones que le cierran el camino hacia Dios. Declarar que él no es quién para desatarle las sandalias a ese enviado de Dios con función liberadora y salvadora (nueva alianza) entraña una advertencia para los dirigentes. Por eso Juan bautiza «al otro lado del Jordán»\, por fuera de la institución infiel. \nEl verdadero profeta se propone emancipar a la gente de sus opresores; el falso\, por el contrario\, pretende integrarla a un sistema de dominación que es idolátrico. Criterio de vital importancia en todo tiempo: imposible ser precursor del Señor y aliado de sistemas explotadores\, opresores y envilecedores del ser humano. El autor de la carta –al presentar como un solo personaje a los que él sabe que constituyen un colectivo– quiere dar a entender que todos los «anticristos» van tras el mismo objetivo: imponerse\, imponer sus criterios\, imponer sus costumbres\, y deslegitimar lo que no se avenga con su postura. No los mueve el amor\, sino el interés. Pero aducen razones religiosas para proceder como lo hacen\, como los dirigentes\, que tuercen el camino del Señor.\nTambién esto estaba previsto y anunciado por el Señor (cf. Jn 16\,1-4). Por eso\, quien comulga con él debe amar con un amor semejante al de su Señor\, que es liberador y salvador.\nFeliz Navidad. Dios está con nosotros.
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SUMMARY:3 de enero.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la primera carta de Juan (2\,29;3\,1-6): \nSi sabéis que él es justo\, reconoced que todo el que obra la justicia ha nacido de él. Mirad que amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios\, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos\, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que\, cuando él se manifieste\, seremos semejantes a él\, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esperanza en él se purifica a sí mismo\, como él es puro. Todo el que comete pecado quebranta también la ley\, pues el pecado es quebrantamiento de la ley. Y sabéis que él se manifestó para quitar los pecados\, y en él no hay pecado. Todo el que permanece en él no peca. Todo el que peca no le ha visto ni conocido. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 97\,1.3cd-4.5-6 \nR/. Los confines de la tierra han contemplado\nla victoria de nuestro Dios \nCantad al Señor un cántico nuevo\,\nporque ha hecho maravillas;\nsu diestra le ha dado la victoria\,\nsu santo brazo. R/. \nLos confines de la tierra han contemplado\nla victoria de nuestro Dios.\nAclama al Señor\, tierra entera\,\ngritad\, vitoread\, tocad. R/. \nTañed la cítara para el Señor\nsuenen los instrumentos:\ncon clarines y al son de trompetas\naclamad al Rey y Señor. R/.\n\n\nEvangelio\nLectura del santo Evangelio según san Juan (1\,29-34): \nAl día siguiente\, al ver Juan a Jesús que venía hacia él\, exclamó: «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Trás de mí viene un hombre que está por delante de mí\, porque existía antes que yo.” Yo no lo conocía\, pero he salido a bautizar con agua para que sea manifestado a Israel.»\nY Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado el Espíritu que bajaba del cielo como una paloma\, y se posó sobre él. Yo no lo conocía\, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él\, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.” Y yo lo he visto\, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n3 de enero.\n\nNegar que Jesús es «el Hijo de Dios» no es refutar un aserto teológico\, es el intento de dejar sin piso una experiencia de vida. Como Hijo\, Jesús reveló al Padre\, que es el único Dios que merece ese nombre: el Dios que no solo da el ser a las cosas\, sino que le comunica su vida al hombre y lo eleva a la condición de «hijo»\, también. Esta realidad se vive dándole adhesión a Jesús de modo definitivo\, adhesión que obtiene\, como respuesta divina\, el don del Espíritu Santo\, que Dios da a través de Jesús. El Espíritu establece la sintonía del hombre con Dios a través de Jesús\, por lo que el hombre no solo vive como el Padre (es hijo)\, sino que convive con los demás al estilo de Jesús (es su hermano y servidor). Esto es lo que quieren suprimir los «anticristos» al negar que Jesús es Hijo de Dios. \n1. Primera lectura: cumplimiento (1Jn 2\,29-3\,6).\nConociendo rectamente al Mesías\, se puede deducir quién es verdaderamente seguidor suyo\, no por lo que dice\, sino por el modo como vive y convive.\nLa relación con Dios también tiene un sello característico: ser «hijo» suyo. Esta filiación es fruto de un amor sin igual\, porque no se trata de una mera reputación\, sino de una auténtica realidad: somos realmente hijos\, porque él\, por amor nos infundió su vida (el Espíritu).\nAhí radica la razón por la que «el mundo» rechace a los hijos de Dios como rechazó al Hijo. Es que «el mundo» rechaza también a ese Dios que se revela como Padre y que quiere la plenitud de la vida para sus hijos.\nLa alegría\, la libertad y la rectitud muestran a las claras que ya se goza de esa condición de hijo. Sin embargo\, esa condición es dinámica\, en cierto modo inagotable; aún no se ha manifestado plenamente lo que significa ser «hijo de Dios»\, ya que la meta definitiva es ser semejantes a él\, a través de la experiencia directa de su ser. Ser hijo de Dios es una realidad con mucho futuro\, y esa esperanza es la que dinamiza el propósito de identificarse con él\, para parecerse cada vez más a él. Esa configuración se logra siguiendo a Jesús.\nEl pecado\, en cuanto se opone al éxodo\, es «rebeldía» contra Dios\, porque él quiere que el ser humano alcance la plenitud de la vida. Jesús se manifestó para quitar el pecado\, por consiguiente\, él nada tiene en común con el pecado (cf. Jn 8\,46). Estar en comunión con él es ruptura radical con el pecado\, y andar en el pecado es no conocer a Jesús \n2. Evangelio: promesa (Jn 1\,29-34).\nEl «testimonio a favor de la luz» (Jn 1\,7) se consigna primero de manera sintética (cf. Jn 1\,15) y ahora se desarrolla. En ambos casos\, el horizonte es universal y aplicable en todo tiempo y lugar\, abierto a toda la humanidad a lo largo de la historia y a lo ancho de la tierra. Este testimonio se data «al día siguiente» del interrogatorio a Juan (v. 29)\, y conecta con su síntesis (v. 30)\, en donde aparece como un eco permanente del mismo en la comunidad cristiana. Para destacar cuál es el testimonio de Juan en sí mismo\, el redactor se vale de una estructura narrativa concéntrica que los especialistas han determinado\, y que sitúa en su centro la medula de dicho testimonio:\na) Afirmación respecto de Jesús (v. 29).\nb) Alusión a una afirmación anterior (v. 30)\nc) Reconocimiento de desconocimiento previo (v. 31)\n• Contemplación de la bajada del Espíritu sobre Jesús (v. 32)\nc’) Reconocimiento de desconocimiento previo (v. 33a)\nb’) Alusión a una afirmación anterior (v. 33b)\na’) Afirmación respecto de Jesús (v. 34).\nLa expresión «el Cordero de Dios que va a quitar el pecado del mundo» formula la misión de Jesús en clave de éxodo; alude al cordero cuya carne les sirvió a los israelitas de alimento para salir de Egipto\, y cuya sangre los libró del exterminio. Jesús realiza el designio de Dios por su muerte liberadora y salvadora. «El pecado del mundo» consiste en la aceptación pasiva de «la tiniebla»\, es decir\, en adherirse a esa actitud que impide la búsqueda de la propia plenitud\, sea negando la posibilidad de lograrla (la ideología embustera) o haciéndola imposible (la praxis de violencia) Y esto no es invento de Juan\, sino revelación que él recibió del Dios que lo envió a invitar al pueblo a romper con la injusticia de la sociedad («el que me envió a bautizar»).\nJuan declara que esa misión de Jesús corresponde a una unción del Espíritu Santo directamente conferida por Dios («desde el cielo»)\, de lo cual él –como enviado de Dios– da testimonio. Esa unción tiene un significado único\, sugerido con la comparación del descenso de la paloma: Jesús es el «lugar» en el que el Espíritu se siente a sus anchas. La «contemplación» de Juan desentraña un significado más\, dado que los rabinos comparaban el cernirse del Espíritu de Dios sobre las aguas (cf. Gen 1\,2) con el aleteo de la paloma sobre su nido: Jesús es el hombre nuevo\, con él se da comienzo a la nueva creación\, la del hombre-espíritu (cf. Jn 3\,6). Él es el hombre-Dios.\nJuan insiste en que\, al igual que sus oyentes\, él llegó a reconocer a Jesús por revelación de Dios\, quien –al mandarlo a bautizar con agua– le anunció que su Enviado no solo estaría ungido por el Espíritu Santo\, sino que lo comunicaría\, y que de esa manera quitaría el pecado del mundo\, o sea\, su acción consistiría en darles a las personas la capacidad de emanciparse interiormente del dominio de «la tiniebla»\, tanto en su aspecto ideológico embustero como su praxis violenta. Ese es el testimonio que deja: que Jesús es «el Hijo de Dios»\, así entendido. \nEl creyente tiene los pies puestos en la tierra y la mirada fija en Jesús. No está entusiasmado por una idea (o ideología) ni por una ilusión (o ficción)\, sino por una persona. No lo imita\, como se hace con los personajes de moda\, sino que lo sigue\, identificándose con él en el ser y el quehacer\, en el vivir y el convivir. Y esto es posible gracias al Espíritu que él comunica\, Espíritu que le da la experiencia directa del amor del Padre y lo capacita para amar del mismo modo que es amado.\nY mientras se mantenga arraigado en esa experiencia\, al creyente no le interesan las discusiones de palabras ni las disputas de eruditos. Solo le interesa la experiencia de seguir al Señor. Esto es lo que entusiasma su vida y la dinamiza con la esperanza de un futuro ahora inimaginable.\nPor lo pronto\, renueva su decisión de configurarse con el Señor mediante la escucha fiel de su mensaje y la comunión expresada sacramentalmente al comer la eucaristía.\nFeliz Navidad. Dios está con nosotros.
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SUMMARY:4 de enero.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la primera carta del apóstol san Juan (3\,7-10): \nHijos míos\, que nadie os engañe. Quien obra la justicia es justo\, como él es justo. Quien comete el pecado es del diablo\, pues el diablo peca desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo. Todo el que ha nacido de Dios no comete pecado\, porque su germen permanece en él\, y no puede pecar\, porque ha nacido de Dios. En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo el que no obra la justicia no es de Dios\, ni tampoco el que no ama a su hermano. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 97 \nR/. Los confines de la tierra han contemplado\nla victoria de nuestro Dios \nCantad al Señor un cántico nuevo\,\nporque ha hecho maravillas:\nsu diestra le ha dado la victoria\,\nsu santo brazo. R/. \nRetumbe el mar y cuanto contiene\,\nla tierra y cuantos la habitan;\naplaudan los ríos\, aclamen los montes. R/. \nAl Señor\, que llega para regir la tierra.\nRegirá el orbe con justicia\ny los pueblos con rectitud. R/.\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Juan (1\,35-42): \nEn aquel tiempo\, estaba Juan con dos de sus discípulos y\, fijándose en Jesús que pasaba\, dice: «Éste es el Cordero de Dios.»\nLos dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y\, al ver que lo seguían\, les pregunta: «¿Qué buscáis?»\nEllos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro)\, ¿dónde vives?»\nÉl les dijo: «Venid y lo veréis.»\nEntonces fueron\, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés\, hermano de Simón Pedro\, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»\nY lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón\, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n4 de enero\n\nSe llama «pecado» a la injusticia desde el punto de vista de Dios. Y consiste en oprimir\, reprimir o suprimir la vida en el ser humano. Quienes solo conocen la injusticia\, quieren que desaparezca de su vida personal y de la convivencia social. Quienes\, además\, conocen a Dios y saben que la injusticia es «pecado»\, tienen motivos más profundos para erradicarla. Padecer la injusticia aleja a muchos de Dios\, porque piensan equivocadamente que si él no actúa contra ella es cómplice de la misma\, o no puede luchar contra ellas\, o\, por lo menos\, le es indiferente. Experimentar el amor de Dios lleva a la íntima convicción de que ese amor es incompatible con la injusticia\, que Dios no solo quiere erradicarla\, sino que está comprometido en hacerlo; por eso\, el encuentro con Dios requiere una preparación que consiste en proponerse la supresión de toda injusticia.\nEl interés auténtico por la persona de Jesús comienza con el deseo de erradicar la injusticia\, o el «pecado del mundo». Hay que conocer en qué plano se mueve él\, porque hay muchas propuestas para suprimir la injusticia social. Y hay que vivir la experiencia del Padre a través del Espíritu del Hijo para conocer la propuesta de Dios. No se trata de ideología\, sino de vida. \n1. Primera lectura: cumplimiento (1Jn 3\,7-10).\nLos «anticristos» extravían a la gente separando la doctrina de la conducta\, pero resulta que esta es la que exterioriza lo que hay dentro del hombre\, sus convicciones\, sus valores\, sus adhesiones. Quien practique la justicia se asemeja a Jesús; quien comete el pecado es del «diablo» (διάβολος)\, el embustero\, el calumniador. El «diablo»\, que es el inspirador de los «anticristos»\, es embustero desde el principio (cf. Jn 8\,44; Gn 3\,1ss; Ap 12\,9). Ellos se disfrazan de profetas\, pero lo que los mueve es el interés egoísta de riqueza\, de dominio o de vanagloria (cf. 1Jn 2\,16)\, y pronuncian el nombre del Señor Dios «en falso» (cf. Ex 20\,7). El Hijo de Dios se manifestó precisamente para deshacer las obras del diablo\, denunciando la mentira («tiniebla») y la violencia (sus «obras»). El alcance de esta afirmación hace ver que la obra liberadora y salvadora de Jesús aniquila ese orden injusto en sus propias raíces\, en el «corazón» humano. No se trata de la mera superstición\, aunque la incluye\, porque la superstición\, por ser mentira\, es «tiniebla»\, sino a todo lo que implique a la vez mentira y violencia. Y el orden injusto apela a ambas para establecerse y consolidarse.\nPor consiguiente\, el que vive como hijo de Dios («quien vive como nacido de Dios») no comete pecado\, porque el Espíritu de Dios\, el «germen» de vida divino\, lo libera del poder del pecado\, y lo hace de manera tan radical que le resulta imposible hacerse cómplice del pecado del mundo. Así se puede establecer quién es «hijo» de Dios y quién es «hijo» del diablo. Practicar la justicia es amar al hermano; no amar al hermano es practicar la injusticia y\, por tanto\, no ser de Dios. \n2. Evangelio: promesa (Jn 1\,35-42).\nUna nueva determinación temporal («al día siguiente») data la narración ya en el tercer día de una «semana» que evoca la de la primera creación. En tanto que la figura de Juan se describe estática\, la de Jesús aparece dinámica (Juan «estaba»\, Jesús «caminaba»)\, indicio de que ya este último dio comienzo a su andadura\, su misión está en progreso.\nCon Juan estaban «dos de sus discípulos»\, a los cuales dirigió su testimonio respecto de Jesús\, el mismo que el día anterior dio sin destinatarios determinados; y así indujo a sus discípulos a que siguieran a Jesús. El precursor cumple su misión. Ha despertado en sus seguidores el ansia de la plenitud de vida\, y ahora les señala al que va a satisfacerla.\nHay un trecho del recorrido sin contacto. Jesús tomó la iniciativa preguntándoles por el objetivo de su búsqueda tras él\, y ellos manifestaron interés por conocer su morada permanente\, el lugar de su reposo. La respuesta de Jesús a esa inquietud es una invitación a «venir» y a «ver»\, es decir\, a seguirlo y\, en el seguimiento\, conocer por experiencia la respuesta a su inquietud. Ellos lo han llamado «Maestro»\, y se encuentran con un maestro que enseña en el camino y en la praxis. Su enseñanza es procesual y vital\, no teórica y abstracta. Desde el principio quedan notificados de que sin compromiso activo no hay discipulado posible. Hecha la experiencia del seguimiento y del conocimiento directo\, deciden quedarse con él\, cuando ya estaba para declinar ese día\, o sea\, cuando la historia de la primera alianza está llegando a su final. Pasaron de Juan a Jesús.\nAndrés («varonil»\, en el sentido de «adulto») es uno de los dos; el otro permanece innominado y\, después\, será identificado como «el discípulo predilecto»\, siempre sin nombre. Andrés salió a compartir su experiencia con su hermano de sangre\, e identificó a Jesús como «el Mesías». Pero Simón no reaccionó\, simplemente se dejó llevar. Jesús se fijó en él y lo identificó de dos modos: primero\, como «el hijo de Juan»\, es decir\, como el «discípulo de Juan» por excelencia; segundo\, por el sobrenombre con el que será conocido: «Cefas» (arameo כֵּיפָא\, que significa «piedra»\, en el sentido de «duro»\, «testarudo»). Simón todavía no da el paso.\nEl papel del discípulo innominado («el discípulo predilecto») se sitúa como testigo de todo esto desde el principio\, y esto lo califica como seguidor de Jesús. Pero su papel decisivo estará en los relatos de la pasión y de la recurrección. \nLa condición de discípulo de Juan Bautista se concreta en dos hechos: la fe dada al «testimonio a favor de la luz» (cf. Jn 1\,6-7) y el compromiso por «enderezar el camino del Señor» (cf. Jn 1\,23). Esto entraña el anhelo de plenitud de vida y la exigencia de justicia. El evangelio presenta a tres discípulos de Juan en relación con Jesús: Andrés\, dispuesto a compartir para crear solidaridad y lograr la igualdad que responda a las necesidades básicas de la sociedad (cf. Jn 6\,8-9); Simón\, el hermano de Andrés\, que apelará a la violencia para reclamar justicia (cf. Jn 18\,10-11)\, que por lo mismo será desautorizado por Jesús; por eso Simón se decepcionará de Jesús y lo negará (cf. Jn 18\,15-27)\, aunque finalmente aceptará su amor (cf. Jn 21\,15-19); y el discípulo innominado\, luego llamado «el discípulo predilecto»\, que acompañó a Jesús hasta la cruz (cf. Jn 13\,23; 18\,15; 19\,26).\nEl paso de Juan a Jesús no es cronológico\, sino espiritual. Hay que «nacer de nuevo» (cf. Jn 3\,7) para dar ese paso. «El pecado del mundo» no se erradica con mentira\, ni con ira ni indiferencia\, sino con un amor activo\, dispuesto al don de sí mismo\, como lo hace Dios\, no exterminando a los pecadores\, sino ofreciéndoles su Espíritu por medio del Hijo\, para que cada uno tenga en sí mismo la libertad y la capacidad para romper con ese pecado\, y libremente lo decida. «La ira del hombre no realiza la justicia de Dios» (St 1\,20)\, sino que lo hace «hijo del diablo».\nEsa diferencia es la que Jesús quiere mostrarnos\, y por eso en el sacramento de la eucaristía nos invita a solidarizarnos con él. Desde fuera no podemos captar dicha diferencia.\nFeliz Navidad. Dios está con nosotros.
