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SUMMARY:Miércoles de la VII semana del Tiempo Ordinario. Año par
DESCRIPTION:Evangelio del día \n\n\nPRIMERA LECTURA \nLa vida de ustedes es como el humo. Digan más bien: “Si Dios quiere\, viviremos”. \nLectura de la carta de Santiago 4\, 13-16 \nUstedes\, los que ahora dicen: “Hoy o mañana iremos a tal ciudad y nos quedaremos allí todo el año\, haremos negocio y ganaremos dinero”\, ¿saben acaso qué les pasará mañana? Porque su vida es como el humo\, que aparece un momento y luego se disipa. \nDigan más bien: “Si Dios quiere\, viviremos y haremos esto o aquello”. Ustedes\, en cambio\, se glorían presuntuosamente\, y esa jactancia es mala. \nSALMO RESPONSORIAL   48\, 2-3. 6-11 \nR/. ¡Felices los que tienen alma de pobres! \nOigan esto\, todos los pueblos; escuchen\, todos los habitantes del mundo: tanto los humildes como los poderosos\, el rico lo mismo que el pobre. \n¿Por qué voy a temer en los momentos de peligro\, cuando me rodea la maldad de mis opresores\, de ésos que confían en sus riquezas y se jactan de su gran fortuna? \nNo\, nadie puede rescatarse a sí mismo ni pagar a Dios el precio de su liberación\, para poder seguir viviendo eternamente sin llegar a ver el sepulcro. \nEl precio de su rescate es demasiado caro\, y todos desaparecerán para siempre. Cualquiera ve que mueren los sabios; necios e ignorantes perecen por igual\, y dejan a otros sus riquezas. \n\nEVANGELIO\n\nACLAMACIÓN AL EVANGELIO Jn 14\,6 \nAleluya. \n“Yo soy el Camino\, y la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre\, sino por mí”\, dice el Señor. Aleluya. \nEVANGELIO \nEl que no está contra nosotros está con nosotros. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 9\, 38-40 \nJuan le dijo a Jesús: “Maestro\, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre\, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros”. Pero Jesús les dijo: “No se lo impidan\, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros\, está con nosotros”. \n\n\n\n\nLa reflexión del padre Adalberto \nMiércoles de la VII semana. Año par. \nNos preguntamos con el Concilio Vaticano II: ¿Qué sentido y valor tiene la actividad humana? ¿Cuál es el uso que hay que hacer de todas las cosas? ¿A qué fin deben tender los esfuerzos de individuos y colectividades? (GS 33).\nEl mismo concilio responde: «Esta es la norma de la actividad humana: que\, de acuerdo con los designios y voluntad divinos\, sea conforme al auténtico bien del género humano y permita al hombre\, como individuo y como miembro de la sociedad\, cultivar y realizar íntegramente su plena vocación» (GS 35).\nDespués de censurar las divisiones que enfrentan entre sí a los destinatarios de la carta\, el autor hizo lo mismo respecto del hábito de la maledicencia. Repensando en «la ley perfecta\, la de los hombres libres» (Stg 1\,25)\, hizo ver que denigrar del hermano es ponerse por encima del amor de hermanos y suplantar al Señor\, que es «el legislador y juez» (cf. 4\,11-12\, omitido). \nStg 4\,13-17.\nAhora\, sin nombrarlos\, se dirige a los mercaderes\, a los hombres comerciantes. En ellos retrata el espíritu del mundo: pensando en ganar dinero\, hacen planes sin tener presente a Dios y sin darse cuenta de que la vida que poseen es efímera. El éxito asegurado de su actividad económica («ganar») los ilusiona de tal modo que no se detienen a pensar en lo que pueden perder\, puesto que\, en verdad\, nada de lo que piensan lo tienen asegurado\, ni siquiera sus riquezas (cf. 5\,2-3).\nEl mercader desarrollaba una actividad itinerante. De hecho\, la raíz verbal del nombre tanto en hebreo (סֹחֵר)como en griego (ἔμπορος) sugiere la idea de viajar de un lado a otro. No era trabajo específico de los israelitas (cf. 1Rey 10\,29; Job 40\,30; Prv 31\,24)\, aunque estos sí controlaban las caravanas de mercaderes que pasaban por su país. En todo caso\, era una actividad que suponía el peligro de incurrir en explotación y robo (cf. Sir 26\,29; 27\,2; 42\,5; Zac 14\,21).\nPor eso los exhorta a reflexionar en tres cuestiones íntimamente enlazadas: «Si el Señor quiere y estamos vivos\, haremos esto y aquello» (v. 15: Ἐὰν ὁ κύριοςθελήσῃ\, καὶ ζήσομεν καὶ ποιήσομεν τοῦτο ἢ ἐκεῖνο).\n• El designio de Dios. La proposición «si el Señor quiere…» no era de uso corriente entre los judíos\, pero sí entre paganos. El autor pretende que los cristianos aprendan algo de los paganos. Estos\, sintiéndose inciertos de la voluntad de sus divinidades\, eran precavidos al hacer sus planes de futuro\, temiendo que sus dioses se los desbarataran. En el mundo griego se pensaba que la felicidad era atributo exclusivo de los dioses\, y cuando estos veían que los humanos superaban una cierta medida de felicidad\, los dioses se la enturbiaban. El autor le asigna un sentido concreto a esa expresión: «si está de acuerdo con el designio del Señor…\, lo hago; si no\, no lo hago». No se trata de que Dios lo impida o lo permita\, sino que el hombre lo discierna y lo decida bajo su responsabilidad. Los exhorta a actuar como hombres libres\, teniendo en cuenta el bien de todos\, que es el designio divino. Esta libertad es promesa de Dios a la humanidad.\n• El don de la vida. «Viviremos» expresa la certeza de la vida\, que es don de Dios y también fruto gratuito de su amoroso designio. Esta certeza ha de reconocer que dicha vida viene de él y que corresponde a su libre decisión que nosotros vivamos. No es un capricho del azar\, es su don\, el don que Dios hace de sí mismo\, y tiene una finalidad. Pero la vida no solo es don\, sino también promesa\, y no de cualquier modo\, sino como «corona»\, designación que\, por un lado\, implica el premio (en el lenguaje deportivo)\, por otro\, el linaje «real» (en el lenguaje sociopolítico)\, además\, la alegría de la victoria sobre el mal (cf. Jdt 15\,13) y\, por último\, la satisfacción que producen los descendientes (cf. Prv 17\,6) o incluso los discípulos (cf. Flp 4\,1). La «corona de la vida» concreta la promesa de Dios en términos de realización personal y de positivo influjo en la vida de otros. El autor los exhorta a vivir responsablemente teniendo en cuenta la brevedad de la vida presente.\n• La actividad humana. «Haremos esto y lo otro» declara la disponibilidad para vivir realizando el designio de Dios. El discernimiento que se hace de ese designio\, y la conciencia de que la vida presente se les ha dado como oportunidad para realizarla en una convivencia que alcanza su meta dándose para procurarles vida a los demás\, los lleva a descubrir que la verdadera ganancia está\, no en el dinero que produzca la actividad comercial\, sino en la satisfacción de dar vida. Más allá de los viajes y de los intercambios de mercaderías\, el quehacer de los comerciantes se revela ante ellos como una contribución al bienestar de las personas y al desarrollo de los pueblos. Y a eso los dirige el autor: «si el Señor quiere y vivimos\, haremos esto y lo otro». Esa es la finalidad de la vida humana: lograr la propia realización llevando a cabo ese designio de Dios\, en libertad y con amor activo («misericordia»: cf. Stg 2\,12-13). Y los comerciantes pueden realizar ese designio.\nEn el fondo\, el autor pretende que los destinatarios de su escrito caigan en la cuenta de que no es sano que se sientan tan absolutamente confiados de sí mismos\, de sus capacidades para hacer riqueza y de sus posibilidades para vivir. Busca que comprendan que la ganancia que les deja su comercio a los mercaderes no les alcanza para comprar la vida\, y que de la vida depende que sus proyectos lleguen a término. Por eso\, no es sensato fiarse del «mundo».\nAsí los exhorta a darle pleno sentido a la vida\, y a no limitarse a la mera eficacia de sus acciones. Los cristianos «de la diáspora»\, los creyentes que viven su fe en condiciones de emigrantes\, han de aprender de los mercaderes que estar de aquí para allá no es una condición positiva ni negativa de suyo\, sino que depende de la actitud del emigrante el hecho de darle sentido a esa condición.\nLa conducta de los mercaderes\, como la que describe el autor\, es de prepotencia y de orgullo\, es conducta del «mundo» y\, por lo mismo\, «mala». Por eso concluye con un aforismo\, que es una advertencia para los comerciantes: el que discierne cuál es el designio de Dios\, pero no lo realiza\, se frustra a sí mismo haciéndose partícipe de la injusticia («comete pecado»). \nLo que Santiago enseña de la actividad económica vale para cualquier actividad humana: si no se discierne teniendo en cuenta el designio de Dios\, y no se toma ese designio como la propia ruta\, puede suceder que se le pierda el rumbo a la vida. Y\, si se discierne y no se realiza\, se pierde la vida misma. El cristiano\, que vive «en el mundo»\, se abre a los auténticos valores del «mundo» y al acogerlos los reconoce como «gérmenes del mensaje» (semina verbi)\, rastros de la actividad del Espíritu Santo en la humanidad que preparan el anuncio de la buena noticia.\nParticularmente\, la actividad económica requiere no perder de vista el proyecto del reino de Dios y su «carta magna»\, las bienaventuranzas. Jesús enseñó a sus discípulos a subvertir los valores del «mundo»\, reemplazando la férrea (y a veces inhumana) exigencia de «comprar» por el generoso impulso de «dar» (cf. Mc 6\,35-37). Este cambio supone una nueva escala de valores.\nEn la eucaristía presentamos el pan y el vino como «fruto de la tierra y del trabajo del hombre» para que se conviertan en «pan de vida» y «bebida de salvación». Así la eucaristía les da sentido pleno a nuestras actividades humanas.
