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SUMMARY:Martes de la I semana de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de Isaías (11\,1-10): \nAQUEL día\, brotará un renuevo del tronco de Jesé\,\ny de su raíz florecerá un vástago.\nSobre él se posará el espíritu del Señor:\nespíritu de sabiduría y entendimiento\,\nespíritu de consejo y fortaleza\,\nespíritu de ciencia y temor del Señor.\nLe inspirará el temor del Señor.\nNo juzgará por apariencias\nni sentenciará de oídas;\njuzgará a los pobres con justicia\,\nsentenciará con rectitud a los sencillos de la tierra;\npero golpeará al violento con la vara de su boca\,\ny con el soplo de sus labios hará morir al malvado.\nLa justicia será ceñidor de su cintura\,\ny la lealtad\, cinturón de sus caderas.\nHabitará el lobo con el cordero\,\nel leopardo se tumbará con el cabrito\,\nel ternero y el león pacerán juntos:\nun muchacho será su pastor.\nLa vaca pastará con el oso\,\nsus crías se tumbarán juntas;\nel león como el buey\, comerá paja.\nEl niño de pecho retozará junto al escondrijo de la serpiente\,\ny el recién destetado extiende la mano\nhacia la madriguera del áspid.\nNadie causará daño ni estrago\npor todo mi monte santo:\nporque está lleno el país del conocimiento del Señor\,\ncomo las aguas colman el mar.\nAquel día\, la raíz de Jesé\nserá elevada como enseña de los pueblos:\nse volverán hacia ella las naciones\ny será gloriosa su morada. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 71\,1-2.7-8.12-13.17 \nR/. Que en sus días florezca la justicia\ny la paz abunde eternamente. \nV/. Dios mío\, confía tu juicio al rey\,\ntu justicia al hijo de reyes\,\npara que rija a tu pueblo con justicia\,\na tus humildes con rectitud. R/. \nV/. En sus días florezca la justicia\ny la paz hasta que falte la luna;\ndomine de mar a mar\,\ndel Gran Río al confín de la tierra. R/. \nV/. Él librará al pobre que clamaba\,\nal afligido que no tenía protector;\nél se apiadará del pobre y del indigente\,\ny salvará la vida de los pobres. R/. \nV/. Que su nombre sea eterno\,\ny su fama dure como el sol;\nél sea la bendición de todos los pueblos\,\ny lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio segun san Lucas (10\,21-24): \nEN aquella hora Jesús se lleno de la alegría en el Espíritu Santo y dijo:\n«Te doy gracias\, Padre\, Señor del cielo y de la tierra\, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos\, y las has revelado a los pequeños. Sí\, Padre\, porque así te ha parecido bien.\nTodo me ha sido entregado por mi Padre\, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».\nY\, volviéndose a sus discípulos\, les dijo aparte:\n«¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis\, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís\, y no lo oyeron». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nMartes de la I semana de Adviento. \nLa llegada del Mesías conduce a un nuevo conocimiento de Dios que muestra sus alcances en la vida personal y en la convivencia social. No se trata de un saber de carácter académico\, sino de un conocimiento experimental. Quien conoce a Dios vive y convive de un modo consecuente con esa experiencia que tiene de él. El saber intelectual es muy importante para la humanidad\, pero\, en el caso de Dios\, es del todo insuficiente\, ya que el conocimiento de Dios necesariamente genera la paz\, porque exige la práctica de la justicia. \n1. Primera lectura: promesa (Isa 11\,1-10).\nEl oráculo apela a dos imágenes para ilustrar el conocimiento del Señor\, el Dios que sacó a Israel de Egipto: la primera\, vegetal; la segunda\, animal. En el centro de ellas muestra las consecuencias de dicho conocimiento en el país: sus habitantes no harán daño ni estrago.\n1.1. El tocón de Jesé.\nLa imagen de un árbol talado casi hasta sus raíces sirve para describir la situación de la dinastía de David. Por eso lo denomina «el tocón de Jesé»\, nombre del padre de David. La promesa del Señor mantiene vivo ese tocón\, y ahora recibe la acción del Espíritu del Señor. Cuatro veces se nombra el Espíritu. Es\, al mismo tiempo\, aquel Espíritu que puso orden en el caos (cf. Gen 1\,2) y que le da vida al osario en que se convierte el pueblo en el exilio (cf. Eze 37\,9). Es una infusión de vida que queda abierta a una plenitud posterior. Seis atributos se predican de él; los mismos se predican de la Sabiduría personificada (cf. Prv 8\,12-14)\, y son los que hacen posible el ejercicio de la realeza (cf. Prv 8\,15-20). «Espíritu de sensatez e inteligencia» (רוּחַ חָכְמָה וּבִינָה) se refiere a la perspicacia de una mente abierta con capacidad de entender lo que percibe. «Espíritu de valor y de prudencia» (רוּחַ עֵצָה וּגְבוּרָה) es discernimiento para juzgar y aconsejar y autoridad para hacerlo. «Espíritu de conocimiento y respeto del Señor» (רוּחַ דַּעַת וְיִרְאַה יְהוָה) es un saber derivado de una experiencia que conduce al respeto y la adoración al Señor en la fidelidad a él. Este respeto será la fuente de su inspiración permanente.\n1.2. Las consecuencias.\nPensando en el rey surgido del «tocón de Jesé»\, el profeta se refiere al ejercicio de la realeza\, cuya misión principal es administrar justicia haciendo prevalecer el derecho (cf. 32\,1-3; cf. 2Sam 14\,17; Jer 23\,5; Sal 72\,1-7). Por consiguiente\, se excluye el juicio temerario\, basado en falsas impresiones de vista o de oídas\, ya que el rey practica una justicia que es don de Dios (cf. 1\,26)\, y supone un gobierno con discernimiento que vaya más allá de las apariencias (cf. 32\,3-5; 1Sam 16\,7)\, por eso se afirma el juicio justo\, con énfasis particular en la defensa de los derechos de los desprotegidos y en las víctimas de la opresión (cf. 29\,19-20; Sal 72\,2-4.12-13); y en su favor ha de asegurar una sentencia justa. Esa justicia está intrínsecamente ligada a la prosperidad del país. Si no se les hace justicia a los pobres\, el país camina hacia su ruina. Da garantías de que no habrá impunidad\, pero la ejecución del violento –su pena de muerte– consistirá en la fuerza concluyente de la sentencia oral\, no en la eliminación física. El vástago de David se caracterizará por ser justo y leal.\n1.3. Los animales.\nLa evocación del paraíso campea en la segunda imagen. Las relaciones entre vivientes\, animales y humanos\, evocan la paz paradisíaca. Conviven los antagónicos (el lobo carnívoro y el cordero herbívoro…)\, y la figura humana aparece despojada de todo rasgo de poder y de violencia: un niño los pastorea\, es decir\, está a su servicio para conducirlos a alimentarse y a abrevar. Tampoco hay peligro para el niño\, pues la armonía rige las relaciones recíprocas. Las costumbres locales\, que iniciaban a los niños en el pastoreo\, incluso de animales grandes\, muestran una imagen muy apacible en la que se capta la armonía del hombre con los animales\, incluso feroces.\nLa paz y la justicia entre los seres humanos y las bestias se relaciona como la justicia con el hecho de la llegada de un rey futuro (cf. 9\,6). Al referirse más adelante a la creación restaurada\, el profeta retomará esta imagen (cf. 65\,25). Tumbarse juntos y comer juntos los animales es una imagen de convivencia entre ellos\, a semejanza de las relaciones armoniosas entre las personas. \n2. Evangelio: cumplimiento (Lc 10\,21-24).\nEl prometido Espíritu del Señor es el Espíritu Santo\, que descansa sobre Jesús\, el Mesías ungido para dar cumplimiento a las promesas (cf. Lc 4\,18ss). Movido por él\, Jesús exulta de gozo por dos motivos: la presencia activa de la salvación\, y la nueva relación entre Dios y la humanidad.\n2.1. La salvación.\nEl designio de Dios está al alcance de los sencillos\, los que quieren vivir y convivir en libertad\, humildad e igualdad. Pero está fuera del alcance de los que el profeta llamó «sabios y entendidos» (Isa 29\,14)\, los que alardeaban de un saber académico que no los comprometía en absoluto\, sino que\, al contrario\, los hacía comportarse como los «sabios» paganos: aduladores del poder\, pero incapaces de sintonizar con el designio de Dios (cf. Dan 2). A los intelectuales de la época no les parecían admisibles las obras del Mesías y las rechazaban\, pero el pueblo sencillo veía en ellas la obra misma del Dios que los sacó de Egipto. El saber de tales sabios los convertía en torpes al lado de los sencillos que discernían espontáneamente la presencia y la actuación del Señor en la historia de su pueblo\, presencia y acción por largo tiempo esperadas.\n2.2. La relación.\nEl verdadero conocimiento de Dios es experimental y relacional\, no teórico. Conocer a Dios es vivir y convivir como Jesús. A Jesús solo lo conoce el Padre\, y al Padre solo lo conoce Jesús y aquel a quien Jesús libremente se lo revele. Para conocer a Jesús es preciso sintonizar con Dios y con su pueblo\, ese pueblo que espera su liberación y su salvación. Para conocer a Dios hay que aprender a ser su hijo\, porque él es Padre. Quien conoce al Padre no lo demuestra ufanándose de un saber reservado a iniciados\, sino amando como el Hijo\, y apartándose de toda maldad o complicidad con el mal. La gente sencilla está más cerca de Dios y de Jesús que los insolidarios teóricos de la Ley.\nEl júbilo del Espíritu Santo que transfigura a Jesús es la expresión de lo que él celebra como una auténtica victoria de Dios: la prevalencia del bien sin la aniquilación del hombre. \nLas estadísticas pueden llevarnos a la conclusión de que nuestro país «está lleno del conocimiento del Señor»\, porque arrojan datos según los cuales un significativo porcentaje de su población es bautizada. Pero esas mismas estadísticas señalan crímenes contra el ser humano\, maltrato a los animales\, juicios temerarios contra personas\, millones de víctimas\, daños y estragos por todo el país en proporciones alarmantes. Esos datos no se compaginan.\nPor otro lado\, Jesús sigue celebrando con gozo y bendiciendo al Padre porque existen hijos que han desentrañado el verdadero secreto del Padre\, su amor ilimitado\, incondicional\, invariable\, y se han comprometido a vivir y a convivir con base en ese secreto. Solo conoce al Padre quien convive con los demás como hijo suyo\, a imagen de Jesús.\nEn la comunión eucarística expresamos nuestra decisión de asimilarnos a Jesús\, no a demostrar dominio sobre saber teórico alguno. Por eso Pablo osó afirmar que entre los corintios prefirió «ignorarlo todo\, excepto a Jesús Mesías y\, a este\, crucificado» (cf. 1Co 2\,1-2). Es preferible dar testimonio del amor entregado a presumir de un saber académico que orgullosamente distancia de los demás.\nFeliz martes.