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SUMMARY:Solemnidad de la Epifanía del Señor.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de Isaías (60\,1-6): \n¡LEVÁNTATE y resplandece\, Jerusalén\,\nporque llega tu luz;\nla gloria del Señor amanece sobre ti!\nLas tinieblas cubren la tierra\,\nla oscuridad los pueblos\,\npero sobre ti amanecerá el Señor\,\ny su gloria se verá sobre ti.\nCaminarán los pueblos a tu luz\,\nlos reyes al resplandor de tu aurora.\nLevanta la vista en torno\, mira:\ntodos ésos se han reunido\, vienen hacia ti;\nllegan tus hijos desde lejos\,\na tus hijas las traen en brazos.\nEntonces lo verás\, y estarás radiante;\ntu corazón se asombrará\, se ensanchará\,\nporque la opulencia del mar se vuelca sobre ti\,\ny a ti llegan las riquezas de los pueblos.\nTe cubrirá una multitud de camellos\,\ndromedarios de Madián y de Efá.\nTodos los de Saba llegan trayendo oro e incienso\,\ny proclaman las alabanzas del Señor. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 71 \nR/. Se postrarán ante ti\, Señor\, todos los pueblos dé la tierra. \nV/. Dios mío\, confía tu juicio al rey\,\ntu justicia al hijo de reyes\,\npara que rija a tu pueblo con justicia\,\na tus humildes con rectitud. R/. \nV/. En sus días florezca la justicia\ny la paz hasta que falte la luna;\ndomine de mar a mar\,\ndel Gran Río al confín de la tierra. R/. \nV/. Los reyes de Tarsis y de las islas\nle paguen tributo.\nLos reyes de Saba y de Arabia\nle ofrezcan sus dones;\npostrense ante él todos los reyes\,\ny sirvanle todos los pueblos. R/. \nV/. Él librará al pobre que clamaba\,\nal afligido que no tenía protector;\nél se apiadará del pobre y del indigente\,\ny salvará la vida de los pobres. R/. \n\n\n\nSegunda lectura\n\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (3\,2-3a.5-6): \nHermanos:\nHabéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor de vosotros\, los gentiles.\nYa que se me dio a conocer por revelación el misterio\, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos\, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos\, miembros del mismo cuerpo\, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo\, por el Evangelio. \nPalabra de Dios \n\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Mateo (2\,1-12): \nHabiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes\, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:\n«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».\nAl enterarse el rey Herodes\, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país\, y les preguntó dónde tenia que nacer el Mesías.\nEllos le contestaron:\n«En Belén de Judea\, porque así lo ha escrito el profeta:\n“Y tú\, Belén\, tierra de Judá\,\nno eres ni mucho menos la última\nde las poblaciones de Judá\,\npues de ti saldrá un jefe\nque pastoreará a mi pueblo Israel”».\nEntonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella\, y los mandó a Belén\, diciéndoles:\n«ld y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y\, cuando lo encontréis\, avisadme\, para ir yo también a adorarlo».\nEllos\, después de oír al rey\, se pusieron en camino y\, de pronto\, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.\nAl ver la estrella\, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa\, vieron al niño con Maria\, su madre\, y cayendo de rodillas lo adoraron; después\, abriendo sus cofres\, le ofrecieron regalos: oro\, incienso y mirra.\nY habiendo recibido en sueños un oráculo\, para que no volvieran a Herodes\, se retiraron a su tierra por otro camino. \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nSolemnidad de la Epifanía del Señor. \nCelebramos a Jesús Mesías\, «luz grande» que vio el pueblo que habitaba en tinieblas y brilló para los que habitaban en tierra y sombras de muerte (cf. Mt 4\,16). Quizás por influjo del salmo 72 (vv. 10-11.15)\, desde finales del siglo VI se ha supuesto que los «magos» de los que habla Mateo eran «reyes». Y\, por los tres dones que enumera\, se ha supuesto que eran tres: Melkon (Melchor en Occidente)\, que reinó sobre los persas; Baltasar\, que reinó sobre los indios\, y Gaspar\, que fue dominador de los países árabes. Pero la realidad del relato es otra\, y su mensaje\, como siempre\, sorprendente.\nEn el pueblo hebreo los «magos» eran considerados lo peor de la raza humana\, porque tenían fama de embaucadores y mentirosos\, así como en la sociedad judía los «pastores» también tenían mala reputación. Lo que Lucas dice de los excluidos en la sociedad judía es lo que afirma Mateo de los mismos en la sociedad humana. \nMt 2\,1-12.\nEl relato\, después de una breve noticia introductoria\, presenta tres escenas y una breve noticia conclusiva.\n1. Noticia introductoria.\nDespués de haberse extendido en el modo del nacimiento de Jesús Mesías\, Mateo informa el lugar de este hecho y su datación aproximada. Por un lado\, nace como estaba anunciado\, en la aldea de Belén; por el otro\, nace en tiempos en que reina en Judea un rey idumeo\, rey ilegítimo\, porque no desciende del rey David.\n2. La presencia de los magos.\nMateo señala con énfasis (ἰδού) la súbita presencia de personajes aún más extraños que Herodes: unos magos\, hecho desconcertante y molesto no solo en Judea\, sino sobre todo en Jerusalén\, la ciudad santa de los judíos. La magia era una actividad condenada en la Biblia\, y los magos eran despreciados porque\, además de paganos\, eran corruptos\, tenían fama de charlatanes y ladrones. La incomodidad que causa su irritante presencia estalla como una bomba cuando explican lo que hacen allí: buscan al rey de los judíos que acaba de nacer para rendirle homenaje. Es natural que el rey Herodes\, tan celoso de su poder\, se sobresaltara. Pero también se sobresaltó la ciudad que padecía su dominio\, en vez de alegrarse. Tal vez porque presentía lo que Herodes sería capaz de hacer para salvaguardar su permanencia en el trono. Pero era posible que hubiera intereses en conflicto: el rey temía perder su trono; el pueblo presentía la purificación del templo.\n3. La reacción de los dirigentes.\nHerodes controla todo. Convoca a los sumos sacerdotes (el poder religioso) y a los letrados del pueblo (el poder ideológico) como si fueran ministros suyos\, y les hace una consulta: dónde tenía que nacer el Mesías. Prescinde de los «senadores»\, tercer componente del Consejo\, tal vez porque el asunto es de carácter religioso\, o\, al menos\, eso quiere hacer pensar él. Es claro que todos ellos entienden que ese rey recién nacido por el que preguntan los magos es el Mesías que anunciaron los profetas\, pero ellos ya no lo esperaban\, aunque sí los pobres del pueblo.\nLa respuesta a la consulta tiene precisión geográfica y solvencia académica. Con la cita precisa de la Escritura le indican al rey el lugar –que a partir de este hecho adquiere valor inusitado– y explicitan dos rasgos que les preocupan del Mesías: un «jefe» (ἡγούμενος\,ἡγεμῶν\, cf. Mt 10\,18)\, que se pensaba que iba a suplantar a Herodes\, y «pastor» (ποιμήν\, cf. 2Sam 5\,2) en acción\, que desplazaría a los dirigentes religiosos\, Su misión será reunir el pueblo para Dios.\nEl poder puso en marcha sus recursos para protegerse. Herodes se informó sobre la fecha del nacimiento y trató de utilizar clandestinamente a los magos para llegar hasta el niño\, declarando la falsa intención de rendirle homenaje. Los magos lo escucharon con intención de hacerle caso. Los engañadores resultan engañados por un rey ambicioso\, falsamente religioso y mentiroso.\n4. La búsqueda de los magos.\nLa estrella brilló en el Oriente\, pero su brillo no se percibía en Jerusalén. El dato de la Escritura\, a pesar de su precisión\, no movió ni al «jefe» político ni a los «pastores» religiosos. Los magos siguieron su búsqueda después de escuchar al rey. En Oriente se acostumbraba viajar de noche. Saliendo de Jerusalén\, la estrella vuelve a guiarlos hasta pararse encima de donde estaba el niño. En ese momento\, la estrella y el niño se identifican: «Ver la estrella les dio muchísima alegría»\, la que no sintieron en Jerusalén. «La casa» en la que ingresan es la comunidad donde él reina. Y\, como se acostumbraba en Israel\, la pareja real está formada por el rey y su madre (el hijo-rey\, la madre-reina). El homenaje es primero gestual: postración de rodillas; después\, es simbólico: le ofrecieron dones. Los dones explicitan el sentido del homenaje ritual como signo de acatamiento y alianza de amor (cf. Ct 3\,6-11):\n• El oro\, reconocimiento de su realeza (cf. Is 60\,1-6).\n• El incienso\, homenaje a «Dios con nosotros» (cf. Lv 2\,1-16).\n• La mirra\, metáfora del amor de alianza matrimonial (cf. Ct 1\,13; 5\,1.5).\nLo que hasta entonces había sido privilegio exclusivo de Israel\, el «pueblo santo»\, y vedado a los «profanos» paganos e «impuros» magos\, de ahora en adelante queda abierto a toda la humanidad; por muy indignos que se los juzgue\, todos los pueblos podrán rendirle homenaje a Dios en Jesús.\n5. Noticia conclusiva.\nDios interviene para liberar de otro astuto engaño a los que tenían reputación de embaucadores. No deben volver a Herodes. Así manifiesta Dios el cuidado de su amor tanto por el Mesías como por los que lo reconocen como tal.\nLa expresión «otro camino» se encuentra en 1Ry 13\,10\, en donde un hombre de Dios denuncia a un rey asesino en el santuario de Betel\, y después no acepta las dádivas del rey\, porque el Señor le había prohibido volverse «por el mismo camino» (13\,9). Es decir\, los magos reciben aviso de distanciarse de Jerusalén y del rey Herodes. \nEl misterio de la epifanía es manifestación del amor universal de Dios; universal no solo en su extensión\, sino también en calidad: para todos los pueblos\, y para toda clase de seres humanos. Esta noticia les resulta escandalosa a los hombres religiosos. Por eso los simples magos pudieron haber sido transformados en reyes\, para desviar la atención del estigma que pesaba sobre ellos como magos\, pero al precio de negar la universalidad del amor de Dios. Es frecuente escuchar salvedades o excepciones al amor de Dios. En teoría\, se admite que él ama a todos; pero\, en la práctica\, suelen hacerse distinciones\, o se ponen limitaciones\, o se establecen condiciones que\, a la larga\, restringen el alcance universal de ese amor de Dios.\nCelebrar la cena del Señor sin recordar que el Padre invitó a todos los excluidos de la sociedad al banquete de bodas de su Hijo\, a los excluidos de la humanidad y a los que se sentían indignos de ser invitados (cf. Lc 14\,21-23) para que se enmendaran y participaran de dicho banquete (cf. Lc 5\,29-32)\, es olvidar la universalidad del asombroso amor del Padre. No podemos permitirnos ese olvido\, porque oscureceríamos el misterio y suprimiríamos la misión.\n¡Feliz solemnidad de Epifanía!
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SUMMARY:6 de enero. O lunes después de Epifanía.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la primera carta del apóstol san Juan (3\,22–4\,6): \nCuanto pedimos lo recibimos de Dios\, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo\, y que nos amemos unos a otros\, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios\, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio. Queridos: no os fiéis de cualquier espíritu\, sino examinad si los espíritus vienen de Dios\, pues muchos falsos profetas han salido al mundo. Podréis conocer en esto el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios: es del Anticristo. El cual habéis oído que iba a venir; pues bien\, ya está en el mundo. Vosotros\, hijos míos\, sois de Dios y lo habéis vencido. Pues el que está en vosotros es más que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan según el mundo y el mundo los escucha. Nosotros somos de Dios. Quien conoce a Dios nos escucha\, quien no es de Dios no nos escucha. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 2\,7-8.10-12a \nR/. Te daré en herencia las naciones \nVoy a proclamar el decreto del Señor;\nél me ha dicho: «Tú eres mi Hijo:\nyo te he engendrado hoy.\nPídemelo: te daré en herencia las naciones\,\nen posesión\, los confines de la tierra.» R/. \nY ahora\, reyes\, sed sensatos;\nescarmentad\, los que regís la tierra:\nservid al Señor con temor\,\nrendidle homenaje temblando. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (4\,12-17.23-25): \nEn aquel tiempo\, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret\, se estableció en Cafarnaún\, junto al lago\, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí\, camino del mar\, al otro lado del Jordán\, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte\, una luz les brilló.»\nEntonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos\, porque está cerca el reino de los cielos.»\nRecorría toda Galilea\, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino\, curando las enfermedades y dolencias del pueblo. Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores\, endemoniados\, lunáticos y paralíticos. Y él los curaba. Y le seguían multitudes venidas de Galilea\, Decápolis\, Jerusalén\, Judea y Trasjordania. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\n6 de enero. \nComienzan los relatos de las manifestaciones (o «epifanías») de Jesús. En la tradición cristiana se conocen tres grandes epifanías: la manifestación a los magos venidos de oriente (cf. Mt 2\,1-12)\, que es la más universal; la manifestación a Juan Bautista\, y por medio de él a todo el pueblo de Israel (cf. Jn 1\,29-34); y la manifestación a sus discípulos (cf. Jn 2\,1-11). Todas tratan de mostrar a Jesús como el Enviado de Dios y comunicador del Espíritu Santo. O sea que la exhortación a la enmienda que hizo Juan no tenía la finalidad de proponer un escape a un supuesto castigo de Dios a la humanidad\, sino la de invitar a esa humanidad a quitar el obstáculo de la injusticia para que pudiera abrirse al don amoroso de Dios.\nLa promesa de Dios consiste en hacer al ser humano «hijo»\, heredero de su «gloria» (el Espíritu). Jesús es el modelo\, y el Espíritu es la fuerza interior para ir logrando la condición de «hijo». La tarea del creyente es doble: ante todo\, «vencer el mundo» rechazando sus valores y\, sobre todo\, sus modelos de convivencia injusta; en segundo lugar\, «dar su adhesión al Hijo de Dios»\, es decir\, reconocer a Jesús como revelación de Dios en rostro humano. Para vencer el mundo hay que dar la adhesión a Jesús y a su propuesta alternativa de convivencia\, el reino de Dios. \n1. Primera lectura: discernimiento (1Jn 5\,5-13).\nLa fe en Jesús\, que produce en nuevo nacimiento (cf. 1Jn 5\,1)\, obtiene el don del Espíritu\, que es la fuerza de vida que procede del amor del Padre\, y esta experiencia cambia de raíz la vida y los valores; y la adopción de los nuevos valores del reino lleva a despreciar los valores del mundo y a «vencer el mundo» por la adhesión a Jesús como Hijo de Dios (cf. Jn 16\,33).\nPara dar esa adhesión al Hijo\, el cristiano se apoya en tres testimonios:\n• el «agua»\, el bautismo en el que Jesús se ofreció a dedicar su vida al servicio de la humanidad hasta el don total de sí mismo\, ofrecimiento al que el Padre respondió ungiéndolo con su Espíritu y declarándolo «hijo mío»\, es decir\, igual a él;\n• la «sangre»\, el memorial de esa entrega de Jesús\, visible en la cruz y continuamente actualizada en las comunidades cristianas en la celebración de la eucaristía\, en donde el Espíritu se manifiesta a través de los mensajes proféticos;\n• y el «Espíritu» del Padre\, que él infunde en el corazón de cada creyente para mostrarle su amor\, y a través de los profetas da testimonio de la verdad de Dios\, que es su amor entrañable por la humanidad\, manifestado por Jesús.\nLos tres testimonios coinciden\, y tienen más fuerza que cualquier opinión humana\, porque es el testimonio que Dios mismo ha dado de su Hijo.\nTal testimonio resuena en el interior de cada creyente. Quien no da fe a Dios lo deja por mendaz al negarse a darle su adhesión al Hijo en cuanto tal. Ese testimonio consiste en que Dios da vida definitiva (el Espíritu) por medio del Hijo\, que se entregó por la humanidad. Quien se rehúsa a traducir en vida y convivencia su fe en el Hijo\, profesa un cristianismo falsificado. \n2. Evangelio: manifestación (Mc 1\,7-11).\nLa proclama de Juan presenta a Jesús como el que viene a realizar la nueva alianza entre Dios y el pueblo\, asumiendo él el papel de «esposo» del pueblo (cf. Mc 2\,19-20)\, papel que era atribuido a Dios en el Antiguo Testamento (cf. Ose 2\,4-25; Isa 54\,5-8; Jer 2\,2; Eze 16)\, y que Juan declara un derecho indiscutible de Jesús («no soy quién para agacharme a desatarle la correa de las sandalias» cf. Rut 4\,7-11). Además\, establece una diferencia entre los bautismos: el suyo («en agua»)\, que es símbolo de muerte –inmersión física en el agua–\, y el del que viene detrás de él\, («con Espíritu Santo»)\, que es signo de vida\, ya que entraña la «inmersión» –en sentido figurado– en la esfera divina. El primero es muerte al pecado\, el segundo es participación de la vida divina.\n«En aquellos días» (cf. Jer 31\,31)\, los de sellar precisamente esa nueva alianza\, cierto Jesús\, desde la ignota aldea de Nazaret\, situada en la desestimada Galilea\, llegó a sumarse al movimiento que protagonizaba Juan\, y este lo bautizó. Jesús\, sin embargo\, no se declaró pecador (cf. Mc 1\,5)\, es decir\, autor o cómplice de injusticia; su bautismo no es de enmienda. Él respaldó la exigencia de enmienda que hizo Juan\, pero fue más allá\, porque se ofreció a entregar su vida hasta la muerte (inmersión en agua) para conducir la humanidad por medio de su entrega\, muerte y resurrección al éxodo definitivo (cf. Mc 10\,38-39).\nSu ofrecimiento recibió inmediata respuesta del cielo: su subida del agua (que no se había dicho de los otros que se bautizaron) coincidió con el rasgarse del cielo y la bajada complacida («como paloma») del Espíritu hasta él. Y Dios lo declaró su Hijo (cf. Sal 2\,7)\, el amado (cf. Gen 22\,2)\, el depositario del favor divino con misión universal (cf. Isa 42\,1; 49\,1-13). \n2. Evangelio: manifestación (Lc 3\,23-38).\nJesús comenzó su misión a los treinta años –la edad del pleno vigor–\, a la misma edad en que el rey David comenzó su reinado de cuarenta años (cf. 2Sam 5\,4). La gente pensaba que él era hijo de José\, concepción de la que el autor se va a ocupar enseguida. «Hijo» no solo implica el hecho de la generación biológica\, sino la fidelidad a la tradición transmitida por el padre y la imitación de su conducta\, ya que el hijo toma al padre por modelo. Jesús no tiene a José por modelo\, y sus paisanos se dan cuenta de ello\, porque no se atiene a las tradiciones patrias\, sino que concibe y presenta a Dios de otro modo (cf. Lc 4\,22)\, y él es su único modelo de vida (cf. Lc 10\,22).\nEn su genealogía\, Lucas muestra que Jesús no viene de Dios a través de Adán hasta José\, sino directamente\, como un hombre nuevo (cf. Lc 1\,35). Asume la condición humana y su historia\, pero no es producto de ella.\nLa genealogía se presenta en orden ascendiente\, forma de decir que Jesús no es descendiente de los allí nombrados\, sino de Dios. Tiene 77 nombres\, que equivalen a once septenarios. Se trata de once «semanas» de generaciones. Dichos septenarios comienzan con los siguientes nombres: 1°) José\, 2°) José\, 3°) Matatías\, 4°) Salatiel\, 5°) Jesús\, 6°) José\, 7°) David\, 8°) Admín\, 9°) Abraham\, 10°) Salá\, y 11°) Henoc. Con Jesús comienza el 12° septenario que –según un escrito apócrifo (4Esd 14\,11-12\, latino)– corresponde a la era final del mundo. Jesús aparece en relación con la humanidad entera («Adán») y no solo con Israel («Abraham»). Él es como Adán\, que no tiene padre terrestre (cf. Lc 1\,35; 3\,22)\, y con él comienza un nuevo linaje humano. Sin embargo\, la mención de Adán no solo connota la relación de Jesús con el género humano\, sino también la relación filial del género humano con Dios. Entre el rey David y Salatiel no aparece nombre de rey alguno\, sino\, sobre todo\, nombres de profetas\, tal vez con el fin de desvincular a Jesús del mesianismo político (cf. Lc 4\,6). \nLa condición de «hijo» de Dios es designio eterno del Padre\, no una salida de última hora. Hasta Jesús\, nadie había vislumbrado tal posibilidad. Se pensaba\, incluso\, que solo rivalizando con Dios podrían los hombres arrebatar esa capacidad de ser como Dios. En el fondo de esta concepción estaba la suposición de que el principal atributo de Dios es el poder\, y entonces se pensaba que había que arrebatarle ese poder. La relación con Dios se hizo agónica a causa de esa trágica idea. Ahora\, después de que Jesús ha encarnado ese designio\, esa concepción perdura\, porque muchos se resisten a aceptar que el principal atributo de Dios es su amor universal\, gratuito y fiel.\nLa comunión con Jesús expresa la fe que vence el mundo. Por eso\, es incompatible la comunión con los valores del mundo. Quien comulga con Jesús muestra la sinceridad de su adhesión en el hecho de ir asumiendo sus valores y abandonando los del mundo.\nFeliz Navidad. Dios está con nosotros.
