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SUMMARY:Martes de la VIII semana del Tiempo Ordinario. Año par
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nLos profetas vaticinaron sobre la gracia destinada a ustedes. Por lo tanto\, pongan toda su esperanza en la gracia. \nLectura de la primera carta del Apóstol san Pedro 1\, 10-16 \nHermanos: \nLa salvación ha sido el objeto de la búsqueda y la investigación de los profetas que vaticinaron sobre la gracia destinada a ustedes. Ellos trataban de descubrir el tiempo y las circunstancias señaladas por el Espíritu de Cristo\, que estaba presente en ellos\, y anunciaba anticipadamente los sufrimientos reservados a Cristo y la gloria que les seguiría. A ellos les fue revelado que estaban al servicio de un mensaje destinado no a sí mismos\, sino a ustedes. Y ahora ustedes han recibido el anuncio de ese mensaje por obra de quienes\, bajo la acción del Espíritu Santo enviado desde el cielo\, les transmitieron la Buena Noticia que los ángeles ansían contemplar. \nPor lo tanto\, manténganse con el espíritu alerta\, vivan sobriamente y pongan toda su esperanza en la gracia que recibirán cuando se manifieste Jesucristo. \nComo hijos obedientes\, no procedan de acuerdo con los malos deseos que tenían antes\, mientras vivían en la ignorancia. Así como Aquél que los llamó es santo\, también ustedes sean santos en toda su conducta\, de acuerdo con lo que está escrito: “Sean santos\, porque Yo soy santo”. \nSALMO RESPONSORIAL 97\,1-4 \nR/. ¡El Señor manifestó su victoria! \nCanten al Señor un canto nuevo\, porque Él hizo maravillas: su mano derecha y su santo brazo le obtuvieron la victoria. \nEl Señor manifestó su victoria\, reveló su justicia a los ojos de las naciones: se acordó de su amor y su fidelidad en favor del pueblo de Israel. \nLos confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios. Aclame al Señor toda la tierra\, prorrumpan en cantos jubilosos. \n\nEVANGELIO\n\nACLAMACIÓN AL EVANGELIO Cf. Mt 11\, 25 \nAleluya. \nBendito eres\, Padre\, Señor del cielo y de la tierra\, porque revelaste los misterios del Reino a los pequeños. Aleluya. \nEVANGELIO \nUstedes recibirán en este mundo el ciento por uno\, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro\, la Vida eterna. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 10\, 28-31 \nPedro le dijo a Jesús: “Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”. \nJesús respondió: “Les aseguro que el que haya dejado casa\, hermanos y hermanas\, madre y padre\, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia\, desde ahora\, en este mundo\, recibirá el ciento por uno en casas\, hermanos y hermanas\, madres\, hijos y campos\, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna. \nMuchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros”. \n\nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nTodavía tenemos mucho que aprender de los primeros evangelizadores. La nueva realidad que provocó Jesús exigía nuevas expresiones\, y esto solo podían hacerlo hombres radicalmente libres como Jesús. Sus primeros discípulos estaban muy condicionados por las categorías culturales y religiosas del mundo judío. Y la buena noticia debía expresarse en categorías universales.\nUsar las categorías judías para mostrar la nueva realidad que trae la vida cristiana entrañaba un riesgo\, pero\, también\, era una oportunidad\, al partir de lo conocido. La sabiduría consiste en que la nueva experiencia de vida les da un nuevo contenido a las categorías antiguas. Eso permitió ir desarrollando poco a poco un lenguaje propio\, cada vez más inserto en las otras culturas y lejano de aquella en la que primero se anunció la buena noticia\, con sus correspondientes riesgos. \n1Ped 1\,10-16.\nDe la bendición (vv. 3-9)\, el autor pasa a explicar la razón de ser de la misma ponderando ahora la salvación por la cual da gracias a Dios Padre. Sigue refiriéndose a la «herencia» que él otorgó al resucitar de la muerte a Jesús Mesías\, la nueva tierra prometida y la nueva alianza. Téngase en cuenta que la carta se dirige «a los emigrantes dispersos» en países paganos\, a creyentes que –tras su conversión– viven como extranjeros en su propia patria\, porque ahora son ciudadanos de un nuevo reino\, el de Dios. Por tanto\, se refiere a la salvación a ellos ofrecida y por ellos acogida.\n«Esta salvación» (cf. v. 9) fue objeto de interés e investigación por parte de «ciertos profetas»\, no de «los profetas»\, como se solía decir para referirse a los antiguos. Así que se trata de que algunos profetas de las comunidades cristianas anunciaron las conversiones de paganos y los sufrimientos que por esa causa les vendrían a las comunidades que les abrieran los brazos a los paganos; pero también el Espíritu del Mesías los alentaba declarándoles que de esa apertura derivarían triunfos. La indagación de los profetas manifiesta un discernimiento colegiado; el objeto de la indagación eran el tiempo y las circunstancias del oráculo del Espíritu. Y en tal discernimiento recibieron la revelación de que el ministerio profético que entonces ejercían no se refería a ellos mismos\, sino a los paganos a quienes ahora se dirige el autor. El hecho realizado confirma la profecía. No está claro en qué consisten los «sufrimientos» anunciados a los profetas\, pero sí su motivo\, anunciar la buena noticia a los paganos y compartir con ellos las promesas de Dios.\nEl «Espíritu del Mesías» (v. 11) se identifica con el Espíritu Santo «enviado del cielo» (v. 12). La afirmación implica que el Espíritu\, conocido como «de Dios» o «del Señor»\, es el que «consagra» (hace santos) a los paganos\, es decir\, los introduce en el ámbito divino por la «aspersión» de la «sangre» de Jesús Mesías (v. 2). Esta acción salvadora que se verificó gracias a Jesús Mesías y que el Espíritu anunció y confirmó consagrando a los paganos se ha hecho visible y eficaz por obra de «los que les trajeron la buena noticia». Hay así una línea de continuidad: el proyecto de Dios Padre\, la consagración por el Espíritu\, la alianza por la aspersión de la sangre de Jesús (v. 2)\, y la evangelización por parte de los anunciadores de la buena noticia (v. 12).\nLa novedad de este hecho es tan real\, que ni siquiera los ángeles\, que eran considerados expertos en los secretos de Dios\, habrían podido imaginarse algo así. Esta es una forma de ponderar cuán sorprendente es –humanamente hablando– el designio que Dios está realizando. Éste es el gran secreto que Dios se tenía reservado: la integración de los paganos para formar su reino.\nLos cristianos de origen pagano ahora realizarán su propio éxodo. Los «lomos ceñidos» (cf. Éxo 12\,11) era una expresión que se usaba para indicar que se emprendía un largo viaje; al hablar de «ajustar los lomos de la mente» (1Ped 1\,13)\, Pedro muestra el carácter espiritual del nuevo éxodo. Se refiere a la nueva mentalidad con la que habrán de realizar la travesía –ya no del desierto– a lo largo de la historia. Ellos están consagrados a Dios de un modo diferente a como lo estaban los miembros del pueblo de Israel en el Antiguo Testamento:\n• El «cíngulo» mental es una imagen de gran hondura. Tener los lomos ceñidos era una actitud de disponibilidad propia de los siervos en relación con sus amos; aquí se habla de la decisión del servicio libre\, que expresa el amor disponible para procurar el bien de la humanidad\, al estilo del Mesías\, y no solo para buscar el bien del connacional o del correligionario.\n• La «sobriedad» de vida concreta la opción cristiana por la pobreza\, o sea\, sobriedad por amor a la humanidad\, por solidaridad con los desposeídos. La disposición al servicio indiscriminado se concreta en el desapego en relación con los bienes materiales para dar paso a la generosidad que permite compartir con alegría las bendiciones de Dios para la humanidad.\n• La «esperanza» sin reservas en el don que traerá «la manifestación de Jesús Mesías» muestra la insatisfacción del cristiano con respecto de la realidad presente\, porque se siente llamado a una vida de superior calidad\, y aspira a lograr su plenitud con la certeza de la fidelidad de Dios a sus promesas\, y que tendrán su seguro cumplimiento por la fidelidad a Jesucristo.\nSu actual condición de «hijos obedientes» es decir\, «hijos de la escucha»\, los opone a su antigua condición de «ignorancia»; o sea\, antes no conocían a Dios y eran esclavos de sus impulsos\, ahora se espera que no se comporten como siervos temerosos\, sino como hombres libres («hijos»)\, que sean «santos» como Dios\, que los llamó. Aunque usa una categoría del Antiguo Testamento –en concreto cita Lev 19\,2– en atención al pasado judío (o simpatizante) de sus destinatarios\, el autor tiene otro concepto de «santo»\, como se vio antes (el servicio\, la sobriedad y la esperanza).\nEl tema de la «escucha» (ὑπακοή)\, que aparece tres veces (cf. 1\,2.14.22)\, contrasta con el tema de la «subordinación» (ὑποτάσσω)\, que aparece seis veces (cf. 2\,13.18; 3\,1.5.22; 5\,5). El primero se aplica a la relación con Dios como expresión de hombres libres que acogen la «verdad» de Dios; el segundo\, a cristianos prudentes que se atienen a las normas de convivencia social para evitar escándalos que desacrediten la buena noticia. Esto último entraña realismo\, no concesiones al «mundo» (cf. v. 14). Si Dios ha sido condescendiente con la humanidad\, y él es santo\, sus «hijos» han de serlo también con libertad\, sin rigorismos. Esa «santidad» garantiza que la manifestación de Jesús Mesías traerá el don prometido: la vida eterna. \nEn las comunidades cristianas también hay profetas. Y estos\, guiados por el Espíritu del Mesías\, muestran cómo el mensaje del Mesías se va a extender por todo el mundo. Y también anuncian que el mensaje se propagará al mismo precio que tuvo que pagar Jesús en el mundo judío. Por eso\, el cristiano tiene el reto de mostrar que es miembro del pueblo misionero de Dios. Y esta demostración la hace él a partir de su consagración a Dios\, que se expresa en el servicio\, en la sobriedad de vida y en una esperanza a prueba de tribulaciones. Si se separa de la corrupción\, no lo hace por puritanismo ni mojigatería\, sino por santidad\, pero sabe ser condescendiente.\nEn la celebración de la eucaristía renovamos nuestra vocación a vivir la santidad cristiana\, que no consiste en apartarnos de los demás\, sino en la entrega de servicio al estilo de Jesús: darnos como él\, con libre y generoso desprendimiento de nosotros mismos\, para que los demás tengan vida y así logren colmar la esperanza que\, por disposición de Dios\, anida en sus corazones.
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SUMMARY:Miércoles de Ceniza 02 de Marzo. Año Par
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nDesgarren su corazón y no sus vestiduras. \nLectura de la profecía de Joel 2\, 12-18 \nAhora dice el Señor: \nVuelvan a mí de todo corazón\, con ayuno\, llantos y lamentos. \nDesgarren su corazón y no sus vestiduras\, y vuelvan al Señor\, su Dios\, porque Él es bondadoso y compasivo\, lento para la ira y rico en amor\, y se arrepiente de sus amenazas. \n¡Quién sabe si Él no se volverá atrás y se arrepentirá\, y dejará detrás de sí una bendición: la ofrenda y la libación para el Señor\, su Dios! \n¡Toquen la trompeta en Sión\, prescriban un ayuno\, convoquen a una reunión solemne\, reúnan al pueblo\, convoquen a la asamblea\, congreguen a los ancianos\, reúnan a los pequeños y a los niños de pecho! \n¡Que el recién casado salga de su alcoba y la recién casada de su lecho nupcial! \nEntre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes\, los ministros del Señor\, y digan: “¡Perdona\, Señor\, a tu pueblo; no entregues tu herencia al oprobio\, y que las naciones no se burlen de ella! \n¿Por qué se ha de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?” \nEl Señor se llenó de celos por su tierra y se compadeció de su pueblo. \nSALMO RESPONSORIAL 50\, 3-6a. 12-14. 17 \nR/. ¡Ten piedad\, Señor\, porque hemos pecado! \n¡Ten piedad de mí\, Señor\, por tu bondad\, por tu gran compasión\, borra mis faltas! ¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado! \nPorque yo reconozco mis faltas y mi pecado está siempre ante mí. Contra ti\, contra ti solo pequé e hice lo que es malo a tus ojos. \nCrea en mí\, Dios mío\, un corazón puro\, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu. \nDevuélveme la alegría de tu salvación\, que tu espíritu generoso me sostenga. Abre mis labios\, Señor\, y mi boca proclamará tu alabanza. \nSEGUNDA LECTURA \nDéjense reconciliar con Dios. Éste es el tiempo favorable. \nLectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 5\, 20—6\, 2 \nHermanos: \nNosotros somos embajadores de Cristo\, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso les suplicamos en nombre de Cristo: déjense reconciliar con Dios. A Aquél que no conoció el pecado\, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro\, a fin de que nosotros seamos justificados por Él. \nY porque somos sus colaboradores\, los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios. Porque Él nos dice en la Escritura: “En el momento favorable te escuché\, y en el día de la salvación te socorrí.” \nÉste es el tiempo favorable\, éste es el día de la salvación. \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Sal. 94\, 8a. 7d \nNo endurezcan su corazón\, sino escuchen la voz del Señor. \nEVANGELIO \nTu Padre\, que ve en lo secreto\, te recompensará. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 6\, 1-6. 16-18 \nJesús dijo a sus discípulos: \nTengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario\, no recibirán ninguna recompensa del Padre de ustedes que está en el cielo. Por lo tanto\, cuando des limosna\, no lo vayas pregonando delante de ti\, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles\, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. \nCuando tú des limosna\, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha\, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre\, que ve en lo secreto\, te recompensará. \nCuando ustedes oren\, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles\, para ser vistos por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. \nTú\, en cambio\, cuando ores\, retírate a tu habitación\, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre\, que ve en lo secreto\, te recompensará. \nCuando ustedes ayunen\, no pongan cara triste\, como hacen los hipócritas\, que desfiguran su rostro para que los hombres noten que ayunan. Les aseguro que con eso\, ya han recibido su recompensa. \nTú\, en cambio\, cuando ayunes\, perfuma tu cabeza y lava tu rostro\, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres\, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre\, que ve en lo secreto\, te recompensará. \n\nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \n1. Generalidades.\nLa traducción del término griego μετάνοια(«enmienda») por la palabra latina «pænitentia» (pesar\, arrepentimiento) no parece haber sido afortunada\, y sus repercusiones duran hasta el presente. Habría sido más afortunado traducirlo «emendatio»\, que se aproxima más a la doble connotación de μετάνοια. Este término connota la detestación del mal hecho («arrepentimiento» o pænitentia)\, así como la firme decisión de corregirlo («rectificación» o iustificatio). Sin embargo\, se produjo un desplazamiento posterior\, cuando se entendió la «pænitentia» en el sentido de «mortificatio»\, en griego νεκρόω\, que aparece solo una vez en el Nuevo Testamento (Col 3\,5)\, y referido a los bajos impulsos. Eso llevó a la errónea concepción de que Dios quiere el sufrimiento humano\, o que\, al menos\, lo exige para perdonar el pecado. En realidad\, μετάνοια significa que Dios nos pide un cambio de mentalidad para que cambiemos también nuestras actitudes y acciones\, y así seamos capaces recibir la gracia del Espíritu Santo\, que cancela de raíz nuestro pecado.\n2. Particularidades.\nLos tiempos de Adviento y de Cuaresma giran en torno a dos actitudes diferentes: la «enmienda» (μετάνοια) y la «conversión» (ἐπιστροφή)\, pero con énfasis diversos. En Adviento predomina la exigencia de la enmienda; en Cuaresma\, la de la conversión. En efecto\, la Cuaresma\, más allá de creer en Dios\, nos exige creer en el Padre\, que se revela en la vida\, pasión\, muerte y glorificación de Jesús\, su Hijo. Hay quienes dicen creer en Dios\, y en homenaje a su dios excluyen y eliminan seres humanos\, lo cual jamás harían quienes conozcan al Padre y a su Hijo (cf. Jn 16\,2s). No da lo mismo creer genéricamente en Dios que creer en el Padre que revela Jesucristo. \n1. Primera lectura (Joel 2\,12-18).\nUna invasión de langostas (insectos: cf. 1\,4) o un tropel de jinetes armados (ejército enemigo: cf. 1\,6-7) podrían ser ejecutores de una devastación de grandes proporciones. El Señor lo es tanto de la naturaleza como de la historia\, y es refugio seguro contra ambos.\nEl profeta convoca dramáticamente al pueblo a convertirse al Señor mediante una liturgia de penitencia que se exprese en manifestaciones interiores y sinceras de duelo (rasgar el corazón\, ayuno\, llanto\, luto)\, en la purificación de una asamblea general\, en la renuncia voluntaria a los placeres lícitos (como expresión de duelo)\, y en la súplica insistente de los sacerdotes.\nEsa conversión de corazón (cf. Jer 4\,4) ha de hacerse «al Señor Dios de ustedes»\, el que los sacó de Egipto\, que es descrito con cinco notas: compasivo y clemente\, paciente y misericordioso\, y que se arrepiente de las amenazas (cf. Éxo 34\,6; Sal 86\,15; 103\,8; 145\,8; Jon 4\,2; Neh 9\,17). La duda respecto de la respuesta del Señor («quizá se arrepienta…») deja entrever que no basta el solo rito penitencial\, que\, si no se da la conversión real\, se engañan (cf. Ose 6\,1-3). La respuesta del Señor se verá en la bendición que le permita al pueblo seguir dándole culto y disfrutando de la tierra que le dio en heredad. El peligro amenaza la existencia de la sociedad entera\, por eso las muestras de duelo y las súplicas deben ser por parte de todos. \n2. Segunda lectura (2Cor 5\,20-6\,2).\nDios toma la iniciativa de la reconciliación por medio del Mesías\, y no solamente nos reconcilia consigo\, sino que nos hace embajadores del Mesías para que también nosotros invitemos a esa reconciliación. Se trata de una exhortación afectuosa\, no de un grito de amenaza. El amor de Dios a la humanidad es tan grande que no se reservó a su propio Hijo (cf. Rom 8\,31)\, sino que lo entregó hasta dejar que fuera considerado un malhechor y un maldito («al que nada tenía que ver con el pecado\, por nosotros lo cargó con el pecado…»). Y Jesús\, al morir en la cruz\, nos entregó el Espíritu Santo «para que nosotros\, por su medio\, obtuviéramos la rehabilitación de Dios». El «abandono» de Jesús en la cruz por parte de Dios demuestra que Dios «se niega a sí mismo» por amor a la humanidad.\nAhora se trata de secundar su obra. Es gracia de Dios haber recibido al Hijo como modelo y al Espíritu como capacidad para configurarnos interiormente con ese modelo. No hay violencia a la libertad\, no impone obligación de hacer: urge a la acción por la fuerza del amor. Tan grande demostración de amor no solo invita a la respuesta positiva\, sino a hacer a los demás partícipes de la misma demostración. Y este es el tiempo apropiado\, ahora es «el día de salvación»\, el que antes era temido cuando lo llamaban «el día del Señor». \n3. Evangelio (Mt 6\,1-6.16-18).\nLa relación con Dios no se exterioriza para llamar la atención de «los hombres»\, ni tampoco con la pretensión de «dar ejemplo». Lo primero sería fingimiento; lo segundo\, ambición de dominio. La «religión del espectáculo» es una farsa vacía que nada tiene que ver con la fe. Por eso\, Jesús reinterpreta las tradicionales «obras de justicia» (manifestaciones de piedad) privilegiadas por los fariseos para rescatarlas de la manipulación efectista y conducirlas a la sinceridad del corazón:\n3.1. La limosna. La solidaridad con los pobres no es para catapultarse a sí mismo al pináculo de la fama\, publicitando lo que se hace a favor de ellos\, sino para contribuir en lo que esté al propio alcance con el fin de lograr una sociedad equitativa y justa. De hecho\, la palabra «limosna» en hebreo (צֵדָקָה) significa «justicia». Así que «dar limosna» equivale a «hacer justicia».\n3.2. La oración. La comunicación con Dios no es para presumir de piadoso\, con un evidente exhibicionismo que obtenga fama de santidad\, sino para sintonizar con él en el amor y secundar con el mismo amor la realización de su designio en la tierra. La oración cristiana se diferencia de la palabrería pagana y de la ostentación farsante en su sencillez y en su actitud de confianza.\n3.3. El ayuno. La privación de alimentos no es para agradar a un supuesto dios que se complace en el sufrimiento humano\, ni menos para conmoverlo\, sino el impulso gozoso de quien comparte su pan con el que no tiene\, para que nadie sufra por hambre. En vez de espectáculo luctuoso\, el «ayuno» cristiano es alegre ejercicio de solidaridad.\nJesús no establece obligación alguna de dar limosna\, de orar o de ayunar; lo deja a la libertad de su discípulo («cuando des… ores… ayunes…»)\, pero sí se opone a que dichas expresiones de piedad u otras –cualesquiera que sean– se usen para cebar la propia vanidad y para posicionarse por encima de los demás. En todos los casos\, pone de presente que la relación con el Padre debe ser interior. En particular\, respecto del ayuno\, dice que\, además de discreta\, debe ser una práctica gozosa\, no luctuosa\, porque el cristiano vive en la alegría de la nueva alianza. \nLa cuaresma es\, ante todo\, un período apto para recuperar nuestra autenticidad ante el Padre y ante «los hombres». Podrían resumirse sus exigencias en estas tres:\na) Sinceridad. La hipocresía religiosa es el primer enemigo del verdadero espíritu de la cuaresma: permite ser falso y obrar mal con la presunción de ser bueno y benefactor.\nb) Escucha. Para ser sinceros\, necesitamos escuchar al Señor y su buena noticia. Es preciso hacer nuestro éxodo personal\, salir de nosotros mismos y acercarnos a los demás.\nc) Conversión. El éxodo de la escucha nos conducirá a abandonar nuestros «ídolos» (o sea\, nuestras falsas representaciones de Dios) para volvernos al Padre revelado por Jesús.\nEl fruto de la cuaresma será hacernos testigos del Señor resucitado. La ceniza que recibimos nos recuerda nuestra condición mortal\, pero la eucaristía nos certifica nuestra vocación a heredar la vida eterna por la comunión de fe con Jesús\, comunión que nos proponemos estrechar con los ejercicios propios de la cuaresma.
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SUMMARY:Jueves Después de Ceniza 03 de Marzo. Año Par
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nYo pongo delante de ustedes la bendición y la maldición. \nLectura del libro del Deuteronomio 30\, 15-20 \nMoisés habló al pueblo diciendo: \nHoy pongo delante de ti la vida y la felicidad\, la muerte y la desdicha. Si escuchas los mandamientos del Señor\, tu Dios\, que hoy te prescribo\, si amas al Señor\, tu Dios\, y cumples sus mandamientos\, sus leyes y sus preceptos\, entonces vivirás\, te multiplicarás\, y el Señor\, tu Dios\, te bendecirá en la tierra donde ahora vas a entrar para tomar posesión de ella. \nPero si tu corazón se desvía y no escuchas\, si te dejas arrastrar y vas a postrarte ante otros dioses para servirlos\, yo les anuncio hoy que ustedes se perderán irremediablemente\, y no vivirán mucho tiempo en la tierra que vas a poseer después de cruzar el Jordán. \nHoy tomo por testigo contra ustedes al cielo y la tierra: yo he puesto delante de ti la vida y la muerte\, la bendición y la maldición. Elige la vida\, y vivirás\, tú y tus descendientes\, con tal que ames al Señor\, tu Dios\, escuches su voz y le seas fiel. Porque de ello depende tu vida y tu larga permanencia en la tierra que el Señor juró dar a tus padres\, a Abraham\, a Isaac y a Jacob. \nSALMO RESPONSORIAL 1\, 1-4. 6 \nR/. ¡Feliz el que pone su confianza en el Señor! \n¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados\, ni se detiene en el camino de los pecadores\, ni se sienta en la reunión de los impíos\, sino que se complace en la ley del Señor y\, la medita de día y de noche! \nÉl es como un árbol plantado al borde de las aguas\, que produce fruto a su debido tiempo\, y cuyas hojas nunca se marchitan: todo lo que haga le saldrá bien. \nNo sucede así con los malvados: ellos son como paja que se lleva el viento. Porque el Señor cuida el camino de los justos\, pero el camino de los malvados termina mal. \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Mt 4\,17 \n“Conviértanse\, porque el Reino de los Cielos está cerca”\, dice el Señor. \nEVANGELIO \nEl que pierda su vida por mí la salvará. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 9\, 22-25 \nJesús dijo a sus discípulos: \n“El Hijo del hombre debe sufrir mucho\, ser rechazado por los ancianos\, los sumos sacerdotes y los escribas\, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día”. \nDespués dijo a todos: “El que quiere venir detrás de mí\, que renuncie a sí mismo\, que cargue con su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida\, la perderá; y el que pierda su vida por mí\, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero\, si se pierde o se arruina a sí mismo?” \n\nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nCuando Jesús advierte: «el que no está conmigo\, está contra mí; y el que no reúne conmigo\, dispersa»\, lo hace en un contexto bien preciso. Aclara que no cabe neutralidad alguna cuando se trata de la libertad y la vida del ser humano. Él encarna en sí la acción liberadora y salvadora de Dios\, en tanto que la institución político-religiosa que constantemente se le enfrenta encarna la actividad represora del «fuerte» (Satanás). Así que solo caben dos opciones: o con él\, a favor de la libertad y la vida humanas\, o contra él\, a favor de la opresión y la represión del ser humano. De eso realmente se trata\, no de una postura intransigente y fanática.\nUna vez planteada la exigencia de sinceridad\, escucha y conversión que reclama este tiempo de Cuaresma\, sale a relucir la disyuntiva fundamental. El hombre es libre para decidir su destino\, pero su libertad puede verse limitada por la mentira y por la violencia del sistema sociocultural que lo envuelve. Toca revisar los criterios con los que se valora la realidad. \n1. Primera lectura (Deu 30\,15-20).\nDos pares de opuestos sirven para expresar que Dios reconoce al ser humano libertad para que decida su propio futuro. Y un tercer par desempeña un papel notarial. La vida y el bien se oponen a la muerte y el mal; y la tierra y el cielo sirven de testigos. Obsérvese que la vida no se opone al bien\, así como la muerte no es opuesta al mal\, pero los dos pares se oponen entre sí –la vida con la muerte\, el bien con el mal–\, en tanto que «cielo y tierra» se oponen indicando totalidad.\n1.1. La vida y el bien.\nMás que de «obedecer»\, el escritor habla de «escuchar» los mandatos del «Señor tu Dios» –el que los sacó de Egipto–\, «mandatos» que se resumen en amar al Señor liberador y salvador\, seguir sus caminos (de éxodo) y guardar sus preceptos –el mandamiento aceptado consiste en escuchar la voz del Señor (cf. 30\,10-14)–\, el pueblo obtendrá la vida\, el crecimiento y la bendición para sí y para la tierra que habrá de poseer como espacio de libertad. Se trata de una escucha atenta que culmina con un asentimiento libre que conduce a la plena realización personal y comunitaria.\n1.2. La muerte y el mal.\nSi su corazón se aparta del Señor y no lo escucha\, sino que les rinde homenaje a los ídolos –que servían de pretexto a los paganos para justificar la opresión de sus propias gentes–\, el futuro es sombrío: muerte sin remedio. «Apartar» el corazón del Señor es dejarse engañar («seducir») por los razonamientos idólatras. De ahí viene que el hombre no «escuche». El cumplimiento de la promesa (pasar el Jordán y entrar en la tierra prometida) no impedirá que ese mal los alcance. Al poco tiempo\, el proceso de muerte desatado por la idolatría causará la ruina del pueblo entero.\n1.3. Los testigos.\nEl cielo y la tierra –es decir\, el universo\, la creación entera– son testigos de que el Señor ha dado al hombre esa libertad y ha dejado su futuro en sus propias manos. La exhortación a elegir la vida ateniéndose a lo antes dicho\, y la mención de los tres primeros patriarcas\, Abraham\, Isaac y Jacob\, deja ver que ese testimonio del cielo y la tierra se verifica en la historia. La libertad que el Señor reconoce no es neutralidad: Dios exhorta al pueblo a elegir la vida que es su don. \n2. Evangelio (Lc 9\,22-25).\nJesús anuncia su muerte como consecuencia de su praxis liberadora. Contrario a lo previsible\, va a ser rechazado y condenado por «los buenos»\, es decir\, los representantes del pueblo y de Dios (senadores\, sumos sacerdotes\, letrados)\, porque ellos apartaron su corazón del Señor. Pero Dios lo reivindicará anulando la sentencia de muerte. Así quedará claro quién estaba de parte del Dios liberador y salvador\, y quién en contra suya.\nAhora se dirige «a todos». Siempre lo hace\, aunque hable directamente a un grupo\, ya que él no tiene enseñanzas ocultas. Pero\, cuando se precisa que habla «a todos»\, se pone mayor énfasis en la validez universal de sus palabras. Jesús hace una invitación y da sus razones para justificarla. La invitación contiene tres elementos\, y la justifica con tres argumentos de orden racional\, no con argumentos de autoridad (el leccionario omite el tercero).\n2.1. La libertad.\nJesús se dirige a hombres libres\, a los que pueden decidir porque están en capacidad de hacerlo: «si alguien quiere…». La actitud que se adopte en relación con él y con su propuesta no es forzada: ni por engaño\, ni por miedo\, ni por halago\, es interior y exteriormente libre.\n2.2. La opción.\nNegarse a sí mismo consiste en enfrentarse a los propios miedos\, al egoísmo y a la intimidación para asumir los valores de Jesús. El inconsciente que no razona\, el que les teme a los poderosos\, o el que prospera a su sombra\, no es libre para optar\, no es dueño de sí mismo.\n2.3. Las consecuencias.\nAdherirse a Jesús es asumir como propio su destino: por un lado\, comprometido con el Dios liberador; por el otro\, rechazado por los causantes del sufrimiento y de la opresión. Y esto debe ser fuente de felicidad\, porque así la persona siente que se realiza.\nExigencias tan radicales pudieran parecer irracionales\, arbitrarias o idealistas\, nada ceñidas a la realidad concreta de los seres humanos en este mundo\, en donde la supervivencia es tan difícil. Por eso él da tres razones:\na) Intentar poner a salvo la vida lejos de él es como confiarle al ladrón el más preciado tesoro. Solo Jesús puede garantizar la vida de modo definitivo\, lo demás resulta ilusorio.\nb) Las riquezas\, el poder y la gloria humana se alcanzan al costo de la propia vida. Pero no hay riqueza\, ni poder ni prestigio que restituyan la vida perdida. Él\, en cambio\, sí la restituye.\nc) Quien se desvincule de él por vergüenza ante los poderosos\, se avergonzará de sí mismo al ver a Jesús reivindicado por el Padre. Ningún fracaso mayor que ese (v. 26\, omitido).\nPorque Jesús no da abrumadores argumentos de autoridad\, sino de razón\, deja en libertad al ser humano para seguirlo\, para decidir su propio futuro y alcanzar así la verdadera vida. \nLa decisión más importante que debemos tomar es qué hacer con nuestra propia vida. Y\, aunque la tomemos de una vez para siempre\, necesitamos verificarla cada cierto tiempo para confirmarla o para rectificarla\, porque está en juego nuestro más preciado valor. Ese es el objetivo de este tiempo de cuaresma: verificar que –luego de haber optado por seguir a Jesús– seguimos en su camino. Y\, como es posible que nos engañemos a nosotros mismos o nos dejemos engañar\, nos sometemos con sinceridad a una rigurosa verificación\, escuchando su mensaje y mirándonos en él\, como en un espejo\, para comprobar si\, como él\, nos parecemos al Padre.\nHay situaciones dilemáticas que parecieran no dejar alternativa. Por ejemplo\, un trabajador o un contratista que no vea más opción que abandonar su trabajo o hacerse cómplice de una red de corrupción. Esos dilemas muestran que nos falta «escuchar al Señor»\, no que se hubieran agotado las alternativas. El discernimiento comunitario es necesario en estos casos.\nLos sacramentos nos sirven para abandonar los atajos o para recuperar el camino perdido. Las prácticas de piedad\, particularmente la via crucis\, deben estimularnos al seguimiento libre y alegre del Señor. Y la frecuente celebración de la eucaristía nos dará fuerza para afianzar los pasos que vayamos dando en el camino de la vida. El Señor –liberador y salvador– estará con nosotros ayudándonos a elegir el bien y la vida\, y a apartarnos del mal y de la muerte.
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SUMMARY:Viernes Después  de Ceniza 04 de Marzo. Año Par
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nÉste es el ayuno que Yo amo. \nLectura del libro de Isaías 58\, 1-9a \nAsí habla el Señor Dios: \n¡Grita a voz en cuello\, no te contengas\, alza tu voz como una trompeta: denúnciale a mi pueblo su rebeldía y sus pecados a la casa de Jacob! \nEllos me consultan día tras día y quieren conocer mis caminos\, como lo haría una nación que practica la justicia y no abandona el derecho de su Dios; reclaman de mí sentencias justas\, les gusta estar cerca de Dios: \n“¿Por qué ayunamos y Tú no lo ves\, nos afligimos y Tú no lo reconoces?” \nPorque ustedes\, el mismo día en que ayunan\, se ocupan de negocios y maltratan a su servidumbre. Ayunan para entregarse a pleitos y querellas y para golpear perversamente con el puño. \nNo ayunen como en esos días\, si quieren hacer oír su voz en las alturas. ¿Es éste acaso el ayuno que Yo amo\, el día en que el hombre se aflige a sí mismo? \nDoblar la cabeza como un junco\, tenderse sobre el cilicio y la ceniza: ¿a eso lo llamas ayuno y día aceptable al Señor? \nÉste es el ayuno que Yo amo –oráculo del Señor-: soltar las cadenas injustas\, desatar los lazos del yugo\, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne. \nEntonces despuntará tu luz como la aurora\, y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia\, y detrás de ti irá la gloria del Señor. \nEntonces llamarás\, y el Señor responderá; pedirás auxilio\, y Él dirá: “¡Aquí estoy!” \nSALMO RESPONSORIAL 50\, 3-6a. 18-19 \nR/. ¡Tú no desprecias un corazón contrito\, Señor! \n¡Ten piedad de mí\, Señor\, por tu bondad\, por tu gran compasión\, borra mis faltas! ¡Lávame totalmente de mi culpa\, y purifícame de mi pecado! \nPorque yo reconozco mis faltas y mi pecado está siempre ante mí. Contra ti\, contra ti solo pequé e hice lo que es malo a tus ojos. \nLos sacrificios no te satisfacen; si ofrezco un holocausto\, no lo aceptas: mi sacrificio es un espíritu contrito\, Tú no desprecias el corazón contrito y humillado. \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf. Am 5\, 14 \nBusquen el bien y no el mal\, para que tengan vida\, y así el Señor estará con ustedes. \nEVANGELIO \nLlegará el momento en que el esposo les será quitado\, y entonces ayunarán. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 9\, 14-15 \nSe acercaron a Jesús los discípulos de Juan el Bautista y le dijeron: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos mucho mientras que tus discípulos no ayunan?” \nJesús les respondió: “¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado\, y entonces ayunarán”. \n\nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nLas prácticas de piedad adolecen de una lamentable ambigüedad; así como expresan la fe pueden camuflar la hipocresía religiosa. Y\, cuando se las constituye en valores absolutos\, pueden llegar a sustituir la fe. Es lamentable el espectáculo de personas despiadadas que posan de piadosas\, porque su conducta descalifica la piedad que aparentan\, y hasta desacredita el nombre mismo de Dios. Por eso los profetas\, tanto los de la antigua como los de la nueva alianza\, rechazan con energía la hipocresía religiosa.\nEn este tiempo de Cuaresma hay que examinar sinceramente la coherencia entre las expresiones de la vida de fe y la convivencia con los demás. La fe verdadera se refleja en el hecho de hacer justas y más humanas las relaciones de convivencia social. \n1. Primera lectura (Isa 58\,1-9a).\nLa trompeta que antier sonaba para convocar al pueblo a pedir perdón resuena hoy en la voz del profeta para denunciar los delitos del pueblo. El gran obstáculo es la insinceridad. El ayuno era un reconocimiento de culpa delante del Señor\, una expresión de duelo por el pecado cometido y una manifestación de arrepentimiento. Se entendía que los males eran castigo por los pecados. El objetivo del ayuno era suscitar la compasión del Señor y lograr su misericordia en la aflicción.\nEste es un pueblo que manifiesta mucha religiosidad: consulta la palabra del Señor\, da muestras de querer conocer su camino\, pide educación en la justicia\, como si estuviera interesado en ser justo y fiel a la alianza para estar cerca de Dios. No solo eso\, se atreve a reclamarle a Dios porque\, al parecer\, es él quien está incumpliendo el pacto. En concreto\, se trata del ayuno que se hacía «una vez al año» (Lev 16\,34)\, el día de la expiación (cf. Lev 16\,29.31; 23\,27.29.32; Núm 29\,7).\nDios reconoce su práctica de piedad\, pero la contrasta con su vida y su convivencia: los mueve el propio interés y acosan a sus sirvientes; ayunan entre riñas y disputas\, golpeándose sin piedad unos a otros. Ese ayuno\, acompañado de un griterío (que no es oración)\, se escucha\, pero no se acoge en el cielo. No han entendido cuál es el ayuno que el Señor desea; no comprenden cuál es la penitencia que Dios espera. No se trata de ceremonias rituales ni de autoinfligirse castigos\, eso no es lo que le agrada al Señor. Lo menos importante de ese ayuno es la privación de alimento.\nEl ayuno que Dios estableció para expiar los pecados consiste en restituirles su libertad a los injustamente encarcelados y a los oprimidos\, a todos los cautivos; en vez de privarse del alimento\, que lo compartan\, para que todos coman; en vez de reñir los unos contra los otros\, socorrer a los que han desamparado. En síntesis\, abrirse al semejante. Eso es lo que expía el pecado.\nEse ejercicio de misericordia\, que humaniza la convivencia\, hace que el ser humano sea justo y refleje la gloria de Dios (cf. Sal 12\,4)\, el hombre viviente\, cuando se hace mejor conviviente\, le añade calidad humana a su propia vida («carne sana»): en su avanzada va su propia justicia\, y en su retaguardia la gloria del Señor (cf. Sal 85\,9-14; 97\,2.11). Así su oración no encuentra tropiezo. No es preciso gritar (oración clamorosa)\, basta llamar (oración sosegada)\, y la respuesta del Señor será pronta. El verdadero obstáculo que encuentra la oración no es indiferencia de parte de Dios\, sino la indiferencia del ser humano en relación con su semejante. \n2. Evangelio (Mt 9\,14-15).\nPara los tiempos de Jesús\, la práctica anual del ayuno se había convertido en una práctica habitual de los fariseos (cf. Lc 18\,12: «dos veces por semana»)\, pero esto no los hacía más incluyentes ni compasivos (cf. Mt 9\,10-13). Sin embargo\, gracias a la fama de santidad que cultivaban con sus expresiones de piedad\, ejercían enorme influjo sobre el pueblo. Tanto\, que lograron absorber el movimiento que encabezó Juan Bautista. No pudieron implicar a Juan (cf. Mt 3\,7-9)\, pero sí a muchos de sus seguidores\, que nunca se hicieron discípulos de Jesús. Estos se le acercan a Jesús (deja dicho el evangelista que están distantes de él) para hacerle un reproche: mientras ellos y los fariseos ayunan\, los discípulos de Jesús no lo hacen en absoluto. Aquí se entiende la distancia entre ellos y Jesús: este no les parece piadoso. Identifican la piedad con las prácticas piadosas.\nEllos juzgan censurables los criterios y la conducta de Jesús y sus discípulos\, los condenan como religiosamente incorrectos\, e implícitamente los descalifican como impíos. Estos «discípulos de Juan» que cuestionan a Jesús se constituyen a sí mismos en la medida de lo correcto e incorrecto («¿por qué nosotros y los fariseos… mientras tus discípulos no…»). Suponen que ellos están en lo ajustado a la Ley y que\, por ese motivo\, los demás deben pensar y portarse como ellos. No se les ocurre la posibilidad de una alternativa. Y\, si ella ocurre\, no están abiertos a examinarla.\nLa respuesta de Jesús se remite a la experiencia de Dios. Él y sus discípulos tienen otra relación con Dios. Se trata de la nueva alianza\, la fiesta de bodas\, que excluye toda tristeza y manifestación de duelo. El ayuno es eso\, expresión de duelo\, lo cual es incompatible con la nueva relación con Dios\, que es de alegría\, la alegría de la salvación. Por eso no pueden hacer duelo («ayunar»). Sin embargo\, señala «un día» –el día de su muerte («cuando les arrebaten el novio»)– en el que sus discípulos sí harán duelo. Pero solo será «un día»\, porque él no permanecerá muerto\, resucitará. Jesús no censura que ellos ayunen\, sino que intenten imponer su praxis a otros.\nEl asunto se resuelve\, pues\, no en el distinto concepto de Dios\, sino –más profundamente– en la auténtica experiencia de Dios. Si Dios quiere entablar con la humanidad una relación basada en la libertad\, la vida\, la amistad\, la alegría («la boda»)\, quien así lo experimenta se relaciona de esa manera con él y con sus semejantes\, y excluye de esa relación toda expresión de aflicción. \nLas expresiones de piedad deben atenerse al viejo aforismo según el cual la praxis de la oración debe ser coherente con la vida de fe («lex orandi lex credendi»). Esto vale no solo para los diferentes ejercicios de piedad\, sino\, sobre todo\, para su contenido. Es lo que se deriva de la respuesta de Jesús. A pesar de la exigencia de solidaridad y de justicia que aparece en el texto de Isaías\, los evangelistas nunca echan mano de él para justificar el ayuno\, porque la concepción misma de ese ejercicio no es acorde con la nueva relación con Dios. El ayuno\, pues\, tiene valor como ejercicio humano para fortalecer la voluntad y el dominio de sí\, como praxis sanitaria para conservar o defender la salud física\, y\, sobre todo\, como expresión de solidaridad con los que sufren (huelga de hambre\, protesta contra la injusticia\, lucha contra el hambre)\, pero no cualifica la relación del hombre con Dios\, «porque al fin y al cabo no reina Dios por lo que uno come o bebe\, sino por la honradez\, la paz y la alegría que da el Espíritu Santo»(Rom 14\,17). «No será la comida lo que nos recomiende ante Dios: ni por privarnos de algo somos menos\, ni por comerlo somos más» (1Cor 8\,8). Pero sí el amor y sus manifestaciones; a mayor amor\, más «hijos» de Dios. Lo que nos recomienda ante Dios es el amor\, y si el ayuno es expresión de amor\, vale.\nEl ayuno propuesto para la cuaresma debe ser de inspiración y de expresión acorde con la buena noticia y la nueva alianza. Por eso\, además de libre e interior\, debe ser alegre (cf. Mt 6\,17-18)\, con la dicha de las bienaventuranzas.