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SUMMARY:Miércoles de la I semana de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (25\,6-10a): \nEN aquel día\, preparará el Señor del universo para todos los pueblos\,\nen este monte\, un festín de manjares suculentos\,\nun festín de vinos de solera;\nmanjares exquisitos\, vinos refinados.\nY arrancará en este monte\nel velo que cubre a todos los pueblos\,\nel lienzo extendido sobre a todas las naciones.\nAniquilará la muerte para siempre.\nDios\, el Señor\, enjugará las lágrimas de todos los rostros\,\ny alejará del país el oprobio de su pueblo\n—lo ha dicho el Señor—.\nAquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios.\nEsperábamos en él y nos ha salvado.\nEste es el Señor en quien esperamos.\nCelebremos y gocemos con su salvación\,\nporque reposará sobre este monte la mano del Señor». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 22\,1-3a.3b-4.5.6 \nR/. Habitaré en la casa del Señor por años sin término \nV/. El Señor es mi pastor\, nada me falta:\nen verdes praderas me hace recostar;\nme conduce hacia fuentes tranquilas\ny repara mis fuerzas. R/. \nV/. Me guía por el sendero justo\,\npor el honor de su nombre.\nAunque camine por cañadas oscuras\,\nnada temo\, porque tú vas conmigo:\ntu vara y tu cayado me sosiegan. R/. \nV/. Preparas una mesa ante mí\,\nenfrente de mis enemigos;\nme unges la cabeza con perfume\,\ny mi copa rebosa. R/. \nV/. Tu bondad y tu misericordia me acompañan\ntodos los días de mi vida\,\ny habitaré en la casa del Señor\npor años sin término. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (15\,29-37): \nEN aquel tiempo\, Jesús\, se dirigió al mar de Galilea\, subió al monte y se sentó en él.\nAcudió a él mucha gente llevando tullidos\, ciegos\, lisiados\, sordomudos y muchos otros; los ponían a sus pies\, y él los curaba.\nLa gente se admiraba al ver hablar a los mudos\, sanos a los lisiados\, andar a los tullidos y con vista a los ciegos\, y daban gloria al Dios de Israel.\nJesús llamó a sus discípulos y les dijo:\n«Siento compasión de la gente\, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas\, no sea que desfallezcan en el camino».\nLos discípulos le dijeron:\n«¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?».\nJesús les dijo:\n«¿Cuántos panes tenéis?».\nEllos contestaron:\n«Siete y algunos peces».\nÉl mandó a la gente que se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces\, pronunció la acción de gracias\, los partió y los fue dando a los discípulos\, y los discípulos a la gente.\nComieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete canastos llenos. \nPalabra del Señor
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SUMMARY:Jueves de la I semana de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de Isaías (26\,1-6): \nAQUEL día\, se cantará este canto en la tierra de Judá:\n«Tenemos una ciudad fuerte\,\nha puesto para salvarla murallas y baluartes.\nAbrid las puertas para que entre un pueblo justo\,\nque observa la lealtad;\nsu ánimo está firme y mantiene la paz\,\nporque confía en ti.\nConfiad siempre en el Señor\,\nporque el Señor es la Roca perpetua.\nDoblegó a los habitantes de la altura\,\na la ciudad elevada;\nla abatirá\, la abatirá\nhasta el suelo\, hasta tocar el polvo.\nLa pisarán los pies\, los pies del oprimido\,\nlos pasos de los pobres».\nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 117\,1.8-9.19-21.25-27a \nR/. Bendito el que viene en nombre del Señor \nR/. Bendito el que viene en nombre del Señor. \nO bien: \nR/. Aleluya \nV/. Dad gracias al Señor porque es bueno\,\nporque es eterna su misericordia.\nMejor es refugiarse en el Señor\nque fiarse de los hombres\,\nmejor es refugiarse en el Señor\nque fiarse de los jefes. R/. \nV/. Abridme las puertas de la salvación\,\ny entraré para dar gracias al Señor.\nEsta es la puerta del Señor:\nlos vencedores entrarán por ella.\nTe doy gracias porque me escuchaste\ny fuiste mí salvación. R/. \nV/. Señor\, danos la salvación;\nSeñor\, danos prosperidad.\nBendito el que viene en nombre del Señor\,\nos bendecimos desde la casa del Señor;\nel Señor es Dios\, él nos ilumina. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (7\,21.24-27): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a sus discípulos:\n«No todo el que me dice “Señor\, Señor” entrará en el reino de los cielos\, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.\nEl que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia\, se desbordaron los ríos\, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió\, porque estaba cimentada sobre roca.\nEl que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia\, se desbordaron los ríos\, soplaron los vientos y rompieron contra la casa\, y se derrumbó. Y su ruina fue grande». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nJueves de la I semana de Adviento. \nEste día muestra la relación entre la vida personal y la convivencia social a la luz de la promesa de Dios. El destino de los pueblos está en manos de sus habitantes\, y si estos se dejan conducir por Dios\, su vida será feliz y su convivencia exitosa. Es responsabilidad de cada uno la suerte de su colectividad; esta no reposa principalmente sobre los líderes\, sino sobre los justos\, o sea\, los que respetan el derecho (primera lectura)\, o los que ponen en práctica el mensaje (evangelio). \n1. Primera lectura: promesa (Isa 26\,1-6).\nEl profeta canta un himno de acción de gracias por la victoria en el cual confronta el destino que tienen dos poblaciones: la «ciudad fuerte» (עִיר עָז) y la «urbe encaramada» (מָרוֹם קִרְיָה)\, es decir\, la plaza fuerte\, inaccesible. Y\, como el canto se entona «en territorio de Judá»\, la ciudad fuerte es Jerusalén. Pero no hay suficientes indicios para identificar a la «urbe encaramada». Podría ser la capital de Moab (cf. Isa 25\,12)\, o Babilonia (cf. Isa 23\,13; 25\,2) pero parece que su descripción se limita a proponerla como opuesta a la «ciudad fuerte» y en calidad de paradigma de todas las ciudades enemigas. En todo caso\, enfrenta dos formas de convivencia\, dos «ciudades» distintas:\n1.1. La «ciudad fuerte».\nEn 25\,3s hizo la oposición entre «un pueblo fuerte»\, que es el que reconoce la gloria del Señor\, y «la capital de los tiranos» (cf. Eze 28\,7; 30\,11; 31\,12; 32\,12: Babilonia)\, que respeta al Señor por haber sido protector del desvalido y baluarte del pobre\, es decir\, los caldeos vencidos reconocen que su derrota muestra que el Señor liberó y salvó a los suyos. No obstante\, la mención de Moab (Isa 25\,10)\, la cita de Jeremías respecto de Moab (Jer 48\,43-44 en Isa 24\,17-18)\, y la alusión a los viñedos (Isa 24\,7-9) –que evocan las viñas de Moab (cf. Isa 16\,7-10)– sugieren la destrucción de la capital de ese país en una fecha aún indeterminada.\nLa ciudad fuerte es la convivencia que construye el pueblo de Dios\, amurallada por la salvación\, cuyos habitantes son un pueblo justo\, que respeta sus compromisos con su Dios\, que confía en él\, porque él vela por ellos. Esa confianza es garantía de paz interna y de victoria sobre el enemigo exterior. El Señor es «la roca eterna» sobre la cual se edifica la «ciudad fuerte».\n1.2. La «urbe encaramada».\nEs la convivencia del pueblo enemigo\, orgullosa y pagada de sí misma\, incapaz de resistir el juicio de Dios. Está construida en alturas terrestres\, es decir\, en regiones montañosas\, por eso opuestas a «este monte»\, donde está el templo del Señor\, «mientras que Moab será pisoteado en su sitio» (Isa 25\,10). El contraste entre el orgullo de las gentes emplazadas en esos lugares montañosos y la acción del Señor que los aterriza es una imagen frecuente en el Antiguo Testamento para aludir al final de la arrogancia de los reinos opresores (cf. Jer 49\,16; 50\,31-32; Abd 3-4; Prv 16\,18). Por eso es abatida de su encumbramiento hasta «morder el polvo» (cf. 25\,12; Sal 72\,9)\, es decir\, sufre una derrota humillante\, que derriba su orgullo\, y la lleva a enfrentar después el desprecio de los que ella misma oprimió\, de las víctimas de su poderío.\nEste texto es una especie de meditación sobre el modo de actuar Dios en la historia. Es preciso tener en cuenta las formas de expresión y los propósitos del escritor para captar su sentido. \n2. Evangelio: cumplimiento (Mt 7\,21.24-27).\nLa casa es el linaje de cada persona y el ámbito mínimo de convivencia. Hasta allá nos lleva Jesús para valorar la raíz de nuestra capacidad de convivir. Y\, efectivamente\, esta depende de la opción de vida que cada uno haga. El ingreso al «reino de los cielos» (la convivencia humana universal según el designio de Dios) no se logra con aclamaciones altisonantes\, reconociendo de palabra el señorío de Jesús. En efecto\, afirmar que él es Señor implica declarar que él es el paradigma de hombre libre; reconocerlo como «Señor» entraña la disposición a vivir esa misma libertad; no se trata de un título que indique relación de sumisión o un simple tratamiento de cortesía\, sino del compromiso personal de llevar a cabo el designio del Padre (que\, por ser «del Padre»\, consiste en dar vida). Contrasta dos «casas»:\n2.1. La «casa edificada sobre roca».\nEl viviente realmente capaz de convivir es el que escucha el mensaje de Jesús para ponerlo por obra. Es decir\, entiende que el mensaje de Jesús no es un saber para expresarse\, sino transmisión de una experiencia para compartirla. Porque «las palabras» de Jesús infunden el Espíritu Santo\, que es vida divina\, para «vivir» a la manera de Dios. En eso consiste su sensatez o sabiduría: en encontrar el mejor modo de vivir y convivir. Esto se comprueba frente a la adversidad (la lluvia\, los vientos\, la riada)\, que no logra vencer la entereza del amor ni la firmeza que se deriva de un propósito tan firme como es la adhesión a su persona\, el compromiso con su obra y la fidelidad a su mensaje. «El Señor es la roca perpetua» (Isa 26\,4). La promesa se cumple para quienes tienen su apoyo en su designio amoroso\, y no en mezquinos designios humanos.\n2.2. La «casa edificada sobre arena».\nTodo el que escucha el mensaje\, pero no lo pone por obra es un viviente incapaz de convivir en forma constructiva. La buena noticia exige replantear las sociedades humanas. Si el mensaje de Jesús es reducido a una hermosa doctrina\, pierde su capacidad renovadora y termina siendo una despreciable estupidez\, como la sal que se vuelve «necia» (cf. Mt 5\,13). Carece de sentido querer construir algo firme sobre lo que es inestable. El que pretende edificar su vida y su convivencia sobre una ascética creencia religiosa en torno del respeto a Jesús y a la invocación de su nombre pierde su tiempo y esfuerzo\, porque ese proyecto es inviable. Con eso solo demuestra su necedad o inexperiencia\, suponiendo que es suficiente saber y hablar\, sin comprometer su vida a realizar el amor universal del Padre. Por eso\, la adversidad –la misma indicada en el caso anterior– da al traste con su proyecto individual de vida y social de convivencia\, que fracasa estrepitosamente. \nLa promesa asegura que\, cuando hay confianza en Dios\, él salva. El cumplimiento de la promesa precisa que esa confianza se concreta en la fe en Jesús\, y la fe en el hecho de escuchar su mensaje con decisión de vivirlo. La convivencia exitosa depende de la sensatez de la vida. Y esa sensatez consiste en comprometerse a poner en práctica el designio del Padre. Ese es el designio que\, en el padrenuestro\, pedimos que se realice en la tierra tal como fue concebido en el cielo.\nLa humanidad anhela una convivencia armoniosa\, pacífica. Los seguidores de Jesús tenemos la tarea de insistir en que esa convivencia solo la logra «un pueblo justo que honra sus compromisos con su Dios». Los obispos de Latinoamérica y el Caribe lo dijeron así en 1968: «No tendremos un continente nuevo sin nuevas y renovadas estructuras; sobre todo\, no habrá continente nuevo sin hombres nuevos\, que a la luz del Evangelio sepan ser verdaderamente libres y responsables» (CELAM 1\,3). Hombres nuevos que construyen una nueva sociedad: ellos cumplen la promesa.\nEl cumplimiento de la promesa no se retrasa por los dirigentes del pueblo\, sino por las decisiones de los miembros del pueblo. Si es un pueblo justo\, no se retrasa. No basta con decir «Amén» de labios para afuera al recibir la eucaristía; es preciso vivir ese «Amén» con la fe de María\, quien se jugó su vida entera por Jesús declarándose «la sierva del Señor».\nFeliz jueves eucarístico y vocacional.
