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SUMMARY:Sábado de la III semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del segundo libro de Samuel (12\,1-7a.10-17): \nEn aquellos días\, el Señor envió a Natán a David.\nEntró Natán ante el rey y le dijo: «Había dos hombres en un pueblo\, uno rico y otro pobre. El rico tenía muchos rebaños de ovejas y bueyes; el pobre sólo tenía una corderilla que había comprado; la iba criando\, y ella crecía con él y con sus hijos\, comiendo de su pan\, bebiendo de su vaso\, durmiendo en su regazo: era como una hija. Llegó una visita a casa del rico\, y no queriendo perder una oveja o un buey\, para invitar a su huésped\, cogió la cordera del pobre y convidó a su huésped.»\nDavid se puso furioso contra aquel hombre y dijo a Natán: «Vive Dios\, que el que ha hecho eso es reo de muerte. No quiso respetar lo del otro; pues pagará cuatro veces el valor de la cordera.»\nNatán dijo a David: «¡Eres tú! Pues bien\, la espada no se apartará nunca de tu casa; por haberme despreciado\, quedándote con la mujer de Urías\, el hitita\, y matándolo a él con la espada amoníta. Asi dice el Señor: “Yo haré que de tu propia casa nazca tu desgracia; te arrebataré tus mujeres y ante tus ojos se las daré a otro\, que se acostará con ellas a la luz del sol que nos alumbra. Tú lo hiciste a escondidas\, yo lo haré ante todo Israel\, en pleno día.”»\nDavid respondió a Natán: «¡He pecado contra el Señor!»\nNatán le dijo: «El Señor ha perdonado ya tu pecado\, no morirás. Pero\, por haber despreciado al Señor con lo que has hecho\, el hijo que te ha nacido morirá.»\nNatán marchó a su casa. El Señor hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David\, y cayó gravemente enfermo. David pidió a Dios por el niño\, prolongó su ayuno y de noche se acostaba en el suelo. Los ancianos de su casa intentaron levantarlo\, pero él se negó y no quiso comer nada con ellos. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 50\,12-13.14-15.16-17 \nR/. Oh Dios\, crea en mí un corazón puro \nOh Dios\, crea en mí un corazón puro\,\nrenuévame por dentro con espíritu firme;\nno me arrojes lejos de tu rostro\,\nno me quites tu santo espíritu. R/. \nDevuélveme la alegría de tu salvación\,\nafiánzame con espíritu generoso:\nenseñaré a los malvados tus caminos\,\nlos pecadores volverán a ti. R/. \n¡Líbrame de la sangre\, oh Dios\,\nDios\, Salvador mío\,\ny cantará mi lengua tu justicia.\nSeñor\, me abrirás los labios\,\ny mi boca proclamará tu alabanza. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (4\,35-41): \nUn día\, al atardecer\, dijo Jesús a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla.»\nDejando a la gente\, se lo llevaron en barca\, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán\, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa\, dormido sobre un almohadón.\nLo despertaron\, diciéndole: «Maestro\, ¿no te importa que nos hundamos?»\nSe puso en pie\, increpó al viento y dijo al lago: «¡Silencio\, cállate!»\nEl viento cesó y vino una gran calma.\nÉl les dijo: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?»\nSe quedaron espantados y se decían unos a otros: «¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nSábado de la III semana del Tiempo Ordinario. Año II.\n\n\nEn los relatos de estos días entran en juego dos instituciones: el profeta cortesano y en inmigrante residente. La primera aparece como una asistencia o asesoría al rey para que tenga el permanente acceso al oráculo del Señor; así el rey podría proceder en derecho\, como hombre justo al servicio del Señor y de su pueblo. La segunda era una exigencia de la Ley\, en relación con determinados extranjeros denominados «forastero» (גֵר) o «inmigrante» (תּוֹשָׁב); este último es el «prosélito». El «forastero» residente –no hostil\, que sería el caso del זָר– tenía estatuto de persona protegida\, en el mismo grado que el huérfano y la viuda. Este parece ser el caso de Urías\, el hitita.\nNatán apareció primero como un profeta cortesano\, complaciente con el rey (cf. 7\,2-3); el Señor le hizo ver que los designios del rey no coincidían con los suyos\, así como Samuel aprendió que la mirada de Dios no es como la de «los hombres» (cf. 1Sm 16\,7). Este cambio en su perspectiva cualifica ahora a Natán como profeta del Señor\, y le da la franqueza para denunciar el pecado del rey enrostrándole su crimen. El hecho de sentirse «soberano» llevó a David a situarse por encima del Señor\, impidiéndole subordinarse a él\, que es el verdadero rey de Israel.\nEl rey manifiesta otra dificultad para sintonizar con el Señor: la capacidad que exhibe para juzgar la conducta ajena y la incapacidad manifiesta de juzgar su propia conducta. Con parámetros muy semejantes\, el profeta lo lleva a enfrentarse consigo mismo con la misma severidad con la que él ha juzgado a los demás. Así es como el profeta cumple su misión de portavoz del Señor.\n\n2Sam 12\,1-7a.10-17.\nEl profeta Natán ahora aparece más al servicio del Señor que del rey. Y enviado por el Señor se le presenta al rey con una parábola en la que le propone un caso\, sin detallar nombres de personas ni de lugares\, para que él juzgue. La parábola es elaboración del profeta\, lo que demuestra que\, cuando el hombre quiere transmitir la palabra de Dios\, recurre a lo mejor de sí mismo con el fin de ponerse a la altura de esta misión. Tres veces se repite «un» (rico\, pobre\, visitante) y\, la cuarta\, «una» (corderilla). El rey da su veredicto con ira: reo de muerte\, restituirá 4 veces el valor de la corderilla. Es entonces cuando Natán les asigna nombres a los actores de su relato:\n• Tú (el rey) = el rico egoísta y abusador que halaga al visitante disponiendo de lo ajeno.\n• Tu egoísmo = el transeúnte (הֵלֶךְ) al que se hospeda (אֹרֵחַ) para despedirlo complacido.\n• Urías = el pobre\, el dueño de la corderilla\, el «forastero» (גֵר) que debía ser protegido.\n• Betsabé = la corderilla\, altamente valorada por su «dueño» y solo utilizada por el rey.\nDavid había tratado de ocultar su adulterio en razón de la severidad con que la Ley de Moisés y las costumbres locales juzgaban este hecho (cf. Exo 20\,14; Deu 22\,22). No solo le importaba su prestigio\, sino también su vida; por eso no dudó en eliminar a Urías. El reproche que le dirige el profeta le echa en cara su condición de rey\, que fue un don\, sus muchas mujeres\, los dos reinos (Israel y Judá)\, y la promesa de «otros favores». No había razón para que fuera tan mezquino.\nEl Señor se pone de parte de Urías y hace suya la ofensa hecha al (forastero) hitita:\n• «Te has burlado del Señor» (12\,9). Ha hecho lo que el Señor reprueba asesinando a Urías «con la espada del amonita» para apoderarse de su mujer.\n• «Te has burlado de mí» (12\,10). Y esta burla trae graves consecuencias tanto para él como para su reino; la guerra amenazará continuamente su dinastía.\n• «Has despreciado al Señor» (12\,14). Y este desprecio provoca la más grave de las consecuencias: la muerte del hijo\, prolongación de sí mismo.\nLa arremetida del profeta se concentra en los vv. 11-12\, en el trasfondo de Deu 24\,4: la desgracia del reino surgirá de dentro de la dinastía davídica (se refiere a la futura rebelión de Absalón\, hijo de David)\, sus mujeres serán tomadas públicamente por otro (su propio hijo: cf. 16\,22). Lo que el rey trató de hacer clandestinamente se la hacen a él de forma ostentosa\, para mayor vergüenza suya e incertidumbre del reino\, ya que no se podría establecer la sucesión hereditaria del mismo.\nCon el reconocimiento de su culpa expresa el rey su arrepentimiento. Y Dios pasa por alto ese pecado (lo perdona: cf. 24\,10) y levanta la sentencia de muerte contra David. Pero el daño hecho tiene consecuencias: el pecado\, al romper la relación con el Señor\, produce muerte\, y por eso la sentencia de muerte que David profirió recaerá sobre el niño que él engendró y que ya\, para ese momento\, había nacido. Esto se considera como ejecutar la contra el mismo David. La retirada de Natán da por cerrado el caso; es algo equivalente a declarar que la sentencia es inapelable.\nLa enfermedad del niño –cosa común en aquella época\, dados los índices tan altos de mortalidad infantil que había– se atribuye al Señor porque el relato se desarrolla en la mentalidad de pecado-castigo (no de pecado-consecuencia). Esto explica la reacción de David –quien también entendió la enfermedad del niño como un castigo– e hizo súplicas al Señor acompañadas de prolongados ayunos y severas mortificaciones en busca de clemencia. La depresión del rey era de tal magnitud que se rehusaba a aceptar las sugerencias de sus consejeros e insistió en mortificarse\, pensando que así conmovería al Señor para que salvara a su hijo.\n\nNingún pecado es asunto «privado»\, aunque se cometa en la intimidad o cautelosamente. Todo pecado tiene una repercusión comunitaria. Y cuanto mayor sea la responsabilidad del que comete el pecado tanto mayor es el daño de sus repercusiones. David mata y muere (en la persona de su hijo); la muerte –infligida a Urías por orden suya– se volvió en contra de su propia familia. Es curioso este círculo mortal\, porque David mata por una mujer\, queriendo procrear\, y en ese empeño de prolongar sus propios genes termina dándole muerte a un hijo suyo. La lucha por la vida no puede ser al precio de la vida del otro\, porque eso es una contradicción mortal.\nEl profeta cumple su misión no simplemente denunciando el crimen\, sino haciendo ver que el Señor no es cómplice de la maldad «ni por favorecer al pobre ni por honrar al rico» (Lev 19\,15)\, y que toca oír por igual a pequeños y grandes\, sin dejarse intimidar por nadie (cf. Deu 1\,16-17).\nJesús salva dando su vida\, no exponiendo ni exigiendo la de los demás. Y nos invita a unirnos a él en ese don de nosotros mismos\, renunciando a todo egoísmo. Esa invitación es la que cada uno acepta cuando come del pan que él ofrece en la eucaristía: consiente en apropiarse de esa entrega\, asimilarla\, apropiársela\, para convertirla luego en su norma de vida y de convivencia.\nFeliz sábado en compañía de María\, madre del Señor.
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SUMMARY:2 de febrero. Fiesta de la Presentación del Señor.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Malaquías (3\,1-4): \nAsí dice el Señor: «Mirad\, yo envío a mi mensajero\, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis\, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis. Miradlo entrar –dice el Señor de los ejércitos–. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?\, ¿quién quedará en pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor\, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata\, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví\, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén\, como en los días pasados\, como en los años antiguos.» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 23 \nR/. El Señor\, Dios de los ejércitos\, es el Rey de la gloria. \n¡Portones!\, alzad los dinteles\,\nque se alcen las antiguas compuertas:\nva a entrar el Rey de la gloria. R/. \n¿Quién es ese Rey de la gloria?\nEl Señor\, héroe valeroso;\nel Señor\, héroe de la guerra. R/. \n¡Portones!\, alzad los dinteles\,\nque se alcen las antiguas compuertas:\nva a entrar el Rey de la gloria. R/. \n¿Quién es ese Rey de la gloria?\nEl Señor\, Dios de los ejércitos.\nÉl es el Rey de la gloria. R/.\n\n\nSegunda lectura\nLectura de la carta a los Hebreos (2\,14-18): \nLos hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre\, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús; así\, muriendo\, aniquiló al que tenía el poder de la muerte\, es decir\, al diablo\, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vida entera como esclavos. Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán\, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos\, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere\, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor\, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella. \nPalabra de Dios\n\n\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (2\,22-40): \nCuando llegó el tiempo de la purificación\, según la ley de Moisés\, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén\, para presentarlo al Señor\, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor»\, y para entregar la oblación\, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.» Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón\, hombre justo y piadoso\, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu\, fue al templo.\nCuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley\, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora\, Señor\, según tu promesa\, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador\, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»\nSu padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.\nSimeón los bendijo\, diciendo a María\, su madre: «Mira\, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti\, una espada te traspasará el alma.»\nHabía también una profetisa\, Ana\, hija de Fanuel\, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada\, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche\, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento\, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y\, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor\, se volvieron a Galilea\, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose\, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n2 de febrero.\nFiesta de la Presentación del Señor.\n\nPor apego a la cronología\, esta fiesta se sale de su contexto litúrgico (Navidad) y se proyecta en un horizonte autónomo. Sin duda\, ella desborda el rito previsto para el rescate del primogénito y para la purificación de su madre (cf. Exo 13\,11-16; Lev 12). Podemos señalas tres acentos en la celebración: cristológico\, que es el principal\, y los dos restantes subordinados a él: mariológico y eclesiológico\, y entrañablemente relacionados entre sí.\n\n1. Primera lectura (Mal 3\,1-4).\nDios promete enviar un heraldo a prepararle el camino. Esto indica que Dios es el que viene hacia el hombre\, y que no hay que ir a buscarlo; pero\, por otro lado\, su venida requiere de una preparación\, no se presenta de repente ni sin previo aviso. Y lo que habrá que prepararle es un «camino»\, expresión cargada de sentido metafórico («conducta» o «proceder»)\, que indica que\, si bien es cierto que el Señor viene\, lo hace de acuerdo a un procedimiento\, porque exige de parte de los destinatarios cierta conducta que propicie y acoja su venida. En resumen: Dios viene\, pero el hombre no lo espera de modo pasivo\, sino activo\, creando las condiciones que favorezcan el encuentro entre los dos\, hombre y Dios.\nSe anuncia la llegada de Dios al santuario\, que ahora se dice buscado por el pueblo\, en el sentido de deseado por él (deseo manifestado en la preparación del camino). Y esta llegada lo presenta de dos modos: es «el Señor» buscado y «el mensajero» deseado. La alianza de la que aquí se habla es la nueva\, anunciada por los profetas (cf. Jer 31\,31; 32\,40; Eze 16\,60; 34\,25; 36\,27-28).\nSu llegada entraña un juicio selectivo\, que determinará a calidad de los que lo vean llegar. Será un juicio de purificación\, para sacar lo mejor de cada uno\, en particular de los que le ofrecen el culto en nombre del pueblo\, para que todos le tributen su reconciliación nacional y su unidad fraterna como la ofrenda más grata al Señor.\n\n2. Segunda lectura (Heb 2\,14-18).\nPara salvar a la humanidad\, Jesús se solidariza con ella\, por eso llama sus «hermanos» a los seres humanos y comparte con ellos sus sufrimientos. Esta solidaridad con la humanidad lo lleva a asumir la muerte\, para eliminar el poder del diablo. En efecto\, el miedo a la muerte esclaviza a los hombres y los incapacita para amar\, porque no es posible amar sin libertad. Liberar del miedo a la muerte es otorgar libertad interior para oponerse al diablo y anular su poder. Los ángeles no necesitaban esta libertad\, porque ellos no mueren\, pero sí los «hijos de Abrahán» –es decir\, los hombres de fe–\, porque el miedo a la muerte podría hacerlos claudicar.\nEsto es lo que hace a Jesús «sumo sacerdote»\, puente entre Dios y la humanidad: su compasión\, en relación con los hombres\, y su fidelidad\, en relación con Dios. Y este sacerdocio sí que extirpa el pecado\, porque no solo conoce el dolor humano\, sino que ese mismo dolor lo padeció siendo fiel al amor de Dios. Por eso\, además de ser puente entre Dios y los hombres\, les ofrece ayuda eficaz para superar tanto el miedo a la muerte como el pecado que mata y lleva a la injusticia.\n\n3. Evangelio (Lc 2\,22-40).\nEl relato de la presentación de Jesús en el templo tiene dos escenas precedidas de una breve introducción y seguidas de una también breve conclusión.\n1. Introducción.\nUna prescripción legal que el autor reporta como ajena (αἱ ἡμέραι τοῦ καθαρισμοῦ αὐτῶν: «los días de la purificación de ellos»)\, según «la Ley de Moisés»\, referida a María\, y otra (según «la Ley del Señor») referida a Jesús y en relación con el éxodo liberador\, el «rescate del primogénito» varón\, son el objeto de este relato. El autor aprovecha la circunstancia para dejar constancia –al indicar la ofrenda que hacen\, «un par de tórtolas o dos pichones»– del carácter marginal\, pobre y humilde de la familia de Jesús.\n2. Los hombres de fe.\nEl anciano Simeón\, residente en Jerusalén\, justo y piadoso\, habitado por el Espíritu Santo y que aguardaba el consuelo de Israel\, avisado por el Espíritu Santo que vería al Mesías antes de morir\, va al templo a impulsos del Espíritu Santo y toma en sus brazos al niño Jesús y lo reconoce como salvación de Dios a disposición de todos los pueblos\, luz reveladora para las naciones (paganas) y gloria de Israel. Por eso bendice a sus padres.\nAdvierte\, eso sí\, que el niño será una «señal contradictoria» (σημεῖον ἀντιλεγόμενον) en Israel\, como lo fue en su nacimiento (cf. Lc 2\,12)\, y que las aspiraciones de la «madre» serán truncadas por «una espada»\, la del poder establecido. Esto pondrá el descubierto las ideas de muchos.\n3. Los hombres religiosos.\nEn contrapunto\, la anciana «profetisa» Ana\, enraizada en la tradición\, sin experiencia personal de amor (viuda)\, sirviéndole a Dios con ritos religiosos (rezos y ayunos) y apegada a la institución religiosa («no se apartaba del templo»)\, da gracias a Dios por el que ella considera el liberador de Jerusalén.\nEn tanto que el Espíritu Santo es mencionado tres veces en relación con Simeón\, no se lo menciona una sola vez en relación con Ana\, aunque se la llame profetisa. Simeón toma en sus brazos al niño; Ana no lo hace. Simeón sitúa a Jesús en un horizonte universal; Ana\, en uno nacionalista. Simeón le sirve a Dios con su vida de fe; Ana\, con formalismos de carácter religioso. El contraste señala anticipadamente las dos ópticas desde las cuales será visto Jesús en el pueblo de Israel\, e identifica desde ya a sus representantes.\n4. Conclusión.\nSe constata el cumplimiento de todas las prescripciones de «la Ley del Señor» (no de «la Ley de Moisés»: cf. vv.22.23) y se reporta que regresan a su vida ordinaria en Nazaret de Galilea\, lejos del influjo de la institución religiosa. El desarrollo físico y el desarrollo humano de Jesús es fruto del «favor de Dios» –el Espíritu Santo– que descansa permanentemente sobre él.\n\nLa presentación tiene un aspecto formal innecesario\, que el evangelista hace notar al indicar que esa legislación es ajena. De hecho\, Jesús\, el «Consagrado» (cf. 1\,35)\, hijo del Altísimo (cf. 1\,32) e hijo de Dios (cf. 1\,35)\, no tenía necesidad de rescate ni de consagración. Y María\, la «favorecida» (cf. 1\,28.29)\, la que recibirá el Espíritu Santo (cf. 1\,35)\, la «sierva del Señor» (cf. 1\,38)\, tampoco necesitaba de purificación alguna.\nSi Jesús es la luz\, María es el candelero («la candelaria») sobre el cual brilla esa luz\, y la Iglesia es la portadora y anunciadora de esa luz para todas las naciones\, «para iluminar a los que viven en tinieblas y sombras de muerte» (cf. Lc 1\,78-79). Tanto la una como la otra son «siervas del Señor» en el sentido de que\, liberadas por él\, se ponen al servicio de su designio liberador.\nRecibimos a Jesús en la eucaristía con las disposiciones de Simeón\, y tomamos clara conciencia de que el Salvador es una «señal contradictoria» que trunca nuestras aspiraciones ilegítimas\, de tipo particularista o partidista\, para invitarnos a realizar el designio universal del Padre.\nFeliz fiesta.