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SUMMARY:Sábado Después de Ceniza 05 de Marzo. Año Par
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nSi ofreces tu pan al hambriento\, tu oscuridad será como el mediodía. \nLectura del libro de Isaías 58\, 9b-14 \nAsí habla el Señor: \nÉste es el ayuno que Yo amo: \nSi eliminas de ti todos los yugos\, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria\, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía. El Señor te guiará incesantemente\, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor; tú serás como un jardín bien regado\, como una vertiente de agua\, cuyas aguas nunca se agotan. \nReconstruirás las ruinas antiguas\, restaurarás los cimientos seculares\, y te llamarán “Reparador de brechas”\, “Restaurador de moradas en ruinas”. \nSi dejas de pisotear el sábado\, de hacer tus negocios en mi día santo; si llamas al sábado “Delicioso” y al día santo del Señor “Honorable”; si lo honras absteniéndote de traficar\, de entregarte a tus negocios y de hablar ociosamente\, entonces te deleitarás en el Señor; Yo te haré cabalgar sobre las alturas del país y te alimentaré con la herencia de tu padre Jacob\, porque ha hablado la boca del Señor. \nSALMO RESPONSORIAL 85\, 1-6 \nR/. ¡Enséñame tu camino\, Señor! \nInclina tu oído\, Señor\, respóndeme\, porque soy pobre y miserable; protégeme\, porque soy uno de tus fieles\, salva a tu servidor que en ti confía. \nTú eres mi Dios: ten piedad de mí\, Señor\, porque te invoco todo el día; reconforta el ánimo de tu servidor\, porque a ti\, Señor\, elevo mi alma. \nTú\, Señor\, eres bueno e indulgente\, rico en misericordia con aquéllos que te invocan: ¡atiende\, Señor\, a mi plegaria\, escucha la voz de mi súplica! \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Ez 33\, 11 \n“Yo no deseo la muerte del malvado\, sino que se convierta y viva”\, dice el Señor. \nEVANGELIO \nYo no he venido a llamar a justos\, sino a pecadores\, para que se conviertan. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 5\, 27-32 \nJesús salió y vio a un publicano llamado Leví\, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos\, y le dijo: “Sígueme”. Él\, dejándolo todo\, se levantó y lo siguió. \nLeví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y sus escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: “¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?” \nPero Jesús tomó la palabra y les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico\, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a justos\, sino a pecadores\, para que se conviertan”. \n\nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nLa función principal de la Ley es propiciar una convivencia armoniosa. Eso significa que\, en una hipótesis ideal\, ella sobra en donde los hombres convivan en paz. Esa posibilidad no es utópica\, pero requiere de «hombres nuevos»\, aptos para convivir sin necesidad de exigencias exteriores a ellos mismos\, dirigidos por un principio de amor autónomo. Esa es la realidad que el cristiano tiene a su alcance\, gracias a la libertad interior y al impulso vital provenientes del Espíritu Santo.\nSin el Espíritu Santo\, el hombre es «viejo» y\, a la vez\, «infantil» porque necesita que le digan lo que tiene que hacer\, que le prohíban lo que no debe hacer\, y que le premien su buen trato o que le castiguen el maltrato u otro mal proceder\, porque\, como no sabe comportarse con autonomía\, se hace daño a sí mismo o se lo hace a los demás. El Espíritu Santo renueva y madura al hombre.\nY El Espíritu Santo es don del Señor crucificado y resucitado (cf. Lc 23\,46; Hch 1\,4-8). La fe o adhesión al Señor en su entrega hasta la muerte obtiene el don del Espíritu\, que otorga la suprema libertad\, que es la libertad propia de Dios\, la que él comunica a sus «hijos»\, los que se dejan guiar por el Espíritu Santo. Es por eso que ser «hijo» de Dios equivale a ser libre (cf. Gál 4\,6-7). \n1. Primera lectura (Isa 58\,9b-14).\nLa experiencia del destierro llevó el pueblo a valorar su libertad. El profeta apela a esa experiencia para reiterar la exigencia de descartar los cepos (cf. Isa 58\,9) y lo que conduce a la pérdida de la libertad: la sindicación o acusación injusta («señalar con el dedo») y las maledicencias o calumnias.\nA la recomendación de no cerrarse a su semejante (cf. Isa 58\,7) corresponde ahora la de abrirse al necesitado hasta satisfacer sus anhelos. En la eventualidad de que el pueblo acepte respetar la libertad y dar vida\, marcará la diferencia entre la luz y las tinieblas\, entre la noche y el día\, o sea\, entre la inexistencia anterior y el orden de la creación (cf. Gén 1\,1-5): hará un mundo nuevo.\nEse será el éxodo permanente\, la satisfacción total. El individuo y su pueblo experimentarán la guía continua del Señor y saciará sus anhelos de libertad y de vida: serán fuertes y estarán lozanos\, como un manantial de vida verdadera. Esto sí conducirá a la restauración nacional\, así sí lograrán reconstruir el pueblo arruinado por la invasión extranjera.\nSe inserta aquí una exhortación a la observancia de la alianza a partir del respeto por el sábado: abstenerse de viajes con propósitos de negocios egoístas para dar prioridad al «día consagrado al Señor»\, día de «descanso» en memoria de la liberación (cf. Deu 5\,12-15). Esta aceptación lleva a descubrir al Señor con deleite\, a la exaltación del hombre y del pueblo\, a su saciedad definitiva\, al cumplimiento de las promesas. \n2. Evangelio (Lc 5\,27-32).\nLa mirada del Señor que se fijó en Israel cuando estaba en Egipto y en el desierto (cf. Deu 7\,7-8; Ose 9\,10) es ahora la mirada de Jesús que se fija en el ser humano que necesita vida y que\, en vez de integrado y saciado\, ha sido excluido en razón de su actividad («recaudador»)\, y que\, pese a estar consagrado al Señor desde su origen («llamado Leví»)\, ahora está al servicio del invasor ocupante («sentado al mostrador de los impuestos»). Por eso Jesús lo llamó\, para darle vida. Leví reaccionó con determinación: «lo abandonó todo» (los recaudadores eran ricos)\, levantándose de la postración en la que estaba («sentado»)\, y emprendiendo su éxodo («empezó a seguirlo»). Se advierte en esta respuesta mayor decisión que en la de los primeros llamados (cf. Lc 5\,11).\nSiguiendo a Jesús participa del banquete de la vida\, la amistad y la alegría. Incluye a otros como él\, que también ven en Jesús la aceptación y la acogida por parte del Dios que se suponía que los rechazaba. Su postura a la mesa («recostados») manifiesta su experiencia de libertad. Jesús les hace accesible a Dios y los acerca a él\, y les ofrece una nueva oportunidad de salvación a los que rompen con su pasado injusto y se deciden a seguirlo. Jesús cumple las promesas de Dios.\nLos que se consideran guardianes de la Ley («los fariseos y sus letrados») se sienten en el deber de mantener la barrera de la exclusión y llaman al orden a los discípulos de Jesús: hay que guardar distancia con respecto de los recaudadores y los descreídos. La réplica es de Jesús: el «médico» (dirigente preocupado por su pueblo: cf. Lc 4\,23; Jer 8\,22) solo les hace falta a los excluidos por su sociedad («los que se encuentran mal»: cf. Eze 34\,4; Lc 7\,2)\, no a los que están integrados a ella (ὑγιαίνοντες\, «sanos»: cf. Lc 7\,10; 15\,27). Estos tienen quien cuide de ellos\, no así los otros.\nLos «justos» no sienten necesidad de salvación (vida)\, por eso no admiten la urgencia del cambio interior\, pero los «pecadores» sí; y Jesús les abre el camino a los que quieren cambiar. Las barreras entre «justos» y «pecadores» son artificiales: vuelven duros e inhumanos a los que se creen justos\, y les cierran toda posibilidad de realización a los incriminados como pecadores. En ese mundo cerrado\, el perdón de Dios no es conocido ni reconocido\, las personas son excluidas con rótulos definitivos\, como si salvarse fuera imposible.\nUna vez más es necesario notar que el espíritu farisaico se plasma en la pretensión manifiesta de convertirse los fariseos en norma de pensamiento y de acción: los que piensan como ellos están en lo correcto; los que actúan como ellos son decentes. El fundamento de esa pretensión radica en la absolutización de la Ley\, hasta el punto de convertirla en una ideología a su servicio. Jesús llama la atención sobre el hecho de que lo que importa es la persona humana\, todas las personas. \nLa Ley es una realidad más compleja de lo que a simple vista aparece. Ante ella hay dos posibles actitudes: reconocerla o desconocerla. No obstante\, hay dos formas de reconocerla y dos de desconocerla. Se la puede reconocer subordinándola al bien del hombre\, o subordinándole el ser humano. También se la puede desconocer quebrantándola o superándola.\nJesús la reconoce subordinándola al bien del hombre (cf. Lc 6\,1-11) y la desconoce superándola. También dota al ser humano de autonomía\, por la fuerza del Espíritu Santo\, para que\, mediante la interpretación a favor del ser humano\, la reconozca\, y definitivamente la supere por la fuerza del amor divino (cf. Lc 6\,27-38).\nLa cuaresma es tiempo para verificar y rectificar nuestra postura ante la ley (cualquiera que sea). El discípulo de Jesús no puede darse por satisfecho por el solo hecho de observar las leyes civiles y ser un concienzudo ciudadano; tampoco puede darse por realizado adecuando su conducta a las llamadas «leyes de la naturaleza» (físicas\, biológicas\, psicológicas\, etc.); y mucho menos puede contentarse con la ética racional o con una moral cultural. Está llamado y dotado para llegar más alto y más lejos\, rompiendo límites\, hasta la altura de su condición de «hijo de Dios».\nNuestra libertad no debe ser solo de acción (hacer lo que queramos) sino\, ante todo\, de opción (escoger sin condicionamientos)\, es decir\, libertad exterior fruto de nuestra libertad interior. Y\, por encima de todo\, la propiamente cristiana es la libertad para amar. Esta\, definitivamente nos la da el Espíritu Santo\, que procede del Señor crucificado y resucitado.\nEn la eucaristía\, él nos renueva\, y nos da su Espíritu de vida para que gocemos de la libertad de los hijos de Dios\, la libertad para amar sin ataduras interiores ni trabas exteriores. Esa es la que reivindicamos los cristianos (cf. Gál 5\,1). \n 
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SUMMARY:Domingo I de Cuaresma 06 de Marzo. Año Par
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nProfesión de fe del pueblo elegido. \nLectura del libro del Deuteronomio 26\,1-2. 4-10 \nMoisés habló al pueblo diciendo: \nCuando entres en la tierra que el Señor\, tu Dios\, te da en herencia\, cuando tomes posesión de ella y te establezcas allí\, recogerás las primicias de todos los frutos que extraigas de la tierra que te da el Señor\, tu Dios\, las pondrás en una canasta\, y las llevarás al lugar elegido por el Señor\, tu Dios\, para constituirlo morada de su Nombre. \nEl sacerdote tomará la canasta que tú le entregues\, la depositará ante el altar\, y tú pronunciarás estas palabras en presencia del Señor\, tu Dios: \n“Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto y se refugió allí con unos pocos hombres\, pero luego se convirtió en una nación grande\, fuerte y numerosa. \nLos egipcios nos maltrataron\, nos oprimieron y nos impusieron una dura servidumbre. Entonces pedimos auxilio al Señor\, el Dios de nuestros padres\, y Él escuchó nuestra voz. Él vio nuestra miseria\, nuestro cansancio y nuestra opresión\, y nos hizo salir de Egipto con el poder de su mano y la fuerza de su brazo\, en medio de un gran terror\, de signos y prodigios. Él nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra que mana leche y miel. \nPor eso ofrezco ahora las primicias de los frutos del suelo que tú\, Señor\, me diste”. \nTú depositarás las primicias ante el Señor\, tu Dios\, y te postrarás delante de Él. \nSALMO RESPONSORIAL 90\, 1-2. 10-15 \nR/. En el peligro\, Señor\, estás conmigo. \nTú que vives al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Todopoderoso\, di al Señor: “Mi refugio y mi baluarte\, mi Dios\, en quien confío”. \nNo te alcanzará ningún mal\, ninguna plaga se acercará a tu carpa\, porque Él te encomendó a sus ángeles para que te cuiden en todos tus caminos. \nEllos te llevarán en sus manos para que no tropieces contra ninguna piedra; caminarás sobre leones y víboras\, pisotearás cachorros de león y serpientes. \n“Él se entregó a mí\, por eso\, Yo lo libraré; lo protegeré\, porque conoce mi Nombre; me invocará\, y Yo le responderé. Estaré con él en el peligro\, lo defenderé y lo glorificaré”. \nSEGUNDA LECTURA \nProfesión de fe del creyente en Cristo \nLectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 10\, 5-13 \nHermanos: \nMoisés escribe acerca de la justicia que proviene de la Ley: \n“El hombre que la practique\, vivirá por ella”. En cambio\, la justicia que proviene de la fe habla así: “No digas en tu corazón: ¿quién subirá al cielo?”\, esto es\, para hacer descender a Cristo. O bien: “¿quién descenderá al Abismo?”\, esto es\, para hacer subir a Cristo de entre los muertos. Pero ¿qué es lo que dice acerca de la justicia de la fe? “La palabra está cerca de ti\, en tu boca y en tu corazón”\, es decir\, la palabra de la fe que nosotros predicamos. Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos\, serás salvado. Con el corazón se cree para alcanzar la justicia\, y con la boca se confiesa para obtener la salvación. Así lo afirma la Escritura: “El que cree en Él\, no quedará confundido”. \nPorque no hay distinción entre judíos y los que no lo son: todos tienen el mismo Señor\, que colma de bienes a quienes lo invocan. Ya que “todo el que invoque el nombre del Señor se salvará”. \n\nEVANGELIO\n\nACLAMACIÓN AL EVANGELIO Mt 4\,4b \nEl hombre no vive solamente de pan\, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. \nEVANGELIO \nFue conducido por el Espíritu al desierto donde fue tentado. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 4\, 1-13 \nJesús\, lleno del Espíritu Santo\, regresó de las orillas del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto\, donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. No comió nada durante esos días\, y al cabo de ellos tuvo hambre. El demonio le dijo entonces: \n“Si Tú eres Hijo de Dios\, manda a esta piedra que se convierta en pan”. Pero Jesús le respondió: “Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan”. \nLuego el demonio lo llevó a un lugar más alto\, le mostró en un instante todos los reinos de la tierra y le dijo: “Te daré todo este poder y el esplendor de estos reinos\, porque me han sido entregados\, y yo los doy a quien quiero. Si Tú te postras delante de mí\, todo eso te pertenecerá”. Pero Jesús le respondió: “Está escrito: Adorarás al Señor\, tu Dios\, y a Él solo rendirás culto”. \nDespués el demonio lo condujo a Jerusalén\, lo puso en la parte más alta del Templo y le dijo: “Si Tú eres Hijo de Dios\, tírate de aquí abajo\, porque está escrito: Él dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden. Y también: Ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra”. \nPero Jesús le respondió: “Está escrito: No tentarás al Señor\, tu Dios”. \nUna vez agotadas todas las formas de tentación\, el demonio se alejó de Él\, hasta el momento oportuno. \n\nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nEl tiempo litúrgico de Cuaresma nos remite anualmente al relato de las tentaciones de Jesús\, que constituye el marco de referencia y el principio inspirador de dicho tiempo. Ese relato plasma en antítesis el compromiso adquirido por él en su bautismo\, es una sinopsis anticipada de su vida pública\, y condensa su propuesta. Como el pueblo fue tentado en el desierto\, Jesús lo es en la sociedad judía; como el pueblo tentaba al Señor (cf. Éxo 17\,2.7; Núm 14\,22)\, ahora «el diablo» tienta a Jesús. La tentación es como una «prueba de calidad» donde el tentado saca a relucir sus capacidades para superarla\, o\, por el contrario\, descubre su incapacidad ante la misma y sucumbe. Por eso se dice que el Señor «tentó» al pueblo\, pero no para inducirlo a pecar\, sino para ponerlo a prueba\, es decir\, para que él comprobara su propio compromiso (cf. Éxo 20\,20). \nLc 4\,1-13.\nEl relato se compone de una introducción\, tres tentaciones y una conclusión. El número tres es símbolo de una totalidad homogénea\, indica todas las tentaciones posibles. En el caso de Jesús\, las tentaciones tienen que ver con la vida\, la convivencia y la supervivencia humanas.\n1. Introducción.\nLa mención del Espíritu Santo\, del Jordán y del desierto conectan este relato con el del bautismo de Jesús. Los «cuarenta días» aluden a los «cuarenta años» de Israel en el desierto; el nombre del antagonista –«diablo»– significa «embustero»\, «calumniador»; y el hambre de Jesús «al final» hace referencia a su vehemente anhelo de manifestar hasta el término de su vida terrestre el amor del Padre por la humanidad (cf. 22\,8.15).\n2. Primera tentación: la vida.\nLa tentación en sí insinúa que Jesús demuestre su condición de «hijo de Dios» convirtiendo una piedra en pan. Es la invitación a afirmar su propia vida mediante alardes de poder; o sea\, a que se convierta en el «macho alfa» de la manada humana. Con su respuesta\, remitiéndose a la palabra de Dios\, Jesús explica que él se atiene al designio divino\, que él es el «hombre alfa» de la nueva humanidad\, y que\, por eso\, la afirmación de su vida no constituye la anulación o la dominación de las vidas de los demás\, sino que es fidelidad al mensaje divino (cf. 7\,46-49).\nLa vida humana no se reduce a la mera satisfacción de necesidades biológicas\, por básicas que estas sean. Esto conduciría al ser humano a un raquitismo existencial (cf. 10\,38-42).\nLas solas metas terrenas no colman los anhelos de vida que apremian al género humano. El ser humano desborda con mucho los límites del tiempo y del espacio (cf. 12\,13-21).\nLa abundancia del pan no se deriva del poder\, sino del amor generoso que parte y reparte y\, de esa manera\, el hombre verifica lo gratificante que es darse a sí mismo (cf. 9\,10-17). El amor de Dios no se manifiesta ni en el poder político\, ni en el económico\, ni en el social\, ni en el religioso.\n3. Segunda tentación: la convivencia.\nEsta tentación afirma que Jesús no contrapone su éxito personal como Mesías a la suerte de la convivencia social humana. La tentación le propone a Jesús como ideal de convivencia humana el modelo del imperio romano y los reinos a él sometidos. Sugiere que Jesús acepte «la autoridad» de las tinieblas (cf. 22\,53) y «la gloria» que los tiranos han usurpado a Dios (cf. Hch 12\,23)\, que son la autoridad y la gloria que ostenta el imperio\, a condición de rendirle homenaje al diablo. Es decir\, el ejercicio de ese poder autócrata y de ese prestigio arrebatado es diabólico\, contrario al designio de Dios\, porque pretende conferirle proporciones de imperialismo internacional a la doctrina nacionalista de los letrados. La respuesta que da Jesús recuerda que el compromiso de la alianza –por el que Israel se constituyó pueblo de Dios– fue pactado con un Dios único\, el verdadero; los demás son invenciones humanas para favorecer intereses mezquinos. Al insistir Jesús en lo «escrito» denuncia la perversidad de dichas tentaciones.\n«El Señor tu Dios» es el que sacó a Israel de Egipto\, el que no quiere que un pueblo sea dominado por otro. En cambio\, los falsos dioses (los ídolos) son los que legitiman esa dominación.\nEl homenaje a Dios consiste en procurar la liberación de la humanidad; el homenaje al diablo\, en cambio\, en hacerse cómplice de la opresión\, explotación y humillación de la humanidad.\nEl antiguo culto o «servicio» a Dios «en santidad y justicia» (1\,74) se basaba en «ayunos y rezos» (2\,37); el nuevo\, en la adhesión a Jesús para realizar el designio liberador del Padre.\n4. Tercera tentación: la supervivencia.\nEsta tentación toma nota de que Jesús no desvincula su éxito personal y social del designio de Dios. Por eso\, el diablo la disfraza con ropaje y lenguaje religioso. Si la primera apela al poder personal y la segunda al poder político\, ésta apela al poder divino para garantizar la supervivencia humana. Ahora se observa como un «duelo» en el uso de argumentos de la Escritura. El diablo la conoce y la cita con habilidad maliciosa. Esto indica que el «diablo» embustero manipula esas Escrituras para desviar a los hombres con argumentos supuestamente religiosos.\nHay un uso diabólico de la Escritura que consiste en fragmentarla\, suprimiéndole sus exigencias de compromiso. La institución que manipula la Escritura encarna el diablo; suprime la mención de los «caminos» (Sal 91\,11)\, que son los del éxodo\, en los cuales el Señor cuida su pueblo (cf. Deu 8\,2-6). Detrás del uso diabólico de la Escritura está la intención ideológica de distorsionar la realidad de Dios\, de cambiar sutilmente el Dios del amor por el ídolo del poder. Jesús se atiene a la experiencia: el amor de Dios –conocido y reconocido– jamás se pone en duda o a prueba\, porque ese amor infunde vida\, y vida eterna; suficiente garantía de supervivencia.\n5. Conclusión.\nEl evangelista advierte que así quedaron «acabadas todas las tentaciones»\, lo que indica que esas tres las abarcan «todas»\, y que la victoria de Jesús es indiscutible. Sin embargo\, como este relato es un anticipo sintético de toda la existencia terrena de Jesús (significado de los «cuarenta días»)\, añade que «el diablo se alejó de él por un tiempo». En lo sucesivo del evangelio\, el diablo estará encarnado por seres humanos (cf. 11\,16). Y la victoria definitiva contra el diablo será en el Monte de los Olivos (cf. 22\,39-46). \nLas tentaciones\, así entendidas\, no son exclusivas del Mesías ni tampoco cuestiones de carácter meramente religioso. Son trampas para todo ser humano\, independientemente de si éste cree en Dios o no. La fidelidad ante la tentación es coherencia con las aspiraciones fundamentales del ser humano: la vida\, la convivencia y la supervivencia.\nEn el fondo\, la tentación consiste en adherirse al poder renunciando al amor creador\, liberador y salvador del Padre. Por eso\, la tentación es instigación a traicionar a Dios y a la humanidad.\nA lo largo de toda la historia\, cada uno\, la convivencia social en la cual estamos insertos\, y nuestra Iglesia vivimos bajo una continua y sutil seducción del poder presentado como «salida».\nSí\, hay una «cultura cristiana»\, y la creamos en la medida en que damos testimonio del sentido cristiano de la vida\, la convivencia y la supervivencia humanas.\nLas comunidades cristianas tienen el compromiso de proponerles a las sociedades en las que se hallan insertas su propia comprensión de la vida\, de la convivencia y de la supervivencia como aporte a la construcción social. Y las asambleas dominicales son ocasión para celebrar lo logrado en ese sentido y para estimular el compromiso de seguir permeando la cultura local con la fuerza de la buena noticia de la vida\, del reino de Dios presente\, y del futuro reino del Padre\, venciendo tentaciones \n 
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SUMMARY:Lunes de la I Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nJuzgarás a tu prójimo con justicia. \nLectura del libro del Levítico 19\, 1-2. 11-18 \nEl Señor dijo a Moisés: \nHabla en estos términos a toda la comunidad de Israel: Ustedes serán santos\, porque Yo\, el Señor su Dios\, soy santo. Ustedes no robarán\, no mentirán ni se engañarán unos a otros. No jurarán en falso por mi Nombre\, porque profanarían el nombre de su Dios. Yo soy el Señor. \nNo oprimirás a tu prójimo ni lo despojarás; y no retendrás hasta la mañana siguiente el salario del jornalero. No insultarás a un sordo ni pondrás un obstáculo delante de un ciego\, sino que temerás a tu Dios. Yo soy el Señor. \nNo cometerás ninguna injusticia en los juicios. No favorecerás arbitrariamente al pobre ni te mostrarás complaciente con el rico: juzgarás a tu prójimo con justicia. No difamarás a tus compatriotas\, ni pondrás en peligro la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor. \nNo odiarás a tu hermano en tu corazón: deberás reprenderlo convenientemente\, para no cargar con un pecado a causa de él. \nNo serás vengativo con tus compatriotas ni les guardarás rencor. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor. \nSALMO RESPONSORIAL 18\, 8-10. 15 \nR/. ¡Tus palabras\, Señor\, son Espíritu y Vida! \nLa ley del Señor es perfecta\, reconforta el alma; el testimonio del Señor es verdadero\, da sabiduría al simple. \nLos preceptos del Señor son rectos\, alegran el corazón; los mandamientos del Señor son claros\, iluminan los ojos. \nLa palabra del Señor es pura\, permanece para siempre; los juicios del Señor son la verdad\, enteramente justos. \n¡Ojalá sean de tu agrado las palabras de mi boca\, y lleguen hasta ti mis pensamientos\, Señor\, mi Roca y mi redentor! \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO 2Cor 6\, 2b \nÉste es el tiempo favorable\, éste es el día de la salvación. \nEVANGELIO \nEn la medida que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos\, lo hicieron conmigo. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 25\, 31-46 \nJesús dijo a sus discípulos: \nCuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles\, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia\, y Él separará a unos de otros\, como el pastor separa las ovejas de los cabritos\, y pondrá a aquéllas a su derecha y a éstos a su izquierda. \nEntonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: “Vengan\, benditos de mi Padre\, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo\, porque tuve hambre\, y ustedes me dieron de comer; tuve sed\, y me dieron de beber; era forastero\, y me alojaron; estaba desnudo\, y me vistieron; enfermo\, y me visitaron; preso\, y me vinieron a ver”. \nLos justos le responderán: “Señor\, ¿Cuándo te vimos hambriento\, y te dimos de comer; sediento\, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero\, y te alojamos; desnudo\, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso\, y fuimos a verte?” \nY el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos\, lo hicieron conmigo”. \nLuego dirá a los de su izquierda: “Aléjense de mí\, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles\, porque tuve hambre\, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed\, y no me dieron de beber; era forastero\, y no me alojaron; estaba desnudo\, y no me vistieron; enfermo y preso\, y no me visitaron”. \nÉstos\, a su vez\, le preguntarán: “Señor\, ¿Cuándo te vimos hambriento o sediento\, forastero o desnudo\, enfermo o preso\, y no te hemos socorrido?” \nY Él les responderá: “Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos\, tampoco lo hicieron conmigo”. Éstos irán al castigo eterno\, y los justos a la Vida eterna. \n\nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nLa superación de la «prueba» implica dos exigencias: por un lado\, apartarse del «pecado» a través de la enmienda; por el otro\, convertirse a Dios por la fe en la buena noticia de Jesús. El primer día de la primera semana\, la «enmienda» se expresa en términos de amor\, y la «conversión» en términos de santidad. La coincidencia de ambas realidades –la santidad consiste en vivir el amor– muestra que\, para los seguidores de Jesús\, no hay enmienda sin conversión\, ni viceversa.\nLa tentación de «salvar la responsabilidad» limitando el alcance de la misma lleva siempre a la exclusión con la conciencia tranquila. Jesús nos enseñó que el «prójimo» no está definido\, sino siempre por definir (cf. Lc 10\,29-37)\, dilatando con su enseñanza las fronteras del amor hasta alcances insospechables. De hecho\, la Ley consideraba el caso del inmigrante de manera abierta y acogedora (cf. Lev 19\,33-34).\nDel amor «al prójimo» –entendido este como el compatriota y correligionario– hay que pasar al amor «a todos» (amor universal)\, comenzando por los excluidos\, por los que más sufren. Se trata de crear la alegría allí donde hay dolor. Eso certifica nuestra conversión al Padre por la fe en el Hijo y con la fuerza del Espíritu Santo. \n1. Primera lectura (Lev 19\, 1-2.11-18).\nLa santidad se entiende de dos maneras en el Antiguo Testamento:\n• Separación física. Dios es santo porque está separado de este mundo. Israel es un pueblo santo porque ha sido puesto aparte por el Señor. Esta condición «aparte» implica\, de parte del pueblo\, la conciencia de pertenencia al Señor y de él al pueblo por la alianza con él.\n• Separación ética. Dios es santo porque no comete la injusticia ni la tolera. Israel es un pueblo santo porque observa la Ley del Señor. Esa observancia comienza por la fidelidad en el culto al Señor y el consiguiente rechazo de la idolatría y de las consecuencias de ella.\nLa santidad es una exigencia colectiva\, y se concreta en una convivencia justa («la asamblea de los hijos de Israel») de conformidad con la santidad del Dios que los liberó de la esclavitud. El pueblo de Dios es «santo» porque se distancia de toda práctica inhumana de convivencia y se atiene al código de la alianza pactada con el «Señor su Dios» (el que lo sacó de Egipto). Primero\, prohíbe a todos lo que daña las relaciones de convivencia: el robo\, la mentira y el engaño\, sobre todo invocando en falso el nombre del Señor liberador. Esta prohibición está rubricada por el mismo Señor («Yo soy el Señor»). Segundo\, prohíbe a cada uno la opresión y la explotación del prójimo\, sobre todo la explotación de su fuerza de trabajo; esto exige también el trato humano y compasivo con los físicamente discapacitados («sordo»\, «ciego»)\, orden igualmente rubricada por el Señor. Tercero\, le exige a cada uno la justicia en los juicios de los tribunales y la exclusión de toda calumnia y todo falso testimonio\, exigencia rubricada del mismo modo por el Señor. Finalmente\, llega al «corazón»: prohíbe el odio\, la venganza y el rencor\, e inculca la reprensión (contra la indiferencia) y el amor al prójimo como a sí mismo. Y esto también es rubricado por el Señor\, son exigencias del Dios liberador.\nPero como se trataba de distanciarse del modo de ser de los otros pueblos\, dichas exigencias se formulan como prohibiciones (16 en total: vv. 4.11-19.26-29.31.35) más que como exhortaciones (8 en total: vv. 2.3.5-10.20-25.33-34.36). Este distanciamiento de los usos y costumbres de otros pueblos entraña el riesgo de distanciarse de los pueblos mismos y de sentirse superiores a ellos. \n2. Evangelio (Mt 25\,31-46).\nLa separación física («derecha» «izquierda») expresa una distancia ética en relación con el amor al necesitado (positiva o negativa). Pero el criterio de «santidad» es otro: no está en la ubicación ni en la mera actividad\, sino en el horizonte en que se sitúan las personas:\n• Horizonte universal: «todas las naciones»\, sin exclusiones. El juicio tiene que ver con la historia humana\, no con la historia de un solo pueblo. El Hijo del Hombre «glorioso» reina –y como rey juzga– «en el cielo y en la tierra» (28\,18)\, ejerciendo su autoridad para dar vida (cf. 9\,6).\n• Horizonte fundamental: la vida y la convivencia humanas. El vencedor de la muerte juzga las naciones según su compromiso nacional a favor de la vida. Importante subrayar el hecho de que al juicio comparecen «todas las naciones»\, porque este criterio también es universal.\n«Benditos del Padre» y herederos de su reino son los que apoyan indiscriminadamente a quienes les sirven a personas necesitadas y solas («estos hermanos míos más pequeños»). Las naciones son juzgados como sociedades (obsérvese el uso del plural) porque apoyaron a los discípulos de Jesús en su misión liberadora y salvadora. Los discípulos\, a su vez\, se presentan identificados con Jesús («hermanos») y como servidores de la humanidad («pequeños»).\n«Malditos» (de sí mismos) y excluidos (por sí mismos) de dicho reino por el mismo juicio que «al diablo y sus ángeles» (cf. 4\,5-6) son los que\, por no apoyar a los benefactores de la humanidad\, se hicieron cómplices de los causantes de la indigencia y de la desdicha de otros seres humanos. También aquí el juicio se enfila a sociedades que se rehusaron a reconocer o secundar la misión de los discípulos de Jesús y aduciendo falsos argumentos de ignorancia religiosa se negaron a ser solidarias con las víctimas de la indiferencia.\nEn el horizonte universal\, el valor fundamental es la vida humana. Justo es el que\, con obras de misericordia\, apoya a los que se dedican a servir a la vida humana. El que apoya el orden injusto sin rostro humano\, y condena a la miseria a los hombres\, carece de nombre\, es decir\, de entidad\, de vida. Su condena manifiesta las consecuencias que tuvo su opción contra la vida. \nSanto\, en lenguaje cristiano\, no es «el que no se mete con nadie»\, sino el que se dedica a servir a la humanidad\, sea que encuentre apoyo o que se quede solo. Cuando llegue el momento\, Jesús lo reivindicará ante Dios y los hombres. Es hipócrita esa concepción de santidad que se vive en el distanciamiento con respecto de los demás\, aduciendo el pretexto de que «los otros» –porque son pecadores– contaminan. Ese es el razonamiento de muchos cristianos que justifican el hecho de «no meterse en política» alegando la corrupción de las costumbres políticas o de dirigentes de la vida política. Esa irresponsabilidad no puede llamarse santidad\, porque no es fidelidad a Dios ni amor al prójimo. La «fuga mundi» (huida del mundo) de la que hablaban los antiguos no es una cobarde marginación de la historia\, sino la resuelta actitud de Jesús quien se sustrajo a los criterios de ese mundo\, insatisfecho con lo que lo circundaba («sintió hambre»: Mt 4\,2)\, e impulsado por el Espíritu Santo\, enfrentó la tentación y la venció siendo fiel.\nLas sociedades son santas –lo mismo que los individuos– en la medida en que se esfuerzan por superar las exclusiones y\, como opción social\, apoyan la labor de quienes trabajan a favor de los excluidos\, siempre en busca de una mayor equidad. Esto debe ser una exigencia que se hagan a sí mismas las sociedades de mayoría cristiana\, si quieren llamarse así. No basta con orar por los hambrientos\, los sedientos\, los enfermos\, o los refugiados\, endosándole exclusivamente a Dios la responsabilidad que como sociedad nos compete de construir una convivencia fraterna.\nLa conversión que hay que hacer en la cuaresma exige cambiar el concepto y la praxis de santidad\, es decir\, de identificación con Dios. Jesús es modelo de santidad\, y las sociedades humanas solo podrán ver a Jesús a través de los discípulos que estén en verdadera comunión con su Maestro
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SUMMARY:Martes de la I Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nLa palabra que sale de mi boca realiza todo lo que Yo quiero. \nLectura del libro de Isaías 55\, 10-11 \nAsí habla el Señor: \nAsí como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra\, sin haberla fecundado y hecho germinar\, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come\, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril\, sino que realiza todo lo que Yo quiero y cumple la misión que Yo le encomendé. \nSALMO RESPONSORIAL 33\, 4-7. 16-19 \nR/. El Señor libra a los justos de sus angustias. \nGlorifiquen conmigo al Señor\, alabemos su Nombre todos juntos. Busqué al Señor: Él me respondió y me libró de todos mis temores. \nMiren hacia Él y quedarán resplandecientes\, y sus rostros no se avergonzarán.  Este pobre hombre invocó al Señor: Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. \nLos ojos del Señor miran al justo y sus oídos escuchan su clamor; pero el Señor rechaza a los que hacen el mal para borrar su recuerdo de la tierra. \nCuando ellos claman\, el Señor los escucha y los libra de todas sus angustias.  El Señor está cerca del que sufre y salva a los que están abatidos. \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO    Mt 4\, 4b \nEl hombre no vive solamente de pan\, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. \nEVANGELIO \nUstedes oren de esta manera. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 6\, 7-15 \nJesús dijo a sus discípulos: \nCuando oren\, no hablen mucho\, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados.  No hagan como ellos\, porque el Padre de ustedes que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta\, antes de que se lo pidan. \nUstedes oren de esta manera: \nPadre nuestro\, \nque estás en el cielo\, \nsantificado sea tu Nombre\, \nque venga tu Reino\, \nque se haga tu voluntad \nen la tierra como en el cielo. \nDanos hoy nuestro pan de cada día. \nPerdona nuestras ofensas\, \ncomo nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. \nNo nos dejes caer en la tentación\, sino líbranos del mal. \nSi perdonan sus faltas a los demás\, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás\, tampoco el Padre los perdonará a ustedes. \n\nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nLa palabra que Dios le dirige a su pueblo pretende provocar un diálogo fructífero con él\, no una comunicación vacía. Dios no habla por hablar\, sino para entablar un diálogo liberador y salvador a favor del ser humano al cual se dirige. Desde su punto de vista\, comunicarse es darse. Esta que llamamos «palabra» de Dios es lo que se llama «revelación». No es una mera dicción divina\, sino verdadera apertura de Dios al ser humano\, oferta de relación personal.\nDe modo semejante\, el ser humano es invitado a dirigirse a Dios con un propósito constructivo. La oración cristiana no es para generar una dependencia infantil de la creatura con respecto del creador\, sino para establecer sintonía en torno a un designio común. Tiene dos objetivos:\n• Avivar el compromiso de los «hijos» que quieren dar a conocer a su «Padre»\, no simplemente a «Dios»\, y responsabilizarse de la realización de su designio (primera parte del padrenuestro).\n• Apoyarse con filial confianza en el Padre y pedirle lo necesario para cumplir dicha misión con toda propiedad siendo signo del reino y alternativa al mundo (segunda parte del padrenuestro).\nLo demás es palabrerío inútil\, «oración» pagana. \n1. Primera lectura (Isa 55\,10-11).\nDespués de marcar la distancia entre el cielo y la tierra\, y entre el camino de Dios y los caminos de los hombres (cf. 55\,8-9)\, el profeta salva esa distancia por la mediación activa de la «palabra» divina. Este oráculo fue pronunciado en un momento particular de la historia del pueblo\, cuando estaba en condición de desterrado y con las esperanzas debilitadas a causa de los sufrimientos que venía padeciendo por su extrañamiento y por las dudas de fe con las que debía lidiar. Sentirse huérfano del Dios que lo sacó de Egipto era un dolor intolerable.\nEl pueblo tiene la experiencia de esta acción de la palabra de Dios. Pero las circunstancias en las que se encuentra parecen desmentir esa esperanza. El profeta le asegura que la promesa hecha a Abraham sigue vigente\, y que la palabra de Dios realizará su designio y cumplirá su misión. Esa «palabra» (דָבָר) consiste\, en primer lugar\, en el hecho de hablar o en el contenido de lo que dice el que habla; del contenido\, se pasa al tema o asunto al que se refiere\, y de este a la reacción que provoca: una conducta\, una actividad; también\, por eso\, es hecho o suceso.\nLa experiencia muestra que la lluvia y la nieve bajan del cielo y a él vuelven\, pero antes de volver cumplen una misión vivificadora. El hombre que siembra no pierde su tiempo ni su esfuerzo\, ya que su labor le procura alimento. Así también la palabra (דָבָר) de Dios tiene eficacia creadora de vida\, o sea\, es salvadora. No es pronunciada para rebotar\, sino para incidir de forma positiva en la vida humana\, haciéndola fecunda y fructífera. Eso significa que la palabra infunde vida a quien la escucha\, y al mismo tiempo lo capacita para transmitir vida. Esta circulación de vida constituye el agrado (חָפַץ) de Dios y es la «misión» de dicha palabra. Por eso\, la palabra volverá al Señor\, y «no volverá vacía»\, sino cargada de «frutos»\, que son las manifestaciones de vida y restauración del pueblo\, que ahora está deportado\, pero que volverá repatriado. \n2. Evangelio (Mt 6\,7-15).\nEl cristiano no pide como mendigo que suplica\, sino como hijo que solicita. No siente necesidad de convencer a su Padre\, y por eso considera inútil la cháchara y toda forma de adulación. Alaba por admiración\, reconoce con gratitud y pide con confianza. La oración es diálogo. La oración propia del cristiano refleja su experiencia del «Padre» (el Dios que le infunde la vida) y pone de manifiesto su compromiso para que esta experiencia se generalice. Si la alabanza y la acción de gracias del cristiano son tan espontáneas como su relación con el Padre\, el modelo de su petición –que es el padrenuestro– muestra que lo que el cristiano pide no es cualquier cosa para satisfacer todo tipo de deseos. La petición que Jesús presenta como modelo\, contiene una invocación\, que perfila a quien se dirige\, y dos partes:\n1. Invocación.\n«Padre» implica una relación familiar\, íntima. Es común («nuestro») y trascendente («del cielo»)\, no es un distante e indiferente dignatario terreno.\n2. Primera parte.\nLa primera parte del padrenuestro se refiere al Padre en relación con toda la humanidad a través de la comunidad de hijos suyos que ora. Tiene tres peticiones:\n• Que su «nombre» –es decir\, su realidad de Padre– sea reconocido por la humanidad gracias al testimonio filial de la comunidad que lo invoca. Es visto como rey si es aceptado como Padre. Esto entraña la disposición de tomarlo como modelo de vida.\n• Que el reinado del Padre se haga efectivo para toda la humanidad. El padre\, como rey\, actúa transmitiendo su propia vida\, que es el Espíritu. El ejercicio de su realeza es liberador y salvador. Esta es la raíz de la buena noticia del reinado de Dios.\n• Que se realice en la tierra el designio concebido por el Padre en el cielo\, es decir\, que se cumpla en la historia humana\, en las personas y en los pueblos\, su proyecto de libertad y de vida. Esto abre paso al hombre nuevo y a la nueva convivencia humana.\nLas primeras tres peticiones se refieren\, pues\, a las tres principales acepciones del término griego βασιλέια en relación con el Padre: su realeza\, su reinado\, y su reino. La comunidad cristiana\, que conoce la vida del Padre\, quiere compartir esa dicha con el resto de la humanidad.\n3. Segunda parte.\nLa segunda parte se refiere a la misma comunidad que ora\, la cual pide lo que precisa con el fin de lograr lo anterior. También tiene tres peticiones:\n• Que el Padre le anticipe el banquete de los últimos tiempos\, es decir\, la alegría\, la amistad\, la plenitud\, para que ella dé gozoso testimonio de realización y felicidad. En la historia se vive ya el amor universal y se anticipa la vida definitiva. Esto se relaciona con la eucaristía.\n• Que el Padre perdone a la comunidad\, porque ella se ejercita en el perdón a sus deudores; es decir\, la comunidad transmite el amor universal (por el perdón a los enemigos) y lo pide para seguir transmitiéndolo. Esto lo viven el cristiano y su comunidad en el día a día.\n• Que el Padre\, con su amor\, libere a la comunidad de caer en la seducción («la tentación»)\, y del perverso seductor («el Malo»: diablo\, Satanás\, tentador). La comunidad quiere afirmar el designio del Padre\, asumir su responsabilidad histórica\, y rechazar las ambiciones mezquinas. \nOrar es abrirse a la vida que procede del Padre y comprometerse a transmitir esa vida a toda la humanidad. No es una práctica ascética de piedad\, sino el fruto espontáneo del don del Espíritu. Tampoco es una técnica elaborada\, como si hubiera que sujetarse a cierto protocolo para hablar con Dios\, sino un impulso de unión de amor con Jesús y con el Padre a favor de la humanidad. Por eso se habla de «oración continua» que es conciencia viva y activa de esa unión bienhechora\, incluso sin necesidad de palabras. Con palabras\, puede expresarse como:\n• Alabanza y admiración por el amor del Padre\, experimentado como profundo\, generoso y leal.\n• Acción de gracias por sus bendiciones y dones\, que alegran y aquilatan la vida de sus hijos.\n• Petición de lo necesario para dar testimonio y cumplir la misión en las circunstancias difíciles.\nPorque hay que rechazar las tentaciones de la oración hecha espectáculo y del palabrerío vacío\, Cuaresma es tiempo de rectificar asumiendo la oración al estilo de Jesús\, de abandonar la oración de estilo farsante o de estilo «pagano»\, de volver al diálogo filial con el Padre.
