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En su empeño por hacer visibles a los pobres, el papa Francisco instituyó esta jornada como fruto del «Año santo de la misericordia». Esto suscita unas reflexiones.

  1. Ser «pobre»

Es el «estado de privación de medios de subsistencia en que se encuentra un individuo humano y que causa una dependencia respecto a los que poseen codiciosamente esos medios» (Fernando Camacho: «La proclama del reino»).

En el Antiguo Testamento hay una expresión en plural («los pobres») que denota a quienes carecen de medios de subsistencia y de quien los defienda, y por eso ponen su confianza solo en el Señor.

El «pobre» al que Jesús se refiere tiene nombre propio (??????). Pertenece a una condición social privada de pertenencias, lo que lo lleva a mendigar, a depender de los demás. Solo se tiene a sí mismo, y su condición es tan precaria que el nombre que lo designa significa «el encorvado», o «el que se oculta temeroso» porque se siente inferior.

  1. Hacerse «pobre»

Jesús proclama la dicha de hacerse pobre, que consiste en renunciar a la idolatría de la riqueza y al egoísmo que ella implica, y en hacerse solidario con los últimos de la escala social, por fidelidad a Dios y por amor a la humanidad.

Hacerse pobre es optar por un modo de vida sobrio y austero que implica libertad interior y se exterioriza en desapego de las cosas, desprendimiento y generosidad para compartir. El que se hace pobre experimenta la dicha de ser libre para amar.

Jesús asegura que quienes deciden hacerse pobres tienen a Dios por rey; allí está su dicha.

  1. Amar al pobre

El amor al pobre comienza por hacerse pobre, no con el fin de incrementar la pobreza, sino, al contrario, con el fin de acabar con ella. Jesús anuncia que quienes se hacen pobres multiplican la dicha, porque suprimen el sufrimiento y la dependencia, y ven colmadas sus ansias de justicia.

Y, además, quienes se hacen pobres experimentan la ayuda de Dios, su presencia bienhechora y su amor paternal. Porque el amor al pobre se traduce en un servicio que lo libera de la miseria y lo promueve a la condición de hijo de Dios y a miembro pleno de la convivencia humana.

  1. «Casa del pobre»

La comunidad de Jesús recibe a veces el nombre de «Betania», que significa «casa del pobre», y esta designación tiene doble sentido: por un lado, es el hogar de los que eligen ser pobres, y por el otro, es el hogar de los pobres.

La Iglesia no se entiende a sí misma como benefactora de los pobres, sino como hogar de los mismos. Por eso Jesús nos dijo que a los pobres los tendríamos siempre con nosotros, porque las sociedades injustas siempre producirán pobres, y la Iglesia siempre los acogerá.

  1. Desafíos.

El papa pide replantear la pastoral. Esto significa que las comunidades cristianas entiendan que no están llamadas a ser ricas, ni mucho menos a enriquecer a sus pastores, sino que sus bienes sean solamente para servir a su misión, que consiste en «anunciar la buena noticia a los pobres».

Pero también significa que los católicos, individuos o familias, se hagan pobres. No se justifica que las celebraciones de los sacramentos se conviertan en ocasión de despilfarros que niegan la buena noticia y muestran indolencia con respecto de los necesitados. Es una deshonra para Dios y para la Iglesia invertir más recursos en ornamentaciones, arreglos, y festejos que en apoyo a la promoción de los pobres. A los pastores corresponde la misión de educar a sus comunidades para que no confundan el lujo y el derroche con el culto al Señor, y, en cambio, conviertan sus morbosos impulsos de gastar en nobles propósitos de compartir.

Hay generosas iniciativas en ese sentido. En algunas celebraciones de sacramentos, o en honras fúnebres, se les ha pedido a los participantes donar en dinero el valor de las flores o de los regalos para apoyar causas humanitarias de las parroquias, de los católicos o de la sociedad civil.

Autor: padre Adalberto Sierra Severiche
Vicario general de la Diócesis de Sincelejo
Párroco de la Catedral San Francisco de Asís