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SUMMARY:8 de enero. O martes después de Epifanía.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la primera carta del apóstol san Juan (4\,7-10): \nAmémonos unos a otros\, ya que el amor es de Dios\, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios\, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único\, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios\, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 71\,1-2.3-4ab.7-8 \nR/. Que todos los pueblos de la tierra\nse postren ante ti\, Señor \nDios mío\, confía tu juicio al rey\,\ntu justicia al hijo de reyes\,\npara que rija a tu pueblo con justicia\,\na tus humildes con rectitud. R/. \nQue los montes traigan paz\,\ny los collados justicia;\nque él defienda a los humildes del pueblo\,\nsocorra a los hijos del pobre. R/. \nQue en sus días florezca la justicia\ny la paz hasta que falte la luna;\nque domine de mar a mar\,\ndel Gran Río al confín de la tierra. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (6\,34-44): \nEn aquel tiempo\, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos\, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.\nCuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en despoblado\, y ya es muy tarde. Despídelos\, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer.»\nÉl les replicó: «Dadles vosotros de comer.»\nEllos le preguntaron: «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?»\nÉl les dijo: «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.»\nCuando lo averiguaron le dijeron: «Cinco\, y dos peces.»\nÉl les mandó que hicieran recostarse a la gente sobre la hierba en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de ciento y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces\, alzó la mirada al cielo\, pronunció la bendición\, partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron\, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n8 de enero.\nO martes después de Epifanía.El autor ha dicho repetidamente que el amor es el criterio fundamental para determinar quién es «hijo» de Dios\, o sea justo\, y que el odio identifica a los cometen la injusticia y\, por tanto\, son «hijos» del diablo. También ha dicho que el amor da vida y que el odio es homicidio. En esta disyuntiva aparecen también los profetas\, auténticos testigos de Dios\, y los «anticristos»\, falsos profetas que extravían a los inexpertos. El profeta auténtico está «ungido» (consagrado) por el Espíritu Santo\, es decir\, interiormente consagrado y guiado por la experiencia del amor de Dios; el «anticristo»\, en cambio\, está impulsado por una falsa inspiración\, es decir\, poseído por una ideología que se resiste a reconocer que «Jesús es el Mesías venido en carne».\nPara la fe cristiana este es un asunto vital\, porque el cristiano no considera el amor como un afecto de carácter emotivo\, sino como una experiencia que le salió al paso infundiéndole vida nueva\, que transformó su vida anterior y su mundo de valores\, y que lo hace capaz de amar del mismo modo como se siente amado por Dios (cf. Jn 1\,16). Porque ese amor demostrado y dado –que es el Espíritu Santo– existe en el mundo «por medio de Jesús Mesías» (Jn 1\,17). Y el cristiano está en capacidad de discernir su presencia y actividad en la historia.1. Primera lectura: discernimiento (1Jn 4\,7-10).\n«El amor viene de Dios» significa que Dios es el origen\, la fuente\, del amor. Esta afirmación es importante\, porque las ciencias humanas pueden explicar cómo se verifica el acto de amar\, pero no pueden explicar el origen mismo del amor. Y es porque el origen del amor está fuera del ser humano. El amor entre los humanos es experiencia de Dios. Por eso el autor establece tres afirmaciones que son como criterios de la autenticidad del amor cristiano:\n• Todo el que ama ha nacido de Dios\, es hijo de Dios. Esto se comprende de dos maneras: el amor da vida e imprime carácter. Es decir\, el amor que procede de Dios es comunicación o donación de Dios mismo; cuando Dios nos ama\, se nos da por medio de su Espíritu. Esta auto donación de Dios infunde su propia vida en el ser humano\, e imprime un dinamismo consecuente\, de modo que quien experimenta ese amor se comporta como Dios.\n• Todo el que ama conoce a Dios (aunque no lo sepa). En consecuencia\, la relación de amor que se da entre los seres humanos es ya «conocimiento» experimental de Dios\, incluso si la persona es indiferente en cuestiones religiosas o de fe. El que ama está movido por el Espíritu de Dios\, y en la medida en que se abre al amor más generoso en esa medida se abre a Dios y va creciendo en el conocimiento experimental de Dios.\n• El que no ama no tiene ni idea de Dios\, aun si alardea de saber mucho de él. El problema del «ateísmo»\, desde el punto de vista del autor\, no es cuestión ideológica\, sino vital. No amar es desconocer (no «conocer» y no querer «reconocer») al «otro» como objeto de respeto y de benevolencia\, y eso es odiarlo; y «quien odia a su hermano está en las tinieblas y camina en las tinieblas sin saber a dónde va\, porque las tinieblas le han cegado los ojos» (1Jn 1\,11).\nEl amor de Dios se manifestó en el don de sí para dar vida. Él tomó esa iniciativa «enviando al mundo a su Hijo único para tuviésemos vida». En esto consiste este amor\, y no en que nosotros hubiéramos amado antes a Dios –que es lo que define la religión–\, sino en que él nos demostró su amor enviándonos a su Hijo con el fin de dar al ser humano la libertad para amar («para que expiase nuestros pecados»). El amor no es un aspecto de Dios\, lo es todo.2. Evangelio: manifestación (Mc 6\,33-44).\nEl amor cristiano no es un sentimentalismo de estilo romántico. Es algo muy concreto\, que tiene en cuenta la situación de las personas. Jesús percibe su desorientación de inmediato. El ir y venir sin sentido de las gentes lo conmueve\, y se pone a enseñarles. Pero sus discípulos no sintonizan con él y pretenden que Jesús se desentienda de esa multitud. Él\, al contrario\, quiere que ellos se involucren y se den a la gente. Partir y compartir el pan es signo del don de sí mismo para dar vida. Cuando hay egoísmo\, hay temor; cuando amor\, hay generosidad. Jesús tiene que vencer cierta resistencia de los discípulos\, por eso el evangelista usa un verbo que expresa la resistencia de ellos y la firmeza de él («les ordenó») para que den paso al amor.\n• Lo primero es hacer «recostar» a todos: comer recostado es propio de hombres libres (los esclavos lo hacían de pie). Se trata de reconocer la común libertad que posibilita la amistad. Sin libertad e igualdad\, no hay manera de construir una sociedad realmente humana.\n• La hierba verde es símbolo de abundancia en la era del Mesías (cf. Sl 72\,16): donde ellos ven escasez\, Jesús ve abundancia. Los temores hacen imposible el ser generoso y dadivoso\, e impiden captar las bendiciones con las que Dios enriquece la tierra.\n• Los corros significan la igualdad entre los integrantes de cada grupo\, pero la gente se forma en cuadros\, como pidiendo un jefe. Se requiere la responsabilidad de cada uno para cambiar. Los pueblos necesitan ser educados para vivir en libertad e igualdad.\n• La «bendición» es una acción de gracias a Dios por sus dones\, y el compromiso de partir y compartir con los demás. Quien sabe agradecer es capaz de compartir lo suyo con los demás. La conciencia de haber recibido capacita y dispone para ser generoso.\n• El resultado es la satisfacción plena de todos y la posibilidad de invitar todavía a un pueblo entero («12 cestos llenos»). La generosidad genera sobreabundancia; el miedo\, acaparamiento y escasez. No es mezquina la mano de Dios\, sino la del hombre.\n• Esta generosidad del amor no solo sacia\, sino que realiza al ser humano llevándolo hasta su madurez: «5000 hombres adultos» significa «muchas personas aptas para el compromiso del amor». El número 50 sugiere el Espíritu; el 1000\, lo incontable.\nJesús se revela como el que puede llevar el ser humano a su plenitud personal y comunitaria. Y lo hace infundiendo su Espíritu Santo para que nos sintamos amados por Dios y dispuestos a amar nosotros a los demás de la misma forma en que nos sentimos amados por él. \nEl amor entre nosotros es mucho más que un sentimiento\, es una actitud de entrega de uno mismo que brota de la experiencia de haber sido beneficiario de una entrega personal (sentido de la «bendición») con generosidad desbordante («hierba verde») y con propósito liberador («recostarse») para formar comunidades de iguales («corros») en las que se comparte el don de Dios para la vida («panes»\, «peces») a fin de lograr la propia plenitud y el propio desarrollo humano. Ese amor viene de Dios.\nEl pan que partimos y compartimos en la eucaristía es memoria de la entrega por amor que Jesús hizo de sí mismo\, entrega de la cual nos invita a tomar parte por la comunión con él para hacer lo mismo en conmemoración de él.\nFeliz día.
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SUMMARY:9 de enero. O miércoles después de Epifanía.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la primera carta del apóstol san Juan (4\,11-18): \nSi Dios nos amó de esta manera\, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amarnos unos a otros\, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él\, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios\, Dios permanece en él\, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor\, y quien permanece en el amor permanece en Dios\, y Dios en él. En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del juicio\, pues como él es\, así somos nosotros en este mundo. No hay temor en el amor\, sino que el amor perfecto expulsa el temor\, porque el temor mira el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 71\,1-2.10-11.12-13 \nR/. Se postrarán ante ti\, Señor\, todos los pueblos de la tierra \nDios mío\, confía tu juicio al rey\,\ntu justicia al hijo de reyes\,\npara que rija a tu pueblo con justicia\,\na tus humildes con rectitud. R/. \nQue los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo.\nQue los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones;\nque se postren ante él todos los reyes\,\ny que todos los pueblos le sirvan. R/. \nÉl librará al pobre que clamaba\,\nal afligido que no tenía protector;\nél se apiadará del pobre y del indigente\,\ny salvará la vida de los pobres. R/.\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según San Marcos (6\,45-52): \nDespués que se saciaron los cinco mil hombres\, Jesús en seguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida\, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos\, se retiró al monte a orar. Llegada la noche\, la barca estaba en mitad del lago\, y Jesús\, solo\, en tierra. Viendo el trabajo con que remaban\, porque tenían viento contrario\, a eso de la madrugada\, va hacia ellos andando sobre el lago\, e hizo ademán de pasar de largo. Ellos\, viéndolo andar sobre el lago\, pensaron que era un fantasma y dieron un grito\, porque al verlo se habían sobresaltado.\nPero él les dirige en seguida la palabra y les dice: «Ánimo\, soy yo\, no tengáis miedo.»\nEntró en la barca con ellos\, y amainó el viento. Ellos estaban en el colmo del estupor\, pues no habían comprendido lo de los panes\, porque eran torpes para entender. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\n\nPrimera lectura\nLectura de la primera carta del apóstol san Juan (4\,11-18): \nSi Dios nos amó de esta manera\, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amarnos unos a otros\, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él\, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios\, Dios permanece en él\, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor\, y quien permanece en el amor permanece en Dios\, y Dios en él. En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del juicio\, pues como él es\, así somos nosotros en este mundo. No hay temor en el amor\, sino que el amor perfecto expulsa el temor\, porque el temor mira el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 71\,1-2.10-11.12-13 \nR/. Se postrarán ante ti\, Señor\, todos los pueblos de la tierra \nDios mío\, confía tu juicio al rey\,\ntu justicia al hijo de reyes\,\npara que rija a tu pueblo con justicia\,\na tus humildes con rectitud. R/. \nQue los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo.\nQue los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones;\nque se postren ante él todos los reyes\,\ny que todos los pueblos le sirvan. R/. \nÉl librará al pobre que clamaba\,\nal afligido que no tenía protector;\nél se apiadará del pobre y del indigente\,\ny salvará la vida de los pobres. R/.\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según San Marcos (6\,45-52): \nDespués que se saciaron los cinco mil hombres\, Jesús en seguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida\, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos\, se retiró al monte a orar. Llegada la noche\, la barca estaba en mitad del lago\, y Jesús\, solo\, en tierra. Viendo el trabajo con que remaban\, porque tenían viento contrario\, a eso de la madrugada\, va hacia ellos andando sobre el lago\, e hizo ademán de pasar de largo. Ellos\, viéndolo andar sobre el lago\, pensaron que era un fantasma y dieron un grito\, porque al verlo se habían sobresaltado.\nPero él les dirige en seguida la palabra y les dice: «Ánimo\, soy yo\, no tengáis miedo.»\nEntró en la barca con ellos\, y amainó el viento. Ellos estaban en el colmo del estupor\, pues no habían comprendido lo de los panes\, porque eran torpes para entender. \nPalabra del Señor
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SUMMARY:10 de enero. O jueves después de Epifanía.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la primera carta del apóstol san Juan (4\,19–5\,4): \nNosotros amamos a Dios\, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Amo a Dios»\, y aborrece a su hermano\, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano\, a quien ve\, no puede amar a Dios\, a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: Quien ama a Dios\, ame también a su hermano. Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Dios que da el ser ama también al que ha nacido de él\, En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues en esto consiste el amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no\, son pesados\, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 71\,1-2.14.15bc.17 \nR/. Se postrarán ante ti\, Señor\, todos los pueblos de la tierra \nDios mío\, confía tu juicio al rey\,\ntu justicia al hijo de reyes\,\npara que rija a tu pueblo con justicia\,\na tus humildes con rectitud. R/. \nÉl rescatará sus vidas de la violencia\,\nsu sangre será preciosa a sus ojos.\nQue recen por él continuamente\ny lo bendigan todo el día. R/. \nQue su nombre sea eterno\,\ny su fama dure como el sol;\nque él sea la bendición de todos los pueblos\,\ny lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según San Lucas (4\,14-22a): \nEn aquel tiempo\, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas\, y todos lo alababan. Fue a Nazaret\, donde se había criado\, entró en la sinagoga como era su costumbre los sábados\, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y\, desenrollándolo\, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí\, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres\, para anunciar a los cautivos la libertad\, y a los ciegos\, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.» Y\, enrollando el libro\, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él.\nY él se puso a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.» Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\n10 de enero.\nO jueves después de Epifanía.\n\nEl «mundo» con el cual rompe Jesús comienza en la sinagoga en donde no hay sintonía con el designio de Dios. De él se esperaba fidelidad a la tradición\, pero él subordinó esa tradición al amor universal de Dios. Ese «mundo se extiende a la sociedad entera en cuanto está basada en criterios egoístas y no da cabida al amor ni en las variadas expresiones de la cultura\, ni en sus instituciones públicas. En particular\, el «mundo» se afirma de modo escandaloso cuando\, bajo la forma de fanatismo religioso\, practica la injusticia invocando el nombre de Dios.\n\n1. Primera lectura: discernimiento (1Jn 4\,19-5\,4).\nEl ser humano puede amar si antes ha sido amado. Para amar como Dios\, es preciso primero haber experimentado su amor\, experiencia que se tiene cuando –después de haberle dado fe a Jesús– se recibe el don del Espíritu Santo; y la autenticidad de esa experiencia se define en la calidad del amor al hermano\, porque esta es la única forma de corresponder al amor divino. Es decir\, el amor de Dios no confina al ser humano en una relación cerrada\, sino que lo abre a la relación con sus semejantes. El amor de Dios se muestra verdadero cuando el amor a él se traduce en entrega de sí mismo al «hermano». La «verdad» del amor de Dios está en juego en la realidad del amor a los semejantes. Sin este amor\, el amor a Dios es mentira\, ya que se basa en una ilusión: «no ama a su hermano a quien esta viendo\, a Dios\, a quien no ve\, no lo puede amar». Por eso Jesús planteó esa exigencia\, que es el apremio interior que brota de la experiencia del Espíritu (cf. Jn 13\,34-35). Más que mandato\, es irreprimible impulso interior.\nLa adhesión a Jesús como Ungido o Enviado de Dios hace hijo de Dios al creyente porque este recibe el Espíritu\, que le infunde nueva vida\, y él lo lleva a amar a los otros hijos de Dios. La autenticidad del amor a los hijos de Dios se determina en el hecho de aceptar las exigencias del amor de Dios\, las cuales no son imposiciones exteriores\, sino reclamos interiores ante las urgencias de justicia que tienen las personas\, urgencias que son atendidas teniendo en cuenta las notas propias del amor de Dios (universalidad\, gratuidad\, fidelidad). Esto no es difícil si se rompe de veras con los valores del mundo por coherencia con la adhesión de fe a Jesús. En eso consiste la victoria sobre el mundo: en romper con él\, en «salirse» de él (nuevo éxodo): «Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. No amar es quedarse en la muerte…» (cf. 1Jn 3\,13).\n\n2. Evangelio: manifestación (Lc 4\,14-22a).\nEsta «epifanía» de Jesús da testimonio de forma gozosa\, franca y valiente el designio eterno del Dios a quien Israel llamaba «el Señor» desde la salida de Egipto.\nLo que impulsa a Jesús es «la fuerza del Espíritu»\, es decir\, el irresistible amor del Padre\, que desde joven era su prioridad indiscutible (cf. Lc 2\,49) y que le había sido ratificado después de su bautismo (cf. Lc 3\,22); amor que él puso por encima de todo interés personal\, porque su decisión es realizar siempre en la tierra el designio del Padre (cf. Lc 4\,1-12).\nLa manifestación que tiene lugar consiste en afirmar que el Padre cumple la promesa de vida y libertad que hizo a Abraham en términos de «descendencia» y «tierra». Inicialmente\, todos reaccionaron con desconcierto a sus propuestas (cf. Lc 2\,47)\, pero\, en términos generales\, la opinión pública le era favorable (cf. Lc 2\,52; 4\,15). Así que su presencia en la sinagoga de la población en la que creció generó expectativas. A todos les pareció bien que hiciera la lectura y dirigiera la exhortación correspondiente. Él escogió el texto de Is 61\,1-2\, que se consideraba anuncio mesiánico de «el Profeta»\, anunciado por Moisés (cf. Deu 18\,15-19).\nSin embargo\, Jesús no leyó el texto tal como estaba escrito. Evitó mencionar los «corazones desgarrados» (Isa 61\,1c)\, o sea\, los castigados por haber abandonado al Señor (cf. Isa 65\,14)\, e insertó en su lugar la misión de «poner en libertad a los oprimidos» (cf. Isa 58\,6d)\, en abierta oposición al culto ritual (cf. Isa 58\,6abc) y suprimió el anuncio del «día del desquite de nuestro Dios» (Isa 61\,2b)\, evidente amenaza contra los paganos. O sea\, nada de venganza del Señor\, ni contra los impíos de dentro\, ni contra los paganos de fuera; pero sí el mayor énfasis posible en la liberación humana. Jesús se presenta como epifanía del Señor (Dios de Israel)\, y excluye del todo los rasgos de venganza y rencor con los que ellos se lo representaban.\nEl Mesías no es solo liberador de los judíos sino de todos los oprimidos: la nueva sociedad (profetizada como «el año de gracia del Señor») es incluyente. Esa era la promesa de Dios\, y Jesús anuncia su cumplimiento. Para todos es una gracia\, no hay oráculo de desgracia. Y este distanciamiento de la larga tradición sinagogal causa extrañeza y le trae la reprobación general. Pero él está animado por el Espíritu Santo\, y –como ninguno en la sinagoga– conoce bien al Padre (cf. Lc 10\,24). No le preocupa perder su aceptación social con tal de dar testimonio del Dios verdadero. Para él\, lo primero son los asuntos de su Padre (cf. Lc 2\,49).\nSer testigos del amor universal del Padre es el más alto honor\, pero el mundo los castiga con el rechazo excluyente y aduce fidelidad religiosa cuando atropella a esos testigos.\n\nEl amor de Dios solo se le hace posible al que le da su adhesión sincera a Jesús. Esa adhesión permite «vencer» el mundo (cf. 1Jn 5\,5)\, es decir\, superar el apego a los valores egoístas que producen «el pecado del mundo» (cf. Jn 1\,29) y «nacer de Dios» (cf. 1Jn 4\,7; 5\,1) por el don del Espíritu Santo (cf. Jn 3\,5-6). La victoria sobre el mundo tiene algo de paradójico: cuando el mundo cierra el cerco sobre los discípulos de Jesús y los aprieta hasta asfixiarlos\, parecería que el mundo vence\, pero es entonces cuando confirma su fracaso\, porque\, así como Jesús venció el mundo\, así también lo vencen los suyos: resucitando (cf. Jn 16\,33).\nLa experiencia del amor de Dios conduce al seguidor de Jesús por un camino que no transita la mayoría\, porque la mayoría sigue el «espíritu del mundo»\, tiene espiritualidad mundana. La espiritualidad mundana ha sido denunciada repetidamente\, y en muchos círculos eclesiásticos esta denuncia no ha sido recibida con simpatía. Esa reacción es antigua. Ya se produjo contra Jesús en la sinagoga\, y no es de extrañar que se produzca contra los suyos en alguna iglesia.\nLos peores fanatismos son los que pretenden justificarse invocando el nombre de Dios\, o su palabra\, o la «recta doctrina» o las «sanas costumbres»\, porque nada es tan perverso como el hecho de legitimar el atropello al ser humano apelando a una supuesta autoridad divina.\nLos que celebramos la eucaristía tenemos el desafío de la coherencia con el amor de Dios tal como él es\, como se manifiesta en la cruz de Jesús: en fidelidad al Padre y con feroz rechazo por parte del mundo.\nFeliz día.