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SUMMARY:Lunes de la IV semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del segundo libro de Samuel (15\,13-14.30;16\,5-13a): \nEn aquellos días\, uno llevó esta noticia a David: «Los israelitas se han puesto de parte de Absalón.»\nEntonces David dijo a los cortesanos que estaban con él en Jerusalén: «¡Ea\, huyamos! Que\, si se presenta Absalón\, no nos dejará escapar. Salgamos a toda prisa\, no sea que él se adelante\, nos alcance y precipite la ruina sobre nosotros\, y pase a cuchillo la población.»\nDavid subió la cuesta de los Olivos; la subió llorando\, la cabeza cubierta y los pies descalzos. Y todos sus compañeros llevaban cubierta la cabeza\, y subían llorando. Al llegar el rey David a Bajurín\, salió de allí uno de la familia de Saúl\, llamado Semeí\, hijo de Guerá\, insultándolo según venía.\nY empezó a tirar piedras a David y a sus cortesanos –toda la gente y los militares iban a derecha e izquierda del rey–\, y le maldecía: «¡Vete\, vete\, asesino\, canalla! El Señor te paga la matanza de la familia de Saúl\, cuyo trono has usurpado. El Señor ha entregado el reino a tu hijo Absalón\, mientras tú has caído en desgracia\, porque eres un asesino.»\nAbisay\, hijo de Seruyá\, dijo al rey: «Ese perro muerto ¿se pone a maldecir a mi señor? iDéjame ir allá\, y le corto la cabeza!»\nPero el rey dijo: «¡No os metáis en mis asuntos\, hijos de Seruyá! Déjale que maldiga\, que\, si el Señor le ha mandado que maldiga a David\, ¿quién va a pedirle cuentas?»\nLuego dijo David a Abisay y a todos sus cortesanos: «Ya veis. Un hijo mío\, salido de mis entrañas\, intenta matarme\, ¡y os extraña ese benjaminita! Dejadlo que me maldiga\, porque se lo ha mandado el Señor. Quizá el Señor se fije en mi humillación y me pague con bendiciones estas maldiciones de hoy.»\nDavid y los suyos siguieron su camino. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 3\,2-3.4-5.6-7 \nR/. Levántate\, Señor\, sálvame \nSeñor\, cuántos son mis enemigos\,\ncuántos se levantan contra mí;\ncuántos dicen de mí:\n«Ya no lo protege Dios.» R/. \nPero tú\, Señor\, eres mi escudo y mi gloria\,\ntú mantienes alta mi cabeza.\nSi grito\, invocando al Señor\,\nél me escucha desde su monte santo. R/. \nPuedo acostarme y dormir y despertar:\nel Señor me sostiene.\nNo temeré al pueblo innumerable\nque acampa a mi alrededor. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (5\,1-20): \nEn aquel tiempo\, Jesús y sus discípulos llegaron a la orilla del lago\, en la región de los gerasenos. Apenas desembarcó\, le salió al encuentro\, desde el cementerio\, donde vivía en los sepulcros\, un hombre\, poseído de espíritu inmundo; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas\, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos\, y nadie tenía fuerza para domarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes\, gritando e hiriéndose con piedras.\nViendo de lejos a Jesús\, echó a correr\, se postró ante él y gritó a voz en cuello: «¿Qué tienes que ver conmigo\, Jesús\, Hijo de Dios Altísimo? Por Dios te lo pido\, no me atormentes.»\nPorque Jesús le estaba diciendo: «Espíritu inmundo\, sal de este hombre.»\nJesús le preguntó: «¿Cómo te llamas?»\nÉl respondió: «Me llamo Legión\, porque somos muchos.»\nY le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca. Había cerca una gran piara de cerdos hozando en la falda del monte.\nLos espíritus le rogaron: «Déjanos ir y meternos en los cerdos.»\nÉl se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara\, unos dos mil\, se abalanzó acantilado abajo al lago y se ahogó en el lago. Los porquerizos echaron a correr y dieron la noticia en el pueblo y en los cortijos. Y la gente fue a ver qué había pasado. Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión\, sentado\, vestido y en su juicio. Se quedaron espantados. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su país. Mientras se embarcaba\, el endemoniado le pidió que lo admitiese en su compañía. Pero no se lo permitió\, sino que le dijo: «Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo por su misericordia.»\nEl hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nLunes de la IV semana del Tiempo Ordinario. Año II.\n\nEl hijo de David con la mujer de Urías murió\, y el rey se resignó pensando que ese era su castigo. De nuevo se unió a Betsabé y ella le dio un hijo al que él llamó Salomón (שְׁלֹמֹה: «pacífico»)\, y el profeta Natán\, enviado por el Señor\, le puso el nombre de Yedidías (יְדִידְיָח: «amado del Señor) «por orden del Señor» (cf. 2Sam 12\,17-25).\nPor medio de Joab\, el rey volvió a su vida militar exitosa tomándose la ciudad de Rabá\, la capital de los amonitas\, y\, después de someterlos a todos\, volvió a Jerusalén (cf. 12\,26-31).\nDespués de cierto tiempo\, se precipitó la discordia en la casa de David. Su hijo mayor Amnón\, obrando hábilmente como su padre\, violó a su hermana Tamar\, lo que provocó la ira de Absalón\, el hermano de madre de Tamar\, quien dos años después se vengó haciendo matar a Amnón y se dio a la fuga\, dejando consternada la casa de su padre. Vivió fuera del país durante tres años\, al cabo de los cuales la ira del rey se había calmado (cf. 13).\nJoab se las arregló para que una mujer hiciera entrar en razón al rey y no autorizara la venganza contra Absalón. El rey permitió su regreso a Jerusalén\, pero durante dos años se negó a recibirlo\, hasta que\, accediendo a su insistencia\, el rey lo recibió Así regresó a Jerusalén\, se ganó el favor del pueblo y buscó granjearse del perdón del rey (cf. 14). Luego comenzó a usurpar las funciones judiciales del rey y a conspirar\, y finalmente decidió autoproclamarse rey (cf. 15\,1-12).\n\n2Sam 15\,13-14.30; 16\,5-13a.\nEl rey David ha mostrado su preferencia por Salomón o\, al menos\, por Betsabé\, su madre. Y esto provocó los celos de Absalón\, uno de los hijos que tuvo con Mical\, la hija de Saúl. Absalón se proclamó rey en Hebrón\, antes de que su padre nombrara su sucesor. David comenzó así a experimentar lo anunciado a raíz del asesinato de Urías: «la espada jamás se apartará de tu casa» (cf. 2Sam 12\,10). La elección de Hebrón por parte de Absalón podría deberse a que esta ciudad estuviera resentida porque David había trasladado la sede de su gobierno de ella a Jerusalén\nAvisado de la consumación de la conspiración y con el fin de evitar una confrontación que podría costarle caro tanto a él como al resto de la población de Jerusalén\, David decidió huir y ponerse a salvo. La mención de las «diez concubinas» que David dejó «para cuidar del palacio» (15\,16\, omitido) se conecta\, de un lado\, con el anuncio de Natán de que las mujeres de David –garantía de la continuidad de su descendencia–\, le serían arrebatadas como él le arrebató Betsabé a Urías (cf. 12\,11) y\, del otro\, prepara la toma del harem del rey por parte de su hijo Absalón (cf. 16\,21-22). David no consideró que todo estuviera perdido\, porque dejó partidarios suyos en la ciudad (cf. 15\,27.34); pero dado que tenía que enfrentar dos motines\, uno en el Norte y otro en el Sur\, hizo una retirada vital para mantenerse a salvo. La subida a pie por la Cuesta de los Olivos parece ser la forma más expedita de abandonar la ciudad. La cabeza cubierta y los pies descalzos son signos de duelo\, de dolor y de vergüenza (cf. Jer 14\,3-4; Miq 1\,8; Est 6\,12). Fue una fuga triste y luctuosa\, deshonrosa para un rey que había vencido en tantas batallas.\nAllí recibió la noticia de la traición de su consejero Ajitófel (cf. vv. 15.31\, omitidos). Ajitófel era padre de Elián (cf. 23\,34)\, quien\, a su vez era el padre de Betsabé (cf. 11\,3). Cuando David tuvo conocimiento de esa deslealtad –que algunos consideran se debió a una venganza– oró al Señor pidiendo que hiciera fracasar los consejos que él le diera a Absalón (cf. 15\,31\, omitido).\nAl pasar la cima del Monte de los Olivos\, apareció un servidor de Meribaal (hijo de Saúl con dos asnos cargados de provisiones para David y sus hombres\, quien le notificó que su señor se había quedado en Jerusalén en espera de recuperar para sí el reino de Saúl. David se apresuró a pasarle al criado de Meribaal\, todas las posesiones de su amo (cf. 16\,1-4\, omitido).\nEn la bajada\, un familiar de Saúl\, llamado Semeí\, lo insultó y le tiró piedras\, como si lo condenara a la pena de lapidación\, y lo acusó de asesinato y de usurpación del trono\, entendiendo como un castigo del Señor la rebelión de Absalón. Los hombres de David pretendieron defenderlo\, pero él se opuso\, y decidió aceptar las maldiciones\, pensando también que Dios así lo había dispuesto\, e imaginándose que esas maldiciones eran castigo suyo a causa del asesinato de Urías. David vio mayor gravedad en el hecho de que un hijo suyo intentara matarlo que en las maldiciones de «ese benjaminita». El verbo «maldecir» es clave en este relato (vv. 5.7.9.10.11.13). David manifiesta su aceptación de esas desdichas y deja en manos del Señor la decisión de devolverle la dicha (cf. vv. 11-12). La situación se prolonga: en tanto David y los suyos siguen su camino\, Semeí lo sigue maldiciendo\, lanzándole piedras y «levantando polvo». Esta adición es un énfasis más explícito: el polvo es un eufemismo para designar el sepulcro (cf. Job 17\,16; 19\,25; Isa 26\,19; Sal 22\,16-13; Dan 12\,2). No solo lo maldijo (le deseó la muerte)\, sino que indicó la pena de muerte (lapidación: condena de idólatras\, blasfemos\, violadores del sábado\, adúlteros…)\, lo declaró ya muerto\, y procedió simbólicamente a sepultarlo.\n\nSemeí\, descendiente de Saúl acusa a David de homicidio por «la matanza de la familia de Saúl»\, lo cual no es cierto\, pero David sí se siente culpable de homicidio por la muerte de Urías. Su arbitrario ejercicio del poder ha prohijado una lucha por el mismo que no repara en vínculos ni en lealtades\, ni siquiera familiares\, así como él no reconoció límites ni respetó la alianza con el Señor. Eso se volvió en su contra\, y ahora reconoce que el desbordamiento produce desorden. Sus pecados tienen consecuencias y él las asume\, pero las entiende como castigo divino; no se responsabiliza del todo\, atribuye a Dios las consecuencias de sus actos.\nA pesar de que Jesús nos aclaró que Dios no castiga ni se venga\, muchos –incluso sedicentes discípulos suyos– mantienen una cierta fijación en el Antiguo Testamento –quizá para justificar sus propios desafueros– e insisten en interpretar así las calamidades naturales y las adversidades históricas –personal o colectivamente consideradas–\, como castigos de parte de Dios. Esto deja ver un vacío de Espíritu Santo en el discernimiento de tales discípulos\, o sea\, les falta experiencia personal del amor universal del Padre.\nLa celebración de la eucaristía nos ayuda a crecer en el conocimiento de ese amor paternal; al experimentar vivamente su universalidad su gratuidad y su fidelidad\, comprendemos que a Dios no lo anima el impulso de castigar\, sino el deseo de perdonar y reconciliar. Por consiguiente\, la comunión eucarística nos ayuda a configurarnos con Jesús y a parecernos y actuar como el Padre\, amando como Jesús nos enseña. Este amor es la manifestación de que el Espíritu Santo habita en nosotros\, y de que él es la garantía de nuestra herencia futura\, la vida eterna.\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la IV semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del segundo libro de Samuel (18\,9-10.14b.24-25a.30–19\,3): \nEn aquellos dias\, Absalón fue a dar en un destacamento de David. Iba montado en un mulo\, y\, al meterse el mulo bajo el ramaje de una encina copuda\, se le enganchó a Absalón la cabeza en la encina y quedó colgando entre el cielo y la tierra\, mientras el mulo que cabalgaba se le escapó.\nLo vio uno y avisó a Joab: «¡Acabo de ver a Absalón colgado de una encina!»\nAgarró Joab tres venablos y se los clavó en el corazón a Absalón. David estaba sentado entre las dos puertas. El centinela subió al mirador\, encima de la puerta\, sobre la muralla\, levantó la vista y miró: un hombre venía corriendo solo.\nEl centinela gritó y avisó al rey. El rey dijo: «Retírate y espera ahí.» Se retiró y esperó alli.\nY en aquel momento llegó el etíope y dijo: «¡Albricias\, majestad! ¡El Señor te ha hecho hoy justicia de los que se habían rebelado contra ti!»\nEl rey le preguntó: «¿Está bien mi hijo Absalón?»\nRespondió el etíope: «¡Acaben como él los enemigos de vuestra majestad y cuantos se rebelen contra ti!»\nEntonces el rey se estremeció\, subió al mirador de encima de la puerta y se echó a llorar\, diciendo mientras subía: «¡Hijo mío\, Absalón\, hijo mío! iHijo mío\, Absalón! ¡Ojalá hubiera muerto yo en vez de ti\, Absalón\, hijo mío\, hijo mío!»\nA Joab le avisaron: «El rey está llorando y lamentándose por Absalón.»\nAsí la victoria de aquel dia fue duelo para el ejército\, porque los soldados oyeron decir que el rey estaba afligido a causa de su hijo. Y el ejército entró aquel día en la ciudad a escondidas\, como se esconden los soldados abochornados cuando han huído del combate. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 21\,26b-27.28.30.31-32 \nR/. Te alabarán\, Señor\, los que te buscan \nCumpliré mis votos delante de sus fieles.\nLos desvalidos comerán hasta saciarse\,\nalabarán al Señor los que lo buscan:\nviva su corazón por siempre. R/. \nLo recordarán y volverán al Señor\nhasta de los confines del orbe;\nen su presencia se postrarán las familias de los pueblos.\nAnte él se postrarán las cenizas de la tumba\,\nante él se inclinarán los que bajan al polvo. R/. \nMe hará vivir para él\, mi descendencia le servirá\,\nhablarán del Señor a la generación futura\,\ncontarán su justicia al pueblo que ha de nacer:\ntodo lo que hizo el Señor. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (5\,21-43): \nEn aquel tiempo\, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla\, se le reunió mucha gente a su alrededor\, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga\, que se llamaba Jairo\, y\, al verlo\, se echó a sus pies\, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven\, pon las manos sobre ella\, para que se cure y viva.»\nJesús se fue con él\, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos\, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero\, en vez de mejorar\, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y\, acercándose por detrás\, entre la gente\, le tocó el manto\, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias\, y notó que su cuerpo estaba curado.\nJesús\, notando que había salido fuerza de él\, se volvió en seguida\, en medio de la gente\, preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?»\nLos discípulos le contestaron: «Ves como te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”»\nÉl seguía mirando alrededor\, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa\, al comprender lo que había pasado\, se le echó a los pies y le confesó todo.\nÉl le dijo: «Hija\, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.»\nTodavía estaba hablando\, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?»\nJesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.»\nNo permitió que lo acompañara nadie\, más que Pedro\, Santiago y Juan\, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos.\nEntró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta\, está dormida.»\nSe reían de él. Pero él los echó fuera a todos y\, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes\, entró donde estaba la niña\, la cogió de la mano y le djo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo\, niña\, levántate»).\nLa niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\n2Sam 18\,9-10.14b.24-25a.30-19\,3.\nAbsalón fue a parar casualmente frente a un destacamento de David; montaba en un mulo\, que era la montura propia de reyes y príncipes; este\, al meterse debajo de una encina copuda provocó que accidentalmente la cabeza de su jinete se enganchara en su ramaje y quedara suspendido (tal vez desnucado) mientras el mulo huyó. Al ser el mulo cabalgadura de reyes o príncipes (cf. 2Sam 13\,29; 1Rey 1\,33); esta escapada del mulo no es mera anécdota; deja sobreentendido que Absalón perdió no solo su cabalgadura\, sino su principado\, y que se le escapó también el reino.\nLe avisaron a Joab\, quien –después de discutir con su informante porque no lo remató– lo ultimó personalmente\, seguido por sus diez escuderos; enseguida hizo sonar el cuerno para detener la persecución y sepultó el cadáver de Absalón en un hueco bajo un enorme motón de piedras. En Deu 21\,23 –texto posterior a estos hechos\, pero que seguramente no los ignora– está escrito que «Dios maldice al que cuelga de un árbol»\, alusión a los ejecutados que eran colgados de un palo para advertencia general\, y al hecho de cubrir sus cadáveres con «un montón de piedras» (cf. Jos 7\,26) –al menos los de los extranjeros– como para retenerlos allí (cf. Jos 8\,29; 10\,27; 2Sam 4\,12). Joab lo había traído del exilio pensando que su venida despejaba el enigma de la sucesión y que constituía una solución para el futuro del reino de David; ahora lo ha eliminado como amenaza a la estabilidad del naciente reino de Judá. El relato no afirma ni niega que Absalón se hubiera enredado en la encina a causa de su famosa cabellera\, que constituía un orgullo para él (cf. 14\,26); esa es la lectura tradicional\, pero sin apoyo textual concluyente.\nEn aquella época\, las noticias de la guerra se recibían de dos modos: un mensajero\, enviado por el general\, traía la «buena noticia» de la victoria a la población defendida\, y recibía las «albricias»\, una gratificación\, a modo de propina; pero un tropel de fugitivos era\, de suyo\, el anuncio de un desastre. Al avisarle a David que se veía en lontananza un mensajero\, dedujo que la noticia era positiva; al haber un segundo mensajero –aislado también– entendió que la noticia se ratificaba como buena\, impresión que confirmó cuando supo el nombre del primero\, Ajimás. Pero luego\, el segundo\, un cusita\, le disipó su duda y le confirmó sus más profundos temores: Absalón murió en la refriega (cf. vv. 31-32\, omitidos).\nDavid se mostró devastado con la noticia de la muerte de Absalón. De la muerte del hijo recién nacido se repuso\, pero la de Absalón lo abatió visiblemente. Se alejó del personal\, se aisló en sus aposentos y\, mientras subía hacia estos\, prorrumpió en llanto y dio rienda suelta a su dolor. Hasta este momento\, cuando se refería a él\, lo llamaba «el muchacho»; ahora\, «hijo mío» resuena ocho veces. Es evidente que la exclusión de David del campo de batalla (cf. vv. 1-4)\, la pública solicitud que les hizo a sus generales de cuidar la vida del «muchacho» (cf. v. 8) y su manifiesta reacción de dolor por la muerte de Absalón tienen el objetivo de descartar toda culpa de parte de David en la muerte de su hijo\, lo cual hubiera significado una grave descalificación en su contra. Esto no obsta para que David comprenda que el reino no vale el precio de un hijo\, y que perder este hijo es volver a experimentar en su propia vida la sentencia de muerte que él comunicó a Natán.\nLa noticia del abatimiento del rey cundió entre la tropa\, comenzando por el general en jefe\, Joab\, quien se había encargado de la ejecución de Absalón. Y no solo fue motivo de desconcierto para los oficiales\, sino para todo el ejército\, que se sintió desmoralizado por la actitud del rey. La tropa entró en la ciudad como cuando los ejércitos regresan en fuga\, avergonzados y vencidos\, y entran a escondidas en la ciudad.\nFue preciso que Joab\, su general en jefe\, le hiciera un enérgico reproche y obligara a David a dar la cara. No podía hacerles sentir la victoria como una derrota; no podía manifestar reproche por la muerte de Absalón\, sin expresar su gratitud por haberlo defendido a él y al resto de sus hijos de una muerte segura a manos de Absalón; no podía darle a entender a la tropa que el rey habría preferido que pereciera su propio ejército con tal de que se salvaran Absalón y sus tropas. Estas palabras hicieron reaccionar a David\, quien le dio la cara a su gente (cf. vv. 5-9\, omitidos).\n\nLa traición de Absalón le dolió mucho a David. Casi nada se dice de la traición de su hombre de confianza\, su consejero Ajitófel. Ambos murieron colgados\, pero en tanto que Absalón murió de manera accidental\, y sin el honor de morir combatiendo\, Ajitófel se suicidó. Al margen de los evidentes pecados de David\, oponerse al designio de Dios y tratar de desvirtuar su promesa es condenarse a la propia destrucción. Es preciso dejar constancia de que no todo es equivalente. David había rogado al Señor que hiciera fracasar los planes de Ajitófel\, y Jusay\, amigo y espía de David\, se encarga de hacerlos fracasar manejando el egoísmo de Absalón.\nLa muerte de Judas se describe como la de Ajitófel (cf. Mt 27\,5): es una muerte infamante. Así también se describe la de Absalón\, aunque este no ejecutó su propia sentencia. Aquí parece que se escucha un eco de las palabras de Jesús: «¡Ay de ese hombre que va a entregar al Hijo del Hombre!» (Mt 26\,24). Traicionando los auténticos valores humanos\, se frustra la propia vida. A todas luces\, se ve que no es venganza de Dios ni del «destino»\, es consecuencia de las opciones hechas en contravía de la promesa de Dios.\nComulgar con Jesús es afirmar la propia vida en la suya\, que es indestructible\, a prueba de muerte.\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la IV semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del segundo libro de Samuel (24\,2.9-17): \nEn aquellos días\, el rey David ordenó a Joab y a los jefes del ejército que estaban con él: «Id por todas las tribus de Israel\, desde Dan hasta Berseba\, a hacer el censo de la población\, para que yo sepa cuánta gente tengo.»\nJoab entregó al rey los resultados del censo: en Israel había ochocientos mil hombres aptos para el servicio militar\, y en Judá quinientos mil.\nPero\, después de haber hecho el censo del pueblo\, a David le remordió la conciencia y dijo al Señor: «He cometido un grave error. Ahora\, Señor\, perdona la culpa de tu siervo\, porque ha hecho una locura.»\nAntes que David se levantase por la mañana\, el profeta Gad\, vidente de David\, recibió la palabra del Señor: «Vete a decir a David: “Así dice el Señor: Te propongo tres castigos; elige uno\, y yo lo ejecutaré.”»\nGad se presentó a David y le notificó: «¿Qué castigo escoges? Tres años de hambre en tu territorio\, tres meses huyendo perseguido por tu enemigo\, o tres dias de peste en tu territorio. ¿Qué le respondo al Señor\, que me ha enviado?»\nDavid contestó: «¡Estoy en un gran apuro! Mejor es caer en manos de Dios\, que es compasivo\, que caer en manos de hombres.»\nY David escogió la peste. Eran los días de la recolección del trigo. El Señor mandó entonces la peste a Israel\, desde la mañana hasta el tiempo señalado. Y desde Dan hasta Berseba\, murieron setenta mil hombres del pueblo. El ángel extendió su mano hacia Jerusalén para asolarla.\nEntonces David\, al ver al ángel que estaba hiriendo a la población\, dijo al Señor: «¡Soy yo el que ha pecado! ¡Soy yo el culpable! ¿Qué han hecho estas ovejas? Carga la mano sobre mí y sobre mi familia.»\nEl Señor se arrepintió del castigo\, y dijo al ángel\, que estaba asolando a la población: «¡Basta! ¡Detén tu mano!» \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 31\,1-2.5.6.7 \nR/. Perdona\, Señor\, mi culpa y mi pecado \nDichoso el que está absuelto de su culpa\,\na quien le han sepultado su pecado;\ndichoso el hombre a quien el Señor\nno le apunta el delito. R/. \nHabía pecado\, lo reconocí\,\nno te encubrí mi delito;\npropuse: «Confesaré al Señor mi culpa»\,\ny tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R/. \nPor eso\, que todo fiel te suplique\nen el momento de la desgracia:\nla crecida de las aguas caudalosas\nno lo alcanzará. R/. \nTú eres mi refugio\,\nme libras del peligro\,\nme rodeas de cantos de liberación. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (6\,1-6): \nEn aquel tiempo\, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado\, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero\, el hijo de María\, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?»\nY esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra\, entre sus parientes y en su casa.»\nNo pudo hacer allí ningún milagro\, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nMiércoles de la IV semana del Tiempo Ordinario. Año II.\n\nDavid regresó a Jerusalén\, primero invitado por los israelitas y después –inducidos por él a través de los sacerdotes Sadoc y Abiatar– por los de Judá. Se reportan los encuentros sucesivos del rey con los de Judá en bloque\, con Semeí\, quien le pidió perdón por sus maldiciones\, con Meribaal\, quien le explicó que Sibá\, su criado\, el que le había ofrecido al rey burros y provisiones (cf. 16\,1-4)\, lo había traicionado y lo había calumniado. Y se hizo sentir el altercado entre Judá e Israel.\nPero un israelita de nombre Sebá se sublevó y\, tras otra guerra\, Joab le dio una nueva victoria. Después se narra un hecho de venganza de sangre contra la familia de Saúl por parte de los gabaonitas\, consentido por David (exceptuando al hijo de Jonatán)\, y hubo otra batalla con los filisteos (cf. 19\,10-21\,22\, omitidos).