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SUMMARY:Viernes de la I semana de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de Isaías (29\,17-24): \nESTO dice el Señor:\n«Pronto\, muy pronto\,\nel Líbano se convertirá en vergel\,\ny el vergel parecerá un bosque.\nAquel día\, oirán los sordos las palabras del libro;\nsin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos.\nLos oprimidos volverán a alegrarse en el Señor\,\ny los pobres se llenarán de júbilo en el Santo de Israel;\nporque habrá desaparecido el violento\, no quedará rastro del cínico;\ny serán aniquilados los que traman para hacer el mal:\nlos que condenan a un hombre con su palabra\,\nponen trampas al juez en el tribunal\,\ny por una nadería violan el derecho del inocente.\nPor eso\, el Señor\, que rescató a Abrahán\,\ndice a la casa de Jacob:\n“Ya no se avergonzará Jacob\,\nya no palidecerá su rostro\,\npues\, cuando vean sus hijos mis acciones en medio de ellos\,\nsantificarán mi nombre\,\nsantificarán al Santo de Jacob\ny temerán al Dios de Israel”.\nLos insensatos encontrarán la inteligencia\ny los que murmuraban aprenderán la enseñanza». \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 26\,1.4.13-14 \nR/. El Señor es mi luz y mi salvación. \nR/. El Señor es mi luz y mi salvación. \nV/. El Señor es mi luz y mi salvación\,\n¿a quién temeré?\nEl Señor es la defensa de mi vida\,\n¿quién me hará temblar? R/. \nV/. Una cosa pido al Señor\,\neso buscaré:\nhabitar en la casa del Señor\npor los días de mi vida;\ngozar de la dulzura del Señor\,\ncontemplando su templo. R/. \nV/. Espero gozar de la dicha del Señor\nen el país de la vida.\nEspera en el Señor\, sé valiente\,\nten ánimo\, espera en el Señor. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (9\,27-31): \nEN aquel tiempo\, dos ciegos seguían a Jesús\, gritando:\n«Ten compasión de nosotros\, hijo de David».\nAl llegar a la casa se le acercaron los ciegos\, y Jesús les dijo:\n«¿Creéis que puedo hacerlo?».\nContestaron:\n«Sí\, Señor».\nEntonces les tocó los ojos\, diciendo:\n«Que os suceda conforme a vuestra fe».\nY se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente:\n«¡Cuidado con que lo sepa alguien!».\nPero ellos\, al salir\, hablaron de él por toda la comarca. \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \n\nViernes de la I semana de Adviento. \nLa fe tiene un doble efecto\, es liberadora y salvadora. Al aceptar y declarar en público el señorío del Mesías Jesús\, el seguidor del Señor se emancipa interior y exteriormente del dominio de sus propios impulsos\, de la tiranía de otros hombres\, y de la sujeción a los falsos valores. Esta libertad es condición indispensable para ser persona\, y ser persona es imprescindible para ser feliz.\nEl mensaje de hoy es una promesa de liberación cumplida. Con imágenes que expresan creación de vida en donde había muerte (reverdecimiento del bosque y la selva\, restauración de órganos de los sentidos dañados\, consolación para los oprimidos y los pobres) y neutralización de quienes causan el mal (tiranos\, cínicos\, malhechores\, calumniadores)\, el profeta anuncia esa promesa de liberación. Y\, con el don de la libertad interior\, Jesús la cumple. \n1. Primera lectura: promesa (Isa 29\,17-24).\nCon un oráculo de inminente restauración total anuncia el profeta la intervención del Señor para «redimir» (liberar) a su pueblo. La idea de que el Señor va a trastornar a su manera el papel que los sabios se han querido arrogar corresponde a un procedimiento característico de Isaías (cf. Isa 28\,9-13; 29\,14). Aquí se trata de la percepción que ellos tienen de la historia\, distinta de la que el Señor va a presentarles; él sí sabe hacia dónde apuntan los acontecimientos.\nComienza por anunciar la pronta restauración de la naturaleza\, y prosigue con la restauración del ser humano. No tarda Dios en rehacer los bosques que destruyó el invasor; tampoco se demora en recrear a su pueblo. Él tiene a la vista lo que los sabios ni siquiera presienten. La restauración del hombre y de la naturaleza muestra la interdependencia que estas dos realidades tienen en el designio de Dios\, e indican que el profeta concibe dicha restauración como una recuperación de la paz del paraíso. Dios insiste en el plan que originalmente manifestó con la creación.\nLos sentidos del oído y de la vista sirven para dar una idea de la liberación (cf. Isa 6\,10): «oír las palabras del libro» (cf. 29\,10-12) hace referencia a que de nada sirven los oráculos de los profetas si el pueblo tiene sus oídos cerrados a ellos; el hecho de que los ojos del ciego puedan «ver sin tinieblas ni obscuridad» (cf. Amós 5\,20; Sal 11\,2)\, alude a que no valen los libros sagrados para quien no sabe leer\, ni de nada sirve saber leer si el libro está sellado. Estas metáforas implican la libertad interior para oír las palabras del Señor\, y la libertad exterior para seguirlo.\nPor eso\, los oprimidos y los pobres celebrarán con el Señor\, porque se acabarán los violentos («tiranos») y los embusteros («cínicos») que se desvelan por causar daño a los demás; porque los que se aprovechan del sistema legal para hundir al inocente serán neutralizados. El pueblo que ha confiado en Dios no se avergonzará de haberlo hecho cuando vea actuar la mano liberadora del Señor. Reconocerán y proclamarán que el (nombre del) Señor es santo\, es decir\, recto\, justo\, bienhechor. Los que dudaron o se resistieron no podrán negar que el Señor actuó en su historia. \n2. Evangelio: cumplimiento (Mt 9\,27-31).\n«Dos» es el mínimo de un grupo\, cantidad suficiente para referirse a la actitud de varias personas. Los «dos ciegos» de los que habla el evangelista representan a un colectivo que «sigue» a Jesús\, pero que manifiesta una desesperación («gritando») porque los frustra que no haya sucedido algo que esperan de él. Esta insatisfacción se deduce del nombre con el que lo invocan (υἱός Δαυίδ): «hijo de David». Han estado esperando que Jesús se manifieste como un mesías guerrero\, en la línea de David\, y\, como sus expectativas no se han cumplido\, muestran su decepción pidiéndole a gritos que él colme sus aspiraciones (ἐλέησον ἡμᾶς: «ten compasión de nosotros»). Estos ciegos personifican a cierto grupo de discípulos. Su ceguera\, pues\, consiste en la mentalidad mesiánica nacionalista que los aprisiona como una mazmorra mental\, y los enclaustra en la tiniebla de una falsificación. Ellos quieren que Jesús los libere de esa frustración que sienten.\nHay un trecho indefinido en el que Jesús no da oídos a esa petición. Queda la impresión de que a lo largo de un cierto trayecto de su «seguimiento» ellos esperan en vano que Jesús responda a su petición como «Señor\, Hijo de David»\, que es la forma como lo invocan. Ese trecho no indica que Jesús sea indiferente al drama que los atormenta\, se trata de una oportunidad que él les da para que reflexionen; es una especie de silencio de Dios que los invita a descubrir que su pedido es desacertado.\nEn «la casa» (οἰκία)\, el espacio de la comunidad de Jesús\, él les pregunta por su confianza en él\, en que él es capaz de liberarlos de esa ceguera suya. Jesús hace depender la eficacia de su acción liberadora de la fe de ellos en él. Ahora\, ya no se dirigen a él llamándolo «Hijo de David»\, sino «Señor». Esto implica un cambio de ellos en relación con Jesús\, cambio que sugiere el contenido de la fe. Esta no consiste en una declaración doctrinal\, sino en una relación personal. Han dado el paso de una ideología nacionalista y guerrera («Hijo de David») a una relación personal de tipo liberador («Señor»). Primero\, lo llamaron en dos ocasiones «Señor\, Hijo de David» (vv. 30.31)\, a pesar del reproche de la multitud\, denominación que implica cierto sincretismo judeocristiano; luego\, a consecuencia del llamado de Jesús y de su diálogo con él\, se dirigieron a él como «Señor» (v. 33)\, y le pidieron que les «abriera» los ojos.\nEl gesto de tocarles los ojos implica que les infunde vida (Espíritu Santo) para cambiar su visión. La apertura de los ojos no es total (ἀνοίγω\, no διανοίγω)\, lo que implica que no es «grande» la fe de ellos. Por eso advierte Jesús que lo que él haga por ellos depende de la fe que ellos realmente tengan\, y\, consciente de que no es mucha la fe de ellos\, les advierte con severidad que no hablen del asunto\, porque\, dada su fe inmadura\, pueden tergiversar el hecho y dar de él una impresión errada\, como la que en vano han querido superar. Pero (y esto prueba la inmadurez de su fe) no le hacen caso a Jesús\, sino que propagan por doquier la visión que ellos tienen de él. \nEn el lenguaje de los profetas\, dar vista a los ciegos constituye una metáfora muy recurrente de liberación (cf. Isa 35\,5.10; 42\,6; 46\,9-10). En el relato no se usa el verbo «curar» ni sus sinónimos\, sino «abrir» los ojos\, expresión semejante a la usada en español para significar que una persona es sacada de la ignorancia\, o convencida de que era errado un punto de vista que sostenía como cierto. «Abrirles los ojos a los ciegos» equivale a desengañar a los engañados.\nEl verbo «liberar» traduce más apropiadamente que «redimir» la acción indicada por los verbos hebreo (פדה) y griego (ἀπολυτρόω) usados en la Biblia\, por estar este («redimir») ligado a la cultura de la compraventa de esclavos. Jesús no «compra» nuestra libertad\, nos la da por la acción interior del Espíritu Santo\, en la medida de nuestra adhesión a él\, y no para someternos a él\, sino para que seamos libres (cf. 2Cor 3\,17); no nos hace «esclavos»\, nos hace igualmente señores como él (cf. Jn 15\,15). Jesús nos libera para que vivamos en la libertad del Espíritu (cf. Gal 5\,1).\nDios cumple sobradamente su promesa. Nuestra comunión con el Señor Jesús\, expresada en el sacramento de la eucaristía\, es impulso a nuestra liberación\, para que seamos cada día más libres\, hasta alcanzar la libertad plena y definitiva en el reino del Padre.\nFeliz viernes.