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SUMMARY:Miércoles de la I Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nLos ninivitas se convirtieron de su mala conducta. \nLectura de la profecía de Jonás 3\, 1-10 \nLa palabra del Señor fue dirigida por segunda vez a Jonás\, en estos términos: “Parte ahora mismo para Nínive\, la gran ciudad\, y anúnciale el mensaje que Yo te indicaré”. \nJonás partió para Nínive\, conforme a la palabra del Señor. Nínive era una ciudad enormemente grande: se necesitaban tres días para recorrerla. Jonás comenzó a internarse en la ciudad y caminó durante todo un día\, proclamando: “Dentro de cuarenta días\, Nínive será destruida”. \nLos ninivitas creyeron en Dios\, decretaron un ayuno y se vistieron con ropa de penitencia\, desde el más grande hasta el más pequeño. Cuando la noticia llegó al rey de Nínive\, éste se levantó de su trono\, se quitó su vestidura real\, se vistió con ropa de penitencia y se sentó sobre ceniza. Además\, mandó proclamar en Nínive el siguiente anuncio: \n“Por decreto del rey y de sus funcionarios\, ningún hombre ni animal\, ni el ganado mayor ni el menor\, deberán probar bocado: no pasten ni beban agua; vístanse con ropa de penitencia hombres y animales; clamen a Dios con todas sus fuerzas y conviértase cada uno de su mala conducta y de la violencia que hay en sus manos. Tal vez Dios se vuelva atrás y se arrepienta\, y aplaque el ardor de su ira\, de manera que no perezcamos”. \nAl ver todo lo que los ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta\, Dios se arrepintió de las amenazas que les había hecho y no las cumplió. \nSALMO RESPONSORIAL 50\, 3-4. 12-13. 18-19 \nR/. ¡Tú no desprecias un corazón contrito\, Señor! \n¡Ten piedad de mí\, Señor\, por tu bondad\, por tu gran compasión\, borra mis faltas! ¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado! \nCrea en mí\, Dios mío\, un corazón puro\, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu. \nLos sacrificios no te satisfacen; si ofrezco un holocausto\, no lo aceptas: mi sacrificio es un espíritu contrito\, Tú no desprecias el corazón contrito y humillado. \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jl 2\, 12-13 \nVuelvan a mí de todo corazón\, porque soy bondadoso y compasivo. \nEVANGELIO \nA esta generación no le será dado otro signo que el de Jonás. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 11\, 29-32 \nAl ver Jesús que la multitud se apretujaba\, comenzó a decir: Ésta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás.  Así como Jonás fue un signo para los ninivitas\, también el Hijo del hombre lo será para esta generación. \nEl día del Juicio\, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará\, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay Alguien que es más que Salomón. \nEl día del Juicio\, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán\, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay Alguien que es más que Jonás. \n\nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nLa tentación del poder es reiterativa y asume diversos disfraces. La generación del éxodo (cf. Sal 95\,10) se resistió a ser liberada\, y tentó al Señor pidiéndole muchas pruebas.\nEl «diablo» ha inducido en el pueblo la concepción según la cual el atributo propio del Mesías y de Dios es el poder (cf. Lc 4\,3.9-11) y que\, por tanto\, son necesarias «señales prodigiosas» para reconocer a Dios y a su Mesías (cf. Lc 11\,16.29-30). Los dirigentes judíos\, en especial los letrados fariseos\, así lo entendían y así lo enseñaban. Jesús descalificó esa idea y esa enseñanza como algo opuesto a la realidad divina\, e indicó que para reconocer y aceptar a Dios no se requiere más que el mensaje que\, de su parte\, exige justicia y rectificación de toda forma de injusticia. \n1. Primera lectura (Jon 3\,1-10).\nPor segunda vez envía Dios al profeta Jonás a anunciar el mensaje a la ciudad cruel\, agresora e injusta (cf. Nah 3\,1.4). Jonás va esta vez y cumple a cabalidad su misión con notable éxito: «los ninivitas creyeron» y dieron reales muestras de arrepentirse «de su mala vida y de sus acciones violentas». El plazo de 40 días no tenía el propósito de intimidarlos; es un término que señala un período de tiempo homogéneo\, de calamidad o de paz. Se trataba de darles tiempo a la enmienda. Era como decirles: «pasado este período de prosperidad\, Nínive sucumbirá». La forma de revertir la catástrofe era la oportunidad de enmienda que Dios les ofrecía. Y Dios\, en vista de que ellos dieron marcha atrás\, declaró nula la catástrofe que los amenazaba. El lenguaje usado por el autor del libro («Dios se arrepintió de la catástrofe con que había amenazado a Nínive y no la ejecutó») quiere subrayar el papel protagónico de Dios\, pero lo que en realidad significa es que\, a causa de la conversión y de la enmienda de vida de los ninivitas\, la catástrofe no sobrevino.\nSorprende la celeridad con la que responden los ninivitas ante el mensaje de Jonás\, porque marca un contraste visible entre estos paganos –considerados crueles e inhumanos– y la lentitud de los israelitas para responder a ese mismo mensaje. Esa es una de las finalidades del escrito\, poner a los israelitas a reflexionar en su propia respuesta al llamado de Dios a la rectificación. Nunca los ninivitas habían oído hablar del Señor\, y al primer anuncio «creyeron»; no conocían las cláusulas de su alianza\, y ante la advertencia corrigieron «su mala vida y sus acciones violentas».\nSorprende también la convocación de los animales al ayuno. Era natural que los seres humanos se preocuparan por los animales (Jer 14; Joel 2)\, pero resulta inesperada esta participación de los animales en el ayuno de los hombres para impetrar la compasión de Dios. Esto se debe a la convicción de fe de que «el Señor socorre a hombres y animales» (cf. Sal 36\,7). De hecho\, todas las creaturas sufren igualmente las consecuencias de las injusticias de los hombres\, y\, de modo semejante\, se benefician de la paz entre los hombres y los pueblos. \n2. Evangelio (Lc 11\,29-32).\n«Para tentarlo» (cf. Lc 11\,16)\, sus contemporáneos le exigen a Jesús «una señal que venga del cielo» como requisito para creerle que es enviado de Dios. Esta exigencia entraña el concepto de que Dios se define y manifiesta como poder. Así\, ellos encarnan al tentador. Jesús declara que la generación que hace esa exigencia es «perversa»\, y advierte que la única «señal» (o signo) que «se le dará» (voz pasiva\, que remite a Dios) será «la señal de Jonás»\, es decir\, la «señal» que fue Jonás para los habitantes de Nínive. Así como Jonás fue «señal» para los ninivitas\, el Hijo del Hombre lo será para esta generación. Por consiguiente\, excluye las señales de poder.\nJonás fue enviado a una sociedad opresora y el Hijo del Hombre es enviado a una generación perversa. El mensaje es claro: la sociedad judía debe enmendar sus relaciones de convivencia si quiere ver la acción de Dios. La «señal» es el mensaje\, que se identifica con el mensajero y que exhorta a la sociedad a la enmienda. Esto aparece como una provocación de su parte\, porque los israelitas se consideran superiores a los ninivitas\, pero también implica decepción de parte de ellos\, porque esperan que el Mesías les dé «señales» como las que se le atribuían a Moisés. Por eso aduce dos testimonios que favorecen a los paganos (cf. Lc 4\,25-27; 10\,13-15): la reina del sur será testigo de cargo en contra de «esta generación» y pedirá su condena\, pues ella vino a buscar sabiduría en Salomón\, y Jesús ofrece mayor sabiduría que Salomón (experiencia del misterio de Dios); los mismos habitantes de Nínive también lo harán\, porque ellos le creyeron a un Dios del cual no habían oído hablar y enmendaron sus relaciones de convivencia\, pero el llamado de Jesús a la enmienda tiene un motivo superior al de Jonás (la amenaza)\, que es la misericordia de Dios (cf. Lc 13\,6-9)\, conocida por los israelitas a lo largo de su historia.\nAdemás\, Jesús no anuncia catástrofe alguna\, sino el reinado de Dios. La enmienda que Jesús les exige tiene una finalidad totalmente positiva. Si ellos rectifican las injusticias que cometen entre sí\, podrán recibir el Espíritu Santo («…él los va a bautizar con Espíritu Santo»: 3\,16) y lograrán vencer las tentaciones (cf. 4\,1-12) para construir la nueva sociedad humana (cf. 4\,14-19). Lo que él es\, «una señal contradictoria» (2\,34)\, se debe a que ellos no están en sintonía con Dios mediante el Espíritu –como Jesús–\, porque «frustraron en sí mismos el designio de Dios» al rehusarse a la enmienda que les había exigido Juan (cf. 7\,30). Juan amenazó\, ciertamente (cf. 3\,7-9); también lo hizo Jonás en relación con los ninivitas\, pero Jesús no\, porque en él «hay más que Jonás» (11\,32).\nEn definitiva\, la única «señal» que el Mesías le dará a su pueblo será el hecho de que su mensaje del amor universal\, predicado a las naciones paganas\, encontrará acogida en todos los pueblos y provocará que de los ídolos se conviertan a Dios. \nEn el Nuevo Testamento la conversión se expresa en términos de fe en Jesús. Esto entraña la aceptación de Dios como Jesús lo encarna y presenta. Desconocer que Dios es Padre y que exige un amor que se traduzca en justicia y que llegue más allá de la justicia significa negarse a creer. La fe es libre\, no obligada\, por eso no puede basarse en señales portentosas (en manifestaciones de poder)\, porque\, perdida la libertad\, el hombre es incapaz de dar fe a Dios. La relación que se entabla por el acto de fe es una relación de amor\, no de dominio; ese amor excluye toda sujeción de uno de los que se aman con respecto de otro u otros de ellos.\nLas relaciones de dominio pervierten las relaciones humanas porque impiden la convivencia y la libertad para amar. Esa perversión se manifiesta al máximo cuando\, para justificar el dominio\, se recurre a la divinización del poder. Presentar a Dios como un poder avasallador\, y hacer pensar que esa humillación favorece a los seres humanos\, es una perversidad que al mismo tiempo daña la relación del hombre con Dios e impide las relaciones sanas entre las personas.\nConvertirse a Dios es entablar libremente con él esa relación de amor que propone Jesús. Esa relación exige la decisión de romper espontáneamente con toda forma de injusticia para lograr con los demás una relación semejante a la que Dios\, por medio de Jesús\, realiza con nosotros. Ese es otro de nuestros propósitos en esta Cuaresma\, y vamos afianzándolo en la aceptación de la entrega de amor de Jesús que conmemoramos en la celebración de la eucaristía
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SUMMARY:Jueves de la I Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nSeñor\, no tengo otra ayuda fuera de ti. \nLectura del libro de Ester 3\, 6; 4\, 11-12. 14-16. 23-25 \nEl rey de Persia firmó un decreto\, ordenando que todos los judíos fueran exterminados del país por la espada. Al enterarse\, todo Israel clamaba con todas sus fuerzas\, porque veían que su muerte era inminente. \nLa reina Ester\, presa de una angustia mortal\, también buscó refugio en el Señor.  Luego oró al Señor\, Dios de Israel\, diciendo: \n“¡Señor mío\, nuestro Rey\, Tú eres el Único! Ven a socorrerme\, porque estoy sola\, no tengo otra ayuda fuera de ti y estoy expuesta al peligro. \nYo aprendí desde mi infancia\, en mi familia paterna\, que Tú\, Señor\, elegiste a Israel entre todos los pueblos\, y a nuestros padres entre todos sus antepasados\, para que fueran tu herencia eternamente. \n¡Y Tú has hecho por ellos lo que habías prometido! \n¡Acuérdate\, Señor\, y manifiéstate en el momento de nuestra aflicción! Y a mí\, dame valor\, Rey de los dioses y Señor de todos los que tienen autoridad. Coloca en mis labios palabras armoniosas cuando me encuentre delante del león\, y cámbiale el corazón para que deteste al que nos combate y acabe con él y con sus partidarios. \n¡Líbranos de ellos con tu mano y ven a socorrerme\, porque estoy sola\, y no tengo a nadie fuera de ti\, Señor! \nTú\, que lo conoces todo”. \nSALMO RESPONSORIAL 137\, 1-3. 7c-8 \nR/. ¡Me respondiste cada vez que te invoqué\, Señor!  \nTe doy gracias\, Señor\, de todo corazón\, porque has oído las palabras de mi boca. Te cantaré en presencia de los ángeles. Me postraré ante tu santo Templo. \nDaré gracias a tu Nombre por tu amor y tu fidelidad\, porque tu promesa ha superado tu renombre. Me respondiste cada vez que te invoqué y aumentaste la fuerza de mi alma. \nTu derecha me salva. El Señor lo hará todo por mí. Tu amor es eterno\, Señor\, ¡no abandones la obra de tus manos! \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Sal 50\, 12a. 14a \nCrea en mí\, Dios mío\, un corazón puro\, y devuélveme la alegría de tu salvación. \nEVANGELIO \nEl que pide recibe. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 7\, 7-12 \nJesús dijo a sus discípulos: \nPidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide\, recibe; el que busca\, encuentra; y al que llama\, se le abrirá. \n¿Quién de ustedes\, cuando su hijo le pide pan\, le da una piedra? ¿O si le pide un pez\, le da una serpiente? Si ustedes\, que son malos\, saben dar cosas buenas a sus hijos\, ¡cuánto más el Padre de ustedes que está en el Cielo dará cosas buenas a aquéllos que se las pidan! \nTodo lo que deseen que los demás hagan por ustedes\, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas. \n\nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nLa petición es la forma de oración que más aparece en el evangelio escrito. Y esto obedece a su carácter ocasional. La oración permanente (comunión con el Padre o con Jesús por el Espíritu) y las oraciones de alabanza y de acción de gracias son más espontáneas. Pedir es circunstancial\, depende mucho de la necesidad. A esta oración se refiere la palabra que escuchamos hoy.\nLa oración de petición\, que no consiste en manejarle la agenda a Dios\, expone ante él la situación que contradice su designio\, y ofrece el propio concurso\, el don de sí mismo para que ese designio se realice. Este concurso es lo que se conoce en el Nuevo Testamento como «sacrificio»\, en vez de los «sacrificios y ofrendas»\, y de los «holocaustos y víctimas expiatorias» que mandaba ofrecer la Ley (cf. Heb 10\,4-10). Esa oración pide la capacidad para hacerlo con valor\, acierto y fruto\, al mismo tiempo que declara la propia ruptura con la situación cuyo cambio se está pidiendo. \n1. Primera lectura (Est 14\,1.3-5.12-14: Est 4\,17n.p-r.aa-aa.gg-hh).\nTercera adición al texto hebreo del libro\, que consta de las oraciones de Mardoqueo y Ester.\nLa reina\, advertida del riesgo de extinción que amenaza a su pueblo y presionada para que actúe en su favor\, se encierra en sus aposentos y se apoya en el Señor. Primero hace un rito penitencial despojándose de sus vestiduras de reina y vistiéndose de luto\, echándose polvo y ceniza en su cabeza\, en vez de perfumes\, y despreocupándose del todo de su presentación personal. De este modo expresa su distancia interior del reino inicuo en el que está inserta. Y demuestra desamor y menosprecio por los lujos de la corte en la que se encontraba implicada.\nSu oración comienza con un tono muy personal («Señor mío»)\, pero reconociéndose miembro del pueblo amenazado («rey nuestro») para dirigirse al único que reconoce como Dios y rey («tú eres único»). Esta triple declaración resume su fe personal y su solidaridad con el pueblo elegido.\nAl mismo tiempo que se reconoce sola y desprotegida\, busca apoyo en él\, pues ella ha decidido exponerse por su pueblo (cf. 4\,16). Evoca la memoria de su educación familiar en la tradición israelita y reconoce que\, en tanto el Señor ha sido fiel\, el pueblo pecó dando culto a otros dioses\, y por eso le sobrevinieron tantos males (cf. Est 14\,6-7\, omitido). Pero el enemigo\, el pueblo que les debía servir de «castigo» para reflexionar\, se ha pasado de la raya y se ha ensañado en contra de Israel con la intención\, jurada ante sus ídolos\, de «invalidar el pacto» hecho por Dios y silenciar la alabanza del pueblo que lo alaba como liberador y salvador\, dándole la razón a los que adoran ídolos y siguen a un rey humano (cf. 14\,8-10\, omitido).\nY le pide al Señor que no ceda su gloria real y no permita la humillación de su pueblo (cf. 14\,11\, omitido)\, que el Señor se muestre en la tribulación que padecen\, que le dé valor\, él que está por encima de dioses y poderosos («rey de los dioses y señor de los poderosos»)\, que le dé acierto para hablarle al tirano («el león») con el fin de que\, de enemigo\, se vuelva amigo de su pueblo\, y que –en cambio– aborrezca al intrigante que pretende aniquilarlo\, junto con sus cómplices. Pide la intervención liberadora del Señor para el pueblo y la protección para ella\, porque él conoce su corazón y lo mucho que ella aborrece los honores de la corte real. Invocándolo como «Dios de Abraham» da fin a su súplica apelando a la promesa de Dios al patriarca (cf. 12\,19\, omitido). \n2. Evangelio (Mt 7\,7-12).\nEl discípulo es invitado por el Maestro a pedir con libertad y confianza\, seguro de que así será atendido. Esta seguridad tiene como fundamento la realidad misma de Dios\, que es «Padre»\, es decir\, fuente inagotable de vida\, de quien solo se puede esperar lo que favorezca la vida humana. De antemano se da por descontado que quien hace uso de esa libertad de hijo\, con la confianza puesta en el amor del Padre\, recibirá lo que pide\, encontrará lo que busca y se le abrirán caminos cerrados. Los tres verbos («pedir»\, «buscar» y «llamar») definen la oración de petición.\nLa oración parte de un discernimiento de algo que se opone a la realeza\, al reinado o al reino del Padre\, y el discípulo de Jesús\, como hijo\, pide al Padre que lo capacite para dar a conocer que él es Padre y dar testimonio de que es su hijo realizando su designio de amor universal (cf. 6\,9-10). Por eso es tan importante partir de la realidad del Padre (el que da vida comunicando la propia)\, para tener dos seguridades: el Padre apoya todo lo que da vida\, y el hijo procede como su padre.\nJesús recurre a la experiencia de paternidad de sus oyentes para explicarles el sentido y la eficacia de esta oración de petición:\na) El «pan» representa la vida y la convivencia (cf. 6\,11) y el don de sí mismo (cf. 14\,17; 15\,34; 16\,7-12; 26\,26); la «piedra»\, el engaño que no da vida y pone tropiezo en el camino del Señor (cf. 4\,3.6). Ningún padre humano le negaría a su hijo lo que necesita para la vida ni le frustraría su convivencia con los demás.\nb) El «pescado»\, acompañamiento del pan\, es metáfora del don de sí mismo y del fruto de la misión universal (cf. 4\,18-22; 13\,47-48; 14\,17; 15\,34); la «serpiente»\, aunque sea astuta (cf. Mt 10\,16)\, es metáfora de hipocresía ponzoñosa y criminal (cf. 23\,33). Ningún padre humano le envenenaría la vida a su hijo ni le aprobaría que atentara contra la vida de los demás.\nc) La paternidad. Si así tratan a sus hijos los padres humanos –incluso siendo malos–\, dándoles cosas buenas\, con mayor razón hay que esperarlas del Padre\, que es solamente bueno. Por eso\, la oración de petición es libre y confiada. Puesto que se refiere a la oración de petición tanto del individuo como de la comunidad\, la respuesta del Padre favorece la vida y la convivencia.\nEsa actitud totalmente positiva del Padre se convierte en norma de conducta para sus hijos\, no por obligación\, sino por admiración\, porque quieren parecerse a él. Se trata de darse a sí mismos con el fin de darles vida a los demás. Esa es la pauta de conducta universal\, síntesis de la Ley y los profetas: tomar la iniciativa de hacer el bien que quisieran recibir de parte de los otros. Como la vida es la aspiración universal\, ella es el criterio de convivencia. \nLa oración de petición se funda en el amor que quiere comunicarse\, más que en la necesidad que requiere de satisfacción. La circunstancia que motiva la petición se convierte en ocasión para ofrecerse a sí mismo como agente de su solución. La reina Ester\, al mismo tiempo que pide la ayuda y la protección del Señor\, se ofrece a sí misma para lograr la liberación de su pueblo. Jesús nos enseña que para pedir hay que aprender a dar generosamente como da el Padre (cf. Mt 5\,42; 14\,16)\, para encontrar\, hay que aprender a buscar afanosamente como él (cf. Mt 18\,12s)\, y para llamar\, hay que aprender a abrir ampliamente como él (cf. Mt 3\,16; 9\,30).\nEsto se aprende y se vive en la celebración de la eucaristía\, en donde el Señor se nos entrega y\, al mismo tiempo\, nos pide que imitemos su entrega\, pero no nos pide reciprocidad (que nosotros nos entreguemos a él)\, sino que prolonguemos el don\, que nos entreguemos como él. El amor de Dios no nos enclaustra en autocomplacencias\, sino que nos abre para buscar el bienestar de todos (cf. Rom 15\,1-3).
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SUMMARY:Viernes de la I Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \n¿Acaso deseo Yo la muerte del pecador y no que se convierta de su mala conducta y viva? \nLectura de la profecía de Ezequiel 18\,21-28 \nAsí habla el Señor Dios: \nSi el malvado se convierte de todos los pecados que ha cometido\, observa todos mis preceptos y practica el derecho y la justicia\, seguramente vivirá\, y no morirá. Ninguna de las ofensas que haya cometido le será recordada: a causa de la justicia que ha practicado\, vivirá. ¿Acaso deseo Yo la muerte del pecador -oráculo del Señor- y no que se convierta de su mala conducta y viva? \nPero si el justo se aparta de su justicia y comete el mal\, imitando todas las abominaciones que comete el malvado\, ¿acaso vivirá? Ninguna de las obras justas que haya hecho será recordada: a causa de la infidelidad y del pecado que ha cometido\, morirá. \nUstedes dirán: “El proceder del Señor no es correcto”.  Escucha\, casa de Israel: ¿Acaso no es el proceder de ustedes\, y no el mío\, el que no es correcto? \nCuando el justo se aparta de su justicia\, comete el mal y muere\, muere por el mal que ha cometido. Y cuando el malvado se aparta del mal que ha cometido\, para practicar el derecho y la justicia\, él mismo preserva su vida. Él ha abierto los ojos y se ha convertido de todas las ofensas que había cometido: por eso\, seguramente vivirá\, y no morirá. \nSALMO RESPONSORIAL 129\, 1-8 \nR/. Si tienes en cuenta las culpas\, Señor\, ¿quién podrá subsistir? \nDesde lo más profundo te invoco\, Señor. ¡Señor\, oye mi voz! Estén tus oídos atentos al clamor de mi plegaria. \nSi tienes en cuenta las culpas\, Señor\, ¿quién podrá subsistir? Pero en ti se encuentra el perdón\, para que seas temido. \nMi alma espera en el Señor\, y yo confío en su palabra. Mi alma espera al Señor\, más que el centinela la aurora. \nComo el centinela espera la aurora\, espere Israel al Señor\, porque en Él se encuentra la misericordia y la redención en abundancia: Él redimirá a Israel de todos sus pecados. \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Ez 18\, 31 \n“Arrojen lejos de ustedes todas las rebeldías\, háganse un corazón nuevo y un espíritu nuevo”\, dice el Señor. \nEVANGELIO \nVe a reconciliarte con tu hermano. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5\, 20-26 \nJesús dijo a sus discípulos: \nLes aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos\, no entrarán en el Reino de los Cielos. \nUstedes han oído que se dijo a los antepasados: “No matarás”\, y el que mata\, debe ser llevado ante el tribunal. Pero Yo les digo que todo aquél que se irrita contra su hermano\, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquél que lo insulta\, merece ser castigado por el Tribunal. Y el que lo maldice\, merece el infierno. \nPor lo tanto\, si al presentar tu ofrenda en el altar\, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti\, deja tu ofrenda ante el altar\, ve a reconciliarte con tu hermano\, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. \nTrata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario\, mientras vas caminando con él\, no sea que el adversario te entregue al juez\, y el juez al guardia\, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo. \n\nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \n«El Dios de los dioses\, el Señor\, habla» (Sal 50\,1)\, no es como los ídolos\, que tienen boca y no hablan. Él faculta («inspira») a los que hablan «en su nombre» (enviados por él)\, pero no tiene problemas en rectificarlos cuando sobre su mensaje pesan más los prejuicios culturales que la experiencia del amor del Señor. Por eso la lectura del Antiguo Testamento resulta tan difícil para quienes «por observar un árbol no aprecian el bosque»\, y asumen posturas unívocas\, equívocas o fanáticas. Pero\, cuando el que habla es Jesús\, el Padre puede decir «¡escúchenlo a él!» (Mc 9\,7) sin restricciones\, porque «al Hijo lo conoce solo el Padre y al Padre lo conoce solo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (Mt 11\,27). Así\, el profeta Ezequiel\, en su tiempo\, tiene que rectificar la doctrina de la retribución\, sin importar que Moisés haya dado pie para que se forjara la doctrina tradicional. Jesús afirma mucho más que el profeta la responsabilidad de cada uno en las relaciones interpersonales y en las relaciones de convivencia social. \n1. Primera lectura (Eze 18\,21-28).\nEl capítulo entero es una afirmación de la responsabilidad personal. Cada uno es responsable de sí mismo y se atiene a las consecuencias de sus actos. Ni el padre responde por el hijo\, ni viceversa (cf. 18\,19-20). La doctrina en sí es novedosa y hasta heterodoxa.\nSe afirma esto en tono polémico\, incluso contra lo tenido por verdades admitidas por todos: era común que se afirmara que Dios castigaba «la culpa de los padres en los hijos\, nietos y bisnietos» (cf. Éxo 20\,5; 34\,7; Núm 14\,18) e\, incluso\, se presentaba la actitud de Dios como recíproca\, o sea\, se decía que su conducta dependía de la del hombre (Deu 7\,9-15); pero había también dichos en contra de esa concepción vindicadora\, prohibiendo que unos tuvieran que responder por las culpas de los otros\, y responsabilizando a cada uno de sus acciones (cf. Deu 24\,16).\nRazón última de esa afirmación de la responsabilidad individual: Dios quiere salvar\, no condenar; «sobre el justo recaerá su justicia\, sobre el malvado recaerá su maldad». Por eso\, el Señor deja paso al arrepentimiento\, para que cualquier persona cambie en relación con él («se convierte de los pecados cometidos y guarda mis preceptos») y con el prójimo\, de acuerdo con las exigencias de la alianza con el Señor («practica el derecho y la justicia»). Si lo hace\, tiene asegurada la vida.\nEl malvado es un muerto en vida\, pero puede volver a la vida y «no se le tendrán en cuenta los delitos que cometió\, por la justicia que hizo vivirá»; el justo vive\, pero puede hacerse malvado y morir; «no se tendrá en cuenta la justicia que hizo: por la iniquidad que perpetró y por el pecado que cometió morirá». Por su parte\, el Señor quiere que todos vivan.\nEl Señor es justo reconociendo y respetando la libertad humana. Cada uno decide su vida\, nadie es heredero de culpas o de méritos ajenos; tampoco la propia culpa impide el cambio\, ni la justicia vivida exime para siempre de responsabilidad. Pero esto no significa que maldad y justicia estén en igualdad de fuerzas en el corazón humano\, porque en este prevalece el designio salvador del Señor\, que quiere que el hombre viva\, y no que perezca. \n2. Evangelio (Mt 5\,20-26).\nEn el Antiguo Testamento se considera «justo» al hombre cumplidor de la Ley de Moisés. El discípulo de Jesús tiene un criterio superior: «justo» es el que va más allá de la Ley\, guiado por el Espíritu de Dios. Por ejemplo\, no basta con respetar la vida ajena\, evitando matar\, hay que evitar todo lo que daña las relaciones humanas.\nJesús propone una gradación de condenas que va en ascenso según la gravedad del daño causado a la relación con el semejante. No se deben entender sus palabras como la formulación de una nueva casuística\, sino como valoración de las actitudes que favorecen o entorpecen la relación fraternal. La ira contra el otro\, el desprecio o la exclusión del semejante afectan la convivencia y\, por eso\, ameritan la intervención de los tribunales de la comunidad. El que excluye a otro termina excluyéndose a sí mismo.\nEs preciso dejar claro que la reconciliación con Dios pasa a través de la reconciliación con el prójimo. Hasta tal punto es esto cierto\, que reconciliarse con el «hermano» tiene prioridad sobre el culto ritual\, porque la reconciliación es culto vital. Por eso hay que hacerse creativo\, hábil y experto en zanjar diferencias legales\, antes de que los pleitos arruinen sin remedio la propia vida y la convivencia con los demás. Pretender separar la relación con Dios de la relación con el otro demuestra que quien esto intenta no conoce a Dios ni valora rectamente a su semejante. La Ley no alcanza para crear las relaciones humanas propias de la nueva sociedad\, «el reino de los cielos». \n2. Evangelio (Mc 14\,53-64).\nJesús\, llevado a juicio por los tres poderes: el religioso («sumos sacerdotes»)\, el laico («senadores») y el ideológico («letrados»)\, es conducido ante el sumo sacerdote\, el jefe político de Judea y jefe religioso de todas las comunidades judías. Pedro\, después de abandonarlo\, lo sigue\, aunque «de lejos»\, por interés\, con afecto\, pero sin implicarse; no se solidariza con su suerte. De hecho\, se junta con los incondicionales de los que encausan a Jesús\, pero abrigando la esperanza de que él reaccione en contra de ellos. Pedro no cae en la cuenta de que comparte la mentalidad de los que condenan a Jesús\, y por eso\, inconscientemente\, se pone de su parte.\nEl juicio no busca justicia\, sino condenar\, así haya que recurrir a falsos testimonios; pero estos testimonios se neutralizan entre sí\, de manera que buscan que Jesús se auto incrimine\, pero él no se defiende. No tiene caso\, porque el juicio es ilegítimo por donde se lo mire. Él no legitima la falsedad ni la mala fe.\nComo Pedro esperaba\, él se declara Mesías\, pero\, en contra de sus expectativas\, Jesús no procede contra sus acusadores. No obstante\, esa respuesta les basta a los acusadores para presentarlo como subversivo y agitador ante Pilato. Pero Jesús les advierte que rechazándolo a él se exponen a rechazar a Dios y a desmantelar su nación\, en tanto que a él lo favorecerá la Fuerza (de vida)\, insinuando así su resurrección. Por injusto que el juicio sea\, el resultado le será favorable. Él\, por amor\, intenta salvarlos de la auto condenación. Pero ellos insisten en condenarlo incluso a costa de sí mismos. Al declarar su muerte y comenzar a ejecutarla deciden su propia suerte. \nLa diáfana afirmación de la responsabilidad personal es un paso importante para el logro de la madurez humana. La ausencia de dicha responsabilidad es muestra clara de infantilismo. Por eso muchos recurren al expediente de responsabilizar de sus acciones a los astros\, a los espíritus\, a los demonios… a lo que sea\, con tal de no asumir su responsabilidad. Es necesario superar esa superstición para superarse a sí mismo asumiendo la propia y personal responsabilidad.\nPero eso no basta\, porque es preciso cultivar actitudes positivas\, creativas\, generadoras de unas nuevas relaciones interpersonales\, maduras\, fundadas en el amor. Esto es lo que el Espíritu del Señor hace posible en todo aquel que le dé su adhesión. Hacer que el hombre se responsabilice y sepa respetar al otro\, es tarea de la Ley; lograr que el hombre construya una nueva convivencia\, cada vez más grata\, es la obra del Espíritu. Por la Ley respeta la vida ajena; por el Espíritu pone su vida al servicio de los demás. A eso nos compromete Jesús cuando se nos entrega él mismo para darnos vida. Y nosotros le respondemos: «¡Amén!» («¡De acuerdo!»).