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SUMMARY:11 de enero. O viernes después de Epifanía.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la primera carta del apóstol san Juan (5\,5-13): \n¿Quién es el que vence al mundo\, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Éste es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No sólo con agua\, sino con agua y con sangre; y el Espíritu es quien da testimonio\, porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los testigos: el Espíritu\, el agua y la sangre\, y los tres están de acuerdo. Si aceptamos el testimonio humano\, más fuerza tiene el testimonio de Dios. Éste es el testimonio de Dios\, un testimonio acerca de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios tiene dentro el testimonio. Quien no cree a Dios le hace mentiroso\, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y éste es el testimonio: Dios nos ha dado vida eterna\, y esta vida está en su Hijo. Quien tiene al Hijo tiene la vida\, quien no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Os he escrito estas cosas a los que creéis en el nombre del Hijo de Dios\, para que os deis cuenta de que tenéis vida eterna. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 147\,12-13.14-15.19-20 \nR/. Glorifica al Señor\, Jerusalén \nGlorifica al Señor\, Jerusalén;\nalaba a tu Dios\, Sión:\nque ha reforzado los cerrojos de tus puertas\,\ny ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/. \nHa puesto paz en tus fronteras\,\nte sacia con flor de harina.\nÉl envía su mensaje a la tierra\,\ny su palabra corre veloz. R/. \nAnuncia su palabra a Jacob\,\nsus decretos y mandatos a Israel;\ncon ninguna nación obró así\,\nni les dio a conocer sus mandatos. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (5\,12-16): \nUna vez\, estando Jesús en un pueblo\, se presentó un hombre lleno de lepra; al ver a Jesús cayó rostro a tierra y le suplicó: «Señor\, si quieres puedes limpiarme.»\nY Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero\, queda limpio.» Y en seguida le dejó la lepra.\nJesús le recomendó que no lo dijera a nadie\, y añadió: «Ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés para que les conste.»\nSe hablaba de él cada vez más\, y acudía mucha gente a oírle y a que los curara de sus enfermedades. Pero él solía retirarse a despoblado para orar. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\n11 de enero.\nO viernes después de Epifanía.\n\nEl «mundo» es una realidad que se atrinchera en el «corazón»\, es decir\, en lo más profundo y permanente del ser humano\, a través de la educación y la cultura. Llega a constituirse en un modo de pensar y de actuar «desde siempre»\, desde que la persona tiene conciencia de sí\, ya que creció pensando y actuando de esa manera. Por eso se da la paradoja de que las víctimas del «mundo» sean sus primeros defensores. Eso implica que el «mundo» no se puede cambiar desde fuera del individuo\, sino desde dentro; hay que llegar a su «corazón» y darle «motivos» para cambiar\, es decir\, hay que imprimir en su ser una «motivación» superior\, más fuerte que el influjo del mundo\, para que el individuo se decida a cambiar. Esa «motivación» es lo que\, en la espiritualidad cristiana\, se conoce como «mociones del Espíritu Santo». Mocionado por el Espíritu –motivado por él–\, el ser humano es capaz de «salirse» del mundo.\n\n1. Primera lectura: discernimiento (1Jn 5\,5-13).\nLa victoria sobre el «mundo» se da por el paso a través del agua y la sangre. Jesús lo venció no solamente por la recepción del Espíritu en el bautismo (inmersión en agua)\, símbolo de su ruptura con el mundo por amor a la humanidad\, sino también por el compromiso de amor llevado hasta la muerte\, y una muerte violenta y deshonrosa: en la cruz (inmersión en sangre). El Espíritu\, a través de los profetas de todas las comunidades\, sigue dando testimonio a su favor\, y «el Espíritu es la verdad» de Dios. Esto significa tres cosas:\n• El amor de Dios\, experimentado por cada uno en su comunidad a través del Espíritu Santo\, identifica al creyente con Jesús y lo lleva a una entrega como la suya. El cristiano se convierte en testigo personal del Señor que vive en su corazón. Así testifica el Espíritu a favor de Jesús.\n• Los profetas en las comunidades cristianas certifican la validez de esa experiencia y exhortan a los discípulos del Señor a perseverar en ella como muestra de su fidelidad a él. Testimonio que edifica y confirma las comunidades. También así testifica el Espíritu a favor de Jesús.\n• Las celebraciones del bautismo («agua») y de la eucaristía («sangre»)\, al mismo tiempo que son declaraciones de fe en Jesús\, concretan la forma como el Espíritu configura con Jesús a los creyentes y los hace de los suyos. Y esta es otra declaración del Espíritu a favor de Jesús.\nEse testimonio –por proceder de fuera del «mundo»– tiene más valor y fuerza que cualquier otro\, porque su origen está en Dios. Al mismo tiempo\, –porque «saca» del mundo– no puede proceder del «mundo». Negarse a dar fe a ese Dios que se manifiesta en Jesús es declararlo embustero. El contenido de dicho testimonio es que Dios nos ha dado vida definitiva\, y que esa vida está en su Hijo\, de manera que\, como Padre e Hijo\, son inseparables. Eso significa que la victoria sobre el mundo tiene dos aspectos indivisibles:\n• La experiencia interior (en el «corazón») del amor de Dios\, experiencia que es liberadora y salvadora\, y\n• El compromiso de amor a la humanidad\, que convierte la comunidad cristiana en alternativa al «mundo».\n\n2. Evangelio: manifestación (Lc 5\,12-16).\nEl compromiso de Jesús consiste en llevar el amor de Dios a los excluidos a riesgo de ser él excluido por parte de los responsables de que exista la exclusión en nombre de Dios. En este relato no se habla de «curar» sino de «limpiar»\, es decir\, de hacer «puro» al «impuro»\, o sea\, de reintegrar a la asamblea «santa» o «pura» al excluido por prejuicios religiosos.\nEl leproso era el prototipo del excluido por motivos religiosos; se consideraba maldito por Dios a causa de su calamitosa afección. Por eso\, no podían vivir en las poblaciones sino fuera de ellas (cf. Lev 13\,45-46; Num 5\,2-3; 2Rey 7\,3-4). Sin embargo\, hay que aclarar que no todo lo que en la Biblia se denomina «lepra» lo es\, ya que esta enfermedad solo fue científicamente definida en 1873 por el médico noruego Gerhard Hansen\, y confirmada en 1881 por Alberto Neisser\, bacteriólogo alemán. Así que muchas de esas «lepras» son solo afecciones cutáneas.\nLo primero que resulta extraño es que este «leproso» esté en uno de aquellos pueblos. No se trata –entonces– de un leproso físico\, sino de un excluido por motivos religiosos. Sabe que Jesús puede limpiarlo (devolverle la comunión con Dios y con su pueblo) y se lo pide. Jesús extiende la mano\, gesto propio del Dios del éxodo\, el liberador (cf. Ex 6\,6; 15\,42; Jr 17\,5)\, lo toca y declara que quiere que quede limpio. Luego\, dice el evangelista: «y enseguida la lepra se apartó de él» (καὶεὐθέωςἡ λέπρα ἀπῆλθεν ἀπʼαὐτοῦ): el querer de Jesús aparta la exclusión. Pero él ha violado la Ley tocando al impuro\, y esto puede dar pie a que los que justifican la exclusión en nombre de Dios la emprendan contra ambos. Por eso:\n• le mandó no decírselo a nadie\, porque todavía no estaba en capacidad de dar testimonio de la libertad de Jesús ante la Ley de Moisés. Solo quien haya hecho la experiencia del amor de Dios puede entender que de él no proviene esa prescripción que excluye al hombre y prohíbe el trato con él (marginación del «leproso» y prohibición de tocarlo). Jesús lo declaró «limpio» («puro»)\, pero el «leproso no le ha dado su adhesión de fe y\, por tanto\, todavía no ha recibido el don del Espíritu Santo\, que le permitiría conocer por experiencia ese amor de Dios.\n• lo envió a comprobar que los sacerdotes\, promotores de dicha exclusión\, siguen duros de corazón: la prescripción de Moisés fue «en testimonio contra ellos» (εἰς μαρτύριον αὐτοῖς). Obsérvese la diferencia: μαρτύριον es testimonio en contra; μαρτυρία\, testimonio a favor. En las palabras de Jesús hay un reproche a las instituciones de Israel. De hecho\, Jesús le atribuye esa prescripción y su intención a Moisés. Lo que él manifiesta es que el amor de Dios descarta tanto la prescripción como la motivación de la misma\, que es la aversión al «leproso».\nEsta libertad suya\, que pone el bien del hombre por encima de la Ley\, le granjea el favor de multitudes de excluidos que acuden a él en búsqueda de su mensaje y de su amor liberador. Aparece ahora el verbo «curar» (θεραπεύω): denota el cuidado\, la atención que Jesús le brinda a la gente por amor. Se observa que la acción de «curar» no aparece vinculada a la fe\, sino a la escucha del mensaje de Jesús. Su enseñanza alivia el sufrimiento de la gente.\nEn vez de regodearse en la popularidad\, se retira a orar\, porque va a dar el mensaje del amor universal de Dios\, y es posible que los mismos excluidos lleguen a rechazarlo.\n\nEl amor cristiano\, siendo universal\, se verifica (se hace verdadero) en el compromiso a favor de los excluidos. Es gratuito\, no exige contraprestación alguna. Y se mantiene fiel incluso ante el riesgo personal. No es una demostración de poder sino un generoso testimonio de entrega de sí mismo. Por eso no basta la ruptura simbólica con el mundo (agua)\, por real que ella sea; es necesario rubricarla con la propia entrega (sangre)\, para lo cual es menester vivir la experiencia personal y comunitaria del Espíritu Santo. Eso es lo que deberían ser nuestras celebraciones eucarísticas: un estímulo para comprometerse en el amor al estilo de Jesús.\nFeliz día.
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SUMMARY:12 de enero. O sábado después de Epifanía.
DESCRIPTION:Primera lectura\n1 Jn 5\, 14-21\nQueridos hijos: La confianza que tenemos en Dios consiste en que\, si le pedimos algo conforme a su voluntad\, él nos escucha. Si estamos seguros de que escucha nuestras peticiones\, también lo estamos de poseer ya lo que le pedimos. \nSi alguno ve que su hermano comete un pecado de los que no llevan a la muerte\, que pida por él y le obtendrá la vida. Esto vale para los que cometen pecados que no llevan a la muerte\, porque hay un pecado que sí lleva a la muerte (por ése no digo que se pida). Toda mala acción es pecado\, pero hay pecados que no llevan a la muerte. \n\nSabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca\, sino que el Hijo de Dios lo protege\, y no lo toca el demonio. Sabemos que somos de Dios\, mientras que el mundo entero yace en poder del demonio. También sabemos que el Hijo de Dios ha venido ya y que nos ha dado inteligencia para conocer al Dios verdadero. Nosotros permanecemos fieles al único verdadero\, porque permanecemos en su Hijo Jesucristo. Él es el verdadero Dios y la vida eterna. Hijos míos\, no adoren a los ídolos.\n\n\n\n\n \n\n\n\n\nSalmo Responsorial\nSalmo 149\, 1-2. 3-4. 5 y 6a y 9b\nR. (4a)  El Señor es amigo de su pueblo.\nEntonen al Señor un canto nuevo\,\nen la reunión litúrgica proclámenlo.\nEn su creador y rey\, en el Señor\,\nalégrese Israel\, su pueblo santo.\nR. El Señor es amigo de su pueblo.\nEn honor de su nombre\, que haya danzas\,\nalábenlo con arpa y tamboriles.\nEl Señor es amigo de su pueblo\ny otorga la victoria a los humildes.\nR. El Señor es amigo de su pueblo.\nQue se alegren los fieles en el triunfo\,\nque inunde el regocijo sus hogares\,\nque alaben al Señor con sus palabras\,\nporque en esto su pueblo se complace.\nR. El Señor es amigo de su pueblo.\n\n\n\n \n\n\n\n\nAclamación antes del Evangelio\nMt 4\, 16\nR. Aleluya\, aleluya.\nEl pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz.\nSobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció.\nR. Aleluya.\n\n\n\n \n\n\n\n\nEvangelio\nJn 3\, 22-30\nEn aquel tiempo\, fue Jesús con sus discípulos a Judea y permaneció allí con ellos\, bautizando. También Juan estaba bautizando en Enón\, cerca de Salim\, porque ahí había agua abundante. La gente acudía y se bautizaba\, pues Juan no había sido encarcelado todavía. \nSurgió entonces una disputa entre algunos de los discípulos de Juan y unos judíos\, acerca de la purificación. Los discípulos fueron a decirle a Juan: “Mira\, maestro\, aquel que estaba contigo en la otra orilla del Jordán y del que tú diste testimonio\, está ahora bautizando y todos acuden a él”. \nContestó Juan: “Nadie puede apropiarse nada\, si no le ha sido dado del cielo. Ustedes mismos son testigos de que yo dije: ‘Yo no soy el Mesías\, sino el que ha sido enviado delante de él’. En una boda\, el que tiene a la novia es el novio; en cambio\, el amigo del novio\, que lo acompaña y lo oye hablar\, se alegra mucho de oír su voz. Así también yo me lleno ahora de alegría. Es necesario que él crezca y que yo venga a menos”. \n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\n12 de enero.\nO sábado después de Epifanía.\n\nJesús es «epifanía» del señorío divino sobre la historia. Con él se manifiesta una nueva época\, y acogerlo implica aprender a aceptar ese cambio de época\, a dejar con tranquilidad la época anterior y a abrirse al futuro ignoto con absoluta confianza en el amor y en la providencia de Dios. Lo que nos relaciona con Dios no es un contrato de cláusulas innegociables\, sino una alianza de amor que nos permite esperar siempre y únicamente la luz que procede de él (cf. 1Jn 1\,5). El surgimiento del hombre nuevo\, el hombre-espíritu\, aunque implica mengua del hombre viejo\, el hombre-carne\, no entraña merma alguna de lo humano; por el contrario\, en Jesús alcanza el ser humano la cima de su humanidad\, y en él halla la gloria de la divinidad.\n\n1. Primera lectura: discernimiento (1Jn 5\,14-21).\nEl objetivo de este escrito es certificarles a sus destinatarios –los seguidores de Jesús como Hijo de Dios– que tienen la plenitud de la vida\, «vida eterna» (cf. 1Jn 5\,13\, omitido). Tenerla es ser hijo de Dios\, conocerlo\, y\, por tanto\, ser objeto de su amor (cf. 1Jn 4\,7). La presencia del Hijo en la historia es manifestación («epifanía») del amor de Dios (cf. 1Jn 4\,8).\nEsta manifestación («epifanía») infunde\, ante todo\, una doble «seguridad» en la relación con Dios: primera\, la conformidad con su designio de amor nos garantiza su escucha benevolente cuando le pedimos algo relacionado con el cumplimiento de ese designio; segunda\, la certeza de ser escuchados nos permite contar con lo que pedimos incluso desde antes de que se haya realizado (cf. Jn 2\,3-5). La «hora» de Jesús es la de su muerte\, es decir\, la de la manifestación («epifanía») de la gloria del Hijo del Hombre (cf. Jn 12\,23)\, que es la misma gloria de su Padre (cf. Jn 1\,14; 12\,27-28): su amor inmenso por la humanidad (cf. Jn 19\,30).\nEse designio de amor abraza al pecador y suscita la oración confiada con intención de salvarlo («le dará vida»). Obviamente\, esta intención cuenta con que el pecador desee la salvación\, ya que\, cuando se rehúsa a recibir la vida (el amor de Dios\, su Espíritu)\, es él mismo el que no permite la acción salvadora de Dios. «Toda injusticia es pecado»\, pero no todo pecado lleva a la obstinación y al rechazo de la vida («salvación»). Cuando se da esta obstinación\, el pecado «acarrea la muerte». Hay injusticias que\, una vez reconocidas y rectificadas\, son perdonadas. El hijo de Dios sabe que la oración por el pecador puede llevarlo a la enmienda de su vida.\nLa experiencia de ese amor manifestado se traduce en un «saber» comprobado:\n• Jesús\, el nacido de Dios\, preserva de todo pecado a los que viven como él\, nacidos de Dios. El Malo\, personificación de los valores del «mundo»\, no puede hacer presa de él. La defensa del que «nació de Dios» consiste en mantenerlo como «hijo» por el don del Espíritu.\n• El cristiano tiene conciencia y experiencia de pertenecerle a Dios\, en tanto que el «mundo entero» (no una parte del mismo) está bajo el dominio del Malo. «Quien no practica la justicia\, o sea\, quien no ama a su hermano\, no es de Dios» (cf. 1Jn 10).\n• Jesús\, el Hijo de Dios\, permite conocer por experiencia al verdadero Dios y a permanecer en él por la fidelidad a su Hijo\, Jesús Mesías. No hay más Dios que el que se revela en Jesús. Él es la verdadera «epifanía» de Dios. Los demás son ídolos.\n\n2. Evangelio: manifestación (Jn 3\,22-30).\nJesús avala la ruptura con la sociedad injusta propuesta por Juan el Bautista. Por eso también sus discípulos bautizan (cf. Jn 4\,2)\, y en tanto que Juan ha debido mudarse a Enón a causa de la persecución que ya comenzó en su contra\, Jesús y los suyos ganan adeptos en número mayor y creciente (cf. Jn 4\,1). Aunque Juan se declaró precursor del Mesías\, sus discípulos\, sin haber hecho la debida ruptura con la institución judía (véase su polémica sobre ritos de purificación)\, ahora pretenden establecer conflicto entre Juan y Jesús. Sienten celos por su maestro\, no han comprendido –o no quieren aceptar– su papel de precursor. Juan reacciona aclarando la diferencia entre él\, como precursor\, y Jesús como Mesías:\n• Cada uno tiene un don concedido por Dios\, y nadie puede apropiarse de un don distinto del propio. Él ha declarado no ser el Mesías sino su precursor\, y de eso ellos son testigos. Esa declaración suya concretó el testimonio atribuido a él (cf. Jn 1\,6-7)\, cuya finalidad era justamente que «todos llegasen a creer» en la luz. Así que su declaración ha sido pública\, y no solo les consta a sus discípulos y a las autoridades\, sino al pueblo entero.\n• El que viene a pactar la alianza de amor (el Mesías-esposo) tiene todo el derecho a que el pueblo lo siga. Juan Bautista se declara preparador de la boda-alianza («el amigo del esposo») y manifiesta su alegría ocupando su puesto («a su lado») y escuchando su voz\, alusión a Jr 30\,10-11: «todavía se escucharán la voz alegre y la voz gozosa\, la voz del esposo y la voz de la esposa»\, señal de la restauración\, señal de la nueva alianza. De allí su alegría.\nLa expresión final de Juan\, que tiene como trasfondo Gen 1\,28: el precursor declara la suerte de las dos alianzas: la antigua\, representada por él\, por ser provisional y preparatoria\, tiene que ir desapareciendo\, como el sol en el ocaso; la nueva\, representada por Jesús\, porque es definitiva\, goza de la bendición de Dios\, y su futuro es crecer y multiplicarse\, fecundidad propia de la alianza del Mesías-esposo. Esa bendición incluye la vida física pero no se limita a ella; por eso\, la progenie prolífica y la longevidad no cumplen la promesa; ahora debe crecer la esperanza de la vida eterna\, que es la que se colma en la nueva alianza\, por las «bodas» de Jesús\, ya que él infunde el Espíritu Santo y garantiza al ser humano la plenitud de la vida.\n\nEl designio de Dios se realiza en «la alianza nueva y eterna»\, en «las bodas del Cordero». Pero la alianza antigua se resiste a dejarle libre el paso\, no por sí misma\, sino porque hay quienes no admiten su papel transitorio y se empeñan en mantenerla vigente. Por ese empeño\, las certezas del cristiano no se concretan en las vivencias que podrían transformar este «mundo» en reino de Dios. Por eso se siguen adorando ídolos\, con el agravante de llamar a algunos de ellos con los nombres del Dios de los cristianos. Faltan «amigos del esposo»\, que se alegren oyendo su voz y se decidan a menguar como hombres viejos para que él crezca en ellos y los haga hombres nuevos como él.\nCelebrando la eucaristía podemos escuchar su voz y vivir en la alegría de «la alianza nueva y eterna».\nFeliz día.
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SUMMARY:Fiesta del Bautismo del Señor. Ciclo A.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (42\,1-4.6-7): \nESTO dice el Señor:\n«Mirad a mi siervo\, a quien sostengo;\nmi elegido\, en quien me complazco.\nHe puesto mi espíritu sobre él\,\nmanifestará la justicia a las naciones.\nNo gritará\, no clamará\,\nno voceará por las calles.\nLa caña cascada no la quebrará\,\nla mecha vacilante no la apagará.\nManifestará la justicia con verdad.\nNo vacilará ni se quebrará\,\nhasta implantar la justicia en el país.\nEn su ley esperan las islas.\nYo\, el Señor\,\nte he llamado en mi justicia\,\nte cogí de la mano\, te formé\ne hice de ti alianza de un pueblo\ny luz de las naciones\,\npara que abras los ojos de los ciegos\,\nsaques a los cautivos de la cárcel\,\nde la prisión a los que habitan en tinieblas». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 28\,1a.2.3ac-4.3b.9b-10 \nR/. El Señor bendice a su pueblo con la paz \nV/. Hijos de Dios\, aclamad al Señor\,\naclamad la gloria del nombre del Señor\,\npostraos ante el Señor en el atrio sagrado. R/. \nV/. La voz del Señor sobre las aguas\,\nel Señor sobre las aguas torrenciales.\nLa voz del Señor es potente\,\nla voz del Señor es magnífica. R/. \nV/. El Dios de la gloria ha tronado.\nEn su templo un grito unánime: «¡Gloria!»\nEl Señor se sienta sobre las aguas del diluvio\,\nel Señor se sienta como rey eterno. R/. \n\n\nSegunda lectura\nLectura del libro de los Hechos de los apóstoles (10\,34-38): \nEN aquellos días\, Pedro tomó la palabra y dijo:\n«Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas\, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia\, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel\, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo\, el Señor de todos.\nVosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea\, comenzando por Galilea\, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret\, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo\, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo\, porque Dios estaba con él». \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (3\,13-17): \nEN aquel tiempo\, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.\nPero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:\n«Soy yo el que necesito que tú me bautices\, ¿y tú acudes a mí?».\nJesús le contestó:\n«Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».\nEntonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús\, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.\nY vino una voz de los cielos que decía:\n«Este es mi Hijo amado\, en quien me complazco». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nFiesta del Bautismo del Señor. Ciclo A.\n\nDado que la solemnidad de la Epifanía del Señor se celebra en algunos lugares con fecha fija\, el 6 de enero –siguiendo el calendario solar–\, y en otros el domingo comprendido entre los días 2 y 8 de enero –siguiendo los calendarios solar y lunar–\, con el fin de ajustar el calendario universal para que las comunidades que celebran en distinta fecha la Epifanía del Señor coincidieran en el II Domingo del Tiempo Ordinario\, fue necesario que\, cuando se celebrara la Epifanía del Señor en los domingos 7 y 8 de enero\, allí donde se celebra la Epifanía del Señor el domingo la fiesta del Bautismo del Señor tuviera que ser celebrada el lunes siguiente a dicha solemnidad. Por eso\, en dichos lugares este misterio tan importante no siempre se celebra en domingo.\n\nMt 3\,13-17.\nEl evangelio de esta fiesta refleja la dificultad que hubo para entender la misión de Jesús incluso de parte de su mismo precursor. La iniciativa de Jesús de hacerse bautizar por Juan desconcertó al precursor\, pues este era consciente de la superioridad del bautismo de Jesús; esto permitió que Jesús explicara su actuación y que\, una vez bautizado Jesús\, el Padre revelara su designio.\n1. La desconcertante iniciativa de Jesús.\nJuan había anunciado la inminente llegada de uno «más fuerte» que él\, con un derecho prevalente en relación con el pueblo y con un bautismo superior al suyo (cf. 3\,11). Y «entonces llegó Jesús desde Galilea al Jordán para que Juan lo bautizara». La procedencia de Jesús crea una expectativa\, por ser los galileos muy pobres\, poco practicantes e inclinados a la revuelta. Su intención declara que aprueba la exhortación de Juan y la apoya.\nPero Juan se desconcierta\, porque la actitud de Jesús no encaja con el modo como él entendía al Mesías ni con la forma como él lo había anunciado (cf. 3\,12). Juan esperaba que el Mesías fuera quien lo bautizara «con Espíritu Santo»\, y que a los injustos los bautizara «con fuego»\, no que el Mesías acudiera a él y asumiera su bautismo «con agua»\, que era un ritual de muerte.\nEl Mesías no llega reclamando superioridad\, ni tratamiento privilegiado\, ni se excluye de la suerte común de los mortales: se presenta pobre\, solidario y mortal\, sin ningún rasgo de riqueza\, poder o prestigio\, que eran los atributos con los que usualmente lo describían.\n2. La explicación del bautismo de Jesús.\nJuan intentó disuadirlo aduciendo las debidas prelaciones\, pero Jesús reaccionó de modo tajante: «¡deja ya!»\, indicándole así que había que abandonar los criterios que Juan manejaba respecto del Mesías\, que\, como precursor\, también debía hacer su «enmienda» cambiando de mentalidad.\nEfectivamente\, la explicación de Jesús\, asocia a Juan con él en la realización de un designio que los involucra y que proviene de Dios. Jesús le explica que a ambos les corresponde «colmar toda justicia» (πληρῶσαι πᾶσαν δικαιοσύνεν)\, expresión que parece aludir a lo escrito en un salmo que celebra a Dios como rey cuya diestra «está llena de justicia» (δικαιοσύνες πλήρης: Sal 48\,11). Esto implica que el reinado de Dios\, que es anuncio de ambos (cf. Mt 3\,2; 4\,17)\, se realizará mediante una «justicia» que se sitúa «por encima de la de los letrados y fariseos» (cf. Mt 5\,20).\nLa «justicia» de la Ley\, «la de los letrados y fariseos»\, reclama la preservación del justo y la radical exclusión del injusto\, como Juan había enseñado (cf. Mt 3\,12). Pero Jesús le indica a Juan que lo más conforme (πρέτον ἐστὶν) con la justicia divina es que el Mesías entregue su vida en expiación cargando con el pecado de todos e interceda por los pecadores (cf. Isa 53\,1-12). Y esto es lo que Jesús quiere asumir al bautizarse en agua\, como símbolo de aceptación voluntaria de su muerte. Ante esa explicación\, Juan desiste de impedirle a Jesús que se sumerja en el agua.\n3. El significado del bautismo de Jesús.\nEl participio que usa el evangelista («bautizado Jesús») deja en segundo plano la acción de Juan\, y destaca la de Jesús. Pero esa inmersión tiene un carácter fugaz\, dado que afirma a continuación que Jesús «subió enseguida del agua»\, con lo cual insinúa la transitoriedad de ese rito de muerte. Y entonces muestra las repercusiones de ese bautismo\, que es diferente del de los demás\, ya que de ninguno de ellos se dijo que subiera del agua (cf. 3\,6).\nEn primer lugar\, por el bautismo de Jesús «quedó abierto el cielo». Esto significa que se restablece la comunicación entre Dios y la humanidad por la decisión que tomó Jesús de entregar su vida. Así se confirma lo que Jesús le había dicho a Juan\, que esta voluntad de entrega personal estaba por encima de la justicia legal\, que el reinado de Dios no se daría por la perdición de los injustos\, sino por la salvación de todos\, «justos e injustos» (cf. 5\,45).\nA la apertura del cielo sigue la autocomunicación de Dios. Es Jesús quien ve «al Espíritu de Dios bajar como paloma y posarse sobre él». El Espíritu es la fuerza de amor y de vida que proviene de Dios y que destina a Jesús como Mesías «para que promueva el derecho en las naciones» (cf. Isa 42\,1)\, es decir\, para hacer valer la dignidad humana en todos los pueblos. Su misión tiene un carácter universal (cf. Mt 12\,17-21).\nBajar como baja la paloma expresa complacencia. Entre los orientales era proverbial la querencia de la paloma por su nido\, y se decía que bajaba al mismo con evidente deleite. Esta metáfora se refiere al hecho de que el Espíritu de Dios se encuentra a gusto en el corazón del hombre que\, como Jesús\, dedica su vida al bien de los demás. Posarse sobre él indica la permanencia. Aquí no se trata de una presencia transitoria del Espíritu\, sino definitiva. Jesús es «Dios con nosotros».\nLa voz del cielo revela a Jesús hacia afuera: Dios se presenta como Padre y declara «Hijo» suyo a Jesús\, el que se le parece en todo y\, por tanto\, el rey Mesías (cf. Sal 2\,7). En cuanto Hijo\, Jesús es «el amado» (cf. Gen 22\,2)\, el Hijo cuya singularidad consiste en ser depositario de la promesa y\, como Isaac\, será ofrecido en sacrificio (su muerte voluntaria). El «favor» que Dios declara que ha puesto en él remite al don del Espíritu\, avalando así la experiencia personal de Jesús: el cielo abierto\, la bajada y la permanencia del Espíritu.\n\nLa entronización del Hijo rey y su investidura como Mesías carece del boato exterior que suelen tener los rituales de coronación de reyes o las protocolarias ceremonias de posesión de jefes de Estado. No hay imposición de insignias\, ni discursos ni aplausos. Tampoco hay reconocimientos ni juramentos de lealtad. Mucho menos se da la arrogación de facultades y poderes. Al contrario\, todo lo que hay es un «vaciamiento» de sí (cf. Fil 2\,7)\, la entrega de la propia vida por los demás.\nEl bautismo de Jesús no solo es superior al de Juan\, sino de otra índole. No tiene sentido hacer comparaciones entre ellos\, como la de quienes piensan que porque Jesús se bautizó a los 30 años (cf. Lc 3\,23) sus seguidores tendrían que hacer lo mismo.\nBautizarse como Jesús tiene que ver más bien con la eucaristía\, que significa el don de sí mismo para que los demás tengan vida. Eso es lo que celebramos en esta fiesta que anuncia su ministerio.\nFeliz día del Señor.