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SUMMARY:Jueves de la VII semana del Tiempo Ordinario. Año par.
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nEl salario que han retenido está clamando\, y el clamor ha llegado a los oídos del Señor. \nLectura de la carta de Santiago   5\, 1-6 \nUstedes\, los ricos\, lloren y giman por las desgracias que les van a sobrevenir. Porque sus riquezas se han echado a perder y sus vestidos están roídos por la polilla. Su oro y su plata se han herrumbrado\, y esa herrumbre dará testimonio contra ustedes y devorará sus cuerpos como un fuego. ¡Ustedes han amontonado riquezas\, ahora que es el tiempo final! Sepan que el salario que han retenido a los que trabajaron en sus campos está clamando\, y el clamor de los cosechadores ha llegado a los oídos del Señor del universo. \nUstedes llevaron en este mundo una vida de lujo y de placer\, y se han cebado a sí mismos para el día de la matanza. Han condenado y han matado al justo\, sin que él les opusiera resistencia. \nSALMO RESPONSORIAL   48\,14-20 \nR/. ¡Felices los que tienen alma de pobres! \nÉste es el destino de los que tienen riquezas\, y el final de la gente insaciable. Serán puestos como ovejas en el Abismo\, la muerte será su pastor. \nBajarán derecho a la tumba\, su figura se desvanecerá y el Abismo será su mansión. Pero Dios rescatará mi vida\, me sacará de las garras del Abismo. \nNo te preocupes cuando un hombre se enriquece o aumenta el esplendor de su casa: cuando muera\, no podrá llevarse nada\, su esplendor no bajará con él. \nAunque en vida se congratulaba\, diciendo: “Te alabarán porque lo pasas bien”\, igual irá a reunirse con sus antepasados\, con ésos que nunca verán la luz. \n\nEVANGELIO\n\nACLAMACIÓN AL EVANGELIO       Cf. 1Tes 2\,13 \nAleluya. \nReciban la Palabra de Dios\, no como palabra humana\, sino como lo que es realmente\, como Palabra de Dios. Aleluya. \nEVANGELIO \nMás te vale entrar en la vida manco\, que ir con tus dos manos al infierno. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos    9\, 41-50 \nJesús dijo a sus discípulos: \nLes aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo. \nSi alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe\, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar. \nSi tu mano es para ti ocasión de pecado\, córtala\, porque más te vale entrar en la Vida manco\, que ir con tus dos manos al infierno\, al fuego inextinguible. Y si tu pie es para ti ocasión de pecado\, córtalo\, porque más te vale entrar lisiado en la Vida\, que ser arrojado con tus dos pies al infierno. Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado\, arráncalo\, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios\, que ser arrojado con tus dos ojos al infierno\, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. \nPorque cada uno será salado por el fuego. \nLa sal es una cosa excelente\, pero si se vuelve insípida\, ¿con qué la volverán a salar? \nQue haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros. \n\nLa reflexión del padre Adalberto \nCuando la actividad humana no está orientada a realizar el designio de Dios\, los intereses egoístas toman el control de la vida individual y de la convivencia social. Y cuando esa actividad se dirige a satisfacer egoísmos individuales o colectivos\, el ser humano se pervierte negando la compasión\, rompiendo los vínculos de solidaridad y rehusándose a la misericordia; y la sociedad que forma ese ser humano contiende por codicias\, atropellos y rivalidades. Santiago pasa a la denuncia en regla con un talante marcadamente profético\, al estilo de los antiguos profetas.\nLa primera impresión que dejan sus palabras son las de una dura andanada en contra de los ricos. Pero una lectura más atenta nos muestra que se refiere solo a los ricos explotadores\, opresores y asesinos\, que asisten a las asambleas de la iglesia (cf. Stg 2\,2.15-16). \nStg 5\,1-6.\nEl texto comienza con la misma expresión que el anterior (Ἄγε νῦν: «Vamos ahora…»)\, indicio de que prosigue con el mismo tema (cf. 4\,13)\, pero antes no identificaba con un nombre propio a los interpelados\, en tanto que ahora sí lo hace: «los ricos».\nSantiago exhorta a los ricos (cf. 2\,2.15-16) a enmendarse (cf. 2\,26; 4\,8s) y les anuncia las desdichas que se les vienen encima por haber hecho una mala elección. Su exhortación retoma la que hizo antes a los pecadores a acercarse a Dios apartándose de su mal proceder (cf. 4\,8). La vehemencia de sus palabras evoca las denuncias de los profetas (cf. Isa 5\,8-10; Jer 5\,26-30; Amo 8\,4-8). Parte de unos hechos que muestran que el tesoro de esos ricos está arruinado:\n• Su riqueza se ha podrido. El verbo (σήπω\, מקק) usado para significar «pudrir(se)» aparece como una desgracia de los enemigos de Dios\, particularmente del hombre mezquino: «Todas sus tareas se pudrirán\, lo que ganaron sus manos se irá con ellas» (cf. Sir 14\,19). Y lo mismo sucede con el pecador (Sal 38\,6). Las riquezas acumuladas en la tacañería perecen con su autor.\n• Sus vestidos se han apolillado. El vestido\, en particular el manto (ἰμάτιον)\, representa el estrato socioeconómico de la persona (cf. 2\,2). Lo que se dice del «manto» se le atribuye a quien lo lleva. El justo considera que Dios\, castigando la culpa\, educa al hombre\, y ese castigo consiste en roer como polilla sus tesoros (cf. Sal 39\,12; Ose 5\,11-12). Así se consume el hombre (cf. Job 13\,28).\n• Su oro y su plata están oxidados. La oxidación deprecia el metal. Si se trata de metales preciosos (oro y plata)\, que constituyen el respaldo de su riqueza\, su condición de «oxidados» denuncia que han estado indolentemente guardados\, de espaldas a la necesidad del prójimo (cf. Sir 29\,9-13). Y ese óxido es testigo de cargo contra esos ricos\, les roe su propia vida con un juicio condenatorio («como fuego»)… sobre todo teniendo en cuenta el momento: «los últimos días».\nSu corrupción moral se transfiere a sus bienes materiales\, se convierte en testimonio en su contra y los lleva a un juicio «sin misericordia» (sin que nadie se ponga de su parte para defenderlos: cf. 2\,13). Han cometido el peor error: atesorar bienes efímeros\, que no garantizan la vida\, «para el día de la matanza». Este «día» también era llamado «día del Señor»\, que tiene un doble aspecto: es día de salvación para los que vivieron en el amor y día de fracaso para los que cometieron la injusticia. Su «tesoro» se convierte en testimonio de su codicia y de su egoísmo. Su proceder ha sido declarado injusto por las siguientes razones:\n• Defraudaron el jornal de sus obreros. «Defraudar» (ἀποστερέω עשׁק) es privar de su derecho a una persona\, y constituye delito punible (cf. Lev 5\,21.23; 19\,13) que no se debe cometer a nadie (cf. Deu 24\,14-15)\, ya que es afrenta al Creador como a su creatura (cf. Prv 14\,31). Era un delito común entre terratenientes (cf. Eze 22\,29)\, imitando a los paganos (cf. Ose 21\,8)\, por el cual el Señor llamará a juicio (cf. Mal 3\,5)\, y será muy severo (cf. Isa 30\, 12-14). Los destinatarios de este escrito lo sabían\, tanto más cuanto Jesús denunció este pecado (cf. Mc 10\,19).