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SUMMARY:Sábado de la I Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nSerás un pueblo consagrado al Señor\, tu Dios. \nLectura del libro del Deuteronomio 26\, 16-19 \nMoisés habló al pueblo diciendo: \nHoy el Señor\, tu Dios\, te ordena practicar estos preceptos y estas leyes.  Obsérvalas y practícalas con todo tu corazón y con toda tu alma. \nHoy tú le has hecho declarar al Señor que Él será tu Dios\, y que tú\, por tu parte\, seguirás sus caminos\, observarás sus preceptos\, sus mandamientos y sus leyes\, y escucharás su voz. \nY el Señor hoy te ha hecho declarar que tú serás el pueblo de su propiedad exclusiva\, como Él te lo ha prometido\, y que tú observarás todos sus mandamientos; que te hará superior -en estima\, en renombre y en gloria- a todas las naciones que hizo; y que serás un pueblo consagrado al Señor\, tu Dios\, como Él te lo ha prometido. \nSALMO RESPONSORIAL 118\, 1-2. 4-5. 7-8 \nR/. ¡Felices los que siguen la ley del Señor! \nFelices los que van por un camino intachable\, los que siguen la ley del Señor. Felices los que cumplen sus prescripciones y lo buscan de todo corazón. \nTú promulgaste tus mandamientos para que se cumplieran íntegramente. ¡Ojalá yo me mantenga firme en la observancia de tus preceptos! \nTe alabaré con un corazón recto\, cuando aprenda tus justas decisiones. Quiero cumplir fielmente tus preceptos: no me abandones del todo. \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO 2Cor 6\, 2b \nÉste es el tiempo favorable\, éste es el día de la salvación. \nEVANGELIO \nSean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5\, 43-48 \nJesús dijo a sus discípulos: \nUstedes han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y odiarás a tu enemigo.  Pero Yo les digo: Amen a sus enemigos\, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo\, porque Él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. \nSi ustedes aman solamente a quienes los aman\, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos\, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? \nPor lo tanto\, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo. \n\nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nLa tentación de superioridad\, que tanto abunda en el mundo\, se suele infiltrar en la Iglesia para hacernos presuntuosos y engreídos\, y muchas veces inclinados a hacer sentir nuestra supuesta superioridad tratando de humillar o de hacer sentir inferiores a otras personas. Es una tentación perversa que ataca sutilmente a los hombres religiosos\, aunque no a los de fe.\nA menudo se plantea la pregunta de cuáles son las ventajas que tiene ser persona de fe en un mundo tan plural y relativista. Lejos de una actitud triunfalista y despectiva\, el creyente tiene que afirmar serena y humildemente su vocación como llamada abierta\, accesible a todos\, porque está destinada a todos. Esta es la prerrogativa del discípulo de Jesús: que él\, por la experiencia que tiene del Padre\, con su testimonio de vida puede enseñarles a otros a ser semejantes al Padre y a actuar como él. Si llegara a faltar ese testimonio\, no habría tal prerrogativa. \n1. Lectura (Deu 26\,16-19).\nDespués de reconocer la gesta liberadora y salvadora del Señor\, con ocasión de las primicias\, el israelita repartía el diezmo al levita\, al emigrante\, al huérfano y a la viuda como estaba estipulado\, y entonces podía dirigir su oración al Señor\, dar gracias por la tierra recibida en heredad y pedir la protección divina sobre su pueblo (cf. Deu 26\,1-15\, omitido). Y sigue una exhortación.\nTres veces aparece en este texto «el día» (הַיּוֹם)\, la primera vez determinado\, «este» (הַזֶּה)\, dándole solemnidad a las declaraciones que siguen: la presentación del documento de la alianza\, como un contrato\, y los compromisos de cada parte.\n• Como en Deu 4\,4\, se trata de la actualización de la gesta salvadora del Señor a favor de Israel. Primero\, presenta la alianza hecha con «el Señor tu Dios» (el que lo sacó de Egipto) como una propuesta del Dios liberador. Si él tiene facultad para darle al pueblo «leyes y decretos»\, es en virtud de esa liberación de la que el pueblo ha sido objeto. Le corresponde al pueblo guardarlos y cumplirlos «con todo el corazón» (por convicción y amor) y «con toda el alma» (como criterio de vida y de convivencia). «Guardarlos» implica valorarlos; «cumplirlos»\, ponerlos por obra.\n• El pueblo se comprometió a aceptar esa alianza con el Señor: reconocerlo a él como su Dios y andar por sus caminos\, guardar sus mandatos y escuchar su voz. Se observa que la opción (inicial) por el Señor se concreta luego en la prolongación del pacto con él («que él sea tu Dios»)\, en el seguimiento de sus caminos (de éxodo) y en la permanente atención a su palabra viva («su voz»). Era de esperar la formulación: «él será tu Dios y tú serás su pueblo»\, pero esto último se explicita a continuación\, ahora solo se enfatiza la relación de Israel con el Señor.\n• El Señor se compromete a aceptar lo que el pueblo propone. Se atribuye al pueblo la propuesta que a continuación se explicita. Ser pueblo del Señor\, como él lo había prometido (cf. Éxo 19\,5)\, es ahora un compromiso (promesa de Dios\, co-promesa del pueblo) que implica guardar «todos sus preceptos»\, darle prelación por encima de los otros pueblos –que también son obra suya–\, y hacer de él su pueblo «santo» (aparte). Finalmente\, se observa que el privilegio del pueblo radica en su elección y en su santidad.\nDicho privilegio se expresa en términos de reconocimiento\, renombre y reputación. Estos son consecuencias de su elección\, su alianza y su fidelidad en relación con el Señor. Los otros pueblos lo reconocerán\, Israel gozará de renombre entre ellos\, y crecerá su reputación. \n2. Evangelio (Mt 5\,43-48).\nEl amor conocido por los antiguos era de alcance restringido por varios motivos: la diversidad étnica\, las leyes\, los usos y las costumbres\, los cultos religiosos\, las disputas territoriales\, el afán de predominio\, las luchas por los medios de subsistencia\, etc.\, generaban más hostilidades que acercamientos entre los pueblos.\nEl pueblo de Israel no fue ajeno a este encerramiento. Por un lado\, fue liberado por el Señor de una condición de esclavitud colectiva y tuvo que abrirse paso en medio de hostilidades por parte de sus vecinos\, como ocurría con los otros pueblos. Por el otro\, estuvo varias veces sometido a la dominación por parte de los déspotas de turno (asirios\, caldeos\, sirios\, griegos\, romanos)\, con lo que aprendió a protegerse y a distanciarse y diferenciarse de ellos con justificaciones religiosas que presentaban ese distanciamiento como fidelidad al Señor.\nDichas restricciones al amor implican –en su fondo– una actitud autorreferencial\, que\, de algún modo\, convierte la propia realidad en medida de todo lo demás\, en criterio de verdad\, de rectitud y de orden\, lo que explica la autopresentación como una posición de privilegio que confiere un derecho prioritario por encima de los otros (individuos o pueblos)\, particularmente el supuesto derecho de hacer prevalecer los propios intereses sobre los intereses de los demás. El discípulo de Jesús entiende de otro modo la vida y la convivencia\, a la luz del amor universal del Padre. Se siente privilegiado\, y su privilegio de discípulo del Señor consiste en la posibilidad de ser como su Padre celestial:\n• La condición de «hijos» suyos se demuestra amando por igual a todos los seres humanos y comunicando el Espíritu Santo\, que transmite calidad y fecundidad a la vida humana. Ni siquiera el enemigo declarado queda por fuera del alcance del amor del Padre y de sus hijos. Este amor universal lo compara Jesús con la luz del sol y el agua de la lluvia\, en el sentido de que favorece el desarrollo humano. Es preciso tener en cuenta que\, en toda cultura agraria\, el sol y la lluvia son factores determinantes para que las plantas germinen y fructifiquen. Cuando Jesús compara el amor del Padre celestial con el influjo benéfico del calor del sol y de la fecundidad de la lluvia\, no solo piensa en que ambos hechos se dan para todos\, sino también en ese influjo. Los odios y los rencores impiden el crecimiento humano\, pero el amor universal lo impulsa.\n• La perfección como la del Padre del cielo los hace distintos no por distanciarse de los otros en expresiones de odio\, o de menosprecio o por la exclusión social o religiosa\, sino por su capacidad de amar\, por la valoración y por su acogida de alcance universal. El ideal de perfección que Jesús propone no aparta de los demás\, sino que remite a ellos. Más adelante advierte que esa perfección conduce al desarrollo pleno de la persona\, a su madurez humana\, desarrollo que se exterioriza en su libertad\, en su desprendimiento y en su capacidad de hacerse solidario con los demás\, en particular con los excluidos por las sociedades indiferentes y\, por eso\, injustas (cf. Mt 19\,21). \nLa actitud arrogante de los fanatismos religiosos no cabe en el seguimiento del Señor Jesús. La santidad no es pretexto para apartarse de los demás\, sino eficaz estímulo para acercarse a ellos sin ínfulas de superioridad\, con simpatía y espíritu de servicio. La condición de hijo de Dios se autentica en el impulso que se le dé al crecimiento humano y a la inclusión en la convivencia social. El privilegio de ser cristiano consiste en haber descubierto con alegría y sin temores que todos somos iguales\, que el servicio engrandece a las personas\, que el amor las ennoblece y les permite alcanzar su propia plenitud. Los demás dejan de ser vistos como enemigos o rivales para convertirse en estímulo a la propia realización personal.\nEl amor a los enemigos excede la mera reciprocidad. Comulgar con Jesús compromete a «lavar los pies» (servir) a los demás como Jesús nos lava los nuestros. Esto nos engrandece a todos\, y nos da la gozosa seguridad de que el Señor está con nosotros.
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SUMMARY:Domingo de la II Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nDios selló una alianza con el fiel Abraham. \nLectura del libro del Génesis 15\, 5-12. 17-18 \nDios dijo a Abrám: “Mira hacia el cielo y\, si puedes\, cuenta las estrellas”. Y añadió: “Así será tu descendencia”. \nAbrám creyó en el Señor\, y el Señor se lo tuvo en cuenta para su justificación. \nEntonces el Señor le dijo: “Yo soy el Señor que te hice salir de Ur de los caldeos para darte en posesión esta tierra”. \n“Señor\, respondió Abrám\, ¿cómo sabré que la voy a poseer?” \nEl Señor le respondió: “Tráeme una ternera\, una cabra y un carnero\, todos ellos de tres años\, y también una tórtola y un pichón de paloma”. \nÉl trajo todos estos animales\, los cortó por la mitad y puso cada mitad una frente a otra\, pero no dividió los pájaros. Las aves de rapiña se abalanzaron sobre los animales muertos\, pero Abrám las espantó. \nAl ponerse el sol\, Abrám cayó en un profundo sueño\, y lo invadió un gran temor\, una densa oscuridad. Cuando se puso el sol y estuvo completamente oscuro\, un horno humeante y una antorcha encendida pasaron en medio de los animales descuartizados. \nAquel día\, el Señor hizo una alianza con Abrám diciendo: “Yo he dado esta tierra a tu descendencia”. \nSALMO RESPONSORIAL 26\, 1. 7-9. 13-14 \nR/. El Señor es mi luz y mi salvación. \nEl Señor es mi luz y mi salvación\, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida\, ¿ante quién temblaré? \n¡Escucha\, Señor\, yo te invoco en alta voz\, apiádate de mí y respóndeme! Mi corazón sabe que dijiste: “Busquen mi rostro”. \nYo busco tu rostro\, Señor\, no lo apartes de mí. No alejes con ira a tu servidor\, Tú\, que eres mi ayuda; no me dejes ni me abandones\, mi Dios y mi salvador. \nYo creo que contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes. Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor. \nSEGUNDA LECTURA \nCristo hará nuestro cuerpo semejante a su cuerpo glorioso. \nLectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 3\, 17—4\, 1 \nHermanos: \nSigan mi ejemplo y observen atentamente a los que siguen el ejemplo que yo les he dado. Porque ya les advertí frecuentemente y ahora les repito llorando: hay muchos que se portan como enemigos de la cruz de Cristo. Su fin es la perdición\, su dios es el vientre\, su gloria está en aquello que los cubre de vergüenza\, y no aprecian sino las cosas de la tierra. En cambio\, nosotros somos ciudadanos del cielo\, y esperamos ardientemente que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro pobre cuerpo mortal\, haciéndolo semejante a su cuerpo glorioso\, con el poder que tiene para poner todas las cosas bajo su dominio. \nPor eso\, hermanos míos muy queridos\, a quienes tanto deseo ver\, ustedes que son mi alegría y mi corona\, amados míos\, perseveren firmemente en el Señor. \n\nEVANGELIO\n\nACLAMACIÓN AL EVANGELIO Mt 17\, 5 \nDesde la nube resplandeciente se oyó la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado\, escúchenlo”. \nEVANGELIO \nMientras oraba\, su rostro cambió de aspecto. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 9\, 28b-36 \nJesús tomó a Pedro\, Juan y Santiago\, y subió a la montaña para orar. Mientras oraba\, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante. Y dos hombres conversaban con Él: eran Moisés y Elías\, que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús\, que iba a cumplirse en Jerusalén. \nPedro y sus compañeros tenían mucho sueño\, pero permanecieron despiertos\, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con Él. \nMientras éstos se alejaban\, Pedro dijo a Jesús: “Maestro\, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas\, una para ti\, otra para Moisés y otra para Elías”. \nÉl no sabía lo que decía. Mientras hablaba\, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella\, los discípulos se llenaron de temor. Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: “Este es mi Hijo\, el Elegido\, escúchenlo”. Y cuando se oyó la voz\, Jesús estaba solo. \nLos discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto. \n\nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nEl primer domingo nos dejó el mensaje de que para vencer la tentación necesitamos escuchar la Palabra de Dios\, y nos dejó la advertencia de que\, en relación con la supervivencia\, el diablo sabe manipular esa Palabra y disfrazarse de religión para hacer caer a los creyentes incautos. Por eso\, este domingo nos aclara quién es el auténtico portavoz de Dios y a quién podemos escuchar con seguridad y tranquilidad. La conversión a Dios\, que es el objetivo de la Cuaresma\, se concreta y verifica en la aceptación de Jesús como «Hijo» del Padre\, es decir\, como fiel reflejo suyo. Así que no se trata simplemente de convertirse a Dios\, sino de convertirse al Padre que se revela en Jesús\, y\, por tanto\, de aceptar a Jesús como revelador del Padre. \nLc 9\,28-36.\nEn el relato íntegro se pueden distinguir una breve introducción\, la oración de Jesús\, la reacción de Pedro y sus compañeros\, la intervención del Padre\, y una breve conclusión.\n1. Introducción.\nEl acontecimiento se fecha como al «octavo día» de que Jesús hubiera hablado de su destino y del destino de sus seguidores. Si el «sexto día» alude a la creación del hombre\, y el «séptimo día a la creación de todo el mundo visible\, el «octavo día» se refiere al mundo futuro. Por tanto\, este relato responde a la inquietud por la supervivencia del creyente. Por otro lado\, se refirió Jesús al «reinado de Dios»\, que es para toda la humanidad\, respecto del cual él aseguró que «algunos de los presentes» lo verían antes de morir (cf. 2\,26). Se trataba de presenciar el fin del nacionalismo y el comienzo del universalismo\, que incluye a los paganos.\n2. Oración de Jesús.\nJesús se llevó consigo al monte el grupo al que había hecho testigo del triunfo de la vida (Pedro\, Juan y Santiago: cf. 8\,51). El grupo tiene una nueva configuración (cf. 5\,10; 6\,14). Aunque el fin de la subida al monte era «orar»\, Jesús fue el único que lo hizo. Sus discípulos no lo acompañaron (cf. 9\,18; 11\,1)\, pero ellos también estuvieron «en el monte»\, es decir\, en relación con el Dios de la historia. Esta oración de Jesús dejó ver claramente su gloria\, expresada por la transfiguración de su rostro y la blancura refulgente de sus vestiduras.\nLa súbita e inesperada presencia de Moisés y Elías como «dos hombres» (ἄνδρες: cf. 24\,4) tiene unos rasgos que la definen muy bien. Representan la Ley y los profetas\, en cuyo nombre los tres discípulos se resisten a acoger el mensaje de Jesús. «Dos» es el número mínimo de testigos fiables; el «conversar» con Jesús\, significa que se subordinan a él (cf. Éxo 34\,35) a pesar de su también visible condición gloriosa («resplandecientes»); y el tema del que hablaban\, «su éxodo\, que iba a completar en Jerusalén»\, se refiere a la futura muerte de Jesús a manos de las autoridades judías\, ya anunciada por él (cf. 9\,22)\, tema del que los discípulos preferían no hablar (cf. 9\,44-45; 18\,31-34). Esto deja dicho que Jesús está por encima de la Ley\, representada por Moisés\, y los profetas\, representados por Elías\, que Jerusalén representa ahora a Egipto\, y que la muerte de Jesús es un «éxodo»\, es decir\, la salida definitiva.\n3. Reacción de Pedro.\n«Pedro y sus compañeros» no estaban interesados en esa oración\, como tampoco lo estarán en la oración de Jesús antes de su pasión\, porque dicha oración no encaja con sus expectativas (cf. 22\,45); y por eso se desentendieron\, «amodorrados por el sueño»\, pero la presencia de Moisés y Elías los despabiló\, aunque lo que atrajo su atención fue «la gloria de él». Se sintieron respaldados por la Ley y los profetas para justificar su disenso respecto de Jesús.\nSin embargo\, al ver que ellos se alejaban para dejarle libre el paso a Jesús\, «Pedro» formuló una propuesta para asegurar la permanencia de ellos dos; se resistía a aceptar el destino que proponía Jesús con su «éxodo» y que Moisés y Elías aceptaban. Llama «jefe» (ἐπιστάτης) a Jesús\, considera «excelente» (καλός) que ellos estén «allí»\, y propone hacer perdurable esa estancia\, prolongando el éxodo antiguo («chozas»). La propuesta de «Pedro»\, de forma sutil\, puso a Moisés en el centro\, por encima de Jesús\, en abierta contradicción con lo que acababan de presenciar. Este hecho explicita la tentación de buscar la supervivencia nacional como si su principal objetivo fuera la preservación de la vida física\, malinterpretando la promesa de Dios. Definitivamente\, Pedro «no sabía lo que decía». Por su boca hablaba la doctrina de los letrados\, no el Espíritu de Dios.\n4. Intervención del Padre.\nAnte tanta resistencia\, provocada por esa doctrina que había sido presentada como avalada por Dios\, se hizo necesario que Dios mismo interviniera para dirimir la cuestión. Los discípulos no creían que Jesús estuviera hablando en nombre de Dios\, porque consideraban que los letrados sí lo hacían. Era preciso que Dios dijera quién era su auténtico portavoz.\nEsa intervención se produce desde «una nube» que «los fue cubriendo con su sombra». Esto no es un hecho amenazante\, al contrario\, la «nube» revela y vela la presencia liberadora y salvadora de Dios (cf. Éxo 13\,21)\, evoca la alianza con él (cf. Éxo 19\,16) y asegura la presencia de su gloria en medio del pueblo (cf. Éxo 40\,34-38).\nDesde la nube hubo una voz que decía: «Este es mi Hijo\, el Elegido. Escúchenlo a él». Cuando se produjo esa voz\, «Jesús estaba solo»\, ya no estaban con él Moisés y Elías; por tanto\, la voz se refería únicamente a él. El sentido de esta locución referida a Jesús es manifiesto:\n• «Mi Hijo»: indica que Dios se reconoce reflejado íntegramente en Jesús; él es y actúa como su Padre\, por consiguiente\, la persona misma de Jesús es revelación de Dios como Padre.\n• «El Elegido»: declara a Jesús como el Mesías prometido\, aunque no corresponda a la figura de poder y dominio que han venido enseñando los letrados con su doctrina triunfalista.\n• «Escúchenlo a él»: exhorta a aceptar a Jesús como el único portavoz autorizado por Dios\, por encima de la Ley y de los profetas\, que ya no tienen mensaje propio; el mensaje es Jesús.\n5. Conclusión.\nLos discípulos\, invitados a ser testigos del triunfo de la vida\, decidieron silenciar el sentido de la visión que habían presenciado\, porque esta contradecía sus expectativas de triunfo terreno. Ese silencio es semejante al de los antagonistas de Jesús (cf. 20\,26). Es una confabulación de silencio motivada por sus intereses ideológicos\, intereses que anteponen al mensaje de Dios y que callan el sentido cristiano de la supervivencia. \nTodavía muchos discípulos están «en el monte»\, es decir\, creen en Dios\, pero se resisten a creer en el Padre que revela Jesús. Por eso se aferran a la Ley y los profetas del Antiguo Testamento\, porque la buena noticia de Jesús no termina de convencerlos. No han aceptado al Hijo de Dios o\, por lo menos\, no lo escuchan\, siguen mezclando su mensaje con el de Moisés y Elías\, a veces subordinándolo\, y se privan de la grandeza y belleza del Evangelio.\nLas comunidades cristianas están llamadas a dar testimonio de la fuerza de vida que contiene la buena noticia\, sin amilanarse al anunciar el Evangelio (cf. Rom 1\,16). Esto tiene que verse en el desprendimiento generoso\, en la disponibilidad para el servicio y en el amor fraternal. Pero\, ante todo\, debe verse en la valentía para amar con libertad cristiana y asumir la causa de los excluidos de todas las sociedades\, sin dejarse acobardar por ese «mundo» que despoja\, oprime y desacredita a quienes se oponen a sus ambiciones de riqueza\, poder y prestigio. Solo así seremos testimonio creíble de la vida que vence la muerte\, y por eso la enfrenta\, como nos enseñó Jesús.
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SUMMARY:Lunes de la II Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nNosotros hemos pecado\, hemos faltado. \nLectura de la profecía de Daniel 9\, 4b-10 \n¡Ah\, Señor\, Dios\, el Grande\, el Temible\, el que mantiene la alianza y la fidelidad con aquellos que lo aman y observan sus mandamientos! \nNosotros hemos pecado\, hemos faltado\, hemos hecho el mal\, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y tus preceptos. No hemos escuchado a tus servidores los profetas\, que hablaron en tu Nombre a nuestros reyes\, a nuestros jefes\, a nuestros padres y a todo el pueblo del país. \n¡A ti\, Señor\, la justicia! A nosotros\, en cambio\, la vergüenza reflejada en el rostro\, como les sucede en este día a los hombres de Judá\, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel\, a los que están cerca y a los que están lejos\, en todos los países adonde Tú los expulsaste\, a causa de la infidelidad que cometieron contra ti. \n¡A nosotros\, Señor\, la vergüenza reflejada en el rostro\, y también a nuestros reyes\, a nuestros jefes y a nuestros padres\, porque hemos pecado contra ti! ¡Al Señor\, nuestro Dios\, la misericordia y el perdón\, porque nos hemos rebelado contra Él! Nosotros no hemos escuchado la voz del Señor\, nuestro Dios\, para seguir sus leyes\, que Él puso delante de nosotros por medio de sus servidores los profetas. \nSALMO RESPONSORIAL 78\, 8-9. 11. 13 \nR/. ¡No nos trates según nuestros pecados\, Señor! \nNo recuerdes para nuestro mal las culpas de otros tiempos; compadécete pronto de nosotros\, porque estamos totalmente abatidos. \nAyúdanos\, Dios salvador nuestro\, por el honor de tu Nombre; líbranos y perdona nuestros pecados\, a causa de tu Nombre. \nLlegue hasta tu presencia el lamento de los cautivos\, preserva con tu brazo poderoso a los que están condenados a muerte. \nY nosotros\, que somos tu pueblo y las ovejas de tu rebaño\, te daremos gracias para siempre\, y cantaremos tus alabanzas por todas las generaciones. \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf. Jn 6\, 63c. 68c \nTus palabras\, Señor\, son Espíritu y Vida; Tú tienes palabras de Vida eterna. \nEVANGELIO \nPerdonen y serán perdonados. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 6\, 36-38 \nJesús dijo a sus discípulos: \nSean misericordiosos\, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. \nDen\, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida\, apretada\, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes. \n\nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nEsta semana se concretan las exigencias de la conversión. Comienzan por la imitación del Padre siguiendo al Hijo. Ser discípulo de Jesús no es una mera afiliación legal\, consiste en entablar una relación filial con un Dios al cual\, desde esa perspectiva\, solo es posible llamarlo «Padre». Esa relación implica el deseo espontáneo de parecerse al Padre\, de ser como él y de actuar como él en la relación con los demás. Después de exhortar a sus discípulos a mostrar una calidad de amor más allá de la correspondencia (cf. Lc 6\,27-34)\, Jesús los invita a amar gratuitamente para ser «hijos del Altísimo»\, es decir\, del Dios universal (cf. Lc 6\,35). Y es entonces cuando propone la imitación del Padre teniendo «compasión» (οἰκτιρμός) como él. La compasión expresa un amor siempre disponible\, sobre todo en las circunstancias difíciles para el ejercicio de dicho amor. \n1. Primera lectura (Dan 9\,4b-10).\nLos acontecimientos se desarrollan durante la época de la rebelión macabea (alrededor de los años 167-164)\, en los tiempos de Antíoco IV Epífanes\, pero el autor del libro los retrotrae a la época de la cautividad en Babilonia para mostrar las semejanzas de las dinámicas de la historia y\, ante todo\, suscitar la confianza en la fuerza liberadora y salvadora del Señor.\nA Daniel lo angustia la desgracia de su pueblo: la destrucción de las murallas de Jerusalén\, junto con la demolición del templo\, y el hecho de que se hayan cumplido los 70 años de cautiverio que anunció el profeta Jeremías (cf. Jer 25\,11-12; 29\,10)\, sin que se haya dado la restauración. Se sitúa en la historia\, queriendo entenderla a la luz de las profecías de Jeremías y pidiéndole al Señor en actitud de duelo (cf. 9\,1-3). Daniel ruega al Dios del éxodo («el Señor\, nuestro Dios»)\, porque él es compasivo.\nLa desgracia sobrevino a la nación judía porque no escuchó la voz del Señor a través de Moisés y los profetas. El profeta intercede por el pueblo (como ya lo habían hecho antes Moisés\, Amós\, Jeremías…) pronunciando una oración que consta de dos partes: la primera es una confesión de los pecados; la segunda\, una súplica de perdón. El texto que hoy se lee corresponde al comienzo de la primera parte\, la confesión de los pecados del pueblo.\nLa confesión comienza por el reconocimiento de que Dios es fiel a su alianza y que es leal con los que lo aman y cumplen sus mandamientos. La desgracia\, por tanto\, no se debe a infidelidad alguna de su parte; la explicación de la misma hay que buscarla fuera de él\, y el autor la insinuó al precisar para quiénes está asegurada la lealtad del Señor. La explicación de la desgracia está en que el pueblo ha sido infiel. Esto condiciona la lealtad del Señor\, pero al autor no le preocupa.\nSigue entonces el reconocimiento del pecado\, que se concreta en la «rebeldía» (negativa a dejarse liberar) manifestada en la renuencia a escuchar a los profetas y en la inobservancia de la Ley. Esa negativa a escuchar se dio en todos los estratos sociales\, y se produjo con las obras\, perpetrando crímenes y delitos. La enumeración de los destinatarios de la palabra del Señor comienza por los dirigentes del pueblo («nuestros reyes\, nuestros príncipes»)\, prosigue con los ancestros («nuestros antepasados»)\, las autoridades morales\, y finalmente generaliza («toda la gente del país»). De este modo\, la «justicia» (fidelidad) del Señor contrasta con la vergüenza de «los hombres de Judá\, los habitantes de Jerusalén y todo Israel»\, todo el pueblo\, «los que están cerca y los que están lejos»\, es decir\, los deportados y los que permanecieron en el territorio\, a causa de sus delitos.\nHace una confesión de vergüenza de parte de los dirigentes y de las autoridades morales (ahora no menciona al pueblo en general)\, reconociendo que la mayor responsabilidad es la de quienes tenían el encargo de educar el pueblo en la fidelidad al Señor.\nEl autor expresa sus ideas en el esquema pecado-castigo\, que en nuestro modo de hablar equivale a pecado-consecuencia\, y\, además de contrastar la justicia del Señor con la infidelidad del pueblo\, contrasta también la rebeldía (obstinación) del pueblo con la compasión del Señor. Reconoce la «desobediencia» del pueblo –que es su negativa a escuchar– manifestada en el hecho de no haber hecho caso de las pautas que el Señor le daba por medio de sus servidores los profetas. \n2. Evangelio (Lc 6\,36-38).\nReconocer que Dios es Padre es la raíz de esa conversión que efectúa el «éxodo» de la religión a la fe. Esa conversión germinal se realiza a plenitud en un proceso en que el discípulo de Jesús se propone imitar libremente al Padre. Si se llega a la experiencia de que el Padre es «compasivo» (οἰκτίρμων)\, no se trata de custodiar esto en la sola esfera de las convicciones individuales\, sino\, ante todo\, de llevarlo a una praxis vital: ser compasivo como el Padre lo es. Esta compasión se expresa en su benevolencia universal (Jon 4\,2; Sal 103\,8; 111\,4)\, no solo con respecto de Israel (cf. Éxo 34\,6). Dicha compasión divina tiene sus exigencias:\na) Renunciar a censurar a los demás. Es legítimo juzgar actitudes\, pero es incoherente juzgar las personas\, puesto que ninguno es del todo inocente y la razón última del comportamiento de las personas a menudo nos resulta desconocida.\nb) Ser indulgente con todos. La injusticia es injusticia\, pero todo ser humano puede cambiar de injusto a justo\, nadie debe ser declarado moralmente desahuciado\, porque la fuerza del amor en el corazón humano es más efectiva que la del mal.\nc) Perdonar. La falta comprobada no es razón para estigmatizar al prójimo ni para excluirlo del trato o de la convivencia social. Si así fuera\, sobre cada uno pesaría su propio estigma\, y sería del todo imposible construir relaciones sociales.\nd) Ser generoso. La mezquindad de alma limita las propias posibilidades; la generosidad\, por lo contrario\, amplía el propio horizonte. La generosidad implica dar desde la propia precariedad\, y esto entraña la superación del propio egoísmo.\nEsas exigencias son expresiones del amor como respuesta a una situación en la que se ha negado el amor. Al comportarse así\, en esas circunstancias\, el discípulo supera la lógica del «te doy para que me des» («do ut des») y se abre a un amor ilimitado\, lo que no solo autentica su experiencia de Dios\, sino que lo hace más «capaz de Dios»\, es decir\, se hace más receptivo al Espíritu Santo\, se «llena» más de Dios y puede manifestarlo cada vez mejor. \nCuando se tiene claro –más por experiencia que por convicción– que el amor es el atributo que define a Dios («Dios es amor»: 1Jn 4\,8)\, no hay duda de que parecerse a él es cuestión de amar como él (cf. Jn 13\,34). Y cuando la relación que se entabla con Dios es decididamente filial\, el deseo de ser como él y actuar como él es espontáneo\, no impuesto. En las relaciones humanas esto se observa en la infancia\, hasta cuando el niño empieza a descubrir incoherencias en sus padres y comienza su proceso de autoafirmación. En la relación con Dios Padre es a la inversa: cuanto más madura el hijo\, tanto más se identifica con el Padre\, porque el amor hace crecer y conduce a la plena adultez humana; y cuanto más libre es\, tanto más se afirma\, porque el amor lo libera y lo hace liberador.\nPero este amor se somete a su propia prueba de calidad cuando se manifiesta como un amor «compasivo». Y se muestra efectivo cuando\, además\, es «misericordioso». El tiempo de cuaresma nos invita a ir más allá de donde hemos llegado: a convertirnos al Padre creciendo en el amor compasivo. Esta conversión nos hace mucho más humanos.
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SUMMARY:Martes de la II Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nAprendan a hacer el bien. Busquen el derecho. \nLectura del libro de Isaías 1\, 10. 16-20 \n¡Escuchen la palabra del Señor\, jefes de Sodoma! \n¡Presten atención a la instrucción de nuestro Dios\, pueblo de Gomorra! \n¡Lávense\, purifíquense\, aparten de mi vista la maldad de sus acciones! ¡Cesen de hacer el mal\, aprendan a hacer el bien! ¡Busquen el derecho\, socorran al oprimido\, hagan justicia al huérfano\, defiendan a la viuda! \nVengan\, y discutamos -dice el Señor-. \nAunque sus pecados sean como la escarlata\, se volverán blancos como la nieve; aunque sean rojos como la púrpura\, serán como la lana. \nSi están dispuestos a escuchar\, comerán los bienes del país; pero si rehúsan hacerlo y se rebelan\, serán devorados por la espada\, porque ha hablado la boca del Señor. \nSALMO RESPONSORIAL 49\, 8-9. 16bc- 17. 21. 23 \nR/. El que sigue buen camino gustará la salvación de Dios. \nNo te acuso por tus sacrificios: ¡tus holocaustos están siempre en mi presencia! Pero Yo no necesito los novillos de tu casa ni los cabritos de tus corrales. \n¿Cómo te atreves a pregonar mis mandamientos y a mencionar mi alianza con tu boca\, tú\, que aborreces toda enseñanza y te despreocupas de mis palabras? \nHaces esto\, ¿y Yo me voy a callar? ¿Piensas acaso que soy como tú? Te acusaré y te argüiré cara a cara. El que ofrece sacrificios de alabanza\, me honra de verdad. \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Ez 18\, 31 \n“Arrojen lejos de ustedes todas las rebeldías y háganse un corazón nuevo y un espíritu nuevo”\, dice el Señor. \nEVANGELIO \nNo hacen lo que dicen. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 23\, 1-12 \nJesús dijo a la multitud y a sus discípulos: \nLos escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan\, pero no se guíen por sus obras\, porque no hacen lo que dicen. Atan cargas pesadas y difíciles de llevar\, y las ponen sobre los hombros de los demás\, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. \nTodo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas\, ser saludados en las plazas y oírse llamar “mi maestro” por la gente. \nEn cuanto a ustedes\, no se hagan llamar “maestro”\, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen “padre”\, porque no tienen sino uno\, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco “doctores”\, porque sólo tienen un Doctor\, que es el Mesías. \nEl mayor entre ustedes será el que los sirve\, porque el que se eleva será humillado\, y el que se humilla será elevado. \n\nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nLa búsqueda de rango y honores no solo es frívola vanidad. Detrás de ella está el afán de clasificar y estratificar a los seres humanos\, es decir\, crear la desigualdad entre los que son iguales. Y esto es perverso a los ojos de Dios\, sobre todo si su nombre se usa como pretexto para legitimar esas desigualdades. Quien crea desigualdades tiene que convertirse al Padre de Jesucristo\, si pretende llamarse fiel cristiano. La fe es incompatible con las desigualdades entre humanos.\nLa conversión a Dios es vacía de contenido si no hay respeto por el hombre. En otros términos\, la «conversión» exige e incluye la «enmienda». Es imposible honrar a Dios deshonrando al ser humano. Si la «cátedra de Moisés» es exigencia de libertad y dignidad\, la cátedra del Mesías es exigencia de fraternidad e igualdad ante el Padre común. No imitamos la conducta de hombres\, ni somos seguidores de hombres como nosotros; imitamos y seguimos a Jesús porque es «el Hijo del Hombre»\, paradigma de lo humano y presencia viva del Padre. Si recordamos la vida de los santos\, es por la misma razón\, porque son testigos de Jesús\, no porque consideremos que sean más que nosotros. Son nuestros hermanos\, y nos relacionamos con ellos como con hermanos. \n1. Primera lectura (Isa 1\,10.16-20).\nEn un vigoroso oráculo\, el profeta hace una denuncia clara de la hipocresía que se camufla con pretexto de culto. Las expresiones: «príncipes de Sodoma» y «pueblo de Gomorra» denuncian la corrupción de los círculos de poder y del pueblo en general (cf. 1\,5-6). Todos están enfermos porque no escuchan la palabra del Señor ni oyen la enseñanza de su Dios\, aunque gocen de una envidiable salud física. De hecho\, el pueblo sobrevive gracias a la compasión del Señor\, pues las acciones de todos los han conducido al borde de la autodestrucción (cf. 1\,9).\nEl profeta muestra la repugnancia del Señor por ese culto presuntuoso y sin compromiso\, y les advierte a quienes se dirige que el Señor no se deja sobornar. La detallada lista de sacrificios y dones y su tajante rechazo por parte del Señor indica que se refiere a toda expresión de culto\, y que él no escucha peticiones dirigidas a él con manos abiertas y extendidas en dirección a él pero manchadas de sangre\, es decir\, que no acepta las plegarias de parte de los que no enmiendan sus injusticias. Es imposible rendirle culto practicando injusticias (cf. vv. 11-15\, omitidos).\nEl Señor no solo protesta por ese intento de soborno\, sino que manifiesta que no quiere sangre de animales (cf. 1\,11) y que ellos no pueden pretender disimular con esa sangre de animales la sangre de seres humanos que «manchan» sus manos (cf. 1\,15). Por eso\, les pide que se purifiquen delante del Señor. Pero el profeta no se refiere a rito alguno de purificación exterior\, sino a la purificación interior\, que consiste en dejar de cometer el mal en la presencia del Señor\, y señala dos acciones: dejar de hacer el mal y aprender a hacer el bien.\nY el concepto de «bien» lo delimita con precisión en oposición al del mal que denuncia: buscar el derecho (del prójimo). Este «derecho» consiste\, primero\, en liberar a los oprimidos\, liberación que urge usando la imagen de quitar la carga que lo doblega («enderecen al oprimido»); segundo\, defender al huérfano\, que\, por su condición de menor de edad y aún no sujeto de derechos\, era víctima de los que podían alegar derechos en su contra; y tercero\, proteger a la viuda\, que\, igual que el huérfano\, estaba expuesta y legalmente desprotegida. Tres formas de «buscar el derecho» que sintetizan esa actitud: en una palabra\, hacer justicia ante todo a favor de los débiles\, buscando la igualdad independientemente de la capacidad de defenderse que tengan las personas. Llama la atención que las categorías de desvalidos sean estas\, cuando tradicionalmente son el inmigrante\, el huérfano y la viuda. Esto significa que el profeta está llamando con apremio a hacer justicia al conciudadano\, lo que indica el estado de descomposición social en que está el pueblo.\nY\, entonces sí\, que vengan a buscar la salvación en él. Si mutan la injusticia por la justicia\, sean cuales fueren sus pecados\, todos les serán perdonados. Si hacen caso\, gozarán de prosperidad y tranquilidad. Pero –última advertencia– si no hacen caso\, la guerra acabará con el país («la espada los devorará»). Esto significa que la corrupción y la descomposición social provocan la violencia. \n2. Evangelio (Mt 23\,1-12).\nLos dirigentes del pueblo en la época de Jesús siguen sin hacer caso del oráculo del profeta. Jesús los denuncia ante la multitud y ante sus discípulos como usurpadores de «la cátedra de Moisés»: hay incoherencia entre su conducta y sus enseñanzas; son opresores del pueblo\, al que agobian con pesadas cargas\, y son evasores de sus compromisos y responsabilidades\, en tanto que exigen su estricto cumplimiento por parte de la gente. Nada de eso tiene respaldo en Moisés.\nJesús describe su comportamiento como un ansia desmedida de reconocimientos y de honores: individualmente\, buscan ser vistos como hombres muy religiosos; comunitariamente\, reclaman puestos de honor en la vida civil y religiosa; socialmente\, exigen que se los denomine con títulos de distinción. Abusan de la veneración que el pueblo les profesa por exigencia de ellos.\nPero el pueblo no solo los tolera\, sino que los admira. Se deja impresionar por sus alardes de santidad\, y no discierne la incoherencia entre su vida y su doctrina. Por eso Jesús intenta que sus discípulos –al menos– reaccionen abriendo los ojos a esa realidad. Ellos\, que conocen el mensaje del amor universal de Dios\, entienden que este reclama la igualdad humana.\nJesús no prohíbe el uso de títulos\, cosa que resultaría ridícula\, él denuncia el uso de títulos que se esgrimen para crear diferencias entre las personas y afirmar supremacía de unos seres humanos sobre los otros. Traicionaríamos su planteamiento si dedujéramos que prohíbe usar los términos –tan comunes\, por otro lado– «maestro»\, «padre»\, «instructor» (o «director»)\, y nos diéramos por bien servidos con desterrarlos de nuestro vocabulario. Eso no nos haría discípulos suyos.\nDirigiéndose a sus discípulos\, Jesús les inculca: La igualdad de los hermanos\, en tanto que todos son discípulos; la paternidad exclusiva de Dios\, en tanto él es el modelo de conducta para imitar; la paridad de los discípulos\, en tanto que todos son guiados por él. El servicio es el único título de grandeza para todos los suyos. Los honores y rangos humanos nada valen; el servicio\, que «los hombres» estiman deshonor y propio de esclavos\, libremente prestado vale y honra al ser humano delante de Dios. \nCrear la desigualdad es una forma de dividir la sociedad y debilitarla\, pero también de enfrentarla en una lucha intestina. Una sociedad dividida sucumbe a causa de los intereses enfrentados\, o la convierte en presa fácil del agresor exterior.\nReligiosidad y culto sin compromiso es una trampa en la que es fácil caer. El tiempo de Cuaresma nos recuerda que el valor del culto no radica ni en un rito ni en la multiplicidad de los ritos\, sino en el hecho de que el verdadero culto solo lo ofrecen las personas sinceras y justas. El culto no exime de la responsabilidad en relación con el prójimo.\nEl cristiano da culto a Dios con su vida y su convivencia\, como Jesús. Los ritos y las ceremonias son elementos propios de las celebraciones\, pero nuestro culto es la vida misma entregada en el servicio. Eso es lo que celebramos en la eucaristía\, la entrega de Jesús a su Iglesia para que ella la prolongue a través de sus miembros. Ese es el compromiso que aceptamos con el «Amén» que pronunciamos al comulgar: prolongar la entrega servicial de Jesús por todos
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SUMMARY:Miércoles de la II Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nVengan\, inventemos algún cargo contra él. \nLectura del libro de Jeremías 18\, 18-20 \nLos hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén dijeron: “¡Vengan\, tramemos un plan contra Jeremías\, porque no le faltará la instrucción al sacerdote\, ni el consejo al sabio\, ni la palabra al profeta! Vengan\, inventemos algún cargo contra él\, y no prestemos atención a sus palabras”. \n¡Préstame atención\, Señor\, y oye la voz de los que me acusan! ¿Acaso se devuelve mal por bien para que me hayan cavado una fosa? Recuerda que yo me presenté delante de ti para hablar en favor de ellos\, para apartar de ellos tu furor. \nSALMO RESPONSORIAL 30\, 5-6. 14-16 \nR/. ¡Sálvame\, Señor\, por tu misericordia! \nSácame de la red que me han tendido\, porque Tú eres mi refugio. Yo pongo mi vida en tus manos: Tú me rescatarás\, Señor\, Dios fiel. \nOigo los rumores de la gente y amenazas por todas partes\, mientras se confabulan contra mí y traman quitarme la vida. \nPero yo confío en ti\, Señor\, y te digo: “Tú eres mi Dios\, mi destino está en tus manos”. Líbrame del poder de mis enemigos y de aquéllos que me persiguen. \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 8\, 12 \n“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue tendrá la luz de la Vida”\, dice el Señor. \nEVANGELIO \nLo condenarán a muerte. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 20\, 17-28 \nMientras Jesús subía a Jerusalén\, llevó consigo a los Doce\, y en el camino les dijo: “Ahora subimos a Jerusalén\, donde el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Ellos lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos para que se burlen de Él\, lo azoten y lo crucifiquen\, pero al tercer día resucitará”. \nEntonces la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús\, junto con sus hijos\, y se postró ante Él para pedirle algo. \n“¿Qué quieres?”\, le preguntó Jesús. \nElla le dijo: “Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino\, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda”. \n“No saben lo que piden”\, respondió Jesús. “¿Pueden beber el cáliz que Yo beberé?” \n“Podemos”\, le respondieron. \n“Está bien\, les dijo Jesús\, ustedes beberán mi cáliz.  En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda\, no me toca a mí concederlo\, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre”. \nAl oír esto\, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: “Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario\, el que quiera ser grande\, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero\, que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre\, que no vino para ser servido\, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud”. \n\nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nLa atribución de «poder» –así\, sin más– a Dios\, y la consiguiente ambición del mismo\, es muy peligrosa por la perversidad que allí se esconde. El «poder» es la capacidad que alguien tiene para imponer su criterio o su voluntad. Por eso\, anula la libertad e impide la realización de la persona sometida. Ese poder no es cristiano\, ni podrá serlo. Atribuirle a Dios tal poder no es evangélico. Ambicionar ese tipo de poder es incompatible con el seguimiento del Señor. Pero para percibir esto con claridad no basta con «saber»\, es preciso «conocer». El conocimiento experimental de Dios\, a través de Jesús conduce a la conclusión de que tal poder se opone a la acción del Espíritu Santo\, por más que afirmen lo contrario los «sabios y entendidos» (Mt 11\,25).\nLa conversión a Dios nos exige hoy renunciar a esa ambición de poder y aceptar al Mesías que se nos entrega en el servicio voluntario y por amor. Lo opuesto al poder\, en términos cristianos\, es el servicio al estilo del Hijo del Hombre. \n1. Primera lectura (Jer 18\,18-20).\nLas acusaciones del profeta Jeremías suscitan en su contra una confabulación por parte de los círculos de poder a los cuales denuncia. Curiosamente\, dichos círculos de poder no son políticos\, sino del ámbito religioso: sacerdotes\, maestros y profetas. Ellos traman un plan\, convencidos de que\, si faltara Jeremías\, el pueblo nada perdería\, porque siempre habrá sacerdotes\, maestros y profetas entre ellos. Advierten que los sacerdotes\, maestros y profetas que existen son sumisos al poder político\, con el cual se entienden bien y quieren mantener buenas relaciones. Jeremías los irrita y los perturba porque le advierte a la gente que ellos están llevando el país a la ruina.\nSe proponen silenciar al profeta como tal («herirlo en la lengua»)\, porque este les resulta molesto\, y desacreditarlo no dándole importancia a lo que dice\, o sea\, desconocer su condición de profeta del Señor no reconociendo sus oráculos como mensaje divino. Se imaginan que pueden rechazar sin problemas al profeta\, y la falsificación les parece un recurso válido. Lo que se advierte es que van a apelar a su posición oficial y al ascendiente institucional que ejercen sobre el pueblo a fin de deshonrar a Jeremías como profeta\, con la ilusión de que sus mentiras sustituirán las verdades que Jeremías propone en nombre del Señor. Esta sustitución es un engaño consciente\, motivado por el afán de proteger sus intereses\, que están siendo afectados por la predicación de Jeremías.\nEl profeta\, puesto que ha hecho caso de lo que el Señor le mandó\, le pide al Señor que le haga caso\, es decir\, que se declare a su favor (cf. 1\,8)\, que lo acredite como su profeta en oposición a lo que pretenden sus rivales. En el fondo de esta súplica está la persuasión de Jeremías de que el Señor nada tiene en común con esos círculos de poder\, que ellos no lo representan ante el país y que además defienden una causa perdida en razón de su infidelidad a la alianza (cf. 1\,16-19).\nY se lamenta por la ingratitud de su pueblo: en tanto que ellos lo condenan a la tumba\, él no ha hecho más que orar por ellos\, para que Dios los perdone y los libre de las consecuencias de sus extravíos (el «furor» de Dios). Sin embargo\, «los sacerdotes no preguntaban ¿dónde está el Señor? Los maestros de la Ley no me reconocían …los profetas profetizaban en nombre de Baal» (2\,8). Traicionaban al Señor y engañaban a todo el pueblo\, y\, a pesar de eso\, el pueblo los seguía y se aliaba con ellos en contra de Jeremías. El pueblo se ha dejado arrastrar por sus dirigentes a la infidelidad y a la injusticia\, y ahora los sigue\, rechazando a Jeremías\, que ha sido su benefactor. \n2. Evangelio (Mt 20\,17-28).\nJesús desveló la confabulación que estaba por organizarse en Jerusalén: los tres círculos de poder\, dos judíos (los sumos sacerdotes y los letrados) y uno pagano\, se unirán para matarlo\, pero Dios lo va a resucitar. Como si él nada hubiera dicho\, los discípulos muestran que lo siguen por otros motivos\, ellos ambicionan posiciones de poder.\n• Al indicar que la autora de la petición es «la madre» (sin nombre) de «los hijos de Zebedeo»\, Mateo deja claro que esta es una ambición de origen nacional (aquí la «madre» representa a la nación)\, y en consonancia con la tradición «patria» («hijos de Zebedeo»).\n• La pregunta que Jesús les hizo indicó que ellos no lo habían entendido\, que él no buscaba el poder\, sino entregarse\, darse a sí mismo\, incluso al precio de su propia vida. Por eso les preguntó si estaban dispuestos a entregarse\, identificándose con él.\n• La réplica de ellos mostró de nuevo su incomprensión\, ellos estaban dispuestos a pasar por una prueba dolorosa\, pero pasajera\, es decir\, entendieron que se trataba de triunfo terreno difícil –como la conquista del trono tras un heroico combate–\, pero\, de todos modos\, seguro.\n• Sin embargo\, lo que Jesús les anunciaba era que su muerte sería para ellos una prueba muy dolorosa\, pues al verlo morir en la cruz se derrumbarían sus aspiraciones de triunfo terreno y se darían cuenta de que lo suyo no era la conquista del poder.\n• Y\, además de esa decepción\, les aseguró que los puestos a su derecha y a su izquierda son para «aquellos a los que mi Padre se los tenga preparado»\, es decir\, a los que estén dispuestos a morir con él y como él\, o sea\, socialmente rechazados como «bandidos» (cf. 27\,38).\nPero\, como los otros también ambicionaban el poder\, afloró la lucha por el poder en el grupo de los discípulos. Entonces Jesús les aclaró:\n• Su comunidad\, que es abierta y universal\, no es como los reinos de las naciones paganas\, que entablan relaciones de dominación y sumisión.\n• El título de grandeza en su comunidad es el servicio\, y este reviste dos formas:\nPrimera: servidor (διάκονος)\, que es el servicio libre\, que se da entre amigos o iguales\, que se presta sin contraprestación\, por amistad y por afecto.\nSegunda: siervo (δοῦλος)\, que es el servicio obligado\, propio de los esclavos; hacerse esclavo por propia voluntad es un servicio liberador en favor de los últimos de la escala social.\n• Él mismo se propone como modelo de ambas formas de servicio:\nPorque él vino como servidor (διάκονος) a favor de quienes enseña a llamarse «hermanos» (cf. 23\,8)\, no para ser servido como lo eran los amos por sus esclavos.\nPorque él da su vida en «rescate» por todos. Aquí alude a su muerte en la cruz\, que era para los esclavos (δούλοι) rebeldes\, y al carácter liberador de la misma («rescate»). \nEn la eucaristía se sintetiza el servicio de Jesús:\n• El pan partido es el sacramento de su «cuerpo entregado por ustedes» (Lc 22\,29) signo de su entrega personal en el servicio libre histórico y concreto prestado a sus amigos.\n• La copa compartida es sacramento de su «sangre derramada «por ustedes y por todos para el perdón de los pecados»: signo del Espíritu derramado «sobre toda carne» (Joel 3\,1) para dar la libertad interior\, la libertad para amar\, que es la expresión de la liberación cristiana.\nEse carácter de totalidad («por todos») aparece como un modismo arameo en 19\,30\, en 20\,28 y en 26\,28: El adjetivo griego «muchos» (πολλῶν; hebreo יםרַבִּ) no significa «varios\, pero no todos»\, sino «todos en contraposición a uno solo». Jesús no excluye a ser humano alguno.\nCompartir el cuerpo del Señor nos compromete a ser servidores fraternos unos de otros; beber su sangre del mismo cáliz nos compromete a transmitir\, con nuestro amor\, el Espíritu Santo\, fuente de libertad y de vida\, y a ser todos servidores de la dignificación de los excluidos.