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SUMMARY:Lunes de la I semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\nComienzo del primer libro de Samuel (1\,1-8): \nHabía un hombre sufita\, oriundo de Ramá\, en la serranía de Efraín\, llamado Elcaná\, hijo de Yeroján\, hijo de Elihú\, hijo de Toju\, hijo de Suf\, efraimita. Tenía dos mujeres: una se llamaba Ana y la otra Fenina; Fenina tenía hijos\, y Ana no los tenía. Aquel hombre solía subir todos los años desde su pueblo\, para adorar y ofrecer sacrificios al Señor de los ejércitos en Siló\, donde estaban de sacerdotes del Señor los dos hijos de Elí\, Jofní y Fineés. Llegado el día de ofrecer el sacrificio\, repartía raciones a su mujer Fenina para sus hijos e hijas\, mientras que a Ana le daba sólo una ración; y eso que la quería\, pero el Señor la había hecho estéril. Su rival la insultaba\, ensañándose con ella para mortificarla\, porque el Señor la había hecho estéril. Así hacía año tras año; siempre que subían al templo del Señor\, solía insultarla así.\nUna vez Ana lloraba y no comía. Y Elcaná\, su marido\, le dijo: «Ana\, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué te afliges? ¿No te valgo yo más que diez hijos?» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 115\,12.13.14.17.18.19 \nR/. Te ofreceré\, Señor\, un sacrificio de alabanza \n¿Cómo pagaré al Señor\ntodo el bien que me ha hecho?\nAlzaré la copa de la salvación\,\ninvocando su nombre. R/. \nCumpliré al Señor mis votos\nen presencia de todo el pueblo.\nTe ofreceré un sacrificio de alabanza\,\ninvocando tu nombre\, Señor. R/. \nCumpliré al Señor mis votos\nen presencia de todo el pueblo\,\nen el atrio de la casa del Señor\,\nen medio de ti\, Jerusalén. R/.\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Marcos (1\,14-20): \nCuando arrestaron a Juan\, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.\nDecía: «Se ha cumplido el plazo\, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»\nPasando junto al lago de Galilea\, vio a Simón y a su hermano Andrés\, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago.\nJesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.»\nInmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago\, hijo de Zebedeo\, y a su hermano Juan\, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó\, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nLunes de la I semana del Tiempo Ordinario. Año II\n1Sam 1\,1-8.\n\nEl «Libro de Samuel» es llamado así no porque Samuel sea su autor\, sino porque es el primero de los personajes de los que habla dicho libro. Está dividido en dos partes\, llamadas «primer libro de Samuel» y «segundo libro de Samuel»\, no por razones de tipo redaccional\, sino por claras exigencias prácticas de comodidad. El tema central de la obra en su conjunto resulta ser la inauguración de la monarquía en Israel\, y sus dos primeros reyes: Saúl y David.\nLos hechos corresponden al siglo XI a. C. y llegan hasta el X. En fechas\, la batalla de Afec (cf. 1Sm 4\,1) habría sido hacia el año 1050\, el nombramiento de Saúl como rey\, unos veinte años después (hacia 1030)\, el reinado de David debió de haber comenzado hacia 1010\, y el de su hijo Salomón hacia el 971. La situación internacional favoreció este proceso. El cercano Egipto atraviesa un período mediocre\, en Mesopotamia reina Tiglat Piléser I de Asiria\, pero a finales del siglo XI el imperio entra en decadencia. Por esa razón\, en Palestina dos pueblos pequeños\, filisteos e israelitas\, pueden disputarse el protagonismo.\n\nLa población denominada Ramataim Zofim (רָמָתַיִם צוֹפים: «Miradores Altos») es la patria de Elcaná (אֱלְקָנָה: «Dios adquiere»). La ciudad se llama\, en adelante\, simplemente Ramá (cf. 1\,19; 2\,11)\, y no se debe confundir con Ramá de Benjamín (cf. Jos 18\,25; 1Rey 15\,17.21-22). En el Nuevo Testamento se la conoce con el nombre de Arimatea (cf. Mt 27\,57; Jn 19\,38).\nElcaná es esposo de Ana (חַנָּה: «Gracia») y Fenina (פְּנִנָּה: «Corales»). Pero la primera era estéril\, en tanto que la segunda tenía hijos e hijas. El culto que le daban al Señor resultaba perjudicado por tan dramática situación: Elcaná prefería a Ana\, pero era Fenina quien le garantizaba que su nombre perduraría. Pareciera que la favorita de Elcaná era la desfavorecida por Dios\, y\, al contrario\, la bendecida por Dios era Fenina. No obstante\, Fenina se considera. bendecida y\, al mismo tiempo\, privilegiada por Dios\, lo que le sirve de apoyo para humillar a Ana y hacerla llorar amargamente su desdicha. Año tras año\, la subida al templo del Señor era ocasión que Fenina aprovechaba para mortificar a Ana echándole en cara su esterilidad\, atribuyéndosela a una maldición del Señor («…porque el Señor la había hecho estéril»). Sin embargo\, a partir de Saray (cf. Gen 11\,30)\, se observa que la promesa de vida que hizo el Señor se cumple del modo más admirable cuando él suscita hombres decisivos en vientres tenidos por estériles (cf. Gen 16\,1; 17\,17; 25\,21; 29\,31; Jue 13\,2-3.24). El culto era medio que Fenina aprovechaba para zaherir a Ana\, su rival\, y castigarle a Elcaná su preferencia por esta.\nLos hijos acrecían el pueblo y garantizaban su supervivencia\, así como también aseguraban la atención de los mayores en su ancianidad. Ana reacciona inicialmente haciendo lástima de sí misma. No quería seguir viviendo (se rehusaba a comer) a pesar de la ternura que Elcaná le mostraba\, pues él le aseguraba que su amor por ella era mayor bendición que una numerosa prole («… ¿no te valgo yo más que diez hijos?»). Si la capacidad de transmitir la vida es una bendición de Dios (cf. Gen 1\,22)\, la incapacidad de transmitirla significa una maldición en sí. Y si esta incapacidad se considerara maldición de Dios\, ella es la peor de todas. Ana se siente rechazada por Dios\, y el rechazo de Fenina no le permite valorar el amor de su marido\, hasta el punto de pensar que\, si no puede transmitir vida\, tampoco vale la pena vivir.\nLa afirmación de que «el Señor la había hecho estéril» queda pendiente y –de alguna forma– diferida su confirmación\, pero por el momento se presenta como incuestionable. Esto puede entenderse mejor en la perspectiva del carácter absoluto con el que se concibe al Señor\, fuera del cual nada tiene realidad (cf. Deu 32\,39: «yo doy la muerte y la vida» con 1Sam 2\,6)\, pero este carácter absoluto no niega la libertad humana. De hecho\, la bendición y la maldición se supeditan a la libre decisión del hombre (cf. Deu 11\,26-27). El autor contrasta claramente la actitud de Ana con la de Fenina para mostrar que Ana actúa con rectitud y respeto\, en tanto que Fenina lo hace con arrogancia y desconsideración. Este contraste discrepa\, por parte de Fenina\, de su condición de bendecida por el Señor\, y deja también pendiente –de otra forma– la confirmación de esa bendición del Señor. En definitiva\, Elcaná aparece como el Señor en persona\, en cuyo pueblo una parte no agradece sus bendiciones ni respeta el derecho ajeno\, y la otra padece privaciones y\, por añadidura\, es menospreciada por la primera. Hay que tener en cuenta que el nombre de Elcaná («Dios adquiere») sugiere al Señor que se ha «adquirido» un pueblo (cf. Isa 11\,11)\, pueblo que luego se dividió en dos\, y cuyos dos reinos resultantes se enfrentaron entre sí posteriormente. Este es un tema recurrente en la Biblia\, el de la pareja donde una parte se vuelve en contra de la otra (Caín y Abel\, Ismael e Isaac\, Esaú y Jacob…)\, pero lo que siempre marca la diferencia es la gracia de Dios\, que favorece al que se pone al servicio de su designio. Por otra parte\, esta rivalidad entre las esposas de Elcaná es paralela a la que se dio entre las esposas de Abraham (cf. Gen 16\,4-5) y las de Jacob (cf. Gen 30\, 1-24). La existencia de la poligamia en este estadio de la historia del pueblo obedece –según algunos autores– a la alta mortalidad infantil de la época y al temor de quedarse sin descendientes\, lo cual podría ser tomado como indicio de maldición.\nAquí aparece por primera vez la expresión «Señor de los ejércitos». Se plantean dos posibles maneras de entenderla: «Señor de las huestes (de Israel)»\, o «Señor de las huestes celestes (es decir\, ángeles o astros)». Es probable que inicialmente se refiriera a lo primero\, y que después se hubiera extendido a lo segundo.\n\nHay muchos motivos para uno sentirse amado y bendecido por Dios: físicos (salud\, fuerza)\, espirituales\, económicos\, políticos\, sociales\, culturales\, etc. Hacer de ellos un argumento para crear la desigualdad y humillar a los otros es desagradecer esos dones y dejarlos sin el efecto para el cual nos fueron otorgados. Hay cristianos que comulgan sintiendo que\, por eso\, son superiores a los que no lo hacen. No han captado la finalidad del don\, lo vacían de contenido\, y su oración se queda tan vacía como la del fariseo que estaba tan persuadido de su propia justicia que se imaginaba que esta le daba derecho a despreciar a los demás (cf. Lc 18\,9-14). Los dones de Dios son para agradecerlos dándolos.\nRefiriéndose a la traición de Judas\, dijo Jesús: «¡Ay de ese hombre que va a entregar al Hijo del Hombre! Más le valdría a ese hombre no haber nacido» (Mt 26\,24). Es decir\, que privar de vida a otra persona es un fracaso mayor que no haberla recibido jamás. Y Jesús nos da su vida para que nosotros también se la demos a los demás.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la I semana del Tiempo Ordinario. Año II
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del primer libro de Samuel (1\,9-20): \nEn aquellos dias\, después de la comida en Siló\, mientras el sacerdote Elí estaba sentado en su silla junto a la puerta del templo\, Ana se levantó y\, con el alma llena de amargura\, se puso a rezar al Señor\, llorando a todo llorar.\nY añadió esta promesa: «Señor de los ejércitos\, si te fijas en la humillación de tu sierva y te acuerdas de mí\, si no te olvidas de tu sierva y le das a tu sierva un hijo varón\, se lo entrego al Señor de por vida\, y no pasará la navaja por su cabeza.»\nMientras ella rezaba y rezaba al Señor\, Elí observaba sus labios. Y\, como Ana hablaba para sí\, y no se oía su voz aunque movía los labios\, Elí la creyó borracha y le dijo: «¿Hasta cuándo te va a durar la borrachera? A ver si se te pasa el efecto del vino.»\nAna respondió: «No es así\, Señor. Soy una mujer que sufre. No he bebido vino ni licor\, estaba desahogándome ante el Señor. No creas que esta sierva tuya es una descarada; si he estado hablando hasta ahora\, ha sido de pura congoja y aflicción.»\nEntonces Elí le dijo: «Vete en paz. Que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido.»\nAna respondió: «Que puedas favorecer siempre a esta sierva tuya.»\nLuego se fue por su camino\, comió\, y no parecía la de antes. A la mañana siguiente madrugaron\, adoraron al Señor y se volvieron. Llegados a su casa de Ramá\, Elcaná se unió a su mujer Ana\, y el Señor se acordó de ella.\nAna concibió\, dio a luz un hijo y le puso de nombre Samuel\, diciendo: «Al Señor se lo pedí.» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\n1S 2\,1.4-5.6-7.8abcd \nR/. Mi corazón se regocija por el Señor\, mi salvador \nMi corazón se regocija por el Señor\,\nmi poder se exalta por Dios;\nmi boca se ríe de mis enemigos\,\nporque gozo con tu salvación. R/. \nSe rompen los arcos de los valientes\,\nmientras los cobardes se ciñen de valor;\nlos hartos se contratan por el pan\,\nmientras los hambrientos engordan;\nla mujer estéril da a luz siete hijos\,\nmientras la madre de muchos queda baldía. R/. \nEl Señor da la muerte y la vida\,\nhunde en el abismo y levanta;\nda la pobreza y la riqueza\,\nhumilla y enaltece.R/. \nÉl levanta del polvo al desvalido\,\nalza de la basura al pobre\,\npara hacer que se siente entre príncipes\ny que herede un trono de gloria. R/.\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Marcos (1\,21-28): \nEn aquel tiempo\, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún\, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar\, se quedaron asombrados de su doctrina\, porque no enseñaba como los escribas\, sino con autoridad.\nEstaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo\, y se puso a gritar: «¿Qué quieres de nosotros\, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»\nJesús lo increpó: «Cállate y sal de él.»\nEl espíritu inmundo lo retorció y\, dando un grito muy fuerte\, salió. Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.»\nSu fama se extendió en seguida por todas partes\, alcanzando la comarca entera de Galilea. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMartes de la I semana del Tiempo Ordinario. Año II.\n\nEste relato –en donde se mezclan la fe y las expresiones de religiosidad popular– tiene lugar en el santuario de Silo\, presentado de tal forma que se parece al posterior templo de Jerusalén. Las desgracias de Ana no cesan. La incomprensión hace aún más amarga su desdicha. En el relato propuesto para hoy se muestra que el Señor es refugio del oprimido y que escucha los gemidos de socorro por parte de los que sufren. El paso de la desdicha a la dicha se consuma por una intervención del Señor dentro de la historia humana\, en la vida cotidiana.\nPlanteada la triste situación de Ana\, en contraste con la fortuna y la crueldad de Fenina\, Ana reacciona inicialmente con el desaliento\, haciendo lástimas de sí misma y entregándose a una estéril tristeza con llanto. Pero una alternativa se abre paso con un nuevo horizonte que abre para sí misma cuando pide la intervención del Señor en su vida. Tres actitudes por parte de Ana provocarán el paso de la frustración a la realización\, de la desdicha a la dicha: levantarse\, orar y desprenderse. La respuesta del Señor está por encima de los cálculos humanos.\n\n1Sam 1\,9-20.\nEl relato tiene una particularidad. A diferencia de Isaac\, Sansón\, e incluso Juan Bautista\, tres hijos de madres estériles\, el hijo de Ana será pedido con insistencia por su atribulada madre como la gracia de su reivindicación personal. Hay mucho sufrimiento tras esta petición. En el relato se pueden distinguir tres escenas:\n• El surgimiento de Ana.\nApenas terminó el rito cultual (sacrificio de comunión)\, Ana «se levantó»\, acción que sugiere el abandono de su postración; pasó del malestar a la búsqueda de solución. En segundo lugar\, «oró»\, indicio de que buscó esa solución en la misericordia divina; el sacerdote aparece ajeno a su drama. Y\, finalmente\, «hizo un voto»: pidió para tener qué dar\, para desprenderse de lo mismo que pedía\, un hijo. Rogó desconsoladamente al «Señor de los ejércitos» que se fijara en la humillación de su sierva (cf. Lc 1\,48)\, y le hizo la promesa de renunciar al derecho de rescate si le concedía ser madre de un hijo varón\, para consagrárselo a él. Aparentemente\, la promesa de Ana es superflua\, porque la Ley mandaba consagrarle a Dios el hijo primogénito\, pero el hecho de renunciar a rescatarlo y retenerlo implica un desprendimiento que\, humana y culturalmente\, implica mucho. En efecto\, la «gracia» que Ana recibe se queda entre ella y el Señor. A Ana le basta saber que Dios no la maldice.\n• La oración de Ana.\nElí\, el sacerdote\, se percata de su presencia cuando presiente una anomalía; acostumbrado a que le gente abusara y se excediera en la bebida (problema viejo de los santuarios) confunde a Ana con ese tipo de personas y la trata con rudeza\, hasta que Ana se confesó con él\, y ante él derramó su quebranto y frustración. Por lo general\, la oración se hacía en alta voz\, y como Ana apenas musitaba\, Elí sospechó otra cosa. Hay que señalar que Ana se expresa de manera comedida y correcta\, aunque el trato que recibe es descomedido e impropio de un sacerdote del Señor. Es cierto que la bebida formaba parte del ritual de los sacrificios de comunión (cf. 1\,9; Isa 22\,13; Amo 2\,8)\, pero Elí\, movido por el prejuicio respecto de la costumbre –y quizá por la impaciencia que le producían tales abusos–\, se precipitó al generalizar y se equivocó al juzgar y condenar a Ana antes de conocer su real situación. El trato despectivo del sacerdote obedece al celo por las cosas del Señor; por eso\, cuando Ana se explica\, él rectifica y cambia de actitud. Hecha la aclaración\, el sacerdote la bendijo\, la encomendó y la despidió en paz deseándole que el Señor escuchara su oración.\n• La reivindicación de Ana.\nElla regresó a su vida ordinaria\, pero ya no era la de antes. Al regresar a Ramá\, su relación con su marido siguió igual\, pero el Señor acogió su súplica y ella concibió y dio a luz un hijo\, al cual puso el nombre de Samuel («el nombre de Dios»: שְׁמוּאֵל; o\, también: «el nombre de Dios es El [אֵל]»). La explicación del nombre puesta en boca de la madre resulta problemática\, porque dice que fue «pedido»\, verbo que corresponde a otra raíz hebrea y conviene más al nombre de Saúl (שָׁאוּל)\, que significa «interrogado»; por otro lado\, Samuel fue pedido al Señor (יהוה)\, y el apelativo divino que aparece en el nombre del niño es «Dios» (אֵל)\, el nombre que tiene un valor universal.\nLa presentación del niño se difiere hasta después de su destete\, tres años\, que era lo habitual (cf. 2Mac 7\,27)\, quizá por eso sacrificaban «un novillo de tres años»\, como cumplimiento del voto hecho por Ana (cf. 1\,11)\, que Elcaná cumplió puntualmente hasta cuando el niño hubo cumplido tres años de edad. Esta podría ser la razón por la cual la versión hebrea del Antiguo Testamento habla de «tres novillos»\, en tanto que las versiones griega y siríaca hablan de «un novillo de tres años»\, lo cual resulta más congruente con el v. 25 («inmolaron el novillo…»). Se procedió según el ritual acostumbrado y Ana hizo la presentación formal ante Elí\, dejando así constancia del cumplimiento de su voto y de la entrega voluntaria del niño al servicio del Señor (cf. 1\,21-28\, omitido).\nSigue a continuación un cántico puesto en boca de Ana en el que ella celebra la inversión de las condiciones en las que era menospreciada\, y que la liturgia eucarística utiliza como salmo responsorial. Que el último pase al primer lugar\, y que esto sea obra del Señor\, indica no solo su intervención liberadora y salvadora\, sino también su amor por los pobres\, los desvalidos\, los afligidos y los postergados: así se realiza su reinado (cf. 2\,1-10).\n\nEn tanto que la religiosidad popular atribuye a Dios la humillante esterilidad de Ana\, ella se levanta como auténtica creyente en dicho entorno religioso y ve en Dios al que puede liberarla de su humillación. Son concepciones diametralmente opuestas\, que no son meras posturas ideológicas sino opciones distintas: o la confianza o la sospecha. Elí\, en nombre de la religión\, de la que era custodio\, sospecha de ella\, pero Ana confía en su Señor-liberador (יהוה צְבָאוֹת: «el Señor de los ejércitos»). Ana tiene razón. Dios no quiere su humillación sino su felicidad. Esa es la confianza del pueblo de Israel que\, por boca de María\, se declara objeto de la mirada del Señor\, su Salvador\, que se ha fijado en su humillación (cf. Lc 1\,46-48).\nLos discípulos de Jesús seguimos en el empeño por confiar\, venciendo la sospecha heredada por cultura. Tenemos claro que la fe expresa una profunda confianza\, la que declaramos con el «amén» que pronunciamos\, mientras que la cultura religiosa a menudo se basa en sospechas admitidas sin verificación racional ni de fe. El vacío de fe lo llena el prejuicio cultural.\nY nosotros\, al recibir con nuestro «amén» al Mesías en el sacramento eucarístico\, tenemos mayor capacidad que Ana para dar el salto de las ideas religiosas a la experiencia de fe.\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la I semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del primer libro de Samuel (3\,1-10.19-20): \nEn aquellos dias\, el niño Samuel oficiaba ante el Señor con Elí. La palabra del Señor era rara en aquel tiempo\, y no abundaban las visiones. Un día Elí estaba acostado en su habitación. Sus ojos empezaban a apagarse\, y no podía ver. Aún ardía la lámpara de Dios\, y Samuel estaba acostado en el templo del Señor\, donde estaba el arca de Dios.\nEl Señor llamó a Samuel\, y él respondió: «Aquí estoy.»\nFue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llarnado.»\nRespondió Elí: «No te he llamado; vuelve a acostarte.»\nSamuel volvió a acostarse. Volvió a llamar el Señor a Samuel. Él se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo: «Aqui estoy; vengo porque me has llamado.»\nRespondió Elí: «No te he llamado\, hijo mío; vuelve a acostarte.»\nAún no conocía Samuel al Señor\, pues no le había sido revelada la palabra del Señor. Por tercera vez llamó el Señor a Samuel\, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.»\nElí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho\, y dijo a Samuel: «Anda\, acuéstate; y si te llama alguien\, responde: “Habla\, Señor\, que tu siervo te escucha.”»\nSamuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes: «¡Samuel\, Samuel!»\nÉl respondió: «Habla\, que tu siervo te escucha.»