\n• No escucharon su justo reclamo. Pero Dios sí lo escuchó\, como escuchó el clamor de la sangre derramada de Abel (cf. Gén 4\,10) y los lamentos de las víctimas de «los hombres de Judá» (cf. Isa 5\,7). Incluso cuando los explotados no levantan su voz para quejarse\, el Señor sale a defender su causa\, porque solo quien practica la justicia y el derecho lo conoce de verdad\, y no el abusador que derrama sangre inocente (cf. Jer 22\,13-17). El Señor escucha el clamor del pobre e indigente que en su amargura protesta contra quien lo menosprecia y aflige (cf. Sir 4\,1-6).\n• Fueron inconscientes. Procedieron como animales cebados… preparando su propia matanza. Detrás de esta cruda imagen está la inconsciencia del animal de ceba que se satisface comiendo sin pensar en el futuro ni en la razón por la cual recibe tanto alimento; y también está el propósito de quien lo ceba\, que consiste en satisfacer el apetito del animal mientras lo hace engordar para su propio provecho. Se refiere el autor a la matanza de animales para alimentar los festines; pero\, al tiempo que es imagen de la opresión y explotación del pobre por el rico (cf. Sal 44\,11.23 con Rom 8\,36)\, muestra que el lujo y la vida regalada de estos ricos los convirtió en lo mismo: fueron inconscientes cebones para el «día de la matanza»\, expresión con la que el profeta alude al juicio reprobatorio de Dios sobre los que atentan contra su vida (cf. Jer 11\,19) y a la esterilidad de la historia que ellos protagonizaron (cf. Jer 12\,3). Los destructores se destruyeron a sí mismos.\n• Abusaron de su poder. Manipularon a su favor las leyes para «condenar» y eliminar («matar») a sus víctimas\, que les reclamaban lo justo («inocentes»). Culpando y matando al «inocente»\, ellos son los «arrogantes» que se enfrentaron a Dios dejándose arrastrar por la «envidia» sin aceptar la gracia que él concedía\, y sin pensar que se estaban enfrentando al designio divino y\, en fin de cuentas\, a Dios mismo. Si Dios resiste a los arrogantes\, cayeron en la temeridad de suponer que a ellos no se les opondría. Oposición divina que se verificó al fracasar sus planes homicidas. No podían esperar que Dios se quedara impasible\, porque sabían bien que él los enfrentaría (cf. 4\,6). Al hablar de este modo\, el autor se expresa más como un profeta que como un moralista. \nHay que distinguir el mensaje de justicia que da Santiago de las imágenes con las que lo expresa:\n• El mensaje denuncia la injusticia que los ricos explotadores\, a causa de la avaricia y la indolencia\, les cometen a los pobres y desprotegidos. Y\, además\, afirma que esa injusticia es suicida.\n• Las imágenes: «riquezas podridas» (producto de la corrupción)\, «fuego» (juicio de reprobación)\, «matanza» (fracaso individual)\, etc.\, muestran que la injusticia trae desastrosos efectos en la vida personal y en la convivencia social.\nTanto el mensaje como el lenguaje son de innegable factura profética.\nComo siempre ocurre en las denuncias proféticas\, la resistencia de Dios ante la injusticia («ira de Dios»)\, que se expresa en el fracaso de los proyectos injustos\, se presenta como un castigo divino\, por dos razones:\n• Por querer afirmar la soberanía de Dios (persistente mentalidad judía)\, sin preocuparse también de afirmar la libertad y la responsabilidad humanas.\n• Por no haber captado la relación de causa y consecuencia establecida por Jesús\, afirmando que la libertad humana tiene efectos positivos o negativos\, según sus opciones.\nLa eucaristía nos llama a responder de manera personal y a secundar libremente la obra de Jesús. Somos responsables de la vida que llevemos y de la convivencia social que promovamos.
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SUMMARY:Viernes de la VII semana del Tiempo Ordinario. Año par.
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nEl Juez ya está a la puerta. \nLectura de la carta de Santiago   5\, 9-12 \nHermanos: \nNo se quejen los unos de los otros\, para no ser condenados. Miren que el Juez ya está a. la puerta. Tomen como ejemplo de fortaleza y de paciencia a los profetas que hablaron en Nombre del Señor. Porque nosotros llamamos felices a los que sufrieron con paciencia. Ustedes oyeron hablar de la paciencia de Job\, y saben lo que hizo el Señor con él\, porque el Señor es compasivo y misericordioso. \nPero ante todo\, hermanos\, no juren ni por el cielo\, ni por la tierra\, ni de ninguna manera: que cuando digan “sí”\, sea sí; y cuando digan “no”\, sea no\, para no ser condenados. \nSALMO RESPONSORIAL  102\, 1-4. 8-12 \nR/. El Señor es bondadoso y compasivo. \nBendice al Señor\, alma mía\, que todo mi ser bendiga a su santo Nombre; bendice al Señor\, alma mía\, y nunca olvides sus beneficios. \nÉl perdona todas tus culpas y sana todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro\, te corona de amor y de ternura. \nEl Señor es bondadoso y compasivo\, lento para enojarse y de gran misericordia; no acusa de manera inapelable ni guarda rencor eternamente. \nCuanto se alza el cielo sobre la tierra\, así de inmenso es su amor por los que lo temen; cuanto dista el oriente del occidente\, así aparta de nosotros nuestros pecados. \n\nEVANGELIO\n\nACLAMACIÓN AL EVANGELIO Cf. Jn 17\, 17ba \nAleluya. \nTu palabra\, Señor\, es verdad; conságranos en la verdad. Aleluya. \nEVANGELIO \nQue el hombre no separe lo que Dios ha unido. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos   10\, 1-12 \nJesús fue a la región de Judea y al otro lado del Jordán. Se reunió nuevamente la multitud alrededor de Él y\, como de costumbre\, les estuvo enseñando una vez más. \nSe acercaron a Jesús algunos fariseos y\, para ponerlo a prueba\, le plantearon esta cuestión: “¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?” Él les respondió: “¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?” Ellos dijeron: “Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella”. Entonces Jesús les respondió: “Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio de la creación\, ‘Dios los hizo varón y mujer’. ‘Por eso\, el hombre dejará a su padre y a su madre\, y los dos no serán sino una sola carne’. De manera que ya no son dos\, ‘sino una sola carne’. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido”. Cuando regresaron a la casa\, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. \nÉl les dijo: “El que se divorcia de su mujer y se casa con otra comete adulterio contra aquella; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro\, también comete adulterio”. \n\nLa reflexión del padre Adalberto \nLa fe tiene una exigencia de paciencia (μακροθυμία) y de resistencia (ὑπομονή) en medio de las adversidades mientras el Señor cumple la promesa de inaugurar la nueva sociedad humana. Esta paciencia no es pasiva\, por el contrario\, es la espera confiada del sembrador que conoce la eficacia de la «semilla» sembrada y aguarda la cosecha segura\, que se dará en su momento\, pues las lluvias –tempranas o tardías– tienen del mismo origen\, el Señor (cf. Deu 11\,14)\, que es la fuente de toda bendición (vida). Esa reminiscencia del Deuteronomio trae a la memoria la gesta liberadora del Señor y su acción salvadora al introducir al pueblo en la tierra prometida. Es el Señor que cumple su promesa. En este contexto\, el nombre sagrado («el Señor») está cargado de una ambigüedad pretendida: tan pronto se refiere a Dios como a Jesús.