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SUMMARY:Jueves de la II Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nMaldito el que confía en el hombre. Bendito el que confía en el Señor. \nLectura del libro de Jeremías 17\, 5-10 \nAsí habla el Señor: \n¡Maldito el hombre que confía en el hombre y busca su apoyo en la carne\, mientras su corazón se aparta del Señor! Él es como un matorral en la estepa que no ve llegar la felicidad; habita en la aridez del desierto\, en una tierra salobre e inhóspita. ¡Bendito el hombre que confía en el Señor y en Él tiene puesta su confianza! Él es como un árbol plantado al borde de las aguas\, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de dar fruto. \nNada más tortuoso que el corazón humano y no tiene arreglo: ¿quién puede penetrarlo? Yo\, el Señor\, sondeo el corazón y examino las entrañas\, para dar a cada uno según su conducta\, según el fruto de sus acciones. \nSALMO RESPONSORIAL 1\, 1-4. 6 \nR/. ¡Feliz el que pone su confianza en el Señor! \n¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados\, ni se detiene en el camino de los pecadores\, ni se sienta en la reunión de los impíos\, sino que se complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche! \nÉl es como un árbol plantado al borde de las aguas\, que produce fruto a su debido tiempo\, y cuyas hojas nunca se marchitan: todo lo que haga le saldrá bien. \nNo sucede así con los malvados: ellos son como paja que se lleva el viento.  Porque el Señor cuida el camino de los justos\, pero el camino de los malvados termina mal. \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf. Lc 8\, 15 \nFelices los que retienen la Palabra de Dios con un corazón bien dispuesto y dan fruto gracias a su constancia. \nEVANGELIO \nHas recibido tus bienes en vida y Lázaro recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo\, y tú\, el tormento. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 16\, 19-31 \nJesús dijo a los fariseos: \nHabía un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta\, cubierto de llagas\, yacía un pobre llamado Lázaro\, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas. \nEl pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado. \nEn la morada de los muertos\, en medio de los tormentos\, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham\, y a Lázaro junto a él. \nEntonces exclamó: “Padre Abraham\, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua\, porque estas llamas me atormentan”. \n“Hijo mío\, respondió Abraham\, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro\, en cambio\, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo\, y tú\, el tormento. Además\, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo\, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí”. \nEl rico contestó: “Te ruego entonces\, padre\, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre\, porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga\, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento”. \nAbraham respondió: “Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen”. \n“No\, padre Abraham\, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos\, se arrepentirán”. \nPero Abraham respondió: “Si no escuchan a Moisés y a los Profetas\, aunque resucite alguno de entre los muertos\, tampoco se convencerán”. \n\nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nAntiguamente –y todavía\, sacando de su contexto textos bíblicos del Antiguo Testamento\, y con intención de escuchar más a Moisés (la Ley) y a Elías (los profetas) que al Hijo–\, se concluyó de manera apresurada que «el hombre de bien es el hombre de bienes». Se pensó (y se predicó) que la riqueza es bendita por sí misma\, y signo de la bendición de Dios a sus elegidos; se prometió que la prosperidad económica individual garantizaría la vida futura y plenamente feliz. Pero no es eso lo que enseñó Jesús. La riqueza no es señal de que el acaudalado está con Dios y Dios con el acaudalado. La buena noticia nos invita a convertir nuestro corazón y a cambiar esa idea.\nLa tentación de la riqueza\, para ser más efectiva\, se reviste –¡cómo no!– de ropaje religioso\, y se presenta con lenguaje religioso. Así se habla de la «teología de la prosperidad»\, que es una burda sacralización de la codicia de riqueza\, disfraz con el que se seduce a cristianos incautos. \n1. Primera lectura (Jer 17\,5-10).\nA raíz de la corrupción generalizada en el país\, el profeta declara de parte del Señor una maldición y una bendición; ambas se derivan de la opción de fondo que cada uno haga.\na) La maldición.\nLa maldición consiste en:\n• «Maldito el hombre (גֶבֶר: hombre fuerte) que confía en el hombre (אָדָם: ser humano)». Declara la frustración de quien se fía de lo que él mismo es: caducidad. Se refiere a la confianza puesta en lo que ofrecen otros seres humanos (saber\, riqueza\, poder\, fama)\, todos valores inestables e inciertos\, y a menudo engañosos.\n• «… y busca su apoyo en la carne (בָשָׂר)». Es insensato apoyarse en lo que es física y moralmente débil\, porque el hombre cifra su estabilidad en su propia precariedad. Se refiere el profeta a ese apoyo en lo humano contrapuesto al apoyo en el Señor (cf. Sal 118\,8-9; 146\,3-7ab)\, que es el único sólido\, estable y seguro.\n• «… apartando su corazón del Señor (יהוה)». Aquí está la consecuencia final de dicha elección: separarse «de corazón» del Dios liberador\, lo cual entraña volver a la esclavitud. Por otro lado\, esta separación de Dios implica la negación del derecho del prójimo\, lo que afecta la convivencia humana (social\, política o religiosa).\nEsa maldición se concreta en:\n• Una vida solitaria e infructuosa («será como un cardo estepario»).\n• Una existencia sin bendición fecundante («no llegará a ver la lluvia»).\n• Una convivencia estéril («desierto abrasado\, tierra salobre e inhóspita»).\nb) La bendición.\nLa bendición consiste en:\n• «¡Bendito el hombre (גֶבֶר: hombre fuerte) que confía en el Señor (יהוה) y en el Señor busca su apoyo!». La absoluta confianza en el Señor liberador y salvador\, y el hecho de fundamentar su vida en él\, hacen al hombre firme\, fuerte en sí mismo\, porque el apoyo del Señor es interior.\n• «Será como árbol plantado al borde de la acequia…». La vida del hombre que decide confiar en el Señor permanece asegurada en las circunstancias más adversas\, no tiene miedos que anulen su confianza o le induzcan sobresaltos respecto de su futuro.\n• «No deja de producir frutos»: La bendición no solo consiste en una vida asegurada\, sino que le garantiza su futuro. Decir que es una vida fructífera significa que tendrá prole y que su nombre no solo perdurará biológicamente\, sino que su recuerdo será honroso.\nEsa bendición se concreta en:\n• La fuerza del que confía en el Señor es la misma de Dios.\n• La vida del que confía en el Señor está garantizada por Dios.\n• El que confía en el Señor permanecerá en una vida fructuosa.\nDos hombres fuertes se fían de dos realidades opuestas: una defrauda y la otra satisface todas las aspiraciones. El corazón humano (לַב = mente + sentimiento) es engañoso; solo Dios puede entenderlo y hacer verdadera justicia. También nuestro propio corazón puede ser retorcido. \n2. Evangelio (Lc 16\,19-31).\nEsta parábola se la dirige Jesús a los fariseos\, «amigos del dinero» (16\,14)\, que se burlaban de él y de su enseñanza. Él se expresa en los términos en que ellos pensaban\, con el propósito de hacerlos recapacitar para que se enmendaran y se convirtieran al verdadero Dios. La parábola no refleja el pensamiento de Jesús\, sino el de los fariseos\, y el juicio de Dios sobre ese pensamiento.\nEl evangelio les pone nombre a los que el profeta Jeremías señala genéricamente:\n• «El que confía en lo humano y pone su apoyo en la carne» es un ser sin nombre (indicio de su despersonalización)\, que se define por las cosas que lo tienen a él («rico»). Su relación primaria se da con las cosas\, no con las personas\, y eso lo despersonaliza. Es un «cardo estepario» en el desierto (está solo\, no hay personas con él). Su existencia vacía es como una maldición que se prolonga después de su muerte. En su mundo no hay cabida para los demás.\n• «El que confía en el Señor y busca en él su apoyo» tiene nombre: Lázaro (אֶלְעָזָר: «Dios ayuda»). Excluido en la «tierra salobre e inhóspita» del «rico»\, es acogido por Abraham (el modelo de los hombres de fe) y su causa es tutelada por Moisés y por los profetas (voceros del Dios liberador y salvador). Su existencia confiada es bendecida con una vida que supera la misma muerte. En la realidad del «rico» no hay espacio para él\, aunque el «rico» no pueda desconocer su existencia.\n• Los perros\, tenidos como animales impuros y malos (cf. Sal 22\,17.21; Prv 26\,11)\, a los que eran comparados los paganos\, muestran más compasión que el «rico» indolente. Es como si afirmara que entre los paganos se encuentra mayor compasión que entre esos tales «ricos» que no valoran al ser humano\, sino sus posesiones materiales.\n• Jesús no invita a sus discípulos a escuchar a Moisés y a Elías\, porque el Padre ha dicho ya que su Hijo amado es su único portavoz (cf. 9\,35); pero\, dado que los fariseos no quieren escucharlo a él\, entonces que escuchen a Moisés (el liberador) y a los profetas (defensores de los excluidos). Es decir\, que se enmienden\, para que puedan convertirse a Dios.\nJesús muestra que la ilusión de la riqueza engaña y frustra (cf. 8\,14; 9\,25)\, y que la muerte física es una barrera definitiva\, ya que las decisiones importantes se toman durante esta vida terrena\, en la convivencia social con los demás. \nLa insensata e ingenua confianza en las riquezas frustra a la persona y divide la sociedad humana\, no produce el bienestar y la felicidad que promete\, pero sí aísla a las personas hasta el punto de que se desentienden de sus semejantes. La codicia de riqueza es una forma de idolatría (cf. Efe 5\,5); cambia al Dios vivo\, liberador y salvador por un ídolo inerte y alienante. No hay manera de estar al servicio de Dios y al servicio del dinero (cf. Lc 16\,13)\, son servicios excluyentes. No solo porque el servicio a Dios libera y el servicio al dinero esclaviza\, sino también porque el servicio a Dios personaliza\, en tanto que el servicio al dinero despersonaliza\, y además el servicio a Dios crea solidaridad\, en tanto que el servicio al dinero confina en el egoísmo. En el plano social\, el servicio al dinero es el origen de las estructuras injustas. La economía\, la política\, la convivencia social\, e incluso las religiones\, se pervierten por esta codicia de riqueza. Eso constituye lo que el papa Pío XI llamó el «imperialismo internacional del dinero» (Quadragesimo anno\, 109).\nComulgar con Jesús implica compartir con él el mismo pan y el mismo Padre\, la misma copa y el mismo Espíritu Santo. Y esta comunión –que nos lleva a darnos a los otros– no nos permite explotar a los demás ni desentendernos de ellos.
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SUMMARY:Viernes de la II Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nAhí viene ese soñador. ¿Por qué no lo matamos? \nLectura del libro del Génesis 37\, 3-4. 12-13a. 17b-28 \nIsrael amaba a José más que a ningún otro de sus hijos\, porque era el hijo de su vejez\, y le mandó hacer una túnica de mangas largas. Pero sus hermanos\, al ver que lo amaba más que a ellos\, le tomaron tal odio que ni siquiera podían dirigirle el saludo. \nUn día\, sus hermanos habían ido hasta Siquém para apacentar el rebaño de su padre.  Entonces Israel dijo a José: “Tus hermanos están con el rebaño en Siquém.  Quiero que vayas a verlos”. \nJosé fue entonces en busca de sus hermanos\, y los encontró en Dotán. \nEllos lo divisaron desde lejos\, y antes que se acercara\, ya se habían confabulado para darle muerte. “Ahí viene ese soñador”\, se dijeron unos a otros. “¿Por qué no lo matamos y lo arrojamos en una de esas cisternas?  Después diremos que lo devoró una fiera. ¡Veremos entonces en qué terminan sus sueños!” \nPero Rubén\, al oír esto\, trató de salvarlo diciendo: “No atentemos contra su vida”. Y agregó: “No derramen sangre. Arrójenlo en esa cisterna que está allá afuera\, en el desierto\, pero no pongan sus manos sobre él”. En realidad\, su intención era librarlo de sus manos y devolverlo a su padre sano y salvo. \nApenas José llegó al lugar donde estaban sus hermanos\, éstos lo despojaron de su túnica -la túnica de mangas largas que llevaba puesta-\, lo tomaron y lo arrojaron a la cisterna\, que estaba completamente vacía. Luego se sentaron a comer. \nDe pronto\, alzaron la vista y divisaron una caravana de ismaelitas que venían de Galaad\, transportando en sus camellos una carga de goma tragacanto\, bálsamo y mirra\, que llevaban a Egipto. \nEntonces Judá dijo a sus hermanos: “¿Qué ganamos asesinando a nuestro hermano y ocultando su sangre? En lugar de atentar contra su vida\, vendámoslo a los ismaelitas\, porque él es nuestro hermano\, nuestra propia carne”. Y sus hermanos estuvieron de acuerdo. \nPero mientras tanto\, unos negociantes madianitas pasaron por allí y retiraron a José de la cisterna. Luego lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de plata\, y José fue llevado a Egipto. \nSALMO RESPONSORIAL    104\, 16-21 \nR/. ¡Recuerden las maravillas que hizo el Señor! \nEl provocó una gran sequía en el país y agotó todas las provisiones. Pero antes envió a un hombre\, a José\, que fue vendido como esclavo. \nLe ataron los pies con grillos y el hierro oprimió su garganta\, hasta que se cumplió lo que él predijo\, y la palabra del Señor lo acreditó. \nEl rey ordenó que lo soltaran\, el soberano de pueblos lo puso en libertad; lo nombró señor de su palacio y administrador de todos sus bienes. \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 3\, 16 \nDios amó tanto al mundo\, que entregó a su Hijo único; para que todo el que crea en Él tenga Vida eterna. \nEVANGELIO \nEste es el heredero: vamos a matarlo. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 21\, 33-46 \nJesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña\, la cercó\, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. \nCuando llegó el tiempo de la vendimia\, envió a sus servidores para percibir los frutos.  Pero los viñadores se apoderaron de ellos\, y a uno lo golpearon\, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores\, en mayor número que los primeros\, pero los trataron de la misma manera. \nFinalmente\, les envió a su propio hijo\, pensando: “Respetarán a mi hijo”.  Pero\, al verlo\, los viñadores se dijeron: “Éste es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia”. Y apoderándose de él\, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron. \nCuando vuelva el dueño\, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?” \nLe respondieron: “Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros\, que le entregarán el fruto a su debido tiempo”. \nJesús agregó: \n“¿No han leído nunca en las Escrituras: “La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: ésta es la obra del Señor\, admirable a nuestros ojos”? \nEl que caiga sobre esta piedra quedará destrozado\, y aquel sobre quien ella caiga será aplastado. \nPor eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes\, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos”. \nLos sumos sacerdotes y los fariseos\, al oír estas parábolas\, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo\, pero temían a la multitud\, que lo consideraba un profeta. \n\nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nDios siempre ha tenido un designio de vida: libertad\, amor y alegría para todo su pueblo. Algunos lo han captado y se lo han apropiado como su ideal; otros lo han considerado peligroso para sus propios intereses\, y se le han opuesto. El Padre no es pasivo frente a estos hechos\, pero tampoco recurre a aniquilar a sus opositores\, ya que él tiene su propia alternativa.\nConvertirse al Padre significa optar por la vida en cualquier circunstancia\, incluso ante el eventual enemigo\, porque es hermano\, hijo del mismo Padre. Y\, ni siquiera si el enemigo es mortífero\, el hijo se exime de esa opción por la vida\, porque tiene claro que el Padre da vida\, no la quita\, y su decisión de ser como su Padre del cielo lo lleva «hasta el fin» (cf. Jn 13\,1).\nPor eso\, la conversión implica una nueva manera de relacionarse con los demás\, un estilo propio de convivencia. El israelita tenía claro que la alianza con el Señor no solo los constituía creyentes hijos de Abraham\, sino pueblo de Dios\, convivencia social compatible con la fe en el Señor que los liberó de la servidumbre que padecieron en Egipto. \n1. Primera lectura (Gen 37\,3-4.12-13a.17b-28).\n«José tenía 17 años y pastoreaba el rebaño con sus hermanos…»\, y era ante su padre el fiscal de sus hermanos (cf. 37\,2). El autor lo presenta como el hijo preferido de Jacob\, porque era el hijo de su ancianidad\, y por eso lo vistió de príncipe. El muchacho tenía sueños que provocaron la desconfianza y la antipatía de todos sus hermanos\, pues estos sospechaban que José pretendía imponerse sobre ellos; al menos\, así interpretaban ellos sus sueños (cf. 37\,5-11\, omitido).\nJacob envió a José a enterarse del bienestar (שָׁלוֹם) de sus hermanos; iba en «misión de paz». Pero ellos lo recibieron con ánimo hostil\, lo tildaron de «soñador» y decidieron matarlo para que no se cumplieran esos sueños\, que ellos consideraban amenazas a su independencia familiar y tribal. El relato muestra dos opciones: Rubén propuso echarlo en una fosa\, con el propósito de sacarlo después\, pero cuando vino a rescatarlo ya los madianitas se lo habían llevado. Por su parte\, Judá propuso venderlo a los ismaelitas\, para evitar mancharse las manos con la sangre de su hermano.\nNo llegaron a un acuerdo\, así que decidieron despojarlo de su túnica y arrojarlo en un pozo seco. Y se sentaron a comer (signo de comunión o complicidad) hasta cuando se les dio la oportunidad de venderlo a precio de esclavo. Su idea era deshacerse de él de cualquier modo\, a fin de impedir el cumplimiento de sus sueños. El relato continúa refiriendo que tiñeron con sangre la túnica de José (signo de la discordia) y se la presentaron a su padre haciéndolo deducir que una fiera había atacado y dado muerte a su hijo preferido.\nEs innegable el papel que el relato le asigna a la túnica de José. Se trataba de una prenda de vestir tan larga como la que llevaban los reyes (cf. 2Sam 13\,18). Ella sería una de las causas de la mala disposición de los hermanos\, al mismo tiempo que expresión de la predilección de Jacob por él. En efecto\, el trabajo ordinario requería una túnica sin mangas o de mangas cortas; el hecho de que la túnica de José fuera de mangas largas lo vestía como príncipe y lo eximía de trabajar como sus hermanos. La túnica teñida de sangre sería prueba de una supuesta muerte accidental\, lo que liberaría a los hermanos de tener que responder penalmente por la sangre (cf. Éxo 22\,12)\, por lo menos\, ante las instancias humanas\, pues la sangre derramada sigue reclamando justicia (cf. 4\,10). \n2. Evangelio (Mt 21\,33-43.45-46).\nLa parábola (recurso habitual de Jesús para dar su mensaje respetando la libertad del interlocutor) muestra con un lenguaje alegórico la realidad del pueblo en manos de sus dirigentes. Recuerda una alegoría de Isaías (5\,1-7). El pueblo\, como totalidad\, fue representado con una «higuera» que no daba fruto (cf. 21\,18-19). Ahora\, con una viña confiada a unos «labradores». Los frutos a los que se refiere («justicia» y «derecho») no se dieron porque los labradores (o sea\, la clase dirigente) eran abusadores y asesinos («agarraron a los siervos\, apalearon a uno\, mataron a otro\, y a otro lo apedrearon»). Los círculos de poder\, en vez de propiciar el reinado de Dios\, se opusieron a él\, y se dedicaron a autoafirmarse de manera ciertamente violenta y trágica.\nEl hijo heredero está en la plenitud de la edad para representar a su Padre. Pero los labradores\, al querer apoderarse de la viña (el pueblo de Dios) para reafirmar así su régimen de dominio y explotación\, deciden matar al hijo heredero con ese fin. El orden de los hechos («lo agarraron\, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron») corresponde a los ritos que regulaban las ejecuciones de los condenados a muerte\, principalmente a los blasfemos (cf. Lev 24\,14-16; Hch 7\,58). El hijo amado (cf. 3\,17; 17\,5) fue rechazado con el cargo de faltarle el debido respeto a su Padre.\nPor su culpa\, la «viña» ha dejado de ser «reino de Dios»\, porque\, sin los «frutos» que Dios exige\, se rompió la relación con él. Pero Dios no fracasa\, fracasaron los dirigentes asesinos y el pueblo que los siguió; el reino de Dios pasará a manos de «un pueblo que produzca sus frutos»\, los del reino\, es decir\, los de una convivencia basada en la justicia y el derecho. Se trata de la Iglesia\, el pueblo formado por muchos. Lo que se oponga a ese reino fracasará como ellos (cf. v.44; 16\,18). Jesús no los amenaza con una venganza de Dios\, les advierte que su temeridad los va a conducir a su propia ruina\, porque carecen del apoyo de Dios\, dado que han optado contra el ser humano.\nSin percatarse\, ellos mismos condenan su propia traición. Jesús confirma su condena basándose en el hecho de que Dios quiere frutos\, y si no los dan ellos\, hay quienes lo hagan. Los dirigentes caen en la cuenta de que han sido puestos en evidencia\, pero no pueden proceder contra Jesús mientras el pueblo lo respete y lo respalde. La opinión de la gente respecto de él es vaga (tenían a Jesús por «profeta»: cf. 14\,5; 16\,14). Jesús\, más que eso\, es la esperanza del pueblo\, pero ellos no quieren que el pueblo se dé cuenta de que lo es\, para no exponerse a perder su predominio. \nLos sueños de José\, paradójicamente\, se comenzaron a cumplir cuando él fue entregado por sus hermanos. Fue así como llegó a la corte egipcia\, se hizo visir del faraón\, fue encumbrado sobre sus hermanos\, y se convirtió en su «tabla de salvación». De modo semejante\, la propuesta del Padre se cumple a pesar del rechazo de su Hijo por parte de los poderes mundanos\, porque este\, resucitado de la muerte\, fue constituido fuente perenne de salvación para todos sus hermanos. La alternativa del Padre se fundamenta en su propio ser: él es la fuente inagotable de la vida.\nPor eso\, el arma de todos los tiranos (el miedo a la muerte) fracasa frente a él\, porque él derrota la muerte sin matar ni destruir. Jesús ofrece vida a todos\, amigos y enemigos\, cumpliendo así el sueño ancestral de la humanidad: vivir feliz\, convivir en paz y sobrevivir a la muerte. Y eso es lo que conmemoramos en la eucaristía: que la muerte de Jesús es causa de vida para la humanidad\, porque pone a disposición de todos su Espíritu Santo. Quien acepta su propuesta recibe de él su Espíritu y entra en el reino. Esa aceptación comienza por la fe y se expresa públicamente por medio de los sacramentos\, en particular por la eucaristía.
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SUMMARY:Sábado de la II Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nEl Señor Dios le dará el trono de David\, su padre. \nLectura del segundo Libro de Samuel 7\, 4-5a. 12-14a. 16 \nLa palabra del Señor llegó al profeta Natán en estos términos: “Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: Cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres\, Yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes\, a uno que saldrá de tus entrañas\, y afianzaré su realeza. Él edificará una casa para mi Nombre\, y Yo afianzaré para siempre su trono real. Seré un padre para él\, y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí\, y tu trono será estable para siempre”. \nSALMO RESPONSORIAL  88\, 2-5\, 27. 29. \nR/. Su descendencia permanecerá para siempre. \nCantaré eternamente el amor del Señor\, proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones. Porque Tú has dicho: “Mi amor se mantendrá eternamente\, mi fidelidad está afianzada en el cielo”. \nYo sellé una Alianza con mi elegido\, hice este juramento a David\, mi servidor: “Estableceré tu descendencia para siempre\, mantendré tu trono por todas las generaciones”. \nÉl me dirá: “Tú eres mi padre\, mi Dios\, mi Roca salvadora”. Le aseguraré mi amor eternamente\, y mi Alianza será estable para él. \nSEGUNDA LECTURA \nEsperando contra toda esperanza\, creyó. \nLectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 4\, 13. 16-18. 22 \nHermanos: \nLa promesa de recibir el mundo en herencia\, hecha a Abraham a su posteridad\, no le fue concedida en virtud de la Ley\, sino por la justicia que procede de la fe. \nPor eso\, la herencia se obtiene por medio de la fe\, a fin de que esa herencia sea gratuita y la promesa quede asegurada para todos los descendientes de Abraham\, no sólo los que lo son por la Ley\, sino también los que lo son por la fe. Porque él es nuestro padre común como dice la Escritura: “Te he constituido padre de muchas naciones”. Abraham es nuestro padre a los ojos de Aquél en quien creyó: el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen. \nEsperando contra toda esperanza\, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones\, como se le había anunciado: “Así será tu descendencia”. Por eso\, la fe le fue tenida en cuenta para su justificación. \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO   Sal. 83\, 5. \n¡Felices los que habitan en tu Casa\, Señor\, y te alaban sin cesar! \nEVANGELIO \nJosé hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 1\, 16. 18-21. 24a. \nJacob fue padre de José\, el esposo de María\, de la cual nació Jesús\, que es llamado Cristo. \nÉste fue el origen de Jesucristo: \nMaría\, su madre\, estaba comprometida con José y\, cuando todavía no habían vivido juntos\, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José\, su esposo\, que era un hombre justo\, no quería denunciarla públicamente\, resolvió abandonarla en secreto. \nMientras pensaba esto\, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José\, hijo de David\, no temas recibir a María\, tu esposa\, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo\, a quien pondrás el nombre de Jesús\, porque Él salvará a su Pueblo de sus pecados”. \nAl despertar\, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado. \n\nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \n19 de marzo.\nSolemnidad de San José. \nEl nombre hebreo José (יִוֹסֵף \,יְהוֹסֵף) procede de una combinación de la abreviación del nombre divino (יָהּ) con el verbo «añadir» (יסף) y significa «el Señor añada (otro hijo)» (cf. Gen 30\,24). Al parecer\, originariamente era nombre de primogénito o unigénito. Como nombre del esposo de María\, la madre de Jesús\, aparece 14 veces en el Nuevo Testamento (7 en Mt\, 5 en Lc y 2 en Jn).\nEn Mateo aparece asociado a la figura del patriarca homónimo (Dios se le revela en sueños) y personificando al israelita fiel que se siente perplejo ante las figuras de Jesús y María\, Jesús como Mesías\, y ella como personificación de la comunidad cristiana. En Lc aparece como el garante de la ascendencia davídica de Jesús\, pero solo de manera legal\, y carece de todo papel activo en la narración. En Jn aparece como entronque de Jesús en la historia del pueblo\, pero afectado por un cierto escepticismo\, dado que los que creen conocerlo no perciben su condición de «Hijo de Dios». En Mc no se lo menciona\, omisión que enfatiza la paternidad de Dios respecto de Jesús. \n1. Primera lectura (2Sam 7\,4-5a.12-14a.16).\nLos planes del rey David\, apresuradamente aprobados por el profeta de la corte\, tienen que ser rectificados por la revelación del Señor a dicho profeta. La «noche» en la que el Señor se le revela a Natán puede aludir o a un «sueño» del profeta o a la confusión en la que se encuentran el rey y el profeta con respecto del designio del Señor (cf. 7\,1-3\, omitido).\nDespués de aclararle al rey que ni el Señor quiere una casa (nunca la ha pedido)\, ni es el rey quien le va a construir una «casa» (templo) al Señor\, sino al contrario\, ha sido el Señor quien ha venido dándole una dinastía al rey\, el Señor le promete a este un descendiente legítimo que consolidará perpetuamente su trono real. La relación del Señor con dicho rey será como la de un padre con su hijo. Esta es una confirmación de la promesa hecha por el Señor a Abraham\, pero con la novedad de la condición real del descendiente y de la relación paternal del Señor con el mismo. El oráculo está retocado para señalar a Salomón (por eso el leccionario omite los vv. 14b y 15)\, aunque incluye el v. 13\, no tanto por el anuncio de la construcción del templo como por el de la consolidación perpetua de su trono real.\nLa «casa» (estirpe) y el «reino» (pueblo) de David quedan predestinados a perdurar siempre en el designio del Señor\, y se le anuncia que su «trono» (gobierno) también permanecerá por siempre. La promesa se concreta\, pues\, en «una descendencia» –no un solo descendiente– de David\, como en otro tiempo le fue prometido a Abraham (cf. Gén 12\,7; 15\,18; 17\,7-10)\, que se constituirá en un «reino» que perdurará en presencia del Señor. El «trono»\, en cambio\, tiene promesa de durar por siempre y de forma absoluta. Esta promesa es análoga a la hecha a Abraham\, y la concreta a partir de la experiencia del reinado de David\, el cual fue iniciativa de Dios\, aunque el mismo rey no lo haya advertido y en algunas circunstancias hubiera procedido como si fuera iniciativa suya. \n2. Segunda lectura (Rom 4\,13.16-18.22).\nEl apóstol aclara que la promesa hecha a Abraham y a su descendencia\, la de heredar el mundo\, no fue en virtud de la observancia de la Ley (que aún no existía) sino en virtud de la rehabilitación obtenida por la fe; o sea\, el cumplimiento de la promesa no depende de la observancia de la Ley\, sino de la voluntad soberana de Dios. Por tanto\, es una promesa gratuita\, no condicionada por méritos de los beneficiarios\, y así queda asegurado su cumplimiento no solo para los observantes de la Ley\, sino igualmente para los que siguen la fe de Abraham\, que se convierte así en «padre» (o sea\, antepasado común y ejemplo de vida) tanto para los israelitas como para los paganos\, es decir\, para «todos los pueblos» (Gén 17\,5).\nAbraham –cuando se encontró con el Dios que da vida rompiendo las cadenas de la muerte– creyó que él muestra su amor por la humanidad rompiendo los determinismos que aprisionan al ser humano; por eso él le dio su adhesión de fe a Dios cuando no había esperanza de vida\, y por eso Dios lo hizo «padre de todos los pueblos». Esta paternidad no es biológica\, obviamente\, sino espiritual; el patriarca se convirtió en modelo de creyentes al darle crédito a la promesa de Dios a pesar de las evidencias físicas\, porque confió en él y en su capacidad de dar vida\, cumpliendo así lo que prometía. El concepto de paternidad se ensancha admirablemente en Abraham.\nEsa es precisamente la razón por la que su fe le valió la rehabilitación ante el Señor. \n3. Evangelio (Mt 1\,16.18-21.24a).\nDespués de repetirse 39 veces el verbo «engendrar» (γεννάω)\, la 40ª vez\, que corresponde a la generación del Mesías\, se da un hecho sorprendente: el verbo se predica de una mujer («…María\, de la que fue engendrado Jesús\, llamado el Mesías») en vez de predicarse de José\, que es el primer sorprendido con esta actuación divina. La virginidad de María es afirmación neta de la paternidad exclusiva de Dios en relación con Jesús.\nJosé\, a pesar de su inquebrantable fidelidad a la Ley\, tiene que dar el salto de la fe y admitir que el Espíritu Santo ha intervenido para crear un hombre nuevo. Esta fe es como un éxodo personal para él\, éxodo que se manifiesta en el hecho de salir de las categorías de la Ley de Moisés para acoger a María y a Jesús como cumplimiento de la promesa de Dios. No es fácil para él –como no lo es para nadie– entender y aceptar esta intervención de Dios. Le resulta más fácil pensar en retirarse de la escena\, dado que no entra en sus planes infamar a María. El amor por ella rebasa su fidelidad a la Ley. Entra así en una nueva visión: la justicia del amor por sobre la justicia de la Ley de Moisés (cf. 5\,20). Y\, por eso mismo\, entra en el «reino de los cielos».\nEsta nueva visión le permite abrirse al mensaje liberador del Señor por fuera de la Ley de Moisés («el ángel del Señor») y conocer por revelación divina el secreto («misterio») de la maternidad de María y de la realidad divina de Jesús y su misión. Y\, al mismo tiempo\, José deberá «ponerle un nombre» a esta novedad («le pondrás de nombre Jesús»)\, reconociendo la intervención liberadora y salvadora del Señor por medio de su Espíritu Santo («salvará a su pueblo de los pecados»).\nLa fe de José se manifiesta en que\, contra todo pronóstico legal y cultural\, acoge el mensaje del ángel del Señor llevándose a su casa a María con un niño que no es hijo suyo. Rompió también los determinismos biológicos\, legales y culturales para manifestar amor y abrirle paso a la vida. \n3. Evangelio (Lc 2\,41-51a).\nJosé y María cumplen su misión parental con toda normalidad\, según lo establecido por la Ley y las costumbres de su pueblo. Jesús todavía no había cumplido la edad de su autonomía legal\, y los reconocía como progenitores para efectos de crianza. Pero desde antes de su reconocimiento legal comienza a dar señales de autonomía personal.\nCuando se supone que todo marcha como debiera\, no se advierte la acción de Dios en la historia. El «niño» (cf. 2\,17.27.40) se convirtió en un «joven» (2\,43) «sin que lo advirtieran»\, e hizo uso de su autonomía\, para desconcierto de todos\, José y María\, sus parientes y sus conocidos.\nJesús se ha quedado en una de las escuelas del templo\, escuchando y cuestionando a los maestros del pueblo. Cuando ellos lo interrogaban\, sus respuestas mostraban no solo conocimiento de la tradición de Israel\, sino su postura crítica frente a la misma. A todos los dejaba desconcertados e impresionados. Desconcertados\, por no poder replicarle; impresionados\, por su sabiduría.\nEs su madre (sin nombre) la que le reprocha su comportamiento con ella y con el que ella llama «tu padre». La «madre» personifica la nación; el «padre»\, la tradición. Jesús se ha distanciado de ambos\, manifiesta hacia ellos una actitud crítica\, y eso los angustia. Jesús puntualiza que su Padre (su modelo de conducta) es Dios\, y que\, al ocuparse de la interpretación que le dan a la Escritura y a la tradición\, él está ocupándose de los asuntos de ese Padre. Ellos no comprenden por qué Jesús se distancia críticamente de la tradición\, pero –por otra parte– él regresa a su hogar y sigue subordinado a ellos como hijo de familia.\nJosé queda públicamente notificado de que Jesús no lo reconoce como «padre»\, aunque esto sea lo que piensen sus conciudadanos (cf. 3\,23)\, quienes luego se darán cuenta de que\, en efecto\, él –con su apertura universal y su comprensión de la Escritura– no parece que sea «el hijo de José» (cf. 4\,22). No debe de ser fácil criar un hijo más parecido a Dios que a uno. \nEl cumplimiento de la promesa hecha a David solo se da plenamente en Jesús\, pero no de manera genética ni legal. En efecto\, Jesús no es «hijo» de José\, y tampoco hereda el trono de David\, sino que el Señor Dios se lo da (cf. Lc 1\,32-33). La fe que hace posible el cumplimiento de la promesa es una fe audaz\, que se atreve a esperar que se cumpla lo que\, aparentemente\, no hay esperanza humana de que así suceda. La fe de José imita la acción liberadora y salvadora de Dios cuando\, por amor\, decide ir más allá de la Ley y acoger al que ha de salvar al pueblo de sus pecados\, por más que las apariencias sugieran que ese salvador es fruto de un pecado\, a causa de la presunta inobservancia de la Ley por parte de María. José le cree a Dios\, en contra de todas las evidencias. La fe de José se vuelve escucha\, incluso si resulta difícil comprender los hechos. La libertad de Jesús con respecto de la tradición de Israel lo angustia\, pero reconoce que no es dueño de Jesús\, y deja que Dios actúe\, respetando la libertad de ese «joven» que llama a Dios Padre suyo.\nLa comunión con Jesús no es fácil cuando se tiene apego a los propios principios y a las propias leyes y costumbres. José era un hombre «justo»\, de principios\, y de moral muy arraigada en las tradiciones de su pueblo. La entrada de Jesús en su vida le cambió su mundo y sus valores. Pero José se fio de Dios aceptando a Jesús. Así también nos corresponde darle nuestra adhesión a Dios aceptando su Hijo y cambiando nuestras costumbres y nuestras tradiciones para recibirlo en nuestras vidas.