\nSamuel crecía\, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse; y todo Israel\, desde Dan hasta Berseba\, supo que Samuel era profeta acreditado ante el Señor. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 39\,2.5.7-8a.8b-9.10 \nR/. Aquí estoy\, Señor\, para hacer tu voluntad \nYo esperaba con ansia al Señor;\nél se inclinó y escuchó mi grito.\nDichoso el hombre que ha puesto\nsu confianza en el Señor\,\ny no acude a los idólatras\,\nque se extravían con engaños. R/. \nTú no quieres sacrificios ni ofrendas\,\ny\, en cambio\, me abriste el oído;\nno pides sacrificio expiatorio\,\nentonces yo digo: «Aquí estoy.» R/. \n«Como está escrito en mi libro:\npara hacer tu voluntad.»\nDios mío\, lo quiero\,\ny llevo tu ley en las entrañas. R/. \nHe proclamado tu salvación\nante la gran asamblea;\nno he cerrado los labios:\nSeñor\, tú lo sabes. R/.\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Marcos (1\,29-39): \nEn aquel tiempo\, al salir Jesús de la sinagoga\, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre\, y se lo dijeron. Jesús se acercó\, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer\, cuando se puso el sol\, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían\, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada\, se marchó al descampado y allí se puso a orar.\nSimón y sus compañeros fueron y\, al encontrarlo\, le dijeron: «Todo el mundo te busca.»\nÉl les respondió: «Vámonos a otra parte\, a las aldeas cercanas\, para predicar también allí; que para eso he salido.»\nAsí recorrió toda Galilea\, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios. \nPalabra del Señor\n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMiércoles de la I semana del Tiempo Ordinario. Año II.\n\nEl crecimiento de Samuel se da en contraste con el comportamiento abusivo de los hijos de Elí\, que\, prevalidos de su condición privilegiada y del respeto que el pueblo les tenía por ser sacerdotes\, atropellaban la gente y no mostraban respeto por los asuntos del Señor (cf. 1Sam 2\,12-17\, omitido). Samuel\, por el contrario\, mostraba una conducta digna\, servía de consuelo a Elías y era una bendición para sus padres\, sobre todo para Ana\, la cual concibió cinco hijos más después de él (cf. 2\,18-21\, omitido). Elí\, en su ancianidad\, había perdido el control sobre sus hijos\, y estos ya no le hacían caso alguno. Entonces apareció «un hombre de Dios» que denunció la corrupción de la familia del sacerdote y anunció su ocaso sin gloria: una muerte temprana y una existencia en la indigencia (cf. 2\,22-36). Así surgió Samuel.\nEl relato gira en torno a dos sentidos: la vista y el oído o\, mejor\, al ejercicio de los mismos: la visión y la audición. La palabra del Señor raramente se escuchaba y la visión de Dios no era común. Los dos personajes que aquí actúan se definen por su capacidad de ver y oír a Dios. Elías a punto de extinción\, casi ciego\, contrasta con la lámpara de Dios; su incapacidad para identificar la palabra de Dios es patente en el hecho de que Dios no le hable y de que él no sepa quién llama a Samuel; este oye\, pero no conoce al Señor (pese a vivir en el santuario y mantener el culto)\, pues su palabra aún no le ha sido revelada. Finalmente\, Elí\, en un último esfuerzo\, reconoce al Señor y orienta a Samuel en la dirección correcta. El relato termina constatando el resurgimiento de la palabra del Señor y el reconocimiento de la manifestación del Señor a través de Samuel.\n\n1Sam 3\,1-10.19-20.\nLo primero que se observa es la sombría descripción del ambiente general en el que se dan los hechos: «la palabra del Señor era rara en aquel tiempo y no abundaban las visiones». Esa descripción sugiere un cielo cerrado\, una comunicación interrumpida entre Dios y el pueblo. De otra parte\, aparece una progresiva toma de conciencia por parte del sacerdote Elí\, quien se encuentra en el ocaso de su vida y ya casi no «ve»\, ni tampoco «escucha». Pese a que Samuel está «al servicio del Señor»\, en el relato se puede apreciar que él tiene conciencia de estar al servicio de Elí. Así que él también va afinando su conciencia de quién es él y cuál va a ser su misión. El ambiente que se percibe es como de un silencio del Espíritu de Dios.\nEn tanto que la luz de los ojos de Elí se extinguía\, la lámpara que ardía en el santuario –y que lucía de noche (cf. Exo 27\,20-21; Lev 24\,2-4)– no se apagaba; la tiniebla se apoderaba de Elí y sus hijos\, no del santuario\, en el cual brillaba «la lámpara de Dios»\, muy seguramente bajo el cuidado del niño Samuel. El hecho de que «no se había apagado la lámpara de Dios» deja claro que no ha amanecido. Este dato temporal tiene también relevancia teológica: la luz falta en la casa de Elí\, no en la casa del Señor. La iniciativa es del Señor. Su palabra resuena en la conciencia del niño\, pero este no la puede identificar\, porque no está familiarizado con ella\, solo conoce la de Elí\, por eso acude a él. El Señor le habla desde el arca (cf. Exo 25\,22; Isa 6)\, pero Samuel no se da cuenta. Así ocurre todas las veces (tres)\, sin que ninguno de los dos se percate de la confusión\, aunque en el caso de Samuel era explicable\, porque él «todavía no conocía al Señor; aún no se le había revelado la palabra de Señor». Es Elí quien debe tomar conciencia de que\, si el niño está al servicio del Señor\, es el Señor quien lo llama.\nSamuel\, por su parte\, comprende que él no está al servicio de Elí y aprende a responderle al Señor\, declarándose su «siervo» (hombre libre que libremente coopera con Dios) y dispuesto a escucharlo. Aquella noche el Señor le reveló el rumbo que habían tomado las cosas\, y las consecuencias de las acciones de Elí y su familia\, y le dio un mensaje para Elí: le reprochaba su permisividad y le denunciaba el pecado de su familia. Al día siguiente comenzó su servicio al Señor. Tuvo que contarle a Elí el contenido de la revelación que tuvo\, dado que\, además de encargárselo el Señor\, Elí se lo exigió. Este aceptó su destino (cf. vv.11-18\, omitidos).\nA partir de entonces\, se registra el crecimiento de Samuel y se constata la presencia del Señor en su vida\, respaldando sus palabras. La expresión «el Señor estaba con él» reviste un acento particular\, dado que a continuación se explicita su contenido diciendo que «ninguna de sus palabras dejó de cumplirse» (cf. 2Rey 10\,10). Primera consecuencia de esto: la consolidación del prestigio de Samuel como profeta del Señor ante el pueblo. «Todo Israel\, desde Dan hasta Berseba se enteró de que Samuel era Profeta acreditado ante el Señor». Otra consecuencia\, de importancia semejante: ahora abunda la palabra del Señor\, que antes era «rara»: el pueblo se enteró de que la palabra del Señor ahora se volvía a escuchar en Siló\, por medio de Samuel. Tercera consecuencia: las visiones –que antes «no abundaban»– después de la revelación a Samuel\, se volvieron cada vez más frecuentes\, porque «el Señor continuó manifestándose». La determinación geográfica «de Dan a Berseba» (límites septentrional y meridional de «todo Israel»: cf. Jue 20\,1; 2Sam 17\,11; 24\,2.15; 1Rey 5\,5)\, quiere manifestar en estos términos que el carácter profético de Samuel era reconocido por el conjunto de las tribus. Tanto el título de «profeta» como dicha determinación resultan anacrónicos en este contexto histórico\, pues entonces se hablaba de «vidente»\, y las tribus no estaban tan organizadas.\n\nEsta situación se repite con frecuencia. Dios habla siempre\, pero su palabra no encuentra eco; se manifiesta continuamente\, pero «en sus ojos algo les impedía reconocerlo» (Lc 24\,16). Es algo que ofusca a las personas para que\, como dice Jesús: «por más que vean no perciban y por más que escuchen no entiendan» (Mc 4\,12). Se trata de la corriente de pensamiento que domina en una sociedad («la tiniebla»\, según Juan) o en un individuo («el espíritu inmundo»\, según los sinópticos). Esa «tiniebla» (o el «espíritu inmundo») se presenta con ropaje religioso (habida cuenta de que todo ocurre en el santuario de Siló)\, pero esconde intereses mezquinos (cf. 1Sm 2\,12-17) y negligencia culpable (cf. 1Sm 2\,22-25; 3\,11-14).\nNo basta la mera religiosidad\, porque quien no conoce al Señor no es capaz de distinguir su palabra de las palabras humanas. Los falsos profetas pregonan que ven a Dios\, pero no son «limpios de corazón» (cf. Mt 5\,8). De ahí la urgencia de la evangelización. Podría suceder que los mismos que a menudo celebramos la eucaristía tengamos necesidad de ese conocimiento del Señor. Nos corresponde propiciar esa oportunidad. La comunión eucarística\, precedida de la escucha de la palabra del Señor\, nos lleva a la decisión de ser servidores como él.\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Jueves de la I semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del primer libro de Samuel (4\,1-11): \nEn aquellos días\, se reunieron los filisteos para atacar a Israel. Los israelitas salieron a enfrentarse con ellos y acamparon junto a Piedrayuda\, mientras que los filisteos acampaban en El Cerco. Los filisteos formaron en orden de batalla frente a Israel. Entablada la lucha\, Israel fue derrotado por los filisteos; de sus filas murieron en el campo unos cuatro mil hombres.\nLa tropa volvió al campamento\, y los ancianos de Israel deliberaron: «¿Por qué el Señor nos ha hecho sufrir hoy una derrota a manos de los filisteos? Vamos a Siló\, a traer el arca de la alianza del Señor\, para que esté entre nosotros y nos salve del poder enemigo.»\nMandaron gente a Siló\, a por el arca de la alianza del Señor de los ejércitos\, entronizado sobre querubines. Los dos hijos de Elí\, Jofní y Fineés\, fueron con el arca de la alianza de Dios. Cuando el arca de la alianza del Señor llegó al campamento\, todo Israel lanzó a pleno pulmón el alarido de guerra\, y la tierra retembló.\nAl oír los filisteos el estruendo del alarido\, se preguntaron: «¿Qué significa ese alarido que retumba en el campamento hebreo?»\nEntonces se enteraron de que el arca del Señor había llegado al campamento y\, muertos de miedo\, decían:\n«¡Ha llegado su Dios al campamento! ¡Ay de nosotros! Es la primera vez que nos pasa esto. ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de esos dioses poderosos\, los dioses que hirieron a Egipto con toda clase de calamidades y epidemias? ¡Valor\, filisteos! Sed hombres\, y no seréis esclavos de los hebreos\, como lo han sido ellos de nosotros. ¡Sed hombres\, y al ataque!»\nLos filisteos se lanzaron a la lucha y derrotaron a los israelitas\, que huyeron a la desbandada. Fue una derrota tremenda: cayeron treinta mil de la infantería israelita. El arca de Dios fue capturada\, y los dos hijos de Elí\, Jofní y Fineés\, murieron. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 43\,10-11.14-15.24-25 \nR/. Redímenos\, Señor\, por tu misericordia \nAhora nos rechazas y nos avergúenzas\,\ny ya no sales\, Señor\, con nuestras tropas:\nnos haces retroceder ante el enemigo\,\ny nuestro adversario nos saquea. R/. \nNos haces el escarnio de nuestros vecinos\,\nirrisión y burla de los que nos rodean;\nnos has hecho el refrán de los gentiles\,\nnos hacen muecas las naciones. R/. \nDespierta\, Señor\, ¿por qué duermes?\nLevántate\, no nos rechaces más.\n¿Por qué nos escondes tu rostro\ny olvidas nuestra desgracia y opresión? R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Marcos (1\,40-45): \nEn aquel tiempo\, se acercó a Jesús un leproso\, suplicándole de rodillas: «Si quieres\, puedes limpiarme.»\nSintiendo lástima\, extendió la mano y lo tocó\, diciendo: «Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente\, y quedó limpio.\nÉl lo despidió\, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero\, para que conste\, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.»\nPero\, cuando se fue\, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones\, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera\, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nJueves de la I semana del Tiempo Ordinario. Año I.\n\nUna de las grandes diferencias de la relación («alianza») del Señor con Israel es que se trata de un vínculo asumido libremente. No puede ser de otro modo\, porque el Señor es liberador y salvador\, y el que hace libre al pueblo no pretende dominarlo\, ni tolera que dicho pueblo sea dominado\, ni permite las relaciones de dominación entre los miembros de su pueblo. De la misma manera\, no admite que el pueblo pretenda manipularlo. No se deja sobornar ni por el rico ni por el pobre. Y afirma esto enfáticamente cuando se trata de manipularlo a través del culto. De hecho\, los profetas constituyen la más neta afirmación de la libertad del Señor en relación con su pueblo\, así como\, en nombre del Señor\, defienden la libertad del pueblo.\nEl hecho recordado en este día muestra de manera impensable la afirmación de esa libertad. Samuel pasa a segundo plano\, y en primer plano aparece el arca de la alianza. El relato es una crítica velada al hecho de poner la confianza más en el arca que en el Señor\, con la suposición de que es posible condicionar al Señor a través del objeto que simboliza el pacto con él. Este relato tiene dos partes: la primera (vv. 1b-4) consiste en el intento de inclinar la balanza de la guerra a favor de los israelitas involucrando en ella el arca de la alianza; la segunda (vv. 5-11)\, describe el fracaso de ese intento y la captura del arca por parte de los filisteos.\n\n1Sam 4\,1-11.\nEl arca es el signo de la alianza y de la presencia de Dios en medio de su pueblo. Se encuentra en Siló. El relato se desarrolla en ambiente de guerra. Y la situación no es favorable a Israel. En aquellos tiempos se pensaba que\, cuando peleaban los pueblos\, eran sus dioses quienes combatían. El pueblo vencedor tenía el dios más fuerte. Sin embargo\, solo excepcionalmente el arca acompañaba al ejército (cf. Jos 6\,6; 2Sam 11\,11)\nLa localización de cada pueblo define su talante:\n• Los israelitas acampan en Ebenezer (אֶבֶן עֵזֶר\, o sea\, «Piedrayuda»: cf. 7\,12).\n• Los filisteos\, en Afec (אֲפֵק\, es decir\, «El Cerco»; pretenden cercar a Israel).\nLos israelitas expresan su confianza en el Señor; los filisteos\, en su capacidad militar.\n1. Del signo al fetiche.\nLa iniciativa de la confrontación partió de los israelitas y los filisteos les hicieron frente. Pero\,\ntrabado el primer combate\, las pérdidas de hombres fueron cuantiosas por parte de las filas israelitas; la superioridad militar de los filisteos desconcertó a sus contrincantes\, convencidos como estaban de la superioridad del Señor sobre los dioses se los filisteos\, y seguros de que esta les garantizaba la victoria militar. La derrota los condujo a la deliberación dominada por una gran perplejidad («¿por qué el Señor nos ha hecho sufrir hoy una derrota a manos de los filisteos?»). Y\, sin atinar darse una respuesta al porqué de la derrota sufrida\, los concejales de Israel –no había militares al mando– determinaron provocar la intervención del Señor de un modo más directo\, llevando el arca de la alianza al campo de batalla. Aunque el arca cumplía un importante papel en las empresas guerreras de Israel\, no era común llevarla a las mismas líneas de combate. Aquí es presentada como «el arca de la alianza del Señor de los ejércitos\, que se sienta sobre querubines» (cf. 2Sam 6\,2; 2Rey 19\,15; Isa 37\,16; Sal 80\, 2; 99\,1). Fueron envidados a buscarla los menos dignos: los dos hijos de Elí. Lo más notable es que nada de esto fue consultado con el Señor.\n2. La pérdida del arca.\nEl narrador recurre al más fino sarcasmo generando una expectativa y\, a la vez\, reportando pánico y resignación en las filas filisteas\, para resolver rápidamente el drama con la inesperada victoria de estos últimos. La bulliciosa ovación con la que los israelitas recibieron el arca es un potente grito de guerra (cf. Jos 6\,5.20; Amo 1\,14). Este clamor pasará a la liturgia del arca y del templo (cf. 2Sam 6\,15; Sal 27\,6; 33\,3; 47\,6; 89\,16; 150\,5). Los filisteos llaman «hebreos» a los israelitas (cf.13\,19; 14\,11; 29\,3)\, en tanto que los israelitas manifiestan conciencia de ser distintos de los hebreos (cf. 14\,21). Es probable que el término se refiriera a una población «flotante»\, y que tuviera\, en la boca de los filisteos\, un sentido sarcástico\, como en la boca de los egipcios (cf. Gen 39\,17; 41\,12; Exo 1\,16; 2\,6).\nEl sarcasmo del autor llega a su punto culminante describiendo a los filisteos aterrorizados a causa de la noticia de que «los dioses» de los «hebreos» estaban en su campamento y que su fama guerrera se había demostrado en Egipto; los presenta resignados no solo a perder esta batalla\, sino también la vida… y de un plumazo da noticia de la derrota y de la retirada de los israelitas ante el empuje de los aguerridos filisteos.\nPero una lectura más atenta sugiere que las cosas son de otro modo. Quienes traen el arca son Jofní y Fineés\, los hijos de Elí\, de cuya corrupción se ha hablado ya. El Señor no se deja manipular ni siquiera con el cuento de que su honor como tal está en juego. No tiene más interés en lo que puedan decir de él en relación con los ídolos que en el hecho de ser el Dios que su pueblo necesita. No le preocupa su fama. La derrota afecta a los israelitas; suyo es el descrédito\, como se verá en los relatos que siguen respecto del arca en cautiverio. Los hijos de Elí murieron en ese fallido intento de manipulación. Y la pérdida que sufrió el pueblo fue siete veces superior a la primera (cf. 4\,2.10): un humillante fracaso.\n\nCuando los labios de los corruptos invocan a Dios\, aparentemente desacreditan al Dios de quien se declaran adoradores; y sí\, lo logran\, pero Dios sobrevive al descrédito y ellos no. Es una lección del Antiguo Testamento que conserva vigencia. La forma como está presentada la lección (en términos de abuso y castigo) es propia de esa época y del limitado conocimiento que entonces se tenía de Dios. Jesús hace otra presentación (abuso y consecuencia)\, porque él reconoce la libertad del hombre y declara el respeto de Dios por esa libertad.\nEl hecho de que haya falsos profetas que no respeten el nombre de Dios y lo pronuncien en falso no debe preocuparnos más que el hecho de aceptar que cualquiera hable en su nombre y dé cualquier clase de mensaje\, aun sabiendo que él es el Dios del éxodo (o sea\, liberador) y de la vida (o sea\, salvador). Los corruptos hacen carrera porque hallan quienes los reconozcan y se conviertan en sus cómplices\, aceptando su manipulación de la palabra y de la presencia de Dios. Se han dado conatos de esos por parte de quienes\, en vez de comulgar\, guardan la hostia y la cargan como amuleto. Sería como llevar la custodia con el Santísimo a un estadio\, con el propósito de ganar un partido\, o –peor aún– a un campo de batalla\, para ganar una guerra. Nosotros tenemos claro que la comunión eucarística no obliga a Dios a actuar como nosotros\, sino que nosotros aprendemos a ser como él. Por eso\, sin rayar en escrúpulos enfermizos\, somos muy respetuosos y cuidadosos en el tratamiento dado al sacramento.\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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SUMMARY:Lunes de la III semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del segundo libro de Samuel (5\,1-7.10): \nEn aquellos días\, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David y le dijeron: «Hueso tuyo y carne tuya somos: ya hace tiempo\, cuando todavía Saúl era nuestro rey\, eras tú quien dirigías las entradas y salidas de Israel. Además el Señor te ha prometido: “Tú serás el pastor de mi pueblo Israel\, tu serás el jefe de Israel.”»\nTodos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey\, y el rey David hizo con ellos un pacto en Hebrón\, en presencia del Señor\, y ellos ungieron a David como rey de Israel. Tenía treinta años cuando empezó a reinar\, y reinó cuarenta años; en Hebrón reinó sobre Judá siete años y medio\, y en Jerusalén reinó treinta y tres años sobre Israel y Judá. El rey y sus hombres marcharon sobre Jerusalén\, contra los jebuseos que habitaban el país.\nLos jebuseos dijeron a David: «No entrarás aquí. Te rechazarán los ciegos y los cojos.»\nEra una manera de decir que David no entraría. Pero David conquistó el alcázar de Sión\, o sea\, la llamada Ciudad de David. David iba creciendo en poderío\, y el Señor de los ejércitos estaba con él. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 88\,20.21-22.25-26 \nR/. Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán \nUn dia hablaste en visión a tus amigos:\n«He ceñido la corona a un héroe\,\nhe levantado a un soldado sobre el pueblo.» R/. \n«Encontré a David\, mi siervo\,\ny lo he ungido con óleo sagrado;\npara que mi mano esté siempre con él\ny mi brazo lo haga valeroso.» R/. \n«Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán\,\npor mi nombre crecerá su poder:\nextenderé su izquierda hasta el mar\,\ny su derecha hasta el Gran Río.» R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Marcos (3\,22-30): \nEn aquel tiempo\, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios.»