\nSigue un «oráculo de David»\, que parece un autoelogio (cf. 22\, omitido)\, unas «últimas palabras» de David (23\,1-7) y la lista de sus soldados (cf. 23\,8-39\, omitido).\n\n2Sm 24\,2.9-17.\nAnteriormente se habló de un pecado\, de David como persona\, aunque abusó de sus facultades como rey. Ahora está en cuestión una medida administrativa suya que repercute contra el pueblo: un censo poblacional ordenado por el rey a su ejército para saber de cuánta gente dispone él. Un censo está motivado por diversas intenciones:\n• de prestigio personal: tener muchos súbditos es una gloria para cualquier rey.\n• económicas: se pueden presupuestar los impuestos por cobrarle a la población.\n• de poder: determinar el número de los que son aptos para el servicio militar.\nEs de suponer que esta era una medida impopular\, puesto que no implicaba beneficio alguno en relación con la población\, y sí presagiaba políticas nada favorables en su contra. Pero también se da una interpretación teológica que valora el censo como un signo de desconfianza en el Señor\, porque implica apoyarse más en los medios humanos que en la fidelidad del Señor. Por eso Joab\, el primer responsable del censo\, trata de disuadir al rey de esa idea.\nLa religión israelita atribuía a Dios tanto lo bueno como lo malo con el propósito de salvaguardar su absoluta soberanía. Pero eso genera una imagen ambigua de él que es preciso discernir con la debida prudencia y con inteligencia. De hecho\, la iniciativa del censo –que se presenta como del Señor para reprobar una falta del pueblo que no se explicita (cf. 2Sam 24\,1)– será atribuida por el cronista a «un Satán»\, es decir\, a un adversario de Israel\, que es el que incita a David a censar a Israel (cf. 1Cro 21\,1). Podría suponerse que la idea de una guerra de expansión fuera concebida por David como algo oportuno\, y que esta idea fuera el «adversario» que hizo surgir esa iniciativa y aconsejó el censo para darle curso. En apoyo de esta conjetura se aducirían la primera reacción de Joab a la orden del rey («Que el Señor\, tu Dios\, multiplique por cien la población\, y que tú\, oh rey\, lo veas con tus propios ojos») y el hecho de que Joab y el ejército sean los encargados de hacer el censo\, si bien su ejecución se atribuye al rey\, y el «castigo» recae sobre el rey y el pueblo.\nAunque el censo se hizo por exigencia del rey y en contra del consejo de los oficiales del ejército\, arroja unos resultados satisfactorios para él. En primer lugar\, se señala la gran extensión del reino (cf. vv. 5-8); en segundo lugar\, se observa la distinción de los censos de Israel y Judá (v. 9). Los datos de extensión llevan a la conclusión de que el censo se realizó después de la campaña contra los sirios (cf. 8\,3-12; 10\,15-19). La distinción de los dos reinos afirma la identidad individual de los mismos durante la «monarquía unida»\, pero también supone la inestabilidad de esa unión.\nEl rey parece olvidar que el pueblo es de Dios y no suyo. Eso es lo que el autor dice que el Señor quiere reprobar. Hecho el censo\, David toma conciencia de su error y siente remordimiento (cf. 1Sam 24\,6; 2Sam 12\,13)\, pues\, por alguna razón\, ese censo –tan evidente como para ser conocido por sus vecinos– lo enfrenta a alternativas del todo desastrosas para el pueblo. Le pide al Señor que perdone su pecado por haber actuado como un loco y\, de esta forma\, haber atraído la guerra sobre el país (cf. 1Sam 13\,13; 2Cro 16\,9).\nEl profeta Gad (cf. 1Sam 22\,5) fue enviado a David para hacerle tomar conciencia de lo que su «locura» podría provocar en el país. El rey quedaba a merced de tres opciones –que son los tres azotes tradicionales–\, pero con diferentes duraciones:\n• «Tres años de hambruna». Era el período convencional de este azote (cf. Gen 41\,27). La escasez y la desaceleración económica\, quizá causada por la carga tributaria\, serían la razón del mismo. David y su pueblo conocían lo que era el hambre (cf. 21\,1).\n• «Tres meses huyendo perseguido por tu enemigo» La guerra\, conflicto ocasionado por todo lo anterior o por la prepotencia y las rivalidades militares. Era algo también experimentado por él: en tiempos de Saúl padeció atentados (cf. 1Sam 19\,11-17; 20\,25-42) y persecuciones.\n• «Tres días de peste». La epidemia\, situación producida por la escasez o por la guerra\, o ambas\, es particularmente vista como castigo del Señor. Por eso\, David opta por este azote\, pensando que\, al provenir de él\, podía esperar misericordia de su parte.\nLa peste produjo una muerte de considerables proporciones («sesenta mil hombres del pueblo»)\, lo cual descuenta muchos soldados a los que el rey contaba como suyos. La mano del ángel del Señor pesa sobre él como otrora sobre el faraón. Y David admite su culpa. La Biblia de Jerusalén trae esta nota al v. 27: «El griego ha conservado un texto quizá mejor: “fui yo\, el pastor\, quien pecó”. La imagen del pastor es coherente con el texto que sigue». El pecado\, más que en el censo\, está en sus motivaciones y en sus finalidades.\n\nSentirse dueño del pueblo de Dios es un abuso que se puede cometer de muchas maneras:\n• Por la vía del prestigio: generando una o más formas de desigualdad basadas en criterios de superioridad (más saber\, más santidad\, más o mejores dones…).\n• Por la vía económica: explotando a las personas con pretextos de oraciones o de compra-venta de los dones de Dios o para amasar fortunas en su nombre…\n• Por la vía del poder: oprimiendo a las personas\, reduciéndolas a la puerilidad y a la dependencia\, dejándolas casi sin libertad de opción\, incapaces de decidir…\nEso conduce el pueblo al desastre. Solo cuando se reconoce el pecado cesa la calamidad\, porque ese reconocimiento lleva aneja la rectificación. Este pecado es una constante tentación de todos los encargados de dirigir\, o de quienes por su propia cuenta asumen un liderazgo en relación con las comunidades cristianas.\nJesús\, el pastor modelo\, es el antídoto para ese veneno. Comer de su pan es recibir la fuerza para darse en vez de quitar\, para honrar en vez de humillar\, para servir en vez de dominar. La efectiva comunión eucarística construye el pueblo de Dios y compromete a edificarlo.\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Jueves de la IV semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del primer libro de los Reyes (2\,1-4.10-12): \nEstando ya próximo a morir\, David hizo estas recomendaciones a su hijo Salomón: «Yo emprendo el viaje de todos. ¡Ánimo\, sé un hombre! Guarda las consignas del Señor\, tu Dios\, caminando por sus sendas\, guardando sus preceptos\, mandatos\, decretos y normas\, como están escritos en la ley de Moisés\, para que tengas éxito en todas tus empresas\, dondequiera que vayas; para que el Señor cumpla la promesa que me hizo: “Si tus hijos saben comportarse\, caminando sinceramente en mi presencia\, con todo el corazón y con toda el alma\, no te faltará un descendiente en el trono de Israel.”»\nDavid fue a reunirse con sus antepasados y lo enterraron en la Ciudad de David. Reinó en Israel cuarenta años: siete en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén. Salomón le sucedió en el trono\, y su reino se consolidó. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\n1Cro 29\,10.11ab.11d-12a.12bcd \nR/. Tú eres Señor del universo \nBendito eres\, Señor\,\nDios de nuestro padre Israel\,\npor los siglos de los siglos. R/. \nTuyos son\, Señor\, la grandeza y el poder\,\nla gloria\, el esplendor\, la majestad\,\nporque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra. R/. \nTú eres rey y soberano de todo.\nDe ti viene la riqueza y la gloria. R/. \nTú eres Señor del universo\,\nen tu mano está el poder y la fuerza\,\ntú engrandeces y confortas a todos. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (6\,7-13): \nEn aquel tiempo\, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos\, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más\, pero ni pan\, ni alforja\, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias\, pero no una túnica de repuesto.\nY añadió: «Quedaos en la casa donde entréis\, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha\, al marcharos sacudíos el polvo de los pies\, para probar su culpa.»\nEllos salieron a predicar la conversión\, echaban muchos demonios\, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nJueves de la IV semana del Tiempo Ordinario. Año II.\n\nLo que ahora tenemos como 1Rey y 2Rey son originalmente un solo libro\, dividido por razones de conveniencia práctica. El origen de dicho libro suele situarse después de los acontecimientos del año 587\, cuando los babilonios se tomaron Jerusalén y redujeron la ciudad y su templo a un montón de ruinas. El pueblo se preguntaba qué había pasado\, dónde había quedado la promesa hecha a David y su descendencia\, cómo seguir creyendo en el Señor y en su fidelidad. Después del trato preferente dado por Evil Merodac\, rey de Babilonia\, a Jeconías (cf. 2Rey 25\,27-30)\, por allá en el año 562\, renació la esperanza y se escribió este libro.\nEl primer rollo (1Rey) comienza con la ancianidad de David\, y las intrigas por la sucesión traen de nuevo a la memoria la predicción de Natán: «no se apartará jamás la espada de tu casa» (2Sam 12\,10). Venciendo ambiciones contrarias\, David logró que Salomón fuera reconocido como su sucesor\, y este comenzó a reinar con energía (cf. 1Rey 1\,1-53\, omitido).\nSigue ahora la historia de los reyes\, que después de Salomón se bifurca hasta la catástrofe sucesiva de los dos reinos. Los caminos\, sin embargo\, son diferentes\, y la diferencia estriba en la promesa a David\, que perdura por la fidelidad de Dios. La alianza domina el desarrollo de toda la historia\, como refuerzo o como contraste.\n\n1Rey 2\,1-4.10-12.\nLa sucesión de David se zanjó mediante las intrigas palaciegas usuales en cualquier corte o reino pagano. Dios aparece actuando de modo discreto\, sin duda protagonista\, a través de su palabra. David exhorta a su hijo Salomón con tres recomendaciones:\n• «¡Sé fuerte!» (חָזַקְתָּ)\, en el sentido de «¡fortalécete!» o «¡anímate!». El Señor le encargó a Moisés «confirmar» a Josué para que él repartiera a Israel la tierra prometida (cf. Deu 1\,38). Esta fue la consigna que le dio Moisés a Josué (cf. Jos 1\,6.9.18) y que él les transmitió a los israelitas (cf. Jos 23\,6). Tal fuerza está\, pues\, en relación con la «herencia» de Israel\, que es la promesa de Dios a Abraham en uno de sus aspectos: la tierra\, que es espacio de libertad y autonomía.\n• «¡Sé (como) un hombre!» (הָיִיתָ לְאִישׁ) equivale a «¡sé valiente!». El gobierno reclama entereza de carácter necesaria para tomar medidas en bien del pueblo y en contravía con los enemigos\, tanto internos como externos. El hecho de que este libro se haya escrito después del fracaso de la monarquía entraña la advertencia de que esa «hombría» o «valentía» es decisiva tanto para el ejercicio de la realeza como para la estabilidad de su reinado y para el buen éxito del reino.\n• «Guarda las consignas del Señor tu Dios». Es un programa de fidelidad al Señor (יהוה)\, el Dios (אֵל) del éxodo. La fórmula «el Señor tu Dios» hace alusión a que el único Dios que reconoce Israel es el que lo sacó de Egipto. Permanecer fiel a la alianza con él significa prolongar en el tiempo su obra liberadora. A lo largo del libro se pondrá de presente que los reyes no guardaron fidelidad al Señor\, pues muchos de ellos fueron injustos e idólatras.\nDichas instrucciones formulan las condiciones para el cumplimiento de la promesa que le hizo el Señor al rey David («para que el Señor cumpla la promesa que me hizo: si tus hijos guardan su senda\, caminando fielmente en mi presencia\, con todo su corazón y toda su vida\, no te faltará uno de los tuyos sobre el trono de Israel»: v. 4; cf. 2Sam 7\,12-16). Aquí está el principio básico para entender la historia de los reyes e interpretar acertadamente sus acontecimientos.\nSin embargo\, Salomón deberá ejecutar dos sentencias de muerte: la de Joab y la de Semeí. Joab\, con sus crímenes\, había manchado el honor militar de David\, lo que permitió que el rey fuera acusado de ser instigador de esos crímenes (cf. 2Sam 16\,7). Así que pesaba sobre el rey y sus descendientes una venganza de sangre que solo podía revocarse ejecutando al verdadero culpable (cf. 2Sam 21\,1-14). Semeí lo había maldecido cuando él huía de Absalón (cf. 2Sam 16\,5-13). La maldición\, una vez pronunciada\, no podía ser revocada más que con la muerte de su autor. Dado que ahora la maldición pasaría a su hijo\, David decide suprimir a Semeí. Ambas acciones podrían afectar a Salomón y deslegitimar su realeza. No se trata\, pues\, de una tosca venganza\, sino de la purificación de unas taras que –así se pensaba– podían amenazar la dinastía. En cambio\, David le pide que sea magnánimo con Barzilay\, el galaadita\, que le brindó ayuda en su huida de Jerusalén (cf. 2Sam 19\,33-40)\, y le pide que los cuente entre sus comensales –es decir\, que los sostenga de por vida; se puede considerar equivalente a la actual «pensión»–\, en razón su solidaridad con el rey cuando huía de Absalón (cf. 2\,5-9\, omitido).\nLa muerte y la sepultura del rey\, después de un reinado de 40 años (cifra de significado simbólico: es un período englobante de paz o de desgracia)\, se reportan de manera escueta\, sin más detalles\, como habría sido de esperar. Esos 40 años se suman de la siguiente manera:\n• 7 años en Hebrón (cifra redondeada\, período idílico). En 2Sam 5\,5 se precisa que fueron 7 años y medio (cf. 1Cro 3\,4: «siete años y seis meses»)\, y\n• 33 años en Jerusalén (cf. 2Sam 5\,5; 1Cro 3\,4)\, cifra complementaria que no parece tener valor simbólico. En Gen 46\,15 se refiere al número de los hijos de Israel que emigraron a Egipto\, y en Lev 12\,4\, también junto con el número 7\, se refiere al tiempo de la purificación de la puérpera.\nEsta nota redaccional –seguramente basada en 2Sam 5\,4-5–\, semejante a las que se refieren a los reinados de Salomón (cf. 11\,41-43) y Jeroboam (cf. 14\,19-20)\, se encontrará más adelante como fórmula estereotipada.\n\nLa intervención humana conduce todo a través de rivalidades e intrigas\, en luchas por el poder. El discreto protagonismo de Dios se manifiesta haciendo posible la continuidad de la promesa en medio de ese sórdido panorama\, como Señor de la historia\, sin violentar la libertad de los hombres ni de los pueblos. Y el reino de Salomón «se consolidó».\nTampoco hoy ha perdido Dios el control de la historia\, sin ser manipulador. Esto resulta posible porque Dios responde a las más nobles aspiraciones humanas\, y en definitiva ellas son las que guían el actuar humano\, aunque\, a veces\, yerre el hombre en la valoración de lo noble y lo ruin. Pero después el hombre aprende y rectifica\, y así va creciendo en libertad.\nLos bautizados\, hechos ya hijos de Dios\, solo necesitamos tres condiciones:\n• Ser fuertes\, con la fortaleza del Espíritu Santo que recibimos en la confirmación.\n• Ser hombres nuevos\, es decir\, cabalmente humanos\, y actuar con la adultez y valentía de Jesús.\n• Ser fieles a la nueva alianza\, sellada en la sangre de Jesús\, que es su Espíritu Santo.\nFeliz jueves.
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SUMMARY:Viernes de la IV semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro del Eclesiástico (47\,2-13): \nComo la grasa es lo mejor del sacrificio\, así David es el mejor de Israel. Jugaba con leones como con cabritos\, y con osos como con corderillos; siendo un muchacho\, mató a un gigante\, removiendo la afrenta del pueblo\, cuando su mano hizo girar la honda\, y derribó el orgullo de Goliat. Invocó al Dios Altísimo\, quien hizo fuerte su diestra para eliminar al hombre aguerrido y restaurar el honor de su pueblo. Por eso le cantaban las mozas\, alabándolo por sus diez mil. Ya coronado\, peleó y derrotó a sus enemigos vecinos\, derrotó a los filisteos hostiles\, quebrantando su poder hasta hoy. De todas sus empresas daba gracias\, alabando la gloria del Dios Altísimo; de todo corazón amó a su Creador\, entonando salmos cada día; trajo instrumentos para servicio del altar y compuso música de acompañamiento; celebró solemnemente fiestas y ordenó el ciclo de las solemnidades; cuando alababa el nombre santo\, de madrugada\, resonaba el rito. El Señor perdonó su delito y exaltó su poder para siempre; le confirió el poder real y le dio un trono en Jerusalén. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 17\,31.47.50.51 \nR/. Bendito sea mi Dios y Salvador \nPerfecto es el camino de Dios\,\nacendrada es la promesa del Señor;\nél es escudo para los que a él se acogen. R/. \nViva el Señor\, bendita sea mi Roca\,\nsea ensalzado mi Dios y Salvador.\nPor eso te daré gracias entre las naciones\, Señor\,\ny tañeré en honor de tu nombre. R/. \nTú diste gran victoria a tu rey\,\ntuviste misericordia de tu Ungido\,\nde David y su linaje por siempre. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (6\,14-29): \nEn aquel tiempo\, como la fama de Jesús se había extendido\, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían: «Juan Bautista ha resucitado\, y por eso los ángeles actúan en él.» Otros decían: «Es Elías.» Otros: «Es un profeta corno los antiguos.» Herodes\, al oírlo\, decía: «Es Juan\, a quien yo decapité\, que ha resucitado.»\nEs que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel\, encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías\, mujer de su hermano Filipo\, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo\, porque Herodes respetaba a Juan\, sabiendo que era un hombre honrado y santo\, y lo defendía. Cuando lo escuchaba\, quedaba desconcertado\, y lo escuchaba con gusto. La ocasión llegó cuando Herodes\, por su cumpleaños\, dio un banquete a sus magnates\, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó\, gustando mucho a Herodes y a los convidados.\nEl rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras\, que te lo doy.» Y le juró: «Te daré lo que me pidas\, aunque sea la mitad de mi reino.»\nElla salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?»\nLa madre le contestó: «La cabeza de Juan\, el Bautista.»\nEntró ella en seguida\, a toda prisa\, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan\, el Bautista.»\nEl rey se puso muy triste; pero\, por el juramento y los convidados\, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue\, lo decapitó en la cárcel\, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos\, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nViernes de la IV semana del Tiempo Ordinario. Año II.\n\nDios\, que no solo se revela en la creación\, sino también en la historia\, lo hace en esta a través de hombres concretos\, con nombre y rostro definidos\, con su fe y sus pecados. Si en los escritos precedentes la figura de David se ha destacado como militar y gobernante\, el Sirácida pone muy de relieve el papel de David en el culto\, mencionado de pasada en dichos escritos. Habida cuenta de su condición de músico citarista y arpista (cf. 1Sm 16\,14-23)\, se entiende que se le atribuya la autoría de salmos y cánticos\, pero también se le abona su contribución como organizador de las ceremonias\, proveedor de instrumentos musicales y animador de las celebraciones. De hecho\, la introducción que hace el autor de su personaje parte de una comparación de tipo sacrificial: lo pondera como la grasa de la ofrenda de un «sacrificio de paz» (según el texto hebreo) y lo llama «el mejor» de los hijos de Israel\, como lo más destacado que el pueblo le ofrece a su Señor para «aplacarlo»\, es decir\, para reconciliarse con él.\n\nSir 47\,2-13.\nPara concluir la historia de David\, recurrimos al libro de Jesús Ben Sirá (Eclesiástico)\, en donde el autor\, tras una afirmación genérica («como la grasa se escoge de la ofrenda\, David de Israel es el mejor») en la que establece la excelencia de David entre los hijos de Israel\, el autor presenta la figura del rey con dos grandes trazos:\n1. David como «hombre».\n• Su infancia fue excepcional\, llena de coraje: luchaba con leones y osos\, así como sus coetáneos jugaban con cabritos y corderillos. Este rasgo evoca la descripción que el mismo David hizo de sus hazañas como pastor (cf. 1Sam 17\,34-37).\n• Su mocedad está llena de gloria\, pues derribó a un gigante con la ayuda del Dios Altísimo. Esta gesta libró de la afrenta a su pueblo y le mereció la alabanza de las mozas del mismo pueblo (cf. 1Sam 17\,32-54). El autor se extiende estableciendo la íntima relación entre la habilidad del chico en contraste con la arrogancia del guerrero\, así como la confianza de David en el Dios Altísimo y la ayuda que Dios le dio para convertirlo en un héroe.\n• Su adultez lo mostró como guerrero de coraje contra los enemigos de Israel. Coronado rey\, se enfrentó a sus enemigos vecinos\, a los cuales venció y despojó de su poder opresor hasta el día en que el autor escribe este libro.\nLa bravura\, la fuerza y la astucia de David se hicieron legendarias\, pero es indudable que lo que lo hizo inmortal fue su desigual combate con Goliat\, proeza que ocupa el centro de este primer elogio de su figura como ser humano\, como israelita puesto «aparte».\n2. David como fiel del Señor.\n• Siempre se mostró agradecido y alabó al Dios Altísimo\, su creador\, a quien con salmos le cantó su amor\, y a quien reconocía como fundamento de sus triunfos. Es grande el relieve que otorga la tradición a David como compositor de salmos de alabanza e himnos en honor del Señor. A él se le atribuye la autoría de una gran parte de los salmos del salterio.\n• Promovió el culto\, organizó las fiestas y ceremonias en un calendario litúrgico\, y hacía vibrar de júbilo al pueblo con sus cánticos de alabanza. Él no era un juglar\, sus cantos estaban guiados por su fe y su amor al Señor «que lo había creado». Ben Sirá destaca su gestión como organizador del culto mediante el establecimiento de coros de cantores\, el aporte de instrumentos musicales\, la música de acompañamiento para las fiestas\, la celebración de las mismas y el establecimiento del calendario festivo y hacía vibrar de entusiasmo al pueblo cuando alababa al Santo.\n• Sin embargo\, con todos esos atributos\, David fue en hombre como todos\, también él pecador. El Señor perdonó su delito (alusión al adulterio con Betsabé y al asesinato de Urías: cf. 2Sam 12-13)\, exaltó su potestad como rey y pactó con él una alianza que es «herencia personal\, debida a su dignidad» (Sir 45\,25); «le confirió poder real y afianzó su trono en Jerusalén»\, ciudad de Dios (cf. Sal 87\,3)\, «capital del gran rey» (Sal 48\,3)\, y le dio un hijo prudente como sucesor suyo.\nLos consejos que en la lectura de ayer se decía que él le daba a Salomón aparecen en esta de hoy vividos y practicados por David.\nEs innegable que la figura de David se idealizó en alto grado\, pero es indiscutible que los hechos\, con las salvedades de rigor\, respaldan esa idealización. El pecado de David\, que los autores no disimulan ni intentan excusar\, solo se redime por la sinceridad de su arrepentimiento. Desde este punto de vista\, también David se vuelve paradigmático\, porque si –en razón de la precariedad propia de la condición humana– incurrió en dos abominables pecados (adulterio y homicidio)\, e intentó ocultarlos\, finalmente reconoció su pecado\, asumió las consecuencias y expió su culpa. No es intelectualmente honesto juzgar los hechos del pasado con los criterios\, los adelantos del pensamiento y el progreso en la legislación de la época presente; eso sería anacrónico. Así como sería anacrónico proponer para los tiempos actuales «soluciones» de los tiempos antiguos\, como la pena de muerte\, por ejemplo\, e incluso la cadena perpetua.\n\nLa figura de David\, tras su muerte\, es idealizada magnificando sus hazañas en lo militar (perfil humano) y sus gestiones en lo cultual (perfil religioso)\, pero también reconociendo sus pecados (como hombre y como gobernante). Jesús no deja de reconocer sus aciertos\, pero aun así no acepta que lo llamen «hijo de David»\, porque él únicamente reconoce el vínculo de filiación en relación con el Padre Dios\, y sobre todo porque él no imita la conducta de David sino la de Dios.\nLa historia tiene grandes figuras\, vidas de personas ilustres y admirables: sabios\, héroes y santos. Pero el cristiano\, aunque los recuerde\, admire\, celebre y venere\, los relaciona siempre con Jesús y con el Padre Dios. Jesús es\, definitivamente\, el modelo humano que nos enseña a «ser como Dios»\, a ser hijos de Dios. También por medio de Jesús podemos conocer el verdadero rostro del Padre: «Al Hijo lo conoce solo el Padre y al Padre lo conoce solo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (Mt 11\,27). Cuantas veces Jesús se rehúsa a aceptar que lo llamen «Hijo de David» (cf. Mt 20\,30.31; 22\,41-45) está rechazando aquello que sus coterráneos y coetáneos más admiraban de David\, su talante guerrero; en cambio\, cuando lo acepta (cf. Mt 21\,14-16)\, es porque procede de personas que no comparte el ideal de nacionalismo violento.\nY a Jesús buscamos asemejarnos al asimilar su cuerpo y su sangre en la eucaristía. Los santos son hermanos y amigos nuestros\, que nos sirven de fraternal estímulo y apoyo en el seguimiento de Jesús y en el propósito de parecernos al Padre.\nFeliz viernes.