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SUMMARY:Domingo de la III Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \n“Yo soy” me envió a ustedes. \nLectura del libro del Éxodo 3\, 1-8a. 10. 13-15 \nMoisés\, que apacentaba las ovejas de su suegro Jetró\, el sacerdote de Madián\, llevó una vez el rebaño más allá del desierto y llegó a la montaña de Dios\, al Horeb. Allí se le apareció el Ángel del Señor en una llama de fuego\, que salía de en medio de la zarza. \nAl ver que la zarza ardía sin consumirse\, Moisés pensó: “Voy a observar este grandioso espectáculo. ¿Por qué será que la zarza no se consume?” \nCuando el Señor vio que él se apartaba del camino para mirar\, lo llamó desde la zarza\, diciendo: “¡Moisés\, Moisés!”. “Aquí estoy”\, respondió él. Entonces Dios le dijo: “No te acerques hasta aquí. Quítate las sandalias\, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa”. Luego siguió diciendo: “Yo soy el Dios de tu padre\, el Dios de Abraham\, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. \nMoisés se cubrió el rostro porque tuvo miedo de ver a Dios. \nEl Señor dijo: “Yo he visto la opresión de mi pueblo\, que está en Egipto\, y he oído los gritos de dolor\, provocados por sus capataces. Sí\, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir\, desde aquel país\, a una tierra fértil y espaciosa\, a una tierra que mana leche y miel. Ahora ve\, Yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo\, a los israelitas”. \nMoisés dijo a Dios: “Si me presento ante los israelitas y les digo que el Dios de sus padres me envió a ellos\, me preguntarán cuál es su nombre. Y entonces\, ¿qué les responderé?” \nDios dijo a Moisés: “Yo soy el que soy”. Luego añadió: “Tú hablarás así a los israelitas: “Yo soy” me envió a ustedes”. Y continuó diciendo a Moisés: “Tu hablarás así a los israelitas: El Señor\, el Dios de sus padres\, el Dios de Abraham\, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob\, es el que me envía. Este es mi nombre para siempre\, y así será invocado en todos los tiempos futuros”. \nSALMO RESPONSORIAL 102\, 1-4. 6-8. 11 \nR/. El Señor es bondadoso y compasivo. \nBendice al Señor\, alma mía\, que todo mi ser bendiga a su santo Nombre; bendice al Señor\, alma mía\, y nunca olvides sus beneficios. \nÉl perdona todas tus culpas y sana todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro\, te corona de amor y de ternura. \nEl Señor hace obras de justicia y otorga el derecho a los oprimidos; Él mostró sus caminos a Moisés y sus proezas al pueblo de Israel. \nEl Señor es bondadoso y compasivo\, lento para enojarse y de gran misericordia; cuanto se alza el cielo sobre la tierra\, así de inmenso es su amor por los que lo temen. \nSEGUNDA LECTURA \nLa vida del pueblo con Moisés en el desierto fue escrita para que nos sirviera de lección. \nLectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 10\, 1-6. 10-12 \nHermanos: \nNo deben ignorar que todos nuestros padres fueron guiados por la nube y todos atravesaron el mar; y para todos\, la marcha bajo la nube y el paso del mar\, fue un bautismo que los unió a Moisés. También todos comieron la misma comida y bebieron la misma bebida espiritual. En efecto\, bebían el agua de una roca espiritual que los acompañaba\, y esa roca era Cristo. A pesar de esto\, muy pocos de ellos fueron agradables a Dios\, porque sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto. \nTodo esto aconteció simbólicamente para ejemplo nuestro\, a fin de que no nos dejemos arrastrar por los malos deseos\, como lo hicieron nuestros padres. \nNo nos rebelemos contra Dios\, como algunos de ellos\, por lo cual murieron víctimas del Ángel exterminador. \nTodo esto les sucedió simbólicamente\, y está escrito para que nos sirva de lección a los que vivimos en el tiempo final. Por eso\, el que se cree muy seguro\, ¡cuídese de no caer! \n\nEVANGELIO\n\nACLAMACIÓN AL EVANGELIO   Mt 4\, 17 \n“Conviértanse\, porque el Reino de los Cielos está cerca”\, dice el Señor. \nEVANGELIO \nSi no se convierten\, todos acabarán de la misma manera. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 13\, 1-9 \nEn cierta ocasión se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos\, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. Él les respondió: \n“¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no\, y si ustedes no se convierten\, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé\, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no\, y si ustedes no se convierten\, todos acabarán de la misma manera”. \nLes dijo también esta parábola: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: “Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala\, ¿para qué malgastar la tierra?” \nPero él respondió: “Señor\, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no\, la cortarás””. \n\nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nEl culto que se le tributa a Dios depende de la forma como se lo concibe. Confundirse en relación con Dios equivale a desacertar en el culto que se le quiere dar. Pero también es posible conocerlo y conocer su designio y\, al mismo tiempo\, pretender darle un culto inapropiado. Por ejemplo\, el pueblo contemporáneo de Jesús tenía claro que el Señor quiere una convivencia justa\, en la que no haya opresión\, ni explotación ni humillación del semejante. Sin embargo\, se debatían entre el ocupante romano\, que los oprimía\, explotaba\, y humillaba\, y el connacional indolente\, que hacía lo mismo y\, para colmo\, se presentaba como respaldado por el Señor y sus leyes.\nLos habitantes de Judea se preguntaban cómo darle culto al Señor que los sacó de Egipto: si con la sumisión\, o con la rebelión. Jesús viene a mostrarles la falsedad de ese dilema. \nLc 13\,1-9.\nEl texto propuesto para este domingo tiene dos partes: el planteamiento de la situación política de Judea y Galilea\, y una parábola de Jesús que se refiere a dicha situación.\n1. La situación de Galilea y Judea.\nJesús acabó de exhortar a las multitudes a resolver creativamente los conflictos en vez de atenerse a la ley\, y entonces unos de los presentes se refirieron a un hecho de sangre ocurrido en Judea: unos galileos rebeldes fueron tan salvajemente reprimidos por las tropas romanas que la sangre de las víctimas que ofrecían como sacrificio a Dios se mezcló con la de ellos mismos\, degollados por soldados vestidos de civil. Era una manera de insinuar que Jesús podría tener el mismo final.\nLa cuestión de fondo consiste en determinar si es más fiel a Dios el que se rebela en contra de los tiranos de turno o el que se les somete. Jesús se refiere a las dos posibilidades:\na) Los galileos.\nIndependientemente del hecho al que se refieren los informantes\, estos esperan que Jesús haga un pronunciamiento enérgico en contra del procurador romano movido por su solidaridad con los galileos o con los nacionalistas en general. En la información subyace la concepción según la cual las desgracias son castigos por los pecados de quienes las padecen. Jesús no piensa así.\nÉl pregunta si los galileos que murieron de esa forma tan atroz a manos del ocupante eran «más pecadores que los demás» por haber padecido esa muerte. Y se responde afirmando que no\, y advirtiendo que si sus oyentes no se enmiendan todos perecerán «de modo parecido» (ὁμοίως). Su respuesta deja dicho que los rebeldes no eran «más pecadores» que el resto de los galileos\, y su advertencia notifica a sus informantes que les espera una suerte semejante si no rectifican las injusticias que se dan entre ellos.\nLa condición que plantea para evitar perecer «de modo parecido» es enmendarse (μετανοέω)\, la misma que había planteado Juan Bautista (cf. 3\,3.8)\, y está dirigida a «todos» (13\,3)\, no solo a los galileos exaltados de los que le han hablado.\nb) Los jerosolimitanos.\nPero Jesús alude a otro hecho\, y este perjudicó a jerosolimitanos: dieciocho personas perecieron bajo los escombros de la desplomada torre de Siloé. Y pregunta si estos eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén\, la ciudad santa\, en donde los sumos sacerdotes\, los letrados y los fariseos se sometían al gobierno romano a cambio de que los dejara realizar su culto. En este otro caso\, siguiendo la misma lógica\, también la desgracia habría que interpretarla como castigo divino causado por el pecado de las víctimas.\nPero se responde también negando el supuesto castigo y advirtiéndoles que si sus oyentes no se enmiendan todos perecerán «igualmente» (ὡσαύτος). No eran «más pecadores»\, pero para estos los resultados de rehusarse a la enmienda parecen más graves. En el primer caso\, el responsable de la desgracia es el invasor; en el segundo\, los mismos judíos sometidos al invasor.\nEn definitiva\, tanto los que se rebelan como los que se someten son responsables de injusticia\, y deben enmendarla para evitar la ruina de su sociedad. Tanto el culto de los galileos como el de los jerosolimitanos intentaban tranquilizar las conciencias de los que cometían esas injusticias.\nA raíz de la vocación de Leví\, colaborador del invasor y explotador de su propio pueblo\, Jesús había advertido que los que sienten necesidad de un dirigente («médico») no son los insertos en el orden social injusto («los sanos»: οἱ ὑγιαίνοντες)\, sino los excluidos por ellos (οἱ κακῶς ἔχοντες)\, y que\, por eso\, no vino a llamar a justos\, sino a pecadores\, para que se enmienden (cf. 5\,32).\n2. La parábola de la higuera estéril.\nSi no hay enmienda\, la ruina de la sociedad es inevitable\, no por castigo de Dios\, sino porque la sociedad misma\, con su injusticia se priva de vida. Esto lo ilustra Jesús con una parábola que se entiende teniendo en cuenta que\, según las costumbres de la época\, los tres primeros años no se recogían los frutos\, los del cuarto año eran para el Señor\, y solo a partir del quinto se recogían dichos frutos (cf. Lev 19\,23-25). La higuera lleva siete años en «la tierra».\nEl «hombre» que «tenía una higuera plantada en su viña» es Dios\, y la «viña» es su pueblo (cf. Isa 5\,1-7; Eze 17\,6-10; Sal 80\,9-11). La «higuera» simbolizaba la época de la elección del pueblo y la fidelidad de su respuesta (cf. Ose 9\,10)\, antes de la época de la apostasía idólatra. En este caso\, la «higuera estéril» simboliza el aparato político-religioso que traicionó el designio de Dios\, y que le impide a la «viña» dar su fruto\, porque le está menoscabando sus posibilidades («esquilmando la tierra»). Ese aparato será rechazado\, y la viña le será entregada a «otros» (los paganos: cf. 20\,16-19). El «viñador» es Jesús\, quien manifiesta la misericordia del «hombre» propietario (Dios) más allá del tiempo previsto para que la viña diera frutos («tres años»). El nuevo «año» de plazo es esta última oportunidad\, representada en la exhortación a la enmienda («abono») que Jesús les está haciendo. Si las autoridades religiosas del templo no responden a ese llamado\, Dios «cortará» definitivamente su relación con ellas (cf. 12\,46)\, porque él no es cómplice de la injusticia.\nLa violencia activa de los opresores\, la violencia reactiva de los oprimidos y la pasividad cómplice de los sometidos están arruinando la sociedad. La alternativa es producir frutos de enmienda\, es decir\, el compromiso activo con la justicia\, que cada uno corrija su conducta y deje de señalar a los otros como «más pecadores que los demás»\, que cada uno asuma su responsabilidad y corte su relación con las estructuras de violencia y de indiferencia\, para cultivar su relación con Dios. \nEste tiempo de Cuaresma nos invita a cultivar nuestra relación con Dios\, y a revivirla\, si está en período de resequedad espiritual. Este «culto»\, o «cultivo» de dicha relación consiste en hacernos mejores seres humanos para mejorar así nuestra convivencia social. El verdadero culto al Dios liberador y salvador es el compromiso por la libertad y la vida de la humanidad.\nEsa liberación comienza por nuestro interior: liberarnos de las iras que nos hacen fanáticos y de los miedos que nos vuelven sumisos. La salvación se efectúa también en nuestro interior cuando nos abrimos al amor de Dios\, que supera el resentimiento\, y nos da una nueva vida\, que domina el temor a la muerte. Así podemos cultivar nuestra relación de libertad y felicidad con Dios.\nCelebramos el domingo como seres libres\, liberados por el Espíritu de Jesús vertido en nuestros corazones\, que nos capacita para amar con libertad\, sin ataduras interiores ni imposiciones desde fuera. Esta libertad para amar así es nuestro mejor homenaje a Dios\, y es el empeño que anima todo el tiempo a las comunidades cristianas\, particularmente en Cuaresma.
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SUMMARY:Lunes de la III Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nHabía muchos leprosos en Israel\, pero ninguno fue sanado\, sino Naamán\, el sirio. \nLectura del segundo libro de los Reyes 5\, 1-15 \nNaamán\, general del ejército del rey de Arám\, era un hombre prestigioso y altamente estimado por su señor\, porque gracias a él\, el Señor había dado la victoria a Arám. Pero este hombre\, guerrero valeroso\, era leproso. \nEn una de sus incursiones\, los arameos se habían llevado cautiva del país de Israel a una niña\, que fue puesta al servicio de la mujer de Naamán. Ella dijo entonces a su patrona: “¡Ojalá mi señor se presentara ante el profeta que está en Samaría!  Seguramente\, él lo libraría de su lepra”. \nNaamán fue y le contó a su señor: “La niña del país de Israel ha dicho esto y esto”. \nEl rey de Arám respondió: “Está bien\, ve\, y yo enviare una carta al rey de Israel”. \nNaamán partió llevando consigo diez talentos de plata\, seis mil siclos de oro y diez trajes de gala\, y presentó al rey de Israel la carta que decía: “Junto con esta carta\, te envío a Naamán\, mi servidor\, para que lo libres de su lepra”. \nApenas el rey de Israel leyó la carta\, rasgó sus vestiduras y dijo: “¿Acaso yo soy Dios\, capaz de hacer morir y vivir\, para que este me mande librar a un hombre de su lepra? Fíjense bien y verán que él está buscando un pretexto contra mí”. \nCuando Eliseo\, el hombre de Dios\, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras\, mandó a decir al rey: “¿Por qué has rasgado tus vestiduras? Que él venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel”. \nNaamán llegó entonces con sus caballos y su carruaje\, y se detuvo a la puerta de la casa de Eliseo. Eliseo mandó un mensajero para que le dijera: “Ve a bañarte siete veces en el Jordán; tu carne se restablecerá y quedarás limpio”. \nPero Naamán\, muy irritado\, se fue diciendo: “Yo me había imaginado que saldría él personalmente\, se pondría de pie e invocaría el nombre del Señor\, su Dios; luego pasaría su mano sobre la parte afectada y sanaría la lepra. ¿Acaso los ríos de Damasco\, el Abaná y el Parpar\, no valen más que todas las aguas de Israel? ¿No podía yo bañarme en ellos y quedar limpio?” Y dando media vuelta\, se fue muy enojado. \nPero sus servidores se acercaron para decirle: “Padre\, si el profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria ¿no lo habrías hecho? ¡Cuánto más si él te dice simplemente: Báñate y quedarás limpio!” \nEntonces bajó y se sumergió siete veces en el Jordán\, conforme a la palabra del hombre de Dios; así su carne se volvió como la de un muchacho joven y quedó limpio. \nLuego volvió con toda su comitiva adonde estaba el hombre de Dios. Al llegar\, se presentó delante de él y le dijo: “Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra\, a no ser en Israel. Acepta\, te lo ruego\, un presente de tu servidor”. \nSALMO RESPONSORIAL 41\, 2-3; 42\, 3-4 \nR/. ¡Mi alma tiene sed del Dios viviente! \nComo la cierva sedienta busca las corrientes de agua\, así mi alma suspira por ti\, mi Dios. \nMi alma tiene sed de Dios\, del Dios viviente: ¿Cuándo iré a contemplar el rostro de Dios? \nEnvíame tu luz y tu verdad: que ellas me encaminen y me guíen a tu santa Montaña\, hasta el lugar donde habitas. \nY llegaré al altar de Dios\, el Dios que es la alegría de mi vida; y te daré gracias con la cítara\, Señor\, Dios mío. \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf. Sal 129\, 5. 7 \nEspero en el Señor y confío en su palabra\, porque en Él se encuentra la misericordia y la redención en abundancia. \nEVANGELIO \nJesús\, como Elías y Eliseo\, no es enviado solamente a los judíos. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 4\, 24-30 \nCuando Jesús llegó a Nazaret\, dijo a la multitud en la sinagoga: “Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías\, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo\, a ninguna de ellas fue enviado Elías\, sino a una viuda de Sarepta\, en el país de Sidón. \nTambién había muchos leprosos en Israel\, en el tiempo del profeta Elíseo\, pero ninguno de ellos fue sanado\, sino Naamán\, el sirio”. \nAl oír estas palabras\, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y\, levantándose\, lo empujaron fuera de la ciudad\, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad\, con intención de despeñarlo. Pero Jesús\, pasando en medio de ellos\, continuó su camino. \nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \n 
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SUMMARY:Martes de la III Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nNuestro corazón contrito y nuestro espíritu humillado nos hagan aceptables. \nLectura de la profecía de Daniel 3\, 25-26. 34-43 \nAzarías tomó la palabra y oró así: \nBendito eres\, Señor\, Dios de nuestros padres\, y digno de alabanza\, que tu Nombre sea glorificado eternamente. No nos abandones para siempre a causa de tu Nombre\, no anules tu Alianza\, no apartes tu misericordia de nosotros\, por amor a Abraham\, tu amigo\, a Isaac\, tu servidor\, y a Israel\, tu santo\, a quienes prometiste una descendencia numerosa como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. Señor\, hemos llegado a ser más pequeños que todas las naciones\, y hoy somos humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. \nEn este tiempo\, ya no hay más jefe\, ni profeta\, ni príncipe\, ni holocausto\, ni sacrificio\, ni oblación\, ni incienso\, ni lugar donde ofrecer las primicias\, y así\, alcanzar tu favor. \nPero que nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humillado nos hagan aceptables como los holocaustos de carneros y de toros\, y los millares de corderos cebados; que así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti\, y que nosotros te sigamos plenamente\, porque no quedan confundidos los que confían en ti. Y ahora te seguimos de todo corazón\, te tememos y buscamos tu rostro. \nNo nos cubras de vergüenza\, sino trátanos según tu benignidad y la abundancia de tu misericordia. Líbranos conforme a tus obras maravillosas\, y da gloria a tu Nombre\, Señor. \nSALMO RESPONSORIAL 24\, 4-5a. 6-9 \nR/. ¡Acuérdate\, Señor\, de tu ternura! \nMuéstrame\, Señor\, tus caminos\, enséñame tus senderos. Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame\, porque Tú eres mi Dios y mi salvador. \nAcuérdate\, Señor\, de tu compasión y de tu amor\, porque son eternos. Por tu bondad\, Señor\, acuérdate de mí según tu fidelidad. \nEl Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados; Él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres. \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf. Jl 2\, 12-13 \nVuelvan a mí de todo corazón\, porque soy bondadoso y compasivo. \nEVANGELIO \nSi no perdonan de corazón a sus hermanos\, tampoco el Padre los perdonará a ustedes. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 18\, 21-35 \nSe acercó Pedro y dijo a Jesús: “Señor\, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?” \nJesús le respondió: “No te digo hasta siete veces\, sino hasta setenta veces siete. \nPor eso\, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea\, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar\, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer\, sus hijos y todo lo que tenía\, para saldar la deuda. El servidor se arrojó a sus pies\, diciéndole: “Dame un plazo y te pagaré todo”. El rey se compadeció\, lo dejó ir y\, además\, le perdonó la deuda. \nAl salir\, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y\, tomándolo del cuello hasta ahogarlo\, le dijo: “Págame lo que me debes”.  El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: “Dame un plazo y te pagaré la deuda”.  Pero él no quiso\, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía. \nLos demás servidores\, al ver lo que había sucedido\, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: ” ¡Miserable! Me suplicaste\, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero\, como yo me compadecí de ti?” E indignado\, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía. \nLo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes\, si no perdonan de corazón a sus hermanos”. \nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nEl «culto» al Padre puede ser ocasión –como de hecho lo es– para ser juzgados y condenados por «los hombres» en la medida en que dicho culto implique una amenaza para la estabilidad de sus costumbres y tradiciones\, o simplemente cuestione sus valores y su mundo de relaciones.\nEl ser humano tiene dos maneras de rendirle homenaje al Padre:\n1. «Confesando» (reconociendo) sus obras –la creación\, la liberación y la salvación– en favor de la humanidad\, y dándole gracias («bendiciéndolo») por ellas.\n2. «Confesando» (reconociendo) los propios pecados como infidelidad a la alianza y como causa de los propios males\, dándole la razón a Dios («glorificándolo»).\nEl culto «en espíritu y verdad»\, propio de los verdaderos adoradores del Padre (cf. Jn 4\,23-24)\, consiste en vivir y convivir teniendo como criterio de juicio y norma de conducta el amor que el Padre nos ha manifestado por medio de su Hijo. \n1. Primera lectura (Dan 3\,25.34-43).\nDaniel y sus compañeros fueron preparados para el servicio del rey\, sin tener en cuenta que ellos eran «servidores» del Señor. Daniel («Dios es mi juez»)\, Ananías («el Señor da gracia»)\, Misael («¿quién como Dios?») y Azarías («el Señor es mi ayuda») recibieron otros nombres que delatan la intención de ponerlos al servicio de otro: Daniel fue llamado Belzasar («¡Protege la vida del rey!»); Ananías fue llamado Sidrac («Iluminado por Aku»\, dios acadio); Misael fue llamado Misac («¿Quién como Aku?»); y Azarías fue llamado Abdénago («Siervo de Nebo»\, dios babilonio).\nSidrac\, Misac y Abdénago están a punto de ser sometidos a «la prueba del fuego»\, a un juicio de aniquilación («fuego»: pena de muerte) por no admitir el culto al poder\, simbolizado por la efigie del rey (cf. 3\,1-21). Ellos declaran que el culto al Dios vivo no es negociable\, ni siquiera al costo de la propia vida; tienen la promesa de que Dios los protegerá (cf. Isa 43\,2)\, pero\, incluso si no lo hiciera\, tampoco le rendirán culto al poder. Su decisión es franca y firme.\nSometidos a la prueba del fuego\, experimentan la protección del Señor. Y entonces Azarías ora al Señor haciéndose vocero de todos los israelitas. Lo llamaron Abdénago\, pero él solo reconoce al Señor\, y se incluye entre los que se reconocen sus «siervos» y «fieles» (cf. 3\,33). Apela al Señor haciendo honor a su nombre hebreo. Su oración pasa de la honesta y humilde confesión de los pecados a la petición de misericordia\, y de esta a la formulación del propósito de enmienda\, y\, al final (vv. 44-45\, omitidos)\, pide que fracase el proyecto de sus enemigos.\nLa afligida confesión de pecados\, reconociendo que no han cumplido las exigencias de la alianza\, declara que el Señor es justo e inocente\, en tanto que a su pueblo lo abruman su propia culpa y la vergüenza. Para pedir la misericordia divina\, apela al honor de Dios\, a su fidelidad a la alianza\, a las promesas hechas a los patriarcas y\, ante todo\, a la triste situación del pueblo. Dado que no tienen oportunidad de ofrecer un culto ritual\, Azarías propone el culto que al Señor le agrada: «un corazón quebrantado y un espíritu humillado» (cf. Sal 51\,19)\, es decir\, ellos mismos\, con sus designios hechos trizas y su ímpetu dominado por el opresor; estos hechos los han llevado a la conclusión de que Dios tenía la razón. El propósito de enmienda es consecuente: en adelante\, seguirlo de corazón\, respetarlo y buscarlo solo a él. La súplica final pide que el Señor no los deje caer en la deshonra y que actúe a su favor con misericordia para honra de su Nombre santo. \n2. Evangelio (Mt 18\,21-35).\nEl anunciado reinado de Dios se manifiesta como una sorprendente manifestación de inmerecida e inesperada generosidad. Esta experiencia conduce al hombre a no fijarle límites a la generosidad humana\, es decir\, a no anteponer a dicha experiencia sus leyes o sus costumbres. La generosidad de Dios se convierte así en criterio de juicio y norma de conducta: ser generoso como él lo es.\nLa parábola que Jesús propone contrasta dos deudas y las actitudes de los respectivos acreedores:\nUna de «diez mil talentos» (más o menos 360.000 kg de plata)\, cifra deliberadamente exagerada que pretende dar la idea de una deuda impagable. Representa la «deuda» del hombre con Dios\, deuda que\, ante todo\, es de gratitud por la vida y todas sus demás bendiciones. De hecho\, una deuda tan considerable corresponde a una generosidad que jamás tuvo en cuenta la capacidad de reembolso del deudor. Dios prodigó sus riquezas sin cálculos\, pensando solo en el bienestar de sus creaturas. Así pondera Jesús la magnitud de la gracia divina.\nLa otra\, de «cien denarios». El denario era el valor de un día de trabajo (cf. 20\,2). En números cerrados: tres meses y diez días de jornal; era una deuda razonable. Representa la deuda del hombre con su prójimo\, es decir\, el debido respeto por el derecho ajeno según las exigencias de la alianza con Dios. Esto es lo que todo ser humano le «debe» a su semejante. En la perspectiva cristiana\, esta «deuda» se expresa en términos de amor (cf. Rom 13\,8; 1Jn 4\,11). Así contrasta Jesús la misericordia del hombre con su semejante en comparación con la de Dios.\nJesús muestra que el Padre ha sido benefactor y generoso «sin esperar nada» (cf. Lc 6\,35)\, y que esa munificencia suya es uno de sus atributos que sus hijos quieren apropiarse. Esta «imitación» del Padre no es impuesta\, porque el que quiere ser hijo suyo la asume por admiración a él. Este es el sentido que tiene la «deuda» que el hijo adquiere\, más consigo mismo que con el Padre.\nEl término «deuda» denota una obligación que una persona contrae libremente con otra\, sin que esto implique sentimiento alguno de hostilidad entre ambas\, distinto de «ofensa»\, que indica que\, al menos\, una de las partes se siente injuriada. Esto no siempre se tiene en cuenta en la traducción del padrenuestro\, en donde se habla de «deudas» y no de «ofensas» (cf. 6\,12).\nDespués\, Jesús contrasta la ilimitada generosidad del «rey» (el Padre: cf. v. 35) con la insensible mezquindad del «compañero» (su «hermano»: v. 35)\, haciendo ver que la culpa de este consiste en no haber reproducido y prolongado la compasión de la que fue objeto.\nEl culto que el Padre «busca» y quiere encontrar es la imitación de su amor por parte de sus hijos\, no la elaboración de una casuística que le ponga límites a ese amor. El planteamiento de «Pedro» pretendía ponerle límites al perdón fraterno y\, por tanto\, al amor cristiano. \n«Perdón»\, en español\, es un término compuesto por un prefijo («per») y un sustantivo («don»). En este caso\, el prefijo indica intensidad\, como en «perdurar» o «perseguir». Por consiguiente\, «perdonar» denota la acción de hacer un don y connota la calidad exuberante de ese don\, porque perdonar no es solo dar\, sino también darse. Este don de sí mismo es lo que hace que el perdón sea culto «en espíritu y verdad»\, digno de un discípulo de Jesús y de un hijo de Dios.\nNegarse a perdonar es negarse a compartir el amor generoso de Dios y\, por eso mismo\, cerrarse a recibirlo. Quien se rehúsa a perdonar se priva de ser perdonado\, porque se cierra al Espíritu\, de modo que se condena a sí mismo a la prisión en la que confina a los demás. Abrirse a dar el perdón es prestarse para que el amor del Padre llegue a otros a través nuestro.\nAl recibir a Jesús en la eucaristía\, después de orar con el padrenuestro y de darnos el saludo de la paz\, tenemos eso presente. Recordamos que la reconciliación con Dios pasa por la paz con el hermano (cf. Mt 5\,23-24).
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SUMMARY:Miércoles de la III Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nObserven los mandamientos y pónganlos en práctica. \nLectura del libro del Deuteronomio 4\, 1. 5-9 \nMoisés habló al pueblo\, diciendo: \nY ahora\, Israel\, escucha los preceptos y las leyes que yo les enseño para que las pongan en práctica. Así ustedes vivirán y entrarán a tomar posesión de la tierra que les da el Señor\, el Dios de sus padres. \nTengan bien presente que ha sido el Señor\, mi Dios\, el que me ordenó enseñarles los preceptos y las leyes que ustedes deberán cumplir en la tierra de la que van a tomar posesión. Obsérvenlos y pónganlos en práctica\, porque así serán sabios y prudentes a los ojos de los pueblos\, que al oír todas estas leyes\, dirán: “¡Realmente es un pueblo sabio y prudente esta gran nación!” \n¿Existe acaso una nación tan grande que tenga sus dioses cerca de ella\, como el Señor\, nuestro Dios\, está cerca de nosotros siempre que lo invocamos? ¿Y qué gran nación tiene preceptos y costumbres tan justas como esta Ley que hoy promulgo en presencia de ustedes? \nPero presta atención y ten cuidado\, para no olvidar las cosas que has visto con tus propios ojos\, ni dejar que se aparten de tu corazón un solo instante. Enséñalas a tus hijos y a tus nietos. \nSALMO RESPONSORIAL 147\, 12-13. 15-16. 19-20 \nR/. ¡Glorifica al Señor\, Jerusalén! \n¡Glorifica al Señor\, Jerusalén\, alaba a tu Dios\, Sión! Él reforzó los cerrojos de tus puertas y bendijo a tus hijos dentro de ti. \nEnvía su mensaje a la tierra\, su palabra corre velozmente; reparte la nieve como lana y esparce la escarcha como ceniza. \nRevela su palabra a Jacob\, sus preceptos y mandatos a Israel: a ningún otro pueblo trató así ni le dio a conocer sus mandamientos. \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf.  Jn 6\, 63c. 68c \nTus palabras\, Señor\, son Espíritu y Vida; Tú tienes palabras de vida eterna. \nEVANGELIO \nEl que los cumpla y enseñe será considerado grande. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5\, 17-19 \nJesús dijo a sus discípulos: \nNo piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: Yo no he venido a abolir\, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no quedarán ni una i ni una coma de la Ley sin cumplirse\, antes que desaparezcan el cielo y la tierra. \nEl que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos\, y enseñe a los otros a hacer lo mismo\, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio\, el que los cumpla y enseñe\, será considerado grande en el Reino de los Cielos. \nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nLos descendientes de Abraham sabían que el cumplimiento de la promesa estaba vinculado de por sí al culto exclusivo al Señor y al consiguiente abandono de los ídolos (cf. Deu 4\,3-4). De ahí la urgencia de ser fieles a la alianza\, y de no tratar de acomodar sus exigencias a gustos particulares (cf. Deu 4\,2). La idolatría –la prostitución ritual en particular–\, provoca la reprobación del Señor y la muerte de los idólatras\, es decir\, una guerra intestina y externa (cf. Deu 4\,3; Núm 25\,1-18). Las cláusulas de la alianza no son para saber sino para vivir y convivir.\nPero la Ley era provisional\, para el estadio inmaduro de la humanidad. Cumplidas las promesas\, comienza otra etapa\, la del hombre maduro\, en la que el culto no es ritual sino existencial\, vital; no por una exigencia exterior\, sino por un impulso interior; no por temor\, sino por amor. \n1. Primera lectura (Deu 4\,1.5-9).\nLa promesa hecha a los antepasados de heredar la tierra «que mana leche y miel» se cumplió. No obstante\, queda abierta a futuros cumplimientos. El pueblo se define por la escucha de la palabra del Señor\, y esta escucha se verifica en la práctica de la misma; así\, el pueblo tendrá descendencia y poseerá la tierra\, es decir\, tendrá vida y libertad.\nTodo lo que el Señor mandó guardar es garantía para una convivencia justa en la tierra prometida.\n• Cumpliendo sus mandatos y decretos\, los israelitas serán un pueblo famoso por su sabiduría y por la prudencia de su conducta. Es notable el énfasis que se pone en la praxis de los «mandatos y decretos»\, que es la síntesis de las cláusulas de la alianza\, exigencias de convivencia. Sabiduría y prudencia son cualidades valoradas en el entorno internacional\, cultivadas y apreciadas por los pueblos. Israel exhibirá una sabiduría y una prudencia recibidas del Señor que le darán renombre entre las naciones y lo harán admirable a los ojos de los otros pueblos.\n• Ningún pueblo tiene con sus ídolos una relación tan personal y efectiva como los israelitas la tienen con el Señor. El Señor está cerca de Israel (cf. Deu 30\,14) y su palabra es accesible. Pueden conocer sus designios\, recibir sus orientaciones\, obtener respuesta a sus peticiones\, escucharlo y hablarle\, porque él no está lejos\, está en medio de su pueblo (cf. Deu 6\,15; 7\,21). Él es diferente de los dioses de los pueblos\, porque Israel mantiene permanente comunicación con él.\n• Ninguna nación exhibe una legislación tan justa para convivir como la que les dio el Señor por medio de Moisés. Las acciones liberadora y salvadoras del Señor son el argumento convincente para urgir la observancia de esos «mandatos y decretos»\, ya que «esta ley» no solo regula de modo admirable las relaciones del pueblo con su Dios y de los miembros del pueblo entre sí\, sino que establece un vínculo imprescindible entre el culto a Dios y la justa convivencia entre ellos.\nPero la elección no es un privilegio para presumir\, es una responsabilidad de los contemporáneos y de los futuros miembros del pueblo. Los sucesos que constituyeron el pueblo muestran que el Señor es un Dios que no tolera la opresión. Eso no hay que olvidarlo\, sino recordarlo. Y por eso deben cuidarse de caer en la idolatría (cf. Deu 4\,10-20)\, porque la idolatría avala la opresión. \n2. Evangelio (Mt 5\,17-19).\nJesús declara que no vino a echar abajo «la Ley y los profetas» (entendidos como un todo)\, o sea\, no vino a defraudar la promesa de liberación y salvación contenida en el Antiguo Testamento\, sino a cumplir en plenitud dicha promesa. En las bienaventuranzas se cumplen las promesas de libertad («tierra»: cf. 5\,5) y vida («hijos»: cf. 5\,9) que Dios le hizo a Abraham\, y que constituyen la bendición para «todas las familias del mundo» (cf. Gén 12\,1-3)\, y cuyo pleno cumplimiento se realizará en el don del Espíritu Santo. Jesús no habla de que él vaya a «observar» la Ley\, sino de «cumplir» plenamente la promesa contenida en ella. El cumplimiento de dicha promesa depende de la aceptación de los «mandamientos mínimos»\, que son las bienaventuranzas.\n• Quien se exima de ellas y les enseñe a otros a eximirse de ellas\, será irrelevante para la nueva y definitiva humanidad («el reino de los cielos»\, el reino universal). La acción liberadora y salvadora de Dios no se realiza por una intervención de dominio\, sino por la aceptación libre de su reinado amando –como él– a los excluidos de la sociedad humana y poniéndose de su parte. Quien no asuma esta actitud se niega a aceptarlo como rey\, y\, por consiguiente\, no entra en su reino. No se trata de que Dios excluya\, es el hombre el que se excluye a sí mismo al rehusarse a amar con esa perspectiva incluyente de las bienaventuranzas.\n• Quien les dé cumplimiento y les enseñe a otros a cumplirlas\, será relevante para formar la nueva humanidad. La aceptación de Dios como Padre no es teórica sino vital\, haciéndose «hijo» suyo\, es decir\, imitador de su conducta. Esto entraña el profundo y gozoso anhelo de realizar siempre el designio del Padre: la humanidad libre y dichosa. Por eso\, acepta su reinado\, entra en su reino y se dedica a construirlo en el espíritu de las bienaventuranzas\, los «mandamientos mínimos» de la nueva alianza\, es decir\, las exigencias mínimas de la nueva relación con Dios. Esto permite al discípulo lograr su desarrollo humano («será llamado grande en el reino de Dios»).\nEl paralelo que la celebración de la palabra hoy establece entre estas palabras de Jesús y el texto del Deuteronomio propuesto como primera lectura nos induce a pensar que hay una idolatría que se opone a la praxis de las bienaventuranzas. En general\, esa idolatría consiste en el legalismo de los letrados y en la piedad exhibicionista de los farsantes (cf. 5\,21-6\,18). Y\, en concreto\, es la idolatría de la riqueza\, que se resume en «servirle al dinero» (6\,24). Esa idolatría arruina la vida y la convivencia humanas (cf. 6\,25-34).\nHay correspondencia entre los mandamientos «mínimos» (ἐλαχίστων) –las bienaventuranzas– y la condición de «mínimo» que tiene el que se exima de esos «mandamientos mínimos». Jesús da a entender que las bienaventuranzas\, en cuanto «mandamientos»\, son insignificantes\, puesto que son más bien propuestas de libre aceptación. Así también\, todo seguidor suyo que se desentienda de las bienaventuranzas es insignificante para el reino universal de Dios. \nSi el pueblo de Abraham se distinguía por su alianza con el Señor\, y lo honraba con la observancia de la Ley\, la Iglesia de Jesús se distingue por su relación con el Padre por medio del Hijo\, y le da culto viviendo su reinado y construyendo su reino en el fiel cumplimiento de la promesa por la praxis de las bienaventuranzas\, transmitiendo esta nueva vida a todos los pueblos\, bautizándolos el nombre del Padre\, y del Hijo\, y del Espíritu Santo\, y enseñándoles a guardar todo lo que Jesús nos «mandó» (cf. Mt 28\,19-20). Así que esos «mandamientos mínimos» son la «sabiduría» de los cristianos y nuestra forma de vivir la intimidad con Dios y de convivir como pueblo de la alianza.\nSin las bienaventuranzas\, la fe cristiana no se distinguiría de las religiones paganas\, la comunidad cristiana no sería diferente de cualquier sociedad de mutua ayuda\, y la santidad cristiana no sería mejor que el narcisismo autorreferencial que cultivan algunas espiritualidades de corte vanidoso. Las bienaventuranzas le dan sentido al reinado de Dios y contenido al reino que formamos.\nEsa es nuestra identidad cristiana\, y nuestra propia forma de darle culto al Padre. La eucaristía nos configura con Jesús y nos fortalece con su Espíritu para darle al Padre ese culto «auténtico»\, distanciándonos del «mundo este» por nuestro cambio de mentalidad (cf. Rom 12\,1-2; Col 3\,3).