\nLa permanente cercanía de la venida del Señor\, mencionada junto con «el día de la matanza» (cf. 5\,5)\, parece identificar también esta venida con el «día del Señor»\, la primera aludiendo al aspecto liberador y salvador\, y el segundo a su aspecto de juicio y retribución según los profetas\, anima y estimula a los discípulos para mantener la paciencia y la resistencia mientras hacen la siembra\, es decir\, mientras anuncian la buena noticia\, porque el don de su Espíritu baja incesantemente sobre la humanidad como bendición divina que asegura la buena cosecha de esa siembra. Dicha ambigüedad tal vez pretende mostrar la unidad del designio divino y su plena realización en Jesús (cf. 5\,7.8\, omitido). \nStg 5\,9-12.\nEn la parte final de su escrito\, el autor exhorta a sus destinatarios a la paciencia (cf. vv. 7-11) y a la oración (cf. vv. 13-18)- La vigilancia y la oración constituyen un par tradicional en la parénesis cristiana (cf. Mt 26\,41; 1Tes 5\,1-11.17-18). La paciencia\, como la resistencia (cf. 1\,3-4; Col 1\,11) y la firmeza de corazón (cf. 1Tes 3\,13)\, son actitudes apropiadas para la espera por cuanto dejan ver con elocuente testimonio la confianza en el Señor y la fidelidad a él.\nEl autor se dirige a los «hermanos»\, es decir\, a los miembros de «las doce tribus de la emigración» (1\,1)\, el Israel mesiánico\, para exhortarlos a dar testimonio de esa nueva sociedad que el Señor viene a establecer con su «venida» (παρουσία). La siembra del mensaje no sería fructuosa si no se diera el testimonio de la cosecha\, es decir\, si no hubiera comunidades cristianas que encarnaran esa nueva sociedad que se anuncia cuando se proclama que el reinado de Dios está cerca.\nPrimero\, se refiere a la recíproca aceptación entre los miembros de la comunidad\, que contiene miembros diversos venidos de la sociedad humana. El hecho de «quejarse» (στενάζω) unos contra otros implica manifestar tristeza por la falta de libertad de alguien (cf. Tob 3\,1)\, y que se debería a la presencia de pobres (ταπεινοί) en la comunidad\, o quizás aludiría a la impotencia de algunos para hacer valer la comunidad como comunicadora de vida (cf. Sir 30\,20)\, o a la incapacidad de otros para la misión (cf. Isa 19\,8); en todo caso\, manifestar inconformidad por los miembros de la comunidad\, como si se decepcionaran algunos respecto de los otros. La mutua acogida\, a pesar de las diferencias sociales\, debía ser un vivo testimonio de que la nueva convivencia humana es posible. Esa aceptación los libera de ser sentenciados junto con el «mundo» hostil a Dios (cf. 4\,4). El mismo motivo que los hace pacientes en relación con la siembra del mensaje lo aduce para urgir la superación de la animosidad entre hermanos: la cercanía del Señor\, a quien ahora presenta como «juez» próximo\, que va a dar sentencia\, reconociendo quiénes son de los suyos a partir de la conducta en relación con la convivencia fraterna.\nEnseguida\, los estimula con el ejemplo de «los profetas que hablaron en nombre del Señor». Es conocida la persuasión de que los profetas habían sido mártires por hablar en nombre del Señor. Ese testimonio que dieron del Señor los hizo objeto de persecución. También los cristianos van a sufrir por dar testimonio del Señor\, no solo individualmente\, sino como comunidades de vida.\nY –si los profetas fueron ejemplo de paciencia– hay también un ejemplo de aguante\, Job\, quien se vio recompensado después de tanto aguantar\, porque la compasión y la misericordia del Señor recompensan al hombre que se mantiene firme en medio de la tribulación. Los que aguantan\, al salir airosos\, son llamados dichosos (cf. 1\,12). Esta dicha se alcanza con el aguante. Sin embargo\, se observa cierta progresión. Job recibió como retribución a su aguante longevidad\, posesiones\, descendencia\, y «murió anciano y colmado de años» (Job 42\,16); en cambio\, ahora el hombre\, al salir airoso\, «recibirá la corona de la vida que Dios ha prometido a los que lo aman» (1\,12). Esta «corona» entraña más que la riqueza\, la descendencia y la plácida longevidad.\nLlama la atención que el autor\, con todo y dirigirse a cristianos\, proponga como ejemplos tanto de paciencia como de aguante a los antiguos profetas y a Job en vez de proponer al mismo Jesús (cf. Heb 12\,1-4). Quizás esta referencia se explique porque ambos son ejemplos recurrentes entre los judíos y\, muy probablemente\, en los ambientes judeocristianos se presentaban como modelo para los discípulos del Señor (Jesús). De hecho\, la tradición judía presentaba a los profetas como mártires (cf. Mt 5\,12; 23\,29-31; Hch 7\,52; Rom 11\,3 1Tes 2\,15; Heb 11\,36-38)\, y\, en particular\, el caso de Job pondera la bendición con la que Dios retribuyó su aguante (cf. 42\,10-16). Teniendo en cuenta\, además\, el uso ambiguo que hace del nombre divino («el Señor» ὁ κύριος)\, al explicar que «los profetas… hablaron en nombre del Señor» recurre a la antigua tradición cristiana según la cual los profetas antiguos ya «anunciaban la venida del Justo» (Lc 11\,47-51; Hch 7\,52) con su mensaje\, de modo que todos ellos pueden ser indistintamente llamados «profetas del Señor»\, en referencia a Dios\, o en referencia a Jesús.\nPero\, «sobre todo»\, encarece la verdad y la sinceridad. El juramento es señal de desconfianza en la palabra y en las intenciones del otro. Jurar es para los que no se fían; al cristiano le basta con afirmar o negar para dar fe de lo que piensa y siente. El juramento se usaba particularmente en los tribunales para certificar la verdad de una aseveración\, y era punible mentirle al tribunal; aquí Santiago sugiere que ya es de suyo censurable el hecho de tener que recurrir al juramento. Estas palabras del escritor recuerdan las instrucciones de Jesús a sus discípulos respecto del juramento (cf. Mt 5\,34-37). \nEl nuevo estilo de convivencia que propone el Señor de la historia se concreta en comunidades de «hermanos» que dan testimonio de acogida\, de paciencia\, de aguante y de sinceridad. El hecho de que este escrito se dirija a «las doce tribus de la emigración» sugiere un mestizaje étnico\, pero también cultural\, y supone que la «encarnación» del mensaje del Señor en comunidades se realiza en variados contextos y de distintas maneras\, permaneciendo él mismo inalterable. Estos nuevos ámbitos reaccionan de formas diversas al mensaje\, tanto en su aceptación como en su rechazo. Y también muestran diversos testimonios cristianos de profecía y de martirio.\nMostrar ejemplos de estos testimonios en la historia de los pueblos puede ayudar para que estos no vean la buena noticia como algo extraño a su cultura\, y facilitar así la aceptación de la misma. Cuando conozcan mejor al Señor\, descubrirán que él encarna y lleva a su culmen los valores que los pueblos más aprecian.\nY así\, al celebrar la eucaristía se abrazarán a Jesús buscando en él la realización de sus más caros anhelos\, porque él se les presenta como modelo (ὑπόδειγμα: 5\,10) de vida y convivencia.