\nÉl los invitó a acercarse y les puso estas parábolas: «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo\, para hacerse la guerra\, no puede subsistir\, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar\, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. Creedme\, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás\, cargará con su pecado para siempre.»\nSe refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nLunes de la III semana del Tiempo Ordinario. Año II.\n\nDespués de la muerte de Saúl y Jonatán\, David fue ungido rey de Judá\, y lo fue por siete años y medio\, cuando los soldados de Saúl\, que habían nombrado rey a Isbaal\, hijo de Saúl\, desafiaron las tropas de David. Estas vencieron esta vez\, pero murió un sobrino de David\, y las guerras se prolongaron hasta cuando Abner\, general de las tropas de Saúl\, por un reclamo de faldas que le hizo Isbaal\, le dio la espalda a este y adhirió a la causa de David\, pero\, como él había matado al sobrino de David\, Joab hermano del difunto\, se vengó matando a Abner\, asesinato que David repudió maldiciendo a Joab. A raíz de esto\, las tropas de Saúl entraron en pánico\, asesinaron a Isbaal en su casa y le llevaron su cabeza a David. Este enfureció y mando ejecutar a los traidores asesinos de Isbaal. Solo sobrevivió un hijo de Saúl\, Meribaal. (cf. 2Sm 2\,1-4\,12\, omitidos).\nLos nombres de los hijos de Saúl aquí mencionados\, Isbaal (אֶשׁבַּעַל: cf. 1Sam 14\,49) y Meribaal (מְרִיבַּעַל: cf. 2Sam 4\,4)\, que contienen el nombre de una divinidad cananea\, Baal (בָּעַל)\, constituyen un arcaísmo\, por cuando ese nombre significa «Señor»\, y era común a las divinidades de área de Asia Menor. En un tiempo los israelitas llamaron así al Señor (יהוה)\, pero después\, para deshacer la ambigüedad\, cambiaron esa denominación\, por eso los mismos hijos aparecen con nombres diferentes en otros lugares.\n\n2Sam 5\,1-7.10.\nEl texto tiene dos partes claramente distintas: el nombramiento de David como rey de Israel\, y la conquista de la ciudad de Jerusalén.\n1. David\, rey de Israel.\nEstamos en las últimas etapas de la ascensión de David. Se advierte que David es presentado en constante comunicación y consulta con el Señor\, cuyo consejo solicita antes de tomar cualquier decisión (cf. 1Sam 22\,5; 23\,4; 2Sam 5\,19.23). El movimiento a Hebrón probablemente pretende el narrador vincular la unción de Saúl como rey de Israel con la inminente unción de David como rey de Judá. David se trasladó con sus hombres y sus respectivas familias a Hebrón y su entorno.\nInformado sobre el acto piadoso de los de Yabés de Galaad –quienes sepultaron los cadáveres de Saúl y sus hijos e hicieron duelo por ellos (cf. 1Sam 31\,11-13)–\, David les envió un mensaje de cortesía y gratitud\, aunque también con una insinuación política («Ahora tengan ánimo\, sean valientes; Saúl\, su señor\, ha muerto\, pero Judá me ha ungido a mí rey suyo»: cf. 2Sam 2\,1-7).\nLa «unción» de David aparece aquí como una especie de pacto de mutua lealtad\, con juramento\, entre David y las tribus de Israel\, representadas por sus concejales. Esta elección es presentada como acatamiento del designio del Señor\, que había manifestado su decisión de que David fuera el «pastor» y «jefe» de Israel. Según el texto\, David le otorga una alianza a Israel (cf. 3\,21). Esto implica que Judá e Israel reconocen a David como rey por aparte\, la unidad de las tribus se funda en su persona\, lo cual la hace extremadamente frágil (cf. 2\,4 con 5\,3). No hay propiamente unión de las tribus\, las cuales permanecen autónomas\, pero reconocen al mismo hombre como su rey. Por eso se hace constar que su reinado inicial\, de siete años\, es separado\, y que el suplementario\, de treinta y tres\, es simultáneo («… en Jerusalén… sobre Israel y Judá»). Se trata de algo así como de «reinos unidos» en confederación\, o de una «monarquía dual».\n2. Toma de Jerusalén.\nLa ciudad de Jerusalén y el reinado de David están históricamente vinculados. Por eso aparece enseguida la narración de un hecho que se data históricamente después de las victorias sobre los filisteos (cf. vv. 17-25)\, pero anticipada a este lugar del relato por el interés teológico del narrador en relacionar la elección de David con la designación de Jerusalén como ciudad capital del reino\, ciudad que estaba en territorio de Judá. Los jebuseos\, antiguos habitantes de Jerusalén (cf. Jos 15\,63; Jue 1\,21)\, consideraban que su capacidad de defender la ciudad era tan firme que\, cuando les hicieron la oferta de la rendición\, la rehusaron alardeando de que la ciudad sería defendida de manera eficiente solo por los discapacitados que hubiera en ella («los ciegos y los cojos»). Parece que el refrán debió de causar una gran impresión\, porque es transmitido de diversos modos en las versiones aramea\, latina y griega del texto\, aunque –en sustancia– dicen lo mismo.\nDavid se tomó el alcázar de la ciudad por asalto manifestando así su desprecio por los supuestos ciegos y cojos que le cerrarían el paso. Dicho alcázar estaba situado sobre el monte Sion\, entre los valles del Cedrón y del Tiropeón\, al sur de la cumbre en donde David construirá un altar (cf. 24\,18-25) y posteriormente su hijo Salomón edificará el templo (cf. 1Rey 6).\nSe recuerda que ese día David había dicho que para darle el golpe al jebuseo había que tomarse el canal\, presumiblemente en alusión al canal subterráneo que permitía que se aprovisionaran de agua los habitantes de la ciudad en el torrente Guijón\, que estaba fuera de la ciudad\, pero existe otra transmisión del dicho: «Al primero que mate un jebuseo lo nombro general en jefe» (1Cro 11\,6). En su instalación en el alcázar y en la designación del mismo como «ciudad de David» se percibe la intención que lo animaba de hacer de esa ciudad la capital –entre Judá e Israel– de sus dos reinos\, garantizando así la independencia del rey. Ese es el sentido que tiene el traslado de la capital del reino de Hebrón a Jerusalén y el refuerzo de sus defensas (v. 9\, omitido).\nEl hecho de la victoria hace recordar que antes de la refriega David había manifestado desprecio por los combatientes improvisados con los que lo amenazaron («a esos cojos y ciegos los detesta David»). Pero este dicho fue tomado al pie de la letra y se utilizó después para justificar el hecho de que los ciegos y los cojos fueran excluidos del acceso al templo (v. 8\, omitido; cf. Lev 21\,18).\nLa prevalencia de su reinado se afianza\, y el narrador declara que «el Señor de los ejércitos estaba con él». Más adelante se reporta que esa es la toma de conciencia que realiza el rey: «Comprendió David que el Señor lo engrandecía como rey de Israel y que engrandecía su reino por amor a su pueblo\, Israel» (v. 12).\n\nVale la pena tener en cuenta el hecho de que\, según Mateo\, Jesús rechaza lo permitido y permite lo prohibido cuando\, tras expulsar a los vendedores del templo\, acoge y cura a «ciegos y cojos»\, mostrando que la verdadera purificación reside en la exclusión del lucro con pretexto de culto y en la integración de los excluidos por prejuicios religiosos (cf. Mt 21\,14).\n«El Señor de los ejércitos» terminó siendo una designación del Dios de Jacob como señor de la creación y de la historia. Este señorío no lo ejerce Dios desde fuera\, sino desde dentro\, incluso a pesar de las falencias e incomprensiones de los hombres\, como un padre que educa con amor paciente a hijos díscolos.\nAhora\, con la humanización de Dios en Jesús\, ese señorío se hace posible con el don del Espíritu Santo\, que actúa en nosotros mejor que en David por nuestra comunión con el Mesías Jesús.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la III semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del segundo libro de Samuel (6\,12b-15.17-19): \nEn aquellos días\, fue David y llevó el arca de Dios desde la casa de Obededom a la Ciudad de David\, haciendo fiesta. Cuando los portadores del arca del Señor avanzaron seis pasos\, sacrificó un toro y un ternero cebado. E iba danzando ante el Señor con todo entusiasmo\, vestido sólo con un roquete de lino. Así iban llevando David y los israelitas el arca del Señor entre vítores y al sonido de las trompetas. Metieron el arca del Señor y la instalaron en su sitio\, en el centro de la tienda que David le había preparado. David ofreció holocaustos y sacrificios de comunión al Señor y\, cuando terminó de ofrecerlos\, bendijo al pueblo en el nombre del Señor de los ejércitos; luego repartió a todos\, hombres y mujeres de la multitud israelita\, un bollo de pan\, una tajada de carne y un pastel de uvas pasas a cada uno. Después se marcharon todos\, cada cual a su casa. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 23\,7.8.9.10 \nR/. ¿Quién es ese Rey de la gloria?\nEs el Señor en persona \n¡Portones!\, alzad los dinteles\,\nque se alcen las antiguas compuertas:\nva a entrar el Rey de la gloria. R/. \n¿Quién es ese Rey de la gloria?\nEl Señor\, héroe valeroso;\nel Señor\, héroe de la guerra. R/. \n¡Portones!\, alzad los dinteles\,\nque se alcen las antiguas compuertas:\nva a entrar el Rey de la gloria. R/. \n¿Quién es ese Rey de la gloria?\nEl Señor\, Dios de los ejércitos.\nÉl es el Rey de la gloria. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Marcos (3\,31-35): \nEn aquel tiempo\, llegaron la madre y los hermanos de Jesús y desde fuera lo mandaron llamar.\nLa gente que tenía sentada alrededor le dijo: «Mira\, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.»\nLes contestó: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?»\nY\, paseando la mirada por el corro\, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios\, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nMartes de la III semana del Tiempo Ordinario. Año II.\n\n«Cuando los filisteos oyeron que habían ungido a David rey de Israel\, subieron todos a apresarlo. David se enteró y bajó al refugio de Adulán» (2Sam 5\,17). Tras consultar con el Señor\, David les hizo frente y los derrotó. «Los filisteos dejaron allí abandonados sus ídolos; David y sus hombres los recogieron» (5\,21). Ellos volvieron a incursionar\, David se atuvo a las instrucciones del Señor\, y nuevamente los derrotó. Así se desquitaron de la afrenta por la captura del arca (cf. 1Sam 4).\nEl arca\, después de que los filisteos la devolvieron\, llegó a Bet Semes («Casa del sol»)\, pero los vecinos pronto sintieron temor y se la pasaron a los de Quiriat Yearim («Villa de los sotos»)\, y estos a Guibeá («Loma»)\, a casa de Abinadab\, en donde estuvo cerca de 20 años. Ahora David salió a buscarla (cf. Sal 132\,6) en Baalá de Judá\, pero un incidente en el acarreo de la misma hizo sentir temor a David\, quien la dejó en casa de Obededom\, de Gat\, en donde estuvo tres meses.\nPara David era importante tener el arca en su misma ciudad\, porque así se aseguraba de contar con la presencia del Señor a su lado y\, al mismo tiempo\, gozaría del respeto del pueblo\, que lo vería como íntimo del Señor\, ungido suyo\, y no simplemente como elegido por Judá e Israel. Y\, sobre todo\, teniendo el arca en Jerusalén\, la ciudad se convertía en el centro religioso del pueblo\, lo que convenía a sus propósitos de reinar sobre Israel y Judá simultáneamente.\n\n2Sam 6\,12b-15.17-19.\nContrariamente a lo que se temía\, el Señor bendijo a Obededom\, en cuya casa estuvo el arca\, y entonces David decidió llevar procesionalmente el arca hasta Jerusalén en un ambiente de fiesta. Convirtió este hecho en un histórico acontecimiento religioso tanto para Judá como para Israel\, y como ocasión para fortalecer la conciencia de pertenencia y unidad nacional; al mismo tiempo\, estableció así el carácter capital de Jerusalén como centro político y religioso del reino. David asumió funciones sacerdotales: sacrificó animales\, ofreció holocaustos y sacrificios de comunión\, usó vestiduras sacerdotales (un roquete de lino)\, bendijo al pueblo en nombre del Señor y le dio participación en el banquete de comunión.\nDavid solo iba vestido con el roquete de lino\, e iba danzando y saltando delante del arca a lo largo del recorrido; al entrar en la ciudad lo estaba observando desde la ventana de su casa Mical\, la hija de Saúl que había sido su mujer\, pero que Saúl después le entregó a otro (cf. 1Sam 25\,44)\, aunque\, finalmente\, David la reclamó (cf. 2Sam 3\,13-16). Ella le manifestó desprecio por haber dejado ver sus partes íntimas mientras hacía piruetas y cabriolas delante del Señor\, pero David insistió en la elección de que había sido objeto por parte del Señor y en su disposición a seguir dándole culto\, aunque su mujer y sus criadas le manifestaran desprecio. Este hecho conduce a la esterilidad de Mical\, quien no le dio hijos al rey (cf. 6\,23\, omitido). Esto significa la extinción de la familia de Saúl\, hecho que tiene trascendencia en la lucha por la sucesión del trono de David. El relato pretende justificar la presencia del arca en Jerusalén y legitimar el reinado de David y sus sucesores en la ahora ciudad capital del reino (cf. vv. 16.20-23\, omitidos).\nEl arca fue conducida a una tienda de pieles que David hizo construir para el efecto\, situándola en su centro. Pese a que se describe con el mismo verbo («preparar»)\, la tienda de David no es la tienda del encuentro de la que hablan las tradiciones sobre Moisés\, ni tampoco la de la tradición sacerdotal\, cuya presencia se señala en Siló\, Gabaón y hasta Jerusalén. Hay textos que distinguen esta tienda de la tienda del encuentro\, que existía todavía en tiempos de Salomón (cf. 1Cro 15\,1; 16\,1; 2Cro 1\,4 con 1Rey 1\,39; 2\,28-30).\nLos holocaustos que ofrece el rey (cf. 24\,25; 1Rey 3\,4.15; 8\,63-64; 9\,25; 2Rey 16\,12-13)\, al parecer constituyen una antigua prerrogativa no exenta de oposición (cf. 1Sam 13\,8-15) y son de carácter excepcional\, ya que el hombre de guerra no debe incursionar en ese campo\, que es dominio del hombre religioso (cf. 1Cro 22\,7). Del mismo modo\, la bendición solemne de los hijos de los israelitas era una atribución reservada al sacerdote (cf. Num 6\,22-27)\, pero también Salomón se arrogará esta facultad de bendecir la asamblea del pueblo (cf. 1Rey 8\,14.55).\nPor último\, David hizo distribuir «a todo el pueblo –hombres y mujeres de la multitud israelita– un pan\, una porción de carne y una torta de pasas». Este sacrificio se interpretaba de este modo: Dios\, invitado al banquete\, recibía la víctima (lo que se quemaba sobre el altar) y repartía el resto entre los oferentes\, de quienes hacía sus invitados. Este «sacrificio de paz» era como un banquete de reconciliación (o de amistad) que se desenvolvía en una ceremonia gozosa. Era muy apto para significar la alianza entre Dios y el pueblo. Y parece que David usa este símbolo de alianza para expresar la relación que se da entre él y los dos reinos que gobierna desde Jerusalén\, Judá e Israel. Por eso se concluye con la noticia de que «se marcharon todos\, cada cual a su casa»\nDavid pretende establecer un reino en el cual lo político y lo religioso formen un todo armónico por fidelidad al Señor (el Dios que sacó a Israel de Egipto). La organización del reino ha de estar al servicio de la alianza con el Señor. En sus acciones hay un programa: el gobernante da culto al Señor cuando\, al mismo tiempo que se muestra comprometido con la vida de su pueblo («lo bendijo»)\, y se convierte en constructor y garante de la unidad manteniendo el vínculo de amistad («sacrificio de paz») entre sus connacionales. Y\, sobre todo\, cuando ambas acciones\, la bendición y la paz\, están encaminadas a fortalecer la relación del pueblo con su Dios.\n\nPosteriormente\, incluso en nuestro tiempo\, lo que se ve es una manipulación de lo religioso en beneficio de lo político; tampoco la organización estatal pretende garantizar que se realice el ideal de la alianza\, sino –con frecuencia– lo contrario de la misma. Da grima ver Iglesias convertidas en partidos políticos y pastores al servicio de intereses partidistas y de afanes económicos mal disimulados. Pero también ocurre lo contrario: manipulación religiosa del orden civil y político al servicio de unos proyectos que desconocen los derechos humanos\, excluyen (incluso matando) a los disidentes y restringen las libertades… ¡en nombre de una supuesta divinidad!\nEl cristiano no debe confundir el orden temporal con el reino de Dios\, pero sabe que su mejor contribución para optimizar el orden temporal consiste en proponerle permanentemente el reino de Dios como su ideal. Esa es nuestra tarea al finalizar la eucaristía: «pueden irse en paz». Es el envío misionero a ser levadura en la masa. Estamos destinados a ser germen de vida nueva.\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la III semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del segundo libro de Samuel (7\,4-17): \nEn aquellos días\, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: «Ve y dile a mi siervo David: “Así dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella? Desde el día en que saqué a los israelitas de Egipto hasta hoy\, no he habitado en una casa\, sino que he viajado de acá para allá en una tienda que me servía de santuario. Y\, en todo el tiempo que viajé de acá para allá con los israelitas\, ¿encargué acaso a algún juez de Israel\, a los que mandé pastorear a mi pueblo Israel\, que me construyese una casa de cedro?” Pues bien\, di esto a mi siervo David: “Así dice el Señor de los ejércitos: Yo te saqué de los apriscos\, de andar tras las ovejas\, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. Yo estaré contigo en todas tus empresas\, acabaré con tus enemigos\, te haré famoso como a los más famosos de la tierra. Daré un puesto a Israel\, mi pueblo: lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos\, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes\, cuando nombré jueces para gobernar a mi pueblo Israel. Te pondré en paz con todos tus enemigos\, y\, además\, el Señor te comunica que te dará una dinastía. Y\, cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres\, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas\, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre\, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre\, y él será para mí hijo; si se tuerce\, lo corregiré con varas y golpes como suelen los hombres\, pero no le retiraré mi lealtad como se la retiré a Saúl\, al que aparté de mi presencia. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.”»\nNatán comunicó a David toda la visión y todas estas palabras. \nPalabra de Dios\nSalmo\nSal 88\,4-5.27-28.29-30 \nR/. Le mantendré eternamente mi favor \nSellé una alianza con mi elegido\,\njurando a David\, mi siervo:\n«Te fundaré un linaje perpetuo\,\nedificaré tu trono para todas las edades.» R/. \n«Él me invocará: “Tú eres mi padre\,\nmi Dios\, mi Roca salvadora”;\ny yo lo nombraré mi primogénito\,\nexcelso entre los reyes de la tierra.» R/. \n«Le mantendré eternamente mi favor\,\ny mi alianza con él será estable;\nle daré una prosperidad perpetua\ny un trono duradero como el cielo.» R/.\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Marcos (4\,1-20): \nEn aquel tiempo\, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago. Acudió un gentío tan enorme que tuvo que subirse a una barca; se sentó\, y el gentío se quedó en la orilla.\nLes enseñó mucho rato con parábolas\, como él solía enseñar: «Escuchad: Salió el sembrador a sembrar; al sembrar\, algo cayó al borde del camino\, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso\, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda\, brotó en seguida; pero\, en cuanto salió el sol\, se abrasó y\, por falta de raíz\, se secó. Otro poco cayó entre zarzas; las zarzas crecieron\, lo ahogaron\, y no dio grano. El resto cayó en tierra buena: nació\, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno.»\nY añadió: «El que tenga oídos para oír\, que oiga.»\nCuando se quedó solo\, los que estaban alrededor y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas.\nÉl les dijo: «A vosotros se os han comunicado los secretos del reino de Dios; en cambio\, a los de fuera todo se les presenta en parábolas\, para que\, por más que miren\, no vean\, por más que oigan\, no entiendan\, no sea que se conviertan y los perdonen.”»\nY añadió: «¿No entendéis esta parábola? ¿Pues\, cómo vais a entender las demás? El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero\, en cuanto la escuchan\, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la simiente como terreno pedregoso; al escucharla\, la acogen con alegría\, pero no tienen raíces\, son inconstantes y\, cuando viene una dificultad o persecución por la palabra\, en seguida sucumben. Hay otros que reciben la simiente entre zarzas; éstos son los que escuchan la palabra\, pero los afanes de la vida\, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden\, ahogan la palabra\, y se queda estéril. Los otros son los que reciben la simiente en tierra buena; escuchan la palabra\, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno.» \nPalabra del Señor