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SUMMARY:Sábado de la IV semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Eclesiástico (47\,2-13): \nComo la grasa es lo mejor del sacrificio\, así David es el mejor de Israel. Jugaba con leones como con cabritos\, y con osos como con corderillos; siendo un muchacho\, mató a un gigante\, removiendo la afrenta del pueblo\, cuando su mano hizo girar la honda\, y derribó el orgullo de Goliat. Invocó al Dios Altísimo\, quien hizo fuerte su diestra para eliminar al hombre aguerrido y restaurar el honor de su pueblo. Por eso le cantaban las mozas\, alabándolo por sus diez mil. Ya coronado\, peleó y derrotó a sus enemigos vecinos\, derrotó a los filisteos hostiles\, quebrantando su poder hasta hoy. De todas sus empresas daba gracias\, alabando la gloria del Dios Altísimo; de todo corazón amó a su Creador\, entonando salmos cada día; trajo instrumentos para servicio del altar y compuso música de acompañamiento; celebró solemnemente fiestas y ordenó el ciclo de las solemnidades; cuando alababa el nombre santo\, de madrugada\, resonaba el rito. El Señor perdonó su delito y exaltó su poder para siempre; le confirió el poder real y le dio un trono en Jerusalén. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 17\,31.47.50.51 \nR/. Bendito sea mi Dios y Salvador \nPerfecto es el camino de Dios\,\nacendrada es la promesa del Señor;\nél es escudo para los que a él se acogen. R/. \nViva el Señor\, bendita sea mi Roca\,\nsea ensalzado mi Dios y Salvador.\nPor eso te daré gracias entre las naciones\, Señor\,\ny tañeré en honor de tu nombre. R/. \nTú diste gran victoria a tu rey\,\ntuviste misericordia de tu Ungido\,\nde David y su linaje por siempre. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Marcos (6\,14-29): \nEn aquel tiempo\, como la fama de Jesús se había extendido\, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían: «Juan Bautista ha resucitado\, y por eso los ángeles actúan en él.» Otros decían: «Es Elías.» Otros: «Es un profeta corno los antiguos.» Herodes\, al oírlo\, decía: «Es Juan\, a quien yo decapité\, que ha resucitado.»\nEs que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel\, encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías\, mujer de su hermano Filipo\, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo\, porque Herodes respetaba a Juan\, sabiendo que era un hombre honrado y santo\, y lo defendía. Cuando lo escuchaba\, quedaba desconcertado\, y lo escuchaba con gusto. La ocasión llegó cuando Herodes\, por su cumpleaños\, dio un banquete a sus magnates\, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó\, gustando mucho a Herodes y a los convidados.\nEl rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras\, que te lo doy.» Y le juró: «Te daré lo que me pidas\, aunque sea la mitad de mi reino.»\nElla salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?»\nLa madre le contestó: «La cabeza de Juan\, el Bautista.»\nEntró ella en seguida\, a toda prisa\, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan\, el Bautista.»\nEl rey se puso muy triste; pero\, por el juramento y los convidados\, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue\, lo decapitó en la cárcel\, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos\, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron. \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\n\nSábado de la IV semana del Tiempo Ordinario. Año II.\n\nSalomón encuentra resistencia desde el principio\, y actúa con severidad\, como en el caso de su hermano Adonías\, que\, pidiendo a una de las mujeres de su padre\, buscaba así un pretexto que le permitiera reclamar la sucesión real (cf. 1Ry 2\,13-25). También destituyó al sacerdote Abiatar\, que se había aliado con Adonías\, lo mismo que a Joab\, culpable del asesinato de Abner y Amasá. Igual ocurrió con Semeí\, que había maldecido a David (cf. 2\,26-46). Así cumplió los encargos que le dejó su padre David\, y consolidó su trono.\nSigue ahora la exaltación de Salomón como rey magnífico.\nSu figura se presenta con rasgos ambiguos. La primera noticia al respecto es su matrimonio con una hija del Faraón de Egipto. La segunda es su tolerancia con los santuarios locales\, en los que él mismo sacrificaba. Sin embargo\, en medio de esas dos noticias se advierte que Salomón amaba al Señor\, «procediendo según las normas de su padre\, David» (cf. 3\,1-3).\nEs inusual que el autor le dedique tanto espacio al reinado de un rey que terminó siendo infiel a la alianza; quizás trataba así de hacerles ver a sus lectores (los exiliados) que en Salomón se da el cumplimiento de las promesas hechas a David\, pero que los reyes no cumplieron la condición de fidelidad puesta por el Señor\, y que ahí está la explicación del desastre de la monarquía.\n\n1Ry 3\,4-13.\nEl autor relata una aparición del Señor a Salomón en un «sueño» (חֲלוֹם). Es el primero de cuatro encuentros de Salomón con Dios (cf. 3\,5-15; 9\,1-9; 11\,11-13; 2Cro 7\,11-22). El Señor lo invita a pedir\, y Salomón\, evocando a la promesa del Señor a David\, reconoció la lealtad\, la justicia y la rectitud interior de su padre en relación con el cumplimiento de la promesa de Dios –este es un motivo recurrente en el libro–\, declara que el Señor ha cumplido su promesa al hacerlo sucesor de su padre. Sin embargo\, reconoce su inexperiencia frente a la responsabilidad que le compete.\nLa importancia de este relato radica en:\n• Ratificar que el rey de Israel no es un autócrata\, porque\, ante todo\, el rey de Israel es el Señor. Salomón no es rey a consecuencia de un derecho hereditario –siempre discutible–\, sino en virtud de una promesa del Señor que el rey debía tener presente.\n• Recodar que quien de verdad gobierna en Israel es el Señor a través del rey de turno. Este solo es un intermediario entre Dios y su pueblo\, y que la carta magna de conducción del pueblo era la Ley dada por el Señor a su pueblo a través de Moisés.\n• Mostrar que Salomón concebía su tarea real como un ministerio a favor de Israel\, y no como un privilegio personal\, ministerio cuyo acertado desempeño requería la relación personal del rey con el Señor y el respeto por la alianza del Señor con el pueblo.\nPor eso presenta a Salomón en relación directa con Dios\, y no pidiendo favores personales\, sino reconociendo la fidelidad del Señor y pidiendo la facultad de gobernar como David\, su padre.\nSuena extraño que Salomón le diera culto al Señor en Gabaón. El redactor final del libro ensaya a disculparlo (cf. 1Ry 3\,2-3). La visión en «sueño» presentó al Señor\, que le ofreció concederle lo que quisiera. Esta es una forma de mostrar que el Señor ratifica el nombramiento de Salomón.\nPor su parte\, Salomón plantea su solicitud al Señor después de hacer tres consideraciones:\n• Reconoce que él ha llegado al trono por decisión del Señor («tú has hecho a tu siervo sucesor de mi padre David»)\, gracias a la promesa hecha a David. No es una conquista suya\, además de que había otros herederos y aspirantes a la misma dignidad.\n• Declara ser personalmente inmaduro («soy un muchacho»: cf. Jer 1\,6) y\, además\, que se juzga inexperto\, particularmente para dirigir las tropas y gobernar el pueblo («no sé salir y entrar»: cf. 2Sam 5\,2)\, o sea\, para asumir con tino esa responsabilidad.\n• Pondera lo multitudinario que es el pueblo del Señor («un pueblo tan numeroso que no se lo puede contar ni calcular»)\, lo que hace más compleja la administración de justicia\, la garantía de la seguridad y la búsqueda de la prosperidad para todos.\nPor eso\, su petición se concreta en que el Señor le enseñe a escuchar para aprender a gobernar discerniendo «entre el bien y el mal»\, es decir\, con discernimiento total. De lo contrario\, nadie es capaz de gobernar semejante pueblo. Es preciso tener en cuenta que los reyes se consideraban sucesores de los Jueces. Su responsabilidad principal era hacer reinar en las relaciones sociales el derecho y la justicia; ellos deberán responderle a Dios de la manera como establecerán ese tipo de relaciones. En el salmo 72 se presenta una visión idealizada del rey modelo. La sabiduría que es objeto de esta petición es una sabiduría práctica y orientada al bienestar del pueblo\, no es para el lucimiento personal del gobernante.\nEl Señor valoró positivamente la petición que hizo Salomón en función de lo que habría podido pedir y que descartó: larga vida\, o riquezas\, o la vida de sus enemigos. Y determinó concederle: sabiduría y prudencia para gobernar\, riquezas y fama legendarias\, y larga vida. La sabiduría –así entendida– se presenta como garante del resto de los dones que Dios le concede a Salomón en función del buen gobierno\, es decir\, un rey que se dedique a escuchar y a gobernar discerniendo entre el bien y el mal para administrar justicia será capaz de administrar prosperidad y prestigio\, y podrá extender su reinado por mucho tiempo\, ya que no será oneroso para su pueblo. La larga vida está condicionada a caminar como su padre David (cf. 3\,14\, omitido).\n\nLa sabiduría se entiende aquí de manera «artesanal»: saber juzgar\, saber hacer y saber proceder. Pedirle esa sabiduría al Señor es reconocer que él la posee y la comunica. Que el Señor valore de forma tan positiva esta elección significa que es un requisito y atributo esencial al gobernante y una necesidad vital de parte del pueblo.\nEl gobernante necesita aprender el arte de escuchar a su Señor y a su pueblo\, a fin de aplicar las exigencias de la alianza y buscar así soluciones acertadas y justas a las necesidades del pueblo.\nLa figura de Jesús como rey desborda y supera con creces la de Salomón\, ya que Jesús no llama súbditos («siervos») a los suyos\, sino «amigos» (libres e iguales). Y\, al transmitirles su Espíritu\, los hace capaces de crecer en libertad hasta la más plena autonomía\, de manera que cada uno goce de esa sabiduría de saber juzgar\, hacer y conducirse; y\, además de vivir bien\, saber convivir fraternalmente con los demás e impulsar la nueva fraternidad universal\, el reino de Dios\, en el cual todos los ciudadanos son «reyes». En la eucaristía nos hace partícipes de ese Espíritu para que cada uno de nosotros llegue más lejos que Salomón.\nFeliz sábado en compañía de María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:V Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de Isaías (58\,7-10): \nESTO dice el Señor:\n«Parte tu pan con el hambriento\,\nhospeda a los pobres sin techo\,\ncubre a quien ves desnudo\ny no te desentiendas de los tuyos.\nEntonces surgirá tu luz como la aurora\,\nenseguida se curarán tus heridas\,\nante ti marchará la justicia\,\ndetrás de ti la gloria del Señor.\nEntonces clamarás al Señor y te responderá;\npedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”.\nCuando alejes de ti la opresión\,\nel dedo acusador y la calumnia\,\ncuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo\ny sacies al alma afligida\,\nbrillará tu luz en las tinieblas\,\ntu oscuridad como el mediodía». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 111\,4-5.6-7.8a.9 \nR/. El justo brilla en las tinieblas como una luz \nV/. En las tinieblas brilla como una luz\nel que es justo\, clemente y compasivo.\nDichoso el que se apiada y presta\,\ny administra rectamente sus asuntos. R/. \nV/. Porque jamás vacilará.\nEl recuerdo del justo será perpetuo.\nNo temerá las malas noticias\,\nsu corazón está firme en el Señor. R/. \nV/. Su corazón está seguro\, sin temor.\nReparte limosna a los pobres;\nsu caridad dura por siempre\ny alzará la frente con dignidad. R/. \n\n\n\nSegunda lectura\n\nLectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (2\,1-5): \nYO mismo\, hermanos\, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios\, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría\, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna\, sino a Jesucristo\, y este crucificado.\nTambién yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana\, sino en la manifestación y el poder del Espíritu\, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres\, sino en el poder de Dios. \nPalabra de Dios \n\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Mateo (5\,13-16): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos:\n«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa\, ¿con qué la salarán?\nNo sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.\nVosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.\nTampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín\, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.\nBrille así vuestra luz ante los hombres\, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A.\n\nLa proclamación de las bienaventuranzas suena evidentemente en contraste con cierta tradición\, porque muestra otra concepción de Dios (cf. Deu 27\,15-26). Pero quizás provoque una duda: si la Ley no ha logrado poner orden en el pueblo\, no parece probable que estas exhortaciones a la libertad\, basadas en el anhelo de felicidad\, vayan a crear efectivas relaciones de convivencia en la humanidad.\nJesús insiste en su propuesta\, ahora usando dos metáforas: la sal y la luz\, que es el texto destinado para este domingo\, y que presenta las dos metáforas en desigual longitud.\n\nMt 5\,13-16.\nLa metáfora pretende hacer descubrir con expresividad y belleza una significación más profunda que lo que a simple vista se percibe y de lo que se puede explicar con el mero uso de las palabras en su sentido propio. Las metáforas de la sal y de la luz han de ser comprendidas en el trasfondo de la cultura hebrea\, particularmente en la tradición bíblica\, para entender lo que Jesús les quiso decir a sus discípulos de todos los tiempos.\n1. La sal de la tierra.\nEn primer lugar\, encontramos relacionados dos términos: «sal» y «tierra». La sal se utiliza desde tiempos antiguos para conservar alimentos\, porque asegura su incorruptibilidad; se usaba\, a partir de esa experiencia\, como símbolo de firmeza\, estabilidad\, permanencia. En Israel se salaban los sacrificios como expresión de la firmeza de la alianza con el Señor (cf. Lev 2\,13)\, pues una alianza de sal es perpetua (cf. Num 18\,19)\, y «el Señor Dios de Israel\, con pacto de sal\, concedió a David y a sus descendientes el trono de Israel para siempre» (cf. 2Cro 13\,5). Según Jesús\, sus discípulos tenemos la misión de ser garantía de la perpetuidad de la relación de Dios con la humanidad. Y esto solo lo lograremos siendo fieles a la propuesta que hace él en las bienaventuranzas; sin esta fidelidad no habrá verdadera relación con Dios.\nEsto significa que el futuro de la relación de Dios con la humanidad pasa por nuestro testimonio de felicidad («dichosos») en una irrenunciable convivencia que desarrolle la libertad para amar y que\, animada por el amor universal de Dios\, infunda una vida cada vez más satisfactoria.\nLa mención de «la tierra» es un modo de expresar la universalidad desde la perspectiva geográfica. Se refiere a la humanidad entera\, no solo al pueblo de Israel\, sino a todos los pueblos que habitan la superficie de la tierra. En tanto que los Israelitas solo llamaban «la tierra» a su país\, porque era «la tierra prometida»\, Jesús extiende esa denominación a todos los países.\nY hace una advertencia: si la sal «se vuelve sosa»\, no hay manera de devolverle su condición de sal. El verbo que usa aquí (μωραίνω) significa propiamente «portarse como necio»\, lo que apunta al discípulo\, y relaciona este pasaje con el del «hombre necio» que edifica sobre la arena\, es decir\, el discípulo que escucha pero que no pone en práctica el mensaje\, y con las «vírgenes necias» (cf. Mt 7\,26; 25\,2). En este caso\, advierte Jesús\, ese discípulo\, por traicionar el mensaje\, se expone a la marginalidad social («tirarla a la calle») y al feroz desprecio de los no creyentes («…la pisoteen los hombres»). Ser sal «sosa» o «necia» es ser un discípulo carente de compromiso\, y eso equivale a decepcionar a la humanidad\, excluirse de la convivencia humana y desacreditar la fe.\n2. La luz del mundo.\nAhora encontramos relacionados otros dos términos: «luz» y «mundo». La metáfora de «la luz» atraviesa la Biblia entera. Designa el esplendor o la gloria misma de Dios\, que\, según el profeta (cf. Isa 60\,1-3) es\, a la vez\, «la gloria del Señor» (60\,1) y del rescatado pueblo de Dios (60\,3). También se consideraban «luz» la Ley y el templo (cf. Isa 2\,5)\, así como la ciudad de Jerusalén\, iluminada por el Señor (cf. Isa 60\,19-20). Jesús introduce un nuevo sentido. La presencia gloriosa de Dios resplandece ahora en sus seguidores e ilumina a otros por medio de ellos.\nEsto implica que la presencia y la actividad de Dios en el mundo depende de que los seguidores de Jesús reflejen con su realización personal la alegría de convivir en la solidaridad\, la honestidad y la paz («dichosos»)\, y que la irradien en su entorno.\nEsa luz\, en primer lugar\, es para que brille. La comunidad de los discípulos ha de ser tan visible como una ciudad situada en la cima de un monte. Y no se puede ocultar\, porque su misión es iluminar; para eso existe. Los discípulos no pueden encerrarse en sí mismos\, como una luz que no brilla ni ilumina\, porque su destino es brillar para iluminar a los miembros de la familia (οἰκία).\nLa mención del «mundo» extiende el horizonte de esa luz a las sociedades humanas organizadas en «reinos» o repúblicas (cf. Mt 4\,8)\, que es el amplio «campo» (cf. Mt 13\,38) en donde hay que proclamar la buena noticia (cf. Mt 26\,13); ese mundo es criatura de Dios y escenario de codicias y de escándalos (cf. Mt 16\,26; 18\,7; 24\,21).\nLa «luz» de la que habla Jesús es metáfora del bien que\, como testimonio de amor\, hacen sus discípulos en presencia de «los hombres»\, es decir\, ante los humanos que solo se guían por sus impulsos y no conocen el Espíritu de Dios. Lo primero es hacerlos «familia» (οἰκία). El objetivo de esta irradiación de luz es que\, al ver las excelentes obras (τὰ καλὰ ἔργα) realizadas por los discípulos\, «los hombres» reconozcan como Padre al Dios del cielo. Y así lleguen a ser miembros de la familia iluminada por esa luz.\n\nLas bienaventuranzas son eficaces para transformar de raíz la sociedad humana en la medida en que los discípulos de Jesús tomemos en serio nuestra condición de «sal de la tierra» y «luz del mundo». Jesús habla de ser\, y da a entender que no se trata de una obligación sino de una opción. Las bienaventuranzas suponen la libertad y el anhelo de plenitud. Sin esas dos condiciones\, no hay discípulo posible.\nPor consiguiente\, no se trata de una nueva «Ley»\, sino de una gracia inaudita. Ahora la relación con Dios no está determinada por eldeber hacer\, sino por el poder ser. Lo que Jesús nos dice es que si optamos libremente por buscar la plenitud (felicidad) a su lado\, él nos infunde su Espíritu para darnos la posibilidad de desarrollar la libertad y alcanzar la plenitud. Por eso\, no se trata de que tengamos la obligación de garantizar la relación con Dios\, sino de desplegar la capacidad de hacerlo; tampoco se trata de la dura obligación de cambiar las sociedades humanas\, sino de la gozosa posibilidad de lograrlo.\nY por eso nos reúne en el banquete eucarístico\, porque quiere hacernos sentir su fuerza de vida\, su Espíritu Santo\, por la comunión con su cuerpo y con su sangre.\n¡Feliz día del Señor!
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SUMMARY:Lunes de la V semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del primer libro de los Reyes (8\,1-7.9-13): \nEn aquellos días\, Salomón convocó a palacio\, en Jerusalén\, a los ancianos de Israel\, a los jefes de tribu y a los cabezas de familia de los israelitas\, para trasladar el Arca de la Alianza del Señor desde la Ciudad de David (o sea Sión). Todos los israelitas se congregaron en torno al rey Salomón en el mes de Etanín (el mes séptimo)\, en la fiesta de los Tabernáculos. Cuando llegaron los ancianos de Israel\, los sacerdotes cargaron con el Arca del Señor\, y los sacerdotes levitas llevaron la Tienda del Encuentro\, más los utensilios del culto que había en la Tienda. El rey Salomón\, acompañado de toda la asamblea de Israel reunida con él ante el Arca\, sacrificaba una cantidad incalculable de ovejas y bueyes. Los sacerdotes llevaron el Arca de la Alianza del Señor a su sitio\, el camarín del templo\, al Santísimo\, bajo las alas de los querubines\, pues los querubines extendían las alas sobre el sitio del Arca y cubrían el Arca y los varales por encima. En el Arca sólo había las dos Tablas de piedra que colocó allí Moisés en el Horeb\, cuando el Señor pactó con los israelitas al salir del país de Egipto\, y allí se conservan actualmente. Cuando los sacerdotes salieron del Santo\, la nube llenó el templo\, de forma que los sacerdotes no podían seguir oficiando a causa de la nube\, porque la gloria del Señor llenaba el templo. Entonces Salomón dijo: «El Señor quiere habitar en las tinieblas; y yo te he construido un palacio\, un sitio donde vivas para siempre». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 131\, 6-7. 8-10 \nR/. Levántate\, Señor\, ven a tu mansión \nOímos que estaba en Éfrata\,\nla encontramos en el Soto de Jaar:\nentremos en su morada\,\npostrémonos ante el estrado de sus pies. R/. \nLevántate\, Señor\, ven a tu mansión\,\nven con el arca de tu poder:\nque tus sacerdotes se vistan de gala\,\nque tus fieles vitoreen.\nPor amor a tu siervo David\,\nno niegues audiencia a tu Ungido. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (6\,53-56): \nEn aquel tiempo\, cuando Jesús y sus discípulos terminaron la travesía\, tocaron tierra en Genesaret\, y atracaron. Apenas desembarcados\, algunos lo reconocieron\, y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús\, le llevaba los enfermos en camillas. En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba\, colocaban a los enfermos en la plaza\, y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nLunes de la V semana del Tiempo Ordinario. Año II.\n\nEl tino de Salomón quedó comprobado en el famoso juicio en donde dirimió el pleito entre dos prostitutas que se disputaban un niño (cf. 1Rey 3\,16-28). También se hizo famoso por su forma de organizar el reino para mantenerlo unido bajo su cetro\, cuya burocracia prolonga la de la corte de David e imita en parte la de la corte egipcia\, y también se pueden detectar rasgos semejantes a los del Imperio Neobabilónico e\, incluso\, al sistema que estuvo en vigencia durante los tiempos de Ciro el Grande (cf. 1Rey 4).\nEn su reinado\, sin embargo\, contrastan una era de paz interna e internacional con la vida austera y sencilla de su gente y el lujo de la corte real\, financiado con tributos internos y externos (cf. 1Rey 5\,1-8). En su época se cultivó la sabiduría en variados aspectos\, y eso le dio renombre (cf. 1Rey 5\,9-14). Se decidió a construir el templo con el apoyo logístico y económico de Jirán\, rey de Tiro (cf. 1Rey 5\,15-32) y antiguo aliado de David. El Señor manifestó su aprobaba al proyecto y a su ejecución (cf. 1Rey 6). Después\, Salomón construyó su palacio e hizo los acabados para el templo\, al que dotó minuciosa y lujosamente (cf. 1Rey 7). Y así procedió a su dedicación.\n\n1Ry 8\,1-7.9-13.\nConstruido el templo\, Salomón procede a trasladar el arca de donde su padre la había dejado al lugar santísimo que le había construido dentro del santuario. La importancia del hecho se nota en los personajes que involucra: «a los concejales de Israel\, a los jefes de tribu y a los cabezas de familia de los israelitas»; hay una representación de todo el pueblo que legitima la medida\, no se trata de una arbitrariedad inconsulta del rey. La fecha señalada coincide con el final de las tareas agrícolas y la preparación para el nuevo ciclo. La fiesta de la que se habla es la de las Chozas\nEl acontecimiento tiene la misma finalidad\, pero mayor solemnidad que cuando lo hizo David. El traslado fue completo («llevaron la tienda del encuentro\, más los utensilios del culto que había en la tienda»). Aunque se habla de «la tienda del encuentro»\, se trata de la tienda que David había levantado para cobijar el arca (cf. 2Sam 7\,8; 1Rey 1\,39). En realidad\, la «tienda del encuentro» ya no se nombraba desde la entrada en la tierra de Canaán. Este dato pretende asegurar la íntegra continuidad de la tradición y vincular el pueblo actual y su tempo con el pueblo en el desierto.\n• Se advierte que el traslado estuvo a cargo de los sacerdotes y levitas\, asegurando así que ningún profano la tocó (cf. 2Sam 6\,6-11). Con esto se garantiza la legitimidad del culto y\, en definitiva\, la legitimidad de la monarquía. El lector moderno difícilmente comprende la importancia de este dato entonces. Así que si la monarquía goza de la bendición del Señor es a causa de su pureza.\n• Además de eso\, se pondera la enorme cantidad de ganado mayor y menor que se ofreció en sacrificio: «no se los podía contar» –hipérbole históricamente inverosímil–\, dato que pondera la subordinación del rey al Señor: el rey no escatima en gastos para honrar al Señor\, con esto pone de presente la soberanía del Señor por encima de la suya. Salomón se reconoce su súbdito.\n• Se describe la majestad del lugar al cual se lleva el arca («lugar santísimo»)\, que queda en una «cámara sagrada» (el santuario) dentro de «la Casa» (el templo). Los querubines eran nombrados en la antigua mitología mesopotámica y en la Biblia (cf. Gen 3\,24; Ez 10; 28\,14.16; 41\,18). Su papel y su representación variaba. Es probable que aquí se refiera a cuadrúpedos con cuerpo de león y cabeza humana. Tales querubines aparecen como una especie de guardianes. Esto explica la cantidad de querubines esculpidos en los muros del templo (cf. 6\,29). Sin embargo\, el arca de la alianza se describe con sobriedad: no tiene más –ni menos– que las tablas de piedra con las cláusulas de la alianza. Los varales\, que nunca debían ser separados del arca (con el fin de que al cargarla no la tocaran) eran considerablemente largos\, de manera que se apreciaban desde fuera. Todos estos datos vinculan el arca y el templo con la historia del pueblo rescatado de Egipto\, y el culto con el éxodo y la alianza.\nA pesar de todo esto\, la solemnidad del hecho no radica en lo que hacen los hombres\, sino en la teofanía que tiene lugar:\n• En vez del humo del incienso\, la nube\, signo de la presencia del Señor\, que acompañó al pueblo en su salida de Egipto (cf. Exo 13\,21-22; 33\,9-10; 40\,38)\, tomó posesión del lugar llenándolo. La nube\, a la vez revela y vela la presencia divina\, permite verlo sin verlo.\n• En vez de la santidad del lugar\, o la de los sacrificios\, o la de los sacerdotes y levitas\, la santidad del Señor es la que llena de gloria la Casa\, que ahora es su casa. Es él quien santifica el lugar. La gloria del Señor completa el signo de la nube por el sentido de «brillo» o «resplandor» que añade.\n• Y\, aunque el rey Salomón haya hecho un palacio al verdadero rey de Israel\, él no es un vecino más\, porque –si bien habita en medio del pueblo– permanece invisible a sus ojos. El rey\, en un pequeño poema –quizá comienzo de un himno más extenso– recoge los dos símbolos de dicha presencia divina: «el sol» (la gloria) y «la oscuridad» (la nube) para ponderar la condescendencia del Señor que\, siendo tan excelso y sublime\, acepta como propia la casa que el rey ha construido.\n\nEsta afirmación de la presencia invisible del Señor (a la vez inmanente y trascendente) afirma su cercanía\, pero advierte que no es manipulable. La santidad del Señor está muy por encima de la «santidad» del lugar (dedicado a él) y también de la santidad de las personas\, levitas y sacerdotes (consagrados a él). Por eso él llena y desborda el lugar; y por eso mismo su gloria desaloja a los levitas y sacerdotes: nadie es santo como él.\nDesde el principio\, el creyente quiso «dedicar» determinados lugares a Dios para significar tanto su cercanía como la posibilidad del encuentro con él. Esto es positivo en sí\, pero siempre estuvo expuesto al intento de manoseo o manipulación de la divinidad por parte del hombre. Sentir la cercanía de Dios es legítimo; pretender ponerla al servicio de intereses mezquinos es abusivo. El evangelio anuncia que el templo de Dios es Jesucristo\, y que en él reside su gloria.\nEl Nuevo Testamento define la santidad en términos de amor. Dios es amor\, y en eso consiste su santidad. El ser humano se hace santo en la medida en que\, por la acción del Espíritu Santo\, ama como el Padre\, siguiendo el testimonio de Jesús. Ahora el arca de la alianza está en el interior (el «corazón») de cada persona\, es el Espíritu del Padre y del Hijo\, que hace de cada cristiano un templo vivo de Dios. Ese es el Espíritu que aceptamos cada vez que comulgamos con Jesús\, que nos hace ante el Padre «santos e irreprochables en su presencia por el amor» (Efe 1\,4).\nFeliz lunes.
