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Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
EN aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El tentador se le acercó y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».
Pero él le contestó:
«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».
Jesús le dijo:
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo:
«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».
Entonces le dijo Jesús:
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían. Palabra del Señor.
Tentación e idolatría
En el desierto de la tentación, vuelve a suceder la insinuación del paraíso. En su humanidad, en la carne de su carne y en los huesos de su huesos, Jesús experimenta, hace suya para después vencerla, la seducción que puso en vergüenza a nuestros padres originales: la tentación de la idolatría de sí mismos.Verse como absolutos sin referencia a nada ni a nadie. Egoísmo puro que coloca al ser humano en el centro y punto de referencia de todo, sin relación, ni vínculo, ni conexión con nada fuera de sí.
Es la tentación que rompe toda religación, todo intento de comunión. Destruyendo así el proyecto original del Padre Creador: la fraternidad, la conexión, la vinculación, la sinodalidad. Que sólo es posible cuando el Otro, lo otro y los otros son vistos como aquello que me completa y plenifica. El relato del evangelio presenta a Cristo venciendo la tentación. Con la fuerza del Espíritu Santo, pleno del amor del Padre, con su condición divina como fuerza y garantía, se mantiene firme ante ella.
El, hijo de Dios, uno con su Padre desde la eternidad, hace frente y derrota el Enemigo con la potencia del designio del cielo. El, se encarnó para ser el centro de toda comunión y comunidad, no para idolatrarse a sí mismo.Sólo en El y con El. En obediencia a su palabra, comulgando con el designio divino y comiendo con su Cuerpo podemos permanecer firmes ante la tentación. Roberson Acosta Alvarez. Pbro.