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SUMMARY:Sábado de la I semana de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (30\,19-21.23-26): \nESTO dice el Señor\, el Santo de Israel:\n«Pueblo de Sión\, que habitas en Jerusalén\,\nno tendrás que llorar\,\nse apiadará de ti al oír tu gemido:\napenas te oiga\, te responderá.\nAunque el Señor te diera\nel pan de la angustia y el agua de la opresión\nya no se esconderá tu Maestro\,\ntus ojos verán a tu Maestro.\nSi te desvías a la derecha o a la izquierda\,\ntus oídos oirán una palabra a tus espaldas que te dice: “Éste es el camino\, camina por él”.\nTe dará lluvia para la semilla\nque siembras en el campo\,\ny el grano cosechado en el campo\nserá abundante y suculento;\naquel día\, tus ganados pastarán en anchas praderas;\nlos bueyes y asnos que trabajan en el campo\ncomerán forraje fermentado\,\naventado con pala y con rastrillo.\nEn toda alta montaña\,\nen toda colina elevada\nhabrá canales y cauces de agua\nel día de la gran matanza\, cuando caigan las torres.\nLa luz de la luna será como la luz del sol\,\ny la luz del sol será siete veces mayor\,\ncomo la luz de siete días\,\ncuando el Señor vende la herida de su pueblo\ny cure las llagas de sus golpes».\nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 146\,1-2.3-4.5-6 \nR/. Dichosos los que esperan en el Señor \nV/. Alabad al Señor\, que la música es buena;\nnuestro Dios merece una alabanza armoniosa.\nEl Señor reconstruye Jerusalén\,\nreúne a los deportados de Israel. R/. \nV/. Él sana los corazones destrozados\,\nvenda sus heridas.\nCuenta el número de las estrellas\,\na cada una la llama por su nombre. R/. \nV/. Nuestro Señor es grande y poderoso\,\nsu sabiduría no tiene medida.\nEl Señor sostiene a los humildes\,\nhumilla hasta el polvo a los malvados. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (9\,35–10\,1.6-8): \nEN aquel tiempo\, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas\, enseñando en sus sinagogas\, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.\nAl ver a las muchedumbres\, se compadecía de ellas\, porque estaban extenuadas y abandonadas\, «como ovejas que no tienen pastor».\nEntonces dice a sus discípulos:\n«La mies es abundante\, pero los trabajadores son pocos; rogad\, pues\, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».\nLlamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia.\nA estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:\n«Id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos\, resucitad muertos\, limpiad leprosos\, arrojad demonios. Gratis habéis recibido\, dad gratis». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nSábado de la I semana de Adviento. \nLa segunda consecuencia de la fe es una experiencia de «salvación» (nueva vida)\, que el seguidor de Jesús tiene gracias al don del Espíritu Santo. La fe es la respuesta del ser humano a la propuesta que Dios le hace por medio de Jesús; y la infusión de vida es la respuesta de Dios a la fe. Así se realiza el diálogo de la salvación: a una fe más firme corresponde una experiencia mucho más intensa del don del Espíritu Santo. Al principio\, Abraham entendió la promesa de vida como «un descendiente»; después\, como una descendencia tan numerosa como la arena del mar o las estrellas del cielo; más tarde\, sus descendientes la entendieron como la garantía de supervivencia para el pueblo; luego\, como supervivencia personal y\, finalmente\, con Jesús\, quedó claro que la promesa era el don del Espíritu para vivir plenamente\, como Dios. \n1. Primera lectura: promesa (Isa 30\,19-21.23-26).\nLa salvación tiene dos obstáculos\, la injusticia y la negación del derecho. El injusto se aparta de Dios; el transgresor del derecho\, del prójimo. Por eso tarda la salvación\, porque el Señor es justo y recto. Pero él está siempre dispuesto a apiadarse (cf. Isa 30\,18)\, a escuchar al pueblo que llora y gime (cf. Exo 3\,7; 6\,5)\, puesto que en eso consiste su justicia (cf. Isa 5\,16 con 30\,18)\, y por ello la dicha de los que esperan en él está fuera de duda (cf. Isa 56\,2; Sal 1\,1; 2\,12; 32\,1-2; 33\,12; 4\,5). Las privaciones que sufre el pueblo («el agua tasada\, el pan medido») son responsabilidad suya. El Señor siempre será el Maestro que guía al pueblo. Y\, como maestro siempre paciente\, le indica a su pueblo que necesita tomar dos grandes decisiones: la enmienda (v. 21: volver al derecho) y la conversión (v. 22\, omitido: renunciar a los ídolos).\nTras esos dos pasos\, el cumplimiento de la promesa de vida se desborda como un torrente:\nEn primer lugar\, en la cultura agrícola: se acaba el tiempo del «agua tasada y el pan medido»\, y la vida abundará donde abunden las condiciones para la misma. La lluvia significará la bendición del trabajo del hombre anulando la maldición del pecado (cf. Gen 3\,17-19); sobre la siembra se derramará generosa\, y la tierra producirá cosecha que significará alimento suculento y abundante. Este alimento no es solo para el ser humano\, como se aprecia a continuación.\nEn segundo lugar\, en la cultura pecuaria: los ganados podrán pastar y estarán bien alimentados\, de modo que los ayudantes del hombre en sus tareas disfruten a placer. El «forraje fermentado» (literalmente: «forraje salado») era un forraje especialmente preparado y muy apreciado por los ganados. Un proverbio árabe dice que «el forraje dulce es el pan para los camellos»\, pero que «el forraje saldado es su mermelada». Se insinúa el regocijo del mundo animal.\nEn tercer lugar\, en la prodigalidad de la naturaleza: el agua abundante\, expresada con una imagen audaz («de toda montaña\, de toda colina… aguas abundantes»)\, quiere significar que la hechura de canales de riego reemplazará los trabajos de defensa («torres»: cf. Isa 2\,112-15; 26\,5). En tanto que el sol («la Ardiente») y la luna («la Cándida»)\, considerados como divinidades por los paganos\, pierden luz cuando el Señor viene a juzgar las naciones (cf. Isa 24\,23)\, cuando él salva a su pueblo estos astros se ponen al servicio del Señor de los ejércitos (celestes) para beneficiar a su pueblo. \n2. Evangelio: cumplimiento (Mt 9\,35-10\,1.5-8).\nJesús viene ahora como Maestro («enseñando»)\, y con su enseñanza «curando» (θεραπεύων) todas las enfermedades y los dolores del pueblo (cf. 4\,23-24)\, es decir\, le pone remedio a la situación «proclamando la buena noticia del reino y curando así todo achaque y dolencia». Su mensaje\, la alternativa del reino\, le ofrece solución al malestar del pueblo que sufre. El verbo «curar» denota la iniciativa amorosa de Jesús que acude –antes de cualquier manifestación de fe– a hacer el bien\, y ese bien se concreta primero en una actividad decididamente liberadora en todos los espacios habitados («todos los pueblos y aldeas») a favor de los alienados (νόσος) y dominados (μαλακία).\nLa calidad de vida de las multitudes es muy precaria\, «andaban como maltrechas y derrengadas» (una vida menguada)\, «como ovejas sin pastor» (convivencia carente de armonía y conducción). Lo primero que él hace es sensibilizar a sus discípulos para que tomen conciencia de la situación; es preciso que vean con claridad lo que tienen ante sus ojos y no ven (cf. 13\,13-14)\, Y enseguida los invita a ponerse ellos a disposición del «dueño» de la mies (Dios\, el sembrador del mensaje: cf. 13\,1-8) para realizar su designio (recoger la cosecha) como «braceros» suyos. La mala calidad de vida de la gente adicta a «las sinagogas de ellos» (cf. 9\,35) no corresponde al designio divino\, así como tampoco es voluntad suya la caótica convivencia social. Y sus discípulos deben verlo y comprometerse consecuentemente con el auténtico designio del Padre (cf. 7\,21; 12\,50).\nLa tarea de la salvación exige una capacitación. En primer lugar\, Jesús los dota de su «autoridad» (ἐξουσία)\, capacidad de estimular e impulsar la libertad de la gente. La palabra «autoridad» denota\, en griego\, la capacidad de actuar con autonomía y de estimular a los otros a proceder del mismo modo. El término «autoridad»\, en español\, deriva del verbo latino «augeo»\, que significa «hacer crecer». En síntesis\, «autoridad» es la capacidad de exteriorizar la propia libertad a fin de estimular el uso de la misma e impulsar el crecimiento humano de otros. Esta «autoridad» conferida por Jesús es el don del Espíritu Santo\, que él les da a sus seguidores con una doble finalidad:\n• Primera\, «expulsar» (todos) los espíritus inmundos. Como el Espíritu Santo libera\, los «espíritus inmundos» (que alejan de Dios) privan de libertad. Expulsarlos es liberar a los seres humanos. Esa expulsión se verifica mediante el mensaje de Jesús\, que tiene autoridad (cf. 8\,28-29)\, se cifra en el amor universal. En su mínima expresión\, este mensaje sanea las relaciones (cf. 8\,9.13).\n• Segunda\, como fruto de lo anterior\, «curar» todo achaque (νόσος) y toda dolencia (μαλακία); o sea\, invalidar la mentira que oprime la mente (νοῦς) y la ira que debilita la voluntad (μαλακίζω). Cuando se ha asimilado el mensaje del amor universal\, y se vive\, la persona\, liberada para amar\, tiene la «autoridad» para comunicar a los demás esa libertad para amar (cf. 9\,8; 28\,18-20).\nLas instrucciones limitan esta primera misión a los primeros destinatarios de la promesa\, para ir en ayuda de las ovejas sin pastor («ovejas descarriadas»)\, han de llevar el mismo mensaje que él (cf. Mt 4\,17) para infundir vida\, como él\, allí donde esta ha menguado por falta de amor. El amor se recibe gratuitamente\, y así se entrega (θεραπεύω). \nLa salvación desborda la vida física\, pero pasa a través de ella\, porque la conversión a Dios\, que obtiene el Espíritu\, supone y exige la enmienda de vida\, que reconoce y respeta el derecho del prójimo. No hay vida nueva (salvación) sin convivencia justa (enmienda)\, por eso el mensaje del reino empieza por poner remedio a la injusticia («curar»)\, y conduce a la más alta expresión de justicia (cf. 5\,20)\, la del reino de Dios\, que es la justicia derivada del amor cristiano.\nEl don del Espíritu Santo\, que permite experimentar personalmente la salvación como don del amor del Padre\, capacita también para amar del mismo modo\, y\, por lo mismo\, para «salvar»\, es decir\, para infundir esa misma vida. La vida que recibimos de modo gratuito\, y del mismo modo transmitimos\, se expresa en el sacramento de la eucaristía\, que es don generoso de amor\, y se ha de prolongar a través nuestro\, en conmemoración gozosa de la entrega del cuerpo del Señor.\nFeliz sábado en compañía de María\, la madre del Señor.
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SUMMARY:II Domingo de Adviento. Ciclo B.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (40\,1-5.9-11): \n«Consolad\, consolad a mi pueblo\, –dice vuestro Dios–; hablad al corazón de Jerusalén\, gritadle\, que se ha cumplido su servicio\, y está pagado su crimen\, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados.»\nUna voz grita: «En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten\, que montes y colinas se abajen\, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor\, y la verán todos los hombres juntos –ha hablado la boca del Señor–.»\nSúbete a un monte elevado\, heraldo de Sión; alza fuerte la voz\, heraldo de Jerusalén; álzala\, no temas\, di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios. Mirad\, el Señor Dios llega con poder\, y su brazo manda. Mirad\, viene con él su salario\, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño\, su brazo lo reúne\, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres.» \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 84\,9ab-10.11-12.13-14 \nR/. Muéstranos\, Señor\, tu misericordia y danos tu salvación \nVoy a escuchar lo que dice el Señor:\n«Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.»\nLa salvación está ya cerca de sus fieles\,\ny la gloria habitará en nuestra tierra. R/. \nLa misericordia y la fidelidad se encuentran\,\nla justicia y la paz se besan;\nla fidelidad brota de la tierra\,\ny la justicia mira desde el cielo. R/. \nEl Señor nos dará la lluvia\,\ny nuestra tierra dará su fruto.\nLa justicia marchará ante él\,\nla salvación seguirá sus pasos. R/.\n\n\nSegunda lectura\nLectura de la segunda carta del apóstol san Pedro (3\,8-14): \nNo perdáis de vista una cosa: para el Señor un día es como mil años\, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa\, como creen algunos. Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros\, porque no quiere que nadie perezca\, sino que todos se conviertan. El día del Señor llegará como un ladrón. Entonces el cielo desaparecerá con gran estrépito; los elementos se desintegrarán abrasados\, y la tierra con todas sus obras se consumirá. Si todo este mundo se va a desintegrar de este modo\, ¡qué santa y piadosa ha de ser vuestra vida! Esperad y apresurad la venida del Señor\, cuando desaparecerán los cielos\, consumidos por el fuego\, y se derretirán los elementos. Pero nosotros\, confiados en la promesa del Señor\, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia. Por tanto\, queridos hermanos\, mientras esperáis estos acontecimientos\, procurad que Dios os encuentre en paz con él\, inmaculados e irreprochables. \nPalabra de Dios\n\n\nEvangelio\nLectura del santo evangelio según san Marcos (1\,1-8): \nComienza el Evangelio de Jesucristo\, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor\, allanad sus senderos.”»\nJuan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran\, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén\, confesaban sus pecados\, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello\, con una correa de cuero a la cintura\, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.\nY proclamaba: «Detrás de mí viene el que puede más que yo\, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua\, pero él os bautizará con Espíritu Santo.» \nPalabra del Señor \n\n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general \nII Domingo de Adviento. Ciclo B. \nEl mensaje de la buena noticia está precedido y preparado por una exhortación a la enmienda de vida (μετάνοια). Esta es distinta de la respuesta a la buena noticia\, la conversión (ἐπιστροφή); sin embargo\, la segunda exige e incluye la primera.\nLa enmienda de vida implica dos cambios\, el de mentalidad y el de conducta\, y se concreta en una relación más justa entre las personas. Esto significa que el camino del Señor se prepara con el crecimiento humano en justicia e igualdad\, porque es imposible convertirse a Dios («creer») sin acoger y respetar al semejante. Eso sí\, el que verdaderamente se convierte lo demuestra siendo más que justo\, amando\, que es una rectitud de vida superior a la exigida por las leyes. La justicia legal se puede considerar como la más pequeña proporción del amor y\, por lo mismo\, de la fe. \nMc 1\,1-8.\nEl texto del evangelio propuesto para hoy contiene el título de todo el libro y cuatro anuncios: una promesa de Dios\, su cumplimiento\, Juan como precursor del Mesías\, y el mensaje de Juan.\n1. Título\nEl autor no se propone exponer la buena noticia\, sino remitir a sus orígenes. Da por sentada la experiencia («buena») que sus destinatarios ya tienen del mensaje («noticia») de Jesús\, a quien se refiere con dos títulos: «Mesías»\, que es designación judía\, e «Hijo de Dios»\, que es designación universal (válida para judíos y paganos). La buena noticia se remite a Jesús\, es decir\, a su persona\, a su obra y a su mensaje.\n2. Promesa de Dios.\nLos orígenes de la buena noticia están en una promesa de liberación y salvación hecha ya desde antiguo «como está escrito». La Escritura mantiene la memoria de la promesa y\, en cierto modo\, la garantiza. Cita dos textos: el primero se refiere a la salida de Egipto (cf. Exo 23\,20)\, el segundo\, al retorno de Babilonia (Isa 40\,3). Esto hace ver que el cumplimiento de la promesa se verifica en todas las épocas de la historia del pueblo. Y también muestra que hay que «preparar» el camino para el cumplimiento de la misma\, es decir\, los destinatarios no tienen un papel pasivo. Los dos textos citados hablan de un portavoz de parte de Dios («ángel»\, «heraldo»)\, de un «camino» que hay que recorrer y de unas advertencias a los destinatarios de la promesa.\n3. Cumplimiento de la promesa.\nFue así como «se presentó Juan Bautista»\, el mensajero de parte de Dios. El lugar de su presencia («el desierto») y el símbolo que propuso («un bautismo») hacen referencia a la salida de Egipto en un orden inverso: la travesía del desierto y el paso del río Jordán. Y es porque el bautismo es\, a la vez\, signo de «enmienda» personal\, por la cual cada uno renuncia a su propia injusticia\, para así obtener el perdón de Dios\, y reanudación colectiva del camino del éxodo para así entrar en la definitiva tierra prometida. No se trata de sepultar en las aguas el ejército de un país enemigo\, sino la propia injusticia\, los propios pecados. Ellos son el verdadero enemigo del pueblo.\nLa respuesta de aceptación general es una «salida» que indica la voluntad de «preparar el camino del Señor» y muestra una población dispuesta a aceptar su responsabilidad y resuelta a «rectificar sus senderos». Esta es la reacción inicial que muestran los oyentes de Juan: una «salida» masiva y enseguida se produce un reconocimiento individual de injusticias («pecados») y la disposición a enmendarse\, manifestada con el signo de la inmersión en el río Jordán. Antaño\, la entrada en la tierra prometida se dio atravesando del Jordán; ahora\, la entrada a la nueva tierra prometida se dará saliendo de la injusticia a través de la enmienda.\nLos destinatarios de la proclama que Juan pregonaba «desde del desierto»\, lugar alternativo a la ciudad\, aceptan que la promesa de Dios requiere que ellos participen de su cumplimiento\, y que ese cumplimiento se dará en la medida que ellos reconozcan y rectifiquen sus injusticias.\n4. Juan\, precursor.\nJuan encarna al mensajero («ángel») que Dios envía por delante (cf. Exo 23\,20). Él es el precursor del Mesías\, quien va a encabezar el nuevo y definitivo éxodo. Con su actividad prepara «el camino del Señor». Su vestido lo caracteriza con rasgos del profeta Elías (cf. 2Rey 1\,8)\, que debía ser el precursor del Mesías (cf. Mal 3\,23) con sus exigencias de fidelidad y rectitud\, reconciliando así lo antiguo con lo nuevo y lo nuevo con lo antiguo (cf. Mal 3\,24). Su dieta corresponde a la de un nómada\, a lo que podía conseguir en el desierto\, lo que sugiere que Juan se ha desvinculado de la sociedad que él denuncia como injusta\, y que no depende de ella para vivir desde ningún punto de vista\, político o religioso. Su «bautismo» es símbolo de muerte (cf. Mc 10\,38-39)\, invitación a romper definitivamente vínculos con la sociedad injusta\, y a cambiar la lealtad a ella para empezar una nueva vida y anudar nuevas relaciones de convivencia social con los demás.\nSi en otro tiempo hubo que «salir» de Egipto\, y siglos más tarde también de Babilonia\, ahora\, y por la misma razón\, hay que romper con el modo de vida y convivencia de su propia sociedad. Y esta ruptura se expresa con el bautismo\, que es una forma ritual de muerte al propio pasado.\n5. Mensaje de Juan.\nSu proclama anuncia a uno que viene detrás suyo\, de quien él se declara precursor. Lo describe como alguien que es «más fuerte» que él\, expresión que alude a que tiene un derecho superior al suyo. Al decir que él no es el indicado para agacharse a desatarle la correa de las sandalias aclara a qué derecho se refiere aludiendo a un rito por el cual uno se apropiaba del derecho de esposo\, según la ley judía del levirato (cf. Rut 3\,5-11). Esto significa que Juan no se apropia del papel de «esposo» del pueblo\, papel exclusivo de Dios (cf. Ose 2\,4-22; Isa 54\,62; Eze 16\,8-14) y que ahora le corresponde a Jesús (cf. Mc 2\,19-20); es decir\, será Jesús quien realizará con el pueblo la nueva alianza (cf. Jer 2\,2; 31\,31-34). En vez de un agua purificadora\, Juan anuncia que «el que viene» les infundirá el Espíritu Santo que Dios había prometido (cf. Isa 44\,3-5; Eze 36\,26-28)\, el que le comunica al ser humano fuerza de amor y de vida y lo consagra para Dios. Por eso\, también\, es «más fuerte»\, porque comunica fuerza divina.\nLos que Juan ha bautizado con agua serán los mismos que bautizará con Espíritu Santo «el que llega detrás» de él. Hay continuidad entre preparación y cumplimiento. \nEl camino del Señor se prepara con el cambio radical de vida y de convivencia social. La promesa de Dios se puede cumplir en todas las épocas de la historia\, y en cada una de ellas se cumplirá de manera adecuada. Los israelitas en Egipto la vieron cumplida de un modo\, los judíos cautivos en Babilonia\, de otro. Pero todos vivieron una experiencia de liberación y salvación.\nEsta promesa también vale para los creyentes de toda época. Y también significa experiencia de liberación; se refiere tanto a la libertad de acción como a la libertad de opción\, crecimiento de libertad interior y exterior; pero no se detiene allí. De modo semejante\, significa experiencia de salvación\, y se refiere a la experiencia de nueva vida\, en el presente\, y después de la muerte.\nPreparamos ahora el camino del Señor con la enmienda que transforma nuestra mente y nuestra conducta\, nuestra vida y nuestra convivencia. Las comunidades cristianas no solo conmemoran un suceso pasado\, lo actualizan y avizoran su pleno cumplimiento futuro. Y eso lo celebramos en la eucaristía\, donde el Señor «viene».\n¡Feliz día del Señor!
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SUMMARY:Lunes de la II semana de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (35\,1-10): \nEL desierto y el yermo se regocijarán\,\nse alegrará la estepa y florecerá\,\ngerminará y florecerá como flor de narciso\,\nfestejará con gozo y cantos de júbilo.\nLe ha sido dada la gloria del Líbano\,\nel esplendor del Carmelo y del Sarón.\nContemplarán la gloria del Señor\,\nla majestad de nuestro Dios.\nFortaleced las manos débiles\,\nafianzad las rodillas vacilantes;\ndecid a los inquietos:\n«Sed fuertes\, no temáis.\n¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite\,\nla retribución de Dios.\nViene en persona y os salvará.»\nEntonces se despegarán los ojos de los ciegos\,\nlos oídos de los sordos se abrirán;\nentonces saltará el cojo como un ciervo\,\ny cantará la lengua del mudo\,\nporque han brotado aguas en el desierto\ny corrientes en la estepa.\nEl páramo se convertirá en estanque\,\nel suelo sediento en manantial.\nEn el lugar donde se echan los chacales\nhabrá hierbas\, cañas y juncos.\nHabrá un camino recto.\nLo llamarán «Vía sacra».\nLos impuros no pasarán por él.\nÉl mismo abre el camino\npara que no se extravíen los inexpertos.\nNo hay por allí leones\,\nni se acercarán las bestias feroces.\nLos liberados caminan por ella\ny por ella retornan los rescatados del Señor.\nLlegarán a Sión con cantos de júbilo:\nalegría sin límite en sus rostros.\nLos dominan el gozo y la alegría.\nQuedan atrás la pena y la aflicción. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 84\,9ab-10.11-12.13-14 \nR/. He aquí nuestro Dios; viene en persona y nos salvará. \nV/. Voy a escuchar lo que dice el Señor:\n«Dios anuncia la paz\na su pueblo y a sus amigos».\nLa salvación está cerca de los que lo temen\,\ny la gloria habitará en nuestra tierra. R/. \nV/. La misericordia y la fidelidad se encuentran\,\nla justicia y la paz se besan;\nla fidelidad brota de la tierra\,\ny la justicia mira desde el cielo. R/. \nV/. El Señor nos dará la lluvia\,\ny nuestra tierra dará su fruto.\nLa justicia marchará ante él\,\nY sus pasos señalarán el camino. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (5\,17-26): \nUN día\, estaba Jesús enseñando\, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley\, venidos de todas las aldeas de Galilea\, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con él para realizar curaciones.\nEn esto\, llegaron unos hombres que traían en una camilla a un hombre paralítico y trataban de introducirlo y colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo a causa del gentío\, subieron a la azotea\, lo descolgaron con la camilla a través de las tejas\, y lo pusieron en medio\, delante de Jesús. Él\, viendo la fe de ellos\, dijo:\n«Hombre\, tus pecados están perdonados».\nEntonces se pusieron a pensar los escribas y los fariseos:\n«¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?».\nPero Jesús\, conociendo sus pensamientos\, respondió y les dijo:\n«¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil\, decir: “Tus pecados te son perdonados”\, o decir: “Levántate y echa a andar”? Pues\, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados —dijo al paralítico—: “A ti te lo digo\, ponte en pie\, toma tu camilla y vete a tu casa”».\nY\, al punto\, levantándose a la vista de ellos\, tomó la camilla donde había estado tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios\nEl asombro se apoderó de todos y daban gloria a Dios. Y\, llenos de temor\, decían:\n«Hoy hemos visto maravillas». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general