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SUMMARY:Martes de la V semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del primer libro de los Reyes (8\,22-23.27-30): \nEn aquellos días\, Salomón\, en pie ante el altar del Señor\, en presencia de toda la asamblea de Israel\, extendió las manos al cielo y dijo: «¡Señor\, Dios de Israel! Ni arriba en el cielo ni abajo en la tierra hay un Dios como tú\, fiel a la alianza con tus vasallos\, si caminan de todo corazón en tu presencia. Aunque\, ¿es posible que Dios habite en la tierra? Si no cabes en el cielo y lo más alto del cielo\, ¡cuánto menos en este templo que he construido! Vuelve tu rostro a la oración y súplica de tu siervo Señor\, Dios mío\, escucha el clamor y la oración que te dirige hoy tu siervo. Día y noche estén tus ojos abiertos sobre este templo\, sobre el sitio donde quisiste que residiera tu nombre. ¡Escucha la oración que tu siervo te dirige en este sitio! Escucha la súplica de tu siervo y de tu pueblo\, Israel\, cuando recen en este sitio; escucha tú\, desde tu morada del cielo\, y perdona.» \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 83\,3.4.5.10.11 \nR/. ¡Qué deseables son tus moradas\,\nSeñor de los ejércitos! \nMi alma se consume y anhela\nlos atrios del Señor\,\nmi corazón y mi carne\nretozan por el Dios vivo. R/. \nHasta el gorrión ha encontrado una casa;\nla golondrina\, un nido donde colocar sus polluelos:\ntus altares\, Señor de los ejércitos\,\nRey mío y Dios mío. R/. \nDichosos los que viven en tu casa\,\nalabándote siempre.\nFliate\, oh Dios\, en nuestro Escudo\,\nmira el rostro de tu Ungido. R/. \nVale más un día en tus atrios\nque mil en mi casa\,\ny prefiero el umbral de la casa de Dios\na vivir con los malvados. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (7\,1-13): \nEn aquel tiempo\, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén\, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras\, es decir\, sin lavarse las manos (los fariseos\, como los demás judíos\, no comen sin lavarse antes las manos\, restregando bien\, aferrándose a la tradición de sus mayores\, y\, al volver de la plaza\, no comen sin lavarse antes\, y se aferran a otras muchas tradiciones\, de lavar vasos\, jarras y ollas.)\nSegún eso\, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?»\nÉl les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros\, hipócritas\, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios\, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío\, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.” Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.»\nY añadió: «Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre” y “el que maldiga a su padre o a su madre tiene pena de muerte”; en cambio\, vosotros decís: Si uno le dice a su padre o a su madre: “Los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo”\, ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre\, invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os trasmitís; y como éstas hacéis muchas.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nMartes de la V semana del Tiempo Ordinario. Año II.\n\nEl ritual de la dedicación del templo por parte del rey Salomón se desarrolló según el esquema siguiente: a) Convocación y ritos iniciales (vv. 1-13)\, b) bendición a la asamblea\, acción de gracias al Señor y súplica por la monarquía (vv. 14-27)\, c) súplicas del rey para siete casos específicos en el futuro (vv. 28-53)\, d) bendición a la asamblea y exhortación a la fidelidad (vv. 54-61)\, e) ritos finales: celebraciones por ocho días y despedida.\nEl centro del ritual está en las súplicas para los siete casos específicos previstos para el futuro:\n1. Mantener vigente la promesa hecha a David (vv. 28-30).\n2. Hacer justicia entre los israelitas (vv. 31-32).\n3. Perdonar el pecado del pueblo (vv. 33-34).\n4. Levantar los castigos y enviar la bendición (vv. 35-40).\n5. Escuchar al extranjero no residente (נָכְרִי) respetuoso (vv. 41-43).\n6. Escuchar al pueblo en la guerra contra su enemigo (vv. 44-51).\n7. Atender siempre la oración del rey y del pueblo (vv. 52-53).\nEn las súplicas para los siete casos previstos aparecen las relaciones entre cielo y templo\, y entre oración por parte del hombre y escucha de parte de Dios. En muchos casos se puede determinar un esquema básico: calamidad (o pecado)\, conversión y petición\, perdón y liberación.\nEl texto que hoy se lee está tomado de la bendición inicial (b) y del centro de dicho ritual (c)\, en lo que se refiere a la súplica para que el Señor escuche las oraciones que el rey y el pueblo hagan en dicho templo.\n\n1Ry 8\,22-23.27-30\nEl rey aparece ahora orando ante Dios y asumiendo funciones de carácter sacerdotal. Antes del exilio\, los reyes no eran solo jefes militares y políticos\, sino que en ocasiones podían desempeñar el oficio de sacerdotes\, tal como lo sugiere aquí la mención del «altar». Eran intermediarios entre Dios y el pueblo. Después se hará la separación de la realeza y el sacerdocio (cf. Eze 45-46).\n• «De pie ante el altar del Señor\, en presencia de toda la asamblea»\, el rey «extendió las manos al cielo». Esta actitud típica de oración implica las palabras de súplica y el gesto de las manos con las palmas abiertas hacia arriba\, en actitud de recibir. El orante pide con manifiesta confianza de ser escuchado. Salomón alabó al Señor por su insuperable fidelidad a la alianza con sus vasallos\, siempre que estos caminen en su presencia. Su invocación no declaró la unicidad del Señor como Dios\, pero sí su excelencia: ninguno de los que se dicen dioses se le podría comparar.\n• Reconoció la fidelidad del Señor a la promesa que le hizo y le cumplió a David («con tu boca se lo prometiste\, con la mano se lo cumples hoy») y le pidió que la mantuviera en favor suyo\, en su condición de descendiente de David (cf. también vv. 24-26\, omitidos).\n• Confesó su asombro y el del pueblo ante la inaudita ocurrencia de que Dios –a quien ni el cielo puede contener– vaya a habitar en la tierra en un templo edificado por él. La pregunta que hace prepara al oyente para resolver de un modo diferente la cuestión que plantea. La destrucción del templo en el año 587 –que el autor jamás pierde de vista– y la presencia de Dios en medio del pueblo –fuertemente subrayada antes del exilio– requieren otra explicación: los altos cielos son insuficientes para contener a Dios\, ciertamente\, así que es impensable que lo contenga un edificio en la tierra\, pero el creyente que ora en el templo tiene la seguridad de que Dios lo escucha en el cielo\, porque él mismo lo ha querido así; en el templo estará su «nombre»\, es decir\, su presencia viva y activa (cf. 8\,17.28-30; Deu 12\,5). De este modo\, el autor supera el rústico concepto de la gran mayoría de sus compatriotas antes del exilio respecto de la presencia del Señor en el templo (cf. Jer 7\,1ss)\, y que causaba desazón en muchos de ellos después del destierro.\nHay una cierta analogía entre el cielo y el templo en cuanto a su incapacidad para contener ellos la realidad divina. El Señor «no cabe» en el cielo\, a pesar de su amplitud; tampoco «cabe» en el templo\, limitada construcción humana que el rey ha hecho edificar. Y enseguida pasa a declarar la finalidad del templo como casa de oración:\n• En primer lugar\, es casa de oración para el rey\, en cuanto responsable del pueblo de Dios. Y pide que El Señor vigile día y noche allí y que se incline a las oraciones que el rey allí le formule\, lugar en el que él quiso que residiera su nombre\, oraciones que Salomón le dirigirá para gobernar con sabiduría y acierto el pueblo\, como ya se lo había pedido antes en Gabaón (cf. 3\,6-9).\n• En segundo lugar\, es casa de oración del pueblo con su rey\, y por eso pide que desde la morada celeste (más que desde dentro del mismo templo) Dios escuche y perdone al pueblo. La oración de Salomón manifiesta la conciencia de que la presencia de Dios no se limita al templo\, ya que lo desborda. La petición de que el Señor «escuche» y «perdone» mira hacia el pasado del pueblo.\n• El templo aparece ante todo como casa de oración\, no como lugar de sacrificios. Se observa que no se hace mención del templo como lugar para el ofrecimiento de holocaustos y sacrificios (según 8\,64\, estos se ofrecen «delante del templo»)\, aunque explica que esto se dio por el tamaño del altar de bronce\, demasiado pequeño para la cantidad de los dones ofrecidos.\n\nPor ser casa de oración\, Salomón pide al Señor que también escuche al extranjero que venga a orar en este templo (cf. 1Rey 8\,41-43). Por eso Isaías podrá afirmar después: «mi casa es casa de oración\, y a mi casa la llamarán (reconocerán) todos los pueblos Casa de Oración» (Isa 56\,7). Esa apertura universal es digna de mención y rescate en la comunidad cristiana\, que debe ser el lugar de encuentro de todos los seres humanos. Así se completan dos notas básicas del templo: la oración con Dios y la universalidad.\nLlamar «casa de oración» al templo no es solo darle ese nombre\, sino asignarle esa función\, hacer del templo un lugar de diálogo con Dios. Esto no se logra con estrépito\, sino con el silencio de la escucha y la comunicación en voz baja\, media o alta\, mentalmente\, con el canto\, el gesto o la presencia quieta\, pero comunicación con él. Es la oración que se dirige a un Dios que «escucha»\, que «inclina el oído»\, porque ama y se complace dando vida. Este silencio de escucha vale mucho más que elocuentes discursos sobre la oración.\nEs necesario que así sean nuestras celebraciones eucarísticas. La algarabía de las voces y el sonido altísono de los instrumentos musicales no sustituyen la fe y el amor. La acción del Espíritu Santo está en la alegría de los hijos que se saben amados\, en la de los hermanos que se aman entre sí\, y en el gozo íntimo de quienes tributan al Padre el culto «en Espíritu y fidelidad» (cf. Jn 4\,23).\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la V semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del primer libro de los Reyes (10\,1-10): \nEn aquellos días\, la reina de Sabá oyó la fama de Salomón y fue a desafiarle con enigmas. Llegó a Jerusalén con una gran caravana de camellos cargados de perfumes y oro en gran cantidad y piedras preciosas. Entró en el palacio de Salomón y le propuso todo lo que pensaba. Salomón resolvió todas sus consultas; no hubo una cuestión tan oscura que el rey no pudiera resolver.\nCuando la reina de Sabá vio la sabiduría de Salomón\, la casa que había construido\, los manjares de su mesa\, toda la corte sentada a la mesa\, los camareros con sus uniformes sirviendo\, las bebidas\, los holocaustos que ofrecía en el templo del Señor\, se quedó asombrada y dijo al rey: «¡Es verdad lo que me contaron en mi país de ti y tu sabiduría! Yo no quería creerlo; pero ahora que he venido y lo veo con mis propios ojos\, resulta que no me habían dicho ni la mitad. En sabiduría y riquezas superas todo lo que yo había oído. ¡Dichosa tu gente\, dichosos los cortesanos que están siempre en tu presencia\, aprendiendo de tu sabiduría! ¡Bendito sea el Señor\, tu Dios\, que\, por el amor eterno que tiene a Israel\, te ha elegido para colocarte en el trono de Israel y te ha nombrado rey para que gobiernes con justicia!»\nLa reina regaló al rey cuatro mil quilos de oro\, gran cantidad de perfumes y piedras preciosas; nunca llegaron tantos perfumes como los que la reina de Saba regaló al rey Salomón. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 36\,5-6.30-31.39-40 \nR/. La boca del justo expone la sabiduría \nEncomienda tu camino al Señor\,\nconfía en él\, y él actuará:\nhará tu justicia como el amanecer\,\ntu derecho\, como el mediodía. R/. \nLa boca del justo expone la sabiduría\,\nsu lengua explica el derecho:\nporque lleva en el corazón la ley de su Dios\,\ny sus pasos no vacilan. R/. \nEl Señor es quien salva a los justos\,\nél es su alcázar en el peligro;\nel Señor los protege y los libra\,\nlos libra de los malvados y los salva\,\nporque se acogen a él. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (7\,14-23): \nEn aquel tiempo\, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír\, que oiga.»\nCuando dejó a la gente y entró en casa\, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. Él les dijo: «¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre\, porque no entra en el corazón\, sino en el vientre\, y se echa en la letrina.»\nCon esto declaraba puros todos los alimentos. Y siguió: «Lo que sale de dentro\, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro\, del corazón del hombre\, salen los malos propósitos\, las fornicaciones\, robos\, homicidios\, adulterios\, codicias\, injusticias\, fraudes\, desenfreno\, envidia\, difamación\, orgullo\, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nMiércoles de la V semana del Tiempo Ordinario. Año II\n\nDespués de la dedicación del templo\, el libro reporta un oráculo del Señor dirigido al rey en el que le renovó la promesa a David con la condición de que Salomón procediera como su padre y fuera fiel\, advirtiendo que la infidelidad provocaría el repudio del pueblo y del templo\, oráculo que evoca los padecimientos posteriores del destierro (cf. 1Ry 9\,1-9\, omitido).\nComo Jirán\, rey de Tiro\, apoyó mucho la construcción del templo y del palacio real\, Salomón le hizo regalo de veinte villas en la provincia de Galilea\, las cuales no fueron del agrado del rey de Tiro\, quien llamó a esa región Torre Baldía (cf. 1Ry 9\,10-14). Pero esto no deterioró su relación\, ya que a continuación\, al tiempo que se reporta una leva para las construcciones del templo y el rey fomenta el culto en el mismo\, Jirán aparece asesorando a Salomón en el tráfico marítimo\, en el cual los fenicios eran expertos (cf. 9\,15-28\, omitido).\n\n1Ry 10\,1-10\nLa fama de Salomón como hombre sabio y rico se extendió y llegó al sudoeste de la península arábiga\, donde quedaba el reino de Saba. Pero no hay certidumbre sobre su localización (cf. Gn 10\,28; Is 60\,6; Ez 27\,22; Sl 72\,10). Parece que un reino sabeo\, al sur de dicha península\, habría conocido un período floreciente (entre 900 y 450 a. C.)\, probablemente debido a intercambios comerciales con India. Tanto la tradición abisinia como la musulmana conocen este relato; según esta última tradición\, la reina se llamaba Balkis. La reina\, probablemente regente de alguna de las colonias sabeas asentadas en el norte de Arabia\, llegó a Jerusalén con el propósito de establecer relaciones comerciales con Salomón\, el cual tenía control sobre las rutas de caravanas que se dirigían del norte de Arabia a Siria y a Egipto.\nLo que seguramente tenía una finalidad comercial se presenta aquí como de interés personal de la reina\, comprobar qué tan cierta era la fama de sabio que tenía Salomón\, por eso se dice que la reina «fue a desafiarlo con enigmas». Los «enigmas» eran acertijos o adivinanzas\, que exigían una cierta perspicacia y capacidad de observación (cf. Jue 14\,12-18). La caravana de la reina causó un revuelo en Jerusalén por su manifiesta suntuosidad y por las riquezas que trajo consigo. Pero la narración se concentra en el duelo de inteligencias\, que escuetamente se resume diciendo que el rey superó con solvencia. De este modo\, el narrador dirige la atención hacia el Señor\, que dotó de sabiduría a Salomón\, y trasciende la sola cuestión mercantil. El prestigio del rey redunda en gloria para el Señor\, que lo designó. La caravana que llevó la reina –se supone– es ponderada en razón de que\, además de los regalos para el rey\, llevó los productos para comerciar. Sin embargo\, esto pasa rápidamente a segundo plano.\nLa narración le concede la mayor importancia a la constatación que hace la reina visitante de la sabiduría y el esplendor de la corte de Salomón y\, por último\, su ostentosa religiosidad\, que se manifiesta en los holocaustos que el rey ofrece al Señor en el templo. La reina\, en efecto\, hace un asombrado elogio de la sabiduría y de la riqueza de Salomón\, de la casa que él había construido y de los manjares de su mesa\, del porte y el vestido de los camareros\, de las bebidas que servían a su mesa y de los holocaustos que él ofrecía en el templo del Señor. Manifiesta su satisfacción al reconocer eran ciertas las noticias que había recibido de la sabiduría del rey y confiesa que se había resistido a creerlo\, para terminar reconociendo que la realidad supera la fama: en sabiduría y riqueza Salomón descuella por encima de lo conocido por ella. Por eso\, declara dichosos a los cortesanos del rey por la oportunidad que tienen de aprender constantemente de su sabiduría\, y –sobre todo– bendice al Señor\, Dios de Salomón y de Israel\, por su amor eterno y por haberlo elegido como rey.\nY luego viene la ponderada entrega de regalos\, que son extremadamente generosos de parte y parte\, sobre todo de parte del rey. La reina le obsequió al rey «cuatro mil kilos de oro\, perfumes en gran cantidad y piedras preciosas». Los perfumes\, situados en el centro\, se destacan\, además\, por constituir la mayor cantidad de ellos jamás llegados a Jerusalén (v.10). Hay una interpolación (vv. 11-12\, omitidos) que habla de un embarque de madera y piedras preciosas de parte de Jirán\, rey de Tiro\, noticia referente al comercio con esa ciudad y que encaja mejor después del v. 13 (omitido)\, en el que se enumeran los regalos del rey Salomón a la reina de Saba\, que\, además de la reciprocidad que implica\, constituye el final apropiado de la narración. Comienza con esta afirmación genérica: «el rey Salomón regaló a la reina de Saba todo lo que a ella se le antojó». A eso añade «lo que el mismo rey Salomón\, con su esplendidez\, le regaló». Los regalos de la reina\, incluso siendo abundantes y valiosos\, son tres: oro\, piedras preciosas y perfumes; los del rey\, en cambio\, además de generosos\, tienen dos referentes: los antojos de la reina y la munificencia del rey. Es decir\, la «esplendidez» de Salomón complace los deseos de la reina y colma el ego del rey. Este dato es importante\, porque deja claro que ambos quedaron satisfechos.\nLa noticia del retorno de la reina con su séquito a su país cierra el relato dando a entender que el asunto concluyó de esa manera. No se reporta que hubiese habido transacción alguna entre el reino de Israel y el reino de Saba. Todo el episodio se reduce a una cordial y amistosa entrevista de mandatarios\, sin repercusión en relación con sus respectivos pueblos.\n\nEn medio de tantas ponderaciones y tantos elogios\, se echa de menos una cosa. No se dice una palabra sobre la gestión gubernamental de Salomón. Él pidió al Señor sabiduría para gobernar (cf. 1Rey 3\,9-11)\, pero aquí la sabiduría figura como título de renombre personal y como motivo para reconocer el amor del Señor a Israel y al rey. Era de esperar que la reina viera un pueblo dichoso –no solo a los cortesanos– próspero y en armonía\, pero este relato solo se refiere al prestigio de la corona.\n«¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No son las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores?» (Eze 34\,2). Si el gobernante pierde de vista que fue puesto por el Señor para pastorear (dirigir) y apacentar (cuidar) su pueblo\, fácilmente puede sentirse dueño del mismo y ceder al deseo de ponerlo al servicio de sus intereses particulares.\nCuando Jesús se presenta como «el pastor modelo»\, se contrapone a ese mundo de vanidades y de arrogancias en el que se pierden los dirigentes y sus pueblos persiguiendo con afán la ilusión de honores\, fortunas y caudillaje. Comulgar con Jesús es poner por encima del interés particular el bien común\, como él\, «que no vino a ser servido\, sino a servir» (cf. Mt 20\,28).\nFeliz miércoles.