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SUMMARY:Sabado de la VII semana del Tiempo Ordinario. Año par.
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nLa oración perseverante del justo es poderosa. \nLectura de la carta de Santiago   5\, 13-20 \nHermanos: \nSi alguien está afligido\, que ore. Si está alegre\, que cante salmos. Si está enfermo\, que llame a los presbíteros de la Iglesia\, para que oren por él y lo unjan con óleo en el Nombre del Señor. La oración que nace de la fe salvará al enfermo\, el Señor lo aliviará\, y si tuviera pecados\, le serán perdonados. \nConfiesen mutuamente sus pecados y oren los unos por los otros\, para ser sanados. La oración perseverante del justo es poderosa. Elías era un hombre como nosotros\, y sin embargo\, cuando oró con insistencia para que no lloviera\, no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses. Después volvió a orar; entonces el cielo dio la lluvia\, y la tierra produjo frutos. \nHermanos míos\, si uno de ustedes se desvía de la verdad y otro lo hace volver\, el que hace volver a un pecador de su mal camino sepa que salvará su vida de la muerte y obtendrá el perdón de numerosos pecados. \nSALMO RESPONSORIAL  140\, 1-3. 8 \nR/. ¡Que mi oración suba hasta ti\, Señor! \nYo te invoco\, Señor\, ven pronto en mi ayuda: escucha mi voz cuando te llamo; que mi oración suba hasta ti como el incienso\, y mis manos en alto\, como la ofrenda de la tarde. \nColoca\, Señor\, un guardián en mi boca y un centinela a la puerta de mis labios. Pero mis ojos\, Señor\, están fijos en ti: en ti confío\, no me dejes indefenso. \n\nEVANGELIO\n\nACLAMACIÓN AL EVANGELIO   Cf. Mt 11\, 25 \nAleluya. \nBendito eres\, Padre\, Señor del cielo y de la tierra\, porque revelaste los misterios del Reino a los pequeños. Aleluya. \nEVANGELIO \nEl que no recibe el Reino de Dios como un niño\, no entrará en él. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 10\, 13-16 \nLe trajeron unos niños a Jesús para que los tocara\, pero los discípulos los reprendieron. Al ver esto\, Jesús se enojó y les dijo: “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan\, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño no entrará en él”. \nDespués los abrazó y los bendijo\, imponiéndoles las manos. \n\nLa reflexión del padre Adalberto \nEl autor finaliza su carta mostrando la importancia que tiene la oración en la vida cristiana\, tanto en lo personal como en lo comunitario. Formula el siguiente criterio general: en el malestar hay que orar con súplica; en el bienestar hay que orar con alabanza\, en la adversidad hay que orar solidariamente\, y en este último caso señala el papel de los responsables de la comunidad.\nLa oración es un recurso abierto y disponible para cada uno y para la comunidad\, no privilegio de unos pocos elegidos o entendidos. Es evidente que «la oración activa del justo» tiene mucha eficacia\, porque procede de una persona en comunión con Dios («justo»)\, capaz de conocer y de secundar el designio divino. En todo caso\, los cristianos no solo oran por sí mismos\, puesto que también lo hacen en comunidad e interceden los unos por los otros. \nStg 5\,13-20.\nEl autor se refiere en términos genéricos a tres situaciones hipotéticas\, el sufrimiento\, la alegría y la enfermedad; sintéticamente\, recomienda la oración de súplica (προσεύχομαι) en el caso de la tribulación\, la alabanza y la acción de gracias (ψάλλω) en el caso del buen ánimo o buen humor\, y la súplica solidaria (προσεύχομαι) en el caso de la enfermedad. En concreto\, extiende enseguida su exhortación a la oración solidaria en tres situaciones puntuales:\n1. En la enfermedad física.\nSi se diere el caso de enfermedad física de algún miembro de la comunidad\, el autor lo invita a llamar a los «presbíteros» (πρεσβύτεροι)\, los responsables de la iglesia local\, solicitar su oración por él y que lo unten con aceite. Ambas acciones expresan la misma realidad desde dos diversos puntos de vista: la intervención de Dios y la colaboración de la comunidad.\nPrecediendo a la oración\, hay una untura o unción con «aceite» (ἔλαιον) de olivas. Este era usado como medicina\, junto con el vino (cf. Lc 10\,34); ambos\, aceite y vino\, aparecen como dos signos de la bendición de Dios al pueblo\, y particularmente a Aarón y sus descendientes (cf. Núm 18\,12; Deu 7\,13; 11\,14; 14\,22-23…). Hay dos verbos que se refieren a esta acción (untar/ungir):\n• ἀλείφω\, que tiene un carácter general\, y que se usaba particularmente en el mundo deportivo (aceitar\, masajear)\, connotaba el ánimo para la lucha. En el sentido de «perfumar» se usaba para indicar el ánimo alegre y la cesación de un duelo.\n• χρίω\, que tiene un carácter más propiamente religioso (ungir\, consagrar). Se usaba para indicar las acciones de tocar\, rozar\, frotar\, particularmente para la aplicación de un material grasoso\, un ungüento\, que luego resultaba difícil de quitar.\nAquí se usa el primero (ἀλείφω)\, pero determinado por la invocación del nombre del Señor. Se trata de un uso a la vez médico y religioso del aceite. La oración hecha con fe le infunde vida al enfermo (lo salva:σῷζω)\, el Señor lo «levanta» (ἐγείρω: el verbo usado para la resurrección) y\, si tiene pecados\, se los perdona.\nLa oración\, hecha por los «responsables» de la comunidad\, solicita unánimemente\, en forma de súplica\, la intervención divina a favor de la persona enferma. Dicha oración aparece a cargo de tales «responsables» de la comunidad\, pero nada hace suponer que la comunidad esté excluida de la misma; más bien se debe entender que ellos la encabezan. En todo caso\, la precedencia de la unción implica el hecho de poner los bienes y las bendiciones de Dios al servicio de la vida y de la salud de las personas\, y que eso se reafirma con «la oración hecha con fe».\n2. En situación de pecado.\nCuando se da la situación de pecado es necesario «confesarlos» delante de los otros y orar unos por otros para ser «sanados». El acto de «confesarse» (ἐξομολογέω) pecadores entraña el hecho de su reconocimiento y la admisión de la propia responsabilidad. La oración involucra a Dios en esta «confesión»\, y la intervención divina acepta la confesión y sanciona el perdón. La finalidad de la misma consiste en «sanar» (ἰάομαι)\, acción que en los evangelios connota la restauración de las relaciones de convivencia.\nSe requiere «la oración activa del justo»\, ya no de los presbíteros de la iglesia\, y se aduce el ejemplo de Elías\, que muestra más bien el aspecto social de ese pecado y también de la oración en relación con el mismo. En efecto\, la oración de Elías estaba dirigida a hacer sentir la reprobación de Dios por la idolatría que se practicaba y la injusticia que se cometía en el pueblo de Israel. Y\, cuando hizo llover\, mostró la reconciliación del pueblo con Dios y la consiguiente bendición. Otra vez\, el autor aduce un ejemplo del Antiguo Testamento. Como la fe se muestra «activa» en el amor (cf. Gál 5\,6)\, la oración del justo lo hace al comprometerse este para que el designio de Dios sea conocido y reconocido. Elías mostró e hizo respetar el designio divino y logró con su oración la conversión del pueblo a Dios (cf. 1Rey 17–18).\n3. En caso de extravío.\nSi en el primer caso se resaltaba el papel de los «responsables» de la comunidad en el perdón del pecado del enfermo\, en el segundo se resalta el papel de la comunidad en el perdón del pecado de la misma\, y en este último se resalta el papel del creyente individual en el perdón del pecado de otro miembro de la comunidad. En los tres casos se menciona el pecado en forma nominal.\nPor último\, se refiere al que se aparta del camino de la «verdad»\, es decir de la buena noticia (cf. 1\,18) y de la experiencia del amor de Dios. Propone que uno lo busque y lo regrese al camino de Dios. Este que lo busca y lo regresa al camino de la verdad se beneficia a sí mismo\, porque se salva de la muerte y sepulta un sinfín de pecados. Este es el compromiso del hombre que solicita el perdón de su pecado (cf. Sal 51\,15) y experimenta la dicha del perdón concedido por Dios (cf. Sal 32\,1-2)\, porque «el amor disimula las ofensas» (Prv 10\,12).\nEsta recomendación implica que no es licito permanecer indiferente cuando algún miembro de la comunidad se aparta del camino de la «verdad»\, porque se pone en peligro la propia salvación. \nLa oración\, sea individual o comunitaria\, sacramental o no\, sea por el pecado colectivo o por el extravío individual\, es necesaria y eficaz si la hace el justo\, con fe\, y –sobre todo– en nombre del Señor (ἐν τῷ ὀνόματιτοῦ κυρίου)\, es decir\, invocando al Señor y en unión de propósito con él.\nLa oración cristiana se distancia del «conjuro» supersticioso y de la mera «invocación» religiosa. En el caso del «conjuro» supersticioso\, se supone que este tiene eficacia por la obligatoriedad de las palabras\, ellas solas bastan para poner los poderes –infra o supra mundanos– al servicio de quien las pronuncia. En el caso de la simple «invocación religiosa»\, se supone que la eficacia está en la persona que la hace\, ya que su petición –por el hecho de hacerla ella– es irresistible para la divinidad a la que se dirige\, la cual no tiene más alternativa que acceder. La oración cristiana\, por el contrario\, se basa en la unión del creyente en Jesús con el Padre celestial a través del Espíritu Santo para realizar el designio divino revelado en el mensaje del amor universal. El ser humano acepta ese designio y lo secunda comprometiéndose a realizarlo siguiendo el camino de Jesús y guiado por el Espíritu Santo.\nEn la celebración de la eucaristía se pueden dar todas las formas de oración cristiana: individual y comunitaria\, por los vivos y por los difuntos\, de súplica\, de acción de gracias y de alabanza… Es la gran oportunidad para revitalizar nuestra esperanza.