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SUMMARY:Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro del Génesis (3\,9-15.20): \nDespués que Adán comió del árbol\, el Señor llamó al hombre: «¿Dónde estás?»\nÉl contestó: «Oí tu ruido en el jardín\, me dio miedo\, porque estaba desnudo\, y me escondí.»\nEl Señor le replicó: «¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?»\nAdán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto\, y comí.»\nEl Señor dijo a la mujer: «¿Qué es lo que has hecho?»\nElla respondió: «La serpiente me engañó\, y comí.»\nEl Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho eso\, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer\, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.»\nEl hombre llamó a su mujer Eva\, por ser la madre de todos los que viven. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 97\,1.2-3ab.3c-4 \nR/. Cantad al Señor un cántico nuevo\,\nporque ha hecho maravillas \nCantad al Señor un cántico nuevo\,\nporque ha hecho maravillas:\nsu diestra le ha dado la victoria\,\nsu santo brazo. R/. \nEl Señor da a conocer su victoria\,\nrevela a las naciones su justicia:\nse acordó de su misericordia y su fidelidad\nen favor de la casa de Israel. R/. \nLos confines de la tierra han contemplado\nla victoria de nuestro Dios.\nAclama al Señor\, tierra entera;\ngritad\, vitoread\, tocad. R/. \n\n\n\nSegunda lectura\n\nLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1\,3-6.11-12): \nBendito sea Dios\, Padre de nuestro Señor Jesucristo\, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo\, antes de crear el mundo\, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo\, por pura iniciativa suya\, a ser sus hijos\, para que la gloria de su gracia\, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo\, redunde en alabanza suya. Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así\, nosotros\, los que ya esperábamos en Cristo\, seremos alabanza de su gloria. \nPalabra de Dios \n\n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (1.26-38): \nEn aquel tiempo\, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret\, a una virgen desposada con un hombre llamado José\, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.\nEl ángel\, entrando en su presencia\, dijo: «Alégrate\, llena de gracia\, el Señor está contigo.»\nElla se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.\nEl ángel le dijo: «No temas\, María\, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo\, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande\, se llamará Hijo del Altísimo\, el Señor Dios le dará el trono de David\, su padre\, reinará sobre la casa de Jacob para siempre\, y su reino no tendrá fin.»\nY María dijo al ángel: «¿Cómo será eso\, pues no conozco a varón?»\nEl ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti\, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel\, que\, a pesar de su vejez\, ha concebido un hijo\, y ya está de seis meses la que llamaban estéril\, porque para Dios nada hay imposible.»\nMaría contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»\nY la dejó el ángel. \nPalabra del Señor
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SUMMARY:Miércoles de la II semana de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (40\,25-31): \n«¿CON quién podréis compararme\,\nquién es semejante a mi?»\, dice el Santo.\nAlzad los ojos a lo alto y mirad:\n¿quién creó esto?\nEs él\, que despliega su ejército al completo\ny a cada uno convoca por su nombre.\nAnte su grandioso poder\, y su robusta fuerza\,\nninguno falta a su llamada.\n¿Por qué andas diciendo\, Jacob\,\ny por qué murmuras\, Israel:\n«Al Señor no le importa mi destino\,\nmi Dios pasa por alto mis derechos»?\n¿Acaso no lo sabes\, es que no lo has oído?\nEl Señor es un Dios eterno\nque ha creado los confines de la tierra.\nNo se cansa\, no se fatiga\,\nes insondable su inteligencia.\nFortalece a quien está cansado\,\nacrecienta el vigor del exhausto.\nSe cansan los muchachos\, se fatigan\,\nlos jóvenes tropiezan y vacilan;\npero los que esperan en el Señor\nrenuevan sus fuerzas\,\nechan alas como las águilas\,\ncorren y no se fatigan\,\ncaminan y no se cansan. \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 102\,1-2.3-4.8.10 \nR/. Bendice\, alma mía\, al Señor \nV/. Bendice\, alma mía\, al Señor\,\ny todo mi ser a su santo nombre.\nBendice\, alma mía\, al Señor\,\ny no olvides sus beneficios. R/. \nV/. Él perdona todas tus culpas\ny cura todas tus enfermedades;\nél rescata tu vida de la fosa\,\ny te colma de gracia y de ternura. R/. \nV/. El Señor es compasivo y misericordioso\,\nlento a la ira y rico en clemencia.\nNo nos trata como merecen nuestro pecados\nni nos paga según nuestras culpas. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (11\,28-30): \nEN aquel tiempo\, Jesús tomó la palabra y dijo:\n«Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados\, y yo os aliviaré.\nTomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí\, que soy manso y humilde de corazón\, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera». \nPalabra del Señor
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SUMMARY:Viernes de la II semana de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\n\nLectura del libro de Isaías (41\,13-20): \nYO\, el Señor\, tu Dios\,\nte tomo por la diestra y te digo:\n«No temas\, yo mismo te auxilio».\nNo temas\, gusanillo de Jacob\,\noruga de Israel\,\nyo mismo te auxilio\n-oráculo del Señor-\,\ntu libertador es el Santo de Israel.\nMira\, te convierto en trillo nuevo\,\naguzado\, de doble filo:\ntrillarás los montes hasta molerlos;\nreducirás a paja las colinas;\nlos aventarás y el viento se los llevará\,\nel vendaval los dispersará.\nPero tú te alegrarás en el Señor\,\nte gloriarás en el Santo de Israel.\nLos pobres y los indigentes\nbuscan agua\, y no la encuentran;\nsu lengua está reseca por la sed.\nYo\, el Señor\, les responderé;\nyo\, el Dios de Israel\, no los abandonaré.\nHaré brotar ríos en cumbres desoladas\,\nen medio de los valles\, manantiales;\ntransformaré el desierto en marisma\ny el yermo en fuentes de agua.\nPondré en el desierto cedros\,\nacacias\, mirtos\, y olivares;\nplantaré en la estepa cipreses\,\njunto con olmos y alerces\,\npara que vean y sepan\,\nreflexionen y aprendan de una vez\,\nque la mano del Señor lo ha hecho\,\nque el Santo de Israel lo ha creado. \nPalabra de Dios \n\n\n\nSalmo\n\nSal 144\,1.9.10-11.12-13ab \nR/. El Señor es clemente y misericordioso\,\nlento a la cólera y rico en piedad. \nV/. Te ensalzaré\, Dios mío\, mi rey;\nbendeciré tu nombre por siempre jamás.\nEl Señor es bueno con todos\,\nes cariñoso con todas sus criaturas. R/. \nV/. Que todas tus criaturas te den gracias\, Señor\,\nque te bendigan tus fieles.\nQue proclamen la gloria de tu reinado\,\nque hablen de tus hazañas. R/. \nV/. Explicando tus hazañas a los hombres\,\nla gloria y majestad de tu reinado.\nTu reinado es un reinado perpetuo\,\ntu gobierno va de edad en edad. R/. \n\n\n\nEvangelio de hoy\n\nLectura del santo evangelio según san Mateo (11\,11-15): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús al gentío:\n«En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.\nDesde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan. Los Profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías\, el que tenía que venir\, con tal que queráis admitirlo.\nEl que tenga oídos\, que oiga». \nPalabra del Señor \n\nLa reflexión del padre Adalberto\, nuestro vicario general
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SUMMARY:Martes de la III semana de Adviento. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura de la profecía de Sofonías (3\,1-2.9-13): \nESTO dice el Señor:\n«¡Ay de la ciudad rebelde\,\nimpura\, tiránica!\nNo ha escuchado la llamada\,\nno ha aceptado la lección\,\nno ha confiado en el Señor\,\nno ha recurrido a su Dios.\nEntonces purificaré\nlabios de los pueblos\npara que invoquen todos ellos\nel nombre del Señor\ny todos lo sirvan a una.\nDesde las orillas de los ríos de Cus\nmis adoradores\, los deportados\,\ntraerán mi ofrenda.\nAquel día\, ya no te avergonzarás\nde las acciones con que me ofendiste\,\npues te arrancaré tu orgullosa arrogancia\,\ny dejarás de engreírte en mi santa montaña.\nDejaré en ti un resto\,\nun pueblo humilde y pobre\nque buscará refugio en el nombre del Señor.\nEl resto de Israel no hará más el mal\,\nni mentirá ni habrá engaño en su boca.\nPastarán y descansarán\,\ny no habrá quien los inquiete». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 33\,2-3.6-7.17-18.19.23 \nR/. El afligido invocó al Señor\, y él lo escuchó. \nV/. Bendigo al Señor en todo momento\,\nsu alabanza está siempre en mi boca;\nmi alma se gloría en el Señor:\nque los humildes lo escuchen y se alegren. R/. \nV/. Contempladlo\, y quedaréis radiantes\,\nvuestro rostro no se avergonzará.\nEl afligido invocó al Señor\,\nél lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R/. \nV/. El Señor se enfrenta con los malhechores\,\npara borrar de la tierra su memoria.\nCuando uno grita\, el Señor lo escucha\ny lo libra de sus angustias. R/. \nV/. El Señor está cerca de los atribulados\,\nsalva a los abatidos.\nEl Señor redime a sus siervos\,\nno será castigado quien se acoge a él. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Mateo (21\,28-32): \nEN aquel tiempo\, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:\n«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo\, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue.\nSe acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy\, señor”. Pero no fue.\n¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?».\nContestaron:\n«El primero».\nJesús les dijo:\n«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio\, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y\, aun después de ver esto\, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis». \nPalabra del Señor
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SUMMARY:Miércoles de la III semana de Adviento. Año I.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del libro de Isaías (45\,6b-8.18.21b-25): \n«YO soy el Señor\, y no hay otro\,\nel que forma la luz\, y crea las tinieblas;\nyo construyo la paz y creo la desgracia.\nYo\, el Señor\, hago todo esto.\nCielos\, destilad desde lo alto la justicia\,\nlas nubes la derramen\,\nse abra la tierra y brote la salvación\,\ny con ella germine la justicia.\nYo\, el Señor\, lo he creado».\nAsí dice el Señor\, creador del cielo\n—él es Dios—\,\nél modeló la tierra\,\nla fabricó y la afianzó\,\nno la creó vacía\,\nsino que la formó habitable:\n«Yo soy el Señor\, y no hay otro.\n—No hay otro Dios fuera de mí—.\nYo soy un Dios justo y salvador\,\ny no hay ninguno más.\nVolveos hacia mí para salvaros\,\nconfines de la tierra\,\npues yo soy Dios\, y no hay otro.\nYo juro por mi nombre\,\nde mi boca sale una sentencia\,\nuna palabra irrevocable:\nAnte mí se doblará toda rodilla\,\npor mí jurará toda lengua»;\ndirán: «Sólo el Señor\ntiene la justicia y el poder».\nA él vendrán avergonzados\nlos que se enardecían contra él;\nCon el Señor triunfará y se gloriará\nla estirpe de Israel». \nPalabra de Dios.\n\n\nSalmo\nSal 84\,9ab-10.11-12.13-14 \nR/. Cielos\, destilad desde lo alto al Justo\, las nubes lo derramen. \nR/. Cielos\, destilad desde lo alto al Justo\, las nubes lo derramen. \nV/. Voy a escuchar lo que dice el Señor:\n«Dios anuncia la paz\na su pueblo y a sus amigos».\nLa salvación está cerca de los que lo temen\,\ny la gloria habitará en nuestra tierra. R/. \nV/. La misericordia y la fidelidad se encuentran\,\nla justicia y la paz se besan;\nla fidelidad brota de la tierra\,\ny la justicia mira desde el cielo. R/. \nV/. El Señor nos dará la lluvia\,\ny nuestra tierra dará su fruto.\nLa justicia marchará ante él\,\ny sus pasos señalarán el camino. R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (7\,19-23): \nEN aquel tiempo\, Juan\, llamando a dos de sus discípulos los envió al Señor diciendo:\n«¿Eres tú el que ha de venir\, o tenemos que esperar a otro?».\nLos hombres se presentaron ante él y le dijeron:\n«Juan el Bautista nos ha mandado a ti para decirte: “¿Eres tú el que ha de venir\, o tenemos que esperar a otro?”».\nEn aquella hora Jesús curó a muchos de enfermedades\, achaques y malos espíritus\, y a muchos ciegos les otorgó la vista.\nY respondiendo\, les dijo:\n«Id y anunciad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven\, los cojos andan\, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen\, los muertos resucitan\, los pobres son evangelizados. Y ¡bienaventurado el que no se escandalice de mí!». \nPalabra del Señor
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SUMMARY:24 de diciembre (misa matutina).