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SUMMARY:Jueves de la V semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del primer libro de los Reyes (11\,4-13): \nCuando el rey Salomón llegó a viejo\, sus mujeres desviaron su corazón tras dioses extranjeros; su corazón ya no perteneció por entero al Señor como el corazón de David\, su padre. Salomónón siguió a Astarté\, diosa de los fenicios\, y a Malcón\, ídolo de los amonitas. Hizo lo que el Señor reprueba; no siguió plenamente al Señor como su padre David. Entonces construyó una ermita a Camós\, ídolo de Moab\, en el monte que se alza frente a Jerusalén\, y a Malcón\, ídolo de los amonitas. Hizo otro tanto para sus mujeres extranjeras\, que quemaban incienso y sacrificaban en honor de sus dioses. El Señor se encolerizó contra Salomón\, porque había desviado su corazón del Señor Dios de Israel\, que se le había aparecido dos veces\, y que precisamente le había prohibido seguir a dioses extranjeros; pero Salomón no cumplió esta orden.\nEntonces el Señor le dijo: «Por haberle portado así conmigo\, siendo infiel al pacto y a los mandatos que te di\, te voy a arrancar el reino de las manos para dárselo a un siervo tuyo. No lo haré mientras vivas\, en consideración a tu padre David; se lo arrancaré de la mano a tu hijo. Y ni siquiera le arrancaré todo el reino; dejaré a tu hijo una tribu\, en consideración a mi siervo David y a Jerusalén\, mi ciudad elegida.» \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 105\,3-4.35-36.37.40 \nR/. Acuérdate de mí\, Señor\, por amor a tu pueblo \nDichosos los que respetan el derecho\ny practican siempre la justicia.\nAcuérdate de mí por amor a tu pueblo\,\nvisítame con tu salvación. R/. \nEmparentaron con los gentiles\,\nimitaron sus costumbres;\nadoraron sus ídolos\ny cayeron en sus lazos. R/. \nInmolaron a los demonios\nsus hijos y sus hijas.\nLa ira del Señor se encendió contra su pueblo\,\ny aborreció su heredad. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (7\,24-30): \nEn aquel tiempo\, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa\, procurando pasar desapercibido\, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida\, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era griega\, una fenicia de Siria\, y le rogaba que echase el demonio de su hija.\nÉl le dijo: «Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos.»\nPero ella replicó: «Tienes razón\, Señor; pero también los perros\, debajo de la mesa\, comen las migajas que tiran los niños.»\nÉl le contestó: «Anda\, vete\, que\, por eso que has dicho\, el demonio ha salido de tu hija». Al llegar a su casa\, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nJueves de la V semana del Tiempo Ordinario. Año II.\n\nEl capítulo 10 termina hablando del comercio exterior del reino de Salomón y de las riquezas y el lujo de este rey. Su fama de hombre sabio y reconocido\, objeto de regalos suntuosos y sujeto del más refinado comercio internacional\, parecen llevarlo al culmen de lo insuperable. Dado que el oro se consideraba no solo el metal más precioso\, sino el símbolo de la riqueza de los reyes\, a Salomón se le atribuye el manejo de enormes cantidades de este metal hasta la extravagancia en su uso\, como la fabricación de 200 escudos de oro de siete kilos cada uno mas 300 pequeños\, de kilogramo y medio de peso cada uno y\, por último\, un trono grande de marfil recubierto en oro. Salomón no es simplemente un rey rico\, sino un rey de lujos excesivamente ostentosos.\nSin embargo\, nada se dice del buen gobierno y del bienestar del pueblo de Dios. Por eso\, en el capítulo 11 todo parece precipitarse a la ruina como si fuera un castillo de arena azotado por las olas. Primero cae su prestigio personal como hombre sabio y prudente; después se precipita la crisis de gobernabilidad del reino\, cuya unidad comienza a resquebrajarse.\nLos primeros tres versículos del capítulo 11 dan la superficial impresión de que Salomón es un adolescente veleidoso y mujeriego\, porque «se enamoró de muchas mujeres extranjeras… tuvo setecientas esposas y trescientas concubinas». En realidad\, estos matrimonios no eran más que alianzas con otros reinos\, pactos políticos que garantizaban la paz con esos pueblos y cimentaban su prestigio como hombre rico. Generalmente\, cuando un hombre tenía un harén tan numeroso\, solía tener su «favorita»\, y las demás eran esposas de conveniencias políticas.\n\n1Ry 11\,4-13.\nEn el antiguo Israel fue corriente el matrimonio con extranjeros\, aunque luego hubo leyes que\, basadas en la experiencia\, trataron de evitarlo (cf. Exo 23\,32; 34\,16; Deu 7\,1-4; Jos 23\,13; Esd 9–10¸Neh 10\,31). El real pecado de Salomón es la idolatría\, a consecuencia de esa convivencia tan íntima con los pueblos paganos que admitía sus cultos\, convivencia reiteradamente prohibida a los israelitas. Los matrimonios de Salomón dejan ver que la «razón de estado» prevaleció sobre la fidelidad a la alianza con el Señor. También David se había casado con extranjeras\, pero no a ese precio. Se espera que el hombre\, al llegar a la vejez\, sea grave y maduro; Salomón\, «cuando llegó a viejo»\, se dejó extraviar en pos de dioses extranjeros\, «su corazón ya no perteneció por entero al Señor\, como el corazón de David\, su padre»\, su corazón se dividió; y esto provocará la división de su reino.\nConcretamente\, se dice que «Salomón siguió a Astarté»\, diosa de la fecundidad de las plantas\, de los animales y de los humanos entre los antiguos semitas; como pululaba y había varios lugares con su imagen\, por eso a veces se menciona en plural (cf. Jue 2\,13; 10\,6); también se menciona a Malcón (o Milkom)\, como «abominación (ídolo) de los amonitas»\, nombrado por dos profetas (cf. Jer 32\,35; 49\,1-3; Sof 1\,5) y en 2Sam 12\,30 LXX); y\, concluyendo la enumeración nominal (tres\, una totalidad homogénea)\, menciona a Camós\, «abominación de Moab» (cf. Num 21\,9; Jer 48\,46). Y generaliza –confirmación de que la triple enumeración abarca más de tres– diciendo que «hizo otro tanto para sus mujeres extranjeras».\nEl problema de la idolatría no es meramente cultual. La aceptación de los cultos paganos\, como concesión a sus mujeres\, introdujo la construcción de lugares de culto para los ídolos\, para uso de las mismas y de los comerciantes paganos\, para que se sintieran como en casa. El interés era económico\, pero esta prioridad de lo económico obscureció la prioridad de la alianza de fidelidad al Señor. La pluralidad de cultos pronto llevó a la pluralidad de dioses (politeísmo)\, a relativizar la importancia del Señor\, el Dios que los sacó de Egipto\, de la esclavitud. Además\, la idolatría y la equiparación del Señor a la «abominación» de los pueblos produjo el olvido de las exigencias de la alianza\, los mandamientos del Señor. Y\, por tanto\, se introdujo también la injusticia en las relaciones entre los miembros del pueblo. El Señor era el garante del derecho del huérfano\, del pobre\, de la viuda y del forastero. Sin respeto al Señor\, el atropello se impuso sin control alguno.\nLa «ira» o «cólera» del Señor no se hizo esperar. Esa «cólera»\, que equivale a «provocar celos»\, es algo así como apartar el propio corazón de la persona amada («Salomón… había desviado su corazón del Señor») y buscarse «amantes» (otros dioses). Así interpreta el autor la consecuencia de la idolatría (cf. 8\,46; 14\,9.22; 16\,7; 21\,22; 2Rey 17\,17-18; 21\,6.15; 23\,26; 24\,20).\nPor cuarta y última vez\, el Señor se manifiesta a Salomón –y nunca más en la historia de Israel lo volverá a hacer con rey alguno– para denunciarle su pecado («haberte portado así conmigo»)\, echarle en cara su deslealtad a la alianza y a la Ley («siendo infiel al pacto y a los mandatos que te di») y anunciarle el traspaso del reino a otras manos. Es decir\, la reprobación de Dios se reveló en las consecuencias de esa idolatría\, consecuencias que el autor expresa en términos de «castigo»: la decadencia del rey y el ocaso de su reino. La infidelidad al «pacto» (la alianza con Dios) y a los «mandatos» (las normas de convivencia justa) del Señor llevarán el reino a manos de un esclavo del rey. Eso es afrentoso\, porque invierte los papeles: el rey pasa a siervo y el siervo a rey. No obstante\, para mostrar la fidelidad del Señor a pesar de la infidelidad del rey\, esa inversión se producirá después de la muerte de Salomón\, y al hijo de este le quedará apenas una de las doce tribus\, en consideración a la promesa hecha a David y al juramento sobre Jerusalén. La fidelidad del Señor evita que la catástrofe sea total.\n\nEs casi irónico que\, tras el inventario de las glorias de Salomón hasta las cumbres más altas de lo concebible\, de pronto\, casi sin fórmula de continuidad\, tanta grandeza se precipite de manera estrepitosa y termine en donde comenzó\, en el reinado del reyezuelo de una pequeña tribu. Esto\, incluso considerado desde afuera y a tantos siglos de distancia\, suscita interrogantes. La respuesta espontánea que parece surgir de las afirmaciones del autor nos lleva a formarnos el concepto de una divinidad severa e impredecible. Pero esa es la respuesta que menos inteligencia requiere.\nSalomón perdió de vista el fin para el cual fue hecho rey y se enredó en los medios para afianzar su prosperidad y su prestigio individuales. Detrás del lenguaje primitivo de «castigo» se revela un mensaje de responsabilidad histórica. Los hechos tienen siempre consecuencias que\, si no se ven en la misma generación que los protagoniza\, se verán en las siguientes generaciones.\nLos cristianos asumimos esa responsabilidad histórica cuando decidimos seguir fielmente a Jesús al precio que fuere necesario\, incluso el de la vida física\, porque con él vencemos la muerte.\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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SUMMARY:Viernes de la V semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de los Hechos de los apóstoles (13\,46-49): \nEn aquellos días\, Pablo y Bernabé dijeron a los judíos: «Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna\, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te haré luz de los gentiles\, para que lleves la salvación hasta el extremo de la tierra.”»\nCuando los gentiles oyeron esto\, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y los que estaban destinados a la vida eterna creyeron. La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 116\,1.2 \nR/. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio \nAlabad al Señor\, todas las naciones\,\naclamadlo\, todos los pueblos. R/. \nFirme es su misericordia con nosotros\,\nsu fidelidad dura por siempre. R/. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Lucas (10\,1-9): \nEn aquel tiempo\, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante\, de dos en dos\, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.\nY les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad\, pues\, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega\, ni alforja\, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa\, decid primero: “Paz a esta casa.” Y\, si allí hay gente de paz\, descansará sobre ellos vuestra paz; si no\, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa\, comed y bebed de lo que tengan\, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien\, comed lo que os pongan\, curad a los enfermos que haya\, y decid: “Está cerca de vosotros el reino de Dios.”» \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nViernes de la V semana del Tiempo Ordinario. Año II.\n\nEdom era una región semidesértica y poco cultivable\, pero rica en hierro y cobre\, de los cuales carecía Palestina\, y dominaba el comercio del desierto de Gaza\, Egipto y Fenicia. Como el rey de Edom prohibió el paso de los israelitas por su territorio cuando subían de Egipto (cf. Num 20\,14-21)\, había rencor entre los dos pueblos. Damasco\, tierra privilegiada por sus abundantes aguas en medio del desierto\, ocupaba una estratégica posición como centro de comercio.\nSalomón resultó ser más hombre de palacio que de Estado\, más comerciante que estratega. Tres reveses políticos\, dos externos y uno interno\, terminaron con su reino. En el sur\, se le rebeló el idumeo Hadad\, que se refugió en Egipto cuando David\, por medio de Joab\, exterminó a todos los varones de Edom (cf. 1Rey 11\,14-22.25b). En el norte\, Rezón se hizo rey de Damasco y fue adversario de Salomón (cf. 1Rey 11\,23-24.2.5a).\nEn su afán de construir\, Salomón llevó el reino al borde de la insolvencia económica\, por lo que se vio obligado a vender parte del territorio para poder refinanciarse (cf. 9\,14)\, cuando ya había hecho varios pagos por los materiales para la construcción (cf. 5\,15-26). A los pueblos sometidos los forzó a convertirse en cuadrillas de obreros (cf. 9\,20-21). Jeroboam\, efraimita de Serdá\, llamó la atención de Salomón y este lo nombró capataz de todos los cargadores; un tiempo después\, Jeroboam se rebeló contra el rey que lo había promovido (cf. 1Rey 11\,26-28). No obstante\, la revuelta de Jeroboam fracasó\, y este se vio obligado a huir y refugiarse en Egipto (cf. 11\,40).\n\n1Ry 11\,29-32\, 12\,19.\nAhora aparece en escena el profeta Ajías de Siló\, lugar conocido por haber sido sede el arca (cf. Jos 18\,1; Jue 18\,31; 1Sam 1–4)\, y se muestra como uno de los profetas opuestos a la monarquía y dispuestos a derrocar a Salomón. El autor quiere mostrar que así se cumple el anuncio que el Señor le hizo a Salomón (cf. 11\,11-13). Para esto\, se vale de una acción simbólica que requiere de explicación. El «manto» simboliza en el Antiguo Testamento tres realidades: a) un reinado o un reino\, b) el espíritu de una persona\, y c) la persona misma. En este caso\, el manto de Ajías es símbolo del reino de Salomón. Este manto es «nuevo»\, referencia probable a recién creado reino de Israel y Judá\, del cual Salomón es el segundo rey.\nSe consideraba que las acciones simbólicas de los profetas no eran solo pantomimas expresivas\, sino anuncios eficaces (cf. Jer 19\,1-11; 28\,1-17). El profeta Ajías realizó una acción simbólica ante Jeroboam: desgarró su manto nuevo en doce jirones y le entregó diez a este\, interpretando este gesto como la desgarradura del reino en sus doce componentes\, las doce tribus\, de las cuales el Señor pondrá diez en manos de Jeroboam\, y a Salomón «lo restante»: aparentemente dos tribus\, pero la tribu de Simeón ya había sido absorbida por la de Judá (cf. Jos 19\,1; 1Cro 4\,24-31). Esta acción de desgarrar el profeta su propio manto recuerda la ocasión cuando Saúl rasgó el manto de Samuel (1Sm 15\,27-28)\, hecho que este interpretó como destitución del rey.\nLa razón de este fracaso está en la idolatría (cf. 11\,5-7)\, tanto del rey como del pueblo (en el v. 33 los verbos están en plural)\, que ha desviado al primer responsable\, el rey «hijo» de David\, de los caminos que el Señor le había trazado\, dejando de practicar los mandatos y preceptos que sí guardó su padre David. El culto al Señor\, entendido no solo en su aspecto ritual\, sino sobre todo en la observancia de la alianza\, no solamente era garantía de identidad cultural para el pueblo y de unidad religiosa; era\, sobre todo\, la garantía de Israel como pueblo rescatado por el Señor\, y la configuración del reino como «su» reino. Es decir\, el culto al Señor se manifestaba también y principalmente en la convivencia social («pueblo»\, «reino») según el espíritu de la alianza. Eso es lo que se ha desdibujado con el culto a los dioses paganos. Al ser «como los demás pueblos»\, se convirtió en un reino fallido\, porque lo más importante se ha perdido\, la relación con el Señor.\nSin embargo\, el Señor se mantiene fiel a su promesa. La división del reino no obedece a designio suyo\, sino a consecuencia del pecado del rey y del pueblo. El Señor\, por lealtad con David\, deja una pequeña parte del reino en manos de Salomón («una tribu») a fin de que David tenga siempre «una lámpara en Jerusalén». Esta «lámpara»\, signo de la dinastía superviviente (cf. 2Sam 14\,7)\, es una figura: así como en el cielo Dios puso lumbreras para alumbrar a la tierra (cf. Gen 1\,14-18; Sal 136\,7-9)\, así también las estrellas simbolizan un rey (cf. Isa 14\,12)\, en este caso de la tribu de Judá (cf. Num 24\,17). La presencia permanente de esa «lámpara» delante del Señor en Jerusalén entraña\, pues\, la estabilidad de la dinastía davídica y la permanencia de la misma ciudad que él se eligió para que allí residiera su Nombre (cf. 15\,4; 2Rey 8\,19; Sal 18\,29). Jeroboam\, en cambio\, va a ser «rey de Israel»\, las diez tribus del Norte\, según sus «ambiciones» (cf. vv. 33-39\, omitidos).\nSalomón intentó matar a Jeroboam\, pero este huyó a Egipto hasta la muerte de Salomón\, quien reinó 40 años\, como David su padre (cf. 11\,40). Le sucedió su hijo Roboam\, pero cuando fue a proclamarse rey los israelitas le pidieron que aliviara la servidumbre que impuso su padre. Él\, mal aconsejado\, se negó\, y entonces se produjo la ruptura y la separación\, formándose dos reinos: Israel\, al norte\, y Judá\, al sur. Los del norte eligieron rey a Jeroboam (cf. 1Rey 12\,1-18\, omitido).\n\nLo que garantizaba el futuro del pueblo no eran el prestigio\, la riqueza y el poderío de Salomón\, sino su identidad como pueblo del Señor. El culto era apenas expresión festiva de dicha unidad. Lo que realizaba la unidad era la observancia de la alianza\, es decir\, el hecho de manifestar su condición de pueblo del Señor ateniéndose a las cláusulas de la alianza; de lo contrario\, el culto resultaba vacío y hasta podía degenerar en intento de soborno\, que el Señor rechazaba.\nJeroboam no era precisamente un hombre virtuoso\, sino ambicioso\, pero en ese medio corrupto había oportunidades para un hombre como él\, lo que hubiera sido impensable en un ambiente de respeto a la ley del Señor que los sacó de Egipto. El Señor no se ausenta\, asume la realidad y le da una oportunidad a Jeroboam\, a condición de respetar la ley (cf. 1Rey 11\,37-39\, omitido).\nEl mundo de la política es escenario en donde se verifica también la calidad de los creyentes\, ya que sus opciones ponen de manifiesto la relación que tienen con Dios a través de las decisiones que toman respecto de sus semejantes en la convivencia social.\nLos discípulos de Jesús somos conscientes de que todos somos pecadores a quienes el Padre nos otorga su amor y su perdón\, y nos da la oportunidad de convertir este mundo en reino de amor.\nFeliz viernes.
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SUMMARY:Sábado de la V semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del primer libro de los Reyes (12\,26-32;13\,33-34): \nEn aquellos días\, Jeroboán pensó para sus adentros: «Todavía puede volver el reino a la casa de David. Si la gente sigue yendo a Jerusalén para hacer sacrificios en el templo del Señor\, terminarán poniéndose de parte de su señor\, Roboán\, rey de Judá; me matarán y volverán a unirse a Roboán\, rey de Judá.»\nDespués de aconsejarse\, el rey hizo dos becerros de oro y dijo a la gente: «¡Ya está bien de subir a Jerusalén! ¡Éste es tu Dios\, Israel\, el que te sacó de Egipto!»\nLuego colocó un becerro en Betel y el otro en Dan. Esto incitó a pecar a Israel\, porque unos iban a Betel y otros a Dan. También edificó ermitas en los altozanos; puso de sacerdotes a gente de la plebe\, que no pertenecía a la tribu de Leví. Instituyó también una fiesta el día quince del mes octavo\, como la fiesta que se celebraba en Judá\, y subió al altar que había levantado en Betel\, a ofrecer sacrificios al becerro que había hecho. En Betel estableció a los sacerdotes de las ermitas que había construido. Jeroboán no se convirtió de su mala conducta y volvió a nombrar sacerdotes de los altozanos a gente de la plebe; al que lo deseaba lo consagraba sacerdote de los altozanos. Este proceder llevó al pecado a la dinastía de Jeroboán y motivó su destrucción y exterminio de la tierra. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 105\, 6 7a. 19-20. 21-22 \nR/. Acuérdate de mí\, Señor\,\npor amor a tu pueblo \nHemos pecado con nuestros padres\,\nhemos cometido maldades e iniquidades.\nNuestros padres en Egipto\nno comprendieron tus maravillas. R/. \nEn Horeb se hicieron un becerro\,\nadoraron un ídolo de fundición;\ncambiaron su gloria por la imagen\nde un toro que come hierba. R/. \nSe olvidaron de Dios\, su salvador\,\nque había hecho prodigios en Egipto\,\nmaravillas en el pais de Cam\,\nportentos junto al mar Rojo. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del Evangelio según san Marcos (8\,1-10): \nUno de aquellos días\, como había mucha gente y no tenían qué comer\, Jesús llamó a sus discipulos y les dijo: «Me da lástima de esta gente; llevan ya tres dias conmigo y no tienen qué comer\, y\, si los despido a sus casas en ayunas\, se van a desmayar por el camino. Además\, algunos han venido desde lejos.»\nLe replicaron sus discípulos: «¿Y de dónde se puede sacar pan\, aqui\, en despoblado\, para que se queden satisfechos?»\nÉl les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?»\nEllos contestaron: «Siete.»\nMandó que la gente se sentara en el suelo\, tomó los siete panes\, pronunció la acción de gracias\, los partió y los fue dando a sus discipulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces; Jesús los bendijo\, y mandó que los sirvieran también. La gente comió hasta quedar satisfecha\, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil. Jesús los despidió\, luego se embarcó con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\n\nSábado de la V semana del Tiempo Ordinario. Año II.\n\nSe le atribuye al alemán Joachim Stephani (1544-1623) haber acuñado la expresión latina «cuius regio\, eius religio» («a tal región\, tal religión»)\, que más tarde usarían para autorizar a los príncipes a imponer su sistema de creencias religiosas en su área de influencia. Es la manipulación política de la religión como factor de identidad\, integración y distinción.\nLos pueblos estaban convencidos de que\, cuando ellos iban a la guerra\, sus divinidades peleaban con ellos y a su favor. Más tarde se produjeron las llamadas «guerras religiosas»\, que invocaban el honor de los dioses como pretexto para combatir. Y esto perdura en el tiempo. Y no es solo una perversión de la religión\, también en nombre de la pseudociencia se ha combatido\, como lo muestran las tristemente célebres «lucha de clases» y la «ley de la ofertan y la demanda».\nEso aparece también en la primera medida administrativa de Jeroboam\, y es lo que se refleja el texto que se lee este día. A la separación política de los reinos le sigue su separación religiosa. La mayor parte del relato que sigue constituye una explicación retrospectiva del deuteronomista (en los tiempos posteriores al destierro) de los daños que causó Jeroboam a Israel con sus medidas de carácter cultual motivadas por intereses puramente políticos.\n\n1Ry 12\,26-32; 13\,33-34.\n«Jeroboam fortificó Siquén… y residió allí» (1Rey 12\,25). Siquén\, ciudad muy antigua\, escenario de la proclamación real de Roboam\, hijo de Salomón (cf. 12\,1)\, fue elegida transitoriamente por Jeroboam como su residencia. Pero\, sin explicación alguna\, se trasladó a Penuel. La cual también fortificó (cf. 12\,26). Se supone que este traslado fue motivado por la invasión del Faraón Shesonq I –Sisac (שִׁישָׁק)\, otrora anfitrión suyo en Egipto\, cuando Jeroboam huyó de Salomón–\, que entró en Jerusalén y tomó como botín los tesoros del templo y del palacio real. Penuel se encontraba en Transjordania\, en el valle del río Yaboc. Pero tampoco allí permaneció\, ya que posteriormente trasladó su capital a Tirsá (cf. 14\,17;15\,33). Más tarde se habla de Samaría como capital del Reino del Norte. Esos cambios de capitán relejan la inestabilidad que caracterizará las dinastías de este reino. Penuel debió de ser fortificada por razones de estrategia.\nPero Jeroboam pronto se dio cuenta de que no era suficiente la fortaleza militar para defenderse\, tenía que alcanzar el sistema de valores y creencias de la gente\, si quería separarla del Reino del Sur. Así que decidió ponerles otro nombre a las cosas\, y no propiamente cambiar la religión de los israelitas. En efecto\, el «becerro» era la cabalgadura de los dioses en aquel entorno (cf. Exo 32\,1-5); no era divinizado\, sino que constituía como una peana\, o pedestal\, de la divinidad. Era símbolo de juventud\, fuerza y fecundidad. El becerro sería como el sustituto de los querubines (que tenían figura de toro o de león alados) del arca de la alianza que se encontraba en el templo de Jerusalén. El temor de Jeroboam consistía en que\, por ir a Jerusalén a dar culto al Señor que los hizo subir de Egipto\, los israelitas terminaran adhiriéndose a Roboam y eliminándolo a él.\nDe hecho\, David y Salomón habían convertido Jerusalén en la capital a la vez política y religiosa de toda la nación (sureños y norteños) e\, igualmente\, vincularon íntimamente Jerusalén\, el templo y el palacio real (la dinastía davídica) que resultaba muy difícil disociar esas tres realidades. Tenía razón Jeroboam al pensar que la atracción al templo de Jerusalén implicaba asociación necesaria con la casa de David y que\, en cualquier momento\, esta asociación podía pasar de la mentalidad a los hechos y provocar la vuelta a la anterior monarquía unida. Así que las decisiones que el rey tomó tenían\, es indudable\, motivaciones políticas con consecuencias religiosas. Sin embargo\, el rey no tomó solo la decisión\, se asesoró para tomarla\, y los lugares en donde colocó las estatuas de madera enchapadas en oro (como el becerro de Exo 32) fueron cuidadosamente escogidos. Betel\, por su tradicional asociación con los patriarcas (cf. Gen 12\,8; 28\,10-22)\, siguió siendo lugar de peregrinación (cf. Jue 20\,18.26-28; 1Sam 10\,3)\, y servía para atraer a peregrinos que marcharan hacia el sur. Y Dan\, ciudad santa desde la época de los jueces (cf. Jue 17–18)\, situada al extremo norte de este reino\, atendía a esa población incluso hasta la época de Amós (cf. Amo 8\,14).