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SUMMARY:Domingo de la VIII semana del Tiempo Ordinario. Año par.
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nNo elogies a nadie antes de oírlo razonar. \nLectura del libro del Eclesiástico   27\,4-7 \nCuando se zarandea la criba\, quedan los residuos: así los desechos de un hombre aparecen en sus palabras. \nEl horno pone a prueba los vasos del alfarero\, y la prueba del hombre está en su conversación. \nEl árbol bien cultivado se manifiesta en sus frutos; así la palabra expresa la índole de cada uno. \nNo elogies a nadie antes de oírlo razonar\, porque allí es donde se prueban los hombres. \nSALMO RESPONSORIAL   91\,2-3.13-16 \nR/. Es bueno darte gracias\, Señor. \nEs bueno dar gracias al Señor\, y cantar\, Dios Altísimo\, a tu Nombre; proclamar tu amor de madrugada\, y tu fidelidad en las vigilias de la noche. \nEl justo florecerá como la palmera\, crecerá como los cedros del Líbano: trasplantado en la Casa del Señor\, florecerá en los atrios de nuestro Dios. \nEn la vejez seguirá dando frutos\, se mantendrá fresco y frondoso\, para proclamar qué justo es el Señor\, mi Roca\, en quien no existe la maldad. \nSEGUNDA LECTURA \nNos ha dado la victoria por Jesucristo. \nLectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 15\,51. 54-58 \nHermanos: \nLes voy a revelar un misterio: \nNo todos vamos a morir\, pero todos seremos transformados. \nCuando lo que es corruptible se revista de la incorruptibilidad y lo que es mortal se revista de la inmortalidad\, entonces se cumplirá la palabra de la Escritura: “La muerte ha sido vencida. ¿Dónde está\, muerte\, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?” Porque lo que provoca la muerte es el pecado y lo que da fuerza al pecado es la Ley. \n¡Demos gracias a Dios\, que nos ha dado la victoria por nuestro Señor Jesucristo! \nPor eso\, queridos hermanos\, permanezcan firmes e inconmovibles\, progresando constantemente en la obra del Señor\, con la certidumbre de que los esfuerzos que realizan por Él no serán vanos. \n\nEVANGELIO\n\nACLAMACIÓN AL EVANGELIO Flp 2\, 15d. 16a \nAleluya. \nUstedes brillan como rayos de luz en el mundo\, mostrando la Palabra de Vida. Aleluya. \nEVANGELIO \nDe la abundancia del corazón habla la boca. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 6\, 39-45 \nJesús hizo esta comparación: \n¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo? \nEl discípulo no es superior al maestro; cuando el discípulo llegue a ser perfecto\, será como su maestro. \n¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano\, deja que te saque la paja de tu ojo”\, tú\, que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita\, saca primero la viga de tu ojo\, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano! \nNo hay árbol bueno que dé frutos malos\, ni árbol malo que dé frutos buenos: cada árbol se reconoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas. \nEl hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón. El malo saca el mal de su maldad\, porque de la abundancia del corazón habla la boca. \n\nLa reflexión del padre Adalberto Sierra  \nEn el «discurso de la llanura»\, Jesús se dirigió primero a sus discípulos y\, luego\, a la muchedumbre del pueblo que había venido de todas partes a escucharlo y a que\, por escucharlo\, él la dejara en buen estado. Ahora se vuelve a los discípulos. El evangelista anuncia una parábola que vendrá al final\, después de tres cuestiones que les plantea en torno al discipulado y en contraste con algo a lo que ellos estaban acostumbrados\, el espíritu farisaico. Jesús quiere que sus discípulos tengan claro que el espíritu farisaico va más allá de los mismos fariseos\, y que puede darse también entre ellos. Con esta advertencia busca prevenir a los suyos contra un nuevo farisaísmo. \nLc 6\,39-45.\nEl texto propuesto para este domingo contiene las dos primeras cuestiones\, que conciernen a la actitud del discípulo en torno a lo que es y a lo que hace como tal en la sociedad humana. El ser determina el hacer; por eso es decisivo que el discípulo defina su ser para asumir su quehacer.\n1. El ser del discípulo: el hermano.\nJesús se vale de un proverbio popular en forma de pregunta: «¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego?». Proverbio que pondera la imposibilidad de una acción\, por muy bien intencionada que ella esté\, dada la imposibilidad que implica el ser. No se refiere a una discapacidad física\, como se aprecia en las otras seis veces que aparece el término «ciego» en el evangelio (cf. 4\,18; 7\,21.22; 14\,13.21; 18\,35)\, sino a una incapacidad espiritual\, a la que Jesús pone fin proclamando la vista. A continuación\, formula otra pregunta que exige respuesta afirmativa: «¿No caerán los dos en el hoyo?». Es decir\, la buena intención no impide el fracaso de la acción. Así\, con ambas preguntas introduce una afirmación respecto del ser: «No hay discípulo por encima del maestro». No se trata de una cuestión de rango; Jesús no afirma que el maestro es más que el discípulo\, o que el discípulo es menos que el maestro. Es cuestión de idoneidad: el maestro\, como tal\, es más diestro que su discípulo; por eso\, advierte a continuación que el discípulo –terminado exitosamente su aprendizaje– será tan experto como su maestro. Señala así la raíz de la ineficiencia del discípulo como tal. Si no se empeña en aprender de su maestro\, no llegará a darle la talla.\nEl paso de la tercera persona a la segunda indica que sale del terreno de los principios y entra en el de las ilustraciones. Propone un ejemplo claro: fijarse en el minúsculo obstáculo que enfrenta el hermano sin reparar en el propio y mayúsculo obstáculo es un patente modelo de hipocresía. Pretender resolverle al hermano su pequeño problema sin haber resuelto el propio\, mayor aún\, es un comportamiento hipócrita. Es preciso remover primero el propio obstáculo para ayudarle al hermano a remover el suyo\, que es menor.\nEn esta ilustración\, la «viga» –que impide ver bien y que dificulta la buena acción– es la ausencia de amor. Sin amor\, es imposible enseñar a otro a amar. El discípulo que no ha asimilado el amor universal que Jesús propone está incapacitado para mejorar la vida y la convivencia de los otros\, porque la obra de Jesús solo se puede realizar con el Espíritu de Jesús.\nCuatro veces se repite el término «hermano» en la primera cuestión\, lo que indica su importancia en la misma. Jesús se refiere a que es imposible construir la fraternidad universal sin una actitud sinceramente fraternal\, inspirada en el amor universal. Es imposible hacer hermanos sin serlo.\n2. El quehacer del discípulo: los frutos.\nA continuación\, Jesús avala otro proverbio en relación con lo que ha dicho: «En efecto\, no hay árbol excelente (καλός) que dé fruto dañado (σαπρός) ni\, a su vez\, árbol dañado que dé fruto excelente». Proverbio con el cual nuevamente afirma la relación entre el ser y el hacer\, dando a entender que las acciones muestran exteriormente lo que es la persona por dentro. El discípulo «excelente» es el que ha terminado exitosamente su aprendizaje y es como su maestro. El «fruto dañado» es el inútil para alimentarse\, y corresponde a las obras dañinas para la vida personal y la convivencia social entre las personas. Esto sugiere que el discípulo se manifiesta como tal por sus obras de amor\, que transmiten vida. Es discípulo de Jesús quien por amor a los demás se da a sí mismo para mejorar la calidad de vida de los demás; el que es bueno con todos y siempre les hace el bien a los demás\, sin distinguir entre amigos y enemigos\, paisanos o extranjeros.