DESCRIPTION:24 de diciembre (misa matutina).  \nDios realiza su designio y cumple su promesa. Pero su obra puede ser mirada de distintos modos\, porque cada uno interpreta esa obra según su experiencia humana y de su apertura a Dios. Es indudable que los profetas tuvieron auténticas experiencias de Dios\, pero es innegable que ellos difieren en la calidad de su experiencia y de su testimonio. Hablan del mismo Dios\, el que sacó a Israel de Egipto\, pero cada uno desde su propia perspectiva. La revelación del Señor se daba en medio de un pueblo en alianza con él\, pero cada profeta tenía sus antecedentes personales y familiares que actuaban como filtros para individualizar la experiencia de Dios y el consiguiente anuncio del respectivo profeta.\nLa forma como Zacarías\, padre de Juan Bautista\, ve cumplida la promesa de Dios a David difiere de la que manifiesta María\, la madre del Señor\, por ejemplo. Sin embargo\, Dios prosigue su obra sin exigir la comprensión perfecta. Le bastan la apertura y la cooperación de cada uno. Solo en Jesús habla Dios de manera inequívoca. \n1. Primera lectura: promesa (2Sam 7\,1-5.8b-12.14a.16).\nIncluso en la selección que\, por razones de brevedad y de precisión\, el leccionario hace de este relato se contraponen dos designios: el del rey\, motivado por sentimientos religiosos\, y el del Señor\, movido por la fidelidad a su promesa.\n1.1. El designio del rey David.\nDespués de consolidar su supremacía y de logar el reconocimiento interior y exterior\, el rey se propone darle lustre a la casa del Señor\, y le expone su propósito a Natán\, el profeta de la corte. La paz de que goza y la cesación de la amenaza de sus enemigos cumplen las promesas del Señor (cf. Deu 12\,10; Jos 21\,44; 1Rey 5\,18) y el rey quiere manifestarle su gratitud en reciprocidad. La casa del rey\, construida con el apoyo de Jirán\, rey de Tiro (cf. 5\,11)\, era de cedro; en cambio\, la tienda del arca hecha por indicaciones de David –distinta de la Tienda del Encuentro (cf. 6\,17)– estaba confeccionada con «lonas» (cf. Exo 26; 36).\nNatán\, por estar al servicio del rey\, se precipita a aprobar sus planes\, sin discernir ni consultar al Señor. En medio de esa «noche»\, la palabra del Señor se abre paso\, el Señor le revela su designio al profeta. Ni el rey ni el profeta han tenido en cuenta la revelación histórica del Señor\, que los sacó de Egipto\, y se lo han imaginado como los dioses cananeos.\n1.2. El designio del Señor.\nDe él ha sido la iniciativa. Eligió a David cuando era un desconocido pastor de ovejas. Es preciso recordar que los pastores no eran estimados en la sociedad judía. Así resulta mayor el contraste de su elección por parte del Señor para que fuera el caudillo de Israel. Fue el Señor quien le dio éxito en sus empresas\, porque él siempre ha tenido un designio de paz para su pueblo. Y David cumple una función propia en ese designio. Para referirse a David\, el Señor usa la expresión «mi siervo» (7\,5.8; cf. 3\,18; 1Rey 11\,13.32.34.36.38; 14\,8; 2Rey 19\,34; 20\,6; Isa 37\,35; Jer 33\,21.22.26; Sal 89\,4.21)\, que –usada para designar al Mesías (cf.34\,23.24; 37\,24.25)– señala al hombre libre y liberador al servicio del designio divino. Por eso\, el Mesías es llamado también «mi Señor» (cf. Sal 110\,1) por el justo orante. Es\, a la vez\, «siervo» y «señor».\nTendrá paz en adelante con sus vecinos\, y\, además\, el Señor le dará una dinastía. Su descendencia se consolidará en el trono después de su muerte. (El v. 13\, que alude a Salomón\, se considera un añadido posterior; por eso lo omite el leccionario). El Señor educará a la descendencia de David como todo padre educa a sus hijos (incluidos los castigos)\, con lealtad a toda prueba\, como los padres carnales. El caso de Saúl fue diferente (este no fue escogido por Dios): la casa de David permanecerá en presencia del Señor.\nEl rey y el profeta pensaban en darle gloria al Señor edificándole un templo\, pero es el Señor quien hace glorioso el nombre de David\, edificándole una «casa» (dinastía) que\, por designio del Señor\, habrá de permanecer indefinidamente. \n2. Evangelio: cumplimiento (Lc 1\,67-79).\nZacarías se llenó de Espíritu Santo y profetizó. Esto se había dado ya en Isabel y en Juan. Ya no funge como sacerdote\, sino como profeta. Su palabra bendice a Dios (le da gracias) e interpreta desde su perspectiva los hechos que se dan en su casa y que trascienden a su pueblo.\nLimitándose solo al horizonte de Israel\, comienza con una bendición a Dios porque la salvación ya ha tenido lugar para todo el pueblo al suscitarle una fuerza salvadora «en la casa de David\, su siervo»\, según la promesa reiterada por los profetas. Esto se refiere al Mesías davídico\, no a su propio hijo. La promesa se cumple para liberar al pueblo de sus enemigos (de fuera)\, por fidelidad a los antepasados y a la alianza con ellos. El resultado de dicha salvación es el culto auténtico y perpetuo. Aquí los enemigos no están dentro del pueblo (como sí lo están en el cántico de María)\, y la acción liberadora y salvadora de Dios se interpreta solo con una finalidad religiosa\, no con el fin de erradicar el orden injusto (como sí lo es en el cántico de María).\nEn el centro del cántico\, está la referencia a su hijo. Ahora ve cumplido el anuncio del ángel (cf. 1\,17)\, y\, citando a los profetas (cf. Isa 40\,3; Mal 3\,1)\, anuncia la misión del niño como profeta del Altísimo y precursor del Señor\, con la tarea de darle al pueblo una experiencia de salvación mediante la liberación de sus pecados. Aquí reconoce el pecado del pueblo\, pero desde una perspectiva cultual\, según su mentalidad de sacerdote\, no desde la perspectiva de los profetas («injusticia»). Zacarías no percibe la injusticia social que denuncia María.\nFinalmente\, anuncia y agradece el efecto positivo de la venida del Señor. Como expresión de su «entrañable misericordia»\, Dios «visitará» (cf. 7\,16; 19\,44) a su pueblo por medio del Mesías\, como en otro tiempo visito a Israel en Egipto (cf. Exo 3\,16; 13\,19); y\, como un astro que nace de arriba (no en el horizonte terreno)\, «el astro de Jacob» (cf. Num 24\,17)\, el Mesías iluminará a los que «permanecen en tinieblas y sombras de muerte» (metáfora de la esclavitud y la opresión que padecen) a fin de conducirlos a la plena armonía entre ellos mismos y con Dios. \nEl cumplimiento de la promesa hecha a David se ha visto desde dos horizontes: el de María y el de Zacarías. Este último\, por la casta sacerdotal a la que pertenece\, enfoca el cumplimiento de la promesa en oposición a los otros pueblos\, dado que no ve el pecado del pueblo como «injusticia»\, sino como «impureza»; él concibe la liberación solo en la perspectiva de una emancipación del dominio extranjero\, no incluye la erradicación de la injusticia social ni la que hay en el corazón de cada uno. Para él\, la salvación consiste en poder darle culto al Señor según la Ley de Moisés y sin impedimentos; no concibe la infusión de vida feliz por parte del Señor. Lo alegra la acción de Dios y la agradece\, pero no la comprende.\nMaría percibe la liberación como intervención de Dios para hacer fracasar el orden injusto\, y la salvación como la dicha que producen las obras grandes del Señor en cada uno\, y su misericordia que va de generación en generación. Por eso\, al recibir al Señor en la eucaristía con un sí total como el de María\, la Iglesia se declara «la sierva del Señor»\, colaboradora suya para que llegue el Mesías y realice su obra liberadora y salvadora.\n¡Ven\, Señor Jesús!\nFeliz día.
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SUMMARY:24 de diciembre 02 (misa de la vigilia).
DESCRIPTION:24 de diciembre 02 (misa de la vigilia). \nEl evangelio entero de Mateo tiene por título «Libro de la génesis de Jesús\, Mesías\, hijo de David\, hijo de Abraham». La expresión «libro de la génesis» (βίβλοςγενέσεως) remite a dos textos del Antiguo Testamento: Gen 2\,4; 5\,1 (LXX)\, donde se refiere a la creación del cielo y de la tierra\, y a la creación del género humano. Al nombre (Jesús: «el Señor Salva») le adjunta el título Mesías\, y dos datos formales de filiación («hijo de David» e «hijo de Abraham»)\, ninguno de los cuales lleva artículo determinado\, lo que indica que no son atribuciones exclusivas.\nEl carácter mesiánico\, la condición de heredero de la bendición prometida a Abraham\, y de la condición real de David\, siendo propias de Jesús\, se pueden predicar también de sus seguidores. Así que la génesis de Jesús es\, en modo cierto\, el comienzo de la humanidad definitiva\, de la cual él es el prototipo. Y esto es lo que nos disponemos a celebrar. \nEvangelio (Mt 1\,18-25).\nEl texto que se proclama tiene dos partes: la genealogía de Jesús\, es decir\, su conexión con toda la historia anterior\, y su nacimiento\, es decir\, la originalidad de su persona y la novedad que con él se inaugura. Los eruditos señalan un paralelo entre Mt 1\,2-17 y Gen 1\,1-2\,3 (creación del ser humano en el concierto universal)\, por un lado\, y\, por el otro\, entre Mt 1\,18-25 y Gen 2\,4ss (los pormenores de la creación del ser humano): ascendencia y «descendencia» de Jesús Mesías.\n1. Ascendencia de Jesús Mesías.\nEn la genealogía de Mateo\, Jesús aparece inserto en una historia de fe que tiene dos referentes: la promesa de Dios a David y\, antes de ella\, la promesa de Dios a Abraham. A David le prometió un reino perdurable; a Abraham\, una «tierra» (libertad) y una «descendencia» incontable\, (vida)\, y –como consecuencia– ser fórmula de bendición para todas las naciones de la tierra\, ya que la bendición entraña la vida. Ambas promesas implican el resto de la humanidad\, pero el pueblo se irá dando cuenta de esto paulatinamente.\nEl reino prometido a David\, entendido inicialmente como un dominio sobre los paganos\, será entendido finalmente como una bendición para todos los pueblos (cf. Sal 72). La descendencia prometida a Abraham\, entendida primero en términos étnico-biológicos\, terminará incluyendo a los extranjeros (cf. Isa 14\,1; 56\,1-8). Por eso\, en la genealogía hay paganos; de hecho\, Abraham fue pagano\, así que por las venas de todo israelita circula sangre pagana. También por las venas de Jesús. Él se inserta en una historia de fe e infidelidades\, y la asume para renovarla.\nEn la genealogía juegan papel explícito los números siete y catorce; e implícito\, los números dos (14 = 7×2) y tres (3 grupos de generaciones: v. 17). Siete\, es la totalidad heterogénea propia de la creación\, que incluye a los paganos (cf. Mt 15\,34-37); catorce\, el valor numérico del nombre de David; tres\, la forma de indicar el grado superlativo (Jesús es tres veces David) y lo definitivo\, como la resurrección del Señor (cf. Mt 16\,21)\, y también sugiere una totalidad homogénea; dos\, finalmente\, de comunicación de vida y del mínimo de experiencia de comunidad (cf. Mt 4\,18.21; 18\,16.20). Los números sugieren que la creación\, la alianza y el reino culminan en Jesús.\nEl Señor salva («Jesús») asumiendo la realidad de fe e infidelidad de la humanidad\, no negándola. En vez de destruir la humanidad\, la renueva desde dentro y en su totalidad\, sin discriminaciones ni exclusiones. Él es salvador universal\, así como ha sido liberador universal (cf. Amós 9\,7).\n2. «Descendencia del Mesías».\nJesús es el nuevo Adán. Si la genealogía se abstiene de nombrar al padre de Abraham\, este relato dice de forma implícita que Dios es el padre de Jesús. El nuevo Adán es Hijo de Dios. Comienza la nueva humanidad\, cualitativamente diferente\, pero vinculada a la descendencia de Adán.\nLos hombres religiosos\, observantes de la Ley\, como José\, comprueban que esa observancia no basta para aceptar y acoger a Jesús\, y que\, incluso\, puede aducirse como pretexto para rechazarlo. Su nombre implica la apertura («el Señor añada»)\, pero también la continuidad […otro hijo]\, no la ruptura. El dilema que enfrenta José lo pone a escoger entre la Ley y el amor\, y cuando trata de conjugarlos se da cuenta de que tiene que escoger (cf. Mt 9\,14-17); esto se lo hace saber el ángel del Señor\, es decir\, la presencia y el mensaje del Señor que sacó a Israel de Egipto. José tiene que «salir» de un mundo vivido para adentrarse en el nuevo mundo que es obra del Espíritu Santo. Y a él le corresponde ponerle nombre a esa nueva realidad: «le pondrás de nombre Jesús» (v. 21)\, nombre que recuerda el de Josué\, quien hizo ingresar al pueblo en la tierra prometida.\nMaría –como mujer– pertenece al sector marginal de la sociedad judía. Su nombre entraña la rebelión silenciosa frente a la injusticia («exaltada»); como pobre\, está abierta al Espíritu Santo y a su obra\, y\, en cuanto «virgen» pertenece al resto fiel a Dios. De hecho\, de las cinco mujeres en la genealogía\, ella\, la quinta\, es la única fiel de nacimiento: Tamar era cananea (cf. Gen 38\,2-26)\, Rut era moabita (Rut 1\,4)\, Rahab extranjera y prostituta\, Betsabé\, mujer de Urías (hitita converso) que fue adúltera (cf. 2Sam 11\,4)\, y María es la que cumple y desborda la profecía que anunciaba el nacimiento del Mesías\, porque el profeta anunció a una «doncella» (juventud) y el evangelista la presenta como la «virgen» (joven y fiel) que da a luz y también le pone nombre al Mesías. Este recibe dos nombres: «Jesús»\, define su actividad (José); «Emanuel»\, su realidad personal (María).\nJosé aterrizó en la realidad («se despertó») cuando aceptó a María y\, con ella\, al Mesías que traía el «sello» de Dios (el Espíritu Santo)\, que le cambió su mundo y lo condujo a la verdadera «tierra prometida»\, el reino de Dios. Aceptó que el mundo con el que sin saberlo soñaba tenía el nombre de Jesús\, el Emanuel. \nEl nacimiento de Jesús es la alborada del primer día de la nueva creación. La genealogía también tiene la estructura de seis septenarios\, como si se tratara de seis «semanas» de generaciones. Con Jesús\, «Dios con nosotros»\, comienza la séptima\, la de la totalidad creada (Israel y la humanidad restante)\, la de la plenitud del ser humano. Y también con él comenzará la octava\, cuando él se levante de la muerte el «octavo» día\, «pasado el sábado» (Mt 28\,1)\, en el primer día de la definitiva creación\, en el reino del Padre\, donde los justos «brillarán como el sol» (cf. Mt 13\,43).\nSi en Adviento reiteramos una y otra vez nuestra convicción de que la historia tiene sentido\, en la celebración de la Natividad del Señor confirmamos nuestra fe en el valor y el futuro de la humanidad. No son los poderosos quienes dirigen el curso de la historia\, ni son sus decisiones las que definen el destino del género humano\, sino los que escuchan y ponen por obra la palabra del Señor (cf. Mt 7\,24-25)\, como María y José\, es decir\, los «pobres».\nAceptar a Jesús en nuestras vidas\, aunque tengamos que abandonar nuestras seguridades –en el caso de María– y confiar en la gracia del Espíritu Santo\, nos convierte en genealogía de la nueva humanidad. Acoger a Jesús en medio de condiciones sociales y culturales adversas –en el caso de José– y realizar el nuevo éxodo confiando en la palabra del Señor nos permite ver cumplidas las promesas de Dios y ponerle el nombre de Jesús a esa nueva humanidad.\nEso es lo que significa nuestra comunión eucarística en este tiempo en el que celebramos con gozo la Natividad del Señor.\n¡Feliz Navidad!