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SUMMARY:Jueves de la III semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del segundo libro de Samuel 7\,18-19.24-29): \nDespués que Natán habló a David\, el rey fue a presentarse ante el Señor y dijo: «¿Quién soy yo\, mi Señor\, y qué es mi familia\, para que me hayas hecho llegar hasta aquí? ¡Y\, por si fuera poco para ti\, mi Señor\, has hecho a la casa de tu siervo una promesa para el futuro\, mientras existan hombres\, mi Señor! Has establecido a tu pueblo Israel como pueblo tuyo para siempre\, y tú\, Señor\, eres su Dios. Ahora\, pues\, Señor Dios\, mantén siempre la promesa que has hecho a tu siervo y su familia\, cumple tu palabra. Que tu nombre sea siempre famoso. Que digan: “¡El Señor de los ejércitos es Dios de Israel!” Y que la casa de tu siervo David permanezca en tu presencia. Tú\, Señor de los ejércitos\, Dios de Israel\, has hecho a tu siervo esta revelación: “Te edificaré una casa”; por eso tu siervo se ha atrevido a dirigirte esta plegaria. Ahora\, mi Señor\, tú eres el Dios verdadero\, tus palabras son de fiar\, y has hecho esta promesa a tu siervo. Dígnate\, pues\, bendecir a la casa de tu siervo\, para que esté siempre en tu presencia; ya que tú\, mi Señor\, lo has dicho\, sea siempre bendita la casa de tu siervo.» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 131\,1-2.3-5.11.12.13-14 \nR/. El Señor Dios le dará el trono de David\, su padre \nSeñor\, tenle en cuenta a David\ntodos sus afanes:\ncómo juró al Señor\ne hizo voto al Fuerte de Jacob. R/. \n«No entraré bajo el techo de mi casa\,\nno subiré al lecho de mi descanso\,\nno daré sueño a mis ojos\,\nni reposo a mis párpados\,\nhasta que encuentre un lugar para el Señor\,\nuna morada para el Fuerte de Jacob.» R/. \nEl Señor ha jurado a David\nuna promesa que no retractara:\n«A uno de tu linaje pondré sobre tu trono.» R/. \n«Si tus hijos guardan mi alianza\ny los mandatos que les enseño\,\ntambién sus hijos\, por siempre\,\nse sentarán sobre tu trono.» R/. \nPorque el Señor ha elegido a Sión\,\nha deseado vivir en ella:\n«Ésta es mi mansión por siempre\,\naquí viviré\, porque la deseo.» R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Marcos (4\,21-25): \nEn aquel tiempo\, dijo Jesús a la muchedumbre: «¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama\, o para ponerlo en el candelero? Si se esconde algo\, es para que se descubra; si algo se hace a ocultas\, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír\, que oiga.»\nLes dijo también: «Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros\, y con creces. Porque al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará con creces hasta lo que tiene.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nJueves de la tercera semana del Tiempo Ordinario. Año II.\n\nYa Abigaíl\, la mujer de Nabal\, le había dicho a David: «el Señor dará a mi señor una casa estable\, porque mi señor pelea las guerras del Señor\, y ni en toda tu vida se te encontrará un fallo» (1Sam 25\,28)\, palabras generosamente halagadoras con el fin de obtener la clemencia de David\, porque se enteró de que Nabal\, marido de Abigaíl\, había sido descortés con unos emisarios personales que David le había enviado para solicitarle apoyo para la tropa. Era fácil que el guerrero estuviera acostumbrado a esas lisonjas\, pero el mensaje del Señor lo situó en su puesto.\nEsto es lo que sucede con David a raíz del anuncio que le ha traído el profeta Natán\, esta vez sí hablando en nombre del Señor. Ya no se trata de halagarles los oídos al poderoso soberano\, sino de anunciarle\, como a cualquier otro israelita\, el auténtico oráculo del Señor. Dios es magnánimo y generoso con todos\, sin que sea necesario que el hombre previamente haga algo para granjearse su favor. Al comprenderlo\, David reconoce que el Señor va más allá de lo que él pudiera reclamar como merecido.\nEl reconocimiento de la iniciativa de Dios («él nos amó primero»: 1Jn 4\,19) y de la gratuidad de sus bendiciones («ustedes están salvados por pura generosidad»: Ef 2\,5)\, así como de su fidelidad incluso a los infieles (cf. Lc 6\,35; 2Tim 2\,13)\, es el principio de la fe. Así ocurrió con Abraham\, y así ocurre con los seguidores de Jesús\, «pionero y consumador de la fe» (Heb 12\,2).\n\n2Sam 7\,18-19.24-29.\nDespués del anuncio de Natán\, David acude a la carpa en donde está el arca y ora al Señor. Signo de su nueva actitud es el comienzo de su oración («¿Quién soy yo\, mi Señor?») que expresa una perplejidad frente a la actividad de Dios a su favor en el pasado y a la promesa que le agrega para el futuro. David se muestra desconcertado. Además\, se pregunta por los créditos de su familia de origen («¿…y qué es mi familia?»)\, como lo habían hecho Moisés (cf. Exo 3\,11)\, Gedeón (cf. Jue 6\,15) y hasta Saúl\, su antecesor (cf. 1Sam 9\,21). Ni él ni su familia pueden alegar méritos de su parte para «llegar hasta aquí». Tiene que reconocer que todo es don del Señor.\n• Llamándolo (literalmente) «mi Señor\, el Señor» (יְהוִה אֲדֹנָי) siete veces (vv. 18.19[2].20.22.28.29)\, se declara su «siervo» (עֶבֶד) diez veces (vv. 19.20.21.25.26.27[2].28.29[2])\, pondera la generosidad de Dios en favor suyo y de su familia\, y declara que no hay Dios como él ni fuera de él. Agradece la promesa que el Señor le hace y reconoce que en su generosidad está su grandeza (cf. 7\,18-22).\n• Llamándolo «Dios» (אֱלֹהִם)\, denominación universal que aparece nueve veces en el capítulo entero (vv. 2.22.23[2].24.25.26.27.28) y evidentemente más genérica que la anterior\, reconoce su amor a Israel por liberarlo\, hacerlo su pueblo y darle renombre como pueblo suyo a través de los prodigios que ha realizado en su favor desde cuando lo sacó de Egipto (cf. 7\,23: omitido).\n• Llamándolo de varios modos (Señor Dios\, Señor de los ejércitos\, Dios de Israel\, mi Señor) entrelaza la promesa hecha a él y a su familia y la elección de Israel para pedirle que mantenga esa promesa y que bendiga su casa para que esta permanezca en su presencia (cf. 24-27). El Señor es distinto de los dioses de los pueblos\, es el Dios de Israel\, Señor de la creación y de la historia.\n• Finalmente\, concluye –apoyándose solo y confiadamente en la unicidad («no hay Dios fuera de ti»: v. 22) y en la veracidad de Dios («tú eres el Dios verdadero\, tus palabras son de fiar»)– que el Señor\, a quien él ha reconocido como «el (único) Dios» (הָאֱלֹהִים) y cuyas palabras ha declarado «de fiar» (אֱמֶת)\, le brinda total credibilidad y da firmeza a la promesa que le ha hecho. Lo único que resta es que bendiga su casa para que se cumpla en la misma esa promesa.\nSe aprecia la diferencia que hay entre el rey que quería edificarle al Señor una casa de cedro como la que él tenía y el «siervo» del Señor que toma conciencia de la generosidad con la que el Señor lo ha tratado desde antes de ser rey\, que lo condujo a la realeza y que ahora se compromete con él a mantenerlo en el trono y mantener también en él a su descendencia\, incluso ante previsibles infidelidades de sus descendientes\, por mera donación de su benevolencia\, si mérito alguno suyo.\nDavid se expresa como hombre de fe\, al reconocerse desbordado por la generosidad inmensa de Dios\, y se declara «siervo» suyo en relación con su pueblo\, es decir\, se pone a disposición de Dios con toda libertad para colaborar con él en la promoción de la libertad del pueblo. El amor desbordante de Dios lo lleva a sentir vivamente que cuanto más amado por Dios se reconoce (el nombre de David significa «amado») tanto más responsable es del destino del pueblo de Dios. David acepta la vinculación del destino de su casa al destino de su nación y asume esa vinculación de destinos como un don de la generosidad del Señor hacia él\, personalmente\, y hacia su familia\, colectivamente. La oración que acaba de dirigirle a Dios procede del hecho de haber conocido por revelación del profeta Natán el designio del Señor: «Tú\, Señor de los ejércitos\, Dios de Israel\, has hecho a tu siervo esta revelación: “te edificaré una casa”; por eso\, tu siervo se ha atrevido a dirigirte esta plegaria».\nPor otra parte\, la intención del hombre religioso (David antes del oráculo de Natán) encierra el riesgo de querer encasillar a Dios\, de (literalmente) «domesticarlo»\, al pretender confinarlo en un lugar\, como si Dios no tuviera la libertad de estar en medio de su pueblo\, y como si tuviera que estar agradecido con un supuesto benefactor suyo que le construyó una casa regia. Por eso puede observarse en la predicación de los profetas una cierta ambivalencia con respecto del templo: en algunas ocasiones apoyan su construcción o reconstrucción\, y en otras se oponen.\n\nEl hombre religioso presume de sus dones como si fueran privilegios para sí. El hombre de fe\, en cambio\, los asume como responsabilidades con el pueblo ante Dios. La acción de gracias del fariseo resulta vacía por eso\, porque no se compromete ni con Dios ni con la humanidad (cf. Lc 18\,9-14). El hombre de fe da gracias comprometiéndose con el Señor que lo bendice y sirviendo al pueblo del Señor. Al final de esa oración de David se percibe una semejanza temática con la respuesta de la virgen María al ángel: «Aquí está la sierva del Señor; cúmplase en mí lo que has dicho» (Lc 1\,38). Al fin de cuentas\, en sus entrañas se cumple a plenitud la promesa hecha por el Señor a David. Y\, a semejanza de esa «encarnación»\, los cristianos acogemos a Jesús por la fe en nuestros corazones y\, por los sacramentos\, manifestamos públicamente esa adhesión.\nCuando vamos a comulgar declarando que no «somos dignos» de ello\, reconocemos que el don que recibimos nos compromete con el Señor a quien recibimos y con el pueblo en cuyo seno lo recibimos.\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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SUMMARY:Viernes de la III semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nMe despreciaste tomando por esposa a la mujer de Urías. \nLectura del segundo libro de Samuel 11\, 1-4a. 5-10a. 13-17. 27c \nAl comienzo del año\, en la época en que los reyes salen de campaña\, David envió a Joab con sus servidores y todo Israel\, y ellos arrasaron a los amonitas y sitiaron Rabá. Mientras tanto\, David permanecía en Jerusalén. \nUna tarde\, después que se levantó de la siesta\, David se puso a caminar por la azotea del palacio real\, y desde allí vio a una mujer que se estaba bañando. La mujer era muy hermosa. David mandó a averiguar quién era esa mujer\, y le dijeron: “¡Pero si es Betsabé\, hija de Eliám\, la mujer de Urías\, el hitita!” Entonces David mandó unos mensajeros para que se la trajeran. La mujer quedó embarazada y envió a David este mensaje: “Estoy embarazada”. \nEntonces David mandó decir a Joab: “Envíame a Urías\, el hitita”. Joab se lo envió\, y cuando Urias se presentó ante el rey\, David le preguntó cómo estaban Joab y la tropa y cómo iba la guerra. Luego David dijo a Urías: “Baja a tu casa y lávate los pies”. Urías salió de la casa del rey y le mandaron detrás un obsequio de la mesa real. Pero Urías se acostó a la puerta de la casa del rey junto a todos los servidores de su señor\, y no bajó a su casa. \nInformaron a David que Urías no había bajado a su casa. \nAl día siguiente\, David lo invitó a comer y a beber en su presencia y lo embriagó. A la noche\, Urías salió y se acostó junto a los servidores de su señor\, pero no bajó a su casa. \nA la mañana siguiente\, David escribió una carta a Joab y se la mandó por intermedio de Urías. En esa carta\, había escrito lo siguiente: “Pongan a Urías en primera línea\, donde el combate sea más encarnizado\, y después déjenlo solo\, para que sea herido y muera”. \nJoab\, que tenía cercada la ciudad\, puso a Urías en el sitio donde sabía que estaban los soldados más aguerridos. Los hombres de la ciudad hicieron una salida y atacaron a Joab. Así cayeron unos cuantos servidores de David\, y también murió Urías\, el hitita. \nPero lo que había hecho David desagradó al Señor. \nSALMO RESPONSORIAL 50\, 3-7. 10-11 \nR/. ¡Ten piedad\, Señor\, porque hemos pecado! \n¡Ten piedad de mí\, Señor\, por tu bondad\, por tu gran compasión\, borra mis faltas! ¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado! \nPorque yo reconozco mis faltas y mi pecado está siempre ante mí. Contra ti\, contra ti solo pequé e hice lo que es malo a tus ojos. \nPor eso\, será justa tu sentencia y tu juicio será irreprochable; yo soy culpable desde que nací; pecador me concibió mi madre. \nAnúnciame el gozo y la alegría: que se alegren los huesos quebrantados. Aparta tu vista de mis pecados y borra todas mis culpas. \n\nEVANGELIO\n\nACLAMACIÓN AL EVANGELIO Cf. Mt 11\, 25 \nAleluya. \nBendito eres\, Padre\, Señor del cielo y de la tierra\, porque revelaste los misterios del Reino a los pequeños. Aleluya. \nEVANGELIO \nEcha la semilla\, duerme\, y la semilla va creciendo sin que él sepa cómo. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 4\, 26-34 \nJesús decía a sus discípulos: \n“El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante\, de noche y de día\, la semilla germina y va creciendo\, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo\, luego una espiga\, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto\, él aplica enseguida la hoz\, porque ha llegado el tiempo de la cosecha”. \nTambién decía: “¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra\, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra\, pero\, una vez sembrada\, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas\, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra”. \nY con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra\, en la medida en que ellos podían comprender. No les hablaba sino en parábolas\, pero a sus propios discípulos\, en privado\, les explicaba todo. \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nViernes de la III semana del Tiempo Ordinario. Año II.\n\nLos momentos de lucidez permiten ver con claridad meridiana el designio de Dios y el destino personal. Eso fue lo que vivió David después del oráculo de Natán\, un formidable momento de lucidez que luego se expresó en una inspirada oración de gratitud. Pero los momentos de lucidez son eso\, momentos; la vida ordinaria tiene sus claro-oscuros con los que es preciso lidiar a la luz de esos extraordinarios momentos.\nDespués de la oración de David\, se consignan varias victorias militares suyas y unas campañas exitosas que le dieron fama y estabilidad a su reino (cf. 8\,1-18). En un gesto de magnanimidad y de sagacidad política\, se llevó a Meribaal\, hijo de Jonatán\, último sobreviviente de la descendencia de Saúl\, «tullidos de ambos pies»\, al que le restituyó las posesiones de Saúl\, y lo admitió a su mesa (cf. 9\,1-13). Todo esto lo realizó David «por amor a Jonatán» (9\,1) y\, en definitiva\, «por amor de Dios» (9\,3). El amor al prójimo expresa el amor a Dios.\nPero una suspicacia de los consejeros del rey de los amonitas indujo a este a un malentendido en relación con las intenciones de David\, que eran nobles\, y se formó una guerra entre los amonitas (que reclutaron un considerable contingente de mercenarios: 33.000 hombres)\, e Israel. Pero las tropas David al mando de Joab se impusieron\, los mercenarios sirios insistieron\, pero de nuevo fueron derrotados\, por lo que hicieron las paces con los israelitas y no volvieron a aliarse con los amonitas para atacar a los israelitas (cf. 10\,1-19).\nEl reino vivía en relativa paz\, pero había que proteger las fronteras\, porque la posibilidad de una invasión se daba con cierta periodicidad.\n\n2Sam 11\,1-4a.5-10a.13-17.\nLa primavera era el tiempo más favorable para las expediciones militares\, es decir\, «el tiempo en que los reyes van a la guerra» (11\,1; 1Cro 20\,1; cf. 1Rey 20\,22). David\, a tono con la mentalidad dominante\, declaró la guerra a los amonitas enviando sus tropas de élite: «Joab con sus oficiales» (cf. 16\,6; 20\,7; 23\,8-39; 1Rey 1\,8.10) y «todo el ejército»\, el pueblo movilizado («todo Israel»\, cf. 10\,7; 20\,3). La campaña consistía en «devastar la región de los amonitas y sitiar Rabá»\, su ciudad capital. Sin embargo\, contrario a las costumbres\, «David se quedó en Jerusalén».\nEl rey\, aunque bendecido por Dios\, es un ser humano más\, y pecador como los demás. La falta que aquí se le reprocha es múltiple: abuso de poder\, adulterio\, hipocresía\, asesinato… además de las violar prohibiciones de la «ley de guerra» (se quedó en Jerusalén\, no guardó continencia sexual\, ordenó a la tropa abandonar al compañero de lucha…). Aunque es probable que Urías se enterase de lo que pasó\, el narrador contrasta la honorabilidad del combatiente extranjero (un hitita) con la deshonestidad de la conducta del rey. Por eso no insiste en el asunto y se centra en la descripción de las dos actitudes. Hasta el momento\, Dios estaba discretamente presente\, pero a partir de entonces va a intervenir con energía.\nEl lector está informado desde el principio de la trama de intrigas que se desarrolla\, y esto le da la ventaja de ir formándose un juicio sobre los acontecimientos a medida que estos se suceden.\nUrías se presenta ante el rey como un soldado que rinde informes y que se atiene a las leyes de la austeridad militar. Lavarse los pies es una acción de significado complejo: se refiere tanto a la hospitalidad brindada a alguien\, como al servicio que les prestaban los siervos a sus señores y (aunque raras veces) al homenaje de los discípulos a sus maestros\, y –en este caso– a la devoción de la esposa hacia su esposo fatigado\, como un comienzo del juego erótico que terminaba en el lecho. David lo estaba autorizando –por encima de la ley de guerra (cf. 1Sam 21\,6)– a acostarse con su mujer (cf. v. 11\, así lo entendió el mercenario hitita). La primera reacción de Urías –irse a dormir con la guardia del palacio– pone de manifiesto su probidad y permite suponer que ya él estaba enterado de lo sucedido o\, al menos\, sospechaba algo.\nAdvertido\, el rey intentó ser más directo. La respuesta de Urías a la proposición del rey suena a un velado reproche: desde el Señor mismo («el Arca»)\, pasando por Joab «y sus oficiales»\, hasta el último soldado –que es él– todos se atienen a las convenciones de la guerra. Sin decirlo\, Urías le reprocha a David la comodidad\, el ocio y la sensualidad sin compromiso desde donde él dirige la lucha de su pueblo. Acostarse Urías con su mujer implicaría desentenderse (como el rey) de los sufrimientos de sus compañeros. Hay que recordar que Urías no era israelita\, sino hitita\, lo que hace más reprobable la deshonestidad del rey.\nEn un tercer intento\, más descaradamente aún\, el rey «lo emborrachó»\, pero esto no hizo que el mercenario perdiera su honestidad como soldado ni la lealtad a sus compañeros: «Al atardecer\, Urías salió para acostarse junto a los guardias de su señor\, y no fue a su casa».\nPero al rey le interesaba más su prestigio que su honestidad personal. Por lo mismo\, no mostró escrúpulo alguno al planear la muerte de Urías con el propósito de cubrir su falta. E hizo gala de cinismo consolando a Joab\, su jefe de oficiales. La vida de unos de sus hombres no importó\, con tal de salvar su prestigio personal y el de la institución a su cargo; prevaleció la razón de Estado sobre el valor de la vida humana. El cuadro\, en su conjunto\, resulta sombrío y desalentador.\n\nToda vez que la autoridad se confunde con el poder\, y la dignidad con el prestigio\, la vida humana se devalúa y se pervierte la convivencia social\, el poderoso se convierte en un tirano\, y el gobierno degenera en dominio. No importa que el personaje revestido de esa autoridad sea «ungido del Señor». No es él quien establece el derecho ni determina la justicia. Dios es la fuente del derecho y de la justicia\, y ante la injusticia del potentado él se alinea con las víctimas y se pone a favor suyo. El rey\, por sí y ante sí\, decidió dispensarse de los usos\, las costumbres y las leyes que le estorbaban. «El Señor reprobó lo que había hecho David» (2Sam 11\,27).\nNo hay autoridad facultada para reprimir la libertad o para impedir el crecimiento de las personas. No hay dignidad alguna que autorice a violar las leyes o cambiar las costumbres atendiendo solo al provecho del transgresor. No hay poder político instituido por los pueblos que esté capacitado para comportarse como dueño de las instituciones. No hay prestigio personal que valga más que la dignidad y la vida humana. Así lo proclama la buena noticia de Jesús y lo repite el pensamiento social de la Iglesia. A los discípulos de Jesús nos corresponde la honrosa tarea de hacerle eco a este mensaje con nuestra voz y nuestra honestidad personal.\nQue la eucaristía que celebramos y nos alimenta nos llene de la fuerza del Espíritu Santo para dar este testimonio con alegría y convicción\, sin ira ni vergüenza.\nFeliz viernes.
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