\nY luego afirma que este es el criterio para juzgar más allá de las apariencias: «cada árbol se conoce por sus frutos»; es decir\, el quehacer se deriva del ser. Por eso\, «no se cogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas». Con esta afirmación\, Jesús no descalifica unos frutos respecto de otros\, ya que tanto el «espino» (ἄκανθα) como la «zarza» (βάτος) producen frutos comestibles\, sino que afirma la imposibilidad de que un árbol produzca los frutos de otro árbol de una especie distinta de la suya. No se pueden realizar las «obras» propias del discípulo de Jesús sin ser uno de ellos. Esas «obras» –creación\, liberación y salvación– son distintas de las «obras» de la Ley.\nAplicadas al discipulado\, estas imágenes quieren decir que el verdadero discípulo se conoce por sus obras de amor similares a las de Jesús\, y la falsedad del discípulo queda al descubierto cuando dichas obras faltan\, pero afloran las obras farisaicas. La forma de actuar revela la realidad interior de las personas. El discípulo de Jesús se conoce por sus actuaciones\, que son coherentes con las de Jesús.\nEl paso de la metáfora vegetal a la realidad humana es patente cuando afirma: «el hombre bueno (άγαθός)\, de la bondad que atesora en su corazón\, saca el bien\, y el malvado (πονηρός)\, de su maldad saca lo malo». Esto lo ilustra con el modo de hablar: las palabras que se profieren revelan lo que cada persona tiene en su interior. Pero ha de extenderse a toda actuación individual.\nLos términos «excelente» y «dañado»\, referidos al fruto\, se repiten dos veces cada uno; en cambio\, los términos «fruto»\, «bueno» y «malvado» se repiten tres veces cada uno. Esto deja entender que la excelencia del discípulo\, o su inautenticidad\, dependen de la integridad de sus obras. \nEl espíritu farisaico consiste en manifestar una actitud exterior que no concuerda con la interior. Jesús lo compara con la actuación teatral\, en donde el actor se ponía una máscara para interpretar su personaje. Al actor se lo llamaba «hipócrita»\, término que significaba «intérprete por debajo (de la máscara)»\, es decir\, «comediante». Se trataba de alguien que interpretaba una realidad que era distinta de la suya. El auténtico discípulo no puede ser un comediante\, porque termina siendo un farsante embaucador\, fingiendo una realidad ajena a sí mismo.\nEl discípulo\, como persona de fe\, es seguidor de Jesús y se esmera por parecerse a él. Y para que lo pueda lograr\, el Señor le da su Espíritu\, que lo capacita para amar a todos y actuar como él. Esta condición se verifica a través de los «frutos»\, es decir\, de las obras de amor fraternal a favor de todo ser humano\, a semejanza de Jesús. Este es el empeño que compromete a cada discípulo y a cada comunidad de discípulos: producir los «frutos» del Señor\, no otros\, porque esos son los que comunican vida eterna.\nEn las asambleas dominicales\, los discípulos y sus comunidades se nutren de la palabra y del pan a la mesa del Señor para identificarse con él y ser sus fidedignos testigos con acciones y palabras
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SUMMARY:Lunes de la VIII semana del Tiempo Ordinario. Año par.
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nUstedes aman a Cristo sin haberlo visto\, y creyendo en Él\, se alegran con un gozo indecible. \nLectura de la primera carta del Apóstol san Pedro   1\, 3-9 \nBendito sea Dios\, el Padre de nuestro Señor Jesucristo\, que en su gran misericordia\, nos hizo renacer\, por la resurrección de Jesucristo\, a una esperanza viva\, a una herencia incorruptible\, incontaminada e imperecedera\, que ustedes tienen reservada en el cielo. Porque gracias a la fe\, el poder de Dios los conserva para la salvación dispuesta a ser revelada en el momento final. \nPor eso\, ustedes se regocijan a pesar de las diversas pruebas que deben sufrir momentáneamente: así\, la fe de ustedes\, una vez puesta a prueba\, será mucho más valiosa que el oro perecedero purificado por el fuego\, y se convertirá en motivo de alabanza\, de gloria y de honor el día de la Revelación de Jesucristo. Porque ustedes lo aman sin haberlo visto\, y creyendo en Él sin verlo todavía\, se alegran con un gozo indecible y lleno de gloria\, seguros de alcanzar el término de esa fe\, que es la salvación. \nSALMO RESPONSORIAL   110\, 1-2. 5-6. 9. 10c \nR/. ¡El Señor se acuerda eternamente de su Alianza! \nDoy gracias al Señor de todo corazón\, en la reunión y en la asamblea de los justos. Grandes son las obras del Señor: los que las aman desean comprenderlas. \nProveyó de alimento a sus fieles y se acuerda eternamente de su Alianza. Manifestó a su pueblo el poder de sus obras\, dándole la herencia de las naciones. \nÉl envió la redención a su pueblo\, promulgó su Alianza para siempre: su Nombre es santo y temible. ¡El Señor es digno de alabanza eternamente! \n\nEVANGELIO\n\nACLAMACIÓN AL EVANGELIO  2Cor 8\, 9 \nAleluya. \nJesucristo\, siendo rico\, se hizo pobre por nosotros\, a fin de enriquecernos con su pobreza. Aleluya. \nEVANGELIO \nVende lo que tienes y sígueme. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 10\, 17-27 \nJesús se puso en camino. Un hombre corrió hacia Él y\, arrodillándose\, le\, preguntó: “Maestro bueno\, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?” Jesús le dijo: “¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás\, no cometerás adulterio\, no robarás\, no darás falso testimonio\, no perjudicarás a nadie\, honra a tu padre y a tu madre”. El hombre le respondió: “Maestro\, todo eso lo he cumplido desde mi juventud”. Jesús lo miró con amor y le dijo: “Sólo te falta una cosa: ve\, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después\, ven y sígueme”. Él\, al oír estas palabras\, se entristeció y se fue apenado\, porque poseía muchos bienes. \nEntonces Jesús\, mirando alrededor\, dijo a sus discípulos: “¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!” Los discípulos se sorprendieron por estas palabras\, pero Jesús continuó diciendo: “Hijos míos\, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja\, que un rico entre en el Reino de Dios”. Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: “Entonces\, ¿quién podrá salvarse?” \nJesús\, fijando en ellos su mirada\, les dijo: “Para los hombres es imposible\, pero no para Dios\, porque para Él todo es posible”. \n\nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nLa carta no llamaba la atención de algunos especialistas porque parecía no aportar novedad con relación a los otros escritos\, salvo lo de «sacerdocio real» y lo de la predicación del Mesías en el lugar de los muertos (cf. 2\,9; 3\,19). Después se fijaron en su parentesco con los sinópticos\, o con los discursos de Hechos\, o con las exhortaciones morales de Pablo\, y pensaron en su importancia para conocer cómo era la catequesis en el período apostólico.