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SUMMARY:24 de diciembre 03 (Misa de media noche).
DESCRIPTION:24 de diciembre 03 (Misa de media noche). \nZacarías había anunciado al «astro que nace de lo alto» (Lc 1\,78)\, contrapuesto al sol\, que «sale» en el horizonte\, de abajo. Esto significa que la humanidad recibe una luz procedente de Dios\, el Altísimo (cf. Lc 1\,76)\, su nombre universal. Esta luz viene a iluminar «a los que están en tiniebla y en sombras de muerte» (Lc 1\,79). En congruencia con dicha profecía\, Jesús nace en la «noche» del pueblo y de toda la humanidad (cf. Lc 2\,8); esta «noche»\, más que un dato cronológico\, es un dato teológico\, es descripción metafórica de la situación en la que se encuentra la humanidad que Jesús viene a «visitar» (cf. Lc 1\,68; 7\,16; 19\,44) como otrora «visitó» el Señor a los israelitas en Egipto (cf. Exo 3\,16; 4\,31; 13\,19). \nLc 2\,1-14.\nEl nacimiento de Jesús manifiesta que Dios es el señor de la naturaleza y de la historia\, que Jesús es su Hijo por excelencia\, y que él\, como Padre\, ama a la humanidad entera.\n1. Antes del nacimiento.\nQue Dios es señor de la historia\, lo muestra Lucas haciendo ver cómo hechos tan irrelevantes como las decisiones administrativas de un gobierno pagano pueden favorecer la realización del designio divino. Un censo del imperio\, cuya finalidad es apuntalar la opresión\, servirá para que Jesús nazca contado entre los ciudadanos del mundo (uno entre «los hombres») y súbdito del imperio (uno más entre los oprimidos). El suyo será un nacimiento histórico y en circunstancias políticas complejas. Nacerá en Belén\, pero un decreto del imperio favorecerá el cumplimiento de una profecía. El emperador parece tener la iniciativa y el control de todo: José acata el decreto y lleva a María –todavía «desposada» con él (cf. 1\,27)\, pero que «estaba encinta» (2\,5)–; y ella\, a su vez\, lleva a Jesús. Sin embargo\, es Dios el protagonista invisible de toda la acción\, prevista y anunciada por él desde mucho antes. También la naturaleza –en este caso\, los ritmos biológicos– se ponen igualmente al servicio del designio divino: «se le cumplieron los días de alumbrar». La irrupción de Dios no violenta la libertad humana\, ni la realidad de la naturaleza ni la de la historia. Se inserta en ellas con toda naturalidad. Así ejerce él su señorío.\n2. El nacimiento.\nJesús nace como «el hijo de ella»\, refiriéndose a María\, y como «el primogénito» (en relación con Dios): hijo de mujer e hijo primogénito de Dios. El hecho de envolverlo en pañales es signo de responsabilidad materna y de amorosa acogida; eso se hace con todos los mortales\, incluidos los reyes (cf. Sab 7\,4). Pero el dato\, a la par que subraya el hecho de que los reyes nacen como todos los seres humanos\, frágiles y necesitados\, quiere dar a entender que Jesús –incluso siendo «Hijo del Altísimo y destinatario del trono de David\, su antepasado» (cf. 1\,32)– es en todo igual a los demás hombres. Sin embargo\, a diferencia de Isabel\, que estuvo rodeada (cf. 1\,57-58)\, María está sola. El hecho de recostarlo en un pesebre\, lugar del buey y del burro (cf. 13\,15)\, evoca el lamento del profeta Isaías (1\,3): «Conoce el buey a su amo\, y el burro el pesebre de su dueño; Israel no conoce\, mi pueblo no recapacita». El Señor está «visitando» a su pueblo (cf. 1\,68)\, pero el pueblo no reconoce la «visita» de su Señor (cf. 19\,44). El Mesías está siendo postergado al mayor grado de exclusión en la sociedad\, «porque no había lugar para ellos en la posada». «La sierva del Señor» (1\,38) lo acoge con solicitud\, la convivencia social lo excluye con indiferencia.\n3. Después del nacimiento.\nEl narrador vuelve la mirada en torno. Si Jesús nació como excluido\, está rodeado de ellos. Los más cercanos son unos pastores –que no gozaban de estima ni de derechos por su cercanía con los animales–\, cuya sola mención nos ubica en las periferias sociales. Ellos son testigos del paso de las oscuras horas de la noche\, porque se turnan para observarlas; esto se traduce en que son conscientes\, como nadie\, de la situación de opresión que vive el pueblo (la «noche»). A ellos\, en primer lugar\, como a los israelitas visitados en Egipto\, se dirige el mensaje\, en términos de noche de pascua\, por medio del ángel del Señor. Ellos sienten miedo\, porque siempre se les ha dicho que Dios los detesta\, igual que la sociedad que los excluye. Pero el mensaje es categórico: nada de temor\, de Dios solo cabe la alegría. Les anuncia el comienzo de la nueva era de la humanidad\, el «hoy» de la nueva historia. Jesús es presentado como salvador\, es decir\, comunicador de vida\, y\, en cuanto tal\, es «Mesías» esperado por los israelitas y el «Señor» anhelado por el resto de la humanidad\, lo que equivale a decir que Jesús es el que hace libres a los hombres y los pueblos\, indistintamente de su origen étnico o su procedencia nacional\, es decir\, el liberador universal.\nLa «señal» para identificarlo es paradójica\, «contradictoria» (Lc 2\,34): un recién nacido (βρέφος)\, envuelto en pañales (ἐσπαργανωμένον)\, pero acostado en un pesebre (κείμενον ἐν φάτνῃ): un niño común y corriente\, acogido con ternura\, pero socialmente pobre y excluido. Este recién nacido es para ellos «un Salvador que es Mesías y Señor»\, pero se presenta pobre y humilde\, por eso se requiere esa «señal» para reconocerlo\, porque su pueblo no lo reconoció y lo excluyó. El cielo\, en cambio\, estalla de alegría (cf. Lc 10\,21: «la alegría del Espíritu Santo»)\, la misma alegría que el ángel había anunciado a los pastores: la alegría de la buena noticia (v. 10). La expresión «el ejército celestial» se puede aplicar tanto a los astros del cielo (cf. 1Rey 22\,19) como a los ángeles de Dios (cf. Sal 14\,2)\, los cuales son fuerzas a su disposición para ejecutar sus designios. Es una manera de decir que la creación entera se asocia a la celebración de este acontecimiento que revela con tanta grandeza la gloria de Dios que provoca la alabanza unánime de todas las creaturas. Dios se desborda volcando su amor sobre la humanidad\, y esta asombrosa esplendidez suya provoca la alabanza irreprimible de las huestes celestes.\nEl cielo y la tierra se unen en la celebración este nacimiento: Dios se cubre de gloria con tan sorprendente y magnífica manifestación de generosidad. A la tierra se le anuncia paz\, porque ha nacido el rey que trae esa paz (cf. Isa 9\,5-6; 52\,7; 57\,19; Miq 5\,4; Sal 72\,3) y a los seres humanos se les declara que ellos son del agrado de Dios\, que es mentira que él los rechace\, porque «todo mortal verá la salvación de Dios» (3\,6). La luz del cielo no solo iluminó esa noche\, sino que con su luz reveló la verdad de Dios y de la historia humana. \nLa celebración del nacimiento del Señor nos lleva más allá del convencionalismo social de las efemérides\, para situarnos en el ámbito del misterio. En efecto\, lo que celebramos no es un cumpleaños; de hecho\, no celebramos una fecha\, sino un acontecimiento\, un hecho salvífico: la encarnación de Dios. Los aditamentos culturales y folclóricos\, en sí legítimos\, deben ponerse al servicio de la proclamación y de la celebración del misterio\, no deben opacarlo ni\, mucho menos\, sustituirlo. Los cristianos hacemos bien cuando cuidamos de que los símbolos y las expresiones artísticas (música\, canto\, teatro\, pintura\, etc.) revelen el misterio en vez de velarlo u opacarlo. Las costumbres y las culturas pueden ponerse al servicio del mismo.\nSobre todo\, hay que mantener vivo el hecho de que el tiempo de adviento nos sirve para que\, en el «nacimiento sacramental» de Jesús en la eucaristía\, encuentre acogida en el corazón de cada cristiano como lo acogió María aquella noche en Belén.\n¡Feliz Navidad!
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SUMMARY:Jueves de la IV semana de Adviento.
DESCRIPTION:Primera lectura\nLectura del segundo libro de Samuel (7\,1-5.8b-12.14a.16): \nCUANDO el rey David se asentó en su casa y el Señor le hubo dado reposo de todos sus enemigos de alrededor\, dijo al profeta Natán:\n«Mira\, yo habito en una casa de cedro\, mientras el Arca de Dios habita en una tienda».\nNatán dijo al rey:\n«Ve y haz lo que desea tu corazón\, pues el Señor está contigo».\nAquella noche vino esta palabra del Señor a Natán:\n«Ve y habla a mi siervo David: “Así dice el Señor: ¿Tú me va a construir una casa para morada mía?\nYo te tomé del pastizal\, de andar tras el rebaño\, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. He estado a tu lado por donde quiera que has ido\, he suprimido a todos tus enemigos ante ti y te he hecho tan famoso como los grandes de la tierra. Dispondré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que resida en él sin que lo inquieten\, ni le hagan más daño los malvados\, como antaño\, cuando nombraba jueces sobre mi pueblo Israel. A ti te he dado reposo de todos tus enemigos. Pues bien\, el Señor te anuncia que te va a edificar una casa.\nEn efecto\, cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres\, yo suscitaré descendencia tuya después de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino. Yo seré para él un padre\, y él será para mi un hijo.\nTu casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mi; tu trono durará para siempre”». \nPalabra de Dios\n\n\nSalmo\nSal 88 \nR/. Cantaré eternamente tus misericordias\, Señor \nV/. Cantaré eternamente las misericordias del Señor\,\nanunciaré tu fidelidad por todas las edades.\nPorque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»\,\nmás que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/. \nV/. «Sellé una alianza con mi elegido\,\njurando a David\, mi siervo:\nTe fundaré un linaje perpetuo\,\nedificaré tu trono para todas las edades». R/. \nV/. «Él me invocará: “Tú eres mi padre\,\nmi Dios\, mi Roca salvadora”;\nLe mantendré eternamente mi favor\,\ny mí alianza con él será estable». R/. \n\n\nEvangelio de hoy\nLectura del santo evangelio según san Lucas (1\,67-79): \nEN aquel tiempo\, Zacarías\, padre de Juan\, se llenó de Espíritu Santo y profetizó diciendo:\n«“Bendito sea el Señor\, Dios de Israel”\,\nporque ha visitado y “redimido a su pueblo”\,\nsuscitándonos una fuerza de salvación\nen la casa de David\, su siervo\,\nsegún lo había predicho desde antiguo\npor boca de sus santos profetas.\nEs la salvación que nos libra de nuestros enemigos\ny de la mano de todos los que nos odian;\nrealizando la “misericordia que tuvo con nuestros padres\,\nrecordando su santa alianza”\ny “el juramento que juró a nuestro padre Abrahán” para concedernos\nque\, libres de temor\, arrancados de la mano de los enemigos\,\nle sirvamos con santidad y justicia\, en su presencia\, todos nuestros días.\nY a ti\, niño\, te llamarán profeta del Altísimo\,\nporque irás delante “del Señor a preparar sus caminos”\,\nanunciando a su pueblo la salvación\npor el perdón de sus pecados.\nPor la entrañable misericordia de nuestro Dios\,\nnos visitará el sol que nace de lo alto\,\npara iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte\,\npara guiar nuestros pasos por el camino de la paz». \nPalabra del Señor
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