\nEl problema fue que el becerro era también símbolo de Baal\, y así Jeroboam abrió la puerta a la idolatría\, a la confusión del Señor con Baal (cf. Ose 13\,1-2). Este es el «pecado de Jeroboam»\, al cual se alude unas 19 veces. Se trata de sendas procesiones paralelas (a Dan o a Betel) con el fin de entronizar los becerros\, semejante a lo que hizo David con el arca (cf. 2Sam 6\,13-15).\nEl rey se esforzó por sustituir del todo la religión centrada en Jerusalén desobedeciendo así lo prescrito en el libro del Deuteronomio\, la prohibición de altares en los altozanos\, celebración de fiestas fuera de Jerusalén\, usurpación de funciones propias de la tribu de Leví (12\, 2; 16\,5-6.11; 18\,5)\, y hasta promulgación de un nuevo calendario de celebraciones.\nEn efecto\, además de edificar ermitas en los altozanos instituyó un sacerdocio ilegítimo\, porque «puso de sacerdotes a gente… que no pertenecía a la tribu de Leví» (v. 31\, omitido)\, e instituyó también una fiesta sustituta de la Fiesta de las Chozas que se celebraba en Jerusalén\, que incluía igualmente una peregrinación\, y él mismo «subió al altar que había construido en Betel a ofrecer sacrificios al becerro que había hecho». Y allí «estableció a los sacerdotes de las ermitas que había construido en los altozanos» (v. 32\, omitido). La sustitución fue tan sistemática como arbitraria.\nJeroboam persistió en esa mala conducta y su pecado se enquistó en su dinastía y la condujo a la perdición y al exterminio. El rey no solo provocó su propia ruina\, sino también la del pueblo.\n\nComo sistema de creencias y de prácticas\, la religión puede pervertirse en manos de personajes inescrupulosos que la utilicen para alcanzar sus fines\, pasando por encima de la gente e incluso de Dios. Esto se ha dado en la historia de todas las religiones\, convertidas a veces en instrumento para defender intereses mezquinos o lograr propósitos siniestros. Esa es la miseria de la religión.\nPor su parte\, la fe supera la religión\, porque no se trata de un sistema de valores abstractos o de acciones imperadas\, sino de la adhesión a una persona y de la interiorización de actitudes que se asumen por convicción y con empeño propio\, sin necesidad de que sean urgidas ni por premio ni por castigo\, sino como camino de realización personal. La fe se sustrae a la manipulación.\nLa fe cristiana consiste en la adhesión personal a Jesucristo\, tal como lo proclama el evangelio\, y en la decisión de seguirlo por amor\, inspirado por su Espíritu\, teniendo como modelo de vida al mismo Padre que él invoca\, con el propósito de hacer presente en el mundo el amor divino y de convertir la sociedad humana en reino de Dios. Él se convierte así en el «pan de vida».\nFeliz sábado en compañía de María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:VI Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro del Eclesiástico (15\,16-21): \nSI quieres\, guardarás los mandamientos\ny permanecerás fiel a su voluntad.\nÉl te ha puesto delante fuego y agua\,\nextiende tu mano a lo que quieras.\nAnte los hombres está la vida y la muerte\,\ny a cada uno se le dará lo que prefiera.\nPorque grande es la sabiduría del Señor\,\nfuerte es su poder y lo ve todo.\nSus ojos miran a los que le temen\,\ny conoce todas las obras del hombre.\nA nadie obligó a ser impío\,\ny a nadie dio permiso para pecar. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 118\,1-2.4-5.17-18.33-34 \nR./ Dichoso el que camina en la voluntad del Señor \nV/. Dichoso el que\, con vida intachable\,\ncamina en la voluntad del Señor;\ndichoso el que\, guardando sus preceptos\,\nlo busca de todo corazón. R/. \nV/. Tú promulgas tus mandatos\npara que se observen exactamente.\nOjalá esté firme mi camino\,\npara cumplir tus decretos. R/. \nV/. Haz bien a tu siervo: viviré\ny cumpliré tus palabras;\nábreme los ojos\, y contemplaré\nlas maravillas de tu ley. R/. \nV/. Muéstrame\, Señor\, el camino de tus decretos\,\ny lo seguiré puntualmente;\nenséñame a cumplir tu ley\ny a guardarla de todo corazón. R/. \n\n\n\nSegunda lectura\n\nLectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (2\,6-10): \nHERMANOS:\nHablamos de sabiduría entre los perfectos; pero una sabiduría que no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo\, condenados a perecer\, sino que enseñamos una sabiduría divina\, misteriosa\, escondida\, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria.\nNinguno de los príncipes de este mundo la ha conocido\, pues\, si la hubiesen conocido\, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.\nSino que\, como está escrito: «Ni el ojo vio\, ni el oído oyó\, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman».\nY Dios nos lo ha revelado por el Espíritu; pues el Espíritu lo sondea todo\, incluso lo profundo de Dios. \nPalabra de Dios \n\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Mateo (5\,17-37): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos:\n«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas:\nno he venido a abolir\, sino a dar plenitud.\nEn verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.\nEl que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.\nPero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.\nPorque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos\, no entraréis en el reino de los cielos.\nHabéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”\, y el que mate será reo de juicio.\nPero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”\, tendrá que comparecer ante el Sanedrín\, y si lo llama “necio”\, merece la condena de la “gehenna” del fuego.\nPor tanto\, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar\, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti\, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano\, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.\nCon el que te pone pleito procura arreglarte enseguida\, mientras vais todavía de camino\, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil\, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.\nHabéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”.\nPero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola\, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.\nSi tu ojo derecho te induce a pecar\, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.\nSi tu mano derecha te induce a pecar\, córtatela y tírala\, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.\nSe dijo: “El que repudie a su mujer\, que le dé acta de repudio”. Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— la induce a cometer adulterio\, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.\nTambién habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.\nPero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo\, que es el trono de Dios; ni por la tierra\, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén\, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza\, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí\, sí\, no\, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nVI Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A.\n\nDefinitivamente\, las bienaventuranzas no son para quienes se atienen a lo mínimo porque a ellos les basta con satisfacer las exigencias de ley. Son para gente con ansias de vida: de vida plena\, de satisfacción total\, de libertad dilatada\, de superior dignidad.\nLos que se refugian en el mandamiento se sienten contrariados por el amplio margen de libertad que Jesús requiere para seguirlo; prefieren la disciplina que tasa todas las responsabilidades y les asigna límites. Quieren rieles para deslizarse seguros\, pero Jesús da alas para volar a impulsos del Espíritu.\nA esto se refiere el mensaje de este domingo.\n\nMt 5\,17-37.\nEn este texto hay una introducción en la cual Jesús afirma el cambio de la relación con Dios y la superioridad de la nueva relación o alianza. Después\, compara la interpretación tradicional de la Ley de Moisés con el dinamismo de las bienaventuranzas en la vida personal y en la convivencia social. En seis ejemplos –enumeración incompleta\, pero suficiente– contrapone lo enseñado por los letrados con lo que ahora él enseña. El texto de hoy presenta los cuatro primeros ejemplos. Esos ejemplos los formula en segunda persona del plural. Y\, como aplicaciones concretas\, aduce casos hipotéticos que formula en segunda persona del singular.\n1. Introducción.\nJesús comienza saliéndole al paso a una decepción. Las bienaventuranzas pueden llevar a la falsa conclusión de que las promesas contenidas en la Ley y los Profetas quedan anuladas. «La Ley y los Profetas» forman un todo: las promesas de la alianza. Jesús declara que no vino a invalidar las promesas\, sino a cumplirlas. Él no habla de «observar» la Ley\, sino de «cumplir» las promesas propias de la alianza\, las cuales se cumplirán hasta lo más mínimo («una letra o coma de la Ley»). Y las bienaventuranzas garantizan ese cumplimiento. Quien se dispense de estos «mandamientos mínimos» –no son mandamientos\, sino propuestas– se excluye a sí mismo como ciudadano del reino universal de Dios; pero quien cumpla las bienaventuranzas y se las enseñe a los demás\, será miembro pleno de ese reino. El mandamiento supone sumisión; la propuesta exige libertad.\nLa rectitud legal que hasta ahora han enseñado los letrados y los fariseos no basta para entrar en el reino universal de Dios\, o «reino de los Cielos»\, como dice Jesús.\n2. Primer ejemplo: el respeto por la vida humana.\nLa Ley urge el respeto por la vida humana reprimiendo el irrespeto. Al contrastar los procesos penales con el juicio del amor\, Jesús aclara que la mera actitud hostil\, el insulto y la exclusión son impensables en quien ha optado por el bien de la humanidad. El que es libre y solidario descarta actitudes tan censurables como esas\, en las que se verifica que la propia vida se va descalificando a sí misma y privándose de razón de ser.\nPor eso\, si se diera el caso de ruptura personal con otro\, el empeño por rehacer la relación ha de tener prioridad sobre el culto.\nY si se diera el caso de litigio social\, el diálogo en busca de arreglo ha de tener prelación sobre la mera aplicación de las leyes.\n3. Segundo ejemplo: el respeto por el matrimonio.\nEl adulterio resulta impensable en alguien limpio de corazón\, por eso no es meramente exterior\, porque la fidelidad a la pareja es ante todo interior. Excitar el deseo sexual natural\, con intención de poseer a la persona casada\, ya constituye adulterio\, aunque no se ejecute exteriormente\, que era lo legalmente censurable.\nPor eso\, el deseo más vehemente («ojo derecho») que aparte de la fidelidad ha de ser visto como un peligro que expone al juicio de autodestrucción\, y\, por lo tanto\, hay que «sacarse» ese deseo.\nY la actividad privilegiada («mano derecha») que implicara apartarse de la fidelidad a sí mismo o al otro ha de ser tenida como un peligro para la propia vida\, y hay que truncarla y desecharla.\nEs preferible renunciar a lo dañino que conservarlo a costa de uno mismo.\n4. Tercer ejemplo: el respeto por las personas.\nLa situación de la mujer\, en una sociedad en donde no se le reconocía igualdad con el varón\, era una exposición continua al arbitrio abusador de su marido. También impensable en quien haya optado por las bienaventuranzas\, el repudio era excluyente y humillante; aunque fuera legal\, era injusto. Repudiar a la mujer es empujarla al adulterio. Tomar por mujer a la repudiada es cometer adulterio. Ampararse en la ley para atropellar el derecho del otro no tiene justificación.\nJesús solo acepta el repudio en un caso: cuando hay unión ilegal\, es decir\, cuando el matrimonio no se dio en la forma debida\, cosa que solía ocurrir cuando no había libertad de consentimiento.\n5. Cuarto ejemplo: la sinceridad de palabra.\nHay una enorme diferencia entre jurar para facilitar la credibilidad y hacerlo para engañar. Jurar implica citar como testigo. Jurar por Dios es diferente en boca de una persona sincera y en labios de un embustero. El «voto» es una promesa hecha a Dios de manera solemne para darle culto y obtener una dádiva de su parte. Resulta innecesario para quien conoce el amor del Padre.\nEl juramento se volvió imprescindible cuando faltó la sinceridad de palabra en las relaciones de convivencia social. Algo similar se observó en los «votos» a Dios. Jesús enseña que el juramento es innecesario entre gente limpia de corazón\, que está siempre dispuesta a ayudar\, no a dañar a los demás. El juramento por el cielo\, por la tierra\, o incluso por la sociedad\, implica la arrogancia de citar a favor propio el testimonio de Dios. Y si uno jurara por sí mismo\, daría a entender que no reconoce a nadie por encima de sí\, lo que implicaría sentirse por encima de todo.\nPor tanto\, hay que prescindir del juramento en las relaciones entre los hombres y con Dios. Debe bastar la sinceridad de palabra. Si faltara esa sinceridad\, jurar sería dejarse llevar por el Malo\, estar al servicio de ambiciones mezquinas.\n\nEl espíritu de las bienaventuranzas va más allá de las exigencias de la Ley. Jesús muestra así que el compromiso por el bien de toda la humanidad\, convertido en suprema norma de conducta\, es más exigente y efectivo que la Ley de Moisés. El hombre se supera a sí mismo y se da cuenta de que la ley lo recluye en una cierta mediocridad. Este compromiso está alentado por el Espíritu de Jesús y pone al ser humano en sintonía con Dios. El hombre sujeto a la ley se comporta como un súbdito; el que vive las bienaventuranzas\, se conduce como verdadero hijo de Dios.\nLa eucaristía\, que es comunión con Jesús (su «cuerpo») y con su Espíritu (su «sangre»)\, se recibe por vivir las bienaventuranzas y para vivirlas\, no solo por vivir la ley\, ni menos para vivirla. Por eso está escrito que «nosotros tenemos un altar del que no tienen derecho a comer los que dan culto en el tabernáculo» (Heb 13\,10). Honremos la eucaristía viviendo la libertad cristiana.\n¡Feliz día del Señor!
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SUMMARY:Lunes de la VI semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nComienzo de la carta del apóstol Santiago (1\,1-11): \nSantiago\, siervo de Dios y del Señor Jesucristo\, saluda a las doce tribus dispersas. Hermanos míos\, teneos por muy dichosos cuando os veáis asediados por toda clase de pruebas. Sabed que\, al ponerse a prueba vuestra fe\, os dará constancia. Y si la constancia llega hasta el final\, seréis perfectos e íntegros\, sin falta alguna. En caso de que alguno de vosotros se vea falto de sabiduría\, que se la pida a Dios. Dios da generosamente y sin echar en cara\, y él se la dará. Pero tiene que pedir con fe\, sin titubear lo más mínimo\, porque quien titubea se parece al oleaje del mar sacudido y agitado por el viento. Un individuo así no se piense que va a recibir nada del Señor; no sabe lo que quiere y no sigue rumbo fijo. El hermano de condición humilde esté orgulloso de su alta dignidad\, y el rico\, de su pobre condición\, pues pasará como la flor del campo: sale el sol y con su ardor seca la hierba\, cae la flor\, y su bello aspecto perece; así se marchitará también el rico en sus empresas. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 118\,67.68.71.72.75.76 \nR/. Cuando me alcance tu compasión\, viviré\, Señor \nAntes de sufrir\, yo andaba extraviado\,\npero ahora me ajusto a tu promesa. R/. \nTú eres bueno y haces el bien;\ninstrúyeme en tus leyes. R/. \nMe estuvo bien el sufrir\,\nasí aprendí tus mandamientos. R/. \nMás estimo yo los preceptos de tu boca\nque miles de monedas de oro y plata. R/. \nReconozco\, Señor\, que tus mandamientos son justos\,\nque con razón me hiciste sufrir. R/. \nQue tu bondad me consuele\,\nsegún la promesa hecha a tu siervo. R. \n\n\n\nEvangelio\n\nLectura del santo evangelio según san Marcos (8\,11-13): \nEn aquel tiempo\, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba\, le pidieron un signo del cielo.\nJesús dio un profundo suspiro y dijo: «¿Por qué esta generación reclama un signo? Os aseguro que no se le dará un signo a esta generación.»\nLos dejó\, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla. \nPalabra del Señor \n\n\n\n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general
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SUMMARY:Martes de la VI semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta del apóstol Santiago (1\,12-18): \nDichoso el hombre que soporta la prueba\, porque\, una vez aquilatado\, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que lo aman. Cuando alguien se ve tentado\, no diga que Dios lo tienta; Dios no conoce la tentación al mal y él no tienta a nadie. A cada uno le viene la tentación cuando su propio deseo lo arrastra y seduce; el deseo concibe y da a luz el pecado\, y el pecado\, cuando se comete\, engendra muerte. Mis queridos hermanos\, no os engañéis. Todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba\, del Padre de los astros\, en el cual no hay fases ni periodos de sombra. Por propia iniciativa\, con la palabra de la verdad\, nos engendró\, para que seamos como la primicia de sus criaturas. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 93\,12-13a.14-15.18-19 \nR/. Dichoso el hombre a quien tú educas\, Señor \nDichoso el hombre a quien tú educas\,\nal que enseñas tu ley\,\ndándole descanso tras los años duros. R/. \nPorque el Señor no rechaza a su pueblo\,\nni abandona su heredad:\nel justo obtendrá su derecho\,\ny un porvenir los rectos de corazón. R/. \nCuando me parece que voy a tropezar\,\ntu misericordia\, Señor\, me sostiene;\ncuando se multiplican mis preocupaciones\,\ntus consuelos son mi delicia. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Marcos (8\,14-21): \nEn aquel tiempo\, a los discípulos se les olvidó llevar pan\, y no tenían mas que un pan en la barca.\nJesús les recomendó: «Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes.»\nEllos comentaban: «Lo dice porque no tenemos pan.»\nDándose cuenta\, les dijo Jesús: «¿Por qué comentáis que no tenéis pan? ¿No acabáis de entender? ¿Tan torpes sois? ¿Para qué os sirven los ojos si no veis\, y los oídos si no oís? A ver\, ¿cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil? ¿Os acordáis?»\nEllos contestaron: «Doce.»\n«¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?»\nLe respondieron: «Siete.»\nÉl les dijo: «¿Y no acabáis de entender?» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general
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SUMMARY:Miércoles de la VI semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta del apóstol Santiago (1\,19-27): \nTened esto presente\, mis queridos hermanos: sed todos prontos para escuchar\, lentos para hablar y lentos para la ira. Porque la ira del hombre no produce la justicia que Dios quiere. Por lo tanto\, eliminad toda suciedad y esa maldad que os sobra y aceptad dócilmente la Palabra que ha sido plantada y es capaz de salvaros. Llevadla a la práctica y no os limitéis a escucharla\, engañándoos a vosotros mismos\, pues quien escucha la Palabra y no la pone en práctica\, se parece a aquel que se miraba la cara en el espejo\, y apenas se miraba\, daba media vuelta y se olvidaba de cómo era. Pero el que se concentra en la ley perfecta\, la de la libertad\, y es constante\, no para oír y olvidarse\, sino para ponerla por obra\, éste encontrará la felicidad en practicarla. Hay quien se cree religioso y no tiene a raya su lengua; pero se engaña\, su religión no tiene contenido. La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 14\,2-3ab.3cd-4ab \nR/. ¿Quién puede habitar en tu monte santo\, Señor? \nEl que procede honradamente\ny practica la justicia\,\nel que tiene intenciones leales\ny no calumnia con su lengua. R/. \nEl que no hace mal a su prójimo\nni difama al vecino\,\nel que considera despreciable al impío\ny honra a los que temen al Señor. R/. \nEl que no presta dinero a usura\nni acepta soborno contra el inocente.\nEl que así obra nunca fallará. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo Evangelio según San Marcos (8\,22-26): \nEn aquel tiempo\, Jesús y los discípulos llegaron a Betsaida. Le trajeron un ciego pidiéndole que lo tocase. Él lo sacó de la aldea\, llevándolo de la mano\, le untó saliva en los ojos\, le impuso las manos y le preguntó: «¿Ves algo?»\nEmpezó a distinguir y dijo: «Veo hombres\, me parecen árboles\, pero andan.»\nLe puso otra vez las manos en los ojos; el hombre miró; estaba curado\, y veía todo con claridad.\nJesús lo mandó a casa diciéndole: «No se lo digas a nadie en el pueblo.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general
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SUMMARY:Jueves de la VI semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta del apóstol Santiago (2\,1-9): \nNo juntéis la fe en Nuestro Señor Jesucristo glorioso con la acepción de personas. Por ejemplo: llegan dos hombres a la reunión litúrgica. Uno va bien vestido y hasta con anillos en los dedos; el otro es un pobre andrajoso. Veis al bien vestido y le decís: Por favor\, siéntate aquí\, en el puesto reservado. Al otro\, en cambio: Estate ahí de pie o siéntate en el suelo. Si hacéis eso ¿no sois inconsecuentes y juzgáis con criterios malos? Queridos hermanos\, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino\, que prometió a los que le aman? Vosotros\, en cambio\, habéis afrentado al pobre. Y sin embargo\, ¿no son los ricos los que os tratan con despotismo y los que os arrastran a los tribunales? ¿No son ellos los que denigran ese nombre tan hermoso que lleváis como apellido? ¿Cumplís la ley soberana que enuncia la Escritura: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo?» Perfectamente. Pero si mostráis favoritismos\, cometéis un pecado y la Escritura prueba vuestro delito. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 33\,2-3.4-5.6-7 \nR/. Si el afligido invoca al Señor\, él lo escucha \nBendigo al Señor en todo momento\,\nsu alabanza está siempre en mi boca;\nmi alma se gloría en el Señor:\nque los humildes lo escuchen y se alegren. R/. \nProclamad conmigo la grandeza del Señor\,\nensalcemos juntos su nombre.\nYo consulté al Señor y me respondió\,\nme libró de todas mis ansias. R/. \nContempladlo y quedaréis radiantes\,\nvuestro rostro no se avergonzará.\nSi el afligido invoca al Señor\,\nél lo escucha v lo salva de sus angustias. R/.\n\n\nEvangelio\nLectura del santo Evangelio según San Marcos (8\,27-33): \nEn aquel tiempo\, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?»\nEllos le contestaron: «Unos\, Juan Bautista; otros\, Elías\, y otros\, uno de los profetas.»\nÉl les preguntó: «Y vosotros\, ¿quién decís que soy?»\nPedro le contestó: «Tú eres el Mesías.»\nÉl les prohibió terminantemente decírselo a nadie.Y empezó a instruirlos: «El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho\, tiene que ser condenado por los senadores\, sumos sacerdotes y letrados\, ser ejecutado y resucitar a los tres días. Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo.\nJesús se volvió\, y de cara a los discípulos increpó a Pedro: «¡Quítate de mi vista\, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres\, no como Dios!» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general
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SUMMARY:Viernes de la VI semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta del apóstol Santiago (2\,14-24.26): \nDe qué le sirve a uno\, hermanos míos\, decir que tiene fe\, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario\, y que uno de vosotros les dice: «Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago»\, y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras\, por sí sola está muerta. Alguno dirá: «Tú tienes fe\, y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras\, y yo\, por las obras\, te probaré mi fe.» Tú crees que hay un solo Dios; muy bien\, pero eso lo creen tambien los demonios\, y los hace temblar. ¿Quieres enterarte\, tonto\, de que la fe sin obras es inútil? ¿No quedó justificado Abrahán\, nuestro padre\, por sus obras\, por ofrecer a su hijo Isaac en el altar? Ya ves que la fe actuaba en sus obras\, y que por las obras la fe llegó a su madurez. Así se cumplió lo que dice aquel pasaje de la Escritura: «Abrahán creyó a Dios\, y esto le valió la justificación.» Y en otro pasaje se le llama «amigo de Dios.» Veis que el hombre queda justificado por las obras\, y no por la fe sólo. Por lo tanto\, lo mismo que un cuerpo sin espíritu es un cadáver\, también la fe sin obras es un cadáver. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 111\,1-2.3-4.5-6 \nR/. Dichoso quien ama de corazón los mandatos del Señor \nDichoso quien teme al Señor\ny ama de corazón sus mandatos.\nSu linaje será poderoso en la tierra\,\nla descendencia del justo será bendita. R/. \nEn su casa habrá riquezas y abundancia\,\nsu caridad es constante\, sin falta.\nEn las tinieblas brilla como una luz\nel que es justo\, clemente y compasivo. R/. \nDichoso el que se apiada y presta\,\ny administra rectamente sus asuntos.\nEl justo jamás vacilará\,\nsu recuerdo será perpetuo. R/.\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Marcos (8\,34–9\,1): \nEn aquel tiempo\, Jesús llamó a la gente y a sus discípulos\, y les dijo: «El que quiera venirse conmigo\, que se niegue a sí mismo\, que cargue con su cruz y me siga. Mirad\, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará. Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero\, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla? Quien se avergüence de mí y de mis palabras\, en esta generación descreída y malvada\, también el Hijo del hombre se avergonzará de él\, cuando venga con la gloria de su Padre entre los santos ángeles.»\nY añadió: «Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar el reino de Dios en toda su potencia.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general