\nDespués del saludo (1\,1-2)\, se refiere al nuevo nacimiento (1\,3-2\,10); enseguida\, exhorta a vivir el testimonio ante la sociedad (2\,11-5\,11)\, y concluye con la despedida (5\,12-14). La vida cristiana transcurre\, según lo anunciado (1\,10-12)\, en la esperanza de los hijos y en la convivencia fraterna (1\,13-25)\, como nuevo culto y nuevo sacerdocio\, después de la lactancia propia de «niños» (2\,1-10); por eso\, exhorta a todos a vivir a distancia de la bajeza (2\,11-12)\, dando testimonio esforzado del Mesías (2\,13-4\,6)\, con invencible alegría (4\,12-19)\, y también a los «maduros» y a los «jóvenes» a asumir sus responsabilidades en la vida comunitaria y en la tribulación. \n1Ped 1\,3-9.\nRemitente. A diferencia de nuestro género epistolar actual\, el antiguo comenzaba con la mención del remitente de la carta. Y este se identifica como «Pedro\, apóstol de Jesús Mesías». El uso del sobrenombre no es extraño\, ya que «Pablo»\, por ejemplo\, es la forma como solía presentarse el apóstol cuyo nombre era Saulo\, pero que él cambió como señal de su conversión. «Pedro»\, que significa «piedra»\, sobrenombre que indicaba la testarudez de Simón\, fue reinterpretado por Jesús para sugerir firmeza y fidelidad (cf. Mt 16\,18)\, y es probable que por eso Simón prefiriera llamarse así desde su propia conversión. «Apóstol» significa «enviado»\, o «misionero»\, lo cual implica el vínculo con quien lo envía y\, por consiguiente\, la autoridad de la que estaba investido\, con la que se presentaba ante quienes era enviado. Pedro se declara enviado por «Jesús Mesías». El nombre Jesús significa «el Señor salva»\, y el título Mesías\, que significa «enviado»\, y se refiere al enviado de Dios para liberar a su pueblo (ahora la humanidad entera) de toda esclavitud. En ese nombre y en ese título están implícitas las promesas de Dios a la humanidad: libertad y vida.\nSaludo. Se dirige a comunidades del norte de Asia Menor\, formadas por «emigrantes dispersos» (cf. Gén 23\,4; Sal 39\,13; Stg 1\,1; Heb 11\,9)\, de origen pagano diverso (universalidad)\, no estables en patria terrena alguna («emigrantes»). No obstante\, son residentes del reino de Dios\, al cual se vinculan por la elección divina y su consagración por el Espíritu Santo\, según el designio de Dios Padre\, por su respuesta de fe a Jesús y por la aspersión purificadora de su «sangre» (respuesta de Dios a su fe: el Espíritu\, amor manifestado en la cruz)\, que los purifica de pecado. La «gracia» es la experiencia de Dios como amor generosamente comunicado; la «paz»\, el efecto de ese amor en las relaciones entre Dios y los hombres y en la convivencia humana. Esa paz es dinámica\, por eso habla de «paz creciente»\, indicando así el crecimiento de dichas relaciones (cf. 1\,1-2).\nBendición. Los israelitas bendecían (daban gracias) al Dios de Abraham; los cristianos\, al «Dios y Padre de nuestro Señor Jesús Mesías». El título «Señor»\, relacionado con el de «Mesías»\, recalca la unidad e igualdad de Jesús con Dios. Pedro se presenta\, así\, como enviado con misión divina. El tema de esta bendición es el nuevo nacimiento que este Padre\, según su gran misericordia\, ha concedido al dar una esperanza viva\, y\, con ella\, la de una promesa de vida que se verificó cuando levantó de la muerte al Mesías Jesús. La promesa a Abraham era la libertad y la vida. Israel sintió cumplida tal promesa cuando recibió en herencia la tierra de Canaán (cf. Deu 15\,4; 19\,10; cf. Sal 79\,1) pero lo que el Padre cumplió en Jesús desbordó toda expectativa\, porque ahora se trata de una herencia que no se corrompe\, no se mancha ni se marchita –como sí sucede con los bienes terrenos–\, y está reservada «en el cielo» –la morada divina– por Dios para nosotros. A diferencia de la tierra de Canaán\, invadida por los enemigos\, diezmada por la guerra y profanada por impíos\, la «herencia» de los seguidores de Jesús a quienes\, por la fe\, Dios cuida con su fuerza de vida\, garantiza la salvación ahora en las penalidades presentes y en el tiempo futuro. La ponderación de la «herencia» en cuanto a su excelencia y en cuanto a su seguridad –custodiada por el mismo Dios\, superior a cualquier ejército– se suma a la absoluta garantía de que los herederos de dicha promesa\, por su adhesión a Jesús\, están también bajo la custodia de Dios hasta que se cumpla plenamente «la salvación dispuesta a revelarse en el momento final».\nSi en condición de «emigrantes dispersos» (παρεπίδεμοί διασπορᾶς)\, o sea\, sin tierra propia\, son herederos de la promesa\, es porque esta ya está desligada de la tierra; y si han nacido de nuevo y su herencia está en el cielo\, también esta está desligada de la descendencia\, ya es vida eterna.\nY enseguida interpreta las tribulaciones que padecen los cristianos en su medio social (vv. 6-9):\n• Las «pruebas»\, que no vienen de Dios\, sino de los hombres\, las sobrellevan con alegría. Dios está con ellos. Esas pruebas los someten a un doloroso proceso de verificación\, como un horno que los purifica (cf. 4\,12)\, ya que los llevan a tomar parte en los sufrimientos del Mesías (cf. 4\,13). Sin embargo\, es necesario tener presente que esas aflicciones son pasajeras.\n• Además\, las «pruebas» son una ocasión para que ellos muestren el valor y la pureza de su fe\, que tiene más precio que el oro\, que\, siendo una riqueza perecedera y una herencia corruptible\, no obstante\, es aquilatado con fuego. Esta fe se entiende como la «fidelidad» que supera el dolor y aguanta hasta recibir gloria y honor cuando se manifieste la gloria de Jesús Mesías.\n• Su alegría y su fe se basan en el amor a Jesús Mesías resucitado\, no en la adhesión a un caudillo temporal. Él no pertenece a su experiencia física\, pero sí a su experiencia espiritual\, por el amor; la fe en él\, que supera la experiencia física\, es una realidad perceptible en el amor que reciben de él (el Espíritu) y en el amor que ellos\, en su nombre\, le prodigan a los demás.\n• La certeza de alcanzar esa salvación (vida) que promete la fe los anima siempre. El gozo es real\, la alegría es real\, la vida nueva («salvación») es real. No están viviendo una ilusión\, sino que están comprobando que la fe-fidelidad a Jesús\, a pesar de las tribulaciones\, no los conduce a sentirse muriendo en vida\, sino viviendo una vida de calidad inigualable\, satisfactoria. \nSi el cristiano tiene conciencia clara de su condición de «emigrante»\, no buscará la aprobación del «mundo» como si ese fuera su principal anhelo. Puede soportar críticas e insultos sin perder la alegría ni mostrarse arrogante. Si ha de desmentir las calumnias\, será llevando una conducta digna\, como puede hacerlo\, y no amargándose. Respetar incluso a los detractores es mostrar con hechos que no pertenece al «mundo»\, aunque sí coincida en el mismo espacio-tiempo. La «nota» característica de su testimonio de fe en Jesús es la alegría que dimana del amor del Señor y de la esperanza puesta en la herencia eterna que espera recibir.\nQuien celebra la eucaristía recibe en ella la prenda de esa «herencia»\, el pan de la vida eterna. Y experimenta consuelo en la aflicción y fuerza en su fragilidad. Ella es impulso de vida para el testimonio\, ya que la Pascua de Jesús nos hace partícipes del don del Espíritu Santo.
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