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SUMMARY:Jueves de la III Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nÉsta es la nación que no ha escuchado la voz del Señor\, su Dios. \nLectura del libro de Jeremías 7\, 23-28 \nAsí habla el Señor: \nÉsta fue la orden que les di a sus padres el día que los hice salir de Egipto: “Escuchen mi voz\, así Yo seré su Dios y ustedes serán mi Pueblo; sigan por el camino que Yo les ordeno\, a fin de que les vaya bien”. \nPero ellos no escucharon ni inclinaron sus oídos\, sino que obraron según sus designios\, según los impulsos de su corazón obstinado y perverso; se volvieron hacia atrás\, no hacia adelante. \nDesde el día en que sus padres salieron de Egipto hasta el día de hoy\, Yo les envié a todos mis servidores los profetas\, los envié incansablemente\, día tras día. Pero ellos no me escucharon ni inclinaron sus oídos\, sino que se obstinaron y obraron peor que sus padres. \nTú les dirás todas estas palabras y no te escucharán; los llamarás y no te responderán. Entonces les dirás: “Ésta es la nación que no ha escuchado la voz del Señor\, su Dios\, ni ha recibido la lección. La verdad ha desaparecido\, ha sido arrancada de su boca”. \nSALMO RESPONSORIAL 94\, 1-2. 6-9 \nR/. ¡Ojalá hoy escuchen la voz del Señor! \n¡Vengan\, cantemos con júbilo al Señor\, aclamemos a la Roca que nos salva! ¡Lleguemos hasta Él dándole gracias\, aclamemos con música al Señor! \n¡Entren\, inclinémonos para adorarlo! ¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó! Porque Él es nuestro Dios\, y nosotros\, el pueblo que Él apacienta\, las ovejas conducidas por su mano. \nOjalá hoy escuchen la voz del Señor: “No endurezcan su corazón como en Meribá\, como en el día de Masá\, en el desierto\, cuando sus padres me tentaron y provocaron\, aunque habían visto mis obras”. \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf. Jl 2\, 12-13 \nVuelvan a mí de todo corazón\, porque soy bondadoso y compasivo. \nEVANGELIO \nEl que no está conmigo está contra mí. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 11\, 14-23 \nJesús estaba expulsando a un demonio que era mudo. Apenas salió el demonio\, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó admirada\, pero algunos de ellos decían: “Éste expulsa a los demonios por el poder de Belzebul\, el Príncipe de los demonios”. Otros\, para ponerlo a prueba\, exigían de Él un signo que viniera del cielo. \nJesús\, que conocía sus pensamientos\, les dijo: “Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra.  Si Satanás lucha contra sí mismo\, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- Yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul. Si Yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul\, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso\, ustedes los tendrán a ellos como jueces. Pero si Yo expulso a los demonios con la fuerza de Dios\, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes. \nCuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio\, todas sus posesiones están seguras\, pero si viene otro más fuerte que él y lo domina\, le quita las armas en las que confiaba y reparte sus bienes. \nEl que no está conmigo\, está contra mí; y el que no recoge conmigo\, desparrama”. \nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nEl culto «en espíritu y verdad» (Jn 4\,23.24) se basa en la fe y se manifiesta en un amor universal\, gratuito y fiel que imita el del Padre (lunes\, martes y miércoles). Dicha fe\, a su vez\, se basa en la escucha atenta\, reflexiva y responsable de la palabra de Dios.\n«¿Quiere el Señor sacrificios y holocaustos\, o quiere el Señor que lo escuchen?» (1Sam 15\,22). Contraponer el culto ceremonial a la escucha implica subordinar el primero a la segunda. Esa es la regla de la fidelidad (verdad) establecida y reiterada por los profetas. En el Nuevo Testamento se resuelve ese dilema haciendo ver que el culto consiste en escuchar\, y que la escucha se verifica llevando a la práctica la palabra del Señor. \n1. Primera lectura (Jer 7\,23-28).\nEl capítulo 7 es un largo oráculo en el que el profeta denuncia la perversión de juntar injusticia y culto al Señor como si no fueran realidades recíprocamente excluyentes. Y hace ver que el Señor se opone a que el profeta interceda por el pueblo\, porque este lo disgusta con el culto a los ídolos\, idolatría que le sirve de pretexto para atropellar a sus conciudadanos (cf. 7\,1-20).\nEste fragmento pertenece a un oráculo en el que el Señor advierte: «…cuando saqué a sus padres de Egipto no les ordené ni hablé de holocaustos y sacrificios» (7\,22; cf. Isa 1\,11; Amo 5\,25; Sal 51\,18). El profeta contrapone culto e injusticia. No se puede cometer la injusticia so pretexto de que el culto la subsana. Por eso aclara:\n• La orden que dio el Señor fue que escucharan y siguieran el camino señalado por él (el camino del éxodo: cf. 11\,4); así serían él su Dios y ellos su pueblo. Siguiendo ese camino serían felices. Esta escucha se verifica en la puesta en práctica de la palabra del Señor.\n• Pero ellos no escucharon\, siguieron sus planes y le dieron la espalda al Señor en vez de darle la cara. «Dar la espalda» significa apartar de la vista\, ignorar\, despreciar; «dar la cara»\, entablar una relación leal y transparente. No escuchar implica traicionar la alianza pactada.\n• Ha sido inútil el envío constante de profetas: nunca quisieron escuchar. Después de que él los liberó de la esclavitud\, el Señor les ha venido hablando incesantemente por medio de los profetas; no hay razón para no escuchar\, pero ellos han sido más tercos que sus antepasados.\n• Incluso ahora\, siguen empeñados en no escuchar. No escucharán ni si el profeta les repitiera sus oráculos\, no responderán ni si les gritara. En vez de ser el pueblo que se caracterizara por la escucha de la palabra que los hace sabios\, se obstinan en su insensatez.\n• La sinceridad ha sido extirpada de su boca. Sin palabra del Señor en los oídos\, no hay verdad en sus labios. Ya no se podrán presentar como el pueblo de la escucha y de la praxis de la palabra del Señor. Por eso su culto carece de valor y es inaceptable.\nEn síntesis\, el pueblo\, en lugar de avanzar\, ha retrocedido. En tanto que los dioses de los pueblos son mudos\, el Señor habla\, pero eso de nada ha servido\, porque ellos se volvieron a esos ídolos mudos y no escucharon la voz del Señor. \n2. Evangelio (Lc 11\,14-23).\nEl Antiguo Testamento llama «demonios» a ídolos a los que se les ofrecen sacrificios humanos (cf. Sal 106\,36-37). «Demonio» connota\, así\, idolatría y violencia. La violencia («demonio») anula la capacidad de diálogo («mudo»). Jesús libera al hombre de la violencia (expulsa el demonio) y lo capacita para el diálogo («habló el mudo»). Entonces surgen las reacciones ante este hecho:\n• Las multitudes se admiran. El pueblo raso reacciona positivamente a la acción de Jesús. Esto ya implica un cierto plebiscito a favor suyo. Las mayorías del pueblo miran con aprobación esa actividad liberadora de Jesús. Los necesitados de libertad y vida reconocen que las obras de Jesús cumplen la esperada promesa del Dios del éxodo.\n• Pero algunos «de ellos» no quieren admitir que el Señor\, el Dios del éxodo\, actúa por medio de él\, y por eso le atribuyen a magia («Belcebú») la acción de Jesús. La actividad liberadora de Jesús lesiona sus intereses\, y por eso ellos lo descalifican. No pueden permitir que en el pueblo se abra paso la idea de que Dios actúa ahora a través de este incómodo profeta.\n• Otros reconocen que dicha acción es –ciertamente– liberadora\, pero piensan que no tiene las características de poder que los letrados atribuían a las «proezas» de Moisés. Por eso lo «tientan» pidiéndole una señal –según sus exigencias– «de origen celestial». Según ellos\, no basta la acción liberadora\, se requiere\, como garantía divina\, una demostración de poder.\nJesús descubre sus intenciones (διανοήματα: aquí no se trata de pensamientos abstractos). Dado que él con su actividad lesiona sus intereses\, se proponen que el pueblo lo mire como opuesto a Dios. Hay que hacer una distinción para comprender mejor: «Belcebú» es el nombre del dios de los cananeos; significa «señor de la morada (alta)»\, pero los judíos lo llamaban en arameo con un nombre que sonaba parecido\, y que significaba «señor de las moscas»\, o «señor del estercolero». «Satanás» es un nombre hebreo que significa «acusador»\, y a veces «fiscal»\, asignado al enemigo del hombre. Por eso\, Jesús replica primero la acusación central\, la de que él recurre a la magia:\n• Es absurdo conjeturar que el adversario de Dios y del hombre («Satanás») esté en contra de sí mismo\, eso lo debilitaría. No tiene sentido que Jesús\, practicando magia («Belcebú»)\, se ponga al servicio del poder adversario («Satanás») debilitando así su influjo sobre las personas.\n• La acusación de magia se vuelve en contra de ellos\, porque ellos tienen discípulos que también combaten la violencia (expulsan «demonios»). Si Jesús lo hace recurriendo a la magia\, entonces también ellos y sus discípulos hacen lo mismo.\n• Si –como hicieron las multitudes– se hubieran dado cuenta de que en Jesús está la fuerza misma de Dios («el dedo de Dios»: cf. Éxo 8\,15) que desacreditó a los magos egipcios\, tendrían que admitir que el reinado de Dios ha llegado por medio de él.\n• El «hombre fuerte» (ἰσχυρός) que cuida su «patio» (αὐλή: cf. 22\,55) representa el estamento dirigente que se fía del dominio ideológico que ejerce sobre el pueblo. En cambio\, el «más fuerte» (ἰσχυρότερος: cf. 3\,16) es Jesús\, quien inutiliza ese dominio ideológico y «pone en libertad a los oprimidos» (cf. 4\,18) sin apoderarse de ellos.\n• No estar de parte de Jesús es oponerse a los valores que él encarna\, y\, por tanto\, renunciar a la plenitud humana que él ofrece; no recoger con él la cosecha (cf. 3\,17) es oponerle resistencia a la obra de Dios\, y\, por tanto\, exponerse al fracaso. \n«Escuchar» va más allá de «oír». Es tener la apertura suficiente para descubrir la obra liberadora y salvadora de Dios más allá de las apariencias\, interpretando de forma correcta que Dios actúa donde el amor desacredita cualquier poder opresor. Ese amor «escucha» al Señor. No «escucha»\, en cambio\, ese culto que se usa como coartada para eximirse del amor\, o para hacerse cómplice del poder opresor; es signo de que la sinceridad ha sido extirpada. Llamar «obra de Dios» a lo que es obra del «diablo»\, porque engaña y violenta al ser humano\, o viceversa\, llamar «obra del diablo» lo que libera al ser humano\, es otra manera de negarse a escuchar.\nCelebrar la eucaristía es una ocasión propicia para escuchar la palabra de Dios; recibir la eucaristía es una forma privilegiada de escuchar\, porque así nos hacemos solidarios («un solo cuerpo») con Jesús\, que es la Palabra encarnada\, «hecha hombre» (cf. Jn 1\,14; 1Jn 4\,2). Dios habla en Jesús\, y al acoger con fe a Jesús escuchamos al Padre.
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SUMMARY:Viernes de la III Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nMiren\, la virgen está embarazada. \nLectura del libro del Profeta Isaías 7\, 10-14; 8\, 10 \nEl Señor habló a Ajaz en estos términos: \n“Pide para ti un signo de parte del Señor\, en lo profundo del Abismo\, o arriba\, en las alturas”. \nPero Ajaz respondió: \n“No lo pediré ni tentaré al Señor”. \nIsaías dijo: \n“Escuchen\, entonces\, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres\, que cansan también a mi Dios? Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren\, la virgen está embarazada y dará a luz un hijo\, y lo llamará con el nombre de Emanuel\, que significa Dios está con nosotros”. \nSALMO RESPONSORIAL 39\, 7-11 \nR/. ¡Aquí estoy\, Señor: para hacer tu voluntad! \nTú no quisiste víctima ni oblación; pero me diste un oído atento; no pediste holocaustos ni sacrificios\, entonces dije: “Aquí estoy”. \n“En el libro de la Ley está escrito lo que tengo que hacer: yo amo\, Dios mío\, tu voluntad\, y tu ley está en mi corazón”. \nProclamaré gozosamente tu justicia en la gran asamblea; no\, no mantuve cerrados mis labios\, Tú lo sabes\, Señor. \nNo escondí tu justicia dentro de mí\, proclamé tu fidelidad y tu salvación\, y no oculté a la gran asamblea tu amor y tu fidelidad. \nSEGUNDA LECTURA \nEstá escrito de mí en el libro: Aquí estoy\, yo vengo para hacer\, Dios\, tu voluntad. \nLectura de la carta a los Hebreos 10\, 4-10 \nHermanos\, es imposible que la sangre de toros y chivos quite los pecados. Por eso\, Cristo\, al entrar en el mundo\, dijo: \n“Tú no has querido sacrificio ni oblación; en cambio\, me has dado un cuerpo. No has mirado con agrado los holocaustos ni los sacrificios expiatorios.  Entonces dije: Dios\, aquí estoy\, yo vengo -como está escrito de mí en el libro de la Ley- para hacer tu voluntad”. \nÉl comienza diciendo: “Tú no has querido ni has mirado con agrado los sacrificios\, los holocaustos\, ni los sacrificios expiatorios”\, a pesar de que están prescritos por la Ley. Y luego añade: “Aquí estoy\, yo vengo para hacer tu voluntad”. Así declara abolido el primer régimen para establecer el segundo. \nY en virtud de esta voluntad quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo\, hecha de una vez para siempre. \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn. 1\, 14ab \nLa Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria. \nEVANGELIO \nConcebirás y darás a luz un hijo \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1\, 26-38 \nEl Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea\, llamada Nazaret\, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David\, llamado José. El nombre de la virgen era María. \nEl Ángel entró en su casa y la saludó\, diciendo: \n“¡Alégrate!\, llena de gracia\, el Señor está contigo”. \nAl oír estas palabras\, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. \nPero el Ángel le dijo: \n“No temas\, María\, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo\, y le pondrás por nombre Jesús; Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David\, su padre\, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”. \nMaría dijo al Ángel: \n“¿Cómo puede ser eso\, si yo no tengo relación con ningún hombre?” \nEl Ángel le respondió: \n“El Espíritu Santo descenderá sobre ti\, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez\, y la que era considerada estéril\, ya se encuentra en su sexto mes\, porque no hay nada imposible para Dios”. \nMaría dijo entonces: \n“Yo soy la servidora del Señor\, que se haga en mí según tu Palabra”. \nY el Ángel se alejó. \nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nCotejando lo que enseña el autor de la carta a los hebreos (10\,5-7) con lo que dice el evangelista Lucas (1\,38)\, encontramos perfecta sintonía y sincronía entre el Señor que se encarna y la criatura en la cual él toma nuestra condición humana. El designio de Dios los une en el ser\, en el querer y en el quehacer. Es la fe que abate las barreras de lo imposible y hace posible que se realice ese designio y se cumplan así todas las promesas de Dios.\nEn la Escritura se encuentran anuncios de nacimientos\, todos ellos en función de la promesa de Dios a Abraham y a su descendencia. Y si los nacimientos se verifican en circunstancias que son humanamente insalvables\, esto demuestra que la realización de la promesa divina no se detiene ante obstáculo alguno\, por imposible de superar que parezca. Generalmente\, los obstáculos que aparecen se refieren a la inviabilidad de la vida\, como la esterilidad de uno o ambos progenitores.\nEn el caso de Jesús\, no hay propiamente obstáculo de esa naturaleza\, lo que se supera con este nacimiento es la naturaleza misma: de una mujer nace el Hijo de Dios. Pero no sucede como en los relatos míticos de las religiones paganas\, por unión sexual de los dioses con mujeres\, sino en virtud de un maravilloso acto creador en el cual juega un papel decisivo la fe. \n1. Primera lectura (Isa 7\,10-14; 8\,10).\nLa dinastía davídica parece amenazada por los planes del enemigo. El rey Acaz se acobarda y busca apoyo en alianzas con potencias extranjeras\, pero el Señor lo invita a creer (apoyarse en él). Por medio del profeta\, el Señor le ofreció una «señal» a su elección para que el rey se fiara de él\, pero el rey no creyó que el Señor pudiera cumplir lo que le estaba ofreciendo\, y se rehusó a pedir una «señal» al Señor. Esa «señal» –que no es un «milagro»– le propone al rey un amplio conjunto de posibilidades:\n• En lo hondo del abismo (שְׁאוֹל): en el reino de la muerte. Es lo más profundo imaginable\, las honduras del reino de la muerte. Se trata de comprobar que el Señor es más fuerte que la muerte\, a la cual le temen tanto el rey como su pueblo.\n• En lo alto del cielo: en los astros\, «los ejércitos» del Señor. Es lo más alto concebible\, la morada de Dios y de su corte. El rey se acobarda ante las potencias militares de sus enemigos; el profeta lo invita a considerar la potencia creadora del Señor.\nLa contraposición de los dos extremos («profundo» y «alto») subraya la totalidad del universo y la soberanía que Dios ejerce en la creación entera\, pondera el carácter solemne de la propuesta y el alcance universal de la «señal». Ello implica la importancia del asunto en cuestión (la dinastía de David) y la seriedad de las promesas de Dios al respecto.\nEl rey no quiere apoyarse en la fe\, por eso\, aludiendo a textos de la Escritura (cf. Exo 17\,2; Deu 6\,16) alega un fingido respeto religioso diciendo que no quiere poner a prueba el amor del Señor («no tentar al Señor»).\nEntonces el profeta lo increpa como representante de la «casa de David»\, es decir\, heredero de la promesa de la permanencia del trono: cansa a los hombres y a Dios («mi Dios»\, dice el profeta\, dado que el rey muestra que no lo considera Dios suyo). Y pronuncia un oráculo:\n• La «joven» (עַלְמָה) es la esposa del rey\, que todavía no ha tenido hijos. El rey tendrá descendencia y así se asegura la continuidad de la «casa de David»\, lo que desvirtúa el temor de perecer a manos de sus enemigos\, los reinos que lo amenazan.\n• El hijo que dará a luz la reina\, que se llamará Ezequías (יְחִזְקִיָּהְוּ: «el Señor ha fortalecido»)\, dará continuidad a la alianza y a la dinastía de David. Por eso\, su verdadero nombre –para Dios– será Emanuel (עִמָּנוּ אֵל: «Dios con nosotros»).\n• Su alimento corresponde a la dieta de la tierra prometida («leche y miel»). El pueblo no será despojado de su tierra y podrá comer de los productos de la misma. Así que tiene garantizadas la libertad (tierra) y la vida (leche y miel)\, según la promesa.\nLos planes contra el pueblo que ha sido rescatado por el Señor fracasarán; las amenazas contra él no se cumplirán\, porque Dios habitará en medio de su pueblo. \n2. Segunda lectura (Hb 10\,4-10).\nLa liberación que el pueblo necesita es mucho más que sociopolítica. Necesita ser liberado de sus pecados. Y esto no se consigue con los ritos purificatorios del templo de Jerusalén. Mucho menos con una revuelta armada acaudillada por un «Mesías» guerrero. Porque lo que realmente lo purifica es la realización del designio de Dios. El único sacrificio que Dios acepta es esa entrega personal. Ella invalida todos los sacrificios antiguos\, y reinterpreta el concepto de «sacrificio» («sacrum facere»: hacer sagrado\, consagrar). Ya no se trata del sacrificio (θυσία) que consiste en «matar» (θύω) y quemar\, sino en la ofrenda de sí mismo para dar vida. Entonces\, Jesús viene para entregar su cuerpo\, es decir\, para entregarse en persona a realizar ese designio. Y por esa entrega suya queda «consagrado» todo el que se ofrece con él y como él a realizar el designio divino. \n3. Evangelio (Lc 1\,26-38).\nAl incrédulo rey Acaz se le contrapone María\, una ignota muchacha de pueblo. Y a diferencia de la «joven» esposa del rey\, María es «virgen». La salvación de la dinastía no está ahora en manos de un rey; la promesa no depende de un hombre acobardado y poderoso\, sino de una muchacha auténtica y humilde. Su juventud implica novedad y lozanía; su virginidad\, fidelidad y verdad. El ángel anuncia el cumplimiento de la promesa y la continuidad de la dinastía\, pero de una manera sorprendente:\n• El descendiente de David\, José\, hace presencia discreta\, porque la promesa no se cumple por cuestiones de la Ley (la generación\, los protocolos)\, sino por la fe como respuesta a la gracia de Dios. José es más bien testigo del cumplimiento de la promesa.\n• Por gracia concibe la virgen un hijo que es hijo del «Altísimo» (el nombre universal de Dios: anuncio de la universalidad de la salvación). El nombre de ese Hijo indica la fuerza salvadora del Dios liberador («Jesús»: el Señor salva).\n• Por gracia\, no por herencia\, recibirá ese Hijo el trono de David\, su antepasado. Y su reinado será como el del Padre\, o sea\, eterno. Esta es una velada alusión a la futura resurrección\, por la que el Hijo será constituido rey para siempre.\n• Por esa gracia se abre a los creyentes la posibilidad de realizar plenamente sus anhelos de vida\, «porque con Dios nada resulta imposible» (ὅτι οὐκ ἀδυνατήσει παρὰ τοῦ θεοῦ πᾶν ῥῆμα). Todo el que se apoya en Dios puede superar los obstáculos que se opongan a la plenitud de vida.\n• Y\, como todo es gratuito\, la condición única para que se cumpla la promesa es la fe: fiarse de Dios\, apoyarse en él dándole crédito a su palabra. María asiente con total libertad y voluntad de colaborar con el Dios liberador y salvador («Aquí está la sierva del Señor; hágase en mí según lo que has dicho»). \nLa «encarnación» de Dios cumple\, pero también desborda\, las promesas hechas tanto a Abraham como a David. La virgen María es modelo de fe para acoger a Dios y darle nuestra «carne» para que él se haga presente y actúe en la geografía y en la historia de nuestros pueblos.\nEn la comunión con la «carne» del Señor Jesús celebramos este misterio de la encarnación en la medida en que acogemos a Jesús con fe decidida\, como lo acogió la virgen María.
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SUMMARY:Sábado de la III Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nQuiero amor y no sacrificios. \nLectura de la profecía de Oseas 6\, 1-6 \n“Vengan\, volvamos al Señor: Él nos ha desgarrado\, pero nos sanará; ha golpeado\, pero vendará nuestras heridas. \nDespués de dos días nos hará revivir\, al tercer día nos levantará\, y viviremos en su presencia.  Esforcémonos por conocer al Señor: su aparición es cierta como la aurora. \nVendrá a nosotros como la lluvia\, como la lluvia de primavera que riega la tierra”. ¿Qué haré contigo\, Efraím? ¿Qué haré contigo\, Judá? \nPorque el amor de ustedes es como nube matinal\, como el rocío que pronto se disipa. \nPor eso los hice pedazos por medio de los profetas\, los hice morir con las palabras de mi boca\, y mi juicio surgirá como la luz. \nPorque Yo quiero amor y no sacrificios\, conocimiento de Dios más que holocaustos. \nSALMO RESPONSORIAL 50\, 3-4. 18-21ab \nR/. El Señor quiere amor y no sacrificios. \n¡Ten piedad de mí\, Señor\, por tu bondad\, por tu gran compasión\, borra mis faltas! ¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado! \nLos sacrificios no te satisfacen; si ofrezco un holocausto\, no lo aceptas: mi sacrificio es un espíritu contrito\, Tú no desprecias el corazón contrito y humillado. \nTrata bien a Sión\, Señor\, por tu bondad; reconstruye los muros de Jerusalén. Entonces aceptarás los sacrificios rituales: las oblaciones y los holocaustos. \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf. Sal 94\, 8a. 7d \nNo endurezcan su corazón\, sino escuchen la voz del Señor. \nEVANGELIO \nEl publicano volvió a su casa justificado. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 18\, 9-14 \nRefiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás\, Jesús dijo esta parábola: \nDos hombres subieron al Templo para orar; uno era fariseo y el otro\, publicano.  El fariseo\, de pie\, oraba así: “Dios mío\, te doy gracias porque no soy como los demás hombres\, que son ladrones\, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas”. \nEn cambio el publicano\, manteniéndose a distancia\, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo\, sino que se golpeaba el pecho\, diciendo: “¡Dios mío\, ten piedad de mí\, que soy un pecador!” \nLes aseguro que este último volvió a su casa justificado\, pero no el primero. Porque todo el que se eleva será humillado\, y el que se humilla será elevado. \nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nEsta semana nos ha conducido a preguntarnos por qué la insistencia en poner a un lado el falso culto y al otro el auténtico. La respuesta está en que es lo mismo que sucede con la hipocresía y la sinceridad. La hipocresía destruye las relaciones humanas\, en cambio la sinceridad las cultiva y las hace crecer. El falso culto genera la engañosa impresión de que todo está bien en la relación con Dios y con la humanidad. Y resulta que esa falsedad disfraza de piedad el vacío de Dios\, y pretende legitimar la injusticia social. La ficción de santidad es perversa\, además de engañosa.\nEl gran problema de la hipocresía religiosa es su persistente ceguera. El «farsante» de todo tiempo vive engañado pensando que es un ser perfecto\, y por eso los demás deberían tenerlo como un modelo de conducta y Dios está en permanente deuda de agradecimiento con él. Este «farsante» se siente incluso con derecho a reclamarle a Dios el reconocimiento de su perfección y el premio que corresponde a su supuesta rectitud. \n1. Primera lectura (Ose 6\,1-6).\nEl profeta acaba de anunciar que Dios se repliega hasta que el pueblo declare su culpa y lo busque (cf. 5\,15). Esta es una manera de hacer ver el respeto de Dios por la libertad del pueblo\, y que la relación entre ambos es consensual\, no forzada.\nEl pueblo\, impactado por el anuncio de abandono\, declara volver al Señor\, pero no manifiesta intención de convertirse a él\, sino que espera que Dios reaccione de una manera mecánica\, como los ciclos naturales. Da la impresión de no creer en el Señor (el Dios de la historia)\, sino en los cultos de la naturaleza propios de los paganos; o\, al menos\, parece que esos cultos han influido tanto en el pueblo que este terminó pensando del Señor lo mismo que los paganos de sus dioses:\n• «Él nos despedazó y nos sanará…» parece que hablara de la acción de Dios como conciben las cosas los cultos del eterno retorno. Piensan que no se precisa cambio alguno de parte del pueblo; todo se hace solo\, mecánicamente\, o Dios solo se encarga de todo. El Señor les advierte que van a ser presa del rey de Asiria\, quien se retirará después de hacerlos presa (cf. 5\,14; Isa 5\,25-30).\n• «En dos días nos hará revivir…» expresión que suena a «en un dos por tres» (o sea\, «¡en un ya!») «él nos restablecerá». Las cosas suceden por fatalidad\, es cuestión de aguardar\, nada más. Si lo anterior era la mecánica\, esto se refiere al tiempo del ciclo natural. Ellos suponen que el asirio colmará la medida del mal y el Señor intervendrá enseguida (cf. Amo 1\,3.6.9…; Isa 17\,6).\n• «Esforcémonos por conocer al Señor». El conocimiento del Señor ya no consiste en la práctica del derecho y la justicia\, sino el ritmo previsible de los fenómenos de la naturaleza. No se percibe aquí una relación personal\, sino una cuestión de saber empírico\, como si el amor del Señor fuera previsible como esos ciclos naturales\, sin necesidad de la sinceridad del corazón.\nDios –por medio del profeta– responde en los términos que ellos entienden:\n• El amor que ellos declaran es vago y efímero\, porque le falta consistencia: «tu amor es como la neblina de la mañana\, como el rocío matinal».\n• Por eso\, a ellos les resultan hirientes las palabras de los profetas y el juicio claro del Señor: «los hice trizas con las palabras de los profetas».\n• Él antepone la lealtad al culto ritual\, y la práctica del derecho y la justicia a los holocaustos: «yo prefiero el amor al sacrificio\, y el conocimiento de Dios a los holocaustos». \n2. Evangelio (Lc 18\,9-14).\nNo se trata de que el Padre rechace el culto\, sino de que no llama «culto» a cualquier rito religioso. Esta parábola que refiere Jesús está motivada en la falacia de quienes se consideran intachables\, exhiben su presunta impecabilidad y desprecian a los demás\, porque los consideran inferiores a ellos\, pensando que los otros son los únicos pecadores. Se contraponen a aquellos que se sienten pecadores\, se avergüenzan de su pecado\, lo reconocen y esperan el perdón del amor de Dios.\n2.1. El falso culto (el farsante).\nParte de la suposición de que tiene derecho a despreciar a los demás\, por sentirse mejor. Además:\n• Su actitud arrogante y altanera está indicada por su postura («se paró ante sí mismo»).\n• Dios resulta ser mero espectador de sus presunciones de santidad («no soy… yo…»).\n• Su piedad (ayunos\, diezmos) es «excesiva»\, va más allá de lo exigido\, y alardea de ella.\n2.2. El culto auténtico (el recaudador).\nToma conciencia de su propia realidad ante Dios sin compararse con los demás. Por eso:\n• Reconoce que el santo es Dios\, por lo que guarda su distancia con respecto de él.\n• Admite y declara su injusticia\, de la cual se vergüenza\, sin atreverse a mirar a Dios.\n• Se arrepiente y confía en el amor compasivo de Dios\, y espera ser perdonado por él.\nAmbos oran de pie (ἵστημι)\, como era habitual\, pero el referente del farsante es él mismo\, seguro de su rectitud\, en tanto que el referente del recaudador es el Dios santo; el primero siente que le ofrece mucho a Dios\, el segundo siente que le ha sido infiel; el primero nada pide\, el segundo le pide a Dios su benevolencia.\nSegún Jesús\, el culto auténtico afianza la relación con Dios\, el falso no; el falso culto no reconoce responsabilidad ante el prójimo\, el auténtico no puede prescindir de dicha responsabilidad. Pero Jesús deja entender que el farsante está tan engañado que ni siquiera puede darse cuenta de que su relación con Dios es ficticia mientras persista en su actitud desdeñosa frente al otro. Porque el soberbio se condena a no crecer y vive confinado en sí mismo\, pero el humilde se abre a esa posibilidad\, cree y crece.\nSegún Jesús\, hay dos maneras de concebir el culto a Dios que son totalmente opuestas entre sí. Y la oposición no radica en la actitud más o menos positiva del hombre frente a Dios\, sino a la mayor o menor responsabilidad del hombre ante su semejante. El sello de autenticidad del culto –no podía ser de otra manera– es el amor al ser humano\, y tanto más auténtico será el culto que se le tribute al Padre cuanto mayor compromiso de amor refleje a favor de la humanidad. \nEl culto auténtico «cultiva» una positiva relación con Dios mediante una relación de convivencia humana justa y cada vez más constructiva. La oposición que hace el profeta entre misericordia y sacrificio\, o la que hace Jesús entre bajar rehabilitado y bajar sin rehabilitación\, se basan en lo mismo: el culto solo resulta aceptable por Dios cuando se traduce en compromiso de «enmienda» (respeto por el derecho del prójimo).\nEl modelo de culto es la entrega de Jesús por los demás. Por eso\, la eucaristía celebra la máxima expresión de nuestro culto a Dios\, porque ella significa la entrega de Jesús para el perdón de los pecados y para que la humanidad rebose de vida. La misma celebración tiene diferentes acentos para los que de ella participan: unos como ministros\, con la entrega total de sí mismos a realizar el designio de Dios en el pueblo; otros como esposos\, o como progenitores\, entregados a edificar la iglesia en el ámbito doméstico; todos como ciudadanos\, en los múltiples quehaceres que exige la construcción de la convivencia social humana; otros como consagrados\, comprometidos a dar el gozoso testimonio de que la convivencia desinteresada\, basada en las bienaventuranzas\, es del todo posible. De dicha entrega nos hacemos partícipes\, y con ella nos hacemos solidarios en la comunión eucarística\, la cual renueva nuestras fuerzas para continuar dándole ese culto al Padre.