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SUMMARY:Lunes de la VII semana del Tiempo Ordinario. Año II.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta del apóstol Santiago (3\,13-18): \n¿Hay alguno entre vosotros sabio y entendido? Que lo demuestre con una buena conducta y con la amabilidad propia de la sabiduría. Pero\, si tenéis el corazón amargado por la envidia y las rivalidades\, no andéis gloriándoos\, porque sería pura falsedad. Esa sabiduria no viene del cielo\, sino que es terrena\, animal\, diabólica. Donde hay envidias y rivalidades\, hay desorden y toda clase de males. La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y\, además\, es amante de la paz\, comprensiva\, dócil\, llena de misericordia y buenas obras\, constante\, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz\, y su fruto es la justicia. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 18\,8.9.10.15 \nR/. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón \nLa ley del Señor es perfecta\ny es descanso del alma;\nel precepto del Señor es fiel\ne instruye al ignorante. R/. \nLos mandatos del Señor son rectos\ny alegran el corazón;\nla norma del Señor es límpida\ny da luz a los ojos. R/. \nLa voluntad del Señor es pura\ny eternamente estable;\nlos mandamientos del Señor son verdaderos\ny enteramente justos. R/. \nQue te agraden las palabras de mi boca\,\ny llegue a tu presencia el meditar de mi corazón\,\nSeñor\, roca mía\, redentor mío. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Marcos (9\,14-29): \nEn aquel tiempo\, cuando Jesús y los tres discípulos bajaron de la montaña\, al llegar adonde estaban los demás discípulos\, vieron mucha gente alrededor\, y a unos escribas discutiendo con ellos. Al ver a Jesús\, la gente se sorprendió\, y corrió a saludarlo.\nÉl les preguntó: «¿De qué discutís?»\nUno le contestó: «Maestro\, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar y\, cuando lo agarra\, lo tira al suelo\, echa espumarajos\, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen\, y no han sido capaces.»\nÉl les contestó: «¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.»\nSe lo llevaron. El espíritu\, en cuanto vio a Jesús\, retorció al niño; cayó por tierra y se revolcaba\, echando espumarajos.\nJesús preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?»\nContestó él: «Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y al agua\, para acabar con él. Si algo puedes\, ten lástima de nosotros y ayúdanos.»\nJesús replicó: «¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe.»\nEntonces el padre del muchacho gritó: «Tengo fe\, pero dudo; ayúdame.»\nJesús\, al ver que acudía gente\, increpó al espíritu inmundo\, diciendo: «Espíritu mudo y sordo\, yo te lo mando: Vete y no vuelvas a entrar en él.»\nGritando y sacudiéndolo violentamente\, salió. El niño se quedó como un cadáver\, de modo que la multitud decía que estaba muerto. Pero Jesús lo levantó\, cogiéndolo de la mano\, y el niño se puso en pie.\nAl entrar en casa\, sus discípulos le preguntaron a solas: «¿Por qué no pudimos echarlo nosotros?»\nÉl les respondió: «Esta especie sólo puede salir con oración y ayuno.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general
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DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la carta del apóstol Santiago (4\,1-10): \n¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones\, que luchan en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis; matáis\, ardéis en envidia y no alcanzáis nada; os combatís y os hacéis la guerra. No tenéis\, porque no pedís. Pedís y no recibís\, porque pedís mal\, para dar satisfacción a vuestras pasiones. ¡Adúlteros! ¿No sabéis que amar el mundo es odiar a Dios? El que quiere ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios. No en vano dice la Escritura: «El espíritu que Dios nos infundió está inclinado al mal.» Pero mayor es la gracia que Dios nos da. Por eso dice la Escritura: «Dios se enfrenta con los soberbios y da su gracia a los humildes.» Someteos\, pues\, a Dios y enfrentaos con el diablo\, que huirá de vosotros. Acercaos a Dios\, y Dios se acercará a vosotros. Pecadores\, lavaos las manos; hombres indecisos\, purificaos el corazón\, lamentad vuestra miseria\, llorad y haced duelo; que vuestra risa se convierta en llanto y vuestra alegría en tristeza. Humillaos ante el Señor\, que él os levantará. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 54\,7-8.9-10a.10b-11.23 \nR/. Encomienda a Dios tus afanes\, que él te sustentará \nPienso: «¡Quién me diera alas de paloma\npara volar y posarme!\nEmigraría lejos\,\nhabitaría en el desierto.» R/. \n«Me pondría en seguida a salvo de la tormenta\,\ndel huracán que devora\, Señor;\ndel torrente de sus lenguas.» R/. \nViolencia y discordia veo en la ciudad:\ndía y noche hacen la ronda\nsobre sus murallas. R/. \nEncomienda a Dios tus afanes\,\nque él te sustentará;\nno permitirá jamás que el justo caiga. R/.\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Marcos (9\,30-37): \nEn aquel tiempo\, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase\, porque iba instruyendo a sus discípulos.\nLes decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres\, y lo matarán; y\, después de muerto\, a los tres días resucitará.» Pero no entendían aquello\, y les daba miedo preguntarle.\nLlegaron a Cafarnaún\, y\, una vez en casa\, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?»\nEllos no contestaron\, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.\nJesús se sentó\, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero\, que sea el último de todos y el servidor de todos.»\nY\, acercando a un niño\, lo puso en medio de ellos\, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí\, sino al que me ha enviado.» \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general
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SUMMARY:Miércoles de Ceniza.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura de la profecía de Joel (2\,12-18): \nAHORA —oráculo del Señor—\,\,\nconvertíos a mí de todo corazón\,\ncon ayunos\, llantos y lamentos;\nrasgad vuestros corazones\, no vuestros vestidos\,\ny convertíos al Señor vuestro Dios\,\nun Dios compasivo y misericordioso\,\nlento a la cólera y rico en amor\,\nque se arrepiente del castigo.\n¡Quién sabe si cambiará y se arrepentirá\ndejando tras de sí la bendición\,\nofrenda y libación\npara el Señor\, vuestro Dios!\nTocad la trompeta en Sion\,\nproclamad un ayuno santo\,\nconvocad a la asamblea\,\nreunid a la gente\,\nsantificad a la comunidad\,\nllamad a los ancianos;\ncongregad a los muchachos\ny a los niños de pecho;\nsalga el esposo de la alcoba\ny la esposa del tálamo.\nEntre el atrio y el altar\nlloren los sacerdotes\,\nservidores del Señor\,\ny digan:\n«Ten compasión de tu pueblo\, Señor;\nno entregues tu heredad al oprobio\nni a las burlas de los pueblos».\n¿Por qué van a decir las gentes:\n«Dónde está su Dios»?\nEntonces se encendió\nel celo de Dios por su tierra\ny perdonó a su pueblo. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 50\,3-4.5-6a.12-13.14.17 \nR/. Misericordia\, Señor: hemos pecado \nV/. Misericordia\, Dios mío\, por tu bondad\,\npor tu inmensa compasión borra mi culpa;\nlava del todo mi delito\,\nlimpia mi pecado. R/. \nV/. Pues yo reconozco mi culpa\,\ntengo siempre presente mi pecado.\nContra ti\, contra ti sólo pequé\,\ncometí la maldad en tu presencia. R/. \nV/. Oh\, Dios\, crea en mí un corazón puro\,\nrenuévame por dentro con espíritu firme.\nNo me arrojes lejos de tu rostro\,\nno me quites tu santo espíritu. R/. \nV/. Devuélveme la alegría de tu salvación\,\nafiánzame con espíritu generoso.\nSeñor\, me abrirás los labios\,\ny mi boca proclamará tu alabanza. R/. \n\n\n\nSegunda lectura\n\nLectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5\,20–6\,2): \nHERMANOS:\nActuamos como enviados de Cristo\, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.\nAl que no conocía el pecado\, lo hizo pecado en favor nuestro\, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.\nY como cooperadores suyos\, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice:\n«En el tiempo favorable te escuché\,\nen el día de la salvación te ayudé».\nPues mirad: ahora es el tiempo favorable\, ahora es el día de la salvación. \nPalabra de Dios \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (6\,1-6.16-18): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos:\n«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial.\nPor tanto\, cuando hagas limosna\, no mandes tocar la trompeta ante ti\, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.\nTú\, en cambio\, cuando hagas limosna\, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre\, que ve en lo secreto\, te recompensará.\nCuando oréis\, no seáis como los hipócritas\, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas\, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.\nTú\, en cambio\, cuando ores\, entra en tu cuarto\, cierra la puerta y ora a tu Padre\, que está en lo secreto\, y tu Padre\, que ve en lo secreto\, te lo recompensará.\nCuando ayunéis\, no pongáis cara triste\, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.\nTú\, en cambio\, cuando ayunes\, perfúmate la cabeza y lávate la cara\, para que tu ayuno lo note\, no los hombres\, sino tu Padre\, que está en lo escondido; y tu Padre\, que ve en lo escondido\, te recompensará». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general
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SUMMARY:Jueves después de Ceniza.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Deuteronomio (30\,15-20): \nMOISÉS habló al pueblo\, diciendo:\n«Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien\, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor\, tu Dios\, seguir sus caminos\, observar sus preceptos\, mandatos y decretos\, y así vivirás y crecerás y el Señor\, tu Dios\, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla.\nPero\, si tu corazón se aparta y no escuchas\, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les sirves\, yo os declaro hoy que moriréis sin remedio; no duraréis mucho en la tierra adonde tú vas a entrar para tomarla en posesión una vez pasado el Jordán.\nHoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra. Pongo delante de ti la vida y la muerte\, la bendición y la maldición. Elige la vida\, para que viváis tú y tu descendencia\, amando al Señor\, tu Dios\, escuchando su voz\, adhiriéndote a él\, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres\, Abrahán\, Isaac y Jacob». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 1 \nR/. Dichoso el hombre\nque ha puesto su confianza en el Señor \nV/. Dichoso el hombre\nque no sigue el consejo de los impíos\,\nni entra por la senda de los pecadores\,\nni se sienta en la reunión de los cínicos;\nsino que su gozo es la ley del Señor\,\ny medita su ley día y noche. R/. \nV/. Será como un árbol\nplantado al borde de la acequia:\nda fruto en su sazón\ny no se marchitan sus hojas;\ny cuanto emprende tiene buen fin. R/. \nV/. No así los impíos\, no así;\nserán paja que arrebata el viento.\nPorque el Señor protege el camino de los justos\,\npero el camino de los impíos acaba mal. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (9\,22-25): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos:\n«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho\, ser desechado por los ancianos\, sumos sacerdotes y escribas\, ser ejecutado y resucitar al tercer día».\nEntonces decía a todos:\n«Si alguno quiere venir en pos de mí\, que se niegue a sí mismo\, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general
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SUMMARY:Viernes después de Ceniza.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de lsaías (58\,1-9a): \nESTO dice el Señor Dios:\n«Grita a pleno pulmón\, no te contengas;\nalza la voz como una trompeta\,\ndenuncia a mi pueblo sus delitos\,\na la casa de Jacob sus pecados.\nConsultan mi oráculo a diario\,\ndesean conocer mi voluntad.\nComo si fuera un pueblo que practica la justicia\ny no descuida el mandato de su Dios\,\nme piden sentencias justas\,\nquieren acercarse a Dios.\n“¿Para qué ayunar\, si no haces caso;\nmortificarnos\, si no te enteras?”\nEn realidad\, el día de ayuno hacéis vuestros negocios\ny apremiáis a vuestros servidores;\nayunáis para querellas y litigios\,\ny herís con furibundos puñetazos.\nNo ayunéis de este modo\,\nsi queréis que se oiga vuestra voz en el cielo.\n¿Es ese el ayuno que deseo en el día de la penitencia:\ninclinar la cabeza como un junco\,\nacostarse sobre saco y ceniza?\n¿A eso llamáis ayuno\,\ndía agradable al Señor?\nEste es el ayuno que yo quiero:\nsoltar las cadenas injustas\,\ndesatar las correas del yugo\,\nliberar a los oprimidos\,\nquebrar todos los yugos\,\npartir tu pan con el hambriento\,\nhospedar a los pobres sin techo\,\ncubrir a quien ves desnudo\ny no desentenderte de los tuyos.\nEntonces surgirá tu luz como la aurora\,\nenseguida se curarán tus heridas\,\nante ti marchará la justicia\,\ndetrás de ti la gloria del Señor.\nEntonces clamarás al Señor y te responderá;\npedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 50\,3-4.5-6a.18-19 \nR/. Un corazón quebrantado y humillado\,\ntú\, Dios mío\, no lo desprecias \nV/. Misericordia\, Dios mío\, por tu bondad\,\npor tu inmensa compasión borra mi culpa;\nlava del todo mi delito\,\nlimpia mi pecado. R/. \nV/. Pues yo reconozco mi culpa\,\ntengo siempre presente mi pecado.\nContra ti\, contra ti sólo pequé\,\ncometí la maldad en tu presencia. R/. \nV/. Los sacrificios no te satisfacen:\nsi te ofreciera un holocausto\, no lo querrías.\nEl sacrificio agradable a Dios\nes un espíritu quebrantado;\nun corazón quebrantado y humillado\,\ntú\, oh\, Dios\, tú no lo desprecias. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (9\,14-15): \nEN aquel tiempo\, os discípulos de Juan se le acercan a Jesús\, preguntándole:\n«¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y\, en cambio\, tus discípulos no ayunan?».\nJesús les dijo:\n«¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo\, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo\, y entonces ayunarán». \nPalabra del Señor\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general
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SUMMARY:I Domingo de Cuaresma. Ciclo A.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro del Génesis (2\,7-9;3\,1-7): \nEL Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo.\nLuego el Señor Dios plantó un jardín en Edén\, hacia oriente\, y colocó en él al hombre que había modelado.\nEl Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos para la vista y buenos para comer; además\, el árbol de la vida en mitad del jardín\, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.\nLa serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer:\n«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?».\nLa mujer contestó a la serpiente:\n«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios:\n“No comáis de él ni lo toquéis\, de lo contrario moriréis”».\nLa serpiente replicó a la mujer:\n«No\, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él\, se os abrirán los ojos\, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal».\nEntonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer\, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido\, que también comió.\nSe les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 50\,3-4.5-6a.12-13.14.17 \nR/. Misericordia\, Señor: hemos pecado \nV/. Misericordia\, Dios mío\, por tu bondad\,\npor tu inmensa compasión borra mi culpa;\nlava del todo mi delito\,\nlimpia mi pecado. R/. \nV/. Pues yo reconozco mi culpa\,\ntengo siempre presente mi pecado.\nContra ti\, contra ti solo pequé\,\ncometí la maldad que aborreces. R/. \nV/. Oh\, Dios\, crea en mi un corazón puro\,\nrenuévame por dentro con espíritu firme.\nNo me arrojes lejos de tu rostro\,\nno me quites tu santo espíritu. R/. \nV/. Devuélveme la alegría de tu salvación\,\nafiánzame con espíritu generoso.\nSeñor\, me abrirás los labios\,\ny mi boca proclamará tu alabanza. R/. \n\n\nSegunda lectura\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (5\,12-19): \nHERMANOS:\nLo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo\, y por el pecado la muerte\, y así la muerte se propagó a todos los hombres\, porque todos pecaron…\nPues\, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo\, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo\, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés\, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán\, que era figura del que tenía que venir.\nSin embargo\, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos\, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre\, Jesucristo\, se han desbordado sobre todos.\nY tampoco hay proporción entre la gracia y el pecado de uno:\npues el juicio\, a partir de uno\, acabó en condena\, mientras que la gracia\, a partir de muchos pecados\, acabó en justicia.\nSi por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado a través de uno solo\, con cuánta más razón los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo\, Jesucristo.\nEn resumen\, lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos\, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos.\nPues\, así como por la desobediencia de un solo hombre\, todos fueron constituidos pecadores\, así también por la obediencia de uno solo\, todos serán constituidos justos. \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (4\,1-11): \nEN aquel tiempo\, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches\, al fin sintió hambre.\nEl tentador se le acercó y le dijo:\n«Si eres Hijo de Dios\, di que estas piedras se conviertan en panes».\nPero él le contestó:\n«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre\, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».\nEntonces el diablo lo llevó a la ciudad santa\, lo puso en el alero del templo y le dijo:\n«Si eres Hijo de Dios\, tírate abajo\, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos\, para que tu pie no tropiece con las piedras”».\nJesús le dijo:\n«También está escrito: “No tentarás al Señor\, tu Dios”».\nDe nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los\nreinos del mundo y su gloria\, y le dijo:\n«Todo esto te daré\, si te postras y me adoras».\nEntonces le dijo Jesús:\n«Vete\, Satanás\, porque está escrito: “Al Señor\, tu Dios\, adorarás y a él solo darás culto”».\nEntonces lo dejó el diablo\, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían. \nPalabra del Señor \n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general\nI Domingo de Cuaresma. Ciclo A.\n\nQuizá\, cuando en el padrenuestro decimos «no nos dejes caer en tentación»\, no se nos viene a la mente el relato que se lee hoy\, pero a Mateo sí.«Tentar» significa dos cosas: o hacer un intento\, o someter algo o a alguien a una prueba que verifica su calidad o autenticidad. Aquí se usa en el segundo sentido. La «tentación» es una provocación que carece de fuerza por sí misma; su fuerza se deriva de la posibilidad de persuadir –por engaño\, o por halago o por miedo– para inducir a realizar una determinada acción. La tentación de Jesús está en relación con el compromiso que él asumió en su bautismo. Consiste en desviarlo de su propósito de manifestarse como «hijo» de Dios. Esa condición de «hijo» es cuestionada por el tentador.\nLa mención del desierto y el número de días\, que corresponde a los cuarenta años de la travesía de Israel por el desierto\, inducen a leer este relato en clave de éxodo. El desierto representa la historia; los cuarenta días\, la totalidad de la vida terrena\, y las tres tentaciones\, además de indicar totalidad\, evocan las tres del pueblo en el desierto: idolatría\, provocaciones y rebeldía (cf. Deu 9\,12-20). El antagonista de Jesús recibe el nombre genérico de «diablo»\, y después otros dos más. Con esos tres nombres queda descrito del todo.\n\nMt 4\,1-11.\nEl relato consta de una introducción\, la descripción de tres tentaciones\, y una conclusión. Jesús es conducido al desierto por el Espíritu para que el diablo lo someta a prueba. Esto indica que la exposición a la tentación no es mala en sí\, sino consecuencia de estar animado por el Espíritu.\n1. Introducción.\nEl ayuno de Jesús no es religioso\, porque el ayuno religioso era de día\, en tanto que el de Jesús es «día y noche». Tampoco es para pedir don alguno\, porque él viene de recibir el Espíritu en el bautismo. Mateo hace ver que si Moisés y Elías ayunaron cuarenta días y cuarenta noches (cf. Exo 34\,28; 1Rey 19\,8)\, Jesús no es inferior a ellos\, pero sí los supera\, porque vence la tentación\, y con la sola fuerza del Espíritu (cf. Mt 5\,6; 21\,18).\n2. Primera tentación.\nEl aquí llamado «tentador» toma pie de la insatisfacción de Jesús («hambre») y hace un intento de manipular la fe («dado que eres Hijo de Dios…») para inducir a la acción que él indica: «di que las piedras estas se conviertan en panes». La expresión «las piedras estas»\, que connotan la libertad soberana de Dios (cf. Mt 3\,9) hacen referencia al éxodo (cf. Jos 4\,5-9.21-24)\, al pectoral de los sacerdotes (cf. Exo 28\,17-21) y\, finalmente\, a las losas de la Ley (cf. Exo 24\,12). Esto deja entrever que el tentador se ha atrincherado en las tradiciones (éxodo\, paso del Jordán) y en las instituciones (Ley\, sacerdocio) del pueblo judío e impide que la gente satisfaga su hambre y sed de justicia. La mención de los panes confronta dos maneras de saciar esa hambre: por el poder arbitrario\, como sugiere el tentador\, o por la generosidad que comparte\, como lo hará después Jesús (cf. Mt 14\,11ss; 15\,32ss). Jesús responde a la tentación apelando a esas Escrituras que el tentador intenta manipular\, y declara que la vida del hombre no se nutre de solo pan\, sino también de su fidelidad al designio liberador y salvador de «Dios».\n3. Segunda tentación.\nAhora se lo llama «diablo»\, que quiere decir «calumniador\, embustero»\, y se sitúa en «la ciudad santa»\, Jerusalén. Del desierto pasa a la capital de la tierra prometida\, y en esta\, concretamente\, al alero del templo\, donde se suponía que se manifestaría el Mesías. Aquí la manipulación de la Escritura es descarada. Usando un texto que habla de la protección de Dios a los suyos\, el diablo\, aduciendo otra vez como pretexto la condición de «Hijo de Dios»\, pretende que Jesús ponga a prueba esa promesa de protección\, para demostrarla. Ya que Jesús se negó a arrogarse poder alguno\, que demuestre entonces el poder de Dios provocando una intervención de su parte. La respuesta de Jesús\, con un texto de la Escritura\, declara que el amor divino no se pone en duda. Él usa la expresión «el Señor tu Dios»\, que se refiere al Señor que los sacó de Egipto (cf. Exo 20\,2). No tiene sentido poner a prueba el amor que ya ha sido demostrado. Esta tentación implica a la institución más importante de la religión judía: también ella se ha convertido en instrumento del embustero.\n4. Tercera tentación.\nAhora el «diablo» «tentador» es llamado «Satanás»\, que significa «adversario»\, con lo que se revela su tercer rasgo\, su enemistad contra Dios y contra el ser humano. Seduce y pone a prueba con intenciones hostiles. Prescinde de la referencia a Dios y de la relación con él («hijo de Dios»)\, pero encumbra al hombre hasta rivalizar con Dios («un monte altísimo»). La tentación ya no se refiere al poder celeste\, sino al terrestre: «los reinos del mundo con su gloria»\, es decir\, el poder político y sus dos grandes apoyos\, el poder económico y el poder hoy llamado «mediático»: el esplendor de la riqueza y la vanagloria del prestigio. Esta tentación tiene una condición: postrarse ante Satanás y rendirle homenaje\, como si fuera Dios. La reacción de Jesús es concluyente: «¡márchate!»\, que denota una retirada definitiva; el rechazo es total. De nuevo recurre a la Escritura: el israelita tiene claro que solamente se le rinde homenaje y se le da culto al Señor que libera («el Señor tu Dios»)\, lo demás es idolatría suicida (cf. Deu 6\,14-15). Esta última tentación implica la victoria decisiva de Jesús y la derrota terminante de Satanás. Su fidelidad a Dios anula la seducción del diablo.\n5. Conclusión\nEl relato termina haciendo ver que\, si el diablo se opone a Jesús y pretende sacarlo del «camino» del nuevo éxodo\, Jesús recibe también la ayuda de «ángeles» (cf. Mt 11\,10) en la preparación y en el recorrido de ese camino.\n\nLa tentación se reviste engañosamente de ropaje religioso para desviar al hombre de su camino y llevarlo a la infidelidad a Dios sin remordimiento de conciencia\, creyéndose buena persona y hasta «hijo» de Dios. Si es preciso manipular la palabra de Dios\, lo hace con descaro y sin escrúpulo. Y si es posible intentar que el hombre rivalice con Dios manipulando sus ambiciones mezquinas\, lo hace con audacia y sin recato. Para vencerla\, basta la fuerza de vida y de amor que procede del Espíritu Santo. Vivir de la palabra\, discernir sus falsificaciones y rechazar con energía las seducciones del poder\, la riqueza y el prestigio: ese es el camino del éxodo que necesitamos recorrer con Jesús en esa cuaresma que es nuestra vida terrena.\nCada año\, el ejercicio del tiempo de cuaresma nos ayuda a revisar nuestro camino\, para ver si coincide con el de Jesús\, y para rectificar lo que nos haya desviado de él.\nLas celebraciones dominicales de este tiempo nos irán dando pautas para hacer esa revisión y la correspondiente rectificación con la fuerza del pan que es palabra de Dios\, el cuerpo y la sangre de Jesús.\nFeliz día del Señor.
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