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SUMMARY:Domingo de la IV Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nEl pueblo de Dios\, después de entrar en la tierra prometida\, celebra la Pascua. \nLectura del libro de Josué 4\, 19; 5\, 10-12 \nDespués de atravesar el Jordán\, los israelitas entraron en la tierra prometida el día diez del primer mes\, y acamparon en Guilgal. El catorce de ese mes\, por la tarde\, celebraron la Pascua en la llanura de Jericó. Al día siguiente de la Pascua\, comieron de los productos del país\, pan sin levadura y granos tostados ese mismo día. \nEl maná dejó de caer al día siguiente\, cuando comieron los productos del país. Ya no hubo más maná para los israelitas\, y aquel año comieron los frutos de la tierra de Canaán. \nSALMO RESPONSORIAL 33\, 2-7 \nR/. ¡Gusten y vean que bueno es el Señor! \nBendeciré al Señor en todo tiempo\, su alabanza estará siempre en mis labios. Mi alma se gloría en el Señor: que lo oigan los humildes y se alegren. \nGlorifiquen conmigo al Señor\, alabemos su Nombre todos juntos. Busqué al Señor: Él me respondió y me libró de todos mis temores. \nMiren hacia Él y quedarán resplandecientes\, y sus rostros no se avergonzarán. Este pobre hombre invocó al Señor: Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. \nSEGUNDA LECTURA \nDios nos reconcilió con Él por intermedio de Cristo. \nLectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 5\, 17-21 \nHermanos: \nEl que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido\, un ser nuevo se ha hecho presente. Y todo esto procede de Dios\, que nos reconcilió con Él por intermedio de Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. Porque es Dios el que estaba en Cristo\, reconciliando al mundo consigo\, no teniendo en cuenta los pecados de los hombres\, y confiándonos la palabra de la reconciliación. \nNosotros somos\, entonces\, embajadores de Cristo\, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso\, les suplicamos en nombre de Cristo: déjense reconciliar con Dios. A Aquél que no conoció el pecado\, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro\, a fin de que nosotros seamos justificados por Él. \n\nEVANGELIO\n\nACLAMACIÓN AL EVANGELIO Lc 15\, 18 \nIré a la casa de mi padre y le diré: Padre\, pequé contra el Cielo y contra ti. \nEVANGELIO \nTu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 15\, 1-3. 11-32 \nTodos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Pero los fariseos y los escribas murmuraban\, diciendo: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo entonces esta parábola: \n“Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: \n“Padre\, dame la parte de herencia que me corresponde”. Y el padre les repartió sus bienes. \nPocos días después\, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano\, donde malgastó sus bienes en una vida inmoral. \nYa había gastado todo\, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país\, y comenzó a sufrir privaciones. \nEntonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región\, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. Él hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos\, pero nadie se las daba. \nEntonces recapacitó y dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia\, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!” Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: “Padre\, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo\, trátame como a uno de tus jornaleros”. \nEntonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos\, su padre lo vio y se conmovió profundamente\, corrió a su encuentro\, lo abrazó y lo besó. \nEl joven le dijo: “Padre\, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo”. \nPero el padre dijo a sus servidores: “Traigan enseguida la mejor ropa y vístanlo\, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos\, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida\, estaba perdido y fue encontrado”. Y comenzó la fiesta. \nEl hijo mayor estaba en el campo. Al volver\, ya cerca de la casa\, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes\, le preguntó qué significaba eso. \nÉl le respondió: “Tu hermano ha regresado\, y tu padre hizo matar el ternero engordado\, porque lo ha recobrado sano y salvo”. \nÉl se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara\, pero él le respondió: “Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes\, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto\, después de haber gastado tus bienes con mujeres\, haces matar para él el ternero engordado!” \nPero el padre le dijo: “Hijo mío\, tú estás siempre conmigo\, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría\, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida\, estaba perdido y ha sido encontrado””. \nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nEl mensaje propuesto para la meditación de este domingo es susceptible de variados enfoques\, y prueba de ello son los diferentes nombres que se le han dado a la parábola que lo contiene. En este tiempo de Cuaresma\, se nos propone en la semana en que se anuncia el efecto liberador que tiene el amor de Dios. A esa luz meditaremos la parábola\, sin pretender agotar su contenido. El amor paternal de Dios\, manifestado en Jesús\, libera al ser humano para hacerlo capaz de ser hijo y de ser hermano. La liberación se concreta en la decisión que cada uno tome en este sentido. \nLc 15\, 1-3.17-21.\nEl texto tiene dos partes que el leccionario distingue: la primera presenta las circunstancias en las que Jesús propone la parábola; la segunda\, la parábola en cuestión.\n1. Circunstancias de la parábola.\nDespués de que Jesús hubiera expuesto razonadamente las condiciones para ser su discípulo\, se dirigió a todos con una exhortación: «¡Quien tenga oídos para oír\, que escuche!» (14\,35). Así les indicó el destino universal de su mensaje y\, al mismo tiempo\, apeló a la racionalidad del auditorio y respetó la libertad de sus oyentes para escucharlo o para rechazarlo.\nLa primera reacción que constata el evangelista es la de «todos los recaudadores y descreídos»\, que iban acercándose a él precisamente a escucharlo. Las condiciones puestas por él suscitaron interés de parte de ellos. La segunda reacción se deriva de la primera: «por eso\, tanto los fariseos como los publicanos lo criticaban». Las dos categorías de gente sin religión hallaron interesante su propuesta; las dos categorías de hombres religiosos lo censuraron «por eso». Es decir\, por el hecho de atraer a los excluidos\, los piadosos lo consideraron sospechoso de mala conducta.\n2. La parábola.\nJesús explica que un «padre» de «dos hijos» dispares se comporta como padre de ambos\, porque los ama y los reconoce como hijos. En aquella sociedad\, la condición de «hijo» adulto implicaba la libertad –por oposición a la del esclavo\, que nunca era libre– y el carácter de heredero\, del que tampoco disfrutaba el esclavo. Pero la herencia solo se recibía después de la muerte del padre.\n2.1. El padre y el hijo menor.\nAl solicitar el hijo menor su parte de la herencia\, implícitamente rompió su relación con su padre\, lo declaró muerto para él. El padre no protestó ni se negó a entregarle su parte (la tercera parte de los bienes (cf. Deu 21\,17). El hijo ratificó la ruptura alejándose de su padre y derrochando su parte de la herencia\, sin mostrar respeto por la vida y la educación que recibió.\nLejos del padre y sin los medios de vida que él le transmitió\, experimentó una cruel insatisfacción («hambre terrible») y un agobiante desamparo («pasar necesidad»); ya no inspiraba respeto\, y tuvo que reconocer que ya no era considerado «hijo»\, y aceptar vivir como jornalero en circunstancias humillantes\, tanto en lo social («guardar cerdos») como en lo humano («nadie le daba de comer»). No había ser humano que llenara su vacío. Su soledad llegó a extremos que él jamás imaginó.\nPero\, a pesar de su ruptura\, nunca se sintió huérfano; siempre sintió tener un padre a cuyo lado había vida en abundancia. Sin embargo\, lo angustiaba el doble sentimiento de culpa e indignidad\, y pensó que reconociendo su «pecado» y admitiendo su vergüenza podría ser tratado\, al menos\, como los jornaleros de su padre\, que recibían un trato digno.\nEl padre esperaba su retorno. Él sabía que en ningún otro ámbito el hijo encontraría lo que él le brindaba\, por eso lo esperaba. Por muy harapiento y maltrecho que lo hubiera dejado su andanza\, él lo distinguió\, sus entrañas paternales se conmovieron y se apresuró aliviar tanto sufrimiento\, más allá de los asuntos legales pendientes. Y el hijo hizo su confesión de culpa y humillación. El reconocimiento no implica dos pecados («contra el cielo y contra ti»)\, sino el mismo\, que muestra cómo el pecado daña la relación con Dios y con el semejante (cf. Éxo 10\,16).\nEl padre impidió la propuesta que seguía e indicó lo contrario: ¡vístanmelo de hijo! Con el vestido le restituyó su dignidad\, con el anillo le renovó su relación\, y con el calzado le declaró la libertad propia del hijo. Y sorprendió a todos convirtiendo este hecho en un motivo de fiesta.\n2.2. El padre y el hijo mayor.\nLo primero que se señala del hijo mayor son sus «obras»: estaba en las tareas del campo. Para él\, es inconcebible una fiesta en casa\, de ahí que no se dirija al interior a preguntarle a su padre por el motivo de la misma\, sino que lo indague cautelosamente entre los criados\, mostrando así más confianza y cercanía con ellos que con el padre. Es más esclavo que hijo.\nEl regreso del hermano provocó su indignación\, porque él nunca olvidó y jamás perdonó\, pero tampoco pensó volver a compartir la casa paterna con su hermano menor. Por eso se negaba a entrar\, como si en la misma casa no cupieran los que antes habían convivido. En vano intentaba el padre persuadirlo con buenas razones\, él siempre encontraba otras para reargüirle y ratificarse en su negativa. De ninguna manera estaba dispuesto a compartir la casa con el otro.\nSus argumentos muestran la opacidad y el corto alcance de su visión. Toda su vida ha concebido la relación con su padre como una esclavitud («tantos años como te sirvo») y en condiciones de sometimiento («sin saltarme nunca un mandato tuyo»). Nunca se sintió con libertad de disponer\, como si habitara en casa ajena («jamás me has dado un cabrito…»)\, por lo que considera como una traición que le haya devuelto la condición de hijo (libre) a ese desagradecido e irrespetuoso a quien nunca llama «hermano»\, sino «ese hijo tuyo». Jamás se sintió dueño\, porque no consideró suyo lo del padre\, dado que\, en vez de heredero\, se sentía un criado más. Y ahora demuestra que tampoco se siente hermano del que se fue pero «ha vuelto».\nLa parábola concluye con las palabras del padre insistiéndole al hijo mayor en que la fiesta tiene pleno sentido\, porque se trata de celebrar la recuperación del hermano. Y esas palabras parecen un eco lejano llevado por el viento\, ya que nos quedamos sin saber si el hijo mayor entró o no. \nEsta parábola nos hace ver que la reconciliación es proporcional a la libertad. El padre reaccionó ofreciendo la reconciliación porque él es soberanamente libre. El hijo menor buscó reconciliarse con su padre porque\, a pesar de todos sus desaciertos\, nunca olvidó que tenía un padre\, y prefirió volver a él\, aunque fuera como jornalero. El mayor quedó atrapado en su maraña de prejuicios y resentimientos\, atribuyéndoles a los demás sus equivocadas decisiones. Un hijo siente que ya malgastó su herencia\, y que solo le queda el padre\, por eso nunca deja de llamarlo así; el otro no se siente heredero\, pero tampoco hijo: en su boca nunca se escucha la palabra «padre». Y solo el padre da la condición de «hijos»\, es decir\, libres y herederos (cf. Rom 8\,15-17; Gál 4\,1-7).\nCada uno de nosotros debe decidir si entra en la fiesta de la reconciliación o se queda por fuera de ella. No es suficiente con que los domingos nos reunamos en asambleas festivas y llamemos «hermanos» a los que se reúnen con nosotros. Esa podría ser una ilusión engañosa. Es necesario verificar que construimos convivencia: una familia\, una sociedad\, un país\, en donde hay cabida para todos en igualdad de condiciones\, sin rencores ni descalificaciones. Sobre todo\, los que nos reunimos a celebrar la cena del Señor debemos asegurarnos de que cuando le decimos «amén» a Jesús también se lo decimos al hermano. Con libertad interior tendremos reconciliación. \n 
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SUMMARY:lunes de la IV Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nNunca más se escucharán ni llantos ni alaridos. \nLectura del libro de Isaías 65\, 17-21 \nAsí habla el Señor: \nYo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva. \nNo quedará el recuerdo del pasado ni se lo traerá a la memoria\, sino que se regocijarán y se alegrarán para siempre por lo que Yo voy a crear: porque voy a crear a Jerusalén para la alegría y a su pueblo para el gozo. \nJerusalén será mi alegría\, Yo estaré gozoso a causa de mi pueblo\, y nunca más se escucharán en ella ni llantos ni alaridos. Ya no habrá allí niños que vivan pocos días ni ancianos que no completen sus años\, porque el más joven morirá a los cien años y al que no llegue a esa edad se lo tendrá por maldito.  Edificarán casas y las habitarán\, plantarán viñas y comerán sus frutos. \nSALMO RESPONSORIAL 29\, 2. 4-6. 11-12a. 13b \nR/. ¡Te glorifico\, Señor\, porque me libraste! \nYo te glorifico\, Señor\, porque Tú me libraste y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí. Tú\, Señor\, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir\, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro. \nCanten al Señor\, sus fieles; den gracias a su santo Nombre\, porque su enojo dura un instante\, y su bondad\, toda la vida: si por la noche se derraman lágrimas\, por la mañana renace la alegría. \nEscucha\, Señor\, ten piedad de mí; ven a ayudarme\, Señor. Tú convertiste mi lamento en júbilo\, ¡Señor\, Dios mío\, te daré gracias eternamente! \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf.  Am 5\, 14 \nBusquen el bien y no el mal\, para que tengan vida\, y así el Señor estará con ustedes. \nEVANGELIO \nVuélvete\, tu hijo vive. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 4\, 43-54 \nJesús partió hacia Galilea. El mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo. Pero cuando llegó\, los galileos lo recibieron bien\, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también\, en efecto\, habían ido a la fiesta. \nY fue otra vez a Caná de Galilea\, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real\, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaúm. Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea\, fue a verlo y le suplicó que bajara a sanar a su hijo moribundo. \nJesús le dijo: “Si no ven signos y prodigios\, ustedes no creen”. \nEl funcionario le respondió: “Señor\, baja antes que mi hijo se muera”. \n“Vuelve a tu casa\, tu hijo vive”\, le dijo Jesús. \nEl hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Mientras descendía\, le salieron al encuentro sus servidores y le anunciaron que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora se había sentido mejor. “Ayer\, a la una de la tarde\, se le fue la fiebre”\, le respondieron. \nEl padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: “Tu hijo vive”.  Y entonces creyó él y toda su familia. \nÉste fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea. \nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nPensemos en el alcance que tiene la promesa de Dios. Cuando él habla\, su palabra no se limita a lo que el hombre inicialmente entiende\, se abre a un futuro insospechado. La revelación muestra que la primera captación de las promesas se quedó corta ante la verdad de lo que Dios cumplió después. Las ópticas humanas resultan siempre miopes ante la perspectiva divina.\nLa promesa de liberación contenida en la Ley y los profetas es muy superior a lo que esperaban los depositarios de la misma. Esta semana vemos la actividad liberadora de Jesús\, quien corrige las expectativas para abrir los corazones a una realidad más allá de lo pensado. Hoy comienza con la desmitificación del poder. La idea de que el atributo fundamental de Dios es el poder les hizo pensar a los antiguos que la promesa estaba garantizada porque el poder del Señor brindaba la seguridad de que él la podría cumplir. \n1. Lectura (Isa 65\,17-21).\nEn esta sección\, el autor presenta a los siervos de Dios colmados de bienes. Antes de que ellos clamen a él\, él se adelanta a sus clamores; antes de que ellos se dirijan a él\, él los escucha\, puesto que ellos respetan el monte santo (el templo) y no hacen daño alguno al prójimo (cf. 11\,7-9).\nEl Señor anuncia la instauración de una nueva creación\, que se constatará en la vida histórica del pueblo y consistirá en gozo y alegría. Esta acción sepultará en el olvido el recuerdo doloroso del pasado –tanto la remota esclavitud en Egipto como la reciente cautividad en Babilonia–\, les dice que no lo evoquen más\, que ni siquiera lo traigan al pensamiento. Enseguida\, pregona la alegría por la nueva creación que notifica: él transformará la ciudad de Jerusalén en alegría y su población se llenará de gozo. La nueva creación superará con creces el pueblo que el Señor mismo fundó. La vida histórica y terrena del pueblo se vislumbra en un horizonte de plenitud.\nÉl\, por su parte\, se gozará por el cambio de la suerte de su pueblo: no más gemidos ni llanto\, no más niños malogrados ni adultos frustrados. La longevidad\, una de las bendiciones que conlleva la promesa\, será efectiva para todos sus habitantes\, porque esos serán tiempos de bendición\, no de maldición. La prosperidad será para todo el país y para cada uno de sus habitantes. La vida y la convivencia exitosas serán señal del amor del Señor: libres de la necesidad y la dependencia.\nEsta visión muestra que el designio del Señor consiste en la libertad y la vida para su pueblo en conjunto y para cada uno de sus habitantes en particular. Y esta plenitud le complace al Señor. No solamente habrá un nuevo éxodo (cf. 43\,18-19)\, la creación entera será renovada\, y con esta el pueblo entero (cf. 66\,22). Así se sugiere un cumplimiento exuberante de la promesa\, bendición que anulará cualquier maldición (cf. 62\,8-9; 65\,22-23; Deu 28\,33). \n2. Evangelio (Jn 4\,43-54).\nTras haber abierto el horizonte de la fe a los «herejes» samaritanos\, Jesús vuelve al lugar donde anunció la nueva alianza\, y es acogido con simpatía por sus paisanos\, que habían interpretado mal la expulsión de los vendedores del templo. Ahora abrirá el mismo horizonte de la fe para todos los seres humanos\, enemigos incluidos. El nuevo éxodo no implica «subversión».\nUn representante del poder político está en problemas con un «hijo» (υἱός: igual a él) «enfermo» (ἀσθενέω: debilitado)\, y le pide a Jesús que «baje» y lo sane (ἰάομαι: sanear\, restablecer) antes de que muera. La crisis del poder consiste en su incapacidad para dar vida liberando de la muerte. Jesús le hace un reproche: «ustedes (la gente del poder)\, si no ven señales portentosas\, no creen»; los hombres de poder solo están dispuestos a afianzar en el poder su seguridad ante la muerte. Consideran que la «liberación» (el «éxodo») se da por un acto de poder. El funcionario insiste en su petición\, y\, ante su insistencia\, Jesús lo despide dándole la garantía de que su «hijo» está vivo. Él\, fiándose de las palabras de Jesús\, se pone en camino y «baja». Al bajar\, se encuentra con sus «siervos» (δοῦλοι)\, que le dan la feliz noticia de que su «chico» (παῖς) vive\, noticia que él relaciona con la palabra de Jesús. Ha comprobado que la seguridad de la vida no procede del poder\, y que la liberación (el éxodo) de la muerte se dio por la confianza. Ahora\, la adhesión de fe se extiende a toda la «familia» (οἰκία: incluye los siervos). Un grupo pagano es «saneado» (ἰάομαι) por Jesús.\nEl relato describe el proceso de fe del «funcionario»\, que es paralelo a su manera de relacionarse con el «enfermo»: ambos crecen en humanidad gracias a la adhesión de ambos a la persona de Jesús. En este relato hay que advertir tres cosas:\n1. La forma de referirse al enfermo (ἀσθενής):\n• El narrador y Jesús lo llaman «hijo»\, y subrayan así su igualdad con el «padre». El hijo se parece a su padre en el ser y en el hacer; el padre es su modelo de vida y de convivencia.\n• El funcionario lo llama «mi chiquillo» (παιδίον)\, lo cual resulta ambiguo: hijo o siervo\, aunque el posesivo «mi» y el diminutivo «chiquillo» son afectuosos\, indicios de buena relación.\n• Los siervos lo llaman «chico» (παῖς)\, lo cual también resulta ambiguo (hijo o siervo). Los hijos menores se equiparaban socialmente a los siervos\, y los súbditos a los hijos.\n2. La forma de referirse al personaje:\n• Se comporta como el «funcionario» que es cuando llama «chiquillo» a su igual (subrayando así la relación de dependencia). La burocracia lo despersonaliza\, y con él deshumaniza sus relaciones.\n• Se comporta como «hombre» (ser humano) cuando se fía de lo que le dice Jesús. La confianza en Jesús hace emerger su humanidad. La fe lo conduce al camino de su plenitud humana.\n• Se comporta como «padre» cuando finalmente cree. Ya puede dar la vida que\, como poderoso («funcionario real»)\, no podía dar. La vida del hijo (hombre libre) se da a causa de su fe.\n3. La «fiebre» (πυρετός):\n• Es consecuencia de una enfermiza relación de subordinación entre dos iguales\, relación que ha de ser «saneada» (ἰάομαι). La fe en Jesús restaura las relaciones de convivencia social.\n• Cuando el «funcionario» se «baja» de su pedestal a «hombre» por la confianza y la fe\, finaliza la relación de dominio\, se restablece así la libertad y se da paso a la vida plena del «hijo» (pueblo).\n• Esa «fiebre» cesó después de la hora sexta\, la hora de la fe\, justamente cuando él se había fiado de las palabras que le dijo Jesús y se había puesto en camino. Su fe «mejoró» esa relación. \nLa actividad de Jesús para cumplir la promesa del Padre\, que es promesa de vida digna y libre y de la capacidad para comunicarla\, no consiste en algo exterior al ser humano\, no es una acción de poder\, es la infusión de una fuerza interior de vida que libera el propio potencial de amar para que el ser humano evolucione de «funcionario» a «hombre»\, y como tal se convierta en «padre»\, es decir\, para que reciba y transmita el Espíritu liberador. Ese Espíritu lo recibe uno por la fe y lo transmite por el amor. Así se experimentan la liberación del pecado y la libertad para amar.\nY a eso es a lo que nos comprometemos en la eucaristía: el Señor nos infunde su vida\, su Espíritu Santo\, y nos da libertad interior para hacernos capaces de amar libre y universalmente\, como él\, haciendo auténticamente humanas nuestras relaciones de convivencia. En eso consiste «sanar»: es un acto de amor y no de poder. Esa es la «sanación» que Jesús pone al alcance del creyente.
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SUMMARY:Martes de la IV Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nHe visto el agua que brotaba del templo: y todos aquellos a quienes alcanzó esta agua han sido salvados. \nLectura de la profecía de Ezequiel 40\, 1-9. 12 \nEl ángel me llevó a la entrada de la Casa del Señor y vi que salía agua por debajo del umbral de la Casa\, en dirección al oriente\, porque la fachada de la Casa miraba hacia el oriente. El agua descendía por debajo del costado derecho de la Casa\, al sur del altar. Luego me sacó por el camino de la puerta septentrional\, y me hizo dar la vuelta por un camino exterior\, hasta la puerta exterior que miraba hacia el oriente. Allí vi que el agua fluía por el costado derecho. \nCuando el hombre salió hacia el este\, tenía una cuerda en la mano. Midió quinientos metros y me hizo caminar a través del agua\, que me llegó a los tobillos. Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua\, que me llegó a las rodillas. Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua\, que me llegó a la cintura. Luego midió otros quinientos metros\, y ya era un torrente que no pude atravesar\, porque el agua había crecido: era un agua donde había que nadar\, un torrente intransitable. \nEl hombre me dijo: “¿Has visto\, hijo de hombre?”\, y me hizo volver a la orilla del torrente. Al volver\, vi que a la orilla del torrente\, de uno y otro lado\, había una inmensa arboleda. \nEntonces me dijo: “Estas aguas fluyen hacia el sector oriental\, bajan hasta la estepa y van a desembocar en el Mar. Se las hace salir hasta el Mar\, para que sus aguas sean saneadas. Hasta donde llegue el torrente\, tendrán vida todos los seres vivientes que se mueven por el suelo y habrá peces en abundancia. Porque cuando esta agua llegue hasta el Mar\, sus aguas quedarán saneadas\, y habrá vida en todas partes adonde llegue el torrente. \nAl borde del torrente\, sobre sus dos orillas\, crecerán árboles frutales de todas las especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos\, y todos los meses producirán nuevos frutos\, porque el agua sale del Santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas de remedio”. \nSALMO RESPONSORIAL 45\, 2-3. 5-6. 8-9 \nR/. ¡El Señor está con nosotros! \nEl Señor es nuestro refugio y fortaleza\, una ayuda siempre pronta en los peligros. Por eso no tememos\, aunque la tierra se conmueva y las montañas se desplomen hasta el fondo del mar. \nLos canales del Río alegran la Ciudad de Dios\, la más santa Morada del Altísimo. El Señor está en medio de ella: nunca vacilará; Él la socorrerá al despuntar la aurora. \nEl Señor de los ejércitos está con nosotros\, nuestro baluarte es el Dios de Jacob. Vengan a contemplar las obras del Señor\, Él hace cosas admirables en la tierra. \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Sal 50\, 12a. 14a \nCrea en mí\, Dios mío\, un corazón puro\, y devuélveme la alegría de tu salvación. \nEVANGELIO \nEn seguida el hombre se sanó. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 5\, 1-3a. 5-18 \nSe celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. \nJunto a la puerta de las Ovejas\, en Jerusalén\, hay una piscina llamada en hebreo “Betsata”\, que tiene cinco pórticos. Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos\, ciegos\, lisiados y paralíticos. \nHabía allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. Al verlo tendido\, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así\, Jesús le preguntó: “¿Quieres sanarte?” \nÉl respondió: “Señor\, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy\, otro desciende antes”. \nJesús le dijo: “Levántate\, toma tu camilla y camina”. \nEn seguida el hombre se sanó\, tomó su camilla y empezó a caminar. \nEra un sábado\, y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser sanado: “Es sábado.  No te está permitido llevar tu camilla”. \nÉl les respondió: “El que me sanó me dijo: “Toma tu camilla y camina”“. Ellos le preguntaron: “¿Quién es ese hombre que te dijo: ‘Toma tu camilla y camina’?” \nPero el enfermo lo ignoraba\, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí. \nDespués\, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: “Has sido sanado; no vuelvas a pecar\, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía”. \nEl hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había sanado. Ellos atacaban a Jesús\, porque hacía esas cosas en sábado. \nÉl les respondió: “Mi Padre trabaja siempre\, y Yo también trabajo”. Pero para los judíos ésta era una razón más para matarlo\, porque no sólo violaba el sábado\, sino que se hacía igual a Dios\, llamándolo su propio Padre. \nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nAfirma Juan –el Bautista– que Jesús es «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Jn 1\,29)\, o sea\, el que libera de la complicidad con el sistema injusto. Esta liberación no es producto de una rebelión contra ese sistema\, sino fruto espontáneo de la adhesión de fe a él: a su persona (amor)\, a su obra (compromiso) y a su mensaje (fidelidad).\nDicha adhesión a él conlleva la no menos espontánea ruptura con «el mundo»\, con sus valores y sus prácticas\, es decir\, el éxodo definitivo de la zona de la «tiniebla» y el alejamiento progresivo de las «obras de la tiniebla». Se trata de una liberación que arranca del interior de la persona y se manifiesta exteriormente\, no en forma de antagonismo\, sino en forma de libertad para amar. \n1. Primera lectura (Eze 47\,1-9.12).\nEl templo de la recién restaurada ciudad de Jerusalén se muestra como una corriente permanente\, impetuosa y desbordante de vida que avasalla la muerte. Símbolo de la vida que Dios infunde a su pueblo y\, por su medio\, al mundo corrompido (o «mar de las aguas pútridas»)\, esta corriente es como un río que\, en su recorrido\, hace exitosa la vida de todo ser: los vegetales\, los animales y los humanos. Y su fuerza vivificante jamás decae\, permanece a lo largo del tiempo.\nLa dirección del flujo es más simbólica que geográfica (el Mar Muerto está localizado al sureste del templo); tal vez establece un contraste entre la aridez del oriente y la fecundidad que lleva el agua. Este torrente supera el Jordán\, que es vadeable en varios lugares. Igualmente\, contrastan la medida exacta e igual en cuatro oportunidades («mil codos») con el impetuoso crecimiento de la corriente que «depura» (רפא\,ὑγιαίνω: LXX) las aguas del mar de las aguas «pútridas» (cf. 2Rey 2\,19-22: רפא\, ἰάομαι: LXX). En Exo 15\,22-25 se refiere el hecho de un agua «amarga» (מַר) que provocó murmuración de parte del pueblo\, y que Moisés endulzó con un leño. Así mismo se refiere otro hecho\, en relación con Eliseo\, que depuró también un manantial dañino para la vida (cf. 2Rey 2\,19-22). El mar de las aguas pútridas es equiparado al «mar grande» (el Mediterráneo) a causa de la cuantía de especies marinas que contendrá una vez sea depurado. No obstante\, sus marismas y esteros quedarán para producir sal\, útil para el rito de los sacrificios legales\, garantía de la perpetuidad de la alianza (cf. vv. 10-11\, omitidos).\nEse torrente cambia el paisaje estéril en un paraíso poblado por todas las variedades de frutales\, que dan cosecha permanente en razón de la calidad del mismo torrente. Los frutos comestibles y las hojas medicinales garantizan la calidad y la continuidad de la vida. \n2. Evangelio (Jn 5\,1-3a.5-16).\nEn la Biblia\, la libertad no es un concepto filosófico\, sino un modo concreto de vivir. Por eso\, se expresa en términos de éxodo: facultad para salir y entrar (cf. Jn 10\,9). Para realizar ese éxodo el hombre necesita ser capaz de caminar\, es decir\, requiere gozar de autonomía. Este relato ilustra el éxodo de Jesús:\n1. Haciendo al hombre consciente de su realidad.\nEl proceso que Jesús impulsa parte de la realidad y de sus interpretaciones por parte del hombre. Él tiene su propia visión y su propia interpretación\, pero no las impone. Escucha y propone.\n• Primero\, toma nota de la realidad del hombre: su postración y el largo tiempo de su vida que esta postración lo ha aquejado. En aquel tiempo\, una generación se contabilizaba en 40 años; los 38 de «su enfermedad» indican que la mayor parte de su existencia ha carecido de real libertad.\n• Luego\, le pregunta por sus aspiraciones; concretamente\, si anhela su propio bienestar (ὑγιής: goza de bienestar). Quiere suscitar así en él el anhelo de plenitud de vida\, ya que la propuesta de Jesús requiere que el ser humano «quiera» libremente realizarla («¿quieres ponerte sano?»).\n• Enseguida\, escucha lo que el hombre piensa de su propia situación\, la forma como la entiende y las soluciones que supone. Él piensa que depende de otros y\, concretamente\, de las esporádicas «agitaciones» populares\, que no liberan. No conoce la piscina de Siloé (cf. Jn 9\,7).\n2. Dándole al hombre fuerza y libertad.\nEl individuo está inserto en un contexto\, pero este no anula su libertad\, solo la condiciona hasta cuando el individuo\, estimulado por Jesús\, piensa y decide por su cuenta.\n• La institución que gobierna se desentiende de esa muchedumbre cuya vida está menguada («los enfermos»): ciegos\, tullidos\, resecos. La «tiniebla» (ideología oficial) ciega\, invalida la libertad de acción («tullidos»: cf. Isa 35\,6) y priva de vida al pueblo («resecos»\, como esqueletos: cf. Eze 37). Las tres categorías se refieren al pueblo privado de libertad por los poderes opresores.\n• El enfermo anónimo personifica a esa multitud que es como la generación que no entró en la tierra prometida (cf. Deu 2\,14 LXX: «treinta y ocho años»): va a perecer sin alcanzar la salvación. Pero la enfermedad es «suya»\, él es responsable de la misma por haber aceptado la idea de que esa institución que lo incapacita y abandona está actuando conforme al designio divino.\n• Jesús lo llevó a declarar que lo que él busca es su bienestar (ὑγιής)\, y le hizo ver que este no ha de depender de agitación popular alguna\, sino de darle su adhesión de fe a él\, en lugar de dársela a la institución que lo oprime. Le indica lo que es capaz de hacer por sí mismo (levantarse\, tomar la camilla y caminar)\, y el enfermo lo hace. Así alcanza su «bienestar». Ahora ya no está postrado\, sino erguido; no depende de la camilla\, él la lleva; no está detenido\, goza de libertad.\n3. Liberando al hombre de la Ley.\nLa interpretación de la Ley de Moisés por parte de los círculos de poder la convirtió en recurso para perpetuarse en el poder y anular la libertad. Jesús le restituye su potencial liberador.\n• La Ley\, en manos de los dirigentes\, se convirtió en obstáculo a la libertad\, ya que ellos se valen de ella para oprimir\, y así le impiden al hombre hacerse dueño de su destino.\n• El hombre «curado» (θεραπεύω: iniciativa liberadora de Jesús) opone la Ley a la persona y a la palabra de Jesús\, en tanto los jefes insisten en poner la Ley por encima del bien del hombre.\n• Jesús encuentra al hombre en el templo y le hace ver que el pecado consiste en seguir adherido a esa institución injusta («el templo»)\, que subordina la libertad humana a la Ley.\nEntonces el hombre da testimonio con franqueza y libertad ante sus antiguos opresores\, y declara que su nueva libertad procede de Jesús. Se manifiesta listo para realizar el éxodo\, saliéndose de la institución opresora y dándole su adhesión a Jesús. \nJesús libera sin bulla ni publicidad. Él no es un caudillo de desesperados. Dado que los dirigentes no lo aceptaron\, él cambió de método: se dirigió al pueblo que sufre y que está privado de vida\, lo desligó de la Ley que lo esclavizaba\, y le comunicó vida y fuerza interior a ese pueblo\, sin la pretensión de acaudillar una rebelión. Le quitó adeptos a la institución mostrándoles un camino de plenitud y capacitándolos para proceder con libertad («levántate\, carga con tu camilla y echa a andar»). Él no impone lo que hay que «hacer»\, sino que\, con la fuerza de su Espíritu\, capacita al ser humano y le hace ver el amplio margen de posibilidades que tiene para «ser». El hombre sale del «mundo» y se integra al nuevo orden («sanado»).\nEn la celebración de la eucaristía Jesús nos dirige su palabra y nos comunica su fuerza. Quien da fe a su palabra y se nutre de su «carne» adquiere la auténtica libertad.
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SUMMARY:Miércoles de la IV Semana de Cuaresma
DESCRIPTION:PRIMERA LECTURA \nTe destiné a ser la alianza del pueblo\, para restaurar el país. \nLectura del libro de Isaías 49\, 8-15 \nAsí habla el Señor: \nEn el tiempo favorable\, Yo te respondí\, en el día de la salvación\, te socorrí.  Yo te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo\, para restaurar el país\, para repartir las herencias devastadas\, para decir a los cautivos: “¡Salgan!”\, y a los que están en las tinieblas: “¡Manifiéstense!” \nEllos se apacentarán a lo largo de los caminos\, tendrán sus pastizales hasta en las cumbres desiertas. No tendrán hambre\, ni sufrirán sed\, el viento ardiente y el sol no los dañarán\, porque el que se compadece de ellos los guiará y los llevará hasta las vertientes de agua. De todas mis montañas Yo haré un camino y mis senderos serán nivelados. \nSí\, ahí vienen de lejos\, unos del norte y del oeste\, y otros\, del país de Siním. ¡Griten de alegría\, cielos\, regocíjate\, tierra! \n¡Montañas\, prorrumpan en gritos de alegría\, porque el Señor consuela a su Pueblo y se compadece de sus pobres! \nSión decía: “El Señor me abandonó\, mi Señor se ha olvidado de mí”. \n¿Se olvida una madre de su criatura\, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide\, Yo no te olvidaré! \nSALMO RESPONSORIAL 144\, 8-9. 13cd-14. 17-18 \nR/. El Señor es bondadoso y compasivo. \nEl Señor es bondadoso y compasivo\, lento para enojarse y de gran misericordia; el Señor es bueno con todos y tiene compasión de todas sus criaturas. \nEl Señor es fiel en todas sus palabras y bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que caen y endereza a los que están encorvados. \nEl Señor es justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus acciones; está cerca de aquéllos que lo invocan\, de aquéllos que lo invocan de verdad. \n\nEVANGELIO\n\nVERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 11\, 25a. 26 \nYo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí no morirá jamás. \nEVANGELIO \nAsí como el Padre resucita a los muertos y les da vida\, del mismo modo el Hijo da vida al que Él quiere. \n+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 5\, 17-30 \nJesús dijo a los judíos: \n“Mi Padre trabaja siempre\, y Yo también trabajo”. Pero para los judíos ésta era una razón más para matarlo\, porque no sólo violaba el sábado\, sino que se hacía igual a Dios\, llamándolo su propio Padre. \nEntonces Jesús tomó la palabra diciendo: “Les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo sino solamente lo que ve hacer al Padre; lo que hace el Padre\, lo hace igualmente el Hijo. \nPorque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace. Y le mostrará obras más grandes aún\, para que ustedes queden maravillados. \nAsí como el Padre resucita a los muertos y les da vida\, del mismo modo el Hijo da vida al que Él quiere.  Porque el Padre no juzga a nadie: Él ha puesto todo juicio en manos de su Hijo\, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. \nEl que no honra al Hijo\, no honra al Padre que lo envió. \nLes aseguro que el que escucha mi palabra y cree en Aquél que me ha enviado\, tiene Vida eterna y no está sometido al juicio\, sino que ya ha pasado de la muerte a la Vida. Les aseguro que la hora se acerca\, y ya ha llegado\, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan\, vivirán. \nAsí como el Padre tiene la vida en sí mismo\, del mismo modo ha concedido a su Hijo tener la vida en sí mismo\, y le dio autoridad para juzgar porque Él es el Hijo del hombre. \nNo se asombren: se acerca la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz y saldrán de ellas: los que hayan hecho el bien\, resucitarán para la Vida; los que hayan hecho el mal\, resucitarán para el juicio. \nNada puedo hacer por mí mismo. \nYo juzgo de acuerdo con lo que oigo\, y mi juicio es justo\, porque lo que Yo busco no es hacer mi voluntad\, sino la de Aquél que me envió”. \nLa reflexión del padre Adalberto Sierra \nLa liberación de la esclavitud en Egipto y del cautiverio en Babilonia son «éxodos» –cada uno a su manera– que revelan una verdad histórica indiscutible: Dios libera a Israel de sus opresores. Cualesquiera que fueran las imágenes usadas\, Dios se mostró siempre a favor de la libertad del pueblo que llevaba su nombre. De esta forma\, a lo largo de la historia\, cumplía la promesa hecha a Abraham y a sus descendientes como bendición para toda la humanidad.\nEsta libertad tuvo como antagonistas –en los casos mencionados– a dos potencias extranjeras. Eso es entendible. Lo que resulta pasmoso es que el antagonismo surja dentro del mismo pueblo\, por parte de sus dirigentes\, e invocando la tradición del éxodo –la Ley de Moisés–; la que debió ser garantía de convivencia justa fue pervertida en instrumento de dominación y opresión. Y\, sin embargo\, también en este caso Dios hizo valer su promesa por encima de los reyes y dignatarios que eran tenidos como representantes y voceros suyos delante del pueblo. \n1. Primera lectura (Isa 49\,8-15).\nEl oráculo\, dirigido a los cautivos en Babilonia\, es un anuncio de liberación. Dios declara «tiempo de gracia» y «día propicio» una oportunidad concreta de salvación. Esa intervención responde al clamor del pueblo oprimido. Él ofrece la salvación en la historia del pueblo\, no por fuera de ella\, y desde adentro\, no desde afuera. Es el Dios que «interviene» la historia de los hombres sin por eso coartar las libertades ni violentar los procesos mismos. El objetivo de esta intervención suya es\, como siempre\, consolar a su pueblo. Consolación que supone la compasión divina\, la infusión de aliento vital al pueblo y el cambio de ánimo por parte de este. El hecho de que consuele a su pueblo implica que el Señor escuchó sus gemidos de dolor.\nEl Siervo del Señor es mediador de una alianza (como lo fue Moisés) abierta a «la multitud». En hebreo\, este término (רַבִּים: «multitud») puede designar un grupo cuyos miembros son parientes\, sea un pueblo cualquiera (cf. Isa 2\,3.4; 17\,12; 52\,15)\, sea el mismo pueblo de Israel (cf. Isa 8\,15; 52\,14; 54\,1)\, o incluso la entera población de la tierra (cf. 53\,12e). El Siervo del Señor es también «restaurador y repartidor de tierras» (como lo fue Josué). Evoca la realización de un nuevo éxodo a favor de los cautivos («¡salgan!»)\, de los que están en tinieblas\, es decir\, en lo profundo de la mazmorra («¡salgan a la luz!»). Es una figura claramente liberadora.\nNo se repite la historia\, se renueva la actuación liberadora y salvadora del Señor. Ellos recorrerán indemnes su camino –como otrora el pueblo rescatado de Egipto– porque el que los conducirá es compasivo\, y les allanará ese camino para reunirlos\, por muy lejos que estén. Los cuidados del Señor se renuevan\, las circunstancias han cambiado. Ahora vienen de lugares distantes\, y él está allí para reconfortarlos y manifestarles su ternura.\nEl Señor consuela a su pueblo –que se siente a la vez esposa y madre–\, y se compadece de los desamparados. No hay riesgo de que él los abandone o se olvide de ellos. Su amor por ellos es más entrañable que el amor de una madre por el hijo de sus entrañas. Estas palabras recuerdan el mensaje de los profetas Oseas y Jeremías\, así como el del Deuteronomio (cf. también Isa 54\,7-8; Lam 4\,3-4; 5\,20). Definitivamente\, el Señor libera a su pueblo porque lo ama sin medida. \n2. Evangelio (Jn 5\,17-30).\nJesús es juzgado por el «mundo» –encarnado ahora en la sociedad judía– cuyo pecado acaba de denunciar con hechos liberando al hombre sometido por ese mundo. Los rabinos palestinenses distinguían la actividad creadora de Dios\, concluida el séptimo día (cf. Gén 2\,2)\, y su permanente actividad de juez soberano que conduce el mundo de los hombres a su destino. Pero suponían que esa actividad estaba determinada por la Ley. No en el sentido de que la Ley condicionara al Señor\, sino bajo el entendido de que dicha Ley contenía fielmente su designio. Jesús presenta su propia actividad al mismo nivel y en sintonía permanente con la actividad creadora del Padre.\nEl «pecado» que Jesús denuncia (cf. 5\,14) consiste en reprimir las ansias de vida del ser humano\, en oprimir las conciencias –manipulando la Ley–con sentimientos de indignidad y de culpa\, y en llegar al extremo de suprimir la vida humana que se sustraiga a los dictámenes del «mundo».\nEn este encausamiento\, como si se tratara de una citación ante un tribunal\, el «mundo» presenta sus «cargos» («los dirigentes judíos empezaron a perseguir a Jesús porque hacía aquellas cosas en día de precepto»)\, y Jesús presenta sus propios «descargos»:\n2.1. Principio fundamental: la creación no es cerrada\, no está concluida. Mientras el ser humano no haya logrado su plenitud\, el Padre y el Hijo trabajan incesantemente. La Ley que les prescribe el descanso se opone a la esclavitud\, no justifica la opresión ni condena a la inactividad.\n2.2. Por su condición de «Hijo»\, Jesús es igual a su Padre en su actividad de amor para que todo ser humano pase de la muerte a la vida (el amor que salva\, da vida). Él es libre para amar\, por ser Hijo de Dios\, y porque está lleno del Espíritu Santo. Y esta libertad está por encima de la Ley.\n2.3. Reconocer a Jesús como «Hijo» de Dios implica:\n• Aceptar que Dios es y se comporta tal como lo revela Jesús con su vida.\n• Darle adhesión de fe a Jesús\, haciendo de él el guía para imitar a Dios.\n• Hacer de Jesús el propio modelo de conducta en la convivencia social.\n2.4. La misión de Jesús. Consiste en llamar a los muertos en vida a que vivan plenamente por el don del Espíritu Santo\, que el Padre y el Hijo poseen y comunican como propio. Las obras de la vida pública de Jesús serán superadas por los acontecimientos posteriores a la Pascua: el don del Espíritu –la vida eterna– y el consiguiente juicio de los hombres. Por eso\, desde ahora:\n• Los que escuchen la voz de Jesús\, aunque estén en el sepulcro (muertos en vida)\, se levantarán y saldrán de él (éxodo fuera del «mundo»); los que no lo escuchen (los del «mundo»)\, se pondrán de pie –como los acusados– para escuchar su propia sentencia (cf. 3\,18-21).\n• Como Jesús escucha al Padre\, no actúa por su propia iniciativa\, sino que busca hacer realidad el designio del Padre\, que es de libertad y vida; por eso\, su juicio es justo\, porque él comunica la vida (el Espíritu)\, «a quien él quiere»\, es decir\, por amor y con toda libertad. \nLa misión del Hijo consiste en hacer que los hombres pasemos de condiciones de vida menos humanas a condiciones cada vez más humanas. Por eso\, ningún orden social puede considerarse hecho y definitivo\, porque\, si solamente hubiera un ser humano sufriendo\, él sería motivo más que suficiente para cambiar ese orden social por uno que elimine dicho sufrimiento. Ese es el empeño liberador que anima a Jesús y que\, por su Espíritu\, anima también a sus discípulos.\nQuitar el pecado del mundo significa eso\, eliminar la injusticia que perjudica la convivencia social y hace imposibles las relaciones de fraternidad entre los hombres. Esa tarea no admite descanso\, ni hay ley alguna que pueda prohibirla legítimamente. Y\, si alguna ley se atreviera a hacerlo\, sería contraria al designio divino\, porque a Dios le importa más la vida humana que el orden legal.\nLa eucaristía nos invita y nos capacita para ir asimilando la realidad de Jesús por la fuerza de su Espíritu\, y asemejándonos más a él como hijos de Dios. Esto –claro está– nos compromete a trabajar unidos con él por la libertad interior y exterior de todos los seres humanos.
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